(del laberinto al treinta)


viernes, 26 de septiembre de 2014

Falsificaciones epigráficas de Velázquez Bosco

(*)

Sobre las intervenciones de Velazquez Bosco en la Mezquita se ha escrito algo, nunca suficiente, ya que hablamos de uno de peormente estudiados monumentos de España, en los tratados que versan sobre el edificio histórico artístico más importante de Córdoba. Respecto a la pertinencia y rigor con que llevaron a cabo aquellas restauraciones (1904) hay división de opiniones, desde los que entienden que los criterios de intervención arqueológica han variado sustancialmente desde principios del s.  hasta ahora, lo que exculparía al afamado arquitecto de la acusación de restauración excesiva que le hacen quienes consideran que incluso para la época sobrepasó el límite de lo permitido, alcanzando las obras, por su gratuidad, el grado de falsificación de elementos arqueológicos. Tampoco son unánimes las opiniones acerca de si la restauración se hizo bajo una perspectiva estrictamente científica como se apunta AQUÍ o la fantasía del restaurador pesó más que la razón. El arabista Manuel Ocaña siempre se colocó en el segundo bando, el de quienes consideran que  se excedió con creces e irresponsablemente en la restauración-recreación de muchas partes de la Mezquita, principalmente en la de las  exteriores. Lo que se dice una anastilosis muy, muy pasada de rosca. Y aunque lo consideró una mera anécdota fue el descubridor de una falsificación flagrante con el agravante de alteración dolosa del estado primitivo de las  absolutamente injustificable. Lo interesante del punto de vista de Ocaña es que ese detalle le proporciona una clave para enjuiciar los trabajos desarrollados por don Ricardo en el monumento y valorarlos con equidad.

Aunque los estudios de los textos los realizó a mediados de los años 50 del siglo pasado no los publicó hasta el año 1976 en que apareció un artículo en la revista Corduba, (Las inscripciones árabes de la Mezquita de Córdoba de época contemporánea. En: Corduba / Museo Arqueológico Provincial. — Córdoba : Diputación Provincial, Servicio de Publicaciones . — N. 3, vol. I, fasc. 3 (1976), p. 153-161) en el que incluso da unas explicaciones de las causas de la tardanza, un extraño problema entre eruditos.

Se trata de una falsificación del espíritu del texto original, perdido por otra parte, inscrito en una caligrafía cúfica florida en los frisos de dos de las puertas por él restauradas en la fachada occidental de la Mezquita.

Si los textos originales debieron contar con alguna sura coránica como era de rigor o, más interesantemente, con algún texto conmemorativo de su construcción en tiempos de alHakam II, Velázquez Bosco optó por colocar un texto referente a la propia reconstrucción, en el que se alteraban los versículos de la fatiha (de la raíz f-t-h = abrir) la primera sura del Corán: b-ism Allah al-Rahmán al-Rahím (en nombre de Allah, el clemente, el misericordioso) por la fórmula cristiana de la persignación: b-ism al-Ab u-al-Ibn u-al-Ruh al-Qudús (en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo), calcada de los catecismos cristianos especialmente elaborados para convertir musulmanes. Para continuar seguidamente con una delirante transcripción al árabe del texto conmemorativo, arabizando los nombres de rey, los ministros del ramo y el suyo propio, arquitecto Velásquez Bosco.

Ocaña alaba el trabajo de labrado de los textos, obra de las mismas manos que labraron todo el conjunto, los hermanos Inurria, aunque apunta que la apreciación de esa maestría en el trabajo no empece su consideración acerca de la improcedencia del mismo, permitiéndose lanzar una aguda pulla al también arabista Rafael Castejón y Martínez de Arizala quien se entretuvo en afirmar en un texto ya clásico (La Mezquita Aljama de Córdoba, Everest 1971) que las restauraciones superaban incluso a las originales.

El propio Ocaña en su artículo hace una translación completa al árabe actual (con puntos diacríticos) de los frisos, acompañada de su traducción, detectando algunas faltas de ortografía y transcripciones de nombres erróneas. Así en el comienzo escriben bism Lab, en lugar de bism Al-Ab (en el nombre del Padre) y uLabn en lugar de ualIbn (y del Hijo).

Ambas puertas se hallan en el muro occidental de la Mezquita. La primera es la que se encuentra entre la de San Miguel y la de Palacio y es la cuarta partiendo de la puerta del Sabat siendo conocida como Puerta del Espíritu Santo.



Vista de la parte alta del la Puerta del Espíritu Santo y detalle del friso. El texto dice: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo mandó el rey Alfonso hijo de Alfonso –Allah le ayude y le dé la victoria- al ministro Justino Rodríguez San Pedro la restauración.




Zona inferior de la puerta del Espítiru Santo que contiene sobre las albanegas del arco la continuación del texto superior: de la fachada de esta puerta y se hizo bajo la dirección del arquitecto Ricardo Velásquez Bosco y se terminó con la ayuda de Allah en el año cuatro y novecientos de Jesús.

La otra puerta es la penúltima del muro occidental, justo la que está antes de la Puerta del Sabat.



Zona superior y detalle del friso de la segunda portada. El texto, muy deteriorado, decía: En el nombre de Allah el Santo mandó el rey Alfonso hijo de Alfonso –Allah le ayude y le dé la victoria- al ministro Lorenzo Domínguez Pascual la restauración de la fachada de esta. La foto en blanco y negro la hizo Manuel Ocaña en fecha indeterminada, aunque probablemente corresponda a los años 70 y en ella se advierte un menor deterioro de la pieza epigráfica que el que presenta en la actualidad. El propio Ocaña afirma que si le fue posible leerlo a mediados de los 5o cuando lo estudió fue porque se hallaba aún completo.




Detalle del friso inferior de la segunda portada. Continúa el texto deplegado en el superior: puerta y se hizo bajo la dirección del arquitecto Ricardo Velásquez Bosco y se terminó con la ayuda de Allah en el año cuatro y novecientos y mil del Mesías.



(*) Anoche alguien, sorpresiva y agradablemente, me recordó este viejo post, un pequeño aporte al conocimiento de la Mezquita (antes mezquita) de Córdoba que publiqué hace unos cinco o seis años en la añorada revista LA CALLEJA DE LAS FLORES. Creía que, como solía, le había hecho duplicado en Supersticiones, pero he descubierto que había olvidado hacerlo. Afortunadamente mi amigo Luis lo tenía publicado en su MIC (MUSEO IMAGINADO DE CÓRDOBA). Así que ahora lo hago. Precisamente en estos días en que andamos de lucha para que las curianas no nos la roben.

miércoles, 16 de julio de 2014

Aniversario de la Sinagoga: con judíos pero sin el estado de Israel

Dentro de poco, en septiembre, darán comienzo los actos oficiales de la celebración del 700 aniversario de la construcción de la Sinagoga de Córdoba. Realmente justa y necesaria. Los posos de la herencia cultural sefardí forman parte indisoluble de las madres de la nuestra. Entenderla nos acerca al conocimiento de nosotros mismos. Si de algo sirve el mito bueno (para pensar, en el sentido levystraussiano) de la convivencia de las tres religiones que se dio efectivamente en Al Andalus, el Paradigma de Córdoba, es como instrumento para tratar de mejorar el mundo, como herramienta para fomentar la justicia, la tolerancia y el respeto entre sensibilidades culturales diferentes. Por ello parece completamente fuera de lugar que entre los patrocinadores de esa celebración se encuentre la embajada de un estado que funda su existencia reciente en la brutal limpieza étnica pasada y presente del territorio que hoy ocupa, en el mantenimiento de un sistema de apartheid que en nada desmerece del que se consiguió por presiones mundiales desmantelar en Sudáfrica y en la sistemática comisión por parte de su sofisticado ejército de crímenes de guerra contra un pueblo desarmado, contra el que testa además los mortíferos productos de su industria militar que luego exporta entre otros países a España, en lo que puede etiquetarse técnicamente como un genocidio programado para seguir liberando tierras de lo que considera su lebensraum.

Israel no tiene por qué representar al mundo judío, ni al sefardí. Es más, realmente el estado de Israel tal como está diseñado y concebido por ahora a lo que representa principalmente es al sionismo, una ideología racista y destructiva de la misma índole ética que el fascismo y el nazismo. Los judíos están afortunadamente repartidos por todo el mundo y afortunadamente no todos son sionistas ni participan en el genocidio de los palestinos. Así que las instituciones andaluzas no tienen por qué ensuciar su nombre apareciendo junto al de su embajada ni sus manos estrechando las tintadas de sangre de sus autoridades.

Del Ayuntamiento de Córdoba poco puede esperarse en ese sentido, dominado como está actualmente por un partido cuyos escasos retales ideológicos tras los que esconde el neoliberalismo de sus planteamientos prácticos son herederos directos del nacionalcatolicismo, ideología de la misma familia moral que el nazismo, el fascismo y el sionismo. La prueba está en su aceptación del patrocinio de dicha embajada de las Jornadas de Música Sefardí celebradas en junio pasado y la de la aerolínea estatal israelí El Al para la dotación de un premio entre los asistentes a los conciertos.

