(del laberinto al treinta)


jueves, 7 de mayo de 2009

Buceando en El Cairo islámico (II)

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A pesar de que fue una fundación estrictamente musulmana Al Qahira fue diseñada según el modelo de las ciudades-campamento romanas: cuadrangular y siguiendo un orden geométrico a partir de dos calles en cruz que se juntan en el centro: el cardus (de norte a sur) y el decumanus (de este a oeste). Actualmente el cardus se corresponde con la sharia Muizz li din Allah, nombre del general fatimita que fundó la ciudad y el decumanus con la sharia Al Azhar. La primera es una calle larga y estrecha, libre pues (casi) de tráfico y abarrotada de monumentos y cuya primera parte recorrimos en la pasada entrada. La segunda es ancha y tan abarrotada de tráfico que hubo que construir una segunda calzada en altura para que pudiera medianamente absorberlo y está dividida longitudinalmente por una alta barrera metálica a prueba de la riada de peatones que abarrotan permanentemente la zona. A diferencia de su hermana no cuenta más que un par de monumentos, eso sí de la importancia de la mezquita-universidad de Al Azhar y de la mezquita de El Hussein.

En el anterior paseo nos quedamos justamente en ese centro donde se juntan ambas calles, en el complejo de El Ghouri. Para cruzar al otro lado, continuar el sector norte de Muizz li din Allah y sortear la barrera metálica el ayuntamiento ha provisto a la calle de El Azhar de un paso elevado que encauza la riada humana de un lado a otro.

Es a partir de aquí y hasta Bab Futuh donde encontraremos una de las colecciones monumentales más importantes del mundo. Guardando las dos esquinas orientales de la sharia el Muski encontramos los dos primeros monumentos. Primero la Madraza de Barsbey (1425) con su característico muro a franjas rojas y blancas rematado por la cúpula estriada del mausoleo y un airoso minarete en dos cuerpos, el primero cuadrangular rematado por la balconada del muezzin y el segundo circular. Y seguidamente una pequeña mezquita de inequívoca factura turca del siglo XVIII.

A la derecha quedará Khan el Khalili, uno de los barrios mercados más famosos del mundo y uno de los más antiguos en el imaginario orientalista occidental. Nacido en época mameluca como un caravanserrallo, una de cuyas puertas, la hermosa Bab al Badistan se conserva aún, fue luego mercado de especias y para cuando Eduardo Toda estuvo en El Cairo (1884-86) ya estaba especializado en la lucrativa industrias de cazar turistas.

Algunos de aquellos bazares tienen en El cairo gran reputación, pero sólo á uno consagraré algunas líneas, y es el Khan Kalil.

Este bazar tiene por principal objeto la venta de tapices árabes y de antigüedades, pero como suelen frecuentarlo mucho los extranjeros que visitan el Cairo, ha perdido el carácter nacional ó indígena que antes tenía, y ha caído en manos de los judíos y los persas. Forma dos largas calles, con tiendas á derecha e izquierda. La primera está ocupada principalmente por las alfombras, cuyo mayor almacén fue hasta hace poco tiempo el de mi amigo ABDALAH. Era el primero de la derecha, y consistía principalmente en un patio, donde se guardaba un número increíble de tapices, formando altas pilas que llegaban hasta las ventanas del primer piso de la casa. Lo notable de aquella tienda era la formalidad con que ABDALAH hacía sus ventas. Era éste un hombre original en su clase: árabe mezclado de negro, siempre vestido de verde y amarillo, con el rosario en la mano y la taza de café en los labios. Tenía alguna vez buenos tapices, pero les enseñaba poco y prefería venderlos á los harenes turcos. En su patio guardaba las peores alfombras caramanis y de Esmirna, que llamaba antiguas porque estaban rotas, y por cada una de las cuales pedía exorbitante cantidad de libras esterlinas. Cien duros era su precio favorito, que aplicaba muchas veces á un mal trozo de tapiz que no valía cinco. Naturalmente, los inocentes viajeros que conseguían comprarle una de sus alfombras por la mitad del precio pedido, salían muy satisfechos creyendo haber hecho un buen negocio, y ABDALAH por su parte daba gracias á Alah que con sus inescrutables designios ha hecho imbéciles á tantos europeos.

ABDALAH ya no existe, quiero decir, acaba de quebrar. Me extrañó la noticia cuando me la dieron, porque le creía muy rico á juzgar por lo mucho que ganaba, pero pronto averigüé que si tuvo buenos negocios en su patio, los hizo malos en su casa. Era muy aficionado al sexo débil, y montó su harén con tanto lujo, que las mujeres le comieron cuanto poseía.

En la segunda calle del Musky se venden objetos antiguos, entendiéndose por tales los que son viejos, sucios, rotos y sin aplicación alguna. En una de sus primeras puertas hay un judío que se dice español, y que en un gran cartel colgado en lo alto de la tienda se anuncia como casa de confianza. ¡Bueno es el amigo COHEN!

Varias veces fuí á su casa á ver antigüedades egipcias y nunca hallé más que objetos falsos fabrícados por los árabes de Luxor. Las tiendas persas suelen á veces exhibir buenas armas, pero sus dueños piden por ellas precios inverosímiles. Más baratas venden las cotas de malla y cascos iramitas, pero ya se comprenderá que son imitaciones más ó menos acabadas de las antiguas armaduras persas.

En resumen, lo mejor que puede hacer el viajero en el Khan Khalil y en todos los bazares del Cairo, es visitarlos y no comprar nada, si quiere evitar á su amor propio la molestia de saber luego que ha sido estafado. (EDUARDO TODA: A través del Egipto. Madrid, 1889, pgs. 106 y 109)

Hoy día cientos de autobuses de los viajes organizados paran todas las tardes en el límite oriental del bazar, la plaza de Hussein, abren sus puertas y vomitan, tras la bocanada de aire refrigerado, a miles de turistas de todo el mundo que son soltados, aunque estrechamente vigilados, por las estrechas callejuelas abarrotadas de tiendas con las más inverosímiles bagatelas o tesoros que imaginarse puedan sus mentes recocidas tras la visita a la explanada de las pirámides. Presuntamente preparados para la ardua lucha por la libra egipcia son vencidos sistemáticamente por la pericia de unos vendedores con más tablas que el sombrero de Valderrama, capaces de hablar al menos 50 palabras de los dialectos más recónditos de los más perdidos países europeos.

Siguiendo la calle entramos ya en la zona mas monumental de la calle en la que cada menos de 40 metros encontraremos una detrás de otra y en ambas aceras no menos de 15 edificios de importancia y antigüedad notables. El gobierno egipcio, con la imprescindible ayuda internacional ha hecho un esfuerzo titánico por rescatar el conjunto monumental del lamentable estado en el que se encontraba desde hacía siglos. La diferencia que presentaba ahora respecto a las últimas veces que la recorrimos es radical. La suciedad ha sido desterrada empleando un ejército de uniformados barrenderos que pasan y repasan el suelo con sus cepillos y recogedores. Los vendedores de las tiendas han sido conminados a que se abstengan de invadir la calle con metros y metros de mercancías y los cientos de andamios que cubrían las paredes de los monumentos por fin desmontadas. Un aire de las cuidadas ciudades museo occidentales ha invadido la zona, aire que se disuelve automáticamente con sólo desviarse por alguna de las calles laterales. Pero el colmo de la sofisticación ha sido la colocación de unos baños públicos de monedas en plena calle. Claro que los que avispados diseñadores del mecanismo no pensaron que sólo sería usado por los turistas y lo hicieron funcionar mediante dos monedas de 25 piastras, monedas que los turistas no ven ni en pintura, porque ningún cairota se las dará como cambio ya que todo lo vendible para ellos tiene un rotundo precio redondo. Así que un avispado vecino ha visto claro el negocio. Cuando llegan unos guiris apretándose los bajos él se ofrece a meter las dos monedas 25 a cambio de una de una libra y lo hace con tanta habilidad que yo no descubrí el truco hasta la tercera vez en que fui a mear, pensando hasta entonces, ingenuo de mí, que se trataba de fichas especiales.


