(del laberinto al treinta)


martes, 3 de febrero de 2009

UNA SEMANA EN TÚNEZ (V)

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PICOTEANDO POR LA MEDINA DE TÚNEZ



Desde la Place du Gouvernement se accede directamente por la rue de la Casbah y por la primera puerta a la derecha al zoco de las chechías (suq al-shauashi), los bonetes típicos de los hombres tunecinos cuya secreto de fabricación artesanal viene pasando de padres a hijos desde el siglo XVII en que los exiliados moriscos lo introdujeron en el país. Porque efectivamente ese bonete era el que usaban los musulmanes españoles, devenidos luego en moriscos y luego en expulsados de su tierra. Se fabrica de lana de oveja tejida a ganchillo, cardada, moldeada con calor y teñida con la apreciada cochinilla, colorante rojo provinente de las Islas Canarias. La artesanía de las chechías sufre en la actualidad una acusada decadencia, a pesar de que se siguen exportando a todo los países del Maghreb. Pero su uso popular ha quedado ya restringido en todos ellos a las personas de edad. Hoy en día unos pocos de los talleres-tienda siguen manteniendo la industria casi exclusivamente de cara al turismo y muchas de ellas han sido transformadas en locales de venta de la adocenada parafernalia turística, aunque conservan su decoración polícroma en madera labrada inspirada en los motivos nazaríes y de sus paredes penden aún viejas fotos de la Alhambra y la Mezquita de Córdoba.


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Desde el zoco de las chechías se accede fácilmente al suk el-Berka, el antiguo mercado de esclavos. Todavía se conserva una solitaria columna, pintada con el típico motivo turcomano en espiral de verde y rojo, en una esquina en la que se ataban a las más hermosas esclavas para su venta, según nos contaba, poniendo ojillo libidinosos, a mí y a mis colegas estudiantes del Instituto Burguiba uno de los camareros del café Manouchi. Porque eso, ese café. era lo que andaba buscando por esa zona de la medina.

Cuando en el año 90 pasé parte de un verano en la ciudad estudiando árabe, el café Manouchi era el lugar de encuentro de un grupo de colegas en nuestras frecuentes escapadas a la medina desde el Foyer donde nos alojábamos. Se trataba de una antigua wukala (hospedería de lujo, especial para comerciantes ricos) situada en pleno corazón de la medina. Debía ser mucho más antigua pero su aspecto actual podría situarse en el siglo XIX. Las paredes tanto de las habitaciones como del patio porticado estaban completamente recubiertas de azulejos formando cuadros, algunos de los cuales, representaban, caso insólito en la iconografía cerámica tunecina, seres vivos, tanto animales como humanos. El local estaba siempre muy animado frecuentado por chicos locales (las únicas chicas eran nuestras compañeras europeas) y resultó pronto un buen sitio para practicar el árabe que íbamos aprendiendo en las clases con ellos. ¡La de cafés turcos, narguiles y conversaciones con la variada gente del Instituto que disfruté allí aquel verano! Recuerdo a una chica de Sarajevo que nos hablaba de la armonía que reinaba en su ciudad entre musulmanes, católicos y ortodoxos. Un año justo antes de que empezaran los primeros problemas que luego desembocarían en la terrible matanza. Y cómo yo defendía ante ella que eso sólo era posible por la desactivación de las religiones que había llevado a cabo el dictador Tito. ¡Cuánto me acordé de ella en los años posteriores!



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Cuando esta vez llegué al café ya me sorprendió encontrar la estrecha entrada cubierta de bagatelas para los turistas, así como el pasillo que conducía al patio. Pero la más aguda de las decepciones se apoderó de mí cuando descubrí que mi añorado café había desaparecido y que ahora la vieja wukala se había convertido en una enorme tienda de gilipolleces para los guiris. Una vez repuesto me dediqué a tratar de encontrar los azulejos entre la jungla de chucherías que cubrían absolutamente todo: las paredes , los techos, las columnas, los arcos... Los vendedores me contaron que hacía siete años que dejó de ser un café. Problemas con las drogas y peleas por las cartas llevaron al dueño a traspasarlo con cambio de negocio incluido, me dijeron. No creo que fuera esa la causa. Al final ellos mismos me confirmaron que realmente era infinitamente más rentable la nueva dedicación que la antigua. Y ahora viven de esto 10 familias cuando antes lo hacía una sola.



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Me entretuve comprobando el estado de los azulejos y no logré descubrir daños apreciables como clavos clavados en ellos. Parece que los comerciantes los seguían cuidando, aunque desde luego su vista era imposible. Busqué especialmente uno, situado en un rincón del patio, que me gustaba mucho y que representaba una mujer junto a una tumba. Me sorprendía la perfección con que estaban dibujadas las letras de la lápida y lo extraño del brazo desnudo que la mujer ostentaba. Lo encontré no hace mucho en un libro sobre arte tunecino, de donde he sacado la foto que cuelgo. Seguía allí, oculta bajo un montón de bolsos de cuero.

Otro de los lugares que quería volver a visitar es la tumba de un personaje del que tuve la primera noticia muchos años antes de ir a Túnez, a través de los libros de Juan Goytisolo. Se trata de Ibn Turmeda, nacido Anselm, un fraile mallorquín del siglo XIV, capellán de la guarnición de mercenarios catalano-aragoneses contratados por el monarca hafsí de Túnez que acabó convirtiéndose al Islam. Sus libros, los anteriores y los posteriores a su conversión son obra de un claro racionalista y su crítica al antropocentrismo en su célebre Diatriba del asno son un precedente del apenas velado ateísmo renacentista. Alcanzó gran fama entre los musulmanes, siendo conocido por su nombre adoptado tras su conversión ‘abd-Allah y por el sobrenombre de Al Turyaman (el Traductor). Sigue siendo muy venerado por los musulmanes quienes a su muerte le construyeron una ermita, aunque su tumba se encuentra a unos metros de aquella, en mitad de una calle, a la entrada del suq as-Sekajjin (de los fabricantes de sillas de montar), pintado como la puerta de un hammam. No sé si existirá otro caso parecido en el mundo de tumba callejera.

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Contemporáneo de Ibn Turmeda, aunque nunca llegaron a encontrarse, fue Ibn Jaldún. Uno de mis héroes a quien guardo devotamente en mi heroeteca junto con Averroes, Spinoza, Marx y Darwin. Aunque a veces he soñado con la fantasía de que ambos se llegaranb a encontrar lo cierto es que Ibn Turmeda llegó a Túnez en 1487, cinco años después de que el filósofo se marchara a El Cairo definitivamente. Ibn Jaldún es uno de esos casos intelectuales revolucionarios que partiendo de una tradición anterior que evoluciona cadenciosamente proporcionan de repente un tremendo salto al pensamiento de su época. La visión que de la Historia planteó supuso un salto revolucionario que hizo pasar a una materia que no iba más allá de una enumeración más o menos coherente de hechos a la consideración, desde el punto de vista actual, de una ciencia con todas las de la ley. El problema de la obra de Ibn Jaldún (exactamente igual que la de Ibn Rushd, Averroes) fue que no tuvo continuidad dentro de su medio natural, el mundo islámico, dado el proceso de imparable decadencia en que se hallaba inmerso, impidiendo lo que, aventurando quizás mucho pero no demasiado, pudiera haber sigo el germen de una renovación en las relaciones de la ciencia y la religión musulmana, y por otra parte no trascendió a la tradición occidental hasta bien entrado el siglo XIX cuando los europeos quedaron deslumbrados por la modernidad del pensamiento de Ibn Jaldún. Son tópicas ya las alusiones a sus planteamientos acerca de la importancia determinante de los modos de producción económica en la conformación de los distintos tipos de sociedad, que desarrollaría el materialismo histórico marxista 400 años después.