Pero es que de la Junta de Andalucía, gobernada por una coalición cuyo socio mayoritario es un partido que ha traicionado minuciosamente todos y cada uno de los principios que cimentaron su fundación, parece ser que menos. Con pruebas además. Esta noticia institucional de hace unos meses en la que se da cuenta de la reunión mantenida por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el embajador del estado de Israel, Alon Bar, para acordar una futura firma de medidas de cooperación económica, echan por tierra prácticamente las esperanzas de que a ese partido, el PSOE, le quede el más mínimo atisbo de decencia política una vez desviado voluntariamente con esa firma del alineamiento en la defensa de los Derechos Humanos.

Pero con todo el hecho de que a pesar de las aplastantes evidencias que acumula en su contra y de que haya apostado hace unos días por el continuismo en su propia debacle defectiva, ese partido aún se publicita como heredero de los valores de justicia universal del socialismo humanista y tiene la oportunidad de desmarcarse claramente de esos patrocinios sumándose a la campaña BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones) contra el estado de Israel en la que desde hace unos años participan la mayoría de los mejores intelectuales y artistas del mundo, que aspiran a convertirlo en un lugar mejor. Al menos como gesto de solidaridad con las víctimas de la nueva escalada genocida en que se está empleando ese estado y a la que asistimos, espantados, en estos días.

La excusa expresamente expresada por las autoridades competentes ha sido que los judíos tienen mucha pasta y que van a inundar la ciudad por un tiempo de shekels, dólares y euros. Mayoritariamente, se les ha olvidado añadir, manchados de sangre fresca de niños palestinos.

En cuanto a nosotros, los de a pie, en caso de resistencia oficial a tomar en consideración nuestra propuesta, mostrar nuestra repulsa de la manera, individual o colectiva, que creamos más oportuna y efectiva.

Hanna Arendt ¡cómo te echamos de menos...!

lunes, 14 de julio de 2014

Asco

Un día cualquiera mirando de refilón un programa de tertulias de la tele mientras haces hora para otra cosa te cae de pronto como llovida del cielo una respuesta a una cuestión aparentemente insoluble que te acuciaba desde hacía años.

Es lo que me ha pasado hace un rato escuchando a un individuo en Al rojo vivo hablando sobre el martirio de Gaza. Venía a decir con una vehemencia que él creía necesaria para sostener su opinión algo parecido a que en España había un propalestinismo sociológico injustificado. Y que ese factor hacía que se culpabilizara siempre a Israel de un conflicto que habían empezado los palestinos. Y que la prueba de la superioridad moral de Israel sobre los palestinos era que mientras éstos no avisaban a la población israelí cuando lanzaban cohetes, Israel avisaba previamente a los palestinos antes de lanzarles sus bombas.

Quien ha dicho eso hace unas horas no era un simple tertuliano profesional, sino el psoecialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Fue así como entendí de repente por fin cómo y cuándo se había jodido este país. Precisamente en el momento y en el modo en que un sujeto de la nauseabunda calaña moral del expresidente de la Junta de Extremadura había podido llevar la escarapela de la izquierda en la representación política de toda una comunidad sin que nadie vomitara de asco por ello.

jueves, 3 de julio de 2014

Del microondas como arma de destrucción masiva

Es más que probable que el Sefardita Impostado (*) no sea más que un pobre perturbado. Un orate. Pero ante la duda sobre esa patológica, y por lo tanto lastimosa, posibilidad, a mí sólo me cabe la opción de considerarlo a la vista de sus ponzoñosas manifestaciones una verdadera mala persona: un misántropo empedernido que habita en una torre de marfil que se ha construido a la medida de su inconmensurable ego. Autoprotegido de los maléficos encantamientos de la justicia universal por el cementéreo muro de la vergüenza del apartheid físico e ideológico israelí que él ha decorado primosoramente por su cara externa para la galería pijiprogre hispana por una irisada militancia ocasional en el buenismo blandichurri de andar por las instituciones, estratégicamente campaneado por él mismo, arropado por una numerosa clá de palmeros y ejecutantes de su ola y por la manía persecutoria consustancial al irredentismo sionista que fundamenta el actual y pasado expansionismo genocida del estado de Israel, nuestro personaje se ha autoconcedido bula para faltar al respeto y a la inteligencia de los conciudadanos a los que nos ha tocado el albur de tenerlo por vecino. Y no es que sobre por ser forastero en una ciudad que algunos queremos abierta a todos los aires, es que para espabilaos ya tenemos de sobra con los locales. Que manos de Fátima sabemos vender todos. Y sobre todo porque es un plasta que no para de inventarse inquisiciones, contubernios y conspiraciones, la mayoría a su delicada personita dedicados desde su tribuna de Cordópolis.

El negocio de este señor consiste en una tienda de bagatelas para turistas en la Judería de Córdoba cuya originalidad respecto al común y adocenado mercadeo del souvenir de la saturada zona radica en su especialización en la explotación del recuerdo (industrial y sentimental) del legado material y espiritual, pero sobre todo de las terriblemente reales desventuras, de una etnia concreta, la judía, que sufrió hace 2000, 1000, 500, 200 ó 70 años aquí y en otros lugares de mundo. Un negocio muy parecido al que en franca competencia y en la misma calle montó, antes que él, la exótica viuda de Roger Garaudy pero en el ramo moruno andalusí. No sé cómo le irá con el turisteo normal, pero su confesa meta es conseguir clientela fidelizada en el estado de Israel. Y es lo que tiene el negocio, que si quieres que prospere al cliente que paga has de dar siempre la razón... Así, que en pleno boicot mundial a ese estado solicitado por las más acreditadas asociaciones pro Derechos Humanos por sus más que acreditadas criminales políticas se fue hace unos meses para allá, consiguió espacio para publicitar su producto en la televisión pública, dio una conferencia en una universidad también pública y maniobró para conseguir que en los planes de estudio israelíes se incluyera una obligatoria visita a Córdoba y de paso a su tienda (o viceversa). Y cuando regresó, aprovechando que había montado una exposición sobre el Holocausto, nos lo contó en los medios locales. Semejante hazaña emprendedora debió despertar la envidia de su vecina y competidora que ni corta ni perezosa envió vía intermedia de un sicario textual un artículo al Diario Córdoba en el que se despachaba a gusto mezclando variados y acidulados temas: desde apoyarse en la acusación de industrialización del Holocausto de Norman G. Finkelstein y su monopolización por el estado sionista hasta recordar el olvido interesado, por razones obvias, del sufrimiento del pueblo palestino.

Yo me limité a enlazarlo en mi muro de facebook recomendando su lectura. Fue entonces cuando el sujeto, que sin conocerme hacía meses me había solicitado amistad pero que jamás había comentado ni likeado nada mío, porque pertenece a ese grupo de ególatras que mantienen el feisbu sólo para que lo adoren en su muro convertido en altar, entró en tromba, con la vena del pescuezo hinchá, para, siguiendo la manida estrategia sionista maniático-persecutoria, arremeter sin argumentar contra todo el que allí se meneaba, acusándome de connivencia con el articulista sólo por el hecho de enlazarlo. Yo me limité a señalarle que en algunas cosas el sicario de la viuda tenía razón: estaba muy feo reunirse con autoridades (aunque fueran académicas) y acudir a la televisión estatal de un estado que practicaba el apartheid racista y empleaba políticas criminales contra población indefensa para que influyeran en los planes de estudios de los niños israelíes con el fin de que visitaran como complemento académico los lugares donde sus supuestos antepasados fueron víctimas del odio racial, mientras se les escamotea sistemáticamente el conocimiento de los crímenes contra la humanidad que su propio estado comete actualmente contra los palestinos.

La atrabiliaria reacción del buen señor fue acusarme directamente de dibujarle a él una diana en la chepa para que los extremistas le dispararan y haciéndome seguidamente responsable de lo que a partir de ese momento le ocurriera, incluyendo una velada amenaza de ir con el cuento a la policía. Así se las gasta el jicho. De nuevo intervine afeándole su conducta, retándolo a que mirara a ver cuántos neonazis violentos encontraba en la lista de mis amistades y rogándole por favor ya en  perfectamente apreciable ironic mode que andara con cuidado no fuera que de cualquier accidente doméstico, verbigracia que le diera un calambrazo el microondas, que sufriera en su casa me hiciera también responsable. Podría haber dicho por ejemplo el rizador de pelo que imagino que usa para cuidar de esos caracolillos que tan coquetamente cultiva o el cuchillo de cortar chacinas kosher. Pero fue el microondas lo primero que me vino a la cabeza. Tal vez y por ejemplo porque acababa de calentarme un café en el mío. Y me olvidé del asunto y del colérico señor sin volver a saber nada de lo que publicaba o dejaba de publicar en su muro cuyo acceso además tengo bloqueado.

