(del laberinto al treinta)


martes, 19 de abril de 2011

Provecho de la xenofobia


No cabe duda de que la redacción del proyecto de ley que está preparando estos días en Francia la derecha perifascista del presidente Narkozy responde a presupuestos claramente xenófobos. Se trataría de impedir que los musulmanes usaran la calle como lugar de rezo colectivo como vienen haciendo en aquellos lugares en los que carecen de mezquitas, éstas no tienen suficiente aforo o el boicot de las autoridades municipales les impide construirlas. Me imagino que esta prohibición, en la equitativista Francia se hará extensivo a todas las demás formas de rezo de todas las demás formas de superstición fideística, incluidas las procesiones católicas. Pero ocurre que en la laica Francia la tétrica tradición católica de procesionar propagandísticamente sus representaciones de cadáveres torturados fue abolida desde los mismos inicios de la Ilustración entronizada en República y sólo pervive, junto con otras macabradas de inequívoco sello español como la torturomaquia, en las zonas que, por su condición de limítrofes con la península, están más expuestas al contagio de la vesania y el esperpentismo ibérico. Por ello el prohibicionismo de raíz xenófoba de la derecha nacionalista gala no va a presentar un problema para el catolicismo militante autóctono, que se mantiene, de momento, en un discreto estado de modulada expectativa, a pesar de los jaleamientos que desde el propio gobierno y desde la ultraderecha no vergonzante viene recibiendo. Prefiriendo que a la competencia se le limen los dientes a costa de la represión propia de afilar los suyos.

Dado que en nuestro país comienza a manifestarse el mismo fenómeno que en el país vecino de ocupación de la vía pública por los orantes musulmanes por escasez de espacios adecuados y en vista de que su habilitación viene siendo boicoteada estratégica y sistemáticamente por las autoridades municipales de cualquier color podríamos preguntarnos si corre peligro el rezo callejero en las calles españolas, o sea las procesiones de Semana Santa y todas las que usurpan el espacio público el resto del año cada vez más atrevidamente en caso de que las presiones sociales obliguen a los políticos que vienen a imitar a su correligionario francés. No lo deben creer así los narcocofrades ibéricos porque en caso contrario se habrían solidarizado vehementemente con sus equivalentes de la competencia del país vecino colgando lazos verdes, el color del islam, de los varales de sus aparadores ambulantes. Aquí, están seguros, tienen cogidos a los políticos por las pelotas con el alicate de los votos. Claro que tal vez no han contado con la posibilidad de que los musulmanes franceses eleven una reclamación al Tribunal de Estrasburgo exigiendo igualdad de trato respecto al otorgado oficialmente a las cofradías católicas españolas. Para los derechos civiles, podrían proclamar, o todos moros o todos cristianos, valga la rebuznancia. Y exijan una ley común para todo el espacio europeo. Sería de mucha risa, ¿qué no? Porque en cuestión de derechos no valen las ventajas que pudiera arrogar la longevidad de una tradición. Véase el caso de la ablación del clítoris entre los africanos o el de la canónica sumisión de la mujer en el catolicismo y en el islam. La opción sería o seguir permitiendo que las calles se llenen los viernes de musulmanes con el culo en pompa o que todas las de Europa se conviertan en lugares libres de manifestaciones supersticiosas. Sin excepciones.

Sea como sea los que siempre perdemos somos los que no creyentes, y en nuestra propia negatividad nominal podemos encontrar la raíz de nuestra exclusión y derrota permanente. Como no creemos en nada (entendiendo nada por las paparruchas supersticiosas de cualquier índole, llámese religión, magia, astrología, homeopatía o ufología), no tenemos derecho a sentirnos ofendidos por manifestación alguna de los creyentes, sea directa o indirecta, como ellos sí lo tienen a la viceversa. Porque ellos y no nosotros participan de lo sagrado, que es lo único que tiene capacidad y derecho a ser ofendido. Y por eso blasfemia llaman a nuestras acciones militantes y libertad de expresión a las suyas. Pero lo peor no es que los farsantes tiarados recamados de oro y pedrería hagan ese distingo entre ambos esfuerzos para consumo propio, sino que la legislación española la contemple también y castigue a unos y les ría las gracias a otros por los mismos hechos.

Así, ocurre que el derecho a la crítica más o menos feroz, pero siempre legítima, a las creencias, que no son otra cosa que ideas, absurdas, pero ideas, de los creyentes en seres imaginarios son consideradas frecuentemente, tras la consiguiente denuncia de los afectados, un delito contemplado en una ley que ha sufrido una rocambolesca historia. Efectivamente el artículo 525 del Código Penal Español convierte en punible cualquier mofa, escarnio o burla dirigida hacia cualquier religión. Esa ley, vigente durante todo el franquismo y creada para blindar al nacionalcatolicismo genocida de duda alguna, fue abolida en 1982 por el Parlamento español nada más ganar las elecciones el PSOE. Era tan evidente la necesidad de esa abolición que hasta el precedente del PP, AP, votó a favor. 13 años después uno de los políticos con mayor grado de putrefacción moral del espectro estatal, el católico y sin embargo auto considerado socialista, Juan Alberto Belloch, a la sazón ministro del Interior del PSOE y actual alcalde de Zaragoza, volvió a resucitarla por su cuenta y riesgo en la reforma del Código Penal de 1995. Un caso más de lo que Manuel Peris llama la izquierda penitente, formada por una pléyade de políticos populistas mayormente del PSOE, pero también de IU, que no tienen empacho en aparecer impúdicamente en manifestaciones propagandísticas nacionalcatólicas portando los símbolos bajo los cuales se genocidió a sus antecesores políticos, unos por manifiesta incongruencia ideológica, mientras que otros justifican su protagonismo en estas carpetovetónicas liturgias alegando que más que actos religiosos se trata de manifestaciones culturales, de tradiciones populares. Como si las manifestaciones culturales o las tradiciones fueran inmutables y carecieran de contenido ideológico o de sentido político.

Como apunta incisivamente el autor del blog Flash de Cámara en una magnífica entrada titulada El fraude aconfesional español: La libertad de expresión solo puede tener un límite: las personas. O más concretamente su derecho al honor, a su buen nombre y a su reputación. Las ideas, como conceptos abstractos no tienen que ser respetables. No es propio de una democracia avanzada que su sistema legal disponga de preceptos orientados a proteger lo abstracto. Eso es más propio de las teocracias. La religión pertenece a ese ámbito, algo incuestionable a tenor de la cantidad de credos religiosos existente en el mundo incompatibles entre sí. Por muy asentado que esté un sistema de creencias en un lugar, no deja de ser la opción personal de quienes lo asumen, no una realidad incontrovertible que deba tener reflejo en el plano terrenal.



Por ello tiene absoluto sentido que las cabronescas autoridades locales, autonómicas y estatales hayan cerrado filas para prohibir una manifestación cívica tan legítima como la que en los mismo días celebran los católicos: la Procesión Atea de Madrid. Porque vivimos en un estado claramente teocrático con leyes que apuntan convictivamente a la patentización partidista de la existencia de seres trascendentes que instauran instancias situadas por encima de las leyes y las normas de convivencia que podamos dotarnos los humanos.

Así, y visto lo visto, la ya convocada para el año que viene Procesión de Desagravio a Nuestra Señora de la Razón Científica en sus Ofensas Dolorosas del Oscurantismo y la Superstición, en la que se sacarán por las calles de Córdoba en solemne procesión libros de Spinoza, Darwin, Marx, Freud y Einstein, así como representaciones de los propios autores crucificados en el madero de la irracionalidad y sujetos a él con los clavos de la intolerancia, el mismo día que procesiona una llamada Hermandad Universitaria, unida umbilicalmente a la Universidad de Córdoba, bendecida por las autoridades académicas y formada por miembros de misma, tiene pocas posibilidades de celebrarse legalmente. La convocatoria no tiene afán provocativo, sino meramente testimonial y de apoyo a las convicciones ideológicas de sus organizadores, tan respetables como las de los católicos, toda vez que consideran absolutamente delirante e incurrente en flagrante estafa intelectual, moral y económica el que un organismo de la naturaleza de una universidad de un estado de la Comunidad Económica Europea del siglo XXI organice procesiones cofrades nacionalcatólicas no con ánimo de edición facsímil meramente ilustrativo, sino con afán de proselitismo supersticioso y de extensión de disciplinas contrarias al espíritu y a la letra de las que la sociedad les tiene encomendadas.

jueves, 14 de abril de 2011

Lapos psoeístas sobre la República en su 80 aniversario


Escupir en la calavera del pobre abuelo dicen en algunas partes de Latinoamérica para referirse al hecho de pasarse de bando en la lucha de clases. Algo que los socialistos del PSOE, o sea los que tienen responsabilidades en el partido, ante la sonrisa bobalicona de los sociapollas (los socialistas de a pie que aún creen que su partido es socialista) no sólo cumplen con el violento dicho metafóricamente. Un lapo literal sobre la memoria de la II República Española puede considerarse la conferencia que con motivo del 80 aniversario de su proclamación excretó en Córdoba un individuo, Plácido Fernández-Viagas Bartolomé, hijo de socialista histórico Plácido Fernández-Viagas ante un puñado de barandas del PSOE que le rieron la gracia con gusto, en el palacio de la Merced, el impresionante espacio público usurpado para nido propio por esa colonia de políticos patógenos que parasitan el organismo social bajo el nombre de Diputación Provincial. Sólo el título de la excreción, Las ilusiones perdidas. Por qué fracasó la II República da idea de lo que realmente piensa este sujeto del que ha sido el único régimen auténticamente democrático que ha habido en España desde su raíz hasta hoy mismo. El uso del término fracaso y no acoso, derribo y apuntillamiento final por parte de una banda de fascinerosos habla por sí sólo de la clase de análisis que se le espera. El símil perfecto sería el de alguien que dijera que la prueba de que la vida de Pasolini fue un fracaso fue que unos desalmados lo mataron a golpes en una playa italiana. Porque él mismo se lo buscó. La repugnante calumnia asomó además en su afirmación de que el descalabro de la II República se debió al hecho de que en la España de la época nadie era demócrata. Y la más brutal de las sañas en la de que todos fueron culpables, aunque los perdedores fueron los reales vencedores en el terreno de la estética, sobre todo en el de la palabra. Este reparto equitativo de responsabilidades entre el asesino y la asesinada remata la canallada intelectual. Los franquistas se quedaron con la casa y el caballo, pero ellos se llevaron la canción de Lorca, Miguel Hernández y Antonio Machado. Con la propinilla de la estética perfumada de poesía para lavar y perfumar a la muerta. La ética se la pasa por el arco del triunfo nuestro obsceno individuo. El arco del triunfo de los que carecen de ella. ¿Quién necesita a César Vidal o a Pío Moa con estos intoxicadores supuestamente izquierdistas? Para rematar la faena de neofascismo en principio blando que nos invade la UCO, siempre devota de Frascuelo, de María y de Merlín, para conmemorar el 80 aniversario de la proclamación de la II República Española, modelo de estado laico, organiza una vistosa procesión en la que sacarán a la calle al famoso Cristo de la Universidad, advocado bajo el nombre de Nuestro Padre Jesús del Cuajarón Sanguinolento o Cristo del Mel Gibson. Debe ser por aquello de que la lividez amarillenta del cadáver, la sangre roja manante y el violeta de los moretones forman los colores de su bandera.

miércoles, 6 de abril de 2011

COSMOPOÉTICA 2011, Zizek y Rushdie


Este año me pierdo COSMOPOÉTICA, el único evento emblemático cultural oficial de los que se celebran en Córdoba que me interesa de verdad. Mañana me voy para Bilbao y vuelvo cuando ya ha finalizado. En contrapartida mis amigos de allá me han comunicado que ya tienen las invitaciones para asistir a las conferencias de Salman Rushdie y Slovaj Zizek que inauguran el Festival Internacional de las Letras Gutun Zuria de Bilbao.

