(del laberinto al treinta)


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lunes, 17 de junio de 2013

Odónimos nauseabundos

Me llamo Ochsenschwanz. Tengo 79 años y resido en EE.UU. Hoy me encuentro en un pequeño pueblo alemán llamado Stinnenberg. Es un lugar precioso, de un tipismo minuciosamente restaurado, rodeado de montañas nevadas y de oscuros bosques en cuyos claros, de un verde radiante, pastan apaciblemente lustrosas vacas. En los últimos años se ha convertido en un centro turístico muy visitado y ha alcanzado más fama aún que por sus bellezas naturales y arquitectónicas por ser cuna de un exitoso cantante de ópera actual. Mis bisabuelos vinieron a vivir aquí a principios del XIX y en él nacieron mis abuelos y mis padres. Y finalmente yo y mi hermana Nora. Yo no puedo recordarlo pero sabían que eran judíos, aunque no lo practicaban. Un día de 1941 alguien nos recogió a mi hermana y a mí y nos condujo fuera del país. Yo tenía entonces tres años, ella dos. Con los años nos contaron que aquello fue necesario para evitar que fuéramos enviados a los campos de la muerte que Adolf Hitler y sus secuaces habían construido para asesinarnos. Mis padres, mi abuela y todos mis tíos murieron allí. Hoy he vuelto para visitar este lugar que fue el hogar de mi familia durante más de un siglo y del que nos arrancó brutalmente la ola de un genocidio minuciosamente organizado. Por eso esta mañana nada más llegar fui primero sacudido por la sorpresa y después apuñalado en el alma por la desolación al comprobar que la vía principal del pueblo está rotulada como Führer Adolf Hitler Strasse. Y más aún el que la avenida desemboca en una coqueta plaza que lo está como Mein Kampf Platz. Y más aún todavía el comprobar que en esa plaza, bajo el terrible nombre del corpus teórico que amparó al mayor crimen a sangre fría de todos los tiempos, los habitantes del pueblo permiten a sus hijos que jueguen entre los columpios y toboganes que el Ayuntamiento ha colocado para ello allí y que en la avenida que lleva el nombre del mayor asesino de la historia de la humanidad turistas y locales abarrotan los bares bebiendo alegremente rubia cerveza acompañándola con queso del país. Como si nada fuera lo que parece, como si nada fuese lo que realmente es.


Esto que acabas de leer es una ficción, claro, impensable que se diera tal cual en país europeo alguno. A ver si esta otra te lo parece tanto:


Me encuentro en San Vicente de la Barquera, un precioso pueblo costero cántabro famoso por su tipismo y la arrebatadora fuerza de su entorno natural, descubierto desde hace unos años por el turismo que abarrota su espacio en verano y que últimamente ha alcanzado más fama aún por ser el lugar de nacencia de un cantante producto plastificado de la televisión basura. Lo mismo que también lo es de mi amigo Antonio y lo fue de sus padres y abuelos. Me cuenta que nunca antes quiso visitarlo pero sintiéndose mayor y presintiendo su fin me ha pedido que lo acompañe para hacerlo. En julio de 1936 Antonio contaba tres años y se encontraba con su madre visitando en Burgos a una tía suya que allí vivía. Desencadenado el fallido golpe de estado militar-fascista devenido en guerra de exterminio, su padre, activo sindicalista y que se había quedado en el pueblo trabajó organizando la defensa de la legalidad constitucional del lugar hasta su caída en manos de las fuerzas revolucionarias fascistas un año después. Entonces sobrevino el escarmiento. Fue asesinado en una cuneta a sangre fría, junto con varios cientos de paisanos más de los pueblos cercanos al día siguiente y enterrado en ella por los falangistas del que ya se llamaba Generalísimo Franco. Su madre permaneció oculta en la capital de la zona nacionalcatólica pero regresó al pueblo en cuanto se produjo su caída un año después dejándolo a cargo de su tía. Años más tarde supo que nada más llegar le comunicaron la muerte de su esposo, fue capturada por los falangistas que se habían adueñado del pueblo, rapada, obligada a tomar aceite de ricino para inducirle diarreas incontenibles y servir de risas a sus captores, y humillada y vejada de otras maneras más hasta extremos inconcebibles. Murió dos meses después en una cárcel de mujeres custodiada por monjas. Por eso esta mañana ha sufrido un terrible mazazo al comprobar que la vía principal del pueblo está rotulada como Avenida del Generalísimo Franco y el espacio abierto en el que desemboca como Plaza de José Antonio. Más aún le espeluznó el comprobar que los paisanos del pueblo llevaban a jugar a sus hijos a esa plaza que ostenta el nombre del individuo cuyos esbirros por él adiestrados asesinaron a sus padres, que redactó las bases programáticas y fue inspirador de la revolución fascista que desembocó en un genocidio minuciosamente organizado de defensores o sospechosos de defender la legalidad republicana. Más de medio millón de españoles. Y que el responsable máximo de ese genocidio, el segundo mayor de la historia europea del siglo XX, nombrara aún, en junio de 2013, la calle donde vecinos y turistas comen sardinas regadas con rubia cerveza o vinos de la tierra. Estamos, claro, en España. Y concretamente en Cantabria.


Para aliviar el estado de desolación en que ha caído Antonio, que siente que esos rótulos son la forma que tiene el fascismo maquillado actual de mantener vivo aquel escarmiento, de seguir riéndose de su padre en su desconocida fosa y de las terribles vejaciones que infligieron a su madre hasta su muerte, le organizo la pequeña venganza de reírnos de las cosas del pueblo. Ante un plato de sardinas y un verdejo en estado de gracia, que no tienen culpa de nada, le cuento por ejemplo que he leído que hace un par de años hubo un rifirafe en un pleno municipal porque los espabilaos del grupo municipal socialista solicitaron que se le pusiese el nombre del muchacho cantarín a una calle del pueblo y que al negarse los del PP los acusaron de no cumplir la Ley de Memoria Histórica. Tontos de remate los unos y fachas de colmillo retorcido los otros haciendo todos el más lamentable, e inquietante, de los ridículos. Lo que este pueblo, por otra parte, capaz de convivir en su callejero con semejantes atrocidades, se merece. Además le hablo del personaje histórico más importante nacido en el lugar, con calle, plaza y algún edificio oficial a su nombre: el Inquisidor Antonio del Corro que lo fue de Sevilla donde se hartó de quemar judaizantes y de perseguir protestantes, entre otros muchos al célebre Dr. Egidio. Con la fortuna de su familia y lo que probablemente rapiñó de las confiscaciones a los pobres judíos achicharrados se mandó hacer en la iglesia del pueblo, para saciar su inconmensurable vanidad, una supercapilla y un supersepulcro que le diseñó en barro el cordobés Hernán Ruiz "el Joven" y le esculpió en mármol de Génova el castellano Juan Bautista Vázquez "el Viejo". Que hiciera honor a la calidad e importancia de su persona, como dejó escrito el vanidoso en su testamento. Lo bueno es que le salió en la misma Sevilla un sobrino protestante del mismo nombre, que huyó de la Inquisición y se refugió en Inglaterra, donde  consiguió fama universal. Hoy la Wikipedia tiene entrada propia para el hereje y una mierda para el cabrón del achicharrador. Son pequeñas venganzas que a veces el destino depara a los miserables.