Pero yo lo que quería era visitar la calle donde nació, una zona de la medina que acogió desde muy pronto a los primeros exiliados andalusis. En el caso de la familia de Ibn Jaldún, una importante estirpe sevillana que dominó los resortes políticos de la ciudad desde prácticamente los tiempos del emirato de Córdoba, el exilio vino dado por la conquista de la zona occidental de Andalucía por el rey Fernando III de Castilla en 1248. Tras una estancia de algunas décadas en Ceuta se traslada a Túnez donde son acogidos por el monarca hafsí a comienzos del siglo XIV. Ibn Jaldún siempre consideró a Al Andalus su verdadera patria, cuyos ya menguados territorios visitaría en varias ocasiones. La posición económica de la familia Jaldún se nota en la calle que eligen para vivir, la más aristocrática y la más larga de la medina, a la que atraviesa completamente de norte a sur. Hoy día la calle recibe varios nombres a lo largo de su recorrido, siendo el trozo correspondiente a la actual Turbet el Bey en la que nacería el futuro genio de las ciencias sociales. Se encuentra, como toda la medina, a la nada que nos alejamos del cogollito turístico central en muy mal estado, necesitada de múltiples arreglos que le devuelvan su esplendor original. Casi al final se encuentra uno de los más importantes monumentos de la medina y que le da nombre, Turbet el Bey, las tumbas de los gobernadores turcos de la ciudad y de sus familias, de interés limitado, aunque digno de visitarse. Justo un poco antes del monumento, la calle de los Jueces comunica Turbet el Bey con la rue des Andalouses, cuyo nombre habla bien claro de la condición de sus habitantes en el pasado.


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El gobierno tunecino decidió homenajear hace años a su hijo más importante, por supuesto después de Aníbal, erigiéndole una escultura en el corazón de la ciudad nueva. Ni el Ayuntamiento de Córdoba, el mayor perpetrador de horripilantes esculturas urbanas del hemisferio norte, hubiera superado la afrenta que el tunecino perpetró con el genio andalusi. Sin comentarios, dejo prueba fotográfica de ello. No tengo palabras con que modestamente vengarme o hacer justicia con el responsable de la canallada.



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La gran Mezquita Zeituna se alza en el corazón de la medina, en la cima de un cerro con el que se topan quienes provienen de la calle Zeituna que nace en Bab el Bahr y que hace que haya que subir unas escaleras para acceder a su patio. Desde él es posible contemplar sólo el atrio principal con sus columnas coronadas por capiteles romanos y bizantinos y el majestuoso alminar, obra del siglo XIX e inspirado directamente en el de la mezquita de la Casbah, y por tanto tataraniento directo del de la mezquita de Córdoba, como os contaba el otro día. Un paseo interesante es recorrer todo su perímetro por fuera e ir descubriendo en sus escondidas puertas los restos de arquitectura clásica en ellas inscritos.


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El resto de la medina, en la que se esconden muy interesantes tesoros histórico-artísticos, es posible recorrerla, al contrario de las marroquíes, con la ayuda de una guía y un plano, pero primando el dejarse llevar por el vagabundeo, para descubrir por nosotros mismos sus zocos, sus mezquitas y sus medersas. Uno de mis lugares favoritos es la zona de la mezquita del Qsar, justo al lado de Bab Menara y de la salida del zoco Sekkajin , donde se encuentra la tumba de Ibn Turmeda. Se trata de una mezquita pequeña, de sillares poderosos construida en el siglo XII y con un alminar del siglo XVII muy bonito, de estilo andalusí, para variar, cuya vista viniendo desde el exterior de la medina impresiona por lo estético del conjunto que forman los arcos que lo une al muro contrario, el color dorado de la piedra y la gracia del minarete, formando una estampa realmente encantadora.



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Como las tempranas cenas que nos proporcionaba el buffet libre del hotel eran rotundas y exquisitas, tras dos días de haber almorzado en restaurantes de fuera, y haber llegado casi sin ganas a la cena, decidimos restringir la comida del mediodía a un simple piscolabis. Eso fue posible sólo a medias. Descubrimos un local de comida rápida y pizzería donde servían unos superbocadillos de chawarma para morirse. Limpio, moderno y siempre abarrotado quedó convertido en el lugar de parada obligada camino de la estación de los louages a Hammamet. Estaba rotulado con el imaginativo nombre de Mamma Mía y se encontraba en la calle Yugoslavie, a dos pasos de la place de Barcelone, justo frente a la puerta trasera de la embajada de Francia, donde siempre había una enorme cola de gente tramitando el visado.



ÍNDICE DEL VIAJE

HAMMAMET
DOUGGA Y TESTOUR

DE ALMINARES ANDALUCES
KAIROUAN

domingo, 1 de febrero de 2009

LA NATURAL COMPLICIDAD CON LOS CRÍMENES ISRAELÍES

Hablamos C. y yo esta mañana ante una cerveza en Plateros. Le cuento lo que leí que había dicho recientemente el director del periódico ultraderechista La Razón, Francisco Marhuenda. En un debate sobre la masacre de Gaza, Marhuenda, que une a sus convicciones políticas ultraliberales las religiosas ultracatólicas y que está empeñado en una campaña personal contra los defensores del aborto a los que califica sin ambages como criminales, cuando se le presentó la evidencia de los 300 niños muertos por los ataques indiscriminados del ejército israelí contestó impasible: ¿Y cuántos de ellos mueren normalmente por causas naturales?

¿Son así de cabrones naturalmente, tienen de verdad tan mala entraña o lo hacen por las habichuelas? Me pregunta C. Es difícil delimitar el grado de cabronismo en estos elementos. Le digo. Los hay desde luego que merecen cada una de las letras del insulto, mercenarios voluntarios como son. Jiménez Losantos y su repugnante caniche lengüerín, esa especie de Golum Moral (y físico) que responde al atroz calificativo de Gabriel Albiac. Ateos al servicio de la Iglesia Católica los dos y uno de ellos también al del estado de Israel, de quien dicen las malas lenguas que junto con Pilar Rahola cobra subterráneamente. A través de ellos la Iglesia Católica hace su guerra a la competencia, el Islam, además de a cualquier forma de racionalidad democrática. Y nada mejor que aplaudir el exterminio de un buen puñado de musulmanes. La patraña de que en sus medios de comunicación existe libertad de pensamiento es fácilmente desmontable sólo con escuchar el nombre de sus dueño: la Conferencia Episcopal Española, un organismo antidemocrático por esencia, basado en un sistema de obediencia jerarquizada que controla hasta la última brizna de hierba que crece bajo sus malolientes sotanas. Así que esos dos exizquierdistas, exmarxistas, esdetodistas que venden sus habilidades intoxicadoras al Ente Vaticano son sólo eso, unos mercenarios, con toda la carga semántica de ese término, sin libertad para comunicar nada que no haya sido previamente diseñado por un estratega ensotanado. Quien quiera mearse de la risa puede expurgar en los archivos de la revista de tendencia marxista leninista de los 70, El Viejo Topo, los artículos que perpetraban los dos pájaros. Y como el máximo representante del amoralismo filosófico, Gabriel Albiac no es (afortunadamente) demasiado conocido puede el curioso comprobar AQUÍ su capacidad de comportarse como un racista de la peor especie asistiendo a la denuncia pública que parte de sus alumnos de la Universidad Complutense de Madrid levantaron contra él. O a una semblanza que le hizo Carlos Tena no hace mucho.

Pero a mí me da mí me da igual que unos sean sinceros y que otros sean mercenarios. Igualmente dañinos son porque defienden la injusticia como forma normal de actuación de los políticos y de los ejércitos. Sí me preocupan más los defensores de esa injusticia que se dicen aún progresistas. Los que a la sombra del PSOE se reclama de izquierdas, es decir luchadores contra la injusticia en cualquiera de sus formas, pero que en sus descensos a los infiernos de la justificación de los hechos de los apóstoles socialistas españoles se pringan del cieno de la iniquidad hasta los ojos. Y el hechos fundamental de esos apóstoles socialistas es que están sistemáticamente justificando el que un estado poderoso machaque, empobrezca, bloquee y de vez en cuando asesine a sus vecinos a los que asfixia sistemáticamente con el fin no confesado de destruirlos para ocupar su espacio. Muchos callan, probablemente porque en el fondo se sientan avergonzados, pero otorgan. La evidencia de la injusticia es tan rotunda que los aplasta en su fuero interno. Otros, en cambio, gallean y alardean de tener justificaciones perfectamente válidas. Aunque no sea un argumento de peso, sólo tienen que comparar esas justificaciones con las que presentan las fuerzas más reaccionarias contra las que sin embargo dicen luchar. Porque sus posturas no se apartan un milímetro del guión que los asalariados del gobierno israelí o los racistas (ellos sí) antiislámicos pregonan. Que se trata de un caso de defensa propia, que los cohetes kashan, que el derecho a existir de Israel, que Hamas está formado por un puñado de terroristas... Esa el la gran victoria de Israel, la que apuntala sus nefastas aunque mortíferas campañas bélicas (perdón, criminales, la guerra es otra cosa) contra sus vecinos. Como decía Edward Said, los que justifican por sistema los crímenes de Israel siempre empiezan por el último o penúltimo episodio, nunca por la raíz del problema. Ya ni siquiera se habla de las resoluciones de la ONU para que Israel devuelva lo robado y resarza a los damnificados por su política de limpieza étnica llevada sistemáticamente a cabo desde 1948. Ya siempre la culpa es de los palestinos por removerse cuando lo pisan. No han comprendido que son un pueblo vencido, como decía hace poco un general israelí. Y eso significa que tienen que aceptar el saqueo, como en los tiempos bíblicos.

