(del laberinto al treinta)


viernes, 14 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (III)

Algo que nos pone de los nervios a los occidentales es el hecho de que los camareros no sigan nuestras indicaciones del orden de los platos que se les pide. Podría servir de consuelo la teorización que Octavio Paz hace en Vislumbres de la India (Seix Barral, 1998), un libro lúcido, de alguien que amó, conoció y sobre todo intuyó la India. El pensador mexicano contrapone las dos concepciones gastronómicas que enfrentan a oriente y occidente, basándose en Levi-Strauss. La presentación de la comida occidental responde a un orden marcial, de desfile de platos en un orden preciso: comida diacrónica. En la comida india, por el contrario, se presentan todos los platos a la vez listos para ser mezclados: no sucesión ni desfile, sino aglutinación y superposición de substancias y sabores. Cocina sincrónica. Fusión de sabores. Fusión de tiempos. Esta idea gastronómica le da pie a Paz para ampliar su aplicación a todo el conjunto de la civilización indostánica:



Si nos detenemos un instante en la historia de la India encontramos que este también es el rasgo que la distingue de otras civilizaciones: más que sucesión de épocas, su historia ha sido sucesión de pueblos, religiones, instituciones y lenguas. Si de la historia pasamos a la cultura, aparece el mismo fenómeno: no sólo pluralidad de doctrinas, dioses, ritos, cosmologías y sectas, sino aglutinación y yuxtaposición.




Nuestro restaurante favorito en Delhi es el Embassy, en Connaugh Square. El paneer (especie de queso vegetal) con crema de espinacas es insuperable. Muy cerca está el United Coffee House, cuyas gambas gigantes rebozadas y cuyo curry thai de pollo, tanto el rojo como el verde, es una gran creación en la que se dan la mano armoniosamente la suavidad de la leche de coco, el excitante masala tailandés y las aromática hojas de lemon grass, prácticamente desconocidas por los indios.

Una sorpresa que nos llevamos este año fue la inclusión de dos platos españoles en la carta del Coffee. La spanish paella (pronúnciese paela) y la spanish omelette. Por supuesto nos apresuramos a pedirlas ambas. Y desde luego fue una experiencia excitante. No sé si el cocinero habrá oído hablar de Ferrán Adriá, pero desde luego aquello podría hacer palidecer de envidia al cocinero catalán que se ha forrado el riñón con sus deconstrucciones.

La paella constaba de un rosco de arroz blanco (cocido) en cuyo centro habían depositado un sofrito de pimiento, tomate y cebolla. La corona de arroz había sido adornada con una serie de gambas peladas y fritas que le proporcionaban un delicioso aspecto. Como es lógico, el sofrito había sido reinterpretado a la india y presentaba un acusado aromatizado de especias. El conjunto estaba realmente bueno. No sabía a paella valenciana ni falta que le hacía.

La spanish omelette constaba de una tortilla francesa con cebolla cruda y un puñado de patatas fritas por encima. Pura deconstrucción del segundo más famoso plato español.

El hotel lo elegimos en una zona muy conocida entre los viajeros que llegan a Delhi por su cuenta: Paharganj. Aunque responde al absurdo nombre de Cottage Yes Please sigue siendo la mejor opción de acomodación de la zona, con habitaciones que van desde las 700 a las 1000 rupias (12 - 17 €). En su frente cuenta con un restaurante de la misma propiedad, el Malhotra, donde se puede desayunar y hacer alguna comida rutinaria. Pero casi no merece la pena teniendo a escasos 50 mts, en la esquina de Main Street, el Metropolis, un clásico de la zona, donde sirven cervezas (la aceptable Kingfisher) y cuyos tandooris y sobre todo su malay kofta (albóndigas de verdura en salsa) obligan a visitarlo más de una vez.

Una desagradable sorpresa ha sido este año encontrar cerrado y en estado ruinoso el Hotel Nirula's de Connaugh Circus. Su pequeño, pero encantador bar de estilo inglés, pura madera antigua, era nuestro lugar favorito para tomar una Kingfisher helada antes de comer en el restaurante chino que albergaba, uno de los mejores del mundo. Su nombre, Nirula's lo lleva ahora una cadena de locales de comida rápida que han infectado toda la ciudad.

EDICIONES SIMBIÓTICAS

Los responsables de la página de pensamiento EDICIONES SIMBIÓTICAS me han pedido que colabore con ellos. Como se trata, según puede leerse en su declaración programática de un:



Proyecto colaborativo y crítico para actuar contra un ideario que favorece la pereza intelectual y el individualismo mezquino, contra un imaginario colectivo en el que triunfa la indiferencia y el mimetismo del "estado mediático".



no he tardado mucho en hacerlo. Les he mandado un artículo, desarrollo ampliado y reelaborado de un post que publiqué en este blog hace tiempo, sobre la inmoralidad que supone la venta del prestigio personal de los famosos como aval publicitario. Una forma de prostitución en toda regla que no ha sido suficientemente asumida como tal.



Publicidad y famosos:
una inmoralidad no procesada

jueves, 13 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (II)

Un punto de unión entre todas las cocinas de Asia es el uso del jengibre como fondo de sabor de todos los platos. Podría compararse con el uso del ajo en la cocina española. Concretamente la mezcla de jengibre y ajo llamada en inglés ginger garlic paste es la base universal de la cocina de todo el sudeste asiático más India y países satélites. Un trozo de jengibre fresco machacado con un ajo friéndose en cualquier tipo de grasa es el usual comienzo de cualquier elaboración culinaria asiática. Los del lejano oriente, adoradores del wok, para aromatizar las crujientes verduras fritas y los indios para crear un fondo de salsa sobre el que desarrollar la mezcla de las demás especias. Curiosamente el nombre de curry, la palabra más asociada a la cocina india, tiene un origen basado en un equívoco. Kary significa en tamil salsa, palabra que los ingleses para simplificar extendieron a cualquier mezcla de especias. Pero la palabra india para mezcla de especias es masala. De todas formas el término curry, por influencia inequívocamente inglesa, ha pasado a denominar universalmente a un tipo específico de masala más o menos definido y caracterizado. El más famoso en todo el mundo es el curry de Madrás, aunque por mucho que lo intentamos en Delhi no conseguimos encontrar no ya un gramo, sino ni siquiera una muestra de que los delhinenses supieran que existía un curry específico de la capital de Tamil Nadu.

Pero el curry no es más que un invento angloindio que rompe la propia concepción de la auténtica cocina india. Leo en un curioso libro editado en 1999 por Zendrera Zariquiey, Los sabores del Raj de David Burton que para un pueblo cuya cocina se basa en la trituración de varias especias frescas en diversas proporciones para cada plato individual, la idea de que una simple mezcla de especias de rápida y fácil elaboración pueda acompañar al pollo, al pescado, los huevos o cualquier otro alimento para preparar el auténtico curry indio es, como mínimo, absurdo. Tal como dice Madhur Jaffrey, para mí, la palabra curry resulta tan degradante para la fabulosa cocina india como pueda serlo el chop suey para la china.

Los masalas pueden encontrarse en Delhi vendidos en cajas de 100 grs. en cualquier comercio de comestibles con el precio marcado de 26 rupias, aunque nosotros hemos llegado a encontrarlo en tiendas para turistas con una etiquetita sobre el precio original marcando 250. Se trata de composiciones recomendadas para determinados platos como el dhal makhani (lentejas cremosas) el channa (garbanzos), pollo tandoori y el masala por antonomasia o masala comodín, el garam masala. Pero los indios elaboran sus propias mezclas en casa y cada cocinero o cocinera tiene sus trucos. En líneas generales existen dos grandes familias de masalas, aquellos en los que predominan los aromas herbosos, cilantro molido y comino fundamentalmente y aquellos en que la tónica dominante son los aromas dulzones basados fundamentalmente en la canela y clavo. Y el uso de unos u otros no dependen exclusivamente de los productos a cocinar (tipos de verduras o de carnes) sino más bien del estado de ánimo de quien va a elaborarlo y de otras variables que a los occidentales se nos escapan como tantas otras cosas. Ambas bases se enriquecen con otras especias hasta conseguir el sabor concreto que se ha decidido. Como en una paleta de un pintor se mezclan los colores para conseguir la tonalidad deseada. Cardamomo, fenugreek, semillas de hinojo, asafétida... Los libros de cocina india no suelen teorizar sobre las potencialidades de las mezclas y se limitan a enumerar las especias en cantidades fijas, pero los indios, y sobre todo las indias amas de casa, trabajan con verdadero arte cada plato que elaboran.



miércoles, 12 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (I)

Para la mayoría de los que adoramos las cocinas exóticas y el mundo de las especias, es sin duda la cocina india nuestra amante favorita. Pero he de decir que mis mejores momentos con ella no han sucedido en su lugar de origen, en el subcontinente. Lo había leído en algún lugar que no recuerdo, y he podido comprobarlo hasta donde mi experiencia me ha dado lugar: los mejores lugares para degustar comida india son las colonias indias dispersas por todo el mundo. Del mismo modo hay quien dice, y también he tenido la oportunidad de comprobarlo, que la mejor cocina italiana no se encuentra en el país vecino, sino en la lejana Argentina, donde los descendientes de los hijos del Lacio, han conservado amorosamente las tradiciones de los fogones de sus abuelos. Debe ser que usan la nostalgia como la especial especia que le da el toque genial a sus platos.

El mejor dhal (lentejas) de mi vida lo he comido en un restaurante indio de Yakarta y aún sueño después de muchos años con un masala que me sirvieron en un sencillo hawker center de Singapur.

La cocina india funciona como ninguna otra con el concepto occidental de orquesta. Varios tipos de especias de timbres brillantes tratando de hacer valer su particularidad. A cada una de las cuales el director tiene que dar el tono adecuado para que armonicen en la unidad de pieza del plato. Algo realmente difícil. Y difícil también para el degustador aprender a saborearlas. Un problema añadido para los neófitos es el pique. Los que estamos acostumbrados sabemos que es el picante el hilo conductor de los distintos sabores, que una vez que se pasa el primer shock sirve para catalizar los aromas, las texturas y los matices de la mezcla realzándolos, al contrario de lo que todo el mundo piensa, y ayudando a individualizarlos en el conjunto armónico total. Las guindillas (chiles) no son autóctonas indias, sino que fueron llevadas por los portugueses en el siglo XVI, causando una verdadera revolución en la gastronomía no sólo del subcontinente, sino de toda Asia. Pero dile tú eso a un indio, que piensa que son consustanciales al dharma de toda su cultura.

Un punto negativo es la escasez de variedad de productos. Al hacer hincapié en las salsas, el alimento base suele carecer de demasiada importancia. Al contrario de las cocinas del mundo de los ojos oblicuos, la variedad de verduras usadas es limitada y las diversas prohibiciones religiosas limitan también poderosamente el consumo de carne. La cocina de origen mogol de raíces musulmanas tiene al pollo, y en menos medida al cordero, como bandera culinaria frente al vegetarianismo hindú, mientras la vaca, por razones obvias, es absolutamente tabú. La cocina del cerdo es materia casi exclusiva de los cristianos de Goa, que lo preparan principalmente con unos toques de vinagre en el delicioso vindaloo, aunque por toda la India es posible ver cerdos por doquier buscándose la vida entre la basura callejera. ¿Quien se los come? En los restaurantes desde luego es un plato raramente ofertado. A veces es posible ver una piara de cochinillos hozando frente a la puerta de cualquier mezquita. Lejos de poder ser interpretado como un signo de tolerancia entre religiones, da la impresión de lo contrario, de que se trata más bien de provocaciones difícilmente obviables por los ofendidos hasta que les llega el turno de la venganza. Cocinas militantes, pues, como la española, cuyo exceso de grasa porcina tiene su origen en su carácter de bandera de cristianos viejos contra moros y judíos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

EL BALDÓN DEL PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Que esta ciudad no se merece el tremendo baldón con que lo infama desde hace años esa siniestra organización de países envidiosos de nuestra Córdoba Etenna que es la UNESCO, es algo que sentimos los cordobeses de pro como acerado lanzazo en nuestro patriótico costado. Desde que vino a insultarnos motejando a la Córdoba cristiana y mora, pero también romana, pero también judía, pero también parselista, como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD, todo el mundo ha venido a tocarnos los perendengues con absurdas exigencias que ya podían irse a sus pueblos a reclamar.

Al principio pensamos que nos vendría bien eso de que éramos patrimonio de toda la humanidad y no sólo de nuestros santos cojones, por mor de las pernotasiones. Si los guiris se sentían, los muy ilusos, dueños también de esto, se quedarían a pernotar. Pero los desagradecidos han dicho que nanay. No han picado. Aquí no pernota ni dios. Visitan la Mezquita, se toman como mucho un salmorejito y cagando leches pa Sevilla o pa Marbella. Así que como no trae más que poblemas, exijamos que el motecito de marras se lo den a otra, que ya va tocando.

Menos mal que el Eselentísimo Ayuntamiento que maneja con mano firme los destinos de esta patria chica no cesa de velar porque su buen nombre se mantenga incólume, contrarrestando enérgicamente las insidiosas campañas desacreditadoras de cualesquiera organismos chinches que vengan a jodernos con acciones contundentes. La última andanada de la marrana organización contra la línea de flotación del prestigio de la ciudad tras la agresiva e injustificada campaña contra el tradicional parselismo cordobita en zonas estúpidamente protegidas de Medina Azahara fue la acusación de saturación de tráfico que sufría una de las calles que a ella le parecía más protegible, la Torres Cabrera, esa calle estrechita que se ha convertido en la salida natural de todo el centro. La respuesta de nuestro enérgico poder municipal no se hizo esperar y ahí estaba nuestro concejal de tráfico diciéndoles más o menos pero mu clarito que qué saturasión ni niño muerto, que qué peligro pa los peatones ni ná ni ná. Y que pa que se vayan enterando que si al final han impedido parcialmente el tráfico en la emblemática plaza del Cristo de los Faroles ha sido porque les ha salido de los cojones municipales y no porque sea emblemática ni leches. Y la prueba de que no ha sido por las recomendaciones de los tocapelotas culturalistas de la UNESCO está en que lo hemos hecho bien entrado el siglo XXI y no cuando a ellos se les puso en los suyos. Y que Patrimonio de la Humanidad lo serán ellos y sus santas. Así que, hala, ni vamos a arrasar las presiosas parselas con la ayuda de los jueces perolistas, ni vamos a cerrar más calles al coche para que pueda comprar el turrón en las mismas Tendillas a quien le pete y además vamos a cargarnos la jodida rosaleda de Los Patos. Que pa qué queremos tanto verde...

Este humilde bloguero quiere contribuir con su Ayuntamiento a quitarle a la ciudad que lo vio nacer ese terrible baldón. Para ello ha recogido algunas muestras de lo que hacemos en esta ciudad con la leche esa de la patrimonialidad humanitoria de los cojones. Pa que se enteren. Y para que la capitalidad esa de 2016 que se la den ya de una vez por orden alfabético a Albacete o a Almendralejo, que a nosotros no nos hace falta, porque vamos a conseguir las pernotasiones montando en la Mezquita una discoteca.


Dos rincones de la Córdoba Etenna que trata de quitarse el tremendo baldón de ser tratada como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: la preciosa calle de la Feria y un rincón entrañable de la plaza de la Corredera.




ADDENDA DEL DÍA DE LOS INOCENTES

Córdoba, al borde del coma atílico:

Al principio pensé que se trataba de la casposa bromita anual de los Inocentes. Pero me temo que no es así.

La furia destructora de restos arqueológicos, en esta ciudad que vive en parte de ellos, renace con renovadas fuerzas. Esta vez en las palabras y en la intención de un señor que parece representar a una asociación de comerciantes, Centro Córdoba, que exige al Ayuntamiento que reconsidere la decisión de enterrar los restos arqueológicos romanos más importantes de la ciudad que tomó el consistorio en los años 80, los vuelva a desenterrar y los destruya para hacer renacer de las cenizas de los cimientos del foro romano un aparcadero de coches para su distinguida clientela. Antonio Pastor se llama el atílico (de Atila) personaje. Las argumentaciones son impecables, dignas de alguien que ama desmesuradamente a Córdoba cristiana y mora, pero también judía, pero también romana, pero también aparcadora de compradores compulsivos:




No se puede parar la ciudad por los restos arqueológicos que aparecieron allí porque ruinas también hay en otras ciudades y se hacen aparcamientos subterráneos... Por eso, Centro Córdoba hablará con la Delegación de Cultura para que «explique la importancia de los restos arqueológicos y si es posible construir un parking ahí.


LEÍDO EN ABC CÓRDOBA


Lo conseguirán. Aburriendo a las ovejas que nos gobiernan. Haciéndoles que les expliquen una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez la importancia de conservar aunque sean enterrados los restos del foro romano de la que fue capital de la Bética.

Yo creo que deberían comenzar las obras por su cuenta los comerciantes. Seguro que nadie les paraliza las obras. Y una vez construido el parking comenzar a dar la matraca en los plenos para que les den agua y luz. Al final los jueces les darán la razón, como a esos dos parcelistas de Las Pitas absueltos. La causa del fallo favorable ha sido, según el hirsuto juez, por hallarse totalmente encuadrada en una parcelación ilegal, pero totalmente consentida por las autoridades administrativas.

domingo, 9 de diciembre de 2007

INQUISICIÓN SOCIALISTA EN TOLEDO.

Este señor con cara de chico bueno de colegio de curas recién comulgado y con esa corbata tan bien elegida a juego con la elegante chaqueta es el señor alcalde de Toledo, Emiliano García-Page. Probablemente lo estuviera cuando se hizo la foto. Comulgado digo. No a juego. A juego no está él mismo consigo mismo ni sobre todo con la racionalidad democrática que dice representar. Porque este señor con cara de chico bueno recién comulgado ha tratado de vetar el I CONCILIO ATEO que se ha celebrado estos días en su ciudad. La causa que ha aducido ha sido que algunos de los actos programados podrían ofender la sensibilidad de muchos toledanos. Católicos se supone. Mientras tanto a los que no lo somos que nos vayan dando... concilio. Los que tenemos buen olfato para esos temas sabemos que el dicho veto se ha debido indudablemente a una orden recibida de Monse Cañizares que lo habrá amenazado con alguno de los actos de desagravio conque suele atacar el Gran Talibán Purpurado a cualquier afirmación de racionalismo laico que ose celebrarse cerca de sus incensados cojones.

