(del laberinto al treinta)


martes, 25 de noviembre de 2008

TEHERÁN (Jomeini, el mullah atómico)

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE



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billetejomeini

Cursiva

Una de las sensaciones más desagradables que se puede experimentar al viajar a determinados países es tener que estar soportando continuamente la ubicuidad del rostro de algún asesino en serie. Aquí, durante demasiados años tuvimos ya que convivir que la efigie de un canalla de la peor especie autoproclamado Caudillo por la Gracia de Dios (y de la Iglesia católica) en las monedas. Hay que agradecer no obstante al atroz hombrecillo que no usara los billetes de banco para refregarnos también sus crímenes. Viajar hace unos años a Marruecos significaba tener todo el día ante los ojos la cara de galápago rijoso de Hassan II. En Siria, tras cualquier esquina podía asaltarte la moral un enorme retrato cubriendo totalmente la fachada de un bloque de pisos de cuatro plantas de los crueles ojillos del dictador Hafez el Assad bajo su monstruosa braquicefalia. O a Mao en China. En Irán esa permanente figura es la del imam Khomeini, otro de los canallas más atroces de la historia reciente de la Humanidad. No sólo en los obligatorios carteles de cualquier edificio público y en la mayoría de los negocios privados, sino sobre todo en los billetes de banco que hay que estar manejando todo el día. La cara de viejo criminal, con su feroz mirada y el repugnante trapo en la cabeza, símbolo de su poder sobre las vidas y las muertes de cientos de miles de personas, está presente en casi todos los billetes de curso legal de la República Islámica de Irán. He de constatar sin embargo, como triste alivio la escasa presencia en la calle o en edificios del careto del actual presidente, Ahmadineyad, el Aznar iraní, con quien comparte hirsutismo fisiológico y moral.

Pero de todos los lugares en los que la mirada de Khomeini reina inevitablemente donde más me dolió encontrarla fue presidiendo el salón del café Naderi, el lugar que fue de reunión y conspiración de los intelectuales que lucharon contra la dictadura del sha. Una vez que los curas chiítas tomaron el poder, con la ayuda de esos intelectuales, de las fuerzas obreras y de tantas asociaciones feministas se dedicaron sistemáticamente a exterminarlos. El número exacto de demócratas que la mano criminal de los mullahs ejecutaron nunca se sabrá, pero sin duda superaron los dos centenares de miles, según las estimaciones más afinadas. Otros consiguieron exiliarse y muchos aún se pudren en sus cárceles. Catalina Gómez, una colombiana de que ha vivido recientemente en Teherán ha recogido en un blog sus impresiones de la ciudad, entre ellas las experiencias carcelarias de una de esas luchadoras que pagaron caro la confianza en los mullahs. Se trata de un post titulado Desde la prisión dividido en dos partes: PRIMERA y SEGUNDA

El café Naderi no es gran cosa, nada que ver con sus equivalentes simbólicos de las ciudades europeas. Se trata de un simple salón con algunas insulsas columnas en su centro y unas mesas y sillas sin personalidad. Pero sus paredes guardan la memoria de tantos escritores, poetas, luchadores por la libertad que lo frecuentaron, ahora vigilados por la mirada torva del viejo asesino. Una leyenda literaria, que se ha demostrado falsa, afirma que en él estuvo el mismísimo Kafka. Las narguiles (qalyan) han desaparecido, a causa de las campañas que el propio Khomeini promovió en su contra, no por causas de salud pública, sino por su carácter pecaminoso, placentero. Doblando la esquina han habilitado un nuevo pequeño local especialmente dedicado a fumadero, siempre abarrotado de hombres. Sólo saqué una foto del salón principal, mientras tomaba un delicioso café y hasta ahora no me di cuenta de que salió muy movida. Pero la cuelgo de todas formas.

cafe Naderi



Como ya he dicho En Teherán no hay demasiadas cosas que ver, pero las sorpresas te salen por doquier. Una mañana fuimos a visitar el exterior de la madraza Sepahsalar, un edificio de finales del siglo XIX cuyas puertas no pudimos traspasar porque está activa y en manos de un clero especialmente fundamentalista. Es famosa por la calidad de los azulejos que recubren su portada y los alminares, increíblemente parecidos a los que recubren la Plaza de España de Sevilla, hasta el punto de que podría afirmarse que sin lugar duda les sirvieron de inspiración. Más tarde pudimos admirar unos muy parecidos y también de la misma época en el gran patio del palacio del Golestan, frente al gran bazar. La madraza linda con el Majlis (el Parlamento Islámico), por lo que hay que andar con ojo a la hora de fotografiarlo, ya que existe un cartel enorme en la verja que lo prohíbe. Pero la sorpresa fue topar cuando regresábamos con el horrendo aparador-monumento que han colocado en la plaza que se abre ante el Majlis para glorificar al Imam Khomeini. Se trata de gran escultura de bronce rojizo del viejo sentado en un trono y adelantando una mano como guiando el camino del pueblo iraní, protegido por un par de ametralladoras antiaéreas. En un lateral el genial escultor ha modelado una viva alegoría de la maldad del sionismo en un derroche de imaginación realmente impactante: un viejo judío ortodoxo arrastra una enorme y pesada estrella de David usando como maroma para ello una kufía palestina. Pa mearse y no echar gota, como dice el antiquísimo proverbio guaraní. Pero lo más flipante del conjunto son las extrañas estructuras de apariencia molecular que flotan sobre la cabeza del imam. ¿Representan el pensamiento neuroatómico del viejo? ¿La inspiración físico-química de Allah? ¿El chiísmo de fisión nuclear?

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El metro de Teherán es moderno, eficiente y muy barato. Un billete de ida y vuelta viene a costar el equivalente a 0’20 € y está superlimpio, aunque eso es extensivo a todo el país. Los barrenderos son una de las imágenes más frecuentes en cualquier ciudad iraní, lo que las coloca por delante en limpieza que la mayoría de las ciudades europeas. Cuenta con dos líneas principales este-oeste y norte sur que te dejan siempre cerca de los destinos principales que un turista artesano puede necesitar, incluyendo la estación sur de autobuses. Al principio y al final de cada convoy se reserva un vagón exclusivo para mujeres, vedado a los hombres, aunque ellas pueden si quieren o van acompañadas viajar en los demás, lo que no es usual. Por supuesto, como he podido comprobar en otros metros como el de Nueva Delhi o Pekín, la norma de convivencia de antes de entrar dejen salir les suena a fineza propia de Versalles, porque lo normal es que cuando se abren las puertas al llegar a una estación, aunque no sea hora punta, ya haya un tapón de gente lista para entrar en plancha antes de que nadie de dentro pueda pisar el andén. Ya hablaré de su concepción general del civismo más adelante cuando me emplee con el tema del tráfico.

Los taxis también son muy baratos, porque la gasolina está demencialmente subvencionada, y los hay de dos clases: los colectivos y los dar bastane (puerta cerrada) de uso exclusivo. Los colectivos recorren las grandes avenidas de norte a sur o de este a oeste con parada en las esquinas principales. Si se tiene claro adónde se quiere ir es la mejor opción. Cuestan alrededor de 0’50 € por término medio. Los dar bastane pueden salir por unos 2-3 € por un recorrido de unos 5 kmts. En el blog de Catalina Gómez hay una entrada donde se explica bastante bien el tema de los taxis.

golestan



Con una visita al palacio Golestan damos por terminado nuestro periplo teheraní. El resto de Irán, mucho más interesante, nos espera. Golestan (que significa jardín, literalmente lugar de rosas) es un palacio del siglo XIX que perteneció a los monarcas de la dinastía kajar. Su interés es limitado, aunque la azulejería del patio es realmente bonita, y como dije más arriba, claramente antecesora de la que desde la Expo del 29 se considera típicamente sevillana. Al cabo de casi un mes volvimos a Teherán, pero ya sin tiempo para ver nada. Sólo cumplir un deseo relegado la primera vez: alojarnos en el mítico Hotel Naderi. Las habitaciones (17 € la doble sin desayuno) resultaron no ser tan cutres como las pintaban otros viajeros en los foros. Limpia, pero absolutamente envejecida, la nuestra daba a traves de unos grandes ventanales a un enorme y frondoso jardín, lleno de gatos, que debió ser el lugar de esparcimiento de los ilustres huéspedes que lo habitaron en tiempos más felices. Incluso los elementos más cutres le daban un encanto añadido: el teléfono de bakelita junto a la alfombrilla y la piedra de rezar y la jurásica nevera coronada por un horripilante, polícromo, gato de escayola.




vestibulonaderi




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neveranaderi



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

domingo, 23 de noviembre de 2008

TEHERAN, ATMÓSFERA CERO

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE





El Club Armenio de Teherán es el único lugar de todo Irán donde se pueden cometer los dos más gravísimos pecados que pueden hacer convulsionar a un mullah. En él se permite el consumo de bebidas alcohólicas y no es obligatorio para las mujeres llevar el cabello cubierto. Por eso está prohibida la entrada a los musulmanes (y musulmanas). El problema es conseguir la bebida alcohólica antes para poder consumirla. Porque en el restaurante no lo proporcionan. La segunda vez que fuimos asistimos al insólito espectáculo de un grupo de españoles con pinta de vivir allí dando cuenta de dos botellas de Rioja como dos soles un par de mesas más allá y utilizando el tono de voz natural entre nosotros. ¿Las habrían recibido por valija diplomática? Porque en el aeropuerto, a la entrada, pasan las maletas por un escáner con el fin principal de detectar e impedir la posible introducción clandestina del demoníaco brebaje en el país de los puros abstemios. Así que se trataba de un caso claro de contrabando ilegal, pero gozoso. Pero la primera noche el no menos insólito espectáculo al que asistimos pertenecía al primer género pecaminoso: aparecieron varias chicas enfundadas en pudibundas gabardinas que una vez sacadas dejaron al descubierto un festival de hombros desnudos y escotes generosos y unas melenas al viento que en cualquier otro lugar habrían llevado a sus dueñas a la comisaría.