Y la última pedrada a la razón de la justicia de estos gallitos socialistas ha sido escandalizarse por la aceptación por parte de un tribunal español de la denuncia por crímenes de guerra a unos verdaderos criminales de guerra que perpetraron una matanza (una de tantas) contra civiles palestinos desarmados. Militares israelíes, claro, impunes en su país por razones obvias. Sus apóstoles, Moratinos, Fernández de la Vega, Zapatero, se han aprestado rápidamente a tranquilizar al gobierno israelí prometiéndole ¡¡¡CAMBIAR LA LEY!!!, para que sus criminales sigan siendo impunes también para la justicia española. ¿Porque peligran, tal vez, las ventas de armas, que envilece a todos los españoles? Cambiar una ley que no gusta a un país extranjero porque amenaza con no comprarnos las armas que le sirven para cometer sus crímenes, es la más perfecta de las infamias que nuestros gobernantes podían perpetrar.

Los que defienden a estos políticos son los mismos por otra parte que andan exigiendo con voz ostentórea la apertura de una gran causa judicial contra el franquismo. La condición de catecúmenos del PSOE, un partido liberal gestor sólo de un triste posibilismo, al que la ideología de izquierdas sólo le sirve para decorar sus mítines vacíos de contenido, los ciega de tal manera que no son capaces de entender que la lucha contra la injusticia es universal y que esos juicios generales que dicen reclamar para devolver la dignidad a la República asesinada por el fascismo participan de la misma textura moral que la que reclaman las víctimas del terrorismo de estado israelí. Y de no darse cuenta que es el propio partido al que pertenecen o al que votan con arrobada fruición el que sistemáticamente bloquea disimulada, pero eficazmente, cualquier intento real de llevar a cabo ese anhelo de justicia que tantos esperamos. Que la postura del gobierno español de no ayudar a los masacrados palestinos es tan abominable como la de las democracias europeas que no ayudaron a la República por el temor infundado a la probabilidad de una revolución proletaria. Ahora el temor ya no es al fantasma del comunismo sino al del islamismo, pero ambos funcionan igualmente como inhibidores del deber de socorro. Algo de lo que les pasa se entiende si se tiene en cuenta que son gente que odia más visceralmente a Anguita que a Aznar. Que consideran que a la izquierda del PSOE sólo existen fantasmagóricas tribus de izquierdistas salvajes embrutecidos por el consumo inmoderado de basura catequística marxista-leninista y enganchados irremisiblemente a opiaceos destructores de la voluntad como el leninismo, el trostkysmo, el castrismo, el guevarismo, el populismo chavista y tantos otros ismos periclitados. Son los representantes de la izquierda bien, la del jersey de pico y la mecha y oro, que practican el mismo racismo y clasismo sociológico que la derecha más rancia, esa putrefacta e hiperreaccionaria derecha española única en Europa y que tienen la suerte de tener enfrente para que les justifique la posición tan centrista ella.

Porque el tratamiento del problema de Palestina que se da en Europa adolece de unas acusadas características de índole racista. De racismo pequeñoburgués concretamente. Pertenece al mismo ámbito que el racismo de baja intensidad más o menos inconsciente que el 90% de los españoles practicamos respecto a los gitanos. Cuando en España salta por televisión la noticia de que en un pueblo cualquiera 500 ciudadanos normales se dirigen un domingo por la tarde a una zona habitada por gitanos, ahuyentan a sus habitantes y prenden fuego a sus casas, ante la mirada más o menos cómplice, inerme o impotente de sus autoridades, la mayoría de los españoles mostrarán un diverso grado de repulsa por esa acción. Pero en el fondo entenderán a los vecinos que gritarán crispados ante las cámaras que los gitanos venden droga, que arman peleas, que roban, que no se integran, que no se lavan, que... etc. etc. etc. Y aunque considerarán desproporcionado e injusto el castigo infligido por sus iguales a los gitanos en el fondo de sus corazones se alegrarán de no haber sido tentados por la desgracia de vivir las mismas experiencias. Ninguno se parará a pensar los motivos de la exclusión secular a los gitanos que se practica en España, ni las causas por las que suelen vivir en condiciones de acusada precariedad, ni de la tremenda injusticia que supone mantener a un pueblo en la miseria y sentirse agredido por su olor ni... etc. etc. etc.

En el fondo del corazón, no ya de los desalmados de derechas, sino de los militantes de la izquierda bien Israel es un pueblo de payos como ellos, que hasta participa en el Festival de Eurovisión, que han tenido la desgracia de irse a vivir a una zona infectada de gitanos, que son los palestinos. El símil está cogido por los pelos por la diferencia de circunstancias, pero creo que explica bien la esencia de la mirada española al problema de Palestina.

Ahora mismo acabo de leer el artículo semanal de Javier Marías. Se le nota absolutamente indignado por la masacre puntual de personas inocentes llevada a cabo impunemente por el estado israelí, al que califica de incivilizado, mala bestia, venado, matón y chulo y afirma su voluntad de no aceptar ningún premio de aquel país. Pero de ese arrebato de cólera ante la masacre de inocentes se encuentra ausente cualquier juicio profundo de las causas de esa violencia. Lo que molesta a Marías es la desproporción de la respuesta, no el hecho de que el estado de Israel lleve haciendo la vida imposible a los palestinos desde hace más de 60 años. Eso ni se lo plantea. Según esa visión Israel sigue teniendo derecho a responder, aunque moderadamente, claro, a las tontas provocaciones de un pueblo vecino al que está matando lentamente de hambre y de humillación.

En cuanto al resto de los europeos y norteamericanos no necesitan de la cercanía del caso gitano para entender a Israel. Sus genes colonialistas se encargan de ello. No se trata sino de una corriente de simpatía más o menos vergonzante de países que una vez fueron colonialistas por un estado que sigue empleando los mismos métodos que usaron los anglosajones a lo largo de todo el siglo XIX en los territorios norteamericanos y australianos que colonizaron y que luego convirtieron en su país: la limpieza étnica de los aborígenes. Peligrosísimos terroristas aborígenes que de vez en cuando discutían la supremacía blanca y no se dejaban exterminar fácilmente, como todo el mundo sabe. Sin menoscabo, por supuesto, de las atrocidades cometidas por la monarquía española siglos antes en los por ella conquistados.

Hace unos días me encontré casualmente con el blog de un tipo de apariencia intelectual normal pero de entraña indudablemente siniestra. Andaluz, con gracejo moranquiano, que confiesa alegremente que sus tres pasiones son el Betis, el carnaval y la defensa de Israel. ¡Ele!

Algunas de las cosas que escribe en el blog ponen los pelos de punta. Por el grado de incultura que denota su forma de expresarse no creo que conozca al infame Albiac, que en un artículo de hace años reflexionaba en El Mundo acerca de lo lo ideal de la muerte que sería que los israelíes deportaran absolutamente a todos los palestinos a Jordania, con el rey Hussein (entonces estaba vivo), un rey dictatorial que sería ideal para un pueblo incapaz de entender la democracia. La mala persona que publica ese blog (del que no pienso poner el enlace) termina el relato de un viaje a Israel con la siguiente perla:


También hay otros lugares que quiero conocer y que visitaré cuando, espero que algún día, sean plenamente Israel y no estén en manos bárbaras e incivilizadas: pasear por el Monte del Templo, visitar Belén, Hebrón, Jericho y ¿por qué no? Petra y el Sinaí.


Esta mala bestia lo dice a las claras, pero ¿cuántos más de los que callan o son complacientes con el expansionismo israelí y que guardan las apariencias bajo un ceño grave no desearían ese final feliz?



ADDENDUM DEL 02/02/09):

Hasta esta mañana no he leído el artículo del historiador israelí exiliado Ilan Pappe en El País en el que, con un conocimiento de causa que pocos tienen tan claramente, explica exactamente la raíz del asunto:

GAZA, ¿REAL O POSTIZO?