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Puerta de la Medersa de Salih Ayyub, una de las entradas actuales al Khan el Khalili


Lo primero que encontramos a mano derecha es el minarete de la ruinosa madraza de Salih Ayyub (1250), el nieto de Saladino y último monarca ayyubida, cuya fachada quedó hace siglos cubierta por las tiendas del zoco de los cobreros, hoy de los turisteros. Un pequeño pasaje abarrotado ahora de tiendas cuya parafernalia souveniresca permite dificultosamente su contemplación de cerca conduce a la que muy probablemente fue la entrada del palacio de los sultanes fatimidas, hoy totamente desaparecido y cuya parte delantera fue ocupada posteriormente por la madraza. Pasando el arco actual y que se corresponde con la puerta de la madraza encontraremos aquí y allá restos de la estructura original, una columna, un arco, un muro, por entre las actuales callejas El minarete es muy interesante porque muestra perfectamente el cambio de modelo arquitectónico que se avecinaba con la inclusión en su parte alta y por primera vez de un collar de estalactitas que serán el sello de marca de la arquitectura mameluca. Por lo demás se trata del único minarete que nos ha llegado completo de la época ayyubí que muestra la pervivencia de las formas y las estructuras fatimí dos siglos después de la caída del califato de credo shií (1170). La parte alta (la mabkhara, el quemador de incienso, nombre que le dio el orientalista y aventurero Richard Burton en el siglo XIX), habrá de ser comparada con los minaretes de la mezquita Al Hakim, junto a Bab Futuh y los arcos ciegos profusamente decorados con los de la cercana mezquita famitida del Al Aqmar.


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Alminar del Complejo Qalawun, cuyo remate fue probablemente diseñado por artistas andaluso-maghrebíes

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Vista de Bayn al-Qasrein, en grabado de Roberts y actualmente. En el grabado aún existía la Medersa de Baybars. Al fondo el alminar de la Medersa de Salih Ayyub, con el característico remate makhbara, sobresaliendo por el tejado del sabil-kuttab de Khushraw Pasha

Esta zona de la calle es conocida desde época fatimida como Bayn al-Qasrein (entre dos palacios) porque se desarrollaba entre los dos palacios que los monarcas fatimidas construyeron, el oriental que como hemos visto fue desde época temprana sustituido por la madraza Salih Ayyub y el occidental que ocupa desde finales del siglo XIII el conocido como Complejo del Sultán Qalawun, uno de los más activos constructores de edificios de la Historia de la ciudad. El complejo consta de una mezquita, su mausoleo y un hospital, Maristan, dedicado principalmente a las enfermedades mentales, lo que supuso una gran novedad en todo el mundo y en la que se pusieron en práctica las enseñanzas que Ibn Sina dejara plasmadas en sus obras dos siglos antes. Los edificios presentan una perfecta unidad estilística, aunque la fachada se encuentra quebrada por una pronunciada esquina que da entrada a la puerta principal de la Mezquita. Lo más destacable es su especial mezcla de estilos cristianos y musulmanes, fruto de una época de profundos encuentros que si bien se efectuaron siempre bajo el signo de la guerra no dejaron de dejar huella en lo cultural. Efectivamente las iglesias construidas por los cruzados en Siria y Palestina dejaron su huella en la forma en que el arquitecto del Complejo de Qalawun (1285) concibe la fachada mediante una sucesión de grandes ventanales abiertos por arcos apuntados, geminados por columnillas clásicas y adornados con rosetones de estirpe inequívocamente gótica. El minarete es imponente, con su parte inferior maciza y cuadrada de inequívoca influencia siria y la superior de estilo claramente andaluso-maghrebí, reconstrucción de 1303 de la destruida por un terremoto y probablemente ejecutada por artistas del occidente musulmán, como demuestran los entrelazados arcos en sebka, típica de los minaretes almohades.

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El Complejo Qalawun, el gótico cairota

El interior sigue cerrado, aunque estaba prevista su apertura para 2008. Yo sólo pude acceder mi primer año de visita a El Cairo, allá por la primavera del 91, pero recuerdo que me impresionó y que lo consideré una de las visitas más interesantes de todo el viaje. Ahora leo que el contraste con el exterior es dramático, pues mientras éste presenta una influencia foránea total el interior representa el germen en el que está todo el ADN de la futura y fastuosa arquitectura mameluca.

Justo en frente del Mausoleo encontramos uno de los más antiguos, si no es el que más, sabil kuttab otomano, construido en 1535 por Khushraw Pasha, que servirá de modelo para muchos otros que se construirían en la ciudad hasta bien entrado el siglo XIX. Seguidamente y haciendo esquina con la sharia Beit al Qadi se encuentran los restos de la Madraza de Baybars (1260), destruida a fines del siglo XIX para abrir la dicha calle, una calle que lleva a la casa del mismo nombre, Beit al Qadi y a la de Utman Katkhuda, un par de casas otomanas muy bien conservadas.

A continuación del Mausoleo de Qalawun, su hijo Nasi Muhammad para no ser menos se construyó el suyo. En un estado mucho más ruinoso que el de su padre su restauración será más larga. Lo más llamativo de su fachada es la puerta, una auténtica puerta gótica procedente de una iglesia de San Juan de Acre traída a El Cairo como trofeo de guerra. Pero la joya del mausoleo es el minarete, una verdadera maravilla de la filigrana bordada en estuco de estilo andaluso-maghrebí. De hecho y dada la fecha de su erección (1304) es muy probable que saliera de las mismas manos occidentales que labraron el remate del alminar vecino de Qalawun. Ha sido restaurada completamente en fechas recientes, restableciéndose las partes caídas por la acción del tiempo y practicando una profunda limpieza a las partes originales.

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Alminar de la mezquita de Muhammed Nasi

El siguiente edificio es la Merdersa del Sultán Barquq (1384), de un sobrio exterior en el que destaca la alta puerta decorada con mosaico de mármol blanco y negro y coronada de la típica cúpula de estalactitas. Tampoco se puede visitar, pero desde una de las ventanas es posible admirar un sobrio patio dotado de una fuente cubierta imitación de la de l Madraza del Sultan Hassan bajo la ciudadela. Yo lo pude visitar en 1991 y recuerdo el interior de la tumba (donde está enterrada la hija de Barquq, porque él lo está en un soberbio mausoleo de la Ciudad de los Muertos) como uno de los más hermosos espacios de El Cairo. El alminar es un buen ejemplar mameluco, con profusa decoración en sus muros octogonales.

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Vista desde una ventana del patio de la Medersa de Barquq

Varios edificios más completan este corto espacio urbano pleno de tesoros: El sabil-kuttab de Ismail Pachá (1828), frente al Mausoleo de Nasi Muhammed y a continuación de la Madraza Barquq dos ruinosos edificios, uno correspondiente a la Madraza de Kamil Ayyub y otro al Hammam del Sultán Inal. A este último se puede acceder libremente, aunque sólo se puede contemplar en su interior un muy perjudicado conjunto de mudas ruinas. Por una propina, un tipo que mosconea por allí deja subir a la terraza, desde donde se tiene una vista mejor del conjunto.


Cincuenta metros más adelante encontramos uno de los monumentos más dibujados y fotografiados de todo El Cairo: El sabil-kuttab de Abd al-Rahman Katkhuda (1744). Situado en el centro mismo de la calle sirviendo de chaflán a la propia Muizz li din Allah que sigue por su izquierda y a un callejón polvoriento que lo hace a su derecha, lo hemos visto impávido en grabados y fotografías a lo largo de los siglos mientras evolucionaba su entorno con la sustitución de los camellos por motocicletas. El interior merece una ojeada por sus azulejos, sobre todo por una representación muy curiosa de la Kaaba, la Piedra Negra sagrada de La Meca.