Lo que más me dolerá será perderme la lectura que de sus poemas hará Maram al-Masri, la poeta siria, escuchar en su voz el cristalino árabe con que teje sus versos.

No conozco Bilbao, fuera de una visita relámpago al Guggeheim recién inaugurado hace muchos, muchos años. Me da que me va a gustar, y aunque no fuera así, la compañía de mis amigos lo llenarán todo de dicha.

domingo, 3 de abril de 2011

Esculturas de Checa en el Hospital


Hace poco escuché un programa de radio contar a un humorista gráfico muy conocido que su padre le dijo que sólo le animaría a tratar de vivir de esa profesión cuando le colocara un dibujo en el pasillo y él supiera que era inequívocamente suyo. Que sus obras tenían un sello propio inconfundible. A José Luis Checa no hizo falta que nadie le animara con esa condición porque cuando comenzó a crear esculturas, ya talludito por cierto, el sello le llegó sólo. No siendo siquiera la mejor de las virtudes de sus obras hay que reconocer que vista una cualquiera de ellas al azar se sabe enseguida quien la creó. Sello propio, voz propia, originalidad o apertura de una vía expresiva personal. A elegir. Estos días expone una muestra de sus trabajos en el mismo lugar donde habitualmente trabaja, aunque no lógicamente de artista, sino de sanitario: el vestíbulo principal del Hospital Reina Sofía de Córdoba. Una muestra de su serie Transmutación. Unas ya conocidas otras nuevas. Todas delirantes. Checa trabaja el hierro tatuándolo y sacándole lo más agudo de su ser, filos de plumas, de garfios o de hoces, representaciones de formas o seres que hienden con su movimiento estático el aire que las rodea. Ya dije en otra ocasión que, aunque el artista insiste en radicar buena parte de su inspiración en sentimientos primordiales que asimiló en la África profunda donde residió un tiempo, a mí lo que me evocan son a los seres primordiales de Lovecraft, los seres góticos que pueblan los sueños de los alucinados, las alas de los dragones arquetípicos que inquietan los universos oníricos de los niños de todos los tiempos. Lo que en el fondo es lo mismo, claro.


miércoles, 23 de marzo de 2011

Educación para la Cofradanía

Me pongo a imaginar e imagino un colegio público en el que se impartiera una actividad cultural escolar consistente en enseñar a los niños/as a corear consignas pareadas contra el capitalismo, a ondear banderas rojas con martillos y hoces, a formar filas en una manifestación para hacerla más vistosa y compacta, más efectiva, para inculcarles la necesidad y enseñarles la manera de manifestarse el 1 de Mayo, Día de los Trabajadores, contra la explotación del hombre por el hombre. Todo ello con la normativa en la mano que alude a la necesidad de acercar a los niños y niñas a conocer, valorar y respetar nuestra cultura y tradiciones andaluzas. En este caso, una tradición que lleva nada menos que 100 años celebrándose excepto cuando las autoridades nacionalcatólicas españolas, de índole fascista, la prohibieron.

Me pongo a imaginar e imagino el escándalo subsiguiente. Sobre todo por parte de todos aquellos padres que claman contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, considerando que adoctrina a sus hijos en el libertinaje. Y me pongo a preguntarme y me pregunto por qué ello supondría piedra de escándalo y no el que en los colegios públicos cordobeses se programe una actividad que responde estrictamente a los mismos parámetros de inculcación de la tradición, pero de signo ideológicamente contrario.

ESTIMADA FAMILIA; TENIENDO EN CUENTA LA NORMATIVA QUE REGULA NUESTRO CURRÍCULO DE EDUCACIÓN INFANTIL (DECRETO 428/ 2008 DE 29 DE JULIO / ORDEN DE 5 DE AGOSTO DE 2008) CUANDO ALUDE A LA NECESIDAD DE ACERCAR A LOS NIÑOS/AS A CONOCER, RESPETAR Y VALORAR NUESTRA CULTURA Y TRADICIONES ANDALUZAS, Y HABIENDO SIDO APROBADA POR EL CLAUSTRO Y EL CONSEJO ESCOLAR, ÓRGANOS COMPETENTES DE NUESTRA COMUNIDAD EDUCATIVA OS INFORMAMOS:

LA ACTIVIDAD CONSISTE EN ELABORAR UN PASO DE SEMANA SANTA CON LA PARTICIPACIÓN DE LOS NIÑOS/AS JUNTO CON LAS FAMILIAS, DONDE CADA CLASE IRA VESTIDA DE NAZARENOS, MANTILLAS, COSTALEROS, ETC CON UN COLOR DISTINTIVO Y HAREMOS UN RECORRIDO POR EL PATIO Y ALREDEDOR DEL EDIFICIO PARAOS DISFRUTE Y VIVENCIA.









Este texto está sacado de la fotocopia que cuelgo y es una propuesta oficial de actividades de la APA de un colegio público cordobés con el permiso de la dirección del centro y con el visto bueno de las autoridades educativas dependientes de una comunidad autónoma en la que gobierna desde hace 25 años un partido que lleva en sus siglas el progresista título de socialista.

¿Y qué tiene de malo, preguntará el lector poco avisado, en que se enseñen las tradiciones cofrades, tan nuestras, a los niños? Bueno, en principio nada si no fuera por lo que el hecho supone en sí mismo mismamente: porque se trata de una manifestación sectaria de una confesión religiosa concreta cuyos rituales no tienen por qué enseñarse como actividad escolar fuera de la, por otra parte irresponsablemente impartida, clase de religión. Continuando porque viola el principio de neutralidad política. El cofradierismo es una actividad que exige determinados niveles de catequesis porque forma parte indisolublemente de la Iglesia Católica, que es una organización que lanza permanentemente propuestas políticas para influir en la legislación española con el fin de modificarla en beneficio de sus particulares y exclusivos intereses y principios morales claramente enfrentados a los de otra parte de la población que los tiene distintos y que sólo cuenta con su estricta representación política. Y porque para mucha gente el sentido de esos rituales no supone, como decía ayer en otro post, sino la regurgitación cíclica de los horrores de la Inquisición, de la estética y la ética de la Contrarreforma, del espíritu del excluyentismo intolerante nacionalcatólico. Aquellos padres irresponsables que quieran inocular esas atrocidades en la mente de sus niños están en su, aunque probablemente dudoso, derecho. Pero desde luego fuera de la escuela. Pero no, se consideran con derecho a hacerlo dentro y en horario escolar. Como dice una amiga mía afectada por el asunto. Dile tú a Satanesita o a Luzbelito -sus hijitos de 8 y 10 años- que sus compis van a participar en una fiesta de disfraces una vez a la semana y ellos no va a poder porque su madre es una rara y no los deja. Que les han dicho que los demás se van a disfrazar las pequeñas con mantilla, tacones de aguja, falda de tubo y carmín en el morro y los niños de costaleros o nazarenos. Aunque al más listillo le engominarán generosamente el pelito y hará de capataz. Esa debe ser la política de no discriminación por género del cada vez más odioso gobierno de la Junta de Andalucía en manos de gente con cada vez menos escrúpulos y principios a los que sólo los mueve seguir en la mamandurria. Claro que los que vienen...

Sería fácil para mí hacer sangre en el hecho de que ese colegio luzca el nombre de un personaje difícilmente rescatable para la evocación ejemplarizante que se le supone a los detentadores de ese honor. Pero luego pienso que los angelitos que allí son educados desconocen que Fray Albino es un título ominoso para nombrar colegio alguno, toda vez que perteneció a un personaje cuyo mayor mérito pedagógico fue el de haber sido el adaptador del best seller hitleriano, Mein Kampf, para los niños españoles de posguerra, bajo la forma de un librillo de texto titulado Catecismo Patriótico Español, tan genuinamente nazi que pareció horripilante incluso al propio Vaticano, que prudentemente lo prohibió.

No, tengo noticias de que semejantes propuestas de actividades se dan en otros colegios no tan contaminados por el nombre del obispo nazi. Concretamente me dicen que en los colegios Cronista Rey Diaz (otro fascista), López Diéguez, preescolar Miraflores y Juan de Mena se practican idénticos horrores.

De todas formas qué se puede esperar de un partido, el PSOE, que permite sin el más mínimo asomo de vergüenza republicana que su candidato a las municipales de Córdoba, Juan Pablo Durán el Umbrellas's Killer lleve de tercero en las listas al hasta hace dos días presidente de la Asociación de Hermandades y Cofradías, Francisco Alcalde, un personaje convenientemente salpimentado por responsabilidades en la extinta Cajasur, cuya brillante propuesta para aumentar las pernoctaciones ha sido prometer la creación de ¡¡¡UNA ESCUELA PÚBLICA DE COSTALEROS!!! Desde luego con ello lo que podría conseguir no son más pernoctaciones, sino que los turistas se queden a vivir con nosotros para no perderse ni una de las monumentales payasadas que tantos personajes de la Caspa Salmorejistaní sueltan cotidianamente. Nuestro Obispo Monse Deme sin ir más lejos.






ADDENDUM: Cuando tenía casi listo esta entrada me encuentro en la página del feisbu de CÓRDOBA LAICA con la noticia de que los padres tragacirios de los alumnos del colegio Fray Albino han recibido una circular en la que anuncian que por motivos ajenos a su voluntad se ven obligados a suspender la actividad cofradiera que tenían pogramá. Pos malegro, coño. Además incluyen el escrito que Andalucía Laica remitió a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía denunciado el atropello a la razón laica y democrática de la actividad. No saben mu bien si ha sío cosa de su presión o es que la APA no tenía pa velas. Esperemos que haya sido lo primero. Por justicia. Por sensatez democrática. Y porque ¡yahta bién, hombre!



ADDENDUM (14/04/2011)

Un amigo me manda la prueba de la ignominia. En el colegio público C.E.I.P. Cronista Rey Díaz de Córdoba (ese fascista), para conmemorar el 80 aniversario de la laica y racionalista República Española, los responsables de la educación integral de los niños organizan una nacionalcatólica y supersticiosa procesión de Semana Santa. Los profesores de esa escuela, los que asienten y los que callan, han debido confundir lo de integral con integrista. Malditos sean.

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Entusiasmos cordobeses

PUENTE2016


Foto de Francisco González (Diario CÓRDOBA)


Todavía acongojonado por el exitazo de la convocatoria de apoyo ciudadano a la candidatura cordobesa a la Capitalidad Cultural 2016 y felicitando de corazón a los que la han convocado, organizado y extraído finalmente fruto reuniendo en el puente viejo a 10.000 paisanos, y agradeciéndoles la inyección de entusiasmo que han inoculado en la ciudadanía de esta sesteante ciudad, me asaltan algunos tristes, rijosos, avinagrados pensamientos, propios sin duda de mi natural carácter atrabiliario y buscatrespiesalgatómano empedernido.


