(del laberinto al treinta)


lunes, 27 de marzo de 2017

Santa Saqunda, patrona de los exilios y de las fosas

Por mucho que sigan empeñándose, Ayuntamiento de Córdoba y Junta de Andalucía, el record es ya insuperable, no merece la pena que se esfuercen más. El título de CIUDAD EN LA QUE SE HA DESTRUIDO MAYOR CANTIDAD DE PATRIMONIO HISTÓRICO DEL MUNDO EN MENOR TIEMPO NO DE GUERRA no se lo va a quitar a CÓRDOBA nadie por mucho empeño que pongan en volver a batirlo.

Sin embargo la rutina es la rutina y la Cordobestia no es un animal mitológico de varias cabezas, sino uno perfectamente vivo, pero que necesita para subsistir el cebo del constante rugir de las Poclain arrancando sillares milenarios, pulverizando restos arqueológicos de mezquitas, funduqs, almunias y viviendas califales del siglo X y hormigoneando sus espacios. Pero a la que le repugna el mismo sonido abriendo las fosas de las víctimas del franquismo.

Hoy 26 de marzo de 2017 se conmemora el MCMXCIX aniversario del comienzo de uno de los hechos históricos más interesantes del pasado de la ciudad, desde que los primeros cordobeses comenzaron a batir el cobre en la Colina de los Quemados hasta que el otro día los de Hostiatur comenzaron batirse a hostias para no desmerecer del nombre de la asociación de vendedores de flamenquines y alquiladores de catres locales.

Dentro de un año justo, el 26 de marzo de 2018, se conmemorará el MCC del inicio de la Revuelta del Arrabal (rabadh Shaqunda, 13 ramadán de 202h. - 26 de marzo de 818 dC.), del que tantas veces he hablado aquí en este blog y del que más me vais a oír y leer porque acabo de terminar un libraco-ladrillo sobre ella y sobre el destino de la que constituye la primera constatación documentada de una revuelta de lucha de clases y del primer exilio masivo por motivos políticos de la historia de los pueblos de la península Ibérica. Una tierra que partir de ese momento empedraría su discurrir histórico con muchos otros más, conformando el conjunto de todos ellos una de sus más acendradas señas de identidad colectivas. Judíos, moriscos, humanistas, liberales y republicanos. Toda una idiosincrasia nacional fundada sobre genocidios y exilios.

Pero el primero documentado históricamente fue el de Saqunda. Los restos materiales de ese inmenso arrabal que ocupó el lóbulo del meandro de Miraflores, al que después de mandar al exilio a sus habitantes supervivientes de la masacre previa mandó arrasar el emir al-Hakam, fueron descubiertos en 2001. Ya he contado varias veces las vicisitudes sufridas por ese enorme yacimiento de 22.000 m2 después de que los arqueólogos del convenio UCO-GMU lo excavaran concienzudamente. De los tres brazos del yacimiento, uno fue completamente destruido para construir encima el BBVA, que no es el nombre de un banco, sino las siglas Ballena Blanca Varada de Andalucía también conocida como Secuatro y creo que ahora como Setresá y en el que han tenido la triste delicadeza de conservar exloco, o sea desplanzádolos varios metros hacia arriba de su situación original, algunos restos de cimientos del arrabal. Los otros dos han permanecido a la intemperie la friolera de 15 años.

En 2013 se levantó un monumento en el Parque de Miraflores, justo en el centro geográfico de los tres brazos del yacimiento. Una alta columna con una estatua en su cimacio. ¿Dedicado a perpetuar la memoria de aquellos hechos que en cualquier otro lugar se enseñarían en las escuelas de primaria? No, hombre no, no nos vayan a confundir con gente ilustrada, europeos y seres de esa otra galaxia. Lo que estaba representado en la cima de la columna era un homenaje a nuestro subdesarrollo moral: el avatar de un ídolo católico, uno de los innumerables -politeísmo se llama eso- en los que se encarna la madre del dios de esos creyentes, la del Rocío concretamente, un culto asociado al señoritismo cortijero y a la alienación jornalera del mundo latifundista del profundo sur andaluz, sin nada que ver con la ciudad, pero al que la Junta de Andalucía ha elevado al rango de religión de estado.

También conté que en febrero de 2015 necesitando crear una plataforma terriza para levantar un falso circo romano para representar falsas carreras de falsas cuadrigas romanas con motivo de la celebración en la zona de un falso mercado romano, se vertieron directamente sobre el yacimiento, sin la más mínima protección arqueológica preceptiva, miles de toneladas de tierra que cubrieron de mala manera y totalmente los cimientos completamente reales de las que fueron las viviendas de aquellos heroicos y desgraciados cordobeses del siglo IX que se levantaron contra un poder tiránico y fueron masacrados unos miles y mandados los supervivientes al exilio donde fundaron prósperas ciudades y reinos lejanos. Y señalé ese hecho, destruir la autenticidad para sustentar el trampantojo, como la seña de identidad cordobesa por antonomasia. En eso, el alcalde falangista Cruz Conde y su destrucción-kitschificación del casco antiguo tuvo en los munícipes cordobeses de la Transición, fueran comunistas (más o menos ex) o neofranquistas (más o menos neo), unos excelentes discípulos.

Aproximadamente dos años después, en noviembre del 2016, la Cordobestia, o sea el Exclementísimo Ayuntamiento de Córdoba, decidió que con ese bujero que quedaba, el tercer brazo del yacimiento sobreviviente a las cordobestiadas anteriores, que penaba bajo las inclemencias del tiempo y de las raíces del jaramago -el mejor amigo del arqueolofóbico munícipe cordobés- se acabaron las pamplinas.

No tengo pruebas, como sí las tengo de la cordobestiada anterior, de que el último trozo del yacimiento haya sido convenientemente cubierto con el preceptivo geotextil para protegerlo de cara a intervenciones futuras, cuando -difícil ya lo veo- nos sucedan seres más civilizados. No pude comprobarlo personalmente. Pero me cuentan que no, que el mismo método que con el otro. Llevan va para cinco meses echando pacientemente camionada de tierra tras camionada de barrazo extraído de las orillas de río sobre él. Lo primero que hicieron fue cubrir con una fina capa de tierra toda su superficie. Probablemente para evitar que tras la primera alerta los tocapelotas de los amantes del patrimonio pudiéramos documentar el método con que se estaba tratando la cubrición del yacimiento.

Precaución superflua: en Córdoba se viene dejando hacer lo que se les pone en la punta / superficie del sostén del meato urinario a todos/as los/as Patrimonial’s Destroyer de la ciudad sin que la UNESCO tome cartas en el asunto desde que -creo que corría 2002 ó 3- se cagaron por las patas abajo cuando aquella, tras la denuncia de un probo ciudadano, amenazó al Exclementísimo con que si seguía sustituyendo las centenarias aceras de losas de granito de las callejuelas cordobesas por las adocenadas de fábrica con que estaba haciéndolo, le quitaba el título que, ya injustamente, le había concedido, de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Luego debieron de llegar a un acuerdo. Igual los zampabollos de la UNESCO pueden comer flamenquines gratis cada vez que recalen en la ciudad hasta el final de los tiempos… Tal vez ello explique que puedan destruirse puertas de la Mezquita sin que nos caigan las candelas der sielo.

Para añadir un ladrillo más al edificio de la autoalimentada imagen de Incoherencia Esencial que es la marca de la ciudad -la Verdad en el Campo, la Caridad en el Potro, la Salud en el Cementerio, un mitológico Genio Alado miembro de honor del Colegio de Médicos, etc- o a la preferencia por el trampantojo frente a la autenticidad, habría que contar con el hecho comprobado de que el mismo día en que los camiones y las palas mecánicas comenzaban a cubrir con toneladas de tierra y de esa presunta mala manera uno de los yacimientos altomedievales más importantes del mundo, el responsable técnico municipal del innombrable desaguisado contra el patrimonio arqueológico mundial recibía un premio a su trayectoria concedido por una asociación cultural independiente cordobesa. Una asociación que merecería por ello el título de La Espabilá. En Murcia el equivalente al mismo tipo y su superior político, por destruir solo un trocico de un yacimiento infinitamente menos importante que el de Saqunda recibieron en cambio el premio de sentarse en el banquillo y estar a punto de acabar jugando al parchís por una buena temporada en una bonita prisión estatal si les llega a tocar un juez imparcial.

Esa falta de cuidado en el enterramiento de los restos lo que significa es que no piensan rescatarlo nunca más, que no piensan poner en valor ni un solo metro cuadrado del mismo ni hacer centro de interpretación alguno, ni colocar ningún monolito de recordatorio que compita con la alta e inverosímil columna idolátrica que levantaron en honor de un culto religioso de otro lugar, y que la memoria del Arrabal se sepultará para siempre y que la ciudad se dedicará a lo único que parece saber hacer, a olvidar su pasado para no tener que aprender nada de él para su futuro. Que esa y no otra es la filosofía de esa estafa que afecta a todo el país y que se llama la Cultura de la Transición.

A mi me resulta entrañable esa comparación con la historia de los otros exiliados históricos, pero especialmente con la de los republicanos, genocidiados tantos de ellos, exiliados tantos otros, llevando los supervivientes la luz de sus conocimientos a lugares tan lejanos como Iberoamérica, como los rabadíes la llevaron a Fez o a Creta. Y los cuerpos de los asesinados y su memoria ocultados bajo toneladas de tierra en sus fosas originales por el nacionalcatolicismo o en la cubrición de sus restos arqueológicos por el nacionalcretinismo, ambos la única marca reconocible en la distancia de este hirsuto país asilvestrado que lleva el hedor de las dictaduras en el tuétano de los huesos.

Como ya he dicho, el año que viene se conmemorará la cifra redonda del MCC aniversario del inicio de los sucesos del Arrabal de Saqunda. Imagino que a nuestras atocinadas autoridades políticas y su no menos atocinado elenco de comeollas técnicos y asesores del ramo cultural, a los umbilicados profesores del ramo de la UCO, a los miembros flácidos de la Cacademia de Nobles Caspas y Bellas Tretas y a la población en general que estará mas arrobada pensando en el movimiento de culo bembón caribeño de los pasos de palio o en las previsibles derrotas de esa mierda de equipo de fútbol que parasita el presupuesto municipal, se la refanfinflará olímpicamente.

Yo por mi parte, que imagino que debo de aparecer como un insufrible friki, he querido homenajear con ese libro a todas la víctimas de las represiones del Poder que en este crudelísimo país han sido, concentradas en esa primera y paradigmática de los rabadíes de Saqunda. Matanza, exilio, infamación y ocultamiento en fosa común, sean sus cuerpos o su memoria.

Antes que el mío, aún inédito, Carmen Panadero escribió otro del mismo tema que recomiendo vivamente: Los Andaluces fundadores del emirato de Creta. Ambos libros, el mío si consigo publicarlo y el de Carmen Panadero, con enfoques diferentes, es posible que se constituyan en los únicos homenajes que en esta levítica y desdeñosa ciudad se hagan para conmemorar ese aniversario redondo.