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Sabil-kuttab de Katkhuda

Justo antes de llegar al sabil kuttab surge una calleja a la derecha que lleva a la puerta del Palacio Beshtaq, contruído por el Emir Beshtaq en 1334, aunque sus muros, en los que se abren ventanas cubiertas por bellas mashrabeyas, la rodean y se expanden hasta Muizz li din Allah. Fue restaurada en 1985, aunque está abierta al público desde hace poco, y el arquitecto recibió por ello el premio Aga Khan. Su interior es muy interesante y sobre todo cuenta con un pequeño museo de mapas que explican el crecimiento de la ciudad a lo largo de su historia, una de mis aficiones favoritas. Hasta cuatro veces intentamos entrar, pero en todas ellas el portero estaba mising, desaparecido y la respuesta de los vecinos siempre fue la misma: ya volverá, in shaa Allah. Parece que Allah no estaba por la labor de darme gusto.

Cien metros más allá se encuentra una de las mezquitas de El Cairo que más me gustan. La de Al-Aqmar (la iluminada por la luna). Jamás antes había conseguido acceder a su interior, porque llevaba más de 15 años en obras. Se encuentra hundida en la calle y su fachada ha sufrido una restauración muy criticada por la radicalidad de las actuaciones. Todo el lateral derecho de la fachada principal estuvo tapada durante siglos por un edificio posterior que eliminó totalmente la decoración del muro. La intervención, subvencionada y llevada a cabo por la secta ismailita india de Bohara ha consistido en falsificarla totalmente copiando la estructura del lateral izquierdo. Así mismo falsificaron ventanas, inscripciones y arcos ciegos de manera que es muy difícil actualmente discernir las partes nuevas de las originales. Una verdadera barbaridad, una agresión a una de las escasas construcciones auténticamente fatimidas que nos habían llegado más o menos intacta.

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Fachada de la mezquita Al Aqmar

Con todo la mezquita es extremadamente hermosa en su pequeñez y, como dice Caroline Williams en su Islamic Monuments in Cairo: It is one of the seminal monument’s in Cairo architectural history. En ella aparecen por primera vez de forma germinal muchos elementos arquitectónicos que, desarrollados, constituirán las piezas fundamentales de las formas islámicas de decoración en todo el mundo. El arco en quilla estriado que acoge el medallón de encima de la puerta que luego dará lugar a tantos iwanes, aparece aquí por primera vez, así como la decoración en estalactitas que será el sello de la arquitectura mameluca y seldjucida y mogola, desde Egipto hasta la India.

Es especialmente hermosa la caligrafía en piedra en arcos, medallones y esquinas, con textos específicamente chi´itas, como corresponde a la adscripción sectaria de sus constructores, los fatimidas, las alusiones a Ali y Hussein y los trozos del Corán que les son especialmente caros, destacando el medallón cenital de la puerta con la leyenda Muhammad ua ‘Ali en su centro. El interior sólo conserva de la época original su estructura, siendo el primer edificio de Egipto con arcos en quilla en su patio, cuadrado, y con sólo tres de ellos por lado.

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Interior de la mezquita Al Aqmar

La mezquita de Al-Aqmar formó parte del enorme palacio fatimida, que se contruyeron los sultanes en el corazón de la ciudad por ellos fundada constituyendo su esquina norte. Por ello y por primera vez en El Cairo una mezquita tuvo que adaptarse al alineamiento de la calle de manera que hubo que desplazar el eje central para que el muro de la qibla mirara directamente hacia la Meca.

Siguiendo hacia el norte Muizz li din Allah llegamos pronto a la esquina de la calle que tira a la derecha y a cuya mitad se encuentra la Casa Suhaymi, una deliciosa mansión construida a lo largo de los siglos XVII y XVIII, en la que podremos disfrutar del placer de perdernos por un laberinto de salas con mashrabeyas desde donde espiar la calle, fotografiarnos sobre alfombrados divanes y descansar en patios umbríos llenos de vegetación.

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Patio de la mezquita Al Hakim

Continuando por Muizz llegamos por fin a Bab Futuh y a la mezquita de Al Hakim. Llaman poderosamente la atención los extraños alminares en forma de pebetero (makhbarat, quemadores de incienso, en feliz comparación debida a la pluma de Richard Burton), auténticamente fatimíes, como demuestran sus franjas coránicas corridas, aunque tanto la base trapezoidal como la parte superior fueron añadidas posteriormente por el sultán mameluco Baybars (1309) tras el terremoto de 1303. Sus figuras son uno de los sellos más característicos de El Cairo y su altivez arcaica proporcionan una mágica atmósfera orientalista al entorno. Hay que contemplarlos largamente desde el exterior, desde fuera de las murallas, saliendo por Bab Futuh o desde el patio de la mezquita o sentirlos como amenazantes guardianes desde la puerta principal.

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Estado de la mezquita a principios del siglo XX y grabado del libro de Eduardo Toda (1889)

La mezquita propiamente fue construida siguiendo el modelo de Ibn Tulum, aunque la mayor profundidad de las naves que llevan a la qibla son influencia de las mezquitas tunecinas y argelinas, de donde procedía la dinastía fatimí reinante. Desde siglos fue una completa ruina y sirvió para varias tareas excepto para mezquita (cárcel de cruzados, almacén, fortaleza, escuela de niños en tiempos de Nasser), función a la que regresó tras la radical reconstrucción que sufrió en los años 80 costeada por la secta de los Bohras y el millonario lider espiritual ismailí Aga Khan. Aunque de una hermosura deslumbrante, la profusión de mármoles nuevos ha desvirtuado su espíritu original según los críticos de la obra, pero si se miran las fotos anteriores el estado de ruina total en que se encontraba puede perfectamente hacer olvidar las posibles pegas que se le pudieran hacer a la impresionante recostrucción. Sentarse tranquilamente en momentos en que no haya demasiados turistas en el escalón del patio del oratorio y contemplar su impactante blancura sólo rota por la alternancia de los arcos y vigilada por los alminares de color terrizo es una experiencia inolvidable.

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Salida de la oración de la mezquita de Al Hakim

BUCEANDO POR EL CAIRO ISLÁMICO I

BUCEANDO POR EL CAIRO ISLÁMICO III

sábado, 2 de mayo de 2009

CRUZ DE MAYO DE CAÑERO (2009)

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Por imperativo maternal vuelvo otro año a acudir a la Cruz de Mayo de mi antiguo barrio, Cañero. Es la única Cruz que visito ex profeso cada año. Las demás que alcanzo a ver son las que me pillan de paso. A mí, por la mala follá que me caracteriza, más de 10 claveles juntos me producen sarpullido estético. Pero desde luego, aparte del deber sentimental, parece que apunto bien porque de nuevo esta de mi barrio ha ganado el

PRIMER PREMIO

Mi madre me llamó el jueves para decirme que ya estaba lista y que cuándo podría verme por allí. Un simple trámite, porque luego siempre que llego no tiene ni un minuto para dedicarme, tan ocupada se encuentra siempre en la cocina. Este año la he pillado, en la inevitable compañía de sus amigas, removiendo una de las dos enormes ollas de potaje que estarían listas para el almuerzo, Me tomo un par de cervezas en la barra mientras flipo desde allí como cada año con la aparición súbita de varios fantasmas del pasado, rostros que dejé de ver hace más de 30 años y que ahora me asaltan con las lógicas cicatrices del tiempo.

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Este año el motivo de la Cruz han sido las callejas típicas, en concreto la de los Arquillos de Cabezas y la de Las Flores que han reproducido en un impactante 3D. Me señala mi madre la de los arquillos y me cuenta que los ladrillos se los han currado los jubilados del barrio cortándolos uno a uno. La gran macetada que cubre todo el muro exterior de la iglesia acaba de darle el aire rabiosamente andaluz que se pretende. Me pide que le haga una foto ante el conjunto y que la cuelgue en el internet ese donde le han dicho que escribo porquerías contra los curas y las monjas. Le digo que mejor no, no sea que la señalen en el barrio, que colgaré aquellas en las que no esté. Me animo así mismo, aprovechando que unas contrastadas nubes le sirven en ese momento de telón de fondo, a cruzar la plaza y hacer una foto a la iglesia, desde cuya hornacina central un atronante San Vicente Ferrer no ha dejado ni un minuto desde que nací de amonestarme desabridamente con el dedo tieso.