La primera es constatar la desagradable coincidencia del día elegido para la convocatoria de exaltación al espíritu europeista y la reclamación para Córdoba, que se arroga el título de Ciudad de la Tolerancia, de ser señera abanderada de su cultura con el elegido también por los representantes de los europeos, y también señeramente los españoles, para bombardear un país vecino con el evidente fin de salvaguardar sus sagradas fuentes de energía y probablemente como primer escarceo de la prevista gran guerra que se avecina por los combustibles fósiles. El darwinismo social militarizado del que hablaba el amigo Lamalgama dos post anteriores. La hipocresía de cubrir la intervención con un azulado manto de falso humanitarismo sólo añade más oprobio a su iniquidad.


La segunda es la también constatación una vez más de que la candidatura de Córdoba participa del mismo espíritu de los concursos de belleza femenina o masculina. El culto a la apariencia. En aquellos lo imprescindible es la guapura natural de los presentados, mientras que sus capacidades intelectuales o éticas no sólo no son necesarias en sí mismas, sino que lo necesario es su estricto ocultamiento. Infumables botellones pseudoculturales como la Noche Blanca del Flamenco o Untopía; performances moernas en plazas emblemáticas que nada añaden al conocimiento y disfrute del arte; apuesta oficial por el fomento de un espectáculo que estaba en vías de extinción apenas hace treinta años tan alejado de la cultura viva como la Semana Santa, regurgitación cíclica de los horrores de la Inquisición, de la estética y la ética de la Contrarreforma, del espíritu del excluyentismo intolerante nacionalcatólico, que además se difunde impunemente violando los principios de laicidad del estado en los colegios públicos cordobeses; inventos culturales aeronáuticos con ineludible vocación de conversión final en bares de copas molones o en parquecitos infantiles, festolendas de camisetas y globitos y sonrisas bobaliconas; que está asistiendo indiferente a la planificada deconstrucción real y simbólica de su monumento más emblemático a manos de la jauría de sotanas más salvaje al oeste del Meandros. Ya lo dijo la comisión aquella. Mu bonica la candidatura y mu bonicos sus monumentos, pero poca chicha y menos limoná realmente cultural. Porque lo importante de este asunto no es el crecimiento en valores estéticos y éticos de los ciudadanos, la educación y la libertad de pensamiento, sino la creación de un decorado de mesón para vender más flamenquines. Y para eso no se necesita una ciudadanía más culta, sino un encadenamiento de verbenas que entretengan a los guiris. En esta ciudad lo extraño no es que no haya más pernoctaciones de turistas, sino que no se queden a vivir los antropólogos, porque el espectáculo más interesante que en ella puede encontrarse es contemplar de cerca el día a día de cómo nos cocemos en nuestro propio jugo exquisito de ignorancia, casperío e inanidad autocomplacientes.


La tercera también constata. Y constata el tipo de cosas que son capaces de mover a la ciudadanía. Una ciudadanía que está sufriendo una brutal crisis provocada por la avaricia de los mercados con la ayuda de los partidos políticos-condón convertidos en sus mercenarios y con la misión de evitar el preñamiento en rebeldía de la gente. Una clase trabajadora que ha visto cómo le recortaban brutalmente en poquísimos años sus derechos y sus salarios para facilitar el aceleramiento del trasvase de riqueza hacia las clases altas. Una juventud a la que se escamoteado su derecho a un futuro, ni siquiera tan digno como del que gozaron sus padres. Todos, todos juntos sobre un puente saltando de alegría porque sus representantes políticos van a conseguir que los bares de esta ciudad vendan más salmorejo. Perfectamente razonable. Pero lo sería aún más si además se hubieran manifestado alguna vez en los últimos tiempos para protestar, o tan siquiera quejarse, por cualquiera de las brutales tundas que los poderosos les están endiñando mientras los mantienen entretenidos con el fútbol, la tele y el teatrillo de guiñol de la cachiporra de los exinpolíticos. Que ejercieran de consumidores conscientes de democracia real, la que contempla que son ellos los únicos dueños de sus destinos y no instancias ajenas y lejanas que nadie ha votado, exigiendo contundentemente y con enfado manifiesto calidad, eficacia y transparencia en las facturas como la que ejercen con las empresas de telefonía cuando se les jode el móvil. Como ya ha empezado a ocurrir en otros lugares: Lisboa, Islandia, el Maghreb, Atenas... Pero es que aquí... la noche cordobesa huele a jazmines...


Y sí, mamá, ya lo sé, que a quién le habré salido con esta mala sombra...

domingo, 20 de marzo de 2011

EL MAUSOLEO DE AGUILARNASO


Mausolo fue un rey de Caria que se mandó construir en Halicarnaso una fabulosa tumba para pervivir tras su muerte en la memoria de los hombres. Una desproporcionada obra que se convirtió en una de las Siete Maravillas de la Antigüedad: el Mausoleo de Halicarnaso. Desde entonces a las tumbas fastuosas se las llama mausoleos. Los considerados grandes gobernantes, ninguna mujer por cierto, desde la antigüedad trataron de emular al rey anatólico gastando enormes sumas de dinero procedente de la explotación del esfuerzo productivo popular para erigir mausoleos que perpetuaran sus memorias hasta la eternidad. Las pirámides egipcias fueron su más exagerada representación. Los últimos ejemplos fueron el de Burghiba en Monastir (Túnez) y el de Jomeini en Teheran. Hoy en día y en los países democráticos la pulsión egotista entre los mandamases, cualquiera que sea su real importancia, sigue siendo la misma, pero la forma en que la desarrollan ha cambiado ligeramente. Incluso ha cambiado el hecho de que algunas mujeres se han subido al carro de su autoglorificación, usando un dinero, enormes sumas de dinero, de la misma procedencia que el que usaban los antiguos. El método moderno consiste en mandar construir faraónicas obras públicas o edificios emblemáticos que nadie necesita y que nadie pide con la única finalidad de que aparezcan sus nombres en placas de mármol o de bronce en lugar bien visible para quedar inmortalizados en la que suponen infinita posteridad.



Mausoleo de Fraguicarnaso

El Mausoleo de Fraguicarnaso



Hace unos días tuve ocasión de contemplar un caso reciente. En Santiago de Compostela se viene construyendo desde hace años un enorme sarcófago que glorifica la memoria del que fuera ministro de una sangrienta dictadura, transmutado posteriormente en enjabonado político transicional y convertido finalmente, antes de su definitiva jubilación, en presidente de la comunidad gallega: Manuel Fraga Iribarne. El descomunal sarcófago, que recibe el nombre de Cidade da Cultura de Galicia, pero que yo he bautizado como el MAUSOLEO DE FRAGUICARNASO, es una obra megalómana de magnitudes colosales, que se erige en un monte en competencia descarada y ofensiva con la ciudad histórica cercana, de la que su autor, el americano Peter Eisenman propone como deconstrucción simbólica, y de su misma extensión (148.000 metros cuadrados) que lleva invertidos más de 400 millones de euros, sin que las obras hayan llegado ni siquiera al ecuador, y cuyo coste de mantenimiento es de 50 millones de euros anuales. Y sin que exista una idea clara de cómo se llenará de contenidos y para qué exactamente servirá. Y mientras la cultura de verdad, la de la educación pública, la de las redes de creación artística y la de su fomento en los barrios y pueblos absolutamente en pañales.


La Implementaora

La Implementaora


Las modalidades que el faraonismo mausoléico ha adoptado en Córdoba han sido variadas (un centro de congresos emblemáticamente fantasmagórico, un avión cultural fantasmagóricamente emblemático...), pero sobre todo donde ha cuajado ha sido en el campo de las infraestructuras viarias y su beneficiaria, doña Rosa Joaquina Aguilar Rivero, exalcaldiosa de Córdoba, exconsejera de la Junta de Andalucía, actual ministra de Medio Ambiente y posible futura papisa si continúa con su meteórica carrera. En ese caso final obtendría la gloria de contar en las entrañas del Vaticano con un mausoleo inigualable donde se conservaría en la salmuera de la fama eterna su memoria, pero por si acaso se le tuercen los planes, en los escasos meses en que tras su roedora huída de su formación política y la deserción de sus deberes de regidora electa, la tránsfuga fue consejera de Infraestructuras de la Junta, se empeñó en diseñarse uno a medida. Así que dejó mandado que se construyera una faraónica obra a su voluntad debida consistente en unir mediante una autovía embutida en el terreno las autovías periféricas ya existentes de Córdoba. Tres kilómetros atravesando zonas urbanas muy delicadas de las faldas de la sierra y con altísima probabilidad de arrasar restos arqueológicos: la Ronda Norte. Mi amigo Pedro Pérez, del colectivo A PATA ha estudiado los costes del mausoleo y los efectos que tendrá en otros aspectos que no son los estrictamente atinentes a la glorificación personal de su implementaora.

Así, no se cansa de pregonar que el proyecto de construcción de la Ronda Norte, 3 km de autovía urbana, requerirá (según el proyecto aprobado) de un gasto de 925 millones de euros, repito 925 millones de euros, desde el año 2014 al 2040. Mientras desde todas las instancias nacionales e internacionales, especialmente la UE, se insiste fuertemente en un necesario cambio en el modelo de transporte que nos haga depender menos de la variabilidad de los precios del petróleo, los tres partidos del gobierno en Córdoba, han apoyado este macroproyecto que va claramente en la línea contraria. Sólo con la primera anualidad que se pagará por la Ronda Norte (26 millones de euros), el tren a Rabanales (el que une la ciudad con el Campus Universitario) podría financiarse durante 200 años (sic). Con el mismo dinero, el transporte público sería gratuito en nuestra ciudad, ya que es el coste anual operativo de (la empresa municipal de autobuses) AUCORSA. (1).

En realidad se trata además de una descarada vuelta de tuerca más en el habitual trasvase en que vienen desde siempre empleados nuestros políticos de fondos públicos a empresas privadas, en este caso constructoras y banca financiadora. Pero es que además se trata de la creación de infraestructuras para agilizar el uso del coche privado, un medio de transporte que está condenado a corto plazo a drásticas restricciones por la imposibilidad de mantener el nivel de consumo de combustibles fósiles sin que se agoten en breve tiempo, la previsible y deseable decadencia de la peligrosísima nuclear y la incapacidad de las renovables de sustituirlas sin una drástica bajada del crecimiento y del consumo actuales, hacen que esa infraestructura se convierta en absurdamente inútil en un plazo relativamente corto de tiempo. En el MAUSOLEO DE AGUILARNASO.

La peripatética situación del actual gobierno pesoeísta (me niego a llamarlo socialista) que padecemos se hace más patente si pensamos que la política menos ecologista de la historia de la democracia, la adicta a los aerosoles de laca, Isabel Tocino, incluida, una persona además que siendo alcaldesa de Córdoba contribuyó entusiásticamente a que la ilegalidad constructora se instalara en la vega del Guadalquivir, arruinándola para siempre y amenazara incluso el recinto arqueológico de Medina Azahara, sea la actual ministra ¡¡¡de Medio Ambiente!!!