Pero hete aquí que un amigo me acaba de enviar una captura de pantalla de un comentario, titulado Hornadas, anécdotas y microondas que ha hecho público en su muro recientemente y meses después de aquel suceso, en el que comienza hablando del humorista francés Dieudonné y su sintonía con el político ultraderechista Le Pen a cuenta de la palabra hornada que supuestamente éste ha usado referida a lo que había que hacer con unos periodistas, continúa con su negacionismo o minimización de los hornos crematorios nazis y termina con lo siguiente:

Hace unos meses la Casa de Sefarad organizó una amplia y excelente muestra documental: "Donde se queman libros al final se quemaran personas". Genocidios y holocaustos, y naturalmente la Shoah, centraban el contenido de la muestra. En la Red un incendiario se cabreó con la muestra conmemorativa el supuesto "abuso" que se hace del Holocausto. Jugando con las palabras le sugirió al director de este centro privado que "tuviese cuidado con el microondas". Una broma sin aparente mayor intención... salvo por el poder evocador (e infame) de ciertas palabras. Y también sonrió. Como muchos otros. Parece que están esperando otra oportunidad.

No sólo está loco y probablemente necesite ser tratado de su enfermedad maniaco-persecutoria, es que además es un mentiroso. El que se cabreó con la muestra conmemorativa y denunció la manipulación sionista del Holocausto fue el sicario de la pérfida mora, no yo.

Yo por si acaso y alarmado por el grado de conspiranoya que me rodea he dejado de usar el móvil, que me han dicho que sus ondas sirven de perfecto localizador para que ciertos servicios secretos amigos de quién sabe quién te puedan enviar una bonita postal luminosa por meterse con sus cosas de genocidiar gentes vecinas para quedarse con sus tierras.

(*) Me dicen amigos sensatos que está mu feo poner nombres así descaradamente en la red poniendo a sus portadores, si no son personajes excesivamente públicos, a caldo. Que el problema no es el nombre en sí, sino San Google que a partir de ese momento (y a no ser que con la nueva, represora y censora normativa se solicite expresamente) lo unirá hasta el fin de los tiempos a lo publicado. Así que les hago caso y sustituyo el nombre del individuo al que dedico este post por esta descripción que considero la más acertada.

jueves, 5 de junio de 2014

domingo, 25 de mayo de 2014

Esaborío

He de reconocer abiertamente y ya de una vez por todas que yo siempre fui un esaborío. Me ha costado asumirlo a pesar de que llevo desde pequeño escuchando a todo el mundo aplicarme semejante apelativo. Y eso que no me reconozco en la definición que de él da el diccionario. Pero la gente siempre tiene más razón que el diccionario, porque el lenguaje es suyo y no de los académicos. A mí nunca me gustó la feria. Un caso probado de esaboriúra empedernida como cualquiera puede deducir. A pesar de que he hurgado en sesudos tratados de fobiología nunca conseguí averiguar la clave exacta de la causa. Yo creo que es una fobia innata. Algún gen modificado de esos que dicen los científicos que son el motor de la evolución o de la extinción de las especies. Puede que si ese gen se entroniza en la corriente adenómica de los cordobeses la peculiar raza de degustadores de peroles, de ferias y romerías y de humeantes cofradías se extinguiera en esta ciudad. Pero por mí no cuidéis, que yo siempre me supe resistir a la tentación natural de autoreplicarme y el gen morirá célibe en mis testículos.

En este documento gráfico, aparezco atrozmente disfrazado con una camisita de flores de mangas bombachas cuyos faldoncillos han sido estúpidamente anudados a la altura de mi ombligo, un pantalón negro, y supuestamente estrecho, sujeto con una ancha faja y portador de un sombrero cordobés que más que encasquetado parece embutido en mi cabecita de niño de seis años. Me señalo ostensiblemente el lugar exacto hasta donde estaba de la puta feria en ese momento. Me imagino unas horas antes llorando a moco tendido y resisitiéndome heróicamente a la mano de mi madre que trataba de arrastrarme hasta allí. Supongo que mi padre trataba de hacer alguna foto a aquel ser momentáneamente descoyuntado que sólo quería que le quitaran el mamarracho disfraz y lo dejaran en paz con sus tebeos y sus juguetes en la casa. Pero el pobre sólo pudo plasmar la imagen de la esaboriura irremediable de su hijo.

No sé cuantas veces más me llevaron a aquel lugar horripilante. Lo que nunca creo que consiguieran fue hacerme subir a ninguna de aquellas máquinas de torturar los centros del equilibrio a las que llamaban los cacharritos. Sólo me sentía medianamente estabilizado emocionalmente en alguna de las casetas populares favoritas de mis padres atiborrándome de patatas fritas y grasiento pollo asado. Pero también recuerdo con pavor el espantoso ruido ambiental en el que se mezclaban las hirientes salmodias de la tómbola con la desabridez de las voces epicenas de los cantantes de sevillanas y los agresivos pregones de las atracciones. Los chillones destellos del alumbrado y el barroquismo pueril de la decoración farolillera. Y el olor a vinazo mezclado con el polvo de albero que levantaban los pies de los miles de oficiantes de aquella absurda dramaturgia de la diversión.

Pero no creáis que guardo rencor a mis padres. Hicieron lo que tenían que hacer unos buenos padres como los míos. Y lo del disfraz de flamenco debía ser normal que se infligiera a los niños. De hecho los niños y las niñas eran los únicos en aquellos tiempos a los que se podía ver disfrazados de flamencos en el real. Con el tiempo y muy avanzados los años 80 comencé a contemplar con estupor cómo muchas mujeres adultas comenzaron a disfrazarse con traje de faralaes para cumplir los rituales festivos de mayo. Y el colmo de la estupefacción ha sido observar en los últimos años a cientos de señores perfectamente adultos embutidos también en el disfraz de cortijero señorito andaluz que ha acabado por convertirse misteriosamente en el traje masculino folklórico de estos pagos. Es curioso como al contrario del resto del mundo, donde el traje folklórico responde siempre a la vestimenta de domingo del pueblo bajo, explotado, en Andalucía se ha acabado asumiendo la de diario del explotador para el varón y el de la jornalera o gitana de los días de fiesta. Todo un símbolo que haría babear a Freud.

De adolescente y joven pollo sólo fui ocasionalmente arrastrado a la feria, esta vez por la mano de mis escasos amigos, pero sobre todo por la de los ardores de la entrepierna, ya que se suponía que en la vorágine ferial y en el provisional relajamiento moral subsiguiente tendría más oportunidad de pillar cacho de carne femenina tierna y perfumada, una de las escasas competencias que soportaban mis intelectuales ocupaciones de niño rarito y esaborío. Tras varios años seguidos de intentos desesperados nunca me jalé una rosca. Así que un día decidí convertirme en un no consumidor de feria, en un adepto a la secta de los abominadores de ese enorme botellón legal y disparatado.

Ahora ya sólo la soporto cada año desde mi azotea cuando me llega como el rugido lejano y sordo de una gran bestia que reclama víctimas a la orilla del río, alejado ya por fin felizmente de la ciudad.

lunes, 5 de mayo de 2014

Patios Cordobeses: una visión insorrible.

El origen del Festival de los Patios Cordobeses está sumido en una espesa oscuridad, pero lo más probable es que naciera a finales del primer tercio del siglo XX por voluntad de un grupo de burgueses amantes de los vinazos populares decididos a entronizar los patios de vecinos en los que vivían los obreros como lugares de peregrinación anual, de juerga cíclica, con la excusa de la exaltación de la supuesta alma eterna del pueblo al que explotaban secularmente sus familias. Ellos vivían también en casas con patio porque patios siempre hubo en Córdoba como les encanta recordar a sus publicistas cuando enhebran sus antedecentes históricos: la casa romana, la andalusí, la renacentista... Pero en su concepción y acceso siempre hubo clases. En las casas de los ricos, con patios especialmente hermosos, sólo podían entrar los dueños y sus sirvientes. Y en el Festival que inventaron permanecieron estrictamente privados, no concursables, no visitables. En los otros, en los que se hacinaban decenas de familias en condiciones infrahumanas, siempre pudo entrar cualquiera. Eran públicos. El fin era la explotación social, política, económica y estética de ese primitivismo decorativo de la cal y la gitanilla, del pueblo sencillo y dócil que entretiene el hambre regando macetas con una lata atada a un palo. Pero cuando ese mismo pueblo abandonó su secular docilidad y reclamó sus derechos de ciudadanía firme pero democráticamente la casta dominante tuvo que escarmentarlo con la suficiente contundencia como para que entendiera para siempre cuál era su patio, florido o yermo. A mediados de los 50 los guardianes locales de los campos de concentración en que los escarmentadores convirtieron cada ciudad y cada pueblo de España trataron de blanquear los muros contra los que perpetraron El Genocidio mediante la exaltación de los localismos populares más vistosos. Y en el de Córdoba el Festival de los Patios, de los patios de los pobres escarmentados, sirvió para atraer turismo y vender la imagen de una turbadora placidez, la de la población rigurosamente vigilada a punta de pistola.

sábado, 3 de mayo de 2014

CORDOCASPA: Monumento a la CAÑILATA


Hay mucho malafollá que anda por ahí diciendo que si Córdoba descolló altamente como cuna de grandes literatos y filósofos en lo que es el campo de las ciencias siempre nos comimos una mierda. Mentira cochina e infundio doloso. Sólo hay que peinar las largas guedejas de la Historia para encontrar más casos en el peine que liendres en el de un niño de posguerra.

