(del laberinto al treinta)


lunes, 23 de febrero de 2015

Córdoba decimonanista

Ni con todo el sulfuro de selenio del mundo podría eliminarse la caspa que cubre el pelazo moral de Andalucía.

Fuentes bien informadas infiltradas en el Antro Munisipal confirman que aquella terrible amenaza -más bien maldición babilónica- que nos lanzó Sandokán en su campaña electoral de sembrar la ciudad con las cincuenta y tantas estatuas de estilo remordimiento de cordobeses ilustres que el escultor vaticanista local Marco Augusto tiene listas en su estudio de Piedrasanta para ser convenientemente empedestaladas a una orden suya, puede haberse reactivado. Parece, pues, que vamos a asistir a la erección de nueva estatua en Córdoba y que ya está surgiendo a golpe de gubia y martillo del pedazo de bloque de blanquísimo mármol que el artista ha ido a mercar a la propia Carrara. Nada menos que dedicada a Claudio Marcelo, el general romano que la fundó. Como todo el mundo sabe es justo lo que Córdoba, patricia urbe histórica de capital importancia con más de cinco mil años de existencia pero que ni siquiera cuenta con un Museo de la Ciudad –como si tiene verbigracia la vecina Badajoz- o un plan de explotación de yacimientos arqueológicos que no pase por el arrasamiento puro y duro de los restos, necesita. Más que nada para seguir la tradición que cultivan secularmente sus autoridades –de todos los colores- de convertir su cultura y su historia en un catálogo de rancias actividades carpetovetónicas y siniestros españanegrismos u homenajes de esencia decimonónica a la apulgarada memoria de sus preclaros hijos y la de supuestos benefactores hace siglos difuntos. O sacrificar su dignidad al Moloch del turismo de masas. Córdoba como pastiche. Córdoba kitsch. Cordocaspa. Capital de reaccionarismo estético. Y también del ético. Onanismo decimonónico.

La estatua presidirá el trampantojo anastilósico del templo romano de la calle que lleva el nombre del homenajeado a la espalda del propio Antro Munisipal. Como todas las demás obras del autor esta escultura emitirá un discurso rabiosamente vanguardista que reside en nuestros días en una factura de acojonante realismo, tanto que seguro servirá de entretenimiento buscarle parecido con alguna gloria local actual. Aunque esperemos que no se parezca a ninguno de los lumbreras locales que la han encargado o al menos no al modelo de arcangélicas esculturas fuengirolinas por antonomasia: Sandokán. Por cierto que nuestro pirata malayo está loco de contento con la idea, porque se considera a sí mismo, mano a mano con los propios Papas, mecenas del artista, varias de cuyas obras se erigen imponentes en el Paseo de las Esfinges que da entrada al Palacio de la Chilindrina China, también conocido como Arenal 2000. Pesiosas. La erección se completará con un teatrillo que durará varios días en el que el autor dará los últimos martillazos en la propia ubicación in situ de la obra ante el curioso público que sin duda convocará esa genial idea de nuestro impagable concejal de Casco Antiguo, o más bien Jurásico. Sandokán por su parte ha propuesto que a ese san Claudio Parselo se lo nombre santo patrón de los colonos de chalete y piscina ilegales de la exvega cordobesa.

Pero si la amenaza de esa erección ya está prácticamente cumplida hay otra que pende sobre nuestras molidas paciencias como una faca de muelles de Damocles. Porque a quien Fray Jaén Paleocascorro, nuestro brillante politoxicofrade concejal de Asuntos Estatuarios y más aguerrido adalid del nacionalcatolicismo municipal rampante, tiene en la cabeza erigir estatua en Córdoba es a su ídolo espiritual e histórico y personaje de rabiosa actualidad: el Rey Fernando III El Santo. Se lo cuenta a todo el que entra en su despacho. Y la tiene tan en la cabeza que ya la ha diseñado y todo. A caballo y blandiendo temible espada matamoros. Lo que no sabemos es en qué privilegiado lugar de la ciudad el trigeminado (pertenece a tres cofradías) concejal la colocaría, pero mucho me temo que tiene el centro mismo de La Corredera en mente. Como purgativa corrección del desagradecimiento secular de los cordobeses que nunca decidieron homenajear como merece –lo que sí hicieron los sevillanos- a quien restituyera al catolicismo esencial español la ciudad que le arrebatara la pérfida morisma siglos antes. Lo cual no tendría más importancia si no fuera porque fue esa guerrera acción la que permitiría que 780 años después se celebraran en Córdoba cincuenta procesiones en la Gran Semana Gore, doscientas cincuenta extraordinarias a lo largo del año y las varias docenas de infantiles organizadas por los colegios públicos y privados de que disfrutaremos en nuestras calles en breve.

A ver, Fray Jaén, te voy a regalar una idea para inmortalizaros al alcalde y a ti si conseguís hacer ereccionar al Santo Rey. Al caballo real hacedle esculpir dos buenos cojones, más grandes aún que los que luce el del Espartero, y a vosotros que os inmortalice en bronce, cada uno debajo de uno de ellos en la famosa pose de Rómulo y Remo bajo la amamantadora loba del Capitolio de Roma, con las manitas tal cual y todo… ¿A qué mola? De nada, hombre.

domingo, 22 de febrero de 2015

Cordobestias de pelo en polla

Hace unos días os hacía partícipes aquí mismo de cómo el Arqueobispo Metropolitano de Córdoba se lamentaba amargamente, cual desolada reencarnación de Boabdil ("llora, llora..."), en las páginas de la Hojilla Parroquial de que el yacimiento del Arrabal de Saqunda (s. IX) estaba siendo parcialmente tapado por las autoridades municipales sin las debidas salvaguardas de protocolo y profesionalidad que su dignidad e importancia arqueológica merecerían, aparte de por el incumplimiento flagrante de la normativa oficial de protección del patrimonio arqueológico que la legislación contempla. Para montar una placilla de toros portátil en la que selebrar performanses cutrehistóricas de gradiadores y cuadrigas de esas con que los romanos entretenían los escasos ratos libres que les quedaban entre construcción de acueducto y erección de anfiteatro. Hoy hemos podido comprobar el grado de caso que la autoridad municipal competente ha hecho a su denuncia ante la Junta. El orodentado encargado municipal de Pedruscos Viejos, Jodidos Escollos para el Pogreso Esplendoroso de la Suidá y Mariconadas las Justas con el Sagrado Ladrillo sa meao en toa su boca. ¿No te gusta cómo lo hicimos cuando lo de la placilla de toros? Pos ahora te vas a enterar, so tocapelotas… ¿Geotextil y zahorra? Naaaah... Venga, camiones de barrazo y pedruscos sobre las putas ruinas de mierda… ¡onvre ya, con los pegos!

jueves, 5 de febrero de 2015

Los cordobestias no descansan

Hay ocasiones en las que te dispones a sacar una foto que sustente la denuncia de alguna barrabasada urbanística que se haya perpetrado en tu ciudad y descubres de pronto que la imagen que tienes delante sobrepasa ampliamente esa tu intención primaria, trasciende la categoría de lo empírico y accede por si misma a la de lo simbólico o lo esencial, a la manera en que ciertos retratos de rostros captan la psicología que se esconde tras la piel de un humano y se convierten en retratos de su concreto paisaje moral.

