(del laberinto al treinta)


miércoles, 16 de abril de 2014

MEMORIA DEL REY HEREDIA (I)

Hace unos años mi amiga Saqunda publicó en la página Calleja de las Flores, la única publicación que aunara humor, sátira, sarcasmo e información veraz sobre la ciudad que haya existido en Córdoba, un trabajito acerca del origen del Colegio Rey Heredia. Saqunda redactó el artículo tras comprobar que en el plan de ordenación urbana que continuaba las obras de remodelación de la Ribera y el Puente Romano estaba prevista su demolición para la creación de una gran plaza que realzara la Torre de la Calahorra, en palabras del arquitecto encargado del proyecto, Juan Cuenca.

Recordó allí que aquel modesto edificio fue el primer colegio diseñado y construido ex profeso como tal en la ciudad y que lo fue además siguiendo las directrices de la escuela racionalista pedagógica europea por el arquitecto aragonés pero afincado en Córdoba Francisco Azorín Izquierdo. Azorín sumó a su condición de prolífico arquitecto una importante actividad política desde su militancia socialista, primero como concejal y luego como diputado en Cortes y en 1918 siendo miembro de la Comisión Municipal de Instrucción Pública redactó el Proyecto de Escuelas unitarias para niños y niñas con Jardines Froebel para edificar en el Campo de la Verdad ante la pavorosa situación de la escolarización cordobesa –como la española en general- anclada en metodologías antediluvianas, fundamentalmente en manos de una Iglesia ultramontana e impartida en locales reutilizados en condiciones de salubridad lamentables. En el estudio que adjuntaba hablaba de que de los 8.000 niños en edad escolar que había en la ciudad tan sólo había matriculados 1.549, a los que había que sumar 3.000 párvulos. Pero fue en 1919 cuando convocó a los arquitectos de la ciudad para que desinteresadamente diseñaran cinco colegios que recogieran las últimas tendencias del racionalismo pedagógico adaptándolo a las necesidades de máxima economización de recursos. Él mismo construyó dos: el Rey Heredia y el Grupo Colón. Para enseñanza mixta, algo revolucionario en la historia de la ciudad, con ventanales amplios correctamente orientados, patio para juegos y práctica de gimnasia, jardín con plantas y flores, con espacios para audiciones de música y conferencias, con taller de trabajos manuales…

Sólo por eso, por su valor histórico como pionero y símbolo de la enseñanza racionalista, superadora por fin de la oscurantista de la Iglesia, que alentaría y apoyaría un genocidio para evitar su triunfo, las fuerzas progresistas municipales, autonómicas y estatales que se reclamaban nominalmente herederas de la tradición ilustrada sangrientamente reprimida y que durante 30 años han ejercido desde el fin de la transición el poder deberían haber procurado con mimo su conservación, no permitiendo nunca que dejara de funcionar como colegio y colocando una placa bien grande en su fachada en la que se explicara el significado de su existencia, las claves de la revolución pedagógica, en lo arquitectónico y en lo ético social que supuso su diseño y construcción.

Pero ninguna de esas fuerzas que reclamaban para sí el título de progresistas hizo nada ni por el forro parecido. Y no lo hicieron porque desde el mismo momento en que accedieron al poder pactando su reparto con los herederos de los genocidas y con los genocidas mismos que aún continuaban en activo habían volcado todos sus esfuerzos en el afán aunado de neutralizar los conflictos entre la sociedad civil y las instancias sociales y culturales de la dictadura nacionalcatólica. La prueba más palpable de ello está en la rendida entrega que se hizo a la Iglesia Católica de la parte del león de la enseñanza pública mediante el invento de los centros concertados por parte de gobierno de Felipe González.

Pesoeístas (nunca merecieron el nombre de socialistas) en los gobiernos estatal y autonómico y unos desleídos comunistas quintacolumnistas de la socialdemocracia más pactista -y a menudo de la carcunda reaccionaria- en el municipal de esta ciudad pusieron todo su empeño en no empañar su acceso al poder político recordando que lo habían hecho a base de paletadas sobre la memoria de las víctimas del franquismo. Así no es extraño que los últimos ineptos gobiernos municipales de Izquierda Unida, que cargarán eternamente con la vergüenza de haber sido llevados a los tribunales porque se negaron a acatar la ley que los obligaba a abrir las fosas de los fusilados en el cementerio por un descárgame de pagar los picos y las palas, contemplaran sin ningún miramiento el plan de derribo del colegio.