Pues puede afirmarse sin rubor que fueron ingentes los aportes cordobeses en el campo de los grandes inventos a la Humanidad. Fue un cordobés, Ibn Firnas, el primer humano real que voló con unas ALAS ARTIFICIALES, aunque se rompiera la crisma en el intento. Un santo varón, Ambrosio de Morales, fue el inventor allá por el siglo XVI de la autocastración radical preventiva de tentaciones usando la afilada tapa de un BAÚL MONOVOLUMEN CONVENTUAL POLIVALENTE. Ya en el siglo XX fue un cordobés anónimo quien inventó el utensilio de cocina conocido como PEROL RABÚO mediante el ingenioso arreglo de añadirle un largo rabo a una perol de asas, lo que le permitía guisar borracho un arroz en el campo sin quemarse los güebos. Pero sin duda su mayor aporte a la historia de la Humanidad en el campo de la ingeniería hidráulica universal fue la CAÑILATA, un utilísimo artilugio formado por una o más cañas de escobón empalmadas, coronada por una lata vacía de conservas correctamente atada a su extremo y que sirve para regar las macetas más altas de los patios cordobeses.

El origen del invento se funde con el propio del Festival Florido por antonomasia cordobés. Todo el mundo sabe que la Fiesta de los Patios la inventaron allá por los años veinte un puñado de ociosos señoritos cordobeses hijos de la burguesía vinatera, prácticamente la única que existía en aquellos tiempos al oeste del Pedroches. Decidieron montarse esta alegre camada amante de la farra un jolgorio anual en forma de viacrucis borrachuzo por los patios de las casas de vecinos donde penaban su miseria los pobres de la ciudad, muchos de ellos obreros y obreras explotados secularmente por sus estirpes. Para ello y para convencer a las mujeres de que blanquearan y adornaran profusamente las paredes de sus humildes viviendas con macetas organizaron un concurso en el que se donaría un buen puñado de duros al patio resultante ganador. Con ello mataban tres pájaros de un tiro: mantenían a un buen número de pobres entretenidos en el sano cultivo del primitivismo decorativo de la cal y la gitanilla libres de las tentaciones reivindicativas, se lo pasaban teta ellos mismos y de paso daban salida más fácilmente a los vinos de sus bodegas familiares.

El problema vino cuando el afán por ganar el premio llevó a a aquellas vecinas a colocar macetas en sitios inverosímilmente altos, para cuyo riego necesitaban altísimas, artesanales y peligrosas escaleras de mano. Fue la dolorosa sangría de mujeres, principalmente abuelas, que morían escoñadas cada año por caída de escaleras lo que llevó a un genio anónimo a inventar ese artilugio, la cañilata, mediante la que se podían regar las más altas macetas sin peligro de escoñamiento.

Es de agradecer por tanto que el Excelentísimo y Casposísimo Halluntamiento de Córdoba dedique una escultura a tan excelso invento que tantas vidas ha salvado, siguiendo la estela que abriera su antecesora la corporación marxista-folklomeapilista que llenó la ciudad de esculturas de estilo Remordimiento dedicadas a enaltecer el recuerdo de los PALEOCORDOBESES: las aguaoras de la Mersé, el rijoso cura apandaniñas de las Cañas, el vampiro coplero de San Basilio, el correoso matarife fino Lagartijo, el aparador narcocofrade de san Pedro y el Viejo de los Helados de la plaza del Zoco. Todos ellos colocados en los tiempos felices en que nos gobernaba aquella alcaldiosa de la mueca congelada y la chaquetiya colorá conocida como Santa Rosa da Grima que tanto hizo por la extensión del NACIONALCASPOCATOLICISMO que ella misma profesaba. Y cuya senda han seguido fielmente los miembros neofanquistas peperos que nos gobiernan estos atribulados días. Como muestra LA ÚLTIMA IMAGEN que nos han dejado y en la que encontramos incluso alguna socialista y no precisamente despistada.

De propina el escultor, especialista en dotar de detalles humorísticos a sus obras, ha colocado un cubo a los pies de la portadora de la cañilata con el fin de que evacuen cómodamente en él todos los borrachuzos que pasan por la zona de los bares, cruces o patios evitando hacerlo sobre las fachadas de las casas del vecindario.

OTRAS ESCULTURAS URBANAS ERIGIDAS A LOS PALEOCORDOBESES


Escultura dedicada al amor sacerdotal por los niños que representa a un cura apandando dos niñas listas para ser catequizadas en la soledad de la sacristía. Costumbre tradicional del rancio clero local. En la plaza de las Cañas. Inaugurado por doña Rosa Aguilar, cuando oficiaba de alcaldiosa.

Monumento al vampiro castizo, recitador de apolillados versos pseudolorquianos y otras ranciedades folklofrikis a prueba de estropajos de aluminio. Fue erigido en la Puerta de las Caballerizas Reales por presión hiperpesada de una docena de amigos de la ca(s)pa cordobesa. También en tiempos de la acaldiosa

Monumento a un matarife fino de finales del XIX aficionado a matar borricos en plena calle cargados de carbón clavándoles en el vientre una horca campera para destriparlos y así reírse de la desesperación de sus dueños, los carboneros pobres que bajaban de la sierra tras varias jornadas de agotador trabajo para mantener a su prole, antes de darles un puñado de duros para que lo repusieran. Por esta y otras hazañas por el estilo que hacen mucha gracia a los aficionados al espectáculo de convertir un hermoso animal en una morcilla sanguinolenta, nuestra insigne alcaldiosa llego a tildarlo en su inauguración de "progresista avant la lettre". En la calle Osario.


Maravilla de estudio kitsch folklofeminista en las que unas figuras de maniquíes de escaparate posan en posturas deliciosamente retro ejerciendo las labores propias de las mujeres liberadas cordobesas. La ripiosa, apolillada loa poética a su espalda, obra de un prejurásico erudo local, ponen la guinda cultureta. En el Campo de la Merced, frente al palacio de la Diputación.

Descacharrante y truculento aparador dedicado a un oscuro imaginero del siglo XVII en el lateral de la iglesia de San Pedro, obra cuya pomposidad dramático-cofrade homenajea irreverentemente la ya afortunadamente extinta pasión por las procesiones gore que recorrían la ciudad cuando los dinosaurios de la superstición y la idolatría dominaban la Tierra. Anteriormente ofendió la vista de los viandantes en la Plaza de las Doblas de donde fue retirada por petición de tirios racionalistas que organizaban minutos de risa frente a él y por troyanos narcocofrades que preferían la cercanía del barrio donde vivió el representado
Monumento a un entrañable y apulgarado personaje cordobés: el Viejo de los Helados, representado con uno en la mano en el acto de aplicarle un sonoro lametón, como solía hacer cada hora en su esquina mientras contemplaba enternecedoramente a las niñas de la plaza jugando alegremente a la comba. Como detalle curioso podríamos apuntar que sirvió como modelo al escultor el célebre locutor franquista Matías Prats. En la plaza del Zoco.

martes, 29 de abril de 2014

¡Destruid la puta Mezquita!

Se informa a los padres con hijos adolescentes que el sujeto que excreta ese artículo es profesor de literatura en el IES Séneca de Córdoba. Sólo para que sepan quién da o puede dar clase a sus criaturas. Ese tío fue compañero mío en la facultad a finales de los 70. Se dedicaba a boicotear todas las asambleas que podía mediante las más peregrinas triquiñuelas de forma. Fue siempre más tonto que la cigüeñilla de un botijo y a pesar de que pudimos haber hecho escarnio repetidas veces de su estupidez reventadora y de su acusada deformidad física se le puso siempre educadamente en su sitio. Siguiendo su manera de entender el mundo tal vez deberíamos haberlo hundido psicológicamente, machacarlo emocionalmente hasta convertirlo en una piltrafa humana carne de suicidio. Así nos ahorraríamos hoy sus mefíticas y hediondas consideraciones.

Por si queréis verle el careto mejor: FICHA DEL ATENEO. Como podéis leer ahí es uno de los críticos de procesiones del Acorazado ABC y su columnista más tonto (lo que ya es serlo). Su mundo es el narcocofrade y es un conspicuo politoxicofrade. Se chuta cofradeína pura, sin cortar, en varias hermandades.

