(del laberinto al treinta)


miércoles, 15 de mayo de 2013

Patios Cordobeses: los sanfermines del sur

Somos cada vez más los que sospechamos que los implementaores de la explotación de la folklogallina de los huevos de oro cordobeses tienen su punto de mira en los Sanfermines. Convertir el Festival de los Patios Cordobeses en los Sanfermines del Sur parece ser su meta. Las pruebas son muchas. Solicitar y conseguir que la UNESCO declare Patrimonio Inmaterial de la Humanidad unos espacios tan íntimos, tan frágiles, tan peligrosamente sensibles puede responder a dos causas: una para proteger su posible extinción o posible deterioro; otra para explotarlos turísticamente a tuti plen. Como para la primera posibilidad sólo habría que haber creado el marco legal y el espacio cultural suficiente a nivel local, nos queda que la unescada sólo ha respondido al deseo de emisión de un eco a nivel mundial que atraiga a ingentes cantidades de turistas que se dejen las perras en los establecimientos hoteleros de la ciudad. Solamente. Como cualquier otra fiesta imán de multitudes, a ser posible arrolladoramente masiva. Como los Sanfermines. ¿Tienen que ver mucho los Sanfermines con los Patios? Estéticamente no: no es lo mismo pasarte un día de fiesta comiendo y bebiendo alrededor de unos patios floridos que hacerlo alrededor de un espacio donde unos tipos putean a unos pobres animales para satisfacer sus bajas pasiones adrenalínicas. Pero en la práctica la diferencia es mínima: de las cienmiriadas de turistas que invaden las calles de ambas ciudades poniéndose ciegos de comer y beber sólo un 10% tiene la oportunidad de disfrutar del meollo de la fiesta: de asistir a un encierro o ver un patio florido, ambas cosas por las naturales limitaciones del espacio en el que ocurren. Cientos de miles de personas poniendo la ciudad patas arriba, regando las esquinas con hectolitros de meados a cambio de dejar un pastal en los comercios. Nada moralmente reprensible desde el punto de vista de los medios de subsistencia de una ciudad. El problema es que no lo dicen abiertamente y andan empleados en maniobras orquestales en la oscuridad para conseguirlo.

Por eso también cada vez somos más los que estamos convencidos de que esa comparación que deslizó nada sibilínamente el New York Times hace unos años entre los Patios y los Sanfermines no fue un apunte inocente y respondió más a un artefacto de publicidad encubierta contratada que a un destello del magín del redactor. O sea que se trata de un guiño para los gringos degustadores de las fiestas gallardas españolas. Pero desde luego cada día somos más los que consideramos que nuestros implementaores son unos verdaderos caguetas que se la cogen con papel de fumar a la hora de cumplir con su santa misión implementaora. Y hacer las cosas bien hechas. Con profesionalidad y coraje.

Para empezar deberían contratar a un buen creador de leyendas históricas en la rama de turbias figuras literarias que consiguiera fascinar a los anglosajones consumidores de mitos de escritores silvestres. Por ejemplo y para compartir con la propia Pamplona, podría servir el propio Hemingway, creando la leyenda que extenderían escritores a sueldo yanquis de que en una estancia en Córdoba mantuvo un tórrido romance con Manolete. Es un poner. Sólo un poner, que los adoradores del Matarife de la cara de Vinagre están últimamente mu sensibles. La leyenda se complementaría con señalamientos claros de los lugares, tabernas, plazuelas, esquinas, donde ambos mocetones hubieran paseado su amor secreto. Con testimonio orales y escritos de ancianos que asistieron perplejos a los hechos pero que callaron por prudencia, por discreción, esa virtud tan cordobesa. En un par de años millones de rubiales con un pañuelo blanquiverde al cuello acababan con las penurias de esta ciudad a base de trasegar desmedidamente vinazo de Montilla y salmorejo con la excusa de alimentar su mitomanía literaria.

Y ya, como perla implementaora, para que a los gringos adoradores del desmadre sanfermineros no les farte de ná en su trasunto festero del sur, estaría bien proveerles de la más genuina de sus tradiciones: el salto libre desde la fuente. En Pamplona desde tiempo inmemorial las hordas de rubicundos anglosajones, para compensar que los mozos pamplonicas les impiden sistemáticamente desbocar su testosterona corriendo ante los toros, vienen celebrando la ya acrisolada tradición de lanzarse de uno en uno en caída libre, el temerario salto del ángel borracho, sobre la multitud de sus paisanos que se aprestan a recogerlos en el aire evitando que se revienten contra los centenarios adoquines pamploneses, desde la cima de la fuente de la Navarrería, una recoleta plaza el resto del año. Para colmo de afinidades cordo-pamplonicas en la citada plaza de la Navarrería existe un famosísimo bar rotulado como Cordovilla que ostenta la especialidad de la tortilla de patatas. Una tortilla de patatas que compite a nivel mundial con la no menos famosa del Santos de la ciudad de la Mezquita (antes mezquita). Unidad de afinidades en lo Universal. Así pues una vez pensado el evento ningún lugar mejor que la FUENTE DEL POTRO para ubicarlo convenientemente. La Fuente del Potro para practicar el salto del ángel mamado cuenta además con el timbrado de lugar cervantino, lo que le añadiría incalculable valor turístico, que no por borrachuzas empedernidas hay que suponer a las hordas festeras anglosajonas menos sensibilidad cultureta.