ADDENDUM DEL 03/02/09)



El pseudofilósofo mercenario al servicio de la Conferencia Episcopal Española y de las JONS y caniche favorito de Federico Jiménez Losantos Gabriel Albiac muestra sin pudor el núcleo del pensamiento colonialista de índole racista que justifica las masacres que Israel perpetra con sus vecinos. Se recomienda escucharlo cerca de donde se pueda vomitar. (Tertulia de LA MAÑANA de COPE del 31/12/08)




NOTA IMPORTANTE PARA LOS LECTORES

He recibido un comentario anónimo en el que se me amenaza con denunciarme en el juzgado por difamación. He de decir a los lectores que pasen por aquí que yo, como pueden comprobar por sí mismos, me he limitado a recoger una acusación que se ha hecho pública en muchos lugares de la red. De la alusión a las MALAS LENGUAS a las que me remito, una está en el propio enlace que coloco en esas palabras en su contexto original. La otra en un debate celebrado en una televisión catalana, cuyo enlace es ESTE. La persona que me ha amenazado es una pésima lectora, en el apartado de comprensión de textos escritos en castellano. Es probable que ella no lo entienda tal vez por causa de alguna tara natural o provocada que padezca, pero realmente de lo que ha leído no puede colegirse que el autor de este post de este humilde blog acuse a nadie de nada, sino que ha leído y visto en televisión que hay quienes acusa a alguien de algo. La diferencia es clara. Y rotunda. El autor de este blog no tiene la costumbre de afirmar nada por sí mismo de lo que no tenga pruebas, aunque sí se considera con derecho de comentar lo que se dice públicamente en la red y en los medios de comunicación públicos.

viernes, 30 de enero de 2009

UNA SEMANA EN TÚNEZ (IV)

KAIROUAN



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La forma más fácil de llegar a Kairouan desde Jasmine, el extremo sur de la zona turística de Hammamet, es bajarse en el autobús urbano (del que hablé en el primer post de este viaje) en la parada de Manaret Hammamet, cruzar la calle y alcanzar unos metros más arriba, hacia la izquierda y frente a la gasolinera, la carretera de Túnez. 100 mts. más arriba se encuentra la parada de los louages. En apenas 45 minutos estarás entrando en la estación de louages de Kairouan situada a un tiro de piedra de una de las atracciones de la ciudad: el mausoleo del patrón de la ciudad, Sidi Sahbi.



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El título de SIDI (señor) tiene prácticamente la misma acepción que nuestro san, y se usa casi exclusivamente en el islam maghrebí, un islam muy mediatizado por el cristianismo mediterráneo y tal vez por los cultos bereberes autóctonos, con una acusada tendencia al culto de los santos que esconde profundas latencias politeístas arquetípicas, en contraste con el estricto monoteísmo del sunnismo ortodoxo de Oriente Medio. Las romerías maghrebíes a los lugares que acogen los restos de un santo no se diferencian prácticamente nada de las romerías del catolicismo popular de la orilla norte del Mediterráneo, concretamente de las andaluzas.

Así, el título de Sidi Sahbi, le fue concedido a uno de los compañeros del Profeta, Abu Zama’a Ubayd ibn Arqam el-Balawi que murió (654) en Ifriqiya (nombre primitivo árabe de Túnez, derivado del Africa latina) luchando contra los bizantinos y fue enterrado en ese lugar antes incluso de la fundación de la ciudad. Como sahbi significa en árabe compañero o amigo, podría traducirse su título como San Colega, o San Amigo. Según decía él mismo portaba siempre consigo un pelo (tres según otras fuentes) del Profeta, por lo que algún gracioso cristiano lo motejó como El Barbero. Así la Mezquita es conocida entre los europeos como la Mezquita del Barbero. Del pelo o de los pelos sagrados nunca conseguí averiguar el paradero.



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El complejo está formado por varios elementos a cual más interesante y es obra toda del siglo XVII, bajo el gobierno turco, que decidió dotar de magnificencia al sencillo mausoleo original. Pero todo él está impregnado de aire andalusí. No podía ser menos cuando los arquitectos fueron los hermanos Ahmed y Mustafa el-Andalusi. El patio de entrada es encantador con su galería de arcos blanqueados en tres de sus lados y el precioso alminar en el rincón frontero de la izquierda, con sus almenas inspiradas directamente en las de la Mezquita de Córdoba. En el cuarto lado, de ladrillo visto, se abra la entrada de la medersa, una medersa típica tunecina, con un patio porticado al que dan las celdas de los estudiantes. Saliendo de nuevo al patio y atravesando la puerta junto a la torre se accede a un corredor doblemente porticado que acoge una preciosa colección de estelas de cerámica que anuncian las que podremos ver al final, en el patio donde se sitúa la tumba del santo, y donde nunca faltan fieles que vienen a beber del agua de unas grandes cántaras con supuestas virtudes mágicas. Como las de la Fuensanta.



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La Gran Mezquita de Kairouan es una de esas maravillas arquitectónicas donde la historia se hace carne de piedra y su contemplación pausada enseña más que 100 eruditos conferenciando sesudamente. Sólo hay que pasear despacio su gran patio, recorrer los atrios mirando una por una todas las columnas, estudiar pacientemente uno por uno todos los capiteles, descubrir una por una todas las estelas, lápidas y restos de frontispicios romanos y bizantinos que te asaltan al azar incrustados en sus muros, sentarte en un escalón y disfrutar de la secuencia de las arquerías... Pero somos los que disfrutamos con la visita frecuente de su hija –o hermana- la Mezquita de Córdoba quienes gozamos doblemente tratando de buscar similitudes, diferencias, influencias o heredades. Tan parecidas, tan diferentes.


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Kairouan cuenta con muchas primicias, muchos elementos que fueron primera vez y que marcaron los caminos estéticos del arte islámico en el occidente musulmán. Fundada apenas 40 años (670) después de la muerte del Profeta en un lugar ex nihilo, alejado de la costa para evitar los ataques bizantinos y fuertemente fortificada para defenderse de los belicosos bereberes autóctonos que vieron cómo se sustituían los ya conocidos invasores latinos por los nuevos, portadores de la media luna. Sobre la marcha los arquitectos islámicos tuvieron que improvisar una nueva estética que definiera los elementos que debían conformar la simbología de la nueva fe que los impulsaba a dominar el mundo. A la misma vez que en Siria y en Persia. Sólo contaban con su imaginación y con los restos del fastuoso legado estético romano. Y fueron lo suficientemente geniales como para crear un estilo nuevo para una religión nueva aprovechando tanto los materiales como las ideas-fuerza de la tradición grecolatina.



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Sólo como apunte al respecto: manar (al-manar) en árabe significa tanto torre de mezquita como faro y proviene de la raíz nAr (nár = fuego, núr = luz), lo que ilumina a los navegantes / creyentes. Si a algo se parece el primer alminar original del Islam, el de Kairouan, es a un faro romano. El de La Coruña es un buen ejemplo para compararlo.

Y si su estructura general, heredada de las dos principales mezquitas anteriores, la de Damasco y la de Al-Aqsa de Jerusalén, conformará la de la Mezquita de Córdoba (780), ésta le pagará con el detalle del arco de herradura que recibirá en su reedificación total (836) ya directamente de Al Andalus que la heredó de la tradición romano-visigótica.



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La sala de oración está vedada a los infieles. Muy estrictamente. Unos jóvenes turistas turcos, apenas indistinguibles en apariencia de otros europeos, de los escasos que nos encontramos allí, tuvieron que reclamar duro delante nuestro para convencer al obtuso sacristán de su condición de musulmanes. Yo intenté quedarme con la copla para poder reivindicar lo mismo falsamente y poder acercarme a las dos joyas que guarda la mezquita: el mihrab decorado con azulejos de reflejos metálicos de influencia bizantina y el El mimbar, constituido por 100 paneles de madera de teka india, el más antiguo que se conserva de todo el mundo musulmán. Ambos de mediados del siglo IX. Los veía allí a lo lejos, al fondo del oratorio, mientras escuchaba al sacristán ordenar perentoriamente la separación de la pareja, ella a la zona de mujeres, a la izquierda, él a la de hombres, a la derecha, ambos sin posibilidad de traspasar la primera fila de columnas. Desistí, aunque ahora, en frío, me arrepiento de no haber intentado siquiera engañar, camelar, ganarme al sacristán para que me permitiera acercarme a la qibla. Haciéndome pasar también por turco, por bosnio o sencillamente por converso cordobés. Malditos sacristanes.

