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(del laberinto al treinta)
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12:53 p. m.
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CATEGORÍAS: ESTULTARIO
Ya estaba colgando la anterior entrada cuando recibo correo de mi amigo AM / PM (el mismo, el del debate de esta entrada) en el que me adjunta el artículo de hoy de Arturo Pérez Reverte en El Semanal. No comento más. Sólo agradecer que alguien que puede decir lo que pensamos muchos tenga tribuna. Que le diga a todos esos trajeados/as tipejos/tipejas que han enmierdado este país con saña y dedicación exclusiva lo que verdaderamente son.
Permitidme tutearos, imbéciles
Arturo Pérez-Reverte
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los paises más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al “retraso histórico“. O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que “el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien” y que éste no ha fracasado porque “es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad”, entre ellos el de que “los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms”. Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que “lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres”, aunque tampoco estuvo mal lo de “hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos”. Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que me generacionalmente me incluyo.
Que miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
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11:42 p. m.
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CATEGORÍAS: BERRINCHES, MONDO CANE
Chusma política. Así, con la virulencia blanda de un escupitajo acaba de insultar a toda nuestra clase política el escritor Muñoz Molina. Y para delatar a sus cómplices necesarios añade una tralla como de bofetada seca: secta pedagógica. La secuencia exacta del improperio es: La enseñanza pública se deteriora irreparablemente en España gracias a una conspiración de ignorancia tramada desde hace años por la chusma política y la secta pedagógica. El sábado pasado en el Babelia de El País, en un hiriente artículo titulado El libro ilimitado.
Cada vez que oigo o leo a alguien de reconocido talante razonabilizador perder la paciencia ante los himalayas de hipocresía, estupidez y mala fe con que nuestros políticos vienen agrediendo nuestra inteligencia desde siempre y llamar a las cosas por su nombre, por el nombre que el rico Real Diccionario de la Lengua le confieren exactamente me recorre una inefable hemorragia de alegría. Y en este caso la exactitud debe ser supuesta con toda propiedad. Muñoz Molina es Académico de la misma. De la Lengua, digo.
El impenetrable rostro que han mostrado al mundo los políticos socialistas españoles ante el informe PISA deberían hacérsela mirar por algún doctor de éticas averiadas. La primera la sonrientísima ministra de cultura que es capaz de desculpabilizar a su partido de la tremenda situación de analfabetismo funcional en que se encuentra la mayor parte de la generación de españolitos que se cuecen en nuestras escuelas. De piedra berroqueña la tiene la buena señora. Y la consejera de educación de la Junta de Andalucía y el propio presidente hautonómico de mármol de Macael, las únicas canteras que pueden estudiar los niños andaluces. En Andalucía los socialistas han gobernado SIEMPRE. Desde las primeras elecciones. Hace ¡¡¡25 años!!! Pues la culpa es todavía del franquismo. A ellos que los registren. Te cagas.
Ya venía calentito. Dos días antes el bueno de Muñoz Molina había contestado en una carta a Vicente Verdú que en un ataque de farfollez ponmodenna se había había dejado caer en un artículo de los suyos (De escuelas y miserias) en El País con la siguiente perla.
¿Forzarlos a la lectura? ¿Por qué no purgarlos y raparles el pelo? Ni la lectura es un bien absoluto ni todo el saber está ya en los libros. Leer más no hace másinteligentes, sólo hace más inteligentes para leer. El resto del mundo del conocimiento, el mundo audiovisual es ahora una fuente más caudalosa e importante en el saber. Pero ni siquiera para aprender a servirse apropiadamente de todo esto hay horarios y maestros preparados. Miseria de la escuela, escuela de mil miserias.
No quiero pensar que lo conducía la malicia. Porque yo creo que él sabe muy bien que el debate no está en que se les obligue o no a leer a los clásicos o a los modernos, sino en que sean capaces de entender un texto, escrito o hablado. Que sean capaces de usar el lenguaje, la herramienta adaptativa más importante del ser humano. Que sean capaces de comunicarse en el lenguaje humano. Y de comprenderlo. Y eso se hace con palabras hasta que no nos conviertan en ciborgs. Y hasta entonces los medios de comunicación funcionan con lenguaje. TODOS. Incluso los más modernos. No se puede explicar cómo se hace ese montaje visual que supuestamente va a sustituir al libro como medio de transmisión de conocimientos si no es mediante palabras. Así que no me explico a dónde va el viejo Verdú. Igual es que él sí que se ha convertido ya en un ciborg. Si no tampoco se explica que continúe recomendando:
Ningún plan de mejora, en caso de intentarlo honestamente, podrá soslayar el sensible aumento de las retribuciones pero, más aún, miles de profesores debieran gozar de jubilaciones anticipadas y bien retribuidas. Deberían dejar sus puestos a enseñantes mucho más jóvenes y aptos, por edad y estilo generacional, de conectar con alumnos de referencias tan radicalmente ajenas a las de su profesor actual 40 o 50 años mayor.
Tanta distancia biográfica hace no sólo arduo sino imposible el trasvase de los conocimientos y del interés por temas concretos. Nunca como ahora pudo decir con razón un alumno de 12 años que la asignatura a cargo de un señor o una señora de 60 años "no le entra". Ni le entra ni lo digiere, ni le interesa ni lo metaboliza. Más bien lo vomita.
El sistema que transmitía conocimientos escolares por conductos basados en la permeabilidad del arriba / abajo funcionaba gracias a la eficiencia de la jerarquía y la autoridad. De esto, sin embargo, queda poco tras la absoluta vulgarización de la democracia y el paradigma general de la red. El saber no llega al interior del alumno tan sólo por el poder del magisterio, sino por la astucia de la empatía y contagio. Pero transmitir mediante empatía, explorar y hasta explotar la proximidad, sólo parece al alcance de los profesores jóvenes y jovencísimos.
Nuestro ciborgcolumnista no acaba de enterarse o sólo pretende epatar, como suele. Pero en cualquier caso hay mucha misera moral en sus palabras.
ADDENDUM DEL 14/ 01 /08
EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN ACTUAL
ARTÍCULO DE EL PAIS POR EL SOCIÓLOGO JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ GARCÍA
a las
11:25 p. m.
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CATEGORÍAS: BERRINCHES, MONDO CANE
Sin ser uno de mis platos favoritos, el pollo tandoori es el plato estrella de la cocina india de raíz mogola. No sé si expliqué en alguna anterior ocasión que el universo de la cocina india está escindida en dos grandes modalidades: la mogola, traída por los invasores musulmanes a partir del siglo XIII y sobre todo desarrollada por la dinastía mogola que reinó en el norte desde el XVI al XIX y la vegetariana, cuyo origen pertenece a la propia esencia del ritualismo religioso hindú. En la primera los reyes son los animales muertos, principalmente el pollo y el cordero, así como el chapati, el pan ácimo y su base es la mantequilla de leche de vaca (ghee). La segunda es estrictamente vegetariana, cocinada en aceite de coco. En el sur se mantiene mucho más la tradición vegetariana, por la menor influencia musulmana, siendo su plato estrella, el más popular y el que representa mejor la esencia de su concepción culinaria, el thali, palabra sánscrita que significa bandeja y que consiste en un centro de arroz cocido y una serie de platillos con vegetales en salsa o simplemente salsas de distintos, aunque ordenados (de lo salado o lo dulce), sabores. Lo de bandeja es un decir y una fineza para ricos. Lo normal es que sea servido sobre una hoja de plátano. Se va volcando cada uno de los platillos sobre una parte del borde del montón de arroz, se mezclan formando bolas con la mano y se llevan directamente a la boca. Los de Sri Lanka los recuerdo como especialmente deliciosos.
Versión del thali sureño en un restaurante vegetariano de Varanasi. El montón central de arroz ha sido sustituído por nan (pan ácimo).