Y por si queréis leer el textículo directamente en la web del putrefacto diario AQUÍ TENÉIS EL ENLACE donotlink.com mediante para que no cuenten las visitas. De nada.

lunes, 28 de abril de 2014

CORDOCASPA


Foto CORDÓPOLIS. Tuneao de Mr. Parkingson

Por fin una imagen que da la medida exacta de la ciudad, simbolizada por una pobre prostituta que se calienta tristemente el papo en un brasero mientras las autoridades ()competentes brindan con agrio vinazo por ella acompañados de basura folclofriki... Bajo una caspa infinita que cae blandamente sobre ellos, sobre todos nosotros...

miércoles, 16 de abril de 2014

MEMORIA DEL REY HEREDIA (I)

Hace unos años mi amiga Saqunda publicó en la página Calleja de las Flores, la única publicación que aunara humor, sátira, sarcasmo e información veraz sobre la ciudad que haya existido en Córdoba, un trabajito acerca del origen del Colegio Rey Heredia. Saqunda redactó el artículo tras comprobar que en el plan de ordenación urbana que continuaba las obras de remodelación de la Ribera y el Puente Romano estaba prevista su demolición para la creación de una gran plaza que realzara la Torre de la Calahorra, en palabras del arquitecto encargado del proyecto, Juan Cuenca.

Recordó allí que aquel modesto edificio fue el primer colegio diseñado y construido ex profeso como tal en la ciudad y que lo fue además siguiendo las directrices de la escuela racionalista pedagógica europea por el arquitecto aragonés pero afincado en Córdoba Francisco Azorín Izquierdo. Azorín sumó a su condición de prolífico arquitecto una importante actividad política desde su militancia socialista, primero como concejal y luego como diputado en Cortes y en 1918 siendo miembro de la Comisión Municipal de Instrucción Pública redactó el Proyecto de Escuelas unitarias para niños y niñas con Jardines Froebel para edificar en el Campo de la Verdad ante la pavorosa situación de la escolarización cordobesa –como la española en general- anclada en metodologías antediluvianas, fundamentalmente en manos de una Iglesia ultramontana e impartida en locales reutilizados en condiciones de salubridad lamentables. En el estudio que adjuntaba hablaba de que de los 8.000 niños en edad escolar que había en la ciudad tan sólo había matriculados 1.549, a los que había que sumar 3.000 párvulos. Pero fue en 1919 cuando convocó a los arquitectos de la ciudad para que desinteresadamente diseñaran cinco colegios que recogieran las últimas tendencias del racionalismo pedagógico adaptándolo a las necesidades de máxima economización de recursos. Él mismo construyó dos: el Rey Heredia y el Grupo Colón. Para enseñanza mixta, algo revolucionario en la historia de la ciudad, con ventanales amplios correctamente orientados, patio para juegos y práctica de gimnasia, jardín con plantas y flores, con espacios para audiciones de música y conferencias, con taller de trabajos manuales…

Sólo por eso, por su valor histórico como pionero y símbolo de la enseñanza racionalista, superadora por fin de la oscurantista de la Iglesia, que alentaría y apoyaría un genocidio para evitar su triunfo, las fuerzas progresistas municipales, autonómicas y estatales que se reclamaban nominalmente herederas de la tradición ilustrada sangrientamente reprimida y que durante 30 años han ejercido desde el fin de la transición el poder deberían haber procurado con mimo su conservación, no permitiendo nunca que dejara de funcionar como colegio y colocando una placa bien grande en su fachada en la que se explicara el significado de su existencia, las claves de la revolución pedagógica, en lo arquitectónico y en lo ético social que supuso su diseño y construcción.

Pero ninguna de esas fuerzas que reclamaban para sí el título de progresistas hizo nada ni por el forro parecido. Y no lo hicieron porque desde el mismo momento en que accedieron al poder pactando su reparto con los herederos de los genocidas y con los genocidas mismos que aún continuaban en activo habían volcado todos sus esfuerzos en el afán aunado de neutralizar los conflictos entre la sociedad civil y las instancias sociales y culturales de la dictadura nacionalcatólica. La prueba más palpable de ello está en la rendida entrega que se hizo a la Iglesia Católica de la parte del león de la enseñanza pública mediante el invento de los centros concertados por parte de gobierno de Felipe González.

Pesoeístas (nunca merecieron el nombre de socialistas) en los gobiernos estatal y autonómico y unos desleídos comunistas quintacolumnistas de la socialdemocracia más pactista -y a menudo de la carcunda reaccionaria- en el municipal de esta ciudad pusieron todo su empeño en no empañar su acceso al poder político recordando que lo habían hecho a base de paletadas sobre la memoria de las víctimas del franquismo. Así no es extraño que los últimos ineptos gobiernos municipales de Izquierda Unida, que cargarán eternamente con la vergüenza de haber sido llevados a los tribunales porque se negaron a acatar la ley que los obligaba a abrir las fosas de los fusilados en el cementerio por un descárgame de pagar los picos y las palas, contemplaran sin ningún miramiento el plan de derribo del colegio.

Pero antes tuvieron el cuajo de infligirle un último escarnio: renombrarlo. Cambiar el nombre que portaba desde su fundación, el de un matemático y filósofo cordobés del XIX, José María Rey Heredia, por el del feroz obispo Fray Albino, alentador y justificador del genocidio nacionalcatólico de republicanos y cuya mayor hazaña intelectual fue la adaptación del Mein Kampf de Adolf Hitler para los niños españoles de la posguerra con el título de Catecismo Patriótico Español. O sea no sólo justo uno de los responsables de la destrucción violenta del proyecto racionalista del arquitecto socialista sino responsable también por coadyuvación de su exilio, al que tuvo que acogerse tras escapar milagrosamente de una muerte segura por fusilamiento en las tapias del cementerio como ocurrió con todos sus compañeros de partido que fueron capturados. El atroz nombre lo mantuvo hasta su cierre, la placa que lo indicaba hasta que un alma caritativa la cubrió higiénicamente.

Fue desde esa misma revista La Calleja de las Flores que se propuso un destino adecuado y digno para el edificio, a la vista que no volvería a ser colegio: Museo de la Memoria de la Escuela Racionalista y Republicana. Ningún otro edificio de la ciudad podría gozar de mayor idoneidad que el Colegio Rey Heredia para albergarlo. Un museo en el que se recogiera material escolar de los tiempos del esclarecimiento pedagógico, libros, objetos, paneles explicativos de lo que supuso aquella apertura de ventanas al mundo ilustrado de la enseñanza española que había permanecido cerrada a cal y canto en el sótano de la Contrarreforma durante siglos. Y la terrible represión, el Terrible Escarmiento que los guardianes de esa Contrarreforma, del oscurantismo y la superstición, desataron cuando comprendieron que aquella luz blanca y directa de la pedagogía ilustrada comenzaba a disolver las tiniebla de su poder sobre las conciencias de los súbditos en vías de convertirse en ciudadanos. Un museo de la represión de los maestros y maestras republicanos, probablemente y por esa capacidad de esclarecimiento de mentes que fomentaban, el colectivo profesional más reprimido, que con mayor ferocidad fue eliminado. Un homenaje que este putrefacto país no ha sido capaz aún de ofrendar a aquella legión de mujeres y hombres que pagaron con su vida unos o con la destrucción de sus carreras otros, el haber intentado sembrar la semilla de la autonomía moral e intelectual en las generaciones de niños y niñas de cuya educación fueron responsables.

Nada de ello fue tenido en cuenta y si no sobreviene la estafa de los organismos financieros internacionales que llamamos crisis la piqueta se hubiera cebado sobre el colegio sin misericordia. Luego llegaron los neofranquistas y su hedor reaccionario que paralizaron los proyectos y decidieron su abandono definitivo, probablemente con el fin de que la ruina hiciera presa en él y ya sólo quedara la solución del derribo preventivo. La placa con el escudo de la República que había permanecido milagrosamente camuflada en la fachada durante toda la larga noche del franquismo fue rescatada por los últimos maestros y puesta a buen recaudo.

La última etapa de la historia del colegio está muy reciente, muy viva aún, felizmente rescatado por movimientos ciudadanos que lo han convertido en un bastión de la solidaridad social y de la lucha contra el capitalismo depredador y contra los artefactos culturales alienadores que genera como estrategia de dominio. OKUPADO. Y asediado por las baterías de largo alcance de la artillería aliada, neoliberal y socialdemócrata. Pero RESISTIENDO.