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Lo que más me gusta de esta Cruz de mi antiguo barrio es que es netamente popular, una fiesta organizada por la Asociación de Vecinos sin intervención de la mafia de las cofradías de Semana Santa. Una fiesta de ruptura de la cotidianidad sin ánimo de lucro, sin más fin que la fiesta por la fiesta.

Hasta el año que viene.

IGLESIACAÑERO


CRUZ DE MAYO 2007
CRUZ DE MAYO 2008

A TRAVÉS DEL EGIPTO CON EDUARDO TODA


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Yo siempre tuve suerte con las herencias. Y eso que lo único que he alcanzado a heredar han sido libros. Pero como los libros son los objetos materiales que más me gustan, puedo hacer esa afirmación con total tranquilidad.

Mi padre sólo me dejó libros, su pequeña colección de baratos ejemplares de colecciones de kiosko que no obstante me desvelaron tantas maravillas. Pero fue mi tío abuelo Ortiz, el tío Ortiz, mi tío Iturrioz particular quien me aficionó realmente a ellos. Autodidacta desde las primeras letras (aprendió, como en las fábulas, a leer mientras cuidaba cabras en la sierra), consiguió reunir con los años en su escondida casa del barrio de Santa Marina una preciosa colección de libros de historia y de viajes del siglo XIX que había ido comprando pacientemente, dada su modesta posición económica, en las librerías de viejo con sus ahorros desde antes de la guerra, pero sobre todo desde la posguerra, tras salir de la cárcel donde lo encerraron la banda de facinerosos que secuestraron el país a punta de pistola durante tantos años. Aparte de esas grandes maravillas contaba también con una nada despreciable colección de novelas de sus autores favoritos, naturalistas fundamentalmente con Emile Zola a la cabeza, cuya afición me inoculó y cuyas obras completas fui devorando morosamente préstamo a préstamo entre los 13 y los 15 años. Cuando contaba con 10 años me regaló el primer libro que pude llamar mío: Al Polo Austral en velocípedo de Verne. Era un ejemplar de 1914 y estaba muy deteriorado pero recuerdo que su lectura me fascinó tanto que nunca más he dejado de leer (y de leerlo) desde entonces.

Mi padre, que tenía un amigo encuadernador, me llevó a su casa para restaurarlo. El amigo, versionando el viejo proverbio chino del pez y la caña, en lugar de hacerlo convenció a mi padre, que era carpintero, para que me fabricase un telar y una prensa con el compromiso de enseñarme a encuadernar. Aprendí los secretos del cosido, los nudos, las colas, las guardas, etc. Y restauré el ejemplar de Verne que mi tío me había regalado y ya de paso encuaderné varios libros de mi padre y alguna colección de revistas de una vecina. La afición al encuadernamiento se me pasó afortunadamente pronto. Digo afortunadamente porque mi buen gusto nunca superó a mi mediana pericia y los acabados de mis trabajos no fueron nunca demasiado respetuosos con las portadas ni los lomos de los ejemplares que llegué a restaurar por mi manía de cubrirlos siempre con el tradicional hule de encuadernador. Eso impidió que algunos años más tarde me pusiera en la tarea de encuadernar el único libro que alcancé a heredar de mi tío Ortiz tras su muerte en el ya lejano 1971, cuando yo sólo contaba 17 años.

Mi tío me había prometido varias veces que a su muerte yo podría quedarme con sus libros, dada la escasa afición a los mismos del resto de la familia, pero cuando llegó el momento, que ocurrió repentinamente, me fue imposible hacer valer mis derechos adquiridos verbalmente. Los libros se los quedó todos un tío carnal mío, sobrino directo de él y la maravillosa colección de lomos de cuero con letras doradas quedaron para siempre y como único destino rellenando los huecos del espantoso mueble bar que cubría todo un testero de su salón.

Pero casualmente obraba en mi poder un preciosísimo ejemplar que mi tío, tras mil peticiones y juramentos de tratarlo como a mis propios ojos, accedió a prestarme, una semana escasa antes de su muerte. Se trataba de A través del Egipto de Eduardo Toda, en una, aunque desportillada, preciosa edición, la original de 1889 , con una portada absolutamente delirante y los filos de las hojas dorados, unos grabados sublimes y unas coloridas litografías de la escuela delacroixiana protegidas cuidadosamente con papel cebolla. Una de esas ediciones del siglo XIX que sólo he podido contemplar en los stands de las ferias del libro antiguo y de ocasión a precios desorbitados. Así que tras comprobar que la colección de libros que moralmente me pertenecía nunca sería mía me callé como una momia el pequeño detalle de que uno de ellos obraba en mi poder.


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Habré leído el libro desde entonces como 20 veces, algunas de ellas de un tirón y las más de las veces picoteando por sus capítulos. Eduardo Toda (1855-1941) fue uno de los escasos ejemplares de orientalófilo español o al menos de orientalófilo español de calidad, del siglo XIX, un siglo en el que dichos ejemplares sobreabundaron en toda Europa. Catalán de Reus, antes de los 30 años ya estaba destinado en el Extremo Oriente como diplomático y aprovechando esa circunstancia para estudiar a fondo todo lo referente a los lugares en los que residió, principalmente China, pero también Japón, Corea y Filipinas.

Pero fue su etapa como Cónsul General de España en Egipto entre 1884 y 1886 el que más frutos daría a la literatura histórica y de viajes española. Su enorme curiosidad, su capacidad de estudio y su afán aventurero le convirtieron en el mayor experto en egiptología faraónica de España. En El Cairo entabló enseguida amistad con el director del Museo de Bulaq (el Museo Egipcio de la época), el famoso Gaston Maspero y con él aprendió los secretos de la egiptología llegando por orden suya a encargarse del descubrimiento y vaciamiento de una importante tumba cerca de Luxor, cuya descripción ocupa el capítulo XXV del libro. Recorrió todo el país desde Alejandría hasta Asuan y hasta el Mar Rojo. Y todo lo dejó minuciosamente narrado en ese libro.


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Afortunadamente no sólo se explayó en explicar, muy profundamente, todo lo referente al mundo faraónico que alcanzó a saber y a estudiar sino que tocó todos los aspectos del país del Nilo. Así, encontramos en el libro estudios completísimos sobre las distintas clases sociales del Egipto que conoció en vivo, tanto de las campesinas como de las urbanas, la vida cotidiana de los miles de europeos que allí residían y que habían creado una ciudad a su medida con todas las comodidades de sus países de referencia y la de los barrios aristocráticos turcos y de los populares árabes. Encontramos en sus páginas denuncias de la destrucción de los centros urbanos históricos de El Cairo y Alejandría por la piqueta demoledora de la especulación inmobiliaria que fomentaba el corrupto gobierno de los jedives. Justifica veladamente en ellas así mismo la revuelta popular contra la insoportable sangría y explotación a que se veía sometida la población por las compañías europeas que terminó con un brutal bombardeo desde el mar que destruyó totalmente Alejandría a cargo de la muy civilizada Armada Británica. Y al contrario del otro gran divulgador del mundo egipcio, el también catalán Terenci Moix, al que el mundo islámico le importó siempre un carajo, don Eduardo penetró muy profundamente en la epidermis del mundo musulmán que conoció, destacando un completísimo trabajo acerca de las bases de la religión islámica, a la que no se acerca con los anteojos fundamentalistas católicos propios de la intelectualidad de la época, sino con una admirable capacidad de análisis objetivo y curiosidad verdadera. Su interés por la arquitectura islámica convierten su libro en un documento interesantísimo para conocer el estado en que se encontraban es ese momento las grandes construcciones arquitectónicas de la ciudad.


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Sus fotografías, algunas de las cuales aparecen en el libro sirvieron al magnífico grabador Jose Riudavets para elaborar los grabados que ilustran el libro.


