(del laberinto al treinta)


viernes, 23 de septiembre de 2016

Sigmund Floïd en Caspotovetonia

Dos por uno. Dos berrinches. Buscando en Google por un berrinche me encontré con otro. Poniendo el nombre de un tipo reaccionario que perpetra un par de artículos del más puro estilo casposo-carpetovetónico en una revista de feria de un pueblo me he encontrado con el nombre de su padre grabado en chapa en la esquina de una calle a la que nombra. Y no en el pueblo ese, sino en Córdoba. Usurpando el antiguo. Un nombre precioso, uno de los más hermosos de esta ciudad.

Efectivamente no me había enterado de que hace unos años unos vecinos habían solicitado a los munícipes que cambiaran el nombre tradicional de una calle por el de un médico que parece que tuvo consulta en ella. Y que habían accedido a las pretensiones de los vecinos. No es la primera vez que nuestros munícipes cambian sin ningún derecho nombres de calles que llevaban hasta setecientos años pasando de boca en boca de padres a hijos, redondos y pulidos como un bolo de río por el uso de tantas generaciones. Por el de curas, meapilas o seres imaginarios del panteón católico. En este caso parece que el merecimiento está garantizado. Leo en La Casa del Olivo, las memorias de Castilla del Pino, que fue un médico represaliado por las autoridades franquistas por rojo, que penó en la cárcel de Córdoba y que una vez libre volvió una y otra vez a la misma para atender a sus excompañeros presos. Que puso consulta en la Huerta de la Reina donde atendió a todo el que lo requirió, pudiese o no pagar, para irritación de muchos colegas suyos fascistas (pags 52-53).

El hermoso nombre de POLIFEMO, el cíclope mitológico que inmortalizara Góngora, llevaba rotulado en las esquinas de una calle de la Huerta de la Reina de Córdoba muchas decenas de años y ninguna de las probables virtudes que adornaran al médico que hoy lo usurpa valdría lo que el derecho de las gentes a que los nombres tradicionales de sus calles permanezcan inmutables. Algo que debería estar protegido por ley. Como las piedras de sus monumentos o sus patrimonios inmateriales, de los que sin duda forma parte. Y ahora se llama calle Joaquín Sama Naharro. Con la de calles nuevas que se abren en las urbanizaciones de la periferia...

Y he llegado a enterarme de ese atentado contra el patrimonio inmaterial de la ciudad buscando el nombre de otro Joaquín Sama Naharro que resultó ser su hijo (o su nieto, quién sabe). También médico. Psiquiatra. Pero que de ser cierta la biografía que me cuentan del padre, le salió rana. Y perpetrador de artículos de la más pura reacción nacionalcatólica en revistas de feria de pueblo. Concretamente de la de Villa de Río. Nada menos que dos artículos en el mismo ejemplar que me muestra un vecino de ese pueblo que se ha traído tras las fiestas. Uno rabiosamente antifeminista y otro bobaliconamente antiantitaurino. En el antifeminista, que ya publicó hace unos meses en un medio gallego se desliza por el tobogán de un uso del psicoanálisis de segundo de BUP, o sea el que podría haber utilizado un alumno de ese curso para un trabajo de clase usando copipega en el Rincón del Vago.

Las feministas que luchan por los derechos de las mujeres en diversos frentes cursan agresividad patológica por causa de RESENTIMIENTO por traumas sufridos en su infancia, de FRUSTRACIÓN por no ver reconocidas sus reivindicaciones por la masa social y se mueven exclusivamente por DESEO POR EL ÉXITO. Entre pedorro análisis y pedorro análisis aprovecha para pegar patadas a las espinillas de los políticos que adaptan sus acciones a las reivindicaciones, cada vez más masivas diga lo que diga, tendentes a la consecución de la igualdad entre los géneros y a los derechos a la libre elección de modalidad afectiva y sexual de los ciudadanos, y a reírse con ademán de roepalillos de barra de taberna del lenguaje inclusivo que se va poco a poco imponiendo socialmente.

Podría aducirse que el extremado simplismo que usa nuestro psiquiatra a la hora de analizar esos temas se explica por el tipo de lectores a los que está destinado: gente sencilla de un pueblo en fiestas. Sólo hay que dar una vuelta por su muro de facebook o, sobre todo, acudir a un descacharrante TEXTÍCULO que le han publicado en el último número del boletín oficial de la Muy Piadosa Hermandad y Cofradía de Médicos de Córdoba (página 28) sobre la identidad de género, para saber que no, que es que ese es su nivel. Que es que la criatura no da más de sí. Con calibrar la supina estupidez y soberana malnacidada de hermanar el feminismo con el nazismo que en él perpetra ya es suficiente.

Para el curioso que quiera conocer más sobre el pensamiento reaccionario del sujeto recomiendo esta furibunda defensa de la sanidad privada frente a la pública y universal. Sin desperdicio.

La columna antiantitaurina adolece de lo mismo: análisis pedorro-zicoanalítico de la Fiehta Nasioná digno de tertulia –mondadientes, fino y machorruno- bajo –y es probable que entre- historiadas cornamentas. Taleguilla de rojigualdismo rancio. Recamado de alamares filofranquistas. Los catalanes, después de intentar cargarse la sagrada lengua del imperio, se han cargado la Fiehta Nasioná. No por humanitarismo, considerar social y éticamente intolerable la tortura de un animal o incluso absurda la exposición de la vida de un ser humano por diversión, sino por puro antiespañolismo, por odio a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol. Eso pa empezar. Luego lingotazo de Sigmund FLOÏD (la psicocolonia para hombres de los de antes): la catarsis del riesgo sorteado –o no- que supone para agonistas y espectadores la corrida.

Si se traspone su teoría del agonismo taurino a las ganas de mear el resultado es el mismo. Si se aguantan las ganas de mear hasta que el peligro de desparrame del dorado líquido por el pernil afilado del pantalón devenga un riesgo real de muerte de la compostura del hombre-hombre, el sorteo de ese riesgo llevado al límite tras sacarse por fin y artísticamente la churra y largar el dorado líquido sonoramente sobre el excusado, esa superación del miedo a la muerte de la dignidad, convierte a ese arte en sublime y, sobre todo, en sumamente saludable. Pónganse espectadores y tendremos una liberadora comunión catártica de las fortísimas tensiones de la vida. Palabra de zikiatra. De Jefe de Servicio, además, como el muy presuntuoso firma.

Qué, que igual el símil no es muy acertado… Pos sí, tenéis razón... Pero es que tenéis que compararlo con el argumentario del nota… Y qué queréis que os diga… Talmente el Argumento Tontológico de San Hodierno. Si don Carlos (Castilla del Pino) levantara la cabeza y pudiera comprobar que el vallejonajerismo contra el que tanto luchó en su vida sigue perfectamente vivo y además en la ciudad que él colocó en los mapas de las universidades europeas...

Lo más flipante del caso es la inclusión de semejantes perlas, no sólo reaccionarias, carpetovetónicas y perifranquistas, sino, sobre todo, fuera de tono en una revista municipal de la Feria de un pequeño pueblo gobernado por la izquierda. Dos artículos además. Sería interesante saber quién, cómo y por qué es el responsable de semejante inclusión. La mayoría la tiene una coalición entre PSOE e IU y la oposición el PP con camuflaje localista. Se supone que en una revista de esas características el tono ha de ser impepinablemente casposo-tradicionalista, pero si gobierna la izquierda debería cuidar que no fuera además casposo-franquista. Y no se trata, como podría aducirse de libertad de expresión en los medios locales. Parece que el nota no tiene na que ver con el pueblo y por otra parte si se estudia el índice de la revista no hay más artículos (y recuérdese que los que perpetra el zikiatra borroka son dos) de la misma índole político-social.

Lo que se espera de una revista de esa clase en un pueblo como Villa del Río, aparte de los saludas de rigor de las autoridades y el programa de los actos festivos, son trabajitos de los erudos locales sobre los alcanforados refajos de tirabordá de la Virgen, sobre el bandolero que cagó en el siglo XIX bajo el puente romano o una investigación sobre el dentista que le puso el diente de oro a la gloria local por antonomasia, el locutor franquista Matías Prats, o incluso, como hace el apulgarado cronista oficial del pueblo, aunar en un solo texto la exaltación de dos sublimes ranciedades como son la Legión y la Tuna, pero desde luego si las autoridades supuestamente de izquierdas y no menos supuestamente responsables de los contenidos de esa revista permiten la ruptura de la normalidad expositiva en la misma con la publicación de un par de discursos claramente incluíbles en el reaccionarismo político-social más repugnante de medios como Intereconomía, igual deberían hacérselo mirar..

A ver cuánto tardan en contratarlo como columnista los de LA COZ DE CÓRDOBA