(del laberinto al treinta)


jueves, 9 de octubre de 2008

MANIFIESTO VISCERAL DEL BASURAL CORDOBES

Leo desde estas lejanas tierras lo que se comenta en la principal taberna de mi ciudad. Y compruebo como a muchos paisanos mios se les revuelven las entranias del asco que les produce lo que en ella ocurre.

La desgracia que ha caido sobre sus progresistas con el descubrimiento de que han sido sistematicamente sodomizados por un ladino sucubo que disfrazado de aguerrida abanderada de la ilustracion se ha descubierto como una de las peores reaccionarias que pudieran enganiarlos como a candidos donceles de rubicundas mejillas. Sobre ellos y sus hermanos los incubos y sobre sus maldades tiene largamente escrito mi amigo Miroslav en un magnifico post. La alcaldiosa de Cordoba, Rosa Aguilar, es una desgracia (a partir de ahora la llamare asi: LA DESGRACIA), exdetodo y ahora beata vergonzante y aguerrida furbolera, rodeada de una corte de sucubillos menores que aniaden mas desgracia a la por ella producida, ha entregado la ciudad a sus duenios de siempre, teniendo como tuvo la oportunidad al menos de intentar una desinfeccion de la mugre moral y estetica de sus calles y la redistribucion de parte de la riqueza. Aunque parezca mentira hace dos dias consintio (y parece que alento) la colocacion de una horripilante escultura en una coqueta plaza cordobesa que representa a un cura en una inquietante posicion de conducir a dos ninias pequenias no se sabe a donde. AQUI la noticia. AQUI un plano principal donde se puede comprobar lo morboso y demoniaco del asunto.

Un canonigo archivero, pseudohistoriador y encargado desde siempre de impedir el acceso a la documentacion a su cargo a cualquiera que no llevara sotana o alzacuellos, en un espeso libraco se ha dejado caer estos dias con la monumental estupidez, pero interesada teoria encaminada a desislamizar totalmente el edificio, de que la Mezquita (antigua mezquita) no es realmente un edificio arabe, sino cristiano en su concepcion, sin que nadie del mundo academico cordobes lo denuncie, o se carcajee merecida y publicamente, tal vez porque todos pillan alguna migaja subvencional de la principaL banca urbana, una de las pocas del mundo propiedad de la Iglesia.

A todo el mundo le parece de perlas que se destruya un jardin centenario para llenar su espacio de cemento. El ultimo que se ha sumado al festin de la estupidez es un poetastro con el poder que le da su lengua de lamedor de traseros con trono, un tonto util e inutil, como su cara eunuca y cenicienta.

Un catedratico de Historia habla de Cisneros, uno de los mayores quemadores de libros de la Historia de Espania, como si se tratara de un mecenas de la cultura.

Los curas no solo estan desmontando la historia del edificio mas importante de la ciudad, la Mezquita (antigua mezquita) sino que lo estan vendiendo a trozos perfectamente catalogables en los folletos de las mejores casas de subastas europeas.

Y el presidente del gobierno, al que cada vez se le esta poniendo mas cara de obispo y utiliza mas gestos de cursillista de prematrimoniales, viene a cachondearse de nosotros fotografiandose con una sonrisa de ninio malote con los curas de la catedral de Cordoba, los responsables del expolio y de la mistificacion de la Historia, una de las curias mas malvadas de todo el orbe.

Un basural hediondo en el que hozan ansiosamente politicos, curas, intelectuales, periodistas, todos paniaguados, todos trincones, del que me llega el tufillo hasta esta lejana y pobre tierra que atufa tambien a entrepierna de cura inquisidor y a corrupcion enquistada. Ya tiene que atufar. Por eso no me extrania que alguien se suelte el pelo se ponga en jarras y escupa todo lo que piensa a la cara de esos miserables. David, mi contabernario de LA CALLEJA por ejemplo en una entrada que ha tocado a rebato. A la lucha. En un estile saludablemente anticlerical, comecuras, de la estirpe ilustrada sin esperanzas. Suscribo palabra por palabra todo lo que dice, con sus metaforas, hiperboles y metonimias:



El revoltijo de sentimientos, pensamientos y reacciones viscerales que se agolpan cuando se presencia la consumación de estas cosas hace difícil soltar algo mínimamente coherente o elaborado.

La peste de todo esto es la misma de los vertidos de alpechín al río, de las alcaldesas chutadas de incienso al frente de cabalgatas morbosas, el olor del sobaco de un ciudadano estadounidense obeso zampándose una hamburguesa en el Burguiquín de junto a la Mezquita con el sombrero mejicano recién comprado en la calle Judería, la peste de las esquinas sin sus nombres pero con los de santos, y reyes, y roques, y frailes; el hedor a avecrem que sale de las ventanas de los chaletes ilegales que los cordobeses y cordobesas plantamos en las tripas de nuestra herencia y nuestra memoria, yo qué sé qué mas decir.

Si es que ahora me acuerdo de todo lo demás y veo que esto de las vigas no es más que la continuación ineluctable de lo que es Córdoba, una inanidad de destino en lo universal. Una planta asfáltica y una discoteca encima de Turruñuelos, un agujero negro encima de la casa patricia de Santa Rosa, una estación de tren encima del palacio de un emperador romano, una parcelación de subdesarrollo encima de la ciudad palatina del califa de occidente, una barbacoa hecha con trozos del puente de Los Nogales, un circo folco-quitsch en la mayor mezquita de Europa, un estercolero clerical y bancario sobre el mayor movimiento comunista de España...

La única actitud razonable en estos momentos es, me parece a mí, el aplauso y la admiración. Aplaudo los propietarios de la Santa Iglesia Catedral de Santa María la Mayor de Córdoba (antes parroquia visigoda de San Vicente) por su gestión óptima de los recursos y activos adquiridos por derecho de conquista. Aplaudo a la casa de subastas inglesa por la alegría que sin duda inunda a sus accionistas, dado que han logrado maximizar el beneficio minimizando las pérdidas, que es la ley de leyes del sistema menos malo del universo. Aplaudo a todas las autoridades mundiales, europeas, españolas, andaluzas, cordobesas y parroquiales por haber logrado lo que pretendían, o sea, lo que se esperaba de ellas por diseño: haber permitido la utilización óptima de los recursos en términos económicos. No olvidemos que el importe abonado por los trozos de madera moros incrementarán el producto interior bruto del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y que ese, el crecimiento del PIB, y no otro, es el dios al que debemos sumisión y pleitesía. Así visto la subasta de las vigas es una bendición del cielo.

Todas las personas que se escandalizan o se dicen dolidas por lo ocurrido son, sin excepción, fariseos de la peor calaña.

El venerable Cabildo Catedralicio de la Santa Catedral de Córdoba de Santa María la Mayor debe velar por lo mejor para su templo y su rebaño, y sin duda la eliminación de vestigios espurios mahometanos de su cortijo es algo que se debe contemplar no ya solo com algo que se pueda tolerar, sino incluso como un deber. A ver si nos enteramos bien de una vez: los dueños del edifico están obligados a favorecer la desarabización del inmueble, no cabe ni esperar ni exigir otra cosa. Rasgarse las vestiduras porque esta gente quite y venda leños morunos de su propia casa es fariseísmo. La conservación del edificio y su patrimonio es incompatible con su estatuto de propiedad actual. Pedir peras al olmo es gratis. Los curas han hecho lo que deben: quitar lo moro (ente usurpador, el templo era visigodo y de San Vicente antes) y de paso sacar un beneficio para ellos o sus adláteres. Me parece elemental, de cajón, no se puede esperar otra cosa.

Es más, pasarán más de estos episodios a no ser que algún día se consiga que la titularidad de la finca sea de la humanidad (como dice formalmente esa ong llamada Unesco), y no de una organización privada cuyos fines son estricta y rigurosamente incompatibles con la conservación de patrimonio que posee.

La vigas estuvieron dentro y ahora están fuera. Es bien sabido que no hay nada del universo que entre o salga de las puertas de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba sin pagar boleto de entrada o salida. Alguien un día sacó las vigas pagando y punto. Van a seguir destrozando, despiezando, vendiendo, quitschificando, enmierdando y ocupando las naves mientras sean sus dueños. Dueños de las naves y dueños de la ciudad y sus políticos felones y políticas felonas.

No tengo nada que reprochar a los ensotanados. Se están limitando a hacer su trabajo con la máxima eficacia, con ritmo sostenido y optimizando los recursos, y cumpliendo además al pie de la letra con todas las leyes del mercado capitalista, la oferta y la demanda, maximizando el beneficio, minimizando las pérdidas, reconfortando a sus clientes y accionistas entre los cuales no están, no lo olvidéis, ni la decencia, ni el pueblo, ni la cultura, ni la memoria, ni la madre que los parió. A quien sí tengo algo que reprochar es a las personas decentes si es que queda alguna en Córdoba, al pueblo si es que sigue ahí, a la cultura local si no está ya muerta, a la memoria si no la han trasvasado ya toda al tanque del olvido, a la madre que nos parío a todos: ¿Cómo es posible, lector o lectora de esta letanía, que sigas llevando a comulgar a tus hijos, que te casaras por la iglesia, que bautizaras a tus vástagos, que permitieras ceremonias religiosas en el entierro de tus padres y abuelos y hermanos,? La única iglesia que ilumina es la que arde. O quemamos nosotros YA a todos los curas con los que nos crucemos, o seguirán ellos quemando nuestro patrimonio.

No os engañéis, solo cabe salvar lo que queda de la Mezquita de Córdoba si de cada arco ahorcamos a un cura con sus propias tripas. No tiene sentido rasgarse las vestiduras por ver que hacen su trabajo, que cumplen con su deber, que siguen adelante con su programa, que se comportan con normalidad. Lo que está pasando, a ver si nos enteramos ya, es LO NORMAL, el sistema funcionando a pleno rendimiento.

