Una de las delicias de haber redescubierto la bicicleta para mis paseos urbanos es que me permite hacer más fácilmente recorridos temáticos. No vayáis a pensar, deletéreos lectores, que he descubierto el ciclismo, esa filosofía. No, lo que de descubierto es el bicicletismo por vía de cupones coleccionables de El País. Sí, me he pillado la bicicletilla plegable esa. Como miles de compatriotas con los que me cruzo (mirada de complicidad mediante) cada mañana de las que salgo, bien temprano, a desentumecer los músculos, gozando de paso de las bellezas inmarcesibles de esta ciudad y del repaso de los muchos oprobios que sufre por la desidia o por la acción directa de sus gobernantes. Pero sobre todas las cosas porque tengo que subirla a un ático cada vez que la uso.
Ayer tocó recorrido temático que titulé así a bote pronto: Ruta del fascismo cordobés. Mucha gente roja de otras latitudes patrias que admiran a esta ciudad por su heroica pertinacia en seguir manteniendo el único ayuntamiento de capital de provincia gobernado por una formación de izquierdas se sorprenderían ingratamente si alcanzaran a saber (y para eso está este humilde representante de lo que el mala follá de Muñoz Molina llama egolatría caprichosa, el diarista bloguero) que no es oro todo lo que reluce ni la zahúrda es menos pestosa porque le coloques dos canalillos. Sin entrar en profundidades (y pueden ser abisales) del cariz de la política propuesta para esta ciudad por los extraños izquierdaunidistas que nos gobiernan, me atendré sólo a lo que respecta al mantenimiento de los muchos, demasiados símbolos que de la sangrienta dictadura franquista aún quedan en ella. No ya que hayan tenido oportunidad de eliminarlos, que la han tenido y la han ejercido con contundencia, sino que la necesaria higienización del ámbito urbano de la pestilencia simbólica fascista no ha sido del todo completa.
Es por eso que propongo una ruta cicloturista en busca del símbolo fascista en el feudo de los rojos redimidos.
Comenzaremos la ruta en la antigua plaza del general Varela, hoy del Realejo, pero donde aún pervive en la pared del palacio donde vivió el jerarca militar-fascista una oprobiosa placa que da cuenta de las fazañas del militar felón contra la legalidad democrática republicana y su responsabilidad en los crímenes de guerra subsiguientes. Con dos cojones sigue sobreviviendo al terrible Anguita, al vidrioso Ext-Herminio (de la vega cordobesa) Trigo, al gaseoso Manuel Pérez y a la mirífica alcaldiosa Rosa Aguilar. A menos de 200 mts. del propio Ayuntamiento.
Bajamos hacia San Lorenzo hasta la calle María Auxiliadora donde tiene su sede el Colegio de los Salesianos adjunto a su iglesia en cuyo compás encontramos una placa de exaltación fascista de los muertos de un sólo bando, el golpista, los curas salesianos que dieron su vida por Dios y por España ¡Heil!

Regresamos al Realejo y por la calle Almonas bajamos hasta la Corredera, y por las callejas hasta la calle La Feria, genuino nombre que desde el siglo XIX fue usurpado por el del rey Fernando, medieval agresor de un estado soberano y traidor a los pactos con él firmemente firmados y conquistador a sangre y fuego del mismo. Cruzamos el puente de Miraflores y nos dirigimos, contemplando la soberbia silueta de la Mezquita (antes mezquita), bordeando la Calahorra, hacia la plaza de Santa Teresa, delante de cuya iglesia se levanta desde los años 60 un monstruoso aparador glorificador de un obispo fascista, tan fascista que fue confesor de la Caudilla y autor de un atroz catecismo, adaptación para las tiernas mentes infantiles de las peores páginas del Mein Kampf: Fray Albino.
Regresando hacia la Calahorra, de donde parte una avenida llamada hasta hace poco oficialmente de la Confederación y popularmente del Colecor (por la mucha leche que nocturnamente allí se derramaba en épocas de represión sexual), pero rotulada hace no mucho por expresa voluntad de nuestra alcaldiosa excomunista y ahora católica renacida Rosa Aguilar con el nombre del mismo obispo. Flipad, rojos del mundo.
Teniendo en cuenta que el aguerrido obispo nombra además a toda una barriada y a un colegio público y que en la plaza de la barriada de Cañero cuenta también con un busto podemos deducir la fuerza que la secta vaticana tiene en la ciudad.
Continuamos nuestro ameno paseo hasta el puente de san Rafael, que cruzaremos pasando bajo el columnón de descacharrante estilo ptolomaico que soporta al hermafrodita genio alado de la pescadilla, en una de sus más delirantes representaciones: tirando de apetitosa cacha y luciendo un tupé de cantante caspopop de los 70.
Cien metros más abajo comienza la principal avenida de entrada en la ciudad, la del Conde Vallellano, rotulada así en honor de un ministro de obras públicas franquista de los 50, suegro de uno de caciques locales, Antonio Cruz Conde. Recientemente se preguntó al concejal de urbanismo de IU Andrés Ocaña por la causa de que tan ominoso nombre no hubiera sido eliminada del callejero. La tortuosa respuesta de nuestro brillante negociador urbanístico fue que él no consideraba el nombre del conspicuo fascista un símbolo franquista, sino el de una persona que aportó ideas e infraestructuras a la ciudad. No sé cómo voy a volver a mirar al correoso concejal cuando lo vea de nuevo tomando cañas en la Corredera. Porque vamos que eso lo diga como excusa alguien del PP, partido que tiene como presidente propiamente a un símbolo franquista que vocifera, pase, pero que lo diga un representante de Izquierda Unida es pa cagarse en tó, compadre.
El problema de la memoria histórica de este país es que no se ha asumido, ni siquiera por los escasos políticos rojos que quedan que el régimen franquista participa de la misma calaña moral que el nazismo y que el fascismo italiano y que sus crímenes son crímenes, como los de aquellos, contra toda la humanidad. Así lo que aquí es algo cuyo equivalente sigue siendo relativamente normal, en Alemania o Italia sería impensable que existieran calles rotuladas con los nombres de Goering, Goebels, Hitler, Mussolini, Ciano, etc., o que las cruces gamadas siguieran presidiendo edificios públicos o las inocentes esquinas. Y que lo blanquee la derecha es lógico: a nadie le gusta reconocer que sus mayores fueron unos criminales, pero la supuesta izquierda no tiene por qué mearse en la memoria histórica de las víctimas de su propio bando.
Si no no se explica que en una Comunidad regida por un gobierno autollamado socialista y en una ciudad gobernada por un gabinete de mayoría izquierdaunidista (comunistas ya no queda ni uno), se siga manteniendo en la misma avenida que porta el nombre del afilado franquista un enorme monumento glorificador de la Cruzada Nacional. Justo enfrente de la Delegación del Gobierno, para más inri. Allí pervive aún desafiante con su hedionda estética imperial, su ganítica cruz, sus criminales símbolos y sus fechas en números romanos (1936-1939). Sin que ningún político consecuente haya ordenado su demolición controlada o un alma justiciera lo haya dinamitado limpiamente.


Seguimos por la avenida hasta la pequeña glorieta elevada y ajardinada frente a la Cruz Roja y el Hotel Mohoso (La Venganza del Ojo Tuerto del Califa) hasta encontrarnos con un pedrusco blanqueado de forma más o menos paralelepípeda. Se trata de un monumento erigido a principios de los años 70 en honor de los valientes universitarios que sirvieron voluntariamente con mando en el ejército fascista: los alféreces provisionales. Los ayuntamientos democráticos no han sentido la necesidad de eliminarlo, aunque sí de tratar toscamente de esconder su verdadera índole. Pero sólo hay que dar la vuelta para encontrar la grabación torpemente repintada de su verdadero sentido.


Nos dirigimos ahora por la avenida de la Victoria hasta Tejares para entrar desde aquí en la calle más señorial de la ciudad que ostenta el nombre tal vez más oprobioso de todos los que recuerdan el régimen fascista. La calle José Cruz Conde recuerda al prócer caciquil local que organizó y preparó, junto con el coronel Cascajo y Eduardo Quero, los detalles finales para que el levantamiento del 18 de Julio triunfara en la ciudad. Lo recordé hace tiempo en una entrada dedicada a una artículo de Matilde Cabello sobre el personaje. Su responsabilidad en la brutal represión posterior (con cobarde fusilamiento del último alcalde democráticamente elegido) convierte el existencia de esta calle rotulada con su nombre en un verdadero insulto permanente a la memoria de las víctimas y en una prueba de la cobardía o la estupidez de las autoridades municipales de izquierdas que lo consienten. Como dije antes sería impensable que en Berlín existiera una calle con el nombre de un conspicuo jerarca nazi.
En la misma calle se conserva perfectamente relevante sobre la puerta principal del edificio de Correos el aguilucho fascista. Pa los restos. Nuestro símbolo nazi particular.

Cíen metros más adelante en plena calle Alfonso XIII se alza el edificio que acogió hasta hace dos días al Rectorado de la Universidad de Córdoba sin que a ninguno de los responsables de la cada vez más pía y fachorra institución se le cayera la cara de vergüenza de tener que pasar cada día por una puerta coronada por el mismo aguilucho fascista de Correos. Claro que qué se puede esperar de una institución que ha acogido recientemente una Diplomatura de ¡¡¡Ciencias Religiosas!!!, una Cofradía de Semana Santa y que pretende rotular un aula de Veterinaria con el nombre del profesor jubilado Castejón Calderón, falangista hasta la médula de su pensamiento y sus actos, por lo que se le llamó CASTEJ.O.N.S., franquista orgulloso aún de serlo y responsable de la represión universitaria cordobesa de los años 70.

Como aún no he hecho suficientes piernas con la bici terminaré aquí el recorrido, que para ser completo debería terminar ante el rótulo de una calle cerca del barrio de la Asomadilla, Brillante arriba, que recuerda a uno de los últimos alcaldes franquistas de Córdoba: Antonio Guzmán Reina. Dedicado, con dos cojones, por alguno de los ayuntamientos democráticos, no sé si de Izquierda Unida o del PP.
Juan Galán es un erudito local aficionado a hurgar en los archivos municipales que el año pasado reveló en una entrevista al ABC la pervivencia de una calle muy céntrica dedicada al que fuera primer secretario general del Movimiento en la ciudad, sin citar su nombre. Me imagino que se referirá a la calle Eduardo Quero, felizmente renombrada como Historiador Díaz del Moral. Lo que me escama es que la entrevista se publicó bastante después de ese higiénico cambio y en un erudito tan esforzado me extraña un descuido como ese. Así que si alguien sabe a quién se refiere le rogaría lo comunicara para incluirla en el recorrido.
ADDENDUM (26/07/08):
Como se trataba de un paseo improvisado se me debieron quedar obligatoriamente algunos jirones fascistas en el tintero. Efectivamente existe una calle, paralela a la Avda. de Los Dolores, dedicada al deleznable poeta y repugnante fascista José María Pemán, autor del abolido y afortunadamente nunca rehecho himno del estado franquista, y al que dediqué una entrada hace justo dos años. Ignoro si fue Julio Anguita quien se la dedicó, pero sí fue así arrastrará esa terrible culpa por los siglos de los siglos, amén.
Me recuerdan también la placa conmemorativa de la inauguración por el Caudillo del Puente de San Rafael. No tengo datos concretos de su retirada, pero creo recordar que no fueron las autoridades consecuentes, sino un comando justiciero con nocturnidad, alevosía y agravante de nocheviejismo quien la destrozó a martillazos y la envió al fangal del río para que sirviera de nido a las escolopendras.
En cuanto al enigma que planteaba el intrigante Juan Galán tengo aún que bucear en los libros de las bibliotecas, principalmente en los de Paco Moreno, por si encontrara alguna referencia a que el primer Secretario Local del Movimiento hubiese sido el Duque de Hornachuelos, con calle en plenas Tendillas. Lo único que he encontrado ha sido una terrible referencia a José Ramón de La Lastra y Hoces, abogado, marqués de Ugena y nieto del Duque de Hornachuelos, terrateniente y fiscal en los consejos de guerra contra los campesinos de la campiña, cuya ferocidad, crueldad e inhumanidad se hicieron legendarias.
ADDENDUM (28/07/08):
Aunque ahora se llama Plaza de la Puerta del Rincón, hasta el mismo año pasado (2007) la plaza que enmarca el espacio entre el antiguo cine Isabel la Católica, la calle Isabel Losa y la calle Alfaros conservó el nombre de uno de los fundadores del partido fascista español, la Falange, Ruiz de Alda. Ya digo ¡hasta 2007! En el frontal norte de esa plaza se encontraba un palacete rococó, el de los condes de San Calixto, casi gemelo del de la calle Torres Cabrera propiedad aún de los Cruz Conde. Ese palacete fue adquirido en los años 30 por los sindicatos de izquierdas para instalar en él sus diferentes sedes. En 1936, tras el golpe de estado fascista fue robado por los sublevados y pasó a ser sede de Falange, el criminal nuevo partido único que lo conservó hasta finales de los 60 en que fue derribado para construir en su solar el edificio de viviendas que hoy existe. Es del dominio público que a esas viviendas sólo accedieron los jerarcas falangistas. Alguien debería solicitar al Ayuntamiento la colocación de una placa para recordar esos hechos.
Foto publicada en el FORO POR LA MEMORIA