(del laberinto al treinta)


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sábado, 10 de marzo de 2018

Mujer y escultura pública en Córdoba

No sé si el elenco de la estatuaria urbana cordobesa es la más cipotuda del mundo, pero si no lo es anda cerca. Desde luego sí que es la que mayor cantidad de estatuas de curas —el cipotudo, junto con el militar, por antonomasia— tiene por habitante cuadrado, a la par con Ciudad del Vaticano.

Todas las esculturas de la ciudad, 60, excepto una, son obras de hombres, representan normalmente a citopudos señores y dos tercios de las que representan a mujeres lo hacen usando la más rancia de las conceptualidades, ensalzando precisamente la desigualdad estructural (la cipotudamente erotizada cuidadora de patios) o su papel de musa de artistas a que han sido secularmente sometidas (las aguaoras, símbolo inmarcesible de la belleza decorativa de “La Mujer Cordobesa” para cipotudos degustadores de cipotudos tópicos.

La única escultura de la ciudad salida de las manos de una mujer de que gozamos en la ciudad sirve de nítida muestra de lo que las Guerrilla Girls llevan denunciando desde mediados de los 80: que el mundo del arte es, tras el de los eclesiásticos, aquel campo social en el que, partiendo de premisas naturales igualitarias, se dan las actitudes más radicalmente machistas, en el que con mayor beligerancia se excluye a las mujeres. Sólo hay que computar el número de obras ejecutadas por ellas que se exhiben en los museos, no ya de arte antiguo en cuya ausencia podría argüirse la carencia de formación y creación por barreras legales históricas del sexo femenino, sino incluso en el de más rabiosa contemporaneidad, reflejo de una época en la que esas barreras han prácticamente desaparecido, para entender que las concepciones de creatividad artística vigentes se fundan en construcciones culturales arbitrarias que responden a intereses ideológicos muy concretos y que mediante el poder de los dominados medios de emisión de mensajes conforman un universo social sexista que condiciona inconscientemente la visión del mundo de la práctica totalidad de la población. En el caso de Córdoba sólo hay que asomarse a los espacios expositivos, el C3A y la Botí, esas cipotudas instituciones, especialmente.

Se trata de una pequeña obra perdida en el laberinto de callejuelas que se entrecruzan entre la plazuela del Amparo y la de la Alhóndiga que representa una alegoría del baño, una joven desnuda arrojándose sensualmente (para ella, no para el espectador) un aljófar de agua sobre la cabeza, justo en la puerta de los restos arqueológicos del hammam almohade encontrado en la calle de la Cara y que se halla en un lamentable estado de abandono. No sería de extrañar que su colocación respondiera a un ataque de remordimiento —o mejor de hipócrita justificación— de las autoridades (in)competentes que en años no han sido capaces de poner en valor un patrimonio histórico-arqueológico de primera magnitud como es ese baño. Sea como sea, luce su pequeña y serena realidad, como promesa de súbito encuentro, al paso del viajero o el local que disfrutan de la secreta —por discreta— belleza de esas callejas a dos pasos del río cada vez más infernal de Cardenal González. Su autora es Teresa Guerrero, lleva fecha de 2000 y grabado en el pedestal unos versos de Ibn Shuhayd —en árabe y en castellano— que enfocan nítidamente el recuerdo de un momento concreto fugazmente transcurrido en un hammam cordobés el siglo XI.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Nueva escultura humorística en Córdoba

Bueno, pues la nueva figurita del belén estatuario caspocutre cordobés ya está en la calle. Me estoy replanteando sacar una nueva edición ampliada de LA CUESTIÓN DE LAS ESTATUAS porque desde que lo terminara han colocado cuatro ejemplares más de esa especialidad cordobesa que amenaza con poner a la ciudad en el mapa en el que no consiguieron ponerla ni el gatillazo del pollón de Koolhaas, ni la Fantasmagórica Cecuatrada: LA ESCULTURA HUMORÍSTICA.

La colocación de la escultura titulada CORDOBESA CAGANDO MIENTRAS LEE LA HOJILLA PARROQUIAL en el marco incomparable de la esquina Bulevar-Gondomar se suma así al amplio elenco de humor estatuario con que ya contamos en la ciudad (Las aguaoras feministas, El vampiro de Lacasarviejo, La cañilata, El viejo de los helados, etc…).

A la inauguración han asistido, como no podía ser menos, las principales autoridades locales que, acordes con el espíritu de la ocasión, han soltado todas las humoradas que han podido, destacando muy por encima de todas ellas esa máquina de soltar soplapolleces pajiprogres en todo momento y ocasión que se le ponga a tiro que es la actual consejera juntista y exalcaldiosa de la ciudad Rosa da Grima. En esta ha echado mano de fondo de armario de apurgaradas muletillas y ha sacado la manidísima de cuando alguna cosa de inaugurar tiene que ver con mujeres, ya se encuentren cagando, leyendo el periódico o llenando feministamente de agua sus cántaros: un ejemplo de que el siglo XXI es el siglo de las mujeres. Un jondísimo ¡olé! salió de todas las gargantas cuando la incombustible terminó la faena declamatoria.

El autor de la obra es nada menos que el único escultor español con obra en el Vaticano (amén), ahí es nada, el rey del mármol de Carrara, por ser ese nobilísimo y níveo material el usado casi exclusivamente hasta ahora para arrancar las formas bellas y excelsas a la materia que esculpe. Su colección de cincuentaytantas albísimas esculturas de cordobeses insignes que le encargara el no menos insigne mecenas Sandokán para convertir Córdoba de nuevo en la Roma de la Bética, duermen el sueño de los justos en algún galpón del Higuerón esperando a que algún político ponga alma, corazón y vida (y cojones u ovarios y táchese lo que no proceda) al asunto y los mande diseminar seminalmente por todas las esquinas de la ciudad.

De su obra ya tuvimos recientemente la suerte de contar con el conocido ya popularmente como El Resusitao del Templo Romano, un magnífico ejemplar de marmórea estatua humorística en impecable estilo remordimiento que representa a Claudio Parselo, el primer espabilao que dio pelotazo urbanístico en Córdoba, en pose de Cristo Emergente del Sepulcro con el simbolismo claro del ciclo vida y muerte del emprendeor local. Una arcangélica melenita y un característico bigote, en vez del corte a navaja que lleva, no le habría venido mal. También te lo digo.

En esta ocasión, sin embargo, el mañoso esculpidor se ha decantado por el bronce, o lo que quiera que sea esa cosa que se usa ahora para las estatuas, y que permite policromías y otras virguerías humorísticas que realzan el espíritu cachondo de lo representado.

Malas lenguas andaban comentando conspiradoramente por los alrededores de la inauguración, que la escultura es talmente una belmontada, que le ha fusilao el estilo a la competencia, o sea al autor de las mejores humoradas que ya hay en la ciudad. Mira, la cromía es calcada y hasta el careto de la cagante -le decía un criticón a otro- es talmente el de la cañilata o una de las aguaoras con veinte años más…

El detalle más inquietante es sin embargo lo aparatoso del título del diario que está leyendo, La Hojilla Parroquial como la conoce todo el mundo, pero cuyo nombre oficial es CÓRDOBA. Trabajadores de otros medios comentaban igual de sotto voce que había que tener mucho morro para regalar una escultura a la ciudad con el fin de obtener en terreno público una publicidad gratuita para toda la vida. Pues lo mismo que los colegios privados de curas que colocan esculturas de alguno de ellos delante para lo mismo. ¿No te jode? ¿Por qué los curas sí y los plumillas de la Hojilla no? Y además… se trata del medio en el que escriben más curas profesionales y amateur por página cuadrada del hemisferio norte después del Osservatore Romano. Bueno, también hay que decir que en eso de contar con curas en la plantilla ya le gana otro medio cordobés jovencísimo, este digital, LA COZ DE CÓRDOBA, escisión plumíllista del Acorazado AWC nacida en los aledaños de la Cuesta de la Traición.