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El contrapunto chungo lo pone su irracional aversión a los judíos. Una aversión en la que sí que Toda contemporiza con el pensamiento dominante de la época. Yo me imagino que el fenómeno es relativamente comparable al que atañe actualmente al mundo de los toros. La corriente absolutamente mayoritaria, que incluye a casi todos los intelectuales y artistas españoles del candelabro, es de comprensión, cuando no afición, al repugnante mundo de la tortura ritualizada de animales convertida en espectáculo y enfundada en la absurda denominación de manifestación artística. Dentro de algunos decenios es probable (y deseable) que la mayoría de la sociedad mire con repugnancia aquella afición bárbara, al igual que hoy miramos con repugnancia el racismo activo de aquellos por otra parte ilustrados europeos decimonónicos.

Se me ocurre que la extraña causa por la que este magnífico libro de viajes no se haya vuelto a publicar desde su edición original en 1889 pudiera ser la repulsa que generarían sus opiniones sobre los judíos habitantes de Egipto, unas opiniones cargadas de tópicos infumables y de un odio profundo y atávico, absolutamente incomprensible en alguien como don Eduardo tan abierto de mente, con las lógicas excepciones propias de la cultura colonialista imperante, en todos los demás temas.

La especial referencia a los sefardíes y la visceral manía que les profesaba precisamente por su vinculación con España manchan de impresentable racismo el contenido de algunas páginas de este excepcional libro cuya reedición sería necesario que alguien se planteara urgentemente.

La mayoría de las piezas de origen egipcio que podemos contemplar hoy en España, tanto en el Museo Arqueológico Nacional, como en varios museos catalanes fueron traídos y minuciosamente vendidas a sus fondos por él. Su amor por la egiptología no le eximió de buscarse la vida constantemente chalaneando con ella, lo que le colocó frecuentemente al mismo nivel que los traficantes de antigüedades locales egipcios y los saqueadores de tumbas de los que tanto rajaba en su libro.

martes, 28 de abril de 2009

La Rosa y el Capullo

Sin el permiso de mi amigo David, que lo ha colgado en la taberna de LA CALLE DE LAS FLORES os dejo esta perla que ha confeccionado a costa de la maloliente y marranesca manera en que se ha desarrollado el asunto de la Tocata y Fuga de Rosita, de lo que no era sino la Crónica de un Transfuguismo Anunciado, pero del que algunos esperábamos que lo hiciera por unos cauces más... higiénicos. Y me voy a permitir ya de paso la licencia de autocitarme en un comentario que he hecho al mismo post que cuelgo abajo: Para que la jugada hubiera sido limpia, Rosa Aguilar que no soportaba desde hace años el traje sudado de IU que estaba obligada a llevar para mantenerse en el candelabro, tendría que habérselo quitado al primer olorcillo y haberse duchado higiénicamente. Y después haber solicitado un traje nuevo al PSOE. Las personas que se cambian de vestido, o de cama sin ducharse primero reciben un merecido y sonoro nombre popular. Tamayo y Saéz lo hicieron por dinero contante y sonante. La mediocridad sublimada de nuestra por fin exalcaldiosa lo hizo por su desmedida ambición de poder, para tratar de remediar su inconsolable snobismo, que como decía Borges, es la enfermedad de quien siempre considera que se encuentra en el lugar que no le corresponde. El PSOE sabrá por qué contrata a semejante vaciedad ambulante y qué réditos considera que puede sacar de ella.

Probablemente tenga más que ver con servicios prestados al PSOE en el propio Ayuntamiento de Córdoba, permitiendo que el concejal estrella del partido del capullo, el ambicioso de la muerte Blanco, pudiera convertirse en Antoñita la Primera y así colocarse en un ventajoso lugar de cara a las próximas elecciones, que de todas formas ganará el PP, en un feudo tradicionalmente vetado a los capullistas. La pugna ahora mismo ya está clarísima: entre los rosistas al servicio de Blanco y entre los restos amohinados de la IU fetén. Por eso el PSOE apoya al abejuelo Ocaña, encenagado en el turbio asunto de la multa a Sandokán, para poder seguir promocionando a Blanco desde la Consejería de Obras Públicas y amenaza con romper el pacto si los rojos consiguieran colocar de alcaldesa a la vapuleada Elena Cortés. ¿Podencos? ¿Galgos? El Niño Nieto, su corte a navaja y su jersey de pico y la alargada sombra del zombi Aznar afilan el garabato de sus siniestras sonrisas...



HABLA, POR FIN, DAVID:



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El acto de transfuguismo de Joaquina Rosa Aguilar Rivero deja el ayuntamiento de Córdoba en una situación aún más surrealista, si cabe, que la que ya padecía desde las elecciones. Pierde Rosa, que con la capullada de pasarse al partido del puño y el capullo ha dinamitado su imagen pública en la ciudad. Pierde el ayuntamiento, en grave riesgo de verse gobernado directamente desde la consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía. Pierde la panda de inconscientes de IU en Córdoba. Entretanto, el PSOE se congratula del aparente golpe de efecto y la carcundia local del PP, con Nieto a la cabeza, se frota las manos acariciando el nirvana. La ciudadanía cordobesa de izquierdas es esa pobre clavellina que va de esquina en esquina, etcétera, y ya ni se sabe para dónde mirar. ¿Tiene arreglo la cosa? Quizá sí, aunque la cosa no está para nada fácil.

Joaquina Rosa se ha pasado a la otra orilla después de muchos meses de deterioro físico y mental. Ya no hablaba como antes, no tenía ni soltura, ni chispa ni voz. Desde las elecciones municipales, que ella soñaba con ganar por arrolladora y anguitista mayoría, ha ido como alma en pena, cada vez más ida, cada vez menos firme. El impacto de su defección le ha valido tal cantidad de varapalos, y de una calidad y diversidad de procedencias, que ahí la tenemos hecha un pingajo. Quizá se reponga, aunque eso tiene que preocuparnos poco. Lo que nos tiene que preocupar es cómo reponernos, con el panorama que nos deja.

Joaquina Rosa ha emigrado en busca de capullos más frescos que libar porque, como decía Harazem en insuperable metáfora, ella veía ya que la lancha iba derechita a la catarata y ha tenido que buscar auxilio in extremis. Parece que la han rescatado de un naufragio integral del que no habría podido salvar ni siquiera los muebles. Veamos:



  • No se va a conseguir la capitalidad cultural, y la deshonra no va a ser de ella.

  • No se hace el palacio del sur, como no sea la maqueta. Pero el que venga detrás que arree.

  • Pasado el boom inmobiliario, no hay un duro en las arcas pero eso ya es problema de otros.

  • La vida cultural de la ciudad está hecha un páramo. Ya tenemos semana santa y júrgol por un tubo, misión cumplida.

  • La campiña ya ha sido vandalizada, la sierra arrasada, las construcciones ilegales son ya un cáncer en metástasis que arraiga incluso en el mayor conjunto arqueológico de Iberia. Que lo resuelva otro.

  • Del aeropuerto hablamos otro día. Ella, al ave.

  • La memoria de Fray Albino y los Cruz Conde ya ha sido convenientemente recuperada y loada, misión cumplida. Antes de que vengan los rojos pidiendo lo suyo, mejor hacer mutis por el foro.

  • El amiguete de timbas y construcciones ilegales ya está indultado y no hay peligro de que le metan mano. A otra cosa, mariposa.


Entretanto, el ejército rojo de IU y el PCE, cautivo y desarmado, se enfrenta a un panorama extremadamente crudo que se ha labrado a conciencia. No nací para profeta, pero sería interesante recuperar el antiguo foro de la Calleja de las Flores para consultar algunas de las ideas que circularon cuando se preparaban las listas de IU a las municipales. Joaquina Rosa impuso una lista compuesta, salvo irrelevancias, por personas elegidas a dedo por ella de pe a pa. Aquella pandilla de inconscientes de IU cedió porque temía que sin Joaquina Rosa se perdieran las elecciones. Las voces más serenas se preguntaban: “Ya, pero en estas condiciones, ¿para qué queremos ganar?”. Sugería yo en la Calleja a quien me quisiera oír (seguramente nadie) que si poner a Rosa parecía obligatorio, entonces harían bien en concentrarse en situar en los puestos siguientes a un equipo capaz de tomar las riendas desde la izquierda cuando llegara el día, más cercano que lejano, de la inevitable defección de la Alcaldiosa. Nada de eso se hizo. La lista fue llena de personajes que deben toda su lealtad a Rosa. Sobre todo si el alcalde nuevo es del grupo rosáceo, tendremos un equipo municipal dirigido y controlado a todos los efectos desde la consejería de la Junta. Desde el ayuntamiento no se va a trabajar pensando en optimizar la gestión a favor de una posible candidatura de IU en las siguientes elecciones. Toda la gestión se hará a favor de otros intereses.