Es así que se hace imprescindible movilizarse para parar ese enorme despropósito y reclamar que esa ingente cantidad de recursos económicos se inviertan en convertir nuestra ciudad en un modelo de ciudad amable, dotada de un transporte público barato, eficiente y limpio, en la creación de espacios cada vez más libres de ese monstruo cachararroso que es el coche y en la educación, e incluso en la curación en los casos de adicción más empedernida, de los ciudadanos en su prescindibilidad, por puro anhelo de higiene urbanística y de afanosidad democrática, pero sobre todo, por pura y simple supervivencia.


(1) ADDENDUM DE PEDRO PÉREZ: Los costes del Mausoleo de Aguilarnaso estuvieron expuestos al público durante un breve espacio de tiempo en la web de la Conserjería (es su obligación mínima en eso que llaman “proceso de información pública”). Había que estar muy interesado para buscarlos. Había que estar muy interesado para analizar el proyecto. Después, desaparecieron y a día de hoy (si no los han vuelto a publicar en los últimos días) es imposible acceder a ellos oficialmente. Menos mal que un puñado de irreductibles galos pudimos fotografiar la página de costes y subirla a facebook. Allí, en mi perfil, en la carpeta Fotos del Muro, podeis encontrar el coste detallado, que son 346 millones de euros, que se convierten en 925 a pagar en cuotas anuales a la constructora hasta el 2040 debido al sistema de financiación público-privado utilizado. Bajo mi punto de vista, un transvase descarado de dinero a constructora y entidad financiera, que hipoteca las inversiones que debería recibir Córdoba para transformar su sistema de transporte hacia uno menos dependiente de los combustibles fósiles y la dependencia exterior que estos crean.


domingo, 27 de febrero de 2011

El Paradigma de Córdoba



LAS TRAICIONES

Si hay una ciudad en este país que ha venido desperdiciando minuciosa, cuidadosamente las mejores oportunidades de desarrollo cultural, de la racionalidad urbanística, y consecuentemente de desarrollo económico que se le han presentado en los últimos 30 años, esa ciudad es Córdoba. He aquí, desgranadas, algunas de las evidencias:

La destrucción sistemática de los yacimientos arqueológicos altomedievales más grandes e importantes del mundo y de otros de épocas más antiguas sacrificados al moloch de la especulación ladrillista y que, debidamente puestos en valor, la hubieran convertido en una de las mayores potencias arqueológicas y por ende turísticas del continente.

La permisividad institucional en la destrucción de un hinterland urbano, sierra y vega, en la descacharrante metástasis de las construcciones ilegales conscientemente consentidas, que ha impedido ya para siempre la posibilidad de su permanencia como referentes naturales explotables agrícola, turística o ecológicamente.

La traición a sus programas por parte de los partidos de la izquierda gobernante, municipal y autonómica, cuyas promesas de llevar a cabo políticas de movilidad sostenibles y acordes con las características de una ciudad como la nuestra, con el casco antiguo de origen medieval más grande de Europa, se han traducido finalmente en proyectos de construcción de faraónicas y costosísimas infraestructuras viarias claramente innecesarias, no sólo porque a lo que apuntan es al fomento del uso del automóvil privado, que ya ocupa el 80 % del espacio viario urbano, frente al 20 que corresponde al peatón, sino porque se hace en un momento en que ya se tenían, y de sobra, datos suficientes para poder predecir que la crisis energética que padecemos y que se agravará aún más en poco tiempo aconsejaba justamente lo contrario: sustraer esos desorbitados costes a otros proyectos más racionales y planificatoriamente más avanzados, más en consonancia con las tendencias urbanísticas europeas del siglo XXI, fomento de un transporte público eficaz y barato, por ejemplo. Pero lo más doloroso es la evidencia de que la finalidad última por la que se llevan a cabo esas enormes e inútiles inversiones apunta a la ya rutinaria política de todos los partidos gobernantes actuales de engrasar los mecanismos que permitan el trasvase de la mayor cantidad posible de dinero público a las empresas privadas, en este caso banca y constructoras.

Y sobre todo el entendimiento por parte de esas mismas fuerzas políticas de izquierdas, traicionando del mismo modo su propio espíritu programático, de la gestión de la cultura como un encadenamiento de eventos más o menos fastuosos o como un empeño de usar los recursos para construir, siempre el ladrillo, edificios sobrepreciados, atendiendo más a su posibilidad de uso como emblemas marquetinizables que a su utilidad como lugares generadores de cultura ciudadana, participativa y horizontal.



EL PARADIGMA DE CÓRDOBA

La última está ocurriendo ahora mismo. La necesidad de referentes ideales que fomenten la convivencia pacífica entre los humanos ha hecho que algunos de los más importantes pensadores actuales empeñados en fomentarla se hayan fijado en nuestra ciudad. No por méritos actuales propios, sino porque su nombre está asociado a una experiencia histórica que pasa muy extendidamente por modelo de bondad de un poder político, perfectamente inscrito en su época, que fomentó y custodió esa convivencia: la Córdoba de los omeyas. Está más que demostrado, a pesar de los inumerables intentos interesados de negarlo (1), que durante un periodo de tiempo que cubrió casi un siglo, en esta ciudad se crearon las bases legales, con todas las imperfecciones y salvedades que se quieran buscar, fruto de las estructuras mentales de la época, que permitieron una coexistencia pacífica de los diferentes credos religiosos existentes en el marco del estado. Esa innegable apertura en la consideración de lícitas de todas las ideas y el consiguiente incremento de la convivencialidad social a que ello lleva en un momento y en un lugar histórico que los hace excepcionales comparados con el resto del mundo, es lo que conforma eso que se ha dado en llamar el Paradigma de Córdoba. La fijación de ese término y su puesta en circulación se deben al filósofo iraní Ramin Jahanbegloo, uno de los más importantes pensadores mundiales empeñados en el fomento de la coexistencia pacífica entre los humanos tanto a nivel individual como a nivel de las distintas comunidades religiosas, étnicas, lingüisticas, etc., que lo presentó en sociedad en un artículo en el diario El País en octubre de 2010 precisamente con el título de El regreso a Córdoba.



LOS ENCUENTROS DE AVERROES

Hace unos días se han celebrado en Córdoba unas jornadas sobre Averroes, Los Encuentros de Averroes, un evento que lleva 18 años haciéndolo y que, por primera vez ha tenido su sede en la que fue patria chica del filósofo peninsular más importante de la historia. Fueron un grupo de intelectuales franceses los que en 1994 decidieron tomar su nombre para la organización de unos encuentros anuales, los Rencontres d'Averroès en los que pensar y debatir las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo y las posibilidades de coexistencia pacífica entre ambas. Durante toda su dilatada andadura los encuentros se han venido celebrando en Marsella, salvo el año 2009 que lo hicieron en Rabat, ciudad a la que sumaron dicho año al proyecto. Durante todos esos años Córdoba ha permanecido perfectamente de espaldas a ellos hasta este año en que los ha necesitado para sumar laureles con los que competir en el reñido concurso de la capitalidad cultural europea del 2016 en el que se enfrenta con otras ciudades españolas que tienen mucho mejor que ella sus deberes hechos. Por ello la encargada de solicitar y conseguir para esta ciudad la sede de los Encuentros ha sido la Fundación Córdoba Ciudad Cultural para el 2016, a la que se ha sumado Casa Árabe y la UCO a través de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos. Pero bienvenidos y fructíferos han sido a pesar de todo.

El filósofo Ramin Jahanbegloo, los profesores González Ferrín y Andrés Martínez Lorca y Aurora Salvatierra y los escritores Juan Goytisolo y José Manuel Fajardo debatieron sobre la figura de Averroes y sobre el necesario entendimiento, que se dio en Al Andalus y que hay que recuperar para hoy mismo, entre las diferentes visiones del mundo. En ellos se ha lanzado la propuesta de sustituir el equívoco eslogan de la Tolerancia, las Tres Culturas (a la que hoy día habría que añadir una cuarta, la laica) o el reaccionario de Alianza de las Civilizaciones, cuyo absurdo nombre presupone su existencia y un enfrentamiento entre ellas, por la del Paradigma de Córdoba, un modelo de convivencia entre ideas, cuyo cultivo mítico, pero demostradamente real, ocurrió, junto con un increíble desarrollo cultural, el primer Renacimiento europeo del que habla el profesor González Ferrín, que tuvo la mala suerte para su consideración posterior de hacerlo en árabe, en esta ciudad en la época dorada de la dinastía omeya, pero también en la de sus epígonos, esas pequeñas córdobas en que trataron, compitiendo entre ellas por emular a la matriz, de convertirse los reinos de taifas. Pero ese paradigma no sólo hace referencia a un periodo concreto, sino que tiene que ver con la propia palabra paradigma, entendida como lo hace la sociología, conjunto de elementos fundamentales que conforman la cosmovisión de una sociedad determinada. El paradigma de Córdoba se daba, pues, no sólo en el siglo X, que fue su núcleo fundador, sino durante toda la Edad Media y no sólo en tierras de poder islámico, sino también en las cristianas hasta el final de la misma. Es la convivencia de las ideas con el mínimo conflicto posible y tutelada conscientemente por un poder político. Pero no sólo se queda en la simple convivencia, sino que incide además en la fecunda interrelación entre diversas tradiciones, como lo demuestra el rescate, estudio y adaptación del pensamiento griego en Al Andalus o el propiamente islámico y el judío en la Escuela de Traductores de Toledo. Ramin Jahanbegloo lo define así: El paradigma de Córdoba es un modelo de reconciliación y colaboración entre unos europeos de distintas comunidades religiosas que contribuyeron a recomendar y, sobre todo, estimular el aprendizaje entre culturas. Ese paradigma de convivencia de ideas y de la fecundación de estas entre sí se rompe al comienzo de la modernidad con la imposición de otro paradigma, el del totalitarismo ideológico que expulsa o extermina toda disidencia. Es el paradigma nacionalcatólico, que llega, no tan debilitado como creemos, hasta nuestros días. Ese paradigma fue responsable de la expulsión masiva de un elevadísimo número de ciudadanos que no respondían a los cánones de pureza ideológica impuestos por el frente formado por la Iglesia Católica y la monarquía absolutista, teñido además de falsos presupuestos raciales, y la creación de una brutal y poderosísima maquinaria de control y represión ideológicos de los ciudadanos restantes, la primera maquinaria totalitaria de la modernidad: la Inquisición Española. Y que fue exportada a América con el resultado de uno de los etnocidios más brutales de la Historia de la Humanidad. La revolución fascista de los años treinta y la dictadura nacionalcatólica subsecuente, tan reciente, fueron sus últimos coletazos, aunque su espíritu sigue perfectamente vivo en tantos organismos, instituciones y en la mentalidad de una parte importante de la población. (2)

Es por eso que el Paradigma de Córdoba se presenta no como un concepto meramente cerebratorio, sino que, como afirmó el profesor Jahanbegloo, tiene un sentido de referencia histórica que hay que recuperar como proyecto de futuro. O sea que nace con voluntad de incidencia en la sociedad actual, como una potencialidad de cambiar las cosas que no se limita a la convivencia sino también a la voluntad pacífica de las personas para democratizarse. Y es un proyecto que, como decía antes, gentes venidas de fuera han generado tomando el nombre de nuestra ciudad como referente y con voluntad de irradiación a todos los rincones del mundo, porque el mensaje último sería que la democracia no es sólo patrimonio de Occidente, sino que pertenece al mundo entero. La apuesta y la oportunidad de esta ciudad, que presumiblemente acabará desperdiciando como tantas otras cosas, es convertirse realmente en merecedora del título, en un centro de irradiación de cultura, de esa cultura del entendimiento entre diferentes concepciones del mundo, de la convivencia de las ideas, del cultivo de los presupuestos intelectuales de la justicia, la equidad y la democracia. Pero me temo que su destino sea quedarse en aquello para lo que realmente ha sido convocado ese título, en un laurel más, vacío de contenido pero muy decorativo, en el diseño de una marca comercial de apariencia prestigiosa dirigida exclusivamente a engordar los méritos aparentes de la ciudad para el concurso de la capitalidad, es decir al incremento del turismo, o sea al desarrollo del respetable gremio de la hostelería y al no menos respetable de los gestores culturales especializados en productos higiénicamente envasados.





