(del laberinto al treinta)


jueves, 9 de mayo de 2013

El misterio del desagüe califal desaparecido

A partir de ahora y por un tiempo iré entremezclando entre mis post propios algunos de los que mis colegas de La Colleja colgaron en ella y que considero de especial interés para que no se pierdan. Es el caso el articulazo que se cascó Acisclo Lupiáñez denunciando la misteriosa desaparición de un acueducto califal de la orilla del Guadalquivir.

Acisclo Lupiáñez. La Colleja. 11 de abril de 2013

El desagüe califal en una imagen de hace aproximadamente dos años

Desde hacía aproximadamente 1000 años, décadas arriba / décadas abajo, las aguas del llamado Arroyo del Moro, tras lamer los pies de toda la muralla de poniente de la ciudad de Córdoba a la que servió de foso durante siglos y pasar finalmente bajo un puente de la misma época que permitía atravesarlo y sobre  el que discurría el camino califal de Medina Azahara, desembocaba limpiamente en el Guadalquivir a través de un desagüe construido con las depuradas técnicas que caracterizaron las obras públicas de la era andalusi: con perfectos sillares de calcarenita. Un califa, probablemente Alhakam II lo ordenó, un visir mandó cumplir su orden, un zalmedina se encargó de proveer lo necesario, un ingeniero andalusí al servicio del bien público de la ciudad lo diseñó y supervisó la obra y una brigada de diestros operarios locales lo construyó con eficacia, amor y sentido del deber para que perdurara por los siglos de los siglos cumpliendo limpiamente la misión que se le había encomendado: encauzar el agua del arroyo impidiendo su desbordamiento en épocas de lluvias por obstrucción.

Durante 1000 años la zona soportó tremendas riadas, guerras, asedios, nefastas políticas urbanísticas y expolios, pero el humilde pero sólido desagüe califal se mantuvo orgullosamente intacto cumpliendo impertérrito su higiénico cometido. Incluso soportó la construcción a cinco metros exactos de su boca de los colosales pilares del Puente Nuevo en los años 50 del siglo XX. Todos aquellos que intervinieron en su construcción en la época en que esta ciudad, según kikiriquean sin desmayo sus gallitos de pelado pescuezo cultural a sueldo, fue la mayor y más hermosa del mundo, podrían sentirse tan orgullosos de su pequeña obra como lo estarían de la propia Mezquita Mayor.

Pero los orgullos históricos muchas veces no cuentan con la potente capacidad de corrosión de la estupidez humana, de los pequeños, dañinos y mezquinos estúpidos que heredan las grandes o pequeñas obras que les legaron sus sabios antecesores. Y así, desde hace un año el milenario, sólido, hermoso, estructuralmente perfecto desagüe califal ha desaparecido de la vista de los humanos locales y forasteros sustituido por una obra de idéntica funcionalidad pero de adocenados materiales industriales contemporáneos.

Lo descubrí hace unos meses cuando, encontrándome de paso por Córdoba, me acerqué a ver en qué situación había quedado tras las espectaculares subidas del nivel del río de los últimos años. Sentía un especial cariño por ese pequeño y desconocido monumento califal porque era uno de los secretos que mi profesor de Historia en el bachillerato compartía con algunos de nosotros, sus alumnos, allá por los años 60. De vez en cuando Don Pedro nos convocaba un domingo por la mañana en el Patio de los Naranjos y nos mostraba en variados recorridos temáticos retales de una Córdoba secreta, pequeños restos escondidos de pasados más o menos remotos que guardaban algún recuerdo de quienes los construyeron pero en los que casi nadie reparaba. Afortunadamente, nos decía. Porque si los encargados de velar por nuestro patrimonio se fijaran casualmente en ellos su sentencia de muerte o de transformación estaría firmada irremisiblemente.

Tras mi primera reacción de caída en lamentable estado de catatónico berrinche me puse a indagar entre los amigos que me quedan en la ciudad por si alguno supiera qué era exactamente lo que había ocurrido con el milenario desagüe. Al menos que fuera capaz de explicarme si había sido destruido o había sido enterrado en algún tramo de la nueva obra. Infructuosamente. Absolutamente ninguno sabía ni siquiera de la existencia de tal obra de ingeniería andalusi y ni siquiera de las nuevas obras de canalización. Las sospechas de destrucción completa se instalaron inquietantemente en mi mente tras comprobar que junto a la nueva obra se amontonaban un respetable número de piedras de inequívoca naturaleza calcarenítica que pudieran corresponder a los restos de los perfectos sillares califales. Tras hacer el correspondiente reportaje fotográfico me decidí a investigar en la red. Y afortunadamente he conseguido imágenes antiguas, de los años 50 del desagüe que había colgado en su magnífica página el bloguero y profundo conocedor de la ciudad Puerta de Osario en una entrada sobre la Puerta de los Sacos, e imágenes más recientes colgadas en la página de la Asociación de Educación Ambiental El Bosque Animado, precisamente en un seguimiento, cargado de preocupación, que hicieron de aquellas obras.

La destrucción del patrimonio histórico cordobés continúa su imparable camino hacia ¿la debacle final? Los tiempos que vivimos son extraños, revueltos, y los problemas sobrevenidos con la Gran Estafa Contemporánea a la que llaman Crisis ocultan que esa destrucción sistemática siempre fue endémica, como demostró Castilla del Pino en su famosísimo artículo de 1971, Apresúrese a ver Córdoba, en una ciudad que podría haber conseguido a nada que se hubiera pensado a sí misma con un mínimo de racionalidad, hubiera contado con la sensatez suficiente y unas autoridades auténticamente competentes unos niveles de rentabilidad cultural, moral y, sobre todo, económica, que muy pocas hubieran tenido la oportunidad de alcanzar. Y sin necesidad de proyecciones publicitarias tan absurdas, vacías y tramoyescas como la Capitalidad Cultural Europea, la Noche Blanca del Flamenco o la construcción de un Palacio de  los Sueños Congresísticos Rotos. Como escribió cierta vez mi amigo Manuel Harazem, esta ciudad tiró por el sumidero de la historia el 90% del petróleo arqueológico que una vez preñó su subsuelo y del que podría haber vivido desahogadamente mientras quedaran en el mundo personas fascinadas por la Historia y sus tesoros por apostar exclusivamente en su desarrollo por la cultura del ladrillo y la burbuja inmobiliaria que sólo han beneficiado a unos pocos espabilados y nos ha llevado al estado de penuria actual en el que actualmente vegetamos.

El caso del desagüe califal desaparecido acompaña otros casos de sangrante desidia cultural organizada que sufre esta ciudad en la gestión de sus recursos patrimoniales. Así como el proyecto de la ruta de los baños andalusíes, jamás puestos en valor, duerme el sueño de los justos, una ruta de la cultura del agua andalusí, que podría haber incluido el propio río, los acueductos, los molinos, la noria y el desagüe lista para ofertarse a los colegios como complemento de la formación de los estudiantes, a los locales amantes de su patrimonio y a los visitantes que vienen buscando en Córdoba lo que en ningún otro sitio del mundo existe, como tantos otros proyectos que la obtusa mente de nuestros políticos y técnicos culturales jamás supieron realizar, sólo son ya humo de delirio de unos pocos que una vez imaginamos que esta ciudad se merecía algo más que la triste suerte que le ha tocado rumiar probablemente para siempre.

El desagüe durante la construcción del Puente Nuevo (principios de los 50)

El desagüe en los años 60

Las obras de remodelación (¿ocultamiento?) o ¿destrucción? del desagüe califal

La obra terminada. Los nuevos desagües y ¿restos de sillares de calcarenita?

Tramo del desagüe correspondiente al interior del puente de la Puerta de los Sacos en la actualidad

lunes, 6 de mayo de 2013

LA COLLEJA echa el cierre

LA COLLEJA, la revista digital en la que he participado como socio fundador, miembro del consejo de redacción y articulista y que fuera responsable de que a veces mantuviera bastante abandonado este blog echa el cierre.

LA COLLEJA nació hace dos años. En el artículo que Don Hodierno (el redactor que corresponde al propio consejo de redacción de la publicación y que por tanto habla por todos) que cuelgo debajo está perfectamente explicada su génesis y su origen. Así que me los ahorro. Lo cierto es que en los últimos tiempos había bajado sensiblemente el nivel de participación de redactores por falta de tiempo en unos casos y de entusiasmo fruto de la frustración por la imposición de atroz realidad que nos constriñe en otros, lo que ha llevado a decidir su cierre. Una verdadera pena. Córdoba se queda sin la única tribuna realmente crítica, aleando la mordacidad y el gamberrismo cultural, de denuncia, con que contaba. El resto de las publicaciones colectivas de esta ciudad, digitales o analógicas son directamente inanes (la minoría) o completamente vendidas a las fuerzas oscuras del Capital y de la Iglesia la aplastante mayoría. Los casos individuales que puedan salvarse que se salven.

En esta ciudad hubo desde siempre un especial interés en que no hubiera un medio auténticamente de izquierdas y mucho menos auténticamente crítico con el Poder, en que Córdoba no dejara de ser La Feria de los Discretos con que genial y certerísimamente nos bautizó Baroja. Ese interés en mantener los niveles de discreción que conforman el auténtico carácter cordobés es patrimonio tanto de la derecha más o menos cerril como de la izquierda a la violeta que nos gobernó tras la marcha del ciclón Anguita. La revolución anguitiana, que removió por unos (escasos) años los cimientos éticos y culturales de la ciudad, fue subseguida inmediatamente por la contrarrevolución de ExtHerminio Trigo primero y la alianza monárquico-clerical-folklorista de la alcaldiosa Rosa Aguilar. Precisamente hoy alguien me recordaba cómo el hundimiento de La Voz de Córdoba (1981-1984) fue una jugada maestra del PSOE para cargarse el único medio auténticamente plural y crítico que hubo en la ciudad desde la II República para integrarlo en el que pretendía que fuera su portavoz local para perpetrar la Gran Traición neutralizando a las fuerzas progresistas del estado español, el que fuera diario del Movimiento, el Diario Córdoba. Luego la larga travesía del Desierto de la Discreción hasta que mediados los años centrales de los 2000 surgiera La Calleja de las Flores y a su cierre la Colleja, que cierra también ahora. Muchos lamentos he escuchado estos días, pero cuando estaba viva y coleando era cuando hubiera necesitado esa solidaridad que tantos ahora le muestran. Pero es lo que tiene pertenecer a Discreciolandia...

Como LA COLLEJA cerrará definitivamente y por ahora no se volcará su contenido copio y pego íntegramente la autonecrológica que se ha cascado Don Hodierno y que ha sido confeccionada colectivamente por el consejo de redacción. Como dice la nota final durante un tiempo estarán accesibles sus contenidos por si alguien quiere llevarse algo. La Colleja siempre fue de todos y para todos.

LA COLLEJA SE SUICIDA

Don Hodierno

La Colleja se suicida. Decidida y fatalmente. A la manera estoica. Anunciándolo y entre amigos. Y aprovecha para hacerlo la llegada del mes de mayo a Córdoba. No es casualidad: la orgía mayera cordobesa sube peligrosamente los niveles de lirismo chocarrero en sangre a prácticamente toda la población hasta extremos insoportables y La Colleja ya tenía la salud mu delicá. El florido mes que comienza ya tradicionalmente con un acto de guerracivilismo por ahora incruento desde que hace dos años los herederos del espíritu del Movimiento Nacional se hicieran con las riendas del gobierno municipal imponiendo conscientemente la coincidencia de la manifestación por antonomasia de la clase obrera con la manifestación por antonomasia de la clase tonta. La Marcha Sindical del 1 de Mayo con la Batalla de las Flores, ese arma de cretinización masiva, rancio invento de la burguesía ociosa cortijera de principios de siglo XX recuperada por el franquismo en sus años más negros y que representa lo más casposo del alma folklofriki cordobesa, acompañada más recientemente por la patética panda de verdiales que fue el equipo de la alcaldiosa excomunista y exdetodo, esa Desgracia. La prueba de que supone una declaración de hostilidad es que desde hacía un siglo se venía celebrando indubitablemente el primer domingo del mes hiperfestivo. De simple y tonta batalla de flores ha sido convertido por la caverna neofranquista en pura batalla de ideas, en las que éstas son las víctimas principales. Córdoba camina alegremente hacia la Edad del Desastre Tecnologizado que se avecina subida en una carroza de papel de colorines y cantando el Soy Cordobés con la vena del pescuezo hinchada, entre humazo de procesiones, marchas cofrades, millones de aguardentosas sevillanas y catas de cualquier cosa mientras el hambre y la exclusión social se van contagiando poco a poco de una familia a otra, de un barrio a otro, camino de convertirse sin resistencia en villas-miseria. Con verbena popular y Cruz de Mayo, faltaría más.

La Colleja nació hace dos años por voluntad de un grupo de amigos que quedaron huérfanos de medio de expresión tras el cierre de la mítica La Calleja de las Flores, probablemente el medio más cañero, crítico, mordaz y gamberro que ha parido esta ciudad desde los tiempos de la II República y en el que se acostumbraron a expresarse con total libertad. Por ello sufrió el inmisericorde rechazo de las fuerzas zombis cordobesas con el arma más peligrosa con que cuenta la ciudad feudo-medieval que resiste encastillada el asedio de la Ilustración: la discreción. Como ha continuado sufriendo su heredera La Colleja que ahora se quita hastiada de en medio. No en vano sigue enquistado en el cerebro de la población el recuerdo de los cuatro mil indiscretos fusilados en las tapias de los cementerios en el 36.

En estos dos años La Colleja ha tratado de insuflar algo de indiscreción en esta Feria de los Discretos que cuenta con la burguesía más estéril e inculta del Hemisferio Norte. En la que la que lo más parecido a un periodista de investigación es un periodoncista de Gibraleón y en la que la caverna franquista o ultraliberal dispone de todos los púlpitos mediáticos, de absolutamente todos, para lanzar a todas horas sus proclamas reaccionarias mientras la izquierda, que gobernó la ciudad durante treinta años, no ha sido capaz de crear ni un simple fanzin desde el que emitir ni la más simple de sus ideas. En la que la manifestación de entusiasmo cultural colectivo más importante de su historia reciente ha sido subir a diez mil exaltados paisanos con camisetas azules a gritar viva el salmorejo sobre el puente romano. En la que la Iglesia Católica, la mafia más antigua y dañina de la historia de la humanidad, ha dominado sus resortes económicos durante treinta años corrompiendo a la mitad de la población y cuyo poder en la sombra, tras llevarla a la ruina, sigue siendo superior a la que goza en cualquier otra ciudad. Una ciudad a la que esa misma Iglesia Católica ha robado con el mayor descaro la propiedad de su mayor tesoro patrimonial, la Mezquita, sin que a sus legítimos propietarios, los cordobeses parezca importarles una higa. En la que las únicas fuerzas vivas realmente visibles son las momificadas del agusanado mundo de las cofradías y el seborreico de las peñas. En las que las expectativas de desarrollo sólo pasan por vender a los forasteros la visita a unos patios convertidos en fenómenos de feria o Parque Temático Folclomoruno y en vías de morir aplastados por las masas de comedores de hamburguesas atraídos por la gratuidad. Una ciudad de la Andalucía interior cuyos implementaores económicos pretenden elevar el muy minoritario mundo de caballo, o sea (¡pobres caballos!),el mundo de los señoritos y la secular explotación del campesinado a símbolo local, para en realidad proveer negocio exclusivo para ellos. En la que casi gana las elecciones un más que presunto polidelincuente, un individuo más corrupto que la sentina de un mierdero y que se jacta de no haber leído un libro en su puta vida para corroborar aquella copla tan graciosa de Córdoba la bravía / que entre antiguas y modernas / tiene más de mil tabernas / y una sola librería. En la que el representante de diez mil cordobeses afirma sin pestañear y sin asomo de ironía que las peñas son los lugares donde se refugian los hombres cuando son expulsados por sus mujeres de sus casas para que no pisen el suelo mientras friegan. En fin... una ciudad completamente fracasada habiendo tenido bastantes más oportunidades que otras para haberse provisto de corazas racionales con que resistir el atroz mundo que se avecina.

Pero lo más importante es que creemos que hemos aportado, como en su día lo hicieran algunos de nuestros colaboradores en La Calleja de las Flores, muy interesantes datos sobre la historia de la ciudad, la mayoría desconocidos para los erudos y eruditos locales, como cuando el profesor Lupiáñez nos desveló el secreto de los cojones momificados de Ambrosio de Morales, rescató un perdido romance a Góngora dedicado o sembró razonables dudas sobre la nacencia de Séneca. O Aristóbulo y su descubrimiento de la puerta Piscatoria romana en el muro de un bar de la Judería. O los penetrantes aportes al conocimiento de la idiosincracia de la ciudad actual: las certeras denuncias de David, el olfato político de Marti Julbe, la furia de Manolo Harazem contra la caspa y la carcunda clerical o denunciando atropellos arqueológicos. Y muchos de ellos han sido recogidos cuando no directamente fusilados por la prensa oficial. Sin jamás dignarse nombrar el medio de origen. Como si La Colleja tuviera la peste. Que la tiene para ellos. O los montajes de Mr. Parkingson y su premonitoria sección Futurama y las denuncias de fartusquidad de nuestros más preclaros prohombres locales que llevaron a cabo colegiadamente él y Harazem y cuya certera puntería llevó a cierta sabandista o periodija con guarida en el mechinal abecedario a amenazarnos en un burrofax con mandarnos una jauría de abogados. Una medalla que llevamos desde entonces con orgullo.

La Colleja cierra para no tener que seguir hablando en el desierto de la discreción de la brutal decadencia de esta ciudad que tiró hace dos días su futuro por la borda destruyendo lo mejor de su patrimonio histórico y arqueológico, gastando todas sus energías, económicas y sociales en absurdos proyectos faraónicos de aterradora insolvencia real y moral por culpa de la infeliz conjunción de una de las castas políticas locales más estúpidas del estado español, que ya es decir. Una ciudad en la que cada vez más se oferta al populacho adocenado más circenses y menos panem. Una ciudad muy, muy hermosa, pero sin seso, como descubrió la zorra en el busto. Más tonta que el que asó la manteca o que Abundio, que vendió el coche pa comprar la gasolina.

Adios, Córdoba, buen viaje al Tercer Mundo. Cuando llegues al nivel de Cochabamba escribe, en caso de que aún sepas hacerlo.

 

A los que nos siguieron, a los que nos disfrutaron, a los que nos comentaron desde el disentimiento o el aplauso…

GRACIAS

A los discretos que se mordieron la lengua y a los chungos que nos torpedearon:

QUE OS JODAN

NOTA FINAL: MIENTRAS EL SERVIDOR NOS DESCONECTA DEL PULMÓN ARTIFICIAL PODÉIS ENTRAR Y RECOGER LO QUE SEA VUESTRO Y LO QUE NO TAMBIÉN. PORQUE LUEGO DESAPARECERÁ PARA SIEMPRE.

lunes, 29 de abril de 2013

Lo que vale la "palavra" de un español

Fue aquel camarero turco que se quedó con cara rara parado ante nuestra mesa tras servirnos dos Efes en una terraza de Kaş cuando nos escuchó pronunciar varias veces la palabra palabra quien nos llamó la atención sobre ella ¿Palavra? repitió rarificando aún más su expresión. Le pregunté: which means palabra in turkish? Como no sabía un pijo de inglés el camarero agarró directamente el pequeño diccionario turco español que teníamos sobre la mesa y nos la señaló: PALAVRA = MENTIRA.

Uno de estos días me acordé de aquella anécdota y decidí hurgar en la red a ver si encontraba alguna explicación a semejante coincidencia. Desde luego se trataba de un hispanismo claro e inequívoco. El traductor de Google me dio la alegría de afinar la definición descubriéndome que el término es equivalente a FANFARRONERÍA y un diccionario turco-inglés online lo traduce como empty talk, bunk, baloney, guff, bullshit, o sea, patraña o gilipollez.

¿Por qué caminos etimológicos habrá llegado a significar todo eso en turco el término español palabra? A mí se me ocurre que a través del sefardí, aunque, incluso concediendo que las comunidades judías de la expulsión, fueron grandes, no creo que tuvieran la suficiente capacidad de impregnación como para haber colado un término tan importante.

La otra opción es que el término pasase al turco por un mecanismo de asignación sarcástica de la que el castellano ha sido víctima alguna vez más. Una de los usos más graciosos de palabras españolas que hacen los anglosajones es la de maniana (mañana) para significar una promesa que no se tiene intención de cumplir, para denotar informalidad. En el mismo sentido que Larra tituló su célebre artículo Vuelva usted mañana. Siesta y mosquito son otros dos de los términos que usan los anglosajones en un sentido un tanto ridiculizante.

Así que podemos imaginar que a lo largo de los siglos en que las dos grandes potencias (La Sublime Puerta y el Estado Contrareformista) del Mediterráneo anduvieron enfrentadas se fueron forjando los tópicos caricaturescos mutuos de los enemigos. Y que mientras al turco le tocó el tópico de individuo lascivo, lúbrico y lujurioso (no sin cierta envidia) al español le tocaron las características del tipo fanfarrón, mentiroso, informal y poco fiable en general que las literaturas de otras lenguas no españolas de la época fijaron. Se debió acabar consagrando el significado sarcástico en la lengua del imperio enemigo de lo que debía ser la palabra de un español para un turco: una mentira, una fanfarronería, una patraña o una gilipollez. Y probablemente no se trate de una exageración, de un tópico sin fundamento, ni una lógica insidia de enemigo, sino de una tendencia nacional ampliamente aceptada y contrastada. Como a lo largo de ha Historia y hasta ahora mismo no hemos dejado de comprobar. Los turcos debieron de hartarse de recibir continuamente esa palabra de español que resultaba sistemáticamente de una fragilidad pasmosa pues a la nada acababa hecha añicos. Así que decidieron quedársela, recomponerla, repìntarla y darle un sentido que quizás no estaba definido en su propia lengua: fanfarronería mentirosa e idiota.

sábado, 27 de abril de 2013

Calumnias históricas: el hachís

Al pobre hachís, cuyo nombre proviene de una palabra que significa en árabe (y no en tamazigh, como dice la wiki española) simplemente hierba, le viene ya la mala fama desde tiempos inmemoriales. Somos muchos (entre otros Bernard Lewis y Amin Maaluf) los que pensamos que se trata de una simple y contumaz calumnia la asociación de la rica yerba fumable con una supuesta secta sangrienta (la de los hashishin, o consumidores fanáticos de hachís que cometían supuestamente crímenes políticos bajo sus efectos) y con el origen de la palabra asesino. Independientemente de sus fines y métodos políticos, muy poco estudiados seriamente, los seguidores de Hasan ibn al-Sabbah, reformador del ismailismo, llamaban a su organización y al castillo que la acogía al-Asás, palabra también árabe que significa fundamento, base (como al-Qaeda, curiosamente), principio, tono fundamental (Diccionario árabe-español de Federico Corriente) y a sí mismos asasiyn (los del fundamento, o sea, fundamentalistas). Si luego le daban o no a los porros debía ser aleatorio. Sobre todo teniendo en cuenta que el alcaloide del cannabis no induce a la agresividad ni al fanatismo. Sino a todo lo contrario. Son el fanatismo, el fundamentalismo, el integrismo los que crían probables asesinos, a los que aquellos igual de probablemente han procurado su etimología.

CODA: Si queréis partiros el culo de risa leyendo las mastuerzadas que emite uno de los más importantes tontos ilustrados de este país, Luis Racionero, que llegaría incluso a ser nombrado director de la Biblioteca Nacional por los tontos, éstos sin lustre, que nos gobernaban entonces y que lo hacen ahora, no os perdáis la entrevista que le hicieron en La Vanguardia al mes del ataque a las Torres Gemelas comparando a Hasan ibn al-Sabbah con Osama bin Laden y que recoge parcialmente ESTE ARTÍCULO de Webislam.

viernes, 26 de abril de 2013

Homenaje a Ambrosio de Morales

Mi amigo de toda la vida Manuel Harazem con quien compartí años mozos, estudios y hectolitros de montilla, hazañas que con su permiso desvelo, me incita insistentemente desde hace un tiempo a que me haga cargo del homenaje que La Colleja tiene el deber de rendir a una de las glorias y prez de la ciudad de Córdoba en el 420 aniversario de su deceso, del que se ha enterado porque avisa avisadamente el muy avisado amigo José en su imprescindible Ars Operandi, que si no a buenas horas... Aprovecha Manuel para recordarme un secreto que sobre el polígrafo BIC (Bien de Interés Cultural) compartimos desde nuestra juventud cuando padeciendo la fiebre de jóvenes investigadores en demografía local destripábamos los secretos de las actas parroquiales del Siglo de Oro en las fernandinas cordobesas. Y para animarme a que por fin lo haga público en este aniversario. No es que sea muy redondo, pero no vamos a esperar 30 años más al apropiado siguiente. Así que dividiré esta entrada en dos. En la primera expondré lo que se sabe del terrible asunto que centra este homenaje y en la segunda desvelaré el secreto. No sólo como favor de conocimiento, sino también como petición de colaboración en una búsqueda cuya feliz solución contribuiría grandemente al crecimiento de la fama, el honor y la gloria de nuestra ciudad. Es por eso que la segunda parte se inscribirá en la sección ¿Dónde está? que tan buen divertimento y provecho nos viene proporcionando a los contertulios de este ilustre mesón.

El dolor más doloroso, el dolor más inhumano...

Podemos imaginarnos el lugar, la celda espartana con su camastro, un alto ventanuco con una reja en cruz, la sencilla tabla como mesa con los recados de escribir apoyada en un pilar a modo de pupitre, la tosca puerta de cuarterones cerrada, el sarmentoso crucifijo en la pared... Lo hemos visto en las reproducciones actuales. Y en la películas. ¿Pero y lo demás? ¿Ocurriría de día o de noche, con luz natural o en las fantasmagorías de una lamparilla de aceite? ¿Hacía calor o frío? Y el arma... ¿Qué arma usaría? ¿Podemos imaginarlo en la cocina distrayendo unas horas antes al hermano cocinero con una tontera mientras le robaba un afilado cuchillo? ¿Usaría tal vez la navaja barbera de tonsurar? ¿El cortaplumas con el que acababa de afilar la suya? ¿Fue un pronto, un arrebato o algo premeditado? ¿Se encontraba el condenado en posición de descanso, lo que denotaría una agravante premeditación? O bien el intolerable e ingobernable golpeteo contra el santo hábito del bicho nefando le condujo en un momento de locura a la decisión final? ¿Se debería a una venganza ya en frío por haberle servido de herramienta pecaminosa en soledad o en compañía de otro u otros? ¿Lo ejecutó, sintiéndolo claramente como un ser ajeno a él mismo, apoyándolo sobre la tabla mesa o bien mediante sujeción en el aire con una mano cómplice? ¿La izquierda, la derecha? ¿Era zurdo o diestro? ¿Mantendría la vista fija y valiente sobre la operación o cerró los ojos por piedad o cobardía? ¿Se impondría para poder armarse de valor la conjunción del momento clave con el tañir de una conventual campana? ¿Maitines, tercia, nona, completas? ¿Rezaba alguna oración en el momento de inferirse el tajo?

Hoy día al afortunado visitante que tiene la oportunidad de visitar el Monasterio de los Jerónimos se le suele mostrar un viejo arcón de afilado borde en la parte de la tapa y se le asegura que fue el arma utilizada por el joven Ambrosio para realizarse la delicada operación. O sea que los puso en el borde y cerró de golpe...

Lo único cierto es que el joven Ambrosio de Morales, profesando hábito de monje jerónimo en el monasterio de Valparaíso de la sierra de Córdoba en un día indeterminado de 1534 ó 1535 y de sus 21 años no pudiendo dominar las tentaciones de la carne, al menos las de un trozo,  econtrándose solo en su celda, se lo rebanó él mismo llevándose para adelante sus virilidades completas. De resultas se quedó el resto de su vida tan raso como la palma de la mano. Así mismo y con esas mismas palabras lo refiere ya en 1765 el Padre Florez, agustino, en el prólogo a la edición que del Viage llevó a cabo, tomando las referencias de dos fuentes, ambas perdidas hoy día. Una un libro escrito en vida del propio Morales por un tal Fray Andrés de Valparaíso, que copia los Protocolos del Archivo del Convento (probablemente perdidos ambos hoy) y una carta del Padre Roa en la que involucra al propio padre del autoevirado en su curación y en el que expresa su escándalo por haber criado un hijo tan loco.

Entre ambos textos es fácil reconstruir los hechos y para ello dejo copia del documento para que lo disfrutéis en su textura original.

No voy a entrar a valorar aquel acto ni moral ni religiosa ni siquiera médicamente, tanto en su faceta física como en la psicológica. Ya lo hacen con más o menos profundidad el propio Padre Flórez, el presbítero Ramón Cobo Sanpedro en un curioso opúsculo publicado en Córdoba en 1879 titulado Ambrosio de Morales. Apuntes biográficos y al que podéis acceder picando el enlace y el erudito cordobés Enrique Redel en su Ambrosio de Morales. Estudio biográfico (1909). Y para bucear aún más en el tema recomiendo el tratado de Olga Fernández Fernández que sobre la consideración de los castrados en la Edad Moderna he encontrado en la red con el título de Los "Ángeles en la Tierra. El "Argumento Angélico" en la defensa de los capones cantores de Cascales. Mito, arte y literatura en la  imagen de los castrados de los siglos XVII y XVIII.

En su juventud ese apéndice que todos los machos de la especie tenemos entre las piernas se comporta como un verdadero diablo ingobernable, pidiendo guerra prácticamente todo el día y en las circunstancias más imprevistas: sosiégame pecando no para de exigir sin desmayo una y otra vez. Es por eso que podemos entender las tremendas tribulaciones de un joven monje que, arrebatado de misticismo que él no sabe erótico, ha ofrendado su vida a Dios estrangulando su impetuosa sexualidad como vía de perfección espiritual, cuando las sacudidas de ese animal que como una serpiente loca atrapada en un saco se lanza una y otra vez contra la áspera estameña de su hábito, amenaza su capacidad de superar la tentación de atraparla y satisfacer su hambre de pecado.

Otra cosa es la responsabilidad que en esas atrocidades y otra aún peores tiene la Iglesia Católica tomada toda ella como institución generadora de moral y actitudes vitales. Esa divertida religión a la que le da igual ocho que ochenta en su afán de justificar las peores atrocidades. Lo mismo la comprensión más o menos ambigua de automutilaciones o ejercicios de sadomasoquismo perfectamente acreditados y homologados que el pecado y la agresión delictiva de la pederastia ejercida sistemáticamente a lo largo de su historia por un elevado número de sus funcionarios. Si miramos las consideraciones que de la autoemasculación de nuestra gloria local hacen las autoridades católicas, inscritas en los textos antes mencionados, encontramos una unanimidad reprobatoria seguida de una ambigua justificación. El error de Orígenes es llamado comunmente, pero ni siquiera es considerado pecado grave de enajenación de parte corporal a su legítimo dueño, el mismo Dios,  según la doctrina.

Por otra parte nada de ello desmerece el mérito y la grandeza de la obra posterior del que pasa por padre de la historiografía y al arqueologías modernas, a pesar de haber sido puesta al servicio de la creación de un mito imperial de una falsedad atronadora. O sea que fue un digno representante del humanismo español, variante extravagante del humanismo europeo, principalmente del italiano,  un humanismo atravesado por la lanzada venenosa de la Iglesia Católica que contaminó siempre todos y cada uno de los avances morales, éticos y estéticos del Renacimiento con su intransigencia, su intolerancia y su castradora estupidez. Efectivamente es fácilmente deducible que sin la presencia ubicua y terrible de la Iglesia Católica y su perro de presa la Inquisición todo el genio de que estaba preñada la España Moderna hubiera dado unos frutos de infinito calado intelectual y estético. El caso de la castración no sólo física, sino mental de Ambrosio de Morales, es un buen ejemplo. O el de Juan Luis Vives, obligado toda su vida a dar vivas y muestras de amor a una institución que no solo exterminó a prácticamente la totalidad de su familia por su origen judío sino que se vio obligado a soportar en silencio la inconcebible vesania de la profanación de la tumba de su madre por parte de sacerdotes para quemar sus huesos en hoguera inquisitorial pública.

Es completamente inconcebible que un joven de la inteligencia de Ambrosio de Morales que tuvo la suerte de contar como tío suyo con uno de los mayores humanistas españoles, Fernán Pérez de Oliva, con quien estudió en Salamanca siendo éste su rector y con quien debió aprender toda la luminosidad de la cultura liberadora, tras su temprana muerte se decidiera a encerrarse en un convento de clausura y dedicar su vida a pudrirse intelectualmente entre rezos y obediencias ciegas. Y que allí, completamente enloquecido por la influencia venenosa de la destructiva doctrina moral católica, llegase a cometer aquella automutilación. Fue eso lo que lo salvó, porque al ser expulsado, probablemente por causas más profundas que la propia atrocidad, es decir por las propias causas por las que lo cometió, dado que la castración monacal era en la época una operación usual, se lanzó obligado al mundo exterior para llevar a cabo su ingente obra de historiador y lingüista.

En cuanto a las consecuencias de su emasculación juvenil nada sabemos de cómo lo llevó a lo largo de su vida Ambrosio de Morales, ni si consiguió con ello matar definitivamente el bicho de su deseo. Aunque tal vez nos de una pista ese grabado que acompaña a la edición del Padre Flórez del Viage. Ese punto de coquetería de posar de medio lado con retorcimiento corporal y con mirada... golosa. Y ese punto de picardía de colocarse las gafas sobre la oreja a modo de zarzillo...

CONTINUARÁ...

¿Dónde está... la reliquia de Ambrosio de Morales?

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En febrero de 1978 MH y yo conocimos en la sacristía de la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas de Córdoba a don Rafael Soriano Resines, erudito local, autodidacta y empleado municipal jubilado, que recorría las parroquias cordobesas rebuscando en los archivos parroquiales datos curiosos de la historia de la ciudad. Coincidimos en aquel oscuro vientre  parroquial en varias ocasiones más y a pesar de ser de natural reservado acabó haciéndonos blanco de sus confidencias y de algunos de sus descubrimientos tal vez porque por entonces ya era muy mayor e intuía que no le quedaba mucha vida por delante, como así ocurrió, pues nos enteramos de su muerte sólo dos años después, pero también por la indisimulada alegría que le producía el ver a unos chicos tan jóvenes compartiendo con él tan ratonescas aficiones. Tras conocer casualmente la noticia de su muerte (no tuvo ni esquela, ni tan siquiera necrológica en la prensa local) intentamos ponernos en contacto con su familia para acceder a sus papeles, pero una vecina nos informó de que sólo tenía un familiar directo, una sobrina de la que sólo sabía que vivía en una ciudad del norte, no recordaba si Burgos o Soria, y que había puesto todos sus libros y documentos en manos de un chamarilero, chamarilero que por supuesto ella tampoco conocía.

Así, que la posibilidad de contrastar documentalmente los descubrimientos de que nos hizo confidencia don Rafael se desvanecieron. Pero recordamos perfectamente algunos de ellos y sobre todo el que concierne al contenido de este artículo: el paradero de algunas partes corporales del cronista de Felipe II Ambrosio de Morales.

Un frío día de invierno, después de haber conseguido desembarazarnos con una falsa urgencia de una de las interminables falsas batallitas de campo de concentración que don Martín, el párroco criptonazi que se hacía pasar por entonces por rojo, nos endilgaba, acabamos en la taberna de Santa Marina don Rafael y los dos pollos investigadores compartiendo medios de fino y tertulia con la máscara mortuoria de Manolete. Con voz muy baja y un tono de secretismo extremo nos hizo partícipes de un invencible afán que lo corroía cifrado en la esperanza de un hallazgo al que dedicaba una incansable búsqueda desde hacía 50 años. No sólo visitaba las parroquias históricas cordobesas tras los secretos durmientes de los archivos, sino que tenía en mente el hallazgo de un santo grial que sabía guardado celosamente en alguna de ellas.

Todo empezó, nos dijo, un día en que se encontró por casualidad entre un lote de viejos libros que había adquirido en la ya desaparecida librería anticuaria de Diario de Córdoba un manuscrito del siglo XIX en el que se narraba la operación de exhumación de los restos de Ambrosio de Morales en 1844 y su traslado desde el ruinoso Convento de los Santos Mártires donde reposaba desde su muerte en 1591 hasta la Colegiata de San Hipólito donde se le había proporcionado nueva ubicación, ante el temor cierto de derrumbamiento del viejo edificio ribereño. En el manuscrito se relataba pormenorizadamente todo el proceso y todas las personas involucradas, frailes, curas, políticos, judicatura y Comisión de Monumentos. De esta última formaba parte en calidad de Vocal Secretario el eminente erudito don Francisco de Borja Pavón de cuyo puño y letra había deducido don Rafael claramente estar escrito el texto encontrado, aunque careciera de firma alguna. En él el farmacéutico y polígrafo cordobés, especialista en necrológicas, relataba cómo al abrir el catafalco donde se encontraban los restos del Ilustre Morales se halló entre ellos un cofrecillo de madera con goznes de hierro en bastante buen estado de conservación. Tras sacar con sumo cuidado uno a uno los ilustres huesos y antes de ser introducidos en un ataúd de plomo sellado, se procedió a abrir el cofrecillo en el que se halló un folio manuscrito enrollado y atado con una cinta que se deshizo al tocarla sobre un extraño objeto muy arrugado de color parduzco y textura apergaminada. Tras la lectura del texto se supo que aquel objeto correspondía a las virilidades completas de Morales que en su juventud, en pleno arrebato de locura en su lucha contra las tentaciones de la carne, se había cortado de cuajo, al completo. El texto estaba redactado con una temblorosa caligrafía y firmado por el Padre Secundino de Santa Justa prior del convento de Los Jerónimos de Valparaíso donde había ocurrido muchos años antes aquel desgraciado suceso y fechado el mismo día del sepelio. Narraba el fraile cómo siendo él mismo de los mismos años y vecino de celda de Morales había acudido a los gritos que aquel diera tras cometer su locura justo un rato después de que él mismo pasara para gozar de su compañía en ella y cómo rescató de entre la sangre y la parafernalia sanadora que montaron los demás frailes para tapar la hemorragia y salvarle la vida, con grande amor y veneración y con los ojos arrasados en lágrimas, aquella desgajada parte causante de las tentaciones de su joven vecino. Cómo las lavó cuidadosamente, las enterró en varios puñados de sal que consiguió en la cocina y las mantuvo en custodia durante toda su vida bajo las tablas de las celdas que fue ocupando hasta la actual correspondiente al prior. Y cómo enterado de la muerte de su antiguo hermano de hábito y estrecho amigo y entonces ya sabio reconocido por toda la España bajó a la ciudad y solicitó permiso al Obispo para introducir la parte que faltaba a su cuerpo sin vida en su lugar de descanso eterno para que nada le faltara cuando compareciera ante el Señor. Lo que le fue concedido.

Borja Pavón desgrana la discusión que se desató ante el descubrimiento entre civiles y eclesiásticos, éstos últimos contrarios a considerar parte de los restos el contenido del cofrecillo y partidarios de que quedara excluido del nuevo féretro, frente al conjunto de los laicos que consideraban de justicia su inclusión. Según don Rafael, Pavón no daba cuenta de los diversos argumentos pero sí de que al final ganaron los tonsurados y de que se decidió enviar el cofrecillo a la frontera iglesia parroquial de San Nicolás de la Axerquía para que allí se guardase mientras se decidía su destino. Se detallaba también el acuerdo unánime de que tal hallazgo y su destino no constaran en el Acta (1) oficial que se levantó dando cuenta del acto y que redactó y firmó el propio Francisco de Borja Pavón. Con esta noticia daba fin al manuscrito. (2)

Y es ahí donde comenzaba la ardorosa búsqueda de la reliquia don Rafael, partiendo del hecho de que unos años después la parroquia de San Nicolás de la Axerquía fue desalojada y todos sus enseres conducidos a la de San Francisco antes de que ocurriera su derrumbe. ¿Quedó en San Francisco o peregrinó por otras parroquias? ¿Sería secuestrada por algún particular y conservada en su casa como reliquia intelectual? Don Rafael no pudo conseguir, a pesar de sus denodados esfuerzos, encontrar su santo grial particular, pero quién nos dice que cualquiera de nosotros cualquier día no damos con la preciada reliquia del muy católico Ambrosio de Morales y que podría ser rescatada y venerada en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, en la calle donde naciera y que aún lleva su nombre.

Como me imagino que ninguno de nosotros puede hacerse una idea de qué aspecto tendrá un estuche fálico momificado en salazón de casi 500 años de antigüedad (el de las momias egipcias jamás nos lo muestran) propongo varias modelos de objetos similares que pudieran servir de referencia.

Ciruelas pasas, orejones e higos secos

(1) Documento original custodiado en la Biblioteca Provincial de Córdoba y que puede hallarse bajo el título: Certificación de Don Francisco de Borja Pavón, vocal Secretario de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba, sobre el Acta de exhumación de los restos mortales de Ambrorio de Morales del sepulcro que ocupaban en el convento dominico de los Santos Mártires del Río, en la ciudad de Córdoba, su posterior colocación en una urna y su traslado a la Colegiata de San Hipólito, el 8 de noviembre de 1844 [Manuscrito].

(2) No fue este el único meneo que se le dio al paquete residual y ya definitivamente incompleto de Ambrosio de Morales. 25 años después de su traslado a la nueva tumba de la Colegiata de San Hipólito, en 1867, una brillante idea del Gobierno de Madrid fraguada en 1937, en línea con las ideas que suelen tener los gobiernos de un país tan absurdo y necrópata como éste en todos los tiempos y circunstancias, consistente en la creación, siempre copiando tarde y mal lo que la más racional Francia hacía, de un Panteón de Españoles Ilustres, volvió a hacer viajar a los pobres restos ambrosianos de un lado para otro. Y con ellos los de varias decenas de Españoles Ilustres más, Juan de Mena, Garcilaso de la Vega el Inca y Gonzalo Fernández de Córdoba, alias El Gran Capitán por lo que respecta a nuestro paisanaje, pero también Quevedo, Calderón de la Barca, Ventura Rodriguez y muchos más. El lugar elegido fue el templo de San Francisco el Grande de Madrid y para su inauguración se organizó un soberbio zafarrancho de combate consistente en una comitiva de cinco kilómetros, en la que desfilaron las carrozas fúnebres acompañadas por bandas de música, unidades del Ejército y de la Guardia Civil, estudiantes, religiosos, políticos e intelectuales se dispararon cien cañonazos y como detalle iluminativo al entrar los restos en la basílica se encendieron tres grandes lámparas. Los restos fueron depositados en una capilla y años después devueltos a sus lugares de origen, con lo que se cerró por un tiempo la idea de crear un panteón nacional. Así que los sufridos restos de nuestro emasculado para toda la eternidad (si La Colleja no lo remedia) Ambrosio de Morales que habían sido despedidos en la flamante estación de ferrocarril de Córdoba años antes con todos  los honores de cubrimiento de bandera de seda, presenten armas, banda de música y discurso de don Francisco de Borja Pavón en el que flotaron en el éter de la gloria sus vibrantes palabras: con emocion profunda, no ajena si se quiere á un dulce sentimiento, pero impregnada en gloriosa complacencia, regresaron a Córdoba para aguardar unos años más en un rincón de la Colegiata su definitiva residencia en el pisito cercano al altar mayor que le fue definitivamente destinado y en el que aún espera, completamente destributado, el Juicio Final.

jueves, 25 de abril de 2013

La Cruzada Gastropija

Para calibrar medianamente las estrategias artilleras que últimamente emplean las vanguardias de la Cordocaspa, o sea el Ejecutivo Municipal, para alcanzar sus últimos objetivos militares, propongo un sencillo ejercicio de agudeza visual. Se trataría de a través de un amable paseo que comenzaría en la Judería, continuaría por la plaza de Filosofía y la Puerta Almodóvar hasta alcanzar los puestos de artesanía y abalorios del Paseo de la Victoria (ya sabéis, los puestos que unos llaman de los jipis y otros de los moros), comprobar la alineación de los elementos comerciales que invaden los espacios públicos.

En la Judería la invasión de la vía pública por los expositores de abigarradas chilindrinas para guiris es meridianamente comprobable. En la Puerta de Almodóvar la colonización del espacio público intra y extramuros por las mesas de los negocios cazaguiris es altamente contaminante. Pero una vez llegados a los expositores de los productos que se venden en los moros/jipis al observador imparcial puede incluso producirle un ligero mareo la contemplación de la inquietante simetría y perfecto alineamiento que presentan los bordes de los puestos a ambos lados del paseo. Pero si incluso uno teme ser objeto de espejismo producto de la caló sólo tiene que usar un nivel de aparejador de alta precisión y comprobar concienzudamente que ni un solo pañuelo ni una miserable pulserita se salen ni un solo milímetro del espacio que les pertenece.

La extrañeza se hace pregunta inquietante a la nada que caigamos en la cuenta de que ni moros ni jipis intrínsecamente considerados tienen inscrita precisamente en su código genético la tendencia al orden maniático y a la simetría en la exposición del género. Así que algún misterioso acontecimiento ha debido ocurrir para que semejante milagro se obre a la vista de todos, que por supuesto no me voy a quedar sin destrincar. Y como preguntando se va a Roma me entero de que la causa de que prodigio se obre tan prodigiosamente no es otra que las multas de 1.500 euracos que nuestro ecuánime ayuntamiento le está imponiendo a cada vendedor, pertenezca a la harka mora o a la jipi, que ose traspasar el milímetro milimétricamente medible que tiene contratado con la municipalidad. 1.500 euracos, que se dice pronto, la más alta penalización que contempla la normativa vigente. La misma que le pondrían un poner al Corte Inglés si osara colonizar con stands la calzada de Tejares. Tampoco pueden colocar toldos o plásticos protectores lo que conlleva que el delicado género de fibras naturales se les pudra en multitud de ocasiones porque el sol y la lluvia sí que no entienden de normativas. Me cuentan que cada día y por sorpresa una brigadilla de fotomunipas armados con sofisticadas cámaras digitales escanean los bordes de los puestos para detectar los probables delitos de lesa espacialidad pública de los aviesos vendedores para endiñarles la consiguiente denuncia y la subsiguiente milquinientoseurística sanción. Me cuentan también que de vez en cuando aparece por allí un señor que dice ser el Concejal del Ramo transfigurado en Santiago Matamoros/jipis o en Ricardo Corazón de Leopardo, con la vena del pescuezo como un vaso de tubo, armado con la flamígera espada de su habitualmente trapajosa lengua atizando amenazas de más multas y castigos bíblicos a los desarmados súbditos que laboran en el colorido zoco multicultural. 

 ¿Cual es el pecado de la morisma y el jipismo para ser tratados así por las Fuerzas del Bien Munisipal y su Valiente Adalid el Consejal del Ramo? Pues haberse ido a instalar desde hace años y por blandenguería de los rojos precedentes en lo que está llamado por ahora a convertirse en el Cordón del Glamour Cordofacha. Lo explicaba de rechupete hoy Ángel Ramírez en Cordópolis en un cortante post titulado La batalla del Arroyo del MoroEl nuevo Mercado Victoria, concebido como una punta de lanza del futuro Cogollito Pijilín o Templo de la Gastropijotería Salmorejistaní, al que piensan y amenazan sumar pronto la Pérgola, blindado por un ejército de seguratas donde la Córdoba de Siempre, la que realmente manda, porque mandó siempre, reinventada hoy con chemis Lacospe y caracolillo embetunado pescuecero se solacen y se distingan. Y para eso les sobra el corredor humanitario a la altura de Puerta Gallegos, flanqueado por unos coloristas y poperos quioscos en el que se resguarda una fuerza internacional que a la vez que cuida el paso vende paraguas y bufandas del Córdoba CF y del Real Madrid, como vividamente lo ha pintado Ángel. Glamour llama a glamour y no a lo que ellos consideran la quincalla humana que vende baratijas.

Menos mal que todos sospechamos que detrás del tal Mercado Gastropijo no hay más que una burda maniobra de distracción y que el asunto durará más menos que una pompa de Mistol, aproximadamente lo que duren los trapiches del intercambio de nitrogenados (líquidos o gaseosos) capitales y el ensudoramiento de la cama que con nuestros dineros se les ha montado a los de Hostiacor aprovechando que el PPisuerga de Aznar pasa momentáneamente por Capitulares. Y que los jipis y los moros resistirán y persistirán como corresponde a su pellejo de resistentes natos  cuando de tu obra ya no quede ni la memoria… 

CODA: Han resultado sumamente graciosas las recientes muestras de coordinación entre las fuerzas del Ejército de Salvación Nacional Salmorejistaní. En Bilbao nuestro inefable general PiPiolo proclamaba a pecho hinchado como pavo salvado del cuchillo navideño y ante las autoridades euskaras que situaba el Guggenheim y el Palacio Euskalduna como “espacios de referencia” para CórdobaAntes de pisar moqueta de Capitulares ya sus fieles cohortes ponían la primera piedra de tan altos muros para el futuro anunciando el proyecto de construcción de un campo de pitch and putt, que aunque suena bastante cochino sólo es algo parecido a un campo de golf, pero como de cachondeo, en terrenos no urbanizables y de altísimo valor arqueológico a la falda de la sierra. Teniendo en cuenta que se trataría de un deporte de alto riesgo si se practica en los seis meses que van de abril a octubre y que el timo del campo de golf como forma de recalificar terrenos es más viejo que el cagar y que ya hace años vino un japonés con la misma moto en venta no nos queda duda de estamos ante un pelotazo urbanístico que no se lo salta ni un gilipollas milieurista votante del PP.

lunes, 22 de abril de 2013

Señales


Yo, como buen poliateísta, no creo en la señales. Pero a veces he de reconocer que hago mal, porque algunas, de tiempo en tiempo, son inequívocas. Por ejemplo ésta: un Sáenz de Buruaga, de los Sáenz de Buruaga de toda la vida y de larga trayectoria neofranquista en los medios desde hace unos años ironizaba ayer en su twitter sobre el plan de la Junta de Andalucía de procurar que dado el galopante avance de la pobreza en la comunidad ningún niño que acuda a las escuelas públicas se quede sin sus tres comidas diarias. Bueno, lo de ironizar es en este caso una propia ironía, porque en realidad lo que hace es descojonarse. ¿Y por qué no una bicicleta?, dice el hijoputa. Hace 77 años, un antepasado suyo, el coronel africanista Sáenz de Buruaga, ordenaba asesinar el 28 de julio de 1936 a varias decenas de jornaleros de izquierdas en la plaza de Baena. Uno a uno, tiro a tiro, a sangre fría. Hombres y mujeres. Y algún niño. Mientras sus esbirros de la Guardia Civil y de la Falange le ejecutaban las órdenes, él lo comprobaba bromeando sobre el asunto acodado en la barra del Casino del Pueblo tomando un refrigerio. No se sabe si con o sin alcohol pero seguro que fresco, dado el sofocante calor que hizo ese día en la Campiña cordobesa.

La tendencia a la humorada macabra de ciertos Sáenz de Buruaga queda pues reconocida. Eso sí, ha habido una evolución humanitaria. Siendo ambos militares al servicio de la misma oligarquía, uno con la pluma, el otro con la espada, el último se limita a reírse de los niños andaluces que pasan hambre y el anterior los dejaba huérfanos. Parece que los tiempos fueran otros, pero en realidad, en el fondo, siempre son los mismos. Un espejismo evolutivo.

viernes, 22 de marzo de 2013

CORDOBESTIAS

Corre por ahí una anécdota que parece ser rigurosamente cierta en la que se cuenta que un concejal del Ayuntamiento de Córdoba del periodo anterior de gobierno pepero (95-99) que presumía constantemente de ser un gran melómano, recibió en su despedida de los trabajadores (se supone que de los más pelotas) de la empresa municipal que dirigía el regalo de una lujosa caja de cedés con varias operas. El concejal melómano tras agradecer el gesto pidió el tique de compra de El Corte Inglés para ver si lo podía cambiar por otro de marchas procesionales, que en realidad era la única música que le gustaba.

Más allá del derecho de todo concejal a cultivar los gustos musicales que más lo pongan la anécdota marca el nivel general del concejalato del PP en Córdoba, de entonces y actual, porque hoy el melómano procesionista vuelve a estar al frente de una concejalía con responsabilidades en la protección del patrimonio urbanístico de la ciudad. Y ayer pudimos verlo asistiendo sin asomo de culpa a la demolición total de un edificio que está perfectamente registrado en el CATALOGO DE BIENES PROTEGIDOS DEL CONJUNTO HISTORICO DE CORDOBA, el que hace esquina con El Portillo, un arco del siglo XIV que se abre en la muralla imperial romana del siglo I dd C. Un precioso edificio de arquitectura popular en ladrillo que guardaba el acceso a la Medina desde hace un siglo y que formaba parte indisoluble, como nos contó anteayer Aristóbulo en un artículo que profetizaba la demolición y que recomiendo leer entero, de la fisonomía genuina, tópica y típica pero tremendamente real de ese rincón del barrio, patrimonio visual y sentimental de los cordobeses y paisajístico de la ciudad.

Independientemente de la responsabilidad del propietario, la incompetencia manifiesta y tremendamente dolorosa de los responsables de la protección y mantenimiento de los elementos más genuinos que conforman la zona que ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad que en un rapto de inconsciencia concedió la UNESCO a esta ciudad sin contar con la índole general de sus gobernantes, es la verdadera culpable de ese crimen de lesa historicidad.

En primer lugar la casa, dada su estratégica situación en un lugar tan emblemático, infinitamente fotografiado, dibujado y pintado desde hace un siglo por viajeros, turistas y locales por su altísimo valor de conjunto histórico y la belleza intrínseca de su imagen, tendría que haber sido estrictamente vigilada desde que hace unos dos años quedara deshabitada para controlar que la falta de uso de sus estructuras, recordemos que claramente protegidas, quedaran expuestas a un acusado deterioro. En segundo lugar el hundimiento parcial de la techumbre fruto de esa desidia mancomunada de la propiedad y los responsables municipales no afectó visiblemente a la estabilidad de las fachadas, que no sufrieron ni un milímetro de abombamiento en su gallarda tiesura. Hubiera bastado un concienzudo apuntalamiento, desescombro interior y fijación de los muros con las pertinentes tirantas y vigas y el edificio podría haberse mantenido esperando su futura rehabilitación los años que hubieran hecho falta. Ese fue el criterio de varios vecinos empleados, algunos ya jubilados, desde niños en la construcción que asistieron a la demolición. Ojo de buen cubero que se llama. Habría que ver, desde luego, lo que vio el de los técnicos a sueldo de los demoledores y el tipo de gafas que les obligan a ponerse.

Pero la responsable última del crimen ha sido la Semana Santa. Ya lo dijo uno de los amigos de Aristóbulo en el post del otro día. Bueno, las semanas, aunque sean santas, no tiene voluntad ni capacidad de gestión. La voluntad y capacidad de gestión reside en los responsables municipales cordobeses, que mayoritariamente tienen, como el melómano de marras, las cabezas amuebladas como capillas rococós, con las circunvoluciones atestadas de volutas y angelotes tiznados por los humazos de las velas y los inciensos cofrades consumidos desde que eran niños. Efectivamente, el techo de la casa tuvo la ocurrencia de caerse cuando sólo quedaban cinco días para que el primer aparador cofrade apareciera por la calle. Así que la sospecha fundadísima es que las prisas por solucionar el problema de la casa no vinieron porque realmente hubiera un peligro inminente de derrumbe poniendo en peligro la vida de las personas humanas que por su lado pasaran sino por los disturbios que una correcta actuación procuraría al desarrollo de la Semana Santa. Hay que tener en cuenta que en esa esquina tienen lugar algunos de los chutes más gloriosos que los adictos a la cofradeína se meten en vena estos días. No sólo es que más de dos tercios de todas las procesiones pasen por ahí, es que además no sé si es el lunes o el martes baja por el Portillo a la calle la Feria la procesión esa que se desarrolla sólo bajo el ritmo de un tambor de ajusticiamientos con penitentes descalzos bisbiseando incomprensibles yuyus católicos. Y el jueves el delirio nacionalcatólico de las tropas coloniales del Ejército Español desfilando ante un cristo y que concentra cada año en esa esquina a varios miles de vociferantes vivaespañas.

El nivel general de esta ciudad nos lo proporciona oportunamente hoy La Hojilla Parroquial, también conocida como Diario CÓRDOBA, que da una noticia de cinco líneas en la que lo que resalta es el alivio porque... el derribo permitirá que las procesiones que pasan por allí no se vean afectadas.

Y sobre todo ese nivel lo da también el ensordecedor clamor que las fuerzas vivas de esta ciudad han elevado como protesta por tan sangrante crimen. Todos los fracasados eurocapitalistas culturales, los erudos locales, los diletantes cordobitas, los periodistas, los artistas que tanto lloran últimamente y sobre todo todos esos finos almagrandes que cagan flores desde hace poco en el tema de esos ya estomagantes patios cordobeses neodiseñados desde la impostura de un concurso turístico. A lo mejor es que han visto una oportunidad para que en el solar que ha dejado la casa asesinada se pueda poner otro patio más. Como por ellos tal vez harían en el solar de los Baños de San Pedro o en el de Santa Clara. Más macetiyias con gitaniyias y claveliyios y barra para servir servesiyias y flamenquiniyios.

De vez en cuando recibo invitaciones a firmar peticiones en una página creada exprofeso para esos menesteres sobre las más justas causas. Voy a ver si alguien me encamina a ver cómo se usa para solicitar firmas y exigir a la UNESCO que le retire el título de PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD que tan insensatamente ostenta Córdoba. Y desde luego desde aquí invito a los turistas que nos visiten a que se paren ante el escenario del crimen y lo cuenten. Y que pidan el Libro de Reclamaciones de la Ciudad en la oficina de turismo.


sábado, 16 de febrero de 2013

Rezos de destrucción masiva (III). El bramido del cíclope cristofacha.

Yo sé que es un sentimiento completamente infantil cuando no directamente estúpido pero una de las pocas cosas que me alegran las pajarillas últimamente es el espectáculo de los catolicistas (católicos en cruzada) rabiando y lanzando espumarajos de verde bilis cuando, no contentos con el abrumador espacio público que ya dominan por dejación de obligaciones de las autoridades, sufren algún pequeño revés en su arrolladora marcha para la reconquista de la totalidad, una parte de la cual tuvieron que ceder estratégicamente a lo largo de los últimos 40 años y la reconversión de este país en el estado confesional católico, meapilista y cofrade que casi siempre en su historia fue.

Por eso estos días no dejo de visitar las páginas del Acorazado ABC, guarida de los peores de esta ciudad, a la espera de que todos los polifemos cristofachas que acoge en sus entrañas acaben asomándose a las bocas de sus hediondas covachas bramando su dolor ciegos de odio y arrojando rocas a diestro y siniestro con el ojo atravesado por la estaca de la sentencia del juez que absolvió a los turistas musulmanes acusados de atacar a la Cristiandad armados de contundentes rezos, alfanjes pelafruta y muletas de inválido de destrucción masiva en la Mezquita (antes mezquita) de Córdoba.

Que yo sepa ya han sido dos (I y II) los que han asomado sus ciclópeas cabezotas y nos han atufado las neuronas con su fétido y bilioso aliento. Pero el más grande y violento de ellos no lo había hecho hasta hoy. Luisito Miranda BRAMA SU DOLOR usando los mismos tonos peripatéticos, ostentóreos y desgarradores que sus predecesores, pero además ha lanzado una enorme roca directamente contra el juez emisor de la sentencia: LA ACUSACIÓN DE PREVARICACIÓN.

Bueno, bueno, bueno… Luisito acusa nada veladamente al juez (que forma parte del 40% de jueces de este país que no son del Opus o secta narcocatólica afín) de haber emitido a sabiendas sentencia injusta, absolviendo a la aguerrida morisma rezadora y supuestamente blandidora de armas blancas no porque considerara no probadas las acusaciones de agresión de privatas y maderos, sino tras haber recibido una llamada telefónica de instancias políticas superiores obligándole a hacerlo. O movido sólo por su zapaterismo militante adorador de la Alianza de Civilizaciones y diputado rojo (socialista, ya tú ves…) en tiempos pasados. Luego ya de paso lanza la morralla pedrusquera de la jueza Alaya, los metros cuadrados del recinto o las imaginarias dictaduras. Lo dicho: está que se le va a reventar el hígado y la vesícula de odio troglodita y vernáculo.

SEÑOR JUEZ: no lo consienta. No consienta que este mequetrefe le injurie y calumnie públicamente. Se trata de su dignidad personal y profesional. Y la de la Justicia. Eso no es libertad de expresión: es una calumnia. Mándele un buen burofax y después métale un puazo que le parta el ojete de su cuenta corriente.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Rezos de destrucción masiva (II)

Últimamente me acuerdo mucho de Polanski y su Baile de los vampiros. Tal vez un Polanski cordobés se atreviera a rodar la versión local, pero con el título de El baile de los fartuscos. Castillo no le iba a faltar: la covacha local del periódico ABC. Fartuscos tampoco: sólo hay que leer pacientemente, aunque armados de Primperan, cada día a sus columnistas. Si el otro día uno de ellos se montaba una versión de Las Navas de Tolosa pasada por el cartón piedra de Juan de Orduña, ayer mismo se sumaba otro fartusco al minué de la sandez que no dejan de bailar colectivamente.

El preclaro intelectual egabrense José Calvo Poyato saca de nuevo (ORAR) el tema de los rezos, alfanjes pelafruta y muletas de destrucción masiva que presuntamente usara hace un par de años una harka de pérfida morisma para a ofender primero y ensangrentar después a los católicos en la Mezquita (antes  mezquita) de Córdoba. Y para defender el pendón cruzado en tan escabroso fregao nuestra lumbrera abecedaria esgrime el viejo y muy querido Argumento Tontológico de San Hodierno. Los argumentos que esgrime son de índole claramente tontológica porque los basa en el más agusanado de los tumasismos (de tú más), el carpetovetónico rancio, racial y castizo. ¡Con lo fácil que es centrar los asuntos, Santísimo Cristo Bendito del Sentido Común! Podría haber escrito por ejemplo que qué bonito que vivimos en un blanco y acomodado estado de derecho, uno de cuyos funcionarios judiciales ha emitido una sentencia tras analizar unos hechos denunciados pero que él en el uso de su libertad de pensamiento no está de acuerdo con ella sin más, porque está profundamente convencido de que hay que castigar duramente a quienes rumían pienso espiritual en corral ajeno a pesar de que ese del rezo no era el hecho juzgado, sino unas supuestas agresiones a guardas y policías por parte de los rezantes. Y ello independientemente de lo que se estile hacer en el mismo caso en el resto del mundo, musulmán, budista o rastafarista, que para eso somos europeos y civilizados. Pos no.  El fartusco en libertad muestra su disconformidad argumentando previo estudio comparativo acerca de las escasamente hipotéticas, según él, reacciones de jueces, policías y hasta población civil de alguno de los aproximadamente cincuenta países de mayoría poblacional musulmana que en el mundo existen en el caso hipotético de horda de turistas cristianos rezando agresivos padrenuestros en corral y en país musulmán ajenos. Por supuesto el Lindo Don José osa desde la torre de su sabiduría hacer recaer sobre esos ocho jóvenes cenutrios que se pusieron a rezar en lugar probablemente inadecuado la abrumadora representatividad total de la actitud, el pensamiento y la filosofía, de los aproximadamente mil seiscientos millones de personas que oficialmente practican la religión musulmana en el planeta Tierra.

 A ver, Joselito, el juez lo ha dicho claramente: que no le corresponde valorar para sancionar lo del rezo de los turistas austriacos (aunque no se ha privado de hacerlo a título personal), porque ese no era el hecho juzgado, sino sólo las denuncias de supuesta agresión armada a guardas y policías y ha dictaminado que no ha encontrado pruebas de que tal agresión hubiera tenido lugar. Ya está. A lo mejor lo que debería preocuparte, si tanto amas el estado de derecho, no es que el terrible delito de  rezar en templo ajeno se salde con una reprimenda paternalista de un juez sensato, sino que tal hecho hubiera provocado la monumental y a todas luces desproporcionada reacción agresiva por parte de las fuerzas policiales privadas y públicas de dos estados soberanos, el vaticano y el español, que se desplegaron estratégicamente para reprimirlo. Y que la sensación final que quede sea  la sospecha, avalada por la sentencia, de que los miembros de esas fuerzas mintieron para perjudicar gravemente a unos ciudadanos fueran de la religión o nacionalidad que fueran.

Tú y tus colegas abecedarios podéis seguir con vuestro precioso minué fartusco sacando a bailar a la Reconquista, Bin Laden, la perfidia moruna, la ablación del clítoris y hasta la leyenda de que los moros la tienen más larga, pero con ello sólo conseguís poner en ebullición la bacinilla llena de mierda xenófoba que tenéis por cerebro.

Ah, gracias por la clase que nos regalas sobre la historia, sentido y distintas localizaciones del rezo en las distintas religiones monotemáticas, digo monoteístas, pero tal vez deberías hacerte mirar tus conocimientos: los musulmanes no consideran sus templos de oración, mezquitas, casa de dios.  Sólo el lugar de reunión para dirigir correctamente y en compañía la dirección de la oración y escuchar la para ellos palabra sagrada. Pedazo de catedrático de Historia.

martes, 12 de febrero de 2013

Cospedal amenaza las dehesas de encinas de la vieja Iberia

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La ignorancia hace masa crítica con la codicia para fabricar el explosivo más demoledor. Igualmente, la idea mítica de Naturaleza, con mayestáticas mayúsculas, es un sorpresivo antagonista de lo rural. De ahí que a veces haya encabezado mis diatribas en defensa de esos entornos con el lema ‘La Naturaleza contra el campo’. La noción de espacios naturales protegidos y en especial de su figura señera, el Parque Nacional surgió en una época de la colonización occidental de los Estados Unidos ligada a dos contextos inaplicables en la vieja y vejada Europa: la de la naturaleza Virgen, inalterada por el hombre, y la de frontera de esa colonización.

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lunes, 11 de febrero de 2013

El escalafón

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Esta mañana el monaguillo de la parroquia de mi barrio me ha confesado discretamente que se ha alegrado de la renuncia del Papa.

- Así corre el escalafón...

Una sonrisa pícara se le escapaba entre los labios.

domingo, 10 de febrero de 2013

Rezos de destrucción masiva (I)

El individuo que hoy traigo a colación publicó hace tiempo un libro titulado Diccionario progre en el que trataba de cachondearse del lenguaje que usan los políticos, pensadores y gente de izquierdas en general. La mejor crítica que puede hacérsele al tal artefacto putrefacto es señalar que fue ardorosamente alabado por nada menos que todo un don Antonio Burgos que casualmente hociquea en la misma cochiquera jornalista. No había ferocidad ni sociológica ni política alguna en su descojono, sino puramente ideológica, una ferocidad amasada con los presupuestos de la ranciedad intelectual y del reaccionarismo narcocatólico.

Hoy nuestro fartusco abecedario ha puesto primorosamente las primeras piedras de una futura obra que pudiera llamarse Fraseología Fartusca, en la que se recogieran las perlas lingüísticas que usa la Carcunda Cristofacha Española en su afán de servir de palanganera tanto a la Gran Puta de Babilonia como al Gran Cabrón Extractor de Beneficios.

El textículo de marras, que ostenta el ingeniosísimo y descacharrante título de A DIOS ROGANDO... Y EN LA MEZQUITA MOLESTANDO le sale a nuestro fartusco directamente del fondo de las negras tripas por pura reacción emética que le produce el hecho de que un juez haya puesto en su sitio el asunto de los jóvenes turistas musulmanes austriacos que fueron sorprendidos rezando en la Mezquita de Córdoba, interpelados y atacados por los guardas de seguridad del obispado primero y por la policía nacional después y detenidos a base de hostias (cristianas) limpias. Absolviendo a los jóvenes y poniendo seriamente en duda la veracidad de las declaraciones de las fornidas fuerzas represivas privadas y públicas, que los acusaron en la denuncia que les interpusieron de haberlos  atacado salvajemente armados con navajas-alfanje pelafruta y con una muleta de minusválido de destrucción masiva. La proverbial perfidia moruna. Tras la sentencia se adivina la acusación de que los represores profesionales mintieron conscientemente para causar grave daño a unos ciudadanos que tal vez cometieran una estupidez pero que se comportaron de una forma absolutamente pacífica.

No recuerdo si nuestro fartusco formó parte de la cuadrilla de columnistas linchadores de musulmanes o de alguna de las bandas de miserables plumillas incendiaros que por los días de los hechos soltaron desde sus medios una zorra con el rabo ardiendo para que prendiera los campos de la convivencia.

Pero independientemente de cualquier otra consideración, incluso del profundísimo chiste  a cuenta del apellido de las Hermanas Hurtado, el premio se le concede a este individuo por su aportación a la Historia del Fartusquismo Columnista Universal por las siguientes frases cargadas de dramatismo peliculero de la factoria Cifesa:

1. Y no venían los mahometanos austríacos pertrechados con acordeones tiroleses (ya podían) sino con modernos alfanjes reminiscencia de los que usaron sus ancestros en las Navas de Tolosa (total para nada: se fueron calentitos).

2. Las naves de la Mezquita y cuantas personas deslizaban sus ojos por los prodigios de nuestro templo, pudieron contemplar el brillo de afilados cuchillos, como si se escenificara de nuevo, más de diez siglos después, al asesinato de los mártires de Córdoba a manos de aquellos musulmanes tan escrupulosos con su fe.

No merece la pena añadir nada más... La fartusquidad de ley se basta y sobra para explicarse ella misma. Y San Google dice que este lumbreras es psicólogo. Y de Lucena. Ya te digo...

martes, 5 de febrero de 2013

La ¿ESFERA TUNANTE? Nueva intervención clandestina en el río

Mi amigo Aristóbulo publica en La Colleja un post sobre la aparición sorpresiva de una etérea esfera sobre el Guadalquivir, justo debajo del Puente de Miraflores. Cuelgo sus fotos y parte de su texto para disfrute de mis escurridizos seguidores.

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La ¿ESFERA TUNANTE? Nueva intervención clandestina en el río

Aristóbulo Fernández

No hace mucho tiempo alguien llamó en una de las redes sociales INTERVENCIONES TUNANTES a la serie de acciones artísticas clandestinas que desde hace años vienen atacando la cotidianidad de los cordobeses y por ello alegrándoles las pajarillas, con la irritación a veces, la sorda aceptación y la acción represiva directa otras de las autoridades pertinentes y presuntamente competentes. Yo creo que ese título clasificatorio debería instituirse como oficial.

La primera fue El Hombre Río, una escultura que apareció en mitad del río Guadalquivir, que causó un gran revuelo entre ciudadanos corrientes, artistas y autoridades, a la que el Ayuntamiento acabó oficializando tras la asunción de la responsabilidad de sus autores Rafael Cornejo y Francisco Marcos y la presión popular. Una brutal crecida del Guadalquivir acabó con ella y las autoridades nunca cumplieron su promesa de costear su restauración y recolocación. (1)

Más tarde fue el arcángel atropellado que apareció en plena calzada de la Ribera, los renombramientos piratas de las calles del casco histórico y la escultura de El Bañista que apareció una mañana en el pilar del puente de Miraflores. Me cuentan que el alcanforado gusto artístico de nuestras autoridades municipales actuales les impelió a amenazar a los autores, los hermanos Gamboa, con obligarles a pagar el gasto de bomberos de su retirada si no lo hacían ellos mismos por su cuenta.

Desde hace unos días un nuevo asalto interventivo tunante ha vuelto a sorprender a los cordobeses, aunque esta vez, quizás por su menor impacto visual y discreción no ha llamado tanto la atención. Incluso he tratado de localizar alguna mención del mismo en los medios locales. Infructuosamente. Los vecinos de la zona dicen que apareció hace tres días y que nadie vio ni oyó nada. Consiste en una esfera de aproximadamente dos metros de diámetro construida con varillas de un material brillante, probablemente fibra de vidrio y colgada supuestamente por un invisible hilo del pretil del puente de Miraflores.

La verdad es que se trata de una hermosa estructura etérea que flota como ingrávida sobre la achocolatada superficie del viejo Guadalquivir. Una hermosa INTERVENCIÓN TUNANTE, que viene a alegrarnos la vista, como hicieron sus antepasadas, y a poner una gota de rebeldía real y simbólica en el penosísimo panorama de apatía ciudadana que parece haberse convertido en nuestro único horizonte.

VER EN LA COLLEJA
(1) Me entero de que el Bañista de la Ribera sigue vivito y coleando pero ahora en un local privado. Mi amigo Paco Muñoz ha dado buena cuenta de su resurrección en esta preciosa entrada de su blog NOTAS CORDOBESAS.

domingo, 3 de febrero de 2013

El pseudomizado

Resulta enternecedor lo que pueden dejar enfriar algunos individuos las venganzas. Me avisan de que en un perfil de feisbu un individuo con cierta familla local porque ha escrito alguno más de un par de libros y tiene columna en el principal diario de la ciudad, ha enlazado un post mío, el último, en el que defiendo la superioridad moral, pero sobre todo práctica en caso de pobreza solemne, del estado socialista frente al capitalista, para, haciendo uso de su libertad y su derecho, cachondearse de él y de mí con sus amigotes.

Cuelgo captura de pantalla de la entrada (es pública) pero los comentarios posteriores me los ahorro. Yo no le he leído ni uno de esos libros (novela y poesía) –no tengo tiempo, hay demasiados buenos publicados para no perder el tiempo- aunque me han señalado que en uno de ellos en el que recoge términos locales hace pasar como popular alguno de mi invención. Se lo regalo. Pero sí que durante un tiempo frecuenté por obligación las columnas que perpetraba en prensa por los días en que mantenía un blog en el que analizaba el pensamiento de los columnistas de la prensa local. En ellas se declaraba liberal, de los de la nueva escuela, defensor de las políticas que predica y que incluyen el desmontaje de lo público, la jibarización del estado y la entrega del juego económico a las leyes exclusivas del mercado y frecuentemente rendido admirador del pensamiento y de las políticas con que azotaron al mundo Reagan y Tatcher. Un aprendiz -más bien una triste caricatura- del portentoso escritor y atroz político Vargas Llosa. Todo ello con el aliño de la nouvelle cuisine carpetovetónica que mixtura la guindilla de la Sagrada Unidad de la Patria y el ajazo de la rojigualda de toda la vida con los aromas guasaperos del odio africano al Gran Wyoming, a Garzón y a los ecologistas. Profundamente herido, aunque sin rencor, como dice en el feisbu, por el retrato que hice de su pensamiento ha aguardado unos años para endiñarme. Hasta hoy había sido fiel a la conocida marca feriada de esta ciudad: la discreción. Te digan lo que te digan, tú disimula.

Comienza llamándome cobarde por esconderme tras un pseudónimo. Después tipo excesivo. Luego me llama filocoreano del norte, un insulto que ya usaba un troll convenientemente pseudomizado que entraba en los comentarios de los viejos posts donde breaba su calaña y que jamás antes –ni después- había escuchado o leído. Una graciosa muletilla de tildar rojos de quien por fin he acabado descubriendo a su ingenioso inventor (¿lo habrá también incluido en su Lexicón?).

En lo de mi excesividad, nada que objetar. En lo del pseudónimo no voy a entrar más, cuando ya he explicado muchas veces que existe una cosa que se llama correo en el que si amablemente se me solicita envío a cualquiera mis pertinentes datos personales con foto incluida (con derecho incluso a elección de grado de sicalipsis) para que se me puedan enviar citaciones: sexuales, judiciales o sicariales.

Más adelante me acusa de algo de lo que me siento especialmente orgulloso y que considero altamente saludable: de odiar a la Iglesia Católica, una teocracia que discrimina laboralmente en su carta Magna a la mitad exacta de la población mundial, condena a la exclusión social a millones de optantes a diversidad de orientación sexual, apadrina genocidios y posee un funcionariado encargado de boicotear el acceso a derechos básicos de los ciudadanos que no son sus súbditos por todo el mundo. Y más cosas claro.

Seguidamente me adjudica gratuitamente la cualidad de odiador de aquellos que no son comunistas y que, según la deficiente redacción que usa, parece asimilar a él y a otros (a no ser que use el NOS mayestático, que no me extrañaría, debe ser que actúa en comandita) que tienen una LIBERTAD (¿en el hombro como si fuera un loro?) que les dicta qué escribir. Me imagino que lo que quiere decir es que a mí quien me dicta lo que tengo que escribir es EL LORO DE MOSCÚ, perdón, de PIONYANG.

Luego se queja de que saque sus nombres de forma personalizada en mis blogs, nombres con los que firman (él y los desconocidos otros o su mayestaticidad) sus mefíticos artículos previo pago de una bonita cantidad de dinero. Parece desconocer nuestro individuo que el derecho de decir lo que se te pase por debajo del puente por dinero en un medio público contiene la obligación de hacer frente como un machote o una hembrota y sin lloriqueos a las críticas, e incluso a las ridiculizaciones, de los que pagan por leerlo. ¿ O eso no se lo dictó la lora Libertad que perchea en su hombro?

Es curioso que en sus artículos se permita haciendo uso de su libertad mofarse de personas reales, a los que se les suponen sentimientos y vulnerabilidad cardial como él, colocar por ejemplo rasgos simiescos a Hugo Chávez o caricaturizar a Fidel Castro como un dictador de opereta y luego lloriquee ante sus amiguitos del feisbu de que un vecino y lector suyo se cachondee un poco de sus descacharrantes (e indecentes) ideas revolucionarias neoliberales por cuya evacuación en un medio público además ha cobrado.

Porque además luego resulta que en la terrible balanza de los crímenes sus ídolos políticos tienen en su haber millones de muertos más que esos dos, por seguir con el ejemplo, a los que ridiculiza. Él usa su libertad para admirar y loar públicamente a cambio de dinero a unos líderes que usan su libertad para matar de hambre con sus políticas a millones de personas que carecen de libertad de decidir si morirse o no morirse, una libertad que han conseguido porque la gran industria armamentística, alimentaria y farmacéutica también haciendo uso de su libertad les ha donado ingentes cantidades de dinero para que defiendan sus intereses convenciendo a millones de ciudadanos de que aunque carezcan de la libertad de información, porque tienen también a los medios comprados, tienen una mucho más interesante: la libertad de voto para colocarlos a ellos donde están. Y está demostrado que esos que son sus ídolos son responsables de las políticas que más hambre, miseria, pobreza y guerras han producido en el mundo desde al menos los años 70 del siglo XX.

Hace unos años Bill Clinton, uno de sus modelos políticos o al menos líder de la Democracia Perfecta que idolatra, confesó que la liberalización de los precios del arroz a que obligó al gobierno haitiano presionado por la industria alimentaria americana, produjo el hundimiento de la paupérrima economía del desgraciado país caribeño. El resultado fue una terrible hambruna que llevó a cientos de miles de hambrientos campesinos a emigrar de los campos y convertir las ciudades en unos infiernos de miseria en los que murieron como hormigas aplastados en sus chabolas tras el terremoto. Y eso es sólo una gota en el océano de las injusticias del sistema que defiende este tipo que, como dije en aquel post con evidente intención cachondeante y que tanto le escoció, tiene las neuronas embadurnadas de gomina liberal. Liberal del liberalismo de ahora, que no tiene nada que ver con el de los padres fundadores del XVIII que se horrorizarían con lo que hoy pasa por su pensamiento, sino con el de Esperanza Aguirre, la aristócrata a quien este pedazo de mastuerzo considera la mejor candidata para regir los destinos de esta España Una, Grande y Libre con la que de nuevo sueña. Ahora que su ídola aristócrata se convertirá en la lideresa indiscutible del Tea Party cañí igual necesita camareros. Con las neuronas bien engominadas. Exactamente como las suyas.

Lo más gracioso (y terrible) de todo es que nuestro individuo se declara cristiano y defensor de la civilización cristiana, esa que se basa en una doctrina que tiene el precepto de NO MATAR entre los primeros (curiosamente no el primero) de su Decálogo básico. Debe ser que en ese precepto no va incluido el NO MATAR DE HAMBRE, como decía el otro día El Roto en uno de sus más geniales poemas gráficos.