domingo, 22 de abril de 2012

De mozárabes y gallegos

Hace mucho, mucho tiempo, concretamente 1072 años, en pleno reinado del califa Abderramán III, un puñado de cordobeses decidió emigrar de la ciudad que era por entonces fabulosa capital de estado andalusi. Y lo hicieron no porque fueran pobres, ni porque sufrieran persecución, ni se les impidiera ejercer actividad concreta alguna. No, decidieron emigrar y dejar la que pasaba por ser la ciudad más grande y más rica del mundo porque no se sentían a gusto en un estado donde su fe religiosa, a pesar de que la podían practicar sin demasiados problemas, no era mayoritaria ni era la confesión oficial del estado. Porque nuestros paisanos eran lo que se se conoce como mozárabes, concretamente monjes mozárabes, palabra que provenía de la árabe must’arabiun que significaba casi árabes, arabizados. Era precisamente esa circunstancia de casi árabes lo que nuestros delicados paisanos consagrados a la vida religiosa no podían soportar. El hecho de que su religión, la cristiana, y su lengua, el latín, no fueran ya más que la religión y la lengua de una de las minorías toleradas por un estado que amenazaba con unificar naturalmente en su poderosa vorágine civilizatoria todas las formas de diferencia debía de traerlos y llevarlos por la calle de la amargura. Y por descontado el hecho de que aquella enorme ciudad estuviera empedrada de terribles tentaciones carnales, espirituales y culturales, para quienes pretendían practicar un rigorismo ascético ejemplar. Efectivamente, un siglo antes Eulogio de Córdoba ya se quejaba amargamente en una carta de que los jóvenes cristianos cordobeses estaban cayendo sistemáticamente en todas esas golosas tentaciones, arabizándose a pasos agigantados ya que no sólo vestían siguiendo las modas que imponía la refinada cultura dominante, sino que alcanzaban altas cotas en el manejo de la lengua, la poesía y la música árabe, en detrimento de las mucho más aburridas heredadas de sus mayores. Así que si eso ocurría un siglo antes, en su tiempo nuestros pobres monjes estarían ya al borde del síncope y deseosos de emigrar antes de morir de un berrinche. De los mozárabes se sabe por la lógica que eran ricos. Primero porque podían pagar el impuesto religioso y segundo porque los pobres se convirtieron sin problemas a una fe que los liberaba de bastantes reglas y misterios incomprensibles. En cambio por las fuentes escritas lo que se sabe es que eran en general gente bastante fartusca. Por los santorales cristianos sabemos que lo más granado del mozarabismo cordobés pereció víctima de su propia estupidez en el mismo siglo de antes cuando, espoloneados por unos líderes fanáticos y degenerados, se embarcó en un proceso autodestructivo y suicida exigiendo de malas maneras a las autoridades omeyas su propia ejecución mediante el expeditivo mecanismo de transgredir gravemente la ley insultando al profeta de la religión oficial en las propias mezquitas. Por las crónicas andalusíes lo que sabemos es que el pueblo los hacía normalmente protagonistas y víctimas de sus chistes por su supuesta pero proverbial cortedad de luces, al igual que los ingleses hacen con los escoceses y los sevillanos con los leperos. Así, aquel puñado de cordobeses en un arrebato agudo de segregacionismo debió hacer acopio de valor y dinero suficientes como para emprender un largo camino hasta los reinos cristianos del norte, mucho más pobres, de menor desarrollo material e inmersos en un nivel cultural semibárbaro, pero donde su religión y su lengua eran las mayoritarias, donde no tendrían necesidad de sufrir el desasosiego que les producía el compartir espacio con otras confesiones, con otra lengua y con otra cultura, pero sobre todo donde no tendrían que ver un moro más en sus vidas. Y así tras un larguísimo periplo atravesando toda la vieja Hispania, llamada ahora Al Andalus, llegaron hasta la lejana y húmeda Galicia, concretamente hasta un lugar llamado Celanova (en la actual provincia de Orense), en el que, ya rodeados exclusivamente de cristianos como ellos, decidieron asentarse definitivamente. Y lo primero que lógicamente pensaron en hacer fue construir un lugar donde alabar al Dios al que habían dedicado su existencia. Y se pusieron entusiasticamente a ello. Y aquellos monjes que deseaban sobre todas las cosas desengrasar sus cuerpos y sus espíritus de tanta arabidad como se  habían visto obligados a trasegar involuntariamente a lo largo de sus vidas haciendo acopio de grandes dosis de fe y de suficientes sillares de granito del lugar aleccionaron a los canteros locales para que les construyeran lo que finalmente resultó ser ¡¡¡una mezquita!!!

Bueno no exactamente una mezquita, pero sí un pequeño oratorio musulmán como los muchos que debió de haber por doquier en la ciudad que había abandonado. Con su salita de oración y su mihrab detrás de un arco de herradura inscrito en un alfiz de estilo completamente omeya cordobés. Tanto para sujetar las nerviaciones de la bóveda como los aleros exteriores usaron unos modillones de rollo directamente inspirados en los que sujetan las pilastras de apoyo de los arcos superiores interiores y los aleros exteriores de la Mezquita Aljama cordobesa y que probablemente constituyan el elemento funcional más característico del arte omeya. Y para colmo, para realzar el paso de la sala de oración al mihrab colocaron un ensolado de cerámica propio de un hammam andalusí y que debieron traer cargando con todas las piezas desde la misma Córdoba, dadas las escasas posibilidades de que pudiera haber sido fabricado en un primitivo alfar galaico de la época (*). Ese descocado alicatado de baño debió sorprender a los cristianos del norte una barbaridad. Sobre todo teniendo en cuenta la proverbial cochinería de que hacían gala aquellos bárbaros pueblos que no se lavaban jamás por entero haciéndolo a cachos sólo de Pascua en Pascua por contraste con el extremo culto a la higiene corporal de la sociedad andalusi de la época. ¿Qué exagero? Bueno, me imagino que habréis oído hablar de Favila, el segundo rey asturiano e hijo del primero, don Pelayo, del que la historia dice que murió devorado por un oso. Bueno, pues un profesor de la Universidad de Oviedo y reconocido investigador de los primeros reinos cristianos peninsulares, don Fabián Martínez de la Cosa, afirma estar en posesión de un documento de la época que aún está en estudio pero que pretende publicar en breve en el que se afirma que el rey Favila no murió exactamente devorado, sino más bien propiamente destrozado por el oso en el fragor de la batalla amorosa que entablaron cuando el animal, al que el rey pretendía cazar, lo confundió por el olor con una hembra de su especie, es decir con una osa. Esperamos con expectación la publicación de dicho documento con la esperanza de que en el mismo se aclare si al fin el oso consiguió coronar su pretensión, es decir si consumó o no consumó el acto con el pobre rey enemigo de los baños. Más que nada para resarcirnos por delegación real en el deseo que todos hemos sentido de que cierto elefante hubiera hecho lo mismo en parecidas circunstancias con el actual sucesor en el cargo del viejo Favila en lugar de sufrir el triste desenlace que todos conocemos.

Buena parte de todas estas cosas me pasaron por la cabeza mientras disfrutaba de una rápida visita al pequeño templo mozárabe de San Miguel de Celanova, conservado en el jardín del muy monumental monasterio de Celanova, este viernes santo. Esa mañana se habían suspendido las visitas porque en el interior del monasterio se desarrollaba uno de esas representaciones en vivo de la pasión de Cristo. La iglesia abarrotada y en la zona del altar un porretón de ocasionales actores en los innumerables papeles del misterio: romanos, apóstoles, cristo, su madre, sus amigas, etc. Fuera, en la gran plaza, caía un pertinaz aguanieve que había impedido la salida de la procesión. Tras una interminable espera que ocupamos tomando unos ribeiros y un pulpiño en el bar de enfrente, cuando por fin terminó el espectáculo apelamos a la amabilidad del sacristán del templo al que pillamos en la puerta y al que conseguimos ablandar contándole de mi condición de cordobés, paisano de aquellos emigrantes que hacía tantísimos años habían construido la pequeña maravilla que guardaban en el monasterio que había llegado hasta allí sólo para gozarla. Impresionado por tan contundentes razones nos abrió para nosotros solos la puerta del jardín y nos dejó unos minutos para visitarlo. Dios lo bendiga

(*) Para que luego no digan que practico el terrorismo cultural sin control me veo en la obligación de aclarar que el enlosado de cerámica no es obra del siglo X, sino más bien de un periodo que puede ir entre mediados del XV al del XVII. Debió ser colocado por algún fraile con veleidades historicistas, que debió pensar que a obra tan moruna no podía menos que pegarle un ensolado moruno, en este caso mudéjar. Pero para redondear mi relato me venía muy bien la trola.

viernes, 26 de agosto de 2011

Desvaríos berlineses (II)

Motocicleta de la RDA en perfecto estado de uso

Me gusta mucho el barrio en el que elegimos el apartamento. Ya dije que estaba en una calle que desemboca en Invalidenstrasse por el norte y en Torstrasse por el sur. Torstrasse me llamó la atención desde antes de pisarla simplemente viéndola en el plano y mi olfato de catador de planos históricos me avisó de que tenía pinta de línea de antigua muralla. Efectivamente, puesto en guardia averigüé que Tor significa puerta en alemán y que a ella se abrían las puertas de una muralla ya desaparecida pero a la que delata la nítida cicatriz que se aprecia en el plano. Una muralla aduanera del siglo XVIII que separaba el arrabal de Spandau del de Prenzlauer Berg dominado en aquella época fundamentalmente por las fábricas de cerveza. La muralla se construyó sólo para controlar el tráfico del preciado líquido. Es una pena que en Berlín estén obsesionados sólo con un muro, con El Muro y las murallas antiguas estén completamente olvidadas.

Las autoridades culturales de una ciudad histórica que no hayan sido capaces de crear un Museo de la Ciudad en la que se exponga simplemente la evolución urbana de la misma me merecen una consideración bastante pobre de su honradez intelectual. Museos en los que no hace falta que se expongan piezas arqueológicas o documentos históricos originales. Solo con planos, facsímiles maquetas y buenas explicaciones didácticas se consigue enseñar más de la historia y la evolución de la ciudad a sus visitantes y locales que cualquier otro museo más específico, arqueológico o de bellas artes. Londres tiene uno que, aunque mejorable, no está del todo mal. De otras ciudades europeas de las pocas que conozco como Roma, París, Atenas, Nápoles, Praga, Lisboa (1), Zaragoza, Barcelona nada de nada. Madrid cuenta con uno aceptable, Valencia solapa el concepto con el de Museo de Bellas Artes. Recuerdo con cariño el de Melaka, una ciudad histórica de Malasia, que fue portuguesa y holandesa y que con cuatro ringits han montado un magnífico museo interpretativo de la historia de la ciudad. Muy pocas ciudades cuentan con uno, con lo que mi consideración de la capacidad intelectual de la mayoría de los gestores culturales urbanísticos del mundo se acerca al que tengo por las bolillas negras que dejan la cabras tras de sí. En especial por los de Córdoba. Berlín no es tampoco una excepción. Existe un reciente y chapucero intento de consideración de Stadtmuseum (Museo de la Ciudad) de una serie de espacios heterogéneos sin conexión alguna: la iglesia de San Nikolás, el Berliner Museum, el Museo Judío, el Ephraim Palais y el Märkisches. Éste último es lo más parecido a un auténtico Museo de la Ciudad, pero desde luego la explicación de su evolución urbanística desde las dos aldeas eslavas del año 1000 separadas por el río y la explosión post-caída del Muro brillan por su ausencia.