(1) Uno de los argumentos más usados es el de los supuestos mártires cristianos ajusticiados por la autoridad emiral por dar testimonio de su fe. Todos los datos documentales con los que contamos apuntan a que se trató de individuos que buscaron claramente el suicidio y que su ajusticiamiento no obedeció a un testimonio de fe que podían hacer libremente sino a las deliberadas ofensas que a la religión islámica proferían públicamente a sabiendas de que la ley los condenaba por ello a muerte. Hasta el punto de que el emir y el obispo convocaron con concilio para condenar esos actos suicidas que además ponían en peligro a toda la comunidad cristiana. Otros apuntan a las represiones puntuales de los invasores almohades y almorávides, pretendiendo ejemplificar y condensar en ellas los ocho siglos de cultura andalusí, en los que dio tiempo a que ocurrieran multitud tanto de situaciones de convivencia como de conflictos.




(2) No es extraño que los comulgantes, más o menos conscientes, más o menos militantes, más o menos aguerridos, con el paradigma opuesto al paradigma de Córdoba, al que podríamos llamar paradigma de los Reyes Católicos, se pongan nerviosos cada vez que se les enfrenta con los principios que los constituyen a ambos. En particular la Iglesia Católica y la multitud de sus acólitos no puede soportar la evidencia de la desventaja moral en que queda en dicha comparación. Por eso se dedican sistemáticamente a tratar de desmontar con todas las herramientas imaginables la construcción del mito de la convivencia en Al Andalus, porque no pueden soportar la evidencia de que dicho mito, independientemente de su mayor o menor anclaje en la realidad histórica, se contruyó por la necesidad de buscar una referencia comparativa equivalente que ayudase a comprender la verdadera naturaleza monstruosa y el indescriptible horror de la instauración desde la bisagra de la modernidad del paradigma totalitario nacionalcatólico: el principio férreo de negación absoluta de cualquier otredad, por nimia que fuera, que raspara tan siquiera las verdades impuestas por una estrechísima ortodoxia y vigilada por la maquinaria ideológico-represiva de la Inquisición a sangre y fuego. Frente a él el mito de una edad de oro en que la convivencia de ideas diferentes era posible resplandece e ilumina de paso la brutal diferencia.


Estos comulgantes suelen aparecer con harta frecuencia y cuando menos se los espera, pero ha sido toda una sorpresa encontrarlos dentro de la propia organización de los Encuentros. Efectivamente tras la última sesión y en el debate abierto posterior a las intervenciones tomó la palabra un pintoresco personaje que ya empieza a acostumbrarnos a sus provocaciones antiilustradas en diversos actos por él mismo organizados. Se trata de don Manuel Torres, director de la cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos de la UCO, uno de los organismos organizadores de los Encuentros. Ya en cierta ocasión se hizo merecedor de una contundente puesta en su sitio por parte de Rosa Regàs, en un acto universitario del que ya hablé en su momento. En esta ocasión don Manuel se dedicó en su acaparadora (fue conminado por el propio público a reprimirse) intervención a tratar de desmontar prácticamente todo el armazón teórico sobre el que se habían montado los propio Encuentros. Lo peor no es que pusiera en duda reiteradamente, pero sin argumentación factual alguna, la veracidad histórica de la convivencia pacífica entre las religiones del Libro en Al Andalus, sino que reclamó su derecho a negarse a flagelarse, continuamente como él mismo lo describió, por lo que ocurrió después. En este caso sí que argumentó. Echando mano primero a un descacharrante relativismo histórico, negando el derecho a los historiadores actuales a juzgar las actuaciones de sus estudiados del pasado y negando, pues, la posibilidad de los estudios comparativos de contemporaneidad para argumentar seguidamente en su contra aplicándolos a la acusación de maldad suprema a los anglosajones, que no solo fueron muchísimo peores que los españoles, sino que además fueron los responsables de nuestra mala fama. Ya sabéis, lo de la Leyenda Negra y otros tópicos de andar por la casa reaccionaria. Ah, y que lo de la Inquisición no fue invento nuestro, sino de la Roma vaticana. Sólo con ese dato de la apelación a la Leyenda Negra podemos hacernos una idea del nivel de apulgaramiento del argumentario de nuestro pintoresco personaje. El encargado de ponerlo esta vez en su sitio fue el escritor José Manuel Fajardo que desmontó fácil, pero minuciosamente, todas sus tristes argucias. La Inquisición sería invento papal, pero aquí lo convertimos en la primera maquinaria totalitaria de la modernidad. La primera voz que se rebeló contra al absolutismo ideológico y criminal hispanocatólico no fue un inglés sino un fraile español: Bartolomé de las Casas. El mejor remedio contra el relativismo histórico son los estudios comparativos: la fijación de los cánones éticos de la época y, sobre todo, de la tradición, para detectar la maldad o bondad de las actuaciones concretas de individuos concretos en un lugar y en un tiempo concretos. Con lo que quedó meridianamente claro que a nuestro querido Director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos debió de parecerle de maravilla la manera en que los Reyes Católicos resolvieron los suyos.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Taxonomía

Foto R. Muñoz (El Mundo)


Todos conocemos a algunos que estudiaron con nosotros o fueron amigos de adolescencia o de copas en los años mozos. Por eso los conocemos bien. La mayoría de los autollamados socialistas con cargo en este país son arribistas sin ideología, ni principios. Gente mediocre que se arrimó al partido porque tenía hueco desde el que medrar económica o egolatramente, pero lo mismo podía haberlo hecho en el otro, en el autollamado popular, del que al fin y al cabo desde hace tantos años se diferencia tanto como una punta de otra en las lenguas bífidas de ciertos reptiles.

Pero es que además con una frecuencia pasmosa suelen actuar con un depurado cretinismo. En caso de que se confirme que la noticia es cierta, decir que los concejales del PSOE de Candeleda, provincia de Ávila son unos cretinos por exigir que se elimine una bandera republicana de un mural colocado en un cementerio en recuerdo de los republicanos que fueron fusilados por defenderla no debe considerarse un insulto, sino una precisión taxonómica. Una descripción meramente clasificatoria de un tipo de sujetos y sujetas que no es ya que no tengan ni puta idea de en qué bando luchó el partido en el que militan y medran, ni lo que significa esa bandera, sino que en lugar de adecuar sus actuaciones públicas como servidores públicos a las más simples reglas de la lógica democrática, de la razonabilidad y de los principios de equidad, lo hacen a las de tonto el último. El mismo grado de cretinismo exhibirían por ejemplo otros munícipes que exigieran a los familiares de los católicos que resultaron asesinados en la revolución fascista que eliminara las cruces de sus tumbas.

Aunque hay quien lo relaciona más con la vergüenza.

jueves, 3 de febrero de 2011

El feo culo de la ministra


Cuanto más te agachas más se te ve el culo, dice el dicho popular. Y eso es lo que se le ha ocurrido a la ministra de Exteriores española, la señá Trini Jiménez, por agacharse tanto buscando la miserable peseta que se le ha caído, que se le ha visto tol culo de la desvergüenza y de la tramposeria que usurpa el nombre de la diplomacia. ¿Cómo podemos entender su afirmación de que en Marruecos no hay ningún riesgo de contagio de la serie de revueltas que están sacudiendo el mundo árabe para exigir democracia, el fin de la corrupción y la caída de los tiranos porque inició ya hace algunos años un proceso de apertura democrática? Teniendo en cuenta que un día antes el primo del (según la ministra) ya exsátrapa, extirano y exsaqueador de bienes públicos y tercero en la línea sucesoria, Muley Hisham, decía justamente lo contrario, podemos pensar dos cosas: o que la señora ministra no tiene ni puta idea de lo que está hablando o que tiene demasiada y nos está diciendo algo más de lo que parece estar diciendo. Yo me inclino, claro está, por la segunda. En caso de que el pueblo marroquí se acabe levantando como es previsible y deseable como el resto de sus hermanos contra una tiranía que es, según los depredadómetros más acreditados, posiblemente la más corrupta y depredora de todas la de la gama, la señora ministra quedará posiblemente como una espabilá con un ojo clínico de un gato de yeso metío en un baúl, pero habrá dejado un precioso huevecito de serpiente en la opinión pública española: DESLEGITIMIZAR CUALQUIER MOVIMIENTO REBELDE POPULAR que se organice en nuestro vecino del sur. El mensaje es: quien se rebela sin motivos contra una autoridad paterna bondadosa, o en trance de corrección, es un rebelde sin causa, un niño o un chico insonrible que sólo se merece un par de azotes o un par de hostias dependiendo de la edad. Siguiendo ese mismo razonamiento su colega francesa de Interior ofreció al dictador Ben Ali en los primeros momentos de la rebelión tunecina ayuda para repartir esas hostias necesarias más sofisticadamente (sofistication francaise, tu déjà sais) a los revoltosos. No creo que nuestra simpática ministra llegue a tanto, o al menos lo llegue a cara descubierta, pero ya da igual: le hemos visto el culo. Y lo tiene feo. Muy feo. Cubierto de esas tiesas cerdas que sólo crían los coriáceos pellejos de los cínicorrincos. Y que siguiendo la última deriva de esta bitácora hacia lo imaginativamente insultante podríamos transmutar en TRINITORRICOS.

¿Quién le pagará a esta sujeta?

sábado, 29 de enero de 2011

No te cortes: insulta al obispo


Yo sé que hay mucha gente que considera que insulto con bastante frecuencia. No seré yo quien se meta en honduras sobre si lo que hago es insultar o describir aproximativamente a ciertos sujetos que me tienen hasta las gónadas. Eso sí, exijo que se reconozca que esos insultos / descripciones aproximativas suelen ser bastante directos, sin que sea necesario pararse a pensar su sentido para apreciarlos.

En cambio hay en esta ciudad un sujeto que trabaja normalmente vestido con un extraño atuendo confeccionado con retales de tela de traje de torero y revestido de sagrada autoridad para mucha, muchísima gente, que escucha arrobada cómo insulta / describe, que lo hace bastante más sofisticadamente que yo. Se trata de Monse Deme, el del Báculo Erecto, obispo de Córdoba.

