(del laberinto al treinta)


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lunes, 3 de junio de 2019

La procesión antisemita de Cañero

ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO PREVIAMENTE EL 30 DE MAYO DE 2019 (DÍA QUE LOS CATÓLICOS DEDICAN AL CULTO DEL REY FERNANDO III EL BIZCO) EN EL DIARIO DIGITAL PARADIGMA.

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(SAN) VICENTE FERRER

Por el historiador renacentista valenciano Pedro Antonio Beutes (1) sabemos que un día de 1411 una turba incendiaria dirigida por el fraile dominico Vicente Ferrer, a quien los católicos consideran santo, tras un sermón virulentamente antijudío que había emitido en una iglesia toledana, se dirigió a la sinagoga mayor de la ciudad, expulsó violentamente a los judíos que allí había, hizo una pira con los textos talmúdicos y robó todo objeto litúrgico de valor que encontró en ella. Seguidamente el fraile valenciano ordenó calma y consagró el templo al culto católico con el nombre de Santa María la Blanca.

También sabemos que en 1391, aunque no podemos hablar de incitación directa al asesinato de judíos en sus sermones, como sí la encontramos en los de los frailes andaluces que ese mismo año dirigieron el asalto de las juderías andaluzas y asesinaron a varios miles de judíos a los que además robaron sus bienes, entre ellas la de Córdoba (2), los seguidores fieles de sus enseñanzas en Valencia hicieron lo propio en la judería valenciana, con el resultado de varios cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados y robados por esos sus piadosos seguidores. Pero sólo hay que leer esos sermones para entender que esa violencia directa iba implícita en todas y cada una de las palabras del domini cane (el perro de dios), la orden fundada por Tomás de Aquino (otro santo) para sostener la Inquisición que había fundado.

Hoy muy pocos historiadores no confesionales, dudan de la responsabilidad por incitación de Vicente Ferrer en las persecuciones de judíos de finales del siglo XIV (3). Y son muchos los que defienden que las legislaciones posteriores recogen todas y cada una de las sugerencias que el fraile valenciano puso en el tapete del antisemitismo oficial, especialmente las Leyes de Ayllón de 1412 (4): reclusión en guetos, marcaje con prendas especiales obligatorias (que los judíos traxesen tabardoscon una señal bermeja, é los moros capuces verdes con una luna clara) (5) a sus miembros, prohibición de ganarse la vida tratando con cristianos (ni siquiera podían hablar con ellos) para obligarlos, rindiéndolos por hambre, a la conversión.

Muchas veces se dice que no podemos juzgar con ojos de nuestra época los actos de la gente del pasado. Pero sí que podemos juzgarlos con los ojos de juzgar de sus coetáneos. Y podemos asegurar que lo que hicieron aquellos católicos dirigidos por frailes estaba considerado un crimen y penado por las leyes reales y de hecho hubo juicios y condenas a los responsables de las matanzas. Aunque ninguno de aquellos condenados vestía hábito frailuno.

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FRAY ALBINO

En 1946, diez años después de iniciarse el genocidio franquista, llegó a Córdoba uno de sus más firmes defensores: el obispo Fray Albino. Se ha demostrado recientemente que siendo obispo de Tenerife no sólo conspiró con los militares que dieron posteriormente el golpe del 17 de julio sino que escribió textos pastorales que son una clara incitación a destruir la democracia formal que instauró La República (6). Una vez iniciado el genocidio, no sólo firmó la carta de los obispos apoyando la Cruzada, sino que se empleó sin descanso en defender la necesidad de una limpieza radical, de matar al mayor número posible de rojos, de los que se reía en el trance de su fusilamiento llamándolos cobardes porque no sabían morir (7). Que llegó a considerar en un ataque de delirio paranoide-criminal a Franco como un enviado directo de Dios para salvar a España. Que compuso un catecismo, El Catecismo Patriótico Español (8), para adoctrinar a los niños de la posguerra, especialmente a los huérfanos de los rojos y las rojas fusilados, que es inequívocamente una adaptación de las ideas estelares del Mein Kampf del Führer para aprendizaje memorístico de esos niños, porque asimilaba en el mismo paquete de eliminables para la salvación de España a liberales, judíos y socialistas. Su visceral antisemitismo aparece una y otra vez en ese catecismo y en el resto de sus escritos pastorales lo que hace a su pensamiento más dependiente del nazismo que del propio ideario fascista español. Por ello, no es extraño que fuera un admirador y devoto del portador de su propio hábito dominico más antisemita de la historia de este país, Vicente Ferrer.

En los últimos años de su vida se empleó en paliar algo la miseria, a la vista de su insoportable ubicuidad, en que sus propias acciones y la de sus cómplices civiles y militares franquistas mantenían a la población superviviente vencida, patrocinando la creación de dos barriadas de casas baratas. A una la bautizó, en un rapto sublime de modestia, con su propio nombre y a la otra con el del militar y rejoneador franquista Antonio Cañero, cuya mayor hazaña guerrera fue montar una brigada montada de señoritos y garrochistas falangistas que, armados con picas y escopetas, cazaban en la sierra, como si de alimañas se trataran, a los republicanos desarmados huidos de la masacre y que resultarían unos asesinados a sangre fría entre los peñascales serranos y otros reconducidos a las tapias de los cementerios para ser fusilados (9). La mitología franquista fomentó desde entonces la falsa creencia de que la permuta de los terrenos para la construcción de esas casas por otros mejor situados y que le supusieron un suculento negocio, había sido una altruista donación del caballero rejoneador al obispo y a la causa de los pobres (10).

Y la parroquia de esa barriada, la de Cañero, se la dedicó el obispo nazi lógicamente al santo antisemita de su máxima devoción, de quien fue émulo en la persecución sin desmayo de los enemigos de la fe, judíos y republicanos. Así, el dedo del santo pogromista, San Vicente Ferrer, ha amenazado durante los últimos 60 años a todos los vecinos de ese barrio, el barrio históricamente más progresista de toda la ciudad, con todos los terrores, tanto terrenales como de ultratumba, que el catolicismo ha inventado para mantener permanentemente acojonados a sus fieles.

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EL BARRIO CAÑERO

La barriada de Cañero fue durante los años 60, una vez que sus habitantes consiguieron sacar un poco la cabeza del pozo negro del franquismo, modelo para toda España de lucha vecinal contra la dictadura, como ha contado recientemente Federico Abad en su imprescindible ensayoLa barriada de Cañero. Su asociación de vecinos fue la primera de ese tipo que se fundó en el estado español y llevó a cabo una denodada lucha para conseguir mejoras estructurales en el barrio con espectaculares logros como los arreglos de los tejados, el asfaltado de las calles o el acceso a precios asequibles a la propiedad familiar de las viviendas. Los núcleos duros de lo que fueron los partidos políticos cordobeses que lucharon contra la dictadura en los primeros 70 surgieron precisamente de ella.

La Transacción y el trampantojo del estado de bienestar durante la burbuja económica obró el mismo milagro de desmovilización que en los demás barrios. El envejecimiento de la población y la especulación con los precios de la vivienda en los años dorados del ladrillo terminaron el trabajo de adocenamiento de un verdadero barrio obrero. Y en los últimos años hasta el PP consiguió ganar en él alguna elección en alguna ocasión. Pero al menos el barrio se había venido librando de la metástasis cofrade, esa imparable enfermedad vinculada al nacionalcatolicismo y no a poder popular alguno, como defienden algunos desde sus apulgaradas antropologías de chaqueta de pana, que ha infectado el corpus de la sociedad en las grandes ciudades andaluzas y que, como ya dije en otra ocasión, consiste en la reproducción cíclica a escala del funcionamiento de la sociedad tradicional en la que todo el mundo camina en fila india en el sitio, perfectamente estamentado, que le corresponde, agarrando su triste vela o su recamado palo de plata (11), con su carga de derechización de la juventud, la sustitución de los vínculos de solidaridad militante de la lucha política en común por los inanes esfuerzos de sacar a pasear idolatrías a ritmo de tambor militar, la sustitución de la idoneidad de la justicia social por la de una caridad dirigida por una institución tan reaccionaria como la Iglesia y el cuidadoso enfoscado, tras la mística suntuosa, pero huera, del rococó y el incienso, de los conflictos sociales inherentes al sistema.

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LA PROCESIÓN DE LA INFAMIA

Pero el virus de la cofradeína acabó llegando hace tres o cuatro años y Cañero ya tiene una cofradía que procesiona en la Semana Santa, con parafernalia idolátrica perfectamente montada. Por lo que he podido averiguar, se trata de una infección exógena, que ha desembarcado desde fuera, una colonización en toda regla de cofrades huérfanos de otros lares y aún no he conseguido que alguien del barrio me confiese que conoce a algún hermano de esa cofradía. La inmensa mayoría son gente de fuera del barrio, sin vinculación histórica con él o infectados en su exilio. Pero que ya ha pasado a ser conocida como la Hermandad de Cañero.

Pero todo pudiera quedarse en que saquen un día al año, aparte las innumerables salidas extraordinarias ya oficializadas en las demás, las figuras titulares que adoran y pongan el barrio, como todos los demás, perdido de cera y atufado de incienso y provean de espectáculo colorido, churrigueresco y sincopado a ritmo de música militar (la música cofrade no existe, es un derivado sin más de la militar) a los vecinos del barrio que no tienen en la calle diversión mejor que echarse a los ojos. Lo que no podíamos figurarnos los que empezamos a ser ya unos insorribles que vivimos en un mundo que se va alejando cada vez más de nuestra sensibilidad ética y estética es que los responsables de esa cofradía colonial vinieran de fuera a rescatar al santo bajo cuyo terrible dedo nos hemos criado varias generaciones del barrio, de su hornacina y a refregárnoslo por las calles.