Tú, que tienes una cuenta en Cajasur.

Tú, que ves normal que las cabalgatas morbosas de primavera ocupen tus calles y tus patios y tus plazas.

Tú que ves normal que todos los rituales de paso de tu vida y la de tus hijos los gestione esta mafia felona.

Tú que ves con delectación cómo una alcaldesa comunista entrega el alma de pueblo al capital, a la superchería, a la felonía y a la mafia local.

Tú: tú no tienes derecho a escandalizarte cuando ves que toda esa gente a la que apoyas se limita a hacer su trabajo exactamente como tú les pides que lo hagan.

La venta de las vigas de la Mezquita es una operación de mercado óptima en el sentido de Pareto. Mi enhorabuena a todos los implicados. Mierda para el resto.

sábado, 4 de octubre de 2008

A REMEMBER FOR PAUL NEWMAN FROM IRAN

Como la muerte de Paul Newman me pillo preparandome para salir hacia Iran, no me dio tiempo a dedicarle un pequeño homenaje. Hace años dedique una pequeña nana a un sobrino mio que hacia honor a la chispa de gracia de sus ojillos recien llegados. Sirva hoy para ese proposito:

Ojitos de polniuman
tiene mi niño.
Y la boquita dulce
como un pestiño.



Desde Kashan, una pequeña ciudad oasis de la provincia de Isfahan, un saludo, un beso o un abrazo, que cada cual se coloque lo que crea corresponderle.



NOTA: este teclado irani no tiene ñ, pero como soy mu listisimo me las he apañado para ponerlo.

lunes, 22 de septiembre de 2008

ME VOY AL IRÁN



Dentro de una semana me voy a Irán. A mi madre le he dicho que a donde me voy a es a Irún, para que no se preocupe. He decidido engañarla un poquito, sólo en una vocal, porque he descubierto que mucha gente en lo que se confunde es en una consonante (Irak por Irán) y la alarma se les pinta de repente en el rostro. Tampoco es que una vez deshecha la confusión se les borre el espanto del todo, incluso en casos se incrementa. Yo para tranquilizarles les digo que los riesgos de morir en el país de los ayatolas es menor que el de morir aplastado en una estampida de bañistas en agosto en Fuengirola. Pero parece no servir de nada la comparación. Los prejuicios es lo que tienen, que los ahonda el cariño. A mi madre por ejemplo lo de Irún le suena a bombas indiscriminadas de una panda de desalmados con chapela, pero también parecido a aquello que para ella, como para todas las andaluzas de su edad y similar extracción social, es un lugar parecido: Asturias, el summun del destino paradisíaco, con su frescor veraniego y sus vaquitas pastando apaciblemente en paisajes de calendario, montañas nevadas enmarcando prados de un verde photoshop subido. Allí es donde siempre trata de convencerme para que vaya en lugar de esos horripilantes países lejanos y peligrosos adonde suelo.

Así pues, durante un mes C. y yo practicaremos el turismo artesanal por las tierras de la vieja Persia, en un recorrido aproximadamente diseñado pero totalmente abierto a las contingencias del viaje, y como siempre renunciando a la cantidad de ciudades a favor de la mayor estancia en cada una de ellas.

Como es altamente improbable que los iraníes en general entiendan mi pedorreante inglés, entre otras muchas razones porque muy pocos lo hablan, ni siquiera tan mal como yo, y como hemos de movernos en ambientes en los que lo necesitaremos (restaurantes populares, ventanillas de estaciones de autobuses, etc.) me he puesto a estudiar persa. Como siempre, me he hecho con el correspondiente de los cursos PIMSLEUR, que tan buenos resultados me dieron en otras ocasiones, principalmente en mis rudimentos de chino cuando viajé al País del Centro. Contando con que yo llevo la ventaja de mi conocimiento de la grafía arábiga en que escriben los iraníes, lo que no es moco de pavo, se podría suponer que las dificultades serían las normales. Pero... ¡buf! Menuda lengua complicada. No me voy a extender en lo que he detectado de su dificultad, pero para que os hagáis una idea sólo para decir ¿te gusta Irán? Hay que decir: ¿De Irán recibes satisfacción? Y la mayoría de los verbos normales, como el del caso anterior se forman usando un sustantivo y un verbo auxiliar. Eso sí, tiene la enorme ventaja de que la principal de la palabras para el español no reviste dificultad alguna. se dice BALE. Parece una tontería, pero para el que empieza una lengua puede ser un lío. Y si no, ahí está el caso del griego, cuya palabra , para un español es una cabronada, porque se dice NE. Tú preguntas en un hotel griego ¿Éjete domatio (hay habitaciones?)? y el recepcionista va y te suelta un: NE y te das media vuelta automáticamente.





Aparte de mi tremenda afición al funcionamiento de las lenguas, mis amistades dicen que tengo mucha facilidad para ellas. C. y yo mismo sabemos que no, que si no sabría alguna bien aparte de la mía propia y ese no es el caso. Lo que ocurre es que tengo un morro que me lo piso y con saber sólo un par de frases yo voy y me lanzo. Si los receptores de mi macarronicada se ríen luego tendrán que pagarlo enseñándome a decirlo correctamente.

Entre mis anécdotas favoritas (batallitas de Capitán Tan me dice mi amigo Juan Sepelio) de los viajes cuento siempre la que me ocurrió en Túnez, cuando llevando apenas un par de meses estudiando árabe por mi cuenta, se me ocurrió usarlo en lugar del francés en un restaurante popular. Necesitando una cuchara miré disimuladamente mi pequeño diccionario de bolsillo, llamé al camarero y se la pedí en un correctísimo árabe. Aatini (tráeme) junfusán, le dije. El camarero me miró con cara de asco y comenzó a despotricar en un árabe endiablado haciendo evidentes gestos como de algo que se arrastraba por el suelo. Al final se la pedí en francés y me la trajo. Con ella en la mano le señalaba mientras decía: mil'aqa, cuillère. Le comenté lo del diccionario y me objetó que debía tratarse de un error (jatá). Más tarde ya en el hotel me dio por repasar en el diccionario lo que había buscado y descubrí horrorizado que con las prisas y en la oscuridad había saltado de línea y en lugar de pedir una cuchara había pedido una cucaracha. Pero de aquella anécdota aprendí la palabra cucaracha (junfusán) que me habría de servir, y mucho, en los siguientes viajes al mundo árabe.

Como el curso es muy práctico a todos los niveles enseguida comienza organizando conversaciones acerca de comer y beber. En el curso de chino, en la segunda lección ya hablaban de tomarse unas cervezas, sirviéndose de ellas para enseñarte los números, lo que resultaba muy estimulante para un cervezófilo empedernido como yo. En el curso de persa evidentemente los números los he aprendido trasegando litros de té y café hasta acabar de los nervios. Y de las cervezas puedo ir despidiéndome por un mes completo. Ramadán cervecero.

Llevo un par de semanas con el curso en mi MP4, sólo escuchando y sin tomar notas, y, contando con que la pronunciación no es demasiado difícil, ya algunas palabras y frases, de tanto repetirlas (el curso es un verdadero plomo que te obliga a aprender repitiéndote mis veces lo mismo) han acabado quedándoseme. Pero lo que me queda de semana habré de emplearla sistematizando e improvisando una mini gramática deducida de lo que ya sé. Me ayudaré con el phrasebook de la Lonely Planet y un Léxico para situaciones Español/Persa que encargué en la Casa del Libro. Espero que con todo ello no me resulte difícil soltarme en la lengua de Zoroastro en una semana, al menos para conseguir que los primeros afortunados aborígenes que tengan la suerte de toparse conmigo se partan el culo de risa.

Pero tengo que apretarme y en realidad todo este rollo que acabo de soltar no es más que un aviso de que esta bitácora de mis berrinches (y algunos almibaramientos) QUEDA CLAUSURADA TEMPORALMENTE hasta mi vuelta en que procuraré armar un relato del viaje lo menos plasta posible. In shaa Allah, claro. JUDÁ HAFEZ, DUSTOH


La Música que cuelgo tiene que ver, claro con Irán. En la cabecera el trozo final de la Obertura (Muqaddameh) de una de las piezas más famosas de la música clásica iraní: DASTGAH CHAHARGAH. Aquí abajo una canción del grupo iraní Niyaz con la voz de Azam Ali, una cantante iraní-india-estadounidense con una voz prodigiosa, de la que hablaré más adelante, cuando vuelva. Se trata de Molk-e-Divan de su último trabajo Nine Heavens.





ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

jueves, 18 de septiembre de 2008

Cuenca Toribio y el Inquisidor

Lo de este país es una patología incurable. Como el caso de esas terroríficas familias que guardan eternamente cadáveres en sus armarios aunque sean producto de los desmanes de centenarios antepasados. Cómo no vamos a sufrir el escondimiento sistemático de nuestro reciente y sangriento pasado si aún se maquillan impúdicamente los crímenes de los gobernantes de hace 500 años.

José Manuel Cuenca Toribio es un catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Córdoba que hemos sufrido con jobiana, y pastueña, paciencia los estudiantes de Historia de la misma desde su fundación (1975). Es decir, se trata de un enquistamiento paleozoico de primera magnitud en la cultura cordobesa.

En los últimos tiempos se ha convertido en el juguete favorito de los asiduos del foro tabernario de la CALLEJA DE LAS FLORES, que disfrutan con su verbosidad arborescente y el uso continuado de palabros lisérgico-jurásicos en su columna de los jueves de la hojilla parroquial de la ciudad, el diario CÓRDOBA y que les ha llevado a conocerlo por el alias de Don Hodierno, por el inmoderado uso que de ese arcaico vocablo hace en ellas.

