(del laberinto al treinta)


miércoles, 30 de enero de 2008

El puente romano de Córdoba




Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que
sabemos se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.


Azaña




No le voy a hacer caso al viejo presidente republicano y voy a hablar sobre el puente. El Puente Romano de Córdoba que, para los que no estén avisados, ha sufrido una profunda rehabilitación. Lo suyo es que invitara a que todo el mundo, sobre todo los forasteros, viniera y lo paseara, porque la obra habla por sí sola, y yo mantuviera la boca cerrada, pero como aquí es que habla hasta el niño de teta y sobre todo hablan hasta los que más debieran callar, pues no voy a ser yo menos.

He seguido con interés el proceso de las obras y las líneas maestras del proyecto desde su germen. Digo con interés y no con profundidad. Soy, como la inmensa mayoría de la gente, un mirón, un espectador, un mero usuario del paisaje, aunque normalmente no suelo contentarme sólo con el sobrio alimento de la contemplación y trato de vitaminizarme cuando y como puedo con informaciones nutritivas. Y variadas.

De todas formas ya he dejado mis opiniones profusamente derramadas en el debate suscitado sobre el tema en el foro-taberna de CALLEJA DE LAS FLORES, el único sitio que existe en la red donde debatir los variados aspectos del acontencer urbano de esta dormida y abúlica ciudad. Quien quiera indormarse de lo que piensan los ciudadanos inquietos de Córdoba no tiene más que darse una vuelta por sus cuartitos, éstos en concreto sobre el puente: PUENTE 1 y PUENTE 2. Y participar, claro.



Y lo que a mí me pareció en los papeles y en las primeros resultados una acertadísima reforma de todo un entorno urbano de un lugar de altísimo valor histórico, monumental y paisajístico y por ello mismo digno de ser tratado con suma delicadeza, se ha reafirmado como tal a su terminación. Pero en todo ese tiempo he sentido asaltada mi plácida satisfacción por una vocinglera caterva de detractores que van desde los escasos razonables (va por ti Lamalgama) a los que sinceramente no les gusta, hasta aquellos a los que sólo asiste la razón de la mala leche y la inquina contra la izquierda, pasando por sienes y sienes de descerebrados consumidores de berrinches y otros sienes y sienes de cacatúas repetidoras de estúpidas consignas vacías de contenido.



El mantra más manido que se ha escuchado entre estos últimos ha sido la supuesta desromanización del supuesto puente romano. Ya se ha explicado hasta la saciedad que al pobre puente no le queda de romano más que el nombre y un gato que vive desde hace años en sus bajos. Y ni siquiera le queda nada de árabe. Las tremendas avenidas del Guadalquivir se han llevado tantas veces a los largo de los siglos sus pilares que al final acabó convirtiéndose en un pastiche de elementos de distintas épocas. La actuación del arquitecto Juan Cuenca ha consistido en limpiar profundamente los sillares de los pilares y efectuar una remodelación de los pretiles y de la calzada. Esta remodelación de las partes usadas por los ciudadanos se ha venido haciendo históricamente con una frecuencia aproximada de 100 años. Así, lo que se ha hecho es eliminar lo añadido en la últimas remodelaciones, una de hace los preceptivos 100 años y otras más recientes (1927 y años 40 del siglo pasado), que fueron llevados a cabo en buena parte con criterios bastante desafortunados incluso para las concepciones urbanísticas y arquitectónicas de las respectivas épocas. Aunque a la mayoría de los cordobitas se le encogiera el corazón con la contemplación de su puente con sus pretiles de sombrerillo, su adoquinado de calle, su acerado de cementillo y sus farolas de forja del taller del tío Mariano, todos esos elementos no eran más que cascarria chapucera, enlucidos costrosos y urgentes adaptaciones para convertir el puente a la viaria de carretera nacional.



Lo que no se le perdona a Juan Cuenca, a quien se ha tildado torticeramente de arquitecto estrella, cuando el hombre, más prudente y discreto no ha podido ser, respondiendo sólo a lo que se le pregunta, es que haya dado un aire moderno al puente. Sin tener en cuenta, claro , que la reforma es moderna. De hoy. Y que no se trataba de una reconstrucción, porque no había nada que reconstruir. Bueno, tal vez podría haber falsificado una estructura de aire antiguo, algo así como lo que hizo con las murallas el sobrevalorado Cruz Conde, una reconstrucción en el más puro estilo Exin Castillos de lo más ideal de la muerte. O una revisitación del almibarado y ya irremisiblemente acrisolado estilo remordimiento.

El genial arquitecto ideal que todos llevamos dentro nos podría sugerir detalles que no entendemos cómo el arquitecto real y titular de la plaza no tuvo el acierto de llevar a cabo. Pero no hacen falta demasiados conocimientos ni tener un gusto que te cagas para apreciar que en la obra predomina la sobriedad, la mesura, la devolución de la pureza de líneas que nunca sabremos si pudo tener en sus mejores momentos pero que puede suponérsele y sobre todo la adaptación a un entorno que forma ya un conjunto monumental homogéneo. Los pretiles podrían haber sido curvos y la solería gris rústica. O trapezoidales y de mármol veteado. Pero la apuesta ha sido la que ha sido, líneas rectas y granito rosa cordobés. Y, como dijo recientemente el propio arquitecto, la solería es algo que hay que cambiar cada 30 o 40 años. Así que no se trata de algo irreparable. Pero es que a mí, además, me parece un acierto. Losas grandes más o menos irregulares a las que los pies de los viandantes acabarán dándole pátina, que armonizan perfectamente con el espíritu general de la obra.

Otro acierto ha sido la eliminación de las farolas y su sustitución por faroles de pie instalados en el suelo, una solución que debería precisamente entusiasmar a los antiguófilos, ya que supone una vuelta a la iluminación tradicional, la única usada a lo largo de 2000 años hasta la aparición de las farolas de gas. Independientemente de que pronto serán pasto de los vándalos.

Y lo que me parece más espectacular es el proyecto de bajada de la salida del puente hasta su cota original, cuando desembocaba directamente en la puerta de la ciudad. Como esa puerta sigue existiendo, aunque hundida ahora por el alza de la calle, se volverá a poder pasar directamente del puente a la ciudad como se vino haciendo durante 20 siglos. Con ello se recupera además un ojo del puente, probablemente el que contenga más vestigios romanos, que estaba oculto por las obras del murallón desde hace un siglo. Cuando se termine de ejecutar el proyecto la zona conseguirá una unidad monumental que a mí me parece impecable, digna y que hará justicia por fin a una ciudad histórica que ha sido tan maltratada.

Pero aquí parece que lo único que se considera histórico cordobés (que pega, como dicen los más castizos) son los pretiles con chorreras, las farolas furibundamente fernandinas y los ensolados de empedraor de Frigiliana. Aristóteles Moreno, desde su columna del ABC (Ari, Ari, qué haces en ese lar de carcunda y facherío), bajo el indicativo título de Farolas fernandinas y olé hablaba de esa adicción cordobesa al rococó farolero, que hizo que convulsionaran los más incorregibles cuando se instalaron las farolas casi invisibles de la Corredera.


El puente antes de la reforma (foto cedida por el tabernero de Calleja de las Flores)

El Ayuntamiento de Izquierda Unida se lució desde el principio criticando agriamente la reforma, patrocinada por su enemigo político en la Junta, y como no son tontos, y sabían que por derecho no podían nada contra el impecable proyecto, se emplearon en los puntos más débiles o más susceptibles de polémica. Fueron ellos los inventores del mantra del granito rosa, tratando de subir el tono cromático rosáceo hasta cotas delirantes, prácticamente fucsias. El propio candidato del PP, el niño Nieto, con la grasia sandunguera que lo caracteriza, lo copió de ellos cuando habló de granito de encimera de cocina. Fue una solicitud del Ayuntamiento la que ha provocado finalmente la intervención del Icomos, el organismo dependiente de la ONU, que ya los ha vapuleado dos veces, una ésta y otra con el informe de las parcelaciones de Medina Azahara. Porque el informe da un notable al trabajo de Juan Cuenca, aunque apostillara, a mí parecer estúpidamente, que el cambio de aspecto había sido muy radical y que podría crear inestabilidad psicológica a los cordobeses. La inestabilidad psicológica se cura con dosis de madurez. Que ya va siendo hora.

Pero ha sido, sintomáticamente, el ABC, el órgano oficial de la campaña electoral del PP, el que con más ahínco, y entusiasmo se ha dedicado a enmierdar la reforma del puente. Desde el primer día. Pero en los últimos la campaña ha alcanzado cotas delirantes con todas sus baterías cargadas de munición envenenada en la pluma de sus colaboradores habituales (salvo Ari, que yo sepa) y la inclusión de una panoplia de encuestas entre gente supuestamente experta (con una disparatada predominancia de profesores de latín) que no siempre le ha salido como ellos querían. Incluso en la manipulación del informe de Icomos, tratando de hacerle decir lo que no dice. Al final se la han tenido que tragar doblá. Y aunque no sea ningún pilar argumental se me llena la boca con el consabido ¡que se jodan!

Otro día hablaré de los símbolos que le han perpetrado. El ser alado portador de merluza y la hormacina frontera, que hoy ya me duelen los deditos de aporrear las teclas.



DOCUMENTOS:




- EN CONTRA: la hemeroteca completa del ABC.

El Sacro Colegio de Médicos y el PP

El archivo de las diligencias seguidas contra los médicos del Hospital Severo Ochoa de Leganés a los que los políticos del PP de la Comunidad de Madrid acusaron prácticamente de asesinar a 400 personas son una excelente noticia. Del auto del juez puede colegirse que se trató de un enorme montaje de la feroz coyunda de ultracatólicos y ultraliberales que gobierna la Comunidad de Madrid. Las causas se enmarcan en la estrategia de cruzada contra las libertades duramente conseguidas por las fuerzas progresistas en los últimos años y que chocan contra su concepción religiosa de la convivencia y contra sus intereses económicos. Es decir que toda la movida vino por su pretensión de legislar como delito lo que para ellos es pecado y por la de reducir todo el espacio público posible al reducto de los intereses privados. El doctor Montes, la principal víctima del Inquisidor Lamela y la Abadesa Aguirre lo explicaba hoy muy claramente:


P. En 2002 hubo una denuncia anónima y la consejería la archivó tras una investigación interna. ¿Por qué en 2005 la consejería, también del PP, actúa de distinta forma?
R. En mi opinión, hay factores políticos, económicos e ideológicos. En esa época triunfaban las películas Mar adentro y Million dollar baby, de Clint Eastwood, que ganó un oscar, y que iban sobre la eutanasia. Las encuestas del CIS decían que la gente estaba a favor de la eutanasia, pero aun así el Gobierno socialista dijo que en esta legislatura no tocaba. Pero el PP decidió que claro que tocaba, y abrió un nuevo frente en su oposición total. Por eso se inventó que eran centenares de eutanasias, cuando en realidad eran casos de sedación terminal, una práctica admitida hasta por la Iglesia.
P. ¿Y los económicos?
R. La semana siguiente a mi destitución y a que se hiciera público el caso, la Comunidad de Madrid privatizó el hospital Puerta de Hierro y luego anunció la construcción de ocho hospitales públicos con gestión privada. Además, privatizó los cuidados paliativos a la orden religiosa de San Juan de Dios. Pero para llevar a cabo tanta privatización tenía que desprestigiar antes la Sanidad pública. Era la ocasión perfecta. Así que todo se mezcla con intereses políticos y religiosos.



En Córdoba hemos asistido hace unos días a un hecho sintomático de esa situación que denuncia el doctor Montes. Poniendo por fin las cartas boca arriba el que fuera presidente del Colegio de Médicos de Córdoba, el católico convicto, confeso y aficionado a estrafalarios nombramientos de colegiados, Jesús Aguirre ha ofrecido sus servicios al PP para ir en sus listas por el Senado. Ahora todo encaja como un guante. Lo que sospechábamos muchos ha quedado al descubierto naturalmente. El Colegio de Médicos de Córdoba no sólo ha estado durante años en manos de las fuerzas de la reacción político religiosa que pretende regenerar a España desde los presupuestos de una moral confesional, basada en textos sagrados jurásicos y administrada por un Superbrujo que gobierna dictatorialmente un pequeño estado en el que se discrimina brutalmente a las mujeres, sino también con el aliento en la nuca de un partido que se erige en su brazo político y que pretende subrepticia o claramente, según le pille el cuerpo electoral, privatizar la sanidad pública, el mayor tesoro con que cuenta este país para garantizar la asistencia médico-sanitaria a todos los ciudadanos independientemente de su posición económica. Así que no sólo se trata de que se estén rearmando para luchar contra el derecho a la eutanasia, el aborto o las bodas homosexuales, bandera de su acción política, sino que lo que de verdad pretenden es crear las condiciones objetivas para justificar una progresiva privatización de los servicios sanitarios públicos. ¿Quién no se acuerda la matraca que don Jesús dio con el hospital privado de la Cruz Roja?

martes, 29 de enero de 2008

Nombres de las calles: patrimonio oral de la ciudad

Cuándo llegará el momento
en que las agüitas vuelvan a sus cauces
y las esquinas con sus nombres:
ni reyes, ni roques, ni santos, ni frailes.



Francisco Moreno Galván
(mariana en la voz de Menese)



Han vuelto a hacerlo de nuevo. En un pleno municipal, los regidores de la ciudad de Córdoba han aceptado por tercera vez cambiar el nombre centenario de una calle histórica a petición de un reducido colectivo de practicantes de la superstición católica. El hecho, en caso de finalmente producirse, aparte de ser totalmente inaudito, podría tipificarse de nuevo y legítimamente como un claro delito de vandalismo consistorial o enajenación de bienes históricos toda vez que los nombres de las calles forman parte del patrimonio oral de la ciudad como las propias calles, las iglesias y demás monumentos lo son del material. Los nombres históricos de las calles y plazas, que vienen usándose desde hace siglos, que han pasado de boca en boca de padres a hijos, inmutables, pulidos como cantos rodados por el uso de tantas generaciones tienen que estar protegidos contra los desmanes y afanes modificadores de unos provisionales cantamañanas más o menos documentados que decidan con unas dosis de soberbia intolerable trastocarlos. Como si fueran los dueños. Y si al menos hubieran sido los fachas sería comprensible. Pero un gobierno de Izquierda Unida... Ni siquiera los gobiernos municipales fascistas osaron a tanto. Primero fue la calle de la Banda (llamada así desde el siglo XVI) a la que la carcunda cofrade arrancó al Ayuntamiento el cambio por el de uno de los ídolos sanguinolentos que sacan a pasear una vez al año, el Cristo de No Sé Qué. Después el nombre de la Calle de la Paja, que una congregación de monjas consiguió convencer personalmente a la alcaldesa por Izquierda Unida, Rosa Aguilar, de que lo cambiara por el del oscuro fundador de la orden, un cura semimedieval aficionado a encerrar niñas en conventos. Y ahora le ha tocado a la calle Ronda de la Manca, un nombre centenario que hace alusión a su condición de camino de ronda de la antigua muralla, cerca de la plaza del Alpargate (también renombrada como Cristo de No Sé Cuántos), y que a petición de un grupo de fans de un fraile trinitario del convento cercano al parecer fallecido, un tal Padre Manuel Fuentes, le van cambiar el nombre por el suyo. ¡Qué estafa!. Ahora debería de venir de nuevo el bute de ICOMOS y volver a vapulearlos.

A mí ya me toca los perendengues la continua bajada de ropa interior de nuestra alcaldesa frente a las exigencias vaticanas. Unas satisfacciones que jamás, jamás, la fiera eclesiástica va a considerar una gracia, sino un derecho inalienable. Y ahí tiene luego a los obispos exigiendo a sus adeptos que no la voten. Lo que la señora alcaldesa no parece entender es que todo eso que ella ve con tan buenos ojos, todas esa red de superstición popular, autoritarismo jerárquico vaticano, fanfarria cofrade, etc., forma parte del mismo magma gelatinoso oscurantista que ella como hija legítima del materialismo dialéctico tiene la obligación de combatir. Aunque sea por sus votantes naturales, los rojos de esta ciudad, y por la memoria de sus camaradas de partido víctimas del nazionalcatolicismo.

Y le digo otra cosa. Si los nombres cambiados de las viejas calles lo fueran por los de verdaderos benefactores de la humanidad o de la ciudad, Carlos Marx, Darwin, Luther King, Gandhi o el mismísimo Julio Anguita, seguiría siendo la misma estafa y el mismo acto vandálico. Porque no tenéis derecho a robarnos nuestra memoria. Por muchos jodidos votos que hayáis sacado. Que algunas veces me miro la mano derecha, la de meter la papeleta en la urna, y me dan ganas de cortármela. Y quedarme sólo con la izquierda, la que uso para taparme la nariz, desde hace años, mientras la voto.



¡CAPITALIDAD CULTURAL PARA ALBACETE, YA!

lunes, 28 de enero de 2008

La Iglesia y las sectas

Leo en la prensa de hoy (El Día de Córdoba) que el obispo dice que el derecho a evangelizar no está atacando la libertad de la fe.


En su carta semanal, dedicada al sentido de la labor misionera y evangelizadora de la Iglesia Católica, Asenjo señaló que "para la cultura moderna todo intento de convencer a otros en cuestiones religiosas supone una falta de respeto a su libertad, es un signo de intolerancia y un desprecio del pluralismo religioso". Para el prelado, habría que llegar a la conclusión de que "la actividad misionera de la Iglesia hoy carece de sentido, pues pone incluso en peligro la paz entre los pueblos".



Bueno, bien que han atacado a la libertad de evangelizar de las que ellos llaman, distanciándose convenientemente, sectas. Esta semana no han dejado de vocear a pleno pulmón en todos los medios de comunicación que hay 3000 cordobeses adictos a las sectas destructivas. No creo que tenga que recordarles a los señores curas que el cristianismo fue en su origen la más destructiva de las sectas, que abocaba a sus adeptos a su autodestrucción física mediante el martirio, provocando al estado romano, insultando a los dioses de los demás y negando el derecho de existencia a las demás religiones. Al día siguiente de su conversión en religión del estado romano y hasta prácticamente nuestros días la destructividad de la Gran Secta Católica se dirigió directamente hacia los no adeptos, torturando, encarcelando, quemando a todo aquel que no acatase sus santos designios.

Lo gracioso es que cuando dan la lista de los requisitos de prácticas que proporcionan los expertos, curas por supuesto, para detectar qué tipo de asociaciones son sectas peligrosas, todas y cada una de ellas son aplicables a la propia Iglesia.

Según el sectólogo oficial del Obispado, el cura Manuel Sánchez Gómez, las sectas se caracterizan por:



  • Tener una estructura férrea. Ya te digo, ¿hay una estructura más férrea que la vaticana?
  • La sumisión incondicional al líder. Palidecen de envidia los líderes de las sectas aficionadas si pudieran tener oficialmente el don de la infalibilidad del Papa.
  • Una instrumentalización de los adeptos siempre al servicio de la secta. Tienen un arma de control mental absolutamente genial: la confesión.
  • Persecución del poder económico. Sólo hay que ver el imperio económico que han montado.
  • La manipulación y una anulación de la crítica interna. Que se lo pregunten a los teólogos de la liberación.



El problema de la Iglesia es que sus adeptos son demasiados y el control efectivo es imposible. Y que no ha tenido más remedio que inscribirse en estados de estructura democrática. Y que la gente, influida por el consumo, exige soluciones espirituales prêt a porter. Y no puede obligar como antes o como las sectas pequeñas a sus adeptos a que le obedezcan ciegamente. Y así se da la paradoja que han acabado sintiendo envidia de sus pequeñas competidoras en el negocio este del comercio espiritual, del control efectivo de las mentes de que son capaces las estúpidas sectas recién llegadas. Es exactamente la misma política de exigencia de derechos que piden las grandes multinacionales del comercio (grandes superficies) al estado respecto a los pequeños comerciantes. Queremos todo el pastel para nosotros.

domingo, 27 de enero de 2008

BENARÉS (VARANASI)

Es curioso que Varanasi, la capital espiritual de la India, no posea ningún monumento asombroso, en un país donde los monumentos suelen serlo sobremanera.. Me refiero a palacios, templos medievales, tumbas faraónicas o mezquitas deslumbrantes como existen en muchas otras ciudades del subcontinente. Pero Varanasi tiene el río, la gran corriente espiritual de la India en cuyas orillas puede asistirse diariamente a uno de los prodigios visuales más impactantes del mundo. A lo largo de más de 5 kmts. Se suceden los ghats, las escalinatas que llevan directamente de las mugrientas (la eterna mugre de la India, de la que hablaba Octavio Paz) calles a las putrefactas aguas del río. Todos los detritus de la ciudad van al río sagrado, los físicos y los espirituales ya que a él acuden a bañarse cada día cientos de miles de personas que buscan algún tipo de purificación. No voy a entrar a describir el espectáculo humano de las abluciones matutinas. Las hay a miles. A mí particularmente lo que más me fascina es el lienzo urbano que puede contemplarse recorriendo en una lenta barca los gats de una punta a otra. Desde de la fantasmagórica mezquita de Aurangzeb, mucho más impresionante como silueta contra el cielo cuajado de pájaros que vista de cerca, los dorados palacetes que se construían los rajás para cubrir sus peregrinaciones y que hoy se desmoronan lentamente, los cónicos templetes semihundidos, las aterrazadas casas particulares decoradas con dioses azules armados de tridentes, las rayadas fachadas de los gimnasios... Ese fue nuestro sacrificio cotidiano madrugador cada día de los cuatro que permanecimos en la ciudad. Recorrerla en barca de punta a punta y llenarnos los ojos con una de los más hermosos paisajes urbanos del mundo.




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Tras la alucinante fachada un dédalo de callejuelas empedradas de mierdas de vaca en las que éstas son las reinas absolutas junto con las motos que a toda velocidad y sin dejar de tocar el claxon acaparan todas las prioridades de paso. En las calles más cercanas al río se imponen las tiendas de parafernalia religiosa, que surten a los miles de peregrinos que a lo largo de todo el año recibe la ciudad. Las hiperkitsches estampas de las deidades del inacabable panteón indio cubren paredes enteras junto a las jarras de latón dorado que sirven para las abluciones rituales y los imprescindibles palitos de incienso.




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El centro interior de la ciudad antigua es la encrucijada de Godowlia, un lugar permanentemente atascado por motorickshows, ciclorickshows, bicicletas, motos y miles de peatones, en una inverosímil cocción de caos y ruido, presidido por un podio de policía invariablemente ocupado por un bovino que rumía su karma a la sombra del quitasol. Colocarse en una de las cuatro esquinas (a ser posible un poco en alto) y contemplar durante un rato el espectáculo que se despliega continuamente, como una especie de película infinita, es una de esas experiencias impagables e irrepetibles que justifican cualquier viaje. Cuatro calles rectas y anchas se unen en este punto. En la que se dirige hacia el oeste se levanta la blanca mole de la muy deteriorada iglesia de Saint Thomas. La que se dirige al este recibe el nombre del ghat al que conduce, que no es otro que el principal, el corazón de la Varanasi del Ganges, el ghat Dasashawmedh. En la que conduce hacia el sur, a unos 50 mts a la izquierda se encuentra la librería Indica Book, que pertenece al español Álvaro Enterría. La calle, de unos dos kmts. corre paralela al Ganges hasta el último ghat, el Assi, del que recibe el nombre, Assi Road, y donde también existe otra sucursal de la misma librería. En otra entrada hablaré de nuestro breve encuentro con Álvaro, de la librería, de su imprescindible libro La India por dentro y de sus traducciones de cuentos indios. En la calle que corre hacia el norte, otros 50 mts a la derecha, a través de una portada de estilo neomogol y bien indicado en la puerta se accede a un patio, con un precioso templo de estilo dravídico y en unas condiciones de conservación que hablan tal vez de su reciente construcción, está instalado el Phulwari Restaurant & Sami Cafe. Dada la escasez de lugares tranquilos donde descansar unos minutos de la vorágine callejera, este pequeño remanso de paz supone un hallazgo de incalculable valor. Disfrutar a media mañana de una soda helada a la sombra de los árboles leyendo el Times of India o siguiendo los esfuerzos de los camareros armados de tirachinas cargados con una terrible munición de bolas de bronce por mantener a los monos a raya en las terrazas superiores, es un placer que sólo se disfruta intensamente si se viene del infierno. Por lo demás, la comida no está nada mal, la india por supuesto, porque la otra ni la probé, pizzas, spaguettis y comida árabe para israelíes (falafel, muttabal, hummus y pan de pita). Mucho mejor se come en alguno de los restaurantes vegetarianos de Dasashawmedh Road, sobre todo en el Keshari, en el que sirven unos gloriosos thalis por 1’50 €. De cerveza, por supuesto, ni hablar. En la zona antigua de la ciudad santa es más difícil tomarse una birra que encontrar un bareto en la Meca. Bueno, no tanto. Al final, nuestro afán por pecar en los lugares más santos localizó una magnífica excepción. El restaurante Dolphin en una terraza sobre el Ghat Manmandir, contiguo al Dasashawmedh. Un lugar hiperturístico, especializado en grupos organizados, pero con unas vistas magníficas. No menos magníficas eran las vistas del hotel donde paramos, el Alka (850 rupias la doble con A/C), desde cuya terraza y por la noche, el ghat de Dasashawmedh parecía engañosamente un puertecito italiano.