Pero, como iba diciendo, la cocina carnívora del norte es la más vistosa. Y el pollo tandoori el plato estrella. La palabra tandoori hace referencia al horno de barro (tandoor) donde se asan no sólo las carnes, sino también el pan. Así, que pollo tandoori lo que significa es pollo al horno. Por supuesto es uno de los primeros platos que aprendimos a hacer, para lo que nos proveímos de abundante literatura gastronómica durante el primer viaje que hicimos a India, allá por el 91 y desde entonces lo venimos preparando en casa con una bastante regularidad. Los primeros fans son nuestros sobrinos, esos grandes saqueadores de despensas que el demonio, según el acertado refrán popular, nos dio.
Tanto en India como en los restaurantes indios de otros lugares, el pollo tandoori se presenta con un vistoso color naranja, fruto de un colorante especial muy difícil de conseguir fuera del subcontinente, o al menos yo nunca lo encontré en España. No es imprescindible, desde luego, usarlo, ya que no afecta al sabor, pero el efecto que hace en el plato es impagable, y además ilustra perfectamente el carácter profundamente hortera del alma india. El colorante que yo uso y me imagino que todos los restaurantes se vende en las tiendas de comestibles de Delhi y la gama de colores existente es delirante. Del amarillo galáctico a verde fuorescente, pasando por el rojo pasión. Aunque he mirado los ingredientes no acabo de entender muy bien qué es lo que realmente lo compone. Si alguien entre los improbable lectores de este post consigue averiguarlo le ruego me lo comunique. No es que me preocupe demasiado, pero el hecho de que pueda consumirse hasta 24 meses después de su manufactura me induce a pensar que no debe ser un producto de origen muy vegetal. Lo cual no sé si debo tomarlo con alivio o no.

Bueno, vamos al lío:
LA RECETA DEL POLLO TANDOORI:
Para hacerlo sólo hay que contar como elementos imprescindibles un pollo, claro, un horno, yogurt natural y especias.
La elaboración del masala es algo muy personal y puede ir desde la simple añadidura de algún curry ya elaborado a la amorosa mezcla propia de las especias, según el gusto o el grado de experimentación al que se quiera llegar.
El pollo (muslo y contramuslo) se corta en trozos regulares de mediano tamaño y se les hacen unas incisiones largas con el cuchillo. Se coloca en una bandeja y se le exprime un limón encima, bañándolo bien y se sala.
En un mortero se machacan un trozo de jengibre fresco del tamaño de medio dedo pulgar y un diente de ajo grande con unos granos de sal gorda hasta hacer la ginger garlic paste.
A la pasta resultante se le añaden las demás especias. Lo más fácil es desde luego añadir una cucharada sopera bien colmada del preparado para tandoori chicken que venden en comercios especializados o bien sustituirlo por un buen curry. Puedo decir que en ambos casos saldrá bueno. Los preparados de tandoori chicken que se fabrican en el Reino Unido son excelentes.
Yo por mi parte fabrico mi MASALA:
Una cucharadita de semillas de cilantro molido, media cucharadita de comino molido, otra media de cúrcuma, una punta de cucharilla de cardamomo en polvo, otra de ralladura de nuez moscada y un par de clavos pulverizados.
Otra forma, interesante, pero menos personal, consistiría en añadir a la cucharadita de de cilantro y a la media de comino, otra de garam masala, el condimento comodín de la cocina india.
En un recipiente se vuelca un yogur natural, se le añade la pasta obtenida y, si se tiene, el colorante. Se mezcla bien y se unta uniformemente por todo el pollo. Se mete en el frigorífico donde se mantiene al menos durante 6 horas.
Por último se mete en el horno precalentado a 200º de 1/2 a ¾ de hora con posibilidad de infligirle unos minutos de grill para que se tueste ligeramente la superficie tal como se suele presentar en los restaurantes.
¿Quien se anima a sorprender a sus invitados en la cena de Nochebuena?

Antes y después de pasar por el horno
ILUSTRACIÓN MUSICAL: La rose de Jaipur del disco Alezane (1994) de ese sumo mezclador de tradiciones en la redoma de su genio que es Thierry "Titi" Robin. Una cantante india desgrana una especie de nana en hindi pespunteada con las estrofas de una rumba gitana en la voz de un representante de lo que yo me atrevería a bautizar como "flamenco galo". Un buen complemento para esta receta indocordobesa.
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6:00 p. m.
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No sé de dónde os viene el asombro, chicos de Reporteros, toda vez que su anterior presidente y por muchos años, José Antonio Samaranch, fue un conspicuo colaborador del sangriento régimen del general Franco que machacó los derechos humanos de miles de españoles durante cuarenta años. Sin perder la sonrisa.
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10:10 a. m.
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CATEGORÍAS: MONDO CANE
Algo que nos pone de los nervios a los occidentales es el hecho de que los camareros no sigan nuestras indicaciones del orden de los platos que se les pide. Podría servir de consuelo la teorización que Octavio Paz hace en Vislumbres de la India (Seix Barral, 1998), un libro lúcido, de alguien que amó, conoció y sobre todo intuyó la India. El pensador mexicano contrapone las dos concepciones gastronómicas que enfrentan a oriente y occidente, basándose en Levi-Strauss. La presentación de la comida occidental responde a un orden marcial, de desfile de platos en un orden preciso: comida diacrónica. En la comida india, por el contrario, se presentan todos los platos a la vez listos para ser mezclados: no sucesión ni desfile, sino aglutinación y superposición de substancias y sabores. Cocina sincrónica. Fusión de sabores. Fusión de tiempos. Esta idea gastronómica le da pie a Paz para ampliar su aplicación a todo el conjunto de la civilización indostánica:
Si nos detenemos un instante en la historia de la India encontramos que este también es el rasgo que la distingue de otras civilizaciones: más que sucesión de épocas, su historia ha sido sucesión de pueblos, religiones, instituciones y lenguas. Si de la historia pasamos a la cultura, aparece el mismo fenómeno: no sólo pluralidad de doctrinas, dioses, ritos, cosmologías y sectas, sino aglutinación y yuxtaposición.
Nuestro restaurante favorito en Delhi es el Embassy, en Connaugh Square. El paneer (especie de queso vegetal) con crema de espinacas es insuperable. Muy cerca está el United Coffee House, cuyas gambas gigantes rebozadas y cuyo curry thai de pollo, tanto el rojo como el verde, es una gran creación en la que se dan la mano armoniosamente la suavidad de la leche de coco, el excitante masala tailandés y las aromática hojas de lemon grass, prácticamente desconocidas por los indios.
Una sorpresa que nos llevamos este año fue la inclusión de dos platos españoles en la carta del Coffee. La spanish paella (pronúnciese paela) y la spanish omelette. Por supuesto nos apresuramos a pedirlas ambas. Y desde luego fue una experiencia excitante. No sé si el cocinero habrá oído hablar de Ferrán Adriá, pero desde luego aquello podría hacer palidecer de envidia al cocinero catalán que se ha forrado el riñón con sus deconstrucciones.
La paella constaba de un rosco de arroz blanco (cocido) en cuyo centro habían depositado un sofrito de pimiento, tomate y cebolla. La corona de arroz había sido adornada con una serie de gambas peladas y fritas que le proporcionaban un delicioso aspecto. Como es lógico, el sofrito había sido reinterpretado a la india y presentaba un acusado aromatizado de especias. El conjunto estaba realmente bueno. No sabía a paella valenciana ni falta que le hacía.
La spanish omelette constaba de una tortilla francesa con cebolla cruda y un puñado de patatas fritas por encima. Pura deconstrucción del segundo más famoso plato español.