Pondré un ejemplo: el pasado 26 de diciembre este sujeto excretó en el Marco Incomparable de la Mezquita (antes mezquita), en un momento de la nutritiva homilía que les endiñó a los consumidores adictos a los productos narcocatólicos que recibían el correspondiente estupefaciente supersticioso, la siguiente pelotilla:



El hombre contemporáneo se aparta de este proyecto de Dios cuando se deja contagiar por la mentalidad anticonceptiva de nuestra época. En muchos ambientes y en muchos corazones la aspiración es a disfrutar lo más posible de la sexualidad humana como fuente de placer, evitando a toda costa el nacimiento de un nuevo hijo en el seno de la familia. Esta mentalidad no es nueva, es tan vieja como el hombre. Pero en nuestros días se ha acentuado, empleando para ello los medios técnicos al alcance, que hoy son mayores que en otras épocas: la píldora anticonceptiva y todos los métodos químicos o artificiales para impedir la fecundación, llegando incluso a la esterilización masculina o femenina que convierte al varón y a la mujer en un simple objeto, perdida ya su dignidad de persona humana.



Así que ya lo sabéis: todos aquellos de vosotros y vosotras que haciendo limpiamente uso de vuestro derecho a someteros a una operación de esterilización voluntaria, perfectamente legal y recomendada por los más acreditados científicos mundiales como el método anticonceptivo más eficaz y seguro, sois considerados por este eunuco voluntario como unos perfectos objetos sin dignidad humana. Sofisticado el nota ¿que no? pa llamaros mierdas. Porque eso es lo que os está llamando: mierdas, que son de todos los objetos y productos característicamente humanos los más indignos que pensarse pueda. Yo creo que cualquiera que se haya sentido ofendido / descrito con tan mala leche por este tío sirlanchón tiene derecho a devolverle el insulto / descripción. Ahí tenéis un pequeño muestrario que no pretende ser ni mucho menos exhaustivo y sin perjuicio de que, a lo que yo os animo, uséis vuestra propia imaginación para faltarle adecuada y convenientemente al respeto a este tío fartusco:

Abobado, abombado, adoquín, arracacho, asnejón, atropellaplatos, autómata, babanco, babieca, babilón, baboso, bambarria, barbitonto, bato, abusan, bausano, beocio, besugo, bobalías, bobalicón, bobarrón, bobatel, bobo, bobote, bordeboto, botoso, bruto, bucéfalo, calilo, calzonudo, camote, cantimpla, capirote, capullo, cazurro, cebollino, celestial, cenutrio, ceporro, cerrado, cipote, cojudo, cretino, cutama, chango, chorra, desorejado, dundo, estulto, estúpido, falto, fatulo, fuñique, ganso, gaznápiro, gili, gilipollas, guaje, guajolote, guanaco, harón, idiota, insensato, lerdo, leso, lila, lipendi, madero, mamacallos, mameluco, mastuerzo, melón, memo, mendrugo, menguado, menso, mentecato, mentecato, merluzo, minguado, molondro,moscatel, mucura, mudo, muérgano, noneco, obtuso, otario, panarra, papirote, pavisoso, pavitonto, peal, pendejo, percebe, porro, poste, premioso, puto, salame, salamín, samarugo, sanano, simple, simplísimo, simplón, soca, suato, tarado, tardo, tarugo, tocho, tolete, tolondrón, tontarrón, tontera, tontiloco, tontivano, tonto, tontón, tontucio, tontuelo, tontuno, tordo, torgado, torpe, torpón, trompo, tupido, yeguo, zamacuco, zamarro, zángano, zolocho, zompo, zonzo, zonzorriar, zopenco, zoreco, zorimbo, zote, zumbado.

¡¡¡Mejor aún. Convoquemos un certamen a ver quién insulta mejor a Monse Deme!!! ¿¿¿Hace??? Eso sí, siempre que se haga dentro de los límites de lo políticamente correcto. ¡¡¡Vengggga!!!, abro la veda:


¡¡¡INQUISIPOLLAS!!!


¡¡¡TONTISIDOR!!!

jueves, 20 de enero de 2011

KIFAYA


Una de las cosas que más me ponen, ética y estéticamente, de lo que está pasando en mi pequeño y querido país de Túnez, es imaginar la cara de gilipollas que se le debe haber quedado a nuestros sociapollas, los Moratinos y Trinisjiménez de todo el continente, al ver cómo su hijodeputa favotito, el modelito que han estado mimando durante tantos años no sólo como espejo, sino como reverso de ellos mismos, ha sido paticuleado definitivamente por el populacho desagradecido que no ha sabido apreciar el favor que Uropa le ha venido haciendo desde hace churricientos años sujetando a un Francisco Franco posmoderno que los venía conduciendo, de privatización en privatización, hasta el saqueo final.

El que los socialdemócratas, sociapollas para los amigos, han estado siempre de parte del pueblo tunecino lo demuestra el hecho de que la Internacional Socialista ha acogido durante un porrón de años al partido que ha dado cobertura a la panda de mafiosos que han saqueado el país bajo una brutal dictadura, denunciada suficientemente por las organizaciones de vigilancia de los Derechos Humanos. Ahora con dos cojones, Papandreu y Ayala, presidente y secretario de la simpática organización sociapollas lo han expulsado. Eso sí con nocturnidad y sigilosidad, pero sin desmerecer la valentía. El País hasta hace una semana llamaba a Ben Ali presidente, mandatario, etc. Tras su huída le ha apeado el tratamiento y ya lo llama dictador y sátrapa. A ver si tienen los mismos para hacer lo mismo con Mubarak, también acogido por la amorosa Internacional y relamido por la prensa progresista europea.

Una de los hechos más alucinantes de la política mundial es la absoluta negación de apoyo que los demócratas europeos han prestado tradicionalmente a los demócratas árabes. Está por ver cuando alguno de los políticos eunucos de la supuesta izquierda europea, esa panda de tartufos con poder y con la puta democracia siempre en la boca, han apoyado a alguno de los movimientos que buscan acercarse a sus propios presupuestos para sacar de las dictaduras a sus países. Los disidentes cubanos tienen un rinconcito de oro en El País y en las agendas de los despachos de los muy demócratas mandatarios blancos. Porque esa es la única dictadura que contemplan. En los países árabes la única alternativa que ellos ven a las satrapías a las que besuquean impúdicamente son los islamistas. Y no sólo los sociapollas. Es que ni siquiera los izquierdistas sin mando, los altermundistas son capaces de superar esa tara. La teoría general es que el demócrata en países de mayoría islámica no existe. Y si existe está disfrazado. Tarde o temprano le saldrá el moro fanático que lleva dentro. Os suena ¿verdad? Por eso a tanta gente le ha sorprendido no ver barbas, velos ni boinillas de croché en las revueltas tunecinas.

Lo que pedíamos aquí en los 70 a Europa, ayuda para quitarnos el yugo del Gran Cabrón no se le concede al mundo árabe. Esa millonaria ayuda, en dólares, en ánimos que recibió el PSOE en la Transacción española de sus congéneres alemanes para hacer de condón del capitalismo (para metérnosla floja sin que nos preñáramos de revolucionarismo), ni siquiera se le ha concedido a los árabes. Allí el condón ha ido siempre acompañado de hostias puras y duras. Mientras te violo además te curto la badana.

La causa de este sistemático ninguneo es doble. Por una parte el temor de los responsables políticos europeos de la cuerda que sean a que una verdadera democracia en países que siguen estando colonizados por las multinacionales de sus correspondientes países pongan en solfa esa dominación y les joda el negociete. Por otra, y va unida a la anterior porque le sirve de soporte, la instalación en la mentalidad del pensamiento único respecto a los países de predominio de la religión musulmana del concepto de choque de civilizaciones que puso en circulación el agresivo think tank norteamericano de los 80 para justificar lo que habría de venir después: el intento de su dominio por parte de las potencias occidentales tras la caída del otro imperio de la Guerra Fría. Lo explicaron muy bien Nazanín Amirian y Martha Zein en la introducción de su imprescindible El islam sin velo: el concepto unificador de mundo islámico, de esencia fanática, que acoge absurdamente a 1.100 millones de ciudadanos de cien etnias y nacionalidades y que se enfrenta al de civilización occidental, de esencia democrática. Un mundo en donde no caben por idiosincrasia los demócratas.

Pero los movimientos por la democracia en los países de mayoría musulmana no sólo existen sino que son extraordinariamente aguerridos, incluso más que los islamistas. Pero sus organizaciones están totalmente desarboladas por la brutal represión de los sátrapas amigos de los sociapollas y por la nula ayuda que reciben del exterior. Por eso lo último que está ocurriendo es que la gente que está harta, muy harta, empieza a salir a la calle a gritarlo espontáneamente. En Egipto ya llevan unos años haciéndolo y el movimiento que empieza a cuajar de ello se llama KIFAYA (YA ESTÁ BIEN, BASTA). Ha sido hermoso ver cómo un movimiento estrictamente egipcio ha acabado triunfando sin conexión clara en Túnez. Los egipcios miran a Túnez con esperanza, y los tunecinos han visto cómo el movimiento popular que surge a orillas del Nilo ha acabado cuajando en su pequeño país de una manera espontánea. La aparición de muchos símbolos de la palabra mágica en rojo sobre un círculo amarillo en las calles tunecinas así lo demuestra.



El nerviosismo de las elites neoliberales, con los sociapollas a la cabeza, en Europa no está solo en la incertidumbre del peligro de inestabilidad en el Maghreb, con sus secuelas de radicalismo islámico o democrático, sino en el ejemplo que puedan dar a sus propios populachos. En Túnez existía una situación comparable a la que ha existido en España desde antes incluso de la Transacción. Unas clases medias que se beneficiaban de un estado de bienestar superior al de sus vecinos implementado por las medidas de pan para hoy y hambre para mañana del neoliberalismo en los años de bonanza, a base de privatizar los servicios y los bienes públicos de la etapa semisocialista y de despotismo ilustrado de Burghiba. Y con los beneficios del turismo. Y el compromiso de mantener a los islamistas a raya para que no pudieran obligar a sus hijas a ponerse velo. A cambio todo el mundo haría la vista gorda a la feroz represión desatada contra demócratas e islamistas y a la corrupción de la mafia gubernamental. Escuela y sanidad públicas para todos y universidad asequible para una juventud con ansia de desarrollo profesional. Las universidades se llenaron y las primeras oleadas de licenciados encontraron acomodo en el sistema. Pero los siguientes y los siguientes y los siguientes y la crisis que vino después los ha convertido en frustrados profesionales de la nada. Y la desesperación ha acabado calando.

Si observamos lo que ocurre en España tenemos un panorama parecido en los que respecta a las posibilidades de realización profesional de los jóvenes licenciados. La diferencia, aparte de que el trato con el poder siempre fue aquí más suave, es que los jóvenes españoles tienen la cobertura de sus familias porque las economías domésticas han estado por aquí más saneadas. Lo que yo llamo el MIP (Movimiento Inmóvil Papaítista). Pero en Túnez, no. Allí las familias están más cerca de los mínimos de subsistencia y los hijos han de salir de núcleo familiar forzosamente. Ellos son los que han roto el pacto con la mafia gubernamental. Ellos los que han pateado el culo de los ladrones que robaban a manos llenas y están exigiendo poder participar democráticamente en las decisiones que han de marcar sus vidas.

