jueves, 12 de mayo de 2005
Estatuaria IV (Séneca)
Séneca
La Sacra Alianza entre nuestro Verdadero Prelado Monseñor Castillejo, abad de Cajasur y nuestra Siempre Complaciente Alcaldesa Doña Rosa Aguilar amenaza la estética urbana de nuevo.
Y esta vez tiene que ver con el más citado y autoarrogado falsamente personaje de ¿nuestra? historia. Lucio Anneo Séneca. La noticia saltó hace unos días desde la prensa local:

ANTES DE DEVOLVER EL ORIGINAL DE EDUARDO BARRON AL MUSEO DEL PRADO
Córdoba hará una réplica de la escultura ´Nerón y Séneca´
La primera cosa que se ha oído en las calles de la ciudad es un aliviado: ¡por fin! La gente de la calle parecía estar esperando que nuestros máximos gestores culturales se decidieran por fin a subsanar la injusticia histórica que suponía que tal obra de arte no hubiera nunca lucido en el lugar para el que supuestamente fue diseñado: la calle. De nuevo nuestros gestores dan al pueblo lo que el pueblo quiere: jolgorio y aparadores. Desde luego no seré yo quien niegue la belleza del monumento. Se trata de un precioso conjunto escultórico que se inscribe en el estilo ecléctico-aparatoso de escultura monumental glorificadora que representó el poder burgués ascendente desde mediados del XIX a casi mediados del XX. En este caso además se aleja un tanto de los cánones político-militaristas al uso, para buscar una estética más sensible. Me parece especialmente conseguida la representación del movimiento interno de los personajes en un momento de intimidad entre maestro y discípulo, convincente el uno, hosco el otro, de una gran fuerza expresiva. Modelado por el escultor zamorano Eduardo Barrón (autor también del Viriato de Zamora) en 1904, en escayola policromada, posible molde de vaciado para una posterior erección en bronce, que nunca llegó a producirse, consiguió la Medalla de Oro de la Exposición Nacional de ese mismo año.
No conozco demasiado bien las vicisitudes de la escultura desde su llegada a Córdoba, fecha que desconozco así mismo, ni sus causas. Tal vez tuviera relación con la conmemoración pocos años antes (1896) del decimonoveno centenario del filósofo estoico romano. Yo la recuerdo, polvorienta, a la entrada de la provisional sede del Ayuntamiento de la calle Carreteras, adonde a veces, al salir de la Academia Espinar, sita en la misma calle, donde estudié el bachillerato, entraba a admirarla, un poco a escondidas de mis compañeros. Al final fue colocada en el vestíbulo principal del nuevo Consistorio de la calle Capitulares, donde hoy puede ser admirado por todo aquel que vaya a la Casa Común a arreglar papeles, junto al lienzo de muro romano que sostenía el templo principal de la ciudad.
Ahora nos enteramos de que el monumento no es propiedad del Ayuntamiento, sino que se trata de una cesión del Museo del Prado que parece haberse puesto ya serio en sus reclamaciones de devolución.
A mí, modestamente, lo que me parece es que el monumento está muy bien donde está. Que lo que debían hacer nuestros gestores culturales, el contubernio banquero-municipal, es hacer una copia EXACTA del mismo en escayola o en cualquier otro material que imite a la perfección su textura, devolviéndole de paso la policromía del original. Y colocarle un buen pedestal, en el mismo vestíbulo en el que se encuentra, para que supere un tanto las sillas, las mesas y los ordenadores de los conserjes, que ahora le hacen un poco de competencia. Pero dejarlo donde la azarosa vida municipal acabó por colocarlo, alegrando la vista de los pacientes demandantes de certificados y los solicitantes de empleo. Y por supuesto ofertarlo también como un hito más en la visita cultural a nuestra ciudad. A ver si eso contribuye también a que pernocten de una vez en ella los anhelados y escurridizos turistas. Hacer una copia en bronce y colocarla de aparador en una plaza o calle (¡cielo santo!: ¿en cuál? ¿En la plaza de la Corredera, en la de la Compañía, en la acera de la calle Nueva?), es un acto en sí mismo de estilo "remordimiento" al que tanto han sido dados nuestros gestores en los últimos años. Porque sería una falsificación pura y dura, un intento infructuoso de trasplante de un espíritu, una estética y una ética de una época concreta a otra un siglo posterior. Las obras de arte que hayan de colocarse en los lugares públicos de las ciudades han de responder al espíritu de la época que las erige, sin que eso signifique que no haya que guardar las debidas medidas de respeto al entorno arquitectónico y urbanístico de cada lugar concreto. Pero evitando los pastiches, las falsificaciones, la lamida almibarada del kitsch. Y por supuesto no ceder ante las presiones de los jurásicos conservadores de ambientes urbanos, partidarios de la fosilización acelerada de la ciudad histórica. Si por ellos fuera nuestras calles y plazas sólo serían iluminadas por las augustas farolas decimonónicas, estilo Imperio.
Además, que bastante tiene el pobre Séneca con haber sido
inmortalizado ya una vez, en la puerta de Almodóvar, togado, con cara de, según unas opiniones, Francisco Franco, Caudillo de España o abúlico funcionario jubilado de la Administración Pública, según otras, en broncíneo bulto costeado por la esplendidez castiza de un arrojado torero tremendista (1) y con haber dado nombre a la seca forma cordobesa de la mala follá : el senequismo.
(1) Manuel Benítez El Cordobés
ESTATUARIA I (JUAN DE MESA)
ESTATUARIA II (EL GRAN CAPITÁN))
ESTATUARIA III (MANOLETE) )
ESTATUARIA IV (SÉNECA)
Bydlo — 18-06-2005 18:16:14
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1:02 a. m.
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miércoles, 11 de mayo de 2005
¿Estúpido, malvado o ironista?
El presidente de Afganistan, Hamid Karzai, considera que el problema más grave que tiene actualmente Afganistán es la droga.
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10:48 p. m.
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sábado, 7 de mayo de 2005
Me matan

El proyecto, que está previsto que empiece a ser una realidad antes de que acabe el año, tiene un presupuesto cercano a los 1,3 millones de euros
&
Nueva iniciativa para terminar de convertir esta ciudad en el enorme
PARQUE TEMÁTICO
FOLKLÓRICO-MORUNO-HIPERHORTERA
que el mundo necesita
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10:27 a. m.
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jueves, 5 de mayo de 2005
Venecia sin tí y Nueva Delhi sin vacas

Delhi sin vacas... Nada será lo mismo. Me llega la noticia de que el alcalde de Nueva Delhi ha decidido, razonablemente, expulsar las vacas de la ciudad. Pero si lo consigue, ya nada será lo mismo. Todavía recuerdo la primera vez (1991) que pisé la capital de la India, la primera vez que pisé India. Amaneciendo, un rickshow desde el aeropuerto, 12 kmts hasta el centro neurálgico urbano: Connaught Place. Yo había leído, oído y televisto que en India había vacas, vacas por todos lados. Sólo que pensaba que era una especie de hipérbole descriptiva. Me imaginaba que había vacas, sí, pero sólo por las zonas más deprimidas, más populares o más pintorescas. Lo que no me podía figurar es que estuvieran literalmente en TODAS PARTES, es decir, que camparan por sus respetos por un lugar equivalente a la Puerta del Sol, Trafalgar Square o la Place de L’Arc de L’Etoile como era la enorme plaza circular de Connaught Place, en las aceras, en mitad de las avenidas, dormitando sus rumíos en los pedestales de separación de los carriles, cómodamente instaladas bajo los parasoles de los absentistas guardias urbanos; que los autos, los buses, los rikshows tuvieran que sortearlas cual si fueran enormes piedras semovientes. En los mercados, donde los verduleros azotan sin piedad sus sagrados y húmedos hocicos cuando consiguen arrebatarles alguna zanahoria. Ellas son las que realmente representan la práctica de la famosa meditación trascendental hindú. Inalterables al tráfago del mundo, sólo se mueven para conseguir algo de comida: la escasa hierba que nace al pie de los árboles, el papel de periódico, trozos de trapo viejo, basura, a veces chapati que alguna devota anciana le acerca al hocico. O como sospechaba Henry Michaux: si el hindú fuera comible, las vacas ya se lo habrían comido (1). Me llamó la atención la existencia en la puerta de los parques públicos, de los edificios oficiales, de los hoteles, de un enrejado en el suelo que podría confundirse con un sistema de alcantarillado. Pero yo ya los conocía por haberlos visto también en la entrada de los vallados cortijos de Andalucía y sabía que su misión era impedir que el ganado saliera por ellas, ya que un bóvido jamás atravesaría una superficie que no estuviera completamente trabada. Los autos, los descacharrados camiones, los rickshows, las bicicletas, han de sortear constantemente las vacas que caminan lentamente por las calles o que practican una perfecta quietud rumiadora en mitad de las calzadas. De las calles de Bombay, la frenética capital financiera, fueron desalojadas hace años. Y ahora parece tocarle también al corazón moderno de la capital de estado. Y ya nada será igual. Como si de las ciudades mediterráneas desapareciera el sonido de las campanas o de las musulmanas las llamadas a la oración de los muecines. Pero lo peor de todo puede ser la pérdida de sus medios de subsistencia de un ejército de miserables parias que viven de ellas. De su ordeño clandestino y de la recolección de boñigas. Con la mierda de las vacas estos parias fabrican una especie de tortas amasadas con las manos y puestas seguidamente a secar al sol contra las paredes de sus humildes viviendas. Estas tortas constituyen el único combustible que pueden permitirse millones de indios para cocinar sus alimentos.
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10:39 p. m.
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La sinagoga de los iconoclastas
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2:25 p. m.
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La conciencia
Recién leído en la edición de Andalucía de El País. Luis Manuel Ruiz: La conciencia:
La conciencia es un objeto muy curioso que aparece investido siempre de las mismas propiedades: uno suele decir se me ha ocurrido, he pensado que, he sentido ahora mismo, pero la conciencia no tiene lugar en primera persona, ella opina desde fuera. Es más, la conciencia posee una voz propia que conseguiremos percibir si guardamos silencio y nos quedamos a solas, un tono inconfundible que reverbera en la oquedad de nuestra alma y que no podemos traspapelar con nosotros mismos, no señor. Ya Sócrates tendía a esta mixtificación al asegurar que un demonio vivía acampado en el interior de su cráneo y que le susurraba lo que debía y no debía hacer: una criatura ajena a él mismo, venida de fuera para parasitar su razón, extranjera a su persona, gustos y costumbres, otra.............................................................................He oído al obispo de No-sé-dónde afirmar que "la conciencia correctamente orientada" es el valor supremo y que no debe existir ley que la extravíe. La trampa resulta visible como un amanecer: quién orienta esa conciencia y sirviéndose de qué, cuál es la dirección que marcan las señales de tráfico para considerar que hemos elegido la más correcta en la bifurcación. Se nos ha acostumbrado a creer que la conciencia moral consiste en un reducto apartado de nuestras ideas y hábitos, que existe conservada en una vitrina donde no la ensucian el polvo, el paso de los años ni los dedos de las personas que la manipulan. Me sorprende que todavía la gente se espante de que los jóvenes nazis masacraran alegremente a niños judíos sin que la conciencia les pegara puñetazos en las sienes: y es que su conciencia estaba hecha de esvásticas, de puñales, de Sigfrido y de botas claveteadas. Cuando estos señores pontifican (madre, qué verbo) a los cuatro vientos y anuncian que su conciencia les impide conceder matrimonio a descarríos de la naturaleza, no están diciendo sino que se lo impide su educación en colegio de pago, sus sesiones de catecismo, las misas interminables a que mamá les obligaba a asistir, los amiguitos de barrio bien con que los sábados acudían a la disco y el máster en la universidad más integrista del Oeste americano. Un consejo: si quieres verte la conciencia, búscate una foto de la primera comunión.
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1:49 p. m.
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Perros y gatos
Discutimos mi amigo Juan Sepelio y yo de animales. En el ambiente de una tarde deliciosamente primaveral a las orillas del Betis diversos paseantes cumplen con sus obligaciones de dueños caninos. Mi amigo arruga la nariz ante el espectáculo y murmura que considera una asquerosidad incalificable recoger con la mano las mierdas de los perros del suelo. Que por mucho que se quiera a un perro, y las causas por las que la gente quiere tanto a los perros han sido objeto de otras discusiones, ese hecho es abominable. Yo le digo que en la India la gente recoge las mierdas de las vacas con la mano, las amasa, las coloca en una pared para secarlas al sol y las usa como combustible. El me dice que ese es un
argumento frívolo y cruel. Le doy la razón y lo retiro. Pero continúa con que si a él le pusieran en la disyuntiva de tener que recoger de la acera con su propia mano, aunque sea provista de una finísima capa de plástico, la mierda de un supuesto perro suyo o no tener perro, que desde luego lo tendría perfectamente claro, y no sólo porque a él los perros no le hagan maldita la gracia. Trato de rebatirlo diciéndole que yo, en cambio, lo considero un encomiable acto de amor, uno de los mayores que se pueden hacer en las circunstancias actuales. Precisamente porque es asqueroso. El que personas perfectamente escrupulosas que vomitarían si se encontrasen un pelo de un semejante en la sopa servida en un restaurante sean capaces de recoger del suelo prácticamente con la mano las heces cremosas y aún calientes recién salidas de las entrañas de sus perros es, por eso mismo, un acto inconmensurable de amor, difícilmente superable. Hay quien no lo haría ni por sus propios hijos. Porque no existe un acto parecido en todo el Reino Animal de una especie para con otra. Bueno, de una parte perfectamente alimentada de una especie para con otra parte de otra especie aún mejor alimentada.
Juan Sepelio se pone entonces serio y me contesta que a riesgo de ser malsanamente malinterpretado considera mucho más amoroso lo que él se ve obligado a hacer de vez en cuando para calmar los terribles furores uterinos de la gata con la que convive
cuando le vienen el celo. Dada la alarmante y sorprendente escasez actual de gatos en un barrio, el suyo, en cuyas azoteas siempre hubo sobreabundancia, no tiene más remedio que hacer el papel de montaraz macho saciador de los ardores hembriles de su gata. Para justificar aún más su acto me la describe maullando insoportablemente por los pasillos, arrastrándose durante días, presa de la desesperación, por el suelo frente a él, con las patas delanteras muy bajas y las traseras en posición inequívocamente oferente, con su sexualidad como bandera y el rabo como el palo de una escoba. Se agencia entonces uno de esos bastoncillos para las orejas, lo empapa de aceite de embadurnar bebés, agarra al animal del cuello con su mano izquierda tal como hacen los machos con los dientes y ejecuta finamente la faena hasta que la gata se revuelve bufando enloquecida de placer y se descoyunta revolcándose panza arriba sobre el suelo. Y que eso la deja calmada y consolada durante un buen rato.
No se me ocurrió decirle nada, claro, ante un tema tan sumamente delicado. Lo que sí olvidé preguntarle fue que, dado que nunca tuvo niños, para qué diantres tiene un bote de aceite de embadurnar bebés tan a mano.
El uso del excremento de vaca, bosta, no es tan raro y no es necesario ir a buscar ejemplos a la India, he oído decir que en algunos pueblos de Galicia la secaban al sol formando un suelo liso y limpio sobre el que trillar los cereales. También puedo asegurarte que los labradores en general no le tenían asco a la bosta de vaca, cosa muy distinta es el excremento de otros animales y por supuesto recogerles la mierda es un acto de amor supremo además de un acto cívico. En cuanto a lo que hace tu amigo Juan Sepelio, me gustaría oír la opinión de una veterinaria, tal y como él lo cuenta casi suena aberrante, ¡pobre animal! consolada por su dueño y tal vez por ello enamorada de él, solo hay que verle la cara…El aceite para bebes lo anuncian en la tele como un fantástico “hidratante corporal” para toda la familia, seguro que tu amigo tiene la piel como el culito de un bebe, prueba a tocársela con disimulo para salir de dudas.
P — 10-05-2005 01:29:59
harazem — 10-05-2005 08:36:50
CardenalaInPectore — 10-05-2005 12:19:10
P — 11-05-2005 11:18:57
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1:37 a. m.
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miércoles, 4 de mayo de 2005
El derecho a la felicidad
Doña Montserrat Penyafruguell i Taularodona, primera mujer catalana que se ha decidido a ejercer el nuevo derecho que contempla el Estatut:
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1:02 a. m.
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viernes, 29 de abril de 2005
Oliverio Girondo y las chiripas
Pues eso, que he recibido tres chiripas. Una noche de hace un mes decidí llevarme para leer a la cama alguno de los ejemplares de la primorosa colección de 30 tomos de cuentos fantásticos recopilados, prologados y a veces incluso traducidos por Borges que la editorial Siruela publicó, bajo el nombre de La Biblioteca de Babel durante tres años (desde finales del 83 a finales del 86) y que yo coleccioné amorosamente. Después del espartano rigor de las lecturas políticas de mis años universitarios, aquellos textos fantásticos supusieron un redescubrimiento de la literatura como fuente de placer emocional, intelectual y físico que había llenado mi alta infancia y mi primera juventud. Y además administrado en esas dosis pequeñas, pero deliciosas que son los cuentos fantásticos de grandes maestros. El sello Borges es la garantía. Sigo echando mano a ellos muchas noches de desasosiego. Pues bien, el ejemplar que cogí fue el de H.G. Wells La puerta en el muro. Justo al día siguiente Lukas, en su blog El perro cansado hacía un comentario a una nueva edición de esos cuentos traducidas por Javier Cercas. Ni que decir tiene que lo leí de punta a rabo de nuevo, aunque a mí, a diferencia de Lukas, me sigue espeluznando más el relato de las andanzas del montañero Núñez en el terrible País de los Ciegos andino que el de La puerta en el Muro.
La segunda chiripa es idéntica a la anterior. Una vez leídos los cuentos de Wells (esta edición trae cinco) repetí la operación de buscar otro libro de la misma colección. Y elegí justo el que salió al día siguiente comentado en el blog de Robertokles Canzoniere: El diablo enamorado de Cazotte, en traducción también de Luis Alberto de Cuenca, pero con prólogo de Borges, como todos los demás y que he vuelto a disfrutar con la misma intensidad que hace años. CALLE DE LAS SIERPES
A D. Ramón Gómez de la Serna
Una corriente de brazos y de espaldas
nos encauza
y nos hace desembocar
bajo los abanicos,
las pipas,
los anteojos enormes
colgados en medio de la calle;
únicos testimonios de una raza
desaparecida de gigantes.
Sentados al borde de las sillas,
cual si fueran a dar un brinco
y ponerse a bailar,
los parroquianos de los cafés
aplauden la actividad del camarero,
mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
hasta que pueda leerse
el anuncio de la corrida del domingo.
Con sus caras de mascarón de proa,
el habano hace las veces de bauprés,
los hacendados penetran
en los despachos de bebidas,
a muletear los argumentos
como si entraran a matar;
y acodados en los mostradores,
que simulan barreras,
brindan a la concurrencia
el miura disecado
que asoma la cabeza en la pared.
Ceñidos en sus capas, como toreros,
los curas entran en las peluquerías
a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
y cuando salen a la calle
ya tienen una barba de tres días.
En los invernáculos
edificados por los círculos,
la pereza se da como en ninguna parte
y los socios la ingieren
con churros o con horchata,
para encallar en los sillones
sus abulias y sus laxitudes de fantoches.
Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
trescientos doce curas
y doscientos noventa y tres soldados,
pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
las piedras se van dando mejor.
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1:15 a. m.
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martes, 26 de abril de 2005
Mi muela y la transmigración de las almas
1. No es mala idea la de intentar que se reencarne. Mientras eso no sucede puedes colocarla en una urnita de cristal y exponerla en el salón de tu casa junto a tesoros y recuerdos que probablemente, como en casa de todo gran viajero, se exhiben allí.
P — 26-04-2005 21:44:08
CardenalaInPectore — 27-04-2005 11:48:55
harazem — 28-04-2005 16:03:50
CardenalaInPectore — 29-04-2005 14:35:46
harazem — 04-05-2005 00:16:10
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8:14 p. m.
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domingo, 24 de abril de 2005
COSMOPOÉTICA
Como José Watanabe, peruano de origen japonés (1) (como Fujimori, pese a lo espurio de la comparación) es uno de mis poetas preferidos, cuelgo uno de sus más logradas creaciones. Después de muchas lecturas de este poema aún no he logrado desentrañar en qué radica la magia que emana y que tanto me subyuga:
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10:28 a. m.
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viernes, 22 de abril de 2005
Médicos apóstoles y santos doctores
El flamante presidente de la Organización Médica Colegial española ya se ha dejado caer. El hasta ahora presidente del Colegio de Médicos de Sevilla, en su propia toma de posesión, como una advertencia o como una admonición, se ha declarado católico practicante. Su extravagante sentido de la decencia le ha obligado a declararse unido umbilicalmente a las fuentes nutricias ideológicas de la Conferencia Episcopal, obediente a sus directrices y encadenado a su doctrina. Pues eso y no otra cosa es lo que significa ser practicante de la religión católica. Y si es así me temo que su validez como garante de la ecuanimidad necesaria para presidir un organismo como ese deja mucho que desear. Porque en una profesión en la que muchas de las actuaciones de sus miembros pueden ser objeto de consideraciones morales de interpretación múltiple, el que su presidente se confiese descaradamente parcial ideológicamente es una falta de respeto y por supuesto una absoluta barbaridad democrática. El principio de atención a criterios de racionalidad, aconfesionalidad y respeto a todas las creencias religiosas ajenas (fundamentalmente a las de los que no gozamos de ninguna, sin duda los más necesitados) que deben presidir todas las actuaciones de una entidad de carácter científico y de control de las actuaciones sanitarias y éticas de sus colegiados, que, no hay que olvidarlo, lo son obligatoriamente, queda de este modo en entredicho. El que la actual Junta Directiva haya sido elegida por mayoría de los facultativos (que votan) del estado no autoriza a su cabecilla a semejante provocación.
Qué pasará cuando tenga que definirse en su cargo sobre el preservativo como método profiláctico contra el sida. O el derecho al aborto que defendemos muchos otros que no comulgamos con las ideas católicas. O el derecho a una muerte digna. ¿Seguirá los dictámenes de la OMS o los de sus purpurados patronos?
No conozco muchos otros presidentes de Colegios de Médicos, pero si todos son como éste o como el de Córdoba sin ir más lejos, cuyos dislates sí tengo oportunidad de seguir de vez en cuando en la prensa local, vamos apañados.
La Junta Directiva del Colegio de Médicos de Córdoba, con su presidente don Jesús Aguirre a la cabeza, decidió hace cuatro años, para inaugurar su mandato y que acabábamos de entrar en el siglo XXI, nombrar Colegiado de Honor al arcángel Rafael para premiar sus actuaciones (sic) en pro de la salud de los cordobeses.
Cuando Baroja (1) enumeraba las contradicciones propias de la ciudad de Córdoba (La Caridad en El Potro, La Verdad en el Campo y la Salud en el Cementerio) (2) seguro que no imaginaba que 100 años después podría añadirse otro más: la Ciencia en la Sacristía. El arcángel Rafael es el custodio de la ciudad y su prestigio milagrero entre los creyentes supera con creces al de los propios patronos, dos oscuros mártires romanos, a quienes ni siquiera se conoce a niveles populares. Desde luego, el presidente se apresuró a presentarlo como un hecho campechano, simpático e inocente, aunque, eso sí, no se privó de salpimentarlo con extravagantes y posiblemente desatinados llamamientos a coyundar impúdicamente magia y medicina moderna. Pero los que estamos mínimamente avisados de cuál es la sustancia del caldo del cocimiento en esta ciudad (bueno, en casi todas en este país) no lo consideramos ni tan simpático ni tan inocente. Como nos gusta buscar siempre tres pies al gato no pudimos menos que contemplarlo como toda una declaración en regla de confesionalidad, católica por supuesto, a la que retrecheramente se había lanzado la Junta del Ilustrísimo Colegio. Una flagrante regresión al espíritu de otros tiempos (¿recuerdas?: vírgenes alcaldesas y generalas, santos defensores de la mitad de la patria...). O como dijo en su momento mi amigo Juan Sepelio: si los tontos volaran el cielo se oscurecería en un santiamén y nos invadirían las tinieblas.
Pero yo empiezo a dudar de si no habrá una consigna secreta del Vaticano para que un cuerpo de élite de médicos militantes católicos acapare estos codiciados puestos para poder ejercer el apostolado entre la supuestamente descreída grey galena.
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11:42 a. m.
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miércoles, 20 de abril de 2005
Calamaro, las brujas y la estafa de la Comunión Cristiana
Ninguna sociedad podrá decir que admite totalmente la libertad de conciencia mientras no permita la libre modificación de la misma por parte de sus usuarios y propietarios mediante la utilización de cualquiera de los medios que la naturaleza pone a su disposición. Juan Sepelio
Por si a alguien le parecieron exageradas mis precauciones manifestadas en una anotación anterior por distanciarme suficientemente de la apología de las drogas, recojo la noticia de que ha sido absuelto definitivamente el cantante argentino Andrés Calamaro, que desde el año 94 arrastraba una acusación judicial por apología del consumo de drogas. En un concierto multitudinario en Buenos Aires, en pleno hervor musical, se dirigió al público con la siguiente monstruosidad: Estoy tan a gusto que me fumaría ahora un porrito. Desde entonces, los aguerridos cazabrujas contemporáneos han perseguido sin desmayo castigar tamaña agresión criminal. Un juez demasiado blando parece haber frenado por ahora sus inquisitoriales pretensiones.
Los orígenes de la actual versión de la caza de brujas (1), la cruzada contra las drogas, está perfectamente estudiada. Entre otros, Antonio Escohotado la ha rastreado en su monumental Historia de las Drogas (2) ubicándolos en la adquisición de peso político pesado por parte de los movimientos fundamentalistas cristianos de principios del siglo XX en los EE.UU. Aunque desde entonces nunca dejaron de pesar en la política interior y exterior del Imperio, la influencia de estos pertinaces irracionalistas ha fluctuado de unas legislaturas a otras y sus aguerridas imposiciones al resto de los mortales, tanto conciudadanos directos suyos como habitantes de las colonias, han envenenado la convivencia de la humanidad por oleadas más o menos cíclicas. La última la estamos sufriendo en la actualidad. No hacen falta más explicaciones.
Pero la inquina contra las diversas formas de modificación de la conciencia y de ebriedad, con la excepción de la inducida por el alcohol (y no siempre) proviene directamente de los orígenes mismos del cristianismo, de la raíz misma de donde surge el misterio esencial que vende la religión nazarena, que no podía consentir una competencia a su monopolio de provisión de acceso a las mercancías místicas.
Hasta entonces, cuando aún existía un mercado libre de credos, la mayoría de las experiencias místicas que prometían las diferentes religiones pasaban por diversas formas de comunión fundadas en la administración ritual de algún tipo de enteógeno de origen químico. El secreto de su composición y dosificación pertenecía a una casta sacerdotal que controlaba estrictamente todo el proceso. Es decir, se prometía a los fieles el acceso a una potente experiencia psíquica de carácter místico y la promesa se cumplía cuando interaccionaban en el cuerpo de los comulgantes su propia predisposición devocional y el alcaloide de la droga que les era suministrada. Desde luego, el sistema era de una limpieza comercial impecable. Los clientes-fieles adquirían sus necesarias dosis de misticismo y los sacerdotes eran convenientemente remunerados por sus servicios. Los Misterios de Eleusis (3), constituyen uno de los fenómenos mejor estudiados y responden exactamente a este cuadro.
La originalidad del cristianismo (4) radicó en que alteró una de las partes del contrato, eliminando el elemento enteógeno de origen químico y dejando sólo a las potencias psicológicas del individuo la responsabilidad de la producción de la experiencia mística. Y no sólo eso. Como dice el propio Escohotado, cambió la oferta de transubstanciación física actual por otra de transmigración aplazada al final de los tiempos (5). Más difícil todavía. Una verdadera estafa. O sea, el precio es el mismo, pero además el flipe lo tiene que poner el cliente. Y la recompensa, en el otro mundo. Desde luego eso no se podía haber impuesto en un mercado libre de religiones, lo que justificará finalmente, aquello que distingue al cristianismo de todas las grandes religiones conocidas: ser la única fe que no vaciló en imponerse por el terror, la única en la que el asentimiento interno contó menos que el externo. (6)
Y por supuesto para ello tenía que eliminar cualquier competencia vehicular, o sea la prohibición de los verdaderos agentes psicotrópicos capaces de alterar la conciencia y conducir al éxtasis místico ritualizado.
En religiones que se quieren ante todo universales y ortodoxas la desilusión queda de sobra compensada por progresos decisivos de control. El milagro sigue vigente, y es comer al dios, pero en vez de caer en trance lo exigible es querer creer. Aunque los sentidos no hayan notado diferencia alguna antes y después de comulgar, a la voluntad del fiel se encomienda la consumación del milagro. He aquí un hallazgo sin duda genial, capaz de perpetuar indefinidamente la pura liturgia, siempre que se borre cualquier punto de comparación. Sin esto segundo es absolutamente inviable lo primero y desde el mismo instante en que se consolida el formalismo del rito eucarístico todas las comuniones no basadas sobre un esfuerzo de autosugestión son estigmatizadas como tratos con potencias satánicas.(7)
Tal vez por ello fue perseguida durante dos siglos por tráfico ilegal de salvación.
NOTAS
(1) Las brujas eran fundamentalmente consumidoras de drogas. El aquelarre no era sino una especie de botellón de amanitas varias y beleños de cosecha. La tradicional escoba sobre la que se las representó desde la Edad Media no es sino un palo untado con sustancias alucinógenas sobre el que cabalgaban rozando las mucosas vaginales y absorviendo de esta manera los alcaloides. Los vuelos sobre la tal escoba son fácilmente imaginables. (VOLVER)
(2) Antonio Escohotado: Historia de las drogas, tomo 1º, Alianza Editorial, Madrid, 1989. (VOLVER)
(3) La comunión de los misterios de Eleusis estaba compuesta casi con toda seguridad por una bebida que incluía cornezuelo de centeno (de donde la espiga que porta Ceres), el hongo a partir del cual se sintetizó 3.000 años después con sofisticados medios químicos la diletamida del ácido lisérgico, más conocida como LSD. (VOLVER)
(4) Incluso en los primeros tiempos del cristianismo la comunión se realizaba, tras 8 días de obligatorio ayuno, consumiendo ritualmente un trozo de pan y un vaso de vino. El vino se convertía en el estómago completamente vacío en un potente alucinógeno. Esta forma de comunión, aunque fue radicalmente eliminada de la liturgia cristiana desde tiempos muy tempranos, se ha mantenido entre ciertas minorías coptas. Hasta no hace mucho los fieles católicos debían de guardar un ayuno simbólico antes de comulgar de al menos 12 horas, forma fósil y ritual de aquel otro primitivo. En cuanto al vino, la Iglesia Católica no ha permitido a los fieles la comunión bajo las dos especies hasta hace apenas unas décadas. (VOLVER)
(5) Escohotado, pg. 234. (VOLVER)
(6) Escohotado, pg. 236. (VOLVER)
(7) Escohotado, pg. 234. (VOLVER)
a las
10:22 a. m.
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martes, 19 de abril de 2005
Languaje sublime


Después ya todo lo demás fue pan comido. Sólo tuve que enchufar el aparatito al ordenador y recitar fervorosamente varias veces el texto siguiente como si de un mantra se tratase:

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RATZINGER Z
Otra vez será, señores teólogos progresistas...
Ahora si que ya nadie te salvará de las llamas del infierno. Del infierno de los gays y las lesbianas, de las abortistas, de los que se masturban, de los que se masturban con la mano izquierda, de los que se masturban con la mano izquierda, de los que se masturban con las dos manos, de los que usan preservativo y de los que no lo usan , de los que utilizan otros medios anticonceptivos , asesinos de espermatozoides, y de los que no los utilizan, de los pederastas, de los pederastas que tocan, de los que miran, y de los de Internet, de los que desean a la mujer del prójimo, de las que desean al hombre de la prójima, de los que tienen malas tentaciones.... ¡Benedicto te vigila, réprobo!
lorensito — 19-04-2005 23:50:09
P — 20-04-2005 11:13:40
En realidad, lo que pienso es que cuanto más fascistoide sea el Santo Padre, mejor, otra cosa sería un espejismo, una serpiente que surge de implacable de arena cálida y amable. Al diablo, mejor verlo de frente.
CardenalaInPectore — 20-04-2005 14:37:24
Por si alguno de los interasados aún no lo ha hechohttp://cincominutos.com/apostasia/
A CardenalaInPectore: ¿Al diablo? ¿dices al diablo? Entonces existe el diablo ¿no?, pero si existe el diablo existe Dios ¿verdad? Ahora falta saber qué es lo que opina Dios y cuales son las reglas del juego: si le importa o no el largo de la falda, las tendencias sexuales, las infidelidades, el control de la natalidad, la asistencia a misa, etc, o si solo lo de “amarás al prójimo como a ti mismo” o si nada en absoluto.
Si no fuera porque es palabra de uso contaminante y contaminado, y porque no sé cómo se escribe, diría: ¡DEMAGOGIA!¿¿¿Cuándo seremos capaces las personas de hacernos cargo de esa ya gastada trascedencia que no es otra cosa que nosotros mismos???
CardenalaInPectore — 26-04-2005 18:26:52
harazem — 26-04-2005 21:19:02
ARGENTINA — 12-06-2005 11:09:21
stella — 12-06-2005 21:26:40
a las
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viernes, 15 de abril de 2005
Humor vasco, humor andaluz
Ya había oído hablar del programa, pero como no sigo muy de cerca los asuntos de la tele no le había prestado suficiente atención. Unos amigos de Pamplona me han puesto al día e incluso me han prometido mandarme un DVD. Se trata de la serie que lleva un tiempo emitiendo ETB (Euskal Telebista), la TV autonómica de las ex-provincias vascongadas y sólo sé que se titula VAYA SEMANITA y que está teniendo un éxito enorme en las comunidades donde puede verse. Me cuentan estos amigos que en la serie se tratan con gracia inteligente los asuntos de la correosa política vasca y se parodian sin misericordia los pilares de lo que se ha dado en llamar hecho diferencial vasco, tanto el oficial, fabricado desde el poder con fines de autoperpetuación, como el popular, que no se sabe muy bien si procede de la metabolización del oficial o de la propia idiosincrasia paleoeuskalduna. En lo que todo el mundo coincide es en que, dado el grado de crispación que suele provocar cualquier cosa que pueda interpretarse como política en esa comunidad norteña, y el fundamentalismo cultural nacionalista, lo admirable es que no pase nada. No sé exactamente cuantas cosas incluye por vaciado ese nada, pero creo que puedo hacerme una idea. En resumen, que parece que hay alguien en el País Vasco que es capaz de reírse de la forma de ser de sus paisanos, de sus manías y tradiciones, de todo ese entramado de raíces idiosincráticas que se suponen clavadas en la tierra nutriente del alma del pueblo y que se consideran inmutables, inviolables y sagradas, aunque muchas de ellas sólo tengan dos días y otras sean de una calidad moral más que dudosa. Y eso en una comunidad donde el humor no parece formar parte de esos mismos entramados. Donde lo que ellos mismos venden como sello de carácter es la seriedad y es objetivamente proverbial la nula afición a las pamplinas de sus aborígenes.
Por el contrario, aquí, en Andalucía, no puede decirse que el humor no esté representado en nuestros idiosincráticos cromosomas. Sino todo lo contrario. El humor andaluz, el oficial, es un humor con denominación de origen, como el jabugo o el aceite de Baena, con su sello debidamente homologado. Y además lo exportamos alegremente. Y además es imitado por los humoristas de otros lugares que lo usan como seguro de triunfo. No es de extrañar. Se trata de un seguro de triunfo que recompensa a quien pulsa los más bajos resortes de los pueblos adocenados. Porque si la zafiedad es el propio asiento, el chascarrillo, la pamplina, la cuchufleta y el escarnio de los defectos o las tendencias de los demás son las cuatro patas del banco de nuestro humor, del oficial y del pseudopopular, que en ningún sitio como aquí están tan fundidos, en su esencia y en su presencia. Para llenar su parrilla de graciosos infumables nuestra inefable cadena autonómica Canal Sur no ha necesitado nunca buscar fuera, en una comunidad que es la primera exportadora de chistosos de todo el hemisferio norte. Sublimes artistas especializados en mariquitas, monjas violadas, gangosos, tontos del pueblo, etc... Que ha dado glorias del humor hinteligente de la talla de Los Morancos, Paz Padilla (1), Paco Gandía(2) o Chiquito de la Calzada. Que tiene letristas de sevillanas capaces de componer joyas humorísticas como la letra de la Macarena de Los del Río (3) , esos mostros. Que cuenta incluso con verdaderos maestros del camuflaje artístico, como ese siniestro Jesús Quintero que ha sido capaz de vender lo mismo que los otros pero cubierto de una pátina de falsa sutilidad.
Así que quien quiera en esta tierra emular al programa vasco tiene que empezar por parodiar con mucho humor inteligente el humor hinteligente andaluz. Ese es el reto. Destapar con gracia verdadera la verdadera naturaleza de la grasia andalusa que se nos vende como tal. La zafiedad, casposidad, crueldad, e indignidad de una manera de hacer reír que ponen en cuestión las mismas bases morales y culturales que deben sustentar a cualquier sociedad adulta y formada.
Después de eso debería tocarle el turno a los demás elementos del hecho diferencial andaluz: el rocierismo, el papanatismo cofrade, la arabesca erudición pregonera, la metástasis folklórica sevillanista y otras piedras del camino que conducen a esta tierra hacia el incierto futuro del siglo XXI. Sin complejos.
¿Fundamentalismo cultural en el País Vasco? Se trata de un reto utópico, pero me gustaría ver qué pasaría aquí con un programa como VAYA SEMANITA. Estoy convencido de que en esta tierra sería mucho más difícil mantener un saludable nivel autoparódico público que en cualquier otro lugar. Porque bajo la máscara risueña de los chistes, la alegría de las sevillanas, la supuesta tolerancia fruto del tan manido crisol de razas, se esconde la mueca intransigente y fiera del fundamentalismo andaluz, un fundamentalismo anclado en falsas tradiciones y en presupuestos antimodernos y antiilustrados, absolutamente decidido a no perder ni un ápice de su preminencia social y por supuesto a no convertirse en objeto de risas. Las risas son patrimonio suyo. Como administrador exclusivo de la grasia y del salero anatematiza con una mirada helada a quien sea capaz de reírse en serio de lo que él considera sagrado. Y tienen al poder de su parte. El eterno gobierno del PSOE es el mejor valedor de la cascarria andalucista que el fundamentalismo pudiera haber soñado nunca.
- (1)
Paz Padilla comenzó su meteórica carrera en un programa de chistes matutino de Tele 5 del que no recuerdo (ni quiero) el nombre. Sus chistes se caracterizaban por abundar en relatos de violaciones, especialmente de monjas, que con su gracejo gaditano hacían mucha risa. Una risa que te cagas. Alguien debió explicarle que debía refinarse un poco para ampliar horizontes. (VOLVER)
- (2)
De Paco Gandía tengo que decir que, aunque mi apreciación de su humor se fue diluyendo con el paso de los años, siendo como es de los más digeribles del panorama, en mi juventud nos hizo a mis hermanos y a mí llorar literalmente de risa durante horas y días enteros mientras escuchábamos ritualmente la cinta que incluía el celebérrimo NIÑO DE LOS GARBANZOS , que reproducíamos sin parar en el viejo casette ceutero de nuestro padre. (VOLVER)
(3) La famosísima Macarena incluía, además de las sutiles alabanzas a la belleza de la tal mozuela, la siguiente estrofa: Macarena tiene un novio que se llama, / que se llama de apellido Vitorino, / y en la jura de bandera del muchacho / se la dio con dos amigos. / Ahuuuuuuuuuuuuú. Aclarando para quien no lo sepa que el nombre de Vitorino hace referencia a una ganadería famosa por la bravura de sus toros, con lo que el chiste, aunque un poco trasnochado, incluso para la época, por las referencias a la jura de bandera, entra de lleno en esa especialidad tan carpetóvetónica del escarnio al cornudo, de tan feliz raigambre en esta tierra. A mi me dio mucha risa cuando hace unos años una asociación de mujeres de un importante pueblo castellano obligó al concejal de festejos de su ayuntamiento a cancelar una actuación de los risueños cantantes sevillanos por considerar que muchas de sus letras atentaban contra la dignidad de la mujer. (VOLVER)
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Bueno, será por lo surrealista o porque lo veo desde fuera de Andalucía, pero me gusta Chiquito de la Calzada. Eso sí, los chistes son pésimos.¡Ja!
Portnoy — 20-04-2005 01:53:53
Ay, lo que me ha costado colocar al bueno de Chiquito en la lista. Lo suyo es haberlo sustituido, por ejemplo, por Pepe da Rosa. Pero tenía que ponerlo. Por una cuestión de ritmo y por mor de mi verdad. El supuesto surrealismo de Chiquito que tanto dices apreciar, amigo Portnoy, tiene una índole dolorosa que el sentido de la piedad me impide definir. Va mi respeto por su persona por delante de todo.
Chiquito, tiene, además, un sino muy andaluz. Mediano cantaor de flamenco y chistoso infatigable, su profesión durante años fue bufón de señoritos, contratado por adinerados sinvergüezas para juergas puntuales o romerías de variable duración, en las que templó y depuró su estilo que hoy celebra todo un país sin otra cosa mejor de la que reirse.
harazem — 21-04-2005 02:01:47
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CATEGORÍAS: ESTULTARIO
jueves, 14 de abril de 2005
14 de Abril
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CATEGORÍAS: MONDO CANE
miércoles, 13 de abril de 2005
Advertencia disuasoria
Dado que esta bitácora se emite a lo largo de todo el día y por lo tanto ocupando de pleno el horario infantil he de aclarar lo siguiente:
Los contenidos laudatorios del consumo de estupefacientes que podrían entreverse vertidos en la última anotación son sólo ejercicios de estilo, elementos retóricos para dar más fuerza a la narración, recurso legítimo para cualquier redactor de bitácoras, tanto como para escribidores de la órbita exterior y no responden en absoluto al pensamiento actual del autor.
Para los niños que accidentalmente hubieran accedido a los contenidos de la anotación he recabado documento gráfico que adjunto como medida disuasoria para que eviten seguir los pasos del triste protagonista de la dicha historia que no es otro que el que esto escribe. No sólo dilapidó el esfuerzo que la sociedad entera hizo por él para que accediera a la Universidad, sino que en la actualidad presenta el siguiente estado, fruto incuestionable de sus repelentes aficiones juveniles:
Realmente parece usted el tonto del pueblo. Esta foto no solo disuade de la idea de probar estupefacientes varios sino también de verle como hombre deseable. Si alguna mujer enamoradiza se sentía atraída por su forma de pensar y de exponer tales pensamientos dudo yo que la pobre incauta siga deseándolo, tal vez debería colgar esta foto en el encabezamiento del blog junto con los datos personales para evitar malentendidos. Sin embargo es extraño que tales sustancias hayan estropeado así su aspecto y no hayan mermado su agudeza mental. Tal vez no haya escogido bien la foto que le hace justicia.
Alicia — 14-04-2005 10:51:37
Malika — 14-04-2005 18:27:42
harazem — 15-04-2005 00:26:13
Cayo Anneo Paco — 09-01-2006 20:16:59
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CATEGORÍAS: LETRAS
lunes, 11 de abril de 2005
Vergüenza
Una tarde de junio del año 76 fui con el Nono a pillar hachís al Pink Panther . 1976. Qué barbaridad. Yo era por entonces un universitario bastante entusiasta al que aún no habían mordido los calcañares los perros de la perplejidad y andaba probando todos y cada uno de los paraísos artificiales de orden físico, químico o mental que se me ponían a tiro, que no eran muchos, ni baratos, ni claros y distintos, pero cuya obtención me ocupaba más tiempo que el que, insensato de mí, debería haber dedicado a aprobar las áridas asignaturas de la facultad. Los paraísos químicos se reducían estrictamente, por razones presupuestarias fundamentalmente, a los simpáticos canutitos de hachís que tanto nos hicieron reír y tanta lucidez ingeniosa nos proporcionaron en aquellos divertidos años. Los otros dos se resistían aún a ser colocados en su justo lugar y nos traían en un sinvivir de subidas de testosterona y fervor revolucionario. Y si estas últimas bullían abundantemente en la revuelta olla de las aulas universitarias de la época, el hachís había que conseguirlo fuera de las mismas.
Contra lo que pudiera parecer desde la perspectiva actual, este consumo del simpático estupefaciente no estaba demasiado extendido entre los universitarios por aquel entonces y más bien constituía una especie de comunión grupal de algunos elementos que nos considerábamos más en la onda y flirteábamos con las teorías disolventes de los valores establecidos mediante los ácidos alternativos de la contracultura y la marginalidad que se impartían desde las páginas catecumenales del Ajoblanco y El Viejo Topo.
Se daba casualmente la curiosa circunstancia de que en mi célula de agitación yo era el único originario de un barrio nítidamente popular y obrero y como seguía en contacto aún con muchos de mis amigos de la infancia, algunos de los cuales andaban por entonces en labores de trapiche a pequeña escala con la preciada especia estupefaciente, fui comisionado por ello a menudo por mis compañeros para conseguirla. Yo mercaba una bola de hachís de buena calidad, la llevaba a uno de los pisos compartidos de compañeros foráneos, la pulverizábamos con un molinillo eléctrico de café y la planchábamos mediante un sofisticado sistema en el que intervenía una plancha normal de planchar, unas bolsas de plástico de las de meter frutos secos, un papel de periódico humedecido, una botella vacía y unas dosis infinitas de deliciosa insensatez juvenil. Luego se repartían religiosamente las posturas en función del aporte económico de cada uno y todos tan contentos, aunque lo consumíamos preferentemente en comunidad, en una especie de misas concelebradas donde utopías y risas constituían las principales formas de liturgia.
Así que aquella tarde de junio, en plenos exámenes finales, allí estaba yo, con mi amigo el Nono en la barra del Pink Panther, bajo las fatigosas y casi inútiles aspas de un ventilador de techo, dos cubatas de ron en la mano y la voz de Manzanita lijándonos inmisericordemente los tímpanos. El calor era espantoso. Esperábamos a un camello que acababa de llegar del moro con el culo empetado de bolas del tamaño de un huevo de gallina. Esa misma mañana, según aseguraba el Nono. Al Nono le gustaba prestarme ese servicio, por amistad y porque cuanta más cantidad fuese a comprar más barata conseguía él su parte. Pero no entendía que yo quisiera acompañarlo y aunque accedía, de mala gana, me ponía la condición de que no abriera mucho la boca, por temor a que se me escapara algún mamoneo de palabras raras y me comportase justo lo contrario de lo que realmente era: un pringao estudiante de filosofía, con unas cantosas gafas de concha y una pinta de progre de manual inconfundible. Pero yo no iba a perderme por nada del mundo esas experiencias de buceo en los submundos literaturizados por nuestra febril imaginación.
El tipo llegó y saludó secamente. Con un sordo gruñido al Nono y a mí con un displicente tanteo examinador. Llevaba una camiseta azul con la leyenda de la Columbia University y tenía el aspecto propio de su mismo personaje, al que sumaba el detalle patibulario de un ojo deformado por una antigua cicatriz, lo que le obligaba a mantenerlo en un entrecierre continuo. Me recordó inmediatamente al Seisdedos, el malvado personaje de una novela de Ramón J. Sender que me entusiasmó de adolescente, que tenía un ojo de tiburón y otro de persona, según decía, y al hablar guiñaba uno de ellos, según su estado de ánimo. (1)Tras un breve preámbulo en el que el camello comentó los pormenores de su viaje al moro, se llevó a cabo el trapiche sin incidencias. El intercambio de los huevos por los billetes se hizo bajo la barra con un innecesario ritual de cautela. El camello ordenó al camarero otros tres cacharros de lo mismo y sacó entonces media bola del bolsillo. Mientras hablaba esquinadamente de picoletos, aduanas, julais, pringaos, etc., la mordió, arrancó una china respetable, la masajeó ligeramente con los dedos y la lanzó sobre el mostrador. La china llegó rodando justo hasta donde mi mano sujetaba el vaso. Por un momento pensé que el Nono cogería la china y la trabajaría él mismo. Pero el Nono no hizo ningún gesto. Estaba claro quién tendría que trabajar. Mi pericia liando canutos no era por entonces ni sombra de lo que llegaría a ser un tiempo después y sentí cómo el pánico me invadía y se instalaba en la boca de mi estómago en forma de bola de plomo candente. La posibilidad de no ser capaz de liarlo como un profesional delante de semejante público amenazó con paralizarme. Pero en seguida traté de controlar mis pulsos y concentrarme en la faena. Tragué saliva y me dispuse a llevarla a acabo lo más concienzudamente posible. El sudor me corría cuello abajo y sentía las manos completamente húmedas. Me las sequé en el pantalón. Saqué un papel, rompí la punta de un Fortuna, desmenucé el resto sobre la mano, coloqué la china encima y le arrimé la larga llama del mechero. El camello hablaba y hablaba sin echar más cuentas de mí. Hecha la mezcla conseguí traspasarla de la mano al papel con un certero movimiento de muñeca y liarlo con precisión y cierta gracia. Se me aflojó entonces un poco la presión en la boca del estómago y noté un merecido alivio en los músculos faciales. Fue sólo un segundo después cuando ocurrió la catástrofe. Agarrando con la punta de los dedos el extremo el canuto ya liado lo sacudí un par de veces a la altura de mi cara para apretar adecuadamente su contenido. El canuto reventó en el aire y una lluvia dorada se disparó hacia adelante. Yo me quedé muerto con papelito blanco y roto entre los dedos mientras mis ojos se clavaban en la leyenda de la Columbia University del pecho del camello toda cubierta de hebras de tabaco impregnadas de hachís. Sé que alcé la vista hasta su cara porque vi su ojo de tiburón que me miraba. Y además sentí la maldición muda del Nono trepanándome la calavera. La vergüenza, la lacha, con sus más crudas uñas desgarrándome las entrañas. ¿Qué hacer? ¿Pedir que se abra el suelo y me trague la tierra en ese mismo instante, que unos demonios alados me agarren de los brazos y me saquen de allí aunque sea para conducirme al mismo infierno. Que me fulmine un infarto auténtico con llamada de ambulancia incluida que difumine esta imperdonable torpeza...? Me quedé sin habla. La boca como de cemento. Rojo como la grana y con la piel tirante, a punto de estallar. El tipo hizo entonces un gesto raro y cambió el ojo de mirarme. Su ojo de persona adquirió de pronto un brillo burlón. Se sacudió las hebras de la camiseta, volvió a sacar la media bola, la volvió a morder, masajeó la china y volvió a lanzármela sobre el mostrador. Luego llamó al camarero.
- Anda Curro, ponnos más yelos en los cacharros que con este calor no duran ná.
Para concentrarme de nuevo me puse a pensar en la estólida cara de batracio del catedrático de Historia Contemporánea con quien tendría que enfrentarme a la mañana siguiente en terrible examen oral.
Manzanita mientras tanto insistía con la lija de su voz acompañándonos la vida: Liberateeeeeeeeeee, no timporteeeeee la geenteeeeeeee...
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Si te interesa Sender (dejáme tirarme el farde de decir que fue pariente lejano mío), te recomiendo La "aventura equinoccial de Lope de Aguirre" y sobre todo, "Imán".
Sender es quizá el más importante novelista español del siglo XX, y habría que reivindicarlo más a menudo.
Joaquim — 12-04-2005 09:45:45
Bueno, he de decirte, querido Joaquim, que siempre fui un entusiasta de los libros de tu lejano pariente y que creo que he leído muchos de los suyos (todos es casi imposible). Y coincido contigo en considerarlo un narrador de fuste, dueño de unos recursos novelísticos admirables, de lo mejor que ha dado el siglo XX. La emoción que consiguió exprimirme el “Requiem”, la deliciosa tensión en que me mantuvo el “Epitalamio”, el poder de evocación de esa maravilla que es “Imán”, la maravillosa ironía de “La tesis de Nancy”, son hitos en mi carrera de lector impenitente, que recuerdo como especialmente felices.
Gracias de todos modos.
Un saludo
harazem — 14-04-2005 00:58:31
Ay!, qué bueno, Manuel, cómo me he reído con tu historia...
Por cierto, esos librillos de SAlvat los traen mucho al Rastro al que voy los domingos. Un saludo!
lukas — 15-04-2005 17:49:39
Te prometo que este es el último mensaje que te dejo, pero no me resisto a que conozcas algo que te dejará más que sorprendido. En tu texto -magnífico, tú lo sabes- he descubierto a uno de mis mejores amigos de la infancia: el camello. Murió ya hace algunos años. Algún día te contaré una historia sorprendente sobre él.
Cayo Anneo Paco — 09-01-2006 20:24:58
a las
10:36 a. m.
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