El hotel lo elegimos en una zona muy conocida entre los viajeros que llegan a Delhi por su cuenta: Paharganj. Aunque responde al absurdo nombre de Cottage Yes Please sigue siendo la mejor opción de acomodación de la zona, con habitaciones que van desde las 700 a las 1000 rupias (12 - 17 €). En su frente cuenta con un restaurante de la misma propiedad, el Malhotra, donde se puede desayunar y hacer alguna comida rutinaria. Pero casi no merece la pena teniendo a escasos 50 mts, en la esquina de Main Street, el Metropolis, un clásico de la zona, donde sirven cervezas (la aceptable Kingfisher) y cuyos tandooris y sobre todo su malay kofta (albóndigas de verdura en salsa) obligan a visitarlo más de una vez.
Una desagradable sorpresa ha sido este año encontrar cerrado y en estado ruinoso el Hotel Nirula's de Connaugh Circus. Su pequeño, pero encantador bar de estilo inglés, pura madera antigua, era nuestro lugar favorito para tomar una Kingfisher helada antes de comer en el restaurante chino que albergaba, uno de los mejores del mundo. Su nombre, Nirula's lo lleva ahora una cadena de locales de comida rápida que han infectado toda la ciudad.
a las
1:02 p. m.
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CATEGORÍAS: VIAJES
Los responsables de la página de pensamiento EDICIONES SIMBIÓTICAS me han pedido que colabore con ellos. Como se trata, según puede leerse en su declaración programática de un:
Proyecto colaborativo y crítico para actuar contra un ideario que favorece la pereza intelectual y el individualismo mezquino, contra un imaginario colectivo en el que triunfa la indiferencia y el mimetismo del "estado mediático".
no he tardado mucho en hacerlo. Les he mandado un artículo, desarrollo ampliado y reelaborado de un post que publiqué en este blog hace tiempo, sobre la inmoralidad que supone la venta del prestigio personal de los famosos como aval publicitario. Una forma de prostitución en toda regla que no ha sido suficientemente asumida como tal.
a las
11:30 a. m.
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CATEGORÍAS: LETRAS
Un punto de unión entre todas las cocinas de Asia es el uso del jengibre como fondo de sabor de todos los platos. Podría compararse con el uso del ajo en la cocina española. Concretamente la mezcla de jengibre y ajo llamada en inglés ginger garlic paste es la base universal de la cocina de todo el sudeste asiático más India y países satélites. Un trozo de jengibre fresco machacado con un ajo friéndose en cualquier tipo de grasa es el usual comienzo de cualquier elaboración culinaria asiática. Los del lejano oriente, adoradores del wok, para aromatizar las crujientes verduras fritas y los indios para crear un fondo de salsa sobre el que desarrollar la mezcla de las demás especias. Curiosamente el nombre de curry, la palabra más asociada a la cocina india, tiene un origen basado en un equívoco. Kary significa en tamil salsa, palabra que los ingleses para simplificar extendieron a cualquier mezcla de especias. Pero la palabra india para mezcla de especias es masala. De todas formas el término curry, por influencia inequívocamente inglesa, ha pasado a denominar universalmente a un tipo específico de masala más o menos definido y caracterizado. El más famoso en todo el mundo es el curry de Madrás, aunque por mucho que lo intentamos en Delhi no conseguimos encontrar no ya un gramo, sino ni siquiera una muestra de que los delhinenses supieran que existía un curry específico de la capital de Tamil Nadu.
Pero el curry no es más que un invento angloindio que rompe la propia concepción de la auténtica cocina india. Leo en un curioso libro editado en 1999 por Zendrera Zariquiey, Los sabores del Raj de David Burton que para un pueblo cuya cocina se basa en la trituración de varias especias frescas en diversas proporciones para cada plato individual, la idea de que una simple mezcla de especias de rápida y fácil elaboración pueda acompañar al pollo, al pescado, los huevos o cualquier otro alimento para preparar el auténtico curry indio es, como mínimo, absurdo. Tal como dice Madhur Jaffrey, para mí, la palabra curry resulta tan degradante para la fabulosa cocina india como pueda serlo el chop suey para la china.
Los masalas pueden encontrarse en Delhi vendidos en cajas de 100 grs. en cualquier comercio de comestibles con el precio marcado de 26 rupias, aunque nosotros hemos llegado a encontrarlo en tiendas para turistas con una etiquetita sobre el precio original marcando 250. Se trata de composiciones recomendadas para determinados platos como el dhal makhani (lentejas cremosas) el channa (garbanzos), pollo tandoori y el masala por antonomasia o masala comodín, el garam masala. Pero los indios elaboran sus propias mezclas en casa y cada cocinero o cocinera tiene sus trucos. En líneas generales existen dos grandes familias de masalas, aquellos en los que predominan los aromas herbosos, cilantro molido y comino fundamentalmente y aquellos en que la tónica dominante son los aromas dulzones basados fundamentalmente en la canela y clavo. Y el uso de unos u otros no dependen exclusivamente de los productos a cocinar (tipos de verduras o de carnes) sino más bien del estado de ánimo de quien va a elaborarlo y de otras variables que a los occidentales se nos escapan como tantas otras cosas. Ambas bases se enriquecen con otras especias hasta conseguir el sabor concreto que se ha decidido. Como en una paleta de un pintor se mezclan los colores para conseguir la tonalidad deseada. Cardamomo, fenugreek, semillas de hinojo, asafétida... Los libros de cocina india no suelen teorizar sobre las potencialidades de las mezclas y se limitan a enumerar las especias en cantidades fijas, pero los indios, y sobre todo las indias amas de casa, trabajan con verdadero arte cada plato que elaboran.
a las
8:41 a. m.
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Para la mayoría de los que adoramos las cocinas exóticas y el mundo de las especias, es sin duda la cocina india nuestra amante favorita. Pero he de decir que mis mejores momentos con ella no han sucedido en su lugar de origen, en el subcontinente. Lo había leído en algún lugar que no recuerdo, y he podido comprobarlo hasta donde mi experiencia me ha dado lugar: los mejores lugares para degustar comida india son las colonias indias dispersas por todo el mundo. Del mismo modo hay quien dice, y también he tenido la oportunidad de comprobarlo, que la mejor cocina italiana no se encuentra en el país vecino, sino en la lejana Argentina, donde los descendientes de los hijos del Lacio, han conservado amorosamente las tradiciones de los fogones de sus abuelos. Debe ser que usan la nostalgia como la especial especia que le da el toque genial a sus platos.
El mejor dhal (lentejas) de mi vida lo he comido en un restaurante indio de Yakarta y aún sueño después de muchos años con un masala que me sirvieron en un sencillo hawker center de Singapur.
La cocina india funciona como ninguna otra con el concepto occidental de orquesta. Varios tipos de especias de timbres brillantes tratando de hacer valer su particularidad. A cada una de las cuales el director tiene que dar el tono adecuado para que armonicen en la unidad de pieza del plato. Algo realmente difícil. Y difícil también para el degustador aprender a saborearlas. Un problema añadido para los neófitos es el pique. Los que estamos acostumbrados sabemos que es el picante el hilo conductor de los distintos sabores, que una vez que se pasa el primer shock sirve para catalizar los aromas, las texturas y los matices de la mezcla realzándolos, al contrario de lo que todo el mundo piensa, y ayudando a individualizarlos en el conjunto armónico total. Las guindillas (chiles) no son autóctonas indias, sino que fueron llevadas por los portugueses en el siglo XVI, causando una verdadera revolución en la gastronomía no sólo del subcontinente, sino de toda Asia. Pero dile tú eso a un indio, que piensa que son consustanciales al dharma de toda su cultura.
