(del laberinto al treinta)


domingo, 2 de septiembre de 2018

El crimen de la Rosaleda de los Patos (proyecto de novela negra cordobesa)


Nos recuerda hoy Aristóteles Moreno desde su púlpito del Acorazado que este año se conmemora el décimo aniversario del Crimen de la Rosaleda, ese que perpetraron complicitadamente dos políticas cordobesas que se han odiado fumanchuscamente desde que se conocieron pero que cuando sus verdaderos jefes, los Altos Señores del Ladrillo, tocaron a rebato no tuvieron más remedio que ponerse firmes y aparecer juntitas en la tarea común de asesinar la rosaleda bicentenaria. Eso sí, sin besitos ni ná.

Aquella historia merece ser rememorada y una parte, la superficial, porque el corpachón principal del iceberg de aquel canallesco negocio permanece bajo el vientre-océano de la proverbial discreción ferial de esta desgraciada ciudad, quedó reflejada en los pocos blogs y páginas críticas que han existido y existen en ella. El mío fue uno de ellos. Releyendo uno de los posts que le dediqué al tema flipo ahora comprobando cómo alcancé a intuir el desenlace del asunto de la estafa rosista, la milagrosa transmigración del alma de la exalcaldiosa perolera desde el materialismo histórico al grouchomarxismo histérico por obra y gracia de intercesión celestial de fray Pepe Bono y Monse Asenjo. La arquitectura de la política local, municipal y comunitaria, desde entonces hasta ahora mismo, está cimentada sobre ese milagro. Su fín, impedir que el inconmensurable poder que la Iglesia había acumulado en la comunidad y especialmente en Córdoba a través de la gestión mafiosa de la Caja de Ahorros que le regalaron los pesoeístas, se disipase tras su debacle, causada por la monumental incompetencia de sus gestores de alzacuello. Cualquier día de estos me pongo a explicarlo. O mejor, invito a cualquier pluma más experimentada que la mía en los secretos de la SERIE NEGRA para que se curre un novelazo con el tema. Que lo merece. Y ahí va el esqueleto del argumento, trabajo adelantao que se lleva.

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EL NOVELÓN

La arquitectura global de esa movida, de la que esa jugada resultó ser sólo un elemento marginal, fue magistral, digna de ser comparada con aquellas conspiraciones venecianas del Renacimiento. Y todo diseñado por un purpurado personaje no menos digno de haber vivido en aquella época, Monseñor Asenjo, el de las untosas maneras, por entonces sólo obispo de Córdoba y posteriormente lanzado al estrellato del arzobispado de Sevilla. La operación RESCATE DE ROSA DA GRIMA de su cárcel municipal comunista y su trans...lado al PSOE fue diseñada minuciosamente por el obispo contando con la inestimable ayuda de su monaguillo el exministro hostiófago expresidente de Castilla la Mancha y exministro de Defensa de Zapatero. Estamos en las postrimerías de 2008.

La rescatada, por su parte, ayudaba nada recatadamente desde la propia cárcel gesticulando desaforadamente para visibilizar su pasión: desde su puesto de poder por cuenta de una formación política que predicaba el laicismo y desde la que ya se había revolcado moralmente con el Capo Episcobanquero Monsignore Castiglieggio, algún día sabremos a cambio de qué, se declaró católica y cofrade de corazón, procesionó con palo de plata detrás de vírgenes y santos, boicoteó sistemáticamente todo lo atinente al cumplimiento de la aconfesionalidad del estado obligando incluso a sus concejalas a procesionar de penitentes, dejó de pagar su cuota de afiliada al PC y consiguió que la expulsaran ¡por morosa!, promovió, por orden directa del obispo, al concejalato al presidente de la Asociación de Hermandades y Cofradías -colocado allí por Il Capo Castiglieggio de quien fue faldero- como valor para planes futuros, se ciscó en la memoria histórica negándose, pudiendo hacerlo, a abrir las fosas del franquismo y bailó en la catedral el Vals de las Mariposas con su confesor y obispo. Y como guinda declaró, alguien que era alcaldesa por IU, que en las autonómicas votaba a la competencia, o sea, al PSOE. Algún día también sus compañeros de partido de entonces tendrán a bien explicarnos por qué no la descabalgaron de la alcaldía a las segundas de cambio y dejaron que ese cambio tuviera unas terceras, unas cuartas y unas quintas…

Paralelamente su confesor, el boquitipiñonado Asenjo, y el amigo de ambos, Pepe Bono, conspiraban en las altas instancias del estado para sacarla con vida del avispero municipal. Bono entonando cantos de sirena tanto en la oreja de la alcaldiosa como en declaraciones públicas y deslizando su nombre en la de su amigo del alma Zapatero. Este dio finalmente la orden: que me la hagan consejera de la Junta. La casualidad quiso que la consumación de la traición de la tránsfuga y su instalación en Sevilla (abril de 2009) tuviera lugar dos meses justitos después de que su spiritual coaching fuera nombrado arzobispo de la capital (enero de 2009). Y es que los juegos con el azar de la voluntad divina forman a veces preciosas figuras geométricas.

Pero antes de que todo eso ocurriera la famiglia pesoeísta en la que la tránsfuga iba a ser acogida le exigió una prueba de sangre. Ya sabéis cómo funcionan esas cosas: si quieres entrar en la organización te tienes que cargar a alguien que te digamos. No hubiera hecho falta, desde luego, contando con el historial de incompetencia interesada a la limón con pesoeístas con que contaba la moza. Ahí son nada los dos despilfarrazos siderales que adornaban su historial perpetrados mano a mano con sus socios de gobierno, los chicos del club de Mr. X: el del sipote de Koolhas (10 millones de euros) y el del aeropuerto (85 millones). Pero la Famiglia necesitaba una última y definitiva.

La prueba consistió en colaborar de nuevo con ellos concediendo los permisos municipales pertinentes a su archienemiga la ministra Calvo, por entonces de (lo que ellos consideran) Cultura, para sustraer a la ciudadanía un espacio público preciosamente ajardinado como rosaleda, la Rosaleda de los Patos, de dos siglos de existencia, para construir un enorme edificio. El que el edificio fuera para la (supuestamente necesaria) biblioteca provincial era la excusa (quién se va a oponer a que se construya un Templo de la Cultura), pero a nada que se explique que existían muchos edificios públicos perfectamente reciclables o terrenos recién liberados por el soterramiento de las vías del tren a escasos cien metros, se entiende que los motivos eran otros. Como expliqué en aquel artículo: lo importante es arrasar, excavar, evitar que pueda haber vuelta de hoja posible en la definitiva consagración sacrificial de este espacio verde al dios de la especulación inmobiliaria. Si al final no se hace la biblioteca porque no está el horno para dispendios, y menos culturales, se hará otra cosa. Pero se habrá ahorrado un solar edificable que se encementará con otra cosa. O sea, algo que en cualquier otro lugar de esa Europa de la que dicen que pertenecemos hubiera acabado con los responsables en el maco por el delito de enladrillar un enorme espacio público verde en el centro de una ciudad, que además padece patente carencia de los mismos. Pues aquí ya vemos en la clase de maco que han terminado ambas prendas.

Consumado el crimen, pagado el precio de sangre, ya podía la señora poner el primer pie en la alfombra roja que su spiritual coaching y su amigo el tragahostias manchego le tenían ya desplegada hasta Sevilla y recoger los frutos de su traición. Allí el flamante arzobispo le tenía preparado ya el plan para el futuro. Un plan de perfecta arquitectura conspirativa cuya primera parte ya había consumado con diabólica (con perdón) precisión Monse Asenjo: la apropiación en 2006 de la Mezquita de Córdoba -y de decenas de bienes más- aprovechando la reforma aznarista de 1998 de la Ley Hipotecaria franquista de 1944, también conocida como Ley de Reparto de Botín de Guerra, y su desislamización física y simbólica. La física mediante la acumulación de quincalla barroca en los muros del edificio omeya y la simbólica con la puesta en pie de un corpus literario y señalético por parte de los plumillas a sueldo directo o indirecto del cabildo, que intentó modificar el ADN del monumento, falsificando su sentido histórico y artístico. La obra cumbre de este proyecto fue la creación de un museo dentro de la Mezquita con piezas arqueológicas de dudosa procedencia que demostrarían la existencia previa de una fantasmagórica basílica de San Vicente que habría sido expropiada y destruida por los moros.

Todo ello, por supuesto, con la rendida connivencia del gabinete municipal de asenjo-rosistas entregados que incluso llegó a sufragar el catecismo multimierda de la visita nocturna que aún hoy reciben los turistas creyendo que se trata de información académicamente contrastada. Patética la reciente exigencia de retirada y reformulación de sus contenidos por parte de los herederos izquierdaunidistas de aquellos que lo perpetraron sin ni siquiera pedir perdón por culpa colegiada a sus votantes. Coño, que hasta la Iglesia lo ha pedido por quemar a Giordano Bruno.

Bueno, a lo que íbamos. Monse Asenjo, con la inestimable ayuda de su amigo Bono, ya tenía a la pieza en donde quería: en el PSOE. El sacrificio para el partido fue el berrinche de su archienemiga, Carmen Calvo, a la que la propia alcaldiosa le había puesto el mote de La Zapatitos, quien, en un rasgo de dignidad impagable, dejó todos sus cargos institucionales y se fue a su despachito de la UCO. A la triunfadora la dejarían sus pigmaliones un tiempo en la cúspide ministerial haciendo transmorejos para que se endiosara un poco más y reclamarla finalmente en Sevilla siguiendo el sibilino y minucioso plan del untoso arzobispo.