Normalmente los enfoques de los temas que toca son lo suficientemente inanes como para no lograr distraer la búsqueda de las perlas verbales que suministra abundantemente y que hacen las delicias de sus fans. Pero otras se le entiende clarito clarito y es entonces donde la pifia.

Esta mañana se ha entretenido el buen hombre en glosar la figura del cardenal Cisneros, uno de los personajes más siniestros de la Historia de España, Inquisidor mayor y regente por dos veces del reino. Eso de que los destinos de este país haya estado en manos de un inquisidor, aunque sea provisionalmente, habla claramente de las graves patologías que España ha venido arrastrando desde su unificación forzosa en un destino en lo universal. Eso sí que son "Cosas de España", como diría, siglos más tarde, alguien que nos conoció bien aunque no nos quiso, R. Ford, en feliz traída de don Manuel a su artículo.

Dejando el jabón para un poco más adelante comienza nuestro buen catedrático considerándolo piadosamente un estadista de trazos singulares, para continuar hablándonos de sus ¡¡¡virtudes humanísticas!!! afirmando sin ningún rubor que fue un gobernante sensible a la grandeza intelectual y a la gloria quizá más auténtica de un pueblo, y creador de una de las más importantes universidades de la época, la Complutense.

Alguien, aunque no sea afamado catedrático como él debería recordarle que si bien el cardenal inquisidor amaba tanto las humanidades que creó una universidad de la nada, casi sin textos que echarse a la boca, ordenó personalmente la total destrucción de otra centenaria con una de las mejores bibliotecas del mundo, la Madraza de Granada, cuyos libros, procedentes de todo Al Andalus y de todo el mundo árabe, de literatura, ciencias, filosofía y religión, mandó quemar en la plaza de Bib Rambla. Ese fuego purificador que tanto gusta a los que siempre mandaron en este pobre país y a sus intelectuales orgánicos.

En cuanto a sus virtudes morales sólo hay que recordar que, al contrario que su antecesor el arzobispo Talavera que las respetó escrupulosamente, el cardenal inquisidor rompió unilateralmente las Capitulaciones de Santa Fe, tratado de estado en el que se contemplaba el respeto de los gobernantes españoles a las costumbres, cultura y religión de los vencidos. Esa ruptura provocó un levantamiento de los afectados que sirvió al buen cardenal para casi aniquilarlos y ordenar la conversión forzosa de los supervivientes.

Esa otra memoria histórica, que, parece mentira, en el siglo XXI, sigue falseada miserablemente. Lo que las Humanidades le deben al cabronazo de Cisneros es la quema de un trozo irremplazable de la cultura universal. Un crimen cultural que el mundo no podrá nunca cuantificar.

Para que ahora vengan atildados catedráticos meapilas a vendernos la moto de su humanismo.



ADDENDUM (11/09/10): Me alegro infinito encontrar hoy este párrafo en un artículo publicado en EL PAÍS, escrito por Fernando Báez, autor de Historia universal de la destrucción de libros (Editorial Destino):

Lo triste, lo trágico, es la cantidad de veces que este incidente ha ocurrido con consecuencias amargas. Heinrich Heine, por ejemplo, escribió en Almansor (1821): "Allí donde queman libros, acaban quemando hombres". La frase es bastante citada; lo que acaso se ha olvidado (no sé si por mala fe) es que se refiere a la quema de ejemplares del Corán ocurrido en la ciudad de Granada tras su conquista por los Reyes Católicos. A saber, un sacerdote llamado Francisco Jiménez de Cisneros, en 1500, ordenó recoger cualquier edición de libros árabes, y especialmente del Corán, y decidió que fueran sometidos al juicio implacable de las llamas. Más de 5.000 volúmenes fueron incinerados, pero como rasgo singular el sacerdote ha pasado a la historia como el fundador de la noble Universidad de Alcalá.

lunes, 15 de septiembre de 2008

SINVERPOLLAS Y GILIGÜENZAS (las vigas y la camorra diocesana)

La verdad es que si se pudiera aunque fuera virtualmente no ya raspar con una espátula sino enjuagar ligeramente con una esponja los estratos de mugre acumulada en la gestión del patrimonio histórico artístico de la provincia de Córdoba, desde la Transición en que se supone que comenzó el control, el horror, la rabia y los instintos criminales harían presa en nuestros corazones y probablemente haríamos una barbaridad irremediable.

De vez en cuando la torpeza de uno de los cientos de saqueadores (siempre me hizo gracia cuán repulsivos pintan las pelis y las novelas a los saqueadores de tumbas egipcios y lo atildados que son los de verdad) proporciona un desconchón desde el que algunas personas, periodistas, investigadores honrados o simples ciudadanos pueden hacerse una idea de cómo funcionan las cosas y por donde van los tiros en el continuo saqueo que nuestro patrimonio viene sufriendo desde tiempos inmemoriales. Últimamente con la complicidad necesaria de pensamiento palabra, obra u omisión de las autoridades comisionadas por los ciudadanos para salvaguardarlas. Todas. Las nacionales, las autonómicas, las locales, las departamentales. De todos los partidos. Todas igualmente carentes de vergüenza. Pero los que más los del PSOE, ese partido mafioso, de la derecha que oculta su nombre, que ha conseguido convertir esta comunidad en el paraíso de los ladrones impunes, engañando permanentemente a los votantes. Aunque los de Izquierda Unida que gobiernan también inmemorialmente la ciudad han enmierdado también bien su propio nombre. Porque del PP lo único que cabe decir es que se limita a cumplir con su obligación ancestral.

El pestilente asunto de las vigas de la Mezquita de Córdoba que iban (unas) y que van a ser (otras) subastadas ha proporcionado estos días uno de esos desconchones. Uno de los saqueadores, menor, ocasional y probablemente indirecto se ha cagado de miedo cuando ha visto la publicidad que está generando el asunto y se ha ido directo a la pasma con el culo entre dos manos a contarlo todo. ¿Todo? Supongo que ya habrá sido aleccionado por abogados más o menos ensotanados para que de la información justa y necesaria para que el asunto quede lo más aliviado posible de responsabilidades. Ha señalado con su dedo de señalar a un canónigo mu importantísimo o un monse o cualquier cargo de relevancia en el complicado escalafón de la camorra diocesana. ¿Ha dado su nombre? Deberían decírnoslo si ha sido así. Yo quiero saberlo. Yo ya, confiando un comino como confío en la justicia, me conformo sólo con saber sus nombres y ver sus cara. Es el único bálsamo para la impotencia legal. Hace dos años que fue a la policía. Y hasta hoy no ha trascendido. Así que quién nos explica por qué. ¿La policía también está en el ajo?

Pero hay más responsables. Todos los cargos políticos y administrativos encargados de velar por el patrimonio y que permitieron que un montón de vigas pertenecientes a la herencia cultural de todos los cordobeses se robasen y se vendiesen en una subasta multimillonaria. Todos sin excepción. Todos pertenecen a uno de las dos categorías en las que divido a todos los políticos: sinverpollas y giligüenzas. Todos los que han permitido el saqueo o la destrucción de los yacimientos arqueológicos de la ciudad. Los de las obras del AVE, que destrozaron un conjunto paleocristiano de una importancia capital, los que han permitido sin pestañear los arrasamientos de los barrios califales por la Internacional Atílica (de Atila) Ladrillera, los que han permitido o alentado con su mosntruosa desidia que el entrono de Medina Azahara, uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del mundo, fuera colonizado por una metástasis parcelista de ya imposible erradicación, y tantas otras barrabasadas bendecidas por estos falsos izquierdistas, esta pandilla de semianalfabetos peseteros a los que la cultura, la historia, la arqueología les importa un carajo. Ellos a sus megalómanas Eutopías y Noches Blancas del Flamenco cuyas dudosas cuentas deberían ser vigiladas por los contribuyentes, porque sólo sirven para repartirse entre unos pocos los presupuestos librados para cultura, para la de verdad y no para subvencionar oscuras empresas de gestión cultural ubicadas en oficinas fantasmas.

Yo he conocido en la casa de la calle de la Feria donde vivía el cura párroco de la iglesia de San Francisco de Córdoba dos muy bien conservados capiteles de Medina Azahara que eran usados como maceteros. Los vi en varias ocasiones desde una ventana de la casa de un colega que daba al enorme patio de que gozaba el buen clérigo. Nunca supe su procedencia, pero teniendo en cuenta que la iglesia es una de las fernandinas del siglo XIII es posible que provinieran de los materiales de acarreo de que se construyó originalmente. Y allí estuvieron hasta febrero de 2002 en que murió. A los tres días, cuando sus familiares fueron a recoger sus cosas desaparecieron. Me consta que alguien lo comunicó en los años 90 a las autoridades competentes. Y que nadie hizo nada por investigar un poco. Así que si un día aparecen en una subasta de la capital de los reyes del saqueo arqueológico que no se echen las manos a la cabeza.

Sería cosa de investigar los nombres, sólo por el placer de conocerlos, ya que pagar no va a pagar nadie. Los del responsable de la vigilancia del patrimonio de la Junta, los del consejero o consejera de cultura, los de los curas encargados de inventariar los bienes culturales a su cargo, los arqueólogos que tienen que saber y callan. Todos ellos son unos chorizos. Con todas las letras. CHORIZOS.

Hoy esto, pero ayer me pasé todo el día con el careto de la Fuensanta Coves esa en la cabeza. La del Algarrobico. La responsable de permitir que se construyera. La hipócrita que hoy se hace cruces y dice que no hizo lo que hizo y no legalizó lo que legalizó. ¿Y si no tuvieran trabas? Y si no existieran esos grupos de activistas a los que ellos llaman “desquiciados”?