Un punto negativo es la escasez de variedad de productos. Al hacer hincapié en las salsas, el alimento base suele carecer de demasiada importancia. Al contrario de las cocinas del mundo de los ojos oblicuos, la variedad de verduras usadas es limitada y las diversas prohibiciones religiosas limitan también poderosamente el consumo de carne. La cocina de origen mogol de raíces musulmanas tiene al pollo, y en menos medida al cordero, como bandera culinaria frente al vegetarianismo hindú, mientras la vaca, por razones obvias, es absolutamente tabú. La cocina del cerdo es materia casi exclusiva de los cristianos de Goa, que lo preparan principalmente con unos toques de vinagre en el delicioso vindaloo, aunque por toda la India es posible ver cerdos por doquier buscándose la vida entre la basura callejera. ¿Quien se los come? En los restaurantes desde luego es un plato raramente ofertado. A veces es posible ver una piara de cochinillos hozando frente a la puerta de cualquier mezquita. Lejos de poder ser interpretado como un signo de tolerancia entre religiones, da la impresión de lo contrario, de que se trata más bien de provocaciones difícilmente obviables por los ofendidos hasta que les llega el turno de la venganza. Cocinas militantes, pues, como la española, cuyo exceso de grasa porcina tiene su origen en su carácter de bandera de cristianos viejos contra moros y judíos.
a las
12:30 p. m.
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CATEGORÍAS: VIAJES
Que esta ciudad no se merece el tremendo baldón con que lo infama desde hace años esa siniestra organización de países envidiosos de nuestra Córdoba Etenna que es la UNESCO, es algo que sentimos los cordobeses de pro como acerado lanzazo en nuestro patriótico costado. Desde que vino a insultarnos motejando a la Córdoba cristiana y mora, pero también romana, pero también judía, pero también parselista, como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD, todo el mundo ha venido a tocarnos los perendengues con absurdas exigencias que ya podían irse a sus pueblos a reclamar.
Al principio pensamos que nos vendría bien eso de que éramos patrimonio de toda la humanidad y no sólo de nuestros santos cojones, por mor de las pernotasiones. Si los guiris se sentían, los muy ilusos, dueños también de esto, se quedarían a pernotar. Pero los desagradecidos han dicho que nanay. No han picado. Aquí no pernota ni dios. Visitan la Mezquita, se toman como mucho un salmorejito y cagando leches pa Sevilla o pa Marbella. Así que como no trae más que poblemas, exijamos que el motecito de marras se lo den a otra, que ya va tocando.
Menos mal que el Eselentísimo Ayuntamiento que maneja con mano firme los destinos de esta patria chica no cesa de velar porque su buen nombre se mantenga incólume, contrarrestando enérgicamente las insidiosas campañas desacreditadoras de cualesquiera organismos chinches que vengan a jodernos con acciones contundentes. La última andanada de la marrana organización contra la línea de flotación del prestigio de la ciudad tras la agresiva e injustificada campaña contra el tradicional parselismo cordobita en zonas estúpidamente protegidas de Medina Azahara fue la acusación de saturación de tráfico que sufría una de las calles que a ella le parecía más protegible, la Torres Cabrera, esa calle estrechita que se ha convertido en la salida natural de todo el centro. La respuesta de nuestro enérgico poder municipal no se hizo esperar y ahí estaba nuestro concejal de tráfico diciéndoles más o menos pero mu clarito que qué saturasión ni niño muerto, que qué peligro pa los peatones ni ná ni ná. Y que pa que se vayan enterando que si al final han impedido parcialmente el tráfico en la emblemática plaza del Cristo de los Faroles ha sido porque les ha salido de los cojones municipales y no porque sea emblemática ni leches. Y la prueba de que no ha sido por las recomendaciones de los tocapelotas culturalistas de la UNESCO está en que lo hemos hecho bien entrado el siglo XXI y no cuando a ellos se les puso en los suyos. Y que Patrimonio de la Humanidad lo serán ellos y sus santas. Así que, hala, ni vamos a arrasar las presiosas parselas con la ayuda de los jueces perolistas, ni vamos a cerrar más calles al coche para que pueda comprar el turrón en las mismas Tendillas a quien le pete y además vamos a cargarnos la jodida rosaleda de Los Patos. Que pa qué queremos tanto verde...
Este humilde bloguero quiere contribuir con su Ayuntamiento a quitarle a la ciudad que lo vio nacer ese terrible baldón. Para ello ha recogido algunas muestras de lo que hacemos en esta ciudad con la leche esa de la patrimonialidad humanitoria de los cojones. Pa que se enteren. Y para que la capitalidad esa de 2016 que se la den ya de una vez por orden alfabético a Albacete o a Almendralejo, que a nosotros no nos hace falta, porque vamos a conseguir las pernotasiones montando en la Mezquita una discoteca.
Dos rincones de la Córdoba Etenna que trata de quitarse el tremendo baldón de ser tratada como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: la preciosa calle de la Feria y un rincón entrañable de la plaza de la Corredera.
Córdoba, al borde del coma atílico:
Al principio pensé que se trataba de la casposa bromita anual de los Inocentes. Pero me temo que no es así.
La furia destructora de restos arqueológicos, en esta ciudad que vive en parte de ellos, renace con renovadas fuerzas. Esta vez en las palabras y en la intención de un señor que parece representar a una asociación de comerciantes, Centro Córdoba, que exige al Ayuntamiento que reconsidere la decisión de enterrar los restos arqueológicos romanos más importantes de la ciudad que tomó el consistorio en los años 80, los vuelva a desenterrar y los destruya para hacer renacer de las cenizas de los cimientos del foro romano un aparcadero de coches para su distinguida clientela. Antonio Pastor se llama el atílico (de Atila) personaje. Las argumentaciones son impecables, dignas de alguien que ama desmesuradamente a Córdoba cristiana y mora, pero también judía, pero también romana, pero también aparcadora de compradores compulsivos:
No se puede parar la ciudad por los restos arqueológicos que aparecieron allí porque ruinas también hay en otras ciudades y se hacen aparcamientos subterráneos... Por eso, Centro Córdoba hablará con la Delegación de Cultura para que «explique la importancia de los restos arqueológicos y si es posible construir un parking ahí.
LEÍDO EN ABC CÓRDOBA
Lo conseguirán. Aburriendo a las ovejas que nos gobiernan. Haciéndoles que les expliquen una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez la importancia de conservar aunque sean enterrados los restos del foro romano de la que fue capital de la Bética.
Yo creo que deberían comenzar las obras por su cuenta los comerciantes. Seguro que nadie les paraliza las obras. Y una vez construido el parking comenzar a dar la matraca en los plenos para que les den agua y luz. Al final los jueces les darán la razón, como a esos dos parcelistas de Las Pitas absueltos. La causa del fallo favorable ha sido, según el hirsuto juez, por hallarse totalmente encuadrada en una parcelación ilegal, pero totalmente consentida por las autoridades administrativas.
a las
9:49 a. m.
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CATEGORÍAS: CÓRDOBA, ESTULTARIO
Este señor con cara de chico bueno de colegio de curas recién comulgado y con esa corbata tan bien elegida a juego con la elegante chaqueta es el señor alcalde de Toledo, Emiliano García-Page. Probablemente lo estuviera cuando se hizo la foto. Comulgado digo. No a juego. A juego no está él mismo consigo mismo ni sobre todo con la racionalidad democrática que dice representar. Porque este señor con cara de chico bueno recién comulgado ha tratado de vetar el I CONCILIO ATEO que se ha celebrado estos días en su ciudad. La causa que ha aducido ha sido que algunos de los actos programados podrían ofender la sensibilidad de muchos toledanos. Católicos se supone. Mientras tanto a los que no lo somos que nos vayan dando... concilio. Los que tenemos buen olfato para esos temas sabemos que el dicho veto se ha debido indudablemente a una orden recibida de Monse Cañizares que lo habrá amenazado con alguno de los actos de desagravio conque suele atacar el Gran Talibán Purpurado a cualquier afirmación de racionalismo laico que ose celebrarse cerca de sus incensados cojones.
Nosotros podríamos aducirle a él que muchos de los actos de raíz mágico-supersticiosa que los católicos perpetran en las calles de nuestras ciudades ofenden profundamente nuestras convicciones racionalistas y además nos parecen enormemente dañinas para la salud moral de las personas y de las sociedades. Y normalmente solemos contentarnos con escribirlo en alguna carta al Director de algún diario local o en algún blog racionalista. Pero con estos tipos es muy difícil entenderse. No quieren entender. Sólo perpetuarse.