lunes, 13 de mayo de 2013

Fartusquilandia

Ibn Hazm, lumbrera de Al-andalus

Mientras esperamos paciente y pastueñamente el Apocalipsis aquí en Córdoba se ha acabado por instalar una atmosfera parecida a la de aquel mundo ficticio que retratara José Luis Cuerda en Amanece que no es poco. Un mundo reconocible en su normalidad pero donde personajes absurdos peroran absurdamente. La diferencia es que el delicioso surrealismo que allí lo impregnaba todo aquí es sustituido por un pegajoso fartusquismo colectivo que no tiene contestación. Si allí los hombres normales crecían por doquier en los bancales aquí lo que crecen en los foros públicos son los fartuscos, sobre todo los ilustrados. No ya que un presidente de la peñas, el movimiento asociativo junto con las cofradías más importante de la ciudad, un tipo salido de lo más profundo del carpetovetonismo roepalillos franquista, que representa ideológicamente no sólo a la cultura más rancia cordobita sino además legalmente a más de diez mil cordobeses, soltase en la prensa local sin que se le moviese un pelo del culo que las peñas son aquellos lugares donde se refugia un hombre cuando termina su trabajo, llega a su casa y la mujer está fregando y no nos deja ni pisar, sino que gente a la que se le supone por el ingente volumen de sus estudios cierta sensatez argumentativa se despendola fartuscamente a la nada que le pongan un micro o una columna de prensa en blanco por delante. Todo hay que decirlo. Dentro de ese fartusquismo hay de todo: lo hay gratuito, solipsista, que sólo remite a si mismo, y lo hay perverso, que apunta a intereses oscuros de un colectivo determinado. No en vano en esta ciudad gozamos de una de las mayores glorias del fartusquismo solipsista local: la exalcaldiosa Rosa Aquilar, una de cuyas más aquilatadas perlas fue aquella de declarar el progresismo avant la letre del matarife fino Lagartijo por la hazaña distributiva de arrojar, en la hambrienta España del siglo XIX, perraschicas a los pobres para divertirse.

Si los fartuscos siempre crecieron en los bancales cordobeses con alegría, debe haber sido por las pertinaces lluvias de que hemos gozado que últimamente los encontramos más gordos y lozanos que nunca. Veamos unos cuantos recientísimos:

I

Ayer mismo pudimos escuchar en la SER las declaraciones del arquitecto Gabriel Ruiz acerca del Festival de los Patios Cordobeses, que acaban de ser declarados Nuevos Sanfermines de la Humanidad. Después de caer en los alcanforados tópicos de siempre se deslizó cuesta abajo por la fartusquidad infame más absoluta con un ... y además en estos tiempos de crisis la forma de vida de los patios cordobeses son un modelo de "viviendas sostenibles", de vecinos que no sólo comparten un patio común sino también cocina, baño, etc..."

Imagino que se refería a que la vida en los patios populares cordobeses era y es, en algunos casos aún, pura miseria sostenida. O no sabemos si llama viviendas sostenibles a aquellas en las que 30 o 40 vecinos tenían que cagar en el mismo inmundo agujero o hacer cola para lavar sus harapos en la misma pila o para hervir en el mismo fogón el triste puchero de la pobreza.

Tal vez llegaremos a eso pronto de nuevo, pero no será nada supermegaguay de sostenible, sino supermegachungo de sostenido por la lucha de clases. Desde luego los ricos, mientras no se abolan las clases, no creo que estén dispuestos a posar sus culos donde los posen los pobres. En cuanto al tema del sentido de los patios como recientemente publiqué un largo artículo sobre el asunto a él os remito si queréis ampliar.

II

Es lo que tiene el hiperbarroquismo floral de los patios, que, como decía don Hodierno recientemente, sube peligrosamente los niveles de lirismo hiperglucémico en sangre, pero también los niveles de fartusquidad argumentativa. A ello hay que sumar para redactar el diagnóstico final que el consumo inmoderado de productos espirituales católicos produce desarreglos neuronales graves que cursan con estulticia, cretinismo y alucinaciones conceptuales de carácter irreversible. El intoxicador profesional y canónigo Nieto Cumplido que viene contaminando de trolas y embustes mefíticos tanto la memoria histórica de la guerra civil (es autor de una piomoana La persecución religiosa en Córdoba 1931-1939 que te cagas lorito) como el sentido histórico y monumental de la Mezquita (antes mezquita) desde hace años, ha encontrado un nuevo campo para empozoñar la mente colectiva de esta ya de por sí emponzoñada ciudad: los patios. Los patios no son ni romanos, ni moros: son estrictamente cristianos, porque ¡¡¡nacieron en el barroco!!! Ya te digo... Aparte de que se trata de una mentira como la panza del obispo, si en los siglos XVII y XVIII en las hacinadísimas corralas cordobesas hubiera nacido una flor hubieran tardado un pis pas los hambrientos vecinos en echarla al puchero. Niputeaidealismo en estado puro. De la gama de los perversos, porque responde a intoxicaciones interesadas del lobby ultracatólico cordobés. Los palmeros que le acompañan no son tampoco moco de Paco (El Caudillo): nada menos que dos antropófagos de la órbita católica de reconocido prestigio y un conocido dealer en la rama de dorador de productos narcocofrades. Una amigo mío está convencido de que el dorador, que también propietea un patio cordobé de los fetén tiene por fuerza que cultivar en él algo más que geranios y gitanillas para decir las cosas que dice.

III

Si de algo podemos estar orgullosos en nuestra ciudad es del extremo cuidado que del patrimonio arquitectónico muestran nuestras autoridades del ramo. Por algo se han ganado a pulso el título de reconocido prestigio universal de CORDOBESTIAS. Es por ello que el Arqueobispo Metropolitano de Córdoba ha podido despreocuparse de asuntos urgentes referentes a la preservación del patrimonio arqueológico en el que es especialista y dedicarse a más altos menesteres. Concretamente a tejer reintegrando a Córdoba los mimbres que un día la hicieron grande. No por nada es conocido en los ambientes intelectuales como El Canastero. Y para reintegrar esos mimbres a nuestra excelsa lumbrera se le ha ocurrido la impagable idea de volver a hacer navegable el Guadalquivir a su paso por la ciudad de los Califas Navegantes. Para ello sería necesario cepillarse los sotos de la Albolafia, que total llevan ahí tres días con pasado mañana, una cagadero de pájaros al que alguien en un día en que amaneció más tonto de la cuenta tuvo la peregrina ocurrencia de declarar Parque Natural que además de impedir la navegabilidad milenaria del Betis impide, como decía un conocido plumilla abecedario con alma de poeta adicto a la cofradeína, que ejerza limpiamente de Espejo de la Sultana. Un deseo largamente acariciado no sólo por nuestro arqueobispo sino por también por todas las mentes preclaras de esta ciudad. Con oscuras intenciones, con más oscuros aún intereses. Sería necesario además dragar profundamente el río hasta Sevilla, una sencilla obra de ingeniería al alcance de cualquier presupuesto comunitario, dado que el calado de los barcos actuales supera ligeramente el de las barcazas planas de la Antigüedad. Y por supuesto construir un puerto. Un puerto en condiciones que reciba esos barcos procedentes del Atlántico cargados de turistas cargados de euros hambrientos de salmorejo y berenjenas a la miel y sedientos de vinillo de Montilla y dispuestos a llenar con su rentabilísima presencia nuestros Humanitariamente Inmateriales Patios Floridos, listos para apreciar la ingente labor de protección del patrimonio en que están siempre afanadas nuestras ilustres autoridades culturales.

Pero ha habido algo que le ha faltado proponer al actual ocupante de la cátedra de Ambrosio de Morales. Pero aquí estamos nosotros para hacerlo por él: que un coloso que a la manera del que una vez enseñoreó en el puerto de Rodas dé entrada al puerto cordobés, una pierna colosal en cada orilla bajo cuyos perendengues circulen los bravos navíos camino del plato de salmorejo. Como ya hubo uno una vez en la ciudad podríamos reconstruirlo de nuevo. O bien podríamos reciclar para tal fin el Mazinger Zeta que pena soledad en un descampado tarraconense. O mejor aún: encargar al escultor de cabecera de nuestro ínclito prócer y mecenas Rafael Gómez Sandokán que esculpa un colosal arcángel con el noble rostro del Tapaeras de Cañero.

jueves, 9 de mayo de 2013

El misterio del desagüe califal desaparecido

A partir de ahora y por un tiempo iré entremezclando entre mis post propios algunos de los que mis colegas de La Colleja colgaron en ella y que considero de especial interés para que no se pierdan. Es el caso el articulazo que se cascó Acisclo Lupiáñez denunciando la misteriosa desaparición de un acueducto califal de la orilla del Guadalquivir.

Acisclo Lupiáñez. La Colleja. 11 de abril de 2013

El desagüe califal en una imagen de hace aproximadamente dos años

Desde hacía aproximadamente 1000 años, décadas arriba / décadas abajo, las aguas del llamado Arroyo del Moro, tras lamer los pies de toda la muralla de poniente de la ciudad de Córdoba a la que servió de foso durante siglos y pasar finalmente bajo un puente de la misma época que permitía atravesarlo y sobre  el que discurría el camino califal de Medina Azahara, desembocaba limpiamente en el Guadalquivir a través de un desagüe construido con las depuradas técnicas que caracterizaron las obras públicas de la era andalusi: con perfectos sillares de calcarenita. Un califa, probablemente Alhakam II lo ordenó, un visir mandó cumplir su orden, un zalmedina se encargó de proveer lo necesario, un ingeniero andalusí al servicio del bien público de la ciudad lo diseñó y supervisó la obra y una brigada de diestros operarios locales lo construyó con eficacia, amor y sentido del deber para que perdurara por los siglos de los siglos cumpliendo limpiamente la misión que se le había encomendado: encauzar el agua del arroyo impidiendo su desbordamiento en épocas de lluvias por obstrucción.

Durante 1000 años la zona soportó tremendas riadas, guerras, asedios, nefastas políticas urbanísticas y expolios, pero el humilde pero sólido desagüe califal se mantuvo orgullosamente intacto cumpliendo impertérrito su higiénico cometido. Incluso soportó la construcción a cinco metros exactos de su boca de los colosales pilares del Puente Nuevo en los años 50 del siglo XX. Todos aquellos que intervinieron en su construcción en la época en que esta ciudad, según kikiriquean sin desmayo sus gallitos de pelado pescuezo cultural a sueldo, fue la mayor y más hermosa del mundo, podrían sentirse tan orgullosos de su pequeña obra como lo estarían de la propia Mezquita Mayor.

Pero los orgullos históricos muchas veces no cuentan con la potente capacidad de corrosión de la estupidez humana, de los pequeños, dañinos y mezquinos estúpidos que heredan las grandes o pequeñas obras que les legaron sus sabios antecesores. Y así, desde hace un año el milenario, sólido, hermoso, estructuralmente perfecto desagüe califal ha desaparecido de la vista de los humanos locales y forasteros sustituido por una obra de idéntica funcionalidad pero de adocenados materiales industriales contemporáneos.

Lo descubrí hace unos meses cuando, encontrándome de paso por Córdoba, me acerqué a ver en qué situación había quedado tras las espectaculares subidas del nivel del río de los últimos años. Sentía un especial cariño por ese pequeño y desconocido monumento califal porque era uno de los secretos que mi profesor de Historia en el bachillerato compartía con algunos de nosotros, sus alumnos, allá por los años 60. De vez en cuando Don Pedro nos convocaba un domingo por la mañana en el Patio de los Naranjos y nos mostraba en variados recorridos temáticos retales de una Córdoba secreta, pequeños restos escondidos de pasados más o menos remotos que guardaban algún recuerdo de quienes los construyeron pero en los que casi nadie reparaba. Afortunadamente, nos decía. Porque si los encargados de velar por nuestro patrimonio se fijaran casualmente en ellos su sentencia de muerte o de transformación estaría firmada irremisiblemente.

Tras mi primera reacción de caída en lamentable estado de catatónico berrinche me puse a indagar entre los amigos que me quedan en la ciudad por si alguno supiera qué era exactamente lo que había ocurrido con el milenario desagüe. Al menos que fuera capaz de explicarme si había sido destruido o había sido enterrado en algún tramo de la nueva obra. Infructuosamente. Absolutamente ninguno sabía ni siquiera de la existencia de tal obra de ingeniería andalusi y ni siquiera de las nuevas obras de canalización. Las sospechas de destrucción completa se instalaron inquietantemente en mi mente tras comprobar que junto a la nueva obra se amontonaban un respetable número de piedras de inequívoca naturaleza calcarenítica que pudieran corresponder a los restos de los perfectos sillares califales. Tras hacer el correspondiente reportaje fotográfico me decidí a investigar en la red. Y afortunadamente he conseguido imágenes antiguas, de los años 50 del desagüe que había colgado en su magnífica página el bloguero y profundo conocedor de la ciudad Puerta de Osario en una entrada sobre la Puerta de los Sacos, e imágenes más recientes colgadas en la página de la Asociación de Educación Ambiental El Bosque Animado, precisamente en un seguimiento, cargado de preocupación, que hicieron de aquellas obras.

La destrucción del patrimonio histórico cordobés continúa su imparable camino hacia ¿la debacle final? Los tiempos que vivimos son extraños, revueltos, y los problemas sobrevenidos con la Gran Estafa Contemporánea a la que llaman Crisis ocultan que esa destrucción sistemática siempre fue endémica, como demostró Castilla del Pino en su famosísimo artículo de 1971, Apresúrese a ver Córdoba, en una ciudad que podría haber conseguido a nada que se hubiera pensado a sí misma con un mínimo de racionalidad, hubiera contado con la sensatez suficiente y unas autoridades auténticamente competentes unos niveles de rentabilidad cultural, moral y, sobre todo, económica, que muy pocas hubieran tenido la oportunidad de alcanzar. Y sin necesidad de proyecciones publicitarias tan absurdas, vacías y tramoyescas como la Capitalidad Cultural Europea, la Noche Blanca del Flamenco o la construcción de un Palacio de  los Sueños Congresísticos Rotos. Como escribió cierta vez mi amigo Manuel Harazem, esta ciudad tiró por el sumidero de la historia el 90% del petróleo arqueológico que una vez preñó su subsuelo y del que podría haber vivido desahogadamente mientras quedaran en el mundo personas fascinadas por la Historia y sus tesoros por apostar exclusivamente en su desarrollo por la cultura del ladrillo y la burbuja inmobiliaria que sólo han beneficiado a unos pocos espabilados y nos ha llevado al estado de penuria actual en el que actualmente vegetamos.

El caso del desagüe califal desaparecido acompaña otros casos de sangrante desidia cultural organizada que sufre esta ciudad en la gestión de sus recursos patrimoniales. Así como el proyecto de la ruta de los baños andalusíes, jamás puestos en valor, duerme el sueño de los justos, una ruta de la cultura del agua andalusí, que podría haber incluido el propio río, los acueductos, los molinos, la noria y el desagüe lista para ofertarse a los colegios como complemento de la formación de los estudiantes, a los locales amantes de su patrimonio y a los visitantes que vienen buscando en Córdoba lo que en ningún otro sitio del mundo existe, como tantos otros proyectos que la obtusa mente de nuestros políticos y técnicos culturales jamás supieron realizar, sólo son ya humo de delirio de unos pocos que una vez imaginamos que esta ciudad se merecía algo más que la triste suerte que le ha tocado rumiar probablemente para siempre.

El desagüe durante la construcción del Puente Nuevo (principios de los 50)

El desagüe en los años 60

Las obras de remodelación (¿ocultamiento?) o ¿destrucción? del desagüe califal

La obra terminada. Los nuevos desagües y ¿restos de sillares de calcarenita?

Tramo del desagüe correspondiente al interior del puente de la Puerta de los Sacos en la actualidad

lunes, 6 de mayo de 2013

LA COLLEJA echa el cierre

LA COLLEJA, la revista digital en la que he participado como socio fundador, miembro del consejo de redacción y articulista y que fuera responsable de que a veces mantuviera bastante abandonado este blog echa el cierre.

LA COLLEJA nació hace dos años. En el artículo que Don Hodierno (el redactor que corresponde al propio consejo de redacción de la publicación y que por tanto habla por todos) que cuelgo debajo está perfectamente explicada su génesis y su origen. Así que me los ahorro. Lo cierto es que en los últimos tiempos había bajado sensiblemente el nivel de participación de redactores por falta de tiempo en unos casos y de entusiasmo fruto de la frustración por la imposición de atroz realidad que nos constriñe en otros, lo que ha llevado a decidir su cierre. Una verdadera pena. Córdoba se queda sin la única tribuna realmente crítica, aleando la mordacidad y el gamberrismo cultural, de denuncia, con que contaba. El resto de las publicaciones colectivas de esta ciudad, digitales o analógicas son directamente inanes (la minoría) o completamente vendidas a las fuerzas oscuras del Capital y de la Iglesia la aplastante mayoría. Los casos individuales que puedan salvarse que se salven.

En esta ciudad hubo desde siempre un especial interés en que no hubiera un medio auténticamente de izquierdas y mucho menos auténticamente crítico con el Poder, en que Córdoba no dejara de ser La Feria de los Discretos con que genial y certerísimamente nos bautizó Baroja. Ese interés en mantener los niveles de discreción que conforman el auténtico carácter cordobés es patrimonio tanto de la derecha más o menos cerril como de la izquierda a la violeta que nos gobernó tras la marcha del ciclón Anguita. La revolución anguitiana, que removió por unos (escasos) años los cimientos éticos y culturales de la ciudad, fue subseguida inmediatamente por la contrarrevolución de ExtHerminio Trigo primero y la alianza monárquico-clerical-folklorista de la alcaldiosa Rosa Aguilar. Precisamente hoy alguien me recordaba cómo el hundimiento de La Voz de Córdoba (1981-1984) fue una jugada maestra del PSOE para cargarse el único medio auténticamente plural y crítico que hubo en la ciudad desde la II República para integrarlo en el que pretendía que fuera su portavoz local para perpetrar la Gran Traición neutralizando a las fuerzas progresistas del estado español, el que fuera diario del Movimiento, el Diario Córdoba. Luego la larga travesía del Desierto de la Discreción hasta que mediados los años centrales de los 2000 surgiera La Calleja de las Flores y a su cierre la Colleja, que cierra también ahora. Muchos lamentos he escuchado estos días, pero cuando estaba viva y coleando era cuando hubiera necesitado esa solidaridad que tantos ahora le muestran. Pero es lo que tiene pertenecer a Discreciolandia...

Como LA COLLEJA cerrará definitivamente y por ahora no se volcará su contenido copio y pego íntegramente la autonecrológica que se ha cascado Don Hodierno y que ha sido confeccionada colectivamente por el consejo de redacción. Como dice la nota final durante un tiempo estarán accesibles sus contenidos por si alguien quiere llevarse algo. La Colleja siempre fue de todos y para todos.

LA COLLEJA SE SUICIDA

Don Hodierno

La Colleja se suicida. Decidida y fatalmente. A la manera estoica. Anunciándolo y entre amigos. Y aprovecha para hacerlo la llegada del mes de mayo a Córdoba. No es casualidad: la orgía mayera cordobesa sube peligrosamente los niveles de lirismo chocarrero en sangre a prácticamente toda la población hasta extremos insoportables y La Colleja ya tenía la salud mu delicá. El florido mes que comienza ya tradicionalmente con un acto de guerracivilismo por ahora incruento desde que hace dos años los herederos del espíritu del Movimiento Nacional se hicieran con las riendas del gobierno municipal imponiendo conscientemente la coincidencia de la manifestación por antonomasia de la clase obrera con la manifestación por antonomasia de la clase tonta. La Marcha Sindical del 1 de Mayo con la Batalla de las Flores, ese arma de cretinización masiva, rancio invento de la burguesía ociosa cortijera de principios de siglo XX recuperada por el franquismo en sus años más negros y que representa lo más casposo del alma folklofriki cordobesa, acompañada más recientemente por la patética panda de verdiales que fue el equipo de la alcaldiosa excomunista y exdetodo, esa Desgracia. La prueba de que supone una declaración de hostilidad es que desde hacía un siglo se venía celebrando indubitablemente el primer domingo del mes hiperfestivo. De simple y tonta batalla de flores ha sido convertido por la caverna neofranquista en pura batalla de ideas, en las que éstas son las víctimas principales. Córdoba camina alegremente hacia la Edad del Desastre Tecnologizado que se avecina subida en una carroza de papel de colorines y cantando el Soy Cordobés con la vena del pescuezo hinchada, entre humazo de procesiones, marchas cofrades, millones de aguardentosas sevillanas y catas de cualquier cosa mientras el hambre y la exclusión social se van contagiando poco a poco de una familia a otra, de un barrio a otro, camino de convertirse sin resistencia en villas-miseria. Con verbena popular y Cruz de Mayo, faltaría más.

La Colleja nació hace dos años por voluntad de un grupo de amigos que quedaron huérfanos de medio de expresión tras el cierre de la mítica La Calleja de las Flores, probablemente el medio más cañero, crítico, mordaz y gamberro que ha parido esta ciudad desde los tiempos de la II República y en el que se acostumbraron a expresarse con total libertad. Por ello sufrió el inmisericorde rechazo de las fuerzas zombis cordobesas con el arma más peligrosa con que cuenta la ciudad feudo-medieval que resiste encastillada el asedio de la Ilustración: la discreción. Como ha continuado sufriendo su heredera La Colleja que ahora se quita hastiada de en medio. No en vano sigue enquistado en el cerebro de la población el recuerdo de los cuatro mil indiscretos fusilados en las tapias de los cementerios en el 36.

En estos dos años La Colleja ha tratado de insuflar algo de indiscreción en esta Feria de los Discretos que cuenta con la burguesía más estéril e inculta del Hemisferio Norte. En la que la que lo más parecido a un periodista de investigación es un periodoncista de Gibraleón y en la que la caverna franquista o ultraliberal dispone de todos los púlpitos mediáticos, de absolutamente todos, para lanzar a todas horas sus proclamas reaccionarias mientras la izquierda, que gobernó la ciudad durante treinta años, no ha sido capaz de crear ni un simple fanzin desde el que emitir ni la más simple de sus ideas. En la que la manifestación de entusiasmo cultural colectivo más importante de su historia reciente ha sido subir a diez mil exaltados paisanos con camisetas azules a gritar viva el salmorejo sobre el puente romano. En la que la Iglesia Católica, la mafia más antigua y dañina de la historia de la humanidad, ha dominado sus resortes económicos durante treinta años corrompiendo a la mitad de la población y cuyo poder en la sombra, tras llevarla a la ruina, sigue siendo superior a la que goza en cualquier otra ciudad. Una ciudad a la que esa misma Iglesia Católica ha robado con el mayor descaro la propiedad de su mayor tesoro patrimonial, la Mezquita, sin que a sus legítimos propietarios, los cordobeses parezca importarles una higa. En la que las únicas fuerzas vivas realmente visibles son las momificadas del agusanado mundo de las cofradías y el seborreico de las peñas. En las que las expectativas de desarrollo sólo pasan por vender a los forasteros la visita a unos patios convertidos en fenómenos de feria o Parque Temático Folclomoruno y en vías de morir aplastados por las masas de comedores de hamburguesas atraídos por la gratuidad. Una ciudad de la Andalucía interior cuyos implementaores económicos pretenden elevar el muy minoritario mundo de caballo, o sea (¡pobres caballos!),el mundo de los señoritos y la secular explotación del campesinado a símbolo local, para en realidad proveer negocio exclusivo para ellos. En la que casi gana las elecciones un más que presunto polidelincuente, un individuo más corrupto que la sentina de un mierdero y que se jacta de no haber leído un libro en su puta vida para corroborar aquella copla tan graciosa de Córdoba la bravía / que entre antiguas y modernas / tiene más de mil tabernas / y una sola librería. En la que el representante de diez mil cordobeses afirma sin pestañear y sin asomo de ironía que las peñas son los lugares donde se refugian los hombres cuando son expulsados por sus mujeres de sus casas para que no pisen el suelo mientras friegan. En fin... una ciudad completamente fracasada habiendo tenido bastantes más oportunidades que otras para haberse provisto de corazas racionales con que resistir el atroz mundo que se avecina.

Pero lo más importante es que creemos que hemos aportado, como en su día lo hicieran algunos de nuestros colaboradores en La Calleja de las Flores, muy interesantes datos sobre la historia de la ciudad, la mayoría desconocidos para los erudos y eruditos locales, como cuando el profesor Lupiáñez nos desveló el secreto de los cojones momificados de Ambrosio de Morales, rescató un perdido romance a Góngora dedicado o sembró razonables dudas sobre la nacencia de Séneca. O Aristóbulo y su descubrimiento de la puerta Piscatoria romana en el muro de un bar de la Judería. O los penetrantes aportes al conocimiento de la idiosincracia de la ciudad actual: las certeras denuncias de David, el olfato político de Marti Julbe, la furia de Manolo Harazem contra la caspa y la carcunda clerical o denunciando atropellos arqueológicos. Y muchos de ellos han sido recogidos cuando no directamente fusilados por la prensa oficial. Sin jamás dignarse nombrar el medio de origen. Como si La Colleja tuviera la peste. Que la tiene para ellos. O los montajes de Mr. Parkingson y su premonitoria sección Futurama y las denuncias de fartusquidad de nuestros más preclaros prohombres locales que llevaron a cabo colegiadamente él y Harazem y cuya certera puntería llevó a cierta sabandista o periodija con guarida en el mechinal abecedario a amenazarnos en un burrofax con mandarnos una jauría de abogados. Una medalla que llevamos desde entonces con orgullo.

La Colleja cierra para no tener que seguir hablando en el desierto de la discreción de la brutal decadencia de esta ciudad que tiró hace dos días su futuro por la borda destruyendo lo mejor de su patrimonio histórico y arqueológico, gastando todas sus energías, económicas y sociales en absurdos proyectos faraónicos de aterradora insolvencia real y moral por culpa de la infeliz conjunción de una de las castas políticas locales más estúpidas del estado español, que ya es decir. Una ciudad en la que cada vez más se oferta al populacho adocenado más circenses y menos panem. Una ciudad muy, muy hermosa, pero sin seso, como descubrió la zorra en el busto. Más tonta que el que asó la manteca o que Abundio, que vendió el coche pa comprar la gasolina.

Adios, Córdoba, buen viaje al Tercer Mundo. Cuando llegues al nivel de Cochabamba escribe, en caso de que aún sepas hacerlo.

 

A los que nos siguieron, a los que nos disfrutaron, a los que nos comentaron desde el disentimiento o el aplauso…

GRACIAS

A los discretos que se mordieron la lengua y a los chungos que nos torpedearon:

QUE OS JODAN

NOTA FINAL: MIENTRAS EL SERVIDOR NOS DESCONECTA DEL PULMÓN ARTIFICIAL PODÉIS ENTRAR Y RECOGER LO QUE SEA VUESTRO Y LO QUE NO TAMBIÉN. PORQUE LUEGO DESAPARECERÁ PARA SIEMPRE.

lunes, 29 de abril de 2013

Lo que vale la "palavra" de un español

Fue aquel camarero turco que se quedó con cara rara parado ante nuestra mesa tras servirnos dos Efes en una terraza de Kaş cuando nos escuchó pronunciar varias veces la palabra palabra quien nos llamó la atención sobre ella ¿Palavra? repitió rarificando aún más su expresión. Le pregunté: which means palabra in turkish? Como no sabía un pijo de inglés el camarero agarró directamente el pequeño diccionario turco español que teníamos sobre la mesa y nos la señaló: PALAVRA = MENTIRA.

Uno de estos días me acordé de aquella anécdota y decidí hurgar en la red a ver si encontraba alguna explicación a semejante coincidencia. Desde luego se trataba de un hispanismo claro e inequívoco. El traductor de Google me dio la alegría de afinar la definición descubriéndome que el término es equivalente a FANFARRONERÍA y un diccionario turco-inglés online lo traduce como empty talk, bunk, baloney, guff, bullshit, o sea, patraña o gilipollez.

¿Por qué caminos etimológicos habrá llegado a significar todo eso en turco el término español palabra? A mí se me ocurre que a través del sefardí, aunque, incluso concediendo que las comunidades judías de la expulsión, fueron grandes, no creo que tuvieran la suficiente capacidad de impregnación como para haber colado un término tan importante.

La otra opción es que el término pasase al turco por un mecanismo de asignación sarcástica de la que el castellano ha sido víctima alguna vez más. Una de los usos más graciosos de palabras españolas que hacen los anglosajones es la de maniana (mañana) para significar una promesa que no se tiene intención de cumplir, para denotar informalidad. En el mismo sentido que Larra tituló su célebre artículo Vuelva usted mañana. Siesta y mosquito son otros dos de los términos que usan los anglosajones en un sentido un tanto ridiculizante.

Así que podemos imaginar que a lo largo de los siglos en que las dos grandes potencias (La Sublime Puerta y el Estado Contrareformista) del Mediterráneo anduvieron enfrentadas se fueron forjando los tópicos caricaturescos mutuos de los enemigos. Y que mientras al turco le tocó el tópico de individuo lascivo, lúbrico y lujurioso (no sin cierta envidia) al español le tocaron las características del tipo fanfarrón, mentiroso, informal y poco fiable en general que las literaturas de otras lenguas no españolas de la época fijaron. Se debió acabar consagrando el significado sarcástico en la lengua del imperio enemigo de lo que debía ser la palabra de un español para un turco: una mentira, una fanfarronería, una patraña o una gilipollez. Y probablemente no se trate de una exageración, de un tópico sin fundamento, ni una lógica insidia de enemigo, sino de una tendencia nacional ampliamente aceptada y contrastada. Como a lo largo de ha Historia y hasta ahora mismo no hemos dejado de comprobar. Los turcos debieron de hartarse de recibir continuamente esa palabra de español que resultaba sistemáticamente de una fragilidad pasmosa pues a la nada acababa hecha añicos. Así que decidieron quedársela, recomponerla, repìntarla y darle un sentido que quizás no estaba definido en su propia lengua: fanfarronería mentirosa e idiota.

sábado, 27 de abril de 2013

Calumnias históricas: el hachís

Al pobre hachís, cuyo nombre proviene de una palabra que significa en árabe (y no en tamazigh, como dice la wiki española) simplemente hierba, le viene ya la mala fama desde tiempos inmemoriales. Somos muchos (entre otros Bernard Lewis y Amin Maaluf) los que pensamos que se trata de una simple y contumaz calumnia la asociación de la rica yerba fumable con una supuesta secta sangrienta (la de los hashishin, o consumidores fanáticos de hachís que cometían supuestamente crímenes políticos bajo sus efectos) y con el origen de la palabra asesino. Independientemente de sus fines y métodos políticos, muy poco estudiados seriamente, los seguidores de Hasan ibn al-Sabbah, reformador del ismailismo, llamaban a su organización y al castillo que la acogía al-Asás, palabra también árabe que significa fundamento, base (como al-Qaeda, curiosamente), principio, tono fundamental (Diccionario árabe-español de Federico Corriente) y a sí mismos asasiyn (los del fundamento, o sea, fundamentalistas). Si luego le daban o no a los porros debía ser aleatorio. Sobre todo teniendo en cuenta que el alcaloide del cannabis no induce a la agresividad ni al fanatismo. Sino a todo lo contrario. Son el fanatismo, el fundamentalismo, el integrismo los que crían probables asesinos, a los que aquellos igual de probablemente han procurado su etimología.

CODA: Si queréis partiros el culo de risa leyendo las mastuerzadas que emite uno de los más importantes tontos ilustrados de este país, Luis Racionero, que llegaría incluso a ser nombrado director de la Biblioteca Nacional por los tontos, éstos sin lustre, que nos gobernaban entonces y que lo hacen ahora, no os perdáis la entrevista que le hicieron en La Vanguardia al mes del ataque a las Torres Gemelas comparando a Hasan ibn al-Sabbah con Osama bin Laden y que recoge parcialmente ESTE ARTÍCULO de Webislam.

jueves, 25 de abril de 2013

La Cruzada Gastropija

Para calibrar medianamente las estrategias artilleras que últimamente emplean las vanguardias de la Cordocaspa, o sea el Ejecutivo Municipal, para alcanzar sus últimos objetivos militares, propongo un sencillo ejercicio de agudeza visual. Se trataría de a través de un amable paseo que comenzaría en la Judería, continuaría por la plaza de Filosofía y la Puerta Almodóvar hasta alcanzar los puestos de artesanía y abalorios del Paseo de la Victoria (ya sabéis, los puestos que unos llaman de los jipis y otros de los moros), comprobar la alineación de los elementos comerciales que invaden los espacios públicos.

En la Judería la invasión de la vía pública por los expositores de abigarradas chilindrinas para guiris es meridianamente comprobable. En la Puerta de Almodóvar la colonización del espacio público intra y extramuros por las mesas de los negocios cazaguiris es altamente contaminante. Pero una vez llegados a los expositores de los productos que se venden en los moros/jipis al observador imparcial puede incluso producirle un ligero mareo la contemplación de la inquietante simetría y perfecto alineamiento que presentan los bordes de los puestos a ambos lados del paseo. Pero si incluso uno teme ser objeto de espejismo producto de la caló sólo tiene que usar un nivel de aparejador de alta precisión y comprobar concienzudamente que ni un solo pañuelo ni una miserable pulserita se salen ni un solo milímetro del espacio que les pertenece.

La extrañeza se hace pregunta inquietante a la nada que caigamos en la cuenta de que ni moros ni jipis intrínsecamente considerados tienen inscrita precisamente en su código genético la tendencia al orden maniático y a la simetría en la exposición del género. Así que algún misterioso acontecimiento ha debido ocurrir para que semejante milagro se obre a la vista de todos, que por supuesto no me voy a quedar sin destrincar. Y como preguntando se va a Roma me entero de que la causa de que prodigio se obre tan prodigiosamente no es otra que las multas de 1.500 euracos que nuestro ecuánime ayuntamiento le está imponiendo a cada vendedor, pertenezca a la harka mora o a la jipi, que ose traspasar el milímetro milimétricamente medible que tiene contratado con la municipalidad. 1.500 euracos, que se dice pronto, la más alta penalización que contempla la normativa vigente. La misma que le pondrían un poner al Corte Inglés si osara colonizar con stands la calzada de Tejares. Tampoco pueden colocar toldos o plásticos protectores lo que conlleva que el delicado género de fibras naturales se les pudra en multitud de ocasiones porque el sol y la lluvia sí que no entienden de normativas. Me cuentan que cada día y por sorpresa una brigadilla de fotomunipas armados con sofisticadas cámaras digitales escanean los bordes de los puestos para detectar los probables delitos de lesa espacialidad pública de los aviesos vendedores para endiñarles la consiguiente denuncia y la subsiguiente milquinientoseurística sanción. Me cuentan también que de vez en cuando aparece por allí un señor que dice ser el Concejal del Ramo transfigurado en Santiago Matamoros/jipis o en Ricardo Corazón de Leopardo, con la vena del pescuezo como un vaso de tubo, armado con la flamígera espada de su habitualmente trapajosa lengua atizando amenazas de más multas y castigos bíblicos a los desarmados súbditos que laboran en el colorido zoco multicultural. 

 ¿Cual es el pecado de la morisma y el jipismo para ser tratados así por las Fuerzas del Bien Munisipal y su Valiente Adalid el Consejal del Ramo? Pues haberse ido a instalar desde hace años y por blandenguería de los rojos precedentes en lo que está llamado por ahora a convertirse en el Cordón del Glamour Cordofacha. Lo explicaba de rechupete hoy Ángel Ramírez en Cordópolis en un cortante post titulado La batalla del Arroyo del MoroEl nuevo Mercado Victoria, concebido como una punta de lanza del futuro Cogollito Pijilín o Templo de la Gastropijotería Salmorejistaní, al que piensan y amenazan sumar pronto la Pérgola, blindado por un ejército de seguratas donde la Córdoba de Siempre, la que realmente manda, porque mandó siempre, reinventada hoy con chemis Lacospe y caracolillo embetunado pescuecero se solacen y se distingan. Y para eso les sobra el corredor humanitario a la altura de Puerta Gallegos, flanqueado por unos coloristas y poperos quioscos en el que se resguarda una fuerza internacional que a la vez que cuida el paso vende paraguas y bufandas del Córdoba CF y del Real Madrid, como vividamente lo ha pintado Ángel. Glamour llama a glamour y no a lo que ellos consideran la quincalla humana que vende baratijas.

Menos mal que todos sospechamos que detrás del tal Mercado Gastropijo no hay más que una burda maniobra de distracción y que el asunto durará más menos que una pompa de Mistol, aproximadamente lo que duren los trapiches del intercambio de nitrogenados (líquidos o gaseosos) capitales y el ensudoramiento de la cama que con nuestros dineros se les ha montado a los de Hostiacor aprovechando que el PPisuerga de Aznar pasa momentáneamente por Capitulares. Y que los jipis y los moros resistirán y persistirán como corresponde a su pellejo de resistentes natos  cuando de tu obra ya no quede ni la memoria… 

CODA: Han resultado sumamente graciosas las recientes muestras de coordinación entre las fuerzas del Ejército de Salvación Nacional Salmorejistaní. En Bilbao nuestro inefable general PiPiolo proclamaba a pecho hinchado como pavo salvado del cuchillo navideño y ante las autoridades euskaras que situaba el Guggenheim y el Palacio Euskalduna como “espacios de referencia” para CórdobaAntes de pisar moqueta de Capitulares ya sus fieles cohortes ponían la primera piedra de tan altos muros para el futuro anunciando el proyecto de construcción de un campo de pitch and putt, que aunque suena bastante cochino sólo es algo parecido a un campo de golf, pero como de cachondeo, en terrenos no urbanizables y de altísimo valor arqueológico a la falda de la sierra. Teniendo en cuenta que se trataría de un deporte de alto riesgo si se practica en los seis meses que van de abril a octubre y que el timo del campo de golf como forma de recalificar terrenos es más viejo que el cagar y que ya hace años vino un japonés con la misma moto en venta no nos queda duda de estamos ante un pelotazo urbanístico que no se lo salta ni un gilipollas milieurista votante del PP.