Pero eso se quedará para una siguiente entrega...

domingo, 16 de marzo de 2014

La cobardía cagaflorista

Hay pocos cordobeses que sepan que su ciudad podría figurar con gran merecimiento y gallardía en el Libro Guinness de los Récords con el título, que holgadamente podría ostentar, de LA CIUDAD EN LA QUE, SIN MEDIAR UNA GUERRA O REVOLUCIÓN, MAYOR CANTIDAD DE PATRIMONIO HISTÓRICO HA DESTRUIDO EN LOS ÚLTIMOS DOS O TRES SIGLOS DE LA HISTORIA. ¿De la historia de España? No, hijo, no, de la historia del mundo mundial. Menudo récord en unas sociedades donde la destrucción de los restos del pasado parece haberse convertido casi en un deporte de masas. Pues sí, Maripí, pero es que donde reside la verdadera machada de ese título no es en la cantidad ni calidad de lo expoliado sino en la vertiginosa velocidad imprimida a su devastación. Puede darle todas las vueltas que quiera, rebuscar en el hondo saco del pasado las comparaciones que crea oportunas, pero no encontrará ninguna otra ciudad del planeta en la que se hayan destruido en solo 15 años (1995-2010) MEDIO MILLÓN DE METROS CUADRADOS de yacimientos arqueológicos de arrabales islámicos altomedievales en buena parte perfectamente rescatables únicos en Europa y en el mundo. Sin que se haya puesto en valor ni uno sólo de esos metros. Una enorme bolsa de petróleo, una imagen que ya utilicé en otra ocasión y que ahora corretea por ahí cimarrona, que fue pinchada irresponsablemente y adrede dejando que su contenido se perdiera por los sumideros de la nada y que hubiera creado incalculables beneficios económicos a la ciudad a nada que se hubiera rescatado y puesto en valor aunque sólo hubiera sido el 10% de todo lo excavado y destruido. Eso sin hablar de la monstruosidad de haber escamoteado a todas las generaciones de humanos del futuro la contemplación y posibilidad de estudio de los documentos originales de su historia.

Los responsables fueron (siguen siendo) una banda organizada de bribones con corbata que por intereses que algún día tal vez salgan a la luz pusieron a los pies de los capos de la mafia financiero-ladrillista local los servicios arqueológicos públicos y privados de la ciudad con el fin de liberarles, con la mayor celeridad y eficacia posible, de escollos legales los suelos hormigonables que habían adquirido ligados a sospechosas recalificaciones en los que emprender cómoda y rápidamente sus suculentos negocios inmobiliarios. En esa banda participaban miembros de la Universidad, de la Gerencia de Urbanismo municipal, de la Junta de Andalucía y las empresas privadas a las que se permitió que ofertaran competitivamente a la mafia servicios de liberación de restos sin control institucional alguno. La mayoría de los restos encontrados, antes de la implosión de la crisis, en buen estado de conservación de lo que fuera la Qurtuba omeya: mezquitas, medersas, casas, calles, hammams, almunias, cementerios, etc, fueron minuciosamente triturados y arrancados para que las hormigoneras pudieran rellenar su lugar con el infame cemento de la especulación inmobiliaria. El truco para acallar ciertas bocas y sortear la legalidad proteccionista fue publicitar que, como contemplaba la ley, se había negociado destrucción por documentación.

Hoy día prácticamente todos los arqueólogos que participaron en aquel infame exterminio, a pesar de que trabajaron con reconocida profesionalidad pero sometidos a leonina explotación laboral, consienten en confesar ya sin rubor que dicha documentación adoleció en un elevado porcentaje de los casos de unas incontenibles prisas que llevaron a obviar sistemáticamente niveles y fineza en el estudio. Pero es que además la ingente documentación generada, ahora en manos de los responsables últimos del asunto, que tendría que haberles movido a poner al servicio de la sociedad que les paga los sueldos y a la que sustrajeron su patrimonio consintiendo su destrucción, al menos el conocimiento de lo destruido, duerme apacible sueño en los cajones de los varios negociados bicéfalos del Arqueobispado de la ciudad de Córdoba. Esperemos que no acaben, como ha ocurrido en otros casos recientes, alimentando publicaciones privadas en beneficio estricto de sus atesoradores y correspondientes editoriales.

Y toda esa fabulosa destrucción ocurrió ante las narices de la legión de vocingleros intelectuales y artistas -los políticos tienen intereses que van por libre- que han levantado en las ultimas semanas sus destempladas voces en los media locales para defender el patrimonio común ahora en peligro por la fraudulenta inmatriculación de la Mezquita por parte de la Iglesia y exigiendo su vuelta a la titularidad pública. Y nunca, ni uno sólo de ellos, salió antes a dar la cara para defender el patrimonio público de los restos arqueológicos de la Córdoba omeya. Ni muchas otras barrabasadas que ocurrieron en esta triste y corrompida ciudad de esquinas marcadas con orina de cura almizclero.

Algunos veníamos desde hace muchos, muchos años, desde 2006 aproximadamente, denunciando -pedricando en el desierto- la maniobra de desislamización del principal monumento de la ciudad, la falsificación que de su sentido artístico e histórico -la descaradísima manipulación del relato de su construcción, tanto globalmente como atendiendo a sus distintos elementos-, en que venía empeñada la usufructuaria del edificio, la Iglesia Católica. Luego supimos, después de que un profesor de Derecho de la UCO denunciara que en 2006 la había inmatriculado a su nombre acogiéndose a una modificación de una ley aprobada por el gobierno Aznar y aquejada de más que probable inconstitucionalidad, que todo formaba parte de unas maniobras orquestales a la vista y en la oscuridad para conseguir la propiedad total y absoluta del monumento y, para a la vez que se controlaba el discurso de su interpretación histórico-artística, explotarla económicamente con comodidad. Entonces, en 2009, cuando salió a la luz aquella denuncia tampoco ninguno de los cagaflores cordobitas con privilegiados púlpitos en los medios locales dijo ni mu. Puede que algo tuviera que ver que Cajasur, propiedad de la Iglesia, todavía partía y repartía en la ciudad con gran dadivosidad a quienes les reían las gracias. De la sección humanística de la UCO dedicada con unción a sus devociones de Frascuelo y de María nada se podía esperar. De la Cacademia de Nobles Caspas y Bellas Tretas, menos. Pero los pedricaores del desierto siempre quedamos esperando que alguno de esos valientes que ahora asoman en tropel a las páginas de los diarios galleando su denuncia soltara algún quejío en su momento.

Es la táctica del linchamiento. Esconderse en la muchedumbre para gritar y condenar sin peligro. Durante años permanecieron calladitos, sin cojones para levantar de uno en uno la voz para denunciar la furia con que los políticos y técnicos venían destruyendo el patrimonio arqueológico público ni contra la Iglesia que robaba descaradamente el símbolo y la materia de la Mezquita. Sólo cuando se han alzado muchas voces, primeramente de fuera, y han comprendido que la Iglesia ya no manda tanto como cuando tenía un banco para ella sola, poco a poco uno detrás de otro, los miembros de la intelligentsia cordobesca han ido asomando la gaita e hinchando su vena pescuecera desde sus tribunas periodísticas. Han mirado de reojo cómo poco a poco iban quedándose atrás en el impostado clamor de indignación que han conseguido los impulsores de la Plataforma levantar y se han lanzado en tropel, al calor y protección del levantisco griterío. Maricón el último.

jueves, 13 de marzo de 2014

La Corredera y un jeringo

Como ayer en el feisbu colgué un par de párrafos del capítulo que dedico a la plaza de la Corredera en un trabajo en el que ando trabajando a trancas y barrancas desde hace un par de años y que he titulado LA CORDOBESTIA (Una guía de Córdoba para insorribles) pero al que me temo que jamás daré fin, me animo a darlo a conocer completo (el capítulo) por esa misma causa, porque a este paso quedará irremisiblemente inédito, y porque se han interesado algunos amigos por él. No es que yo le dé demasiado valor, pero seguro que hay alguien en el mundo a quien aprovecha saludablemente.

Por otra parte en estos atribulados y críticos días nuevas amenazas se ciernen sobre el carácter secular de la plaza, ese carácter que hasta ahora nadie, y ha habido varios intentos, ha conseguido cambiar. El gobierno municipal, actualmente en manos, como el propio estado, de los herederos del franquismo en lo ideológico, del corruptalismo en lo político y del liber-liberalismo en lo económico, ha presentado un repentino, oscuro y agresivo proyecto en el que se contempla que la plaza del mercado tradicional, sito en el edificio de la vieja cárcel se trasladará a un solar cercano, en el que habría de construirse rápidamente (Constructoraaa, constructoraaa...) un complejo multiusos de corte moderno, mientras que el viejo edificio del XVI, una verdadera golosina arquitectónica para configurar negocios de más o menos lujo, queda pendiente de adjudicación de futuros usos. Uno de los que han dejado caer, aquejado de graves indicios de falsedad, por su evidente intención de neutralización de sospechas, es el de servir de sede a la Alcaldía. Pero lo que nos tememos los más retorcicolmillados del lugar es que en realidad se trata de un probable intento de gentrificación de una zona histórica hasta ahora y desde siempre impregnada de esencia demasiado popular en una ciudad esencialmente aristocrática, pero que empieza a ser considerada como muy explotable como futuro distrito de ocio tanto por una tendencia social creciente que ha ido en los los últimos años tomando la plaza espontáneamente como lugar de encuentro como en relación a la muy cercana e increasing zona Ribera, que en los últimos cinco años ha experimentado un vertiginoso despegue como nueva meca del coperío y el taperío fino local y que además se encuentra en contacto directo con la otra zona perita en dulce de ocio, la turística. Hacer coincidir el negocio turístico con el de consumo local es un milagro que sólo muy recientemente ha sido posible olfatear en una ciudad que sólo se alimenta de esas dos tetas. Diseñar un corredor de ocio que uniera la Mezquita y La Corredera pasando por Cardenal González, la Ribera y el Potro puede estar en la mente de los emprendedores hosteleros locales o de los lobbys de franquicias, los únicos colectivos que realmente parecen pensar en algo, por muy chungo que sea, en esta descerebrada ciudad negada para cualquier forma de generación de cultura que no tenga que ver con el arte del pinchado de barril de cerveza o la bistronómica elaboración de cualquier avatar de almóndiga de rabo de toro sobre lecho de salmorejo a la reducción de Pedro Ximénez. O sea que probablemente lo que instalen en la antigua cárcel, hoy mercado central sea un MERCADO GASTROPIJO como el de la Victoria, siguiendo la moda de gastropijizar los antiguos mercados de la mayoría de las ciudades españolas.

