(del laberinto al treinta)


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jueves, 5 de julio de 2018

Murcia no tiene Medina Azahara pero tiene vergüenza

En 2009, en pleno centro de Murcia, las obras para la construcción de un enorme aparcamiento subterráneo en lo que fue la huerta de un convento, descubrieron unos restos arqueológicos correspondientes a un arrabal almohade de los siglos XII y XIII. Tras las preceptivas prospecciones el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y el jefe del servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, un arqueólogo, decidieron “desmontar” los restos para que continuaran las obras del aparcamiento. Ante ello, se fundó una plataforma ciudadana con mucho apoyo para impedirlo que luchó con dos armas principales: la movilización ciudadana mediante manifestaciones e intentos de entorpecimiento de las labores de destrucción y la judicial. La más efectiva fue esta última. Un juez dictaminó que se trataba de patrimonio público cultural inenajenable y por tanto sujeto a la máxima protección. Los dos máximos responsables se libraron de ir a la cárcel porque crear determinadas jurisprudencias puede ser demasiado peligroso para el sistema. Tras diez años en los que la plataforma ha vigilado la correcta conservación de los restos e incluso ha denunciado al ayuntamiento por manifiesta desidia en sus obligaciones, vuelven los trabajos de excavación y puesta en valor del yacimiento.

Los murcianos no tienen Medinas Azaharas ni Mezquitas Patrimonios de la Humanidad de las que enorgullecerse. Su orgullo está en haber luchado por salvar su patrimonio y ponerlo en valor para, como ha dicho el actual alcalde, “DEVOLVER A LOS MURCIANOS SU HISTORIA E IDENTIDAD" y “ESTABLECER UN DIÁLOGO ENTRE LOS MURCIANOS DE LA MURCIA MEDIEVAL Y LOS DEL SIGLO XXI", algo que los cordobeses nunca tuvimos el coraje de hacer y dejamos sin movilización alguna (el apoyo a la Plataforma “Salvemos los arrabales” fue mayoritariamente foráneo) que se destruyeran medio millón de metros cuadrados de arrabales del siglo X, cuya conservación de sólo un par de hectáreas nos hubieran permitido exactamente eso que dice el alcalde murciano. Para más inri los responsables del crimen ni siquiera pasaron por banquillo alguno y muchos siguen recogiendo en sus sillones los frutos y a alguno y alguna los hemos visto estos días en Medina saltar como monos y monas de alegría al recibir un plátano, el plátano de recompensa que sus amos les arrojan cuando hacen las cosas a su gusto.

Córdoba ha ganado el reconocimiento que le tocaba políticamente y por orden de sumisión por el supuesto cuidado de los restos de los palacios de los poderosos de antaño, unos restos con los que para el ciudadano de a pie es difícil dialogar, como con todas las obras del poder, si no es desde la rendida admiración extática. En cambio le ha sido criminalmente sustraída la posibilidad de hacerlo dinámicamente con sus iguales de hace 1000 años, sentirse identificado con sus formas de vivir y de estar en esta ciudad actualmente desnortada, cuyos habitantes sumidos en una espesa estupefacción no terminan de saber quiénes son exactamente ni cómo explotar de manera racional y sostenible desde la cultura y el conocimiento el regalo infinito de su esplendoroso pasado. Y no usarlo únicamente para vender flamenquines y salmorejo.

sábado, 24 de febrero de 2018

Venganza Suicida (pienso, luego mato....)

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El hombre mayor alcanzó trabajosamente con ayuda de un taburete la garrafa de agua de cinco litros que coronaba la pirámide levantada en una encrucijada del súper. Con ella en la mano se plantó después ante el estante donde se alineaban las cajas de pienso de pensión para jubilados. Solía escoger habitualmente el de pollo y frutos secos, pero en esta ocasión su ración junto con el agua serían para su compañero de cuarto que prefería el de cerdo con verduras, así que fue ese el que eligió. Ajustó en el fondo de la cesta junto a la garrafa la caja de tres kilos que le correspondía. Su pensión de jubilado de una semana. Mientras recorría los pasillos de estantes casi vacíos le asaltó la cabeza como tantas otras veces la pegadiza cancioncilla publicitaria con la que años atrás comenzó en los medios la agresiva campaña para convencer a la gente de que el pienso, un pienso especial enriquecido para el consumo humano, era perfectamente capaz de mantener sanas a las personas y de que una vez acostumbradas a él dejarían de preferir los alimentos naturales. Si el pienso específico para perros y gatos había permitido durante décadas a las mascotas mantenerse en plena forma, con la dentadura sana y el pelo brillante, el de los humanos no tenía por qué no cumplir con lo mismo con ellos. Fue una campaña inútil. La propia necesidad fue la mejor campaña, a la que siguió la publicidad normalizada en la que sólo se ofertaban distintas marcas, distintos sabores. Por supuesto no la marca blanca que proporcionaba el gobierno como pensión a los jubilados, mucho menos variada, mucho menos sabrosa que las comerciales. Aunque él nunca jamás se acostumbró a ninguna de ellas. Por eso se había arreglado especialmente aquella mañana, afeitado y puesto su chaqueta buena para no tener problemas de aspecto al pasar ante los vigilantes de la zona A del súper donde, además de mayor variedad de piensos, algunos privilegiados podían conseguir a precios desorbitados alguna pieza de tomate, pimiento, naranja, pan o incluso algún muslo de pollo en vísperas de fiestas. Y eso que en ese súper de la periferia no era demasiada la gente que podía acceder a esos lujos. Allí eligió un tomate, un pimiento, una pequeña lechuga, un pepino, bastante pochos pero comestibles, una bolsita de medio decilitro de aceite, un sobrecito de sal y otro de café soluble edulcorado. Una vez en la caja entregó su tarjeta de jubilado para que le descontaran el pienso y el agua de la semana y pagó lo demás con el puñado de sudeuros que había conseguido reunir en varias semanas de sise, céntimo a céntimo, en los recados que hacía para algunas vecinas del barrio y la asignación que uno de sus hijos conseguía pasarle para productos de higiene personal. Lo metió todo en su vieja talega y se dirigió andando hasta la residencia. El jubiltram semanal lo había gastado con los recados. Pero no le importó caminar a pesar de la distancia y del peso del agua y del pienso. Disfrutó del aire en la cara y del sol de marzo, aunque le irritaban las pancartas, pero sobre todo el soniquete continuo de los altavoces callejeros, anunciando la próxima celebración universal del bimilenario de la Crucifixión del Salvador.

Sentado en un banco del parque se recreó morosamente durante un rato en el recuerdo del sabor de la ensalada coronada con café que había almorzado en la soledad de su habitación. Cuando volviera su compañero no encontraría restos, pero sí una nota sobre su cama y una ración semanal extra de pienso y agua. Luego se concentró en su misión. Al contrario de lo que esperaba no sentía angustia ni le pasó toda su vida automáticamente por la cabeza, así que la forzó a hacerlo. Unos niños jugaban frente a él a las canicas con las manos y las rodillas enharinadas de polvo. En un extraño, triste silencio roto sólo por los choques cristalinos de las bolas. Fijó la mirada en el hoyo del juego y trató de verse a sí mismo cuarenta años atrás, en el tiempo en que trabajaba duro para amasar el pequeño espacio de estabilidad que le habían vendido como prudente, respetable y asegurado, en la feliz compañía de su esposa y sus hijos y el disfrute de los amigos y de algunos placeres sencillos. Las vacaciones en la playa en aquel apartamento que tanto les costó comprar. Ese apartamento que voló como su propio pisito cuando las cosas se pusieron duras y hubo que cederlos a precios irrisorios a los buitres que surgieron hasta de debajo de las piedras para poder pagar los costosos tratamientos de la enfermedad de ella, el seguro médico escalonado que sustituyó a la Seguridad Social. Eso fue justo después de que los ahorros de toda una vida de duro trabajo se diluyeran como azúcar en el agua en un abrir y cerrar de ojos el día en que al país lo terminaron de hundir para poder exportar barata su riqueza. Justo después de que les comunicaran que con la nueva moneda que les impusieron su dinero había sido exprimido como una naranja, su jugo se había trasladado por extraños conductos a otros lugares y a ellos sólo les quedó la cáscara, una décima parte del valor inicial, mientras los precios continuaban impasibles su escalada. Todo acabó en las manos de gentes que no se sabía de dónde habían salido y que carecían de rostro. Y con los ahorros de los mayores se fueron las esperanzas de los jóvenes, sólo que por otros conductos: los que conducían directamente a las cloacas de la historia. Las de los que no se marcharon, claro, que las de los otros ya no formaron parte nunca más de este país. Y recordó con rabia teñida de estupor la pasividad con que la población fue digiriendo el expolio, sustituida la represión de la inicial protesta por la propaganda masiva de la fe en la idea de que tarde o temprano se remontaría la crisis, la mala racha, una mala racha cuya responsabilidad acabarían haciendo recaer mediante técnicas sofisticadas de propaganda en ella misma. Esa orgullosa juventud de hacía veinticinco años de la que se decía que sería la mejor preparada de la historia mundial y que habían vivido en una niñez acunada en la placidez algodonosa de aquel añorado estado de bienestar, con las ilusiones desarboladas, aceptando con resignación primero, con miedo cerval después, su conversión en carne de exilio o de explotación, esclavizados como sirvientes o como vigilantes en los paradisiacos guetos electrificados para turistas ricos de la costa o de los nacionales dueños del país en las afueras de las empobrecidas ciudades. Los mayores que permitieron el adelgazamiento progresivo hasta casi su desaparición de los servicios públicos, la privatización absoluta de cualquier bien colectivo susceptible de producir algún beneficio, sanidad, educación, transportes… La pérdida de todos los derechos y beneficios sociales, sustituidos por deber exclusivo y caridad cristiana, que llamaron adopción del milagro chino. La distracción hacia arriba de hasta el más escondido de los céntimos, antes de que se demostrara que los recursos no daban ya para todos y ya se había decidido quién los disfrutaría en exclusiva y quien habría de sufrir las consecuencias de la escasez. Afortunadamente tuvieron consideración con los ancianos y consintieron en convertir las pensiones correspondientes a toda una vida de cotización en pago en especie: guarida, pienso y agua, como los animales domésticos, domesticados. Y agradecidos porque podían haber eliminado hasta eso… La vuelta con fuerza inusitada de la fe religiosa como catalizadora de la incomodidad que supuso la reducción de la sociedad a tres clases: los dueños de los nuevos resortes económicos, los esclavos útiles e inútiles y los guardianes del orden. La conversión de Internet del espacio más libre de la historia de la humanidad en un universal panóptico, donde todos fueron vigilados y que después convirtieron en parques temáticos de entretenimiento hasta su paulatina desaparición como pastizal de información libre. El apagón informativo total y absoluto excepto el del fútbol, manifestaciones religiosas masivas y demás formas adocenadoras de entretenimiento popular. La compra de la fidelidad de unos cuerpos policiales convertidos en fieros represores del más mínimo atisbo de disidencia a cambio de un pequeño bienestar ligeramente superior a la media. Y se vio, estupefacto, a sí mismo a punto de arrojar la toalla tras la muerte de su esposa y sumarse a la ola de suicidios que venían rescatando del mar de la desesperanza a los más enteros y lúcidos de los náufragos. Suicidios completamente estériles porque ni siquiera computaban en estadística alguna, porque no había quien la hiciera ni dónde colgarla. Suerte que alguien le puso en la mano el hilo que lo llevó a la Organización. No sabía cómo, pero ellos lo encontraron. Miró el reloj. Faltaban sólo tres minutos para la cita. Se levantó, sacó una píldora del bolsillo, se la tragó empujándola con saliva y se dirigió lentamente a la comisaría, dos manzanas más allá.

El comisario, un alto delegado del gobierno y dos inspectores esperaban en el despacho. Tenían delante un dossier en el que figuraban minuciosamente relatados todos y cada uno de los atentados terroristas suicidas de ancianos que habían ocurrido en el país desde que hacía un año uno de ellos se había hecho explotar junto a varias autoridades (un gobernador, un alcalde y el director de un periódico) en la inauguración de un estadio de fútbol. Una organización que se llamaba a sí misma Venganza Suicida (VS) había logrado convencer a muchos ancianos desesperados que pensaban suicidarse de que rentabilizaran su muerte llevándose para adelante a algún malnacido, algún responsable en mayor o menor grado, por acción directa u omisión discreta de su situación, de la situación general del mundo en los últimos años. Eso era lo que los escasos, pero muy bien distribuidos comunicados sucintamente predicaban. Si conseguían entrar en contacto con la Organización, cosa bastante difícil dado el extremo nivel de clandestinidad en que se movía, podrían contar con apoyo logístico e instrucción pertinente. Si no, animaban a la acción espontánea. Diecisiete atentados en total reivindicados como diseñados por la Organización y más de treinta de espontáneos sin relación directa con ella podían a esas alturas contabilizarse. Todos cometidos por ancianos y ancianas. Los primeros habían sorprendido a los expertos por el alto grado de sofisticación y la alta capacidad de penetración en los círculos de los blindadísimos entornos de políticos y profesionales de la represión. Más tarde, cuando los atentados habían ya ido sucediéndose frecuentemente, cualquier anciano o anciana se convirtió en un sospechoso al que no se le permitía el acercamiento a las autoridades o al que se cacheaba minuciosamente antes de permitirle entrar en cualquier sitio susceptible de sufrir un atentado. Explosivos cada vez más indetectables, líquidos o sólidos, pequeñas bombas de gas letal de acción fulminante, armas de fuego robadas, disfraces… El caso más sonado había sido el del Ministro de Interior convertido en un amasijo informe de carne picada en plena cena de navidad familiar por la explosión de nitroglicerina concentrada introducida en el cinturón de su suegro, quien a pesar de pertenecer al mundo de las elites se había solidarizado con sus colegas de edad y había sido instruido por la organización para realizar esa acción que fue bautizada como Operación Abrazo Cariñoso. El pánico se había instalado en la exclusiva clase dirigente que había reforzado paranoicamente la separación de sus cuerpos y de sus espacios propios de las miserables clases populares que seguían con el mismo estupor que aquellos el curso de los acontecimientos. Y sobre todo a los responsables de la seguridad se los llevaban los demonios por el hecho de carecer de la más mínima pista para desarticular la Organización y de sentirse incapaces de neutralizar ninguno de los atentados espontáneos alentados por aquella. A pesar de las suculentas recompensas que ofertaban a quien proporcionase pistas que condujeran fiablemente a su desarticulación. Por eso cuando el comisario recibió una llamada de un anciano que decía haber sido captado por la Organización y ofrecerse como colaborador de la policía a cambio de dinero se elevaron todas las antenas. La suprema esperanza del gobierno era neutralizar el aumento de atentados que se esperaba con motivo de la magna celebración que tendría lugar en todo el país en apenas unas semanas. Las multitudinarias misas y concentraciones con motivo del Cristo Salvación del Mundo, el bimilenario de la Crucifixión. Lo estaban esperando.

Una veintena de metros antes de alcanzar la puerta del muro exterior que rodeaba la comisaría un altavoz conminó al anciano a detenerse y dirigirse despacio y con los brazos en alto hacia la parte trasera del edificio. Una vez allí un par de policías blindados con trajes de acero le sujetaron los brazos y lo introdujeron en un cobertizo donde fue desnudado y minuciosamente examinadas sus ropas y hasta los más secretos lugares de su cuerpo. Seguidamente fue ataviado con un mono y conducido hasta el despacho donde lo aguardaban el comisario y los dos inspectores. Uno de los policías afirmó:

– Está limpio.

– Está bien, pueden retirarse. Y usted, siéntese.

El anciano comenzó en ese momento a sentir mucho más fuertes los ardores que le producía la disolución de la píldora que había tragado unos minutos antes. Se sentó y pidió un vaso de agua. Uno de los inspectores se acercó al depósito del rincón y se lo sirvió. En ese momento el anciano hizo un movimiento extraño con la boca: mordió una burbuja plástica que hizo emerger de debajo de la lengua y dio un pequeño trago de agua. El reactivo que contenía la burbuja no tardó en llegar al estómago y activar el explosivo. La tremenda explosión destrozó casi por completo el edificio. Ni tiempo le dio a articular el grito de guerra , ¡¡¡Venganza Suicida!!!, que debía lanzar.

Por sobre el humo y el siniestro crepitar de las llamas seguían los cánticos en los altavoces colocados en los postes de la calle anunciando la celebración del bimilenario cristiano para la Semana Santa del 2033.

jueves, 4 de enero de 2018

El Carcasaurus ABCensis

Para ir al truño abecedario picar la imagen.
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Hay ingenuos que afirman que los viejos carcasaurios franquistas están casi extinguidos. Es cierto que en los últimos años han sido sustituidos generacionalmente por sus ya creciditos retoños, divididos en varias subespecies, falangistas sin reciclar, neofalangistas anaranjados e incombustibles gaviotistas mangantes, pero de vez en cuando sale todavía alguno de su mechinal de formol a bramar y a dar rabotazos con su escamada cola contra los enemigos de España y otras obsesiones previas a fusilar rojos. Antes eran muy, muy peligrosos, y siguen siéndolo, no los subestimemos, pero sus apariciones en los últimos tiempos en la prensa papelaria local vienen atufadas, por mucho alcanfor que les pongan, del apulgarado aroma de chiste del correoso facha Martínez.

El chiste de este artículo, uno de los muchos, publicado en el Acorazado AWC en su aguerridísima campaña para salvar la memoria de los #abuelitosnacis y de los hijosdefacha de esta ciudad e incitar al incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica que exige limpiar de carroña fascista los rótulos de nuestras calles, está al comienzo del segundo párrafo, justo donde el carcasaurio que escribe el morcillón nos informa de que fue decano del Colegio de Abogados de Córdoba. Y reteniendo y recordando ese dato hasta el final del mismo no sería extraño que el lector soltara una estruendosa carcajada.

Imagínese, así, ese lector, a ese ilustre señor decano del Colegio de Abogados de una importante ciudad andaluza —lo que le sitúa en un alto puesto del ranquin de espabilaúra del elenco total del gremio de la misma—, defendiendo en un juicio la inadecuación de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica en la retirada del nombre del miembro de una larguísima saga de caciques y estirpe de alcaldes hereditarios, conspicuo falangista, o sea fascista, o sea perinazi, José Cruz Conde, antidemocrata, policonspirador para destruir por dos veces la legalidad democrática y poligolpista, coadyuvador en el del general Primo de Rivera en 1923 y organizador de otro en la ciudad de Córdoba en el año 1936 que desembocó en el genocidio de cuatro mil cordobeses, lo que ha quedado acreditado meridianamente por la historiografía académica, con el argumento de que lo dice su amiguete Julito Nosecuantitos que ha escrito un libro sobre el cacique. Y ahora imagine a ese fiscal reduciendo a pulpa los argumentos del ilustre decano del ilustre Colegio de ilustres Abogados de la ilustre ciudad de Córdoba con una venda en los ojos y una mano atá a la espalda. Y luego imagine también el avispado reconstructor ideal de esa escena el nivel Maribel de los selebros que han ocupado altos cargos representativos de importantes colectivos profesionales en esta ciudad.

Y desde luego no haría falta un sagaz fiscal para desmontar los argumentos defensivos del exdecano. Porque cualquier estudiante un poco espabilao de primero de bachillerato podría concluir taxativamente con que el “ilustre” no ha dado ni uno solo más allá del argumento de autoridad de su amiguete, un conocido negacionista-blanqueador sevillano, uno de los principios activos del PLAN PONS BELLEZA EN SIETE LIBROS DEL FASCISMO CORDOBÉS, que se limita a hacer una relación hagiográfica de las obras públicas desde sus puestos de responsabilidad que le fueron adjudicados precisamente por sus contundentes acciones armadas contra las instituciones democráticas y las legalidades vigentes.

Porque la literalidad de la ley de Memoria Histórica a la que el “ilustre” apela dice, como él mismo recoge, que en su capítulo III sobre símbolos y actos contrarios a la Memoria Histórica y Democrática, en su artículo 32, considera como elementos contrarios a la Memoria Histórica y Democrática la exhibición pública de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones como el callejero, inscripciones y otros elementos adosados a edificios públicos o situados en la vía púbica (sic) realizados en conmemoración, exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del golpe militar y del franquismo de sus dirigentes o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial se considera contrario a la Memoria Democrática de Andalucía y a la dignidad de las víctimas. O sea... blanco y en botella... tronko.

A ver, pedazo de “ilustre”: el rótulo callejero dedicado al fascista Cruz Conde no es que exalte el golpe militar: es que exalta AL QUE LO PREPARÓ MINUCIOSAMENTE EN CÓRDOBA conspirando con otros fascistas como él de quien era cabecilla para que triunfara. Por lo tanto es directamente responsable de sus consecuencias, que fueron nada más y nada menos que el fusilamiento de cuatro mil cordobeses y el enterramiento en fosas comunes de la mayoría de ellos. Y que la mera existencia del nombre de ese responsable de los crímenes subsiguientes rotulando una calle es contrario a la dignidad de las víctimas. Luego podemos hablar de si comía bien, bebía mejor, hizo pantanos o se limpiaba el culo con un pisapapeles porque las cuartillas las guardaba para escribir sus memorias en su reclusión de una embajada en Madrid durante toda la guerra.

Que sí, que ya sabemos que jode mucho tener que reconocer que los abuelitos de algunos fueron despiadados carniceros de la misma casta que los nazis exterminadores de judíos en los hornos crematorios. Y una banda de ladrones. Pero tampoco está nada de bonito mearse sistemáticamente en la dignidad de las víctimas de esos criminales como la apestosa burguesía de #abuelitosnacis cordobesa viene haciendo desde aquel 18 de julio en que los suyos decidieron que le sobraban cuatro mil paisanos para consumar su desaforado amor por Córdoba y por España. Y que a lo mejor no tenían por qué heredar la culpa de sus inenarrables crimenes, pero desde luego no tuvieron ningún problema para heredar sus patrimonios, que les permitieron vivir de puta madre toda su vida sin pensar en la sangre de fusilado que los manchaban ni de los latrocinios de los que procedían.

Y para terminar, y sólo para rematar con una pincelada que ilustre la ralea ideológica que conforma el apulgarado facherío cordobés apuntaré esa macoca con que se la fruicionan ambos, el "ilustre" y su amiguete el blanqueador de fascistas, cuando ponderan entusiásticamente el novedoso e inusitado giro que don José imprimió a la política municipal al decidir prescindir de dar cuenta de su gestión en los plenos y, pasando de los partidos, dársela directamente al pueblo ¡¡¡en el Gran Teatro!!! Pudiendo haberlo hecho en el Salón de los Espejos del Círculo de la Amistad. A ver, ATENCIÓN, PREGUNTA: ¿qué es lo que se la levanta a nuestros dos carcasaurios, el carácter asambleario prequinceememita de don José o su facistización de la acción municipal?

Otro día si eso damos un repasillo a la redacción sintáctico-sinaléfica del morcillaco del “ilustre”, algo bastante común a los “alguienes” de esta ciudad a los que sus abuelitos y sus papás le dieron todo para que no tuvieran que esforzarse demasiado en su misión de perpetuar la casta dominadora de una de las ciudades más mineralmente fascistas de este país. Y mira que el ranquin está alto.

jueves, 21 de diciembre de 2017

OPERACIÓN SALVAR AL #ABUELITONACI

Continúa —impasible el ademán— la campaña de los nietos de los #abuelitosnacis para limpiarles la roja sangre que les salpicó las camisas azules, verde caqui o verde oliva en el genocidio que perpetraron y que puedan pasar ejerciendo de peluches familiares para varias generaciones de #nietosdenacis más.

Ya el otro día me hacía eco de cómo el boletín oficial de la Asociación de Cordobeses con #abuelitosnacis, el Acorazado AWC, y su aspirante a sucederle cuando quiebre, la Hojilla Parroquial, ponía a su mercenariado artillero a disparar contra la Comisión municipal de la Memoria Histórica, creada con el loable fin de hacer cumplir la Ley del mismo nombre, y su lista de 15 nombres (faltan aún 5 ó 6 más para ser del todo completa) de los de criminales fascistas que emporcan aún, a estas alturas del siglo XXI, nuestras esquinas. Ayer también salió la noticia en otro medio de que la Alcaldesa Marisuavona y su manijero el Tío Pamplinas están pensando en acortar simplemente los nombres pa disimular. Bueno, yo sólo estaría de acuerdo en eso para uno de ellos, el del Conde de Vallellano, del que no me importaría que se acortara el enunciado lo suficiente como para que pasase a llamarse Avenida del Ano, en honor al pestazo que el nombre ha dejado durante tantas décadas y a que aún conserva en ella el monumento de Exaltación a la Cruzada.

Ayer en una red social también el dueño de CORDOBAPEDIA —un verdadero franquismiquis adorador del alcalde falangista Cruz Conde a quien pretende que se le levante estatua— pedía pruebas de que hubiera que quitar el nombre a la calle y al colegio que llevan ignominosamente los del #genocidadepeluche Rey Díaz, cuando en esa publicación de la que es propietario se dice —recogido de la prensa del momento— en el epígrafe correspondiente, que fue nombrado el 25 de julio de 1936 JEFE LOCAL DE LA SUBDELEGACIÓN DE PRENSA Y PROPAGANDA, es decir responsable último de la brutal represión que sufrieron los periodistas de la ciudad y que culminó días después con el fusilamiento del director y varios empleados del diario LA VOZ.

Hoy le ha tocado, desde las mismas páginas del Acorazado AWC, a un historiador aficionado, Patricio Hidalgo, militar retirado, que practica desde hace años en su página web el bonito deporte de la equiparación de víctimas, sean estos militares profesionales felones caídos en combate o trabajadores asesinados a sangre fría con las manos atadas a la espalda a la vera de la fosa donde serían malarrojados. No voy a quitarle méritos como investigador en los archivos de muchos lugares, aunque siempre, siempre, siempre con el punto en el entrecejo de considerar legítimo el golpe de estado del contubernio burgueso-eclesiástico-militar que, ¡cachis en la mar!, se les fue de las manos a los perpetradores. Los #abuelitosnacis de peluche a los que hay que rescatar de las malas lenguas de los rojos resentidos y malos perdedores de guerras civiles.

No voy a entrar en las dos cataplasmas que suelta al principio del artículo sobre la diferencia entre memoria e historia, ni en las sucias sospechas de turbiedad que lanza sobre el catedrático Barragán y otros profesionales que han conformado la comisión. Porque como de lo que trata es de limpiar el honor de un compañero suyo de armas de esos turbios y resentidos memorialistas, iré directamente a su defensa del personaje.

La base de su defensa radica en que el rejoneador Antonio Cañero no fue de los que acudieron al cuartel de Artillería, sedientos de sangre obrera y republicana, a sumarse inmediatamente al golpe de estado, pero no dejó de cumplir con su obligación (con su sentido del honor de militar en la reserva) unos días más tarde haciéndolo ante la autoridad militar superior pertinente. ¿A la autoridad legítimamente constituida por el gobierno legítimamente elegido por la mayoría de los ciudadanos? No, hombre, se presentó a la autoridad delincuente que criminalmente estaba usurpando esa legitimidad. O sea, se presentó a ponerse al servicio de unos delincuentes, de unos criminales. El problema de Hidalgo es considerar que desde el mismo momento del golpe los que lo perpetraron, especialmente los militares, no perdieron su honor, sino que se lo reciclaron, no se convirtieron automáticamente en deshonrados delincuentes, sino en militares que se enfrentaban a otros militares en una guerra. Y que nada de lo que ocurrió después, genocidio, asesinatos más o menos selectivos en ambas zonas, guerra ya entre un ejército representante de la legalidad y otro convertido en una banda de facinerosos con honor de facinerosos, fue estricta responsabilidad suya. Pero la única incontrovertible verdad histórica (no memorialística) es que si Cañero se puso siguiendo los dictados del que consideraba su honor militar al servicio de unos criminales, se convierte automáticamente en un criminal.

En la segunda parte de su defensa, en la que desciende a detalles concretos de las acciones del rejoneador fascista, es cuando el historiador amateur se lanza definitivamente al charco de la desvergüenza.

Lo primero que hay que reiterarle -una y mil veces- al equidistantista exmilitar metido a historiador es que si Cañero se puso voluntariamente al servicio de la autoridad delincuente se convirtió en un delincuente él mismo. Lo segundo es que en Córdoba y los pueblos cercanos no hubo guerra, aunque los militares felonistas así lo consideren: sólo hubo represión. A los militares como nuestro historiador les gusta considerar que aquellas acciones que emprendían las columnas de uniformados criminales contra los desarmados campesinos de la campiña cordobesa, contra los obreros que capturaban en sus propias casas de los barrios de la capital o contra aquellos que huían a la sierra para evitar ser asesinados por falangistas, militares y guardias civiles señalados tantas veces por los párrocos, eran heroicas acciones de guerra. No es de extrañar, el ejército español es probablemente el más incompetente del occidente europeo y cuenta con poquísimas glorias de las que envanecerse: en 200 años sólo consiguió victorias (y a duras penas) contra cabileños descalzos, obreros desarmados o, con la abrumadora ayuda de las dos maquinarias bélicas más importantes de Europa, la fascista italiana y la nazi alemana, contra el puñado de sus compañeros de armas decentes que fueron capaces de resistir heroicamente tres años sin más ayuda que la de varios miles de voluntarios extranjeros. No es de extrañar que, teniendo el listón de la gloria tan bajo, se envanezcan de la hazaña de impedir con sus acciones que las mujeres de los obreros huidos les llevaran alimentos a la sierra donde andaban escondidos como hacía el valiente capitán Cañero… El ejército español siempre se movió mejor entre las labores represivas que entre las estrictamente bélicas, en las que casi siempre acababa breao.

Lo tercero es que en su afán de separar memoria e historia mete la pata hasta las jingles… Por mucho que trate de intoxicar con la vieja —y hace años desmontada— leyenda de Manolete en Badajoz y el avioncito de marras de la calle Nueva, luego va y aporta estúpidamente las propias pruebas documentales de la condición criminal del rejoneador fascista poniendo LAS COSAS... verdaderamente EN SU SITIO: la propia HOJA DE SERVICIOS en la que consta de forma clara y meridiana que formó parte de una columna de caballistas que se dedicó a capturar obreros desarmados en la sierra y a conducirlos a Córdoba PARA QUE SUS CORRELIGIONARIOS FASCISTAS LOS FUSILASEN. Nuestro querido abrillantador del honor de militares genocidas pone como potentísima prueba de que no era tan malo —y por tanto inmerecedor de que se le retiren los honores callejeros— el que en esa hoja de servicios no constaba que hubiera matado él mismo a ninguno de esos prisioneros (obreros desarmados no se olvide) a los que conducía maniatados en cuerdas y a los que paseaba triunfalmente por las calles de la ciudad como escarmiento para los demás trabajadores: inútil que tratéis de escapar, malditos rojos, el valiente capitán Cañero os traerá así de vuelta para que seáis convenientemente fusilados. Igual fue por pura disciplina, igual la orden que tenía era la de llevarlos para que los fusilasen. Y su honor militar de obediencia estricta, lo primero. Lástima que a quienes obedecía el valiente capitán ya no eran militares, sino una banda de forajidos, fuera de la ley, secuestradores, ladrones y criminales sin escrúpulos. Y él mismo, exactamente igual, autodeshonrado como militar y convertido en un represor de la peor especie. Una verdadera alimaña irrecuperable desde cualquier punto de la decencia para la memoria y la historia de la ciudad. Uno más de los #abuelitosnacis de peluche que la burguesía franquista cordobesa pretende legar a sus hijos y nietos como regalo de Reyes por muchos años y que todos juntos puedan seguir cantando en el calor de los hogares de las familias bien cordobesas o en el Salón de los Espejos del Casino Círculo de la Amistad el villancico familiar:

¡Nuestros #abuelitosnacis se dirigen al Portal

para llevar a don Bruno su lista de fusilar!

Por cierto, ya va siendo hora de que alguien cuente que la cesión de los terrenos que hizo el rejoneador fascista para que se construyera el barrio para pobres que hoy lleva su nombre no fue un asunto totalmente altruista. Hoy se sabe que con aquella cesión consiguió una fuerte revalorización de los terrenos que también poseía al otro lado de la carretera de Madrid es decir, la huerta de la Viñuela y los lotes que aún conservaba en la huerta de Frías. Ojo de lince el de quien previó lo poco que se tardaría en comenzar la urbanización de esas zonas tras la construcción de aquella barriada y su cercanía con el casco histórico. Lástima que la diñara antes de ver el negociete consumado. Eso sí, confortado por los auxilios del obispo nazi Fray Albino que le consiguió una parcelita a la vera del Creadorísimo.

domingo, 29 de octubre de 2017

Los hitos de la histérica historia de España

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Cuánta razón tienen aquellos que afirman que estamos viviendo momentos históricamente cruciales. Probablemente se trate de uno de los cinco momentos más cruciales en la historia de este triste país en los últimos 200 años. O sea, de la Edad Contemporánea. Eso después de que en la Moderna pasáramos a la de los países de occidente como el único que perdió definitivamente todos los trenes de la modernidad, los de las tres Erres: Renacimiento, Reforma y Revolución. Y para seguir la nefasta e inviolable tradición patria, se trata de un nuevo hito en la frustración histórica, evolutiva, de descabezamiento de la esperanza de que este país se convierta alguna vez en un estado auténticamente republicano —base de la única democracia posible y respetable para empezar a hablar— con las cuentas con la Justicia y la Ilustración perfectamente ajustadas. Y sobre todo un país en el que el pacto social se instaure sobre bases de racionalismo y solidaridad, negociaciones entre ciudadanos completamente iguales y no en las de etnicidades, castas políticas, sociales o económicas, ni en las de esencias inmarcesibles o principios grabados en columnas de iridio y platino.

Porque lo que está ocurriendo en estos días es de nuevo un error de dirección en la encrucijada, la pérdida de una oportunidad impagable de acabar por fin con el Régimen del 78, ese régimen que nació sobre la capa de humus putrefacto de la impunidad de una dictadura asesina y cuya Constitución y sistema electoral fueron dictados a punta de pistola por la banda de criminales que habían secuestrado al país durante cuarenta años tras perpetrar un genocidio de demócratas y cuyas fuerzas políticas alternativas aceptaron y decidieron todo lo que se les impuso, entre otras cosas no exigir ni un gramo de justicia, ni reclamar un solo céntimo del botín del monumental latrocinio de esa banda y entregar —y costear con fondos públicos— el control de la educación de las nuevas generaciones a la cómplice y beneficiaria de todos aquellos crímenes y latrocinios, la Iglesia Católica.

El que una parte casi mayoritaria de los ciudadanos de Cataluña hayan decidido romper, con la excusa del independentismo —que no es ni mucho menos lo único que los mueve y que sobrepasa el control de sus políticos—, con ese estado rojigualda putrefacto, gobernado ahora por una nueva banda de (presuntos) delincuentes, con vínculos familiares e ideológicos con la banda anterior y apoyado por los trileros transicionistas del puñito y la rosa, podría haberse convertido en una ocasión pintiparada para que otra buena parte de los ciudadanos de las demás comunidades se les sumaran en el afán de disolver este estado y fundar otro nuevo desde unos presupuestos más igualitarios, democráticos, justos e higienizados de patógenos nacionalcatólicos y ultraliberales, esos patógenos representados por los partidos que dicen representar la soberanía popular manteniendo como cohesivo a un rey con vínculos dinásticos con la dictadura. Y que sólo sirven a los intereses de las multinacionales. Especialmente de las energéticas que pagan sistemáticamente los servicios de sus empleados políticos con millonarios retiros.

— Como en 1814 en que expulsamos a navajazos guiados por las mugrientas sotanas de los curas a los que nos traían la Ilustración al grito de ¡vivan las caenas!

— Como en 1874 cuando los espadones decapitaron la esperanza de un estado republicano federal.

— Como en 1936 cuando los salvajes militares coloniales, la inquisitorial Iglesia Católica, y la burguesía agrario-industrial fascista impidieron con un genocidio que se consolidara definitivamente un estado representativo normal en España.

— Como en 1978 cuando se entronizaron dos castas de políticos oportunistas, procedente una del franquismo que defendía su ensangrentado botín y otra de la nada antifranquista. La que sacrificó, traicionando milimétricamente todos y cada uno de los vínculos del nombre de la organización política que parasitó con el republicanismo y con sus muertos enterrados en las cunetas, el derecho a la justicia y a la democracia plena de todo un pueblo que salía de una crudelísima dictadura a las posibilidades de un nuevo reparto de botín en beneficio exclusivo propio y del de sus contratantes, los Mercados Internacionales. Sin resistencia alguna, manteniendo la farsa incluso cuando alcanzó mayorías suficientes para higienizar mínimamente el país, escondiendo bajo ingentes montañas de billetes de banco sus raíces socialistas, humanistas y democráticas.

sábado, 14 de octubre de 2017

Laberintiza que algo queda

Nada de extraño que quien dirija esas jornadas y proponga esa cita que las anuncia sea quien es y tenga la trayectoria declamatoria que tiene (1). Usando como argumento de autoridad a un escritor inglés de la estirpe de los viajeros románticos decimonónicos que no se enteró de la misa la media y que intoxicó con su simplismo nizorraideísta la historiografía de la Transición de este país da la medida de la calaña de su pensamiento. Esa concepción de que España es un país maldito por culpa de una genética cainita que la aboca a un determinismo insoslayable de lucha entre hermanos, es una de las peores falacias que el reaccionarismo hispano ha alimentado para justificar el genocidio franquista. Esa visión equipara impúdicamente a genocidas en serie con uniforme militar, paramilitar, sotana o terno y corbata, defensores sin límite alguno de un orden inmutable medieval, con movimientos obreros sindical-igualitaristas, intelectualidad racionalista y auténticamente liberal/socialista y, en definitiva, demócratas sin frontera ideológica alguna.

Según esa visión, los peores episodios de la historia de este país en los últimos cinco siglos no fueron fruto de la lucha —casi siempre suicida— por la razón y la justicia social de una parte liberada del nacionalcatolicismo contra la exterminadora de la inteligencia y la pervivencia de los privilegios de sus seculares castas dominantes que siempre ganaron todas las guerras —las únicas por cierto en los últimos 300 años— contra su propio pueblo. Esas castas que han dado lugar a que a lo auténticamente español se le denomine propiamente castizo. Lo son —nos dicen con ese desparpajo de los que van sobraos— de la genética y del determinismo histórico. Todos iguales en la culpa, la forma más sibilina de justificar cualquier cosa. De los Hunos y de los Hotros.

No sé para qué diantres ese tipo dirige la Cátedra de Resolución de Conflictos de nuestra universidad, si con sus declaraciones ya apunta claramente a cómo considera que se han de resolver: entre carneros hermanos, que gane el más fuerte. No en vano hace poquísimo fue uno de los firmantes de la carta de aguerridos profesores universitarios que pedían al estado que enviase a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y si hacía falta a la Legión con su cabra a Cataluña para resolver un conflicto cainita más, un conflicto que resumían como un laberíntico nacionalismo cerril en el eterno laberinto español.

La versión del agotamiento, 40 años después de gestarse, del fraudulento pacto entre las fuerzas del franquismo criminal con las camaleónicas izquierdas organizadas para encauzar en beneficio de ambas y sobre todo del capital internacional la fuerza reivindicativa de millones de ciudadanos que ansiaban un pacto social realmente justo, no tiene cabida en su análisis. Se trata de oscurecer el hecho de que en uno de los rincones de ese estado el putrefacto pacto (l’estaca) estaba a punto de romperse aprovechando que el juego en que se empleaban el nacionalismo burgués y el jacobinismo de corte neofranquista para realimentarse mutuamente y seguir robando ya no daba más de sí.

La ilusión de una parte importante de los habitantes de este país que hemos visto en el proceso catalán una oportunidad para romper higiénicamente ese pacto social y político viciado de origen y convertido en saco y antifaz de ladrones envueltos en banderas en su uso, y comenzar a establecer otro desde presupuestos más democráticos, ha sido aplastada por el llamamiento nacionalista rojigualda (con el pasado imborrable que arrastra) y el unanimismo en las soluciones del charol y la porra. Cainismo, laberinto o garrotismo goyesco. Cortinas de humo para justificar el mantenimiento de algunas de las instituciones más corruptas e injustas de Europa por la fuerza de una Constitución minuciosamente redactada para que las fuerzas progresistas no consigan nunca sus objetivos.

Hasta ahora no han necesitado tanques para el mantenimiento del orden, o sea de su orden. Radicaban su fuerza en la de esa Constitución tramposa y por ello mismo inmutable y en el absoluto control del espacio informativo por sus acorazadas mediáticas. Pero las cosas se les están yendo de las manos en estos tiempos en que han dejado de ejercer el monopolio de la información y poco a poco se va descubriendo que en este país el eje político está completamente desplazado y que lo que se tenía por derecha era en realidad ultraderecha franquista pura y dura y lo que pasaba por izquierda era lo que en otros países más normalizados no es más es una democracia cristiana entre liberal y ultraliberal que se justifica sólo por rutilantes medidas puntuales en el ámbito de las costumbres. Ahora que ambas han visto peligrar su beneficiosísimo reparto de papeles en el juego del saqueo en que han estado empleadas los últimos cuarenta años sólo han acertado a sacar a la calle el espantajo del miedo a los cambios unos y a las jaurías fascistas que mantenían perfectamente alimentadas en sus perreras, los otros.

Y desde luego no dudarán en resolver los nuevos conflictos justificando el uso desmedido de la fuerza bruta que mantienen en régimen —esta sí que sí— de monopolio en el cainismo y la genética guerracivilista. Los españoles (los desarmados) sólo entendemos genéticamente el lenguaje del palo.

(1) Dos de esas fazañas declamatorias las reseñé hace tiempo en estas dos entradas: El Paradigma de Córdoba, nota 2 y Rosa Regàs y los fachas cordobeses

martes, 3 de octubre de 2017

Lección de Historia en vivo

Ayer las generaciones más jóvenes pudieron asistir, por la prensa, claro, pero sobre todo por las redes, su medio natural, a uno de esos acontecimientos que pueden servir de ilustración historicista de cómo pudieron ocurrir determinados sucesos en el pasado. Debe ser difícil de entender para muchísimos de ellos cómo pudieron gestarse algunas de las tramas responsables de la tormenta de fuego que la España reaccionaria, nacionalcatólica y estamental desencadenó como Escarmiento para la otra, la ilustrada, progresista e igualitaria en 1936, que osó plantear la necesidad de convertir al estado español de una entidad esencialista —Unidad de Destino en lo Universal—, en una colectividad de ciudadanos que deciden democráticamente qué quieren ser, cómo quieren serlo y qué normas de convivencia absolutamente negociadas y periódicamente revisables van a establecer para lograrlo.

En la Mezquita-Catedral de Córdoba el obispo más mineralmente reaccionario de España arengó a autoridades y mandos policiales —todos, como católicos, teóricamente obligados a obedecerle— a cuya custodia están las armas que el pueblo ha puesto en sus manos para defender la ley y el orden del estado de derecho y que en perfecto estado de sumisión espiritual tuvieron que escuchar cómo se les indicaba que la Patria estaba en peligro. Por causa de haber abandonado a Dios, a su Dios que como católicos que son estan obligados a defender. Cuando un obispo reaccionario habla en una misa —la ceremonia antidemocrática por antonomasia, en la que sólo se exige obediencia y sumisión al celebrante— de Patria en peligro ante las autoridades, algunas perfectamente reaccionarias y otras perfectamente siseñoristas, está hablando de su Patria particular que se corresponde exactamente con sus privilegios y les está incitando a defenderla. Y ya sabéis cómo las autoridades civiles armadas y militares reaccionarias de este país suelen entender esa defensa de esa Patria en peligro. Y si no lo sabéis, esos serán los deberes de la clase de historia para hoy.

Así, que queridas últimas generaciones, atentas a los acontecimientos parecidos a los que estamos abocados a asistir en los próximos tiempos porque todo tiene un sentido y normalmente ese sentido suele estar de parte del más fuerte, del que tiene las armas y es incitado a la violencia por un energúmeno vestido con ropajes medievales.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Distopía y lucha de clases

En 1998 aparecía un libro titulado “Vuelta al Edén. Más allá de la clonación en un mundo feliz” del biólogo estadounidense Lee M. Silver. En el corpus central de la obra desarrollaba científicamente las posibilidades reales de la clonación de seres humanos en el futuro. Pero como prólogo y como epílogo colocaba dos ficciones futuristas, complementarias al Mundo Feliz de Huxley, ubicadas en 2010, 2050, 2350 y 2997. Terroríficas, y a pesar de que, llegada y pasada la primera de esas fechas no se hubiera cumplido su profecía, no por imposibilidades técnicas, sino meramente legales, perfectamente posibles. La humanidad se acabaría dividiendo en dos grandes grupos, uno minoritario dueño de la riqueza, los “genricos”, una aristocracia genéticamente enriquecida y los “naturales”, o sea el mayoritario resto. En 650 años formarían dos especies diferenciadas incapaces de cruzarse entre sí.

Lee M. Silver carga esa evolución sobre los hombros de las posibilidades de los avances científicos para cambiar la vida de los humanos, principalmente los del ámbito biológico, porque en la fecha en que escribía aún no se podía augurar el futuro de la revolución de la tecnológica digital que estaba en ciernes, pero no contaba –él es un científico, no un sociólogo ni un historiador- con los factores de evolución histórica y cuyo estudio desde Marx tantos océanos de tinta ha acumulado.

Es lo que viene a completar Yuval Noah Harari, la inclusión de esa revolución tecnológica –biológica y ahora sí, digital- en la lucha de clases, motor de la historia según el marxismo más clásico. La democracia burguesa, los derechos individuales y el estado de bienestar no son más que estrategias del capital para conseguir domesticar a la clase obrera a la que necesitaba dócil y contenta con su suerte introduciéndola en la rueda productiva también como consumidores, evitando que las presiones reivindicativas rompieran el sistema y ganando de mano a las ansias de igualitarismo que el humanismo ilustrado reclamaba desde el siglo XVIII mediante una sofisticada simulación de reparto de la riqueza. Buenísima cosa por otra parte para todos: sobre todo para los de arriba, pero también para los de abajo a falta de otras expectativas prácticas para estos últimos, precisamente por aceptar las condiciones del juego.

Lo que nos cuenta Hariri ahora es algo a lo que ya estamos asistiendo. Otro ensayo de pseudoficción –porque realmente de lo que habla ya existe en cierto modo- “Telépolis” y los “Señores del Aire” de Javier Echeverría ya lo anunciaba hace algunos años. Los Señores ya no necesitan a las masas productivas, ni contentas ni descontentas, porque los anclajes geográficos no son ahora los estados nación sino las ciudades y países virtuales en los que todos trabajamos a tiempo completo consumiendo y los lazos personales entre explotadores y explotados están desapareciendo y tal como pasaba en las etapas previas al capitalismo, la economía (que sólo sirve realmente a unos pocos) funcionará perfectamente mientras en sus afueras miles de personas viven en la miseria. No ya en las periferias extraoccidentales subdesarrolladas, en las que es la norma desde siempre, sino en el centro mismo del imperio.

Sin duda los españoles que nacimos entre los años 50 y los 60 del siglo XX pertenecemos a las generaciones populares que más han disfrutado de la vida, y no sólo en lo material, en toda la historia, porque gozamos sobre todo de una amplísima pero vertigionosa perspectiva: ser conscientes de quiénes éramos, de dónde veníamos y qué habíamos conseguido en tan solo dos o tres décadas. Y la esperanza fundada en la experiencia guió nuestras vidas y cuando los de siempre nos la destrozaron a golpes –no hace tanto tiempo- ya éramos bien adultos. Parece que, desgraciadamente, ese título de privilegio no nos será arrebatado en muchos decenios o tal vez centurias. A nosotros, que viviremos 20, 30 o 40 años como mucho aún ya no nos podrán arrebatar nuestra vida -con su almendrita interior de la esperanza- pero es doloroso ver como se la arrebatarán antes de vivirla a los que vienen. El propio Hariri dice que, a pesar de formar parte de una evolución histórica sumamente previsible, no hay por qué caer en el determinismo de las leyes inexorables. Tal vez un milagro de la voluntad de los humanos consiga torcer el rumbo de lo que se avecina.

Los creyentes tienen la convicción de que seguirán la evolución desde alguna parte de la otra vida. Los ateos sabemos que no y a muchos visto lo que viene les parecerá un alivio, pero en mi caso y como deseaba también Buñuel, me conformaría con poder resucitar una vez cada diez años y echarle una ojeada a la prensa, si es que aún existiera semejante cosa.

sábado, 13 de febrero de 2016

Titiriteros y la profunda idiocia hispánica

La perfecta sincronización es lo que tiene, que canta mucho. Este humilde bloguero, modestamente me lo reconozco, lo adelantó el mismo día de los hechos en un comentario sobre el tema en el muro de una amiga del Feisbu. Esta mañana Ernesto Ekaizer, probablemente el mejor conocedor de los entresijos judiciales de este país, abiertamente lo defendía en la SER, ante Pepa Bueno, esa listísima pseudoperiodista al servicio de su amo. Los hechos que Ekaizer proponía como comprobables son más o menos estos:

Aprovechando que el fiscal Jefe Zaragoza estaba de viaje en el extranjero (Ekaizer lo disculpa y no lo cree metido en la conspiración, cosa que puede ser materia de duda razonable) el fiscal sustituto, el juez franquista y dos ministros (uno virgen y otro sanjosé), informados convenientemente por un chivato mamona del contenido del guiñol que había contratado el Ayuntamiento de Madrid para el Carnaval, un contenido perfectamente conocido porque se venía representando tanto en Madrid como en otras ciudades desde hacía tiempo, decidieron montar el pollo conspirando para hacer el mayor daño posible a ese ayuntamiento, a los partidos de izquierdas y a la propia democracia. Habrá que afinar el estudio de cómo lo hicieron, quién entre el público, apenas 30 a 40 espectadores, –que no se enteraba de nada por la mala calidad de los medios empleados- empezó a escandalizar(se), a tratar de paralizar el espectáculo violentamente, lo que impidió la seguridad contratada para el acto y, supuestamente, llamó a la policía, que no tardó ni dos minutos en aparecer, detener a los titiriteros y confiscarles el material. El auto de detención – a todas luces preparado de antemano- manipula descaradamente el contenido y el argumento del guiñol hasta cambiar el sentido del mismo convirtiendo lo que se denuncia en lo que se ensalza. Los medios de la caverna debían estar también perfectamente avisados porque no tardaron desde sus tribunas ni diez minutos en comenzar a intoxicar.

La intoxicación fue tal que incluso antes de saber nada del asunto los medios que pasan por más fiables y sensatos se sumaron a la condena del guiñol seguidamente –y con la boca chica- a condenar la desproporción de las medidas. Tras varios días de progresiva disipación de la espesa niebla informativa el escándalo tomó tales proporciones que la fiscalía tuvo -cinco días después- que recular y proponer como causas de la puesta en libertad absurdos tan delirantes como que los titiriteros no podrían delinquir porque ya no tenían títeres, esas armas de destrucción masiva de la convivencia. Que los partidos de la panoplia de la derecha, desde la franquista a la neoliberal, cerraran filas en este asunto con los conspiradores es más que lógico. Que lo hiciera el PSOE en su deriva hacia el Kapital o el Kaos, también. Lamentable ha sido sin embargo la postura entreguista de Carmena y de la práctica totalidad del espectro progresista del país que ha entrado al trapo fascista como becerro en capea.

Pero de todo este asunto lo que más me ha dolido ha sido la demostración del nivel de estupidez general de “esta gran nación”. Y sobre todo el nivel de incultura literaria en que se halla inmersa. Pueden ser contados como habas en este país los izquierdistas que no consideren un error la programación de los guiñoles de marras. No se acuerdan de que esos mismos guiñoles llegaron a actuar contratados por el ayuntamiento de Ana Botella un par de años antes sin que los fiscales, jueces y ministros se escandalizaran. El “sí, pero...” ha sido la tónica general del análisis. Estuvo muy mal que los encarcelaran, pero el contenido del guiñol no sólo no era para niños sino que además era intolerable. “Intolerable error”, como anda por ahí proclamando a boca llena y con el papel de fumar en el cacharro de mear todo el pestilente bienpensantismo nacional de izquierdas.

Si algo demuestra esa actitud es que en este país nadie tiene ni puta idea de lo que es un guiñol. Que lo que prima es el más delirante de los desconocimientos de los mecanismos de la literatura popular teatralizada. No hay guiñol, al menos tradicional, sin altos grados de violencia, una violencia altamente parodizada, claro está. Los argumentos son siempre los mismos porque están concebidos para públicos iletrados y son tan básicos en sus planteamientos que hoy día se siguen representando por su mismo carácter de joya literaria sobreviviente el pasado. No tienen que avisar si son o no son para niños, aunque en esta sociedad pacata y absurda se esté llegando a delirantes absurdidades para proteger a la infancia, siempre de las tradiciones más inocuas, aunque nunca de la violencia estructural de la sociedad actual. El argumento de que el guiñol no es para niños es de una incultura supina. Los guiñoles ni son ni no son para niños: son guiñoles. Como los cuentos de Caperucita o Blancanieves con su correspondiente crueldad argumental. Lo que ocurre es que los padres que quieran proteger a sus hijos de esa violencia de los cuentos tradicionales pueden hacerlo porque los conocen y están por tanto en condiciones de evitarles, bajo su irresponsablilidad, el trauma de ver o escuchar que un lobo se come a una niña o que una madrastra envenena a aquella otra, pero en cambio los que quieran hacerlo respecto a las violencias inocentes del guiñol no puede ejercer la misma irresponsabilidad a priori por la sencilla razón de que no tienen ni puta idea de qué es un guiñol ni de sus argumentos tradicionales. Ese es el problema de todo este asunto. Que unos canallas con el alma podrida de fascismo han manipulado la opinión de todo un pueblo instalado en la más profunda de las inculturas de su propia tradición literaria. En los países que siguen conservando sus tradiciones literarias se están riendo de nosotros. Somos Elhazmerreiristán. Los guiñoles son una acrisolada tradición en las fiestas en Francia, Italia e Inglaterra. Busque en la wiki el curioso. Los padres que no quieren que sus hijos los disfruten no los llevan y no hay mayor problema. En Inglaterra hace unos años un padre denunció al guiñol Punch por apología del maltrato. La oleada de guasa fue monumental y el idiota se convirtió en eso, en el idiota del pueblo. En España estamos superando a los puritanos yanquis. Y aquí de guasa nada: una denuncia termina con los titiriteros en la cárcel.

Todos esos padres españoles que se escandalizan del contenido de un guiñol están rompiendo la cadena natural del acceso de sus hijos a la literatura. Con qué cojones de armas van a enfrentarse sus hijos a Los Hermanos Karamazov si sólo les han permitido leer ñoña literatura infantil de los mundos de Yupi. Eso sí, su clandestino contacto con la violencia fantasiosa la encontrarán en los juegos de ordenador, donde la violencia no les será mostrada como a simples espectadores, sino que los convertirá en actores con mando en plaza en los gatillos de las más poderosas armas de destrucción masiva.

PD: Ayer mismo un redactor canalla de AWC, alertado por las cloacas policiales que han hurgado en fichas e informes de soplones al servicio del PP, lanzaba al aire la supuesta conexión de los titiriteros con los asesinos de las policías cordobesas del 95 y con supuestos grupos terroristas que atentaron contra la Almudena.

Idea para GUIÑOL: El títere de Federico Jiménez Losantos aparece por el monte con su lupara bien cargada, confunde al redactor malnacido del AWC con alguien de Podemos y... cumple con sus manifestados deseos.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Turismo criminal

Para Lansky, porque de la más saludable de sus fobias hablo hoy

Entre 1948 y 2015 el estado de Israel ha venido luchando incansablemente por desembarazarse en sus autoproclamadas fronteras de la para él incómoda presencia de los beduinos palestinos que habitaban desde hace milenios tanto las tierras que le tocaron en el reparto de la ONU como las que ha ido invadiendo militarmente a lo largo de esos casi 70 años. Se trata de varios cientos de miles, unos asesinados a sangre fría y otros exiliados a punta de bayoneta, que junto con los palestinos no beduinos han sido víctimas de una de las mayores limpiezas étnicas / genocidios del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Son conocidos los reiterados asaltos a aldeas beduinas concluidos con el asesinato a sangre fría de todos sus habitantes, hombres, mujeres y niños (como cuenta el historiador israelí Ilan Pappe que ocurrió en Deir Yassin, Tantura y otras) llevados a cabo por la Haganá en los años 40 principalmente pero que continuaron en los 50 y los 60. También son conocidos los reiterados y sibilinos intentos de los últimos años por eliminarlos definitivamente sin que la comunidad internacional pueda acusarlos de crímenes contra la humanidad impidiéndoles acceder a la propiedad de la tierra en la que llevan viviendo desde tiempos inmemoriales por carecer, lógicamente, por eso son beduinos, de títulos legales y negándoles servicios básicos en los campamentos en los que han acabado hacinados. Han conseguido exterminar o expulsar a buena parte, pero muchos, unos 80.000 repartidos en 45 aldeas sin luz ni agua, resisten aún en el desierto del Negev. Hace poco una de esas aldeas, Al-Araquib, en un rapto de humor a prueba de engarrotamiento represor sionista, solicitó ser incluida en el Libro Guiness de los Records por haber sido destruida por el estado israelí y reconstruida de nuevo por sus habitantes beduinos 40 veces.

En el colmo de la crueldad una empresa de servicios turísticos de Israel ofrece a turistas de todo el mundo vivir por unos días una auténtica experiencia de vida beduina en una falsa aldea beduina construida con falsa rusticidad beduina por fuera pero auténtico lujo tres estrellas por dentro. Incluye ser servidos por falsos beduinos que les ofrecerán falsa comida beduina y falso té o café beduinos y les amenizarán las falsas veladas beduinas con falsa música beduina y falsa danza del vientre beduina y circuitos por el desierto beduino montados en falsos camellos beduinos. Por un precio razonable que les hará vivir una excitante aventura con la ilusión de asomar virtualmente la cabeza por el pretil del insondable pozo de mediocridad y rutina en que se desarrollan sus jodidas vidas.

Es casi seguro que unos meses antes de que esos desalmados empresarios montaran ese resort en el oasis desértico para explotar ese negocio de falsos beduinos pidieron al estado israelí que les expulsara con la violencia propia en esos casos a los auténticos beduinos que en él llevaban viviendo cientos de años… No tenían nada contra los indómitos beduinos auténticos, sólo que para su negocio eran preferibles los falsos o domesticados a sueldo, mucho más sumisos...

A mí me recuerda el genocidio de los indios norteamericanos por los anglosajones y su explotación comercial post mortem por su industria recreativa. No sólo me lo recuerda, sino que estoy convencido de que el modelo de colonización y explotación israelí de Palestina es heredero del anglosajón en Norteamérica. Indios y palestinos son las mismas víctimas de la barbarie civilizada de los negocios y de los colonos. Buffalo Bill colaboró en el exterminio de los indios y de los bisontes y vivió el resto de su vida explotando un falso mundo de indios y bisontes para turistas.

Pero no toda la culpa es de los crueles ofertadores de esos servicios sino que también le cabe culpa al cliente, al adocenado clasemediero bienestarizado que los consume. Porque si el turista de productos étnicos en general es ya de por sí digno de sospecha moral a falta de un test sobre su capacidad intelectual para los análisis éticos, el que lo practica en Israel obviando la estridente patencia del sufrimiento infinito con el que se elabora la materia de su consumo es directamente despreciable.

Odiar saludablemente al estado de Israel por sus crímenes y a la ideología dominante entre sus dirigentes que los justifica, el sionismo, hermana del nazismo y el fascismo europeos, no significa odiar al mundo judío por mucho que los sionistas se empeñen en fomentar la confusión y a pesar de la responsabilidad que sus nacionales les toque por los crímenes de sus dirigentes. Odiar el nazismo no significa odiar a los alemanes, aunque les cupiera parte de responsabilidad por sus crímenes. El estado de Israel es un estado odioso por el estado permanente de injusticia en el que desarrolla su existencia y estar fundado sobre un verdadero genocidio. Pero incluso la injusticia tiene un límite. Exterminar para lucrarse con el fantasma de los muertos supera todas las fronteras de la humanidad. Ojalá algún día ese estado se devore a sí mismo. Y que yo siga vivo para verlo, o al menos para barruntarlo.

domingo, 29 de noviembre de 2015

De caciques, curas y alcaldes felpudos

Probable conversación sucedida en el despacho del alcalde de Coria del Río. Personajes: el propio alcalde, un cura y un cacique del pueblo.

CACIQUE Niño, ¿no quedamos en que nos ibas a quitar ese mamarracho de frente de mi casa y de la ermita como acordamos con el anterior alcalde?

NIÑO/ALCALDE: Sí..., ya.... pero es que en ese monumento se recuerda también el fusilamiento de Blas Infante, el Padre de nuestra Patria...

CACIQUE: Pamplinas, el padre ese ya tiene muchos monumentos en otros sitios y en el pueblo un museo.

NIÑO/ALCALDE: Pero se nos van a echar encima los de la Memoria Histórica

CACIQUE: Tú deja que esos perroflautas ladren que al final acabarán roncos.

NIÑO/ALCALDE: Bueno, los que ustedes digan, que pa eso mandan.

CURA: Que sea antes de Nochebuena.

Para aquellos que piensan que la guerra civil es un episodio cerrado de nuestra historia, que la reconciliación sucedió gradualmente y las heridas, las de las víctimas, están cicatrizadas y las responsabilidades de los victimarios saldadas les recomiendo que observen detenidamente los hechos ocurridos en un pueblo de Sevilla hace unos días. Coria del Río es un pueblo profundamente andalucista. De ese andalucismo que en la Trasición/Transacción, corrompiendo los principios humanísticos anticaciquiles y profundamente apegados al jornalerismo de su fundador, Blas Infante, pergeñó un partido de esencia burguesa y fines acomodaticios, el PSA, Partido Socialista Andaluz, que luego perdería -en el único acto de coherencia que le honró- el apelativo ideológico y se quedó sólo con el geográfico: Partido Andalucista. Sólo hay que hacer la lista de sus dirigentes fundadores para entender de qué iba la cosa. En realidad se trataba de una versión del PSOE, aunque mucho más burguesa, y en clave más folklorista. Yo pensaba que ya se había disuelto higiénicamente a la vista de que los andaluces pasan de ellos como de la mierda.

Así que mi sorpresa fue mayúscula cuando me entero de que en Coria del Río ese partido tiene mayoría absoluta, pero absoluta der tó, o sea que todos los concejales son del PA. En Coria fue notario Blas Infante donde se hizo una casa en cuyas formas reivindicó el pasado andalusí y que hoy es su museo. De esa casa fue sacado por un grupo de falangistas y fusilado en las afueras de Sevilla. Hace unos años, en 2009, se levantó en el paseo central del pueblo un monumento en recuerdo de las víctimas de aquella brutal represión que habían reclamado las asociaciones por la memoria y las propias víctimas y sus descendientes, que en ese pueblo fueron incontables. Un hermoso monumento en el que se recogía plásticamente el dolor de aquellos crímenes. El problema es que ese lugar es justamente “la zona nacional” del pueblo, es decir donde vive la gente rica del pueblo, es decir los herederos de los victimarios fusiladores de jornaleros y de padres de otra patria que no fuera la española. Y para más inri se colocó a menos de 50 mts. de la capilla de la Soledad que pasa por oratorio de esos ricos del pueblo y símbolo de la Iglesia que incitó y colaboró en el genocidio. Es lógico que a ambos socios –ricos y curas de ricos- les molestase el recordatorio perenne de los crímenes que cometieron sus mayores y de los que ellos no han renegado. Porque de la vinculación de la localidad con Blas Infante, el más conocido de los asesinados, ya se encargan de convertirla más en una atracción turística que ética.

Así que nada más inaugurado el monumento comenzaron las maniobras conspiratorias de la élite franquista del pueblo para quitárselo de la vista. Por entonces gobernaba el PP con el apoyo del PA y como institucionalmente no podían dar la orden del traslado del monumento a un lugar más discreto tuvieron que echar mano al poder vecinal –del barrio de los ricos y de la iglesia, claro- que en una reunión solicitó ese traslado al Ayuntamiento, que encantado lo aceptó. De espaldas al resto del pueblo y a las asociaciones de la Memoria Histórica, que al tener conocimiento del hecho se reorganizaron para impedirlo, habiéndolo conseguido mediante concentraciones periódicas y manifestaciones hasta hace unos días en que con la excusa de una remodelación del paseo –que muchos consideran exactamente eso, una excusa- ha sido retirado con nocturnidad (tres de la mañana) y alevosía. La burguesía y la nobleza franquistas, las que siguen mandando todavía en toda Andalucía con la colaboración del PSOE, y la Iglesia dieron la orden clara y tajante al alcalde, ya del PA.

LA NOTICIA EN EL PLURAL: Con nocturnidad y alevosía, el alcalde de Coria retira de madrugada el monumento a las víctimas del franquismo.

Este es al alcalde-niño:

viernes, 27 de noviembre de 2015

La roña franquista de Baena

El alcalde socialista de Baena, el psicólogo metido a político Jesús Rojano Aguilera,se ha abstenido en la votación de la propuesta de hacer cumplir una ley, la de Memoria Histórica, al Ayuntamiento que preside, retirando la medalla de oro de la ciudad al genocida general Franco y el título de hijo adoptivo de la misma a Sáenz de Buruaga, el militar que mientras tomaba un refresquito en el casino contemplaba por la ventana cómo por orden suya asesinaban uno a uno a cientos de obreros que habían defendido con las armas la legalidad republicana. La sangre de esos obreros, mezclada con el agua de la fuente, llegó hasta el río que baña los pies del pueblo.

La justificación de ese sujeto para inhibirse de cumplir la ley y limpiar el expediente de concesión de honores de su ciudad fue que ellos no estaban allí para enjuiciar a nadie ni revisar la historia. Una parte de los concejales de su partido (tres más se abstuvieron) y la totalidad de los de IU que fue quien presentó la moción consiguieron que se aprobara. Los franquistas y neoliberales (PP y Cs) votaron en contra. Todos ante el crucifijo que preside la sala de plenos.

Baena es el pueblo que se hizo famoso hace unos años por un alcalde/cacique meapilas (y otras cosas más feas) del PSOE que se negó a retirar el crucifijo de los plenos amenazando con lanzar contra quienes lo exigieran las hordas fanáticas cofrades del pueblo. Pero sobre todo por ser el pueblo de los munícipes corruptos y puteros, aquellos que al grito de "¡Qué no farte de ná, que paga Baena!" gastaban el dinero de todos los ciudadanos en champán, pata negra, jacuzis y putas brasileñas en un conocido club de alterne de Marbella. Pero yo creo que merecería ser conocido por haber dado el mayor número de políticos socialistas-basura de esta provincia.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Ardor guerrero

"Ante un atentado no debe haber venganza sino análisis, y en los análisis hay que plantear cuáles son las causas de los enfrentamientos". Cree que para luchar contra el terrorismo yihadista y contra "cualquiera" hay que "trabajar muchísimo en lo que siempre se tiene que trabajar para la paz: en el diálogo, en buscar siempre alternativas para hacer posible que haya empatía, para hacer posible lo que yo llamo la educación para la paz."

Eso –y muchas cosas más que parece que nadie se ha molestado en leer- dijo el otro día Manuela Carmena cuando fue preguntada por el violento acto de venganza unilateral que perpetró el gobierno de un estado europeo contra un territorio secuestrado junto con su población por bandas de mercenarios falsamente religiosos que dieron un golpe de mano exitoso en el corazón de su capital. En Córdoba, los miembros del gobierno municipal y concejalías que lo apoyan, un conjunto progresista, propuso en el mismo sentido que al minuto de silencio de las víctimas de los atentados se le sumara otro minuto por las víctimas civiles de los bombardeos vengativos subsiguientes.

La jauría cristofacha -mutilando interesada y gravemente el sentido y el conjunto del discurso de la alcaldesa de Madrid- no tardó en ponerse a ladrar desde sus púlpitos mediáticos enseñando sus afilados dientes para hacer callar ese pensamiento pacifista e imponer el suyo, belicista, el del ojo por ojo y diente por diente, el pensamiento mutilado del etnocentrismo europeo y el espantajo de la superioridad del cristianismo sobre las demás religiones. No es raro, el catolicismo antievangélico criminal que hemos padecido en España desde los Reyes Católicos hasta los años 70 del siglo XX forma parte medular de su idiosincrasia. Y más ahora que lo han ecuménicamente mezclado con ultraliberalismo protestante anglosajón, el de la CIA y la oilcracy. Casticismo y posmodernidad formando una untosa pasta con que engominarse el cerebro.

Sólo en la prensa cordobesa en los últimos días hemos tenido que soportar la acre halitosis de sus fauces ladradoras en prácticamente todos los medios tradicionales. Si el otro día era un católico profesor serrano el que se indignaba por la duplicidad del acto municipal desde su púlpito mediático y por las palabras de Carmena en el muro de su facebook, al que por cierto cambió su clásico frontal por la reveladora imagen de un carro de combate, anteayer un psicólogo campiñés acreditadamente ultracentrista lanzaba desde su protegido puente del Acorazado ABC una serie de andanadas de pestífero plomo biliar reaccionario contra la alcaldesa de Córdoba por haber aceptado la propuesta del segundo minuto de silencio. Para él los únicos minutos que se merecen los sirios son los que ocupan los bombardeos sobre sus cabezas.

Hoy nos desayunamos de nuevo en la Hojilla Parroquial  con la última perla del inacabable collar de doble vuelta de opinadores reaccionarios oficiales que adornan el ajado cuello de esta ciudad. Esta vez se trata de un profesor de ¡¡¡Filosofía!!! que se permite hacer chistecillos cinéfilos -descacharrante el expertismo peliculero que suele vender por ahí- sobre la propuesta y advertencia de la alcaldesa de Madrid. Este sujeto ya lo mezcla tó, un auténtico combinado de cuñaísmo de barra de bar de cazaores: lo de que los moros se quedaron en la Edad Media, que la II Guerra Mundial vino porque se ofreció diálogo a Hitler, lo de la Sagrada Libertad Europea que odian los beduinos y hasta se ríe de los intentos de dialogar con ETA para parar la violencia. Nada, hombre, diálogo… pero hombre, pringaos que seis unos pringaos: eso lo arreglo yo con dos patás…: varias divisiones acorazadas y unas buenos centenares de sesiones de bombardeos de destrucción masiva. “Ardor guerrero vibra en nuestra voceees...”.

No es inocente. Estos tipos no son unos incultos y tienen la información suficiente y sus herramientas de pensar suficientemente engrasadas. Hablan así porque defienden la opción reaccionaria frente a la progresista. La de no cambiar nada –la injusticia intrínseca al sistema- porque eso crearía muchas molestias y podría provocar disturbios en el bienestar de unos pocos frente a la miseria en la que viven la mayoría. El sistema para ellos funciona bien. Sólo hay que exterminar a los terroristas. Con eso ya está todo solucionado. Entender que tras lo que ocurrió el otro día en París, lo que ocurrió con los trenes en Madrid, lo de Beirut…, que tras de todo eso hay causas y responsabilidades muy claras y que hay que estudiarlas y tratar por todos los medios de neutralizarlas, eso es cosa de buenistas, de pacifistas de mierda que viven en mundos de yupi.

Entender que todo lo que ha ocurrido en Oriente Medio –al igual que en Iberoamérica- desde la I Guerra Mundial no es más que neocolonialismo, la explotación de unos pueblos sobre otros, pero esta vez desde la cómoda distancia, sin tener que mandar sus botas militares sobre el terreno. Entender que la única causa que hay detrás de la destrucción de países enteros, de la muerte de varios millones de personas, de la creación de monstruos primero teledirigidos y luego descontrolados en esas zonas del mundo por parte de los centros de poder colonial, es el mantenimiento del estado de bienestar de un puñado de privilegiados países, lo que sólo parece ser posible a costa del sometimiento y la destrucción de las sociedades que poseen el combustible del motor de ese estado: las materias primas. Y para ello no pueden permitir que esas sociedades progresen al mismo nivel que ellos ni gocen de sus mismas libertades, porque ello significaría el fin de la explotación y el fin del status quo del petróleo o el coltán barato. Todo occidental bienestarizado debería saber que cuando llena su depósito de gasolina barata –muy barata, aunque a él no se lo parezca- lo está llenando en realidad con litros y litros de sangre de gentes que no tienen no ya el mismo derecho de bienestar sino el de seguir vivo que él.

En el caso concreto de los países de mayoría musulmana es gracioso que el profesor de ¡¡¡Filosofía!!! saque el viejo mantra de la Edad Media en la que se quedó la civilización islámica. Lo que nos está diciendo es que los musulmanes no están capacitados sistémicamente para disfrutar de nuestra civilización avanzada que se basa en la libertad. No sé, igual cree en la genética cultural. Ya no me extraña nada de estos intelectuales posmodernos. Pero alguien debería enseñarle los libros de historia en los que se da cuenta de cómo desde el siglo XIX los poderes colonialistas han impedido sistemáticamente a esas sociedades musulmanas –y no musulmanas- acceder a los mismos medios tecnológicos e intelectuales de que ellos gozaban. La civilización que decían los colonialistas llevarles –el actual mantra de la democracia para Iraq, Siria o Irán- era un espantajo sólo útil para consumo de sus nacionales, para tranquilizar sus conciencias: los explotamos pero les enseñamos inglés. Cuando los árabes a finales de los 50 intentaron formar un estado unificado fuerte, de corte laicista y con verdaderos proyectos educativos y distributivos de corte occidental, fueron sistemáticamente boicoteados por las potencias occidentales que no podían permitir que el progreso alcanzara a los dueños de las materias primas que ellas necesitaban.

El nacionalismo árabe tendría muchos defectos, pero podría haber conseguido estabilizar cultural, económica y socialmente los territorios donde se implantó si Europa, EE.UU e Israel no hubieran puesto todas sus armas –principalmente bélicas- al servicio de su boicot. Así que a todos aquellos que dicen que los árabes –o los musulmanes- no progresan porque no saben o no quieren habría que recordarles lo que ocurría en sus países en aquellos años, la ebullición cultural y adaptativa al mundo moderno de los años 60, con las sevicias que se quieran rebuscar. Y después acordarse del golpe de mano de ingleses y gringos contra Mosaddeq en Irán, la expansión israelí a costa de los árabes y el exterminio y exilio de cientos de miles de palestinos, la guerra sucia contra Nasser, el apoyo occidental a sangrientos dictadores o a regímenes como el saudí a los que no se exigía democracia, la incitación a la guerra irano-iraquí por EEUU, el derribo del régimen socialista y laicista de Najibullah en Afganistán por la CIA y la organización de un ejército de yihadistas, padre de Alqaeda y de las actuales bandas criminales del Daesh, el golpe de estado propiciado por Francia en Argelia para impedir que se cumpliera el mandato democrático de quien había ganado las elecciones, por muy islamistas que fueran, la destrucción de Libia, mano a mano por la misma Francia y EEUU, la invasión y desmembramiento de Iraq, lo que ahora se intenta en Siria… La fabricación y tráfico de armas…

Y dice el profesor de ¡¡¡Filosofía!!! que los árabes es que son medievales…

A ver, jauría reaccionaria, lo que la alcaldesa de Madrid, alguien con una estatura moral cincuenta veces por encima de la vuestra coronada de gomina católico-neoliberal es que habrá algún día que ponerse a analizar todo eso y pararlo, ¿no? A ver, tarados, el diálogo no es con los terroristas, sino con todos los actores del drama, a ver si empezamos de una puta vez a saber quién es el enemigo de los ciudadanos de a pie, qué clase de hijosdeperra nos gobiernan y nos meten en guerras o meten en guerras a otros, qué responsabilidad tenemos los occidentales de a pie de lo que pasa a miles de kilómetros de distancia mientras llenamos los tanques de combustible de nuestros coches o vemos la tele ricamente calentados por calefacciones centrales. Y sobre todo qué hacemos con esos cientos miles de víctimas de nuestras guerras que están llamando a nuestras puertas y a los que hemos dejado a la intemperie durmiendo en el barro húmedo de los campos de labor de la Europa de nuevo fascistizada del Este…

Estos sujetos son los que consideran aceptable el genocidio de Hiroshima y Nagasaki, los que consideran un estadista demócrata respetable a Kissinger o distinguen entre los criminales de Al Qaeda a los que se achacan menos de cien mil asesinatos de los criminales del club de las Azores sobre cuya conciencia pesan dos millones de muertos…

Verdadera mala hierba en muchas de cuyas manos está actualmente la educación de las generaciones del futuro. Verdaderas y descontroladas armas de desinformación masiva de la juventud que tendrá que hacerse cargo pronto de la gestión del terrible mundo que se nos viene encima. Los católicos fundamentalistas tienen la opción subvencionada de librar a sus cachorros de la para ellos intolerable influencia de los profesores laicistas llevándolos a colegios confesionales. Pero qué padre puede librar a los suyos de la influencia de funcionarios de la pública tan reaccionarios como esos y con plaza vitalicia.