A mí me recuerda mucho al señor alcalde de Coín, Gabriel J. Clavijo Sánchez, que vetó una exposición de cerámica de unos artistas del pueblo homosexuales (a los que él mismo casó) por presiones del talibanismo local (cura, cofradías y sectas católicas). Ambos alcaldes pertenecen a la misma raza de políticos que ya describiera cuando retraté al repeinado coinero. Como ya me canso de tanto regurgitar mi desprecio por ellos copio y pego directamente de aquella entrada:
Estos tipos suelen ser por lo general deliciosamente cobardes, una especie de peste entreguista que ha infectado el tejido del progresismo español. Se trata de una especie de travestis políticos que se presentan a las elecciones como progresistas pero que a la primera de cambio, cuando se les exigen actitudes propias de lo que supuestamente son se alinean exactamente con quienes están adiestrados a alinearse, o con quienes su instinto de supervivencia les dicta: con las fuerzas de la reacción. No es que el PSOE sea un partido excesivamente progresista. Es lo que es, un partido del centro civilizado sin demasiadas profundidades ideológicas, que tiene la suerte de que lo que se presenta en España como derecha sea una amalgama de criptofascismo y talibanismo católico absolutamente indigesto. Pero precisamente por esa indecisión ideológica da cabida a todo este tipo de elementos, pulcros, aseaditos, que sólo llevan en su marchamo político las siglas del partido, pero que a la primera que se les exige que defiendan las Termópilas de la Razón, la Democracia, la Laicidad y los demás valores básicos del progresismo se les ve el plumero de puros trepas metidos en política sólo por ansias de poder o por ansias de otra cosa más material, de papel, rectangular y con dibujitos.
Estos tipos dicen ser socialista, sólo por pertenecer a un partido que también se dice socialista sólo porque ostenta en su nombre este calificativo. Yo creo que ya les pesa demasiado. Lo mismo que renunciaron al marxismo y al puñoenaltismo deberían renunciar también al socialismo, bueno, a la denominación, porque a lo otro renunciaron hace chiquisientos años. Fundamentalmente para no engañar a nadie y primero de todo a ellos mismos.
Creo recordar que la carrera política de este individuo posiblemente recién comulgado comenzó a la sombra del también comulgador convicto y confeso José Bono en la Junta de Castilla La Mancha. Un extraño especimen de progresista que siendo ministro de Defensa no le tembló nunca el pulso por autorizar la fabricación en una factoría dependiente de su ministerio de miles de bombas de racimo que se vendieron ( y se siguen vendiendo aún) sin cortapisas a gobiernos de países que las usaron de una manera absolutamente criminal y a las que se deben las muertes de cientos de hombres, mujeres y niños. Sobra lo de inocentes, claro.
Yo siempre tuve la duda de si alguna vez el señor Bono incluyó ese pecadillo entre los que tiene enumerar a su confesor para poder comulgar a gusto. Aunque dado la amistad que lo une con el Talibán Máximo, Sumo Concededor de Perdón Divino por Vía Directa de este país Monse Cañizares, lo tiene chupado para mantener la conciencia a resguardo del propio estiércol moral que sus actuaciones salpican.
a las
3:41 p. m.
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CATEGORÍAS: CURAS, ESTULTARIO
tu silenziu
disparta
lus gritus
dil mundu
(tu silencio
despierta
los gritos
del mundo)
Juan Gelman
No me voy a afanar hoy en el uso del merecido incienso con Juan Gelman, el flamante premio Cervantes. Sólo enlazaré una entrada que dediqué hace poco a la cantante argentina Dina Rot que musicó algunos poemas del poeta en lengua ladina, aprendida sólo por considerarla una de las más profundas y exiliadas de las lenguas.
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11:28 a. m.
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Una mañana estás tan tranquilo en tu casa sentado al brasero con tu cafelito y la pantalla encendida del portátil sobre la mesa, abres las páginas de las ediciones digitales de tus diarios habituales y descubres que alguien te está disparando directamente desde una de ellas.
El esforzado marine de la Santa Comunión Tradicionalista Cofrade y de las JONS, Luis Miranda, probablemente en un ataque de aburrimiento de sí mismo y de su espeso y ahumado (por efecto de la insalubre quemadera de cera e incienso) mundo interior, se entretuvo hace unos días en enviar desde el protegido puente del acorazado ABC-Córdoba desde donde gallea su ardor guerrero contra la racionalidad ilustrada, una andanada de fuego graneado, una ráfaga tontiloca de pestífero plomo bilioso contra quienes hemos denunciado con argumentos racionales la pretensión de construir la necesaria nueva biblioteca pública sobre los terrenos de un también necesario jardín histórico. Para suerte de todos nosotros (¡Alabado sea Dios!) con una puntería nefasta y utilizando munición averiada, claramente descompuesta por la contaminación del ácido de su propia bilis, un heteróclito memorial de insultos, acusaciones extemporáneas y parodias de mala baba, macerado todo en un agrio rencor de cofrade herido: nunca nos perdonó a los racionalistas de esta ciudad que protestáramos ruidosamente por la erección con dinero público en un espacio público de un espantoso aparador dramático-semanasantero en honor a Juan de Mesa, autor de algunos de los atormentados ídolos que él adora.
Hela aquí la venganza:
Para ampliar la calaña del personaje me anima mi amigo Juan Sepelio a que reproduzca algunas de las reflexiones en que nos entretuvimos él y yo una preciosa mañana de principios de este mes a orillas del Guadalquivir a propósito de otro artículo que el aguerrido cerífago publicaba también en el ABC local.
El día 2 de noviembre del presente el incensado plumilla se dejaba caer con esta agria denuncia de una ya clásica manifestación de la globalización cultural: la importación y entusiasta extensión por las sagradas tierras de María Santísima de la tradición céltico-yanqui-disneyana de la fiesta de Halloween.
Halloween y Ánimas
Luis Miranda
ABC Córdoba 2/11/07
DE la triste comitiva de cretinos disfrazados de monstruos imposibles que en la madrugada del primero de noviembre llena las calles de estulticia ruidosa queda un gusto de terror. Es verdad que su facha de esperpento malo tiene pinta de sainete sin gracia y que la estupidez que les hace gritar irrita un solo segundo.
Más que este decorado que por encima de todo es feo hasta lo tremendo, lo que da miedo es pensar cómo la publicidad y la televisión podrían, si quisieran, que medio mundo se tirase a un pozo en una fecha señalada y con cualquier excusa. No se diferenciaban las cabezas de estos idiotas de la grotesca calabaza que les sirve de icono: ambos sonríen sin tener nada dentro. Por eso hacen el ridículo con caretas de personajes absurdos y nunca han pasado terror del bueno con Stoker, Poe o Lovecraft.
Impecable lo de la tele y la publicidad ¿verdad? Excepto tal vez por los muy desagradables epítetos que lanza con injustificada violencia sobre los pobres chavales que celebran alegremente esa fiesta, podría haberlo firmado cualquier racionalista acreditado. Eso sí, con bastante mala follá. Pero el amigo Miranda sólo usa argumentos de racionalista como recurso retórico argumentativo y así, destapando ya claramente sus cartas, continúa:
Mientras la globalización avanza segando testas inservibles, en el corazón de Córdoba se celebra el día de Todos los Santos recordando a quienes se fueron, pidiendo por aquellos que todavía tendrán que pasar un tiempo en las tinieblas antes de nacer para siempre a la Luz. En el Cristo del Remedio de Ánimas y en el fastuoso universo barroco que lo rodea se resume el sentido profundo de estos días: la fugacidad de la vida, la Salvación que nace con su muerte y la presencia de las almas en las lámparas votivas a sus pies. Al otro lado de San Lorenzo, la Virgen de las Tristezas lloraba por los humanos, «a ciegas en el páramo confuso de la vida». Ni Halloween ni los ladrones lograrán arrancar de Córdoba la honda espiritualidad de Ánimas.