Qué pecados innombrables estamos pagando en esta comunidad para haber sido secuestrados por esta mafia de carnet, está élite de zaparrastrosos morales que está haciendo que muchos hayamos perdido definitivamente la fe en el voto, la fe y la esperanza, porque en la caridad ya vivimos.

viernes, 12 de septiembre de 2008

MÚSICA PARA NARGUILE






Una de las cosas que más placer me han producido en la vida es la narguile. Poder disfrutar de ese artefacto específicamente diseñado para proporcionar sofisticadas sensaciones placenteras ha constituido un complemento perfecto para el estado de razonable felicidad de que he gozado buena parte de mi vida. Hasta que me quité del tabaco. Los sufrimientos que me inferí en la consecución de semejante hazaña me llevaron a renunciar totalmente al disfrute esporádico del humo perfumado y la botella borboteante. Hay quien consigue quitarse de los cigarrillos y puede seguir fumando porros o narguile de vez en cuando, pero yo he sido un yonqui del tabaco toda mi vida y como está escrito en todos los tratados, no existen los yonquis de fin de semana. O eres o no eres o te conviertes en el eterno lloriqueante del mehtoyquitandooooo. Así que lo mío fue radical. Quitarme definitivamente del disfrute de cualquier alcaloide administrado en forma de humo. Para un individuo tan vicioso y tan débil como yo supuso una de las pocas hazañas de voluntad de las que puedo sentirme orgulloso

Yo descubrí la narguile en mi primera visita a Egipto en mayo del 91, cuando la recientísima primera guerra del golfo permitió el fenómeno verdaderamente inusitado de poder pasear por las pirámides a lo largo de todo un día absolutamente solos. El año anterior había fumado algunas en Túnez, donde pasé un verano estudiando árabe, pero me parecieron demasiado fuertes, herederos como son de la tradición dura turca, como lo sirios. Fue el descubrimiento del ma’asal (tabaco impregnado de melaza) lo que me enganchó definitivamente a las boquillas. La conversión ocurrió en el café Fishaoui, un decrépito café lleno de encanto y de espejos situado en un mahfouziano callejón de Khan el Khalili, a dos pasos de la puerta del hotel Hussein, nuestro reiterado lugar de asentamiento en El Cairo cuya incorregible cutrez consigue sin esfuerzo paliar el disfrute de un balcón sobre la plaza de El Hussein, uno de los espacios urbanos más divertidos del mundo.


Vista de la plaza y la mezquita de El Hussein desde nuestro balcón del hotel Hussein un viernes. Los enormes parasoles (plegables) son un reciente regalo del gobierno saudí a los piadosos cairotas.


Un afortunado y novelesco azar nos había hecho encontrar a nuestros amigos navarros C. y K., que también habían aprovechado el miedo de los turistas para conocer un Cairo inédito, en la terraza del Hussein y con ellos continuamos un increíble viaje que nos llevó hasta Petra, en Jordania, en un viaje atravesando en un barco atestado de refugiados un Mar Rojo infestado de cañoneras de la OTAN y que deberé contar en otra ocasión. Ya digo que en ese año en el Fishaoui, y prácticamente en todo El Cairo, era imposible encontrar más guiris que nosotros. Así que era posible realmente sentir estar viviendo un momento único. Tras las largas excursiones urbanas en el laberinto cairota siempre acabábamos derrotados en las desvencijadas sillas del café. Pedíamos unos tés y una shisha (el nombre egipcio de la narguile, provinente de la homónima turca = botella). Yo ensayaba mi muy primario árabe solicitando una ma’asal (simple de tabaco con melaza) o una tufahi (ma’asal perfumado de manzana) y esperábamos, una vez servidos los tés, ver al shishero (nombre que le dábamos al empleado encargado de preparar y servir las shishas) venir hacia nosotros con el cuerpo principal del artefacto en una mano, y en la otra el tubo, cuya boquilla chupeteaba aspirando con fuerza para conseguir que los carbones encendidos sobre la cazoleta atiborrada de tabaco lo prendieran correctamente. Una vez frente a nuestra mesa, colocaba la botella en el suelo, arrimaba la chupeteada boquilla a su mugriento blusón y lo frotaba con fuerza contra él en un aparente intento de disolver los restos de su saliva con la roña adherida a la tela, pero presumiblemente con la finalidad real, pero frustrada, de higienizarla convenientemente. Tras un a todas luces por nuestra parte infructuoso intento de suplementaria higienización de la boquilla con un socorrido clínex pasábamos a disfrutar colectivamente del sabor y del aroma del humo perfumado en el por una vez no retórico “marco incomparable” del viejo Cairo en su propia salsa. Los ovales espejos instalados en pleno callejón nos devolvían nuestras intrusas imágenes en aquel ambiente a prueba de descripciones tópicas y nos obligaban a reírnos de nuestra propia felicidad regalada de turistas valientes y felices rodeados de exotismo no reciclable. En nuestras posteriores visitas a El Cairo descubrimos que en el Fishaoui y en los lugares más turísticos de la ciudad los shisheros proveían de boquillas individuales y de un solo uso de fabricación china, claro, a los fumadores que solicitaban una narguile con lo que el encanto de las maniobras higienizadoras pasaron a mejor vida.


La última caja de ma'asal tufahi que me traje de El Cairo y que no llegué a abrir tras quitarme del tabaco


Pero en ese primer viaje fundacional nos proveímos de todo lo necesario para tratar de clonar la experiencia cairota en Córdoba. Entonces no existían esos modernos kits de narguiles orientales completos que ahora son la prueba irrefutable del origen de los turistas que salen por las puertas de nuestros aeropuertos. No, nosotros tuvimos que comprar, regateando, uno a uno todos los elementos del paquete narguilesco: la botella, el talle, las cazoletas de barro, los paquetes de tabaco de diferentes calidades... Y embalarlo. Y una vez en casa carburar para proveer de combustible a las insaciables cazoletas de ma’asal. Carbón de barbacoa debidamente troceado. Agujerear una lata de conservas a la que se ha provisto de un asa de alambre, colocarla cargada de carbón en uno de los hogares de la cocina de butano para encenderla, moverla pendularmente unos segundos y dejarla colgada de un tendedero el tiempo justo para conseguir unas brasas en condiciones.



Después, en las sofocantes noches del verano cordobés, disfrutar relajadamente del delicioso humo en mi patio al hilo de una buena conversación o, sobre todo, y ya en solitario, escuchando adormecidamente mis músicas árabes favoritas. Um Kulthum, Abd el Khalim, Warda... Pero desde el primer momento el favorito para tales menesteres fue Abd el Wahab, concretamente una larguísima canción que ocupaba toda una cinta de cassete y que había comprado en Túnez sólo porque me habían comentado que estaba prohibida en muchos países árabes. Efectivamente se trataba de Min ghair leh, el último trabajo del nonagenario cantante, actor y compositor egipcio, a quien se debían las mejores canciones (letra y música) interpretadas por la Gran Dama, Um Kulthum, entre otras muchas la celebérrima Fakarouni. Los ulemas de la Universidad Islámica de El Azhar, casualmente situada frente a propio hotel Hussein, habían dictaminado que ciertas frases como eres mi vida, eres mi religión, habibi eran blasfemas. Túnez conservaba por entonces (1990) su pátina de laicismo heredada del dictador Burghiba, recientemente desfenestrado, y no prohibió la venta de la blasfemia, pero creo recordar que en el propio Egipto, y por supuesto en las monarquías petroleras la canción quedó proscrita. De hecho, la última vez que estuve en El Cairo, en 2003 no conseguí encontrarla ni siquiera en SONOCAIRO, la mejor tienda de música de la ciudad.

Abd al Wahab murió en El Cairo justo el mismo día (3 de mayo de 1991) en que nosotros salíamos en un tren de ella camino de Assuan. Fue en esta ciudad sureña donde me enteré. Compré varias revistas que dedicaban monumentales monográficos a la estrella de la canción fallecido. Desgraciadamente en aquellos tiempos mi árabe me daba para el nombre de las calles y poco más. Así que una vez hojeadas las tiraba. Hoy me hubiera gustado haberlas conservado. Y sobre todo lamenté no haber estado en El Cairo para el multimultitudinario entierro. No recuerdo cuántas personas lo acompañaron en su último paseo, pero leí la cifra y me pareció exorbitante. Aunque sin llegar a rozar las que se juntaron en 1975 para despedir a Um Kulthum: cinco millones.

En el último viaje a El Cairo tuve que soportar la tantálica tortura de tomar un té en el Fishaoui rodeado de una litúrgica nube de humo de shisha y lo que es peor contemplar cómo C. se fumaba una ella sola ante mis narices. Pero me mantuve firme (comme scoglio) y conseguí superar el terrible mono que me embargó.



Pero en recientes días pasados he sufrido dos embates tentacionales de gran calibre que han hecho que se tambalee mi fe en mi mismo. Tras una cena casa de unos amigos apareció de repente una narguile provista de un aromatísimo tufahi (tabaco de manzana). Me resistí como gato panza arriba para no dejarme convencer de colofonar la deliciosa comida con un par de inocentes chupaditas. Comme scoglio. Pero unos días después mi amiga H. se presentó en casa con una colección de productos recién traídos de Siria para organizar una cena árabe típica. Como mi shisha hace tiempo que feneció de una tonta caída traía además la suya propia y un magnífico ma’asal sirio. Pero sobre todo traía un CD de un cantante sirio desconocido para mí que inmediatamente me recordó a Abd el Wahhab. Una voz profunda arropada por unos preciosos arreglos modernos. Entre los sabores de los dulces sirios, el te, el olor del ma’asal y la voz de Abed Azrie, no tuve más remedio que caer. Addio, scoglio.