Otro bocatto di cardinale para gourmets del arte islámico lo constituye la fachada de la MEZQUITA DE LAS TRES PUERTAS (861). Un pequeñísimo espacio sin gracia arquitectónica especial pero en el cual se halla inscrito el más antiguo ejemplo de caligrafía árabe grabado en un muro después de los de la Mezquita de la Roca de Jerusalén (691).


trespuertas


Como pone en el propio friso fue mandada hacer por Muhammad ibn Jayrun al-Ma’arifi al-Andalusi, lo que habla claramente de su origen. Probablemente fue un rico comerciante cordobés instalado en el barrio al que decidió regalar un oratorio. El texto, grabado en piedra blanda y acompañado de dibujos florales y geométricos, es de estilo cúfico y antecede en un siglo a los del mismo estilo que se grabaron en las portadas exteriores de la Mezquita de Córdoba en tiempos de Alhakam II, alguno de los cuales (Puerta del Espíritu Santo) fue falsificado en 1903 por el restaurador Velázquez Bosco para cristianizar su contenido y colocar su nombre, el del rey Alfonso XIII y hasta el del ministro del ramo del momento.

El antecedente de la pequeña mezquita de Ibn Jayrun podría ser el oratorio Bû Fatata (841) en Susa. Ambos a su vez influyeron en la concepción de la mezquita de Bab al-Mardum (hoy iglesia del Cristo de la Luz) de Toledo, construida en tiempos del califa Abderramán III.

Las similitudes de Kairouan con Córdoba son asombrosas no sólo estéticamente sino también por paralelismos de su peripecia histórica antigua y moderna. Capitales de imperios que dominaron parte del mundo, fueron relegadas por hijas más emprendedoras cuando les llegó al decadencia. Y hoy ambas dormitan un sueño de pasado glorioso que ni siquiera es capaz, hay quien piensa racionalmente que por suerte, de consolidar una oferta que mantenga una industria turística sólida. Las salva su posición cercana a los paraísos solares contemporáneos: Málaga y Hammamet. Las mata una desidia secular que forma parte de su idiosincrasia, un aperreado carácter que sólo acierta a lamentarse por la inflexible ley de la oferta y la demanda que les escamotea las pernoctaciones de turistas adocenados y apenas ancla más de dos días a los degustadores de las ciudades con alma. Ambas se han dedicado mutuamente dos calles muy parecidas, delante de sus respectivas murallas. La calle Cairuán de Córdoba sigue la línea de la muralla desde la Puerta de Almodóvar hasta los Santos Mártires y la calle Córdoba de Kairouan hace lo propio desde la plaza Shuhadá (también de los Mártires) hasta la Gran Mezquita. Mártires de diferentes martirios, claro.



puertacairuancairouancasaoficinacasco


Otra de las atracciones de la ciudad es el montaje ese del pobre camello cegado. El pozo de Bir Barouta (bir significa pozo). Un pozo que según la leyenda proviene de la propia fundación de la ciudad y está conectado con el de Zem Zem en la Meca. Consiste en una noria, situada en el primer piso de una casa, a la que mueve un camello con los ojos permanentemente vendados y adornado con pañuelos atados a su vientre. Por una propina el guardián te deja entrar al recinto y beber agua, aunque se ve perfectamente desde fuera. Le pregunté al guardián si el pobre camello era el mismo que yo había visto hacía 18 años y me dijo que sí, lo que redobló mi horror ante la crueldad a que se sometía al pobre bicho para deleite de los turistas. En la misma terraza donde está la noria hay un café tradicional donde ponen un café turco de primera.


bibarouta


ÍNDICE DEL VIAJE


HAMMAMET
DOUGGA Y TESTOUR
DE ALMINARES ANDALUCES
LA MEDINA DE TÚNEZ

sábado, 24 de enero de 2009

UNA SEMANA EN TÚNEZ (III)

DE ALMINARES ANDALUCES



Desde la estación de autobuses de Bab Alioua hasta la Place de Barcelone se puede pillar el trole que pasa a 100 mts. o bien caminar unos 15 minutos. La Place de Barcelone es el nudo de comunicaciones más importante de la capital. Se trata de un gran espacio cuadrado atravesado por varias líneas del trole, cortado por vallas y aduanado por barreras. En su frente se halla la estación central de ferrocarril. En un lateral, en la acera de la rue Belgique, pegado a la plaza adyacente de Mongi Bali hay una cafetería donde sirven los mejores cafés que he tomado en mi vida, tanto turcos como normales. Yo recomendaría no desperdiciar la ocasión de probar alguna de las especialidades. Dos manzanas más allá, una vez en la rue d’Espagne se encuentra el precioso mercado de Túnez, con un espacio central dedicado a las verduras entoldado de amarillo que proporciona al conjunto una deliciosa luz acaramelada. En los corredores laterales venden aceitunas de mil tipos y las variedades de harissa, la pasta picante de pimientos y guindilla famosa en el mundo entero. El pescado se vende en un gran espacio lateral.


mercado1


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mercado3


Bab el Bahr (La Puerta del Mar), más conocida como Port de France se encuentra 100 mts más allá de la salida norte del mercado. El arco de triunfo que hoy encontramos exento se abría en la muralla, aunque fue construida en 1848 sustituyendo a la anterior de factura hafsí, haciéndola coincidir con la avenida recién construida y que atravesaba el espacio recién desecado del lago que se separó de ella más de un kilómetro. La muralla sería derruida unos años después dejando una cicatriz que se aprecia perfectamente en los planos. Desde la puerta se accede a la plaza que da entrada a la medina por la calle Zituna, su vía principal que lleva directamente a la Mezquita Mayor, de su mismo nombre, centro neurálgico y geográfico del casco antiguo. Pero lo que yo tenía en mente visitar en primer lugar estaba atravesando toda la medina, rodeando la Zituna por la derecha y buscando por los zocos Attarine (perfumarios) y et-Trouk (de los turcos) la salida a la Plaza de la Qasbah donde se alza el Palacio de Gobierno, el Hospital Aziza Othmana, el Ayuntamiento y lo que yo andaba buscando, la mezquita de la Qasbah.

Cuando se habla de las torres hermanas almohades siempre se mencionan tres: la Kutubiya de Marrakech, la de Hassan en Rabat y la Giralda de Sevilla. Pero nadie se acuerda de sus dos hermanas menores: el alminar de la mezquita de la Qasbah de Túnez (1235) y la de la mezquita mayor de Tremecen (1236). Son muy posteriores a las tres hermanas mayores, pero de la familia por derecho propio. Todas ellas son hijas de la primera original andalusí, el alminar de la Mezquita de Córdoba (951), desde el siglo XVI forrado por la estructura renacentista que hoy permanece. La originalidad del alminar original cordobés está tanto en en su esbeltez como en su estructura, superando ampliamente en gracia a su directo antecesor, el de la mezquita de Cairouan (836), de aspecto claramente defensivo, y a sus abuelos, los sobrios alminares omeyas de Siria. Tanto la forma cuadrada y esbelta como la solución de la ventanas geminadas pasarán tanto a la tradición islámica del alminar maghrebí como a los campanarios del románico catalán.

alminar cairouanalminar cordoba Kutubiyya


Izquierda: alminar de la Gran Mezquita de Kairouan. Centro: recreación del alminar califal de la Mezquita de Córdoba obra de Abderramán III. Derecha: vista de la Kutubiya, el alminar almohade de la mezquita del mismo nombre en Marrakech.




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Giralda de Sevilla y alminar inacabado de la Mezquita de Hassan en Rabat.



A partir de la fijación por los almohades de esa forma y ese estilo decorativo para sus alminares ya todos los construidos hasta nuestro días en el Maghreb, con excepción de los posteriores de estilo turco, repetirán el mismo modelo. El estilo decorativo sello característico de todas ellas, no es sin embargo original de los almohades, sino de los almorávides, los integrantes de la primera nube de langosta integrista provinente del Sahara que unificó el occidente musulmán bajo un califato tras la desintegración del de Córdoba. El rigorismo y ascetismo guerrero de los almorávides comenzó pronto a resquebrajarse al entrar en contacto con las voluptuosas sociedades de los reinos taifas andalusíes que acababan de conquistar. Así, la fascinación por el refinamiento cultural que encontraron en su avance imparable hasta las fronteras con los reinos cristianos acabaron haciéndoles sucumbir en la búsqueda de una mayor sofisticación de las formas artísticas. En concreto, fue en la construcción de la mezquita de Tremecén (1136, Argelia) donde deciden traer alarifes y artistas de Al Andalus, para que decoraran el mihrab a la manera andalusí. Así, las decoraciones típicas de la Aljafería de Zaragoza y de otras construcciones taifas en finas arquerías mixtilíneas (sebka), una evolución barroca de las arquerías polilobuladas de la ampliación de Alhaken II de la Mezquita de Córdoba, pero que ya encontramos en los castillos del desierto jordano a comienzos del s. VIII, con el nombre de kaft wa daraj (escalón y hombro) (JIMÉNEZ MARTÍN, Historia del Arte de Historia 16, tomo 15, pg. 54), invaden las construcciones africanas debidas a los almorávides a partir de la mezquita de Tremecén. Los almohades, la segunda nube de langosta rigorista surgida del desierto, comenzará utilizándolas por primera vez en un alminar en Marrakech, en la Kutubiya (1160) de una manera bastante sobria completándolas con sencillas decoraciones cerámicas, para irse barroquizándose conforme van extendiendo el imperio hacia el norte y van abandonando las crispaciones estéticas y doctrinales de sus orígenes (alminar de la Gran Mezquita de Sevilla (Giralda, 1184) y alminar de la mezquita de Hassan en Rabat (1195) y para terminar fijando definitivamente el modelo en las de la mezquita de la Casbah de Túnez (1235) y en la de la Gran Mezquita de Tremecén (1236), justo cuando los hafsíes suceden a los almohades en la zona oriental del imperio. A partir de ese momento ya todos los alminares cuadrangulares del Maghreb, que se alternarán con los poligonales de estilo turco en el caso de Túnez, serán copias más o menos felices de las 5 hermanas.



alminar casbahmezquita tremecen

Alminar de la Mezquita de la Casbah de Túnez y alminar de la mezquita de Tremecén (Argelia).


Después de este plomo que os he metido, necesario probablemente sólo para justificar mi propio interés o para conjurar el dolor por la pérdida de tantas cosas que un día estuvieron en la diana de mis estudios y que hoy a duras penas retengo, continúo con el periplo.

Así que esa torre hermana menor de la Giralda y nieta predilecta del alminar califal de la Mezquita de Córdoba, era la que iba buscando. Y con la suerte que me caracteriza para ese tipo de cosas, me la encontré de obras y cubierta de andamios. Actualmente ha quedado integrada, junto con la mezquita, en un conjunto muy heterogéneo de edificios de muy diversas épocas pero que ha venido representando el centro del poder político y militar de la Ifriqiya secular.

Situada en un cerro que domina toda la medina la mezquita formaba parte del conjunto arquitectónico de la Casbah que los almohades construyeron como centro de poder. Hoy en día del conjunto sólo queda la mezquita y su alminar y un lienzo de muralla de la fortaleza, en medio de las cuales se construyó, tras la independencia, el Ministerio de Defensa. Desde la mezquita se asciende un trecho, se pasa por la puerta de ese ministerio sin hacer ostentación de cámara, y, ya más relajados por el de Cultura, y luego por un enorme parking. El guardián del parking fue el que nos indicó que acceder a los restos del alcázar era cosa sólo de saltar una pequeña verja justo delante de un abandonado Museo del Cine, entornar una vieja puerta y subir unas escaleras literalmente empedradas de mierdas humanas en diferentes grados de fosilización. Lo que se encuentra en su cima es un ruinoso adarve en cuyas paredes se apilan más o menos ordenadamente varios centenares de lápidas otomanas que algún equipo de arqueólogos ha tratado de clasificar con un desconocido fin. Probablemente para su museización. Mientras tanto, y espero no estar dando pistas a los traficantes, están al alcance de cualquiera.


adarve


Justo enfrente se levanta el edificio del Ayuntamiento de Túnez (Qasr al-Baladía), un bonito edificio moderno, que estiliza felizmente las formas arquitectónicas tradicionales tunecinas, con una enorme explanada delante, donde es posible aún, cosas de África, ver a los chavalotes jugar a la pelota sin que ningún guardia les de la bulla.


ayuntamiento


Bajando de la explanada del Ayuntamiento y dejando el alminar de la Casbah atrás se entra en la plaza del Gobierno, un agradable espacio rectangular sombreado por cuidados árboles y farolas. Como todo en Túnez, a imagen de la propia pequeñez del país, todo es muy doméstico, muy municipal, El palacio del Gobierno, un palacete del siglo XVIII, Dar el Bey, no da la impresión de ser lo que es, el despacho del Primer Ministro. En seguida se entra por la calle de la Casbah en la medina. Pero la búsqueda de las huellas andaluzas en ella quedará para otro día.


ÍNDICE DEL VIAJE

HAMMAMET
DE ALMINARES ANDALUCES
KAIROUAN
LA MEDINA DE TÚNEZ

miércoles, 21 de enero de 2009

ARTE EN CAJASUR: QUIEN CON CURAS SE ACUESTA...



Mientras se inicia el previsible y deseable, dada la supina ineptitud de los políticos andaluces para crear un motor propio de desarrollo económico de la comunidad, proceso de absorción de las cajas de ahorros andaluzas por la CAIXA para formar la Caixa Única, como anunciaba recientemente José Manuel Atencia, en Córdoba, ciudad en la que se da la beatífica circunstancia de asentar la única caja de ahorrros del estado que pertenece a la Conferencia Episcopal Española, tendremos que seguir mamando que la Iglesia Católica imponga sus criterios artísticos y morales en la mayor fundación cultural de la ciudad: la Fundación Cajasur.

Según su presentación programática esa Fundación tiene como razón de ser revertir a la sociedad los beneficios obtenidos por la Entidad. Cualquier persona que sepa leer entiende que si dice la sociedad se refiere a toda la sociedad. Es decir, a toda la sociedad. Si eso no es así, si prácticamente viene demostrando desde su fundación que eso no es así, habrá que colegir que la Fundación de marras esa miente desde la primera línea de su programa. Y eso es, demostrablemente, así. La Fundación Cajasur viene programando desde siempre actos culturales dirigidos principalmente a la parte de la sociedad cordobesa que practica una moral estrictamente católica pastoreada por los mitrados jerarcas que son los dueños del negocio y evita minuciosamente programar aquellos que según los criterios de los pastores purpurados pudieran ser causa de un perjuicio moral en las almas de todos los cordobeses, sean católicos razonables, católicos reaccionarios, de otras religiones de la competencia, agnósticos o ateos, quieran o no que sus almas sean salvadas del pecado de la contemplación de imágenes turbadoras. La intención es muy loable pero claramente agresiva y lesiva para los derechos de los ciudadanos no católicos, que también son cordobeses y que también tienen (tal vez insensatamente) la pasta metida en la Cajuela Episcopal.

Pero con todo, el problema más agudo no es que se trate de una estafa a la parte de la sociedad que no comulga con la moral reaccionaria del catolicismo canónico, sino que propicia la caída en el error de muchos ciudadanos incautos que no saben con quién se juegan las ideas, las obras y hasta la pasta hasta que no se encuentran con la sonrisa helada del gorila encorbatado de turno que les niega la entrada al paraíso de las subvenciones o de sus salas si no se atiene a las normas no escritas pero sí inscritas en la estricta moral de la Pía Fundación. Aparte de incautos también hay muchos cautos, exjóvenes promesas de la novelística, críticos de arte, periodistas manutenciadas, intelectuales, artistas, asociaciones, etc., siseñoristas practicantes, que colaboran con la Beata Fundación a base de mucho jabón y no poca vaselina.

Entre los incautos se encuentra el caso de los familiares y amigos de un joven pintor cordobés recientemente fallecido, Carlos Cerrato, antiguo becario de la Fundación, con la que se pusieron en contacto con el fin de organizar una exposición retrospectiva del artista en su ciudad natal. Ningún problema hasta que el censor fundacional contempló horrorizado uno de los cuadros preferidos del pintor, una copia del famoso El origen del mundo de Courbet, que fue inmediatamente desechado con el probable argumento de que el obsceno cuadro no representaba exactamente una imagen del origen del mundo, sino del origen del pecado. Ese pecado atroz en el que se basa el 90% de las prohibiciones de la moral católica apostólica y romana y que los eunucos ensotanados colocan desde el principio de los tiempos exactamente en el lugar que representa esa imagen. Ese órgano que siempre turbó tanto el alma de los curas, pero más turbados aún por sus propios pensamientos.

La familia se negó a semejante mutilación del conjunto de la retrospectiva y fue expulsada sin contemplaciones del paraíso de las miríficas salas cajarureñas por el arcángel de la espada de fuego y la corbata con alfiler de oro del Espíritu Santo, símbolo de la empresa.