Pero antes tuvieron el cuajo de infligirle un último escarnio: renombrarlo. Cambiar el nombre que portaba desde su fundación, el de un matemático y filósofo cordobés del XIX, José María Rey Heredia, por el del feroz obispo Fray Albino, alentador y justificador del genocidio nacionalcatólico de republicanos y cuya mayor hazaña intelectual fue la adaptación del Mein Kampf de Adolf Hitler para los niños españoles de la posguerra con el título de Catecismo Patriótico Español. O sea no sólo justo uno de los responsables de la destrucción violenta del proyecto racionalista del arquitecto socialista sino responsable también por coadyuvación de su exilio, al que tuvo que acogerse tras escapar milagrosamente de una muerte segura por fusilamiento en las tapias del cementerio como ocurrió con todos sus compañeros de partido que fueron capturados. El atroz nombre lo mantuvo hasta su cierre, la placa que lo indicaba hasta que un alma caritativa la cubrió higiénicamente.

Fue desde esa misma revista La Calleja de las Flores que se propuso un destino adecuado y digno para el edificio, a la vista que no volvería a ser colegio: Museo de la Memoria de la Escuela Racionalista y Republicana. Ningún otro edificio de la ciudad podría gozar de mayor idoneidad que el Colegio Rey Heredia para albergarlo. Un museo en el que se recogiera material escolar de los tiempos del esclarecimiento pedagógico, libros, objetos, paneles explicativos de lo que supuso aquella apertura de ventanas al mundo ilustrado de la enseñanza española que había permanecido cerrada a cal y canto en el sótano de la Contrarreforma durante siglos. Y la terrible represión, el Terrible Escarmiento que los guardianes de esa Contrarreforma, del oscurantismo y la superstición, desataron cuando comprendieron que aquella luz blanca y directa de la pedagogía ilustrada comenzaba a disolver las tiniebla de su poder sobre las conciencias de los súbditos en vías de convertirse en ciudadanos. Un museo de la represión de los maestros y maestras republicanos, probablemente y por esa capacidad de esclarecimiento de mentes que fomentaban, el colectivo profesional más reprimido, que con mayor ferocidad fue eliminado. Un homenaje que este putrefacto país no ha sido capaz aún de ofrendar a aquella legión de mujeres y hombres que pagaron con su vida unos o con la destrucción de sus carreras otros, el haber intentado sembrar la semilla de la autonomía moral e intelectual en las generaciones de niños y niñas de cuya educación fueron responsables.

Nada de ello fue tenido en cuenta y si no sobreviene la estafa de los organismos financieros internacionales que llamamos crisis la piqueta se hubiera cebado sobre el colegio sin misericordia. Luego llegaron los neofranquistas y su hedor reaccionario que paralizaron los proyectos y decidieron su abandono definitivo, probablemente con el fin de que la ruina hiciera presa en él y ya sólo quedara la solución del derribo preventivo. La placa con el escudo de la República que había permanecido milagrosamente camuflada en la fachada durante toda la larga noche del franquismo fue rescatada por los últimos maestros y puesta a buen recaudo.

La última etapa de la historia del colegio está muy reciente, muy viva aún, felizmente rescatado por movimientos ciudadanos que lo han convertido en un bastión de la solidaridad social y de la lucha contra el capitalismo depredador y contra los artefactos culturales alienadores que genera como estrategia de dominio. OKUPADO. Y asediado por las baterías de largo alcance de la artillería aliada, neoliberal y socialdemócrata. Pero RESISTIENDO.

Pero eso se quedará para una siguiente entrega...

domingo, 16 de marzo de 2014

La cobardía cagaflorista

Hay pocos cordobeses que sepan que su ciudad podría figurar con gran merecimiento y gallardía en el Libro Guinness de los Récords con el título, que holgadamente podría ostentar, de LA CIUDAD EN LA QUE, SIN MEDIAR UNA GUERRA O REVOLUCIÓN, MAYOR CANTIDAD DE PATRIMONIO HISTÓRICO HA DESTRUIDO EN LOS ÚLTIMOS DOS O TRES SIGLOS DE LA HISTORIA. ¿De la historia de España? No, hijo, no, de la historia del mundo mundial. Menudo récord en unas sociedades donde la destrucción de los restos del pasado parece haberse convertido casi en un deporte de masas. Pues sí, Maripí, pero es que donde reside la verdadera machada de ese título no es en la cantidad ni calidad de lo expoliado sino en la vertiginosa velocidad imprimida a su devastación. Puede darle todas las vueltas que quiera, rebuscar en el hondo saco del pasado las comparaciones que crea oportunas, pero no encontrará ninguna otra ciudad del planeta en la que se hayan destruido en solo 15 años (1995-2010) MEDIO MILLÓN DE METROS CUADRADOS de yacimientos arqueológicos de arrabales islámicos altomedievales en buena parte perfectamente rescatables únicos en Europa y en el mundo. Sin que se haya puesto en valor ni uno sólo de esos metros. Una enorme bolsa de petróleo, una imagen que ya utilicé en otra ocasión y que ahora corretea por ahí cimarrona, que fue pinchada irresponsablemente y adrede dejando que su contenido se perdiera por los sumideros de la nada y que hubiera creado incalculables beneficios económicos a la ciudad a nada que se hubiera rescatado y puesto en valor aunque sólo hubiera sido el 10% de todo lo excavado y destruido. Eso sin hablar de la monstruosidad de haber escamoteado a todas las generaciones de humanos del futuro la contemplación y posibilidad de estudio de los documentos originales de su historia.

Los responsables fueron (siguen siendo) una banda organizada de bribones con corbata que por intereses que algún día tal vez salgan a la luz pusieron a los pies de los capos de la mafia financiero-ladrillista local los servicios arqueológicos públicos y privados de la ciudad con el fin de liberarles, con la mayor celeridad y eficacia posible, de escollos legales los suelos hormigonables que habían adquirido ligados a sospechosas recalificaciones en los que emprender cómoda y rápidamente sus suculentos negocios inmobiliarios. En esa banda participaban miembros de la Universidad, de la Gerencia de Urbanismo municipal, de la Junta de Andalucía y las empresas privadas a las que se permitió que ofertaran competitivamente a la mafia servicios de liberación de restos sin control institucional alguno. La mayoría de los restos encontrados, antes de la implosión de la crisis, en buen estado de conservación de lo que fuera la Qurtuba omeya: mezquitas, medersas, casas, calles, hammams, almunias, cementerios, etc, fueron minuciosamente triturados y arrancados para que las hormigoneras pudieran rellenar su lugar con el infame cemento de la especulación inmobiliaria. El truco para acallar ciertas bocas y sortear la legalidad proteccionista fue publicitar que, como contemplaba la ley, se había negociado destrucción por documentación.

Hoy día prácticamente todos los arqueólogos que participaron en aquel infame exterminio, a pesar de que trabajaron con reconocida profesionalidad pero sometidos a leonina explotación laboral, consienten en confesar ya sin rubor que dicha documentación adoleció en un elevado porcentaje de los casos de unas incontenibles prisas que llevaron a obviar sistemáticamente niveles y fineza en el estudio. Pero es que además la ingente documentación generada, ahora en manos de los responsables últimos del asunto, que tendría que haberles movido a poner al servicio de la sociedad que les paga los sueldos y a la que sustrajeron su patrimonio consintiendo su destrucción, al menos el conocimiento de lo destruido, duerme apacible sueño en los cajones de los varios negociados bicéfalos del Arqueobispado de la ciudad de Córdoba. Esperemos que no acaben, como ha ocurrido en otros casos recientes, alimentando publicaciones privadas en beneficio estricto de sus atesoradores y correspondientes editoriales.

Y toda esa fabulosa destrucción ocurrió ante las narices de la legión de vocingleros intelectuales y artistas -los políticos tienen intereses que van por libre- que han levantado en las ultimas semanas sus destempladas voces en los media locales para defender el patrimonio común ahora en peligro por la fraudulenta inmatriculación de la Mezquita por parte de la Iglesia y exigiendo su vuelta a la titularidad pública. Y nunca, ni uno sólo de ellos, salió antes a dar la cara para defender el patrimonio público de los restos arqueológicos de la Córdoba omeya. Ni muchas otras barrabasadas que ocurrieron en esta triste y corrompida ciudad de esquinas marcadas con orina de cura almizclero.

Algunos veníamos desde hace muchos, muchos años, desde 2006 aproximadamente, denunciando -pedricando en el desierto- la maniobra de desislamización del principal monumento de la ciudad, la falsificación que de su sentido artístico e histórico -la descaradísima manipulación del relato de su construcción, tanto globalmente como atendiendo a sus distintos elementos-, en que venía empeñada la usufructuaria del edificio, la Iglesia Católica. Luego supimos, después de que un profesor de Derecho de la UCO denunciara que en 2006 la había inmatriculado a su nombre acogiéndose a una modificación de una ley aprobada por el gobierno Aznar y aquejada de más que probable inconstitucionalidad, que todo formaba parte de unas maniobras orquestales a la vista y en la oscuridad para conseguir la propiedad total y absoluta del monumento y, para a la vez que se controlaba el discurso de su interpretación histórico-artística, explotarla económicamente con comodidad. Entonces, en 2009, cuando salió a la luz aquella denuncia tampoco ninguno de los cagaflores cordobitas con privilegiados púlpitos en los medios locales dijo ni mu. Puede que algo tuviera que ver que Cajasur, propiedad de la Iglesia, todavía partía y repartía en la ciudad con gran dadivosidad a quienes les reían las gracias. De la sección humanística de la UCO dedicada con unción a sus devociones de Frascuelo y de María nada se podía esperar. De la Cacademia de Nobles Caspas y Bellas Tretas, menos. Pero los pedricaores del desierto siempre quedamos esperando que alguno de esos valientes que ahora asoman en tropel a las páginas de los diarios galleando su denuncia soltara algún quejío en su momento.

Es la táctica del linchamiento. Esconderse en la muchedumbre para gritar y condenar sin peligro. Durante años permanecieron calladitos, sin cojones para levantar de uno en uno la voz para denunciar la furia con que los políticos y técnicos venían destruyendo el patrimonio arqueológico público ni contra la Iglesia que robaba descaradamente el símbolo y la materia de la Mezquita. Sólo cuando se han alzado muchas voces, primeramente de fuera, y han comprendido que la Iglesia ya no manda tanto como cuando tenía un banco para ella sola, poco a poco uno detrás de otro, los miembros de la intelligentsia cordobesca han ido asomando la gaita e hinchando su vena pescuecera desde sus tribunas periodísticas. Han mirado de reojo cómo poco a poco iban quedándose atrás en el impostado clamor de indignación que han conseguido los impulsores de la Plataforma levantar y se han lanzado en tropel, al calor y protección del levantisco griterío. Maricón el último.

jueves, 13 de marzo de 2014

La Corredera y un jeringo

Como ayer en el feisbu colgué un par de párrafos del capítulo que dedico a la plaza de la Corredera en un trabajo en el que ando trabajando a trancas y barrancas desde hace un par de años y que he titulado LA CORDOBESTIA (Una guía de Córdoba para insorribles) pero al que me temo que jamás daré fin, me animo a darlo a conocer completo (el capítulo) por esa misma causa, porque a este paso quedará irremisiblemente inédito, y porque se han interesado algunos amigos por él. No es que yo le dé demasiado valor, pero seguro que hay alguien en el mundo a quien aprovecha saludablemente.

Por otra parte en estos atribulados y críticos días nuevas amenazas se ciernen sobre el carácter secular de la plaza, ese carácter que hasta ahora nadie, y ha habido varios intentos, ha conseguido cambiar. El gobierno municipal, actualmente en manos, como el propio estado, de los herederos del franquismo en lo ideológico, del corruptalismo en lo político y del liber-liberalismo en lo económico, ha presentado un repentino, oscuro y agresivo proyecto en el que se contempla que la plaza del mercado tradicional, sito en el edificio de la vieja cárcel se trasladará a un solar cercano, en el que habría de construirse rápidamente (Constructoraaa, constructoraaa...) un complejo multiusos de corte moderno, mientras que el viejo edificio del XVI, una verdadera golosina arquitectónica para configurar negocios de más o menos lujo, queda pendiente de adjudicación de futuros usos. Uno de los que han dejado caer, aquejado de graves indicios de falsedad, por su evidente intención de neutralización de sospechas, es el de servir de sede a la Alcaldía. Pero lo que nos tememos los más retorcicolmillados del lugar es que en realidad se trata de un probable intento de gentrificación de una zona histórica hasta ahora y desde siempre impregnada de esencia demasiado popular en una ciudad esencialmente aristocrática, pero que empieza a ser considerada como muy explotable como futuro distrito de ocio tanto por una tendencia social creciente que ha ido en los los últimos años tomando la plaza espontáneamente como lugar de encuentro como en relación a la muy cercana e increasing zona Ribera, que en los últimos cinco años ha experimentado un vertiginoso despegue como nueva meca del coperío y el taperío fino local y que además se encuentra en contacto directo con la otra zona perita en dulce de ocio, la turística. Hacer coincidir el negocio turístico con el de consumo local es un milagro que sólo muy recientemente ha sido posible olfatear en una ciudad que sólo se alimenta de esas dos tetas. Diseñar un corredor de ocio que uniera la Mezquita y La Corredera pasando por Cardenal González, la Ribera y el Potro puede estar en la mente de los emprendedores hosteleros locales o de los lobbys de franquicias, los únicos colectivos que realmente parecen pensar en algo, por muy chungo que sea, en esta descerebrada ciudad negada para cualquier forma de generación de cultura que no tenga que ver con el arte del pinchado de barril de cerveza o la bistronómica elaboración de cualquier avatar de almóndiga de rabo de toro sobre lecho de salmorejo a la reducción de Pedro Ximénez.

martes, 11 de marzo de 2014

Desmontando al corregidor don Luis de la Cerda

Muchos de los estudiosos del fenómeno de la tendencia secular a la autodestrucción del patrimonio histórico-artístico común que acreditadamente hemos demostrado los cordobeses a lo largo de los siglos nos hemos preguntado cuántas veces en la historia moderna de la ciudad paladines de templado valor y conciencia cívica se han enfrentado a las múltiples cabezas de la terrible Cordobestia, el monstruo policéfalo con el poder de reencarnación en cada generación de cordobeses en los poderosos más feroces y con más poder para destruir la parcela patrimonial común que tenían a tiro de sus piquetas para aumentar su patrimonio particular o simplemente por estupidez nihilista. Así, hemos construido una capilla adoratoria en la que, aparte de elevar a conveniente peana a santos como Romero Barros, su hijo Enrique Romero, Santos Gener y Ana María Vincent, adorábamos en su altar mayor a la suprema figura del Corregidor don Luis de la Cerda, figura mítica y acreedor indiscutible de una de calibre casi divino. Sus méritos, reconocidos incluso por quienes, aquejados por el temor a la condenación eterna, deberían ningunearlo, como demuestra el dato de que cuente incluso con calle en la trasera del objeto de su pecado, la que corre al sur del muro de la qibla (con perdón) son de sobra conocidos: su heróico enfrentamiento con los terribles poderes del cabildo catedralicio que amenazaba con destruir la parte central de la Mezquita de Córdoba para construir una catedral de corte moderno y olé en su centro. Como al final ocurrió. Porque estaba escrito en su destino que firma en esta capturada ciudad siempre y fatalmente la sarmentosa mano de la Cordobestia.

La historia es bien conocida y además le dediqué amplio reportaje hace tiempo. Dos titanes luchando armados de sus terribles poderes en la Torre de Orthanc/Mezquita: Gandalf/de la Cerda y Saruman/Obispo Manrique, uno con su espada de condenar a muerte, el otro con la de excomulgar. Uno defendiendo la integridad y los valores patrimoniales del fabuloso edificio histórico, bien público heredado por los cordobeses, el otro haciendo gala de dominio para destruirlo parcialmente para sus fines de representación del Poder Episcopal. O eso habíamos creído hasta ahora. Porque recientemente he encontrado un estudio, no sospechoso de contaminación clerical, que ha sembrado serias dudas en mi atribulado ánimo sobre los verdaderos motivos que llevaron al enorme corregidor a enfrentarse con la monstrua clericalla. Veamos lo que dice el investigador Antonio Urquízar Herrera, especialista en el Renacimiento cordobés, sobre el asunto:

Tradicionalmente se ha interpretado este asunto pretendiendo que la oposición municipal a las obras partía de una estimación arqueológica de la mezquita, refrendada posteriormente por un indocumentado arrepentimiento de Carlos V tras supuesta visita de 1527 al edificio (que ni está documentada ni la anécdota aparece recogida por ninguna fuente antes del siglo XVII). Pero es mucho más probable que la resistencia de los caballeros veinticuatro a la modificación del espacio se debiese al temor a perder los privilegios y los enterramientos que sus familias habían adquirido en él. En principio, la obra sólo afectó directamente a las sepulturas que se encontraban en el centro de la catedral, que hubieron de trasladarse. Aunque finalmente y como indicamos antes se produjo un cambio en la jerarquía espacial del edificio del que se beneficiaron especialmente los canónigos y racioneros que levantaron sus capillas funerarias en los muros de la nueva capilla mayor y en el levante de la catedral. Antonio Urquízar Herrera “El Renacimiento en la periferia”. Córdoba, Universidad de Córdoba, 2001. (Pag. 194)

Así, que lo que el profesor Urquízar viene a decirnos es que esa idea que llegamos amorosamente a acunar de que hubo una generación de paisanos que pelearon duro hasta jugarse el tipo y la condenación eterna por preservar el patrimonio común de la vesania de la Cordobestia, por impedir que el aspecto original del principal monumento y símbolo de la ciudad quedara gravemente mutilado, fue una quimera. Que como a la casi totalidad de los cordobeses de todas, absolutamente todas las épocas, esa preservación se la refanfinfló ampliamente. Que los verdaderos motivos por los que se levantaron heróicamente para impedir que los curas incrustaran un monstruoso escarabajo de jorobas y arbotantes rompiendo la prístina uniformidad de las naves de la Mezquita fue la preservación de sus propios privilegios que como casta nobiliaria gozaban en el reparto de pudrideros familiares. Los mismos que aún mantienen en perfecto estado de uso. Y de los que el cabildo municipal y el corregidor eran valedores, como representantes exclusivos de la nobleza de sangre que siempre gobernó la ciudad.

Desde luego en esta siudá no ganamos pa sustos...

viernes, 7 de marzo de 2014

Un chulako con tirilla

Recupero un viejo post que salió en la extinta La Colleja y que tenía guardado en el baúl de los rescates. Lo saco porque mi amigo Lucas León que desde su espléndida jubilación se dedica a zurrar la badana merecidamente a to lo que se menea en su blog Amarillo de estrellas ha tenido la gentileza de colocar en mi muro del feisbu un articulito sobre las últimas declaraciones del harchibero gadedralisio de la Mezquita, antes mezquita, en el que se muestra profundamente escandalizado por todas y cada una de las soplapolleces que suelta el correoso ejemplar de curiana de sacristía en la canchaza de dos paginas que le cede graciosamente La Hojilla Parroquial. Entre otras perlas, el menda, el cagónigo, viene a seguir sosteniendo, como desde hace años, que los árabes, langosta del desierto, no podían haber creado nada, que llegaron a Siria con sus tiendas y copiaron el arte cristiano, por lo que se puede decir que todo el arte islámico es de facto cristiano. Ergo la Mezquita, antes mezquita, forma parte de la historia del arte cristiano. La cosa no tendría más importancia, total una boca de ganso más que grazna, sino fuera porque este ganso pasa por ser, oficialmente, el mayor experto en la historia y en la hermenéutica del principal monumento de la ciudad. Añadiendo sólo la vergüenza de nuestra UCO, siempre tan devota de Frascuelo y de María pero que jamás de los jamases ha salido en defensa de lo que es su materia de estudio y dedicación, la Historia, frente a los ataques de desharrapados intelectuales como nuestro archivero trabucaire que encima les usurpa el lugar como mayor experto en la historia del arte de la ciudad.

Helo aquí el viejo post:

Era una tertulia abierta, con gente de todos los partidos. Nosotros allí sentados éramos más demócratas que los que pasaban con banderas por la avenida.

Manuel Nieto Cumplido. Cagónigo de la Mezquita (antes mezquita) de Córdoba.

Entrevista/enjabonamiento en la Hojilla Parroquial (22/01/12)

EL CAGÓNIGO (foto Ateneo)

Pongámonos en situación: La tertulia esa se celebraba en la terraza del bar Siroco (Avda. del Generalísimo esquina Cruz Conde) a finales de los años 70. En ella coincidían algunos de los los pijos transmutados en progres de moda de la levítica ciudad de Córdoba con oportunos franquistas mutantes e intelectuales perfectamente domesticados que hacían en ella sin apenas sobresaltos su revolucioncita de juguete sin más peligro para su vida que algún un traidor constipado en invierno propio de conspiradores a la intemperie, mientras disfrutaban no sólo de un rico vermú sino sobre todo del bienestar que el franquismo les había comprado para que fueran lo suficientemente fielecitos salvando la cara de valientes rebeldines. Pero desde luego tratando de poner los palos necesarios en las ruedas de la otra que se estaba gestando en la calle, esa que ya muerto el dictador les pasaba a veces molestamente, agriándoles un poco el vermú, por la avenida de su Generalísimo difunto con sus extrañas banderas y sus desagradables y ripiosos pareados no fuera que tuviesen que repartir al final lo que la vida en el simpático régimen del que entre risas rajaban les había cariñosamente proporcionado.

En ella actuaba como decorativo loro invitado para dar color púrpura al castizo contubernio el canónigo Nieto Cumplido, que ejercía por entonces, aparte de las labores propias de su sexo eclesiástico, de erudo local antes de convertirse gracias a ello en archivero de la Mezquita (antes mezquita) y posterior desislamizador del monumento. De la calaña de la Transición en Córdoba habla el hecho de que este canónigo llegara a ser nombrado delegado de Cultura del gobierno central de la UCERDÉ. Un auténtico demócrata de marca mayor, con pedigrí, como funcionario de carrera de un estado absolutista y teocrático al que juró fidelidad de por vida y por encima de cualquier otra instancia en grado de canonjía: la O.D.A (Organización Democrática por Antonomasia), la Iglesia Católica, en la rama de la Teología de la Trinqueración. Mucho, muchísimo más demócrata que todos aquellos que salían a la calle con sus banderas, sus herramientas de hacer pintadas subversivas, sus panfletos, sus conspiraciones tabernarias o clandestinas, su cuerpo a cuerpo corriendo ante los afilados colmillos de los perros uniformados del franquismo. Infinitamente más que los sindicalistas que se jugaban el pan y el físico en las fábricas. O que aquellos que por luchar contra el régimen que a él y a los pijos progres de la tertulia les permitía paternalmente conspirar tomando el vermú en la terraza del Siroco, eran torturados en las comisarías. Tan demócrata que en un ejercicio de ecuanimidad absoluto escribió un libro contando pormenorizadamente todos y cada uno de los crímenes contra religiosos cometidos -según él- por la República en Córdoba, sin dejar uno y elevándolos a la categoría de mártires beatificables. Lástima que se olvidara del genocidio-ajuste de cuentas posterior del que fue cómplice necesaria su Iglesia y que sólo en Córdoba capital proporcionó cuatro mil asesinados a sangre fría en las tapias de los santos cementerios. Ajusticiados, no mártires, claro. Los mártires sólo se produjeron entre los que promovieron la Cruzada y tuvieron la mala cabeza (o la buena, que el cielo ganaron) de ponerse a tiro de los rojos.

Están crecidos, los joíos. Lo que les costará hacer su contrarrevolución reaccionaria calladitos, sin faltar. Sin necesidad de cachondearse de los que se jugaron la vida para traer esta puta democracia en la que tan a gusto viven después de haber crecido revolcados en el lodazal fascista y que les ha consentido medrar y medrar y seguir jodiéndonos la vida a los que no creemos en sus infumables gilipolleces con la imposición de su asquerosa moral de sacristía. Y no les ha tenido en cuenta su pasado fascista, ni sus crímenes innumerables. Ni siquiera el hecho de que en pleno siglo XXI discriminen laboralmente a la mitad de la población mundial. Algo que atenta directamente contra la Constitución Española y contra la declaración de los Derechos Humanos. Más demócratas quel copón, ese con el que celebran sus conjuros.

Este tío es un insultador profesional un verdadero chulako con tirilla. Lo que está haciendo es propinar una patada en los bajos de la dignidad de los luchadores antifranquistas y pudiendo mantener la boca calladita mientras nos jode no lo hace. O sea, un BOCAZAS. Otra perlita que suelta el tipo, pero esta la dejo por si alguien que la sienta como más ofensa que yo la quiere contestar, en esta ciudad donde nadie contesta a nada y a estos desarrapados morales se les permiten soltar todas las burradas que quieran impunemente en la putrefacta prensa local. Ahí va:


Como historiador formó parte del comité de redacción de las Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, celebrado en Córdoba, a lo que no le da ninguna importancia porque, confiesa “para mí el andalucismo pinta poco; me dieron un premio por un trabajo que hice sobre regionalismo medieval pero se confundieron, porque lo que quise era demostrar que Blas Infante no tenía ni idea de lo que era la historia de Andalucía”.

jueves, 6 de marzo de 2014

¿CABALLOS Y CAMELLOS COMPARTIENDO PESEBRE?

Como muchos nos temíamos la movida de la reclamación de la propiedad y uso público de la Mezquita antes mezquita, empieza a oler a azufre. Sumamente inquietante resulta el que el secretario general del Comité Español del ICOMOS, entre algunas cosas sensatas diga que incluso sobre la propia Mezquita podría generarse un uso compartido, generar espacios de diálogo y que la Unesco lo que premia es el diálogo entre culturas. A no ser que para tranquilizarnos aclare que ese uso compartido al que apunta se establecería entre el culto religioso católico ocasional y el uso estrictamente cultural de todo el espacio, o que el diálogo entre culturas lo haría entre la cultura religiosa y la cultura laica para llegar a acuerdos racionales de mínimos. Pero nos tememos que sus palabras lo que desvelan en realidad es una terrible insensatez oculta: que independientemente de la posibilidad de evitar la ilegítima apropiación que la Iglesia está en vías de consumar, hay un proyecto más o menos declarado de reislamización litúrgica del espacio no estrictamente de uso católico. O sea, no de avanzar en la desacralización de un monumento Patrimonio de TODA LA HUMANIDAD, no sólo de los católicos e hipotéticamente de los musulmanes, y en su uso para el disfrute y conocimiento de la historia y el arte para todos los ciudadanos del mundo, sino en convertirlo en más iglesia, más rollo religioso, aunque sea de otra marca, que nadie necesita. Como si no hubiera ya suficiente superinflación de espacios donde los consumidores de estupefacientes supersticiosos puedan satisfacer sus adicción como para que tengan también que usar los espacios comunes de cultura.

Y se trata de una insensatez fundamentalmente porque católicos y musulmanes como se dice que ocurre con caballos y camellos, son especies que no pueden compartir pesebre porque les irrita recíprocamente su olor. No pueden compartir verdad revelada distinta bajo el mismo techo, porque eso supondría la disolución de su exclusividad salvífica, que es la base de su creencia.

Por otra parte, en el improbable caso de que pudiera convencerse a unos y a otros de que desatinen de esa manera habría que explicarles a los musulmanes que el suelo del lugar donde van a apoyar sus encallecidas frentes para entrar en comunicación mágica con su dios se encuentra prácticamente empedrada de lápidas bajo las que putrefactan desde hace siglos orondos canónigos católicos e indeseables depredadores con títulos de nobleza. Solamente como información. Porque a lo mejor sólo ese conocimiento les genera el suficiente asco como para que declinen amablemente la invitación.

Respetable Señor Icómico, entérese, aquí no se trata de diálogo ni de enfrentamiento de culturas, al menos en el sentido que usted quiere darle, de convertir la Mezquita en un lugar donde se puedan dar besitos u hostias obispos y muftíes, sino de diálogo o enfrentamiento entre intereses económicos de una empresa privada dedicada a la comercialización de productos religiosos perteneciente a un estado teocrático absolutista por un lado e intereses culturales generales por otro, la moderna lucha entre los vendedores de superstición que no quieren perder su lucrativo negocio y las necesidades reales de una sociedad que cada vez los necesita menos. De consagrar uno de los espacios histórico-artísticos más importantes del mundo como un espacio estrictamente cultural, de disfrute de las joyas que nos legaron nuestros antepasados, fueran de uso religioso o civil. Los no creyentes y los que sí lo son pero que no siguen ya los dictados del Estado Absolutista Vaticano, somos cada vez más. Y reclamamos nuestro derecho a disfrutar de la cultura sin que medie en ella abrumadora publicidad de productos de índole estrictamente catequética, sean de la marca que sean.

sábado, 11 de enero de 2014

Juventudes

Los jóvenes de Hamburgo sólo sufren un 6% de paro, pero tienen un carácter hanseático, frío y disciplinado. Mañana se reunirán en sus plazas para reclamar otra Europa.

Los de Córdoba sufren una tasa de paro del 60%, pero tienen un carácter mediterráneo, bullicioso y expansivo. Mañana se reunirán en sus plazas para pedir otra copa.