Bueno, ha pasado una semana y no he recaído en el tabaco. ¿Podré convertirme en un yonqui de fin de mes? ¿Deberé fumar sin peligro narguile en Teheran, lugar al que viajaré dentro de muy poco? Y lo que es más importante ¿conseguiré disfrutar ya en casa de la que pienso comprarme allá como complemento al goce de escuchar a mi nuevo cantante favorito sin volver a engancharme a los asquerosos cigarrillos?


martes, 9 de septiembre de 2008

Por tierras de la Valencia interior

Visita relámpago a tierras valencianas. Aunque el exclusivo motivo fue el cultivo de la amistad, la charla larga y demorada con nuestros amigos de Cheste C.Z. y M. en su profunda casa frente al mar de naranjales, hubo tiempo para la excursión. El propio Cheste no cuenta con demasiados atractivos en sí mismo, pero es un pueblo muy agradable y sus habitantes hablan un castellano con un acento cantarín y graciosamente seseante. La fama le vino en los años 70 por contar con la mayor Universidad Laboral de España, especializada en los estudios de bachillerato elemental. Tres de mis hermanos estudiaron allí. Hoy la fama le viene por un circuito de carreras de motos construido en su término municipal muy cerca de la antigua Laboral. La estética de las manifestaciones artísticas deportivas tienen todas un aire de obviedad zafia más acusado cuanto más bruto y antiintelectual es el deporte al que se dedica. Un deporte tan machorrista como éste en el que se mide la motosterona, hormona androgénica producida por los peludos testículos de los amotoristas y que consiste en la demostración de quién la tiene más grande, corre más y hace más el chorras sobre ella, no podía menos que exigir una representación acorde con el nivel de sensibilidad que provoca. Este es el monumento que algún cráneo privilegiado del lugar ha mandado poner en una polvorienta rotonda a la entrada del pueblo en honor a la motosterona que invade la zona cuando hay competiciones.


Monumento a la motosterona (Cheste)


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Santo chestano con una corona realmente descacharrante


La excursión duró un día y se desarrolló por algunas zonas puntuales de la comarca de Los Serranos, cuya capital es Chelva, un precioso pueblo que conserva un casco antiguo de fuerte sabor andalusí, con dos barrios árabes y uno judío laberínticos y recoletos. La plaza es interesante, cuadrada y con una impresionante iglesia de fachada barroca, pero que destaca por la sobriedad de su diseño.


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Pero la atracción más importante del pueblo es el acueducto romano de Peña Cortada situado a una decena de kilómetros. Los restos constan de dos acueductos-puente y de un largo canal cubierto excavado en la roca sobre la ladera de un impresionante risco.

El primer puente está muy deteriorado y sólo cuenta en la actualidad con un arco de los seis con los que contó. Más arriba y para salvar un enorme barranco se construyó otro de tres arcos que se conserva en perfecto estado. De él parte el canal excavado en la roca que puede seguirse por el túnel a lo largo de un kilómetro. El recorrido completo da una idea de la pericia de los ingenieros romanos y de los esfuerzos que hicieron para dominar las fuerzas de la naturaleza.



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La siguiente parada fue Alpuente, un pequeñísimo pueblo cercano a la raya de Aragón, escondido en un desfiladero a la sombra de una enorme peña coronada de un castillo. Como todos los demás pueblos de la zona estaba en fiestas y a C. y a mí nos llamó la atención la proliferación de banderas rojigualdas en los balcones, algo que es raro ver en las fiestas andaluzas, a no ser que lo que se celebre sea que la selección nacional de patadistas haya ganado alguna copa. Supongo que no tendría nada que ver pero la calle principal se sigue llamando aún Avenida de José Antonio. Un anciano que me vio fotografiar la placa me preguntó: Qué, a que ya no quedan muchas como esa. No, le dije, ¿por qué no la cambiaron?. Bueno, se rascó la cabeza, nadie se puso nunca a ello.
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Otro día nuestro amigo CZ se tiró el rollo de hacernos una superfideuá a fuego de leña, que regada con unos riquísimos tintos de su pueblo, muy cercano a Requena, nos condujo a una sobremesa morosa y relajada.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Memoria histórica y miseria moral (IV)

HIPOCRESÍA BENEMÉRITA

El problema con que se encuentra el necesario ajuste de foco de la memoria histórica española no es tanto que las víctimas del terror nacionalcatólico no hayan sido debidamente rehabilitadas, o tan siquiera decentemente reenterradas, sino que los victimarios todavían gallean con chulería o exigen a la mínima un respeto que no se merecen. No hablo de personas concretas, todas prácticamente muertas, ni siquiera de herederos de fortunas provinentes del saqueo del país por sus mayores, sino de instituciones que no han tenido ni siquiera la decencia de refundarse para tratar de disolver en el agua del olvido los crímenes corporativos de que son deudores. Hablo, claro, del Ejército y de la Guardia Civil. Hoy día ambos cuerpos armados están perfectamente imbricados en las instituciones democráticas cuyo mandato procede de la voluntad popular por vía parlamentaria, dicho sea todo ello en un plano meramente teórico, e incluso a veces cumplen misiones de las llamadas humanitarias propias de ONGs, pero durante los años ominosos de la dictadura e incluso desde mucho antes, representaron la cara más feroz de la represión fascista y sus memorias están contaminadas profundamente por ella. Pero jamás dieron muestras de arrepentimiento, considerando claramente que su honor está perfectamente a salvo manteniendo el orgullo de haber sido lo que fueron y haber hecho lo que hicieron.

Pero podrían mantenerse calladitos y no mandar a sus portavoces que las levanten a la más mínima que consideren que su honor, el que toca s su pasado, es mancillado. Sobre todo si lo hacen por una gilipollez.

Hace unos días aparecía en la prensa la noticia de que la creación de un museo dedicado a un bandolero del siglo XIX en El Borge, un pueblo de la Axarquía malagueña, había causado la indignación de la Guardia Civil mostrada en un comunicado de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) de Andalucía, en el que se deploraba el que alguien que había vivido al margen de la ley y había asesinado a miembros del cuerpo fuera homenajeado.

Parece ser que el alcalde de ese pueblo es un apasionado del tema del bandolerismo y sobre todo del bandolero local, El Bizco de El Borge (1837-1889) y tiene el afán de atraer turistas a él. Y a los conservadores del delicado honor de la Guardia Civil le parece una vergüenza.

A mí me parece lo del alcalde una gilipollez de sacacuartos de dudosa rentabilidad y en cambio lo que me parece una vergüenza es el comunicado de un cuerpo que jamás ha pedido perdón a la sociedad por las fechorías de tantos de sus miembros que han llenado en el pasado los campos y las ciudades de España de tanto dolor. Yo no he visto nunca que hayan deshonrado públicamente ni se hayan avergonzado de personajes de charol tan siniestros y crueles como los encargados del genocidio de la Córdoba del 36, cuyos crímenes están perfectamente documentados (7000 en 6 meses), los comandantes Zurdo y Bruno Ibáñez, alias Don Bruno. Ni de los miles de cabos de cuartelillo que aterrorizaron en la posguerra a la población de los barrios pobres de todas las ciudades españolas. En Córdoba tenemos el caso de “El Colorao” también conocido como El Cabo de la Magdalena, cuya crueldad produjo el dicho de tener más mala leche que el Cabo de la Magdalena. Ni de las siniestras parejas que patrullaban el campo español desde su fundación para proteger las propiedades de la aristocracia agraria de las hordas de hambrientos que ellos excluían. Ni de los beneméritos torturadores retratados en la película El crimen de Cuenca (1979) cuya exhibición les puso tan nerviosos que consiguieron prohibirla durante un año y medio.

El honor. Qué cansancio. Yo siempre pensé que la Transacción se hizo a punta de pistola de la banda armada que secuestró al país 40 años, pero por lo menos cuando se aflojó la presión sobre el gatillo debería haberse exigido la higienización radical, mediante la disolución, de los dos cuerpos armados que salvaguardaban el fascismo colonial en España: la Legión en el exterior y la Guardia Civil en el interior. Lo que los moros fueron para la Legión, los españoles librepensadores y los campesinos pobres fueron para la Guardia Civil. Y eso los socialistas de chichinabo que nos gobiernan hace años que deberían haberlo solventado y nos libraríamos de tener que seguir escuchando desde sus cuartos de banderas sus aguardentosas voces reclamando el respeto a su apolillado honor cada vez lo sientan ligeramente tocado.

El que hoy día vaya camino de convertirse, cuando consigan su desmilitarización, en un cuerpo de seguridad normal de una democracia liberal europea no lo exime de su pasado, ni del hecho de no haberlo mirado nunca con la debida vergüenza.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Memoria histórica y miseria moral (III)


EL AMOR A CÓRDOBA


El inmoderado culto que en esta ciudad se rinde a un personaje como Antonio Cruz Conde sólo es posible en el seno de una sociedad con la mirada seriamente mutilada. En los últimos tiempos se vienen escuchando muchas reclamaciones para que se le dedique una calle (cuando lo que tiene rotulado a su nombre es todo un barrio, el Parque Cruz Conde), se le homenajee convenientemente y se le conceda el título de mejor alcalde de Córdoba de todos los tiempos, fundación de Claudio Marcelo inclusive.