Resulta que este año se conmemora el VI Centenario de la muerte del dominico antisemita y tanto el obispado, como la parroquia, como la cofradía colonial van a montar unos pollos festivos para el evento. Todo el mundo es libre de adorar o convocar en su casa al demonio que le apetezca. Nada que objetar a la peregrinación de unos vecinos a la tumba en Francia del considerado santo, tampoco a la verbena a celebrar en el patio de la parroquia, ni a los triduos, y otras solemnidades que se celebrarán en la iglesia. Ni siquiera al acto académico de exaltación de la figura del perseguidor de judíos con la colaboración de la Muy Piadosa Academia de Nobles Caspas y Bellas Tretas. Nada, nada que objetar. Pero sí y mucho a que lo saquen en procesión. Esa imagen llevaba más de 60 años en su hornacina sin que a nadie se le ocurriera bajarlo ni para verlo de cerca, ni le hiciera ni el más mínimo caso, sin que quisiéramos saber piadosamente mucho más de lo que ya sabíamos y del que hoy no dudo que hubiera sido más saludable que sus hazañas lejanas y terribles hubieran corrido de boca en boca desde los primeros tiempos del barrio, cuando un obispo nazi y un alcalde falangista regían como capataces absolutos del campo de concentración en que la banda criminal que secuestró a medio país a punta de pistola, después de asesinar al otro medio, convirtió a esta triste, desgraciada ciudad. Siguiendo las enseñanzas criminales del dominico Vicente Ferrer, cuya efigie, que había permanecido desde siempre en su sitio natural, el acotado higiénicamente por los curas para ello, si el tiempo y la decencia no lo impiden, invadirá mancillando con el recuerdo de sus fechorías las entrañables calles de mi barrio.



       NOTAS:
1. La vida, y historia del apostolico predicador sant Vincente Ferrer. Valencia, 1575.
2. Días después del pogromo cordobés, la sinagoga (que sigue siendo la actual) fue  convertida en ermita hasta que a principios del siglo XX el estado consiguió su devolución a Patrimonio Nacional.
3. Antonio Claret García Martínez: El acoso a las comunidades judías en los milagros bajomedievales. el caso de s. Vicente Ferrer. Actas de las III Jornadas Hispano-Portuguesas de Historia Medieval. Universidad de Sevilla, 1991.
4.  Carolina M. Losada. Ley divina y ley terrena: antijudaísmo y estrategias de conversión en la campaña castellana de San Vicente Ferrer (1411-1412). Hispania Sacra, LXV 132, julio-diciembre 2013, 603-640.
5. Alvar García: Crónica de Juan II.
6. Ricardo A. Guerra Palmero: Ideología y beligerancia: la Cruzada de Fray Albino, Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2005.
7. González Menéndez-Raigada A.: Mina de oro para enfermos y atribulados. Imprenta Católica, Santa Cruz de Tenerife, 1941, p.249 (Recogido en el libro del profesor Guerra Palmero). Los rojos no saben morir por falta de heroísmo...algunos conseguían morir cristianamente ya que con motivo de los fusilamientos que la justicia de Franco tuvo que hacer con los criminales rojos... en privado un 60% de los que iban al paredón se confesaban, pero en público la cifra era de menos del 10%.
8. González Menéndez-Raigada A.: Catecismo Patriótico Español, Ed. Península, Barcelona, 2003.
9. Francisco Moreno: El genocidio franquista en Córdoba. Crítica, Barcelona, 2008.
10. Federico Abad: La barriada de Cañero. Utopía, Córdoba, 2016.
11. M. Harazem La invasión cofrade. En 17. Un análisis del estado de la cultura en Córdoba. Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba, 2016, p. 112.


jueves, 23 de mayo de 2019

I. El malsinismo, esa pasión tan cordobesa

El malsinismo es la gran pasión cordobesa. O al menos aquella que a sus cultivadores ha proporcionado más satisfacciones a lo largo de la Historia. Un malsín es un chivato, un señalador. Es palabra de origen hebreo, y es lógico que fueran los judíos quienes les pusieran nombre porque fueron ellos los que los sufrieron más especialmente, pero no solo, que sodomitas y librepensadores les siguen inmediatamente. La Inquisición nutrió sus procesos y autos de fe que llevaron a miles de ellos (judíos, sodomitas y librepensadores) a la hoguera en los testimonios, interesados o no, de los malsines, de los chivatos que señalaron a sus víctimas. Y sí, el malsinismo fue siempre pasión española en general, pero las estadísticas hablan y nos dicen que, en Córdoba, más. En ningún otro sitio como aquí la cobardía malsínica encontró no sólo abono sociológico de primera, sino que, o tal vez por ello, oídos tan prestos y brazos ejecutores tan firmes que hicieran fructificar sus señalamientos de vecinos a los que, por muchas causas, odiaban. En ningún otro sitio se dio una conjunción tan entrañable entre cobardes chivatos y conspicuos asesinos llegados de fuera, atraídos por el olor de la sangre, como aquí.

¿Ejemplos? Con sólo dos, eso sí muy señalados, será suficiente. El inquisidor Lucero el Tenebroso quemó en el Marrubial (sí, donde hoy se alza la Biblioteca Central sin un triste recordatorio, mientras la ciudad está llena de placas en las que se recuerda que allí cagó un cofrade) previos autos de fe en la Corredera, a más de 200 cordobeses que otros cordobeses, los malsines, le habían señalado con su dedo. Con todo, otro de los muchos siniestros récord de nuestra ciudad lo batieron el inquisidor onubense y sus malsines cordobeses el día de navidad de 1502 (arde, arde, arde la Marimorena…) cuando quemaron de golpe a nada menos que a 102 de sus paisanos señalados.

El otro ejemplo es muy parecido, a pesar de que los separan casi cuatro siglos y medio. Estamos a finales de 1936. De nuevo los malsines cordobeses se buscan un Lucero para dar rienda a sus instintos asesinos contra sus paisanos diferentes y su cumplimiento por cobarde delegación. Y de nuevo batimos el récord: esta ciudad tiene el deshonor de ser aquella en la que los nacionalcatólicos más y mejor fusilaron. Y don Bruno se lo dijo claramente a la cara a los malsines que fueron a despedirlo a la estación de Córdoba, cuando una parte de sus crímenes, no los de sangre, sino los relacionados con extorsiones a gente bien, aconsejaron a las autoridades genocidas su traslado.

– Anda que no has matado gente…

– A ninguna que no estuviera en las listas que vosotros me confeccionabais. Porque yo no soy de esta tierra y no conozco a nadie.

Esas listas de fusilables las confeccionaban los malsines cordobeses en el marco incomparable de los casinos locales, especialmente en el del principal de la ciudad, el Círculo de la Amistad.

Los malsines suelen brotar y rebrotar en periodos en los que hay amenaza de involución hacia el autoritarismo extremo porque necesitan de la ausencia de racionalidad democrática para que fructifique su pasión chivata y su afán por eliminar a los que odian. Y en estos atribulados días en que esas formas autoritarias extremas asoman la patita de nuevo intentando sustanciarse políticamente aprovechando las debilidades de esta democracia formal y burguesa, vuelven a surgir como los gusanos en la carroña. Cabe la esperanza de que la satisfacción de su pasión se haya aggiornato y no pase por eliminaciones radicales de sus objetos de odio, pero por ahora sólo queda en eso, en una esperanza.

Recientemente hemos podido contemplar en Córdoba dos nuevos casos claros de malsinismo, de señalamiento directo de otros cordobeses a instancias con poder vengativo. Y uno de ellos me afecta, me señala, a mí personalmente. Empecemos por el otro.

Paula Badanelli es una periodista jerezana medularmente reaccionaria que recaló en Córdoba de la mano de una emisora reaccionaria, propiedad de la reaccionaria Conferencia Episcopal. Pronto dejó de ejercer estrictamente su profesión para dedicarse a la asesoría de un partido político reaccionario durante el tiempo que estuvo en el poder municipal: el Partido Putrefacto. Una vez desalojado de la alcaldía el partido que fundaron siete ministros fascistas, sus responsables la comisionaron en 2016 para una misión imposible: la dirección de un medio digital de intoxicación reaccionaria que compitiera con éxito con el único diario digital progresista convencional de la ciudad (el otro, PARADIGMA, sólo responde a los dos primeros presupuestos, es diario digital y progresista, pero no convencional), o sea CORDÓPOLIS. Para esa arriesgada maniobra se asociaron empresarialmente las tres cabezas de la HCR (Hidra Cordobesa Reaccionaria): el cabildo catedralicio, necesitado de púlpitos seglares desde los que defender el latrocinio de las inmatriculaciones, la Asociación de Hermandades y Cofradías, esa metástasis reaccionaria sin freno, y el Partido Putrefacto. Los mimbres con que contaba nuestra heroína para tejer ese cesto reaccionario no eran gran cosa, pero era lo que había más a mano: un triste desecho de todas las tientas mediáticas de la ciudad, un enquistamiento paleozoico cajasureño de los tiempos del Capo Castiglieggio, ambos cofrades perdidos, y la estrecha vigilancia del Gran Hermano del Cabildo, conocido por El Pulseritas por su afición a lucirlas ante las cámaras, y párroco de la iglesia donde cada 20N se elevan preces por el alma del Caudillo, tal vez con fin de que resucite algún día, para un aguerrido escuadrón de neonazis: el cura Gigi Güeto. Durante casi tres años ese medio zombi, que se autobautizó LA VOZ de CÓRDOBA, usurpando miserablemente el nombre de dos históricos diarios progresistas, pero que es más conocida por LA COZ, se ha mantenido a duras penas con la pasta que le inyectaba la poderosa hidra reaccionaria intentando intoxicar sin mucho éxito la opinión pública de la ciudad.