Esa imagen que encabeza esta entrada podría servir de inspiración, si existiese hoy, a un Goya para pintar un cuadro de eso que los esencialistas chovinistas locales llaman en sus pregones y exaltaciones folklofrikis el alma de Córdoba y que normalmente sólo hace referencia a sus pruritos solipsistas o directamente masturbatorios y nunca a un amor demostrado con el cuidado y la defensa del patrimonio de la ciudad.

Para quien no conozca el lugar y la circunstancia que refleja esa imagen le explico: en primer plano esa especie de vaguada con piedras diseminadas en el suelo que se extiende al borde de la valla son los restos arqueológicos del arrabal andalusí de Saqunda. Hasta hace una semana su estado era el que se aprecia en la foto de abajo: mantenidos en un desolador abandono a la intemperie desde que hace diez años los responsables de la cosa cultural e histórico-patrimonial de la ciudad ordenaran el fin de su estudio, pero intactos y supuestamente protegidos –mal, muy mal- por imperativo legal de las normativas municipales y autonómicas. Desde hace una semana –primera imagen- la mayor parte de los restos del sector oriental de la excavación ha sido brutalmente colmatada con varias toneladas de arcilla común derramada al tuntún por una flota de camiones volquetes y su superficie aplanada por varias máquinas aplanadoras. La causa por la que se realizaron semejantes maniobras destructoras del patrimonio arqueológico cordobés se aprecia perfectamente coronando la meseta recién construida directamente sobre los restos arqueológicos del arrabal: la instalación de una plaza de toros portátil. En ella se han celebrado este fin de semana espectáculos circenses pseudocutrehistóricos de carreras de cuadrigas y luchas de gladiadores que en el marco de la feria romana –sustituta de la medieval que hasta el año pasado usaba la plaza de la Corredera- se monta en la península fluvial de Miraflores.

Como la cordobestiada ha sido en esta ocasión cosa municipal parece que alguien se ha quejado a la Junta. Ese alguien es el arqueobispo metropolitano, o sea el catedrático de arqueología de la UCO. En una noticia de la Hojilla Parroquial dice que él no quiere molestar a nadie (también dijo que en lo de la manipulación de la historia de la Mezquita no quería entrar en polémicas). Lo que ha denunciado es que ese cubrimiento se hizo sin garantías protocolarias. Nada más. Para no molestar más de lo estrictamente necesario, claro.

No es ni muchísimo menos la única –ni probablemente la última- de las salvajadas que ha sufrido el patrimonio histórico artístico de la ciudad sin que a sus habitantes les importe una higa. A dos tercios de los mismos lo único que les hace vibrar sus fibras sensibles es berrear dominicalmente en el espectáculo asnal de las coces en campo de hierba. Y a la mayoría la regurgitación anual de la España Negra de los Autos de Fe de hachón y capirote. Ello explica que sus mandarines culturales y encargados de la protección del patrimonio histórico artístico hayan podido conformar impunemente desde hace cuarenta años la mayor patulea de incompetentes en su gestión y competentes en su destrucción de toda la España posfranquista. Y pertenecientes a todo el espectro político local, desde los comunistas hasta los neofranquistas actuales, pasando por los centristas y de las JONS y los eternos socialdedócratas autonómicos. Y ayudados por toda la putrefacta y vendida prensa local.

Se trata, pues, de una metáfora de las actuaciones de esa casta política que mientras vendía la charanga cultural–circo romano de la Expo 92 destruía sin piedad un monumento tardoromano de tal importancia que ya se estudia en los libros de texto de todos planes educativos especializados europeos, excepto, claro, los españoles. Para hacer la estación de tren que nos exigía Europa para colocarnos su tecnología ferroviaria.

Un verdadero lobby de espabilaos que montaron para la carrera de cuadrigas de la capitalidad Cultural Europea de 2016 como acto estrella el enorme despropósito de la Tomatina Flamenca mientras el resto del año pasaban del flamenco como de la mierda y como colofón la performance de reunir a miles de cordobeses uniformados con una estúpida camiseta azul dando saltos y pateando sobre un puente milenario para exigir al Mister Marshall europeo que nos pasara unas pelas porque éramos más culturales quel copón bendito Porque Yo Lo Valgo, mientras el mayor tesoro monumental con que cuenta la ciudad, la Mezquita, estaba siendo robado jurídicamente y violado simbólicamente mediante la falsificación de su ADN histórico-artístico por la mafia vaticana mientras ellos miraban, con perfecta conciencia de que lo hacían, para otra parte. Y que daba luz verde a la destrucción de un arrabal aristocrático y una almunia con más niveles de ocupación que Medina Azahara para construir dependencias de un hospital. Eso en una ciudad que fue capital de Al Andalus y en la que ni siquiera se les ha pasado por la cabeza fundar un Instituto de Temas Andalusíes que la convirtiera en referente mundial del estudio y del conocimiento de un esplendoroso un pasado intelectual propio que se estudia en las universidades de todo el orbe.

Una casta que mientras cultivaba el ensalzamiento hasta el delirio paranoide y elevaba a símbolo inmarcesible del alma estéticamente pura del pueblo llano cordobés un fenómeno tan digno de estudio sociológico y político como los patios de vecinos pobres a los que el franquismo obligó a acunar el hambre y el miedo encalando las paredes de sus infraviviendas y regando sus macetas con una lata atada a un palo, se convertían en los celadores de los intereses privados de los constructores roepalillos ofertando lacayunamente sus servicios oficiales para vaciarles de restos arqueológicos los terrenos en los que construir las adocenadas colmenas con las que limpiaba sus negros dineros la banca colonial alemana. La destrucción alentada por esa casta no ha sido moco de pavo y nos ha convertido en los ostentadores del título del guiness de los record como la CIUDAD DEL MUNDO que más patrimonio arqueológico de importancia capital ha destruido en menos tiempo. Casi un millón de metros cuadrados de arrabales califales del siglo X en 10 años sin que ni uno sólo de esos metros haya sido musealizado y sin que los resultados de los estudios –de cuya competencia y seriedad en algunos de ellos dudan voces autorizadas- hayan salido nunca de los cajones de los despachos de los responsables.