Un par de recientes libros absolutamente hagiográficos y sienes y sienes de artículos en la prensa local en los que predomina un inmoderado uso del incienso, completan un panorama que cualquier persona que rechace mirar más allá de la mera apariencia histórica no tendría más remedio que reverenciarlo de inmediato de la misma manera. Los dos libros han sido publicados con el fin de demostrar que la modernización de esta ciudad, anclada en una Edad Media, parece ser que ex nihilo, se debió únicamente a los faraónicos esfuerzos benefactores del que fuera alcalde de la ciudad, sucesor (alcaldía hereditaria) únicamente por méritos consanguíneos de su hermano Alfonso, desde 1951 a 1967. Uno de ellos se debe al periodista y esforzado erudo local Francisco Solano Márquez (La Córdoba de Antonio Cruz Conde) y el otro a Juan José Primo Jurado, un católico militante que ofició durante varios años de turiferario oficial del presidente de Cajasur, el cura Castillejo, de triste memoria entre los progresistas (reales o ficticios) cordobeses. El primero no me he dignado leerlo por falta de ganas, porque no me interesa la índole de su contenido y porque dejé de leer vidas de santos a los 13 años, pero el segundo titulado Antonio Cruz Conde y Córdoba: memoria de una gestión pública, sí. Pero he de confesar que por el motivo exclusivo de su prólogo, debido nada más y nada menos que a la alcaldesa electa de Córdoba por Izquierda Unida Rosa Aguilar. Lo leí cuando apareció y lo he vuelto a leer estos días. Y el horror me ha embargado esta segunda de la misma manera que lo hizo en la primera.

En esta ciudad hace tiempo que dejamos de asustarnos de los virajes ideológicos de nuestra alcaldesa, pero lo de la Aguilar en ese prólogo ha conseguido hacer rebosar el vaso de la soportabilidad en la falta de rigor histórico, de coherencia con lo que un político representa, de delirante untosidad cobista con los símbolos de una ideología desalmada que responde sólo al beneficio de los poderosos y de un inicuo entreguismo tan gratuito que entra de lleno en los terrenos de la crueldad pura y dura.

Comienza nuestra regidora poniéndose el parche con una preciosa declaración de democratismo: Hay en el mundo de la política una tentación que no comparto: negar el pan y la sal a quienes no piensan como uno mismo. Me he resistido siempre a esta práctica porque creo también que el reconocimiento de los valores desde el respeto hacia lo que cada uno piensa es necesario y justo.

Lo primero que rechina a la racionalidad más elemental es que la alcaldesa democráticamente elegida por los ciudadanos mediante unas elecciones libres fundadas en el uso de papaletas de voto en urnas de cristal introducidas y luego cuidadosamente contadas como mandan los cánones democráticos, coloque su legitimidad al mismo nivel que la de un individuo que accedió al poder tras participar en la organización de un golpe de estado fascista, colaborar en la conversión de su ciudad en un campo de exterminio donde se llevó a cabo un inenarrable genocidio de varios ceros a sangre fría (1) y el acceso a cargos de responsabilidad política en un gobierno totalitario de índole moral idéntica al nazi alemán sólo por su pertenencia a una dinastía de caciques locales que venían heredando cargos públicos desde el siglo XIX. Y a eso lo llama respetar a quien no piensa de la misma manera. Tiene nuestra alcaldesa una manera muy peculiar de entender las diferencias ideológicas. Reconocimiento de valores, dice. Ya te digo..., como diría el chuleta madrileño.

Pero lo más atroz viene después cuando seguidamente de considerar igualmente digna de respeto la ideología del alcalde falangista que la suya, pasa a declarar que lo que la une realmente a él, dos almas gemelas en un noble sentimiento, es su común AMOR POR CÓRDOBA. Como a Rosa Aguilar no se le conocen tendencias ni acusadas ni tímidas al sarcasmo habremos de pensar que no hay ni pizca de aquél en sus palabras. Por lo tanto habremos de colegir que son sinceras, que coloca su amor por Córdoba al mismo nivel que el de quien necesitó que le eliminaran 4.000 paisanos para consumarlo. Bueno, es una enorme manifestación del amor por parte de la alcaldesa no sólo a la ciudad, sino a todo el genero humano en general, genocidas y maltratadores de ciudades incluidos. A aquellos que amaron a España o a sus ciudades con ese enternecedor (y respetable, según Aguilar) amor de o mía o de nadie y que consiguieron domar su casquivania a base de brutales palizas.

Mire doña Rosa, miren señores adoradores del alcalde falangista. Eso que comunmente se llama guerra civil no fue más que el secuestro de todo un país por parte de una banda armada hasta los dientes y dispuesta a matar sin contemplaciones, como así hicieron a mansalva, a cualquiera que se resistiera lo más mínimo. Consistió en el descabezamiento (literal) de toda la intelectualidad de carrera o de mérito de este país y su sustitución por una panda de falangistas cruzados de correajes y armados con pistola cuyo únicas oposiciones o valores fueron los que le dieron el uso del gatillo fácil. Fue el fruto de un contubernio entre una burguesía feudal que no estaba dispuesta a ceder ni un milímetro de sus privilegios ancestrales, sus perros de presa, la casta militar africanista y la Santa Madre Iglesia que no estaba dispuesta a perder un ápice de su control sobre las conciencias de los españoles, seriamente contaminadas de racionalismo, liberalismo, democratismo, librepensamiento y otras enfermedades contagiosas del espíritu que empezaban a carcajearse sanamente y con fuerza de sus infumables supersticiones. La frase célebre del conde de Salina: que todo cambie para que todo siga igual, aquí, aquella triaca de poderosos, la convirtió en matar a todo dios para que todo permanezca lo mismo.

En el fondo es una cuestión de terminología: los Cruz Conde y todos los demás caciques, sus perros de presa como Franco, Mola, Queipo o Cascajo y los benditos curas llamaban España (o Córdoba) a sus privilegios, a los que desde luego prodigaban un excelso amor. Así que todo lo que pusiera en peligro a España era digno de eliminación.

La mutilación de la mirada hacia su reciente pasado que este país se autoinflige se debe al uso un prisma distorsionado artesanalmente que impide la contemplación del régimen franquista como equivalente moralmente al nazi y al fascista italiano y a los ejecutores del golpe y sus consecuencias posteriores como genocidas y criminales de guerra, de la misma calaña que los juzgados en el tribunal de Nüremberg. Cualquier europeo neutral con sus prismas perfectamente enfocados los ve así.

En cuanto a los supuestos o reales bienes que sobre esta ciudad derramó don Antonio no me voy a prodigar, pero desde luego la Córdoba que se encontró cuando llegó a la alcaldía se hallaba tan hundida en la miseria material y moral en la que él y los suyos la habían sumido tras la radical desinfección que cualquier cosa que hiciera no sólo era su obligación como dictadorzuelo de taifa, sino que resplandecería enormemente sobre la nada previa, en un momento además en que el bloqueo internacional se había levantado y se necesitaba un salto adelante en infraestructuras para justificar el saqueo a que sometían al país. Se le adjudica un pantano (supongo que sería del catálogo de los de Franco), un aeropuerto, la necesidad más perentoria, como todo el mundo sabe, para una ciudad sumida en la miseria, una avenida para realzar el puente que le regaló su suegro, el conde Vallellano, ministro fascista de Franco, al que dedicó la placa de su nombre y que no ha sido cambiada aún como dicta la ley, la kistchificación de algunas calles de la Judería para adecuarlas al gusto por el topicazo andaluzoide de moda en el momento, la falsificación de las murallas, dos hoteles de lujo (otra necesidad perentoria), un museo taurino, un concurso de cante flamenco. Y varias cosas más que el curioso puede encontrar en la Wikanda por ejemplo.

De todas formas sólo hay que acercarse a la segunda parte de las muy piadosas memorias del doctor Castilla del Pino (La Casa del Olivo) o a su célebre artículo de Triunfo Apresúrese a ver Córdoba para comprender en toda su dimensión en qué consistía ese amor por Córdoba tan cacareado por la burguesía fascista cordobesa. La conversión de tantos céntricos palacios centenarios en productivos terrenos edificables se llevó a cabo sin apenas disimulo con el exclusivo amor de su enriquecimiento. En ese artículo está la lista de arranques amorosos de Cruz Conde y sus secuaces.

Como las reglas de tres son las más fáciles de las operaciones comparativas podría decirse que por una de ellas Hitler fue el mejor gobernante que tuvo Alemania en su Historia porque creó miles de infraestructuras e instauró las vacaciones pagadas para los nobles obreros alemanes (arios, claro) y Franco un gobernante supermegaguay y un estratega económico del copón porque en los años 60 consiguió el despegue de la economía mediante sus impresionantes Planes de Desarrollo.

A ver si vemos pronto a Rosa Aguilar pasarse de una vez al PSOE, donde tendrá más oportunidades de seguir agarrada a la teta del poder desbarrando a gusto o bien se postula como nueva presidenta del CÓRDOBA CLUB DE FÚTBOL, un puesto que le permitiría hacer declaraciones mucho más lisérgicas de las que viene haciendo hasta ahora sin que nadie se lo tuviera en cuenta.



(1) He de añadir por amor a la verdad lo que cuenta Castilla del Pino en sus memorias (pg. 112 de La Casa del Olivo), que en un momento indeterminado del genocidio cordobés, en pleno otoño del 36, dos miembros de la familia Cruz Conde visitaron a Queipo de Llano, de visita en Córdoba, para denunciar la brutal represión del carnicero teniente coronel de la Guardia Civil don Bruno y que Queipo montó en cólera porque se atrevieran a criticar a su delegado. ¡Se estaban pasando con el genocidio y corrían el peligro de quedarse sin nadie a quien gobernar cuando acabaran las purgas! (VOLVER)



MEMORIA HISTÓRICA Y MISERIA MORAL (I)
MEMORIA HISTÓRICA Y MISERIA MORAL (II)

Memoria histórica y miseria moral (II)


Pero la ceremonia de la confusión en que se vienen empleando últimamente tantas fuentes que hasta ahora estaban calladitas no se debe a totalmente a que se sientan amenazadas por investigaciones, descubrimientos de fosas o desenmascaramientos, sino a que se sienten realmente con derecho a seguir alzando chulescamente la cabeza retando a cualquiera que pretenda hurgar en la memoria de un tiempo ominoso que llenó de dolor y miedo a varias generaciones de este país. Y lo peor es que mucha gente discreta y sin demasiado que ver con los hechos o con el espíritu de los herederos morales de los criminales acaban dando pábulo a las mixtificaciones que con las que aquellas intoxican el panorama historiográfico español para acabar pidiendo olvido por una supuesta culpa compartida.