Ahora ya todo encaja como en un puzzle. Lo que a nuestro legionario de la credulidad le jode no es el adocenamiento imparable de la mayoría de los miembros de la sociedad globalizada y su conducción a un irracionalismo de base consumista, sino el que esa anulación de la capacidad de generar criterios personales vaya sustituyendo, sobre todo entre la juventud, a la que tradicionalmente ha propiciado la religión tradicional organizada. El que nuevas tradiciones de base consumista y sacerdotes encorbatados que dominan las artes de controlar las voluntades por medio de la publicidad estén sustituyendo a las religiosas de toda la vida basadas en el control de las mentes por medio de la superstición y la idolatría. Y lo que peor lleva es que la extensión de esa estética gore de cartón piedra, de máscaras grotescas, de terror infantiloide, estrictamente lúdica, haya sustituido en el favor de los jóvenes globalizados a la verdadera estética gore autóctona y auténtica del horror inquisitorial católico que se rememora en la estética cofrade del crucifijo sanguinolento y el siniestro capirucho de penitente. Gore del bueno. Sin conservantes ni colorantes. Genuino sabor de torturas y disciplinas. Revisitación ritual cíclica de las procesiones de la Inquisición. En las que se conducía a la hoguera a la gente como yo, librepensadores que protestamos por la ubicación de una biblioteca a costa de un jardín o por la insensatez de fomentar desde las administraciones públicas las irracionalidad y la superstición. O por decir que la tierra gira alrededor del sol.
La pretensión más inicua de este pozo de reaccionarismo de la peor especie que es Luis Miranda es la catalogación como cretinos integrales de todos los participantes de una fiesta lúdica y callejera, neocarnavalesca, foránea desde luego, como el rock y la pizza, pero muchísimo más sana por divertida e inocente que el consumo inmoderado de sustancias estupefacientes de alto contenido supersticioso que embotan el entendimiento e impiden el librepensamiento a que obliga la peligrosa adicción cofrade. Sustancias, no se olvide, administradas por la Iglesia Católica, la peor organización mafiosa de la historia de la humanidad y la mayor causa de dolor, destrucción y muerte de todas las que en el mundo han sido.
Por no hablar de cómo dejan las calles de mierda cerúlea cada vez que organizan uno de sus aquelarres siniestros de hachones y tambores de muerte...
Al emético plumilla cordobés del ABC aún le queda mucho para alcanzar las dotes de envenenar el aire con sus mefíticas opiniones de su papá Fedeguico y su mamá Antonio Burgos, que lo acunan amorosamente desde las mismas páginas del diario monárquico derechista la última y desde la emisora de los Curas Capones el primero, pero yo lo sigo con gusto, porque a veces viene tocado por esa gracia hepática que de pura malafollá facha te arranca la carcajada.
Y pa darme un placer intelectual con sustancia mantecosa me acabo de comprar el libro de Fernando Vallejo La Puta de Babilonia, que era como los albigenses llamaban a la Iglesia Católica antes de que ésta los exterminara absolutamente. ¡Menudo festín!
a las
1:51 a. m.
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Si hay una imagen de una aglomeración urbana que pueda compararse con un hormiguero, esa es sin duda la de la Vieja Delhi. Aunque existen algunos entramado citadinos que pueden parangonarse con su inextricable red de callejuelas (pienso por ejemplo en los de Marrakesh y Fes) desde luego ninguno sufre del abarrotamiento humano, de la muchedumbre continua que ocupa diariamente todo su espacio. Todos los días, sin excepciones festivas, cientos de miles de personas se desparraman, completamente compactados por sus calles, se sortean sin poder, y sin querer, evitar los rozamientos, se pisan, compiten por avanzar por espacios estrechísimos con las vacas, los ciclorickshows, las vespas, las carretillas de tracción humana que arrastran volúmenes inverosímiles de mercancías, los géneros de los comercios que ocupan el espacio público. Por supuesto en ellas no existe la saludable práctica del sentido único para vehículos con lo que los embotellamientos monumentales en estrechos cuellos de embudo de las callejas suceden cada pocos metros. El paseo no es nada agradable para quien no disfrute de las aglomeraciones y normalmente el placer de degustar un exotismo auténtico suele dar paso a la hora escasa de su comienzo a una sensación de agobio atosigante. A ello hay que sumar el penetrante olor. Un olor indefinible que no llega a ser completamente desagradable pero en el que se percibe continuamente el componente pútrido de la basura. Y el ruido, un ruido ensordecedor que no se sabe muy bien de donde procede y qué lo produce, una especie de masa sonora rugiente atravesada continuamente por el irritante, lancinante claxon de las motos.

Un poco más practicables, las escasas calles principales cuentan con aceras, donde, aunque haya que ir avanzando casi a empujones, al menos se está a salvo de los vehículos que se debaten en un perenne embotellamiento por la calzada. Aquí la mayor anchura de la vía permite la circulación de coches, motorickshows y camionetas que tratan inútilmente a golpe sonoro de claxon de abrirse paso entre un mar de ciclorickshows y carretillas de mano. El espacio entre un vehículo y otro detenidos por el atasco es mínimo, así que cruzar la calle es un ejercicio perfectamente imposible por las buenas. Hay que aprovechar un momento de avance de la aglomeración para exigir a golpe de mano en el capó o manillar nuestro derecho a atravesar la calzada. Ningún conductor hará el mínimo gesto para cedernos el paso. Habrá que ganarle el terreno enfrentándose a su mirada, pero sin dejar ni un sólo instante de vigilar que no retome su derecho a ocupar el pequeño espacio cedido y a atropellarte dada tu condición inferior de peatón. Estoy hablando de velocidad 0. Una vez arrancado el vehículo ningún conductor indio hará el más mínimo esfuerzo por pisar el freno para no aplastarte. Todo lo más tratará de evitarte sorteando tu imprevista masa corporal a golpe de volante o manillar. Si no lo consigue, mala suerte para ti. Era tu destino.
Ya me extenderé más adelante sobre el código de circulación indio y su voraz asimilación al sistema de castas, en el que se ha sustituido el derecho de nacimiento de los individuos por el de tamaño del vehículo que conducen.
El recorrido que C. y yo nos propusimos la primera mañana en la ciudad no fue muy original, aunque sí más completo que el realizado en otras ocasiones y, sobre todo, su comienzo, la llegada, supuso un brillante estreno porque por primera vez utilizamos en flamante metro de Delhi. Partiendo de Rajiv Chowk, el recién renombrado anillo del centro de Connaught Place, esa magnífica y enorme plaza circular que los ingleses construyeron como foco de donde partirían las larguísimas avenidas radiales de Nueva Delhi, una impoluta línea de metro te deja en tres estaciones en pleno centro de Chandni Chowk, la arteria principal de la Vieja Delhi. La brusquedad del cambio entre la modernísima, pulquérrima, inmaculada estación de metro y la calle es indescriptible. 100 años o 10.000 kmts. Un abismo, una inmersión imprevisible en el vértigo.
Chandni Chowk nació rectísima y larguísima con voluntad de avenida procesional, diseñada por el emperador Shah Jahan, el del Taj Mahal, para que sirviera de unión entre el Fuerte Rojo y la mezquita de Fatehpuri, construida al mismo tiempo, aunque con mucha menos grandiosidad y riqueza, que la Jama Masjid por una de las esposas del emperador. Se la considera el mayor bazar de Asia y en sus aceras siempre abarrotadísimas se aprietan las tiendas fundamentalmente de tejidos, en las que aún y no sé por cuanto tiempo, no se hacen concesiones a la industria turística. Desde la boca de metro se alcanza un pequeño templo hindú coronado por un aparatoso e hiperpolícromo carro tirado por caballos y conducido por uno de sus innumerables dioses y un trecho más al este la enorme mole de cúpulas doradas del Sisganj, uno de los muchos Gurudwaras (templos sikhs) de la capital, un lugar especialmente santo para los portadores del gran turbante porque ocupa el lugar donde fue martirizado uno de sus gurus por el terriblemente cruel e intransigente emperador Aurangzeb. Para entrar hay que descalzarse y colocarse un pañuelo tipo mañico en la cabeza. Con ello inauguramos la inacabable serie de requisitos que se exigen en India para entrar en cualquier lugar sagrado en ejercicio. Antes de entrar hay que pasar por un arroyuelo artificial que corre por la entrada que lavará nuestros pies. Los devotos sikhs sacan además el agua del arroyuelo con el cuenco de la mano y lo beben con untosa devoción. Su interior completamente alfombrado invita a sentarse un rato entre los fieles desparramados por el suelo del enorme salón de altísimos techos donde se conserva el Libro acompañado por varios músicos que durante todo el día cantan rítmicas salmodias acompañados por la tabla y el armonium. Una visita obligada, junto con el Bangla Sahib, en New Delhi, que incluso cuenta con un gran estanque donde se reflejan las cúpulas doradas, para los que no piensen subir hasta Amritsar, la capital de la religión de los 10 gurus. El museo sikh, justo enfrente, sólo es recomendable para aquellos degustadores de la estética gore, ya que consta principalmente de cuadros en los que se representa de una manera encantadoramente cruda y detallista las perrerías que a los mártires sikhs infligieron los musulmanes en el pasado.
Como estamos justo a mediados del recorrido de Chandni Chowk conviene colocarse por un instante, aunque suicidamente, en el centro de la calzada (existe un separador vial que viene de perlas para tal fin) para contemplar en toda su longitud la gran avenida, flanqueada por las imponentes torreones del Fuerte Rojo en un extremo y por la modesta fachada de la Fatehpuri en el otro. Ambos delicadamente desdibujados por una delicada pátina brumosa interpuesta que no se debe sino a la brutal contaminación que sufre la ciudad.
Penetrar en la mezquita Fatehpuri supone un remanso de paz después de haber recorrido el largo tramo de Chandni Chowk hasta allí. Algunas tumbas de santones, y entre ellas las de los cabecillas de la rebelión de 1857. Aprovechamos para indagar sobre una historia que habíamos leído en la Rough Guide. Justo saliendo de la mezquita a la izquierda existe un haveli (mansión) que pertenece a la familia Chunnamal. Fue construido por el fundador de la saga, un hombre de negocios hindú que consiguió acrecentar enormemente su fortuna tras haberse mantenido, como buena parte de la población de esa religión y de los sikhs, y según una sospecha que mantengo, fieles a los ingleses en el motín de 1857. Esta mi antigua sospecha de que fueron los musulmanes, al menos en Delhi, los principales implicados en la revuelta, lo corrobora el hecho de que, según el texto de la guía, cuando los ingleses, con ayuda de las tropas sikhs, conquistaron la ciudad, además de bombardear las casas de los principales musulmanes, requisaron la mezquita Fatehpuri y se la vendieron a Chunnamal. La comunidad musulmana tardó 20 años en conseguir la suma que exigía el hindú para rescatarla, que triplicaba la por él pagada a los ingleses. Con un diezmo de ese dinero se construyó el haveli en el que aún viven sus antepasados.
Dentro de la mezquita abordamos a un tipo con pinta de sabihondillo con una pregunta inocente para seguidamente atacar con el tema. Conoce la mansión, pero desconoce totalmente nada sobre que aquella mezquita hubiera sido comprada nunca. No insistimos en el tema por miedo a avivar insensatamente algún viejo rescoldo de rencor entre las dos sensibles comunidades. Pero comentamos entre nosotros el hecho de que con el tiempo, el nacionalismo hindú haya llegado a llamar orgullosamente 1ª Guerra de Independencia a una revuelta en la que ellos mismos se inhibieron en gran parte.
Saliendo por la puerta norte de la mezquita volvemos de sopetón al tráfago de la calle, esta vez en el principio del Khari Baoli, el bazar de las especias. Como es natural se trata del mayor mercado de especias de Asia y desde luego principal lugar de peregrinaje para quienes, como nosotros, amamos el universo del sabor especiado. Toneladas y toneladas de especias en bruto o molidas, frutos secos, de los deliciosos encurtidos de mango que atiborran
cientos de pequeñas tiendas y sacos y sacos que son transportados a la cabeza, en caretilla o en ciclorickshows por una nube de porteadores harapientos. A estas alturas ya son pocas las especias que no controlamos, pero el placer de preguntar a los vendedores por ellas sigue intacto. A pesar de todo se echa de menos entre todos los productos los masalas ya preparados.
En todo el mercado (y en otras ciudades) no conseguimos dar con algún comercio que elaborara sus propias mezclas listas para ser usadas como sí había en los principales mercados de Bombay. Lo único que conseguimos encontrar fueron unas cajas de 100 gramos de diversos masalas fabricadas en una factoría local. Preguntados, los comerciantes nos corroboraron que casi nadie las usa, que todo el mundo fabrica su propio masala según recetas familiares heredadas de generación en generación.
Al final de la calle pillamos un ciclorickshow hasta la Jami Masjid. Los consabidos porteros del capelo de croché y las barbas de chivo nos impiden el paso: hora de la oración. C. me impide sensatamente que nos declaremos musulmanes, porque ello nos hubiera llevado a una larga discusión en la que podría acabar maldiciéndolos en lengua coránica. Decidimos volver (no lo hicimos) en otra ocasión. Rodeando la monumental mezquita deteniéndonos en los innumerables puestecillos donde se exhiben los productos más horteras del mundo, alcanzamos una larga calle que arranca de la trasera principal. Se trata de la Chowri Bazar, otra de mis calles favoritas de la Vieja Delhi. Desde sus soportales se asiste a cualquier hora del día al espectáculo fascinante del paso de los ciclorickshows a ritmo de superatasco con las cargas más inverosímiles: desde mercancías 5 veces más voluminosas que el propio vehículo que el conductor tiene que arrastrar a pie, pasando por familias numerosas haciendo sudar la gota gorda a un enclenque wallah-rickshow, una turba de alborotadores niños vestidos de uniforme o una pandilla de enlutadas musulmanas tapadas hasta los ojos.

La calle desemboca finalmente en una plaza triangular donde se abre la boca de metro. Bajamos y de nuevo la sensación de estar viviendo una alucinación, como si entráramos en una especie de túnel del tiempo o transportador espacial instantáneo. 15 minutos después estábamos ya en Connaught Square camino de nuestro restaurante favorito: el EMBASSY.
La próxima entrega irá precisamente de eso: de COMIDA.
a las
7:44 p. m.
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En la reciente visita que mis amigos Blanca y Juan hicieron a Córdoba de la que ya di cumplida cuenta, y como quiera que hacía tiempo que no bajaban por aquí los llevé a que conocieran las novedades más sobresalientes de la ciudad empezando por la remodelación de las orillas del río, el puente de Miraflores y las obras del romano. Aunque me lo esperaba conociéndolos, me congratuló especialmente el entusiasmo que mostraron por la que ha sido hasta anteayer la escultura urbana que más celebro: El Hombre Río. Digo anteayer porque como todos los cordobeses sabemos, las torrenciales lluvias que sorpresivamente se abatieron a lo largo de todo el último martes sobre la ciudad produjeron una subida espectacular de las aguas del Guadalquivir que, como es su obligación y su costumbre, arrastraron con todo lo que encontraron a su paso. Entre otras cosas con la simpática escultura que ha estado en paradero desconocido hasta que ayer los bomberos la encontraron y rescataron un par de kilómetros río abajo, junto al Molino de Casillas, donde había quedado varada tras una peligrosa travesía pasando por debajo de tres puentes. Su turbulenta historia, pues, continúa.
Leo en algún sitio que la restauración y reubicación de la obra costaría 30.000 €, lo que me hace dudar, aunque sí esperar, que ello no suponga un obstáculo insalvable para su reinstalación. Andaba pensando en qué escribir aquí sobre el tema cuando se me ocurrió mandarle un email a mis amigos navarros con el enlace de prensa que da cuenta del infeliz acontecimiento.
En cinco minutos he recibido su respuesta. No pienso comerme mucho más el coco. Mi amigo Juan nos lo ha dicho de una manera redonda:
Siento lo del simpático bañista de Córdoba y confío en que la autoridad lo recoloque en su sitio; contemplando el puente para velar por el tráfico de coches y peatones de un lado a otro. Su mirada de hedonista plácido resulta mucho más estimulante que la de cien Sanrafaeles en pie de guerra y pertrechados en su plumífera estructura.
a las
1:05 p. m.
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Para mucha gente Delhi es sólo la puerta de la India. Un lugar de paso obligado para comenzar un viaje por las verdaderas maravillas del país. En los foros de viajes no dejo leer sistemáticamente la recomendación (normalmente hecha por gente que sólo ha estado una vez en la India para hacer el periplo clásico) de que no merece detenerse demasiado en Delhi. Incluso he leído comentarios de conocedores de la ciudad que consideran que su inhospitalidad ensombrece poderosamente los posibles encantos que pudiera encontrar el viajero sensible. Para mí sin embargo, tanto la Vieja como la Nueva conforman uno de los espacios urbanos más fascinantes de todos los que mis muchos años viajeros me han permitido conocer. Y aunque evidentemente no deja de ser una opinión personal he de decir que no proviene de ninguna experiencia sublime ni ningún valor añadido fruto de alguna querencia especial. Me gustó desde la primer vez y cada vez que vuelvo aprovecho para conocer alguna de las facetas que su inabarcable entramado poligonal engarza.
También he de decir que no soy un adorador babeante del universo indio y que mi cada vez más acusada tendencia a ser más crítico con determinadas formas culturales de otros pueblos que chocan con mi universo humanista me coloca últimamente muchas veces en el borde del ataque de hígado. Puede que muchos consideren la infinita capacidad de los indios de joderse a sí mismos la vida como algo encantador, fruto de una visión histórico-religiosa de la existencia mucho más laxa que la de los occidentales tecnológicamente más desarrollados, pero yo no consigo considerarla más allá de lo que consigo ver: el desarrollo de un proyecto social desastroso, cruel, insolidario e irresponsable que no se explica sólo por herencias envenenadas del colonialismo o por el sistema global económico actual de explotación de unas sociedades por otras.
La Vieja Delhi, la que se inscribe dentro de la cicatriz de las antiguas murallas, ya desaparecidas, que puede detectarse a simple vista en cualquier mapa (aquí lo tenéis en Google Earth) es un enorme entramado urbano caótico que responde al modelo de ciudad islámica medieval, a pesar de que su origen es bastante tardío, pues su estructura actual fue concebida en el siglo XVII, cuando se construyó el Fuerte Rojo y el emperador Shah Jahan diseñó la última de las 7 ciudades que existieron en Delhi, le dio el nombre de Shahjahanabad y la constituyó en capital del Imperio Mogol.
Como islamólogo aficionado y muy modesto que me considero, soy un degustador de la arquitectura musulmana y, así como carece de una arquitectura hinduísta remarcable, Delhi cuenta con algunas de las mezquitas y monumentos islámicos más interesantes del mundo. Sobre todo mezquitas de estilo afgano, construidas en los primeros tiempos de la islamización del subcontinente y cuya evolución daría lugar a las impresionantes construcciones mogolas. Al ser anteriores de la refundación de Delhi de Shah Jahan, se encuentran alejadas del centro, en lugares donde existieron centros de poder del Sultanato de Delhi antes de la irrupción mogola. Son mezquitas abiertas en las que la sala hipóstila ocupa una mínima parte del total del edificio, sirviendo el patio como propia sala de oración. Presentan así una importante fachada interior que da al patio, paralela al muro de la qibla que marca la entrada a la sala hipóstila. Las primeras, las de estilo afgano, ocupan esa fachada con intrincados lienzos de escritura coránica labrada en la arenisca roja en que están construidos. . En algunas se usa sólo la arenisca, en otras aparecen incrustaciones de mármol blanco y piedra negra, creando combinaciones de gran belleza. El resultado es, de cualquier forma magnífico como podéis comprobar en las fotos que cuelgo para ilustrarlo.
De todos los lugares históricos de Delhi mi favorito es el complejo Qutub Minar. En él se encuentran los restos de una de las mezquitas más curiosas del mundo, la Quwwat-ul-Islam, comenzada a construir en 1190, el mismo año en que las tropas musulmanas al mando de Qutb-ud-din conquistaron la ciudad al último rey hindú de Delhi. El frontal del oratorio está construido formando un sólido lienzo de arenisca roja de puro estilo afgano, del que se conservan sólo el gran arco central y tres laterales, profusamente labrado con citas coránicas, mientras las columnatas del patio proceden del expolio que el nuevo sultán realizó en los templos jainistas de los alrededores. A pesar de la violencia que supuso tal fusión de elementos, hoy en día, ya ruinoso y por tanto fuera de culto, lo que supone el alivio de que ninguna regla religiosa vigilada por barbados de boinilla de croché blanca hay que cumplir para visitarlo, es un lugar lleno de misterio, con la belleza triste de lo ruinoso, vigilado por el impresionante alminar, Qutub Minar, cilíndrico ahusado que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Siempre que vuelvo a Delhi lo convierto en mi primer lugar de peregrinación. Temprano, antes de que lleguen las hordas de turistas y me impidan disfrutarlo en soledad.
Ruinas de la fachada interior de la primera mezquita que se construyó en India, la Quwwat-ul-Islam, comenzada en 1190. eL pilar de hierro que véis en el centro es el Pilar de Ashok, uno de los muchos que el emperador budista colocó a lo largo y ancho de su imperio en el siglo III ad.C. La principal perticularidad del pilar es que está forjado con una aleación que no permite la oxidación. Los especialistas no han conseguido determinar su composición exacta. Las columnas del patio pertenecen a un templo jainista que existía previamente en el lugar, como podéis ver en la foto de abajo.

Vista en escorzo del impresionante Kutub Minar, de 72 mts. de alto, construido como alminar exento a pocos metros de la mezquita.
Ventana de la madrasa del complejo del Qutub Minar. Mármol y arenisca.
El último edificio de estilo afgano de Delhi es la preciosa mezquita Qila-i-kuhna, de mediados del siglo XVI, situada en el corazón del Purana Qila, el Fuerte Viejo, del que sólo quedan milagrosamente un par de edificios en pie. Abajo podéis ver un detalle de uno de los frisos de sus muros exteriores.
a las
2:19 p. m.
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CATEGORÍAS: VIAJES
En este espacio de expresión personal se practica el saludable ejercicio del ANTICLERICALISMO
La chusma política ha preferido halagar las formas más bajas de narcisismo en vez de la conciencia adulta de ciudadanía porque la demagogia es más rentable a corto plazo que la racionalidad. La educación, en vez de a alentar el desarrollo de las mejores capacidades de cada persona, ha consistido en boberío pedagógico mezclado con adoctrinamiento identitario.
Antonio Muñoz Molina
Los gobernantes han ido imponiendo la idea, quizá inconsciente, de que lo público depende del Estado como si fuera una institución de beneficencia para el que no pueda pagarse otra cosa. Lo demás es obvio: líderes partidarios del liderazgo, mercaderes partidarios del mercado, negociantes partidarios del negocio. En la economía del máximo beneficio privado a la mayor velocidad es imposible pararse a pensar en la lentitud del conocimiento, ni en el proyecto de una verdadera enseñanza pública sostenida por todos los ciudadanos. Es difícil mejorar la escuela sin tocar el estado general de las cosas.
Justo Navarro (Arriba y Abajo)
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