El protoalcalde Ocaña, en vez de enemistarse o incomodarse con quien en teoría ha traicionado al ayuntamiento, a la formación política, a la población y a la gente decente, al día siguiente se reúne con ella en un
perol y oye, tan amigos. Porque efectivamente el grupo municipal de IU en el ayuntamiento, en su mayoría, no solo apoya, sino que probablemente forma parte de la maniobra: junto con el grupo del PSOE, van a ponerse a toda máquina y no será ni para cambiar de política ni para favorecer que Córdoba vuelva a tener un gobierno municipal de auténtica izquierda.

No hay ni personalidades ni resortes para recuperar para IU el control del ayuntamiento. En la práctica el PSOE ha logrado con esta maniobra lo que no consiguió por las urnas en treinta años. Y de un modo insuperable. Vamos, ni Aguirre con el tamayazo, porque IU no puede ni siquiera quejarse: ¡formalmente sigue encabezando el ayuntamiento! Un esperpento genial. Porque no nos engañemos: el hecho de que algunos elementos del ayuntamiento conserven el carné de IU tiene exactamente la misma relevancia que el hecho de que Rosa también lo conservara hasta hace unos días. Cabría preguntarse si los escasos elementos no rosáceos del equipo municipal tienen posibilidad de imponerse y quizá obligar a que se elija a un alcalde o alcaldesa que ponga más difícil el telecontrol del ayuntamiento desde la consejería de Obras Públicas. Plantear un órdago es complicado, ellos y ellas sabrán qué es peor, si colaborar con Ocaña para que culminen la maniobra por completo, o si plantarse de una vez aun a riesgo de que el resultado final sea que el alcalde se apellide Nieto… Morir fritos o tostados.

Por cierto que el compañero de taberna Unamiradadesdeelsur, en el mencionado enlace de su blog, efectúa un análisis cínico y que huele mal.
Léanlo. Culmina cuando afirma que no pasa nada, que en el ayuntamiento la vida sigue igual. Ya lo creo. Y no igual, sino incluso mejor. Por fin se ha consumado la independencia respecto del grupo de irreductibles galos de la asamblea local. Hay que celebrarlo. Por ejemplo con un perol.

Reconstruir una opción creíble de izquierdas en Córdoba con vistas al futuro requiere también acciones decididas y valientes. Los Mariscales y los Centellas no sirven. En la izquierda cordobesa, dentro y fuera de IU, hay gente joven, capaz, formada, responsable y trabajadora. Trabajadora en el sentido de que tienen trabajo, no como ciertos profesionales de la política que suponen más un obstáculo que una ayuda. ¿Puede IU en Córdoba prescindir de personajes como, por poner un poner, Enrique Centella? La respuesta es que no solo puede, sino que debe. Y debe porque a la ciudad y a la formación le saldrá más caro insistir en darle un sueldo a este muchacho, que ponerle un quiosco o un bar y que se busque la vida por sus medios. ¡Renovación, limpieza, aire fresco, ideas, capacidad, formación, compromiso, independencia!

Si nada de eso llega a IU, y como todo el mundo ya intuye, al final la ciudadanía de izquierdas tendrá que organizarse por su cuenta. Desafío nada fácil y con perspectivas de éxito más que debatibles (debatamos, pues). Pero la alternativa es quizá peor…

Señor Nieto, le doy mi enhorabuena. Con tal panda de enemigos, ¿para qué se necesitan amigos? Siga usted frotándose las manos…

sábado, 25 de abril de 2009

Buceando por El Cairo islámico (I)


Tercer movimiento de la nuba Amal Hayati (esperanza de mi vida) en la inconmensurable voz de Um Kulthum.

Cuando se piensa en ciudades con un gran patrimonio histórico urbano pocas veces alguien se acuerda de El Cairo. El Museo Egipcio, las cercanas pirámides y todo lo faraónico acaparan toda la atención de quien lo hace, pero muy pocos la consideran como lo que es: una ciudad que cuenta con uno de los patrimonios histórico-artísticos más importantes del mundo parangonable con aquellos de los que presumen ciudades como Roma, Venecia o Florencia. Nuestro, aunque comprensible, injusto eurocentrismo coloca sistemáticamente las manifestaciones artísticas de las demás tradiciones en un segundo plano, lo que lleva a considerar sistemáticamente a una iglesia románica o gótica por encima artísticamente de una mezquita de la misma época, ayubida o mameluca. Pero los que somos aficionados a la arquitectura islámica sabemos que el genio constructivo de los arquitectos de mezquitas medievales no desmerece un ápice del de los que llenaron Europa de fastuosas las catedrales e iglesias con el añadido de que sólo hay que mirar un plano de monumentos detallado de la capital del Nilo para comprender que la cantidad al menos de edificios de interés histórico-artístico anteriores al siglo XVI por hectómetro cuadrado es muy superior al de cualquier ciudad europea. Como muestra cuelgo dos planos de los 12 que contiene en su índice el libro que me sirve de guía en mis paseos de descubrimiento de sus tesoros. Se trata de Islamic Monuments in Cairo de Caroline Williams, publicado por The American University in Cairo Press. Aseguro que los diez restantes planos incluidos sufren del mismo abarrotamiento monumental. En ellos, sólo la fecha de creación de los edificios que se suceden a lo largo de las principales calles ya marea. Muchos están en un lamentable estado de conservación, pero poco a poco parece que se comienzan a restaurar con dinero internacional algunas de las casi inabarcables maravillas arquitectónicas islámicas cairotas.



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Si tomamos como centro la impresionante Bab Zweila, una de las puertas de ciudad más hermosas del mundo, que se abre en la muralla fatimí tendremos hacia adentro, a lo largo de la larguísima calle Muizz li din Allah y hasta Bab Futuh los más antiguos y más interesantes monumentos islámicos de El Cairo y hacia fuera dos ramales situados ya en la ampliación mameluca que lleva uno, siguiendo la propia muralla, Darb el Ahmar, hasta los pies de la ciudadela y la Madraza del Sulta Hassan y otro a través del colorista zoco de los tolderos y shari´a Saliba hasta Ibn Tulun, los principales monumentos de época mameluca.


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La zona de Bab Zweila, más conocida entre los cairotas como Bab Mitwila, es de las más interesantes de todo El Cairo antiguo para contemplar la vida cotidiana de sus gentes. Justo enfrente de la puerta se abre el zoco de los tolderos, un trozo cubierto de calle en el que se venden (ya no se fabrican in situ) los toldos que los cairotas usan para cualquier ocasión festiva o aflictiva, ferias o funerales. Hoy en día los vendedores han diversificado la producción y los diseños tradicionales de los toldos sirven para la confección de preciosos cojines hechos aún a mano a la espera de que los chinos los descubran.

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A cincuenta metros de la puerta en dirección al Museo Islámico están los hojalateros con una increíble oferta de impensables objetos de uso común manufacturados en hojalata entre los que destacan las bizarras lámparas festivas de Ramadán que abigarran las aceras cuando se acerca la gran fiesta islámica.


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La calle Muizz li Din Allah que toma su nombre del general famití que conquistó Egipto y fundó la nueva Al Qáhira (972) abandonando la primitiva Al Fustat, situada a 8 Kmts Nilo arriba y fundada por el general omeya Amr tres siglos antes, atraviesa toda la cuadrangular ciudad fatimí de norte a sur desde Bab Zweila hasta Bab Futuh, siendo cortada hacia su mitad por la Shari´a Al Azhar que la recorre de este a oeste. Los fatimíes fueron una dinastía shií de la rama ismailí cuyo origen se sitúa en el Maghreb, concretamente en Kairouan. Un iluminado supuestamente desdenciente de Fátima, hija del Profeta y esposa de Ali se proclamó Mahdi (imam profético del shiísmo), y Califa en Kairouan (910), consiguiendo formar un ejército tan poderoso que en poco tiempo conquistó desde Fez hasta El Cairo. Fue precisa y probablemente la necesidad de contrarrestar religiosamente el empuje de este califato, el primero alternativo al abasí, lo que llevó a Abderramán III a autoproclamarse en Córdoba también Califa.