De la importancia del complejo arqueológico de Saqunda ya he hablado en otras ocasiones. Excavado, a pesar de que se conocía su existencia, sólo cuando se planteó su destrucción para servir de cimientos al fruto eréctil de la Maldición de la Estupidez Contemporánea, pero vencida justamente por la Maldición del Emir, se trata de un yacimiento de una importancia histórica inconmensurable, un arrabal, bastante mayor que cualquier ciudad europea de la época (principios del siglo IX), que se alzó en rebeldía contra la tiranía de un emir y que fue arrasado y condenado a no volverse a levantar nunca, mientras que los habitantes sobrevivientes a la masacre, unos 15.000 cordobeses que habían dado muestras de un raro valor para estos pagos, fueron enviados al exilio, el primero de los exilios documentados en la historia de la península Ibérica, un solar que tan pródigo en ellos fue siempre. La mitad de ellos se instalaron en Fez donde fundaron otro enorme arrabal que aún existe. Los demás atravesaron el Mediterráneo, fundaron una república independiente en Alejandría durante diez años hasta que, expulsados finalmente y de nuevo de allí, conquistaron y fundaron un emirato en la isla de Creta, que pervivió próspero y culto durante más de un siglo y medio, a cuya capital llamaron precisamente Arrabal y cuyos gobernantes llevaron orgullosamente hasta el final de la dinastía el título de al-Qurtubí. Una hazaña colectiva que deja a muchas de las que pespuntean de orgullo las apulgaradas glorias oficiales nacionales (conquistadores de América, almogávares, las del Gran Capitán, etc.) a la altura del betún.

¿Alguien conoce en esta ciudad esos hechos, el nombre de su líder y su importancia histórica en la Historia del Mediterráneo? Cuatro colgaos aficionados a la historia que vemos con infinita tristeza cómo sus paisanos prefieren las charangadas de vendedores de queso de tetilla y chorizo al infierno con disfraces de antiguos que lo mismo sirven para una feria medieval, una romana o una chichimeca, a que se les proporcione alimento cultural pata negra, conocimiento cabal del pasado y su proyección en el presente. Porque está visto que en Córdoba si la cultura no está aromatizada con el pestazo a fritanga no interesa a nadie.

Durante mucho tiempo muchos de esos colgaos esperamos que algún día las lumbreras culturales locales espabilarían y pondrían en valor al menos un cachito de arrabal y colocarían una simple placa que recordara a aquellos cordobeses y aquellos sucesos de nuestra historia. A cambio nos encontramos un día con que habían erigido un monumento, justo en el corazón de lo que fue el arrabal, ¡¡¡a la Virgen del Rocío!!!, un avatar de la diosa madre de los católicos asociado al nacionalcatolicismo y al señoritismo secular de caballo, látigo y escopeta.

Claro que finalmente eso se nos aparece como una simple mindundada si tenemos en cuenta que una de las últimas hazañas de las lumbreras culturales locales, antes de la destrucción salvaje del arrabal, ha sido la colocación de un pedazo de placa de bronce dorado en el suelo de la plaza de la Corredera. En esa placa se constata rimbombantemente que en un concurso organizado por un programa basura de una cadena de de televisión de cretinización masiva la Plaza de la Corredera había sido elegida a golpe de msm por sus distinguidos telespectadores "LA PLAZA MÁS BONITA DE ESPAÑA".

Tal vez algún día, si vuelve la cordura a esta ciudad, junto a esa placa unos avergonzados descendientes colocarán otra en la que se reconozca que "EL POLÍTICO QUE MANDÓ COLOCAR ESTA PLACA FUE ELEGIDO COMO EL MÁS TONTO DE ESPAÑA." Y que serviría de homenaje al paradigma cultural cordobés.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Maldiciones: duelo a muerte en Miraflores

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Non colonne vogliamo, non fontane:

pane vogliamo, pane, pane, pane.

(Pasquín romano del siglo XVI)

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Aprovechando que estos días toca una vez más regurgitación cíclica del tema del CENTRO DE CREACIÓN CONTEMPORÁNEA, vulgo C4, a cuenta del último movimiento trilero que la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía nos ha montado para hacernos creer que aún hay vida más o menos listilla en sus despachos me he acordado de una conversación que tuve recientemente con mi amiga P.

Mi amiga P. es italiana, historiadora medievalista, una enamorada de Córdoba y fascinada por los sucesos que ocurrieron en el arrabal de Saqunda a principios del siglo IX: un emir omeya, que se empeñó en freír a impuestos a sus súbditos con el fin de pagarse un ejército de mercenarios que le protegiese de esos mismos súbditos cuando se levantasen contra él por haberlos freído a impuestos con los que pagarse un ejército con el que…. Así, cuando este sencillo bucle profético se cumplió y el pueblo se levantó y trató de tomar el alcázar con el confesado fin de convertir al emir en almóndigas, éste ordenó al ejército que se había comprado que entrara en el arrabal principal de la ciudad y pasara a cuchillo a sus habitantes. Además hizo crucificar a varias decenas de sus cabecillas y en un gesto supremo de misericordia se limitó a mandar al exilio al resto de la población, que sumaba varios miles. Fue el primer gran exilio constatado documentalmente que ocurrió en este país cuya historia está empedrada de exilios. Después dio la orden de arrasar todas las casas sin dejar piedra sobre piedra y lanzó una terrible maldición: que por los siglos de los siglos no se volviese a construir edificio alguno en su solar.

Hace un par de meses P. pasó por aquí y vino a visitarme. Mientras enfilábamos hacia el lugar donde ocurrieron aquellos hechos le informé de que el Ayuntamiento había decidido homenajear a esos héroes cordobeses colocando en medio de la península donde estuvo el arrabal un monolito que honrara su memoria. Y se lo señalo en la lejanía cuando pisábamos la mitad del puente de Miraflores. Saltó de alegría y la adiviné relamiéndose por dentro pensando en la foto que se haría posando junto a él. Pero pronto se le congeló la emoción y me atravesó con una mirada enfurruñada cuando se acercó lo suficiente como para descubrir que le había gastado una broma y que el monolito que había visto a lo lejos era en realidad un pilar coronado por la imagen de uno de los avatares de la deidad femenina de los católicos, una que llaman del Rocío, asociada al señoritismo tradicional andaluz, que no tiene nada que ver con la ciudad y menos con ese lugar concreto y que había sido colocada hacía menos de un año por la presión de un poderoso lobby de sus adinerados adoradores de caballo y espuela. ¿Y –me preguntó alarmada- el de los exiliados cordobeses que aquí vivieron y que acabaron unos engrandeciendo la ciudad de Fes y otros, en una hazaña comparable a la epopeya americana, conquistando y colonizando la isla de Creta y fundando un próspero emirato que duró 160 años y cuyo último monarca llevó hasta su muerte y orgullosamente el sobrenombre de El Qurtubi (El Cordobés)? Anda, respira, hija… Nada, de esos –le informé- el noventaicinco por ciento de la población de esta ciudad no tiene ni puta idea de que hubieran existido.

Nos sentamos en un banco a la sombra de la deidad femenina, al borde del enorme socavón informalmente alambrado donde la vegetación salvaje resquebraja pacientemente los cimientos del viejo arrabal dejados al descuido y la intemperie desde hace años y frente al perfil histórico de la ciudad. Allí me dispongo a contarle una historia de luchas titánicas y mitológicas ocurridas recientemente en este lugar.

Aunque en esta ciudad nadie sepa nada de la grandeza y tragedia de aquellos cordobeses y los restos arqueológicos de los cimientos de las que fueran sus casas, sus mezquitas, sus posadas, sus pozos, hayan sido minuciosamente destruidos tras ser descubiertos por los arqueólogos unos y yazcan cubiertos de jaramagos otros, sin que a ninguna autoridad cultural se le haya ocurrido poner no ya un parque arqueológico o un monumento, sino ni siquiera una miserable plaquita como recordatorio de aquellos memorables y terribles sucesos ocurridos hace 1.200 años, una fantasmagórica influencia sigue perfectamente viva: la Maldición del Emir.

Durante esos 1200 años en toda esta península que forma el meandro del Guadalquivir y cuya totalidad ocupara el desgraciado arrabal, la Maldición del Emir se ha cumplido inexorablemente. Nunca se construyó en ella ni una sola casa. La sombra del cruel al-Hakam ibn Hisham como la de una enorme y siniestra ave de mal agüero la ha sobrevolado todo ese tiempo sobrecogiendo el ánimo de todo el que osara poner ladrillo sobre ladrillo.

Hubo que esperar a los años bisagra entre milenios, finales del siglo XX y principios del XXI, para que la vieja Maldición del Emir viera amenazada la influencia de sus maléficos superpoderes por los no menos poderosos de una nueva maldición no menos maléfica que le hizo frente: la Maldición de la Estupidez Contemporánea. Sus huestes las formaban un cogollito de aguerridos políticos, arquitectos y constructores subidos a una inconmensurable joroba de soberbia que decidieron remover los milenarios restos intocados para construir sobre ellos sofisticados edificios hipervanguardistas de la muerte.

Ambas terribles maldiciones cruzaron sus flamígeras espadas como Saruman y Gandalf en la Roca del Destino para que Éste decidiera cuál de las dos prevalecería en la vieja península de Miraflores. La Maldición del Emir se defendió bien al principio y ganó la primera batalla: los soberbios que pretendieron construir en ella el grandioso, atrevido y rompedor edificio del Palacio de Congresos de Rem Koolhaas se comieron una mierda, además de diez millones de euros de las arcas públicas, que se perdieron de paso por extraños conductos digestivos como castigo colectivo por el inaudito atrevimiento de olvidase de las palabras del terrible omeya.

Pero en la segunda batalla la vieja maldición emiral ya se encontraba cansada y herida y la moderna maldición de los soberbios contemporáneos consiguió arrinconarla lo suficiente como para permitirles medio terminar otro mamotretazo: el Centro de Creación Contemporánea. Con todo y con haber quedado maltrecha, la vencida y malherida maldición medieval aún tuvo fuerzas para sacudir de refilón con su cola sagitaria el rostro de aquella gente soberbia y convertir, parece que para siempre, el fruto de su delirio ejecutado en un edificio fantasmagórico.

Mi amiga se sonríe y me dice que le ha gustado mucho la historia pero que considera que me paso siete pueblos en mi apreciación de los esfuerzos de esas buenas gentes, aparte destrucciones arqueológicas que a ella le duelen particularmente, por convertir la desierta península en un motor de riqueza para la ciudad. ¿Que me paso? Bien, ella lo ha querido, porque ahora la castigaré contándole la verdadera historia, esta vez libre de mitologías, de los dos edificios que allí se planearon como motor de arranque para el progreso de la ciudad.

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EL PALACIO DEL SUR

Llatzer Moix en su libro Arquitectura milagrosa pone en relación la histórica y apabullante, la milenaria sumisión hispana al catolicismo con la arraigada creencia en los milagros que persiste aquí y aún en tiempos y en personas completamente secularizados. Como un edificio icónico, espectacular, el Guggenheim, fue capaz de obrar el milagro de recalificar una ciudad, Bilbao, poniéndola en el mapamundi de las maravillas contemporáneas, todas las ciudades, pueblos, e incluso barrios de este país podrían gozar del mismo milagro> edificio icónico> alfiler en los mapas. Cuenta, por ejemplo, cómo hubo un tiempo no muy lejano en que un alcalde de una gran ciudad entregó un gran solar a un arquitecto estrella para que construyera allí lo que él quisiera. Una vez construido ese lo que fuera y debidamente firmado por su autor ya verían si se usaba como biblioteca, museo o centro de la tercera edad. Lo importante era que el arquitecto-santo obrara un milagro de ladrillo, pagado eso sí cada uno de ellos a peso de oro, que pusiera a su ciudad en el mapa. Es el mismo mecanismo fenoménico, según Moix, que el deslumbramiento que sufrieron los pastorcillos por las apariciones marianas de Lourdes y Fátima.

La Cidade da Cultura de Santiago y la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia son los casos más extremos de priapismo político-arquitectónico, pero desde luego no son los únicos. Como dice Moix hubo un tiempo en que la mayoría de los políticos con poder de decisión de este país obnubilados ellos mismos por la capacidad milagrosa de la arquitectura icónica o asesorados por alucinados gurús con intereses más o menos evidentes u ocultos, sacaron adelante proyectos que no surgían del adecuado estudio de las necesidades reales de sus comunidades y que dieron lugar a operaciones poco meditadas, sobredimensionadas, innecesarias, costosísimas (sufragadas con dineros públicos) y en la mayoría de los casos ruinosas.

Los políticos de Córdoba, una ciudad gobernada por entonces por los herederos del socialismo racionalista a los que se les suponía una sensatez distributiva muy por encima de la de la rancia derecha franquista y de la socialdemocracia devenida centro-derecha civilizada, esta última embarcada en el carísimo Suflé Propagandístico de la Expo-92, no supieron sustraerse a ese pecado de soberbia e irresponsabilidad fundante de la sociedad del espectáculo contra la que se supone que estaban en política para luchar, y quisieron también su santo milagroso, pero además, ya puestos, lo quisieron más haiga que el del vecino. Es así como un cogollito de estetas alucinados, comandados por un arquitecto, se hicieron con el poder decisorio de lo que había o no había que hacer para revitalizar el tejido cultural y económico de la ciudad en un momento en que la traidora plata dulce que venía de Europa corría que era un gusto. Algunos pronto empezamos a sospechar que lo único que les movía era materializar su soberbia y sus sueños estéticos vanguardistas en obras que colmaran su gusto exquisito y de paso el bolsillo de los constructores y las expectativas del mercado, antes que crear un tejido conjuntivo cultural, artístico y social lo más amplio y profundo posible con base en las necesidades de expresión y educación de los ciudadanos usuarios de la ciudad. Hagamos un Centro de Congresos tan descomunal y firmado por un arquitecto tan estelar que las generaciones venideras nos tomen por locos. Al final los hemos acabado tomando por otra cosa. En una ciudad que sólo vive del turismo cultural basado en los restos que perviven de su esplendoroso pasado, pero que estaba en pleno proceso de arrojar a la alcantarilla de la historia el petróleo que iba apareciendo en su subsuelo, en la que puede considerarse la mayor destrucción de restos arqueológicos perpetrada en menor tiempo de la Historia de la Humanidad y el único record del Guiness a que puede aspirar; inserta en un nicho de feroz competencia entre tres ciudades vecinas a menos de 16o Kmts. con Centros de Congresos que además empezaban a demostrarse negocios ruinosos por esa misma competencia; en la que el mayor empeño a que se podían dedicar los esfuerzos políticos y económicos de la ciudad era a tratar sustraer por pura higiene democrática la cultura y las relaciones sociales a las instancias e instituciones más reaccionarias que las mantenían secuestradas para adecuarlas por fin a los tiempos constitucionales… En esa ciudad se decide la locura de construir un edificio de tamaño descomunal, de presupuesto descomunal y de irregularidad adjudicataria de su diseño por el jurado descomunal. Alguien decidió que ESE era el edificio justamente que la ciudad anhelaba, no ya por encima de los mínimos criterios de necesidad, sino incluso de los de estricta justicia competencial respecto a otros proyectos más razonables. A mí me gusta y punto, que paga el pueblo. Un icono / edificio emblemático de estirpe guggenheimiana en una ciudad que ya posee uno de los iconos / edificios emblemáticos más importantes y reconocibles del mundo: la Mezquita. Parece ser que el escritor Vicente Verdú, miembro de aquel liberal jurado, fue uno de los pocos o tal vez el único que se horrorizó por la posibilidad infértil de que aquel enorme falo de frío vidrio y acero pudiera alzarse un día frente a la cara milenaria y dorada de la Mezquita de Córdoba desafiando su serena respetabilidad con una jactanciosa lascivia. Diez años después y diez millones de euros menos para las arcas de la ciudad la amenazante erección ha quedado en vergonzante gatillazo.

Los responsables de aquella barbaridad aún siguen algunos en política y otros galleando impunemente en foros y tertulias sin haber asumido ni un gramo de su culpa. La culpa siempre la tienen otros, los que no estuvieron a la altura de su grandeza de alma que flota en el éter del esteticismo sublime y les robaron el gusto de ver sus sueños de reyes Midas realizados.

Pero afortunadamente esa impunidad no ha sido total. La Maldición del Emir maniobró en la oscuridad, que es donde maniobran las buenas maldiciones, para procurar que recibieran su merecido castigo: quedar inmortalizados ya de por vida en un libro de referencia de aquel fenómeno, La arquitectura milagrosa de Llatzer Moix en el nítido retrato que les hizo con sólo cuatro trazos en las escasas líneas que dedicaba a la Estafa Cordobesa del Palacio del Sur:

Hemos visitado diez escenarios. Pero podríamos haber visitado más. Córdoba, por ejemplo. Allí, el jurado que debía fallar el concurso del Centro de Congresos estuvo dudando entre premiar a Zaha Hadid o a Rem Koolhaas. Los políticos apostaban por una obra de Hadid, mujer de orígenes musulmanes y por tanto, en términos de imagen, candidata idónea para construir entrado el siglo XXI en la antigua capital del califato omeya. Pero Koolhaas, que llegó en jet privado y exigió hotel con piscina, supo defender su proyecto con tanta brillantez como displicencia y subyugó a los arquitectos del jurado, que acabaron eligiendo su propuesta. Pese a incumplir varias bases del concurso. Pese a trasladar su obra desde el emplazamiento previsto en la península de Miraflores, sin vistas a la ciudad histórica, hacia otro en el que sus 360 metros de fachada podían ‘dialogar’ cara a cara con la mezquita de Córdoba. (Otros no hablan de diálogo, sino de desafío). En este caso, la enseñanza sería que la cuota de responsabilidad de los jurados en ciertas obras desaforadas es alta.

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EL CENTRO DE CREACIÓN CONTEMPORÁNEA

La otra barbaridad, ésta cumplida, que la Maldición de la Estupidez Contemporánea arrancó a la Maldición del Emir fue la semiconstrucción del Centro de Creación Contemporánea, para cuya cimentación se destruyeron 15.000 mts2 de restos arqueológicos del arrabal de Saqunda. Su gestación surgió en el calor de aquella otra monumental fantasmada del 2016, aquel desquiciado, desesperado y finalmente fracasado trampantojo de querer vender a los tours operators una compuesta cultura local satinada, en una ciudad dominada oficial y casi absolutamente por la ahumada estética - y la ética- del oscurantismo y el reaccionarismo más acrisolados, con el exclusivo fin de llenar los restaurantes de gentes más o menos rubias comiendo salmorejo. Se trata de un edificio de diseño muy original que, pese a encontrarse perennemente a medio terminar, ya empieza a ser un clásico en las revistas especializadas de arquitectura por su estructura y decoración en celdas de las que se resalta su parentesco con la concepción abierta y diacrónica de las construcciones religiosas islámicas. Eso más o menos vienen a decir aunque a algunos nos recuerda más bien la estética de las parroquias de barrio de los 70 con o sin cura progre incluido. Probad a ponerle mentalmente un campanario del mismo estilo en una esquina…

Los centros de creación contemporánea son un producto típicamente europeo que consiste más o menos en habilitar espacios dentro de edificios públicos donde los artistas sin posibilidades de contar con talleres, herramientas o los materiales adecuados para realizar sus obras los encuentran a su disposición, les son habilitadas salas de exposición y se les proporcionan las plataformas publicitarias convenientes para su difusión. Los modelos son variados, desde el sistema de becado completo hasta módulos de oferta parcial. Y funcionan bastante bien por lo que tengo entendido. En España los pioneros y modelos de gestión y eficacia son Arteleku de Donosti y Bilbaoarte de la capital vizcaína. En ambos primaron claramente desde un principio para su puesta en funcionamiento los criterios que apuntaban a dirigir el máximo pico presupuestario a la oferta de oportunidades para los artistas, sobre los réditos políticos propagandísticos de los responsables.

ARTELEKU, perteneciente a la Diputación Foral de Gipuzkoa, nació en los años 80 adaptando una vieja fábrica de suministros eléctricos en las afueras de Donosti. La filosofía de la institución la condensó la investigadora Miren Gaio en el siguiente párrafo a él dedicado:

… La creación de un espacio autónomo dedicado a la práctica artística y la formación, frente al más visible espacio de exhibición, y se explica por una voluntad política real de fomentar el arte no como instrumento de representación de la política sino como bien común, voluntad sustentada por una fe casi mesiánica en el valor simbólico del arte.

BILBAOARTE nació unos años después, cuando aún el Guggenheim no estaba acabado, por voluntad de la concejalía de cultura del Ayuntamiento de Bilbao que vio la necesidad de crear un espacio para fomentar y sustentar la creatividad y el tejido artístico de la ciudad para que dialogaran y complementaran con el carácter exclusivamente museístico de lo que se estaba construyendo. Yo he tenido la oportunidad de visitarlo varias veces en los últimos años y doy fe de que está instalado en el edificio de un viejo colegio en desuso desde los años 80 y adaptado y rehabilitado poco a poco a los largo de los años en los que ha primado siempre la inversión en dotación de medios al servicio de los creadores sobre los dedicados a la representación propagandística y el espectáculo mediático. Hace un año, dieciocho después de su apertura, aún había espacios interiores en espera de adecuación porque hacerlo suponía menoscabo de la función primordial de dotación de medios directos a los artistas. Se da la curiosa circunstancia que de los 36 becados de este año, cinco son andaluces. Debe ser que solicitan las becas a Bilbao porque les encanta el clima del Cantábrico más que porque el dinero de las que les corresponderían en su tierra está invertido en ladrillaco decorativo.

La comparación con el proceso de fundación de su equivalente cordobés, en el que se han gastado 30 millones de euros en los seis años que tardó en construirse, se encuentra sin dotación, sin perspectivas y lo que es peor, sin uso, sin visos de uso y sin seguridad de si existe alguna idea del mismo, es sencillamente acuchillante. Es así como hacemos las cosas en Andalucía. Aunque no ande, burro grande, grande, grande… Igual deberíamos preguntarnos por qué en el País Vasco los escándalos de corrupción son anecdóticos y en nuestra comunidad empiezan a alcanzar los sobacos de toda la clase política.

Yo sigo sin comprender la devoción que le tienen los creadores cordobeses y la absoluta falta de crítica a su construcción que se ha podido hallar en sus filas. Cuando precisamente todo el dinero que se gastó en su elevación ha sido dinero escamoteado a proyectos perfectamente posibles de los que podrían haberse beneficiado ellos, y sobre todo, sus obras y el conjunto de la ciudadanía. Ellos sabrán qué es lo que quieren...

La suerte que tenemos después de todo es que ya los cristofachas del PP no tienen la más mínima oportunidad de ganar las elecciones autonómicas porque si no aquella broma que me permití hace años de suponer el edificio en un futuro sede del Centro de Creación Cofrade dejaría de serlo. Pero si no ganan estos y lo hacen los de siempre el riesgo estará en que se convierta en un salón de la BBC, (Bodas, Bautizos y Comuniones) o en el nuevo mercado gastropijo que los de Hostiacor andan buscando o en el peor de los casos en el centro mundial del Flamenquín de Oro.

Al-Hakam, viejo cabrón, tómate un reconstituyente y relanza tu vieja maldición para que con su flamígera espada aleje definitivamente de nuestras vidas la Maldición de la Estupidez Contemporánea…

jueves, 27 de noviembre de 2014

El robaperas

Hombre, yo reconozco que pasar de azote del sindicalismo municipal desde el grupo Jody a compartir hedionda caverna con el Cíclope Cristofacha para incensar cojones episcopales le tuvo que suponer a la criatura un formateo del disco duro selebral de dejarte el software de pensar pal arrastre, pero el tío me cae rematadamente mal entre otras cosas por sus chulescas maneras amenazando al personal desde el twitter y me ha jodío mucho que entre de puntillas en mi blog, se inspire en mi trabajo y luego cumpla con él los restos de su pagada jornada laboral.

No es la primera vez que periodistas de esta ciudad hacen lo mismo y repetidas veces, pero hasta ahora lo he sufrido en silencio por razones que no vienen a cuento. Pero a este no se lo paso.

Así que desde aquí te lo digo: Rafalito, a quien tus colegas llaman “El Merce”, eres un ROBAPERAS.


sábado, 15 de noviembre de 2014

PODEMOS / PSOE: la infamante comparación

Una de las mayores insidias –más bien infamia- que se están vertiendo en los últimos meses contra PODEMOS proviene de parte de esa izquierda entre atónita y aturdida convertida en menos de medio año en su felpudo y consiste en compararlo con el PSOE de 1981-83. Se trata de un ataque aún más virulento que el que perpetra sistemáticamente y con la imaginación que la caracteriza la derecha pendulante entre la halitosis perifranquista y la repulida socialdemopollas, que no es capaz de ir más allá de sacar ante sus niños-votantes el espantajo con cuernos y rabo castrista-bolivariano.

El intríngulis de la comparación estaría en asimilar en ambas formaciones unos orígenes supuestamente puros, idealistas, en cuyo desarrollo posterior de crisálida inocente representante del pueblo a mortal mantis instalada en el gobierno se constata un acelerado proceso de putrefacción fruto de la realpolitik, de la falta de cuadros y sobre todo de la corrupción de sus líderes.

Independientemente de los elementos comunes que pueden salvarse de ese análisis, verbigracia, que se trata de dos partidos de nuevo cuño aunque enraizados en tradiciones izquierdistas más o menos transformadas o incluso traicionadas conscientemente, las defecciones estratégicas y tácticas ya en origen en que tenga que incurrir el nuevo partido y la posibilidad de que se les cuele lo peor de cada casa por falta de cuadros y militancia añeja como les ocurrió a los de la chaqueta de pana (¿o fue premeditado?), la comparación es infamante porque su propio nacimiento responde no ya a circunstancias, sino a intereses completamente opuestos.

La dinámica de poder en eso que llamamos Transición pero que en realidad no fue más que una Segunda Restauración Borbónica tras El Escarmiento y la consecuente regencia franquista de las fuerzas caciquiles hispanas agrupadas bajo el manto ideológico del nacionalcatolicismo de siempre tuvo dos vertientes: una interna y otra externa. Ambas buscaban lo mismo: el control de las fuerzas populares que podían amenazar el control del cortijo que venían ejerciendo secularmente unos y las nuevas expectativas de negocio de los otros.

En la dinámica interna jugó un papel fundamental el miedo: miedo de los franquistas a la venganza de los vencidos, el miedo de los emergentes partidos a una nueva involución, pero sobre todo un miedo metido en la médula de los huesos de las gentes comunes justificado en el recuerdo de cómo se las gastaba la banda de genocidas que había secuestrado a punta de pistola el estado durante cuarenta años. Lo cual no quiere decir que no hubiera habido mucha, mucha gente que se jugó el tipo para acelerar el proceso desmontador y tratar de evitar el gatopardismo que luego triunfó descaradamente. Como ha explicado muchas veces Gregorio Morán esa dinámica interna se gestó entre muy pocas personas con verdadero poder de decisión que jugaron con las cartas marcadas engañando unas veces al ejército fascista, otras a los pocos demócratas liberales pata negra que galleaban y siempre, siempre a la clase trabajadora, con la inestimable colaboración de un completamente domesticado Santiago Carrillo que se ofreció a controlar al entonces esperanzado y muy pujante movimiento obrero a cambio de la promesa de un azucarillo - ministerio para él, que encima nunca consiguió. Todo para hacer un ajuste general en el que los crímenes nacionalcatólicos quedaban olvidados, olvidados los muertos en las fosas y el fruto del botín de guerra en las manos de los asesinos, ahora demócratas de toda la vida. Pero como muchos hilos del proceso no estaba perfectamente controlados y el miedo de la gente empezaba a disolverse fue necesario un nuevo escarmiento, esta vez pequeñito, pero no menos efectivo: el 23F, que no fue más que el uso controlado del freno de seguridad gatopardista para evitar que la boca de botella democrática se convirtiera en otra de tinaja en la que todos, y especialmente las clases populares, pudieran meter cazo, sacando a orear el secular miedo guardado en la alacena nacional.

Es probable que, como dicen los intelectuales áulicos, de los que pronto supo rodearse y comprar el PSOE, los de la Bodeguiya y los cebrianistas, no pudo hacerse otra cosa que la que se hizo, pero como dice también siempre Juan Carlos Monedero la culpa fundamental de quien tenía voz no fue tanto el no haber luchado lo suficiente como el haber escamoteado el relato auténtico y contribuido a su sustitución por otro mítico convertido a la postre en sagrado. Y bajo la cobertura de ese relato intocable el franquismo, el nacionalcatolicismo secular hispánico, pudo instalarse cómodamente en todas y cada una de las estructuras del estado más o menos camuflado. La mierda que sale actualmente por todos los poros del estado español no es más que el apestoso sudor del franquismo enquistado bajo su piel, la piel de un cuerpo al que nunca se sometió a una ducha democrática en condiciones.

En cuanto a la dinámica externa los actores son diferentes. En primer lugar el capital financiero internacional y el industrial propiamente alemán que vieron sagazmente cómo a la muerte del Caudillo podían acelerar sustancialmente la penetración que con falsos guantes higiénicos venían practicando en España desde los años 60. La estabilización democrática del estado español (30 millones de consumidores nada menos) lo colocaba en una situación inmejorable para ser convertido en un enorme mercado en el que vender lo suyo. Es así que un año antes del feliz fallecimiento ambos capitales comenzaron las maniobras orquestales en la oscuridad para asegurarse de que el asunto no se les fuese a escapar fácilmente.

Un puñadito de pícaros sin escrúpulos con acento sevillano fue contratado para iniciar la Operación Machado. Infiltrados en el histórico Partido Socialista Obrero Español, cuya dirección se encontraba totalmente en el exilio, consiguieron en un congreso hacerse con él mediante un planificado golpe de mano, al que asistieron los cabezas de la socialdemocracia franco-alemana para asegurarse de que todo ocurría según sus designios. Hay quien dice -y es probable que no les falte razón- que la CIA también asomó por allí la cresta. Eliminados los elementos del socialismo histórico del cuerpo del partido lo parasitaron y vaciaron sus carnes dejando sólo una piel bajo la que sus empleadores metieron los mecanismos necesarios para que el engendro cumpliera la misión para cuyo éxito estaban invirtiendo ingentes cantidades de dinero.

La misión que se le encomendó al robotizado PSOE fue, debida y generosamente financiado, aterrizar en el terreno político español, del que por su falta de actividad militante en el franquismo se encontraba casi completamente ausente, y hacerse un hueco importante desde el que servir de cabeza de puente al capitalismo centroeuropeo antes de que las malas bestias fascistas o el empuje reinvindicativo de la clase obrera consiguiesen parar tanto el proceso gatopardista interno como el allanamiento del camino por el que estaba previsto que harían su entrada triunfal en el país los tanques del capitalismo salvaje. Las ingentes cantidades de pasta que recibieron de la Europa de los Mercaderes, la pasmosa, por facilísima, domesticación del PCE por la recién recalificada burguesía franquista, el miedo metido en el cuerpo social tras el 23F, la incompetencia del travestismo demócrata franquista en gestionar su propia estrategia y el contar con la artillería mediática comprada especialmente para ellos por sus patrones, especialmente el diario El País, colocaron en dos zancadas a los trileros sevillanos a la cabeza de un estado cuyos ciudadanos vivían en un estado de zozobra y estupefacción permanente desde donde pactar directamente con la burguesía franquista la ley del silencio respecto a la justicia y al botín a cambio de poder. Seguidamente pusieron voluntariamente la educación a las manos del nacionalcatolicismo de la Iglesia por pura especulación económica más que ideológica (colegio subvencionado, colegio público que me ahorro..., el monopolio clerical de las editoriales, etc…), aunque ello les aseguró además y de paso cierta contención crítica por parte de la mafia vaticana, y subvencionaron tan generosamente a la casta militar que ni en cien años podremos terminar de pagar la deuda generada por la compra de sus juguetes. Y se rindieron a los intereses de Francia consolidando la traición que el estado español consumó contra el pueblo saharaui.

Lo demás, o sea el cumplimiento de sus compromisos con el capital internacional sería pan comido: imponer la entrada en la CEE y en la OTAN mediante agresivas e intimidantes campañas mediáticas, repartir poder con las recién creadas comunidades y convencer a sus élites de que el signo de la economía había cambiado: desmantelar la industria siderúrgica y la producción agrícola para que Europa nos adoptara y nos llovieran las ayudas con el fin de no competir con sus diferentes tejidos productivos: España sería sí o sí un país de servicios y de consumo que absorvería los brutales excedentes de los beneficios de la industria alemana en forma de préstamos baratos dedicados al monocultivo del ladrillo asociado al del turismo. Ello crearía una irisada burbuja especulativa en la que los españoles pensamos que habíamos alcanzado ya EN EUROPA el nivel de los alemanes y franceses.

Fue cuando llegó la hora de pagar los réditos de LA DEUDA cuando descubrimos la verdadera tramoya que sustentaba todo el decorado de la Ópera del Bienestar que habíamos estado representando. Pero nada de eso pertenece a la casuística. Es un proceso aproximadamente controlado en el que el PSOE hizo el papel de condón que se puso el capitalismo europeo y norteamericano para jodernos sin miedo a preñarnos de rebeldía. Luego vendrían los auténticos liberales a la hispana, los representantes de la carcunda roñosa de la hispanidad eterna que aprendieron pronto de los socialistas cómo hacer bien las cosas, a rematar la faena.

En Andalucía fue aún más sangrante, porque el PSOE hizo un amago de Reforma Agraria, una reclamación racional secular del campesinado andaluz y una necesidad de justicia histórica, para dar el pego, pero enseguida recondujo el proceso por los cauces a los que se había comprometido con sus empleadores montando el tema de las ayudas al campo con dinero europeo, que son ayuda a los agricultores pero no a la producción, para evitar su cooperativización y el aumento de la productividad consiguiente. Esa organización en cooperativas, asociada a la creación de industrias de transformación agroalimentaria llevada con la adecuada racionalidad nos hubieran convertido en una de las regiones más ricas de Europa. Algo que atacaba directamente a los intereses franceses.

La visión más exacta de la alta misión que cumplió el PSOE fue la de aquel degenerado de sus filas de la risa de hiena malnacida carcajeándose de las miles de familias españolas necesitadas -que las había, y muchas, aunque nadie pareciera saberlo- voceando aquello de que en España quien no se hace rico es porque es tonto.

La cortina de humo fueron los importantísimos avances en materias de tipo moral o pertenecientes a la ética social, que las fuerzas de la reacción tuvieron que permitirle porque los pactos hay que cumplirlos, al menos por un tiempo. Leyes como la del divorcio, el aborto, la educación para la ciudadanía como alternativa a la religión en las escuelas (¡que siguió impartiéndose en las públicas!) o los matrimonios homosexuales por ejemplo, pero no mucho más.

Así que la comparación es en sí misma una infamia. PODEMOS será todo lo que se quiera, y no voy a valorar su chicha ideológica, pero nace espontáneamente, no de la dependencia económica multimillonaria de contratantes con oscuros intereses detrás, sino precisamente de la desesperación y el hartazgo de la gente tras la resaca de la borrachera consumista que les produjo el alcoholazo de garrafón con que los atiborraron los políticos de esa casta que fue seleccionada, contratada y corrompida por los poderes financieros de los mercaderes hanseáticos para que robaran el país para ellos. La cáscara es lo que nos han dejado como hicieron con el partido republicano que parasitaron. No sé si estos que vienen -si los dejan, que yo no puedo quitarme a Chile nunca de la cabeza- conseguirán llenar de vida decente su volumen, pero desde luego sólo sus orígenes son infinitamente más limpios que los de aquellos que fundaron ese engendro con el que quieren compararlos y que parece que por fin está -afortunada y merecidamente- a punto de irse definitivamente a la mierda, de donde nunca debió salir.

ACLARACIÓN: Como me ha salido un chorizaco además de largo demasiado tenso me gustaría aclarar que sé que hay muchos cuadros intermedios del PSOE que realmente consideran que trabajan para un proyecto enraizado en la historia del socialismo español. Los considero personas respetables y en muchos casos admirables por ser capaces de, a pesar de la mierda que les salpica de su partido, seguir adelante y luchar por lo que creen.

domingo, 2 de noviembre de 2014

La invasión de los ultracuerpos patilludos


Anoche cuando volvía de la fiesta del Rey Heredia me encontré con una procesión encerrándose en San Francisco. No sólo me alertó el pestazo a incienso y cera, sino sobre todo la atronadora tamborrada que la acompañaba. Como llevaba aún el puntillo birroso tuve los santos cojones de quedarme a ver el encierro completo. Lo que encerraban después de pasearlo por el barrio era un ídolo femenino, pero no alcancé a enterarme ni del nombre del avatar ni de la marca de la cofradía. Hoy la prensa local no se hace eco. Normal, si tuvieran que hacerse eco de las casi 500 que salen anualmente fuera de temporada necesitarían un ejército de plumillas. Pero ni falta que me importa. Me sigue impresionando la capacidad de montar espectáculo que tienen los joíos. El problema del espectáculo procesionario es el mismo que el de los templos chinos... Hombre, que como ser son bonitos, así bien recargaditos de cascarria churrigueresca entre humazo de incienso, pero que visto un pollo de esos vistos todos.

Pero lo que descubrí anoche fue un hecho curioso: me encontré con la mayor concentración de mendas patilludos que había visto desde que frecuentaba documentales de las guerras carlistas. Toda persona que llevara un palo plateao de esos y un medallón barroco colgandero del pescuezo patilleaba y gomineaba uniformemente o lucía absurdamente emperifollada según fuera macho o hembra el ejemplar de cofrade. Pues bien NINGUNO, ABOLUTAMENTE NINGUNO DE LOS PATILLENGOMINADOS POLLOS Y NINGUNA DE LAS EMPERIFOLLADAS DAMAS ERA DEL BARRIO. Los miré una a una y uno a uno. Llevo treinta años viviendo en él y creo que conozco a la práctica totalidad de los vecinos y lo puedo jurar tranquilamente por los tres San Carlos de mi devoción (Darwin, Marx y Arguiñano). Ni uno solo, ni siquiera los mirándolos. Creo que el único mirándolo del barrio era yo mismo. Y ello no se debía ni al disfraz cofrade que ellos y ellas llevaban ni a la alegría que me acompañaba. NO.

Eso me hizo pensar que existe un comando itinerante de cofrades que van de procesión en procesión, un par de veces cada sábado y domingo como viene siendo habitual. Nutrido eso sí: deben ser unos doscientos ejemplares entre machos y hembras que invaden los barrios ajenos con el evidente fin de joder al vecindario las antes plácidas tardes de los fines de semana.