Menos mal que luego las calles está llena de guiños históricos, literarios y terribles, como los entrañables, pero espeluznantes, recordatorios de latón colocados en el suelo de tantos lugares con los nombres de los judíos arrebatados de sus casas y conducidos a una muerte en serie, industrial. Encontramos varios en el camino hacia la Isla de los Museos, concretamente en la Gr. Hamburger Strasse al lado de la trasera de la Sophien Kirche. Ese minucioso marcaje de los lugares donde ocurrieron los crímenes, señales exactas donde personas fueron arrebatadas por la inconmensurable vesania de los regímenes totalitarios fascistas pone en evidencia constantemente la defección de las autoridades españolas, concretamente de las autollamadas socialistas, que no sólo no han movido un dedo voluntariamente para devolver la memoria a las víctimas del fascismo sino que se han aliado sistemáticamente con los nietos de los genocidas que apretaban masivamente el gatillo en las cunetas y las tapias de los cementerios para seguir ocultando los crímenes y abandonar a las víctimas y sus memorias en sus terribles hoyos. Lo que ocurrió hace unos días en un pueblo donde los impunes nietos de los impunes fascistas genocidas alcanzaron el poder no es una excepción, sino la regla.

Los judíos y el genocidio al que fueron condenados por las autoridades nazis con el mayor o menos grado de complicidad de la inmensa mayoría del pueblo alemán están hiperrepresentados en la ciudad: Tienen varios museos y recordatorios más o menos sobrecogedores. Algunos francamente impactantes como el edificio esquinado diseñado por Liebeskind con inquietantes estructuras como la del extraño patio con el suelo cubierto de círculos-caras de hierro y una especialmente terrible, una sucesión de pasillos en un patio en la que el visitante se siente inexplicablemente mareado, desorientado, una inquietante manera de representar físicamente el exilio.

Museo Judío de Berlín

La última, la desorbitada estructura del Memorial del Holocausto de Einseman, separado de la Puerta de Bandemburgo por la embajada americana, que ya podría tomar nota y expiar su genocidio en Japón con algo parecido.

Memorial del Holocausto

No seré yo, que quedé transido de dolor en el Yad Vashem de Jerusalén, a quien le parezcan excesivas tales monumentos, tales apelaciones a la memoria. Yo prefiero considerar a las víctimas en su individualidad, a pesar de que lo fueron por pertenecer a un colectivo, del mismo modo que ese colectivo es monopolizado por otro colectivo que se arroga su representación, el estado de Israel, vampiriza su dolor y lo explota y lo maneja en su espurio beneficio actual. Pero desde la creación del estado de Israel buena parte del caudal de solidaridad que colectivamente han merecido y recibido los judíos como colectivo lo han arrojado por la borda de la ética histórica empleándose en usar con otro colectivo de víctimas los mismos métodos que históricamente otros colectivos usaron con ellos. Exactamente los mismos. Estos días he acabado de leer el imprescindible Las tribus de Israel de Ana Carbajosa, un análisis de la sociedad actual israelí que pone los pelos de punta. Un texto que los más normales de los israelíes no podrán refutar por su mesura y objetividad. Pero lo que retrata es una sociedad profundamente racista (entre ellos mismos en atención a los distintos orígenes), que practica un sistema de apartheid mucho más cruel que el sudafricano, sistemática justificadora de crímenes contra la humanidad y alentadora del cuatrerismo y el robo de tierras a sus vecinos mediante la fuerza simple o compuesta (acompañada de humillación y asesinato). Y lo que es más inquietante, con la mayor colección de binladens, rabinos y laicos fanático - paranoicos dotados de mentes criminales y genocidas del mundo. La propia bandera ya lo dice todo: dos franjas azules incluyen la estrella sionista: el Jordán y el Mediterráneo. Es un alivio para el resto de los pueblos que por ahora sólo lo apliquen contra los palestinos.

Muy cerca del hiperturistizado Check Point Charlie, y sobre las ruinas de los que fueron los edificios centrales de las SS los alemanes actuales han construido (2007) un Centro de Documentación bajo el nombre de Topografía del Terror. Fuera del edificio y directamente sobre las ruinas de lo que fueron cocinas se desarrolla una exposición que cuenta la historia de la brutal represión nazi y dentro del edificio el relato continúa con varios cientos de documentos y fotografías. En ambos lugares la presencia de las otras víctimas (homosexuales, gitanos y sobre todo resistentes políticos) ocupa un lugar por fin en la memoria del horror que normalmente se les ningunea, apabulladas por la inmensidad del Holocausto Judío. Es un lugar especialmente aterrador, por la capacidad de evocación que emana. Algo que se echa de menos en España respecto al genocidio franquista, ahora que por fin los sociapollas y los putos curas parecen haber llegado a un acuerdo para convertir el Valle de los Caídos, el lugar destinado para ello (aunque somos muchos los que apoyaríamos su voladura) en lo mismo que ha venido siendo desde su construcción: una afrenta permanente a las víctimas de nuestro nazismo, el nacionalcatolicismo, el fascismo de raíz nacionalista católica, sobre todo a las que permanecen en las fosas de la vergüenza.

Algunos de los momentos más intensos de nuestra estancia en Berlín han ocurrido en los restaurantes. Sólo un día, y por probar, comimos alemán como conté en la anterior entrega. El resto decidimos no perder el tiempo y dedicarnos a las cocinas que más nos gustan: las orientales, que además son las más baratas, increíblemente baratas y ricas. Berlín está plagado de restaurantes vietnamitas en los que se pueden degustar las principales especialidades del país de los Viets. Verduras fresquísimas sobre todo, aromatizadas con el casi inencontrable en España y sin el casi en Córdoba, lemon grass, en forma de salteados, sopas (fo) y curries, cocinadas con el muy especial curry vietnamita, muy diferente al indio, más acanelado. A menos de 5€ el contundente plato.

Nada más cruzar la calle saliendo del apartamento un magnífico indio, el Asman, ofrecía diariamente menús a entre 4’50 y 6€. Un curry con arroz y ensalada para hartarse. Y la jarra de medio litro de cerveza a 3€.

Para cenar usamos del prêt a porter turco, el donner. Casi en cada esquina uno. Nosotros lo pillábamos en Rosenthaler Platz, magnífico, con un pan crujiente y gran variedad de ensaladas y salsas para añadir. Igual que en España ya en pocos sitios hacen el rollo los propios restauradores, y el embutido ha sustituido al rollo artesano. Pero en algunos lugares existía. Uno de nuestros locales favoritos estaba justo al lado de Tacheles, en la esquina que da al patio interior, ahora ya totalmente turistizado de la Meca del alternativismo berlinés. Se trata de un local portátil, sumamente cutre, llevado por un impenetrable oriental-oriental (no sé si tailandés, malayo, coreano...) que lo mismo te sirve su donner artesano que te hace un wok en un minuto. Y las cervezas, la botella de medio litrazo, heladas, a 1’50€. ¿Quién puede resistirse a pasar horas allí?

Por cierto que en España la estafa restauradora es cada vez más patente. Ya digo que por el precio de una media racioncilla de mierda de japuta en cualquier tabernucha cordobesa, en Berlin te pones ciego de comer en un oriental. Y en cuanto a los donner, en TODOS los que vimos en Berlín el bocata sale a 2’80€. En todos los españoles 4€. Algo huele mal en la restauración en este país.

También aprovechamos para comprar comida. De hecho es lo único que compramos, aparte de alguna postal para enviar. Buscamos en internet y descubrimos un supermarket oriental, VINH LOI donde hicimos acopio de curry vietnamita, curry tailandés (amarillo,verde y rojo), curry japonés y otros productos inencontrables en Córdoba.


IR A LA PRIMERA PARTE


(1): Me avisan en un comentario de que Lisboa sí que tiene un Museu da Cidade, en cuya página web compruebo que tiene además muy buena pinta y que responde exactamente a lo que yo vengo reclamando para Córdoba hace muchos años. En mi próxima visita a la Ciudad Blanca, que ya va tocando, le dedicaré, como expiación un largo reportaje.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Desvaríos berlineses (I)

A Carlos A. G., cuyas quejas indirectas me han animado

Cuando a uno, tras largos y variados viajes a lo largo de muchos años por todo el mundo llamado Tercero sin especiales percances, la primera vez que viaja al corazón de la blanca Europa, Berlín, la compañía que simboliza la eficacia y seriedad germana, Lufthansa, no sólo le retrasa dos horas los vuelos, sino que además le pierde las maletas y no se las devuelve hasta pasadas 20 horas, comienza a sospechar que occidente se está desmoronando. La torpe excusa de que la causa ha sido que la torre del aeropuerto de Frankfurt sufre obras de remodelación, añade un inquietante agravante a esa sensación: un profesional de la aeronáutica germana no deja de currar porque la oficina esté en obras. Ya sólo falta que un día de estos nos informen de que el BIG BEN de Londres se ha atrasado por culpa de la señora de la limpieza. Como si estuviéramos asistiendo a un cambio de era e imperceptibles señales estuvieran avisándonos salpicada, pero porfiadamente. Así que para acomodar esa sensación decidimos comenzar nuestra estancia en Berlín haciendo una visita de cortesía al Ruhestätte (lugar de reposo) de Hegel, y ya de paso al de su vecino Fichte, en el Dorotheen Städtischer Friedhof, el cementerio colindante a la casa-museo de Bertolt Brecht, que también junto con su esposa, reposa en él. Ante la tumba del Señor de Sentido de la Historia entono una salmodia-oración dialéctica. Obviando a Marx, de quien ya conozco la respuesta, trato de encontrar en la hodiernidad la tesis que corresponde, y la encuentro, después la antítesis y la encuentro. Pero ¡ay! la síntesis, amigo, la síntesis no me es desvelada ni siquiera poniendo una mano sobre la blanda tierra bajo la que descansa el filósofo. Ahí me ha fallado desacaradamente la metempsicosis.