Manos mal que en el Ayuntamiento de Córdoba (IU y PSOE), tan hipercomplaciente de continuo con las bromillas episcopales contando como cuenta a su frente con la católica renacida por el RINCÓN DE LA F, Rosa Aguilar, alias La Litúrgica, accedieron a buscar un espacio para la exposición y actualmente, hasta el 9 de febrero, puede contemplarse en la Casa Góngora de la calle Cabezas de lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 19.30.

Aquí en esta ciudad y con este tema tiene cualquiera que quiera entender la verdadera calaña moral de la Iglesia Católica un ejemplo inmejorable. A la Iglesia Católica le molesta tener en sus salas de exposición la imagen de un coño, de un simple coño, aunque ese coño forme parte de una obra de arte universalmente considerada como tal, pero en cambio no tiene ningún empacho en organizar una magna exposición conmemorativa de los 50 años de la muerte de uno de los más conspicuos teóricos del nacionalcatolicismo, la versión española del nazismo y del fascismo, que haya dado este país tan pródigo en ellos: el obispo Fray Albino. Como ya he contado en otras ocasiones este peligroso anti-sistema (democrático) fue uno de los conspiradores que más arduamente lucharon para destruir la incipiente democracia instaurada por la II República Española, colaborador entusiasta del golpe militar que la derribó y ejecutó el genocidio programado posterior, en el que fueron asesinados a sangre fría más de 7.000 cordobeses, y pieza clave en la conversión del país en un enorme campo de concentración vigilado por el Ejército, la Guardia Civil y la Iglesia Católica. La brutal destrucción física y moral del país que produjo la guerra desatada con su ayuda creó las bases necesarias de miseria social que luego permitieron al obispo pasar a la historia como prodigador de viviendas para los vencidos y convertirse en uno de los héroes de esta ciudad donde es adorado legalmente por una nube de ciegos morales, supersticiosos empedernidos y canallas sin complejos, orquestados por la Santa Madre Iglesia. Con la complicidad de los políticos de izquierdas sin escrúpulos que han permitido la ignominia de que se le haya dedicado recientemente una calle, responsabilidad de Rosa Aguilar (IU) y ¡¡¡un colegio público!!!, de la del responsable del ramo de la Junta de Andalucía (PSOE). Lo de dedicarle un colegio al siniestro obispo lo debió entender la Junta como un homenaje a quien fue autor de una conseguida adaptación para los niños españoles de la posguerra del Mein Kampf de Hitler, bajo el imperioso título de CATECISMO PATRIÓTICO ESPAÑOL. ¡Heil!

martes, 20 de enero de 2009

Soldadito israelí, soldadito terrorista

A lo largo varios años viajando por diversas partes del mundo he ido descubriendo algunos de los destinos seguros para los israelíes, sobre todo para los jóvenes. Es algo que los turistas, como el resto de los ciudadanos, israelíes tienen que asumir como precio por sostener a gobiernos racistas que practican el crimen y el robo como única diplomacia con sus vecinos. Suelen ser lugares muy exóticos y muy alejados de lugares donde pudieran rozarse con poblaciones musulmanas y espero que pronto, con cualquieras otras. Yo recuerdo especialmente dos: la playa de Hat Rin en Koh Phangan, una preciosa isla del golfo de Tailandia, y León en Bolivia. En Hat Rin, un lugar frecuentado exclusivamente por mochileros, es tanta su afluencia que incluso los menús de los restaurantes-chiringuitos están en hebreo y sirven comidas mediorientales como el hummus y el falafel en pan de pita. La mayoría de esos jóvenes son recientes exsoldados. El ejército israelí les va guardando una paga a lo largo de todo el servicio militar, una masita que les entrega de golpe cuando terminan. No sé cuál es el porcentaje, pero muchos de ellos en lugar de invertirlo en un piso o en montar un negocio se lo gastan, todo o parte, en un viaje. Suelen ser bastante difíciles, abusivamente exigentes y dados a las pasadas alcohólicas y a crear problemas de orden público, estadísticamente con más frecuencia que los mochileros de otras nacionalidades. Me imaginé siempre que el tipo de vida a que los gobiernos de su pequeño estado los obliga a llevar en el que se incluye la comisión de bastantes crueldades gratuitas podía explicar sus reacciones al ser liberados. Así que yo traté siempre de evitarlos, no por su calidad de israelíes, sino por su calidad de desagradables gamberros.

Pero también siempre traté de evitar que me nublara la consideración que concedo a cualquier persona, sólo por el hecho de serlo, su condición de soldados de un ejército que ocupaba ilegalmente territorios de otro pueblo y cuya principal misión es ejercer una brutal represión a la población civil con el fin cada vez más evidente de expulsarlos y quedarse con sus tierras. Eso lo viví en la propia Palestina donde por viajar en los autobuses que usaban los árabes experimenté en carne propia la chulería, la soberbia, la violencia y el trato humillante con que regalaban sistemáticamente al pueblo ocupado. Pero ya digo que siempre evité percibir a cualquiera de aquellos chavales de apenas 20 años que compartían techo conmigo en un chiringuito de playa como miembros de ese ejército, alguno como aquel que en un autobús, recién salidos de Belén, me pasó las hojas del pasaporte con la bocacha de un M16, con la gorra militar en plan béisbol, unas gafas de sol caladas y un chicle en la boca, después de expulsar a empujones a una llorosa mujer con un niño de pecho al que afirmaba llevar al hospital de Jerusalén. No me costaba demasiado, aunque tampoco me salía espontáneamente.

Pero probablemente la próxima vez que me los encuentre ya no seré capaz de ese autocontrol. Después de la matanza, masacre, genocidio o cualquiera de los términos que pueden emplearse para definir la criminal actuación del ejército israelí con la población desarmada de Gaza no sea capaz de soportar la visión de esos jóvenes cerca de mí. Pero no porque me pudieran asaltar el recuerdo de las terribles imágenes de las matanzas en las que pudieran haber participado, sino porque lo que me asaltará será la idea de que en un momento de mi vida he deseado su muerte, la de esos chicos que ríen, comen y se emborrachan bajo las palmeras del trópico. Cada uno de ellos que muere puede significar el que dejen de morir un montón de seres humanos inocentes en sus propias casas, bajo sus bombas de fósforo, bajo la lluvia de sus balas, bajo las cadenas de sus bulldozers. Un par de días antes de haber leído la estremecedora Gaza: carta a un soldado israelí de Ricardo Royo-Villanova me había acordado de aquellos chicos que jugaban con la olas y bebían cervezas y había pensado lo mismo. Que ya sólo podría verlos como terroristas sanguinarios, asesinos minuciosamente entrenados para matar niños, mujeres y hombres indefensos, piezas más o menos voluntarias de un engranaje de muerte y destrucción que tiene como fin último una limpieza étnica, la perpetración de una Shoa con un pueblo al que consideran inferior y digno de ser exterminado, exactamente igual a la que sufrieron los 6 millones de ciudadanos judíos de Centroeuropa a manos de los nazis.

Si alguien, con alguna sensibilidad y con voluntad de oir a alguien que está viviendo la masacre in situ y que carece de los medios que la poderosa máquina propagandística nazionalsionista está derrochando para que la sangre de sus propios crímenes no le manche la reputación, tiene alguna duda debería escuchar estas dos crónicas radiofónicas de un activista que ha conseguido entrar en la Franja de Gaza y cuenta lo que ve. El nerviosismo que sus palabras han causado al embajador del estado de Israel en España, que lo ha puesto en el punto de mira de los terroristas judíos que ya lo han amenazado de muerte y de los servicios secretos israelíes, indican que está haciendo pupa. Estas dos crónicas sólo han sido retransmitidas por radios libres, ya que los grandes medios, El País, entre ellos, se han negado a amplificar su acusación directa y sin medias tintas de complicidad con los crímenes israelíes a Zapatero, Moratinos y María Teresa de la Vega.