Dos corrientes paralelas, aunque no contrarias tratan de interpretar el golpe fallido del 18 de julio (además de asesinos eran unos mantas) desde un punto de vista justificatorio de las razones del mismo y de la masacre subsiguiente.

La primera habla de una especie de pecado original español, el cainismo, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que conformó un país dividido en dos bandos irreductibles. Su tesis principal es que realmente en los años treinta del siglo XX esos dos bandos tradicionalmente enfrentados, no pudiendo soportar más el odio que envenenaba sus entrañas, convocaron a los militares para que les organizara una guerra en condiciones donde poder despacharse a gusto matándose a placer unos a otros y se dedicaron a ello con paciencia y con tesón a partes iguales. Ganaron unos, los más fuertes, y ya está. Menear esa mierda con el palo de la historia 70 años después es un ejercicio estéril y peligroso.

La otra tesis tiene varias cabezas, como la malvada hidra de la mitología: una se basa en la consideración del gobierno surgido de las elecciones de febrero del 36 como ilegítimo por haberlas ganado mediante pucherazo. Otra afirma que la guerra realmente comenzó con la revuelta (revolución bolchevique según ellos) del 34 en que se dieron los primeros pasos para convertir a la católica España en una dictadura del proletariado. Una tercera es a la propia República a la que tacha de régimen tiránico y caótico, cuyos políticos azuzaban a las masas para que quemaran iglesias y violaran monjitas, lo que llegó a un punto insostenible en los meses previos a la guerra. La única gente decente que quedaba con poder en España decidió entonces sublevarse y dar un golpe de estado. Como realmente no eran demasiados (o eran unos chapuzas, característica esencial del ejército franquista a lo largo de toda su historia) la cosa se les fue de las manos y entonces tuvieron, con la inestimable ayuda de Dios y por pura defensa propia, que emplearse en reprimir como pudieron a todos aquellos que se resistieron al nuevo orden en las zonas conquistadas, lo que llevó a algunos excesos. Excesos que desde luego fueron muchísimo más sangrientos y feroces en el otro bando, en la zona no conquistada desde primera hora.

Estas dos tesis, fundamentalmente la segunda, heredera de la debida al historiador oficial del régimen franquista Ricardo de la Cierva, a pesar de su actual escasa relevancia en el mundo académico, han tenido la suerte de contar con un lanzamiento mediático espectacular, habiéndose convertido, por obra y gracia de los medios de la derecha (COPE Y EL MUNDO), en una de las corrientes de divulgación historiográfica más escaparateadas en las librerías de todo el país. Las opiniones basadas en los presupuestos han invadido los foros de internet y las cartas al director de los diarios. Hay que tener en cuenta que las tesis de Ricardo de la Cierva y los demás turiferarios mantenidos por la dictadura fueron las únicas posibles dentro de nuestras fronteras durante 40 años, dado que el de los historiadores que vivieron la república fue un gremio también prácticamente exterminado por los salvadores de la patria y que sus versiones tuvieron el monopolio académico en escuelas y universidades. Como afirmé recientemente en uno de esos foros, si en mis ya lejanos años de estudiante de Historia me adelantan que Ricardo de la Cierva no era realmente un fósil al que sólo leían vejestorios de bigotillo alfonsino, sino un gen replicante perfectamente vivo y listo para alumbrar una corriente de interpretación histórica que llenaría en el siglo XXI los escaparates de las librerías y los comentarios de los foros de internet, igual hubiera abandonado este mundo cruel y retirado a un monasterio budista a buscar el nirvana cantando mantras.

Mientras, a las tesis académicas de los historiadores serios que tratan de beber en las fuentes más acreditadas, buscando una deseable, aunque difícil, objetividad, se las encuentran solamente asomando el lomo en las estanterías especializadas. Para el caso de Córdoba tenemos la enorme suerte de contar con la obra de Francisco Moreno que abarca la capital y la provincia y que mencioné en el post anterior: La Guerra Civil Española (1936-1939). Completada posteriormente (1987) con Córdoba en la posguerra: (la represión y la guerrilla, 1939-1950), prologado por Paul Preston acaba de anunciar la próxima publicación de un exaustivo estudio sobre las víctimas bajo el título de El genocidio franquista en Córdoba en el que presumiblemente añadirá el resultado de sus últimos estudios.

En sus trabajos Moreno ha puesto de manifiesto claramente que la república no soportaba tras los meses previos a la victoria del Frente Popular una situación más caótica que otros periodos anteriores que se solventaron pacíficamente, al menos por parte de los obreros y los partidos de izquierda. En cambio la actividad provocadora de Falange se hizo francamente insoportable a lo largo del mismo periodo, comenzando a conspirar con los militares retirados víctimas de la ley de Azaña y con la burguesía, en el caso de Córdoba, la cortijera, que temía las probables reformas sociales que se avecinaban. La Iglesia en muchas ciudades y pueblos también colaboró fehacientemente en la conspiración. Es notoria por ejemplo la participación de un obispo que luego acabaría en Córdoba, Fray Albino, en los preparativos del golpe en Tenerife.

Así pues se trató de un golpe de estado de corte fascista para imponer un régimen totalitario a imagen y semejanza de los ya instalados en Italia y Alemania fruto de la alianza de las clases privilegiadas con el ejército y con la Iglesia. Nada más. Las instituciones democráticas republicanas por su parte funcionaban con normalidad por muchos problemas que aireen los historiadores revisionistas, como la famosa carta de Azaña en la que mostraba su preocupación por los desmanes de algunos izquierdistas y que el más dislocado de todos ellos, Pío Moa, se ha tatuado en su pesho de valiente y leal lejonario.

Y como decía en el anterior post, en el caso de Córdoba, la toma inmediata de la ciudad por las fuerzas militares de la guarnición local ayudada por una cohorte de falangistas y ultraderechistas y por miembros de las clases altas incluidos títulos nobiliarios, todos ellos perfectamente armados, convirtió la ciudad en una ratonera en la que la banda armada cerró los accesos y se dedicó durante varios meses a planificar y ejecutar un genocidio de proporciones aproximadamente conocidas. El profesor Moreno afirma haber recibido la información de Rafael Castejón y Martínez de Arizala, personaje de veleidades autonomistas pero nada desafecto al régimen de Franco, de haber tenido acceso a un documento de la Cruz Roja donde constaba la cifra de más de 7.000 fusilados en la ciudad hasta las navidades del 36, todos ellos ordenados por el coronel Cascajo y los mandos de la Guardia Civil de terrible memoria comandante Zurdo y el teniente coronel Don Bruno que convirtieron la ciudad en un ensayo de Auschwitz, en un campo de exterminio.


Evidentemente la principal beneficiara de la matanza fue la burguesía cortijera que se libró de un plumazo de sus oponentes políticos y sindicales. Entre ellos destacaron los miembros de una familia de caciques de larga raigambre hereditaria en la política local y que a pesar de su innegable responsabilidad en el genocidio aún sigue gozando de una inexplicable consideración por todas las fuerzas vivas de esta ciudad: los Cruz Conde. José Cruz Conde fue el coordinador del golpe de estado en la ciudad, enlace entre las fuerzas paramilitares (falangistas), los militares de la guarnición y los militares sublevados en África. La calle principal de esta ciudad conserva su aún su nombre. Con dos cojones. El equivalente sería que la calle principal de cualquier ciudad alemana llevara aún el nombre de Goering o Goebels. Así de sencillo. Sus sobrinos Alfonso y Antonio Cruz Conde (que da nombre a todo un barrio) fueron los fundadores de la Falange en la ciudad en 1933 y su responsabilidad en el golpe y toma de la ciudad innegables. Ambos fueron alcaldes tras la masacre. Por elección hereditaria.

Si España hubiera corrido la misma suerte que sus hermanas de ignominia Italia y Alemania todos ellos habrían sido juzgados por crímenes de guerra, genocidio y rebelión, probablemente condenados a cadena perpetua y sus memorias habrían quedado manchadas por el crimen para los restos. Pero como los equilibrios geoestratégicos de las potencias occidentales pasaban por el mantenimiento de un régimen ferozmente anticomunista en el sur de Europa, sus fechorías quedaron impunes. Luego se completó la felonía en la Transacción, cuando a cambio de olvido y ceguera las fuerzas ascendentes (aunque supuestamente descendientes de los masacrados, pero en realidad surgidas de la disidencia franquista, PSOE incluido) consiguieron poder, que no el poder, el real, que siguió siempre en las mismas manos. Y hoy día, tiempos de más reveladora ceguera, asistimos a la solemne estupidez aliada con el oprobio de ver cómo sus nombre son mantenidos o recuperados para el panteón de glorias locales benefactoras de la ciudad.


Precisamente mientras redacto estas líneas descubro un artículo que publica hoy en El Día de Córdoba la escritora Matilde Cabello. A Matilde le recriminé agriamente hace tiempo una alabanza de José Cruz Conde en otro artículo suyo en el que cargaba sólo a su favor las obras públicas olvidando la contra de su participación en el genocidio franquista. También he leído hace unos días que prepara el texto de una obra de teatro sobre la guerra civil, un tema sobre el que lleva trabajando 20 años. Me alegra infinito que me de la oportunidad de rectificar.