Bab Zweila impresiona con sus dos elegantes y altísimas torres circulares de estilo mameluco (s. XV), añadidos posteriores a la puerta fatimí (1092) como minaretes de la mezquita contigua de Mu’ayyad Sheikh. Se puede subir a la muralla desde donde se goza de una excelente vista del horizonte cairota y puede de paso apreciarse el lamentable estado de desmoronamiento en que se encuentra el casco antiguo por obra de los terremotos, de la pobreza y de la vetustez.


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Pasando hacia adentro por la puerta encontramos a la izquierda el alto muro de la mezquita mausoleo de Mu´ayyad Sheikh (1420), a cuyo final se abre el hermosísimo portal, el más alto y bello de Egipto, en el que hay que pararse a contemplar despacio las enormes puertas de bronce, que dan entrada a la tumba del sultán acogida bajo una altísima cúpula estriada y a la mezquita propiamente dicha. El patio es de una sobriedad espartana en radical contraste con el espacio cubierto y sobre todo, con el muro de la qibla, uno de los más hermosos muros del mundo, profusamente decorado con juegos de mármoles polícromos y juegos de falsas profundidades. La presencia de un impresionante mimbar original (s. XV) de madera finamente labrada con incrustaciones de marfil junto al mihrab pone la guinda definitiva al conjunto, una de las más interesantes visitas de la ciudad. Unos bancos situados justo enfrente permiten contemplar el conjunto larga y cómodamente. Si además consigues quedarte en soledad el efecto es realmente mágico.


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Justo enfrente de la mezquita Mu´ayyad Sheikh se levanta uno de los muchos sabil y kuttab de estilo rabiosamente otomano que se construyeron en los tres últimos siglos (XVII, XVIII y XIX) de la ocupación turca. Se trata de un invento típicamente otomano. Un sabil es una fuente y un kuttab es una escuela. Cuando un personaje importante quería dejar su impronta en su ciudad mandaba construir un edificio que satisfaciera dos de las necesidades básicas de los humanos: la de agua y la de cultura, para el cuerpo y el espíritu. Son muy comunes en Estambul, pero sobre todo en El Cairo, donde, junto con los minaretes suelen ser la estampa gráfica más repetida. Pero este, el de Nafisa Bayda (1796) es sin duda el más coqueto de todos. Recientemente restaurado y dedicado actualmente a oficina gubernamental relacionada con el turismo, sus dos pisos presentan una deliciosa estampa con sus arcos protegidos por mahsrabeyas (celosías). El callejón que hace esquina con este sabil-kuttab es el célebre Sharia as-Sukareya (calle del azúcar), en la que se desarrolla la acción de la novela del mismo nombre de Naguib Mahfuz. Veinte metros más hacia adentro y aprovechando uno de los escasos recodos de toda la calle, se alza el otro sabil y kutub, el de Tusun Pachá (1820), de estilo rococó, también uno de los más bellos de la ciudad.


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Siguiendo el callejón de la izquierda se llega a un pequeño barrio copto en el que vegetan milagrosamente un par de pequeñas iglesias. Muy cerca, rodeando la siguiente mezquita se accede a través de un par de callejones a la fachada (lo único visitable) de una de las mansiones otomanas privadas que se conservan ciudad, la de Gamal ad-Din ad Dhabi, profusamente representada desde su construcción. La calle continúa ya rectamente entre cientos de puestos y tiendas de ropa, edificios apuntalados y alguna mezquita con la figura de un alminar, con aspecto de campanario cristiano y decorado con un curioso ajedrezado en rojo y oro como horizonte hasta su encuentro con la del Azhar, a la que accederemos a través del pasaje cubierto por un atísimo techo de madera a cuyos lados se levantan dos de los edificios del complejo de El Ghuri, a cuya mezquita pertenece el alminar largamente entrevisto anteriormente. El Ghouri fue el último sultán mameluco, expulsado del poder por los otomanos que invadieron Egipto y lo convirtieron en una provincia de su Imperio en 1517. El equivalente a nuestro Boabdil. A pesar de que sólo reinó 16 años contruyó uno de los conjuntos monumentales más importantes de la ciudad y se cuenta que más preocupado anduvo los últimos días por terminar su obra que por la inminente amenaza, cumplida finamente, de perder el trono.

Se trata pues de los últimos edificios mamelucos de El Cairo. A la izquierda se alza la Madraza y a la izquierda el Mausoleo y la mejor forma de apreciarla es con el grabado que hizo Roberts del conjunto en 1839, y sustituyendo mentalmente a los vendedores de ropa de origen inequívocamente china e india que hoy ocupan la calle por los de seda que lo hacían entonces. Intenté lógicamente con él en la mano recoger fotográficamente la misma vista actual con el resultado de imposibilidad absoluta. Roberts debió montar una estructura-mirador justo en medio de la calle El Azhar, que hoy sufre un permanente gripamiento por embotellamiento automovilítico perpetuo que necesitaría para la captación de la misma vista del concurso de varios departamentos municipales de un ayuntamiento cuya única cabeza es, lógicamente, el propio ra´is de la república (1).

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A mí me gusta particularmente mucho el Mausoleo, que cuenta con un soberbio patio, hondo y oscuro, rodeado de unas arquerías que alternan la piedra roja y blanca sobre los que corre un hermoso friso con suras coránicas y que antecede al estrecho espacio de la mezquita.



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El conjunto se completa con otro edificio separado, 50 mts más allá en dirección a la mezquita del Azhar: la wikala de El Ghouri. Una wikala, como expliqué cuando hablé del de la medina de Túnez es un fonduq (hospedería), pero de lujo, un cinco estrellas de la época. Guarda la estructura de los fonduqs, patio-cuadra y plantas altas para las habitaciones, pero está reservado a personajes pudientes, comerciantes ricos principalmente. La wikala de El Ghouri cuenta con un precioso patio primorosamente restaurado que sirve ahora para eventos musicales, sobre todo para el espectáculo de danzantes sufis que todos los miércoles y sábados por la tarde actúan en él. Conviene visitarlo a lo largo del día, cuando no hay actuaciones, para poder apreciar tranquilamente la serena belleza del edificio, el maravilloso efecto de las ventanas y masrabeyas (balcones con celosías) de madera sobre la dorada piedra desnuda de las plantas superiores, sustentadas por una galería de sobrias columnas y arcos apuntados . Merece la pena también asistir al espectáculo de los derviches, muy diferentes a los más conocidos turcos, mucho más colorista y efectista, con números que caen plenamente en lo circense.

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(1) El Cairo carece de alcalde. Sus funciones las hace el gobernador de la provincia, dependiente directo del ra'is (presidente) de la república. La causa es que un alcalde electo de una ciudad que supone prácticamente toda la población del país tendría más poder que el propio presidente.

BUCEANDO POR EL CAIRO ISLÁMICO (II)

BUCEANDO POR EL CAIRO ISLÁMICO (III)

viernes, 24 de abril de 2009

¿Comprarías ciegos a medias con Rosa Aguilar? o el PSOE sí paga a traidores.

Reconvirtiendo la célebre prueba que usan los gringos para medir la fiabilidad de un político que invita a decidir si se le compraría al examinado un coche usado, en España, más modestamente invitaríamos a decidir si compraríamos con el político en cuestión a medias un cuponcito de ciegos o un decimito de lotería, permitiendo que él lo guardara.

¿A qué extremos de miseria moral puede llegar la que pasa incomprensiblemente por izquierda española que coloca al frente de los intereses de todos los andaluces a una persona con la que una vez estudiadas friamente sus actuaciones de los últimos años muy poca gente compartiría la suerte de su fortuna, cuyas actuaciones apuntan claramente y cada una a su condición de piratona mangui, de poco fiable, dada a quedarse con todo y dejar tirado a todo aquel con quien comparta complicidades?