ADENDUM Octubre 2014: No me engañaba mi fino olfato para detectar las jugadas de la mafia fasciorancia cordobesa. Una noticia aparecida estos días en la prensa confirma lo que sospechaba que se escondía tras el affaire Mercado de la Corredera. Nada de dependencias municipales de representación ni pollas en vinagre: lo que iba en ese espacio una vez que los vendedores tragaran era un mercado gastropijo. Mercado Victoria II. Unos días antes de que los vendedores de la Corredera evitaran sensatamente caer en la trampa que se les estaba tendiendo, esa especie de Golum moral de roedoras maneras al servicio de la mafia en el movimiento vecinal se arrastró puesto por puesto intentando convencer a los tenderos para que mordieran el anzuelo. Afortunadamente tuvieron otras asesorías bastante más limpias. Y la mafia se dio de bruces con la realidad de la resistencia popular.

Pero como el negocio ya estaba cerrado tenían que buscar una alternativa. No se puede hacer en el edificio de la antigua cárcel del siglo XVI, hagámoslo en el contiguo: en el viejo Pósito, completamente en ruinas, que está pared con pared. Y además démosle la razón al Harazem, ese espabilao, que descubrió la maniobra de unir la Mezquita con la Corredera mediante un corredor gentrificado.

Aquí las pruebas:

martes, 11 de marzo de 2014

Desmontando al corregidor don Luis de la Cerda

Muchos de los estudiosos del fenómeno de la tendencia secular a la autodestrucción del patrimonio histórico-artístico común que acreditadamente hemos demostrado los cordobeses a lo largo de los siglos nos hemos preguntado cuántas veces en la historia moderna de la ciudad paladines de templado valor y conciencia cívica se han enfrentado a las múltiples cabezas de la terrible Cordobestia, el monstruo policéfalo con el poder de reencarnación en cada generación de cordobeses en los poderosos más feroces y con más poder para destruir la parcela patrimonial común que tenían a tiro de sus piquetas para aumentar su patrimonio particular o simplemente por estupidez nihilista. Así, hemos construido una capilla adoratoria en la que, aparte de elevar a conveniente peana a santos como Romero Barros, su hijo Enrique Romero, Santos Gener y Ana María Vincent, adorábamos en su altar mayor a la suprema figura del Corregidor don Luis de la Cerda, figura mítica y acreedor indiscutible de una de calibre casi divino. Sus méritos, reconocidos incluso por quienes, aquejados por el temor a la condenación eterna, deberían ningunearlo, como demuestra el dato de que cuente incluso con calle en la trasera del objeto de su pecado, la que corre al sur del muro de la qibla (con perdón) son de sobra conocidos: su heróico enfrentamiento con los terribles poderes del cabildo catedralicio que amenazaba con destruir la parte central de la Mezquita de Córdoba para construir una catedral de corte moderno y olé en su centro. Como al final ocurrió. Porque estaba escrito en su destino que firma en esta capturada ciudad siempre y fatalmente la sarmentosa mano de la Cordobestia.

La historia es bien conocida y además le dediqué amplio reportaje hace tiempo. Dos titanes luchando armados de sus terribles poderes en la Torre de Orthanc/Mezquita: Gandalf/de la Cerda y Saruman/Obispo Manrique, uno con su espada de condenar a muerte, el otro con la de excomulgar. Uno defendiendo la integridad y los valores patrimoniales del fabuloso edificio histórico, bien público heredado por los cordobeses, el otro haciendo gala de dominio para destruirlo parcialmente para sus fines de representación del Poder Episcopal. O eso habíamos creído hasta ahora. Porque recientemente he encontrado un estudio, no sospechoso de contaminación clerical, que ha sembrado serias dudas en mi atribulado ánimo sobre los verdaderos motivos que llevaron al enorme corregidor a enfrentarse con la monstrua clericalla. Veamos lo que dice el investigador Antonio Urquízar Herrera, especialista en el Renacimiento cordobés, sobre el asunto:

Tradicionalmente se ha interpretado este asunto pretendiendo que la oposición municipal a las obras partía de una estimación arqueológica de la mezquita, refrendada posteriormente por un indocumentado arrepentimiento de Carlos V tras supuesta visita de 1527 al edificio (que ni está documentada ni la anécdota aparece recogida por ninguna fuente antes del siglo XVII). Pero es mucho más probable que la resistencia de los caballeros veinticuatro a la modificación del espacio se debiese al temor a perder los privilegios y los enterramientos que sus familias habían adquirido en él. En principio, la obra sólo afectó directamente a las sepulturas que se encontraban en el centro de la catedral, que hubieron de trasladarse. Aunque finalmente y como indicamos antes se produjo un cambio en la jerarquía espacial del edificio del que se beneficiaron especialmente los canónigos y racioneros que levantaron sus capillas funerarias en los muros de la nueva capilla mayor y en el levante de la catedral. Antonio Urquízar Herrera “El Renacimiento en la periferia”. Córdoba, Universidad de Córdoba, 2001. (Pag. 194)

Así, que lo que el profesor Urquízar viene a decirnos es que esa idea que llegamos amorosamente a acunar de que hubo una generación de paisanos que pelearon duro hasta jugarse el tipo y la condenación eterna por preservar el patrimonio común de la vesania de la Cordobestia, por impedir que el aspecto original del principal monumento y símbolo de la ciudad quedara gravemente mutilado, fue una quimera. Que como a la casi totalidad de los cordobeses de todas, absolutamente todas las épocas, esa preservación se la refanfinfló ampliamente. Que los verdaderos motivos por los que se levantaron heróicamente para impedir que los curas incrustaran un monstruoso escarabajo de jorobas y arbotantes rompiendo la prístina uniformidad de las naves de la Mezquita fue la preservación de sus propios privilegios que como casta nobiliaria gozaban en el reparto de pudrideros familiares. Los mismos que aún mantienen en perfecto estado de uso. Y de los que el cabildo municipal y el corregidor eran valedores, como representantes exclusivos de la nobleza de sangre que siempre gobernó la ciudad.

Desde luego en esta siudá no ganamos pa sustos...

viernes, 7 de marzo de 2014

Un chulako con tirilla

Recupero un viejo post que salió en la extinta La Colleja y que tenía guardado en el baúl de los rescates. Lo saco porque mi amigo Lucas León que desde su espléndida jubilación se dedica a zurrar la badana merecidamente a to lo que se menea en su blog Amarillo de estrellas ha tenido la gentileza de colocar en mi muro del feisbu un articulito sobre las últimas declaraciones del harchibero gadedralisio de la Mezquita, antes mezquita, en el que se muestra profundamente escandalizado por todas y cada una de las soplapolleces que suelta el correoso ejemplar de curiana de sacristía en la canchaza de dos paginas que le cede graciosamente La Hojilla Parroquial. Entre otras perlas, el menda, el cagónigo, viene a seguir sosteniendo, como desde hace años, que los árabes, langosta del desierto, no podían haber creado nada, que llegaron a Siria con sus tiendas y copiaron el arte cristiano, por lo que se puede decir que todo el arte islámico es de facto cristiano. Ergo la Mezquita, antes mezquita, forma parte de la historia del arte cristiano. La cosa no tendría más importancia, total una boca de ganso más que grazna, sino fuera porque este ganso pasa por ser, oficialmente, el mayor experto en la historia y en la hermenéutica del principal monumento de la ciudad. Añadiendo sólo la vergüenza de nuestra UCO, siempre tan devota de Frascuelo y de María pero que jamás de los jamases ha salido en defensa de lo que es su materia de estudio y dedicación, la Historia, frente a los ataques de desharrapados intelectuales como nuestro archivero trabucaire que encima les usurpa el lugar como mayor experto en la historia del arte de la ciudad.

Helo aquí el viejo post:

Era una tertulia abierta, con gente de todos los partidos. Nosotros allí sentados éramos más demócratas que los que pasaban con banderas por la avenida.

Manuel Nieto Cumplido. Cagónigo de la Mezquita (antes mezquita) de Córdoba.

Entrevista/enjabonamiento en la Hojilla Parroquial (22/01/12)

EL CAGÓNIGO (foto Ateneo)

Pongámonos en situación: La tertulia esa se celebraba en la terraza del bar Siroco (Avda. del Generalísimo esquina Cruz Conde) a finales de los años 70. En ella coincidían algunos de los los pijos transmutados en progres de moda de la levítica ciudad de Córdoba con oportunos franquistas mutantes e intelectuales perfectamente domesticados que hacían en ella sin apenas sobresaltos su revolucioncita de juguete sin más peligro para su vida que algún un traidor constipado en invierno propio de conspiradores a la intemperie, mientras disfrutaban no sólo de un rico vermú sino sobre todo del bienestar que el franquismo les había comprado para que fueran lo suficientemente fielecitos salvando la cara de valientes rebeldines. Pero desde luego tratando de poner los palos necesarios en las ruedas de la otra que se estaba gestando en la calle, esa que ya muerto el dictador les pasaba a veces molestamente, agriándoles un poco el vermú, por la avenida de su Generalísimo difunto con sus extrañas banderas y sus desagradables y ripiosos pareados no fuera que tuviesen que repartir al final lo que la vida en el simpático régimen del que entre risas rajaban les había cariñosamente proporcionado.

En ella actuaba como decorativo loro invitado para dar color púrpura al castizo contubernio el canónigo Nieto Cumplido, que ejercía por entonces, aparte de las labores propias de su sexo eclesiástico, de erudo local antes de convertirse gracias a ello en archivero de la Mezquita (antes mezquita) y posterior desislamizador del monumento. De la calaña de la Transición en Córdoba habla el hecho de que este canónigo llegara a ser nombrado delegado de Cultura del gobierno central de la UCERDÉ. Un auténtico demócrata de marca mayor, con pedigrí, como funcionario de carrera de un estado absolutista y teocrático al que juró fidelidad de por vida y por encima de cualquier otra instancia en grado de canonjía: la O.D.A (Organización Democrática por Antonomasia), la Iglesia Católica, en la rama de la Teología de la Trinqueración. Mucho, muchísimo más demócrata que todos aquellos que salían a la calle con sus banderas, sus herramientas de hacer pintadas subversivas, sus panfletos, sus conspiraciones tabernarias o clandestinas, su cuerpo a cuerpo corriendo ante los afilados colmillos de los perros uniformados del franquismo. Infinitamente más que los sindicalistas que se jugaban el pan y el físico en las fábricas. O que aquellos que por luchar contra el régimen que a él y a los pijos progres de la tertulia les permitía paternalmente conspirar tomando el vermú en la terraza del Siroco, eran torturados en las comisarías. Tan demócrata que en un ejercicio de ecuanimidad absoluto escribió un libro contando pormenorizadamente todos y cada uno de los crímenes contra religiosos cometidos -según él- por la República en Córdoba, sin dejar uno y elevándolos a la categoría de mártires beatificables. Lástima que se olvidara del genocidio-ajuste de cuentas posterior del que fue cómplice necesaria su Iglesia y que sólo en Córdoba capital proporcionó cuatro mil asesinados a sangre fría en las tapias de los santos cementerios. Ajusticiados, no mártires, claro. Los mártires sólo se produjeron entre los que promovieron la Cruzada y tuvieron la mala cabeza (o la buena, que el cielo ganaron) de ponerse a tiro de los rojos.

Están crecidos, los joíos. Lo que les costará hacer su contrarrevolución reaccionaria calladitos, sin faltar. Sin necesidad de cachondearse de los que se jugaron la vida para traer esta puta democracia en la que tan a gusto viven después de haber crecido revolcados en el lodazal fascista y que les ha consentido medrar y medrar y seguir jodiéndonos la vida a los que no creemos en sus infumables gilipolleces con la imposición de su asquerosa moral de sacristía. Y no les ha tenido en cuenta su pasado fascista, ni sus crímenes innumerables. Ni siquiera el hecho de que en pleno siglo XXI discriminen laboralmente a la mitad de la población mundial. Algo que atenta directamente contra la Constitución Española y contra la declaración de los Derechos Humanos. Más demócratas quel copón, ese con el que celebran sus conjuros.

Este tío es un insultador profesional un verdadero chulako con tirilla. Lo que está haciendo es propinar una patada en los bajos de la dignidad de los luchadores antifranquistas y pudiendo mantener la boca calladita mientras nos jode no lo hace. O sea, un BOCAZAS. Otra perlita que suelta el tipo, pero esta la dejo por si alguien que la sienta como más ofensa que yo la quiere contestar, en esta ciudad donde nadie contesta a nada y a estos desarrapados morales se les permiten soltar todas las burradas que quieran impunemente en la putrefacta prensa local. Ahí va:


Como historiador formó parte del comité de redacción de las Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, celebrado en Córdoba, a lo que no le da ninguna importancia porque, confiesa “para mí el andalucismo pinta poco; me dieron un premio por un trabajo que hice sobre regionalismo medieval pero se confundieron, porque lo que quise era demostrar que Blas Infante no tenía ni idea de lo que era la historia de Andalucía”.

jueves, 6 de marzo de 2014

¿CABALLOS Y CAMELLOS COMPARTIENDO PESEBRE?

Como muchos nos temíamos la movida de la reclamación de la propiedad y uso público de la Mezquita antes mezquita, empieza a oler a azufre. Sumamente inquietante resulta el que el secretario general del Comité Español del ICOMOS, entre algunas cosas sensatas diga que incluso sobre la propia Mezquita podría generarse un uso compartido, generar espacios de diálogo y que la Unesco lo que premia es el diálogo entre culturas. A no ser que para tranquilizarnos aclare que ese uso compartido al que apunta se establecería entre el culto religioso católico ocasional y el uso estrictamente cultural de todo el espacio, o que el diálogo entre culturas lo haría entre la cultura religiosa y la cultura laica para llegar a acuerdos racionales de mínimos. Pero nos tememos que sus palabras lo que desvelan en realidad es una terrible insensatez oculta: que independientemente de la posibilidad de evitar la ilegítima apropiación que la Iglesia está en vías de consumar, hay un proyecto más o menos declarado de reislamización litúrgica del espacio no estrictamente de uso católico. O sea, no de avanzar en la desacralización de un monumento Patrimonio de TODA LA HUMANIDAD, no sólo de los católicos e hipotéticamente de los musulmanes, y en su uso para el disfrute y conocimiento de la historia y el arte para todos los ciudadanos del mundo, sino en convertirlo en más iglesia, más rollo religioso, aunque sea de otra marca, que nadie necesita. Como si no hubiera ya suficiente superinflación de espacios donde los consumidores de estupefacientes supersticiosos puedan satisfacer sus adicción como para que tengan también que usar los espacios comunes de cultura.

Y se trata de una insensatez fundamentalmente porque católicos y musulmanes como se dice que ocurre con caballos y camellos, son especies que no pueden compartir pesebre porque les irrita recíprocamente su olor. No pueden compartir verdad revelada distinta bajo el mismo techo, porque eso supondría la disolución de su exclusividad salvífica, que es la base de su creencia.

Por otra parte, en el improbable caso de que pudiera convencerse a unos y a otros de que desatinen de esa manera habría que explicarles a los musulmanes que el suelo del lugar donde van a apoyar sus encallecidas frentes para entrar en comunicación mágica con su dios se encuentra prácticamente empedrada de lápidas bajo las que putrefactan desde hace siglos orondos canónigos católicos e indeseables depredadores con títulos de nobleza. Solamente como información. Porque a lo mejor sólo ese conocimiento les genera el suficiente asco como para que declinen amablemente la invitación.

Respetable Señor Icómico, entérese, aquí no se trata de diálogo ni de enfrentamiento de culturas, al menos en el sentido que usted quiere darle, de convertir la Mezquita en un lugar donde se puedan dar besitos u hostias obispos y muftíes, sino de diálogo o enfrentamiento entre intereses económicos de una empresa privada dedicada a la comercialización de productos religiosos perteneciente a un estado teocrático absolutista por un lado e intereses culturales generales por otro, la moderna lucha entre los vendedores de superstición que no quieren perder su lucrativo negocio y las necesidades reales de una sociedad que cada vez los necesita menos. De consagrar uno de los espacios histórico-artísticos más importantes del mundo como un espacio estrictamente cultural, de disfrute de las joyas que nos legaron nuestros antepasados, fueran de uso religioso o civil. Los no creyentes y los que sí lo son pero que no siguen ya los dictados del Estado Absolutista Vaticano, somos cada vez más. Y reclamamos nuestro derecho a disfrutar de la cultura sin que medie en ella abrumadora publicidad de productos de índole estrictamente catequética, sean de la marca que sean.