Para su última parte se necesitaba a la transmorejista en la Junta, específicamente en Cultura. Sólo hay que seguir el curso de los acontecimientos a partir de ese momento mágico (junio de 2015) para que el puzzle del plan del arzobispo cobre, desde la distancia, todo el sentido. Con la ayuda ya del nacionalcatolicista Partido Popular en el poder municipal y la del obispo más reaccionario y berzotas del estado español en la sede de Osio diseñó una amplísima estrategia de apropiación de espacios públicos y dislocación de los ejes simbólicos de la ciudad, que tenía como principal ariete el traslado de la carrera oficial de la Semana Santa del centro de la misma a la zona de la Mezquita, convertida así en el objeto de la coyunda cofrade por antonomasia: todos los cofrades entrarían en la Mezquita con sus cirios enhiestos y encendidos y derramarían su cera en el vientre del edificio omeya. Convertida la coyunda ritual en nueva tradición sólo faltaba convertir a las cofradías en factorías de yihadistas católicos como aguerridos guardianes de la misma. Dos Magnas Procesiones Extraordinarias fuera de temporada sirvieron de ensayo, poniendo la ciudad patas arriba sin el más mínimo pudor y con la complicidad y complacencia de las autoridades, tanto de las pesoeístas como de las peperas, que los izquierdaunidistas andaban penando en la oposición. Pero para consumar el traslado y que todos aparadores cofrades pudieran penetrar a la Mezquita existía un tremendo escollo: la necesidad de abrir una segunda puerta para lo que habría que destruir un elemento patrimonio de la humanidad como todo el monumento: la preciosa celosía de madera de los años 70, obra de Rafael de la Hoz. Las resistencias del mundo no católico se preveían poderosas y podrían influir en los permisos que las autoridades municipales y de la Junta habrían de conceder.

Pero para eso el arzobispo había ido atando con maniática constancia todos los cabos sueltos de su plan. La transconsejera de Cultura nombraría a un cofrade correa de transmisión del cabildo como delegado del ramo en la ciudad. ¿Os acordáis del que fuera Presidente de la Cofradías que la alcaldiosa promovió como concejal? Exacto. Ese detalle era lo único importante. Su capacidad intelectual se le suponía, como el valor en la mili. Y ya, una vez ahí, no hacía falta que la tránsfuga siguiera en Cultura, con el delegado bastaba. Y la presidenta de la Junta, también católica y cofrade, pudo cambiarla de consejería y colocar en la del ramo a alguien menos cantoso pero completamente inofensivo.

Y así, desde su sillón gestatorio de la plaza de la Encarnación de Sevilla, Il Monsignore fue solucionando todos y cada uno de los escollos con que se encontró su plan: desde la Delegación el delegado cofrade acalló las voces de dentro de la Famiglia que, por pura pose, se habían levantado contra la inmatriculación por botín de guerra, se cerró la boca de los técnicos de patrimonio funcionarios de la Junta en el tema de la destrucción de la celosía patrimonio de la humanidad, se cerró el acuerdo para el demencial traslado de la carrera oficial al delicado -y peligrosísimo- entorno de la Judería, se ajustó con el Tío Pamplinas cofrade pesoeísta del ayuntamiento la renovación del catecismo nocturno multimierda y se consumó con su aquiescencia el proyecto de traslado de las taquillas de la Mezquita al obispado, para que las talegas con la recaudación libre de impuestos no tuvieran ni siquiera que cruzar la calle.

Por otra parte, y en el orden divulgativo, se informó perentoriamente a cualquier organismo dependiente del PSOE (UCO, Casa Árabe (¡¡¡!!!), Diputación, Delegación…) de que el tema de la inmatriculación y los usos de la Mezquita quedaban terminantemente vetados en sus dependencias. Y se vetaba por susanil decreto no escrito la habilitación en el flamante Centro de Visitantes, construido por la Junta pero gestionado por el Ayuntamiento, de un imprescindible núcleo didáctico e informativo de interpretación científico-académica de la Mezquita, tarea que queda así únicamente en manos de la doctrinal, confesional y mendaz de la Iglesia en el centro que está construyendo en el obispado.

Especial papel ha jugado también en el diseño maestro del arzobispo la putrefacta UCO, casta y pía, devota de Frascuelo y de María, prostituida ancestramente por el dinero de la Iglesia, antes corriente en abundancia a través de la mafia episcopobanquera de Cajasur y ahora más comedidamente a través de la financiación directa del cabildo de aquellos trabajos universitarios de los alumnos que se la pelen en estudios de arte estrictamente cristiano, a ser posible los dedicados a la repugnante quincalla postrentina que chorrea de las partes okupadas de la Mezquita y de los sobrios muros góticos de las iglesias fernandinas.

El final de la novela queda, como es lógico, convenientemente abierto… Aunque ya se va barruntando que nuestro arquitecto planificador está preparando su salto al solio papal. ¿Nombrará cardenala in pectore a su protegida? Yo ya lo vaticiné hace tiempo...

viernes, 31 de agosto de 2018

¿Colegio de Enfermería o Cofradía Católica?

Llevaba decenios intentándolo. Me refiero al de Córdoba. Pasar de simple Ilustre Colegio de Enfermería a poder exigir ser llamado Sacramental y Sacrosanta Hermandad y Cofradía de Enfermería en sus Curaciones Milagrosas. Pero ya lo han conseguido. Todo llega en la vida. Les ha costado sienes y sienes de misas a patronos y patronas, desde aquel núcleo duro de orocolmillados franquistas de rojigualda en el reló que tomó por asalto el Colegio en los 80 y que tanta correa nacional mismamente alcanzaría hasta hoy (¿cómo era que se decía correa en alemán?), pasando por la fundación por ellos mismos de un sindicato profesional que no nació para otra cosa que para quitar el pan de sus familias a otro colectivo profesional, el de los técnicos sanitarios, hasta hoy en que el obispo más tonto al oeste del Cabo de Palos les ha concedido por fin el alcance de su sueño: después de conseguir una patrona extra, fundirse fraternalmente con ella y poder así desfilar en Semana Santa con terno cruzado azul marino (el color donde mejor destaca la caspa) y palo de plata. Digo con terno porque la esencia tradicionalmente machorruna de sus composiciones históricas así lo obliga.

La Junta Directiva del Colegio de Enfermería de Córdoba transmutado en Cofradía Católica se caga así en la aconfesionalidad del estado y se mea minuciosamente en los derechos de todos y cada uno de los colegiados –que lo son obligatoriamente– que por su condición de no creyentes o creyentes demócratas, no participan en las bacanales de pensamiento mágico y en las liturgias supersticiosas que, ilegítimamente, aquella organiza con el dinero de sus propias y obligatorias cuotas. Y que ahora ya además se instituye en Asociación Confesional dependiente doctrinalmente del obispado de Córdoba.

No debemos olvidar que hablamos de una profesión en la que muchas de las actuaciones de sus miembros pueden ser objeto de consideraciones éticas y morales de interpretación múltiple y que pueden chocar en muchos casos con la doctrina emanada de la Iglesia Católica que no es obligatoria para los no creyentes. Así obligar a un profesional de la sanidad a pertenecer, sufragar y, lo que es peor, acatar por imperativo legal la autoridad de una institución que asimila las doctrinas del catecismo católico supone una vulneración de los más básicos principios democráticos. Claro que conociendo la ideología que ha traspasado monopolísticamente desde los años 80 al conjunto de esas juntas directivas colegiales de la enfermería cordobesa, la palabra democracia hace referencia a un malvado ser mitológico.

Sigue la estela de su hermano mayor el Sacro Colegio Cardenalicio de Médicos de Córdoba que hace unos años nombró Colegiado de Honor al arcángel Rafael para premiar sus actuaciones (sic) en pro de la salud de los cordobeses. Y es que, como afirma siempre mi amigo Juan Sepelio, si los tontos volaran el cielo se oscurecería en un santiamén y nos invadirían las tinieblas.

jueves, 5 de julio de 2018

Murcia no tiene Medina Azahara pero tiene vergüenza

En 2009, en pleno centro de Murcia, las obras para la construcción de un enorme aparcamiento subterráneo en lo que fue la huerta de un convento, descubrieron unos restos arqueológicos correspondientes a un arrabal almohade de los siglos XII y XIII. Tras las preceptivas prospecciones el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y el jefe del servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, un arqueólogo, decidieron “desmontar” los restos para que continuaran las obras del aparcamiento. Ante ello, se fundó una plataforma ciudadana con mucho apoyo para impedirlo que luchó con dos armas principales: la movilización ciudadana mediante manifestaciones e intentos de entorpecimiento de las labores de destrucción y la judicial. La más efectiva fue esta última. Un juez dictaminó que se trataba de patrimonio público cultural inenajenable y por tanto sujeto a la máxima protección. Los dos máximos responsables se libraron de ir a la cárcel porque crear determinadas jurisprudencias puede ser demasiado peligroso para el sistema. Tras diez años en los que la plataforma ha vigilado la correcta conservación de los restos e incluso ha denunciado al ayuntamiento por manifiesta desidia en sus obligaciones, vuelven los trabajos de excavación y puesta en valor del yacimiento.

Los murcianos no tienen Medinas Azaharas ni Mezquitas Patrimonios de la Humanidad de las que enorgullecerse. Su orgullo está en haber luchado por salvar su patrimonio y ponerlo en valor para, como ha dicho el actual alcalde, “DEVOLVER A LOS MURCIANOS SU HISTORIA E IDENTIDAD" y “ESTABLECER UN DIÁLOGO ENTRE LOS MURCIANOS DE LA MURCIA MEDIEVAL Y LOS DEL SIGLO XXI", algo que los cordobeses nunca tuvimos el coraje de hacer y dejamos sin movilización alguna (el apoyo a la Plataforma “Salvemos los arrabales” fue mayoritariamente foráneo) que se destruyeran medio millón de metros cuadrados de arrabales del siglo X, cuya conservación de sólo un par de hectáreas nos hubieran permitido exactamente eso que dice el alcalde murciano. Para más inri los responsables del crimen ni siquiera pasaron por banquillo alguno y muchos siguen recogiendo en sus sillones los frutos y a alguno y alguna los hemos visto estos días en Medina saltar como monos y monas de alegría al recibir un plátano, el plátano de recompensa que sus amos les arrojan cuando hacen las cosas a su gusto.