Tal vez habría que ir pensando en este país la forma de solucionar ese papaítismo que mantiene a las últimas generaciones de jóvenes en una modorra de comodidad usurpada. Tal vez no sería mala idea invitar a los papaítos a que presionen a sus creciditos cachorrones. A que los lancen a la calle. Como ha venido ocurriendo en todo el reino animal desde las primeras amebas y en la humanidad desde la primera hominización. A fin y al cabo se trata de su futuro, de su lucha. Y de su responsabilidad para con los que vengan detrás. A ver si fueran capaces de sacar su KIFAYA, su ¡Ya está bien, cabrones! al viento de la calle como sus colegas tunecinos y como probablemente harán pronto los egipcios y los argelinos y los libios y, In Shaa Allah, los marroquíes. Somos muchos los no jóvenes que estamos también ya en ello. A por la democracia, real, la que permite que seamos nosotros los que gestionemos nuestro propio destino y no los putos mercados, ni la jodida globalización, ni la madre que parió a los banqueros. Ni los políticos profesionales vendidos a todos ellos.

viernes, 14 de enero de 2011

Elena María Walsh


Ha muerto a los 80 años en Buenos Aires Elena María Walsh. Últimamente me entero de las muertes de gente a la que quería tarde. Me pasó con Abraham Sefarty a quien debo, y no sé si al final haré, un recuerdo en este blog. Pero no quiero hacer una necrológica. Google me ha mostrado que hay suficientes ya en la atmósfera de la red. Pero sí una curiosa referencia. A la Walsh siempre la tuve asociada a un episodio de la lucha antifranquista muy sonado: la representación de El tartufo de Adolfo Marsillach, versión libre del de Molière especialmente confeccionado para descojonarse del OPUS. En ella Marsillach introducía una canción compuesta por ella: Los ejecutivos. Hablamos de 1969 y el escándalo fue, previsiblemente mayúsculo. La fineza de los elementos del ataque era tal que tomados de uno a uno resultaba imposible señalar ofensas o burlas hacia nada concreto, pero cuya totalidad ensamblada era de una meridianidad descacharrante. Ello impidió que el ministro de Información y Turismo del momento, el hipermeapilas de la Obra Sánchez Bella, a pesar del berrinche morrocotudo que se pilló pudiera impedir su exhibición. Y también que la obra hubiera pasado la censura unos meses antes cuando el ministro era Fraga, de la facción falangista. Al menos en Madrid. Porque lo que sí consiguieron sus maniobras orquestales subterráneas fue que pudiera ser disfrutada fuera del perímetro de la capital del reino no coronado.

Yo de todo eso me enteré años después cuando me lo contó un amigo muy aficionado al teatro señalándome la importancia de aquella canción de la Walsh en la obra, lo que luego corroboré leyendo las memorias de Marsillach, Tan lejos, tan cerca (1998). Fue entonces cuando comencé a escuchar con otras orejas algunas de sus demás canciones que conocía y que me sonaban hasta entonces estrictamente infantiles. Entre otras la famosísisma El reino del revés. Mi pequeño homenaje a esta luchadora que puso su importante ladrillo en el muro os invito a ambas canciones. Las dos de una rabiosa actualidad.

miércoles, 12 de enero de 2011

Antonio Gala y su dormitorio arqueológico

antonio gala


Aparte de con la impagable foto que lo muestra disfrazado de moro borracho de las fiestas de Alcoy, el delicuescente juntaletras pseudocordobés Antonio Gala, uno de los papagayistas decorativos profesionales que más pasta cobran por soltar soplapolleces en saraos culturetas del hemisferio norte y algunos de cuyos párrafos de efectos fuertemente laxantes recomiendan desde hace años leer en ayunas los proctólogos de medio mundo, nos vuelve a disparar desde las páginas del Magazín mundano la consabida salva de cursilerías infumables de las que vive. Pero en esta ocasión adobadas con la metralla de una incontrita confesión, la de que es poseedor de uno de los trozos más grandes que quedan de Medina Azahara..


antonio gala 01


A ver, aparte de flipar con que don Antonio no tenga ni puta idea de quienes fueron los que se cargaron Medina Azahara, queremos saber más cosas sobre ese cacho del palacio califal que dice poseer. Primero, por qué lo guarda en su dormitorio en lugar de exhibirlo como haría cualquiera en la repisa de la chimenea. Es de sobra conocida su tendencia a la extravagancia y además su pasión por las cosas de la morería, pero no queremos imaginar nada inconveniente. Segundo: ¿Cómo de grande es ese trozo? Porque el tamaño, sobre todo si de piezas arqueológicas de uso íntimo de alcoba se trata, sí importa. Tercero: ¿Cómo lo consiguió, en alguna chamarilería de Luis de la Cerda, se lo han regalado las autoridades competentes, o lo ha chorizado disimuladamente del yacimiento metiéndoselo debajo del poncho ese que a veces gasta a juego con el bastoncillo? Desde aquí instamos a Vallejo a que indague, porque desde luego cuando tenga que devolver todas las piezas que le han prestado para el extraño museo-búnquer con goteras que ha montado a los pies del yacimiento va a necesitarlo, porque tal vez sea con lo único que cuente. Con el valor añadido de que la pieza recuperada ha estado íntimamente ligada, física y sentimentalmente, al autor de cabecera de tantas damiselas de misa dominical con problemas de estreñimiento, que irían sin duda en peregrinación a adorarla.

Descubrimos así mismo que Antoñito y su Bastoncito han vuelto a latiguear convenientemente como solían hace años con su bífida lengua a la Iglesia Católica, después de que se la tuvieran que envainar una buena temporada e incluso tuvieran que encabezar la famosa marcha de ratones tras la flauta del Hamelín don Miguel Castillejo, alias Fray Langostino, que le regaló todo un convento donde encerrar muchachos y muchachas para saciar sus veleidades mecénicas. ¿Tendrá algo que ver el cambio de logo de su patrocinador, de la palomica paráclita a la boinica euskalduna?

Por lo demás el resto del especial que el Magazín de El Mundo dedica al cumpleaños de la llegada de los moros a la tierra de María Santísima incluso obviando la solemne estupidez de los montajes de los barbudos en Callao, obra de un auténtico aficionado, es un emético revoltijo más de las más acreditadas sandeces pseudohistóricas, misticoides e islamófobas que pululan por novelas antihistóricas, tertulias de moristas a la violeta y conversaciones de maruj@s en la cola del súper. Sálvese la entrevista del muy moderado, aunque siempre lúcido, Amin Maaluf y pásmese el lector del cuento al que viene para el tema que trata entrevistar a una activista saharaoui y a un pelotista musulmán de Ceuta. Como si no hubieran en el mundo expertos en la materia que aportaran visiones que generaran debates productivos. Pero es que cuando la redacción de un medio de masas está en manos de unos cretinos con menos luces que el asesor del PPiolo, realmente esperar productos dignos es como pedricá en er desierto, como decía de cantar pa guiris el gran Chano Lobato. Sólo papilla estúpida para estúpidos lectores.

martes, 11 de enero de 2011

De cuando Franco quiso "purificar" la Mezquita


Parece fuera de toda duda que Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia del Dios y de la Única Iglesia Verdadera, la Católica Apostólica y Romana estuvo a punto de ordenar a principios de los años 70 la extracción de todos los elementos cristianos que fueron añadidos a la Mezquita Aljama de Córdoba tras la conquista de la ciudad por las huestes de un rey castellano. Es decir el desmonte y traslado de las dos catedrales, la primitiva gótica, del XV y la renacentista del XVI, amén de las decenas de capillas, incrustadas en su interior para el culto católico en sucesivos siglos. Este deseo de El Caudillo está perfectamente documentado en un artículo de Juan Contreras, marqués de Lozoya, a la sazón director general de Bellas Artes publicado en el periódico YA el 5 de noviembre de 1972. En él el historiador del Arte le adjudicaba la voluntad, en un impulso de gratitud al mundo islámico, que tan eficazmente había contribuido a la victoria, de desmontar y de trasladar la catedral gótico-renacentista de Córdoba para restituir la Mezquita a su integridad estilística y a su antiguo destino para que fuese, como lo fue en el siglo X, centro espiritual del Islam.

Ello lógicamente produjo una entretenida polémica en todos los niveles afectados, tanto práctica como teóricamente, tanto interna como externamente por aquella muestra de deseo de la voluntad más poderosa de España. Pero sobre todo produjo un espeluznamiento de todas las sotanas del país. Yo aún recuerdo, contaba entonces 16 años, la parte correspondiente al ámbito estrictamente local de aquella polémica. Entre las nebulosas de mi memoria aparecen turbios jirones de lecturas de algunos artículos de prensa de la época y discusiones en clase y con amigos, pero nítidamente la ilusión que me produjo la posibilidad de realización del proyecto. Como precoz amante del monumento, continuo disfrutante de su ámbito y aficionado a los temas andalusíes soñé frecuentemente con que aquel desmontaje ocurría y que la Mezquita de Córdoba volvía a su aspecto original de bosque ininterrumpido de columnas como fuera concebido por los geniales arquitectos emirales.



Las únicas fuentes con que contaba hasta hace poco para emprender un pequeño relato de este asunto era el libro que publicara Nieto Cumplido, La Mezquita-Catedral de Córdoba y el ICOMOS(Ayuntamiento de Córdoba, 1976), en el que el canónigo archivero lo recogía parcial y tendenciosamente, arrimando el ascua a su sardina como parte interesada que fue, lo que pudiera rastrear entre las publicaciones de los eruditos locales y libros de memorias y el paciente peinado de las páginas de la prensa de la época. Pero hete aquí que la red me proporcionó la sorpresa de encontrar prácticamente el trabajo hecho, magníficamente documentado y con un minucioso estudio de los elementos concomitantes tanto del proyecto como de su contestación. Se trata de un trabajo de José Ignacio Cassar Pinazo, arquitecto valenciano y experto en rehabilitación urbana que lo recoge como ilustración sobre el tema de la repristinación de monumentos en un monográfico sobre el tema publicado en el número 2 (nov. 2004) de la revista de restauración monumental Papeles del Partal. El trabajo se basa en el análisis de dos artículos publicados en la revista Arquitectura entre el año 1972 y el 1973 y consta de dos partes. Una, la reproducción, en condiciones tan lamentables que impiden su lectura del texto de Rafael Castejón publicado en el número 178 de la dicha revista (sept. 1973) titulado Datos para la Restauración de la Mezquita de Córdoba, en la que don Rafael presenta un estudio de la viabilidad del proyecto de extracción y traslado a otra ubicación de la catedral católica y la posterior repristinación, reconstrucción de las partes originales eliminadas por la construcción de aquella. El estudio de Castejón es de una minuciosidad pasmosa y no deja detalle por controlar. En la segunda parte José Ignacio Cassar Pinazo analiza el otro artículo publicado esta vez en diciembre de 1972 (núm.168), bajo el epígrafe Mezquita de Córdoba y el entusiasta subtítulo El apasionante tema de la Mezquita de Córdoba ha saltado a la calle una serie de artículos que se referían a la que dio en denominarse la polémica de la Mezquita.