La relegación del Partido Putrefacto a un más modesto puesto en las filas de la política nacional, autonómica y municipal por culpa de la aparición de otro partido de perfiles reaccionarios mucho más nítidos que le ha acabado arrebatando todo el ala ultra-ultraderechista que hasta entonces ramoneaba –sin demasiada incomodidad– en las laderas del aznarismo, ha cambiado el panorama. Su socia la Iglesia, esa experta en detectar el olor precadavérico, lo ha tenido claro y parece que la Badanelli también. El PP, que le había montado ese chiringuito a la mushasha para que le hiciera campaña permanente, se ha encontrado con la desternillante humorada de que se ha pasado con armas, bagaje y toneladas de información de su centro logístico al campo de su oponente ultraderechista, a VOX, como candidata, además, a las municipales. Y que, además, se presupone, le sigue pagando el sueldo. Probablemente no se atreve a romper el trato porque detrás de la maniobra se adivina, hasta que no se abra la puerta iluminada y todo quede claro, la alargada sombra de una peligrosa sotana.

Una vez puestos en antecedentes del perfil del personaje pasemos a los hechos, a su hazaña como malsina, como señaladora directa de compañeros periodistas concretos a los dobermanes de sus nuevos protectores. Conociendo los CV de algunos de esos dobermanes, con atención preferente a sus militancias pasadas en grupos fascistas históricos de acción directa, el helor de sangre está asegurado. Ahí es nada que desde VOX te digan: lo siento por tí chico, o nos acordaremos de este impresentable.

El segundo caso es el que me atañe personalmente a mí, este vuestro bloguero favorito, en grado de víctima directa de señalamiento malsín. Pero esa historia merece un post aparte y podrás encontrarlo SEGUIDAMENTE A ESTE.

Ilustración de Víctor Solana

martes, 21 de mayo de 2019

Esperando a los bárbaros (como cada finde del año)

Parte de guerra del segundo fin de semana de mayo 2019.

SÁBADO, 18 de mayo.

Desde media tarde y en lapsus consecutivos de unos 15 minutos, diversas hordas de subhumanos aulladores de ambos sexos, pero de idéntica incapacidad craneana pertenecientes a la subespecie de los despedidores/as de la soltería de uno de sus ejemplares, normalmente el más cercano etológicamente a la ameba común, subieron y bajaron la calle apoyando su natural capacidad fonadora para emitir estridentes sonidos sincopados, con silbatos, vuvucelas, altoparlantes con musiquillas enlatadas y otras múltiples armas de destrucción masiva de los centros del equilibrio del vecindario. Los antropólogos nos enseñan que la unidad de la horda se mantiene con los sonidos que le son propios y que se repiten ritualmente (gritos, golpes, palmas y cantos).

La policía municipal encargada de velar por los derechos más básicos de ese vecindario, de defender la civilidad de la ciudad de los salvajes que en turba la destrozan litúrgicamente finde tras finde, debía estar muy ocupada en otros menesteres más sustanciosos para el bien común que se me escapan. Como cada fin de semana, al cerrar el antro ese en el que se hacinan para efectuar sus danzas rituales de apareamiento los más vistosos de entre los jóvenes ejemplares locales de orcos mentales, o sea a las 4 de la mañana, o sea el SOHO de la Ribera, las hordas suben la calle aullando, golpeando como los simioides de Odisea Espacial 2001 los coches, los contendores, las papeleras, las farolas, los timbres (anoche tocaron cuatro veces el mío). Sé que son locales porque aúllan o farfullan, ya más comedidamente, cuando mean –de pie los machos contra los contenedores y en cuclillas y entre ellos las hembras– con perfecto acento cordobés.

Pero anoche ocurrió un fenómeno muy extraño. Entre las 4 y las 5 de la mañana y sin que ninguna autoridad pagada con los impuestos de los vecinos víctimas apareciera para reprimir a los victimarios, no subieron hordas en oleadas, sino que fue una sola y enorme oleada que tardó esa hora en llegar desde el Portillo a Capitulares. Completamente desvelado me asomé al balcón y me quedé estupefacto al descubrir que las distintas hordas se habían confederado y marchaban juntas. También descubrí que junto al inconfundible acento del orco nocturno cordobés se escuchaban en los gritos pelados otros acentos de otras partes del país, especialmente por parte de hordas de despedidores de soltería. Por otra parte no hacía falta esforzarse en distinguirlos porque ellos solos ya lo hacía por su mamarrachismo vestimentario. Lo que me movió a soberana extrañeza es la constancia de que, en esa etapa de la evolución de la subhumanidad, las hordas aún no han aprendido a hacer pactos y mucho menos organizar confederaciones, porque su nivel de desarrollo social evolutivo no da pa eso. Yo no sé si existe algún experto local en etiología de esas hordas nocturnas, si existe algún Félix Rodríguez de la Fuente aficionado o profesional que haya dedicado suficiente tiempo a estudiarlos y que nos ilumine sobre ese extraño comportamiento.

Una hora de reloj estuve en el balcón, esperando a que las últimas hordas confederadas de orcos desparecieran tras la curva de Diario de Córdoba. Y como de la autoridad, como manda la tradición findesemanal desde hace un par de años, incompetente para esos menesteres de proteger al vecindario pero tan competente para crujirnos a multas por un quítame el coche del contenedor aunque sea unos minutos, no apareciera ni la más mínima sombra, decidí tomarme la cumplida venganza que llevaba planeando desde hace más de un año. Me diréis que podía haber llamado a la policía. Y yo os diré que mi religión me prohíbe hacer tal cosa, a no ser por causa muy muy mayor y muy absolutamente imprescindible. La experiencia me enseñó desde niño que un poli siempre es un peligro, y que las posibilidades de que acabes empapelao tú, también o exclusivamente, que los has llamado, son portentosamente altas. Pero esta mañana un vecino, ateo de esa mi religión, me ha dicho que él sí lo hizo y que le dijeron que darían una vuelta, pero que no podían hacer nada. Hay tradiciones entrañables que no cambian, sobre todo la de decirte en el caso de las hordas aulladoras que vamos pa allá y aparecer cuando ya no queda ni dios y has conseguido pillar de nuevo el sueño y vuelta a empezar la rueda del insomnio.

Pero esta vez me he armado de valor y he decido por fin llevar a cabo un plan amasado durante meses para tomar medidas que puedan escarmentar a las bestias bramantes. Hace tres días que me llegó el pedido y he pasado un buen rato esta tarde preparándolo. Se trata de unas cajas que contienen colonias perfectamente estabuladas de un tipo de ladillas africanas, concretamente originarias del área del lago Kariba y que constituyen unas terribles plagas endémicas entre los pueblos de la etnia batonga, cursando con terribles picores en las partes pudendas y para la que no existe remedio conocido. He ido abriendo y derramando sobre la masa de los orcos y las orcas una cajita cada diez minutos, de manera que creo haber conseguido que no se escape ni un solo ejemplar sin su buena ladilla entrepernera.

Así, queridos amigos y queridas amigas que vivís en los barrios del extrarradio y tenéis aún en casa crías susceptibles de convertirse los findes en miembros de manadas de simioides aulladores en los barrios ajenos, si vuestras criaturas se pasaron todo el sábado rascándole los güebos o el chocho como los monos salvajes que en realidad son, ya sabéis dónde estuvieron y a quiénes jodieron su derecho al descanso como cada fin de semana del año, sin faltar uno. Y no os esforcéis: con los medicamentos de las farmacias esas ladillas se hacen cubatas.

En cuanto a la policía municipal… no os pienso contar lo que he pensado para castigar su monumental incompetencia, la supina crueldad y el desprecio con que nos trata a los vecinos de casco histórico, concretamente a los sufridísimos de la calle La Feria y alrededores.

sábado, 4 de mayo de 2019

Cruces de mayo y neuropatías

A G.R. bloguero cofrade y conspicuo hermano de la cofradía de las tres letras (y no es la del ABC), la única en la que no se discrimina a los gays, porque son tantos, que... a ver si no.

The Neuroscience of Visual Hallucinations Research Institute Jonathan Pamplin de Massachusetts acaba de sacar en su periódica publicación Neuro-tics de marzo de 2019 el trabajo titulado Clinical disorder in the human neuronal sistem due to the continuous exposure to the music of sevillanas in the Andalusian festivities elaborado por un equipo interdisciplinar de científicos de varias nacionalidades que recorrieron la primavera y el verano de 2018 las principales ferias y fiestas de Andalucía.

Las conclusiones de dicho estudio deberían preocupar a las autoridades sanitarias andaluzas: la exposición de cualquier ciudadano normal a más de 25 sevillanas por día produce un acusado reblandecimiento del cortex neuronal que va aumentando su grado de licuefacción conforme aumenta el número de piezas consumidas hasta llegar a su conversión en pulpa del núcleo neurovegetativo y a la pérdida irreparable de la capacidad de discernimiento de la realidad a partir de las 50. El cretinismo es la forma más evolucionada de esa patología, aunque no se ha podido estipular el grado de exposición exacto necesario para alcanzarlo.

Mi terraza, de la que me gusta(ría) disfrutar de la atmósfera mágica que la climatología genera en esta ciudad en unos pocos días de mediados de la misma, está a sólo 90 mts en línea recta (según G.E.) de una conocida y premiada cruz de mayo.