Córdoba ha ganado el reconocimiento que le tocaba políticamente y por orden de sumisión por el supuesto cuidado de los restos de los palacios de los poderosos de antaño, unos restos con los que para el ciudadano de a pie es difícil dialogar, como con todas las obras del poder, si no es desde la rendida admiración extática. En cambio le ha sido criminalmente sustraída la posibilidad de hacerlo dinámicamente con sus iguales de hace 1000 años, sentirse identificado con sus formas de vivir y de estar en esta ciudad actualmente desnortada, cuyos habitantes sumidos en una espesa estupefacción no terminan de saber quiénes son exactamente ni cómo explotar de manera racional y sostenible desde la cultura y el conocimiento el regalo infinito de su esplendoroso pasado. Y no usarlo únicamente para vender flamenquines y salmorejo.

jueves, 28 de junio de 2018

Medina Azahara y la Memoria Histórica Arqueológica


Dentro de unos días un organismo de ámbito mundial digno de toda sospecha de moverse frecuentemente por intereses ajenos a la estricta conservación del patrimonio que es su declarada finalidad de existir, asesorado por su no menos digna de lo mismo filial europea y nacional, se reunirá en Baréin para conceder el título de Patrimonio de la Humanidad al conjunto urbano-palatino de Medina Azahara de Córdoba. A pesar de la unanimidad en el jolgorio que ha concertado el anuncio entre el cordobesismo onanista, el gremio de la explotación hostelera, las autoridades autocomplacientes y una población que raramente ha visitado el monumento, como siempre, en una ciudad que tiene la discreción como verdadero escudo de armas, no han faltado voces insorribles que señalen ceñudamente que un conjunto arqueológico en cuyo perímetro las administraciones han permitido tan panchamente la construcción de 190 chalets ilegales en solo 8 años (1995-2003) lo único que debía esperar era la calificación de Patrimonio de la Barbaridad.

Así, entre los entusiastas del premio y los insorribles de la denuncia de los chaletes prácticamente nadie ha caído en lo que significa realmente ese premio para la política de conservación del patrimonio que ha imperado en los últimos decenios en esta ciudad: una verdadera cortina de humo que difumina, temporalmente —porque el tiempo y la memoria histórica acabarán abriendo sus fosas para que se conozca— el genocidio arqueológico que un ejército perfectamente organizado de políticos, técnicos, arqueólogos funcionarios, constructores y profesores universitarios ha perpetrado en esta ciudad. Con la inestimable ayuda de la comprada prensa local que dirigió las operaciones de distracción informativa para que lo que estaba siendo un horripilante crimen contra la cultura pareciese una necesidad ineludible del progreso.

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viernes, 15 de junio de 2018

Presentación de "La odisea..." en Iruña

CON LIBRO

El lunes 4 de junio gocé de la suerte de poder presentar "La odisea de los rabadíes" en la magnífica librería KATAKRAK de Pamplona. Rodeado de amigos antiguos (de hace casi cuarenta años), nuevos y algunos que conocí allí y con la amabilidad de la gente de la librería. Y especialmente con la precisa presentación que me hizo mi amiga Blanca Oría, a la que agradezco además las gestiones que hizo para que se celebrara el acto.

La historia de los rabadíes gustó bastante más que mi presentación en sí. Pero sobre todo, sorprendió. Sigo percibiendo la extrañeza que provoca en quien tiene noticia de ella porque una historia tan impactante como aquella sea tan desconocida. Y no solo fuera de nuestra ciudad sino incluso entre la inmensa mayoría de nuestros paisanos.

Una velada deliciosa que culminó en una opípara cena el mítico Lambroa del el casco antiguo de la vieja Iruña, rodeado de Blanca, Karmele, Julia, Ana, Carlos y Félix. Gracias y todos y a cada uno.

CON bLANCA conblanca solo

domingo, 20 de mayo de 2018

La Feria del Mal Fario

SOLEMNE TRASLADO DE LAS MIASMAS SEPULCRALES DEL CEMENTERIO DE LA SALUD AL REAL DE LA FERIA

Hoy sábado, primero de la Feria, ha tenido lugar un acto, supuestamente festivo, que da realmente la medida de la profundidad del pozo de reaccionarismo en el que nadan las manifestaciones folklokulturales oficiales en esta ciudad. Córdoba, me refiero a Córdoba, amigo o amiga, por si no sabes desde donde escribo. Hace cinco a seis años a una momia de las muchas que gestionan con paso oscilante y brazos tiesos los destinos culturales de esta ciudad, concretamente una que cortijea en los museos municipales, le rezumó de su casposa entrepierna "resucitar" –cosa de zombis, claro, esa de “resucitar”– una tradición veterofolklotestamentaria de dudosa legitimidad: la de reenlazar cultualmente el origen de la feria –del ganado, como todas– de la ciudad, casualmente –que no causalmente– con el mundo posmoderno en el que se desarrolla actualmente. No debió esforzarse mucho para convencer a la sociedad folklofriki cordobesa que ramonea su ocio en el casino ese de la Amistad para que uniera la voluntad de sus entrepiernas con la de la suya propia en una portentosa confluencia de caspa genital capaz de construir inveteradas tradiciones de birlibirloque.

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No voy a entrar en el sentido o no sentido religioso de esta feria que es cosa ya superada: la feria, como todas, aprovecha una festividad religiosa –obligatoria, como todas– para celebrarse, porque alguna hay que aprovechar, pero no es la festividad religiosa en sí, por mucho que la carcunda católica local quiera vincularla esencialmente y hayan rescatado el viejo nombre del avatar de la madre del dios de los católicos correspondiente a aquella, en este caso el de Virgen de la Salud. Se trata de un culto inventado por agricultores y tratantes por la necesidad de crear una feria en la Puerta de Sevilla. Se “descubre” una imagen supuestamente enterrada, se le achacan un par de milagritos, se le construye una ermita y se celebra una feria en su honor. Las autoridades no tienen más remedio que aceptar el hecho consumado. A principios del XIX la feria se desvincula físicamente de la ermita y se traslada a la Puerta Gallegos y en los terrenos traseros a la ermita los franceses, que vinieron a traernos la Ilustración, ordenan construir un cementerio para sacarnos de la mugre moral en que nos mantenía la monarquía absolutista borbónica y su perra guardiana, la Iglesia Católica. La respuesta fue echarlos a golpes de trabuco y navaja, pero, ya que estaba hecho, el cementerio persistió en su uso con su ermita delante. Y de paso sirvió de cachondeo fino para todo ciudadano del universo que escuchara aquello de Cementerio de la Salud.

El caso es que esa reciente confluencia de voluntades de entrepierna, esa Unidad de Destino en lo Casposal, consiguió del Ayuntamiento –por entonces en manos de los nacionalcatólicos PPeros, pero hubiera dado igual porque los de la izmierda local hubieran acabado escupiendo igualmente pelillos, permiso para enlazar de nuevo físicamente ambas cosas, la feria posmoderna y el culto católico jurásico olvidado.

Así que desde hará unos cuatro o cinco años los pseudoseñoritos del casino Círculo de la Amistad, los pescuezoacaracolillados de la Ecuestre y se supone que la momia de los museos vienen montando una festolina folklofriki consistente en una procesión de caballistas que el primer día de feria conduce solemnemente y dejando el correspondiente reguero de apestosos cagajones por las calles, un apolillado pendón alusivo al avatar virginal que lo patrocina desde el cementerio donde se guarda todo el año acumulando miasmas mortuorias hasta el Real de la Feria, desde donde se expandirán por todo el espacio festivo.

Una verdadera macabrada, una genuina convocatoria de malafollá, un auténtico acto de invocación del mal fario que cualquier año va a tener los efectos propios de estas cosas de mezclar las cosas de los muertos con las de los vivos y va a dar lugar a una desgracia mu gorda.

Yo por si acaso y mientras esa ceremonia siniestra tenga lugar no pienso pisar la feria.

NECRONOMICÓN. VAJÍO. ESPELUZNAMIENTO. MAL FARIO. ¡LAGARTO! ¡LAGARTO!

Para completar la siniestrada este año la misa en la ermita la dictó un cura de la saga caciquil de los Cruz Conde, que tanto que ver tuvieron con los fusilamientos de varios miles de cordobeses republicanos en las tapias de ese mismo cementerio.

sábado, 12 de mayo de 2018

Torturas solidarias

Cine de verano en la Ermita de la Aurora

Algunas zonas del casco antiguo de Córdoba, concretamente la calle de la Feria, se están convirtiendo en lugares acústicamente invivibles: tamborradas cofrades un finde sí y otro también, el maratón de sevillanas de la cruz no menos cofrade de san Francisco, las putas campanas de la iglesia mañana y tarde, las despedidas de soltería de las generaciones de jóvenes más cretin@s de la historia de la humanidad, la romería de borrachuz@s de los viernes y sábados a las 3-5 de la mañana que salen del Soho y gritan como posesos, mean y cagan, sin dejar de gritar, bajos los naranjos, el estallido continuo de vidrios reventados del contenedor, los trallazos metálicos de los barriles de cerveza descargados de los camiones que surten a los muchos bares de la calle, el ametrallador tableteo de las ruedecitas de las maletas de los turista por el acerado de cuadradillo, el tráfico y sus continuos conciertos para berrido y claxon, con especial cariño para los conductores descerebrados que bombardean el aire con los chunda chunda de sus potentes bafles acoplados en sus coches, etc. El precio de vivir en el marco incomparable de una de las calles más hermosas al oeste del Pedroches.