En el artículo de hoy hace una semblanza del escultor montalbeño Enrique Moreno El Fenómeno y relata las circunstancias de su asesinato (el 9 de septiembre del 36) a manos de los que convirtieron esta ciudad en un campo de exterminio sin nada que envidiarle a los posteriores alemanes: en lugar de cámaras de gas, tapias. Más de 7.000 ejecuciones en 6 meses. En cómodas tandas.

El dato más interesante es el descubrimiento de que la persona que, como un Judas traidor de opereta, condujo a Enrique a la tapia, mediante un burdo engaño, fue un joven aspirante a pintor que probablemente envidiaba el éxito del polifacético y expansivo artista o lo odiaba por su acendrado democratismo. Un pintor que se convertiría en el principal cartelista de feria y semana santa de la ciudad, adorado por todos los capillitas y caspofrikis cordobeses, y que llegaría a ser comisario de policía, en pago a sus atroces lealtades: RICARDO ANAYA. Su nombre contamina la inocencia de una calle en El Higuerón. Oído cocina.


MEMORIA HISTÓRICA Y MISERIA MORAL (I)
MEMORIA HISTÓRICA Y MISERIA MORAL (III)

sábado, 6 de septiembre de 2008

Memoria histórica y miseria moral (I)


Lo que no parecen querer entender los que chillan como cochinos a los que se les pisa una pezuña porque un juez haya decidido usar la lógica racional, la jurídica y la política, aunarlas en una diligencia y pedir información a las autoridades competentes sobre el paradero de miles de desaparecidos en el transcurso de una de las represiones políticas más crueles del siglo XX, exactamente igual que a todo el mundo le parece lógico que otros jueces lo hagan con las víctimas de las dictaduras del Cono Sur o de otros lugares, es que este no es un país normal. Y que la normalidad definitiva en el terreno del ajuste de la memoria colectiva sólo pasa por aclarar qué pasó de verdad en aquellos años y no seguir echando ominoso olvido sobre las tumbas desconocidas de miles de españoles indefensos que fueron asesinados por una banda armada sólo por pensar diferente. Porque no se trata tanto de calmar el desasosiego de los familiares aún vivos, cuyo derecho es inviolable, sino también y, fundamentalmente, para que queden fijadas las pautas historiográficas que han de seguirse para una correcta interpretación de la Historia de este país, cuando las pruebas están aún disponibles. Y es ahí donde está la raíz del dolor de su pezuña. Porque se supone que a nadie le debe parecer intolerable que las personas humanas quieran saber el paradero de sus familiares humanos muertos en circunstancias “no naturales”. Constantemente asistimos a las muestras de angustia de las familias de marineros muertos y su afán por conseguir que se rescaten sus cuerpos del fondo del mar para proporcionarles una digna sepultura donde poder llorarlos y la predisposición del estado a la hora de surtirlos de psicólogos que les ayuden a mitigar el dolor de las pérdidas. Es por eso que si les molesta un hecho tan natural como ese es porque sienten que esa investigación puede poner sobre la mesa algo oscuro que pretenden esconder. Y efectivamente podemos suponer qué es eso oscuro que tan nerviosos los pone. Sus memorias, los símbolos, los personajes que veneran, las espiritualidades que consumen están fundadas sobre un hecho abominable que repugna incluso a las conciencias más adocenadas. Nada más y nada menos que un genocidio. Y si no son responsables políticos y penales de los crímenes de sus padres y abuelos al menos deberían serlo por lo que respecta al patrmonio fruto del crimen y la rapiña que heredaron y que les permitió vivir mientras las víctimas sobrevivientes de ese saqueo simplemente vegetaban.

No es cierto como dice José Cobos en un artículo publicado hoy mismo en el diario CÓRDOBA que investigar cuáles y cuántos fueron los fusilados y desaparecidos a raíz del golpe de estado militar, durante la Guerra Civil y durante la represión franquista de posguerra, no hace daño a nadie. Hace daño a la falsa memoria histórica de esta ciudad, hace daño a la integridad moral de todas esas personas que siguen manteniendo la llama laudatoria de la feroz dictadura en forma de homenajes continuos a los asesinos. Porque la raíz principal del asunto es que mientras las fuerzas políticas, sociales y culturales progresistas, supuestamente herederas de la ética civil de aquella democracia aniquilada, hace tiempo que hicieron ostentosa dejación de sus obligaciones en el mantenimiento del recuerdo y restauración de la justicia y la reparación moral de las víctimas de aquel estado de terror programado, los que se consideran herederos a cara más o menos descubierta del espíritu de la considerada por la Iglesia Católica Cruzada no tienen absolutamente ningún empacho, y lo que es peor, ningún problema legal, para seguir exaltando a los siniestros personajes que hicieron posible el genocidio. Las más de las veces contando con la complacencia cuando no incluso con la entusiasta colaboración de aquellos.

La verdad de lo que pasó y la calaña de los que lo perpetraron se conoce perfectamente a despecho de la caterva de historiadores revisionistas que han surgido recientemente y que pretenden enturbiar la meridiana claridad de las responsabilidades de los protagonistas con torpes maniobras distractoras. Francisco Moreno Gómez, un historiador cordobés, publicó en 1985 un libro titulado La Guerra Civil en Córdoba : (1936-1939) (Madrid : Alpuerto, D.L. 1985), prologado nada menos que por el profesor Tuñón de Lara en el que estudiaba pormenorizadamente los antecedentes del golpe de estado, la veracidad de las justificaciones que dieron los golpistas (y que aún se dan), la situación en la ciudad a lo largo de toda la guerra y el alcance del genocidio programado que en ella ocurrió. La ciudad cayó el primer día en manos de los fascistas. Así que no hubo apenas resistencia. Resultado total: 1 muerto por parte de los golpistas. 7000 muertos republicanos entre los fusilados a lo largo de los tres años de guerra, la mayoría sólo en los primeros 6 meses y los que fallecieron de hambre en las cárceles de la posguerra. Fue pues un genocidio programado a sangre fría. Los primeros asesinados fueron los políticos (incluidos los de la derecha moderada), posteriormente el sector laico de la sociedad (maestros y médicos principalmente) y por último cualquier persona a la que se le pudiera demostrar vinculación con algún partido republicano, sindicato o asociación obrerista. Todas las pruebas apuntan a que la Iglesia Católica alentó y bendijo inequívocamente los crímenes. Los nombres de los responsables están allí, en el libro. Algunos han lucido en las esquinas en placas de mármol recordándolo infamemente hasta hace cuatro días. Otros aún lo hacen para pasmo de las personas que se acerquen con cierta decencia a los hechos. Los cuerpos de los asesinados permanecen en fosas comunes junto a las tapias de los cementerios. Los políticos municipales y autonómicos de la ciudad de Córdoba, de mayoría socialista y comunista, en uno de los ejercicios de autotraición más singulares de los que se tiene noticia desde que Michael Jackson se tiñó de blanco wasp su piel de negro nieto de esclavos, no sólo no han hecho casi nada en los más de 25 años que llevan gobernando para hacer resplandecer la verdad del horror de aquellos años y rehabilitar moralmente a las víctimas sino que ni siquiera se han dignado colocar una simple placa o monolito en el lugar donde tantos de sus correligionarios fueron asesinados por sus ideas (1).



(1) Hace unos días en el programa RNE En días como hoy fue entrevistado Cecilio Gordillo, uno de los coordinadores del proyecto Todos los nombres y miembro de la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía, que ha sido la que ha presentado la denuncia que ha movido al juez Garzón a abrir las diligencias y a solicitar la colaboración de varios ayuntamientos y a la Iglesia. Ente otras muchas cosas, preguntado por la escasa voluntad de algunos ayuntamientos a colaborar afirmó que el color político no era determinante. Que por ejemplo el ayuntamiento de Málaga, en manos del PP había sido muy receptivo incluso antes del auto del juez Garzón y que incluso había librado un presupuesto para excavaciones. Y que en cambio el de Córdoba, en manos de IU, era de los que más trabas solían poner a los investigadores. Prueba de ello es que siendo conocido el lugar de los fusilamientos y de las fosas nunca fue receptivo ni siquiera al requerimiento de que colocase un simple monolito de recordatorio.



MEMORIA HISTÓRICA Y MISERA MORAL (II)
MEMORIA HISTÓRICA Y MISERIA MORAL(III)

viernes, 29 de agosto de 2008

Católicos ofendidos


Esta es la escultura del artista alemán Martin Kippenberger (por cuyas obras se dan de hostias (uy, perdón) todos los museos del mundo), colocada en el vestíbulo de un museo del norte de Italia, que ha desatado las iras de los pastores católicos y sus brazos políticos, que han soliviantado a sus ovejas haciéndoles ver que una simple escultura hiere sus más firmes creencias supersticiosas. El Pastor Supremo o Pastor Alemán con nombre de bombardero (B-16) a la cabeza, seguido por el gilipollas que hace las veces de presidente regional, Franz Pahl, que en un ataque de histrionismo propio del catolicismo esperpéntico que tanto les gusta a los latinos, se ha declarado en huelga de hambre como protesta. Espero que resista. El museo, claro, al de la huelga le pueden ir dando... suero con agua bendita si quieren. Aunque como ya sabemos de sobra, ellos siempre ganan. Porque son más retorcidos y tienen mucha más mala leche.

Aunque yo creo que la podían adquirir alguna de las hermandades de penitencia cordobesas, con la acreditada ayuda de su conconfrade Rosita la alcaldiosa, y sacarla en procesión el martes de carnaval. Así podrían compensarnos haciéndonos echar unas risas a los de verdad sufridos ateos que soportamos a lo largo del año sus indesmayables y churriguerescas performances gore-grotescas.