Nosotros podríamos aducirle a él que muchos de los actos de raíz mágico-supersticiosa que los católicos perpetran en las calles de nuestras ciudades ofenden profundamente nuestras convicciones racionalistas y además nos parecen enormemente dañinas para la salud moral de las personas y de las sociedades. Y normalmente solemos contentarnos con escribirlo en alguna carta al Director de algún diario local o en algún blog racionalista. Pero con estos tipos es muy difícil entenderse. No quieren entender. Sólo perpetuarse.

A mí me recuerda mucho al señor alcalde de Coín, Gabriel J. Clavijo Sánchez, que vetó una exposición de cerámica de unos artistas del pueblo homosexuales (a los que él mismo casó) por presiones del talibanismo local (cura, cofradías y sectas católicas). Ambos alcaldes pertenecen a la misma raza de políticos que ya describiera cuando retraté al repeinado coinero. Como ya me canso de tanto regurgitar mi desprecio por ellos copio y pego directamente de aquella entrada:



Estos tipos suelen ser por lo general deliciosamente cobardes, una especie de peste entreguista que ha infectado el tejido del progresismo español. Se trata de una especie de travestis políticos que se presentan a las elecciones como progresistas pero que a la primera de cambio, cuando se les exigen actitudes propias de lo que supuestamente son se alinean exactamente con quienes están adiestrados a alinearse, o con quienes su instinto de supervivencia les dicta: con las fuerzas de la reacción. No es que el PSOE sea un partido excesivamente progresista. Es lo que es, un partido del centro civilizado sin demasiadas profundidades ideológicas, que tiene la suerte de que lo que se presenta en España como derecha sea una amalgama de criptofascismo y talibanismo católico absolutamente indigesto. Pero precisamente por esa indecisión ideológica da cabida a todo este tipo de elementos, pulcros, aseaditos, que sólo llevan en su marchamo político las siglas del partido, pero que a la primera que se les exige que defiendan las Termópilas de la Razón, la Democracia, la Laicidad y los demás valores básicos del progresismo se les ve el plumero de puros trepas metidos en política sólo por ansias de poder o por ansias de otra cosa más material, de papel, rectangular y con dibujitos.



Estos tipos dicen ser socialista, sólo por pertenecer a un partido que también se dice socialista sólo porque ostenta en su nombre este calificativo. Yo creo que ya les pesa demasiado. Lo mismo que renunciaron al marxismo y al puñoenaltismo deberían renunciar también al socialismo, bueno, a la denominación, porque a lo otro renunciaron hace chiquisientos años. Fundamentalmente para no engañar a nadie y primero de todo a ellos mismos.

Creo recordar que la carrera política de este individuo posiblemente recién comulgado comenzó a la sombra del también comulgador convicto y confeso José Bono en la Junta de Castilla La Mancha. Un extraño especimen de progresista que siendo ministro de Defensa no le tembló nunca el pulso por autorizar la fabricación en una factoría dependiente de su ministerio de miles de bombas de racimo que se vendieron ( y se siguen vendiendo aún) sin cortapisas a gobiernos de países que las usaron de una manera absolutamente criminal y a las que se deben las muertes de cientos de hombres, mujeres y niños. Sobra lo de inocentes, claro.

Yo siempre tuve la duda de si alguna vez el señor Bono incluyó ese pecadillo entre los que tiene enumerar a su confesor para poder comulgar a gusto. Aunque dado la amistad que lo une con el Talibán Máximo, Sumo Concededor de Perdón Divino por Vía Directa de este país Monse Cañizares, lo tiene chupado para mantener la conciencia a resguardo del propio estiércol moral que sus actuaciones salpican.



domingo, 2 de diciembre de 2007

ASI DISI crece

ASI/DISI crece





mientras naranjas y limones pincelan el invierno del patio...



viernes, 30 de noviembre de 2007

JUAN GELMAN, sefardí por adopción

tu silenziu
disparta
lus gritus
dil mundu


(tu silencio
despierta
los gritos
del mundo)



Juan Gelman



No me voy a afanar hoy en el uso del merecido incienso con Juan Gelman, el flamante premio Cervantes. Sólo enlazaré una entrada que dediqué hace poco a la cantante argentina Dina Rot que musicó algunos poemas del poeta en lengua ladina, aprendida sólo por considerarla una de las más profundas y exiliadas de las lenguas.



POEMAS MUSICADOS EN SEFARDÍ

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Luis Miranda: el rencor del cofrade herido


Una mañana estás tan tranquilo en tu casa sentado al brasero con tu cafelito y la pantalla encendida del portátil sobre la mesa, abres las páginas de las ediciones digitales de tus diarios habituales y descubres que alguien te está disparando directamente desde una de ellas.

El esforzado marine de la Santa Comunión Tradicionalista Cofrade y de las JONS, Luis Miranda, probablemente en un ataque de aburrimiento de sí mismo y de su espeso y ahumado (por efecto de la insalubre quemadera de cera e incienso) mundo interior, se entretuvo hace unos días en enviar desde el protegido puente del acorazado ABC-Córdoba desde donde gallea su ardor guerrero contra la racionalidad ilustrada, una andanada de fuego graneado, una ráfaga tontiloca de pestífero plomo bilioso contra quienes hemos denunciado con argumentos racionales la pretensión de construir la necesaria nueva biblioteca pública sobre los terrenos de un también necesario jardín histórico. Para suerte de todos nosotros (¡Alabado sea Dios!) con una puntería nefasta y utilizando munición averiada, claramente descompuesta por la contaminación del ácido de su propia bilis, un heteróclito memorial de insultos, acusaciones extemporáneas y parodias de mala baba, macerado todo en un agrio rencor de cofrade herido: nunca nos perdonó a los racionalistas de esta ciudad que protestáramos ruidosamente por la erección con dinero público en un espacio público de un espantoso aparador dramático-semanasantero en honor a Juan de Mesa, autor de algunos de los atormentados ídolos que él adora.

Hela aquí la venganza:



Amigos de las causas pegosas



Para ampliar la calaña del personaje me anima mi amigo Juan Sepelio a que reproduzca algunas de las reflexiones en que nos entretuvimos él y yo una preciosa mañana de principios de este mes a orillas del Guadalquivir a propósito de otro artículo que el aguerrido cerífago publicaba también en el ABC local.

El día 2 de noviembre del presente el incensado plumilla se dejaba caer con esta agria denuncia de una ya clásica manifestación de la globalización cultural: la importación y entusiasta extensión por las sagradas tierras de María Santísima de la tradición céltico-yanqui-disneyana de la fiesta de Halloween.



Halloween y Ánimas
Luis Miranda
ABC Córdoba 2/11/07

DE la triste comitiva de cretinos disfrazados de monstruos imposibles que en la madrugada del primero de noviembre llena las calles de estulticia ruidosa queda un gusto de terror. Es verdad que su facha de esperpento malo tiene pinta de sainete sin gracia y que la estupidez que les hace gritar irrita un solo segundo.

Más que este decorado que por encima de todo es feo hasta lo tremendo, lo que da miedo es pensar cómo la publicidad y la televisión podrían, si quisieran, que medio mundo se tirase a un pozo en una fecha señalada y con cualquier excusa. No se diferenciaban las cabezas de estos idiotas de la grotesca calabaza que les sirve de icono: ambos sonríen sin tener nada dentro. Por eso hacen el ridículo con caretas de personajes absurdos y nunca han pasado terror del bueno con Stoker, Poe o Lovecraft.



Impecable lo de la tele y la publicidad ¿verdad? Excepto tal vez por los muy desagradables epítetos que lanza con injustificada violencia sobre los pobres chavales que celebran alegremente esa fiesta, podría haberlo firmado cualquier racionalista acreditado. Eso sí, con bastante mala follá. Pero el amigo Miranda sólo usa argumentos de racionalista como recurso retórico argumentativo y así, destapando ya claramente sus cartas, continúa:



Mientras la globalización avanza segando testas inservibles, en el corazón de Córdoba se celebra el día de Todos los Santos recordando a quienes se fueron, pidiendo por aquellos que todavía tendrán que pasar un tiempo en las tinieblas antes de nacer para siempre a la Luz. En el Cristo del Remedio de Ánimas y en el fastuoso universo barroco que lo rodea se resume el sentido profundo de estos días: la fugacidad de la vida, la Salvación que nace con su muerte y la presencia de las almas en las lámparas votivas a sus pies. Al otro lado de San Lorenzo, la Virgen de las Tristezas lloraba por los humanos, «a ciegas en el páramo confuso de la vida». Ni Halloween ni los ladrones lograrán arrancar de Córdoba la honda espiritualidad de Ánimas.