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Y como todo va unido por un hilo invisible pasamos a las pocas horas por la trasera de Nikolaskirche ante un cartel en el que un restaurante típico seduce a los viandantes con la contundencia de su propuesta: su plato estrella del día es el ENTE. En concreto MEDIO ENTE acompañado de chukrut, kartofeles y crema de arvejas. Mi alemán es absolutamente inocuo y aunque entiendo las denominaciones de las guarniciones tengo que tirar de diccionario hasta encontrar la traducción de la vianda principal: ENTE = PATO. Incapaz de resistirme a propuesta tan positivista y ante la entidad mediada y un jarrón de Pilsener Urqell (los traiciono con los checos) pienso en la fascinante palabra kartoffel, que usan los alemanes y rusos para nombrar a nuestra patata. Parece ser que proviene de la manera como primitiva y bellamente se la llamó en Italia: tartufoli, trufa, asimilándole un parecido que se basa únicamente en su condición de fruto enterrado. Claro que para rareza la que usan los checos: brambora, palabra que guarda un tierno aroma a festival de San Remo. Cuando tenga tiempo investigaré el grado de familiaridad del vocablo tartufoli con el tartufe francés, que tanto juego literario político ha dado a occidente. El pato, exquisito. Y más el codillo que se pide C. Y las patatas, sobre todo las patatas, kartoffeles, deliciosas. El pueblo alemán se hizo lo que luego fue a fuerza de patatas. Las guías turísticas indican como lugar exacto donde se cultivaron las primeras patatas en Prusia el Lutsgarten, el jardín situado ante la catedral y que correspondía al parque real colindante con el desaparecido palacio (bombardeado por los aliados y rematado mediante dinamitación expeditiva por los comunistas). ¿Qué grado de razón tenía Feuerbach cuando hizo su célebre afirmación: El hombre es lo que come, por eso la sangre de patata no es buena para hacer la revolución? ¿Consideraba tal vez si las masas proletarias alemanas de finales del siglo XIX se hubieran alimentado de patatas pero como mera guarnición de verdaderos entes o mejor aún de codillos ahumados de cerdo hubieran estado más preparadas para triunfar en la lucha de clases? No parece que eso fuera un obstáculo en Rusia. Y además, está comprobado que elevar el nivel de calorías de consumo del pueblo, acompañado además por el de bagatelas varias como coches, televisiones, móviles multiusos, vacaciones adocenadas en Mallorca, etc, lo vuelven inevitablemente contrarevolucionario. Es todo tan jodidamenter complicado... Hace unos días leía en un texto de Zizek (El títere y el enano. Paidós, 2010) sobre el sistema comunista en Checoslovaquia que la gente vivía a fines de los 70 y en todos los 80 en un estado de felicidad efectiva porque tenía todas sus necesidades cubiertas, no demasiado cubiertas, puesto que el excedente del consumo puede crear infelicidad y además tenía una cabeza de turco a quien culpar de los posibles fallos de esa felicidad: el partido o el estado. Y que fue EL DESEO el que intervino para cargarse semejante beatifico estado, el que impulsó al pueblo a ir más allá y terminó cayendo en un sistema en el cual la amplia mayoría es definitivamente "menos" feliz" (pgs. 61-62).

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En el cementerio y dando un salto mortal narrativo hacia atrás por encima del ente y las kartófeles nos encontramos un misterio que no hemos sabido desvelar. Donde termina el camino de la entrada principal y comienzan el jardincillo de los senderos que se bifurcan se alza una escultura de mármol de Lutero sobre un sobrio pedestal. Justo detrás la pared de un mausoleo aparece completamente acribillada de balazos. No alcanzamos a saber si la escultura estaba allí cuando se desancadenó semejante ensalada de tiros, pero desde luego no se le aprecia ni un rasguño. ¿Un fusilamiento estatuario tal vez, como los que ocurrieron aquí tanto en la zona fascista como en la republicana ¿Milagro, pues? Entre los católicos ya lo sería. Aunque no sé si los protestantes creen en los milagros, que no sean económicos, claro. Y tampoco si eso les añade o les resta mérito.

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El apartamento lo hemos alquilado en una zona donde las calles conservan una sonoridad siniestra: Invalidenstrasse y su continuación Veteranenstrasse. Nombres terribles que evocan un mundo de tullidos productos del peor azote que ha sufrido esta ciudad: la guerra. Pero curiosamente descubrimos que esos nombres son anteriores a las terribles dos sufridas por ella en el siglo XX. Como la ciudad que nos interesa, para disfrutar de un imaginario propio, es la anclada en los años 20, la de la República de Weimar, ese Berlín preñado de genio artístico, de largo pescuezo vitalista pronto guillotinado por el nazismo y su asqueroso bigote cuadrado, nos hemos hecho con varios planos antiguos de la ciudad. Facsímiles que encontré, junto a una deliciosa edición de la Guide Bleu de 1933 en su francés original, de Rumanía, Bulgaria y Turquía, en una librería de viejo de la Gendarmenmarkt. En el más antiguo, de 1902, me encuentro con que ya existían esos nombres, lo que demuestra que los horrores de guerras pasadas, que hablan de inválidos y veteranos empobrecidos, no sirvieron de aviso para evitar previsibles calamidades futuras.

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Invalidenstrasse y Veteranenstrasse nombres tristes y grises que hoy no se corresponden con la vitalidad consumista y la felicidad polícroma y disneyana de su entorno. Pero en ellos trato además de ver los cambios sufridos tras la terrible destrucción de 1945, y sobre todo evocar en esas filas de casas del barrio canalla de Spandau, donde ocurrió todo, donde todas las vanguardia, artísticas, pero también sociales, tuvieron su asiento. Y a ella nos dirijimos el segundo día paseándola morosamente para al final acabar de patios. Los patios de Spandau, ya totalmente gentrificados, como ha acabado por serlo la zona de Oranienburger Strasse curiosamente revalorizado por el exrevolucionario, y ya turistizado Tacheles, y al que le sigue imparable Kreuzberg y su mequizada exantifascista arteria Oranienstrasse. Especialmente los patios de Hackesche Höfe y el Sophien-Gips Höfe.

Quien quiera informarse sobre ese fenómeno, la gentrificación, que en España ha ocurrido más esporádica pero quizás más cruelmente, puede hacerlo AQUÍ y AQUÍ.

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Escultura de cesped de Teresa Murak en uno de los patios de Sophien-Gips Höfe

Ya el primer día visitamos una de las más curiosas paradojas que encontrase puede en esta ciudad: la reconstrucción exacta de un lienzo del muro y de su espacio, destruidos visceralmente por los ciudadanos del Este y del Oeste ávidos de reencuentro unos y de libertad consumista otros, años después del hecho para desarrollar un parque temático de evocación siniestra para turistas y curiosos morbosos. En Bernauer Strasse, donde se ha acompañado como excusa de un centro de documentación de visita, menos mal, gratuita. 30 años deseando destruir el muro y cuando ocurre en una orgía catártica y festiva es reconstruido años después para satisfacer el morbo de los turistas.

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CONTINUARÁ...

IR A LA SEGUNDA PARTE

domingo, 9 de enero de 2011

Córdoba en el Alentejo

Nunca sabremos si nuestro paisano cruzó la frontera portuguesa como tantos otros a lo largo de la Historia para comprar toallas o para hacer la guerra, pero lo que sí está claro es que terminó haciendo el amor y fundando una linaje ilustre. Tampoco sabemos si el nombre de nuestra ciudad ya lo llevaba en su apellido o se lo puso o pusieron, como en la mili nos llamaban por nuestro origen (“El Málaga”, El Madriles”) ya en las dulces tierras lusas. El caso es que uno de los apellidos más linajudos del Alentejo portugués hace mención a Córdoba. Los Cordovis (aunque a veces aparecen como Cordovil) asentados desde al menos el final de la Edad Media en su capital, Évora.


Yo no tenía ni pajolera idea de la existencia de un vínculo cordobés evorense cuando visité recientemente la preciosa ciudad. Ni siquiera había oído nunca hablar del monumento en el que hice el descubrimiento. Sí había leído que existía en el largo das Porta da Moura un palacio llamado Casa Cordovis, pero no la había asociado al nombre de la ciudad de la Mezquita (antes mezquita). Fue al tercer día después de haber explorado todo lo minuciosamente que me daba el tiempo la ciudad cuando, dedicándome a una de mis actividades favoritas, la de buscar las huellas de la ciudad musulmana en el actual entramado, me lo encontré. Estaba en el largo das Portas da Moura, las principales de la muralla musulmana porque daba entrada al alcázar, cuando tras admirar la fuente renacentista que enseñorea en su centro me la topé enfrente. Se trataba de los restos de un palacio del que sólo quedaba un mirador incrustado en un edificio moderno. De factura claramente manuelino-mudéjar, de ese estilo para mi gusto extremadamente empalagoso porque retuerce moriscamente lo ya retorcido góticamente tan típico de la zona. Ya lo había visto en los restos del palacio de don Manuel, cuyo encanto reside hoy día más en lo romántico de su estado ruinoso que en su propio interés arquitectónico, con sus ventanales flamígeros dotados de finísimos arcos de herradura que le dan un aire de decadente decorado del Tenorio. El autor de ambos, mimado arquitecto del rey don Manuel, el prolífico Francisco de Arruda lo fue también de la torre de Belem de Lisboa, de los acueductos de la misma Évora y Elvas y de la iglesia de San Francisco también de Évora que acoge la espeluznante Capela dos Ossos cuyo horror macabro no radica sólo en que esté profusamente decorada con huesos humanos, sino que los mismos pertenecieron a multitud (se dice que cinco mil) de ciudadanos evorenses difuntos y que fueron desenterrados y robados en el siglo XVI por los frailes del convento profanando los camposantos vecinos en uno de los mayores aquelarres necrófilos de los muchos que la Iglesia Católica ha perpetrado en su historia.