A todo ello y desde hace unos años se ha sumado el cine de verano de la ermita de la Aurora durante todo el verano y las cada vez más frecuentes fiestas solidarias sabatinas de las ONGs a las que el Ayuntamiento, propietario del espacio, y la Asociación de Vecinos, gestora del mismo, se lo ceden para que coloquen sus barras, sus potentes equipos de música y sus batucadas diversas. Con lo que recaudan en esas fiestas sufragan parte de sus proyectos solidarios. Muchos y muchas de los que las organizan son conocidos míos, me caen superbién y me rindo ante sus esfuerzos solidarios. Y además reconozco que soy parcial, muy parcial: si se hubiese tratado de fiestas cofrades o folklopolladas hubiera denunciado desde el minuto 0’1, porque los beneficios van para enjoyar ídolatrías y fomentar supersticiones. Pero son de izquierdas y hasta ahora las celebraban cada dos o tres meses, lo que me ha hecho siempre aguantar estoicamente el insoportable pestiñazo de los taladrantes soniquetes a todo volumen propios de esos eventos durante las mejores diez horas de mis sábados, los únicos días en los que puedo disfrutar de un libro, una serie o una siesta vespertina. Habiendo, por demás, cientos de espacios en la ciudad para montarlos. Por sistema de rotación, por ejemplo.

Lo más gracioso es que de alguna manera lo que estoy sufriendo es un castigo de Dios. Sí, del Dios de los católicos, que nunca nos perdonó que le arrebatáramos un bien que no pagaba IBI. Porque ese espacio, lo que fue el solar de la vieja ermita pertenecía supuestamente a la Iglesia cuando llegamos a la calle en el jurásico año de 1982 y servía de almacén de viejas vigas producto de los trapicheos inmobiliarios del cura de una parroquia cercana. Una ruinosa tapia, a través de la que algunos vecinos-basura arrojaban la suya atrayendo a verdaderos ejércitos de ratas, la separaba de la calle. Algunos vecinos iniciamos una campaña de denuncias al ayuntamiento, sí, aquel mítico de izquierdas antes de que lo colonizase el rosismo, que al cabo de dos años y varias inspecciones se habían sustanciado en tal cantidad de multas que el solar pasó, por esa causa, o al menos nos hacía ilusión pensarlo, a manos municipales. Después de una preciosa rehabilitación en la que se rescató la muralla romana, su posible utilidad de uso pasó por varios proyectos, desde la instalación de un parque infantil —necesario, pero amenaza espeluznante para algunos— hasta una ancianoteca habilitando cómodos bancos para los envejecidos vecinos del barrio. Finamente se cerró con una verja para evitar que se convirtiera en un chutódromo de yonquis. Algunos domingos fuimos sorprendidos por pequeños conciertos de música de cámara a cargo de cuartetos de jóvenes procedentes de países de detrás del recién caído Telón de Acero. Otros por efímeras exposiciones. Finalmente dejó de ser usado hasta que se cedió para que algunos anticuarios del barrio expusieran los domingos, para trueques de libros y dos meses de verano como cine.

Y ahora en que, por fin, y por la venganza de Dios Todopoderoso, se ha convertido para nuestro castigo en el verbenódromo solidario de la ciudad. Casi cada sábado. Batucadas, sí batucadas, a las seis de la tarde, horripilantes chundas-chundas, sincopados raps y otras formas refinadas de tortura escatológico-musical durante diez eternísimas horas. Nunca se les ocurre poner algo de Boccherini, verbi gratia. Y es que parece que la solidaridad está reñida con el buen gusto o con la moderación decibélica. Algo que llevo comprobando en mis muchos decenios de rojo irredento.

Lo último que me apetece es convertirme en el clásico viejo gruñón y pejiguera, pero el lunes empezaré a dar por culo. Y espero no tener que llegar al Tribunal de Estrasburgo o al Defensor del Habitante de la Vía Láctea.

martes, 1 de mayo de 2018

La privatización de las Cruces de Mayo cordobesas

En mi barrio la Mezquita no es bizantina, sino mora y bien mora, de tetera y narguile


El Ayuntamiento de Córdoba ha distinguido en el concurso de Cruces de este año de 2018, modalidad Casco Antiguo, con el primer, segundo y tercer premio a las de la Hermandad del Huerto, la Paz y el Resucitado y con premios adicionales a las de la Misericordia, la Soledad y el Calvario. Aparte, en otras modalidades como Recintos Cerrados y Zonas Modernas, también han sido distinguidas las de la Merced, San Rafael y el Sepulcro. Así, al primer golpe de vista, con lo que nos encontramos es con que esos nombres no hacen referencia a lugar del casco antiguo alguno. No son nombres de plazas, calles o barrios, sino nombres de cofradías católicas, es decir franquicias de la empresa multinacional Iglesia Católica Corp. dedicada a la elaboración y venta de productos espirituales, de autoayuda y folkloreligiosos y encargadas de sacar periódicamente a la calle la publicidad de los mismos. Sólo expurgando entre los premios encontramos otros nombres que no hacen referencia a esas franquicias católicas. Y son menos de la mitad de un total de 48: Un puñado de Asociaciones Culturales y sólo cuatro Asociaciones de Vecinos, dos de ellas las de los barrios obreros de Kañero y el Cerro (cuyo nombre oficial usurpa un obispo nazi).

Ese último dato es demoledor. La fiesta de las cruces, aunque los antropólogos suelen remontarla a tradiciones paganas y animistas previas a la irrupción del absolutismo cristiano, al que sobrevivieron camuflándose, en su actual forma parece que se remonta a finales del XVIII y principios del XIX. Fue siempre una fiesta muy, muy popular, que celebraba el orgullo vecinal de las clases más pobres estimulando la colaboración imprescindible para la convivencia y fomentando la creatividad de quienes sólo contaron siempre con escasísimas ocasiones en su vida para ejercitarla. En cada calle, en cada plaza, los vecinos celebraban la llegada de la primavera disfrazando con luminosidad floral el signo obligatorio por antonomasia de la represión brutal de la Iglesia, despojándolo por unos días de su siniestro simbolismo habitual.

El franquismo primero y el pesoeísmo después desactivaron el potencial reivindicativo e identitario popular de las fiestas de barrio mediante la entrega de su gestión al nacional-catolicismo y al nacional-folklorismo, rojigualda el primero y engañosamente blanquiverde el segundo. La entrega a las cofradías narcocatólicas de la organización de las fiestas populares (ferias, cruces y romerías especialmente) y la conversión de las señas de identidad andaluzas en pastiches de lo peor de la Andalucía de cartón-piedra y del barroco contrarreformista, ha supuesto la privatización de la fiesta, su entrega a una multinacional con sede en un país extranjero, con la clara intención de disolver sus potencialidades reivindicativas o su ludismo cimarrón en el aguachirle del conformismo. Por eso los pesoeístas las colocaron en manos de lo más reaccionario del tejido asociativo andaluz, en las de la ultraderecha de raíz nacional-católica, porque con ello garantizaban esa desactivación de su telúrico potencial instintivo, motivo por el que el Capital los había colocado en su sitio. Y a ello exclusivamente respondió la creación de ese arma de destrucción neuronal masiva que es CANALSUR

Pronto será tarde, porque ya está instalada como la normalidad, la que naturalmente tiene que gestionar nuestras fiestas, las de todos, acomodándolas a su gusto y sacando un beneficio económico que no revierte en la propia gente del barrio, porque los cofrades que montan una cruz ya no son del barrio y las ganancias de sus barras se van directamente a las arcas de la cofradía, que no por estar en el barrio pertenece al mismo, desde donde por el intrincado tubo digestivo clerical le perderemos del todo la pista.

Por eso yo, siendo poco aficionado a las festolendas multitudinarias, voy cada año a comerme un potajito y trasegar unas birras a la Cruz de Mayo de mi barrio, del barrio de Kañero, a pesar de que mi madre hace un par de años que por su edad ya no anda como voluntaria, como varias decenas de vecinos y vecinas más, entre sus fogones ni pincha geranios en sus macetas, aunque siga ejerciendo su imperativo maternal exigiéndonos presencia en ella. Porque esa Cruz es un vestigio abocado a la extinción de cuando la fiesta de las Cruces de Mayo era una fiesta auténticamente popular y no un botellón cofrade y lo de menos era el concurso que el ayuntamiento fascista instauró para acicatar y premiar la sumisión de los pobres. Como previamente hiciera con la Fiesta de los Patios.

El peligro viene por la muy reciente fundación de una cofradía de Semana Santa en un barrio donde jamás la hubo. Hasta al viejo y combativo Kañero ha llegado la metástasis idolátrica. Y tarde o temprano fagocitarán la organización y el sentido de su Cruz. Ese será el momento en que, si llego vivo, renunciaré a la peregrinación anual, a degustar el ritual potajito en cuenco de barro y a trasegar mi birrita en vaso de plástico, vapuleado, sólo una vez al año, por los espantosos mantras de las sevillanas.



domingo, 29 de abril de 2018

La logia cordobesa desaparecida

La logia en los años 80

Corrían los años 90 del siglo pasado cuando un constructor roepalillos compró el asilo de Jesús Abandonado, un edificio del siglo XVI de la calle Ambrosio de Morales de Córdoba, situado exactamente entre el de la Real Academia y el Teatro Cómico Principal. Se encontraba en estado ruinoso y como tantos otros edificios históricos de la ciudad carecía de protección declarada de Bien de Interés Cultural. En este caso el expediente estaba en ese momento en trámites, trámites que aún tardarían la friolera de 18 años en completarse. Ni corto ni perezoso y sin permiso municipal o de la Junta el constructor lo derribó completamente en un pis pas y antes de que nadie pudiera reaccionar. Las protestas de algunos particulares hicieron que tanto la Junta como el Ayuntamiento se movilizaran y trataran de sancionar al destroyer y al arquitecto a su servicio. Quince millones de pesetas y la obligación de restituir los elementos más característicos de la edificación derribada. Entre otros, una logia de ocho arcos frontales y dos laterales que daba a la calle de la Feria y que coronaba desde hacía casi cuatro siglos la vista longitudinal de la calle Maese Luis desde que se entraba en ella por su extremo oriental. A mí me afectó personalmente la desaparición de aquel elemento porque formaba parte de mi vida y de mi memoria visual: no sólo me había alegrado con su gracia la subida de la calle desde que era niño, sino que desde el balcón de mi propia casa se veía perfectamente formando parte del impresionante paisaje de fachadas centenarias de la calle de la Feria. Mi berrinche fue tal que en aquellos momentos creo hubiera estrangulado con mis propias manos a los responsables del crimen.




La Junta de Andalucía jamás consiguió imponer aquella sanción a aquellos energúmenos. Podría haberlo hecho si no hubiera contado a su vez para ello, y para haberlo protegido previamente, con la misma ralea de destroyers: los gestores y políticos del ramo cultural más nefastos al oeste de cabo de Palos. Sí, esa panda de responsables del mayor arqueolocidio de la historia de la humanidad, del arrasamiento del yacimiento de Cercadilla, de medio millón de metros cuadrados de arrabales califales del siglo X y de aquellos 18 años de demora que permitieron a los salvajes aquellos irse de rositas según dictaminaron sendas sentencias del TSJA y del Supremo, que colocaron en aquella demora la causa de la anulación de la sanción.

Reconstrucción ideal de la vista de la logia desde Maese Luis


Sea como sea y según he podido averiguar, la obligación de restituir la logia sigue aún vigente, heredada por quien finalmente decidiera obrar el solar del antiguo asilo. Y en esas estamos: desde hace un mes se viene construyendo un edificio destinado a apartamentos turísticos en el solar que ha permanecido baldío durante más de 20 años. Las obras ya han llegado a la zona donde estuvo la logia. Así que me encuentro expectante y expectorante, pendiente día a día de comprobar si la obligación de restitución se cumple o no se cumple. Por ello, me he permitido hacer unos montajes de cómo debería quedarse, para que no nos engañen. Eso sí, si finalmente se restituyera tendría que competir visualmente con el absurdo culazo cubista y polícromo que los mismos indigentes mentales permitieron que se hiciera en la ampliación del Teatro Cómico Principal. Seguiremos informando.


Perspectiva de Maese Luis con y sin logia

jueves, 26 de abril de 2018

Estreno catódico



Pasado el ecuador de la feria del libro y con mis tres niñas (CATEDRAL antes muerta que MEZQUITA, LA ODISEA DE LOS RABADÍES y LAS TRIBULACIONES DE MONSIEUR PEGAUX) expuestas en algunas casetas he tenido la suerte de que a alguien de la cadena PTV CÓRDOBA considerase una buena idea llamarme para una entrevista. Se trata de mi debut catódico y a pesar de mi proverbial incapacidad para organizar oralmente mis ideas, no ha quedado del todo mal. Desde aquí quiero dar las gracias al responsable de la cadena que me invitó y a Amparo, la entrevistadora, que arropó con su profesionalidad mi bisoñez.

domingo, 25 de marzo de 2018

1200 años de la Revuelta del Arrabal de Saqunda

Hoy, 25 de marzo de 2018 se cumplen 1200 años del desencadenamiento de la Revuelta del Arrabal, el Arrabal de Saqunda de Córdoba, la primera revuelta popular inserta en la lucha de clases de que se tiene noticia documental en la historia de la península Ibérica. Tras el brutal escarmiento del poder en forma de saqueo por las tropas regulares del emir, el asesinato y ejecución de varios cientos de vecinos y la destrucción hasta los cimientos del propio arrabal, los supervivientes fueron obligados a tomar el camino del exilio, en lo que puede considerarse también el primer exilio por causas políticas de que se tiene constancia documental en la península. La resiliencia, la capacidad de superar las desgracias, fue la seña de identidad de aquellos paisanos rebeldes. Tras años de vagabundeo consiguieron fundar, preñándolos de cultura y prosperidad, ciudades y reinos lejanos y nunca, nunca, olvidaron de dónde procedían, el Arrabal de Saqunda de Qurtuba. El actual Campo de la Verdad.

Y es que hubo un tiempo en que los cordobeses no éramos tan pastueños..

sábado, 10 de marzo de 2018

Mujer y escultura pública en Córdoba

No sé si el elenco de la estatuaria urbana cordobesa es la más cipotuda del mundo, pero si no lo es anda cerca. Desde luego sí que es la que mayor cantidad de estatuas de curas —el cipotudo, junto con el militar, por antonomasia— tiene por habitante cuadrado, a la par con Ciudad del Vaticano.

Todas las esculturas de la ciudad, 60, excepto una, son obras de hombres, representan normalmente a citopudos señores y dos tercios de las que representan a mujeres lo hacen usando la más rancia de las conceptualidades, ensalzando precisamente la desigualdad estructural (la cipotudamente erotizada cuidadora de patios) o su papel de musa de artistas a que han sido secularmente sometidas (las aguaoras, símbolo inmarcesible de la belleza decorativa de “La Mujer Cordobesa” para cipotudos degustadores de cipotudos tópicos.

La única escultura de la ciudad salida de las manos de una mujer de que gozamos en la ciudad sirve de nítida muestra de lo que las Guerrilla Girls llevan denunciando desde mediados de los 80: que el mundo del arte es, tras el de los eclesiásticos, aquel campo social en el que, partiendo de premisas naturales igualitarias, se dan las actitudes más radicalmente machistas, en el que con mayor beligerancia se excluye a las mujeres. Sólo hay que computar el número de obras ejecutadas por ellas que se exhiben en los museos, no ya de arte antiguo en cuya ausencia podría argüirse la carencia de formación y creación por barreras legales históricas del sexo femenino, sino incluso en el de más rabiosa contemporaneidad, reflejo de una época en la que esas barreras han prácticamente desaparecido, para entender que las concepciones de creatividad artística vigentes se fundan en construcciones culturales arbitrarias que responden a intereses ideológicos muy concretos y que mediante el poder de los dominados medios de emisión de mensajes conforman un universo social sexista que condiciona inconscientemente la visión del mundo de la práctica totalidad de la población. En el caso de Córdoba sólo hay que asomarse a los espacios expositivos, el C3A y la Botí, esas cipotudas instituciones, especialmente.

Se trata de una pequeña obra perdida en el laberinto de callejuelas que se entrecruzan entre la plazuela del Amparo y la de la Alhóndiga que representa una alegoría del baño, una joven desnuda arrojándose sensualmente (para ella, no para el espectador) un aljófar de agua sobre la cabeza, justo en la puerta de los restos arqueológicos del hammam almohade encontrado en la calle de la Cara y que se halla en un lamentable estado de abandono. No sería de extrañar que su colocación respondiera a un ataque de remordimiento —o mejor de hipócrita justificación— de las autoridades (in)competentes que en años no han sido capaces de poner en valor un patrimonio histórico-arqueológico de primera magnitud como es ese baño. Sea como sea, luce su pequeña y serena realidad, como promesa de súbito encuentro, al paso del viajero o el local que disfrutan de la secreta —por discreta— belleza de esas callejas a dos pasos del río cada vez más infernal de Cardenal González. Su autora es Teresa Guerrero, lleva fecha de 2000 y grabado en el pedestal unos versos de Ibn Shuhayd —en árabe y en castellano— que enfocan nítidamente el recuerdo de un momento concreto fugazmente transcurrido en un hammam cordobés el siglo XI.

sábado, 24 de febrero de 2018

Venganza Suicida (pienso, luego mato....)

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El hombre mayor alcanzó trabajosamente con ayuda de un taburete la garrafa de agua de cinco litros que coronaba la pirámide levantada en una encrucijada del súper. Con ella en la mano se plantó después ante el estante donde se alineaban las cajas de pienso de pensión para jubilados. Solía escoger habitualmente el de pollo y frutos secos, pero en esta ocasión su ración junto con el agua serían para su compañero de cuarto que prefería el de cerdo con verduras, así que fue ese el que eligió. Ajustó en el fondo de la cesta junto a la garrafa la caja de tres kilos que le correspondía. Su pensión de jubilado de una semana. Mientras recorría los pasillos de estantes casi vacíos le asaltó la cabeza como tantas otras veces la pegadiza cancioncilla publicitaria con la que años atrás comenzó en los medios la agresiva campaña para convencer a la gente de que el pienso, un pienso especial enriquecido para el consumo humano, era perfectamente capaz de mantener sanas a las personas y de que una vez acostumbradas a él dejarían de preferir los alimentos naturales. Si el pienso específico para perros y gatos había permitido durante décadas a las mascotas mantenerse en plena forma, con la dentadura sana y el pelo brillante, el de los humanos no tenía por qué no cumplir con lo mismo con ellos. Fue una campaña inútil. La propia necesidad fue la mejor campaña, a la que siguió la publicidad normalizada en la que sólo se ofertaban distintas marcas, distintos sabores. Por supuesto no la marca blanca que proporcionaba el gobierno como pensión a los jubilados, mucho menos variada, mucho menos sabrosa que las comerciales. Aunque él nunca jamás se acostumbró a ninguna de ellas. Por eso se había arreglado especialmente aquella mañana, afeitado y puesto su chaqueta buena para no tener problemas de aspecto al pasar ante los vigilantes de la zona A del súper donde, además de mayor variedad de piensos, algunos privilegiados podían conseguir a precios desorbitados alguna pieza de tomate, pimiento, naranja, pan o incluso algún muslo de pollo en vísperas de fiestas. Y eso que en ese súper de la periferia no era demasiada la gente que podía acceder a esos lujos. Allí eligió un tomate, un pimiento, una pequeña lechuga, un pepino, bastante pochos pero comestibles, una bolsita de medio decilitro de aceite, un sobrecito de sal y otro de café soluble edulcorado. Una vez en la caja entregó su tarjeta de jubilado para que le descontaran el pienso y el agua de la semana y pagó lo demás con el puñado de sudeuros que había conseguido reunir en varias semanas de sise, céntimo a céntimo, en los recados que hacía para algunas vecinas del barrio y la asignación que uno de sus hijos conseguía pasarle para productos de higiene personal. Lo metió todo en su vieja talega y se dirigió andando hasta la residencia. El jubiltram semanal lo había gastado con los recados. Pero no le importó caminar a pesar de la distancia y del peso del agua y del pienso. Disfrutó del aire en la cara y del sol de marzo, aunque le irritaban las pancartas, pero sobre todo el soniquete continuo de los altavoces callejeros, anunciando la próxima celebración universal del bimilenario de la Crucifixión del Salvador.