Ahora ya todo encaja como en un puzzle. Lo que a nuestro legionario de la credulidad le jode no es el adocenamiento imparable de la mayoría de los miembros de la sociedad globalizada y su conducción a un irracionalismo de base consumista, sino el que esa anulación de la capacidad de generar criterios personales vaya sustituyendo, sobre todo entre la juventud, a la que tradicionalmente ha propiciado la religión tradicional organizada. El que nuevas tradiciones de base consumista y sacerdotes encorbatados que dominan las artes de controlar las voluntades por medio de la publicidad estén sustituyendo a las religiosas de toda la vida basadas en el control de las mentes por medio de la superstición y la idolatría. Y lo que peor lleva es que la extensión de esa estética gore de cartón piedra, de máscaras grotescas, de terror infantiloide, estrictamente lúdica, haya sustituido en el favor de los jóvenes globalizados a la verdadera estética gore autóctona y auténtica del horror inquisitorial católico que se rememora en la estética cofrade del crucifijo sanguinolento y el siniestro capirucho de penitente. Gore del bueno. Sin conservantes ni colorantes. Genuino sabor de torturas y disciplinas. Revisitación ritual cíclica de las procesiones de la Inquisición. En las que se conducía a la hoguera a la gente como yo, librepensadores que protestamos por la ubicación de una biblioteca a costa de un jardín o por la insensatez de fomentar desde las administraciones públicas las irracionalidad y la superstición. O por decir que la tierra gira alrededor del sol.



La pretensión más inicua de este pozo de reaccionarismo de la peor especie que es Luis Miranda es la catalogación como cretinos integrales de todos los participantes de una fiesta lúdica y callejera, neocarnavalesca, foránea desde luego, como el rock y la pizza, pero muchísimo más sana por divertida e inocente que el consumo inmoderado de sustancias estupefacientes de alto contenido supersticioso que embotan el entendimiento e impiden el librepensamiento a que obliga la peligrosa adicción cofrade. Sustancias, no se olvide, administradas por la Iglesia Católica, la peor organización mafiosa de la historia de la humanidad y la mayor causa de dolor, destrucción y muerte de todas las que en el mundo han sido.

Por no hablar de cómo dejan las calles de mierda cerúlea cada vez que organizan uno de sus aquelarres siniestros de hachones y tambores de muerte...

Al emético plumilla cordobés del ABC aún le queda mucho para alcanzar las dotes de envenenar el aire con sus mefíticas opiniones de su papá Fedeguico y su mamá Antonio Burgos, que lo acunan amorosamente desde las mismas páginas del diario monárquico derechista la última y desde la emisora de los Curas Capones el primero, pero yo lo sigo con gusto, porque a veces viene tocado por esa gracia hepática que de pura malafollá facha te arranca la carcajada.

Y pa darme un placer intelectual con sustancia mantecosa me acabo de comprar el libro de Fernando Vallejo La Puta de Babilonia, que era como los albigenses llamaban a la Iglesia Católica antes de que ésta los exterminara absolutamente. ¡Menudo festín!

domingo, 25 de noviembre de 2007

DELHI (II)

Si hay una imagen de una aglomeración urbana que pueda compararse con un hormiguero, esa es sin duda la de la Vieja Delhi. Aunque existen algunos entramado citadinos que pueden parangonarse con su inextricable red de callejuelas (pienso por ejemplo en los de Marrakesh y Fes) desde luego ninguno sufre del abarrotamiento humano, de la muchedumbre continua que ocupa diariamente todo su espacio. Todos los días, sin excepciones festivas, cientos de miles de personas se desparraman, completamente compactados por sus calles, se sortean sin poder, y sin querer, evitar los rozamientos, se pisan, compiten por avanzar por espacios estrechísimos con las vacas, los ciclorickshows, las vespas, las carretillas de tracción humana que arrastran volúmenes inverosímiles de mercancías, los géneros de los comercios que ocupan el espacio público. Por supuesto en ellas no existe la saludable práctica del sentido único para vehículos con lo que los embotellamientos monumentales en estrechos cuellos de embudo de las callejas suceden cada pocos metros. El paseo no es nada agradable para quien no disfrute de las aglomeraciones y normalmente el placer de degustar un exotismo auténtico suele dar paso a la hora escasa de su comienzo a una sensación de agobio atosigante. A ello hay que sumar el penetrante olor. Un olor indefinible que no llega a ser completamente desagradable pero en el que se percibe continuamente el componente pútrido de la basura. Y el ruido, un ruido ensordecedor que no se sabe muy bien de donde procede y qué lo produce, una especie de masa sonora rugiente atravesada continuamente por el irritante, lancinante claxon de las motos.





Un poco más practicables, las escasas calles principales cuentan con aceras, donde, aunque haya que ir avanzando casi a empujones, al menos se está a salvo de los vehículos que se debaten en un perenne embotellamiento por la calzada. Aquí la mayor anchura de la vía permite la circulación de coches, motorickshows y camionetas que tratan inútilmente a golpe sonoro de claxon de abrirse paso entre un mar de ciclorickshows y carretillas de mano. El espacio entre un vehículo y otro detenidos por el atasco es mínimo, así que cruzar la calle es un ejercicio perfectamente imposible por las buenas. Hay que aprovechar un momento de avance de la aglomeración para exigir a golpe de mano en el capó o manillar nuestro derecho a atravesar la calzada. Ningún conductor hará el mínimo gesto para cedernos el paso. Habrá que ganarle el terreno enfrentándose a su mirada, pero sin dejar ni un sólo instante de vigilar que no retome su derecho a ocupar el pequeño espacio cedido y a atropellarte dada tu condición inferior de peatón. Estoy hablando de velocidad 0. Una vez arrancado el vehículo ningún conductor indio hará el más mínimo esfuerzo por pisar el freno para no aplastarte. Todo lo más tratará de evitarte sorteando tu imprevista masa corporal a golpe de volante o manillar. Si no lo consigue, mala suerte para ti. Era tu destino.

Ya me extenderé más adelante sobre el código de circulación indio y su voraz asimilación al sistema de castas, en el que se ha sustituido el derecho de nacimiento de los individuos por el de tamaño del vehículo que conducen.



El recorrido que C. y yo nos propusimos la primera mañana en la ciudad no fue muy original, aunque sí más completo que el realizado en otras ocasiones y, sobre todo, su comienzo, la llegada, supuso un brillante estreno porque por primera vez utilizamos en flamante metro de Delhi. Partiendo de Rajiv Chowk, el recién renombrado anillo del centro de Connaught Place, esa magnífica y enorme plaza circular que los ingleses construyeron como foco de donde partirían las larguísimas avenidas radiales de Nueva Delhi, una impoluta línea de metro te deja en tres estaciones en pleno centro de Chandni Chowk, la arteria principal de la Vieja Delhi. La brusquedad del cambio entre la modernísima, pulquérrima, inmaculada estación de metro y la calle es indescriptible. 100 años o 10.000 kmts. Un abismo, una inmersión imprevisible en el vértigo.

Chandni Chowk nació rectísima y larguísima con voluntad de avenida procesional, diseñada por el emperador Shah Jahan, el del Taj Mahal, para que sirviera de unión entre el Fuerte Rojo y la mezquita de Fatehpuri, construida al mismo tiempo, aunque con mucha menos grandiosidad y riqueza, que la Jama Masjid por una de las esposas del emperador. Se la considera el mayor bazar de Asia y en sus aceras siempre abarrotadísimas se aprietan las tiendas fundamentalmente de tejidos, en las que aún y no sé por cuanto tiempo, no se hacen concesiones a la industria turística. Desde la boca de metro se alcanza un pequeño templo hindú coronado por un aparatoso e hiperpolícromo carro tirado por caballos y conducido por uno de sus innumerables dioses y un trecho más al este la enorme mole de cúpulas doradas del Sisganj, uno de los muchos Gurudwaras (templos sikhs) de la capital, un lugar especialmente santo para los portadores del gran turbante porque ocupa el lugar donde fue martirizado uno de sus gurus por el terriblemente cruel e intransigente emperador Aurangzeb. Para entrar hay que descalzarse y colocarse un pañuelo tipo mañico en la cabeza. Con ello inauguramos la inacabable serie de requisitos que se exigen en India para entrar en cualquier lugar sagrado en ejercicio. Antes de entrar hay que pasar por un arroyuelo artificial que corre por la entrada que lavará nuestros pies. Los devotos sikhs sacan además el agua del arroyuelo con el cuenco de la mano y lo beben con untosa devoción. Su interior completamente alfombrado invita a sentarse un rato entre los fieles desparramados por el suelo del enorme salón de altísimos techos donde se conserva el Libro acompañado por varios músicos que durante todo el día cantan rítmicas salmodias acompañados por la tabla y el armonium. Una visita obligada, junto con el Bangla Sahib, en New Delhi, que incluso cuenta con un gran estanque donde se reflejan las cúpulas doradas, para los que no piensen subir hasta Amritsar, la capital de la religión de los 10 gurus. El museo sikh, justo enfrente, sólo es recomendable para aquellos degustadores de la estética gore, ya que consta principalmente de cuadros en los que se representa de una manera encantadoramente cruda y detallista las perrerías que a los mártires sikhs infligieron los musulmanes en el pasado.