Bueno a lo que iba, que me embala mi correoso anticlericalismo. Pues que estaba yo ante la puerta de reciente factura de la casa que actualmente soporta el bonito mirador manuelino-mudéjar cuando en el fondo del portal entreví otra puerta decorada con uno de los típicos e inevitables adintelados de azulejos portugueses. El portal se encontraba en un estado lamentable, con piso escombroso y algunas basura esparcidas por él. La puerta de madera acristalada debía tener sus cincuenta años y conoció tiempos mejores y a través de los polvorientos vidrios unos inquietantes maniquíes vestidos a la moda de al menos la Revolución de los Claveles me decían a las claras que se trataba de una tienda de tejidos clausurada desde entonces.


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Fue el texto inscrito en el frontal del dintel de azulejo el que me sacudió el entendimiento. Porque en él estaba explicado el porqué del nombre de la casa. Yo me atrevería a asegurar que la obra de azulejo pertenece a la primera mitad del XVIII, cuando se pone de moda el uso exclusivo del azul y el blanco por influencia de las porcelanas chinas, pero desde luego hace referencia a un linaje que debía llevar al menos dos siglos enseñoreado en la ciudad. Eso a pesar de que no he conseguido encontrar referencias claras en la red al tal linaje ni a la tal familia. Sólo alguna vaga alusión a la familia Cordovis de Évora en alguna página de heráldica portuguesa.


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DE CORDOVA NATURAIS
SÃO OS CORDOVIS HONRADOS
LÁ E CÁ MUI ACATADOS
CAVALEIROS PRINCIPAES
FORAM SEUS ANTEPASSADOS


Y debajo, como una especie de firma un enigmático BISPO MALACA


El lema de la familia se despliega a lo largo de la metopa representada en trompe l’oeil y dice


NOBILIS FUERIS, SI HONESTUS ET IUSTUS FUERIS


Lema que ya podían adquirir los políticos actuales a los que se les llena la boca de petición de nobleza democrática.


Especialmente enigmático me parece ese LÁ E CÁ MUI ACATADOS (allí y aquí muy obedecidos) que parece hacer referencia a que allí, o sea aquí, en Córdoba, ya debian mandar lo suyo antes de ir a mandar portugueses.


Pero las sorpresas, por juego de analogías, no terminaron ahí. Al doblar la esquina de la Casa Cordovis donde terminaba el largo (plaza alargada) y comenzaba una calle estaban rotulados los nombres antiguo y moderno de la misma. El nombre histórico de la calle era Rua da Mesquita. El nuevo Rua d Augusto Eduardo Nunes Arcebispo de Evora. De donde se deduce que en la bonita ciudad de Évora no sólo se cuece la exquisita carne de porco a alemtejana y deliciosos caracois chicos en caldo de cornetillas, sino que también se cuecen las habas nacionalcatólicas de cambiar nombres populares de centenarias calles por los de reyes, roques, santos y frailes. Sobre todo si hacían referencia a su pasado islámico.


Y un último enigma. En Portugal se consideran las mejores aceitunas para encurtir las llamadas azeitonas cordovis. Partidas, ralladas, de lejía o de ajo.


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domingo, 31 de octubre de 2010

MAHA GANAPATI




Susheela Raman: Ganapati

jueves, 11 de febrero de 2010

Buscando a El Bellotero en Creta (II)

Invasión de Creta por los árabes. Códice Skylitzes de Madrid


Conquista de Creta por los árabes. Códice Skylitzes Matritensis



(IR A LA PRIMERA PARTE)



Las circunstancias de la invasión, lugar de desembarco, etapas de la conquista, fundación de centros urbanos y grado de dependencia el imperio abbasí permanecen bastante oscuras. Los escasos datos de que disponen los historiadores proceden de fuentes indirectas, fundamentalmente bizantinas y árabes egipcias muy posteriores. Como ya dije antes el profesor de la Universidad de Creta T. E. Detorakis, en su History of Crete (2) dedica diez páginas a esta etapa. El profesor comienza incurriendo en lamentables errores de bulto cuando analiza la situación de Al Andalus a principios del siglo IX confundiéndola presumiblemente con la de los reinos de taifas más de dos siglos posterior, hablando de que entonces existían varios estados musulmanes en pugna entre sí (3). Así mismo considera al líder de los invasores de árabes de Creta, al que no llama al Ballutí como las fuentes andalusíes, sino sólo por su nombre, Abu Hafs, confusamente como líder, cabecilla de Córdoba. Más tarde, citando al cronista Baladuri que escribió a finales de ese mismo siglo, lo llama el El Andalusí, añadiendo que después sería conocido también como El Cretense. Las fuentes griegas lo llaman Apohapsis.


Por lo demás el profesor Detorakis me proporcionó abundante información, probablemente la más completa que se tenía cuando se escribió el libro. En primer lugar explica la facilidad de la conquista de toda una isla en manos del Imperio Bizantino por una banda de aventureros por el delicado momento en que pasaba la sede constantinopolitana tras la revuelta de Tomás el Eslavo (821), aunque no la conecta, como parece que es la opinión más generalizada, con la de Sicilia ocurrida por las mismas fechas. O sea un asalto generalizado del enemigo islámico contra Bizancio en varios frentes. Así mismo son interesantes las cuestiones que plantea acerca de la conquista en sí, la destrucción de las principales ciudades, para evitar retaguardias indeseables, las relaciones establecidas con los nativos y la elección de un lugar como centro de asentamiento principal. Las circunstancias de la fundación de su capital también presentan dudas, ya que no se sabe si eligieron un centro previamente habitado o no. El caso es que está fuera de toda duda que ese lugar comenzó a cobrar la importancia histórica a partir de que los cordobeses lo fortificaran fuertemente y construyeran un puerto. El propio proceso de su fortificación fue el que proporcionó el nombre a la ciudad Rabdh al Khandaq (que se traduce sistemática y tal vez erróneamente como Fortaleza del Foso), por el que, erizado de estacas, rodeaba a la linea de muralla defensiva. Este nombre se helenizó en Chandax y latinizado en Candia fue por el único que se conoció no ya a la ciudad sino a toda la isla hasta que a principios del siglo XX, tras la Enosis con Grecia, se rebautizara como Haraklion (4). El nombre árabe me suscita algunas dudas, toda vez que normalmente el término RABDH se traduce como Castillo o Fortaleza. Yo nunca lo encontré utilizado con ese significado, sino siempre como arrabal, palabra castellana que procede además de ella. Así que no sé por qué no podemos pensar que en realidad a lo que hace referencia a es al Arrabal de Saqunda (Rabdh as-Saqunda), de donde procedían todos los invasores. De hecho el emir que los expulsó de él pasó a ser conocido en las crónicas posteriores como Alhakam al-Rabadhí, el del Arrabal. Es probable entonces que el nombre que los exiliados cordobeses le pusieron a la ciudad que fundaron fuera un homenaje a su perdida patria: El Arrabal del Foso. Por la misma razón que se le llamó Nueva York a la ciudad fundada por colonos ingleses en la bahía de Hudson, o Nueva Granada a tantas ciudades hispanoamericanas.


Tampoco se sabe si el castillo construido posteriormente por los venecianos y que cierra el puerto lo fue sobre otro anterior de origen árabe, pero las posibilidades son altas, ya que ese puerto fue prácticamente el único motor de la economía arabocretense durante toda la dominación y lo hacían imprescindible para su defensa.


Resulta apasionante, y terrorífica, la trayectoria de esta banda de aventureros de un arrojo sin límites. Después de casi cargarse el incipiente estado andalusi, de apoderarse de una ciudad de la enjundia de Alejandría, de conquistar toda una isla y fundar un emirato de la nada, continuaron por siglo y medio dando que hablar en todo el mundo conocido cometiendo impunemente toda clase de barbaridades y tropelías en el Mare Nostrum. Lo que se llamaría hoy día unos tipos de cuidado. De la misma raza de los que siglos después se emplearían a fondo en América en lo mismo.



castillo heraclion
Puerto de Heraklion. Al fondo la fortaleza veneciana


Hoy no queda nada que recuerde la presencia de aquellos cordobeses en la ciudad y mucho menos en el resto de la isla, ya que parece que esta capital y su hinterland constituyeron sus únicas zonas de asentamiento permanente. Las murallas fueron derribadas y rehechas por los bizantinos tras la reconquista y posteriormente derribadas de nuevo por los venecianos que ampliaron la cerca y la ciudad, construyendo las poderosas murallas que aún hoy la rodean. Pero la cicatriz del perímetro original de la ciudad árabe persiste en las calles Handakos y Dedalou, que se juntan en la plaza Liontaria, donde luce la preciosa fuente veneciana que debe ocupar el lugar de la antigua puerta de la muralla árabe y la calle principal de la ciudad, la que baja desde ella hasta el puerto siguió siendo la misma bajo el dominio bizantino, veneciano, turco y hasta ahora mismo, rebautizada como 25 de Agosto. Tampoco sabemos nada de las relaciones establecidas con los nativos y si hubo conversiones al islam entre ellos. Obligatorias no debieron ser, como apunta el profesor Detorakis, toda vez que los no musulmanes estaban obligados a pagar un impuesto, el kharadj, del que no parece que estuvieran dispuestos a renunciar los invasores. Por lo demás no sabemos nada del tipo de lengua que hablaban, si, como parece que ocurría en Córdoba, usaban normalmente un dialecto del hispanorromano como lengua común y el árabe como lengua oficial y de prestigio. Tampoco se sabe nada de las actividades, fuera de las derivadas de la industria corsaria a que se dedicaron. Sí parece que debieron dedicarse en cierta medida a la agricultura, bien directamente o bien usando mano de obra nativa, porque algunos cultivos pasan por haber sido introducidos en la isla por ellos: la caña de azúcar, que ya había sido implantada con éxito en las costas sur de Al Andalus, el algodón y la morera. Y sobre todo al olivo, tan abundante en la isla, donde se supone que surgió la industria del aceite por primera vez en el mundo hacia el sexto milenio. Proviniendo de otro lugar aceitero sería extraño que no hubieran aprovechado esa capacidad.


MONEDAS CORDOBESAS CRETENSES

MoMonedas árabes de Heraklion


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Cerámica arabe encontrada en las excavaciones. Museo Históríco de Heraklion


En cuanto a los restos arqueológicos guardados en los museos de la ciudad, supuso una tremenda decepción comprobar que la amenaza que pendía sobre mí de que el Museo Arqueológico permaneciera aún cerrado (indefinidamente por obras) y que había ya encontrado en la red, se cumplía. Afortunadamente han habilitado en una pequeña ala del museo dos salas donde se exhiben una treintena de las mejores piezas de la cultura minoica. Pero supongo que entre las 15.000 que tiene en sus fondos algo habrá de la época de los cordobeses. Las monedas que muestro en la foto, por ejemplo, las entresaqué de una guía especializada en arte cretense. Pero una grata sorpresa supuso para mí descubrir el pequeño pero precioso Museo Histórico de Heraklion, aunque lo único que se muestra en sus vitrinas de la época de la ocupación árabe es una pequeña colección de monedas acuñadas en la isla por la dinastía andalusí y algunos trozos de cerámica de clara estirpe abbasí. Estas monedas y las que se guardan en los fondos del Arqueológico han servido para establecer con algunas lagunas la secuencia de los emires que gobernaron la isla. Una información que no he conseguido lamentablemente. Un par de gráficos muy trabajados expuestos en una de sus salas explican muy bien la evolución del perímetro urbano y una reconstrucción ideal de las murallas árabes.


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Evolución de la cerca de Heraklion. Arriba la ciudad árabe. Abajo la ampliación veneciana


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Plaza y fuente veneciana de Los Leones, ocupando el lugar de la puerta de la muralla árabe


Un dato interesante que apunta el profesor Detorakis (2) es la refutación de la historiografía actual de la, tenida hasta ahora por cierta, leyenda de que los árabes destruyeron junto con la ciudad romana de Gortys (Gortyna) el monasterio de San Tito, el discípulo de Pablo de Tarso que fue obispo de la ciudad, edificado por Justiniano y situado a la entrada de la misma y que hoy se sabe que su ruina la provocó un terremoto. Las ruinas de Gortys se encuentran diseminadas en medio de un mar de enormes olivos, no sé si milenarios, pero centenarios desde luego y sobre todo su odeón proporciona una idea de la monumentalidad que alcanzó. Subido sobre el cerrete que domina el conjunto, a dos pasos de las célebres leyes grabadas en bustrofedón (s. V adC) en sus paredes, traté de imaginarme a aquellos paisanos nuestros armados de feroces herramientas destructoras. Desde allí se imponía una visita a su salida natural al mar, la playa de Matala, posible punto de desembarco definitivo de los saqundinos de al Ballutí donde pude comprobar que hoy es la principal atracción de un hermoso balneario veraniego que cuenta con numerosas tumbas romanas excavadas dramáticamente en el acantilado y que sirven desde hace años de refugio a varias colonias de hippies.


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Ruinas de Gortina, la capital bizantina destruida por los invasores


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Monasterio de Agios Titos en Gortina, obra de Justiniano, que fue respetado por los árabes


matala


Playa de Matala



Pero de lo que más datos nos provee el libro del profesor es de la serie de correrías y de asaltos a las islas vecinas y al continente que llevaron a cabo los corsarios cordobeses y que recogen las crónicas bizantinas, unas veces por ellos mismos y otras al mando del famoso León de Trípoli, con quien participaron en el terrible saqueo de Tesalónica en 904. Existen crónicas de los sucesivos saqueos de Lesbos, el golfo de Corinto, las costas del Adriático y así hasta completar casi la totalidad de los dominios bizantinos. Este periodo de dominio del Mediterráneo oriental por el estado corsario cordobés será el que lleve a Henry Pirenne a su clásica teoría, hoy muy contestada, de que la Edad Media comenzó realmente con la cerrazón del Mare Nostrum a la navegación cristiana.


Un tema muy confuso es el del grado de independencia del emirato arabocretense respecto al poder central abbasí. A mí se me ocurre como modelo para entender su esencia la Malta de los siglos XVI y XVII, pequeña isla-estado independiente comisionado por las potencias occidentales para dedicarse al corso contra los turcos.


Del mismo modo encontré abundantes noticias en el libro del profesor Detorakis acerca de los numerosos e infructuosos intentos que la armada imperial llevó a cabo para recuperar la isla, que terminaron frecuentemente en sonados descalabros, hasta que fue definitivamente reconquistada por el general Nicéforo Focas, comisionado directamente por el emperador al mando de la mayor flota jamás armada por el estado bizantino, tras un año de asedio a la capital (960-61). Una leyenda habla de que la conquista fue posible por la utilización de una sucia treta por parte del estratega, cuando tras solicitar permiso a los árabes para criar caballos en la isla y serle concedida por aquellos desembarcó tropas camufladas entre los cuidadores equinos. No hace falta decir que se trata de eso, de una leyenda y que los hechos fueron mucho más sangrienta. Tras la toma de Rabdh al-Khandaq fueron capturados todos los habitantes que sobrevivieron y vendidos como esclavos. Los principales, incluido el último emir Abd al Aziz al-Qurtubi, el Cordobés, al que las crónicas griegas llaman Kurupen, y su hijo Numan fueron llevados a la corte para ser mostrados como trofeo en la procesión triunfal que el general victorioso se organizó en Constantinopla. Otro hijo del emir, Anemas, abrazó la fe cristiana y fue un fiel servidor del emperador hasta el final de sus días ya que murió años después en una batalla contra los rusos.


Como siempre ocurre en estos casos, lo primero que Niceforo Focas hizo en la ciudad conquistada fue construir un templo. Y la tendencia general suele ser aprovechar templos previos que habían consagrado los conquistados a sus cultos o al menos sus solares. Así que me puse a buscar en el plano actual de la ciudad una iglesia bizantina inmediatamente posterior a la reconquista. Tras desechar varias posibilidades llegué a la conclusión de que es muy probable que el estrategos construyera la iglesia de San Titos (Agios Titos) sobre la mezquita principal de la ciudad árabe, ya despoblada totalmente de musulmanes. De hecho, a mi regreso, con una simple prueba usando los sofisticados medios sobre cartografía digital que nos proporciona hoy la red pude comprobar que la direccionalidad axial de la actual iglesia ortodoxa, y que también llegó a ser usada como mezquita por los turcos hasta su salida, está aproximadamente enfocada hacia La Meca. La original cayó destruida por el terremoto de 1856 y fue reconstruida ya con un claro estilo otomano para que siguiera sirviendo para el culto islámico. Los otros dos templos candidatos, Agios Markos y Agios Petros no pasaron la prueba. La primera pasa por fundación veneciana, sin conocimiento de que se construyera sobre una iglesia ortodoxa bizantina anterior. La otra, las ruinas del monasterio de Agios Petros, no he conseguido averiguar la fecha de su fundación, pero su dirección axial está muy alejada de la canónica islámica.


Niceforos Focas llegaría a ser Emperador tras la muerte de Romanos dos años más tarde y curiosamente sería el que proporcionara a Alhakam II los artesanos y los materiales para la decoración del mihrab de la Mezquita de Córdoba.


vista de heraklio


Situación de alguns iglesias que podrían haber ocupado solares de mezquitas árabes






  • (3) The history of Arab rule in Crete begins in far off Spain, where there was a multitude of small Arab states in the early ninth century. Internal crisis between the Moslem rulers of Andalusia forced the leader of Cordoba, Abu Hafs, to abandon his city and look for a new home elsewhere with his people. It is not known exactly how many people left with Abu Hafs. Greek sources mention forty ships, while the Arab historian Himrayi says that the crews and civilians amounted to 10,000. (pg. 120).

  • (4) En la entrada de la Wikipedia para Heraklion aparece la peregrina teoría de que la palabra Candia provendría de la latina candida, dado durante el medievo inicialmente por los marinos y comerciantes italianos, ya que en la isla de Creta los árabes hicieron los primeros cultivos de caña de azúcar dentro del territorio europeo, azúcar que por su blancura era llamada "cándida"; de este modo, por metonimia se llamó "Cándida" o "Cándia" a toda la isla de Creta; nombre que en español moderno se denomina Candía.



miércoles, 10 de febrero de 2010

Buscando a El Bellotero en Creta (I)

DELFINES



En el centro de la placeta que se abre frente al puerto antiguo de Heraklion, la capital de Creta, hay una pequeña glorieta que a duras penas se consigue atravesar por el intenso tráfico al que está perennemente sometida y que luce una graciosa escultura de tres delfines saltando sobre una ola. Más allá cerrando el puerto, recortada contra el horizonte, la mole de la fortaleza veneciana. Todo eso lo contemplo desde el ventanal que se abre frente a la mesa de la taberna donde saboreo unos chupitos del raki local, un plato de gajos de fruta fresca, una delicia repostera local y unas bolas de jeringo con helado, todo ello invitación de la casa y sólo por el esfuerzo de pedir la cuenta, tras haber disfrutado de un grandioso almuerzo pescador regado de un fresquísimo blanco moskofileros del Peloponeso ligeramente aromatizado de rosas. Por algo la taberna se llama Ligo Krasí, Ligo Thalassos (un poco de vino, un poco de mar). Por el precio de un par de medias raciones cordobesas mondas y lirondas. Dejo constancia fotográfica del portento, como prueba incontestable y por si sirviera de ejemplo edificante para algún restaurador de esta ciudad, la racanería de cuyo gremio de hostelería le ha granjeado el título de ciudad más virulentamente sintapista del hemisferio norte.




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He venido a Creta a buscar las huellas del puñado de cordobeses que en el siglo IX la conquistaron y fundaron un emirato independiente que funcionó como factoría corsaria y mercado de esclavos durante un siglo. Ahora que por fin se ha demostrado que la clase empresarial cordobesa tiene menos arrojo que el chucho Scoby Doo y el mismo espíritu que la hiena Tristón, podría servirles de modelo el ejemplo de ese puñado de paisanos que unos siglos atrás le echaron un par a la vida, hicieron de la desgracia necesidad y de la necesidad virtud, le pegaron un bocado al imperio más poderoso del mundo y montaron el negocio más rentable de aquellos tiempos. Bueno, y de estos también. Que no sea muy decente es otro asunto. Y no es por darles ideas, no sea que por pura comodidad... Que lo único que tienen en común con aquellos es lo de piratas y sus tendencias esclavizadoras.



Y ahí enfrente tengo la primera, la más visible, de esas escasísimas huellas que quedan de su paso por aquí. Porque es más que probable, aunque no ha sido comprobado, que la sólida fortaleza veneciana actual se construyera sobre los cimientos de una anterior construida por aquellos andalusíes para defender el puerto que habría de ser el centro de su poderío.



¿Where are you from? nos preguntó el camarero un momento antes de traernos la sorprendente propina gastronómica mientras recogía los platos repletos de raspas. We are spanish. ¿Madrid, Barcelona? No, we came from... Cordóba, le solté titubeante, sacando mi mejor acento obamaniano. Por un momento dudé si decirle la verdad o mentir bellacamente. Un par de días antes había recorrido infructuosamente las librerías de Atenas buscando literatura en inglés sobre la etapa histórica que me interesaba. La mañana anterior hice lo propio en las de Heraklio. Y finalmente por la tarde encontré en la tienda del Museo Histórico de la ciudad un ejemplar de la History of Crete del profesor Detorakis (2) que dedicaba nada menos que 10 páginas al asunto. Por la noche, ya en el hotel, conseguí desbrozar el monte del inglés del texto con mi muy mellada hacha traductora y leerlo. Las barbaridades que se le achacan a nuestros paisanos en el siglo y medio que dominaron la isla fueron las que me hicieron dudar a la hora de pronunciar ante el camarero el nombre de la ciudad de procedencia de aquellos bárbaros. Los rencores enquistados en las almas nacionales son inexcrutables y más en el alma griega que sigue montando su nacionalismo europeo y ortodoxo, más que en las glorias de Pericles y su época, por oposición al turco musulmán. De todas formas casi sabía que no había nada de qué preocuparse toda vez que había comprobado el día anterior en las dos librerías que visité preguntando sobre poblicaciones de la etapa de la conquista árabe de Creta que los empleados no es que no supieran que fueron cordobeses los invasores (alguno me lo negó rotundamente diciendo que eran libios), sino que la palabra Córdoba les remitía única y exclusivamente a una cierta cápsula de transporte unifamiliar motorizada dotada de bomba de inyección selectiva, creo que en las cuatro ruedas.



La historia empezó justo enfrente de la recién construida en ese momento Mezquita de Córdoba, tan recién construida que el alminar debía aún de andar con algún andamio para los remates finales. Exactamente en el arrabal de Saqunda de Córdoba, el floreciente barrio artesano crecido al otro lado del puente que cruza el Guadalquivir desde la Gran Mezquita, en el interior del acusado meandro con que el río abraza a la ciudad, a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII y que acogerá el aluvión de inmigrantes del campo circundante atraídos por el imán de la riqueza y la estabilidad asociados ya a la ciudad desde que el primer omeya, Abderramán I, la conquistara y se asentara en la que ya era capital del nuevo estado, Al Andalus.



Cuanto fijó el primer omeya lo consolidó el segundo, Hisham, fundamentalmente con la profundización en la incipiente islamización mediante la adopción del malikismo, recién parido por el mediní Malik ibn Anas en la lejana Arabia, y disidente del derecho oficial abbasí, como columna vertebral jurídica del nuevo estado, y quedó expuesto al peligro de la desintegración en tiempos de Alhakam I. El esquema que sirvió a Ibn Jaldún para enunciar su teoría acerca del ciclo vital de los imperios. Según González Ferrín (1), en su atrevida teoría sobre la naturaleza del estado andalusi, es en este momento cuando pudiera hablarse de "conquista", cuando realmente se comienzan a islamizar las estructuras de poder emiral, el árabe se convierte en lengua de civilización y se crean las bases para la diferenciación social y económica que sustentaría las estructuras políticas de Al Andalus. Las revueltas del arrabal de Saqunda (805 y 818), como la de Toledo (797), que tuvo que sofocar el tercer omeya se inscriben en ese proceso y aunque las dudas acerca de la idiosincrasia de los saqundinos ha creado muchas controversias entre los historiadores la versión más aceptada es que fueron esencialmente muladíes (cosa que niega Maribel Fierro aunque coincide en el espíritu puramente socioeconómico de la revuelta, pg. 213), de nativos que se enfrentaron a una aristocracia baladí, falsa, como defiende Ferrín, o de origen realmente oriental, cada vez más ávida, capitaneados por alfaquíes que reclamaban la exención de impuestos a los musulmanes. Lucha, pues, de clases pura y dura. Y la represión de la última (818) brutal, definitiva. Aparte de las innumerables crucifixiones (las fuentes hablan de 300) y el arrasamiento total del arrabal, cuyo solar nunca, ni siquiera en la actualidad, volvió a habitarse, se calcula que un cuarto de la población cordobesa fue expulsada de las fronteras de Al Andalus.

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Silueteado en amarillo las zonas del arrabal de Saqunda que han sido excavadas


Así que tenemos en el 818 a 20.000 familias cordobesas saqundinas saliendo del país. La mayoría acudieron a la llamada de Idris, el personaje mito especular de Abderramán I en el Maghreb, vástago último como el omeya de una estirpe masacrada y engendrador de dinastía reinante en tierras lejanas, que acababa de fundar Fez, donde crearon un populoso y próspero arrabal que aún hoy es conocido como el de los Andaluces. Hay un dato sospechoso en todo esto. El historiador y geógrafo Al Bakri, que escribe a lo largo del siglo XI desde Al Andalus sin haber visitado nunca los lugares de África, Europa y Asia que describe, dice que una de las puertas de la muralla de la primera medina de Fez (la andalusi) era llamada Bab al-Kanisa (Puerta de la Iglesia), lo que podría apuntar al hecho de que algunos de los exiliados del arrabal de Saqunda que fundaron Fez fueran cristianos y así como probablemente algunos del resto, los que se embarcaron en Pechina (hay quien sitúa ese embarco en Cartagena) y se dirigieron a Alejandría. Las causas de esta elección se desconocen, pero sí se tienen noticias de que en la ciudad mediterránea formaron una floreciente comunidad que muy pronto, aprovechando una coyuntural confusión reinante en la ciudad acabó dominándola política y militarmente. Los datos de estos hechos son muy confusos y se deben fundamentalmente a al-Nuwairi historiador egipcio del siglo XIV. Alertado el califa Al-Ma’mun acució al gobernador de Egipto, ‘Abd Allah ibn Tahir a que la reconquistase, cosa que finalmente hizo. Nuwairi habla de 15.000 cordobeses que fueron obligados a embarcar con la prohibición de desembarcar en ningún puerto bajo dominio abbasí. La historiografía actual se inclina a considerar que fueron direccionados expresamente a Creta por las autoridades abbasíes tras varias incursiones previas, en línea con el avance occidental sobre Sicilia.

El caso es que aprovechando la debilidad coyuntural del imperio bizantino se hicieron, parece que fácilmente, con ella. Su lider se llamaba Abu Hafs al-Ballutí, originario de Fahs al Ballut, el Llano de las Bellotas, el actual Valle de los Pedroches. Era el año 827. Se sabe que habían efectuado previos desembarcos de reconocimiento en distintos puntos de la costa sur, pero el definitivo debió hacerse en el golfo de Mesara, probablemente en la playa de Matala, salida natural de la importante ciudad romana de Gortys (Gortina), capital, antaño romana y en ese momento bizantina, de la isla. Tras destruir todas los baluartes que encontraron a su paso para impedir una posible defensa, incluida la propia Gortina, pasaron a la costa norte donde fundaron una ciudad portuaria perfectamente amurallada y rodeada de un foso, que le daría nombre: Rabdh al-Khandaq, La Fortaleza del Foso, según la traducción más común. Con ese nombre, italianizado en Candia, sería conocida hasta principios del siglo XX en que tras la Enosis con Grecia se cambiaría por Heraklion.

El Ballutí, el Bellotero, fundó un emirato independiente hereditario y desarrolló desde ese puerto una industria corsaria y de tráfico de esclavos que asoló el Mediterráneo oriental durante casi un siglo y medio. Exactamente hasta el año 961 en que el general bizantino Niceforo Focas al servicio del emperador Romanos consiguió recuperarla.

La conquista de Creta supuso un tremendo varapalo para Bizancio, que consideró siempre su reconquista una prioridad absoluta. González Ferrín (1) nos suscita la duda de que la embajada que envió el emperador Teófilo a Abderraman II en 840 pudiera haber sido una velada manera de preguntar al emir cordobés si la conquista de Creta por andalusíes era la toma de Creta por Al Andalus.



  • (1) Emilio González Ferrín: Historia General de Al-Andalus. Almuzara 2007

  • (2) T. E. Detorakis, History of Crete (Heraclion,1994), que busqué infructuosamente en Atenas y en las principales librerías de Heraklio y que al final encontré en la tienda del Museo Histórico.


CONTINUARÁ...

viernes, 1 de enero de 2010

Fez, La Andaluza

Oratorio de Idriss (Fez)

Exvotario (candados) en el muro exterior del oratorio dedicado a Idriss (II) en Fez

Como si la hubiera diseñado el mismo Borges en uno de sus delirios literarios, Fez, FAS en árabe, es una ciudad esencialmente especular. Una leyenda apócrifa dice que su nombre proviene del reflejo inverso de una imposible ciudad que se había alzado anteriormente en su mismo solar, SAF (Zef), de la que nadie, salvo la febril imaginación de una cadena de eruditos locales, se hizo nunca eco.

Pero es que aparte de la leyenda las crónicas históricas hablan de una doble ciudad cuyas dos caras surgen especularmente enfrentadas, muralla contra muralla, escalando esforzadamente las orillas contrarias de un mismo río, tras una mítica fundación, también especular de otra que ocurre, casi simultáneamente al otro lado del estrecho de Gibraltar, en Córdoba y estrechamente relacionada con ella.

Hablo de una época confusa, nebulosa y falta de vías de interpretación fidedigna coetánea, cuyas primeras luces son obra de autores que escribieron uno o dos siglos después. Así la interpretación de la fundación de Fez y la fundación omeya de Al Andalus participan de la misma textura mítica, legendaria, de la de Israel, Roma o la de tantos reinos del sudeste asiático. Finales de estirpe salvados milagrosamente que renacen posteriormente, como aves fénices, en el extremo del mundo, como Moiseses o como Anastasias en la último avatar del mito. Por eso se permite González Ferrín llamar los anastasios a Abderramán I e Idriss I.

Es altamente sospechoso el azar que hizo compartir coetáneamente a Córdoba y Fez ese mismo mito . El de un héroe que se salva de una matanza familiar y funda un reino lejano. Y que ese mito se convierta en verdad histórica a partir de ser relatado en crónicas un siglo después. Y lo es más aún que la ciudad que fundó el segundo se poblara con exiliados de la ciudad que refundó el primero en el trozo especular del otro lado del estrecho de Gibraltar unos años antes. Todo muy sospechoso. Quien quiera hurgar en el asunto no tiene más que tragarse el monumental Historia General de Al Andalus (Almuzara) de Emilio González Ferrín. Si no le convence al menos recibirá una buena ducha de dudas razonables.

MULEY IDRISS

Vista de la ciudad de Mulay Idriss con la tumba del fundador de la dinastía, el Abderramán I marroquí

Idris I fundó Fez en la orilla izquierda del río del mismo nombre y la pobló con exiliados de la revuelta del arrabal ocurrida unos años antes en Córdoba, la Córdoba que refundara unos años antes el otro anastasio, Abderramán I. La versión oficial es que se trataba de muladíes, cristianos artesanos que habitaron la orilla izquierda del Guadalquivir. Extraño también que fueran requeridos por un iluminado fundador de una ciudad musulmana. De nuevo González Ferrín nos socorre con sus dudas y nos pone las contradicciones ante los ojos: el Islam probablemente aún no había sido instaurado como religión madura, sino que andaba tratando de asomar la cabeza entre las decenas de herejías unitarias que se enfrentan al trinitarismo imperialista bizantino. Aunque el árabe ya se había alzado como lengua culta en sustitución del griego y el latín. Y estamos en el año 800.

Mezquita de los andaluces (Fez)

Fachada de la Mezquita de los andaluces

Hay un dato sospechoso en todo esto. El historiador y geógrafo Al Bakri, que escribe a lo largo del siglo XI desde Al Andalus sin haber visitado nunca los lugares de África, Europa y Asia que describe, dice que una de las puertas de la muralla de la primera medina de Fez (la andalusi) era llamada Bab al-Kanisha (Pueerta de la Iglesia), lo que podría apuntar al hecho de que algunos de los exiliados del arrabal de Saqunda que fundaron Fez fueran cristianos.

Inmediatamente después, frente a la ciudad de los cordobeses surge otra ciudad repoblada con exiliados de Kairouan, que trepa por la orilla derecha del mismo río. Es entonces cuando de ciudades enfrentadas pasan a convertirse en barrios de una sola: el de los andaluces y el de los karaouiyines. Con sus Aljamas, mezquitas mayores, compitiendo en volumen y pureza de la llamada a la oración. Aún es así. Atravesadas por dos calles principales que conducen a las dos puertas más hermosas: Bab Futuh en el de los andaluces y Bab Bou Djeloud en el de los qaraouiyines que horadan la muralla en la cima de ambas laderas.

Mulay Idris fue enterrado cerca de Volubilis la ciudad de fundación romana donde vivió y su tumba es el lugar más santo de Marruecos, alrededor de la cual creció una ciudad que lleva su mismo nombre.. Su hijo Idriss II fue el que acogió a los qaraouiyines y su tumba también es muy venerada muy cerca de la Djama’a Al Qaraouiyine. La de Abderramán en Córdoba nunca llegó a serlo por encontrarse dentro del recinto palatino. Y la memoria de su ubicación exacta se perdió para siempre tras la conquista del rey santo guerrero.

Medersa del barrio de los andaluces (Fez)

Medersa del barrio de los andaluces (Fez)

Merlones de la medersa de los andaluces (Fez)

Detalle de los merlones del patio

El barrio de los andaluces es hoy el menos visitado por el turismo de masas y realmente carece de los monumentos de su hermano qaraouiyin, pero también no deja de resultar fascinante perderse por sus callejas o rodear la manzana donde se encuentran sus dos principales atractivos monumentales; la Mezquita Aljama y la medersa Sahridj. Los otros dos monumentos del barrio están en ruinas, la mezquita de la Luces (Djama’a al anuar), la única de fundación original, por el propio Mulay Idriss (I) y la medersa S’baiyine. La Al Djama’a que podemos contemplar hoy (sólo la portada, claro) no conserva nada de la obra original de los andaluces que la construyeron y su monumental portada se debe a los almohades (siglo XII). Las medersas cercanas tampoco tienen nada que ver ya con los andaluces originales y fueron construidas como todas las demás de Fez en el siglo XIV por la dinastía meriní. La medersa Sahridj está muy descuidada, aunque se prevee una profunda restauración próximamente. De proporciones muy hermosas lo más llamativo son los paneles de madera finamente labrados coronados por merlones típicamente cordobeses que cierran los vanos del patio.

Exterior puente al Tarrafin (Fez)

Exterior puente al Tarrafin (Fez)

Puente al Tarrafin (Fez)

Puente de Tarrafin bordeado de tiendas como sus más famosos italianos.

Cruzando el río por el pequeño puente A-Tarrafin, bordeado de tiendas como sus más famosos italianos, obra del siglo XI, llegamos enseguida a la plaza Seffarin, de los latoneros, en uno de cuyos frentes se alza la biblioteca Qaraouiyin, vinculada especialmente con Al Andalus porque en ella se conservan los restos del naufragio cultural andalusí. Los libros que consiguieron salir de la península y librarse de las piras de Cisneros. Se trata de un edificio de reciente construcción al que sólo se puede acceder a un pequeño patio.

Estando completamente absorto sentado en el primer escalón de una escalera pensando en los tesoros que allí se guardan y que aún están no ya por valorar, sino incluso por descubrir, se abrió una puerta y aparecieron dos investigadores vistiendo bata blanca, provistos de mascarilla y con las manos enfundadas en guantes quirúrgicos en las que portaban sendos montones de libros antiquísimos solicitándome paso gestualmente para poder subir la escalera. Lógicamente no me dio tiempo a disparar la cámara de frente, así que hube de esperar a que acabaran de subir y se giraran para entrar por una puerta que abrieron arriba. Entonces los capturé. Un segundo después un larguísimo escalofrío me recorría la espalda cuando me asaltó la idea de que alguno de aquellos libros pudiera haber sido un manuscrito de Ibn Rushd, el original de El Collar de la Paloma o incluso las cuentas del sastre de alguno de ellos. Al menos podemos disfrutar del alivio de que aparentemente los tratan bien.

Biblioteca Qaraouiyin (Fez)