Como ya ALBERTO ALMANSA en su blog ha desgranado uno por un todos los datos objetivos que podrían avalar los merecimientos al desprecio universal de la exalcaldiosa de Córdoba, su exacta colocación en el cajón de la mala gente, me limitaré a añadir un par de pinceladas más.

Yo no hablaría de traición, como muy bien anota mi contabernario Porca Miseria en LA CALLEJA, aunque me venga bien para titular esta entrada, porque realmente IU se ha aprovechado de Rosa Aguilar para dilapidar abundantemente una oportunidad de ejercer el poder en algún sitio y es tan responsable de la mentira que ha supuesto la persona de la alcaldiosa como ella misma, puesto que tendrían que haberle dado la patada o pedirle amablemente que se largara tras su segunda o tercera meada fuera de tiesto y no aprovecharse de su método de ganar votos subvencionando cofradías, peñas casposas y refregándose (es una metáfora, claro) unos minutos con las marujas de los barrios en los peroles populares, siempre con prisas porque tiene cita con el obispo, su director espiritual.

No, Rosa Aguilar no es una traidora, es sólo una mala persona, alguien que nunca hace las cosas por derecho, que no guarda el protocolo mínimo exigible con los amigos, ni da la cara decentemente jamás cuando en la propia casa le llaman la atención por romper los muebles. Que se escabulle siempre si puede por la puerta trasera del restaurante con la excusa de ir al servicio a la hora de pagar la cuenta en una comida de compañeros.

Sólo tres detalles:

Rosa Aguilar no pidió la baja del Partido Comunista. No envió a la secretaría un escrito declarándose no representada por la línea del partido. No. Dejó de pagar. Se autoinfligió sin inmutarse la ignominia personal de que la echaran por morosa, sin dar la cara. Sólo ese detalle bastaría para catalogarla moralmente.

Rosa Aguilar colocó públicamente su amor por Córdoba (y de paso su legitimidad política) al mismo nivel que el de Antonio Cruz Conde, alcalde franquista y el representante más conspicuo del caciquismo falangista, alguien que necesitó que le eliminaran a 7.ooo cordobeses para consumarlo, mientras negaba el permiso para abrir las fosas de los fusilados por los compinches del cacique.

Rosa Aguilar ha dado una muestra exacta de su catadura moral en la forma en que ha gestionado su transfugismo. A espaldas totalmente de su formación política. Independientemente de los desencuentros que pudiera tener con ella hay una cosa que se llama educación, de la que siempre presume que le inocularon las monjitas de las Francesas, pero que debió perder en algunos de sus muchos danzones con gente de calaña moral dudosa como empresarios corruptos, curas banqueros trabucaires y obispos jesuitas. Falta de educación, pura y dura.

En los años de plomo del franquismo nos machacaban las neuronas y la moral con una historieta que venía en la Enciclopedia Álvarez. Aquella de Viriato fue un pastor lusitano que tuvo en jaque a los romanos... Roma, como no consigue vencer en buena lid al bravo guerrillero compra a sus tres generales para que lo maten. Una vez asesinado, los infames van a cobrar y el cónsul romano los manda ejecutar cincelando para la eternidad la célebre frase de Roma no paga a traidores. La intención pedagógica de tal historia era inocularnos el sentido del honor, un sentido del honor en el que curiosamente se cagaban diariamente los propios inoculadores. En ella sólo quedan como deshonrados los traidores. Hasta Roma, a pesar de la sucia añagaza se cubre de honra con el desenlace.

Traspasando la historieta a la historia reciente de Córdoba todo el mundo queda deshonrado. Hasta Viriato/IU, que mantuvo a los generales/Rosa que lo sostenían en el poder incluso sabiendo que un día lo asesinarían. Y Roma/PSOE no sólo consigue meter un buen topo/Blanco en Lusitania/Córdoba, una inconquistable plaza hasta entonces en manos de un grupo de extraños irreductibles guerrileros sino que no tiene ningún escrúpulo en recompensar a los traidores/Rosa con un buen bolsón de denarios/consejería de la Junta.




ENTRADAS RELACIONADAS:



AMOR A CÓRDOBA

DOÑA ROSA Y SUS MONJITAS

ROSA AGUILAR CONVICTA Y COFRADE

LA MISA DEL OBISPO Y LAS AGUJETAS DE LA ALCALDESA

miércoles, 22 de abril de 2009

El Cardenal Cañizares celebra una Misa Goyesca

El Rey de las Pasarelas Preconciliares Monse Cañí ha dado una vuelta de rosca más a la rivalidad que mantiene con la Otra Gran Estrella que Brilla en el Firmamento Fashion Vaticano, Susan Tidá, encerrándose con 6 MONAGUILLOS 6 en el Coso Vaticano en la que sin duda será recordada como la Corrida Goyesca Tridentina más bizarra del siglo (XVI).

Como mandan los cánones en estas corridas misales que guardan las esencias más puras de la Contrarreforma Ultracatólica el peligro para el Oficiante no consiste sólo en que ha de desarrollarse en casposo latín de misal preconciliar sino en que ha de mantenerse toda la fastuosa ceremonia y durante todas las maniobras de la misma perfectamente de espaldas a los bravos monaguillos y al público que asiste al magno evento. Pero nuestro Cardenal Cañí dejó, como siempre, el pendón de España perfectamente enhiesto. Por algo las Goyescas y las Tridentinas son un invento netamente español.

En lugar de optar en esta ocasión por las capas talares rojo pasión y los bonetes ribeteados de pashmina de pelusilla escrotal de monaguillo púber con que enloqueció al respetable en la Goyesca del 2007, Monse se ha decantado en esta ocasión por un más tradicional (aún) modelo de traje torero rosa y oro con una supermegamitra divina de la muerte bordada en fantásticas travesuras florales rematadas por piedras preciosas con guantes de mosquetero en raso blanco.

Los paparazzi que cubrieron el colosal evento relatan la súbita mutación del rostro de Susan Tidá del rosado germánico al verde bilioso cuando vio aparecer al Majestuoso Contrareformista Españió hacer el paseíllo camino de los medios. Verá este piernas cuando me monte yo una misa estilo III Reich... , se le oyó mascullar entre dientes.

lunes, 20 de abril de 2009

Córdoba, Capital Europea del Cagajón Equino

SEVILLANAS DEL CAGAJÓN
La noche cordobesa
huele a boñigas
que dejan por las calles
los cutreaurigas.
Plastas equinas
que dejan las calesas
por las esquinas.
Mierda caballo
perfumando las noches
de abril y mayo.

boñigas


Los cocheros de caballos de Córdoba siguen dando la imagen más propia de esta ciudad. No digo que la enseñen, sino que la son. Con dos cojones, más gordos que los de sus caballos, aspiran valientemente al título de únicos en el mundo que no han consentido colocar los higiénicos pañales a sus animales para impedir que sus cagajones rieguen las calles y esparzan sus amoniacales aromas por el aire que respiran los ciudadanos. El Ayuntamiento de la ciudad, con fama de duro, intransigente y sordo y con muchos cojones para reprimir a la gente que le plantea reivindicaciones razonables no los usa en cambia con este minúsculo colectivo que se los coloca encima de la mesa cada vez que intenta meterlos razonablemente en cintura. Probablemente nuestros ediles acaben sacando virtud del vicio y estén ya pensando considerar el permanente olorcillo a cagajón de la Judería como una seña de identidad más de la ciudad a vender de cara al Dormidisisai. Por cojones.


En las fotos coches de caballos de pasear turistas de todo el mundo. Otros lugares que prefieren otras señas de identidad. La mayoría de países a los que consideramos menos desarrollados que nosotros. Ya te digo...


calesanabeulcalesahammamet


Calesas de Nabeul y Hammamet (Túnez)


calesaisfahancalesaestambul


Calesas de Isfahan (Irán) y Estambul


calesapragacalesacordoba


Calesa de Praga y de Córdoba