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En el Phulwari conocimos a unos chicos que andaban rodando una película. Un proyecto muy interesante en el que habían volcado mucha ilusión, y por lo que pude colegir de sus conversaciones, bastante sabiduría. Pensaban, cómo no, entrevistarse al día siguiente con Álvaro Enterría y mantuvimos una conversación muy interesante acerca del tema más polémico de su libro, las castas y, sobre todo de la influencia en la política del nacionalismo hindú. Les recomendé a Arundathi Roy, pero ya llevaban en su zurrón alguna cosa de la activista escritora. También cenamos otra noche con una chica que conocimos en el hotel y que acababa de llegar de haber estado 6 meses de cooperante en la Fundación Vicente Ferrer. A pesar de que su experiencia había sido positiva, criticó acremente algunos aspectos que encontró incoherentes en la organización . Dos veladas francamente fructíferas.


Justo enfrente del Phulwari tiene instalado su chiringuito de dentista un tipo increible. Será el protagonista de la próxima entrega de Benarés, que prometo será prontísimo.




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Cien metros más allá del ghat Mir, donde se sitúa el hotel Alka, se encuentra el ghat que más fascina y desata el morbo de los occidentales, el de las cremaciones, el Manikarnika. Y realmente es un lugar que imanta la mirada, con sus cerros de cenizas humeantes, los montones de platillas doradas con que recubren los cadáveres antes de quemarlos, de manera que parecen enormes chocolatinas, los apilamientos de troncos regulares, la invisible pero tenaz presencia de la carne hendida por las llamas... En las barcas cargadas de turistas se produce un enervamiento general que se contagia a los disparadores de las cámaras fotográficas, a pesar de que los guías les advierten que no está permitido fotografiar las cremaciones. Pero a los protagonistas, vivos o muertos no parece importarle. Como no parece importarles tampoco a los ciudadanos que se lavan el cuerpo, los dientes, que se enjabonan la cabeza, que rezan o que simplemente descansan en el río que las obscenas cámaras de los turistas que pasan por cientos en una barca tras otra violen su intimidad mil veces al día.




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TODAS LAS FOTOS DE BENARÉS

jueves, 24 de enero de 2008

Ángel González y la maledicencia


Es conocido en los estrictos círculos poéticos en lengua española que José Ángel Valente y Antonio Gamoneda abominaron cuantas veces pudieron en público de la llamada “poesía social” primero y posteriormente de la “poesía de la experiencia”, cuyo mayor representante como se sabe es Luis García Montero. Valente, dejándose llevar por su proverbial bilioso carácter, y Gamoneda más templadamente. Por eso me sorprendió la mordacidad desplegada por el poeta asturleonés cuando le tocó hablar de la muerte de su colega Ángel González, amigo y compañero de compromiso político de García Montero y Almudena Grandes. Para Gamoneda, González , según la Agencia EFE






“se mantuvo dentro del realismo con una gran dignidad, pero fue hace veinte años cuando su obra poética empezó a declinar, porque su vida se hizo más difícil, ya que vivía solo en Madrid, mientras su mujer desarrollaba su carrera profesional en Norteamérica". "Eso provocó que su poesía decayese", comentó Gamoneda del poeta asturiano, de quien ha sido "muy buen amigo", pero, al mismo tiempo, lamentó que en sus últimos años "se dejase manipular por gente de la que no merece la pena hablar y que se aprovechó de él"




Hay cargadas dosis de malicia en esas palabras que apuntan a unos temas que sólo me atrevo a sospechar y a otros que creo enfilar nítidamente. Es la segunda vez que se acusa a Montero y Grandes de secuestrar a un anciano poeta, instalado ya prácticamente en el mito, para manipular su voluntad. La primera fue con Alberti. La segunda, ésta, con Ángel González. Y considero ambas ocasiones hijas de la maledicencia más miserable. Y lo dice quien no aprecia demasiado las obras de ambos, aunque sí los reconoce como personas comprometidas con el progresismo más lúcido y grandes cultivadores de amistades electivas.

Pero el villano ha recibido su merecido. Almudena Grandes, en un reciente artículo de despedida de Ángel González, titulado precisamente así, Ángel, le suelta como de pasada un rabotazo viperino que lo deja tieso. ¡Menuda es la amiga!:






todo fue justo en la vida de un poeta leído, querido y admirado como muy pocos. Todo. Incluso el rencor torpe y envidioso de un mezquino cortesano literario que, al parecer, no ha tenido bastante ni siquiera con el premio Cervantes.

domingo, 20 de enero de 2008

PEPE RAYOS

Recibo desde Madrid la tarjeta de presentación de una exposición del artista Pepe Rayos bajo el título genérico de VISIONES. Quien me lo envía habla de que el artista tiene muchos registros en su pintura, aunque con el denominador común de una catarsis anticlerical, fundamentada en la iconografía de la Semana Santa.





Busco en la red y encuentro también noticias de la exposición y una entrevista con el propio artista, que comenta:



Es una denuncia basada en mi propia experiencia personal bajo la agobiante influencia de la Iglesia católica en un tiempo en que nuestra generación fue fuertemente agredida por esta organización religiosa. Es una crítica a esa manera de entender la religión, cualquiera que sea ésta que, a lo largo de la historia y aún hoy, se empeña en poner trabas a la libertad de conciencia e impedir la formación de una sociedad laica basada en el respeto a todos los pensamientos religiosos en igualdad de trato y su no intromisión en los asuntos políticos.



Casualmente esta dominical mañana mientras tomaba plácidamente el sol en bolas en mi terraza, leyendo a ratos El hombre lento de Coetzee y a ratos contemplando fascinado, a través de mis lisérgicas gafas de sol amarillas, los enigmáticos movimientos autónomos, como de lombrices sorprendidas, de mi pellejo escrotal, fui agredido sorpresivamente por las destempladas notas de una banda cofrade que ensayaba en la lejanía. Las pelusillas escrotales se me erizaron de golpe, el contenido interno se volvió más interno aún y el rollo se me cortó como inocente leche sobre la que se exprime un agrio limón. Debió ser esa misma mala leche la que me hizo sentir de repente el aire cristalino de este tibio invierno herido por las desabridas cornetas guerreras que anuncian la próxima intrusión de la muerte en su aspecto más gore en nuestras calles. Y lo viví como una especie de sacrilegio contra la alegría de la vida, contra el espíritu de la concordia y la libertad, tan duramente conseguidas, perpetrado por los irredentos portadores de hachones y siniestros capirotes inquisitoriales. Como los graznidos de los cuervos que en el siniestro árbol vaticano esperan la ocasión de devorar nuestro cerebro, nuestra voluntad, nuestra autonomía, como siempre han hecho cuando consiguen debilitar a la Ilustración que los mantiene a raya. ¿Que desagero? Pepe Rayos sabe que no y, por lo poco que he visto, lo plasma en sus cuadros con una fuerza que admiro.

No podré asistir a la exposición de Madrid, pero me gustaría que pudiera exponerse también en alguna galería de Córdoba. Que la trajera el propio Ayuntamiento, gobernado por Izquierda Unida (sic), en plena Semana Santa, a ver si consigue sacudirse un poco el pelo del meapilismo y nos da una alegría a los ateos, rojos y anticlericales, que somos sus votantes naturales. Por sí mismo, por su propia calidad artística y también como provocación. La misma provocación con que la carcunda cofrade, marioneta del Oscurantismo Vaticano, nos ofende cada primavera, y a lo largo del año, con la exhibición pública de su espantosa orgía de carnes tumefactas, ídolos lacrimógenos insultantemente enjoyados, humeantes alcaloides dulzones y músicas paramilitares, a los que sólo usamos para entender y mejorar el mundo las herramientas que nos proporciona la razón, sin tenerla que sacar en procesión cada año.

La Universidad de Córdoba patrocina la superstición

A mí que los degustadores de peroles mágicos y supersticiosos se los monten a su gusto me parece de perlas. Pero que semejante estupidez monumental esté patrocinada por la Universidad de Córdoba sin que nadie proteste no habla sino del tipo de ganado que compone semejante corral. A ver si aprenden de la de Roma.

viernes, 18 de enero de 2008

NÁPOLES (I)

Recién llegado de Nápoles me encuentro con los argumentos mermados o las antiparras churreteadas para seguir dando caña urbanística en mi pueblo. Y es que si bueno es visitar lugares más civilizados de nuestro entorno para comparar, también lo es hacerlo a los menos. Lo de Nápoles es sencillamente sangrante y eso que por las noticias y las leyendas que sobre la hermosa ciudad había recibido con los años me la esperaba mucho peor. De Italia sólo conocía Roma, que me pareció normal con sólo el vistazo de una semana que me dio tiempo a echarle, y tampoco podría extender el fenómeno del “caos ordenado” o la “desobediencia indebida” que reina en la antigua Parténope, al resto de los lugares del estado italiano. O bien se trataba de una pura leyenda o bien los napolitanos comienzan a dejarse meter en cintura, pero los autos paran en los pasos cebra, los niños de los vespinos no son más descerebrados que aquí y si las basuras se amontonan indecentemente en las calles se debe a un problema puntual, del que espero hablar en otra entrada, y se encuentran puntualmente amontonadas alrededor de los contenedores. Con todo y con eso ya digo que sorprende al españolito de a pie la diferencia negativa respecto al estado de nuestras ciudades, con la sutil sensación de que muchas cosas funcionan allá peor.


Casualmente el mismo día que salía para allá encontré un artículo de Enric González en las páginas centrales de El País Domingo en el que contraponía el carácter de los italianos al de los españoles, a raíz de comentar el libro de Beppe Severgnini La testa degli italiani, en el que concluía que si el de los italianos podía considerarse como mediterráneo, no el de los españoles, que solíamos dar muchas más pruebas de disciplina y aferramiento a las convicciones de las que a la mediterraneidad se le supone.

Por otra parte muchas de esas pruebas no dejan de tener su encanto y sólo pueden considerarse “defectos” si los miramos desde el punto de vista de un urbanismo excesivamente higienizado, donde es la asepsia total la que marca el objetivo de habitabilidad. Me refiero a esa especie de aferramiento a costumbres preindustriales como las de secar la colada en plena calle, la ocupación por las pescaderías, fruterías y ferreterías de la totalidad de las aceras de una calle, esa especie de desobediencia a leyes municipales o de mera convivencia que nos hacen pintorescos muchos lugares, con un encanto de otras épocas, pero que probablemente respondan más a carencias en la educación de urbanidad que a estimulantes atavismos. O a desidia de la autoridad, como la vista gorda a los cientos de coches que ocupan impunemente las aceras. Su contemplación nos instala en la paradoja de disfrutar cuando viajamos de ambientes y circunstancias que consideramos de delicioso tipismo pero que no toleraríamos en nuestra propia ciudad. Yo no sé si tender la ropa atravesando las calles del casco histórico está permitido, pero ese espectáculo es el más corriente que un visitante puede encontrar mientras busca las obras de arte escondidas en sus iglesias o simplemente pasea por sus milenarias calles. Yo recuerdo cuando en España se lanzó la prohibición no hace muchos años y hoy es casi imposible encontrar ni un pañuelo secándose en la vía pública ni siquiera en los pueblos más pequeños. Y no sé si es una cuestión de disciplina o de mera imposibilidad. Quizás sencillamente no pueden prohibirlo porque miles de personas no tienen otro lugar donde hacerlo. Porque otra de las cosas que llaman la atención son las condiciones de habitabilidad de las viviendas del casco antiguo de Nápoles. Calles estrechas y húmedas bordeadas de casas de principios del siglo pasado sin rehabilitar, en las que se hacinan miles de familias que incluso, en muchas ocasiones, siguen compartiendo el baño. Particularmente dolorosa es la contemplación de los bassi, los pisos bajos de esas viviendas, sobre todo las de los Quartieri Spagnoli, los barrios españoles, llamados así porque en su origen fueron las calles donde malvivían los soldados españoles acuartelados bajo la Cartuja de San Martino. La única luz natural que reciben es la de la estrecha puerta de la casa, por lo que ésta permanece siempre abierta y las familias son perfectamente visibles desde el exterior mientras comen o ven la televisión en sus sofás. Y aunque su población sigue siendo mayoritariamente autóctona se asiste ya a un progresivo recambio étnico y tramos enteros de sus calles están ocupadas por inmigrantes, principalmente srilankeses. Las guías turísticas recomiendan no adentrarse demasiado en ellas, pero yo no las encontré más peligrosas que las propias de mi barrio. Yo sólo llegué a sentirme mal por mi pudor violentado al verme obligado a contemplar la intimidad de los hogares de los pobres.

Los amantes del tipismo se alegrarán sin duda ante la evidencia de la imposibilidad de rehabilitar esas miles de viviendas para convertirlas en hogares dignos. Si se hiciera, las fotos que colgamos en el Flickr ya no serían lo mismo.







viernes, 4 de enero de 2008

Matar / morir

Qué difícil es matar a un hombre cuerpo a cuerpo, sin participación de armas de fuego. Y qué difícil también a veces conseguir que a uno lo maten. Son ideas que me han rondado en la cabeza estos días después de haber enlazado mentalmente varias historias recientes y pasadas.

Hace unos días fui a ver Lust, caution (Deseo, peligro). Pasé un par de horas maravillosas admirando la maestría de Ang Lee para contar historias. A pesar de que prefiero los directores con una voluntad de estilo férrea, esos directores cuyas diferentes películas sólo son matices de una única película que se pasan la vida rodando, como su casi paisano Wong Kar Wai, Ang Lee consigue sorprenderme en cada obra, por muy diferente que sea a la anterior. He leído algunas críticas en prensa y en la red y estoy de acuerdo básicamente con ellas, porque casi todas coinciden. Un comienzo demasiado prolijo, un argumento quizás demasiado gastado, pero una puesta en escena fastuosa, con unos personajes perfectamente dibujados y un control absoluto de los mecanismos narrativos. Una delicia poder pasar dos horas absolutamente integrado en un tiempo y un espacio de ficción magistralmente construidos, participantes de la misma textura de los clásicos norteamericanos a los que homenajea.

Pero una escena de la película me impresionó especialmente y me trasladó de improviso a otra película vista hace años. En ambas escenas se representa el asesinato de un hombre y en ambas se saltan las convenciones cinematográficas que más o menos son admitidas como reales por la mayoría de los cineastas. El paso del planteamiento al nudo argumental central en Lust, caution sucede mediante un crimen. Los jóvenes revolucionarios se ven obligados a matar a un individuo que descubre sus planes. Y es en ese su bautizo de sangre cuando se enfrentan a la terrible dificultad que supone quitar una vida a una persona cuerpo a cuerpo sin armas de fuego mediante. A pesar de las múltiples cuchilladas que infligen a la víctima, ésta se resiste desesperadamente a morir y los aprendices de terroristas, y los espectadores, asisten aterrorizados a su agonía interminable.




A mí me vino inmediatamente a la cabeza la también terrible escena del asesinato del siniestro Gromek por parte de Paul Newman en Cortina Rasgada de Hitchcock. Es precisamente la angustia que nos infiere por su resistencia a la muerte que se le trata de infligir la que eleva al siniestro policía alemán a una de las cumbres de la villanía cinematográfica. Hitchcock nos coloca así malévolamente un espejo en el que mirar nuestra propia crueldad, nuestros propios instintos de destrucción que por unos instantes desean desesperadamente la eliminación física de un semejante.

Anoche sentí una sensación parecida, un dejà vu lejano al asistir a una escena de Amor a quemarropa (True Romance), una ya vieja película (1993) de Tony Scott con guión de Tarantino que no había conseguido ver hasta ahora. Un soberbio Dennis Hopper está sentado a una silla en el interior de la destartalada caravana en la que vive. Frente a él está Christopher Walken en el papel de un despiadado traficante de drogas al que el hijo de Hopper ha robado un valioso alijo. Walken trata de arrancar a Hopper el paradero de su hijo. Ya lo ha golpeado varias veces y ha ordenado a uno de sus matones a que le corte con un cuchillo la palma de la mano y se la rocíe con whisky. Hopper insiste en que no sabe nada. Entonces Walken le hace saber que es siciliano, y que los sicilianos son los reyes de los embusteros, y por ello mismo, muy difíciles de engañar. Y que lo van a matar de todos modos, pero que si habla puede evitarse la crudelísima sesión de tortura que le preparan. Entonces Hopper pide un cigarrillo y mientras se lo fuma, con una tranquilidad pasmosa, le explica al mafioso que siendo muy aficionado a la lectura había tropezado hacía poco con una en la que se explicaba que los sicilianos eran todos descendientes de moros, que es lo mismo que decir de negros. Que invadieron la isla en la Edad Media y que todos los sicilianos tienen entre sus antepasados una tatarabuela que se hartó de follar con negros y que por ello, él mismo, el tipo de pelo negro pegado al cráneo que está interrogándolo, es medio berenjena. Walken se queda momentáneamente desconcertado, sufre un repentino ataque de una risa nerviosa, se acerca a uno de sus matones, le pide la pistola, se vuelve y administra al viejo Hopper varios balazos en la cabeza. Entonces comenta enfurecido que hacía años que no mataba a nadie con sus propias manos.




Este atroz estratagema me recordó inmediatamente a una similar que leí hace años en el relato de Jack London Cara Perdida. Un cazador de pieles está sentado maniatado a un tronco mientras contempla cómo unos indígenas torturan minuciosamente a uno de sus compañeros, un enorme cosaco que ha acabado irremisiblemente perdiendo toda dignidad convertido en un ser gimoteante. Sabe que la suya será una tortura aún más morosa, porque uno de los jefes, Yakaga, se lo reserva para él mismo como vengaza por una reciente humillación que el trampero le había infligido. Cuando está a punto de tocarle su turno llama a gritos a Makamuk, el jefe principal, al que propone un trato. Le hace saber que él no puede morir, que es una pena que muera alguien conocedor de la fórmula de un ungüento que hace que las armas afiladas reboten en la carne humana, con lo que cualquiera que se unte con él será inmune a las flechas, cuchillos o hachas. A pesar de las protestas de Yakaga sus palabras despiertan el interés del jefe que le propone perdonarle la vida si se le demuestra que es cierto y se lo proporciona. El trampero sube el precio y exige además de la vida, un trineo, perros, armas y como arriesgado colofón a la propia hija del jefe. Es esa temeridad, esa seguridad en la bravata la que convence a Makamuk de la sinceridad del hombre blanco. Y lo acepta todo. Se traen todos los ingredientes que solicita y exige sus recompensas a la vista para comenzar a hacer la pócima. Todo se hace a su gusto. Una vez confeccionado se ofrece a proporcionar la prueba definitiva: se untará el cuello con el ungüento, lo colocará sobre un tronco y el propio Makamuk descargará sobre él un afilado hacha que rebotará violentamente al llegar a su destino. Luego lo dejarán marchar con el botín. Toda la tribu asiste expectante y maravillada a la prueba. Unos segundos después, con la cabeza del trampero separada del cuerpo y rodando junto al tronco, Makamuk comprende que ha sido engañado delante de todos sus súbditos y que el hombre blanco ha conseguido con esa estratagema librarse de la tortura. Y desde ese momento Makamuk sería ya para siempre Cara Perdida, el estúpido que se dejó engañar por un maldito cazador de pieles, una anécdota que no dejará de contarse hasta el final de los tiempos en las reuniones anuales de las tribus.

miércoles, 2 de enero de 2008

Julien Gracq, el último insobornable

He dejado pasar los últimos días del año sin comentar un azar que he sufrido y gozado a partes iguales. Uno de los libros que me llevé para leer en India fue El Mar de las Sirtes de Julien Gracq, un texto al que vuelvo irremediablente una y otra vez, para poder habitar temporalmente en su arquitectura de vibrantes imágenes y palabras exactas. Con pocos textos disfruto tanto del lenguaje como con éste. Y me encanta descubrirme en ocasiones olvidado del argumento mismo, de la anécdota que esté contando y detenido maravillado en la urdimbre magistral de una idea, en la fascinación por una imagen perfectamente cincelada. Además, para mí es ideal llevar su espíritu a punta de imaginación para visitar castillos, palacios semiabandonados o ruinas recientes.

Así, llevaba muchas imágenes del Almirantazgo de las Sirtes de la República de Orsenna cuando visité uno de los palacios que más me gustan de India: el de Amber, en las afueras de Jaipur. Y me descubrí como el febril Aldo recorriendo los corredores desolados, las hondas estancias vacías donde una vez quizás habitaran mapas, asomándome a las troneras rebajadas de servicio o descansando en los oníricos pabellones de los patios ciegos. Respirando la matriz de la decadencia, el fantasma de un mundo perdido sin remedio.

Como no lo terminé en el viaje lo retomé hace unos días porque no quería dejarlo a medias. Acababa de leer el relato del entierro del viejo Carlo cuando me llegó la noticia de la muerte de Julien Gracq. Y me ví asistiendo mentalmente al suyo propio en el viejo cementerio a orillas del inquietante mar violáceo, en medio del crudo invierno de las Sirtes.

No sólo se le considera un escritor secreto, sino insobornable. Su rechazo del premio Goncourt en 1951 por pura consecuencia con su denuncia del circo literario francés y su declaración de asumir un único e inviolable compromiso con la lengua, probablemente condicionó que a nadie se le ocurriera proponerlo para el Nobel que hubiera ganado fácilmente. Yo seguiré homenajeándolo frecuentemente, cada vez que vuelva a leer las nítidas palabras:



Pertenezco a una de las más antiguas familias de Orsenna...



lunes, 31 de diciembre de 2007

QAWWALI EN DELHI

Una de las cosas que me prometía mí mismo fue la de asistir una misa qawwali en el mausoleo del santo sufi Nizam-ud-din. Fuimos una mañana para ver el mausoleo de día para regresar esa misma tarde/noche que es cuando los músicos cantan frente a la entrada principal. Por la mañana nos encontramos con la sinrazón de un tipo que nos impidió hacer fotos porque declinamos sus servicios de guía en el santuario. Hay varios de esos pululando por allí. Se trata de una especie de estudiantes de teología (kurta blanca, barba islamista y boinilla de punto en la cabeza) que se arrogan el derecho a acompañarte a cambio de una siempre problemática cantidad de rupias. Podría haber cedido, pero mi anticlericalismo no conoce fronteras ni credos. Para los curas, sean de la marca que sean, lo menos posible.

Nizzam-ud-din es un lugar fascinante. Y muy desconocido por el turismo de masas. De hecho nosotros, en las dos visitas no encontramos a ningún turista aparte de nosotros. Sólo la estrecha e intrincada calle que lleva al santuario ya es un derroche de fantasía, con sus cientos de tiendas de bagatelas coránicas absolutamente delirantes y sus montones de pétalos de rosas para las ofrendas. Un patio cuadrado acoge un templete central donde se encuentra la tumba. Sólo los hombres pueden entrar en el interior y con la cabeza cubierta. Por una vez no me solidaricé con C. frente a las gilipolleces discriminatorias supersticiosas y entré yo solo en el abarrotado pasillo que rodea al túmulo cubierto de una paño verde y de miles de pétalos de rosas. Los fieles tratan de alcanzar desesperadamente con la punta de los dedos el filo del paño para tocarse seguidamente la frente con ellos.


Encuentro casualmente en Flickr una colección de fotos del mausoleo entre las que se encuentra alguna del túmulo. A mí no me dejaron ni sacar la cámara. El autor debió de pagar religiosamente el impuesto revolucionario. Por la noche, en cambio, hice todas las fotos que quise sin problemas.

El exterior del templete está construido en un voluptuoso estilo mogol con los techos y los arcos pintados con motivos floreados de vivos colores y los paneles interiores recamados de vibrantes dorados. La gente se sienta en el suelo de mármol del patio y charla o dormita. Los niños corretean y en un rincón los ulemas, todos portadores de enorme callo en la frente producto de los infinitos cabezazos al suelo con que se han castigado en los rezos, cuentan circunspectamente el dinero de las ofrendas de los fieles. Un suave olor pútrido, el característico de toda la India, se mezcla aquí con el aroma dulzón de los pétalos de rosas.

Por la noche los músicos se sientan frente a la entrada principal del mausoleo y cantan salmodias qawwalis acompañados del armonium. Los fieles se van calentando con el hipnótico son de las salmodias en honor de Allah, Muhammed, Ali y Hussein y van depositando a sus pies billetes de rupia. Un loco armado con un enorme banderón abanica a los presentes. El qawwali que puede escucharse aquí no es demasiado bueno, pero es auténtico, y sobre todo es un privilegio poder hacerlo en el marco incomparable de su entorno natural.





Unos días más tarde leímos en un folleto que se desarrollaba un festival en Delhi, en el Purana Qila. Unos días antes había actuado N. Rajam, una violinista de clásica hindustani de la que acababa de hacer acopio de CDs en una tienda de Rajpath. Cada vez que vengo a India procuro buscar algo nuevo de ella. Así que la decepción por no haberla podido escuchar en directo fue colosal. Pero como para compensarme leímos que esa misma noche actuaba Abyda Parveen, una cantante punjabí de la que conservaba una cinta de cassette que compré hace años por recomendación de un vendedor entendido en Trivandrum, la capital de Kerala. A pesar de la mala calidad de la audición, me subyugó la fuerza y el ritmo de los temas que incluía. No hacía mucho que había conseguido bajar con el emule algunos temas en mejor estado. Se trata de canciones punjabíes de raíz islámica, unas populares y otras místicas sufis, del mismo estilo que las popularizadas en occidente por Nusrat Fatih Ali Khan. Una música especialmente diseñada para entrar en trance y que comparten paquistaníes e indios musulmanes.

Así que nos dirigimos en un rickshaw a través de un enormísimo atasco que nos hizo llegar tarde al Viejo Fuerte Mogol donde se celebraba el festival. Conseguimos entrar sin problemas por la puerta del monumento, pero al llegar al lugar donde se encontraba el recinto acotado al aire libre, al que conducía una larguísima alfombra roja fuimos detenidos por una azafata de sari. Mientras nos pedía las invitaciones observamos horrorizados que la gente que entraba o que aguardaba iban de rigurosa etiqueta y que se trataba de la verdadera clase alta de la ciudad, saris carísimos y trajes masculino de corte impecable. Nosotros íbamos, evidentemente, de guiris de andar por casa, de trapillo total. La amable azafata frunció el ceño bajo el punto de la frente y nos comunicó que sin invitación no podíamos pasar. Intentamos protestar, pero antes de que nos diera tiempo una señora muy señoreada se acercó, preguntó a la azafata por el asunto y una vez informada de que éramos unos aspirantes a polizones nos invitó a pasar con una amplia sonrisa y un ¡enjoy! que nos supo a gloria.

Quedaban poquísimos asientos y aún no había empezado. Efectivamente allí se encontraba sin duda la crème de la crème de Delhi. Contra los arcos de una antigua portada interior del fuerte se había colocado el escenario, a cuyos lados dos grandes pantallas retransmitirían primeros planos del evento para las últimas filas, en las cuales, lógicamente, no encontrábamos.

Tras una interminable serie de discursillos de señoras y señores, entrega de ramos de flores y reverencias a manos juntas salieron los músicos (armonio, tabla y dholak) y la cantante. Sentados en el suelo actuaron por espacio de una hora inolvidables. La acústica era excelente y la Parveen sólo hizo una concesión a los gustos del gran público interpretando como broche esa especie de himno hiperconocido que es Must Must Qalandar que fue coreado y palmeado por los asistentes. El resto consistió en una serie de cantos devocionales absolutamente arrebatadores. Su voz doliente, pero recia, consiguió, rasgando el aire de la noche, tocar nuestras fibras más sensibles y hacernos disfrutar al límite de ese arte sublime que trasciende del fenómeno religioso del que surge. Como Pergolesi o Bach.





Cuelgo su tema más conocido, Mahi Yaar De Gharoli, que también interpretó aquella noche.















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domingo, 30 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (IV)

El complemento final de toda comida india viene con la cuenta. La cuenta es servida siempre junto a un recipiente que contiene por separado o mezclados dos ingredientes que harán que te lleves un frescor dulzón en la boca a la calle. Semillas de hinojo (saunf) y azúcar gorda. Un puñadito de cada en la boca al tiempo de ir a dejar la propina y hala, a la jungla de la calle. En muchos restaurantes lo sirven en bolsitas individuales, pero lo normal es que venga en fantasiosos recipientes como los dos que fotografié en dos locales de Delhi:









Las semillas de hinojo son deliciosas y según leo en el Wikipedia inglés, provinentes de las regiones mediterráneas. Así que a India debieron llevarlas probablemente los portugueses, como tantas otras cosas. Aparte de como refrescante bucal se usan también en la elaboración de platos y aunque nunca encontré una receta que mantuviera su uso, yo las he detectado frecuentemente en algunos masalas.

Me entero así mismo que es una de las cinco especias de la célebre mezcla de especias china llamada precisamente 5 ESPECIAS y que sus hojas forman parte, junto con el ajenjo y el anís, de la elaboración de la absenta. En Italia parece que se usa también para aliñar embutidos y en Andalucía se usan los tallos para aliñar las aceitunas.

A mí el aroma del hinojo me transporta al reino perdido de la infancia cuando parte de mi tiempo lúdico transcurría feliz a la orilla de los arroyos, haciendo saltar a las ranas, persiguiendo culebras y admirando la destreza de los zapateros patinadores.

Y un detalle siniestro. El insulto machista que se usa en Italia para motejar a los homosexuales es finocchio. Su origen proviene de que la Inquisición medieval solía quemarlos envueltos en hojas de hinojo para que el suplicio durara más. Exquisiteces sádicas de la Iglesia.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El obispo de Tenerife sugiere que es acosado sexualmente por adolescentes

El Obispo de Tenerife ha denunciado en una entrevista la existencia de adolescentes libidinosos que lo provocan sexualmente.




P: La diferencia entre una relación homosexual y un abuso está clara.

R: Por supuesto. Pero, ¿por qué el abusador de menores es enfermo?

P: Para empezar, un abuso es una relación no consentida.

R: "Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y además, deseándolo, incluso si te descuidas te provocan".





Así mismo ha explicado que sólo un 6% de los curas que practican la castidad lo hacen por impulsos biológicos. La mayoría lo hace por vicio, por probar una forma de sexualidad distinta.



Yo porque hace muchísimo que perdí mi adolescencia, que si no no dudaría en provocar al señor obispo. Me pierden esos mofletitos... y esa boquita de piñoncito... y esa tierna papadita... y ese peinadito a raya... ¡¡¡Si es que el que va provocando es él!!!



ANTINAVIDEÑOS 2007

Me han preguntado varios amigos que por qué este año no arremeto como suelo contra la Navidad, que por qué no ejerzo de antinavideño como siempre. Que al igual que esperan cada primavera la crónica antitaurina de Manuel Vicent, ellos esperan cada solsticio de invierno mi acometida ciega contra los aguardentosos villancicos flamencos, la hipocresía ternurista y la explosión nuclear del horterismo decorativo. En este magnífico artículo del maestro Alejandro V. García que acabo de leer en el GRANADA HOY pueden encontrar la respuesta.

Aguafiestas

Alejandro V. García

EL otro día mostraba José Aguilar en estas páginas su perplejidad porque aún no había leído este año el articulo ritual contra la Navidad. Coincido con su extrañeza. Yo también he buscado en vano en distintos periódicos el comentario cíclico de los aguafiestas pero no lo he encontrado. ¿Qué ha pasado? ¿Han desisitido? ¿Se han recluido en su amargo ensimismamiento a la vista del escaso éxito de las proclamas contra los villacincos, las luces, el consumo, las comidas de empresas y la mil manifestaciones festivas? ¿Han capitulado ante la insistente renovación de los votos navideños? ¿O han sido víctimas del optimismo mercantil de las fiestas?

Las quejas contra la Navidad en esta parte del mundo donde nos ha tocado vivir son quejas inspiradas por el hartazgo. Se protesta contra los banquetes, contra los atracones de regalos, los excesos de luz en los arcos decorativos que colocan los ayuntamientos en las calles, contra la matanza de pavos y lubinas, con la exhuberancia de falsa ternura, etcétera. Supongo que si irrumpiera la crisis y nos viéramos abocados a la abstinencia forzosa las protestas se alzarían contra la escasez y la penuria.

He leído en El País una crónica que explica que de las diez mil cartas que han enviado a Papá Noel los niños de la ciudad brasileña de Recife (y que luego exponen en Correos a la espera de que un conseguidor de paisano se conmueva y haga realidad los deseos) unas 6.000 piden comida en lugar de juguetes. En Recife, la ciudad donde nació el presidente Lula da Silva, muchas familias pasan hambre. No hambre de Navidad sino hambre permanente, de todo el año litúrgico. Los niños invocan a Papá Noel y no a Lula.

La intromisión de Papá Noel en los asuntos de Estado es una circunstancia de extrema gravedad, pues convierte a los personajes de humo en trasuntos, e incluso competidores, de los dirigentes del país. Papá Noel en presidente; los elfos en ministros y los renos en directores generales. ¿Y qué puede hacer Lula sin trineos?

También en este aspecto, el de la magnificencia política, este lado del mundo difiere de los otros: ¡aquí son los políticos los que se convierten voluntariamente en Papá Noel! La laboriosidad -por momentos catártica- desplegada por la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, abriendo líneas del AVE de una esquina a otra del país e inaugurando tramos de autovía, rodeada de una espesa corte de solícitos ayudantes, es una manifestación de la fantasiocracia navideña que produce pasmo y enajenación.

Quizá por ese motivo los aguafiestas este año se han callado. O se han tomado un somnífero.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Música para el pollo tandoori

Estos días tengo problemas con la subida de temas musicales con los que a veces os regalo o ilustro alguna entrada. Hasta hoy no he conseguido subir la canción que había elegido para acompañar, como si de un buen vino se tratara, la receta del pollo tandoori. Así que con un poco de retraso la cuelgo ahora.

Se trata del tema La rose de Jaipur del disco Alezane (1994) de ese sumo mezclador de tradiciones en la redoma de su genio que es Thierry "Titi" Robin. Una cantante india desgrana una especie de nana en hindi pespunteada con las estrofas de una rumba gitana en la voz de un representante de lo que yo me atrevería a bautizar como "flamenco galo". Un buen complemento para esta receta indocordobesa.



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PEDIDA DE AUXILIO: Si alguien conoce alguna buena página para alojar y reproducir música en un blog ruego se sirva comunicármelo. Estoy un poco hasta los bites de los que uso hasta ahora.

lunes, 24 de diciembre de 2007

VILLANCICO

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA
Y MAÑANA...........................................NO

NO SÓLO EN NAVIDAD
NO SÓLO EN NAVIDAD...
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domingo, 23 de diciembre de 2007

Pérez Reverte se desahoga por todos

Ya estaba colgando la anterior entrada cuando recibo correo de mi amigo AM / PM (el mismo, el del debate de esta entrada) en el que me adjunta el artículo de hoy de Arturo Pérez Reverte en El Semanal. No comento más. Sólo agradecer que alguien que puede decir lo que pensamos muchos tenga tribuna. Que le diga a todos esos trajeados/as tipejos/tipejas que han enmierdado este país con saña y dedicación exclusiva lo que verdaderamente son.

Permitidme tutearos, imbéciles

Arturo Pérez-Reverte

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los paises más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al “retraso histórico“. O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que “el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien” y que éste no ha fracasado porque “es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad”, entre ellos el de que “los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms”. Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que “lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres”, aunque tampoco estuvo mal lo de “hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos”. Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que me generacionalmente me incluyo.

Que miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Chusma política

Chusma política. Así, con la virulencia blanda de un escupitajo acaba de insultar a toda nuestra clase política el escritor Muñoz Molina. Y para delatar a sus cómplices necesarios añade una tralla como de bofetada seca: secta pedagógica. La secuencia exacta del improperio es: La enseñanza pública se deteriora irreparablemente en España gracias a una conspiración de ignorancia tramada desde hace años por la chusma política y la secta pedagógica. El sábado pasado en el Babelia de El País, en un hiriente artículo titulado El libro ilimitado.

Cada vez que oigo o leo a alguien de reconocido talante razonabilizador perder la paciencia ante los himalayas de hipocresía, estupidez y mala fe con que nuestros políticos vienen agrediendo nuestra inteligencia desde siempre y llamar a las cosas por su nombre, por el nombre que el rico Real Diccionario de la Lengua le confieren exactamente me recorre una inefable hemorragia de alegría. Y en este caso la exactitud debe ser supuesta con toda propiedad. Muñoz Molina es Académico de la misma. De la Lengua, digo.

El impenetrable rostro que han mostrado al mundo los políticos socialistas españoles ante el informe PISA deberían hacérsela mirar por algún doctor de éticas averiadas. La primera la sonrientísima ministra de cultura que es capaz de desculpabilizar a su partido de la tremenda situación de analfabetismo funcional en que se encuentra la mayor parte de la generación de españolitos que se cuecen en nuestras escuelas. De piedra berroqueña la tiene la buena señora. Y la consejera de educación de la Junta de Andalucía y el propio presidente hautonómico de mármol de Macael, las únicas canteras que pueden estudiar los niños andaluces. En Andalucía los socialistas han gobernado SIEMPRE. Desde las primeras elecciones. Hace ¡¡¡25 años!!! Pues la culpa es todavía del franquismo. A ellos que los registren. Te cagas.

Ya venía calentito. Dos días antes el bueno de Muñoz Molina había contestado en una carta a Vicente Verdú que en un ataque de farfollez ponmodenna se había había dejado caer en un artículo de los suyos (De escuelas y miserias) en El País con la siguiente perla.

¿Forzarlos a la lectura? ¿Por qué no purgarlos y raparles el pelo? Ni la lectura es un bien absoluto ni todo el saber está ya en los libros. Leer más no hace másinteligentes, sólo hace más inteligentes para leer. El resto del mundo del conocimiento, el mundo audiovisual es ahora una fuente más caudalosa e importante en el saber. Pero ni siquiera para aprender a servirse apropiadamente de todo esto hay horarios y maestros preparados. Miseria de la escuela, escuela de mil miserias.



No quiero pensar que lo conducía la malicia. Porque yo creo que él sabe muy bien que el debate no está en que se les obligue o no a leer a los clásicos o a los modernos, sino en que sean capaces de entender un texto, escrito o hablado. Que sean capaces de usar el lenguaje, la herramienta adaptativa más importante del ser humano. Que sean capaces de comunicarse en el lenguaje humano. Y de comprenderlo. Y eso se hace con palabras hasta que no nos conviertan en ciborgs. Y hasta entonces los medios de comunicación funcionan con lenguaje. TODOS. Incluso los más modernos. No se puede explicar cómo se hace ese montaje visual que supuestamente va a sustituir al libro como medio de transmisión de conocimientos si no es mediante palabras. Así que no me explico a dónde va el viejo Verdú. Igual es que él sí que se ha convertido ya en un ciborg. Si no tampoco se explica que continúe recomendando:

Ningún plan de mejora, en caso de intentarlo honestamente, podrá soslayar el sensible aumento de las retribuciones pero, más aún, miles de profesores debieran gozar de jubilaciones anticipadas y bien retribuidas. Deberían dejar sus puestos a enseñantes mucho más jóvenes y aptos, por edad y estilo generacional, de conectar con alumnos de referencias tan radicalmente ajenas a las de su profesor actual 40 o 50 años mayor.

Tanta distancia biográfica hace no sólo arduo sino imposible el trasvase de los conocimientos y del interés por temas concretos. Nunca como ahora pudo decir con razón un alumno de 12 años que la asignatura a cargo de un señor o una señora de 60 años "no le entra". Ni le entra ni lo digiere, ni le interesa ni lo metaboliza. Más bien lo vomita.

El sistema que transmitía conocimientos escolares por conductos basados en la permeabilidad del arriba / abajo funcionaba gracias a la eficiencia de la jerarquía y la autoridad. De esto, sin embargo, queda poco tras la absoluta vulgarización de la democracia y el paradigma general de la red. El saber no llega al interior del alumno tan sólo por el poder del magisterio, sino por la astucia de la empatía y contagio. Pero transmitir mediante empatía, explorar y hasta explotar la proximidad, sólo parece al alcance de los profesores jóvenes y jovencísimos.



Nuestro ciborgcolumnista no acaba de enterarse o sólo pretende epatar, como suele. Pero en cualquier caso hay mucha misera moral en sus palabras.

ADDENDUM DEL 14/ 01 /08

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN ACTUAL

ARTÍCULO DE EL PAIS POR EL SOCIÓLOGO JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ GARCÍA