Como estamos justo a mediados del recorrido de Chandni Chowk conviene colocarse por un instante, aunque suicidamente, en el centro de la calzada (existe un separador vial que viene de perlas para tal fin) para contemplar en toda su longitud la gran avenida, flanqueada por las imponentes torreones del Fuerte Rojo en un extremo y por la modesta fachada de la Fatehpuri en el otro. Ambos delicadamente desdibujados por una delicada pátina brumosa interpuesta que no se debe sino a la brutal contaminación que sufre la ciudad.

Penetrar en la mezquita Fatehpuri supone un remanso de paz después de haber recorrido el largo tramo de Chandni Chowk hasta allí. Algunas tumbas de santones, y entre ellas las de los cabecillas de la rebelión de 1857. Aprovechamos para indagar sobre una historia que habíamos leído en la Rough Guide. Justo saliendo de la mezquita a la izquierda existe un haveli (mansión) que pertenece a la familia Chunnamal. Fue construido por el fundador de la saga, un hombre de negocios hindú que consiguió acrecentar enormemente su fortuna tras haberse mantenido, como buena parte de la población de esa religión y de los sikhs, y según una sospecha que mantengo, fieles a los ingleses en el motín de 1857. Esta mi antigua sospecha de que fueron los musulmanes, al menos en Delhi, los principales implicados en la revuelta, lo corrobora el hecho de que, según el texto de la guía, cuando los ingleses, con ayuda de las tropas sikhs, conquistaron la ciudad, además de bombardear las casas de los principales musulmanes, requisaron la mezquita Fatehpuri y se la vendieron a Chunnamal. La comunidad musulmana tardó 20 años en conseguir la suma que exigía el hindú para rescatarla, que triplicaba la por él pagada a los ingleses. Con un diezmo de ese dinero se construyó el haveli en el que aún viven sus antepasados.

Dentro de la mezquita abordamos a un tipo con pinta de sabihondillo con una pregunta inocente para seguidamente atacar con el tema. Conoce la mansión, pero desconoce totalmente nada sobre que aquella mezquita hubiera sido comprada nunca. No insistimos en el tema por miedo a avivar insensatamente algún viejo rescoldo de rencor entre las dos sensibles comunidades. Pero comentamos entre nosotros el hecho de que con el tiempo, el nacionalismo hindú haya llegado a llamar orgullosamente 1ª Guerra de Independencia a una revuelta en la que ellos mismos se inhibieron en gran parte.

Saliendo por la puerta norte de la mezquita volvemos de sopetón al tráfago de la calle, esta vez en el principio del Khari Baoli, el bazar de las especias. Como es natural se trata del mayor mercado de especias de Asia y desde luego principal lugar de peregrinaje para quienes, como nosotros, amamos el universo del sabor especiado. Toneladas y toneladas de especias en bruto o molidas, frutos secos, de los deliciosos encurtidos de mango que atiborran

cientos de pequeñas tiendas y sacos y sacos que son transportados a la cabeza, en caretilla o en ciclorickshows por una nube de porteadores harapientos. A estas alturas ya son pocas las especias que no controlamos, pero el placer de preguntar a los vendedores por ellas sigue intacto. A pesar de todo se echa de menos entre todos los productos los masalas ya preparados.

En todo el mercado (y en otras ciudades) no conseguimos dar con algún comercio que elaborara sus propias mezclas listas para ser usadas como sí había en los principales mercados de Bombay. Lo único que conseguimos encontrar fueron unas cajas de 100 gramos de diversos masalas fabricadas en una factoría local. Preguntados, los comerciantes nos corroboraron que casi nadie las usa, que todo el mundo fabrica su propio masala según recetas familiares heredadas de generación en generación.

Al final de la calle pillamos un ciclorickshow hasta la Jami Masjid. Los consabidos porteros del capelo de croché y las barbas de chivo nos impiden el paso: hora de la oración. C. me impide sensatamente que nos declaremos musulmanes, porque ello nos hubiera llevado a una larga discusión en la que podría acabar maldiciéndolos en lengua coránica. Decidimos volver (no lo hicimos) en otra ocasión. Rodeando la monumental mezquita deteniéndonos en los innumerables puestecillos donde se exhiben los productos más horteras del mundo, alcanzamos una larga calle que arranca de la trasera principal. Se trata de la Chowri Bazar, otra de mis calles favoritas de la Vieja Delhi. Desde sus soportales se asiste a cualquier hora del día al espectáculo fascinante del paso de los ciclorickshows a ritmo de superatasco con las cargas más inverosímiles: desde mercancías 5 veces más voluminosas que el propio vehículo que el conductor tiene que arrastrar a pie, pasando por familias numerosas haciendo sudar la gota gorda a un enclenque wallah-rickshow, una turba de alborotadores niños vestidos de uniforme o una pandilla de enlutadas musulmanas tapadas hasta los ojos.





La calle desemboca finalmente en una plaza triangular donde se abre la boca de metro. Bajamos y de nuevo la sensación de estar viviendo una alucinación, como si entráramos en una especie de túnel del tiempo o transportador espacial instantáneo. 15 minutos después estábamos ya en Connaught Square camino de nuestro restaurante favorito: el EMBASSY.

La próxima entrega irá precisamente de eso: de COMIDA.



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jueves, 22 de noviembre de 2007

Siguen las aventuras de EL HOMBRE RÍO

En la reciente visita que mis amigos Blanca y Juan hicieron a Córdoba de la que ya di cumplida cuenta, y como quiera que hacía tiempo que no bajaban por aquí los llevé a que conocieran las novedades más sobresalientes de la ciudad empezando por la remodelación de las orillas del río, el puente de Miraflores y las obras del romano. Aunque me lo esperaba conociéndolos, me congratuló especialmente el entusiasmo que mostraron por la que ha sido hasta anteayer la escultura urbana que más celebro: El Hombre Río. Digo anteayer porque como todos los cordobeses sabemos, las torrenciales lluvias que sorpresivamente se abatieron a lo largo de todo el último martes sobre la ciudad produjeron una subida espectacular de las aguas del Guadalquivir que, como es su obligación y su costumbre, arrastraron con todo lo que encontraron a su paso. Entre otras cosas con la simpática escultura que ha estado en paradero desconocido hasta que ayer los bomberos la encontraron y rescataron un par de kilómetros río abajo, junto al Molino de Casillas, donde había quedado varada tras una peligrosa travesía pasando por debajo de tres puentes. Su turbulenta historia, pues, continúa.

Leo en algún sitio que la restauración y reubicación de la obra costaría 30.000 €, lo que me hace dudar, aunque sí esperar, que ello no suponga un obstáculo insalvable para su reinstalación. Andaba pensando en qué escribir aquí sobre el tema cuando se me ocurrió mandarle un email a mis amigos navarros con el enlace de prensa que da cuenta del infeliz acontecimiento.

En cinco minutos he recibido su respuesta. No pienso comerme mucho más el coco. Mi amigo Juan nos lo ha dicho de una manera redonda:

Siento lo del simpático bañista de Córdoba y confío en que la autoridad lo recoloque en su sitio; contemplando el puente para velar por el tráfico de coches y peatones de un lado a otro. Su mirada de hedonista plácido resulta mucho más estimulante que la de cien Sanrafaeles en pie de guerra y pertrechados en su plumífera estructura.

domingo, 18 de noviembre de 2007

DELHI (I)

Para mucha gente Delhi es sólo la puerta de la India. Un lugar de paso obligado para comenzar un viaje por las verdaderas maravillas del país. En los foros de viajes no dejo leer sistemáticamente la recomendación (normalmente hecha por gente que sólo ha estado una vez en la India para hacer el periplo clásico) de que no merece detenerse demasiado en Delhi. Incluso he leído comentarios de conocedores de la ciudad que consideran que su inhospitalidad ensombrece poderosamente los posibles encantos que pudiera encontrar el viajero sensible. Para mí sin embargo, tanto la Vieja como la Nueva conforman uno de los espacios urbanos más fascinantes de todos los que mis muchos años viajeros me han permitido conocer. Y aunque evidentemente no deja de ser una opinión personal he de decir que no proviene de ninguna experiencia sublime ni ningún valor añadido fruto de alguna querencia especial. Me gustó desde la primer vez y cada vez que vuelvo aprovecho para conocer alguna de las facetas que su inabarcable entramado poligonal engarza.

También he de decir que no soy un adorador babeante del universo indio y que mi cada vez más acusada tendencia a ser más crítico con determinadas formas culturales de otros pueblos que chocan con mi universo humanista me coloca últimamente muchas veces en el borde del ataque de hígado. Puede que muchos consideren la infinita capacidad de los indios de joderse a sí mismos la vida como algo encantador, fruto de una visión histórico-religiosa de la existencia mucho más laxa que la de los occidentales tecnológicamente más desarrollados, pero yo no consigo considerarla más allá de lo que consigo ver: el desarrollo de un proyecto social desastroso, cruel, insolidario e irresponsable que no se explica sólo por herencias envenenadas del colonialismo o por el sistema global económico actual de explotación de unas sociedades por otras.

La Vieja Delhi, la que se inscribe dentro de la cicatriz de las antiguas murallas, ya desaparecidas, que puede detectarse a simple vista en cualquier mapa (aquí lo tenéis en Google Earth) es un enorme entramado urbano caótico que responde al modelo de ciudad islámica medieval, a pesar de que su origen es bastante tardío, pues su estructura actual fue concebida en el siglo XVII, cuando se construyó el Fuerte Rojo y el emperador Shah Jahan diseñó la última de las 7 ciudades que existieron en Delhi, le dio el nombre de Shahjahanabad y la constituyó en capital del Imperio Mogol.

Como islamólogo aficionado y muy modesto que me considero, soy un degustador de la arquitectura musulmana y, así como carece de una arquitectura hinduísta remarcable, Delhi cuenta con algunas de las mezquitas y monumentos islámicos más interesantes del mundo. Sobre todo mezquitas de estilo afgano, construidas en los primeros tiempos de la islamización del subcontinente y cuya evolución daría lugar a las impresionantes construcciones mogolas. Al ser anteriores de la refundación de Delhi de Shah Jahan, se encuentran alejadas del centro, en lugares donde existieron centros de poder del Sultanato de Delhi antes de la irrupción mogola. Son mezquitas abiertas en las que la sala hipóstila ocupa una mínima parte del total del edificio, sirviendo el patio como propia sala de oración. Presentan así una importante fachada interior que da al patio, paralela al muro de la qibla que marca la entrada a la sala hipóstila. Las primeras, las de estilo afgano, ocupan esa fachada con intrincados lienzos de escritura coránica labrada en la arenisca roja en que están construidos. . En algunas se usa sólo la arenisca, en otras aparecen incrustaciones de mármol blanco y piedra negra, creando combinaciones de gran belleza. El resultado es, de cualquier forma magnífico como podéis comprobar en las fotos que cuelgo para ilustrarlo.

De todos los lugares históricos de Delhi mi favorito es el complejo Qutub Minar. En él se encuentran los restos de una de las mezquitas más curiosas del mundo, la Quwwat-ul-Islam, comenzada a construir en 1190, el mismo año en que las tropas musulmanas al mando de Qutb-ud-din conquistaron la ciudad al último rey hindú de Delhi. El frontal del oratorio está construido formando un sólido lienzo de arenisca roja de puro estilo afgano, del que se conservan sólo el gran arco central y tres laterales, profusamente labrado con citas coránicas, mientras las columnatas del patio proceden del expolio que el nuevo sultán realizó en los templos jainistas de los alrededores. A pesar de la violencia que supuso tal fusión de elementos, hoy en día, ya ruinoso y por tanto fuera de culto, lo que supone el alivio de que ninguna regla religiosa vigilada por barbados de boinilla de croché blanca hay que cumplir para visitarlo, es un lugar lleno de misterio, con la belleza triste de lo ruinoso, vigilado por el impresionante alminar, Qutub Minar, cilíndrico ahusado que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Siempre que vuelvo a Delhi lo convierto en mi primer lugar de peregrinación. Temprano, antes de que lleguen las hordas de turistas y me impidan disfrutarlo en soledad.


Ruinas de la fachada interior de la primera mezquita que se construyó en India, la Quwwat-ul-Islam, comenzada en 1190. eL pilar de hierro que véis en el centro es el Pilar de Ashok, uno de los muchos que el emperador budista colocó a lo largo y ancho de su imperio en el siglo III ad.C. La principal perticularidad del pilar es que está forjado con una aleación que no permite la oxidación. Los especialistas no han conseguido determinar su composición exacta. Las columnas del patio pertenecen a un templo jainista que existía previamente en el lugar, como podéis ver en la foto de abajo.







Vista en escorzo del impresionante Kutub Minar, de 72 mts. de alto, construido como alminar exento a pocos metros de la mezquita.


Ventana de la madrasa del complejo del Qutub Minar. Mármol y arenisca.

El último edificio de estilo afgano de Delhi es la preciosa mezquita Qila-i-kuhna, de mediados del siglo XVI, situada en el corazón del Purana Qila, el Fuerte Viejo, del que sólo quedan milagrosamente un par de edificios en pie. Abajo podéis ver un detalle de uno de los frisos de sus muros exteriores.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Carta a Don Javier, Arzobispo de Granada

Mi respetado Arzobispo:

Permíta su Ilustrísima que se dirija a su Ilustrísima este humilde escribidor de blogs, hijo descarriado y escasamente pródigo y, por diversas circunstancias de la vida, devenido enemigo acérrimo de la Institución que su Ilustrísima representa, en estos momentos en que parecen estar amargando su boca las hieles de un linchamiento moral que parte de muchas personas e instituciones que no entienden ni un grano de mostaza de qué están tratando. Más que nada para solidarizarme con su Ilustrísima.

Tengo que decirle en primer lugar que siento mucho respeto por su Ilustrísima por considerarlo uno de los pocos contrincantes de verdadera rectitud moral que he encontrado en esta guerra en la que nos encontramos enfrentados, su Ilustrísima y este contumaz descreído, en bandos opuestos por la primacía de la razón o de la fe en el mundo contemporáneo. Y eso porque ambos, su Ilustrisima y este humilde servidor, participamos de una condición común: somos unos radicales. A despecho de lo que entiende el común de los mortales sobre ese particular, su Ilustrísima y yo sabemos que lejos de poder considerarse una condición claramente negativa, la radicalidad representa la máxima virtud de toda actitud moral realmente seria, toda vez que, como apunta su propia etimología, tiene como fin conducirnos directamente a la raíz de cualquier asunto que se trate.

Es por eso que asisto con creciente estupor al lamentable espectáculo que están proporcionando al mundo civilizado tanto parte de la Institución que su Ilustrísima representa como el representante de la justicia secular que, desgraciadamente le ha tocado en suerte. Puede decirse que ninguno de ellos, al contrario que Su Ilustrísima y que yo, son radicales. Porque si lo fueran, si atendieran exactamente a la raíz íntima del asunto, si entendieran mínimamente de qué están tratando, los primeros lucharían a brazo partido para defenderle y defender su autonomía, tan arduamente peleada con los poderes democráticos en los últimos tiempos, y el otro hubiera desestimado la querella, por manifiestamente improcedente, que el lloriqueante sacerdote supuestamente vejado por su Ilustrísima le ha interpuesto.

Convendrá conmigo en que la Iglesia Católica es ante todo hoy día (aunque desde muy recientemente) un club privado/empresa/institución en el que sus afiliados y profesionales lo son por libre elección y que tanto ellos mismos como, más inadecuadamente, los estados democráticos en los que desarrolla su labor aceptan un buen número de características no democráticas, excepciones a los propios mandatos constitucionales, en aras a preservar su idiosincrasia irracional, fideística y fundada en lo sobrenatural. Sin ir más lejos tanto internamente como externamente todo el mundo parece aceptar como normal el que se discrimine a la mitad de la población mundial, concretamente a la mitad femenina, impidiéndole estatutariamente el acceso a los puestos profesionales situados más allá de cierto límite, escasamente sobresaliente. Así mismo se le concede el estatuto de normalidad al hecho de que el establecimiento de su jerarquía se haga mediante el insuflamiento encadenado de un hálito sobrenatural que, provinente del Espíritu Santo (uno de los tres avatares del Dios Único y Todopoderoso, Presidente Vitalicio y Eterno de la Empresa, en el que creen ustedes los católicos), atraviesa límpidamente, como un rayo de luz atraviesa un cristal (esa cara imagen católica), las mentes de los cardenales del cónclave que eligen al Papa (Director General) y de éste a los cardenales y obispos (Consejeros Delegados locales) por él, a su vez, directamente elegidos y que, por tanto, las relaciones jerárquicas se establezcan sobre la base de la obediencia y la humildad más absolutas de los subalternos respecto a los superiores. De la misma manera se aceptan con generosidad una serie infinita de prohibiciones y mandamientos de origen sobrenatural que regulan la vida de sus afiliados y profesionales hasta extremos inauditos, sin menoscabo de la repugnancia que los radicales de la racionalidad podamos sentir por los mismos, y de su contrariedad a las mínimas normas de civilidad de las sociedades democráticas contemporáneas. Desde la férrea prohibición de formar familias a todas sus castas profesionales, pasando por la imposición a las profesionales femeninas de adustas vestimentas de la familia de los burkas y chadores, hasta los ejemplos extremos de la prohibición de autoprocurarse placer genital manubrial o artefactalmente, vulgo hacerse pajas (y perdone la franqueza del lenguaje popular) a todos sus fieles, contrapuesta a la consideración de acto meritorio al autoinfligirse graves heridas, llagas y desolladuras por el uso de cilicios, látigos y otras lancinantes disciplinas.

Es por eso que considero que su Ilustrísima siempre ha obrado de acuerdo con la más prístina doctrina de la Santa Madre Iglesia:

En su anterior sede episcopal, la cordobesa, tratando de encinturar al conocido como Orondo Cura Banquero y sus secuaces que se habían convertido en perversos corruptores de voluntades mediante el tremendo poder económico que acumulaba la Banca Eclesiástica que dirigían y que les había conducido, probablemente por mediación del Maligno, a un abismo de codicia y de soberbia. Su Ilustrísima perdió aquella batalla por conseguir regresarlos al camino de la obediencia, la humildad y la pobreza porque en realidad luchaba contra el Imperio del Euro y sobre todo por las oscuras maniobras del principal poseído en las covachuelas vaticanas, pero su gesto quedará para siempre en esta ciudad como el de un san Jorge enfrentado al dragón de la Oronda Codicia.

La prohibición a los seminaristas granadinos de acceder al terrible piélago de tentación y pecado que es INTERNET. Inmaduras mentes de futuros pastores a punto de hundirse en el inmundo lodazal de la Red, rescatados a última hora por el brazo férreo de su Ilustrísima, nuevo campeón de la lucha contra el Mundo y la Carne, tras la perdida contra el Demonio.

El despido de catequistas que no sienten suficientemente la llamada de Cristo. Su Ilustrísima está en su perfecto derecho y los catequistas que lo denuncian ante el brazo secular caen en la hipocresía más audaz por consentir ser elegidos digitalmente por Dios, vía interpuesta episcopal, pero no despedidos por el mismo método. Y los jueces que admiten las querellas unos chichirivainas. Ya lo denuncié en este mismo sitio hace tiempo.

Como precisamente el que ha admitido la querella del moqueante sacerdote que ha acabado inexplicablemente sentando a su Ilustrísima en el banquillo. Una atrocidad legal y moral por cuanto el citado sacerdote sabía perfectamente cuando eligió esa profesión que las reglas del juego (humildad y obediencia absolutas ante las decisiones episcopales) eran precisamente esas y por cuanto el señor juez debería saber también que el problema de fondo está fundado sobre un trato profesional entre personas adultas responsables en el que las condiciones contractuales contemplan la posibilidad de todas y cada una de las supuestas vejaciones infligidas por una de las partes a la otra sin posibilidad de reclamación. El insolente, traidor y desquiciado proceder del sacerdote querellante no sólo lo pone a él mismo en evidencia de hipocresía, sino que coloca también al juez en el punto de mira de una actuación falta de las más elementales luces. Su Ilustrísima mismo, según ese mismo falaz argumento del acoso moral, podría haber denunciado también al brazo secular al Estado Vaticano por haberle dado la patada (eso sí, hacia arriba, y perdone la chabacana aunque justa imagen) cuando el asunto de Cajasur. Y yo sé, porque conozco el talante de Su Ilustrísima, que ni se le pasó por la cabeza, porque su Ilustrísima sabe perfectamente quién es y a qué juega.

Yo le recomendaría que solicitase, si su Ilustrísima no quiere ver abrirse una peligrosa brecha en el casco de la formidable nave que la Santa Iglesia Católica lleva dirigiendo por los mares de las legislaciones seculares por dos milenios, la expulsión inmediata del santo seno eclesial del sacerdote acusica, acusado él mismo de herejía manifiesta, por poner en duda un dogma básico de la Institución a la que pertenece, la infalibilidad de la línea Dios – Papa – Obispo, cuando de cuestiones pastorales se trata.

Le deseo toda la suerte que su Dios quiera enviarle y que las oraciones de sus fieles parroquianos, como mi admirado Alejandro V. García en su habitual columna del GRANADA HOY ha contado magistralmente esta mañana, le ayuden a confundir los argumentos del fiscal, a aguzar los de su defensor y a iluminar las entendederas del juez que, desgraciadamente, le ha tocado en suerte. Y sobre todo que disfrute de la nueva patada hacia arriba que le van a propinar en su dignísimo trasero próximamente las autoridades vaticanas (otras que tal bailan), y que usted sobrellevará con la dignidad y aplomo que le caracteriza.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Los tebeos y yo

Mi relación con los dibujos animados y con los tebeos nunca fueron buenas. Ni siquiera de niño. Como podéis imaginaros esta condición de repelente, pedante e insonrible que me caracteriza no es algo que me sobreviniera de pronto en un momento dado. No. Siempre fui así. Recuerdo que desde mi más tierna infancia los dibujos animados de la tele me aburrían soberanamente y siempre preferí las ficciones construidas con personajes de carne y hueso. Y lo mismo me ocurrió con los tebeos, con algunas excepciones, como es lógico, debidas a la inigualable plumilla del gran Ibáñez. Ni siquiera, y esto sonará a herejía, disfruté nunca con Tintín. Cuando con mocos todavía comencé a leer las maravillosas novelas aquellas de HISTORIAS SELECCIÓN recuerdo haber sentido como una falta de respeto al texto la inclusión de páginas de tebeíllo que narraban paralelamente la historia. Aquellos dibujitos me parecían una inaudita concesión a la suposición de falta de concentración de los jóvenes lectores, una especie de papilla grumosa que tenía como fin engatusar a los lectores poco disciplinados.

A finales de los 70 se extendió entre la progresía intelectual el gusto por los comics de calidad, representados por muchas publicaciones entre las que destacó TOTEM y, en plan más gamberro, EL VÍBORA. He de reconocer que me acerqué a ellas con espíritu abierto impresionado por el impacto que causó entre mis amistades y las alabanzas desmedidas que de sus bocas y de publicaciones culturales de altura recibían los dibujos. La cumbre de mi interés coincidió con mi encuentro con Juan Zapater (1979), un apasionado, gran conocedor y dotado de una intuición portentosa, de los comics y del cine, que puso un desmedido esfuerzo en hacerme partícipe de su propio disfrute en la apreciación del comic. Tras cientos de horas de obligada convivencia (penábamos por un año ambos en un campo de concentración rotulado en su puerta como Cuartel de Infantería), llegamos ya por fin a convenir en que yo debía padecer una especie de carencia vitamínica o la ausencia de alguna enzima responsable del gusto por ciertas formas artísticas determinadas. Por más que me explicó la virtudes del arte de la plumilla, la variedad de cosas que podían expresar, contar y llevar a la emoción los artistas del dibujo narrativo y la profundidad estética a que podían alcanzar algunos de ellos, yo nunca fui capaz de considerarlos más allá de una estética infantiloide y escasamente conmovedora. Pero siempre consideré que se trataba de una tara propia y nunca caí en la desconsideración del menosprecio.

Aunque a veces en los últimos tiempos Juan ha vuelto a la carga haciéndome partícipe de los descubrimientos que iba haciendo del cine de ANIME japonés, del que ha acabado siendo un imprescindible experto a escala nacional, yo he seguido absolutamente insensible a sus llamadas a la curación.

Por eso cuando el otro día en el transcurso de la conferencia que nos propinó en la Filmoteca sobre la película GHOST IN THE SHELL, lo oí desvelar pormenorizadamente todos sus secretos, las connotaciones culturales (filosóficas, religiosas, pictóricas) y las finezas argumentales que el director le insufló sentí que había perdido miserablemente el tiempo durante años no habiendo atendido suficientemente las recomendaciones/enseñanzas de mi amigo.

Ya para mí solo me dediqué concienzudamente a exprimirlo mientras paseábamos por la ciudad y a exigirle recomendaciones de otras obras que colmaran mi nueva sed de animación nipona. Fue así como me enteré de que la última edición en DVD que se hizo de GHOST IN THE SHELL, una edición especial para coleccionistas, coincidiendo con el 10º aniversario de su estreno, cuenta en su interior con dos maravillosas sorpresas. Una, un audiocomentario del propio Juan Zapater en el que explica los entresijos de la película y otra una entrevista con el director realizada por Juan en la que Mamoru Oshii nos habla de su vida y de su obra. La he pedido por correo. La estoy esperando.

domingo, 11 de noviembre de 2007

ANIMACOR 07 (las alegrías de la amistad)

Yo sé que algunos de vosotros esperáis con variable impaciencia y regulares dosis de masoquismo el relato de mis peripecias por las tierras indogangéticas. Pero estos días he sido secuestrado por los deberes, y sobre todo por los placeres, de la amistad. Mis amigos Blanca Oría y Juan Zapater han bajado desde las gélidas tierras de la semiártica Navarra hasta Córdoba para hablarnos de lo que más saben: de cine. Ha sido en el marco de ANIMACOR 07, el festival de animación que se celebra anualmente en Córdoba y que, en su III edición, se está convirtiendo en el más importante de su género del estado español.

Juan y Blanca son amigos míos desde hace más de 25 años. La distancia y las vicisitudes de nuestras respectivas vidas no han conseguido diluir ni un ápice el afecto que nos profesamos. Y en mi caso, la necesidad. Porque yo necesito estar con ellos de vez en cuando. Se trata de una necesidad sentimental, pero también intelectual. Una serie de charlas frente a unos cafés o unas cervezas con ellos por unos días me suponen un chute de actividad neuronal en forma de nuevos puntos de vista enriquecedores que me activan poderosamente la inteligencia para una temporada.

Tuvieron la amabilidad de acogerme como colaborador ocasional en la magnífica revista de arte ARTYCO que editaron durante algunos años y que tuvieron que abandonar por cuestiones ajenas a su voluntad. A ellos exclusivamente cabe el mérito de conseguir disciplinar mi proverbial irresponsabilidad creadora con la obligación de entregarles trimestralmente un artículo.

Pero es en el ámbito del cine donde consiguen hacerme ver cualquier película desde puntos de vista insospechados, mirar la textura fílmica con nuevos filtros estéticos y morales, considerar los entresijos argumentales con más apoyos contextuales. Eso no tiene demasiado mérito para ellos toda vez que Juan es, profesionalmente, uno de los críticos de cine más agudos de este país al que, según me ha confesado, comienza a dar vértigo la cantidad de gente que está pendiente de sus críticas vertidas en un BLOG que le confecciona Diario de Noticias de Navarra.

Pero su gran pasión, que han convertido en profesión, en los últimos años ha sido el cine japonés (especialmente el de KITANO) y más concretamente el de ANIME. Pese a su dilatado curriculum (colaboradores necesarios de los ENCUENTROS CON EL ANIME del IVAM (Institut Valencià d´Art Modern), del SITGES Festival Internacional de Cinema de Catalunya y organizadores y directores de festivales de Anime (el de Pamplona va por la V edición) en diferentes ciudades españolas), Córdoba, una ciudad que yo sé que ellos quieren y no sólo con un cariño vicario por mi persona, ha tardado en llamarlos. Pero este año ha corregido el olvido y ANIMACOR 07 ha contado con ellos y con su amigo Ángel Salas, director del festival de Sitges, para organizar y sostener el apartado de animación japonesa del festival.

Ángel Salas habló el lunes 5 de noviembre sobre Satoshi Kon: sueños e imágenes; y el martes 6 de noviembre Juan Zapater, sobre Guía para no perderse en Ghost in the Shell.


Copio directamente del programa:


De Mamoru Oshii se proyectó su impresionante díptico formado por Ghost in the Shell, obra ya legendaria, e Innocence, una segunda parte en la se ofrece una reflexión sobre la realidad y la memoria. De Satoshi Kon su último filme, Paprika, una obra densa y poliédrica sobre la manipulación de la mente humana y la posibilidad de controlar los sueños y por último y como colofón Highlander, la última obra de Yoshiaki Kawajiri inspirada en Los inmortales, totalmente inédita en España.

Yo sólo pude asistir, por incompatibilidad horaria, a la conferencia de Juan. Mañana hablaré de ella y de mi relación con el Anime. Por lo demás fue un placer sublime pasear en este delicioso otoño por Córdoba con ellos, Juan, Blanca, Ángel y Caroline, tapear en la Corredera y en Plateros de San Francisco (la taberna favorita de Blanca) y mostrarles algunas de las cosas que me gusta mostrar de esta ciudad y también de las que aborrezco.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Fedeguico, la COPE, El Mundo y el PP pierden el juicio (del 11M)

LA MOCHILA DE LEGANÉS EL BÓRICO DE LA MONDRAGÓN LA KANGÚ DEL POZO EL DINITGOTOLUENO QUÉ ESTALLÓ EN LAVAPIÉS LOS SUICIDAS DE MINA CONCHITA LA GOMA 2 ECO DE ZOUHIER LA CINTA DEL CHINO QUÉ ENCONTRARON EN LOS TRENES EL ÁCIDO DE SÁNCHEZ MANZANO LA MOCHILA DE ETA EL TITADINE DEL POZO EL PINCHAZO DEL SKODA FABIA DE ATOCHA LAS ALMORRANAS EXPLOSIVAS DE ALCARAZ LA FURGONETA DE MORATA DE TAJUÑA LA CAMISA LIMPIA DE LOS TEDAX LOS PELILLOS DEL COMANDO DIXAN MOHAMMED TRASHORRAS LA MONDRAGÓN DE MINA CONCHITA ANTONIO ZOUGAM LA FISCAL DE LAVAPIÉS EL PISO DE AVILÉS EL CUÑADO DEL JUEZ DEL OLMO EL ANÁLISIS DE LOS PELOS DE PEDGO JOTA LA FISCAL DEL PISO DE MINA CONCHITA LOS FOCOS DEL POZO DE LA KANGÚ HA SIDO ETA Y HA SIDO EL DINITGOTOLUENO DE SANTANO EL SUMARIO QUE ES RESTARIO DE ÁCIDO BÓRICO DE FREDY EL QUÍMICO LA MOCHILA DE LA FISCAL VALE YA LA ALCARAZ DE LA CINTA DE LAVAPIES QUE EL CHINO DE RUBALCABA COMA 2 ECO LOS GEOS DE MORATA DE TAJUÑA...

miércoles, 31 de octubre de 2007

DOÑA ROSA Y SUS MONJITAS

Recién llegado y ya recibo las primeras patadas al hígado de los mismos que deberían acariciármelo.

No voy a hablar del bocafloja de Moratinos asentando su redondo culo en los bancos vaticanos colaborando activamente con su sola presencia en la macabra justificación del fascismo que en el fondo significa la beatificación de las víctimas pertenecientes al bando agresor y vencedor de la guerra civil. Ya lo conocemos de sobra. Ya conocemos de sobra la irreparable idiocia socialista.

Pero lo que no me esperaba era encontrar en el collar de disparates que expele a veces, colecciona luego y atesora y luce con garbo y tronío nuestra meliflua alcaldiosa, doña Rosa Aguilar Rivero, una nueva y reluciente perla.

A la entronización de Lagartijo como progresista avant la lettre que perpetró en el homenaje tributado al apolillado matarife decimonónico, se sumó primero la consideración del cacique falangista Antonio Cruz Conde, de afilado colmillo fascista, como alcalde modelo y más tarde el rescate del atroz obispo Fray Albino, teórico del nazional-catolicismo y alentador de fusilamientos de demócratas, como probo benefactor social. La última tiene que ver con el extraño cariño sobrevenido que le ha tomado últimamente a las faldas monjiles.

En la última entrega de las Medallas de Oro de la Ciudad, ese enjuague de miserias locales, ha tenido a bien considerar a una Congregación Religiosa Femenina, una marca de señoras monjas que regentan un negocio de enseñanza en el que mezclan alegremente la superstición con las reglas del álgebra, como realizadoras de un meritorio esfuerzo en el camino por recorrer para la igualdad plena del hombre y la mujer.

Teniendo en cuenta que las tales monjas pertenecen a una empresa de productos de consumo religioso en cuyos estatutos se recogen expresamente prácticas de discriminación laboral activa de la mujer como son:



  • Imposición de una adusta vestimenta de la familia de los chadores, burkas y hiyabes, cuya misión es evitar el incendio concupiscente de la mirada del varón y la autonegación simbólica del propio cuerpo.
  • Relegación obligatoria a los puestos inferiores del escalafón laboral y de servidumbre en la propia Casa Vaticana.
  • Prohibición expresa de su acceso a la propia carrera profesional, la sacerdotal, con la consiguiente negación a la promoción a los puestos de mayor responsabilidad de la empresa.


el disparate de nuestra regidora se nos presenta como insensatamente delirante a la luz de la racionalidad democrática que ella misma dice practicar.

Y es que... Doña Rosa nunca defrauda.

martes, 25 de septiembre de 2007

ME VOY A LA INDIA


Me voy a la India. Un mes. Espero volver. Y no porque tema quedarme colgado de espiritualidad allá. Es mi cuarta vez y desde luego estoy completamente inmunizado contra cualquier veleidad de considerar el alma india más espiritual que la de cualquier otro pueblo, incluida la de la convertida al consumismo alma occidental. Esta vez erraremos por ciudades poco trilladas por el turismo de masas. Ciudades tipo el equivalente indio de Albacete o Ciudad Real. Sólo por llenar las retinas de otredad. Y por ponernos ciegos de curry, rebañándolo con los dedos, en lugares donde nunca supieron qué es un tenedor.


Mientras tanto os dejo todo un mes con la estampa de mi dios favorito (y el de casi todos los indios): GANESHA, esta vez en su avatar con Papi Shiva y Mami Parvati, formando una especie de Portal de Belén supermegakitsch, de arrebatadora melosidad. Y me he propuesto una meta, una búsqueda espiritual, una tariqa gnoseológico-estética, un viaje alucinante al centro de la hermenéutica del arte. Intentaré por todos los medios y en todas las lenguas que he llegado a chapurrear desentrañar el intrincado enigma de si entre los indios existe algún concepto que, aún remotamente, pudiera asimilarse al concepto carpetovetónico de HORTERA. Teniendo en cuenta que la imagen de Ganesh, Papi y Mami que os muestro podría considerarse para la generalidad de los habitantes del subcontinente de un gusto moderadamente sobrio, parco, frugal, ¿hay algo que los indios consideren hortera? Aquí me gustaría a mí ver a Bourdieu. Una meta difícil, ya lo sé, pero con grandes afanes y desvelos se empedraron las calles de la sabiduría humana. Y en algo tiene que entretenerse uno en la India si renuncia al Taj Mahal o a los templos cochinos esos de Khajuraho. Para vuestra tranquilidad os comunico que ya sé decir sin pestañear en perfecto hindi mi mantra favorito:

DOS CERVEZAS HELADAS, POR FAVOR: Krpaiá: do bier bahut thandá.



NAMASTÉ

lunes, 24 de septiembre de 2007

Hubo una vez en Líbano...

No se trata de una simple canción, sino de un arma secreta diseñada por una pérfida mente moruna para minar las bases mismas de la civilización anglosajona... Y ya de paso las de la arábigo-oriental también. Si es que...