No voy a repetir lo que invito a encontrar leyendo tan apasionante trabajo en el que el arquitecto valenciano analiza minuciosamente cada una de las intervenciones tanto a favor como en contra y las contrasta con las teorías restauradoras del momento y con las actuales, seguido de un análisis del contexto histórico, pero sobre todo político en que se produjeron. Es sumamente interesante particularmente la intervención de Luis Moya en la que el arquitecto y miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando defendió, aparte de denunciar la violencia de la posible actuación que llega a comparar con las de Viollet-le-Duc, el falsificador de Carcasonne, que el carácter de composición abierta y diacrónica (que funciona como un panel de abejas, construido por la repetición de una célula, indefinidamente, tanto en el espacio, como en el tiempo, opuesta a la cerrada y sincrónica de la concepción monumental cristiana que se define por su dependencia compositiva de un solo centro que marca la jerarquía compositiva) no hace necesaria la destrucción de la obra renacentista y la consiguiente ampliación del número de células, ya que no añadirían nada a esta impresión del espectador, a este vislumbre del infinito que subsiste hoy porque la yuxtaposición no obedece a leyes de jerarquía, ni reconoce límites en sus dimensiones ni en los añadidos que se le pudieran hacer en tiempos posteriores. Esta visión fue compartida posteriormente por Rafael Moneo y Antón Capitel en sendos artículos publicados en los 80 en la misma revista Arquitectura, pero, según afirma Cassar, ya que no he tenido acceso directo a los mismos, otorgando a las actuaciones del XV y XVI valores añadidos en la definición de una mayor riqueza formal y compositiva y, en consecuencia, arquitectónica para el edificio. No puedo estar menos de acuerdo con esa afirmación de los dos arquitectos, que ni siquiera Moya se atrevió a sostener, manteniendo una discreta separación en la consideración artística de los distintos elementos. Tampoco comparto, como he tratado de demostrar en otro lugar, la tesis que sostiene Moya, en defensa de la unidad del edificio, de la importancia de la catedral cristiana como garante de la vida del mismo, desde el momento en que está documentada la lucha de las autoridades civiles cordobesas desde tempranos tiempos por mantener el aspecto y la integridad originales del monumento islámico en pugna con las sucesivas y continuas y pretensiones del Cabildo por modificarlo y, presumiblemente, derribarlo para sustituirlo por un edificio plenamente cristiano. Ello no habla sino de la conciencia de la importancia de mantenerlo cuidado y vigilado que existió siempre por parte del pueblo y las autoridades civiles cordobesas.

Precisamente en basándose en ese mismo enfoque de Moya, pero utilizándolo en sentido opuesto, Rafael de la Hoz defiende que la construcción de la catedral supuso el asesinato de la Idea, la de los constructores originales que concibieron un espacio abierto y flexible, crecedero y dinámico opuesto al espacio clásico de inspiración greco-romana, que se traza siempre de una manera cerrada y se fija estáticamente en sí mismo. Por eso, afirma Cassar, por encima de la acumulación histórica, de la comprensión espacial de los edificios anteriores y de las relaciones entre ellos que desvela la actuación de Hernán Ruiz, de la propia materialidad de las intervenciones, de La-Hoz hace prevalecer “la Idea” como soporte conceptual del hecho arquitectónico.

Se pueden detectar aquí, en esta polémica, ecos de la clásica pugna entre las diferentes escuelas de conservadores y restauradores que desde mediados del siglo XIX vienen haciendo crecer el caudal de ideas acerca del mantenimiento del patrimonio histórico artístico de los pueblos, desde el purismo sacralizador de Ruskin hasta el idealismo de la Hoz, pasando por el compromiso con las necesidades museísticas de Boito o la restauración crítica de Brandi. Yo añadiría como aporte interesante el que hace el propio Cassar en el artículo haciendo depender muchas de las actuaciones sobre el patrimonio en el caso español apartir de la Guerra Civil de condicionamientos externos a la propia condición monumental de los edicifios, es decir como meros instrumentos de actuación política, sujetos a las necesidades de las nuevas liturgias imperialistas y nacionalistas del franquismo (Nota 30). Aunque en el caso de la Mezquita de Córdoba las causas parecían mucho más intrincadas y sería interesante averiguar qué papel tuvo en el asunto el petróleo.

En cuanto a la participación de El Caudillo no parece de todas formas que esa idea surgiera por sí misma de la por entonces bastante perjudicada mente del sangriento dictador y existen pruebas suficientes de que en realidad todo el intento de purificación, pues ese fue el término que se utilizó para horror de las jerarquías católicas, del edificio islámico se debió a una fabulosa maquinación que se curró él solito el ya citado portentoso erudo cordobés: don Rafael Castejón y Martínez de Arizala. Suficientemente conocido en Córdoba remarcaré sólo que ejerció de sabio local en diversos campos del saber histórico-artístico, en particular el andalusí, durante casi todo el siglo pasado siendo sus teorías y actuaciones debidas a los diversos cargos que ejerció con poder de acción directa muy contestadas por otros expertos más acreditados nacional e internacionalmente, fundamentalmente por el arquitecto y arqueólogo Leopoldo Torres Balbás.

Probablemente la idea o al menos su posibilidad de realización le viniera cuando ofició de guía de la Mezquita para rey Faisal de Arabia Saudí, en el año 1966. No sabemos si en esa propicia ocasión nuestro esforzado conspirador consiguió deslizar la idea de alguna manera en la oreja real pero algo debió haber teniendo en cuenta el papel que el wahabita jugaría en el asunto ofertando posteriormente 10 millones de dólares al Caudillo para su ejecución. Una vez pergeñado el proyecto en su magín se dedicó en cuerpo y alma a conseguir los apoyos necesarios para llevarlo a cabo. Y no le faltaron contactos importantes.

Lo que sabemos es que en el año 70 ya estaban más o menos delimitados los contendientes y se estaba buscando un campo de batalla. El propio Cassar en su artículo delimita claramente los adalides de cada uno de los bandos, Castejón y el canónigo Nieto Cumplido, y los presenta enfrentados heroicamente defendiendo sus posturas rodeados de sus partidarios y sus poderes mágicos. El arquitecto Rafael de la Hoz Arderius, cordobés instalado en Madrid pero muy vinculado a su ciudad natal debió de ser convencido por Castejón, aunque no se puede descartar la viceversa, y en esa época lo encontramos convencido, como hemos visto, de la bondad y la viabilidad del proyecto, estando además colocado en un puesto clave como era el de Director General de Arquitectura desde 1971. Es a él a quien Nieto Cumplido responsabiliza del interés que en el proyecto llegara a tener Franco en el libro sobre la reunión en Córdoba del ICOMOS que el canónigo ya entonces responsable por el Cabildo del monumento publicó años después (1976).

Otros apoyos que consiguió el proyecto fueron las directas del Director de Bellas Artes Marqués de Lozoya, la del prestigioso (aunque muy cuestionado) restaurador Francisco Pons-Sorolla Arnau y la indirecta del gran historiador del Arte Chueca Goitia que mostró en sus grandes obras Arquitectura del Siglo XVI. Enciclopedia Ars Hispaniae, Vol.XI, Madrid (1953) e Historia de la Arquitectura Española (1964) su indisimulado horror por la construcción de la catedral cordobesa en el centro de la Mezquita.

Rafael Castejón hizo pública la iniciativa purificadora de la Mezquita en ABC de Sevilla –13 de septiembre de 1972–, y aunó en su escrito el intenso trabajo técnico que se estaba desarrollando para sacar de ella la catedral, mejor diríamos las dos catedrales católicas que alberga su recinto y la solicitud para conseguir que el organismo correspondiente de la ONU la declare monumento internacional según la cita textual de Nieto Cumplido. El adalid de la purificación, Castejón, se muestra en todo momento tan seguro de la realización del proyecto al que presenta como una legítima aspiración popular que ni siquiera se detiene a considerar los factores adversos, fundamentalmente los intereses de la Iglesia Católica, que serán los que finalmente tumben el proyecto.

El canónigo Nieto Cumplido fue el encargado de llevar a buen puerto las objeciones eclesiásticas maniobrando eficazmente para hacerlas triunfar. El elemento decisivo fue su consecución de implicar al ICOMOS directamente convenciendo al presidente de la sección española Gabriel Alomar Esteve de que organizara una reunión en Córdoba, conocedor de que el afamado urbanista pertenecía a la corriente de más estricta ortodoxia conservacionista dentro del panorama de los restauradores de monumentos, partidario de la de comprensión del sentido de unidad de los mismos derivado de la suma de las distintas actuaciones realizadas a lo largo de la historia, del sentido de la perduración como un valor inequívoco de la ciudad histórica que se expresa tanto en su trama como en sus edificios y de la necesidad de intervenir con conceptos arquitectónicos actuales que huyan del “pastiche y del anacronismo”.

Probablemente fue esta intervención la que más volumen cosechó en la tarea de acumular contrapeso en el platillo de la balanza del mantenimiento del monumento tal cual. De esa reunión salió, pues la decisión última. Probablemente El Caudillo no llegó ni a enterarse de su resultado, en caso de que alguna vez hubiera estado interesado realmente como el marqués de Lozoya afirmó, y la Mezquita de Córdoba continuó probablemente ya para siempre con la catedral okupa incrustada en su centro.

Desde mi punto de vista actual y desde los cánones actuales de la racionalidad restauradora que no permiten ni tan siquiera la higiénica eliminación de la cascarria churrigueresca de las iglesias góticas, y que han contestado fuertemente la reciente restauración del puente de origen romano sobre el Guadalquivir, la decisión fue la correcta. Eso no quita que de vez en cuando no me asalte la ilusión ilegítima pero gozosa de poder haber visto purificado de añadidos espurios uno de los monumentos más importantes del mundo y que tenemos la suerte de conservar, aunque gravemente mutilado, en esta ciudad.

Por otra parte a esa ilusión se suma el pensamiento de que de haber ocurrido la extracción de la catedral aún en activo para el culto de una parte afortunadamente cada vez más minoritaria de la población local, no hubiera sido posible el descarado robo que la Iglesia Católica, con premeditación, alevosía, el agravante de sigilosidad y el inestimable silencio de las autoridades locales, autonómicas y estatales de la izquierda cobarde, perpetró recientemente inmatriculando a su nombre, aprovechando una ley hecha a su medida cuando gobernaba un partido heredero de los valores del nacionalcatolicismo, lo que venía siendo un bien público de los cordobesas desde los tiempos en que el rey castellano al que consideran convenientemente santo los católicos se lo confiscó al pueblo cordobés del siglo XIII al que pertenecía antes de deportarlo en masa. Se trata, pues del aggiornamiento del mismo proceso. Entonces a los dueños colectivos “paganos” del edificio se les expulsó físicamente y se propuso la propiedad colectiva de otro colectivo, el de los católicos administrados por los clérigos. Hoy que los neopaganos comenzamos a ser mayoría se nos exilia de la misma propiedad por medios más sibilinos, más leguleyos. Funcionarios, legajos, legislaciones tramposas, políticos vendidos o malnacidos…

Vergüenza les debería dar mirar, sobre todo a los de izquierda, supuestos defensores del laicismo, el ejemplo de Agya Sofia en Turquía, país al que muchos de ellos miran por encima del hombro por sus carencias democráticas.

ADDENDUM: Uno de los protagonistas de esta rocambolesca historia, Alberto García Gil, a la sazón Jefe de los Servicios Tcenicos de la Dirección de Bellas Artes, tuvo la amabilidad de dejar un comentario reprobatorio/aclaratorio en la edición de este post de la página Museo Imaginado de Córdoba (MIC). Dejo aquí por su evidente interés la correspondiente captura de pantalla: