(del laberinto al treinta)


miércoles, 21 de febrero de 2018

Más sobre carcasaurios y fachalopitecos locales


Qué cansancio, qué ardores de estómago produce leer cada mañana la putrefacta prensa convencional cordobesa y comprobar la hondura del pozo de miseria moral en que chapotea la mayor parte de las fuerzas vivas intelectuales de esta ciudad. Esa que no considera del todo al nacionalcatólico (naci) franquista un régimen de idéntica condición criminal que el nazionalsocialista (nazi) alemán y al holocausto republicano tan digno de solidaridad y justicia como el judío. El único efecto colateral beneficioso de ese esfuerzo es verlos irse uno tras otro retratándose con el tema de los cambios de nombres de asesinos —recientes, tan recientes que sus víctimas y las heridas sangrantes que produjeron siguen entre nosotros— que aún rotulan nuestras calles. Siempre está bien conocer de qué pie ideológico cojea cada uno en esta ciudad de proverbiales discrecciones, ahora que los partidos que parecen más o menos representarles han puesto de moda la clasificación entre los que están con las víctimas y los que están con los asesinos. ¿O es que hay terrorismos / verdugos buenos y terrorismos / verdugos malos?

HOY es otro ilustre catedrático, el de arqueología de la UCO, al que los aficionados a los temas del ramo conocemos como el Arqueobispo, el que se lanza al fango de la desvergüenza. Da verdadera lacha leerle apelar al perdón, el diálogo, la tolerancia y la flexibilidad de carácter. A él precisamente, que usa cada semana su privilegiado púlpito de la Hojilla Parroquial para vomitar su bilis de veterano cascarrabias contra el mundo contemporáneo, cuando no lo usa indecentemente para erigirse en acusica de su vecina de la que le molesta que organice en su patio pequeños conciertos y recitales de poesía. Da verdadero estremecimiento escuchar a todo un historiador proclamar que no entiende qué fue lo que pasó en 1936 para que un país se vea arrastrado a un enfrentamiento de estas características. Da verdadero pavor leer de pluma de todo un catedrático en humanidades una pregunta, que parece ingenua, de persona de pocas luces, pero que en su intención íntima lanza un cartucho de dinamita al centro de la reivindicación de justicia y reparación para las víctimas del holocausto que organizaron nuestros nacis: ¿por qué no reclamamos a los franceses los desmanes cometidos por Napoleón y sus huestes? Nivel de estaribel, tronko: ¿por qué no se lo preguntas a los judíos respecto a los nazis que les montaron su Holocausto? Pero es al final cuando tras el vigoroso fru-frú de autobombo buenicista que precede al éxtasis, éste le viene en forma de derrame de admiración por un alcalde falangista que también colaboró en el golpe de estado que devino genocidio y guerra. Los historiadores hemos de ser objetivos, y las ciudades deben honrar a quienes las hicieron más grandes. ¿De qué escuela de filosofía de la historia ha bebido este señor que confunde la imposible objetividad con el imprescindible rigor? Además, se supone que por esa regla de tres —si jugamos a las comparaciones históricas estúpidas como nuestro maestro lumbreras— Hitler debería seguir siendo hoy día venerado en Berlín por las impresionantes avenidas con que la dotó. No es extraño que como bibliografía use la obra de un apulgarado folklofranquistasaurio al que sólo leen las damas de ensaimada en Serrano tras misa de doce. Mientras desprecia el trabajo de otros catedráticos —colegas suyos de facultad— de la Comisión de la Memoria Histórica creada para hacer cumplir una ley,  a los que tilda directamente de un tanto categóricos e indirectamente de cayentes en lecturas sesgadas, extremismos o manipulaciones ideológicas. 

Ayer fue otro catedrático, éste émerito, rescatado para el liberalismo gaseoso de la UCD de un oscuro pasado franquista por la Transacción y que vive en un pisazo en la plaza con el metro cuadrado más caro de Córdoba, el que pedía que a la muy obrera plaza de Cañero le pongamos el nombre —ya que los rojos nos hemos empeñado en cambiarlo— que a él le salga de los güebos y concretamente el que le ha salido ha sido el de un cura de la religión que él profesa. No sé si sabe que los vecinos ya decidieron quitárselo a otro cura, este con galones, en los años 80. Si tanto le gusta ese cura que le haga una capillita en su casa, le rece con fervor de meapilas y nos deje en paz a los demás.

Dos días antes un columnista y escritor se parapetaba tras el nombre de su abuelo, alcalde republicano y también escritor fusilado tras guerra por los nacis, para mostrar su lado más tendencioso y ya de paso ignorante, reivindicando la Córdoba de los años 50 (los logros de sus gobernantes nacis) y confundiendo a José Cruz Conde con su sobrino Antonio. ¿Para qué vas a mirar la Cordobapedia si puedes echar mierda sobre la memoria histórica con los ojos cerrados?

O la exjoven promesa de la literatura local, un juntaletras instalado normalmente en la más literaria de las inanidades, salvo cuando toca enseñar colmillo de facha y el palillo en la comisura. En Córdoba capital sólo hubo un muerto de entre los revolucionarios nacionalcatólicos, un falangista tan tonto que se dejó quitar la pistola con la que amenazó a unos obreros por la calle la tarde del 18 de julio, y cuatro mil fusilados en las tapias y tres mil muertos más por la represión y el hambre en la posguerra como víctimas demócratas. Pues para este poeta de irisados tropos todos cometieron actos aberrante de crueldad sin límite. Que sepamos ya dejó hace años de estar subvencionado (o no, quién sabe), así que eso es probable que lo diga desde la más íntima convicción de aspirante a Hermann Tertsch del Carrasquín.

Es absolutamente delirante que haya tenido que salir un familiar de José Cruz Conde en una carta al director del diario CÓRDOBA a decirles a todos estos lamebotas del caciquismo franquista cordobés quién fue y qué hizo exactamente su antepasado y por qué es justo y necesario que su nombre sea borrado del callejero de Córdoba, ciudad a la que, aunque la dotara de alguna infraestructura, contribuyó poderosamente a desgraciar.



Parece, sólo parece, porque de los pseoeístas no puedes fiarte ni un pelo, que ya está completamente decidido y que los nombres de los criminales cuya presencia para las víctimas del genocidio nacionalcatólico supone una injuria permanente van a ser arrancados. Sólo espero que no se sustituyan por otros, buenos o malos, benefactores o malefactores, de personajes reales o imaginarios de mitologías religiosas vivas. El mundo y la ciudad están llenos de cosas con nombres preciosos que poner a sus calles sin necesidad de correr el riesgo de equivocarse ni ofender a nadie. Y que se imponga el anhelo aquel, salido de la pluma de Francisco Moreno Galván, que cantara José Menese hace años por marianas:

CUÁNDO LLEGARÁ EL MOMENTO
EN QUE LAS AGÜITAS VUELVAN A SUS CAUCES
Y LAS ESQUINAS CON SUS NOMBRES:
NI REYES, NI ROQUES, NI SANTOS, NI FRAILES.
A LA DINA DANA...

martes, 13 de febrero de 2018

Córdoba ¿capital del negacionismo naci?

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NOMENCLATURAS DE IDEOLOGÍAS CRIMINALES

nazionalsocialismo - nazionalsocialistas, abreviadamente NAZIS
fascismo - fascistas
nacionalcatolicismo - nacionalcatólicos, abreviadamente NACIS

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¿Qué está pasando en Córdoba para que sus fuerzas reaccionarias estén presentando una numantina batalla contra las exigencias de higienización del nomenclátor franquista de las calles, sin importarles caer en delirantes pozos de ridículo? La cosa no sería extraña si en otras ciudades de más acervo naci que Córdoba, como Zamora o Burgos, sus fachas no hubieran aceptado racionalmente por fin la limpieza.

Probablemente que se trata de la peor casta de nietos de nacis de España, superando a la peor burguesía del país, que según Lorca, era la granadina. Aquí son sus descendientes y están rabiosos. Son los hijos y nietos de los que cometieron un genocidio del que ellos mismos se han beneficiado toda su vida. Nadie nunca les echó en cara que vivieran de puta madre, disfrutaran de buenas casas, juguetes en Reyes, vacaciones en el mar, estudiaran en buenos colegios y universidades y contaran con las redes que habían creado sus abuelitos y padres nacis para controlar el país y encontrar privilegiado acomodo laboral sin problemas.

Y todo eso lo gozaban porque sus mayores habían asesinado y robado a cientos de miles de españoles para ello. Pero como dice Bartolomé Clavero en su imprescindible El árbol y la raíz, las responsabilidades políticas, sociales y penales por los crímenes de los inmediatos antepasados no se heredan, pero los morales, los cívicos se heredan con el patrimonio. Y lo saben. Los apellidos de los que mandan en la ciudad no engañan, el de algún dinosaurio pesoeísta incluido. Y por eso, en una de las ciudades donde sus padres y abuelos perpetraron uno de los peores genocidios que se cometieron en la Revolución Nacionalcatólica, no quieren perder ya uno de los últimos tapones que impiden que la mierda de los crimenes y la sangre de las víctimas les inunden. Los criminales Cañero, Cruzcondes, Rey Díaz, Vallellano y Pemán, son los últimos de filipinas de la sinrazón moral que defienden. Por eso compran sicarios, periodistas y trepas, muchos descendientes de las víctimas de esos cabrones. El lema parece ser: sacad a vuestros muertos de las fosas de una vez, pesados, pero no toquéis el honor de los que los mataron, porque son nuestros ilustres antepasados y lo hicieron por el bien de España.

Estas son algunas de las batallas que han presentado:

¿Alguien imagina que un historiador escriba un artículo en un diario en el que acuse a un cirujano de haber usado arteramente el diagnostico y el instrumental quirúrgico en la operación de un paciente? Pues, salvando los peros que se quieran, exactamente el equivalente a eso es lo que hizo un cirujano respecto a un historiador ayer en un diario local. Hoy el historiador le contesta muy educadamente, demasiado desde mi punto de vista, explicándole el diagnóstico y el instrumental que él y sus colegas historiadores han utilizado para la operación quirúrgica que extirpará del callejero de Córdoba a un puñado de nacis (nacionalcatólicos) que habían sobrevivido por diversas causas (fundamentalmente la cobardía de los políticos) a anteriores operaciones de higienización democrática del nomenclátor callejero.

Unos días antes fue un tipo que durante muchos años fue alto responsable de contenidos —socialista— de esa maquina de cretinización masiva que es CANALSUR, más conocida como CAGALSUR, el que se deslizaba por la pendiente de la desvergüenza defendiendo también al naci Cañero con el argumento de que su condición criminal formaba parte de una mitología. Un alto funcionario de temas informativos de la Junta que no tiene la decencia de utilizar los documentos oficiales (la hoja de servicios militar) que demuestran la índole criminal del señorito rejoneador. Todo por salvar el honor de los abuelitos nacis, alguno puede que hasta carnal.

Pero para delirante el lanzamiento a pecho descubierto y sin flotador al estanque del fangoso ridículo de este portentoso carcasaurio que ha borrado minuciosamente de las wikipedias su correoso pasado anterior a su conversión al centrismo liberal (UCD) en la Transacción, y que alcanza hoy el éxtasis pajillero para defender el honor y la gloria de José Cruz Conde. Más allá de lo esperpéntico, en la forma y en el fondo, de su intento, su discurso podría servir como perfecto ejemplo práctico en las facultades de Políticas de este país de la clase de liberales que hicieron el supuesto tránsito de la dictadura a la democracia en los 70. Sólo en esta España absurda y jeyonda es posible el espectáculo de un sedicente liberal constitucionalista defendiendo la memoria de un tipo que colaboró conspicuamente en dos golpes de estado contra regímenes constitucionalistas. Por pura higiene mental recomiendo leer sólo los dos párrafos finales de la infecta deyección.

El PP ha agarrado con sus afilados colmillo de perro de presa el tobillo del tema porque últimamente tiene que demostrar a sus votantes fachas que es más facha —de ahí su también dentellada en el de la cadena perpetua— que los de Ciudadanos, y en Córdoba lo tiene crudo, porque uno de los concejales del partido criptofalangista se ha destapado como un ultracentrista defensor de nacis del copón en una maloliente deyección que evacuó en el AWC . Échadle, chicos del PP, los galgos fachas a ese gamo...

Ambos grupos ultracentristas, el PP y el CDs, pensaban que, saliera lo que saliera de la Comisión, los social-centristas se arrugarían, la Marisuavona y el Tío Pamplinas no tendrían riles de cumplirlo. Y razón no les faltaba porque amagaron con ello. Pero la tesitura de no cumplir la ley y ofender a la decencia y sobre todo la presión de sus socios de izquierdas los ha rescatado de las garras del Mal.

Para demostrar que son más fachas que los de Cds. la franquicia local de la, según un juez, Organización Criminal se ha comprado un gabinete de prensa —a precio de saldo, que está la cosa mu mala entre el gremio, ¿eh que sí, tronko?— que le ha diseñado la campaña de las falsas encuestas populares, el despiporrante referéndum ilegal ¡¡¡para decidir si se cumple o no la ley!!! y la recogida de firmas, que ya aprovechan para sumarla a la de la cadena perpetua, como pude comprobar el otro día cuando en zona nacional me abordó una oroymechada señorona para solicitarme ambas y a la que espanté proclamando lo de ¡todo el poder para los soviets! La ayuda indecente les ha venido de alguien que debería ser extremadamente escrupuloso en sus manifestaciones, pero que dado el cargo que ostenta de, como a él le gustaría llamarlo, gobernador civil y Jefe Provincial del Movimiento, no hay más preguntas, señoría.

Pero es en la prensa, entre los plumillas, donde encontramos las más delirantes y pestilentes artillerías contra el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y el dictamen de la Comisión pactada por todos los grupos. En el AWC, con sus artilleros de puente narcocofrades casi al completo y un rijoso plumilla que confiesa que le pone a sien el nombre de Cruzconde porque lo transporta a la visión de las piernas de las chicas que entran en no sé qué club de esa calle cuando lo necesita, hasta la prensa ultraderechista clerical-cofrade de La Coz (propiedad mediada entre el PP y el cabildo / cofradías) donde los delirios que perpetran han conseguido alzarlos con el título de los ultraderechistas más tontos del occidente europeo. Ahí es nada lo del parroquidermo que trataba de infamar la memoria de La Pasionaria tratando de colocarla en un nivel de infamia superior a la de los naci-onalcatólicos criminales que a él lo ponen-lo ponen.

O su colega, el también parroquidermo que dice las misas por el alma de Franco cada año en su parroquia para tres o cuadro escuadras de neonazis y que habla de los tuyos y los míos dejando claramente con sus misas él de quién es. O el que se permite llamar nada democrática a la Comisión de la Memoria Histórica que han pactado DEMOCRÁTICAMENTE todos los partidos…

Pero el grado de mentecatez más desorbitada la alcanzan los periodistas profesionales de ese panfleto ultraderechista. En su delirio defensor de la memoria de los abuelitos nacis no dudan en hacer el más espantoso de los ridículos, algo que a ellos no debe preocuparles, porque ya se sabe que al imbécil son normalmente los demás los que lo detectan. Que dice uno, que para franquista, más que Cruz Conde, el morabito de Colón, que lo construyó Franco para que rezaran los rifeños a los que obligó a enrolarse en una guerra que no iba nada con ellos y que fue cedido hace sólo unos años, después de servir por décadas de almacén de herramientas de jardinero, a la comunidad musulmana para que la volviera a usar como mezquita. El capullo ultraderechista que firma eso no cae en la cuenta de que por la misma regla de tres eso afectaría a miles de iglesias de este país. No es extraño que el cura de las misas a Franco, un tipo con más peligro que una pistola en las manos de un mono, se sumara y perpetrara otra canallesca columna teñida ya de paso de evangélica islamofobia. Hoy mismo el que parece que hace de baranda del panfleto da un paso más allá y trata de reírse de a Comisión de la memoria sacando a la luz una serie de nombres de países y accidentes geográficos que fueron puestos en época franquista: Italia, Alemania, Ebro… Los que conocemos a este gracioso sabemos que su gracia siempre radicó en el mismo sitio. O sea… Un poco más simple... y le salen alitas.

La prensa estrictamente cofrade, esa Gente de Pis, también se ha sumado. No es raro, algunas cofradías siguen teniendo como Hermanos Mayores Honoríficos a Franco, Queipo y Mussolini... Llevo anunciándolo hace tiempo: la ultraderecha que viene será cofrade o no será... Las señales son inequívocas. Algunas son visibles, como la moda entre los costaleros de usar como condón cabecero sacas de Correos con la la cinta rojigualda. La mayoría de ellos, aparte de los militantes reaccionarios, son jóvenes de barrio, sin otra alternativa de socialización que el consumo en pandas de cofradeína: incienso cera y costal, pero su adoctrinamiento por parte de verdaderos energúmenos es algo que debería preocupar a sus padres y a la sociedad en general. Otras no tanto... como algunas consignas que suavemente se inoculan a los jóvenes desde esa prensa que, en lugar de dedicarse a despachar sólo cofradeína, ofrecen otras mercancías más peligrosas, como esta del dueño de esa dealer office que predica la instauración -de nuevo, como en los tiempos que a él le gustaban- de la pena de muerte.

Lo flipante de este asunto es que los defensores de honor de los abuelitos nacis han conseguido, no se sabe cómo, que ni siquiera se hable de uno de los peores, el obispo Fray Albino, que conserva su nombre en avenida, barriada y hasta colegio de niños. Algo esto último realmente grave si se tiene en cuenta que su obra literaria cumbre fue una adaptación del Mein Kampf del Führer como catecismo colegial, tan nazi que hasta la propia Iglesia tuvo que mandar a Franco retirarlo. Que se tienen sospechas de que participó en la preparación del golpe de estado en Tenerife y que se lo pasó tan bien una vez consumado que se divertía haciendo estadísticas de cuántos rojos confesaban antes de morir fusilados y cuántos no, por la necesaria Justicia de Franco. Está escrito de su puño y letra, o sea que pruebas hay para enviarlo al cajón de la infamia más absoluta.

Dan mucho miedo. Cuando reinvindican la pena de muerte que sus abuelitos nacis con tanta liberalidad practicaron. Y llegado el momento no nos salvará, como la vez anterior, nadie. Sobre todo teniendo en cuenta que uno de cada tres militares y jueces de este país pertenecen, como ellos, a una secta sotánica.

lunes, 12 de febrero de 2018

Mardones, el obispo almizclero

No se sabe el número de moriscos que consiguieron zafarse de la orden real de expulsión de la península Ibérica. En Córdoba al menos sabemos de uno. Un médico. Felipe de Mendoza. No sabemos si era buen médico, malo o regular. Sólo que se salvó de la expulsión por sus prescripciones médicas. Concretamente por sus prescripciones médicas a un obispo. Al de Córdoba. Al obispo Diego Mardones (1607-1624).

Mardones había acumulado a lo largo de su matusalénica vida en la corte muchos cargos reales, como el de confesor del rey y Consejero de Hacienda. Y ya anciano, el rey, no se sabe si por quitarse de encima a confesor tan añoso —tenía cerca de 80 años—o tan pejiguera o por concederle una especie de jubilación tranquila en provincias lo envió a Córdoba. El cuarto de los Austrias debía de ser un cachondo mental de la misma calaña que nuestro actual emérito Campechano Borbón Mataelefantes, porque con el obispo envió una carta al Cabildo en la que decía que lo que inviaba eran los huesos de Mardones, para significar los muchos años que tenía. Lo gracioso es que todavía sobrevivió muchos más al rey mocetón y burlador de viejos que la diñaría tres años después.

Contando 83 años nuestro obispo requirió los servicios del médico morisco que se apresuró a prescribirle un maravilloso remedio, que fue sin duda el que le salvó a él de la expulsión ya en marcha que sufrieron sus hermanos de origen y al obispo de todas sus melancolías. Y es que no hay nada como recetar a un cocainómano una buena dosis de farlopa para contar con su agradecimiento eterno, porque por esa prescripción facultativa nuestro viejo y picarón obispo SE ALIMENTABA DEL PECHO DE DOS AMAS Y DORMÍA CON DOS NIÑOS GRANDES QUE LE CALENTASEN (1). No es extraño que durase lo que duró el puñetero.

Pero si el buen obispo, aliado con el médico morisco, dejó para la posteridad una tipología de actividades clericales que tanta aceptación habrían de tener hasta nuestros días entre la ensotanada grey, no menos portentosa fue otra de sus actividades, la de marcar el territorio de su poder con sus potentes órganos de obispo almizclero.

El almizcle es una penetrante sustancia olorosa que segregan algunos mamíferos para marcar territorio y tomar posesión de todo lo que en él se incluye. Muchos de esos animales reciben el nombre de almizcleros. Así tenemos el ciervo almizclero, el oso almizclero, la rata almizclera. La sustancia se produce en una glándula que los machos de esas especies tienen en el prepucio o en el periné y es usada en perfumería por su potencia odorífera y su demostrado poder inductor de acatamiento al dominio machirulo.

El almizcle que nuestro obispo usaba no radicaba en su culo sino en su capacidad de ordenar a maestros canteros esculpir y colocar su escudo de armas episcopal en cualquier sitio que quedara libre. Así, en la fachada del palacio episcopal que él reformó en profundidad podemos encontrar nada más y nada menos que cuatro, dos de ellos, enormes, haciendo guardia a la ventana coronada de frontispicio sobre la Puerta de los Carros.

Aparte, en el interior de la Mezquita lo encontramos varias veces más sobre todo en el monumental mausoleo con estatua orante que se mandó hacer en ¡¡¡el altar mayor!!!, algo para lo que no dudó en violentar las ordenanzas del cabildo que prohibía expresamente excesos de egolatría como ese y en el que aparece por duplicado. Otros escudos los encontramos en el arranque de la cúpula de la capilla mayor, en las pilas bautismales, en las puertas de la sacristía y en la cruz procesional de tesorol catedralicio. Y lo que es más impactante: incluso dejó otro en la techumbre de la mezquita fundacional que estuvo visible hasta 1919 en que quedara cubierto por las obras de Velázquez Bosco. En 2009 volvió a aparecer en unos arreglos de las vigas de esa zona que estaban en muy mal estado (2).

Además, también pueden encontrarse marcas heráldicas de almizcle mardoniano en dos de sus fundaciones en Córdoba: el convento del Espíritu Santo para que acogiera a monjas de la misma marca que la suya, pero que fueran de limpia sangre sin mezcla de infeccion alguna y el otro, el de la Piedad, para que un cura, el Padre Cosme, encerrara niñas pobres. Por esas jugarretas de la historia, el segundo se convirtió finalmente en un colegio normal concertado y el primero tomó el papel del segundo: se le cedió a un cura laico exanticlerical con bastón para que encerrara del mismo modo niños y niñas pobres que quieren ser artistas.

En cuanto a su poder destructivo no fue menor que el constructivo. A él se debe nada menos que la demolición del sabat que cruzaba la calle que separa la mezquita del palacio y que llevaba en pie la friolera de 650 años, desde que Al-Hakam II lo mandara construir. Nuestro obispo almizclero no podía soportar que aquello ensombreciera su nueva fachada salpicada de gotas salidas de sus cojones.

(1) Dr. Juan Gómez Bravo Catálogo de los obispos de Córdoba. Tomo II, Córdoba 1778, p. 576.

(2) Mª Ángeles Jordano Barbudo: La intervención de los obispos Mardones y Salizanes en la nave central de Abd al-Rahman I en la Mezquita-Catedral de Córdoba. REVISTA DE ESTUDIOS DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES, núm. 24 (2010), pp. 13-21.

lunes, 5 de febrero de 2018

Celosía SI, celosía NO

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En cuanto a la historia de la celosía, la cosa esta muy complicada. En el informe puede leerse que el proyecto de modificación aprobado por las administraciones recoge la creación de una nueva puerta en el arco de la nave nº17 para hacer posible el tránsito a través de ella, manteniendo la apariencia de la actual celosía de manera que, cuando la puerta esté cerrada no se aprecie ningún cambio estético con respecto a la situación inicial (p. 4). Y que las nuevas condiciones estructurales derivadas de los recientes hallazgos se solventarían convenientemente mediante aplicación de soluciones de ingeniería (p.5).

Pero el informe propone y la pérfida mente del cabildo dispone. Justo nada más comenzar la obra de desmontaje de la celosía original saltó milagrosamente a los medios la idea de que tal vez no sería buena idea ejecutar el proyecto consensuado. La celosía, decían, dañaba el monumento debido a las presiones derivadas de su propio enorme peso. Y que tal vez lo mejor sería repristinizar los vanos, todos (ya puestos…) y colocar sencillas estructuras de cristal transparente que devolvieran el aspecto que la mezquita debió presentar en origen. La idea en principio no estaría mal si para ello no fuera necesario eliminar las celosías, ya históricas e incluidas en la catalogación de Patrimonio de la Humanidad que hasta la UNESCO se ha pasado por el arco de triunfo aceptando la falsificación de una de ellas.

Por otra parte, el propio informe se hace eco de algunas partes del estudio incluido en el libro de uno de los arquitectos de plantilla del obispado que por estos días —quiero pensar que casualmente y no como apoyo a sus intenciones— ha publicado y presentado el propio cabildo coincidiendo con la aparición del informe. Tengo entendido, a falta de hacerme con él y comprobarlo por mi mismo— que ese estudio es rigurosamente objetivo. En él se incide en las desafortunadas restauraciones que se llevaron a cabo en los años 70 en el marco de un nuevo proceso de repristinación como los ejecutados en algunos momentos de los siglos XIX y principios del XX. Si bien puede afirmarse que el conjunto de esas intervenciones —principalmente la sustitución de las bóvedas barrocas de las naves de Abd al-Rahman I por imitaciones de los artesonados originales siguiendo el plan de Velázquez Bosco de principios de ese siglo—ya no tenían legitimidad porque existía la carta de Venecia (1964) que valoraba por igual todas las intervenciones históricas de los monumentos, lo cierto es que las celosías, aunque, como se afirma en el propio informe, supongan un falseamiento histórico y estético (p. 94), no sé yo si podrían incluirse en el lote toda vez que no son una restauración strictu sensu, sino un cierre de un vano que no sustituye ningún elemento original ni altera estructura primaria alguna. Y que son, como se acaba de demostrar, perfectamente removibles. Por contra, su belleza intrínseca y la habituación ciudadana a su presencia desde hace más de 40 años la han convertido en un elemento de valor más del conjunto del monumento.

Las causas por la que el cabildo haya decidido esa sustitución de la copia de la celosía desmontada del proyecto original por el nuevo del cierre de vidrio son difíciles de dilucidar, como corresponde a la esquinada mente de sus miembros, pero pudieran oscilar entre la diferencia de costo entre uno y otro y el odio que han acabado acumulando a la celosía de de La Hoz por las trabas que las administraciones y parte de la ciudadanía les ha puesto para su eliminación en un lugar que sienten como absolutamente propio y en el que creen tener derecho a disponer a su antojo de todos y cada uno de sus elementos. Ello sería la causa, además, de que esa sustitución pudiera ampliarse a las demás celosías. Algo así como ¿no queríais proteger una celosía en contra de nuestros intereses? Pues ahora os quedaréis sin ninguna…

Sea como sea lo que hay que tener claro es que en el informe se plantea la nueva problemática del anclaje de la nueva celosía abatible a tenor de los importantes hallazgos arqueológicos. Esos hallazgos, como ya apunté más arriba, para desolación del cabildo y sus mariachis de los medios del catolicismo militante, no hacen referencia clara a nada que tenga que ver con basílica o complejo episcopal alguno, sino a los suelos originales del oratorio islámico fundacional y de su primera ampliación documentados por primera vez. Esos son los únicos hallazgos realmente importantes de la intervención, aparte de los más secundarios de dos enterramientos muy cerca del vano que parecen apuntar a la existencia de capillas adosadas al muro entre los siglos XIII y XV, de la fecha de cuya desaparición no tenemos noticias. Esa protección impediría la cimentación diseñada para el proyecto, pero en ningún momento hace referencia alguna a la conveniencia de sustitución total del mismo. Lo único que hace es recomendar cautela a la hora de anclar al suelo la nueva celosía de manera que no dañe ese suelo original del siglo VIII recién documentado. Es más, incluso provee de la solución de utilizar para ello las zanjas de cimentación bajomedievales (p.97).

Así que como imagino que el cabildo, en caso de que quiera seguir adelante con la modificación —más bien sustitución— del proyecto, empleará toda su artillería mediática obediente, habrá que estar al tanto de las razones que esgrime para hacerlo y ver si se apoya en el informe arqueológico o en la consideración de enmienda del error arqueológico que se cometió colocando esas celosías en los 70, como defiende el autor del libro, quien, por otra parte ha sido extremadamente prudente en sus declaraciones efectuadas a los medios con motivo de la presentación del mismo.

Sea como sea, todo ello deberá pasar por la Comisión de Patrimonio, del que, dadas las innumerables actitudes de felpudismo respecto a la Iglesia Católica que nos ha regalado últimamente, cabe poca resistencia que esperar. Y la última palabra la tiene el delegado provincial, o sea un señor que fue, hasta que la ínclita Rosa Aguilar lo rescató para la política, Presidente de la Asociación de Hermandades y Cofradías de Córdoba y que come de la mano del obispo. Así que, con informe o sin informe, con Carta de Venecia mediante o sin ella, finalmente se hará lo que al soberano cabildo le dé su real y santa gana. Al tiempo

Informe arqueológico de la NO-Basílica de San Vicente

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Supongo que todo el mundo está también al tanto del Culebrón de la Celosía de de La Hoz, de cómo el cabildo ha aumentado poderosamente los efectivos militares en la heroica batalla arquitectónica para reforzar las posibilidades de victoria en la trapacera batalla cofrade: la conversión en tradición de la penetración de TODAS LAS COFRADÍAS en el vientre del templo en la semana católica por antonomasia. La celosía se ha desmontado por narices cuando a la Iglesia le ha convenido levantar su anterior veto a ese viejo y siempre reprimido anhelo cofrade, como una campaña más en esa guerra que ha declarado por apropiarse del monumento y deconstruir el simbolismo de concordia que exige para él la racionalidad laica.

Pero la actuación arqueológica subsiguiente al desmontaje de la celosía, pagada y publicitada hasta la náusea por el cabildo, puede que hayan acabado, a pesar de ello, provocando el efecto contrario al buscado por él. El gasto ha debido de ser considerable a tenor del calibre y la calidad del informe presentado por el equipo formado por tres arquitectos —los de plantilla de cabildo— y tres arqueólogos y un ingeniero de una empresa contratada para el trabajo: un PDF de 300 folios con decenas de fotos a todo color y de gráficos del proceso de excavación y una decena de presentaciones en 3D del proceso de excavación. Algo nunca visto en una ciudad en la que la práctica totalidad de los informes de las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo en la ciudad desde hace 50 años permanecen en los retorcidos tubos digestivos de la Administración y los que están accesibles en red están presentados en crudo, en lenguaje arqueologiqués, prácticamente ininteligible para el común de los mortales. Todo apunta a que el cabido ha querido dejar en ridículo a las administraciones, que tanta lata considera que le da con sus cosas de administrar sus posesiones, refregándole un trabajo de divulgación arqueológica de lujo que contraste poderosamente con el riguroso, pero oscuro y triste, que aquellas suelen ofrecer cuando lo hacen.

Pero es lo que tiene hacer las cosas bien, que pone en evidencia lo que tú has estado haciendo mal desde siempre. Contratar profesionales no dispuestos a sacrificar su prestigio en lugar de tirar de canónigos o paniaguados es lo que tiene. Que puede dejar en entredicho la tóxica mercancía que has estado vendiendo desde siempre.

Los arqueólogos han declarado encontrar lo único que hasta ahora se ha encontrado en el subsuelo de la Mezquita: los niveles omeyas, bajomedievales y contemporáneos, todos ellos sobre estructuras edilicias de imposible catalogación más allá de su adscripción como tardorromana y visigoda. De la basílica de san Vicente que llevan vendiendo hace años como la verdad de las verdades, con un museo a ella dedicado y una presentación espectacular bajo una baranda de unos supuestos restos, placas de mármol negro en el Patio de los Naranjos y paneles explicativos colgados con alcayatas en los venerables muros omeyas, nada de nada, o sea nada de nada.

El informe de los arqueólogos sólo viene a decir, en lo que a los restos preandalusíes hallados antes y ahora se refiere, que no se tiene ni la más mínima idea de a qué tipología edilicia pudieran corresponder, ni por su orientación ni por su factura. Pero lo más importante es que por primera vez en un documento vinculado al cabildo —y este lo es porque lleva su membrete— se hable de teoría al referirse al supuesto —úsese el término en su sentido estricto— complejo episcopal de San Vicente. Una teoría que sólo se sostiene por la comparación que los historiadores y arqueólogos pueden establecer con otras sedes episcopales conocidas de Hispania. Pero ni por un paso más allá. Lo cual no significa que ese episcopio, que tuvo forzosamente que existir, no hubiera estado ubicado en esta zona. Sólo que no existe ni una sola prueba, ni arqueológica ni documental, sólida, aparte de la pasajera mención de un cronista maghrebí del siglo XIII, que probablemente adaptó el también fantasioso relato de la construcción de la Mezquita de Damasco a la construcción de la cordobesa. Como sostengo en mi libro.

El montaje del museo-timo de san Vicente, la mayoría de cuyas piezas sólo tienen en común entre sí su dudoso origen, según asegura el arqueólogo Jerónimo Sánchez en una publicación (1) de muy reciente aparición que lo ha investigado usando las informaciones de su primera catalogadora, la antigua directora del Museo Arqueológico, Ana María Vicent; la presentación estelar musealizada del mosaico de una tumba paleocristiana del siglo V, ya amortizada por construcciones de tosca factura en época visigoda, como restos de la fantasmagórica basílica; la cartelería y los folletos de cuya redacción tiene la exclusiva el cabildo… Tras toda la febril búsqueda del tesoro de su basílica en que está empeñada desde hace años, absolutamente toda esa tramoya que el cabildo ha levantado para demostrar que los moros arrebataron a los cristianos su catedral para construir su mezquita y que su posterior conversión al culto católico en el siglo XIII no fue sino un reintegro justo a la Iglesia de un espacio que se le había injustamente expropiado, es una PURA Y DURA MENTIRA. Desde que el visitante entra en el Patio de los Naranjo hasta que sale de la Mezquita está siendo víctima de un fraude historiográfico que muy poca gente con conocimiento y poder para hacerlo —desde luego nadie en nuestra muy piadosa universidad que tanto debe a la generosidad de la Iglesia cuando contaba con todo un banco para poder ejercerla— se ha atrevido a desmentir y cuya pervivencia permiten con total complicidad las autoridades culturales estatales, autonómicas y locales.

A ciertos niveles de medios de comunicación al menos el contenido del informe ha conseguido que se baje un tanto el nivel de afección al relato de la Santa Madre Iglesia y se sientan autorizados a variar su discurso. Del uso inmoderado de la palabra basílica se ha pasado al más moderado de complejo episcopal. Igual de fantasmagóricos ambos, por otra parte. Ya han tardado, porque la teoría historiográfica del complejo lleva ya instalada en el mundo académico desde hace 40 años. En concreto el Diario CÓRDOBA ha destacado a su más avezado profesional para que escriba del tema y lo ha hecho en dos artículos: en el primero no puede reprimir el reflejo automático de tantos años de mamar obediencia clerical y suelta que se han encontrado evidencias del complejo episcopal tardorromano del siglo VI al VIII, del que la primitiva basílica de San Vicente era solo una pequeña porción. En el segundo, cinco días después matiza y ya habla de indicios del que pudo ser complejo episcopal (no confundir ni con una catedral ni con un palacio episcopal) del siglo VI. ¡Y eso en el quicio de una puerta! ¡Ahí es nada lo que hay bajo el suelo de Córdoba! Inmediatamente después, sin meterse en polémicas como afirma el propio redactor (no sea que se lleva una hostia de un cura) se desliza por la cuesta de la desvergüenza lamentando que en Córdoba la aparición de restos arqueológicos siempre fue esperada con temor o desprecio. Digo desvergüenza porque ese diario ha sido especialmente combativo desde siempre —desde los tiempos del crimen arqueológico de Cercadilla— con la arqueología, contando en su plantilla con una especialista en dar leña a los restos aparecidos en cualquier obra utilizando para ellos términos tan cariñosos como latosos, escollos o quebraderos de cabeza y que participó entusiásticamente en la orquestada campaña que el alcalde Trigo organizó en los 90 para desacreditar la necesidad de paralizar obras cuando salieran restos de nuestro pasado.

Por otra parte, aunque el informe de los arqueólogos sea impecable en todos sus aspectos, se nota en él alguna graciosa concesión a su sacro pagano. No se explica de otra manera que en la interpretación histórica preliminar introduzcan una morcilla como esta: Hasta el final de su gobierno (Abd al-Rahman I) no se decidió por levantar una nueva mezquita aljama, reutilizando hasta entonces la parte sur de la antigua Iglesia de San Vicente (p. 73). El susto ante tamaña precisión se nos pasa cuando atendemos a la nota que acompaña al párrafo y descubrimos que se debe al hechicero que en su zaquizamí catedralicio cocina el emplasto oficial del relato del cabildo. Efectivamente don Manuel, que para eso es hechicero, posee poderes sobrenaturales y se ha autotransportado al pasado para poder averiguar por sí mismo que la mezquita fundacional se construyó empezando por la PARTE SUR de una fantasmagórica iglesia de la que hoy todavía no se sabe absolutamente nada y menos aún su ubicación.

Yo no creo que el cabildo haya sido afectado por este informe, aunque habrá que esperar a ver qué monta cuando termine de construir el nuevo centro de interpretación en el palacio episcopal por el que deberán pasar obligatoriamente todos los visitantes cuando esté terminado y ya haya sido convenientemente hisopado, porque en él se habilitarán las taquillas, y en el que gozarán de libertad absoluta para venderles el relato que quieran. Los curas no sólo están contentos por poder ejercer esa libertad de interpretación, sino también porque así no tendrán que cruzar la calle desde las actuales taquillas ubicadas en el Patio de los Naranjos hasta el palacio con las talegas atiborradas de euros contantes y sonantes libres de impuestos. Porque en ellas no se admiten tarjetas de crédito precisamente para evitar su control. Y la inhibición de las autoridades culturales locales a ofertar una interpretación estrictamente laica, racional y avalada por especialistas no contaminados de obligación de adoctrinamiento confesional del conjunto, ahora que además cuentan con varios espacios que podrían acogerlo perfectamente en el mismo entorno del monumento, no habla sino del entreguismo de la política local, autonómica y estatal al servicio de la Iglesia Católica.

(1) J. F. Rodríguez Neila (coord.) La ciudad y sus legados Históricos. Córdoba Romana. Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, 2017, p. 336.

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TERCERA PARTE

domingo, 4 de febrero de 2018

Fraudes paralelos: el Taj Mahal y la Mezquita de Córdoba

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Hace poco saltaba la noticia de que en India los radicales hinduistas habían rescatado la vieja teoría del estrafalario escritor indio P. N. Oak (1917-2007) acerca de que el Taj Mahal era en realidad un templo hindú, el Tejo Mahalaya (Palacio de Shiva) que el emperador mogol Shah Jahan había mandado tunear y convertir en la tumba de su esposa. Los hinduistas, cargados de razón historiográfica en rama, reclaman estos días al estado que ordene la devolución del monumento a la comunidad hindú y la prohibición a los musulmanes de que lo usen para su culto. Aunque el asunto está ahora en manos de la justicia y aún no sabemos, como corresponde a todo buen tema histórico politizado, en qué parará la cosa, las pruebas aportadas por el historiador se disuelven como un azucarillo en el café de las evidencias historiográficas, arquitectónicas y arqueológicas que avalan su pertenencia al ámbito islámico y su construcción ex nihilo. Cualquiera que haya estudiado, aunque sea por encima, el desarrollo de la arquitectura mogola puede comprobar la evolución de sus formas y de qué manera el Taj Mahal está perfectamente inscrito en ella. Es más, hace unos años Wayne E. Beagle puso de manifiesto, tras el descubrimiento de un manuscrito que reproducía el texto de Futuhat al-Makkiya (Iluminaciones de La Meca) de nuestro místico murciano Ibn ‘Arabi y que había pertenecido a Shah Jahan, que el complejo del Taj Mahal había sido diseñado según el diagrama del Trono del Paraíso que aquel incluía (1).

Salvando las lógicas distancias, podríamos considerar comparable aquella portentosa maniobra de mixtificación historiográfica pergeñada en el subcontinente indio con la que la Iglesia Católica viene empleándose en nuestros lares desde hace años en torno a la propiedad y la esencia de la Mezquita de Córdoba. Por los fines político-religiosos y económicos que persigue, por la apelación al discurso del victimismo y el odio que promueve entre sus fieles y por contar ambas con un hechicero con título universitario que cocina en un caldero para ambas iglesias radicalizadas, la católica y la hindú, un caldibache tóxico con el que modificar el ADN y la memoria histórica de ambos edificios, a medida de sus necesidades de rapiña. Porque nuestro profesor P.N. Oak, que en paz descanse, es nuestro canónigo Nieto Cumplido, que no nos deja descansar en paz.

Como el caso cordobés es muy conocido y hasta le he dedicado todo un libro que, aunque esté feo autopromocionarme desde aquí, os recomiendo como yacimiento argumentativo ambivalente, obviaré los pormenores que encontraréis en el libro y trataré, en la SEGUNDA PARTE de este post, de establecer las últimas vicisitudes del asunto.

(1) Wayne E. Begley, The Myth of the Taj Mahal and a New Theory of Its Symbolic Meaning, Art Bulletin, 61 (1979), pp. 7-37.

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SEGUNDA PARTE

jueves, 18 de enero de 2018

Saqunda y la tabarra mozarabista

Continúa la regurgitación cíclica del desvencijado mito de los mozárabes y su apuntalamiento por parte del apolillado staff académico cordobés. La hiperinflación de la importancia de los cristianos andalusíes es uno de los pilares básicos de la historiografía nacionalcatólica española. La superpotenciación del indigenismo hispanogodo y la minimización de los aportes étnicos africanos y asiáticos son las señas de identidad de la historiografía española, no sólo de la más carcundosa, sino incluso de los más reputados investigadores de finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI. La huella de Simonet fue tan grande que en su molde caben todos los pies.

Todo por tal de no considerar a Al-Andalus como un estado islámico de la misma familia que todos los demás que se extendieron desde al Indo a los Pirineos, pero sobre todo de los magrebíes, cuyo componente étnico fue de lo más variado, ya que tras la conquista (que sí la hubo pese a los delirios olagüistas y sus epígonos) entraron en el circuito de los movimientos migratorios bereberes y árabes desde los primeros momentos y que en un siglo consiguió una homogeneización socio-religiosa casi completa. Los cristianos a la altura de 818 debían de ser una minoría muy minoritaria relegada a pequeños arrabales muy localizados, Cercadilla y, probablemente, pero no con seguridad, San Pedro. Y desde luego los restos de la lengua popular latina debían de localizarse sólo en esas zonas. Otra cosa es la aristocracia elitista cristiana que manejaba el latín culto, escribía y atesoraba libros en los monasterios de la sierra pero que no dejaban de ser un cogollito de irredentos orgullosos de sus viejos linajes senatoriales.

Hoy encontramos en el DIARIO CÓRDOBA un último ejemplo. En estos días andan las autoridades académicas con el culo entre dos manos con la conmemoración del 1200 aniversario de la Revuelta del Arrabal del Saqunda, al que he dedicado todo un libro. Yo no pido que se rebajen a leerlo, que tendrán tareas infinitamente más importantes a que dedicarse los portentosos erudos locales, pero al menos deberían replantearse constantemente las bases de sus conocimientos, tarea fundamental de la labor académica y disciplinar historiográfica. No, la boca de ganso historiográfica española dice que los muladíes eran mayoría y además eran el alma del progreso cultural andalusí. Debe ser que consideran que los bereberes (muchos habitantes de zonas latinizadas como Volúbilis) o los árabes de tercera generación del Maghreb eran unos follacamellos incapaces de crear nada sin el genio cristiano sometido, pero completamente vivo y listo para adiestrarlos. Y no sé yo si ese portentoso crecimiento que experimentó Córdoba, en la que surgió un arrabal que alcanzó probablemente los 30.000 habitantes, entre mediados del siglo VIII y la fecha de la revuelta 818 (60 años) pudo ser fruto del crecimiento natural de mozárabes y muladíes solamente, teniendo en cuenta que en 711 Córdoba debía ser una ciudad con una población difícil de cuantificar pero sumamente exigua.

Pero el catedrático de Historia medieval José Manuel Escobar Camacho sigue en la senda simonetista y deja bien claro en un artículo que usa para publicitar las jornadas sobre Saqunda de la Real Academia de Córdoba asociada con la Fundación Paradigma que en este contexto sociopolítico y religioso hay que situar la llamada «revuelta del arrabal de Saqunda», barrio densamente poblado que había surgido en la zona meridional extramuros de la ciudad al aumentar la población cordobesa. Allí convivían muladíes y mozárabes, gentes de economía modesta (artesanos y mercaderes), con una minoría de alfaquíes (expertos en jurisprudencia islámica) malekitas. Muladíes, mozárabes y alfaquíes... Ya. Cristianos travestidos, se convirtieran o no, con babuchas y turbantes. Nada de población emigrada del otro lado del charco mediterráneo. La raza hispana en su pureza y su ingenio sigue siendo la columna vertebral de Al Andalus.

Pero peor es lo que perpetraba hace unos cinco años en el mismo medio el reputadísmo catedrático de Arqueología de la UCO Desiderio Vaquerizo en una de sus jeremiadas columnarias, en la que afirmaba sin rubor que ... sin embargo, las cosas no siempre fueron fáciles. Sirva como ejemplo la rebelión del Arrabal de Saqunda, un barrio populoso de viejos ecos hispanorromanos (su nombre deriva del miliario alusivo a la segunda milla de la via Augusta , y muchos de sus pobladores eran cristianos obligados a convertirse al Islam)… Nuestro arqueobispo ya no sólo supone este travestimiento, sino que además lo hace obligado. No sé si se refiere a que los moros les colocaban un alfanje en la garganta a los pobres hispanogodos: a ver elegid, perros infieles: rezar en pompa o “muette”.

No sé en qué fuente ha leído nuestro catedrático que los musulmanes obligaran a nadie a convertirse al islam salvo en contadísimas y muy localizadas temporalmente ocasiones. Otra cosa es que los cristianos se convirtieran para evitar el impuesto de dimmíes que también estaban obligados a pagar los judíos. No es que estuviera mu bonita esa discriminación, pero desde luego no los obligaban a convertirse, los torturaban, los ejecutaban si no infringían irrazonablemente sus leyes, les requisaban sus bienes y los exiliaban sin posibilidad de evitarlo como hizo sistemáticamente el estado nacionalcatólico español con las demás religiones tras culminar la destrucción de Al Andalus.

Y por otra parte, ambos catedráticos deberían saber que NO EXISTE NI UNA SOLA PRUEBA de que en Saqunda, en sus 60 años de existencia, viviera ni un solo cristiano. Nadie dice que no los hubiera, pero desde luego no existe ni una sola prueba. Ni arqueológicas, ni derivadas de las fuentes, ni demostrada por haber sido hallado algún enterramiento en la zona que siguiera su rito. Ni una sola. Sólo se han encontrado cementerios cristianos y muy pequeños en el Marrubial y la Noreña, lo que indica lo marginal de su existencia. Tal vez -sólo tal vez- con la única excepción del tabernero de la alhóndiga del vino que según las fuentes estaba en el arrabal y de la que era propietario el propio emir. Tal vez, sólo tal vez, fuera cristiano, pero es una suposición tan supositoria como la de los catedráticos y todos aquellos que afirman que en Saqunda, no ya que hubiera algún cristiano, sino que estaba habitada fundamentalmente por poblaciones de excristianos y cristianos. Y de los únicos cristianos que hablan las fuentes, y mira que hablan de cosas y de gentes esas fuentes, que refieren los años del arrabal, es al conde Rabi’, que fue alto funcionario de la corte y de un criado personal del propio emir. O sea que debía haber pocos, pero estaban bien situados, probablemente porque pertenecían a la aristocracia irredenta hispanogoda.

Porque el caso es que siempre haya cristianos o excristianos cuando se habla de la Historia de Al Andalus. Y remarcar el tema de los mártires, un tema que se come injustificadamente desde el punto de vista disciplinar por sí solo casi un tercio de los estudios que sobre esa época se realizan. Cuando esos cristianos, como dice el profesor Martínez Enamorado, no eran más que una de las muchas minorías, musulmanas y no musulmanas, con que los estados islámicos tuvieron que bregar. Las fuentes árabes, tan prolijas en detalles, ni siquiera los mencionan, igual que las crónicas del imperio egipcio no mencionaron al puñado de israelitas que sus soldados debieron de llevarse como rehenes para asegurar la paz en la zona. Y a ambos, y a sus líderes Moises y Eulogio, los hemos tenido hasta en la sopa de todas las noches en la tradición judeocristiana y en la nacionalcatólica desde hace siglos.

Y desde luego convertir en una rebelión de los hijos de la indómita raza hispana católica contra la tiranía islámica y extranjera de la aristocracia elitista omeya, lo que no es más que una revuelta inscrita en los puros parámetros de la lucha de clases. Eso sí, la primera de la que tenemos constancia histórica en la península ibérica.

domingo, 14 de enero de 2018

De cuando el rey de España y yo estafamos a la UCD

Me he quitado un peso de encima. A menos unos gramos. Durante muchos años viví con la mala conciencia de haberme portado en un ya lejano momento de mi vida como un estafador. Hoy ese íntimo sentimiento de vergüenza por mi delincuente proceder ha sido ligeramente aliviado por el conocimiento de que compartí víctima de esa estafa propia con el mismísimo rey de España.

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Aunque ya había tenido conocimiento hace años de esa granujada real no ha sido hasta esta mañana cuando la he conectado con la mía propia, ambas con víctima común: la UCD. Cuando he visto con otros ojos EL CÉLEBRE VIDEO en el que el periodista Gregorio Morán, ese azote de alimañas culturetas, pero sobre todo, de transicionistas sin vergüenza, cuenta como el rey hoy Emético, perdón, Emérito, estafó al correoso sha de Persia y al partido de la carroña franquismiquis sacándole al primero para el segundo, con el fin de contribuir al freno del comunismo, la friolera de diez millones de dólares y que se quedó él para él solito. Sí, amigos, para ese partido-francoenstein que aglutinó a la variopinta fauna del franquismo gatopardiano que no recibió ni un solo dólar de aquella donación del sátrapa persa para la causa anticomunista española.

La cosa tendría una gracia de episodio de novela de pícaros si no fuera porque el asunto no ocurrió en el patio de Monipodio sevillano del siglo XVI, sino en las altas magistraturas del gobierno de España en 1978 en el que los responsables —y sus hijos que heredaron sus patrimonios— de un genocidio de demócratas del calibre del perpetrado por los nazis con los judíos, estaban cocinando la manera de seguir disfrutando del botín conseguido por ese genocidio y de permanecer a salvo de responsabilidades morales y económicas. Un chiste de chorizos con ternos y gemelos criselefantinos si no hubieran mediado en su argumento las infinitas toneladas de muerte, injusticia, sangre, miseria, crueldad, dolor y lágrimas sobre los que se sustentaba. La historia de esa panda de tahúres sin escrúpulos que despreciaban a su A.R. La Almorrana del Caudillo y lo consideraban un pobre tarado con la sangre que riega el cerebro corrompida por siglos de coyundas endogámicas, que son estafados por quien se reveló finalmente como el Mayor Tahúr del Reino, es una de las más graciosas historias del Muy Esperpéntico y Degenerado Reino de España. Y mira que hay que currárselo para superar las hazañas de su abuelo el pajillero Alfonso XIII mandando montar carpas en el Retiro para rodar películas porno con rollizas putas de la Cavas y canijos extras con más hambre que polla.

Lo mío, he de confesarlo, fue mucho más modesto. Resulta que en el mes previo a las históricas elecciones de 1977, siendo estudiante de 3º de Y Letras (la Filosofía no estuvo nunca, aunque se la esperó) en la Facultad de Córdoba, el tío, el cuñao o el amigo del padre de un compañero se hizo con la contrata de la campaña publicitaria de la UCD en la provincia. Aquellos políticos gatorpardistas y ahora franquismiquis de aquel francoenstein-partido tenían dinero pa comprar España, aunque no les hacía falta hacerlo: ellos sabían que era suya y de hecho lo sigue siendo. Dinero del estado —o sea de todos— y dinero de los bancos, antes de que decidieran invertir en la multinacional pesoeísta.

Bien. El caso es que este compañero nos ofreció sacarnos unas pelas —muchas, muchas, nos pagaron un dineral— por manuscripturar las cartas de propaganda electoral de todos los municipios de la provincia. Nos proporcionaron decenas de cajas llenas de sobres, decenas de paquetes con las papeletas de la UCD y un mazo de fotocopias con los censos de los pueblos a los que teníamos que mandarlos. Nuestra misión consistía en meter cada papeleta en un sobre y escribir en su anverso ordenadamente una dirección del censo que nos habían proporcionado. Aseguro que la mayoría —si no la totalidad— de aquel trabajo recayó en gente mercenaria de izquierda. Me han contado que decenas de militantes de CCOO hicieron lo propio. Ya digo, había mucha, mucha pasta por medio. Lo que no sé es si todos esos perpetraron la misma —o parecida— estafa revolucionaria que perpetramos nosotrxs.

Sé de algunos casos que se lo curraron de otra manera, pero nosotrxs lo tuvimos fácil, en el sentido de la posibilidad de detección del fraude. En el nuestro recibimos el censo de un par de pueblos que casualmente tenían como apellido DEL RÍO, o sea PALMA DEL RÍO y VILLA DEL RÍO. Así que sólo tuvimos que ponernos de acuerdo y lxs que recibimos el censo de VILLA DE RÍO pusimos bajo la dirección PALMA DE RÍO y lxs de VILLA DEL RÍO el nombre del hermoso pueblo de las naranjas.

No sé qué gramos de victoria en la lucha antifranquista conseguí/mos con aquella acción, pero fue nuestra pequeña contribución a la lucha. Una estafa, desde luego y desde luego el dinero estafado a aquellos mamonazos (sin x de género porque el pestazo a polla era abrumador) se gastó, aparte del pico correspondiente para vinos en Guzmán y cafés en La Mezquita, en libros, discos y otras bagatelas de calentar aún más la olla de nuestra juventud rebelde.

No como el rey, que los mil kilos que estafó a un emperador de Persia y al partido de Suárez se los gastó, según hemos sabido estos días, en fondos en paraísos fiscales y en yates en los que navegar con tristes mujeres utilitarias a las que poder tirar sin más por la borda cuando aparecía en lontananza la grímpola lacada de la reina. (Uy, sipote, qué endecasílabo desos más bonico ma salío).