Sentado en un banco del parque se recreó morosamente durante un rato en el recuerdo del sabor de la ensalada coronada con café que había almorzado en la soledad de su habitación. Cuando volviera su compañero no encontraría restos, pero sí una nota sobre su cama y una ración semanal extra de pienso y agua. Luego se concentró en su misión. Al contrario de lo que esperaba no sentía angustia ni le pasó toda su vida automáticamente por la cabeza, así que la forzó a hacerlo. Unos niños jugaban frente a él a las canicas con las manos y las rodillas enharinadas de polvo. En un extraño, triste silencio roto sólo por los choques cristalinos de las bolas. Fijó la mirada en el hoyo del juego y trató de verse a sí mismo cuarenta años atrás, en el tiempo en que trabajaba duro para amasar el pequeño espacio de estabilidad que le habían vendido como prudente, respetable y asegurado, en la feliz compañía de su esposa y sus hijos y el disfrute de los amigos y de algunos placeres sencillos. Las vacaciones en la playa en aquel apartamento que tanto les costó comprar. Ese apartamento que voló como su propio pisito cuando las cosas se pusieron duras y hubo que cederlos a precios irrisorios a los buitres que surgieron hasta de debajo de las piedras para poder pagar los costosos tratamientos de la enfermedad de ella, el seguro médico escalonado que sustituyó a la Seguridad Social. Eso fue justo después de que los ahorros de toda una vida de duro trabajo se diluyeran como azúcar en el agua en un abrir y cerrar de ojos el día en que al país lo terminaron de hundir para poder exportar barata su riqueza. Justo después de que les comunicaran que con la nueva moneda que les impusieron su dinero había sido exprimido como una naranja, su jugo se había trasladado por extraños conductos a otros lugares y a ellos sólo les quedó la cáscara, una décima parte del valor inicial, mientras los precios continuaban impasibles su escalada. Todo acabó en las manos de gentes que no se sabía de dónde habían salido y que carecían de rostro. Y con los ahorros de los mayores se fueron las esperanzas de los jóvenes, sólo que por otros conductos: los que conducían directamente a las cloacas de la historia. Las de los que no se marcharon, claro, que las de los otros ya no formaron parte nunca más de este país. Y recordó con rabia teñida de estupor la pasividad con que la población fue digiriendo el expolio, sustituida la represión de la inicial protesta por la propaganda masiva de la fe en la idea de que tarde o temprano se remontaría la crisis, la mala racha, una mala racha cuya responsabilidad acabarían haciendo recaer mediante técnicas sofisticadas de propaganda en ella misma. Esa orgullosa juventud de hacía veinticinco años de la que se decía que sería la mejor preparada de la historia mundial y que habían vivido en una niñez acunada en la placidez algodonosa de aquel añorado estado de bienestar, con las ilusiones desarboladas, aceptando con resignación primero, con miedo cerval después, su conversión en carne de exilio o de explotación, esclavizados como sirvientes o como vigilantes en los paradisiacos guetos electrificados para turistas ricos de la costa o de los nacionales dueños del país en las afueras de las empobrecidas ciudades. Los mayores que permitieron el adelgazamiento progresivo hasta casi su desaparición de los servicios públicos, la privatización absoluta de cualquier bien colectivo susceptible de producir algún beneficio, sanidad, educación, transportes… La pérdida de todos los derechos y beneficios sociales, sustituidos por deber exclusivo y caridad cristiana, que llamaron adopción del milagro chino. La distracción hacia arriba de hasta el más escondido de los céntimos, antes de que se demostrara que los recursos no daban ya para todos y ya se había decidido quién los disfrutaría en exclusiva y quien habría de sufrir las consecuencias de la escasez. Afortunadamente tuvieron consideración con los ancianos y consintieron en convertir las pensiones correspondientes a toda una vida de cotización en pago en especie: guarida, pienso y agua, como los animales domésticos, domesticados. Y agradecidos porque podían haber eliminado hasta eso… La vuelta con fuerza inusitada de la fe religiosa como catalizadora de la incomodidad que supuso la reducción de la sociedad a tres clases: los dueños de los nuevos resortes económicos, los esclavos útiles e inútiles y los guardianes del orden. La conversión de Internet del espacio más libre de la historia de la humanidad en un universal panóptico, donde todos fueron vigilados y que después convirtieron en parques temáticos de entretenimiento hasta su paulatina desaparición como pastizal de información libre. El apagón informativo total y absoluto excepto el del fútbol, manifestaciones religiosas masivas y demás formas adocenadoras de entretenimiento popular. La compra de la fidelidad de unos cuerpos policiales convertidos en fieros represores del más mínimo atisbo de disidencia a cambio de un pequeño bienestar ligeramente superior a la media. Y se vio, estupefacto, a sí mismo a punto de arrojar la toalla tras la muerte de su esposa y sumarse a la ola de suicidios que venían rescatando del mar de la desesperanza a los más enteros y lúcidos de los náufragos. Suicidios completamente estériles porque ni siquiera computaban en estadística alguna, porque no había quien la hiciera ni dónde colgarla. Suerte que alguien le puso en la mano el hilo que lo llevó a la Organización. No sabía cómo, pero ellos lo encontraron. Miró el reloj. Faltaban sólo tres minutos para la cita. Se levantó, sacó una píldora del bolsillo, se la tragó empujándola con saliva y se dirigió lentamente a la comisaría, dos manzanas más allá.

El comisario, un alto delegado del gobierno y dos inspectores esperaban en el despacho. Tenían delante un dossier en el que figuraban minuciosamente relatados todos y cada uno de los atentados terroristas suicidas de ancianos que habían ocurrido en el país desde que hacía un año uno de ellos se había hecho explotar junto a varias autoridades (un gobernador, un alcalde y el director de un periódico) en la inauguración de un estadio de fútbol. Una organización que se llamaba a sí misma Venganza Suicida (VS) había logrado convencer a muchos ancianos desesperados que pensaban suicidarse de que rentabilizaran su muerte llevándose para adelante a algún malnacido, algún responsable en mayor o menor grado, por acción directa u omisión discreta de su situación, de la situación general del mundo en los últimos años. Eso era lo que los escasos, pero muy bien distribuidos comunicados sucintamente predicaban. Si conseguían entrar en contacto con la Organización, cosa bastante difícil dado el extremo nivel de clandestinidad en que se movía, podrían contar con apoyo logístico e instrucción pertinente. Si no, animaban a la acción espontánea. Diecisiete atentados en total reivindicados como diseñados por la Organización y más de treinta de espontáneos sin relación directa con ella podían a esas alturas contabilizarse. Todos cometidos por ancianos y ancianas. Los primeros habían sorprendido a los expertos por el alto grado de sofisticación y la alta capacidad de penetración en los círculos de los blindadísimos entornos de políticos y profesionales de la represión. Más tarde, cuando los atentados habían ya ido sucediéndose frecuentemente, cualquier anciano o anciana se convirtió en un sospechoso al que no se le permitía el acercamiento a las autoridades o al que se cacheaba minuciosamente antes de permitirle entrar en cualquier sitio susceptible de sufrir un atentado. Explosivos cada vez más indetectables, líquidos o sólidos, pequeñas bombas de gas letal de acción fulminante, armas de fuego robadas, disfraces… El caso más sonado había sido el del Ministro de Interior convertido en un amasijo informe de carne picada en plena cena de navidad familiar por la explosión de nitroglicerina concentrada introducida en el cinturón de su suegro, quien a pesar de pertenecer al mundo de las elites se había solidarizado con sus colegas de edad y había sido instruido por la organización para realizar esa acción que fue bautizada como Operación Abrazo Cariñoso. El pánico se había instalado en la exclusiva clase dirigente que había reforzado paranoicamente la separación de sus cuerpos y de sus espacios propios de las miserables clases populares que seguían con el mismo estupor que aquellos el curso de los acontecimientos. Y sobre todo a los responsables de la seguridad se los llevaban los demonios por el hecho de carecer de la más mínima pista para desarticular la Organización y de sentirse incapaces de neutralizar ninguno de los atentados espontáneos alentados por aquella. A pesar de las suculentas recompensas que ofertaban a quien proporcionase pistas que condujeran fiablemente a su desarticulación. Por eso cuando el comisario recibió una llamada de un anciano que decía haber sido captado por la Organización y ofrecerse como colaborador de la policía a cambio de dinero se elevaron todas las antenas. La suprema esperanza del gobierno era neutralizar el aumento de atentados que se esperaba con motivo de la magna celebración que tendría lugar en todo el país en apenas unas semanas. Las multitudinarias misas y concentraciones con motivo del Cristo Salvación del Mundo, el bimilenario de la Crucifixión. Lo estaban esperando.

Una veintena de metros antes de alcanzar la puerta del muro exterior que rodeaba la comisaría un altavoz conminó al anciano a detenerse y dirigirse despacio y con los brazos en alto hacia la parte trasera del edificio. Una vez allí un par de policías blindados con trajes de acero le sujetaron los brazos y lo introdujeron en un cobertizo donde fue desnudado y minuciosamente examinadas sus ropas y hasta los más secretos lugares de su cuerpo. Seguidamente fue ataviado con un mono y conducido hasta el despacho donde lo aguardaban el comisario y los dos inspectores. Uno de los policías afirmó:

– Está limpio.

– Está bien, pueden retirarse. Y usted, siéntese.

El anciano comenzó en ese momento a sentir mucho más fuertes los ardores que le producía la disolución de la píldora que había tragado unos minutos antes. Se sentó y pidió un vaso de agua. Uno de los inspectores se acercó al depósito del rincón y se lo sirvió. En ese momento el anciano hizo un movimiento extraño con la boca: mordió una burbuja plástica que hizo emerger de debajo de la lengua y dio un pequeño trago de agua. El reactivo que contenía la burbuja no tardó en llegar al estómago y activar el explosivo. La tremenda explosión destrozó casi por completo el edificio. Ni tiempo le dio a articular el grito de guerra , ¡¡¡Venganza Suicida!!!, que debía lanzar.

Por sobre el humo y el siniestro crepitar de las llamas seguían los cánticos en los altavoces colocados en los postes de la calle anunciando la celebración del bimilenario cristiano para la Semana Santa del 2033.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Más sobre carcasaurios y fachalopitecos locales


Qué cansancio, qué ardores de estómago produce leer cada mañana la putrefacta prensa convencional cordobesa y comprobar la hondura del pozo de miseria moral en que chapotea la mayor parte de las fuerzas vivas intelectuales de esta ciudad. Esa que no considera del todo al nacionalcatólico (naci) franquista un régimen de idéntica condición criminal que el nazionalsocialista (nazi) alemán y al holocausto republicano tan digno de solidaridad y justicia como el judío. El único efecto colateral beneficioso de ese esfuerzo es verlos irse uno tras otro retratándose con el tema de los cambios de nombres de asesinos —recientes, tan recientes que sus víctimas y las heridas sangrantes que produjeron siguen entre nosotros— que aún rotulan nuestras calles. Siempre está bien conocer de qué pie ideológico cojea cada uno en esta ciudad de proverbiales discrecciones, ahora que los partidos que parecen más o menos representarles han puesto de moda la clasificación entre los que están con las víctimas y los que están con los asesinos. ¿O es que hay terrorismos / verdugos buenos y terrorismos / verdugos malos?

HOY es otro ilustre catedrático, el de arqueología de la UCO, al que los aficionados a los temas del ramo conocemos como el Arqueobispo, el que se lanza al fango de la desvergüenza. Da verdadera lacha leerle apelar al perdón, el diálogo, la tolerancia y la flexibilidad de carácter. A él precisamente, que usa cada semana su privilegiado púlpito de la Hojilla Parroquial para vomitar su bilis de veterano cascarrabias contra el mundo contemporáneo, cuando no lo usa indecentemente para erigirse en acusica de su vecina de la que le molesta que organice en su patio pequeños conciertos y recitales de poesía. Da verdadero estremecimiento escuchar a todo un historiador proclamar que no entiende qué fue lo que pasó en 1936 para que un país se vea arrastrado a un enfrentamiento de estas características. Da verdadero pavor leer de pluma de todo un catedrático en humanidades una pregunta, que parece ingenua, de persona de pocas luces, pero que en su intención íntima lanza un cartucho de dinamita al centro de la reivindicación de justicia y reparación para las víctimas del holocausto que organizaron nuestros nacis: ¿por qué no reclamamos a los franceses los desmanes cometidos por Napoleón y sus huestes? Nivel de estaribel, tronko: ¿por qué no se lo preguntas a los judíos respecto a los nazis que les montaron su Holocausto? Pero es al final cuando tras el vigoroso fru-frú de autobombo buenicista que precede al éxtasis, éste le viene en forma de derrame de admiración por un alcalde falangista que también colaboró en el golpe de estado que devino genocidio y guerra. Los historiadores hemos de ser objetivos, y las ciudades deben honrar a quienes las hicieron más grandes. ¿De qué escuela de filosofía de la historia ha bebido este señor que confunde la imposible objetividad con el imprescindible rigor? Además, se supone que por esa regla de tres —si jugamos a las comparaciones históricas estúpidas como nuestro maestro lumbreras— Hitler debería seguir siendo hoy día venerado en Berlín por las impresionantes avenidas con que la dotó. No es extraño que como bibliografía use la obra de un apulgarado folklofranquistasaurio al que sólo leen las damas de ensaimada en Serrano tras misa de doce. Mientras desprecia el trabajo de otros catedráticos —colegas suyos de facultad— de la Comisión de la Memoria Histórica creada para hacer cumplir una ley,  a los que tilda directamente de un tanto categóricos e indirectamente de cayentes en lecturas sesgadas, extremismos o manipulaciones ideológicas. 

Ayer fue otro catedrático, éste émerito, rescatado para el liberalismo gaseoso de la UCD de un oscuro pasado franquista por la Transacción y que vive en un pisazo en la plaza con el metro cuadrado más caro de Córdoba, el que pedía que a la muy obrera plaza de Cañero le pongamos el nombre —ya que los rojos nos hemos empeñado en cambiarlo— que a él le salga de los güebos y concretamente el que le ha salido ha sido el de un cura de la religión que él profesa. No sé si sabe que los vecinos ya decidieron quitárselo a otro cura, este con galones, en los años 80. Si tanto le gusta ese cura que le haga una capillita en su casa, le rece con fervor de meapilas y nos deje en paz a los demás.

Dos días antes un columnista y escritor se parapetaba tras el nombre de su abuelo, alcalde republicano y también escritor fusilado tras guerra por los nacis, para mostrar su lado más tendencioso y ya de paso ignorante, reivindicando la Córdoba de los años 50 (los logros de sus gobernantes nacis) y confundiendo a José Cruz Conde con su sobrino Antonio. ¿Para qué vas a mirar la Cordobapedia si puedes echar mierda sobre la memoria histórica con los ojos cerrados?

O la exjoven promesa de la literatura local, un juntaletras instalado normalmente en la más literaria de las inanidades, salvo cuando toca enseñar colmillo de facha y el palillo en la comisura. En Córdoba capital sólo hubo un muerto de entre los revolucionarios nacionalcatólicos, un falangista tan tonto que se dejó quitar la pistola con la que amenazó a unos obreros por la calle la tarde del 18 de julio, y cuatro mil fusilados en las tapias y tres mil muertos más por la represión y el hambre en la posguerra como víctimas demócratas. Pues para este poeta de irisados tropos todos cometieron actos aberrante de crueldad sin límite. Que sepamos ya dejó hace años de estar subvencionado (o no, quién sabe), así que eso es probable que lo diga desde la más íntima convicción de aspirante a Hermann Tertsch del Carrasquín.

Es absolutamente delirante que haya tenido que salir un familiar de José Cruz Conde en una carta al director del diario CÓRDOBA a decirles a todos estos lamebotas del caciquismo franquista cordobés quién fue y qué hizo exactamente su antepasado y por qué es justo y necesario que su nombre sea borrado del callejero de Córdoba, ciudad a la que, aunque la dotara de alguna infraestructura, contribuyó poderosamente a desgraciar.



Parece, sólo parece, porque de los pseoeístas no puedes fiarte ni un pelo, que ya está completamente decidido y que los nombres de los criminales cuya presencia para las víctimas del genocidio nacionalcatólico supone una injuria permanente van a ser arrancados. Sólo espero que no se sustituyan por otros, buenos o malos, benefactores o malefactores, de personajes reales o imaginarios de mitologías religiosas vivas. El mundo y la ciudad están llenos de cosas con nombres preciosos que poner a sus calles sin necesidad de correr el riesgo de equivocarse ni ofender a nadie. Y que se imponga el anhelo aquel, salido de la pluma de Francisco Moreno Galván, que cantara José Menese hace años por marianas:

CUÁNDO LLEGARÁ EL MOMENTO
EN QUE LAS AGÜITAS VUELVAN A SUS CAUCES
Y LAS ESQUINAS CON SUS NOMBRES:
NI REYES, NI ROQUES, NI SANTOS, NI FRAILES.
A LA DINA DANA...

martes, 13 de febrero de 2018

Córdoba ¿capital del negacionismo naci?

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NOMENCLATURAS DE IDEOLOGÍAS CRIMINALES

nazionalsocialismo - nazionalsocialistas, abreviadamente NAZIS
fascismo - fascistas
nacionalcatolicismo - nacionalcatólicos, abreviadamente NACIS

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¿Qué está pasando en Córdoba para que sus fuerzas reaccionarias estén presentando una numantina batalla contra las exigencias de higienización del nomenclátor franquista de las calles, sin importarles caer en delirantes pozos de ridículo? La cosa no sería extraña si en otras ciudades de más acervo naci que Córdoba, como Zamora o Burgos, sus fachas no hubieran aceptado racionalmente por fin la limpieza.

Probablemente que se trata de la peor casta de nietos de nacis de España, superando a la peor burguesía del país, que según Lorca, era la granadina. Aquí son sus descendientes y están rabiosos. Son los hijos y nietos de los que cometieron un genocidio del que ellos mismos se han beneficiado toda su vida. Nadie nunca les echó en cara que vivieran de puta madre, disfrutaran de buenas casas, juguetes en Reyes, vacaciones en el mar, estudiaran en buenos colegios y universidades y contaran con las redes que habían creado sus abuelitos y padres nacis para controlar el país y encontrar privilegiado acomodo laboral sin problemas.

Y todo eso lo gozaban porque sus mayores habían asesinado y robado a cientos de miles de españoles para ello. Pero como dice Bartolomé Clavero en su imprescindible El árbol y la raíz, las responsabilidades políticas, sociales y penales por los crímenes de los inmediatos antepasados no se heredan, pero los morales, los cívicos se heredan con el patrimonio. Y lo saben. Los apellidos de los que mandan en la ciudad no engañan, el de algún dinosaurio pesoeísta incluido. Y por eso, en una de las ciudades donde sus padres y abuelos perpetraron uno de los peores genocidios que se cometieron en la Revolución Nacionalcatólica, no quieren perder ya uno de los últimos tapones que impiden que la mierda de los crimenes y la sangre de las víctimas les inunden. Los criminales Cañero, Cruzcondes, Rey Díaz, Vallellano y Pemán, son los últimos de filipinas de la sinrazón moral que defienden. Por eso compran sicarios, periodistas y trepas, muchos descendientes de las víctimas de esos cabrones. El lema parece ser: sacad a vuestros muertos de las fosas de una vez, pesados, pero no toquéis el honor de los que los mataron, porque son nuestros ilustres antepasados y lo hicieron por el bien de España.

Estas son algunas de las batallas que han presentado:

¿Alguien imagina que un historiador escriba un artículo en un diario en el que acuse a un cirujano de haber usado arteramente el diagnostico y el instrumental quirúrgico en la operación de un paciente? Pues, salvando los peros que se quieran, exactamente el equivalente a eso es lo que hizo un cirujano respecto a un historiador ayer en un diario local. Hoy el historiador le contesta muy educadamente, demasiado desde mi punto de vista, explicándole el diagnóstico y el instrumental que él y sus colegas historiadores han utilizado para la operación quirúrgica que extirpará del callejero de Córdoba a un puñado de nacis (nacionalcatólicos) que habían sobrevivido por diversas causas (fundamentalmente la cobardía de los políticos) a anteriores operaciones de higienización democrática del nomenclátor callejero.

Unos días antes fue un tipo que durante muchos años fue alto responsable de contenidos —socialista— de esa maquina de cretinización masiva que es CANALSUR, más conocida como CAGALSUR, el que se deslizaba por la pendiente de la desvergüenza defendiendo también al naci Cañero con el argumento de que su condición criminal formaba parte de una mitología. Un alto funcionario de temas informativos de la Junta que no tiene la decencia de utilizar los documentos oficiales (la hoja de servicios militar) que demuestran la índole criminal del señorito rejoneador. Todo por salvar el honor de los abuelitos nacis, alguno puede que hasta carnal.

Pero para delirante el lanzamiento a pecho descubierto y sin flotador al estanque del fangoso ridículo de este portentoso carcasaurio que ha borrado minuciosamente de las wikipedias su correoso pasado anterior a su conversión al centrismo liberal (UCD) en la Transacción, y que alcanza hoy el éxtasis pajillero para defender el honor y la gloria de José Cruz Conde. Más allá de lo esperpéntico, en la forma y en el fondo, de su intento, su discurso podría servir como perfecto ejemplo práctico en las facultades de Políticas de este país de la clase de liberales que hicieron el supuesto tránsito de la dictadura a la democracia en los 70. Sólo en esta España absurda y jeyonda es posible el espectáculo de un sedicente liberal constitucionalista defendiendo la memoria de un tipo que colaboró conspicuamente en dos golpes de estado contra regímenes constitucionalistas. Por pura higiene mental recomiendo leer sólo los dos párrafos finales de la infecta deyección.

El PP ha agarrado con sus afilados colmillo de perro de presa el tobillo del tema porque últimamente tiene que demostrar a sus votantes fachas que es más facha —de ahí su también dentellada en el de la cadena perpetua— que los de Ciudadanos, y en Córdoba lo tiene crudo, porque uno de los concejales del partido criptofalangista se ha destapado como un ultracentrista defensor de nacis del copón en una maloliente deyección que evacuó en el AWC . Échadle, chicos del PP, los galgos fachas a ese gamo...

Ambos grupos ultracentristas, el PP y el CDs, pensaban que, saliera lo que saliera de la Comisión, los social-centristas se arrugarían, la Marisuavona y el Tío Pamplinas no tendrían riles de cumplirlo. Y razón no les faltaba porque amagaron con ello. Pero la tesitura de no cumplir la ley y ofender a la decencia y sobre todo la presión de sus socios de izquierdas los ha rescatado de las garras del Mal.

Para demostrar que son más fachas que los de Cds. la franquicia local de la, según un juez, Organización Criminal se ha comprado un gabinete de prensa —a precio de saldo, que está la cosa mu mala entre el gremio, ¿eh que sí, tronko?— que le ha diseñado la campaña de las falsas encuestas populares, el despiporrante referéndum ilegal ¡¡¡para decidir si se cumple o no la ley!!! y la recogida de firmas, que ya aprovechan para sumarla a la de la cadena perpetua, como pude comprobar el otro día cuando en zona nacional me abordó una oroymechada señorona para solicitarme ambas y a la que espanté proclamando lo de ¡todo el poder para los soviets! La ayuda indecente les ha venido de alguien que debería ser extremadamente escrupuloso en sus manifestaciones, pero que dado el cargo que ostenta de, como a él le gustaría llamarlo, gobernador civil y Jefe Provincial del Movimiento, no hay más preguntas, señoría.

Pero es en la prensa, entre los plumillas, donde encontramos las más delirantes y pestilentes artillerías contra el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y el dictamen de la Comisión pactada por todos los grupos. En el AWC, con sus artilleros de puente narcocofrades casi al completo y un rijoso plumilla que confiesa que le pone a sien el nombre de Cruzconde porque lo transporta a la visión de las piernas de las chicas que entran en no sé qué club de esa calle cuando lo necesita, hasta la prensa ultraderechista clerical-cofrade de La Coz (propiedad mediada entre el PP y el cabildo / cofradías) donde los delirios que perpetran han conseguido alzarlos con el título de los ultraderechistas más tontos del occidente europeo. Ahí es nada lo del parroquidermo que trataba de infamar la memoria de La Pasionaria tratando de colocarla en un nivel de infamia superior a la de los naci-onalcatólicos criminales que a él lo ponen-lo ponen.

O su colega, el también parroquidermo que dice las misas por el alma de Franco cada año en su parroquia para tres o cuadro escuadras de neonazis y que habla de los tuyos y los míos dejando claramente con sus misas él de quién es. O el que se permite llamar nada democrática a la Comisión de la Memoria Histórica que han pactado DEMOCRÁTICAMENTE todos los partidos…

Pero el grado de mentecatez más desorbitada la alcanzan los periodistas profesionales de ese panfleto ultraderechista. En su delirio defensor de la memoria de los abuelitos nacis no dudan en hacer el más espantoso de los ridículos, algo que a ellos no debe preocuparles, porque ya se sabe que al imbécil son normalmente los demás los que lo detectan. Que dice uno, que para franquista, más que Cruz Conde, el morabito de Colón, que lo construyó Franco para que rezaran los rifeños a los que obligó a enrolarse en una guerra que no iba nada con ellos y que fue cedido hace sólo unos años, después de servir por décadas de almacén de herramientas de jardinero, a la comunidad musulmana para que la volviera a usar como mezquita. El capullo ultraderechista que firma eso no cae en la cuenta de que por la misma regla de tres eso afectaría a miles de iglesias de este país. No es extraño que el cura de las misas a Franco, un tipo con más peligro que una pistola en las manos de un mono, se sumara y perpetrara otra canallesca columna teñida ya de paso de evangélica islamofobia. Hoy mismo el que parece que hace de baranda del panfleto da un paso más allá y trata de reírse de a Comisión de la memoria sacando a la luz una serie de nombres de países y accidentes geográficos que fueron puestos en época franquista: Italia, Alemania, Ebro… Los que conocemos a este gracioso sabemos que su gracia siempre radicó en el mismo sitio. O sea… Un poco más simple... y le salen alitas.

La prensa estrictamente cofrade, esa Gente de Pis, también se ha sumado. No es raro, algunas cofradías siguen teniendo como Hermanos Mayores Honoríficos a Franco, Queipo y Mussolini... Llevo anunciándolo hace tiempo: la ultraderecha que viene será cofrade o no será... Las señales son inequívocas. Algunas son visibles, como la moda entre los costaleros de usar como condón cabecero sacas de Correos con la la cinta rojigualda. La mayoría de ellos, aparte de los militantes reaccionarios, son jóvenes de barrio, sin otra alternativa de socialización que el consumo en pandas de cofradeína: incienso cera y costal, pero su adoctrinamiento por parte de verdaderos energúmenos es algo que debería preocupar a sus padres y a la sociedad en general. Otras no tanto... como algunas consignas que suavemente se inoculan a los jóvenes desde esa prensa que, en lugar de dedicarse a despachar sólo cofradeína, ofrecen otras mercancías más peligrosas, como esta del dueño de esa dealer office que predica la instauración -de nuevo, como en los tiempos que a él le gustaban- de la pena de muerte.

Lo flipante de este asunto es que los defensores de honor de los abuelitos nacis han conseguido, no se sabe cómo, que ni siquiera se hable de uno de los peores, el obispo Fray Albino, que conserva su nombre en avenida, barriada y hasta colegio de niños. Algo esto último realmente grave si se tiene en cuenta que su obra literaria cumbre fue una adaptación del Mein Kampf del Führer como catecismo colegial, tan nazi que hasta la propia Iglesia tuvo que mandar a Franco retirarlo. Que se tienen sospechas de que participó en la preparación del golpe de estado en Tenerife y que se lo pasó tan bien una vez consumado que se divertía haciendo estadísticas de cuántos rojos confesaban antes de morir fusilados y cuántos no, por la necesaria Justicia de Franco. Está escrito de su puño y letra, o sea que pruebas hay para enviarlo al cajón de la infamia más absoluta.

Dan mucho miedo. Cuando reinvindican la pena de muerte que sus abuelitos nacis con tanta liberalidad practicaron. Y llegado el momento no nos salvará, como la vez anterior, nadie. Sobre todo teniendo en cuenta que uno de cada tres militares y jueces de este país pertenecen, como ellos, a una secta sotánica.