ALBERTO ARCE DESDE GAZA (12/01/09)


ALBERTO ARCE DESDE GAZA (19/01/09)



Una de las cosas a las que Alberto Arce hace referencia es al inquietante hecho, que acabo de leer también en ESTA PÁGINA, de que la Ertzaintza, la policía autonómica vasca, entrena a sus mandos en Israel. Da miedo pensar las cosas que les estarán enseñando ¿no? ¿Quienes harán de palestinos para los valientes soldados del lehendakari llegado el momento de poner en práctica lo aprendido?

domingo, 18 de enero de 2009

UNA SEMANA EN TÚNEZ (II)

DOUGGA Y TESTOUR





La idea era, usando un infeliz símil para el que no encuentro alternativa, matar dos pájaros de un tiro. Echar la mañana visitando las ruinas romanas de Dougga y a la vuelta parar en Testour. El fallo fue pillar un bus de línea, el de El Kef, desde Bab Saadoun en lugar de pillar una louage. Para los 100 Kmts. el bus echó más de dos horas. Al llegar al pueblecito, Teboursouk, tuvimos que localizar al taxista local, para que nos subiera a las ruinas, 5 Kmts más arriba, cosa que cumplió en una camioneta de los tiempos de esplendor del lugar que íbamos a visitar. Al terminar la visita a las ruinas preguntamos la manera de llegar al pueblo a un mecánico, quien tirando de móvil llamó a su primo que subió desde el pueblo a buscarnos. Una vez en la carretera general perdimos media hora comprobando que todas las louages que pasaban iban llenas. Al final un coche de los currantes de las ruinas que volvían a Túnez nos llevó por el mismo precio que la louage. Total que el tiempo se nos echó encima y cuando pasamos por Testour era lo suficientemente tarde como para ni pensar en detenernos a echarle un vistazo.

esperandolouage

Pero no me resisto a colgar aquí lo que leí para la ocasión. Fundamentalmente los trabajos de Luis Bernabé Pons. Testour es una de las ciudades de fundación andalusí. Los expulsados por el católico rey Felipe III de sus casas, campos y negocios en 1609 (este año se cumple el IV centenario), en un hecho de crueldad social sin precedentes en Europa hasta el siglo XX, que decidieron dirigirse a Túnez se asentaron en diferentes lugares en función de su posición social y económica.

El caso de los moriscos tunecinos es bastante particular. Al contrario que los territorios de las actuales Argelia y Marrueco, el de Túnez no había recibido moriscos antes de la expulsión. Túnez pasaba desde hacía bastante tiempo por un periodo de situación política muy inestable que había conformado, debido fundamentalmente a las guerras intestinas y al acoso de sus costas por los españoles, una sociedad bastante desectructurada . Los aproximadamente 80.000 moriscos que llegan lo hacen prácticamente de golpe, en sólo seis meses, vienen todos de Francia en una acción política dirigida desde Estambul por mediación de redes de moriscos que se movían en Francia y en la capital del imperio turco. Son las autoridades tunecinas quienes deciden dónde se instalan. Un grupo, los más ricos, artesanos urbanos fundamentalmente, se quedaron en la medina de la capital, donde conformaron un homogéneo núcleo artesanal dedicado sobre todo a la cerámica y a las chechías, el típico gorro morisco que aún usan los mayores tunecinos. Otros se asentaron en Bizerta, donde construyeron un barrio nuevo. Son hispanohablantes y con mucha tendencia a la endogamia por lo que serán siempre, incluso actualmente, muy distinguibles de la población histórica tunecina. A los más pobres y a los campesinos se les ofrecieron zonas agrícolas desiertas del interior en las que sólo pululaban desmayadamente algunas tribus dispersas de bereberes nómadas. Y en las que levantaron cerca de 20 ciudades de nueva construcción. El carácter hispánico de todas ellas es aún patente y eso era lo que quería encontrar en Testour, una de las más importantes, asentada en la feraz vega del río Medjerda. Los moriscos españoles diseñaron racionalmente las nuevas ciudades a la manera de los pueblos de los que procedían. Trazados rectilíneos, de calles anchas, pavimentadas y con acanalamientos laterales para facilitar el desagüe pluvial, que desembocan en plazas cuadrangulares a la manera de las plazas mayores españolas.

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Patio de la Mezquita Mayor de Testour con su torre andalusi. Grabado del s. XIX de Testour donde se aprecia el carácter español de su
fisonomía. Detalle de la torre en la que se aprecia el reloj con los números en sentido contrario y las estrellas de David.

El plano de Testur es así. Pero además otros elementos recuerdan el origen de sus diseñadores y constructores fundamentalmente el hecho de que cubrieran las casas de tejas, en contraste con la tradición tunecina de la azotea y la cúpula. La Mezquita Mayor de Testour es particularmente ostentadora del sello hispánico. El alminar, de base cuadrada está coronado por dos torres octgonales que recuerdan poderosamente a las torres campanarios españoles, sobre todo aragoneses, pero también la torre mudéjar de Santa María la Mayor de Ronda, con el detalle añadido de contar con un reloj decorativo (con la numeración en orden contrario al sentido normal de las agujas), caso rarísimo en los alminares de todo el mundo musulmán y una decoración, típicamente renacentista, de pináculos en los ángulos. El detalle de la numeración en orden contraria del reloj presenta algunas dificultades para su interpretación, aunque la más común es la que apunta hacia la representación del deseo imposible de volver el tiempo atrás, a cuando vivían en su añorada Andalucía. Y en el interior, que de todas formas no hubiera podido visitar, existen algunos elementos de la tradición arquitectónica occidental como el adintelamiento renacentista del mihrab, que se aprecia en la foto que cuelgo y que encontré en un libro de arte islámico. La influencia renacentista se aprecia también en los arcos de medio punto y con una clave de arco clasicista que conforman uno de los sellos más característicos de las construcciones moriscas populares norteafricanas y es posible encontrarlas en todo el Maghreb, con especial presencia actualmente en las casas del barrio de los Andaluces de Rabat. La extraña presencia de estrellas de David en los decorados del minarete se explica, según he leído, porque en su construcción contribuyeron también judíos que se asentaron junto con los moriscos y los musulmanes tuvieron ese detalle para con ellos.


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Dos elementos renacentistas en la arquitectura andalusi maghrebí.
Una puerta del Arrabal de Los Andaluces de Rabat y puerta interior de la Mezquita
Mayor de Testour, con su frontis clasicista.


La vid y los frutales que hoy se cultivan intensivamente en la zona son una introducción de los campesinos andalusís y los sistemas de riego que pusieron en marcha dieron lugar una de las zonas de huertas más feraces de África que han llegado hasta hoy.

En Testour se celebra cada año, además, el Festival del Malouf, la música de origen andalusí, en el que intervienen músicos de las diferentes escuelas: la marroquí (Al ‘Ala), la Garnatí (granadina), tanto la marroquí como la argelina y el Malouf que corresponde a las tradiciones libia, argelina y tunecina. La pieza que colgué para ilustrar la anterior entrada es la más típica, coral, de la tradición tunecina.

Las ruinas de Dougga son impresionantes, incluso para quienes, como nosotros, han visitado más ruinas romanas probablemente de las que existen. Sólo la vista desde abajo, los restos de los edificios escalando hasta el templo que corona la colina del capitolio hace que merezca la pena la visita. Una vez arriba, desde la plataforma del templo la vista corta el resuello y el poder de evocación de lo que se conserva justo a sus pies es de los más fuertes que hemos conocido. Por supuesto practicamos una de nuestras pasiones favoritas: sentados en los últimos escalones de la grada de un teatro romano gozar de la vista del recinto y de los paisajes circundantes que en el caso de Dougga son de una belleza estremecedora. Un extraño mausoleo púnico-líbico de 20 mts. completó la visita.

ruinasdougga


teatrodougga

Durante la vuelta fui charlando con el conductor y su acompañante. De muchas cosas, a pesar de que no eran capaces de pasar fácilmente del dialectal tunecino al árabe clásico y de que su francés era muy limitado. Al pasar por una zona en la que el horizonte estaba representado por unos muy tupidos bosques de pinos me comentaron algo que yo había escuchado anteriormente. En el corazón de esos bosque viven grandes colonias de jabalíes, a los que los lugareños respetan, fundamentalmente porque su carne es haram (prohibida). Desde hace muchos años se ha desarrollado una industria turística que atrae a cientos o a miles de cazadores europeos, sobre todo italianos, que vienen a tirotearlos. Ello significa una fuente de ingresos importante para el país, por cuanto son turistas de gran poder adquisitivo, aunque desde luego el gasto que hacen se circunscribe exclusivamente a la testosterónica actividad que los lleva allí.

Buceando por la red encontré este ESTE VIDEO en el que, en medio de los preciosos paisajes mediterráneos tunecinos, una piara de cerdos domésticos armados con rifles y cananas tirotea a otra piara de cerdos salvajes desarmados, se refocilan con su sangre y se fotografían con sus cadáveres.

ÍNDICE DEL VIAJE

HAMMAMET
DE ALMINARES ANDALUCES
KAIROUAN
LA MEDINA DE TÚNEZ