Por cierto, que LA COZ es de los medios que más se han sentido molestos por esa astuta maniobra propagandística de la Hojilla Parroquial y una de sus más agudas y afiladas plumillas les ha mandado una -iba a decir sutil, pero en realidad el arremeto lleva la contundencia de una patá en tos los cojones- pulla en forma de subtitular. Velo ahí:

La muchacha ha llamado al decano de la prensa cordobesa ¡¡¡TABLOIDE!!! Una maldad como esa sólo puede nacer del rencor reconcentrado de un medio sacristanesco y pellizcomonjil como LA COZ. Como esa denominación puede usarse inocuamente cuando el medio al que se refiere usa determinado tamaño de página y no es el caso de la Hojilla, habrá que pasar a la siguiente acepción: Publicación sensacionalista y poco seria. ¡¡¡Cuánto odio, Dios mío, cuánto odio en el medio periodístico cordobés!!!

Me dice un amigo biempensante que el uso de término TABLOIDE en este caso no se debe a una voluntad de herir la sensibilidad de un medio de la competencia, sino de puro y simple niputaideísmo, que la muchacha se fumó la clase de la facul el día que explicaron eso de los formatos de los diarios. No sé yo, no sé yo…

Tropiezo camino del Bulevar con otro viejo amigo, de esos del colmillo retorcío, que viene echando espumarajos por la boca. Es delirante -me dice- y desde luego completamente sintomático del espíritu que reina en Salmorejistán, el que se construyera un templo a la creación artística contemporánea (fantasmagórico lógicamente) que costó una millonada y esa creación artística contemporánea brille por su absoluta ausencia en la vida pública, concretamente en la calle. El estilo remordimiento, el decimoonanismo costumbrista y el oscurantista barroco son lo único permitido en los espacio comunes de esta ciudad. Cualquier avance estético público se mira sistemáticamente por encima del palillo de dientes.

Como no hay nada que meter -continúa- ni nada que que crear en ese Centro de Creación Contemporánea, porque, como dicen los viejos sabios populares del lugar de donde no hay no se pué sacá, por eso van a trasladar allí la filmoteca de Andalucía, probablemente el único organismo cultural que tiene un sitio de lo más adecuado y que funciona con discreción pero con eficacia en Córdoba.

Pues más razón que un santo por más que sólo de pensarlo se le puede reventar el hígado a cualquiera y que este día feliz no es momento para amargarse.

Por último, varios senequistas (variante cordobesa de la malafollá granaína o la esaboriúra sevillana), que me encontré en la inauguración, de lo que rajaban y descosían costuras era del hecho de que ese periódico lo que celebra con esa humorística escultura (¡ay qué risa!) es el aniversario de que hace por estos días 75 años unos malnacidos tomaran por asalto y robaran la redacción de un periódico republicano y fusilasen a su director y a otro redactor. Y de que acogotasen a la plantilla que no se había significado demasiado en su ardor demócrata, echasen a la calle a la que sí y la sustituyesen por una panda de hijosdeputa con camisa azul y cangrejo en la pechera que estuvieron justificando un genocidio por cuarenta años. Algo de lo que nunca en ese periódico se ha hablado.

Desde luego hay que ser insonrrible para en un día tan emotivo y lleno de alegría como este de la inauguración de la estatua humorística de la MUJER CAGANDO MIENTRAS LEE LA HOJILLA PARROQUIAL ponerse a recordar esas cosas tan desagradables que sólo sirven para reabrir heridas y echar vinagre peleón en ellas…

miércoles, 29 de junio de 2016

Nueva figurita para el belén caspocutre cordobés

Era justo lo que Córdoba necesitaba y demandaba en estos históricos y dramáticos momentos prehecatómbicos, un nuevo bibelot estatuario. Una nueva figurita del belén callejero caspocutre cordobés. Después de haber llenado la ciudad de estatuas de curas, de apulgarados paleocordobeses, de resucitados romanos, le toca ahora el turno a los flamígeros bigotazos de los próceres empresarios locales de siglo XIX. A Don Carlos Carbonell y Morand, que ni siquiera fue el fundador de la fábrica que lleva su nombre, y de cuyos posibles méritos para que se le levantara estatua nadie dudaría... si se le hubiera ereccionado hace 100 ó 75 años. Como se hizo en su momento en Málaga con el inventor de la ginebra de nuestros primeros cubatas y que acabaría justicieramente en el fondo de mar por un tiempo sustituido por el monumento al trabajo de los obreros que lo hicieron rico.

El hecho de que se le levante estatua ahora, en el siglo XXI, a semejante prócer local muerto hace 100 años tiene como razón de ser el interés de una empresa privada de contar con un magnífico anuncio publicitario en pleno centro de la ciudad y mantenido por el Excelentísimo Ayuntamiento aprovechando aniversario redondo. Algo parecido a los anuncios-estatuas de curas en las puertas de los colegios privados que se han venido colocando en los últimos años. Y al esfuerzo de alguno de esos emprendeores locales que lo único que emprenden de verdad son campañas para levantar estatuas a alcaldes fascistas o a rejoneadores asesinos.

Desde luego no ha habido que encargar la escultura, un busto de bigotón sobre peanaca, porque el muñeco ya existía desde hace eso, 100 años, y lucía su porte empresarial a la entrada de la propia fábrica de Carbonell. Al menos no se trata de obra de estilo remordimiento, aunque el hecho estético y moral de levantarla ahora sí que pertenece al estilo cordobés por antonomasia. Y desde luego es obra de mérito, ya que su factura se debe a Mateo Inurria. Lo suyo, si la empresa quería donarla a la ciudad, es que hubiera acabado en el Museo de Bellas Artes, junto a otras del mismo autor.

Hay que volver a recordar a ver si a algún miembro presente y pasado responsable de los honores cívicos de nuestro ayuntamiento se le cae por fin la cara de vergüenza que el último alcalde republicano de la ciudad, el socialista Sánchez Badajoz, perseguido como un perro por los falangistas cordobeses y dado por fin caza, fue fusilado por defender la democracia y no cuenta ni con una miserable plaquita de recordatorio de su pasión y muerte y sus causas, no ya en la puerta misma del consistorio, el lugar ideal, sino incluso en alguna pequeña dependencia del templo cívico por antonomasia. Los herederos de los que lo fusilaron, herederos de bienes y de ideas, siguen siendo los amos de la ciudad, esos que deciden qué se homenajea y qué no, a quién se le levanta la estatua y a quién no.

martes, 14 de abril de 2015

La cuestión de las estatuas (ensayo cómico taurino filantrópico)

En los últimos tiempos he tenido muy abandonado el blog –y de paso las visitas a los de los amigos que frecuento-. La causa ha sido el haberme metido de lleno en un par de proyectos de investigación y escritura que tenía en mente desde hace tiempo. Uno de ellos ya lo he acabado felizmente. O sea que por fin terminé mi librito, o más bien ensayuelo cómico taurino filantrópico, sobre la estatuaria cordobesa. Alguno de los dos o tres cercanos que lo han ido leyendo a cachos me recomiendan que lo publique en papel, pero eso es un lío para mí. Y de todas formas yo si hago estas cosas no es por afán de notoriedad o quedar “empapelado”, sino de disfrutar en el proceso, entreteneros a vosotros y si algún facha pica molestarlo lo más posible.

Creo que se me ha quedado curiosito, además de exhaustivo. Lo mejor, sin duda, el estudio del principio de los intentos de ereccionar estatua a Lagartijo y las descacharrantes reacciones que en la ciudad provocó, y que vienen a pelo y deseo que sirvan de contribución a la magna exposición que sobre el matarife fino en el Museo de los Horrores Taurinos se viene celebrando.

Si alguien está interesado en su lectura lo pongo a su disposición gratuita y graciosamente en dos formatos: en página web con todo el aparato fotográfico correspondiente o en archivo .epub para e-reader, con sólo las imágenes de los recortes de prensa histórica.

Hala, que lo disfrutéis u os ponga del hígado, según ca cual y sus cacualadas…

MODELO WEB

MODELO EBOOK

lunes, 23 de febrero de 2015

Córdoba decimonanista

Ni con todo el sulfuro de selenio del mundo podría eliminarse la caspa que cubre el pelazo moral de Andalucía.

Fuentes bien informadas infiltradas en el Antro Munisipal confirman que aquella terrible amenaza -más bien maldición babilónica- que nos lanzó Sandokán en su campaña electoral de sembrar la ciudad con las cincuenta y tantas estatuas de estilo remordimiento de cordobeses ilustres que el escultor vaticanista local Marco Augusto tiene listas en su estudio de Piedrasanta para ser convenientemente empedestaladas a una orden suya, puede haberse reactivado. Parece, pues, que vamos a asistir a la erección de nueva estatua en Córdoba y que ya está surgiendo a golpe de gubia y martillo del pedazo de bloque de blanquísimo mármol que el artista ha ido a mercar a la propia Carrara. Nada menos que dedicada a Claudio Marcelo, el general romano que la fundó. Como todo el mundo sabe es justo lo que Córdoba, patricia urbe histórica de capital importancia con más de cinco mil años de existencia pero que ni siquiera cuenta con un Museo de la Ciudad –como si tiene verbigracia la vecina Badajoz- o un plan de explotación de yacimientos arqueológicos que no pase por el arrasamiento puro y duro de los restos, necesita. Más que nada para seguir la tradición que cultivan secularmente sus autoridades –de todos los colores- de convertir su cultura y su historia en un catálogo de rancias actividades carpetovetónicas y siniestros españanegrismos u homenajes de esencia decimonónica a la apulgarada memoria de sus preclaros hijos y la de supuestos benefactores hace siglos difuntos. O sacrificar su dignidad al Moloch del turismo de masas. Córdoba como pastiche. Córdoba kitsch. Cordocaspa. Capital de reaccionarismo estético. Y también del ético. Onanismo decimonónico.

La estatua presidirá el trampantojo anastilósico del templo romano de la calle que lleva el nombre del homenajeado a la espalda del propio Antro Munisipal. Como todas las demás obras del autor esta escultura emitirá un discurso rabiosamente vanguardista que reside en nuestros días en una factura de acojonante realismo, tanto que seguro servirá de entretenimiento buscarle parecido con alguna gloria local actual. Aunque esperemos que no se parezca a ninguno de los lumbreras locales que la han encargado o al menos no al modelo de arcangélicas esculturas fuengirolinas por antonomasia: Sandokán. Por cierto que nuestro pirata malayo está loco de contento con la idea, porque se considera a sí mismo, mano a mano con los propios Papas, mecenas del artista, varias de cuyas obras se erigen imponentes en el Paseo de las Esfinges que da entrada al Palacio de la Chilindrina China, también conocido como Arenal 2000. Pesiosas. La erección se completará con un teatrillo que durará varios días en el que el autor dará los últimos martillazos en la propia ubicación in situ de la obra ante el curioso público que sin duda convocará esa genial idea de nuestro impagable concejal de Casco Antiguo, o más bien Jurásico. Sandokán por su parte ha propuesto que a ese san Claudio Parselo se lo nombre santo patrón de los colonos de chalete y piscina ilegales de la exvega cordobesa.

Pero si la amenaza de esa erección ya está prácticamente cumplida hay otra que pende sobre nuestras molidas paciencias como una faca de muelles de Damocles. Porque a quien Fray Jaén Paleocascorro, nuestro brillante politoxicofrade concejal de Asuntos Estatuarios y más aguerrido adalid del nacionalcatolicismo municipal rampante, tiene en la cabeza erigir estatua en Córdoba es a su ídolo espiritual e histórico y personaje de rabiosa actualidad: el Rey Fernando III El Santo. Se lo cuenta a todo el que entra en su despacho. Y la tiene tan en la cabeza que ya la ha diseñado y todo. A caballo y blandiendo temible espada matamoros. Lo que no sabemos es en qué privilegiado lugar de la ciudad el trigeminado (pertenece a tres cofradías) concejal la colocaría, pero mucho me temo que tiene el centro mismo de La Corredera en mente. Como purgativa corrección del desagradecimiento secular de los cordobeses que nunca decidieron homenajear como merece –lo que sí hicieron los sevillanos- a quien restituyera al catolicismo esencial español la ciudad que le arrebatara la pérfida morisma siglos antes. Lo cual no tendría más importancia si no fuera porque fue esa guerrera acción la que permitiría que 780 años después se celebraran en Córdoba cincuenta procesiones en la Gran Semana Gore, doscientas cincuenta extraordinarias a lo largo del año y las varias docenas de infantiles organizadas por los colegios públicos y privados de que disfrutaremos en nuestras calles en breve.

A ver, Fray Jaén, te voy a regalar una idea para inmortalizaros al alcalde y a ti si conseguís hacer ereccionar al Santo Rey. Al caballo real hacedle esculpir dos buenos cojones, más grandes aún que los que luce el del Espartero, y a vosotros que os inmortalice en bronce, cada uno debajo de uno de ellos en la famosa pose de Rómulo y Remo bajo la amamantadora loba del Capitolio de Roma, con las manitas tal cual y todo… ¿A qué mola? De nada, hombre.

sábado, 3 de mayo de 2014

CORDOCASPA: Monumento a la CAÑILATA


Hay mucho malafollá que anda por ahí diciendo que si Córdoba descolló altamente como cuna de grandes literatos y filósofos en lo que es el campo de las ciencias siempre nos comimos una mierda. Mentira cochina e infundio doloso. Sólo hay que peinar las largas guedejas de la Historia para encontrar más casos en el peine que liendres en el de un niño de posguerra.

Pues puede afirmarse sin rubor que fueron ingentes los aportes cordobeses en el campo de los grandes inventos a la Humanidad. Fue un cordobés, Ibn Firnas, el primer humano real que voló con unas ALAS ARTIFICIALES, aunque se rompiera la crisma en el intento. Un santo varón, Ambrosio de Morales, fue el inventor allá por el siglo XVI de la autocastración radical preventiva de tentaciones usando la afilada tapa de un BAÚL MONOVOLUMEN CONVENTUAL POLIVALENTE. Ya en el siglo XX fue un cordobés anónimo quien inventó el utensilio de cocina conocido como PEROL RABÚO mediante el ingenioso arreglo de añadirle un largo rabo a una perol de asas, lo que le permitía guisar borracho un arroz en el campo sin quemarse los güebos. Pero sin duda su mayor aporte a la historia de la Humanidad en el campo de la ingeniería hidráulica universal fue la CAÑILATA, un utilísimo artilugio formado por una o más cañas de escobón empalmadas, coronada por una lata vacía de conservas correctamente atada a su extremo y que sirve para regar las macetas más altas de los patios cordobeses.

El origen del invento se funde con el propio del Festival Florido por antonomasia cordobés. Todo el mundo sabe que la Fiesta de los Patios la inventaron allá por los años veinte un puñado de ociosos señoritos cordobeses hijos de la burguesía vinatera, prácticamente la única que existía en aquellos tiempos al oeste del Pedroches. Decidieron montarse esta alegre camada amante de la farra un jolgorio anual en forma de viacrucis borrachuzo por los patios de las casas de vecinos donde penaban su miseria los pobres de la ciudad, muchos de ellos obreros y obreras explotados secularmente por sus estirpes. Para ello y para convencer a las mujeres de que blanquearan y adornaran profusamente las paredes de sus humildes viviendas con macetas organizaron un concurso en el que se donaría un buen puñado de duros al patio resultante ganador. Con ello mataban tres pájaros de un tiro: mantenían a un buen número de pobres entretenidos en el sano cultivo del primitivismo decorativo de la cal y la gitanilla libres de las tentaciones reivindicativas, se lo pasaban teta ellos mismos y de paso daban salida más fácilmente a los vinos de sus bodegas familiares.

El problema vino cuando el afán por ganar el premio llevó a a aquellas vecinas a colocar macetas en sitios inverosímilmente altos, para cuyo riego necesitaban altísimas, artesanales y peligrosas escaleras de mano. Fue la dolorosa sangría de mujeres, principalmente abuelas, que morían escoñadas cada año por caída de escaleras lo que llevó a un genio anónimo a inventar ese artilugio, la cañilata, mediante la que se podían regar las más altas macetas sin peligro de escoñamiento.

Es de agradecer por tanto que el Excelentísimo y Casposísimo Halluntamiento de Córdoba dedique una escultura a tan excelso invento que tantas vidas ha salvado, siguiendo la estela que abriera su antecesora la corporación marxista-folklomeapilista que llenó la ciudad de esculturas de estilo Remordimiento dedicadas a enaltecer el recuerdo de los PALEOCORDOBESES: las aguaoras de la Mersé, el rijoso cura apandaniñas de las Cañas, el vampiro coplero de San Basilio, el correoso matarife fino Lagartijo, el aparador narcocofrade de san Pedro y el Viejo de los Helados de la plaza del Zoco. Todos ellos colocados en los tiempos felices en que nos gobernaba aquella alcaldiosa de la mueca congelada y la chaquetiya colorá conocida como Santa Rosa da Grima que tanto hizo por la extensión del NACIONALCASPOCATOLICISMO que ella misma profesaba. Y cuya senda han seguido fielmente los miembros neofanquistas peperos que nos gobiernan estos atribulados días. Como muestra LA ÚLTIMA IMAGEN que nos han dejado y en la que encontramos incluso alguna socialista y no precisamente despistada.

De propina el escultor, especialista en dotar de detalles humorísticos a sus obras, ha colocado un cubo a los pies de la portadora de la cañilata con el fin de que evacuen cómodamente en él todos los borrachuzos que pasan por la zona de los bares, cruces o patios evitando hacerlo sobre las fachadas de las casas del vecindario.

OTRAS ESCULTURAS URBANAS ERIGIDAS A LOS PALEOCORDOBESES


Escultura dedicada al amor sacerdotal por los niños que representa a un cura apandando dos niñas listas para ser catequizadas en la soledad de la sacristía. Costumbre tradicional del rancio clero local. En la plaza de las Cañas. Inaugurado por doña Rosa Aguilar, cuando oficiaba de alcaldiosa.

Monumento al vampiro castizo, recitador de apolillados versos pseudolorquianos y otras ranciedades folklofrikis a prueba de estropajos de aluminio. Fue erigido en la Puerta de las Caballerizas Reales por presión hiperpesada de una docena de amigos de la ca(s)pa cordobesa. También en tiempos de la acaldiosa

Monumento a un matarife fino de finales del XIX aficionado a matar borricos en plena calle cargados de carbón clavándoles en el vientre una horca campera para destriparlos y así reírse de la desesperación de sus dueños, los carboneros pobres que bajaban de la sierra tras varias jornadas de agotador trabajo para mantener a su prole, antes de darles un puñado de duros para que lo repusieran. Por esta y otras hazañas por el estilo que hacen mucha gracia a los aficionados al espectáculo de convertir un hermoso animal en una morcilla sanguinolenta, nuestra insigne alcaldiosa llego a tildarlo en su inauguración de "progresista avant la lettre". En la calle Osario.


Maravilla de estudio kitsch folklofeminista en las que unas figuras de maniquíes de escaparate posan en posturas deliciosamente retro ejerciendo las labores propias de las mujeres liberadas cordobesas. La ripiosa, apolillada loa poética a su espalda, obra de un prejurásico erudo local, ponen la guinda cultureta. En el Campo de la Merced, frente al palacio de la Diputación.

Descacharrante y truculento aparador dedicado a un oscuro imaginero del siglo XVII en el lateral de la iglesia de San Pedro, obra cuya pomposidad dramático-cofrade homenajea irreverentemente la ya afortunadamente extinta pasión por las procesiones gore que recorrían la ciudad cuando los dinosaurios de la superstición y la idolatría dominaban la Tierra. Anteriormente ofendió la vista de los viandantes en la Plaza de las Doblas de donde fue retirada por petición de tirios racionalistas que organizaban minutos de risa frente a él y por troyanos narcocofrades que preferían la cercanía del barrio donde vivió el representado
Monumento a un entrañable y apulgarado personaje cordobés: el Viejo de los Helados, representado con uno en la mano en el acto de aplicarle un sonoro lametón, como solía hacer cada hora en su esquina mientras contemplaba enternecedoramente a las niñas de la plaza jugando alegremente a la comba. Como detalle curioso podríamos apuntar que sirvió como modelo al escultor el célebre locutor franquista Matías Prats. En la plaza del Zoco.

jueves, 9 de enero de 2014

Justicia estatuaria en Córdoba

Córdoba cambia la escultura del Gran Capitán, el sembrador de calamidades, que presidía su plaza principal, las Tendillas, por otra del Juez Castro, el cordobés que más está haciendo por la regeneración democrática española.

domingo, 26 de mayo de 2013

Córdoba dedica un monumento a una fábrica de roscos

El viernes pasado por la mañana pasé casualmente por la parte de atrás del colegio de curas de la marca SALESIANOS, y en un cruce de calles me encontré esto: un monumento fantasmagórico que hacía una semana no estaba ahí. Consistía en un alto pedestal y en su cima un paquete liado con papel y plástico. Al principio pensé que se trataba de una de esas modernipolleces tan de moda últimamente en otras ciudades, pero que en Córdoba es impensable que alcancen nunca a competir con las únicas que aquí gustan y son posibles: las esculturas de estilo remordimiento. Pero al acercarme descubrí que bajo el envoltorio se adivinaba una escultura de verdad que debía estar esperando a ser inaugurada. Me acerqué y pude leer lo que ponía en el pedestal: A DON ROSCO. Al principio me asaltó la extrañeza de que se le hubiera dedicado en esta ciudad un monumento a un conocido mafioso siciliano, único Don Rosco que conozco. Pero decidí esperar a llegar a casa y encomendarme a San Google. El santo patrón de las búsquedas en Internet me comunicó en un pis-pas que se trataba de UNA FÁBRICA DE ROSCOS. Pues debe ser muy famosa y tener muy merecido el monumento pero que yo no lo había escuchado en mi puta vida, algo por otra parte explicable dada mi nula afición a la bollería industrial.

Lo que no alcanzo a comprender es, dado que las fábricas de los supuestamente ricos dulces horadados están en Valencia y Cádiz, qué relación tiene DON ROSCO con Córdoba y mucho menos por qué un viernes a las 11 de la mañana se celebraba una misa en el patio del colegio de los curas esos con los altavoces a toda pastilla atronando los oídos de todo el vecindario. Pero en mí empieza a ser normal. Porque cada día entiendo menos el mundo en el que vivo.

viernes, 19 de junio de 2009

Córdoba erige un monumento al amor sacerdotal por los niños

No podía ser en otro. Dios tenía que elegir lugar y eligió con su Dedo de Señalar Lugares Benditos a la ciudad de Córdoba. Por directa intervención vicaria en la persona de su entonces alcaldesa la hermana Rosa Joaquina Aguilar que, tras arrastrar como alma en pena una previa existencia encadenada en la oscuridad de la aberración comunista, vio milagrosamente la luz del Señor de la mano de dos santos monseñores que pastoreaban en la ciudad y que la condujeron al camino de la Verdad, Castillejo y Asenjo, el Ayuntamiento de Córdoba ha tenido la valentía de homenajear merecidamente a los sacerdotes que sufren persecución por su demostrado amor a los niños. En estos momentos en que en tantos lugares (¡ay, en la católica Irlanda!) se han desencadenado virulentos ataques de los enemigos de la Iglesia y por lo tanto del Único Dios Verdadero al cumplimiento del cristalino mandato evangélico Dejad que los niños se acerquen a mí y sobre todo su consumación material por parte de los pastores del rebaño infantil de la Iglesia, Córdoba y su renacida alcaldesa sacan la cara por ellos. Para ello decidieron erigir un mirífico monumento en plena vía pública y en el corazón simbólico y físico de la ciudad con el fin de limpiar las inmundicias que las diabólicas mentes de los impíos imaginan y arrojan sobre la misión educativa que la Santa Madre Iglesia encomienda a sus sacerdotes de enseñar a los niños el verdadero amor a Dios que se consuma íntimamente en la penumbra de las sacristías. En los Santos Evangelios Jesús mismo se refiere a ello: Más le valdría que se le atase al cuello una piedra de molino y fuese arrojado al mar al que escandalizase a uno de estos pequeños (Lucas, 17, 2). No habría piedras suficientes para todos los malvados descreídos que últimamente escandalizan a los niños y a sus padres malinterpretándoles torticeramente las muestras de amor de los santos varones sacerdotales por los más pequeños y no tan pequeños.

El artista ha captado perfectamente el espíritu (santo) del asunto y ha concebido una escultura de bulto redondo a pie de calle en la que un padre cura, en cuyo rostro se manifiesta plásticamente el arrebato místico del mandato evangélico, conduce alegremente a dos niñas por el camino de la consumación del amor divino. Los rostros de las niñas han sido concebidos a su vez mostrando una deliberada e inquietante ambigüedad que el espectador puede apreciar apropiadamente cambiando los ángulos de visión al rodearlas, presentando ora un halo angelical ora un destello diabólico, lo que habla claramente de que el artista buscó inspiración en las celebradas teorías de uno de los grandes exégetas del amor sacerdotal por los niños, el obispo de Tenerife, Monseñor Bernardo Álvarez. Y para captar exactamente esa ambigüedad, en un rasgo de genialidad intuitiva encontró inspiración en dos personajes que encajan perfectamente en el perfil de las criaturas representadas: las Gemelas de la película de El resplandor. La flagrancia de dicha inspiración no hace falta señalarla. Las niñas hablan por sí mismas.


Ya sólo queda agradecer a la hermana Rosa Joaquina, ahora que fue destinada por intersección del Espíritu Santo a otros destinos más altos en los que seguir su misión evangelizadora, todo el bien que hizo a la causa católica mientras estuvo en esta ciudad, fructificación milagrosa de su conversión a la auténtica fe, fomentando y subvencionando las devociones marianas, las de penitencia y gloria, colocando en puestos claves a acreditados hermanos en Cristo y en la cofradía, llenando de monumentos católicos las plazas, cambiando los nombres que absurdamente habían llevado durante cientos de años muchas de las calles del casco antiguo por los de Vírgenes, Cristos y Sacerdotes, convirtiéndose en aguerrida bautizadora de catecúmenos cordobeses en la romería del Rocío... Por todo ello ha quedado abierta la Causa para la Beatificación de la Hermana Rosa Joaquina Aguilar, cuyo seguimiento esperamos pronto ofrecer a todos sus devotos en una página web que la Hermana Informática de este convento, Sor Sistema Operativo, está preparando con mucho amor y mucho cariño.

jueves, 26 de junio de 2008

Córdoba y Praga: escultura humorística

Si hay algo que escasea en el mundo de la escultura pública es el humor. Por eso es una suerte que en Córdoba hayamos contado en los últimos años con unos artistas y unas autoridades que aunaron en los últimos años voluntades y talento para llenar la ciudad con la frescura de unas esculturas en las que la ironía, la parodia, el humor y cierta dosis de sana irreverencia son los protagonistas.

Las aguadoras de la plaza de Colón, esa maravilla de estudio kitsch folklofeminista en las que unas figuras de maniquíes de escaparate posan en posturas deliciosamente retro ejerciendo las labores propias de las mujeres liberadas cordobesas. La ripiosa, apolillada loa poética ¡¡¡a la inmarcesible belleza de la mujer cordobesa!!! a su espalda, obra de un prejurásico erudo local, ponen la guinda cultureta.





El descacharrante y truculento aparador dedicado a Juan de Mesa en el lateral de la iglesia de San Pedro, obra cuya pomposidad dramático-cofrade homenajea irreverentemente la ya afortunadamente extinta pasión por las procesiones gore que recorrían la ciudad cuando los dinosaurios de la superstición y la idolatría dominaban la Tierra.





El homenaje, en el arco de las Caballerizas Reales, al paleocordobés, especie semiextinta de cordobita de sombrero d’alancha, alcanforada capa de vampiro, mano en pecho y mirada perdida en el laberinto de la belleza y el embrujo de la tieeeeerra de Juuuulio Romerooooo, pleno de ironía y cachondeíto fino.





El graciosísimos monumento al abuelo de los helados en la plaza del ZOCO, socarrona representación de un jubilado cordobés adicto a las calorías que proporcionan los helados, para el que posó el ciudadano Matías Prats, elegido por su típico bigotillo falangista y porque se pasó toda su vida vida lamiendo uno frente a toda España.





Por ello el encontrar una ciudad hermana de Córdoba en ese gusto por la grasia estatuaria me ha llenado de gozo. Efectivamente en mi reciente viaje a Praga descubrí que en la ciudad de la cerveza y los codillos de brontosaurio existían también una serie de esculturas diseminadas por toda la ciudad de índole irónica o sarcástica pero decididamente irreverentes. Su autor es el escultor checo David Cerny que asombró a la ciudad en 1991 pintando clandestinamente de rosa un enorme tanque soviético (símbolo de la liberación de la ciudad por los rusos de las garras del capitalismo en 1968) colocado en una gran plaza de Praga.

Cerny se caracteriza, al contrario de los escultores cordobesas, más dados a la ironía fina, por su virulenta irreverencia, tal vez por el carácter más recio de los norteños. Entre todas, mi favorita es la réplica a la escultura del rey Vaclav, padre de la patria checa, representado heroicamente en el corazón de la ciudad montando brioso corcel en pose de dirigir los destinos de la nación checa. A menos de 200 mts., bajo una cúpula de la galería comercial Lucerna, Cerny representó al rey montando sobre el vientre de un caballo muerto. A ver quién tiene aquí cojones de hacerlo con el Gran Capitán.





Otra irreverencia de Cerny la supone el conjunto situado frente al museo de Kafka que representa dos figuras de bronce orinando a través de unas pollas articuladas de respetable tamaño que reparten sus chorros encima de una representación del mapa de la República Checa. En España lo linchan, fijo.


Colgando de una sola mano de un palo que sale de un alto alero de la calle Husova se puede contemplar la figura de un hombre en el vacío. Hay quien asegura que se parece mucho a Freud.



La torre de la Televisión Checa fue adornada por Cerny por unos gigantescos bebés gateantes que suben por sus paredes. Una imagen realmente inquietante.



Al otro lado del río Moldava, en un centro de arte abierto en un barrio popular, la Galería FUTURA, puede contemplarse otra de sus obras: una serie de figuras de más de 5 metros, en posición de culo en pompa, en cuyo agujero (del culo) puede meterse la cabeza subiendo una sencilla escalera de mano.



(FOTO DE LA PÁGINA DEL AUTOR)


Cerny forzó demasiado la flexibilidad de sus paisanos con el proyecto de una enorme figura de un hombre masturbándose que habría de ser colocada en el tejado del Teatro Nacional. Declaró que representaba la tendencia onanista del pueblo checo. Si hasta entonces había sido aceptado con franca benevolencia, con este proyecto consiguió que se acabara la diversión y Praga le mostró su mueca menos amigable.

Existen otras esculturas en las calles de Praga, pero su interés es mas limitado. Me gustó especialmente la que conmemora el segundo centenario del estreno de la ópera Don Giovanni de Mozart en la puerta del teatro Nostic.



Junto a la pastelosa y megakitsch Sinagoga Española, construida en un candoroso estilo imitación de la Alhambra, se ha colocado el surealista monumento a Kafka, en el que el escritor es conducido a hombros por su propio traje vacío. Fotogénico a tope, es una de las imágenes más fotografiadas de Praga.




ÍNDICE DEL VIAJE

PRAGA (de cervezas y defenestraciones)
PRAGA (de más cervezas, hipos y brontosaurios)
PRAGA (del turismo artesanal e industrial)
Catolicismo "gore" en Praga
Niño Jesús de Praga: la Barbie antecessor
Córdoba y Praga: escultura humorística

jueves, 22 de noviembre de 2007

Siguen las aventuras de EL HOMBRE RÍO

En la reciente visita que mis amigos Blanca y Juan hicieron a Córdoba de la que ya di cumplida cuenta, y como quiera que hacía tiempo que no bajaban por aquí los llevé a que conocieran las novedades más sobresalientes de la ciudad empezando por la remodelación de las orillas del río, el puente de Miraflores y las obras del romano. Aunque me lo esperaba conociéndolos, me congratuló especialmente el entusiasmo que mostraron por la que ha sido hasta anteayer la escultura urbana que más celebro: El Hombre Río. Digo anteayer porque como todos los cordobeses sabemos, las torrenciales lluvias que sorpresivamente se abatieron a lo largo de todo el último martes sobre la ciudad produjeron una subida espectacular de las aguas del Guadalquivir que, como es su obligación y su costumbre, arrastraron con todo lo que encontraron a su paso. Entre otras cosas con la simpática escultura que ha estado en paradero desconocido hasta que ayer los bomberos la encontraron y rescataron un par de kilómetros río abajo, junto al Molino de Casillas, donde había quedado varada tras una peligrosa travesía pasando por debajo de tres puentes. Su turbulenta historia, pues, continúa.

Leo en algún sitio que la restauración y reubicación de la obra costaría 30.000 €, lo que me hace dudar, aunque sí esperar, que ello no suponga un obstáculo insalvable para su reinstalación. Andaba pensando en qué escribir aquí sobre el tema cuando se me ocurrió mandarle un email a mis amigos navarros con el enlace de prensa que da cuenta del infeliz acontecimiento.

En cinco minutos he recibido su respuesta. No pienso comerme mucho más el coco. Mi amigo Juan nos lo ha dicho de una manera redonda:

Siento lo del simpático bañista de Córdoba y confío en que la autoridad lo recoloque en su sitio; contemplando el puente para velar por el tráfico de coches y peatones de un lado a otro. Su mirada de hedonista plácido resulta mucho más estimulante que la de cien Sanrafaeles en pie de guerra y pertrechados en su plumífera estructura.

miércoles, 20 de junio de 2007

Estatuaria: el Séneca de Barrón

Yo ya evacué mi parecer sobre el tema de la escultura hace tiempo. Podéis consultarlo AQUÍ. Pero una vez perpetrado el hecho me he interesado por el tema de su inauguración y sobre todo, de su ubicación. Séneca seguirá enseñando (ahora en bronce) al torvo Neron a ser persona por los siglos de los siglos en una aisladísima isleta de los Llanos del Pretorio.

A la inauguración asistieron muchas personas, casi todas profesionales de la inauguración, entre las que brilló con luz propia el Teniente Alcalde de Cultura y Catedrático Aficionado de Situacionología Aproximativa Grecorromana por la Universidad de Yaledigo quien ha afirmó que la ubicación de la estatua está muy ligada con la cultura romana, pues se sitúa próxima a la Puerta del Fonsario, actualmente denominada calle Osario, y que era el lugar de donde partía la Vía Minera o Camino de los Villares, llamado así por las villas romanas que se extendían por la sierra. También cercana a los Llanos del Pretorio está la villa romana que ha aparecido en la calle Algarrobo, mientras que en este mismo área de la actual Huerta de la Reina se descubrió el sarcófago romano que se expone en el Alcázar de los Reyes Cristianos.

Posteriormente frente a unos canapés y un rebujito nuestro flamante inaugurador apuntó en petit comité que la ubicación era la más romana de las posibles en esta ciudad porque además de todo lo anterior el lugar es conocido de antiguo por ser el lugar favorito de los gatos romanos desde generaciones para alzar la pata y dejar el marcaje mingitorio. Además recientemente se ha encontrado una copia de una perdida hagiografía del filósofo obra del eximio polígrafo Salcaedum Ferrum, que alcanzaría el grado de Chronista Oficialis Beticorum, quien dice textualmente que

CVM FRECVENTIA SVMMA PARVUS LVCIVS ANNEO CVM PEONZAM LVDABAT IN PLANVM PROXIMVM PACCVM CAERECCVM TABERNAE CVIVS CALAMARIS IN OLEGINOSVM SVCVM COQUINABAT ATQVE DELITIA PALADARIS CORDVBENSIS TOTIS FACIEBAT.

Y, esto entre nosotros (bajó la voz hasta convertirla en un hilo susurrado), poniéndola tan lejos de todo... nos aseguramos que algún turista tenga que pernoctar para verla.

Como puede verse no hay lugar más romano de entre todos los romanos lugares cordobeses que los llanos del Petrolio y allí que se fueron lógicamente nuestras insignes lumbreras a colocarlo. Pero a mí, ya puestos, me hubiera gustado un lugar más..., menos romano quizás, mirusté, pero más... sercanito, más... cómo le diría yo a usté, más... recogidito, más... pegadito al lugar donde la santa tradición coloca la casa familiar del filósofo emigrante, ¡coño!.

Tal que aquí:



martes, 8 de mayo de 2007

La estatua más grande de Córdoba

Al calor del recuerdo de la (pena, penita, pena) muy tristemente desaparecida estatua del ministro Barroso y Castillo obra de Mateo Inurria de los Jardines de los Patos me ha venido de sopetón el de la que parece ser la escultura de mayor tamaño (14 mts) de la que se tenga noticia que se erigiera nunca en Córdoba. No se andaban con chiquitas nuestros aún barrocos paisanos del siglo XVIII. Para los que acusan de gusto faraónico y de megalómanos del cartón piedra a los amantes de las hiperkitsches portadas feriales, ahí tenemos la colosal escultura del Coloso de Rodas que levantaron en la calle de la Feria (atrozmente renombrada después como San Fernando) nuestras pelotilleras autoridades de la época en honor del rey Carlos IV con motivo de su coronación (1788). Supongo que la colocarían en la Cruz del Rastro, sirviendo como arco triunfal. Por cierto, ¿qué carajo tendría que ver el tal Coloso de la coqueta isla griega con la ciudad de la Mezquita o con el afartuscado rey de marras?

viernes, 4 de mayo de 2007

La mejor escultura funeraria cordobesa

Que en los cementerios existen exquisitas obras de arte ocultas a la vista de los paseantes callejeros, como corresponde al fin y al lugar para el que fueron pensados, es sabido de sobra. Que el de Córdoba no es una excepción, ya no lo es tanto. Pues sí, atento internauta: a la multitud de pequeñas obras, muchas sin firmar, de un Mateo Inurria que durante su juventud se dedicó a labores lapidarias y a la sobrecogedora última morada del gran Manolete obra del prolífico Juan de Ávalos se suma desde hace poco el que ya es sin duda la mejor escultura funerafia de Córdoba.



En uno de los tristes patios del camposanto cordobés de San Rafael reposan los restos de los miembros de una conocida familia cordobesa que con una discreción exquisita se han hecho construir un magnífico mausoleo donde disfrutar del sueño eterno. La obra es de un autor aún desconocido, pero que sin duda, cuando se le haya valorado suficientemente, como intenta humildemente este post, se convertirá en una gran figura de la escultura nacional contemporánea.

El conjunto está construido en refulgente mármol blanco y conforma una estructura de tipo clásico grecorromano en el que en un fondo de templo impecablemente dórico con fronstispicio rotulado con el nombre familiar, columnas acanaladas y severos arcos de medio punto, se alza la figura esculpida en bulto redondo del patriarca, en una pose asombrosamente natural. Es esa naturalidad de la estatua la que nos sobrecoge, porque nunca pudo haberse dicho con tanta justeza el dicho popular de parece que va a echarse a hablar. La mirada perdida en el horizonte esbozando sutilmente un pensamiento profundo, la mano imperceptiblemente acogida en el bolsillo del pantalón y la perfección de los pequeños detalles (botones, arrugas, ojales) nos hacen comprender que nos hallamos ante una obra mayor de la escultura hiperrealista posmoderna.

Pero sin duda lo más inquietante del conjunto es esa mesita de precioso pie torneado en la que reposan varias barajas de cartas y en cuyo borde se ha grabado la misteriosa leyenda: CASINO BUCHON. Dicen que a los difuntos chinos sus familiares les llevan a sus tumbas reproducciones de los bienes que más disfrutaron en vida: billetes de banco, automóviles, manjares... para que los sigan disfrutando en la otra vida ¿Tendrá algo que ver esta leyenda con esa creencia? Por que si no, ¿qué intrigante secreto, qué simbólico misterio, qué oscura alegoría esconderán entonces esas palabras?

jueves, 3 de mayo de 2007

Mateo Inurria y el pobre Barroso y Castillo

En homenaje a nuestro más insigne escultor local, Mateo Inurria, del que se cumplen estos días... ¡anda la ostia!, pues parece que no se celebra ná, ni cincuentenario, ni centenario, ni terry, ni fundador. Por lo menos San Google no me da ningua pista. Bueno, pues nada, parece que a alguien se le ha ocurrido organizar un pollo monumental alrededor de su figura sin ninguna excusa efemeridial. Ya me gusta la idea nada más que por eso. Bueno, pues estos días se celebra un CONGRESO (2, 3 y 4 de mayo) sobre su vida y su obra y del 5 de mayo al 5 de Julio una MAGNA EXPOSICIÓN de más de 300 obras suyas en diversos lugares de la ciudad.


BARROSO Y CASTILLODe entre todas las obras del maestro Inurria yo tengo debilidad por una que no me dio tiempo a conocer. Fundamentalmente porque duró erigida menos de lo que dura una saliva en una plancha. Se trata de un monumento que estuvo colocado en los Jardines de la Agricultura, justo en el mismo lugar que hoy ocupa el bar Playa. Una enorme aparador en honor al Ministro Barroso y Castillo (1854-1916). Ya sabéis, el desconocido titular de la famosa calle de Ciudad Jardín. Pues resulta que este señor fue ministro de la corona a comienzos del siglo XX, representante de la burguesía cortijera caciquil cordobesa que a su muerte, agradecida, decidió hacerle un monumento. Por suscripción popular. Ya te digo: todo el mundo a pagar. Se le encargó la obra a Mateo Inurria, quien diseñó un aparatoso aparador del gusto de la época en la que junto a la figura sedente del faraónico político cordobés colocó las esculturas alegóricas del Arte, el Trabajo, la Agricultura y el Comercio. Se inauguró el 24 de octubre de 1918.

Eran aquellos tiempos revueltos en que las masas obreras y campesinas empezaban a tomar conciencia de su fuerza frente al poder explotador de la salvaje burguesía que soportaban y a luchar con decisión contra la red clientelar del caciquismo que les robaba sistemáticamente su representatividad. No sabían aún que cuando esa burguesía se sintiera verdaderamente en peligro no dudarían en echar mano a los afilados dientes de sus perros guardianes: su ejército, que por el momento estaba entretenido matando moros. Pues eso exactamente fueron los golpes de 1923 y 1936.

Pero mientras avanzaban de victoria en victoria. Entre 1916 y 1919 se sucedieron una serie de movilizaciones sindicales con huelgas y manifestaciones. En marzo de 1916 10.000 obreros (qué sindicato tiene hoy los riles de juntar tantos) tomaron el centro de la ciudad y asaltaron el Ayuntamiento. El 17 de marzo de 1919 en el transcurso de una de las manifestaciones, las masas calentadas y enardecidas apedrearon el Círculo de la Amistad, el Círculo Mercantil y el Círculo de Labradores, los tres circulitos del poder de los caciques y después se dirigieron a los Jardines de la Agricultura a presentarle sus respetos al flamante símbolo monárquico-burgués. Del monumento a Barroso y Castillo no quedó ni una china. 5 meses duró el pobre en pie.

Hombre, yo reconozco que estuvo muy feo eso destruir tan valiosa obra de arte, pero, chico, es que los caciques tampoco ponían nada de su parte y se dedicaban nada más que a tocarles los cojones a los pobres obreros, explotándolos leoninamente, matándoles de hambre, robándoles las elecciones, mandándoles a los guardias cuando abrían la boca, en fin, que no digo yo que los obreros no se portaran como unos cafres, pero que, joder, es que la burguesía... se lo estaba buscando. ¿Qué les costaba hacer un poquito la vista gorda a la revolución?

1919: manifestación anticaciquil en la calle Claudio Marcelo

1919: manifestación anticaciquil en la calle Nueva.

La erección de la escultura a Barroso y Castillo fue, por otra parte una de las cuatro patas del banco que el caciquismo dominante y sus aliados levantaron en el primer cuarto del siglo XX, en la cima de su poder, para autoglorificarse y dejar sentado que no sólo eran los amos del caballo, del cortijo y del fusil, sino que también tenían el monopolio de la emisión de simbología urbana. La casta política se erigió el monumento destruido al carca ministro (Inurria, 1918). La casta militar la del eficiente sembrador de calamidades don Gonzalo Fernández de Córdoba, alias el Gran Capitán (Inurria, 1923), la casta vaticana la tronante del protoinquisidor obispo Osio (Coullaut Valera, 1925) y la cultural la del Duque de Rivas (Benlliure, 1929), el más certero ripiador al este del Guadiana.

Todos contentos y perfectamente representados. Bueno la casta política y el pobre Mateo Inurria nunca superaron el berrinche. Pobricos.

miércoles, 28 de febrero de 2007

MANOLO VALDÉS EN CÓRDOBA







En el Bulevar del Gran Capitán. El otro día agarré mi cámara y les hice unas fotos. El día estaba así de gris... Una magnífica muestra de obras del escultor valenciano hasta el 15 de marzo. Ya podían adquirir alguna nuestros munícipes para el desolado Paseo de Córdoba. Quien quiera acceder a los trípticos editados para el evento puede encontrarlos AQUÍ.

martes, 20 de febrero de 2007

PALEOCORDOBESES

La conversión del Excelentísimo Ayuntamiento izquierdaunidista cordobés al casticismo folklórico tiene su trasunto o su viceversa en la milagrosa transformación evolutiva del look de su incombustible Concejal de Ferias y Festejos, Marcelino Ferrero, que desde el mioceno democrático viene lidiando con garbo y gallardía con la celebración de nuestros idiosincráticos peroles y romerías. Efectivamente, al igual que aquel personaje de Woody Allen, Zelig, un verdadero mutante dotado con la habilidad de metamorfosear su cuerpo y su personalidad para imitar a quienes lo rodeaban, nuestro inefable concejal ha ido viendo transubstanciarse en los larguísimos años de su mandato su aspecto originario de rojeras culipaneado en el de un alcanforado pregonero de glorias locales. Es evidente que el continuo roce con correosos cofrades, orodentados presidentes de peñas, beatíficos amigos de geranios y gitanillas, infatigables organizadores profesionales de peroles multitudinarios y demás fauna sierramorenista a que le obliga su sufrido oficio ha obrado el prodigio. El resultado sólo es perceptible para los que conocimos su aspecto original en los heroicos tiempos de la Transición cordobesa y se ha materializado en un inconfundible aplastamiento capilar superior por efecto de la gomina, la frondosa proliferación de caracolillos ensortijados traspescueceros, así como por el progresivo cruzamiento delantero de sus chaquetas de inaugurar, la misteriosa aparición en ellas de unas enormes insignias de oro solaperas y un rapsódico movimiento de manos como el que preludia el arranque del himno de-la - tie-rra – de - Juuuulio Romerooooooo. Perfecto Guardián de las Apolilladas Esencias Raciales Cordobesas. Yuhtéqueloveapormuchohjañoh.

Su jefa, la alcaldesa Rosa, aunque sin mutar afortunadamente aún en rafalita de manual, tampoco se arredra ante la lluvia de caspa y de casticismo palominero. Tuvo un momento de gloria cuando se atrevió en una única ocasión a lidiar con la jauría futbolera cordobesista en la propia zahúrda de El Arcángel en la más grande ocasión de miseria machista colectiva de que guardan memoria las crónicas de esta ciudad. También fueron memorables su sacada a hombros (supongo que obligada por las circunstancias, al calor del perolillo, pero no por eso más justificable) de un santo en romería en una ma-ña-na flo-ri-da de abriiiil y su acompañamiento en procesión a una virgen por las calles cordobesas, bastón de mando consistorial incluído. Pero de lo que guardo más entrañable recuerdo es de su inenarrable discurso ante los más conspicuos guardianes de las esencias taurinas en la inauguración del busto a Lagartijo en la calle Osario, en el que condecoró con el título de progresista de pro y avant la letre al apolillado fino matarife cordobés.

En el campo del mobiliario urbano no se andan tampoco con medias tintas. La apolillada caterva de castizos no cejó hasta conseguir que la inmensa mayoría de las esculturas urbanas que el Ayuntamiento ha colocado en la ciudad respondan a sus cánones estéticos y éticos. Y el Ayuntamiento, encantao, oyes. Guardián de las esensias. El ya mencionado monumento erigido ¡en pleno siglo XXI! al matarife fino Lagartijo en la calle Osario no fue el menor de los insultos a la ética y estética ilustrada. Lo superó en bizarría pleistocena el mamotreto cofradiero a Juan de Mesa que incluso, como es natural, ha procesionado en menos de un año de la Doblas a San Pedro, aunque eso sí, lástima lástima, sin el reglamentario acompañamiento de banda de música como hubiera sido lo suyo.


Pero desde luego, el más alto punto pintoresco-sentimental lo ha puesto recientemente la erección de dos conjuntos escultóricos callejeros dedicados a los paleocordobeses y paleocordobesas, a la memoria de las especies de cordobeses y cordobesas extinguidos y extinguidas o, pena penita pena, en vías de extinción. Uno representando a dos raciales mujeres de belleza y seriedad julioromerescas, de moño, mantilla y cántaro a la vera de una fuente, que pueden disfrutarse en los Jardines de Colón frente al palacio de la Diputación. Y olé. Y el otro sembrado ante el arco de Caballerizas Reales, a la entrada del barrio de San Basilio, representando a un cordobés jurásico, con capa y sombrero d’alancha y la mirada perdida en la contemplación mística de las inmarcesibles bellezas de Córdoba cristiana y mora, pero también romana y judía, pero también romera y calé, pero también serrana y morena, pero también..., emblemático del casticismo de jaca y reja, de callejuela y rosal, de pozo y limonero, de tu marquesa y yo gitano. La imperecedera Córdoba eten-na del alcanfor en los bolsillos. Esa que algunos pensábamos que dormía el sueño justo de la nostalgia, pero que se ha destapado como vivita y coleando y a la que alimenta con extraño, pero desmedido mimo nuestro Ayuntamiento de izquierdas.

Ya te digo... ¡Viva la polilla!



miércoles, 3 de enero de 2007

La guerra de los mundos

...........NAVIDEÑOS.............................ANTINAVIDEÑOS

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Cáceres

Ya dije el otro día que me gustaba Cáceres. Que siempre que la visitaba la disfrutaba sensatamente, despacio y con mimo. Pero un tipo berrinchoso como yo, que a algunos de vosotros, improbables lectores, incluso sé que os hago gracia, no podía dejar de encontrar ciertos elementos que consiguieran, piadosamente, ponerme del hígado. Debe ser mi innata, y dañina según algunos, capacidad para encontrar la miseria en los elementos más aparentemente inocentes de la realidad, a veces, como sabéis, con más razón que un santo, aunque otras bordee peligrosamente una insana paranoia de tintes maniaco-persecutorios. En fin, que no todo son ricas tapas de ibérico, dorado patrimonio histórico y afabilidad de sus gentes, en la bonita ciudad del maestro Solano.



El primer oprobio que me inflige la ciudad está en su plaza más hermosa, la plaza de Santa María, en el muro principal de cuya concatedral luce con toda la desfachatez de la mafia católico-franquista el nombre grabado en piedra del ajopringoso fascismo español, ese nombre de pila que impuso como rotundo anagrama la sospechosa camaradería del falangismo español de su jefe y novio ideológico prematura y, tal vez afortunadamente, muerto en los primeros días de la matanza que ellos mismos organizaron. JOSÉ ANTONIO. Una vergüenza grabada en piedra centenaria, que los sinvergüenzas de los curas mantienen con sus dos cojones hueros en su afrenta permanente a la democracia.

Un poco más afuera del casco medieval, contra el muro centenario de otra de sus iglesias, la misma eclesiástica casta capona, aliada esta vez con la carcunda cofrade, ha mandado colocar un espeluznante motivo escultórico que representa lo más siniestro de la superstición católica, antiracionalista y represiva, un tributo a la iconografía inquisitorial, un homenaje a la escatología más pedorra y asquerosa del catolicismo carpetovetónico. Un... un... un... ¡Uf, qué descansao me quedao! Pero ved, ved...


Por otra parte me gustaría saber quién fue el responsable de la otra escultura que se levanta en el centro de la misma plaza. Y si su colocación fue un intento de contrarrestar la siniestra catadura del conjunto nazareno de enfrente con una imagen representativa de la ilustración y la luz de la razón representada por esa vendedora de periódicos que vocea su mercancía para abrir las mentes de los ciudadanos con la información libre y fresca de la libertad de opinión.

A los cacereños no comulgantes con la estética antiilustrada les diría que en todas partes cuecen habas independientemente del color politico de la olla. En Córdoba, con un ayuntamiento de Izquierda Unida, presidido por Rosa Aguilar, se nos afrentó, por cuenta del mismo Consistorio, a los votantes naturales de la izquierda laica y progresista con la colocación de un espantoso aparador dramático-semanasantero, de un gusto deplorable y una simbología atroz, en pleno centro de la ciudad. Tras múltiples protestas, en las que por supuesto participé entusiásticamente, consistentes en organizar cada domingo un minuto de la risa, para cachondearnos in situ de la horrible escultura, sólo conseguimos que la cambiaran de sitio y la arrimaran al muro de una iglesia. Todo para contentar al poderoso lobby casposo-cofrade de la ciudad.