Hasta ella llega, con toda la potencia que permite la conjunción de fenómenos aliados como la dirección del viento y el volumen de sus amplificadores, la brutal bofetada sonora de las aguardentosas voces de los sevillaneros machos y las de las hembras de la misma especie, que recuerdan poderosamente a las que emiten los indios de las pelis en el trance de perseguir blancos pa cortarles la cabellera, regurgitando en bucle mantra tras mantra de la religión del andalucismo más reaccionario, ese que habla de los distintos avatatares del panteón narcocatólico, de medallas y sinpecados, de los colores especiales que tienen la ciudades cuando uno va ciego de rebujitos, del poderío qué poderío, ese que tiene, tiene que tiene, tiene que tiene tiene la casta de señoritos de toda la vida para someter al pueblo a sus intereses a base de hacerlo consumir sin tino alcaloides falsamente identitarios, o la ubicua voz epicena de Santa María del Monte de Venus, de la no puedo remediar que me asalte una y otra vez la horripilante visión de su belfo de picoleto temblosionando impúdicamente cada vez que me llega el diarréico relato de las extrañas aventuras de aquella peregrina que acabó amorrá a una sintura a la sombra de un vespino.

Empezaron el jueves 2 de mayo a las 7 de la tarde y estuvieron mantra tras mantra de sevillanas hasta las 2 de la mañana. Si mediamos la duración de unas sevillanas de tamaño estándar en 4 minutos, tenemos que pusieron ese día 105 sevillanas.

El viernes empezaron a las 12 del medio día y estuvieron hasta las 2 de la mañana, con una pausa de dos horas entre la 4 y las 6 de la tarde. Tenemos así que estuvieron 12 horas sevillana tras sevillana y pusieron aproximadamente 180.

Hoy sábado han empezado también a las 12 y llevan el mismo camino que ayer, por lo que podemos adjudicarles otras 180 también.

El domingo no sé qué planes tienen, pero vamos a concederles que estarán media jornada, o sea 6 horitas nada más. 92 sevillanas.

Tenemos que en total a 90 mts de mi casa sonarán a toda pastilla a lo largo de todo el fin de semana 967 mantras sevillaneros que hablan de lo absolutamente felices que somos como pueblo y lo que nos merecemos el secular atraso que arrastramos por serlo.

Yo, durante todo ese largo fin de semana, sólo tengo la opción obligatoria de encerrarme en las zonas más recogidas de mi casa para librarme higiénicamente de esa mefítica influencia. No sé cómo acabará, a la luz del estudio de la universidad americana esa, el cerebro de los vecinos más cercanos que no tengan esa opción y, por ende, no sólo el de todos los degustadores más o menos ocasionales de evento, sino, y sobre todo, de la embetunada y patilluda muchachada de la barra. Aunque estos, cofrades que han colonizado la antigua manifestación popular para sacar pasta para sus parrandas narcocatólicas, es difícil que puedan empeorar más el proceso de licuefacción de los suyos.

sábado, 22 de septiembre de 2018

MONAGUILLOS, SACRISTANES Y COFRADES

EL ACORAZADO ABC

Por el mismo orden del título, periodistas, historiadores y abogados. La prensa monaguilla es la que está más desatá, que pa eso es es la que más cobra por tocar la campanilla o menear el incensario. Tema MEZQUITA y el informe de los expertos convocados por el Ayuntamiento de Córdoba. Obviando lo que podamos encontrar en LA COZ DE CÓRDOBA, medio propiedad a medias del cabildo y del PP, por la ínfima calidad intelectual de sus contenidos y emisores, han destacado por su enormísimo despliegue guerrero los artilleros de puente del Acorazado Nacionalcatólico ABC, tanto los de la cuerda meapilas como los de la mercenaria, que llevan una semana cañoneando con el tema las mentes de sus piadosos lectores. ¡Zafarrancho de combateeee!  ¡Alerta está! Así hemos podido asistir a uno de los más desvergonzados intentos de manipulación informativa sobre un tema histórico desde los tiempos en que se acuñó el término Reconquista. Con munición forjada con tinta nacionalcatólica, alguna fresca pero mayormente ya rancia, de hace meses e incluso años. Pero tampoco se ha quedado atrás, como es lógico, la emisora de los propios curas, la COPE.

LOS LEGAJOS

A ver, empecemos por uno al azar… por ejemplo Rafalito A. Aguilar. Este normalmente acreditado perpetrador de inanidades informativas cree que se lanza heroicamente de cabeza a las procelosas aguas del medievalismo académico pero acaba tristemente cayendo de culo en la piscina de la urbanización El Ridículo. Venga, Rafa, que tú puedes, casi podemos escuchar al capitán del Acorazado. Y así se dejaba caer el otro día con un artículo en el que se desgañitaba eufórico porque tenía la prueba definitiva de que la Mezquita se la había donado el Rey Santito a los curas. Y ponía un par de fotos: una de un legajo del siglo XIII completamente ilegible y la otra de la transcripción de libro del mismo y primorosamente encuadrada con rotulador celeste, la prueba de oro: Después de aquello el rrey don Ferrando diolos algunas rrentas a los / de la Iglesia de Córdoua e el solaz della e la plantía.

Luego ya en plena vena eruda aclara a los pobres lectores que no saben castellano antiguo: El término «plantía» del castellano antiguo equivale en la actualidad al de planta del edificio, y en el pasaje en cuestión se refiere a la Mezquita. Ya, y tenemos que aceptar lombriz de tierra como animal de compañía… Habrá que suponer, por suponer algo, que esa milagrosa traducción surgió de la lengua trapajosa de dos compadres acodaos ante dos medios en su guarida tabernaria bajo cuernas de venao y fotos de muñeconas enjoyás. —"Plantía” pos qué va a ser, compadre, pos planta. ¡Naturaca!

A ver, veamos... Resulta que el término plantía hace referencia a tierras de cultivo y el término solaz a las baldías, no a planta edilicia alguna. Es decir que lo que dice ese texto es: El Rey donó a los de la Iglesia unas rentas y las tierras tanto cultivadas como las baldías de Córdoba. A lo que está haciendo el texto referencia, como en el segundo texto que también usa desvergonzadamente como prueba, es a unas donaciones de rentas y de tierras —baldías y cultivadas— que el rey hace a la Iglesia para que se mantenga y mantenga la catedral. Pero la Mezquita propiamente no aparece PARA NADA como donación. En este otro texto de la época se puede comprender fácilmente el significado de ambos términos.

El tema de acudir a los legajos del siglo XIII, que si donación o no donación, no conduce a ningún sitio porque hay muchos más factores que no se están teniendo en cuenta como por ejemplo el del patronato regio, una institución que está funcionando en España hasta la II República y que consistió básicamente en que los papas en época medieval concedían la potestad a los reyes de que fueran ellos los que fundaran catedrales e iglesias para evangelizar, sobretodo en tierras de infieles e indios. Esa potestad estaba anidada con la obligación de dotarlas económicamente para su mantenimiento. Igual un día de estos que tenga tiempo le dedico unas palabritas.

LAS LEYES

Los monaguillos aprenden a mentir de los curas. Bueno y otras cosas más cochinas. Así que es normal que los monaguillos del ABC mientan cochinamente. A no ser que la criatura no esté mintiendo a conciencia y lo que le ha pasado es que se ha intoxicado leyendo alguna cosa de Pío Moa, Fedeguico o César Vidal, que son el alimento espiritual más laico que consumen en esa santa redacción. Pero no, el intrépido reporter tribulete abecedario de quien bebe (sin citarla, qué bonito, Rafalito) es nada más y nada menos que de la hermanita del abad del Valle de los Caídos, Margarita Cantera Montenegro, profesora de Historia Medieval de la Complutense y una acreditada niputaideista en los propios temas de los que vive. Así que si el primer ejemplo de monaguillismo puede interpretarse como causado por falta de seso, el segundo ejemplo está instalado en la mentira más flagrante. El que toca ahora la campanilla para que los abecedistas se arrodillen es Rafa Ruiz. Dice en medio de una cerrada defensa sin ambages del clero que Ni siquiera la búsqueda de argumentos naïf como los efectos de la ley de congregaciones de la Segunda República, -¿de verdad nadie va a decir que se la cargó Alejandro Lerroux apenas unos meses después de su aprobación tras el pacto de radicales y la CEDA?- puede evitar un dato que, si me permiten. admite pocos comentarios.

Aparte del divertido uso, de viejo en el oficio, del término naïf como eufemismo de gilipollas, este lamesotanas a sueldo sabe donde ataca porque, así como el tema de los textos del siglo XIII, como dije más arriba, no conduce a ningún sitio, solo al ridículo de alguno de sus colegas, en el jurídico, mejor dicho, en el legal, o sea el que atiende a las leyes que amparen una u otra cosa, es donde es probable que finalmente se sustancie el asunto. Y por ello, por su cuenta (o mejor, ajena) y a riesgo de quedar con el culo al aire como va a suceder escasas palabras más adelante, miente inventándose hechos históricos como que la Ley de Congregaciones Religiosas de junio de 1933 fue tumbada por Lerroux. Esa ley, inspirada en la francesa de 1905, que sigue aún vigente en nuestro ilustrado país vecino, que desarrollaba el artículo 26 de una Constitución moderna, laica, progresista y que intentaba sacar al país de sus anclajes en el medievo y traerlo a la modernidad, empieza diciendo en su TÍTULO III Artículo 11 que

Pertenecen a la propiedad pública nacional los templos de toda clase y sus edificios anexos, los palacios episcopales y casas rectorales, con sus huertas anexas o no, seminarios, monasterios y demás edificaciones destinadas al servicio del culto católico o de sus ministros. La misma condición tendrán los muebles, ornamentos, imágenes, cuadros, vasos, joyas, telas y demás objetos de esta clase instalados en aquéllos y destinados expresa y permanentemente al culto católico, a su esplendor o a las necesidades relacionadas directamente con él.

A ver, lamesotanas, Lerroux y la carcunda protofascista antirrepublicana intentó por todos los medios, una vez conseguido el poder en las elecciones de ese mismo año 33, con la aquiescencia del portentoso meapilas presidente Niceto Alcalá Zamora, detener la realización de lo articulado en esa ley impidiendo sistemáticamente que se implementasen sus mandatos. PERO NO FUE TUMBADA, solo boicoteada como corresponde al concepto de democracia de la jauría nacionalcatólica que tres años después iniciaría el genocidio de demócratas. Eso correspondió al caudillo de tus patrones, el Generalísimo Franco, que en febrero de 1939, antes incluso de que terminara la guerra, que igual es un detalle a tener en cuenta, derogó la ley. Vualá la prueba:

Será esta ley derogada por el caudillo de los curas la sustituida por él mismo por la Hipotecaria de 1946 como parte del reparto del botín de guerra y la que será modificada por los franquistas de Aznar en el 98 para completar las deudas del estado franquista con la Iglesia por los servicios prestados a sus causas familiares.

Lo que teme la Iglesia y sus monaguillos es que esa ley acabe finalmente por considerarse nunca derogada legalmente. Porque nunca lo fue. A no ser que se consideren legítimas y legales las derogaciones y las leyes emitidas por un gobierno ilegal, ilegítimo y criminal como está ocurriendo en España, donde incluso no han sido declaradas nulas las sentencias a muerte en los juicios concebidos por el régimen franquista como un arma más de guerra. Pero probablemente cualquier tribunal de la Comunidad Europea, donde las legislaciones emitidas por el parlamentarismo liberal que fueron dinamitadas por el fascismo fueron higiénicamente restituidas en su completa integridad una vez repuestos los países que lo sufrieron de su lacra política, moral y cívica, consideraría nulas de toda nulidad las leyes y decretos emitidos por el régimen golpista con el fin de privilegiar a determinadas organizaciones, colectivos e individuos como parte del botín de guerra.

Porque lo que esa ley dice no es que se confiscan o se desamortizan bienes eclesiásticos, sino que se establece legalmente un hecho previo, es decir, una especie de inmatriculación totalizadora de aquellos bienes a cuenta del estado, legítimo propietario de los mismos como representante legal de todos los ciudadanos. El problema que se les vendría encima a los defensores de la clerigalla sería que se estableciese como aún vigente aquella ley, lo que aparte de restablecer la justicia nos equipararía un poco a la diez veces más ilustrada y democrática Francia. Pero eso significaría, claro, poner a las claras que la Santa Transición fue una enorme estafa, una continuación de las estructuras del fascismo por otros medios y una traición a la democracia.

LA SANTA CADENA DE LOS OBISPOS

Para terminar comentaré brevemente otras mentiras que desde otros altavoces de la misma calaña, los de la emisora episcopal COPE, se vertieron hace un par de días. Tres fueron los convocados: el decano del Colegio de Abogados, uno de esos clásicos representantes de la casta local de los apellidos dobles de toda la vida y de sus santas tradiciones, especialmente de las religiosas; un erudo de la apulgarada Academia de Bellas Caspas y Nobles Tretas y un arqueólogo profesor de la UCO que tuvo mando importante en aquel engendro que fue el Convenio UCO-GMU creado para gestionar la arqueología urbana durante la burbuja del ladrillo y que tanto hizo por el fomento de las palas Poclain en la ciudad.

Voy a pasar por encima del de en medio de esos chichos porque el desbarramiento y las graves acusaciones de tendenciosidad que lanza contra sus colegas historiadores no tienen la más mínima entidad intelectual, sobre todo porque provienen de quien ejerce de turiferario académico del canónigo archivero Nieto Cumplido, pero sí que la tienen la de los comentarios de los dos extremos.

El ilustre decano de entrada falta a la verdad, o sea…, con lo feo que eso está en la cabeza de un colegio profesional casi tan católico como el de Enfermería que ya hasta se ha convertido en Hermandad de nazarenos. Yo ya he defendido en otro lugar que el aspecto jurídico del informe es una verdadera chapuza, pero lo que dice el ilustre este va más allá de eso cuando afirma contundentemente que ese aspecto jurídico del informe no es válido porque no está hecho por juristas. Lo cual denota o mala condición o inopinada inopia, porque a pesar de que el informe no está firmado su autora es una jurista de prestigio, Carmen Calvo, doctora y profesora de Derecho Constitucional de la UCO, quien precisamente por haber accedido en el ínterin desde su confección a su publicación a un cargo político tan importante como el de vicepresidenta del gobierno no consideró oportuno hacerlo. Así lo declaró expresamente el director del informe, Mayor Zaragoza, al que por cierto este ilustre decano con su gracia orodentada ha llamado públicamente el boticario por su condición de licenciado en Farmacia. De ello se deduce que este señor manipula la información que tiene, y si no la tiene debería callarse, para agradar a los curas. Él sabrá por qué.

En cuanto al arqueólogo de la UCO es al que más se le nota que tiene una intención en colocarse donde se coloca. De entrada, llama corriente negacionista, y estudiosos que niegan rotundamente la existencia de la basílica de San Vicente a los historiadores y arqueólogos que, como se apunta en el informe, defienden que arqueológicamente lo único que se puede afirmar es que no se puede afirmar nada, porque nada que confirme esa existencia basilical se ha encontrado en el subsuelo de la Mezquita. Por lo que en donde se coloca él mismo es en la corriente fideísta, la de los que se creen lo que no se ve, a no ser que considere prueba de esa existencia la estancia con suelo de mosaico, amortizada desde un siglo y medio antes del inicio de la construcción del templo omeya que los curas muestran como la Vera Basílica y que los más acreditados especialistas consideran una tumba paleocristiana y las piezas del museo que montó el cabildo en el oratorio con una colección de piezas de dudosísima procedencia, como puso de manifiesto antes de morir la directora del Museo Arqueológico Provincial Ana María Vincent, persona poco sospechosa de anticlericalismo a la que incluso se la suponía miembra del Opus Dei. Todos esos llamado por él negacionistas, entre los que yo mismo me incluiría porque dedico un capítulo de un libro al tema, pensamos que probablemente existió ese complejo episcopal, y que también probablemente estuvo por la zona donde hoy está la Mezquita. Pero lo que decimos, y dice el informe de marras, es QUE NO SE SE HAN ENCONTRADO EVIDENCIAS y que los textos que hablan de algo parecido son muy muy tardíos y se deben además a cronistas árabes extrapeninsulares. Es el runrún que quiere salir y que escuchamos en el cerebro del profesor mientras habla el que lo delata. Lo que oímos con toda claridad es: Vihensita, vihensita que se quede todo como está, que ganen los curas y me dejen a mi hacer bujeros en la Mezquita, que la Santa Basílica la voy a encontrar yo.

domingo, 2 de septiembre de 2018

El crimen de la Rosaleda de los Patos (proyecto de novela negra cordobesa)


Nos recuerda hoy Aristóteles Moreno desde su púlpito del Acorazado que este año se conmemora el décimo aniversario del Crimen de la Rosaleda, ese que perpetraron complicitadamente dos políticas cordobesas que se han odiado fumanchuscamente desde que se conocieron pero que cuando sus verdaderos jefes, los Altos Señores del Ladrillo, tocaron a rebato no tuvieron más remedio que ponerse firmes y aparecer juntitas en la tarea común de asesinar la rosaleda bicentenaria. Eso sí, sin besitos ni ná.

Aquella historia merece ser rememorada y una parte, la superficial, porque el corpachón principal del iceberg de aquel canallesco negocio permanece bajo el vientre-océano de la proverbial discreción ferial de esta desgraciada ciudad, quedó reflejada en los pocos blogs y páginas críticas que han existido y existen en ella. El mío fue uno de ellos. Releyendo uno de los posts que le dediqué al tema flipo ahora comprobando cómo alcancé a intuir el desenlace del asunto de la estafa rosista, la milagrosa transmigración del alma de la exalcaldiosa perolera desde el materialismo histórico al grouchomarxismo histérico por obra y gracia de intercesión celestial de fray Pepe Bono y Monse Asenjo. La arquitectura de la política local, municipal y comunitaria, desde entonces hasta ahora mismo, está cimentada sobre ese milagro. Su fín, impedir que el inconmensurable poder que la Iglesia había acumulado en la comunidad y especialmente en Córdoba a través de la gestión mafiosa de la Caja de Ahorros que le regalaron los pesoeístas, se disipase tras su debacle, causada por la monumental incompetencia de sus gestores de alzacuello. Cualquier día de estos me pongo a explicarlo. O mejor, invito a cualquier pluma más experimentada que la mía en los secretos de la SERIE NEGRA para que se curre un novelazo con el tema. Que lo merece. Y ahí va el esqueleto del argumento, trabajo adelantao que se lleva.

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EL NOVELÓN

La arquitectura global de esa movida, de la que esa jugada resultó ser sólo un elemento marginal, fue magistral, digna de ser comparada con aquellas conspiraciones venecianas del Renacimiento. Y todo diseñado por un purpurado personaje no menos digno de haber vivido en aquella época, Monseñor Asenjo, el de las untosas maneras, por entonces sólo obispo de Córdoba y posteriormente lanzado al estrellato del arzobispado de Sevilla. La operación RESCATE DE ROSA DA GRIMA de su cárcel municipal comunista y su trans...lado al PSOE fue diseñada minuciosamente por el obispo contando con la inestimable ayuda de su monaguillo el exministro hostiófago expresidente de Castilla la Mancha y exministro de Defensa de Zapatero. Estamos en las postrimerías de 2008.

La rescatada, por su parte, ayudaba nada recatadamente desde la propia cárcel gesticulando desaforadamente para visibilizar su pasión: desde su puesto de poder por cuenta de una formación política que predicaba el laicismo y desde la que ya se había revolcado moralmente con el Capo Episcobanquero Monsignore Castiglieggio, algún día sabremos a cambio de qué, se declaró católica y cofrade de corazón, procesionó con palo de plata detrás de vírgenes y santos, boicoteó sistemáticamente todo lo atinente al cumplimiento de la aconfesionalidad del estado obligando incluso a sus concejalas a procesionar de penitentes, dejó de pagar su cuota de afiliada al PC y consiguió que la expulsaran ¡por morosa!, promovió, por orden directa del obispo, al concejalato al presidente de la Asociación de Hermandades y Cofradías -colocado allí por Il Capo Castiglieggio de quien fue faldero- como valor para planes futuros, se ciscó en la memoria histórica negándose, pudiendo hacerlo, a abrir las fosas del franquismo y bailó en la catedral el Vals de las Mariposas con su confesor y obispo. Y como guinda declaró, alguien que era alcaldesa por IU, que en las autonómicas votaba a la competencia, o sea, al PSOE. Algún día también sus compañeros de partido de entonces tendrán a bien explicarnos por qué no la descabalgaron de la alcaldía a las segundas de cambio y dejaron que ese cambio tuviera unas terceras, unas cuartas y unas quintas…

Paralelamente su confesor, el boquitipiñonado Asenjo, y el amigo de ambos, Pepe Bono, conspiraban en las altas instancias del estado para sacarla con vida del avispero municipal. Bono entonando cantos de sirena tanto en la oreja de la alcaldiosa como en declaraciones públicas y deslizando su nombre en la de su amigo del alma Zapatero. Este dio finalmente la orden: que me la hagan consejera de la Junta. La casualidad quiso que la consumación de la traición de la tránsfuga y su instalación en Sevilla (abril de 2009) tuviera lugar dos meses justitos después de que su spiritual coaching fuera nombrado arzobispo de la capital (enero de 2009). Y es que los juegos con el azar de la voluntad divina forman a veces preciosas figuras geométricas.

Pero antes de que todo eso ocurriera la famiglia pesoeísta en la que la tránsfuga iba a ser acogida le exigió una prueba de sangre. Ya sabéis cómo funcionan esas cosas: si quieres entrar en la organización te tienes que cargar a alguien que te digamos. No hubiera hecho falta, desde luego, contando con el historial de incompetencia interesada a la limón con pesoeístas con que contaba la moza. Ahí son nada los dos despilfarrazos siderales que adornaban su historial perpetrados mano a mano con sus socios de gobierno, los chicos del club de Mr. X: el del sipote de Koolhas (10 millones de euros) y el del aeropuerto (85 millones). Pero la Famiglia necesitaba una última y definitiva.

La prueba consistió en colaborar de nuevo con ellos concediendo los permisos municipales pertinentes a su archienemiga la ministra Calvo, por entonces de (lo que ellos consideran) Cultura, para sustraer a la ciudadanía un espacio público preciosamente ajardinado como rosaleda, la Rosaleda de los Patos, de dos siglos de existencia, para construir un enorme edificio. El que el edificio fuera para la (supuestamente necesaria) biblioteca provincial era la excusa (quién se va a oponer a que se construya un Templo de la Cultura), pero a nada que se explique que existían muchos edificios públicos perfectamente reciclables o terrenos recién liberados por el soterramiento de las vías del tren a escasos cien metros, se entiende que los motivos eran otros. Como expliqué en aquel artículo: lo importante es arrasar, excavar, evitar que pueda haber vuelta de hoja posible en la definitiva consagración sacrificial de este espacio verde al dios de la especulación inmobiliaria. Si al final no se hace la biblioteca porque no está el horno para dispendios, y menos culturales, se hará otra cosa. Pero se habrá ahorrado un solar edificable que se encementará con otra cosa. O sea, algo que en cualquier otro lugar de esa Europa de la que dicen que pertenecemos hubiera acabado con los responsables en el maco por el delito de enladrillar un enorme espacio público verde en el centro de una ciudad, que además padece patente carencia de los mismos. Pues aquí ya vemos en la clase de maco que han terminado ambas prendas.

Consumado el crimen, pagado el precio de sangre, ya podía la señora poner el primer pie en la alfombra roja que su spiritual coaching y su amigo el tragahostias manchego le tenían ya desplegada hasta Sevilla y recoger los frutos de su traición. Allí el flamante arzobispo le tenía preparado ya el plan para el futuro. Un plan de perfecta arquitectura conspirativa cuya primera parte ya había consumado con diabólica (con perdón) precisión Monse Asenjo: la apropiación en 2006 de la Mezquita de Córdoba -y de decenas de bienes más- aprovechando la reforma aznarista de 1998 de la Ley Hipotecaria franquista de 1944, también conocida como Ley de Reparto de Botín de Guerra, y su desislamización física y simbólica. La física mediante la acumulación de quincalla barroca en los muros del edificio omeya y la simbólica con la puesta en pie de un corpus literario y señalético por parte de los plumillas a sueldo directo o indirecto del cabildo, que intentó modificar el ADN del monumento, falsificando su sentido histórico y artístico. La obra cumbre de este proyecto fue la creación de un museo dentro de la Mezquita con piezas arqueológicas de dudosa procedencia que demostrarían la existencia previa de una fantasmagórica basílica de San Vicente que habría sido expropiada y destruida por los moros.

Todo ello, por supuesto, con la rendida connivencia del gabinete municipal de asenjo-rosistas entregados que incluso llegó a sufragar el catecismo multimierda de la visita nocturna que aún hoy reciben los turistas creyendo que se trata de información académicamente contrastada. Patética la reciente exigencia de retirada y reformulación de sus contenidos por parte de los herederos izquierdaunidistas de aquellos que lo perpetraron sin ni siquiera pedir perdón por culpa colegiada a sus votantes. Coño, que hasta la Iglesia lo ha pedido por quemar a Giordano Bruno.

Bueno, a lo que íbamos. Monse Asenjo, con la inestimable ayuda de su amigo Bono, ya tenía a la pieza en donde quería: en el PSOE. El sacrificio para el partido fue el berrinche de su archienemiga, Carmen Calvo, a la que la propia alcaldiosa le había puesto el mote de La Zapatitos, quien, en un rasgo de dignidad impagable, dejó todos sus cargos institucionales y se fue a su despachito de la UCO. A la triunfadora la dejarían sus pigmaliones un tiempo en la cúspide ministerial haciendo transmorejos para que se endiosara un poco más y reclamarla finalmente en Sevilla siguiendo el sibilino y minucioso plan del untoso arzobispo.

Para su última parte se necesitaba a la transmorejista en la Junta, específicamente en Cultura. Sólo hay que seguir el curso de los acontecimientos a partir de ese momento mágico (junio de 2015) para que el puzzle del plan del arzobispo cobre, desde la distancia, todo el sentido. Con la ayuda ya del nacionalcatolicista Partido Popular en el poder municipal y la del obispo más reaccionario y berzotas del estado español en la sede de Osio diseñó una amplísima estrategia de apropiación de espacios públicos y dislocación de los ejes simbólicos de la ciudad, que tenía como principal ariete el traslado de la carrera oficial de la Semana Santa del centro de la misma a la zona de la Mezquita, convertida así en el objeto de la coyunda cofrade por antonomasia: todos los cofrades entrarían en la Mezquita con sus cirios enhiestos y encendidos y derramarían su cera en el vientre del edificio omeya. Convertida la coyunda ritual en nueva tradición sólo faltaba convertir a las cofradías en factorías de yihadistas católicos como aguerridos guardianes de la misma. Dos Magnas Procesiones Extraordinarias fuera de temporada sirvieron de ensayo, poniendo la ciudad patas arriba sin el más mínimo pudor y con la complicidad y complacencia de las autoridades, tanto de las pesoeístas como de las peperas, que los izquierdaunidistas andaban penando en la oposición. Pero para consumar el traslado y que todos aparadores cofrades pudieran penetrar a la Mezquita existía un tremendo escollo: la necesidad de abrir una segunda puerta para lo que habría que destruir un elemento patrimonio de la humanidad como todo el monumento: la preciosa celosía de madera de los años 70, obra de Rafael de la Hoz. Las resistencias del mundo no católico se preveían poderosas y podrían influir en los permisos que las autoridades municipales y de la Junta habrían de conceder.

Pero para eso el arzobispo había ido atando con maniática constancia todos los cabos sueltos de su plan. La transconsejera de Cultura nombraría a un cofrade correa de transmisión del cabildo como delegado del ramo en la ciudad. ¿Os acordáis del que fuera Presidente de la Cofradías que la alcaldiosa promovió como concejal? Exacto. Ese detalle era lo único importante. Su capacidad intelectual se le suponía, como el valor en la mili. Y ya, una vez ahí, no hacía falta que la tránsfuga siguiera en Cultura, con el delegado bastaba. Y la presidenta de la Junta, también católica y cofrade, pudo cambiarla de consejería y colocar en la del ramo a alguien menos cantoso pero completamente inofensivo.

Y así, desde su sillón gestatorio de la plaza de la Encarnación de Sevilla, Il Monsignore fue solucionando todos y cada uno de los escollos con que se encontró su plan: desde la Delegación el delegado cofrade acalló las voces de dentro de la Famiglia que, por pura pose, se habían levantado contra la inmatriculación por botín de guerra, se cerró la boca de los técnicos de patrimonio funcionarios de la Junta en el tema de la destrucción de la celosía patrimonio de la humanidad, se cerró el acuerdo para el demencial traslado de la carrera oficial al delicado -y peligrosísimo- entorno de la Judería, se ajustó con el Tío Pamplinas cofrade pesoeísta del ayuntamiento la renovación del catecismo nocturno multimierda y se consumó con su aquiescencia el proyecto de traslado de las taquillas de la Mezquita al obispado, para que las talegas con la recaudación libre de impuestos no tuvieran ni siquiera que cruzar la calle.

Por otra parte, y en el orden divulgativo, se informó perentoriamente a cualquier organismo dependiente del PSOE (UCO, Casa Árabe (¡¡¡!!!), Diputación, Delegación…) de que el tema de la inmatriculación y los usos de la Mezquita quedaban terminantemente vetados en sus dependencias. Y se vetaba por susanil decreto no escrito la habilitación en el flamante Centro de Visitantes, construido por la Junta pero gestionado por el Ayuntamiento, de un imprescindible núcleo didáctico e informativo de interpretación científico-académica de la Mezquita, tarea que queda así únicamente en manos de la doctrinal, confesional y mendaz de la Iglesia en el centro que está construyendo en el obispado.

Especial papel ha jugado también en el diseño maestro del arzobispo la putrefacta UCO, casta y pía, devota de Frascuelo y de María, prostituida ancestramente por el dinero de la Iglesia, antes corriente en abundancia a través de la mafia episcopobanquera de Cajasur y ahora más comedidamente a través de la financiación directa del cabildo de aquellos trabajos universitarios de los alumnos que se la pelen en estudios de arte estrictamente cristiano, a ser posible los dedicados a la repugnante quincalla postrentina que chorrea de las partes okupadas de la Mezquita y de los sobrios muros góticos de las iglesias fernandinas.

El final de la novela queda, como es lógico, convenientemente abierto… Aunque ya se va barruntando que nuestro arquitecto planificador está preparando su salto al solio papal. ¿Nombrará cardenala in pectore a su protegida? Yo ya lo vaticiné hace tiempo...

viernes, 31 de agosto de 2018

¿Colegio de Enfermería o Cofradía Católica?

Llevaba decenios intentándolo. Me refiero al de Córdoba. Pasar de simple Ilustre Colegio de Enfermería a poder exigir ser llamado Sacramental y Sacrosanta Hermandad y Cofradía de Enfermería en sus Curaciones Milagrosas. Pero ya lo han conseguido. Todo llega en la vida. Les ha costado sienes y sienes de misas a patronos y patronas, desde aquel núcleo duro de orocolmillados franquistas de rojigualda en el reló que tomó por asalto el Colegio en los 80 y que tanta correa nacional mismamente alcanzaría hasta hoy (¿cómo era que se decía correa en alemán?), pasando por la fundación por ellos mismos de un sindicato profesional que no nació para otra cosa que para quitar el pan de sus familias a otro colectivo profesional, el de los técnicos sanitarios, hasta hoy en que el obispo más tonto al oeste del Cabo de Palos les ha concedido por fin el alcance de su sueño: después de conseguir una patrona extra, fundirse fraternalmente con ella y poder así desfilar en Semana Santa con terno cruzado azul marino (el color donde mejor destaca la caspa) y palo de plata. Digo con terno porque la esencia tradicionalmente machorruna de sus composiciones históricas así lo obliga.

La Junta Directiva del Colegio de Enfermería de Córdoba transmutado en Cofradía Católica se caga así en la aconfesionalidad del estado y se mea minuciosamente en los derechos de todos y cada uno de los colegiados –que lo son obligatoriamente– que por su condición de no creyentes o creyentes demócratas, no participan en las bacanales de pensamiento mágico y en las liturgias supersticiosas que, ilegítimamente, aquella organiza con el dinero de sus propias y obligatorias cuotas. Y que ahora ya además se instituye en Asociación Confesional dependiente doctrinalmente del obispado de Córdoba.

No debemos olvidar que hablamos de una profesión en la que muchas de las actuaciones de sus miembros pueden ser objeto de consideraciones éticas y morales de interpretación múltiple y que pueden chocar en muchos casos con la doctrina emanada de la Iglesia Católica que no es obligatoria para los no creyentes. Así obligar a un profesional de la sanidad a pertenecer, sufragar y, lo que es peor, acatar por imperativo legal la autoridad de una institución que asimila las doctrinas del catecismo católico supone una vulneración de los más básicos principios democráticos. Claro que conociendo la ideología que ha traspasado monopolísticamente desde los años 80 al conjunto de esas juntas directivas colegiales de la enfermería cordobesa, la palabra democracia hace referencia a un malvado ser mitológico.

Sigue la estela de su hermano mayor el Sacro Colegio Cardenalicio de Médicos de Córdoba que hace unos años nombró Colegiado de Honor al arcángel Rafael para premiar sus actuaciones (sic) en pro de la salud de los cordobeses. Y es que, como afirma siempre mi amigo Juan Sepelio, si los tontos volaran el cielo se oscurecería en un santiamén y nos invadirían las tinieblas.

jueves, 5 de julio de 2018

Murcia no tiene Medina Azahara pero tiene vergüenza

En 2009, en pleno centro de Murcia, las obras para la construcción de un enorme aparcamiento subterráneo en lo que fue la huerta de un convento, descubrieron unos restos arqueológicos correspondientes a un arrabal almohade de los siglos XII y XIII. Tras las preceptivas prospecciones el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y el jefe del servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, un arqueólogo, decidieron “desmontar” los restos para que continuaran las obras del aparcamiento. Ante ello, se fundó una plataforma ciudadana con mucho apoyo para impedirlo que luchó con dos armas principales: la movilización ciudadana mediante manifestaciones e intentos de entorpecimiento de las labores de destrucción y la judicial. La más efectiva fue esta última. Un juez dictaminó que se trataba de patrimonio público cultural inenajenable y por tanto sujeto a la máxima protección. Los dos máximos responsables se libraron de ir a la cárcel porque crear determinadas jurisprudencias puede ser demasiado peligroso para el sistema. Tras diez años en los que la plataforma ha vigilado la correcta conservación de los restos e incluso ha denunciado al ayuntamiento por manifiesta desidia en sus obligaciones, vuelven los trabajos de excavación y puesta en valor del yacimiento.

Los murcianos no tienen Medinas Azaharas ni Mezquitas Patrimonios de la Humanidad de las que enorgullecerse. Su orgullo está en haber luchado por salvar su patrimonio y ponerlo en valor para, como ha dicho el actual alcalde, “DEVOLVER A LOS MURCIANOS SU HISTORIA E IDENTIDAD" y “ESTABLECER UN DIÁLOGO ENTRE LOS MURCIANOS DE LA MURCIA MEDIEVAL Y LOS DEL SIGLO XXI", algo que los cordobeses nunca tuvimos el coraje de hacer y dejamos sin movilización alguna (el apoyo a la Plataforma “Salvemos los arrabales” fue mayoritariamente foráneo) que se destruyeran medio millón de metros cuadrados de arrabales del siglo X, cuya conservación de sólo un par de hectáreas nos hubieran permitido exactamente eso que dice el alcalde murciano. Para más inri los responsables del crimen ni siquiera pasaron por banquillo alguno y muchos siguen recogiendo en sus sillones los frutos y a alguno y alguna los hemos visto estos días en Medina saltar como monos y monas de alegría al recibir un plátano, el plátano de recompensa que sus amos les arrojan cuando hacen las cosas a su gusto.

Córdoba ha ganado el reconocimiento que le tocaba políticamente y por orden de sumisión por el supuesto cuidado de los restos de los palacios de los poderosos de antaño, unos restos con los que para el ciudadano de a pie es difícil dialogar, como con todas las obras del poder, si no es desde la rendida admiración extática. En cambio le ha sido criminalmente sustraída la posibilidad de hacerlo dinámicamente con sus iguales de hace 1000 años, sentirse identificado con sus formas de vivir y de estar en esta ciudad actualmente desnortada, cuyos habitantes sumidos en una espesa estupefacción no terminan de saber quiénes son exactamente ni cómo explotar de manera racional y sostenible desde la cultura y el conocimiento el regalo infinito de su esplendoroso pasado. Y no usarlo únicamente para vender flamenquines y salmorejo.

domingo, 20 de mayo de 2018

La Feria del Mal Fario

SOLEMNE TRASLADO DE LAS MIASMAS SEPULCRALES DEL CEMENTERIO DE LA SALUD AL REAL DE LA FERIA

Hoy sábado, primero de la Feria, ha tenido lugar un acto, supuestamente festivo, que da realmente la medida de la profundidad del pozo de reaccionarismo en el que nadan las manifestaciones folklokulturales oficiales en esta ciudad. Córdoba, me refiero a Córdoba, amigo o amiga, por si no sabes desde donde escribo. Hace cinco a seis años a una momia de las muchas que gestionan con paso oscilante y brazos tiesos los destinos culturales de esta ciudad, concretamente una que cortijea en los museos municipales, le rezumó de su casposa entrepierna "resucitar" –cosa de zombis, claro, esa de “resucitar”– una tradición veterofolklotestamentaria de dudosa legitimidad: la de reenlazar cultualmente el origen de la feria –del ganado, como todas– de la ciudad, casualmente –que no causalmente– con el mundo posmoderno en el que se desarrolla actualmente. No debió esforzarse mucho para convencer a la sociedad folklofriki cordobesa que ramonea su ocio en el casino ese de la Amistad para que uniera la voluntad de sus entrepiernas con la de la suya propia en una portentosa confluencia de caspa genital capaz de construir inveteradas tradiciones de birlibirloque.

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No voy a entrar en el sentido o no sentido religioso de esta feria que es cosa ya superada: la feria, como todas, aprovecha una festividad religiosa –obligatoria, como todas– para celebrarse, porque alguna hay que aprovechar, pero no es la festividad religiosa en sí, por mucho que la carcunda católica local quiera vincularla esencialmente y hayan rescatado el viejo nombre del avatar de la madre del dios de los católicos correspondiente a aquella, en este caso el de Virgen de la Salud. Se trata de un culto inventado por agricultores y tratantes por la necesidad de crear una feria en la Puerta de Sevilla. Se “descubre” una imagen supuestamente enterrada, se le achacan un par de milagritos, se le construye una ermita y se celebra una feria en su honor. Las autoridades no tienen más remedio que aceptar el hecho consumado. A principios del XIX la feria se desvincula físicamente de la ermita y se traslada a la Puerta Gallegos y en los terrenos traseros a la ermita los franceses, que vinieron a traernos la Ilustración, ordenan construir un cementerio para sacarnos de la mugre moral en que nos mantenía la monarquía absolutista borbónica y su perra guardiana, la Iglesia Católica. La respuesta fue echarlos a golpes de trabuco y navaja, pero, ya que estaba hecho, el cementerio persistió en su uso con su ermita delante. Y de paso sirvió de cachondeo fino para todo ciudadano del universo que escuchara aquello de Cementerio de la Salud.

El caso es que esa reciente confluencia de voluntades de entrepierna, esa Unidad de Destino en lo Casposal, consiguió del Ayuntamiento –por entonces en manos de los nacionalcatólicos PPeros, pero hubiera dado igual porque los de la izmierda local hubieran acabado escupiendo igualmente pelillos, permiso para enlazar de nuevo físicamente ambas cosas, la feria posmoderna y el culto católico jurásico olvidado.

Así que desde hará unos cuatro o cinco años los pseudoseñoritos del casino Círculo de la Amistad, los pescuezoacaracolillados de la Ecuestre y se supone que la momia de los museos vienen montando una festolina folklofriki consistente en una procesión de caballistas que el primer día de feria conduce solemnemente y dejando el correspondiente reguero de apestosos cagajones por las calles, un apolillado pendón alusivo al avatar virginal que lo patrocina desde el cementerio donde se guarda todo el año acumulando miasmas mortuorias hasta el Real de la Feria, desde donde se expandirán por todo el espacio festivo.

Una verdadera macabrada, una genuina convocatoria de malafollá, un auténtico acto de invocación del mal fario que cualquier año va a tener los efectos propios de estas cosas de mezclar las cosas de los muertos con las de los vivos y va a dar lugar a una desgracia mu gorda.

Yo por si acaso y mientras esa ceremonia siniestra tenga lugar no pienso pisar la feria.

NECRONOMICÓN. VAJÍO. ESPELUZNAMIENTO. MAL FARIO. ¡LAGARTO! ¡LAGARTO!

Para completar la siniestrada este año la misa en la ermita la dictó un cura de la saga caciquil de los Cruz Conde, que tanto que ver tuvieron con los fusilamientos de varios miles de cordobeses republicanos en las tapias de ese mismo cementerio.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Más sobre carcasaurios y fachalopitecos locales


Qué cansancio, qué ardores de estómago produce leer cada mañana la putrefacta prensa convencional cordobesa y comprobar la hondura del pozo de miseria moral en que chapotea la mayor parte de las fuerzas vivas intelectuales de esta ciudad. Esa que no considera del todo al nacionalcatólico (naci) franquista un régimen de idéntica condición criminal que el nazionalsocialista (nazi) alemán y al holocausto republicano tan digno de solidaridad y justicia como el judío. El único efecto colateral beneficioso de ese esfuerzo es verlos irse uno tras otro retratándose con el tema de los cambios de nombres de asesinos —recientes, tan recientes que sus víctimas y las heridas sangrantes que produjeron siguen entre nosotros— que aún rotulan nuestras calles. Siempre está bien conocer de qué pie ideológico cojea cada uno en esta ciudad de proverbiales discrecciones, ahora que los partidos que parecen más o menos representarles han puesto de moda la clasificación entre los que están con las víctimas y los que están con los asesinos. ¿O es que hay terrorismos / verdugos buenos y terrorismos / verdugos malos?

HOY es otro ilustre catedrático, el de arqueología de la UCO, al que los aficionados a los temas del ramo conocemos como el Arqueobispo, el que se lanza al fango de la desvergüenza. Da verdadera lacha leerle apelar al perdón, el diálogo, la tolerancia y la flexibilidad de carácter. A él precisamente, que usa cada semana su privilegiado púlpito de la Hojilla Parroquial para vomitar su bilis de veterano cascarrabias contra el mundo contemporáneo, cuando no lo usa indecentemente para erigirse en acusica de su vecina de la que le molesta que organice en su patio pequeños conciertos y recitales de poesía. Da verdadero estremecimiento escuchar a todo un historiador proclamar que no entiende qué fue lo que pasó en 1936 para que un país se vea arrastrado a un enfrentamiento de estas características. Da verdadero pavor leer de pluma de todo un catedrático en humanidades una pregunta, que parece ingenua, de persona de pocas luces, pero que en su intención íntima lanza un cartucho de dinamita al centro de la reivindicación de justicia y reparación para las víctimas del holocausto que organizaron nuestros nacis: ¿por qué no reclamamos a los franceses los desmanes cometidos por Napoleón y sus huestes? Nivel de estaribel, tronko: ¿por qué no se lo preguntas a los judíos respecto a los nazis que les montaron su Holocausto? Pero es al final cuando tras el vigoroso fru-frú de autobombo buenicista que precede al éxtasis, éste le viene en forma de derrame de admiración por un alcalde falangista que también colaboró en el golpe de estado que devino genocidio y guerra. Los historiadores hemos de ser objetivos, y las ciudades deben honrar a quienes las hicieron más grandes. ¿De qué escuela de filosofía de la historia ha bebido este señor que confunde la imposible objetividad con el imprescindible rigor? Además, se supone que por esa regla de tres —si jugamos a las comparaciones históricas estúpidas como nuestro maestro lumbreras— Hitler debería seguir siendo hoy día venerado en Berlín por las impresionantes avenidas con que la dotó. No es extraño que como bibliografía use la obra de un apulgarado folklofranquistasaurio al que sólo leen las damas de ensaimada en Serrano tras misa de doce. Mientras desprecia el trabajo de otros catedráticos —colegas suyos de facultad— de la Comisión de la Memoria Histórica creada para hacer cumplir una ley,  a los que tilda directamente de un tanto categóricos e indirectamente de cayentes en lecturas sesgadas, extremismos o manipulaciones ideológicas. 

Ayer fue otro catedrático, éste émerito, rescatado para el liberalismo gaseoso de la UCD de un oscuro pasado franquista por la Transacción y que vive en un pisazo en la plaza con el metro cuadrado más caro de Córdoba, el que pedía que a la muy obrera plaza de Cañero le pongamos el nombre —ya que los rojos nos hemos empeñado en cambiarlo— que a él le salga de los güebos y concretamente el que le ha salido ha sido el de un cura de la religión que él profesa. No sé si sabe que los vecinos ya decidieron quitárselo a otro cura, este con galones, en los años 80. Si tanto le gusta ese cura que le haga una capillita en su casa, le rece con fervor de meapilas y nos deje en paz a los demás.

Dos días antes un columnista y escritor se parapetaba tras el nombre de su abuelo, alcalde republicano y también escritor fusilado tras guerra por los nacis, para mostrar su lado más tendencioso y ya de paso ignorante, reivindicando la Córdoba de los años 50 (los logros de sus gobernantes nacis) y confundiendo a José Cruz Conde con su sobrino Antonio. ¿Para qué vas a mirar la Cordobapedia si puedes echar mierda sobre la memoria histórica con los ojos cerrados?

O la exjoven promesa de la literatura local, un juntaletras instalado normalmente en la más literaria de las inanidades, salvo cuando toca enseñar colmillo de facha y el palillo en la comisura. En Córdoba capital sólo hubo un muerto de entre los revolucionarios nacionalcatólicos, un falangista tan tonto que se dejó quitar la pistola con la que amenazó a unos obreros por la calle la tarde del 18 de julio, y cuatro mil fusilados en las tapias y tres mil muertos más por la represión y el hambre en la posguerra como víctimas demócratas. Pues para este poeta de irisados tropos todos cometieron actos aberrante de crueldad sin límite. Que sepamos ya dejó hace años de estar subvencionado (o no, quién sabe), así que eso es probable que lo diga desde la más íntima convicción de aspirante a Hermann Tertsch del Carrasquín.

Es absolutamente delirante que haya tenido que salir un familiar de José Cruz Conde en una carta al director del diario CÓRDOBA a decirles a todos estos lamebotas del caciquismo franquista cordobés quién fue y qué hizo exactamente su antepasado y por qué es justo y necesario que su nombre sea borrado del callejero de Córdoba, ciudad a la que, aunque la dotara de alguna infraestructura, contribuyó poderosamente a desgraciar.



Parece, sólo parece, porque de los pseoeístas no puedes fiarte ni un pelo, que ya está completamente decidido y que los nombres de los criminales cuya presencia para las víctimas del genocidio nacionalcatólico supone una injuria permanente van a ser arrancados. Sólo espero que no se sustituyan por otros, buenos o malos, benefactores o malefactores, de personajes reales o imaginarios de mitologías religiosas vivas. El mundo y la ciudad están llenos de cosas con nombres preciosos que poner a sus calles sin necesidad de correr el riesgo de equivocarse ni ofender a nadie. Y que se imponga el anhelo aquel, salido de la pluma de Francisco Moreno Galván, que cantara José Menese hace años por marianas:

CUÁNDO LLEGARÁ EL MOMENTO
EN QUE LAS AGÜITAS VUELVAN A SUS CAUCES
Y LAS ESQUINAS CON SUS NOMBRES:
NI REYES, NI ROQUES, NI SANTOS, NI FRAILES.
A LA DINA DANA...