Estábamos, pues, en un oasis formal. Un gran patio rodeado de setos, música en vivo (órgano y santur) y unos camareros vestidos a la francesa (chaleco de rayas y pajarita). La especialidad de la casa eran los kebabs. Y las ensaladas. La especialidad y la única oferta. Riquísimos. Y caros. Tanto que nos inquietó la idea de que realmente lo siguieran siendo en el resto de los restaurantes iraníes. Más que nada porque Irán debe ser el único país del mundo donde no funcionan las tarjetas de crédito internacionales. Por el bloqueo al que se encuentra sometido. Así que hay que llevar todo el dinero que se calcula se va a gastar encima. Y los cálculos para todo un mes son difíciles de hacer si no se tiene una idea previa de los precios. Caros significa 100.000 riales (7 €) por un kebab y 20.000 (1’5 €) por una ensalada. Enseguida descubriríamos que lo normal en cualquier restaurante popular eran 40.000 (3 €) por kebab. Dos pinchos bien despachados y una guarnición compuesta por dos tomates y dos patatas, ambos asados. El chelo kebab, la gran especialidad nacional es lo mismo, pero con arroz cocido. Las variedades de kebabs se reducen a cuatro o cinco: de cordero, de pollo y las keftas (carne picada). Exquisitos. Hechos siempre al carbón y en su punto, con el exterior un poco crujiente y el interior jugoso. Los mejores que hemos probado en todos nuestros muchos años de visitar países musulmanes. El problema de los restaurantes iraníes es la monotonía. Una monotonía que se llegaba a sentir como una losa sobre la ilusión de comer en restaurantes diferentes, en ciudades diferentes. En algunos lugares era posible degustar el khoresht, un potaje de lentejas, servido en cuenco para mezclar con el ubicuo arroz cocido. En otros se atrevían con alguna salsa (fasenjan, de nueces y zumo de granada) para acompañar a trozos de pollo mayores que los de los kebabs. O con algún relleno para las berenjenas. Pero era una lotería. Nunca sabías si habría sorpresa a o no. Por eso descubrimos pronto que no merecía la pena comer en los restaurantes más caros. La calidad de los kebabs era la misma y lo que pagabas de más se debía al alquiler del mantel de tela.

kebab de kefta iraní



Es curioso que a pesar de nuestra experiencia la cocina iraní tiene fama de ser muy rica y variada. Y he leído recientemente que Ana Briongos, la escritora catalana experta en temas iraníes, acaba de publicar un libro de cocina iraní, a la que llama sofisticada. Y explica lo que nos explicaron a nosotros en Irán cuando lo comentamos. Que la verdadera cocina iraní está en las casas, es la que confeccionan las mujeres para sus familias, que cuando deciden comer fuera lo que les apetece es la carne asada al carbón en forma de kebab. Bueno, nosotros no conseguimos entrar en ninguna de ellas. Tal vez cuando consigamos el libro de la Briongos las elaboremos en nuestra propia cocina. Y entonces os contaré.

pan iraní y kebab



De todas formas eso tendríamos que esperar a saberlo varios días más porque al día siguiente, volvimos a traicionar a la gastronomía local comiendo en otro oasis, esta vez de comida india, el restaurante Tandoor del hotel Safir. Es curioso cómo la comida india es a menudo más deliciosa en restaurantes de fuera que en la propia India, donde hay que saber elegir muy bien para no equivocarse. El mejor dhal de mi vida lo comí en un restaurante indio de Yakarta. Y aún sueño con algunos curries de los hawker de Singapur. Y el pollo tandoori del Tandoor no se encuentra mejor en Nueva Delhi.

El día siguiente era fiesta, Aid el Fitr, el fin del Ramadan. Las calles, aunque no tan vacías como la tarde anterior presentaban un aspecto bastante aireado. Caminamos por Ferdousi hasta el bazar, que presentaba un aspecto más que desolador. Absolutamente todas las tiendas cerradas y ni una sola persona por sus calles. A lo largo del viaje tuvimos la ocasión de pasear por los bazares vacíos. Es un paseo que tiene un extraño encanto y que te produce la inquietante sensación de hallarte perdido en un enorme laberinto una vez que te adentras lo suficiente. Dan ganas de ponerse a correr y a gritar por él sin fin, como imaginaba Borges a Asterión, el triste minotauro cretense.

bazarvacio



El Museo Nacional estaba abierto. Es probablemente la visita monumental más interesante que puede hacerse en Teherán, una ciudad escasa en atractivos histórico–artísticos, que incluso carece, demencialmente, de oficina de turismo. Pero sólo el correspondiente a las exhibiciones arqueológicas. La zona del arte islámico, en la que yo tenía un especial interés, permanecía cerrada por reformas desde hacía varios años. Consta de una sola planta donde se exhibe una sorprendentemente pequeña cantidad de piezas para la cantidad y calidad de los yacimientos arqueológicos del país. Algunas muy interesantes, como las piezas de cerámica zoomorfa de Gilan del siglo X a-dC, la vaca sagrada elamita, varios capiteles tauromorfos aqueménidas y sobre todo el mural de Darío I, cuyos detalles escultóricos marean por su perfección. Así mismo se exhibe una copia del Código de Hammurabi, cuyo original se encuentra en El Louvre, que, aunque esculpido en Babilonia, fue llevado en el siglo XII ad. C. a Susa como botín de guerra por los elamitas, donde lo hallarían en 1901 un grupo de arqueólogos franceses.



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Al salir del museo, un par de horas después, notamos una notable bajada del nivel de aborígenes en la calle. Se acerca el mediodía. En vista del plan, decidimos hacer un recorrido que teníamos pensado para otro día. Coger el metro (por primera vez) y acercarnos hasta una de las piezas vedette de la visita a Irán, la antigua Embajada Americana, que sufrió en noviembre de 1979 el asalto y secuestro de todo su personal diplomático por parte de las milicias islámicas y que duró 444 días y que aún alimenta el desbordante morbo de todos los occidentales que visitan la ciudad. Parece que a las autoridades de la República Islámica no les hace mucha gracia esa peregrinación y en algún lugar he leído que no conviene hacerse notar demasiado fotografiando ostentosamente sus muros. Unos muros, en la cara de la puerta principal, la que da a la Avenida Taleqani, que han sido profusamente cubiertos a lo largo de estos años con multitud de graffitis de tema antiestadounidense y antiisraelí algunos de los cuales han alcanzado la gloria de encontrarse entre los más famosos del mundo, como el de la Estatua de la Libertad con la cara de una calavera y el revolver con los colores de la bandera yanqui.

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Nosotros no tenemos que andar con ningún cuidado. La ancha avenida, situada en la zona fronteriza de los barrios altos, donde comienza el Teherán más chic y se encuentran los hoteles más exclusivos y las tiendas más caras, está absolutamente desierta. Como el día anterior la sensación es muy extraña. Recorriendo los 250 mts. de fachada sin encontrar ni a un solo nativo y sin que por la avenida pasara ni un solo coche, sintiéndonos los únicos seres en aquella monstruosa ciudad, como en las escenas de desolación de ciertas películas de ciencia ficción. Al llegar al final del muro, la cruzamos tranquilamente y nos detenemos en los escaparates de varias tiendas de antigüedades supercarísimas, también cerradas, y volvemos a cruzar para dirigirnos hacia el parque Teherán, bordeando la antigua embajada. En ese parque se, encuentra según habíamos leído en la guía, una cafetería de moda entre los jóvenes artistas teheraníes, que lleva el pomposo nombre de Café Forum de los Artistas Iraníes, donde se podía contactar fácilmente con gente interesante. Se trata de un coqueto espacio dotado de un comedor interior y una agradable veranda situada en alto, pero nosotros sólo encontramos a varias jóvenes modernas dando cuenta de unas pizzas charlando entusiasmadamente de sus cosas. Nos tomamos unos tes y nos dirigimos al restaurante Tandoor, cien metros más allá, justo detrás de la embajada. El restaurante, en acusado contraste con la calle estaba a tope, aunque pudimos conseguir una mesa donde dimos cuenta, como conté anteriormente, de unos sabrosísimos tandoori chickens regados con la inevitable agua mineral.



ADAME DASHTAN (CONTINUARÁ)



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

sábado, 22 de noviembre de 2008

TEHERÁN BAJO LA BOMBA "H"

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE



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A Teherán se llega siempre de madrugada. No sé la causa, ni puedo imaginármela. Eso, que en circunstancias normales no tendría más importancia que el sufrimiento de un acusado arrastre de sueño al día siguiente, para unos seguidores escrupulosos como nosotros del Manual del Perfecto Turista Artesano, cuya primera norma exige no llevar nunca hotel contratado previamente, puede llegar a resultar bastante arriesgado. La tendencia natural de los hoteleros a agruparse gremialmente por zonas en todas las ciudades del mundo facilita la mitigación de ese riesgo, pero no lo elimina del todo. Y nosotros habíamos elegido fiándonos de la guía (Lonely Planet, edición de 2008) y de las informaciones de internet, una zona en la que se agrupaban al menos cuatro hoteles de la misma categoría (media). Y para empezar el NADERI. De todos era el más barato y el que salía peor parado por las recomendaciones de los viajeros que se delataban al final como tiquismiquis, pero todo lo leído hacía recomendable su elección. Sobre todo por su condición de histórico, un hotel de principios del siglo XX que parecía conservar todo su encanto intacto (junto con el mobiliario y equipamientos). De entrada en el mostrador del taxi prepago del aeropuerto (140.000 riales = 10 € por 35 kmts.) tuvieron que mirar la dirección, pero si hubiésemos conocido entonces el alto nivel de incompetencia de demasiados taxistas iraníes que pudimos constatar posteriormente no nos hubiera extrañado tanto. Una vez (supuestamente) comunicada por la chica del mostrador la dirección del hotel a nuestro taxista salimos del aeropuerto por una autopista. Media hora después pasábamos por delante de una enorme mezquita iluminada delirantemente con multitud de colores chillones. Imam Khomeini, nos aclaró el taxista. La horterísima y carísima tumba que aún se estaba construyendo para guardar sus restos. Estuve tentado de haberme llevado un ejemplar de los Versos Satánicos de Salman Rushdie para abandonarlo disimuladamente en un rincón lo más cercano posible al lugar donde se pudre el viejo. Pero al final ni siquiera fuimos a verla. Sólo la contemplamos de pasada a la llegada y a la vuelta del aeropuerto. Ambas veces de madrugada. Y ni foto le hice a su silueta de portada de feria de pueblo .

Por fin, a las 4 de la mañana, tras haber atravesado cientos de avenidas y calles completamente desiertas de una ciudad escasamente iluminada sin demasiado éxito el taxista se detuvo en un lugar indeterminado del laberinto urbano taheraní, se volvió hacia mí y me preguntó directamente por la adresss del jodido hotel. Paciencia, Manuel. Fue informarle que el hotel (según había leído en la guía) se hallaba en la Khiabune Yumhuri Eslami (Avenida de la República Islámica), cerca del cruce con la Ferdousi (dedos cruzados en aspa) y justo en frente de la Embajada Británica, iluminársele el rostro y tardar sólo cinco minutos más en localizar la cerrada a cal y canto puerta del Naderi. Un timbre pulsado repetidas veces que sonaba perfectamente nítido en el interior sin que se abriera la puerta nos hizo pensar que el hotel estaba completo, que se encontraba cerrado por reformas o definitivamente o que una epidemia había acabado con la vida de sus moradores. Como según el plano de nuestra guía, en un callejón frontero se encontraba el NEW NADERI a él dirigimos la voluntad de nuestro taxista. Un par de timbrazos y apareció un somnoliento portero en camiseta que nos anunció que tenía habitación, pero que sixty y mostraba al aire de la noche seis morcillescos dedos. Sixty ¿qué? le pregunté. Dular. ¿Breakfast?. Yes. Bien. Para adentro.

Una habitación con baño, ambos espartano, pero limpios. Y a dormir. Entre dos luces siento que me llama la ventana. Primera vista de la enorme Alborz, la sierra de Teherán, levantándose majestuosa por sobre un mar de edificios grisáceos que van escalando gradualmente su falda, suavemente tamizada por un velo cárdeno, no sé si debido a un fenómeno atomosférico natural o a pura y simple contaminación. Desayuno, probando por primera vez el exquisito pan iraní, uno de los mejores que hemos conocido y a la calle. Primer contacto con el fragor urbano de una ciudad caótica y enorme. La famosa jungla urbana de Teherán.

alborz



Cruzamos la Yumhuri y descubrimos que el hotel Naderi está abierto de par en par. Entramos y admiramos el vestíbulo que efectivamente parece no haber sufrido cambios desde los tiempos de Lawrence de Arabia. Pero perfectamente limpio y escamondado. Preguntado el recepcionista que regentaba el historiado mostrador de recepción nos informa de que tiene habitaciones de sobra (17 € la doble, sin breakfast) como declaran así mismo las varias decenas de llaves que cuelgan en los casilleros. Declinamos acusar de incompetencia al portero de la noche y decidimos probar a alojarnos aquí a la vuelta. La siguiente puerta conduce al Café Naderi, tan mítico o más que el hotel. Pero hoy está cerrado porque sigue siendo Ramadan, el último día de Ramadán.

mujeres teheran



pintura soldado



El tráfico es espantoso. Catamos varias veces la sensación de cruzar las calzadas y comprobamos que, como en todo el mundo en vías de desarrollo, los peatones que cruzan los pasos cebra no son más que absurdos obstáculos móviles a sortear para los vertiginosos cochistas evitando a toda costa pisar el freno. Comenzamos a ver los primeros chadores mientras caminamos hacia el bazar, tras atravesar la enorme, desangelada, polvorienta plaza del Imam Khomeini. Descubrimos la primeras enormes imágenes pintadas de mullahs o de soldados armados cubriendo los laterales de muchos edificios y la ubicua y siniestra foto doble de Khomeini y Khamenei (El Dúo de Khotas) sobre los edificios oficiales y los bancos. Todo parece estar en obras. Enormes zanjas se abren en las aceras. La misma estética desastrosa que cualquier otra ciudad de Oriente Medio, con el agravante de que aquí las calles están bordeadas por unos profundos canales de desagüe abiertos, especialmente diseñados para romper las piernas al primer despistado que caiga en ellas, pero con la atenuante de una mayor limpieza.

Al bazar se entra por un bonito gran arco bolboso. Su interior está atestado de gente. Visitamos nuestra primera mezquita, la tumba de un santo, la típica construcción con cúpula bulbosa y alicatada. Nos invitan a descalzarnos para entrar en el interior del santuario. Por ser el primer día la declinamos. Ya tendremos tiempo de volver. El enorme bazar de Teherán, con sus calles anchas cubiertas de bóveda de ladrillo, y sus miles de tiendas. Me fijo en la cara de los bazaríes, porque todo lo que he leído apunta a que representan lo más tradicional de la sociedad iraní. Uno de los pilares de la revolución islámica, emparentados consanguíneamente la mayoría de ellos con los ayatollahs y encantados con el status quo implantado a sangre y fuego por ellos. Lo contaba Robert D. Kaplan en un libro que se publicó en España en los 90 con el título de Viaje a los confines de la tierra. Rostros normales de iraníes normales, claro, pero con marcadas presencias del callo de oración (zabiba) en las frentes, señal de la piedad de su propietario. Nadie nos reclama para entrar en los comercios, ni siquiera cuando entramos en los patios donde se apilan los cerros de género de los vendedores de alfombras. Nos cruzamos con los primeros mullahs, unos de turbante blanco y otros negro, algo así como lo de los cinturones de judo (1). Dan un poco de repelús, sobre todo vistos de espalda, con la capa flotando tras su perenne prisa, una capa que descubrimos que es de gasa, semitransparente, de color negro o marrón, un detalle femenino que nos desconcierta: obligan a las mujeres a colocarse un sudario negro mientras ellos lucen un atrevido picardía sobre la sotana.

Tras varias vueltas salimos por la Khiabune Kayyam, y nos dirigimos al Museo Arqueológico, uno de los pocos atractivos de la capital, atravesando el Parque Shahr. Sorprendentemente encontramos a varios tipos semiescondidos tras los setos devorando bocadillos y fumando. ¡¡¡En Ramadán!!! Varias fuentes públicas invitan a beber, pero no nos atrevemos, hasta que vemos a otro viandante que directamente lo hace. El agua está helada. Más tarde descubriremos que todas las fuentes públicas, muy abundantes, de Irán están refrigeradas eléctricamente. En el mostrador del museo, un bonito edificio de ladrillo que mezcla felizmente el art deco con la arquitectura tradicional iraní, nos anuncian que, a pesar de ser las dos de la tarde dentro de cinco minutos estará kelós, palabra que imagino persa y que desconozco, hasta que caigo que se trata de la versión iraní del closed inglés, toda vez que casi todos los iraníes, como muchos otros, son incapaces de pronunciar dos consonantes seguidas. La causa: último día de Ramadán.

No sólo el museo, sino la ciudad entera cierra esa tarde. A partir de las 4 las calles se despueblan misteriosamente y la enorme ciudad caótica e hiperruidosa se convierte en un ámbito fantasma, con las grandes avenidas completamente despobladas y un silencio sepulcral que nos provoca la delirante sensación de ser los únicos seres vivos tras la caída de una bomba H. El guardia de la garita de la embajada británica, somnoliento pero vivo y algún comerciante echando presurosamente el cierre de su tienda nos alivian de aquella sensación y nos hablan de la normalidad de la situación. Simplemente es un día de fiesta. De mucha fiesta. Ahora la pregunta que nos hacemos es: ¿saldrán cuando anochezca de sus guaridas los aborígenes como hacen los de otros lugares del ámbito islámico a celebrar la Lailat-ul-Qadr (La noche del Destino) por todo lo alto en un festival de luces, alegría y derroche de comida? Con esa duda nos refugiamos a descansar un rato en el hotel. La tele del vestíbulo retransmite el discurso de un mullah cinturón negro.

murales



fuente mártires



La respuesta varias horas más tarde. La ciudad permanece igual. En el vacío y el silencio más absoluto, solo roto de vez en cuando por el silbido de algún coche que pasa a velocidades astronómicas encantado de sentirse Fittipaldi en una autopista vacía. Debe ser que los chiítas lo celebran de otra manera. O los chiítas iraníes. Y nosotros sin comer. Arrastrando sueño y un hambre del copón. Nos habíamos reservado, evitando comprar fruta por ejemplo para sumergirnos en la que pensábamos orgía nocturna del kebab y los dulces. Los restaurantes (en Yumhuri, cerca del hotel, hay varios populares) permanecen cerrados a cal y canto. Bajo la amenaza de perecer de hambre mientras millones de personas se atiborran de comida en sus casas, me viene una iluminación, probablemente del Dios cristiano, ya que el otro debía estar a lo suyo y con los suyos. Había leído en varias páginas de Internet de la existencia de un restaurante perteneciente a la comunidad armenia teheraní: el Club Armenio. Nos encomendamos a Santa Lonely Planet que nos conduce a través de su pequeño plano de la zona, por la trasera de la embajada británica y la larguísima muralla erizada de alambradas de la antigua embajada soviética, hoy de Rusia, hasta sus puertas. Cuesta encontrarla porque ni letrero tiene. Sólo una pequeña puerta entornada bajo una simple bombilla. ¡¡¡¡Bieeeeeeeeen!!!! Un portero tras un pequeño mostrador nos indica el patio. Allí una chica vestida con traje occidental y ¡sin pañuelo en la cabeza! nos atiende y en un perfecto inglés nos informa de que abren a las 8’30. Y sólo son las 7. Vaya. Nuestras tripas rugen ante la noticia. Solicitamos permiso para husmear por el resto de las dependencias del club y descubrimos un lugar con un acusado sabor de otra época, con espejos ovalados, sillones tapizados de cuero, paredes empapeladas y cubiertas de fotos antiguas, cortinones y un salón de comidas dotado de una larga mesa rodeada de robustas sillas de madera.

Una vez de nuevo en la calle descubrimos milagrosamente unos metros más allá un coqueto cafetín en un patio donde varios grupos de jóvenes (chicos y chicas) con aspecto moderno beben té y fuman unas enormes narguiles colocadas encima de la mesa. Las chicas llevan el pañuelo muy atrás de la cabeza, dejando al aire unos superflequillos perfectamente lacados y lucen ropa muy fashion, aunque guardando escrupulosamente las estrictas reglas vestimentarias oficiales: el culo siempre cubierto por alguna prenda que evite su marcaje. Un sitio pijo y muy agradable. Perfecto para esperar la hora de la cena engañando al estómago con unos tragos de té y unas caladas de humo perfumado.



narguile



ADAME DASHTAN (CONTINUARÁ)



(1) El color del turbante hace referencia al linaje más o menos guay del portador. Los que lo llevan negro son descendientes del Profeta, los que lo llevan blanco, los pobres, no.



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

viernes, 21 de noviembre de 2008

El católico Bono la caga, sus compis le ríen la gracia

Lista de altos cargos socialistas a los que no molesta en absoluto que el cabronazo (léase en tono distendido y jocoso) católico de Bono los llame hijosdeputa ante otros tres católicos del PP. Lo de católicos, en ambos casos también léase en el mismo tono distendido y jocoso que lo de cabronazo.

El jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

El secretario general del grupo socialista, Ramón Jaúregui.

El portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso.

La vicepresidenta del Congreso, Teresa Cunillera.

Jesús Caldera.

Dios y Santa Maravillas del Congreso les tendrán en cuenta tan gran derroche de comprensión. Alguien debería preguntarle a los militantes.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

AUTOS EXCREMENTALES (III)

El tercer Auto Excremental de estreno de esta semana está siendo representado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Izquierdas de la ciudad de Cördoba. De Izquierda Unida, no del PSOE, no vaya nadie de fuera a confundirse, a pesar de que gobiernan en coalición. Del PSOE no cabe admirarse ya puesto que los Autos Excrementales por ellos representados han sido tantos desde hace tanto tiempo que forman parte consustancial de la visión que tenemos de ellos los progresistas no claudicantes.

Comenzaron, nuestros munícipes de Izquierda Unida, con una obertura en la que representaron una sentada resistencia a acatar las ordenes del juez Garzón de colaborar en la apertura de las fosas comunes donde fueron arrojados amontonados miles de cordobeses asesinados a sangre fría en los primeros meses del genocidio subsecuente al golpe de estado fascista de 1936.

La comparación sería como si los descendientes de los judíos gaseados en los campos de exterminio se hubieran negado a que se hiciese una investigación sobre el genocidio de sus mayores. Los judíos del franquismo fueron precisamente los antecesores políticos de los propios que boicotean ahora la investigación. Un exterminio por razón de raza y otro por razón de ideología, por la ideología que (supuestamente) los boicoteadores actuales de la investigación profesan. Está perfectamente demostrado que fue un verdadero genocidio programado, planificado y ordenado por los golpistas militares y sus coadyuvantes civiles y bendecido por la jerarquía de Iglesia Católica en pleno. Y en ella murieron los detentadores de las ideas que hoy se presentan como normales y mínimas indispensables para la convivencia en un estado democrático.

Continuaron los políticos de izquierdas del Ayuntamiento cordobés, la alcaldesa Rosa Aguilar a la cabeza, con la enumeración de las primeras causas de su resistencia al acatamiento de las ordenes del juez colocándolas en el ámbito técnico-jurídico. Que si un protocolo, que si papeles por aquí, que si requerimientos por allá... Pero pronto se destaparon con otras menos digeribles. El presidente de la empresa municipal de cementerios, Alfonso Igualada, un viejo rojo de los de toda la vida, llegó a plantear la negativa a colaborar en el asunto hasta que se aclarara quién se haría cargo de los gastos de las exhumaciones, que quién pagaría todo aquello, se supone que los picos, las palas, los sacos y los sueldos de los operarios. Bien, es algo que puede arrojar un poco de luz a la atroz pregunta de por qué el ayuntamiento más izquierdista de España durante más tiempo no realizó motu proprio esa labor muchos, muchísimos años antes, por qué no hizo absolutamente nada para devolverles la dignidad a los asesinados y a sus familiares, por qué se sumó cómplicemente a la actitud general de silencio absoluto, de acabar dando la razón por omisión del deber de justicia a los golpistas, a la miserable teoría de la división equitativa de la culpa entre la democracia asesinada y el fascismo criminal que ha sido la bandera del PSOE, se supone que para no soliviantar a la derecha sociológica que forma la mayoría de su caladero de votos, desde que la enarbolara la chulesca displicencia de Felipe González desde el primero momento de su mandato. Tal vez fue por pura y simple tacañería.

¿Izquierda Unida se sumó desde siempre a la ignominia del mantenimiento del olvido para evitarse pagar los picos y las palas? Es una posibilidad. Los socialistas se cargaron la escuela pública a favor de la privada por puro balance de cuentas. Como suena. Pero yo creo que las causas de las defecciones de nuestros izquierdistas entronizados se inscriben en la formación de una casta profesionalizada de políticos cuyo única función social es el propio mantenimiento en el poder, detentándolo o aspirándolo y cuyas ideologías inscritas en sus siglas corresponden más bien a marcas registradas, a nomenclaturas que tuvieron su razón de ser en el pasado pero que ahora se sienten como anacronismos, mantenidos por puro sentimentalismo. Algo así como la existencia de esas pequeñas empresas de tecnología jurásica que perviven en las ciudades y que conservan nombres como La Moderna.

Ello desentrañaría perfectamente el viejo enigma de que en una ciudad tan tradicional como Córdoba, cuyas redes culturales y artísticas (Universidad, publicaciones, exposiciones, etc.) están mayoritariamente controladas por la Iglesia Católica a través de su Caja de Ahorros, CAJASUR o de fundaciones más o menos directamente vinculadas a ella, cuyo asociacionismo popular permanece estrictamente en el ámbito de las tradiciones jurásico-folclóricas y dominado por unas directivas profesionalizadas y reaccionarias, aquejada de un gremialismo que ha sustituido victoriosamente al sindicalismo de raíz izquierdista, cuente con un ayuntamiento de Izquierda Unida casi ininterrumpidamente desde hace 30 años.

La Izquierda Unida (entonces el PC) que ganó las elecciones municipales cordobesas limpiamente en el 77 pudo haber respondido a un movimiento de masas de izquierdas galvanizadas por la personalidad política de Anguita, y durante los primeros años aquel ayuntamiento se empleó a fondo en modernizar las estructuras asociativas de la ciudad y en ventilar el apolillado salón de baile decimonónico en que se pudría su cultura . La prueba de dicho empuje fueron los virulentos enfrentamientos entre el equipo municipal y las fuerzas reaccionarias herederas del franquismo, el obispado a la cabeza. El feliz recuerde, señor Infantes, que yo soy su alcalde, mientras que usted no es mi obispo, de Anguita.

Pero pronto tanto los políticos como esas fuerzas reaccionarias aprendieron a complementarse y llegaron a crear una extraña asociación simbiótica. La carcunda franquista no se emplearía demasiado a fondo para colocar a los suyos (el PP) en el poder y los izquierdistas se limaban las uñas y los dientes hasta convertirse en sus mascotas más o menos dóciles. Las Cofradías de Semana Santa consiguieron del ayuntamiento rojo más subvenciones y permisos de crecimiento de las que podrían haber soñado conseguir nunca de un supuesto gobierno del PP y hasta arrancaron a la alcaldesa, la inefable Rosa Aguilar, la declaración pública de su condición de monárquica de peineta y cofrade convicta y confesa. Los permisos para que las procesiones católicas se celebren a lo largo de todo el año con cualquier excusa y aumenten en progresión geométrica se han multiplicado. Varias docenas de calles con nombres centenarios han sido renombradas con los de vírgenes, cristos, obispos, curas y beatas y varias espantosas esculturas de raíz ultracatólica han sido colocadas en nuestras plazas a pesar de la ruidosas protestas de muchos ciudadanos. Y no han tenido ni tiempo, ni ganas, ni vergüenza en 30 años para eliminar el nombre, José Cruz Conde, del coordinador del golpe fascista del 18 de julio de la principal calle de la ciudad, una ciudad que ni siquiera cuenta con una placa en recuerdo de las víctimas del franquismo y mucho menos una calle a personajes como Azaña o Julián Grimau dedicada.

Y no sólo eso sino que el gerente de la empresa de municipal de cementerios, el lamentable Igualada, llegó a proponer recientemente que los monolitos que se solicitaron para marcar las fosas del genocidio franquista en los dos cementerios de la ciudad debían representar a los dos bandos, en una ciudad donde sólo murió un derechista el mismo día del golpe, como acaba de contar Francisco Moreno en el prólogo de su 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Exactamente igual que el alcalde ultraderechista de Almería acaba de hacer en las de su cementerio. Igualada ya lleva su castigo por ello en su permanencia ominosa y eterna en esas páginas y en las de la denuncia judicial que se han interpuesto, y con él a Rosa Aguilar, la alcaldesa, los familiares de un diputado socialista fusilado y enterrado en el 36 en una fosa del cementerio de la Salud por obstrucción a la justicia al negarse a colaborar en su apertura.

Permitieron que la vega del Guadalquivir, una de las más feraces de Europa se parcelara, se vendiera y se urbanizase ilegalmente en una orgía de ladrillos, cemento y tejas del que se beneficiaron sobre todo las empresas constructoras y que llegó a poner en peligro al propio yacimiento arqueológico de Medina Azahara.

La necesaria peatonalización del casco antiguo la emprendieron irracionalmente, sin ofrecer alternativa alguna a los habitantes y a los comerciantes, tanto en fomento de transporte público como en equipamiento de aparcamientos, con lo que los grandes beneficiados de esas medidas fueron realmente los empresarios (multinacionales) de los no lugares del extrarradio, las grandes superficies comerciales, siguiendo exactamente las misma políticas que los neoliberales de todo el mundo.

Se aliaron con una caterva de empresarios a los que permitieron barbaridades urbanísticas inéditas incluso en el franquismo. La destrucción de encinares centenarios en la vecina sierra, los intentos de conversión en solares urbanizables de una de las señas culturales de la ciudad: los cines de verano, la construcción de naves ilegales de miles de metros cuadrados en terrenos no urbanizables, etc. Han cedido suelo público (¡un céntrico jardín!) para que empresas privadas construyan un edificio, con la excusa de una biblioteca pública.

Todo ello con una impunidad que sólo puede hablar de formas de corrupción más o menos sibilinas. Ahora que uno de ellos está en la picota de uno de los procesos judiciales más importantes de España por corrupción urbanística tal vez querrían borrarse de las fotos o eliminar de las hemerotecas los besuqueos que con él intercambiaron en tantas ocasiones.

¿Quién necesita al PP, o en su defecto al PSOE? Nadie. La prueba está en que es increíble que un gobierno municipal de Izquierda Unida no tenga jamás de los jamases el más mínimo roce con las fuerzas reaccionarias de la ciudad. Que se traguen calladitos los sapos de las declaraciones de los obispos que agreden directa y constantemente sus supuestas bases ideológicas. Todo lo contrario. Los besitos y palmitas que se prodigan ambos son siempre de un cariñoso que da asco. Ceden todo lo que se les pide. Todo. Absolutamente todo. Y niegan el pan y la sal a los suyos, porque éstos ya no son mayoría en los votos. Los votos se los proporcionan los otros, sus antiguos enemigos, para que sigan manteniendo el teatrillo donde se representa permanentemente el Auto Excremental de los rojos capones y la carcunda feliz, como en los cuentos de corderos y lobos buenos. San Francisco amansó milagrosamente al lobo y lo puso a guardar su casa.

Rosa Aguilar, la alcaldesa, es mucho peor que Bono, el católico militante antes que socialista que intenta de buena fe evangelizar a sus compañeros de partido y de paso a todos los españoles. Todo apunta a que se lo cree de verdad (no puede ser tan tonto), aunque no sea consciente de que ocupa un lugar que no le corresponde. Rosa Aguilar es sólo una oportunista sin escrúpulos, que lo mismo le da asistir a los partidos de fútbol donde se ofende su sensibilidad de mujer, que refregarse con los curas banqueros que en el fondo la desprecian y sólo la soportan porque se sirven de ella o se da baños de masas en los peroles de los barrios donde se aprovecha de la incultura secular de las marujas.

El último acto del Auto Excremental de esta semana ha sido el proyecto de hermanamiento de Córdoba con la alemana de Nuremberg. Sí, Nuremberg, la ciudad-símbolo de la justicia para con las víctimas del genocidio nazi y del castigo de los verdugos. Justo el mismo día que los aspirantes a protagonizarlo son denunciados judicialmente por entorpecer con premeditación y alevosía el esclarecimiento de la verdad sobre los crímenes de nuestros propios nazis. Yo no sé si realmente lo hacen adrede, si es estupidez poética o afición al sarcasmo. Lo que sé es que algún día la vida les pasará factura. Cuando se queden sin sillón y sólo con su propia desvergüenza como único patrimonio.

A ver si es verdad que a Rosa Aguilar le acaba pasando lo que le han vaticinado, que cuando sea engullida por el PSOE, cosa que ocurrirá si en la Izquierda Unida queda algo de dignidad, se perderá políticamente como su antigua camarada Cristina Almeida. Y acabe dando tumbos por los platós de la televisión basura vendiendo su experiencia de exdetodaslascosasdestemundo. Y yo podré volver a votar. AMÉN.

domingo, 16 de noviembre de 2008

AUTOS EXCREMENTALES (II)

Operación Urraca

Mientras escuchaba hablar a los buitres del Auto Excremental de anoche del tema del dinero desaparecido en los bancos del paraíso bancario de Singapur me acordaba de la otra noticia del día, del descubrimiento de 400 obras de arte en un hoyo situado en el Parque Joyero cordobés y perteneciente a nuestro simpático empresario y gloria local San Dokán, que en sus ratos libres, entre trasvase de maletín y trasvase de maletín, presta su hermosa figura como modelo para escultores de arcangélicas figuras. A la vista de lo de los hoyos que debe haber, aparte del sandokaniano, en el Parque Joyero yo creo que deberían renombrarlo como Parque Hoyero, que da más idea de cuál es realmente su función económica y social en el marco de la actividad puntero-subterránea de esta extraña ciudad.

Bueno, a lo que iba. Realmente conforme avanza la investigación sobre los malvados malayos (hay quien opina que lo de Operación Malaya viene por el sobrenombre de nuestro prócer local, tomado de su parecido con la versión televisiva del salgariano pirata de Malasia) se va descubriendo el carácter absolutamente delirante del caletre del instinto delictivo de la choricesca banda.

Los que pensábamos que el caso Roldán no podía ser superado en su esperpéntica esencialidad carpetovetónica nos hemos quedado patidiphusos al comprobar cómo siempre se puede dar una vuelta de tuerca más a la casposidad criminal de la raza hispana.

Porque si bien Roldán fue un estafador, extorsionador y malversador casposo y zafio en sus métodos, a la hora de esconder el botín se ha descubierto como un verdadero maestro de la ingeniería financiera enviándolo a Singapur donde sigue amorosamente pastoreado por la banca de los chinos más finos del mundo, nuestros chorizos municipales, señores del ladrillo y del lingote del metal amarillo de la operación esa del Tigre de Malasia se han destapado como unos verdaderos gilipollas inversores en la mayor colección de chilindrinas de la que los siglos tengan noticias. Yo creo que a la vista del botín policial (más de mil cuadros, cuatrocientos o quinientos caballos purasangres, trescientas máquinas de coser de colección, jirafas disecadas, tigres de bengalas enjaulados, etc...) la Operación policial debería haberse llamado más que Malaya, Operación Urraca. U Operación Chilindrinas.



ADDENDUM (16-11-08): SAN DOKAN HABLA PARA ONDA MEZQUITA.

sábado, 15 de noviembre de 2008

AUTOS EXCREMENTALES (I)


Lo mismo que en la semana de feria se acumulan los espectáculos casposos en las carteleras de esta ciudad hay semanas normales en las que se acumulan los espectáculos-basura en los medios de comunicación, en feliz confluencia entre los locales y los nacionales. Esta es una de ellas.

Anoche cometí la ignominia de ver el programa ese de la tele donde entrevistaban a Roldán, yo que no veo nunca la tele y que además estaba al tanto de una higiénica campaña para boicotear su emisión evitándola y castigando a los esponsors. He de decir así mismo que sufrí mi merecido castigo con la mirada que me echó C. cuando le comuniqué mi villana intención. Pero yo siempre fui un pecador. No voy a decir que pasé vergüenza por que ya no tengo a estas alturas, y menos para ajena. Lo que sentí fue una sensación paramnésica, de déjà vu, de que me sonaba mucho la escena que estaba contemplando hasta que caí en que realmente lo había hecho sienes de veces entre cabezada y cabezada de mis duermevelas sesteras en los documentales de la 2. Tres buitres y dos buitras devorando una carroña en la sabana del Serengueti. Supongo que los detalles se extenderán mañana. Yo no conocía a algunos de los buitres del festín, aunque sí a la carroña, a la buitra que la había encontrado y a otro buitre que salió mucho en la tele hace años cuando yo me asomaba a ella de vez en cuando. Miguel Ángel Rodríguez se llama el plumífero de pescuezo pelado. Ahora mismo me he documentado en el google acerca de los otros miembros emplumados de la comilona y aparte de demostrarme aliviadamente a mí mismo que soy un analfabeto en cuestiones telebasurientas actuales me he quedado flipado de la calaña moral de los pajarracos. En concreto la que más me ha alucinado ha sido la buitra segundona, Maria Antonia Iglesias, de aspecto de comadre portalera chismosa perfectamente cultivado, de la que he podido leer que fue ¡¡¡directora de informativos de TVE en tiempos de Felipe González!!! Y que ahora ha formado pareja cómica con el otro buitre, el Miguel Ángel Rodríguez, en los programas carroñeros habituales, donde juegan perfectamente coordinados al perro y al gato. Realmente conseguí mantener como espectador el mismo nivel de impasibilidad que cuando contemplaba los documentales de la 2. Pero hubo un momento en que sentí que me sobrevenía una tremenda arcada. Fue cuando la buitra segundona arrancó un trozo de víscera putrefacta y se regodeó saboreándola frente a la cámara afirmando ante las famosas fotos de Roldán en su casa con unos amigos relajadamente semidesnudos, robadas y publicadas por el canalla que las hizo, repitiendo el mismo gesto que debió poner Ana Botella ante el video de Pedro Jota, que le parecían repugnantes. Todo un detalle más de la calaña buitresca de alguien que ha demostrado una carencia absoluta de escrúpulos incrustando su cabeza pelona en la carroña y formando una unidad casi indisoluble con ella.

La carroña se limitó a comportarse como tal, sin inmutarse, dejándose descarnar impasible por los buitres, que, no obstante su empeño, no consiguieron partir los huesos que atesoran la sabrosa médula informativa que constituye el bocado más preciado de esta especie periodística carroñera. Sólo pudieron devorar la carnaza putrefacta que estaba a la vista. Que se jodan.

Manuel Rivas en su columna de hoy, titulada Cambalache, cincela exactamente la descripción de todo ese montón de mierda, de ese Auto Excremental alegórico-siniestro que representa la miseria moral y espiritual en que estamos metidos como si un de documental aséptico de animales se tratara.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Monse Asenjo se va con su Amigo


Monse Asenjo, el Viejo Brujo de la tribu, el mejor Hacedor de Lluvia que la nación cordomanche haya tenido nunca se nos va. Como recordaréis, este Gran Hacedor de Lluvia vino a esta tribu en sustitución de Monse Javi Martínez, que lo único que consiguió que llovieran fueron malos rollos con el Brujo Hacedor de Dinero, Monse Castillejo, por lo que fue cularmente patadeado hacia arriba como Gran Brujo de la nación granadapache donde sigue ejerciendo de Gran Hacedor de Poblemas, habilidad que le está consiguiendo gran fama en los tribunales.


Esperemos que el sustituto de Monse Asenjo que envíe el Gran Consejo Regulador de Supersticiones Arcaicas tenga tan buena mano con Manitú como él. Amén. He-ie he-he-he-ie, he-he he-ie....

Por cierto ¿Se llevará a su nuevo destino con la tribu sevillínola la supermegaguay nueva Silla Gestatoria que se había agenciado para emular a Toro Sentado o la dejará para que su sucesor vacile mogollón en el altar mayor de la Mezquita (antes mezquita)?





ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

jueves, 13 de noviembre de 2008

VISLUMBRES DEL IRÁN (I)

cartelcoran


Aunque la totalidad de la gente que sabe un mínimo de cosas sobre el Irán coincidiría probablemente en que el rasgo más acusado del país de los antiguos persas radica en la obligación que sufren actualmente sus mujeres de mantener permanentemente cubierta la cabeza yo añadiría un par de ellos más que completarían un primer vislumbre, esas primeras impresiones que algunos de mis amigos ya me han reclamado insistentemente: en Irán se da una curiosa, actual y absoluta carencia de perros y corbatas.

Y no es que estos dos últimos rasgos me parezcan totalmente mal en su mismidad. No. Considero la corbata como una de las prendas masculinas más estúpidas que han salido de la delirante mente fashionista del ser humano después de la gola renacentista y además una especie de símbolo esclavizante, de sumisión a los convencionalismos más abstrusos. Y en cuanto a los perros, no es que tenga nada contra esa noble especie animal, pero me parece demencial, claro síntoma de alguna enfermedad social, la proliferación y la importancia que ha alcanzado actualmente la crianza de especies caninas en nuestras ciudades. De ambas cosas se libran los iraníes, aunque lamentablemente, de la misma forma que el famoso hijab a las mujeres, se trata de imposiciones del siniestro gobierno de clérigos viene soportando la población desde hace 30 años. Bueno, parece ser que estas dos últimas no se pueden considerar claramente impositivas, sino disuasivas. El no uso de la corbata no está regulado por ley, sino por presión social y política. La agresiva propaganda gubernamental la considera una prenda occidental, símbolo de la corrupción moral de las sociedades satánicas (no sotánicas, como la propia) enemigas de la pureza moral del Islam. Por eso no la lleva ABSOLUTAMENTE nadie. Al menos yo no alcancé a ver ninguna, ni complementando los trajes de los maniquíes de los escaparates más elegantes en las zonas más pijas de las ciudades, ni en el cuello de viandante, funcionario o vendedor alguno.

En cuanto a los perros su ausencia se inscribe más en los rígidos atavismos que rigen las vidas de las sociedades más esclavizados por la religión, que en una expresa prohibición legalizada. Un hadiz (texto que atribuye un dicho al Profeta) viene a decir que los ángeles no entran a una casa en la que hay un perro, por lo que en las sociedades islámicas tradicionalmente los perros se han considerado meros animales utilitarios y nunca de compañía. Yo he notado cómo en otros países musulmanes de literalidad islámica menos rígida la tendencia a soslayar este probablemente absurdo hadiz ha aumentado en los últimos años, sobre todo en las zonas más pijas (más occidentalizadas) de las grandes ciudades donde pueden encontrarse locales acomodados paseando sus chuchos con pedigrí, diseminando impunemente por los jardines y calles sus cremosos zorullos. Y me imagino que esa tendencia hubiera sido la normal en Irán si no hubieran sufrido la desgracia de haber sido secuestrados por una banda de apestosos curas y sus fanatizadas fuerzas de seguridad que han impuesto como ley unos textos supersticiosos escritos en la Edad Media.

El pañuelo (hijab) en cambio sí que es una imposición legal, perfectamente regulada, complementada con la de ajustar la vestimenta femenina a los cánones fijados por unos reprimidos legisladores de callosa entrepierna. Una policía femenina (fashion police llamada sarcásticamente por muchas mujeres) se encarga de vigilar el cumplimiento de la ley llamando al orden a las casquivanas y desobedientes chicas que se pasan un pelo en el ajustamiento de las ropas al cuerpo o en el mostramiento de más volumen de flequillo del permitido. Pero la mayoría de las veces se hace innecesaria toda vez que la prenda más usada es el chador, el siniestro manto negro que cubre totalmente el cuerpo, la cabeza, y mediante habilidosas sujeciones dentales de las portadoras, los propios rostros. No es que no se vean por la calle chicas con vaqueros cubiertos hasta medio muslo por amplias camisolas y la cabeza simplemente empañolada hasta la base trasera del flequillo, fruto de una relajación de las normas sobrevenida en los últimos tiempos, pero suponen desde luego una minoría.


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Carteles situados a la entrada de las principales atracciones turísticas avisando de la obligación legal de llevar el hijab.


Como comentaré más adelante, la iraní, por chiíta, es una sociedad muy triste, obligada tradicionalmente por la ley religiosa y actualmente por la política al luto permanente. Ese es el sentido del chador, cubrir con un manto de luto a las mujeres, tradicionales obligadas al abanderamiento del mismo, por unas muertes, más o menos merecidas, de unos sujetos del siglo VII d.d.C. Ese luto obliga también a otras formas de tristeza y manifestaciones de dolor a los hombres pero como viene siendo común desde que la masculinidad se impuso como forma de dominio y control social en las primeras sociedades organizadas, son las mujeres las más obligadas al comportamiento “decoroso”.

El chador es una prenda intencionadamente incómoda. Un largo y ancho trozo de tela rectangular que las mujeres han de aprender a manejar desde pequeñas para que les cubra todo el cuerpo desde la coronilla hasta los tobillos y mediante un perenne ajuste manual cierre recatadamente sobre la barbilla y cubra la mayor parte posible de la cara. Ello las obliga a mantener siempre una mano agarrando los dos bordes superiores a la altura del cuello y a presentar siempre ese aspecto de recato o de sentir permanentemente frío incluso bajo los rigores del verano. El sentido de esa patente incomodidad es mantenerlas permanentemente ocupadas con las complicadas maniobras chadorianas. Verlas caminar, hacer las compras, comer o simplemente conversar entre ellas manejando con tanta habilidad el espantajo negro es un espectáculo fascinante. Por terrible, claro. Sobre todo comprobar cómo su uso condiciona la naturalidad corporal de las mujeres enclaustradas perennemente en él, el desarrollo de una tendencia al encogimiento malsano, por permanente, de hombros, a un gesto de sumisión como de cubrimiento simbólico, además del real, del cuerpo.

Podrán venir las musulmanas feministas más o menos islamistas, pero siempre creyentes, o los esforzados chicos de WEBISLAM a contarme las pelis que quieran, pero los ajustes vestimentarios por ley o por imposición religiosa podrán asumirse voluntariamente por las mujeres nacidas bajo el Islam, pero no dejan de ser cárceles de tela diseñadas para encerrar posibles voluntades íntimas de las portadoras de tendencias insumisas.

En una cosa sí que estoy de acuerdo con la legislación impositiva de los clérigos chiítas, lo que me ha costado una enconada defensa de posturas en las discusiones mantenidas con C. y con otras viajeras encontradas a lo largo del viaje. Según ellas el hecho de que la legislación iraní obligue al cubrimiento capilar tanto a las ciudadanas musulmanas como a las visitantes que no lo son agrava lo abusivo de la ley, poniendo, insensatamente desde mi punto de vista, el ejemplo de una sociedad mucho más rigorista como es la saudí que no lo hace. A mí me parece mucho más lógica la postura iraní que la saudí. Un agravio comparativo como ese añade más injusticia a la injusticia legal. Y lo mismo con el tema de la abstención absoluta en el consumo de alcohol, que, aunque me ha supuesto un terrible y doloroso sindromazo de abstinencia de cerveza he sobrellevado con valor y gallardía ayudado por mi voluntad solidaria con los terriblemente reprimidos borrachuzos iraníes. Hay que ser coherentes, ¿ que no?


LAS FOTOS EN MI GALERÍA DE FLICKR




ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

miércoles, 12 de noviembre de 2008

LOS TALIBANES CRISTIANOS (COMO SIEMPRE) CONTRA EL HUMOR



Comunicado de apoyo a Alex de la Iglesia


De nuevo han salido los talibanes cristianos de sus madrigueras para bombardear la libertad de expresión. Tienen la piel tan fina que no pueden soportar que nadie, ni siquiera un personaje de ficción, en un género de ciencia ficción, en una serie de humor absurdo, por un personaje que es “el malo”, diga algo que no les guste. Les ofende, pero no se limitan a este sentimiento personal, privado. Después de todo, hasta aquí no dejaría de ser un problema psicológico o, en el peor de los casos, psiquiátrico. El problema es que de ahí dan el salto hasta considerar que es necesario acallar esa voz, y ese capítulo y esa serie. De momento no han solicitado quemar en la plaza pública a todos los miembros del equipo, pero si empresas e instituciones siguen bajándose los pantalones antes sus bravatas ese día llegará o, mejor dicho, volverá, como cuando ellos mandaban. Lo consiguieron con el acoso a La Sexta, al intimidar a unas cuantas empresas, y lo van a seguir consiguiendo si no detenemos su avance.

Tiene gracia, maldita la gracia, que ellos, precisamente ellos, pidan respeto. El respeto no hay que pedirlo, hay que ganárselo; y desde luego ellos no lo merecen. Ellos, que como gran aportación a la civilización tienen en su haber el índice de libros prohibidos o la quema de libros (costumbre luego adoptada por los franquistas y por los nazis). Ellos, que tienen como emisora a un nido de víboras desde donde insultan y se burlan de todos aquellos que no aceptan su moral estreñida y con sus ideas medievales. Ellos, que tachan a los homosexuales de enfermos. Ellos, que llaman asesinas a las mujeres que abortan. Ellos, que consideran al ateísmo como el origen de todos los males… ¿Ellos son los que piden respeto? Permitan que nos riamos, aunque el asunto no tenga ni pizca de gracia.

Hay mucha gente que se siente ofendida cuando de sus impuestos se subvenciona, como en ningún país del mundo, a la Iglesia católica. O cuando con dinero público se paga el sueldo de los capellanes castrenses o de los curas que pululan por los hospitales públicos. O cuando a los niños se les inyecta la catequesis en la escuela, en vez de recibir una educación científica y racional. O cuando los políticos juran sus cargos frente a un crucifijo y una Biblia. O cuando en los funerales de Estado se impone a los muertos un rito mágico incluso ajeno, en ocasiones, a las creencias profesadas en vida. Todo eso no son palabras, son hechos y dinero. Y es para sentirse ofendido. Sin embargo, no solicitamos que se prohíba actuar a la Iglesia católica, o que se la censure. Afortunadamente, hay una gran distancia ética entre ellos y nosotros.

No vamos a entrar aquí a analizar el motivo de la “ofensa”. Alex de la Iglesia lo ha explicado perfectamente en su respuesta titulada “
Roswell y el arte renacentista”. No necesita que nadie lo interprete o lo defienda, para eso se basta y se sobra él solo. Pero si llega a leer estas líneas nos gustaría pedirle un favor: que no se autocensure, que no deje que se salgan con la suya. Que siga creando con libertad, haciendo lo que le dé la gana. Que siga usando su talento y haciéndonos felices con su trabajo. Ninguna sotana tiene derecho a fiscalizarlo. Si él cede, o Televisión Española les hace caso, estaremos un paso más cerca de la dictadura de las conciencias a la que aspiran esos ridículos integristas.

Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Ateos (FIdA)
08.11.08



AQUÍ PUEDES VER EL CAPÍTULO QUE HA HERIDO LA DELICADA SENSIBILIDAD DE LOS TALIBANES CRISTIANOS

martes, 11 de noviembre de 2008

LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA DEVOTA DE FRASCUELO Y DE MARÍA

No es que me extrañe ya nada de lo que pueda hacer la Universidad de Córdoba (¿quién necesita una del OPUS?). Una Universidad que incluye en sus departamentos cofradías de penitencia y cátedras de religión y que organiza cursos propinados por sectas ultrareaccionarias católicas ¡¡¡que proporcionan créditos!!! a los estudiantes participantes. La última (Juventud, ¿quo vadis?), con el concurso de una mezcolanza de profesores pertenecientes a asociaciones de talante tan liberal y científico como los reseñados en la foto del elenco que cuelgo debajo y organizada a medias por la propia UCO y la cada vez más aguerrida PRESENCIA CRISTIANA, la mayor aportación cordobesa al reaccionarismo católico contemporáneo desde Fray Albino, el adaptador del Mein Kampf al pensamiento de la Iglesia Española. Claro que teniendo en cuenta el ingente suministro de pasta que suelta CAJASUR, la banca episcopal, a los ilustres profesores cordobeses, en forma de becas y otras formas de adquisición de voluntades menos escrupulosas...



Ahora se deja caer con una SEMANA CULTURA TAURINA, en la que deposicionará sus conocimientos sobre el arte de convertir un hermoso animal en una morcilla sanguinolenta, un brillante elenco de exquisitos oradores y agudos pensadores entre los que destacarán orodentados comentaristas radiofónicos, finos matarifes de figura y garbo, acaracolados cortijeros y otros miembros de la fauna torturófila.

La novedad de tal evento será la inclusión entre las conferencias dedicadas al arte de torturar estéticamente, otras acerca de los antitaurinos, esos seres insensibles a dicho sublime arte y a las que por supuesto los incluidos en el estudio estaremos sumamente atentos para conocer los planes que para nosotros tienen reservados. En vista de la manera que tienen de disfrutar...


¡BIBA LA SIENCIA!

martes, 4 de noviembre de 2008

A FERNANDO SAVATER CON DOLOR DE CORAZÓN

Con grande dolor de corazón he de contar cómo, maestro, a quien tantas ideas, clarificaciones (que no clarifinaciones) le debo, me acaba de pegar una puñalada trapera en todo el mismo centro de mi admiración. Y si no fuera porque los muchos años de beber en su fuente de sabiduría, ecuanimidad y bonhomía me dictan lo contrario sospecharía que por una vez ha actuado con verdadera mala fe. No en propinarme tal puñalada, sino en la que ha propinado previamente a la propia entraña de la justicia.

Tras el impecable minianálisis de la Transición, en el que deja traslucir la oportunidad de llamarla también Transacción o más exactamente Chantajización, se deja caer en su artículo de ayer en El País (¿El final de la cordura?), con una desabrida descalificación de los intentos de fijación de una tipificación exacta de la naturaleza de los crímenes cometidos por el franquismo y por supuesto la clarificación del alcance de los mismos que ha emprendido el juez Garzón. Y utiliza, desde mi humilde punto de vista, un arma de la que siempre le sentí como enemigo: la ceremonia de la confusión. Porque al contrario de lo que afirma con esa ironía tan suya que tanto le admiro pero que en esta ocasión me recuerda a la de mi profesor de FEN del Instituto, no se trata de pedir responsabilidades penales a los responsables (en sus tumbas) o sus herederos físicos (en sus propiedades), sino de fijar la naturaleza exacta del oprobioso régimen sufrido por este país a la luz de las legislaciones aplicables. Por pura higiene social.

No sé si, admirado maestro, comparte las miserables palabras del cada vez más obispado presidente de Gobierno acerca de que al franquismo ya lo ha juzgado la Historia. Zapatero sabe, y usted, maestro, también, que eso no es cierto. Que sin esos necesario pasos clarificantes (no clarifinantes, no me sea malo..., don Fernando) es imposible por ejemplo que a los autores de los libros de Historia que se estudian en los colegios de este país se le puedan exigir unos mínimos criterios de objetividad a la hora de abordar el tema del aplastamiento de la República Española y de los métodos utilizados para ello por las fuerzas reaccionarias desencadenantes de uno de los más horribles regímenes de la Europa occidental del siglo XX. Es como si en Alemania, si me permite la torpe y manida comparación, don Fernando, se hubiera impedido llegar hasta el fin en el conocimiento de la naturaleza y los crímenes del nazismo para evitar molestar a los nazis vivos o para no reavivar heridas nacionales, lógicamente no curadas. La propia razón democrática y justiciera reclaman que se neutralicen definitivamente las no por torpes menos peligrosas justificaciones que proporcionan las versiones interesadas y oficiales provinentes del propio franquismo de que los dos bandos tuvieron motivaciones éticas idénticas para luchar. El peligro de que acaben gozando de la misma credibilidad en los manuales de Historia que las objetivas debidas a los estudios más contrastados y serios fruto de investigaciones tanto académicas como judiciales es lo suficientemente grave como para alinearse positivamente con los intentos del juez Garzón para lograr una tipificación objetiva de la naturaleza de lo ocurrido en los aciagos días finales de la II República Española. Y desde luego la labor de desmontar las falacias educacionales de la Iglesia Católica en la que usted, querido maestro, siempre se empleó con tanta maña como razón, se toparían con muchos menos obstáculos que si se aclara el papel jugado por la misma y sus doctrinas en aquella terrible masacre.

Y es ahí donde me hubiera gustado verle debatir, don Fernando, en lo que yo considero la piedra angular sobre la que descansa, menos en su propio caso quiero pensar, la defensa de un supuestamente necesario corrimiento de velos en el conocimiento exacto y la tipificación nominal del franquismo: el papel jugado por la Iglesia Católica en el planeamiento, consecución y justificación de sus crímenes. Es precisamente la evidencia palmaria de esa responsabilidad la que hace que se venga sintiendo como genéricamente peligrosa esa clarificación, esa determinación de su exacta naturaleza. Muertos los genocidas originales y amnistiados sus epígonos esa clarificación se habría hecho una labor lógica si no pesara esa complicidad de la siniestra canalla clerical, cuyo peligro usted mismo convoca en su artículo, con los crímenes fascistas. No se trata, como dice usted don Fernando de desenterrar con los muertos de las cunetas la guerra civil (no es digno de usted, sino de los sapos de la COPE, ese argumento), ni de que una sentencia judicial dictamine que Franco fue un cabrón con almorranas, ni de discriminar entre los colaboradores del régimen a los que se mantuvieron fieles a los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional hasta el final y a los reconvertidos en rojos a la violeta cuando pintaron pardas, sino de evitar que se acabe instalando como normal la equiparación moral entre los criminales y las víctimas, que se pueda seguir justificando la permanencia en los rótulos de nuestras calles de asesinos en serie, que desalmados como el alcalde de Almería sigan meándose en la memoria de los fusilados colocando putas cruces bendecidas por pestilentes obispos sobre sus huesos, que el silencio cómplice de la falsa izquierda acabe diluyendo la verdad de tanto horror en la olla de la posmodernidad plastificadora. Nada más y nada menos que de eso. Porque aunque usted y yo lo tengamos claro, don Fernando, las nuevas generaciones pueden ser fácilmente engañadas por las falaces versiones de los portavoces de los clérigos.

¿Que pensaría si pudiera vivir lo suficiente como para ver que en los colegios de su Euskadi natal se acaba instalando en los textos de los libros de Historia, muchos años después del final de ETA, la versión de que la en la lucha de liberación nacional se hizo necesario (y justo) acosar, matar y expulsar a todos los individuos que no la aplaudieran?



Y A VER SI EL MUNDO ME DA UNA TREGUA Y ENCUENTRO TIEMPO PARA CONTAR A MIS AMIGOS MIS PERIPECIAS IRANÍES...

lunes, 3 de noviembre de 2008

JUICIO A LA DEMOCRACIA (Antonio Manuel)

Por las especiales características de la Transición- Transacción en este país nunca hubo una derecha civilizada, europeísta y liberal. Sólo una ultraderecha hija legítima (y dilecta) de una dictadura fascista y criminal que cambió la camisa azul por el terno y la corbata de seda, pero no la mugre moral de su interior. Por eso a la izquierda heredera de la masacrada por el franquismo le fue fácil ocupar el espacio que correspondía a aquélla de la misma manera que los líquidos ocupan naturalmente el espacio desalojado por otros líquidos. Y, oyes, qué bien que le sentó la ocupación. Hoy puede decirse que sigue existiendo la misma ultraderecha, un poco menos hirsuta, pero no menos agresiva, y una derecha liberal que sigue tomando rutinariamente y por intereses electoralistas el nombre de izquierda (la Izquierda Unida cordobesa incluida). La voz natural de la izquierda, su desarbolado territorio, lo ocupan algunos esforzados, pero desanimados francotiradores y alguna partida guerrillera que lucha inútilmente desde los cerros de la racionalidad deemocrática contra la evidencia de que este país, esta España del siglo XXI es sociológicamente tan de derechas, tan sumisa y tan pastueña como la sometida por el franquismo en los años 60, de que el 90% de los votos de este país se los reparten a partes iguales la ultraderecha y la derecha, y el resto se lo llevan los nacionalismos racistas.

Así que en lo único en lo que discrepo del lúcido análisis de Antonio Manuel (la única pluma de prensa de esta ciudad que no besa sistemáticamente la mano del poder político y económico o se mece autistamente en las flatulencias de sus floripondios verbales), es en que quien traicionara los ideales progresistas de justicia política y social tras la Transacción fuera la izquierda. No, esa ya no era izquierda, sino un taimado, siniestro súcubo o íncubo que ha acabado devorando todas las esperanzas.

Copio el artículo de ANTONIO MANUEL publicado ayer domingo, 2 de noviembre en el Día de Córdoba



la ciudad y los días

Juicio a la democracia

Antonio Manuel

EN otro tiempo, los seres humanos sabían con exactitud la hora de su muerte. Cuentan que Dios bajó a la tierra y preguntó a un campesino por la razón de su desidia. Y el hombre contestó airado que abandonó la cosecha cuando supo que no estaría vivo para disfrutarla. Entonces Dios decidió que no era bueno que los hombres supieran de antemano la hora de su muerte y les privó de ese conocimiento para que trabajaran hasta el último día como si fueran a vivir eternamente.

Franco trabajó hasta su muerte en la sucesión sabiendo que no disfrutaría de la cosecha. Su legado era su presente. Y sembró de silencios los libros de historia y de muertos las cunetas. A todos ellos les sobrevino la muerte como un rayo en mitad del verano. Como un paréntesis eterno en mitad de la vida. Todavía hoy quedan cientos de miles de desaparecidos durante la guerra y la posguerra con el estado civil de inmortal para el Registro Civil. Vivos para la ley y para los corazones de quienes los amaron hasta la incertidumbre. Yo he rastreado a varios sin éxito. Cuando murió el culpable de la oscuridad, a muchos les sobrevino la esperanza de matar dignamente a sus seres queridos, de inscribirlos al fin en el libro de fallecimiento. Y muchos murieron entonces. Salieron de la tierra como vivos de paradero incierto, para volver a la tierra ya muertos del todo. La UCD asumió la responsabilidad histórica de enterrar el dolor latente de las fosas comunes en nichos individuales con nombres y apellidos. Los conservadores tenían que aparentar dos veces lo que no debían ser para evitar las negras tormentas acechando los aires. Pagaron las indemnizaciones a los represaliados y familiares en concepto de clases pasivas del Estado. Permitieron el acceso a las cárceles para investigar. Yo he visto lápidas en Iglesias con fecha del 77 en memoria de los caídos defendiendo sus respectivos ideales.
Luego llegó la victoria socialista. Y con ella, el final de la transición democrática. Los desaparecidos volvieron a dormir en sus cunetas. La izquierda que metió a España en la OTAN, la izquierda que gobernó las comunidades autónomas, las ciudades y los pueblos, la izquierda, sí, la izquierda, enterró el anhelo de un juicio penal contra la dictadura.

Treinta años después, mi tía Rosa me acercó la carpeta azul donde mi abuelo guardaba las facturas del panteón para los fusilados en Almodóvar del Río, abierto en el 79 y ahora en pésimo estado. Y me la dio apenas enterarse del auto del Juez Garzón. Él no ha tomado una decisión jurídica, sino política. Ha vestido de moderación la ley de memoria histórica. Por eso calla el Gobierno. Pero Garzón no está juzgando a la dictadura: está juzgando a la democracia. Está poniendo voz a los que se sintieron traicionados por la izquierda más conservadora de España. La misma que refunda el capitalismo salvando a los ricos con el dinero de los pobres. Garzón sabe que perdiendo la batalla jurídica ganará la moral. Esa que aspiró a hacer justicia con los que murieron antes de tiempo para vivir eternamente.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Mentiras reales, cobardía socialista

A riesgo de que mi querido amigo Miroslav incida de nuevo en mi querencia por la hipérbole, yo la única evolución que alcanzo a ver es el progresivo empeoramiento de la calidad moral de nuestros políticos autotitulados de izquierdas, tanto que hasta algunos conservadores le están echando la pata por delante en progresismo en algunos temas que afectan a la racionalidad democrática. Hablo del sabroso caso de la reina lenguaraz y de la vergonzante y vergonzosa reacción del gobierno socialista en pleno, la untosidad monacal de Monseñor Zapatero y la Abadesa María Teresa Sí que Pesa a la cabeza, cerrando filas en la justificación de lo injustificable: que la esposa del Jefe hereditario del Estado se ha alineado descaradamente (es decir públicamente) con unas tesis políticas que se debaten en el Parlamento, haciendo gala de una irresponsablilidad que si pudieron ejercer impunemente sus antepasados coronados es intolerable en una democracia, en la que parece ser que esta señora no se ha enterado que vive. El hecho de que siga llamando El Generalísimo al sangriento dictador ante el que tuvieron que arrastrarse tantos años para que los dejara reinar a su muerte lo dice todo.

Y la única reacción realmente respetable en este asunto ha sido la del portavoz del PP, el señor González Pons, llamándola al orden y declarando que dicha alineación ofende a la mitad de los españoles, aunque representa el pensamiento de la otra mitad. Y precisamente ofende a la mitad supuestamente representada por el propio partido en el gobierno, y cuyo pensamiento ético y político está siendo continuamente machacado por los poderes reaccionarios periestatales ante la pasividad y cobardía de sus representantes. La reacción de los socialistas exigiendo al PP que obligue a rectificar dicha verdad a su emisor sólo habla de la miseria moral y política en la que han decidido bañarse cada día nuestros socialistas. O sea, que la reina va y ofende los sentimientos de la mayoría de sus votantes, desamparados ante tal agresión y ellos se colocan de su parte mandando callar precisamente a los beneficiados por la irresponsabilidad real que son los únicos que protestan. Y lo han dicho claro: los reyes son como la bandera, un símbolo del estado. Es como si en las banderas rojigualdas de los edificios públicos se pudieran bordar eslóganes de los partidos. Ya sé que no lo hacen por amor a la verdad, ni apego a las maneras democráticas. Sino sólo por dar por culo a sus enemigos. Pero al menos lo han hecho y lo han dicho claramente. Aunque luego recularan, claro.

Y otra cosa es la escasa importancia que se le está dando a la posibilidad de que la Casa Real haya mentido y esté acusando falsamente, desde su altísimo pedestal institucional, a una ciudadana española, que no súbdita suya, de mentir ella misma. Lo que en el mundo anglosajón es (o ha sido hasta ahora: Blair, Bush) un pecado político imperdonable, la flagrante mentira a los ciudadanos, en los mediterráneos no pasa de ser un hábito arraigado y escasamente sancionado. Pero se está haciendo necesario exigir a la Casa Real que explique el asunto claramente, ya que todas las sospechas se dirigen directamente hacia ella misma. La acusada está presentando pruebas de que la Casa Real dio el visto bueno al contenido del libro, por lo que si se demuestra que es rigurosamente cierto me parece que ya va siendo hora de que la fiscalía tome cartas en el asunto o que la propia acusada presente la consiguiente denuncia por calumnias. Que apechuguen moralmente con sus torpezas e irresponsabilidades y respondan penalmente de sus posibles delitos.

Y los socialistas, que se vayan a la mierda.

AH, Y MUCHAS FELICIDADES POR SU CUMPLE, SEÑORA. ELIJA REGALO: