Últimos berrinches del año
En el macrocosmos global el asesinato, verdadera vendetta mafiosa, ordenado por el clan Bush (él quiso matar a mi papá, gruñía lastimosamente el cerdito Jr.) del no menos criminal Sadam Hussein, ahorcado semiclandestinamente después de una farsa de juicio teledirigida por los Capos Yanquis que recibían así su premio por haber servido fielmente a los intereses de la gran industria petrolera y armamentística norteamericana y al lobby judío en la invasión de Irak y derrocamiento del dictador. Que les esté saliendo el tiro por la culata no habla más que de su beocia soberbia y delirante.
En el microcosmos nacional actual la noticia del atentado de Barajas, supuestamente perpetrado por ETA. Aunque la responsabilidad recae exclusivamente sobre los hijosdeputa encapuchados del hacha y la víbora, alguna le salpica al ala más ultraderechista del PP, que se corresponde casualmente con su actual cúpula dirigente, que decidió desde el mismo día de su desalojo del poder utilizar cualquier arma por guarra que fuera para tratar de recuperarlo. Con la complicidad de la Conferencia Episcopal (COPE) y un repugnante vendedor de periódicos (el director de El Mundo). La crispación y la absoluta falta de colaboración con el gobierno en manos de un partido, el PSOE, que se asimila a la derecha civilizada que existe en el resto de Europa, le ha llevado a tratar de tensar la cuerda de las negociaciones con ETA hasta un punto insoportable, en una especie de pinza o pacto tácito entre cavernícolas que al final ha dado sus frutos. Ellos y ETA sí que se entienden bien, porque comparten el mismo talante basado en la inflexibilidad doctrinaria. Bombas y estricta lucha policial son sus armas de negociación.
Otras cosas guardaba para después de fin de año pero ya puesto en faena las excretaré hoy mismo para desahogarme un poco antes de que se unan las manecillas en oración del reloj marcando la primera hora del último día, en que intentaré relajarme un poco, no sea que el hígado se me reviente antes de las doce uvas.
Las declaraciones publicadas postmortem del presidente Gerald Ford me han dejado patidiphuso. Que parece que a los candidatos a presidente de los Estados Unidos se les exige desde siempre un punto de estupidez es algo que la experiencia parece confirmar. Y la lógica, claro, puesto que son sólo meros ejecutores de las órdenes de los lobbys que los colocan en el poder. Pero Ford no fue candidato y sin embargo cumple los requisitos de idiocia necesarios para ello.
Rumsfeld, Cheney y el presidente cometieron un gran error al justificar la guerra en Irak. Pusieron el énfasis en las armas de destrucción masiva. Nunca he dicho públicamente que cometieron un error, pero estaba totalmente convencido de que era un error la forma en la que ellos justificaron lo que iban a hacer. Puedo entender la teoría de querer liberar pueblos pero nunca apartándose de la obligación número uno, nuestro interés nacional. Y yo no creo que debamos ir con las penas del infierno por todo el globo liberando gente, a menos que esté directamente relacionado con nuestra propia seguridad nacional.





