(del laberinto al treinta)


martes, 7 de abril de 2009

¿Fumaba porros Julio Romero?

Pues sí, atufados (voluntaria o involuntariamente por la peste aunada del incienso y la cera) lectores, se trata de una vieja duda que me corroe el alma desde hace años y que por fin he decidido sacar de mi pecho, hacerla pública y quedarme saludablemente descansado. No se piense el suspicaz lector que pretendo empañar la figura ejemplar de uno de los puntales simbólicos de esta ciudad tratando de convertirlo en un fumeta de los bloques, pero la realidad es tozuda y las pistas y pruebas que he ido acumulando con los años no sólo me llevan indubitablemente a pensar que quien pintó a la mujer morena /con los ojos de misterio /y el alma llena de pena se fumaba los cocolotrocos doblaos, sino también a descubrir un inquietante pasado familiar...

PRIMERA PISTA. Año 1976. Un amigo ha conseguido una maría estupenda mercada a pie de procesión a los legionarios que venían con los bolsillos llenos de grifa a desfilar a Córdoba el Jueves Santo, único interés que nos movía entonces a acudir a los siniestros botellones idólatras católicos. Es final de Semana Santa, hace mucho frío y estamos él y yo en mi casa sentados al brasero con la sola compañía de mi abuela, muy mayor y casi gagá, pero no lo suficiente como para impedirle enebrar inteminables solitarios sobre el cristal de la mesa. Pensamos liarnos un canuto y yo decido que la abuela no va a enterarse y que me lo voy a hacer directamente delante de ella. La abuela ni se cosca de la maniobra. Hasta que, una vez encendido, le llega el olor. Entonces levanta la naricilla, aspira curiosamente, se le iluminan repentinamente los ojos y dice: eso huele como el tabaco que emborracha que fumaba tu abuelo. Nos quedamos a cuadros y antes de terminar el porro ya le hemos aplicado el tercer grado.

Mi abuelo hizo la mili en África, donde se pasó tres años (1911-1914) pegando tiros en las barrancas rifeñas. Yo conservo aún su cartilla militar que narra minuciosamente sus espeluznante aventuras. Según mi abuela allí se acostumbró a fumar ese tabaco que emborracha y luego ya licenciado, como trabajaba de fogonero de tren en la línea de Algeciras nunca le fue difícil conseguirlo. Lo fumaba con sus amigos en el patio de la casa de la calle Marroquíes donde vivían y, se ilumina una pícara y soñadora sonrisa en su arrugado rostro, al cabo del rato les producía una incontenible euforia que se materializaba en grandes carcajadas y sartas interminables de pegoletes, el nombre cordobés de las tonterías.


guerra africa


moroskiffy


Nos quedamos ambos dos, que nos creíamos estar descubriendo la América de la modernidad estupefaciente, más estupefactados todavía, pero cortamos prudentemente y le decimos a la abuela que no se trata de lo mismo, sino de un tabaco nuevo, para evitar que le pueda contar a mis viejos la movida y la dejamos tranquila, absorta de nuevo en sus infinitos bucles de sotas caballos y reyes.

SEGUNDA PISTA. Tras la muerte de mi abuela, un vecino de ella y de mi abuelo y también compañero de la guerra de África al que tuve la suerte de conocer me contó poco antes de morir a su vez de viejo que mi abuelo cantaba flamenco, cosa de la que yo había oído hablar a mi madre. Según el viejo vecino el gran Andrés cantaba unas malagueñas que chorreaban pringue. También me confirmó algunos rumores que yo había escuchado en la familia. Un par de poetas de la vena folklorista del barrio de Santa Marina, los hermanos Arévalo, Francisco y Antonio, cuyos nombre actualmente rotulan sendas calles por Cañero, participaban frecuentemente en las serenatas de mi abuelo y como eran amigos del pintor y también guitarrista aficionado Julio Romero de Torres lo llevaron algunas veces a su patio para que apreciara aquella pringue que chorreaban las malagueñas de mi abuelo. El propio pintor lo acompañaba a la guitarra. De eso no solía hablarse en la familia, aunque sí del detalle mucho más sabroso de que el pintor de la musa gitana se fijó en mi abuela, muy guapa, como demuestran las fotografías que conservo, con una verruga en el centro de la frente que le daba un aire misteriosamente hindú, que le propuso pintarla y que mi abuelo poco menos que lo echó con cajas destempladas de su patio.

TERCERA PISTA. Julio Romero de Torres era muy amigo de los intelectuales que estaban en el candelero entonces en Madrid, especialmente de Valle Inclán, gran consumidor de hachís, quien publicó en 1919 un libro de poemas alucinados, La pipa de kif, compuestos sin duda bajo los efectos de la maría (¡Verdes venenos! ¡Yerbas letales / de Paraísos Artificiales!). Alejandro Pérez Vidal (Ética y estética del kif: Valle Inclán, Baudelaire y Benjamin) llega a afirmar incluso que el libro fue un desafío al Real Decreto de 1918 que prohibía en España la posesión de estupefacientes sin receta.


julioyvalle


CONCLUSIÓN. Si juntamos las piezas del rompecabezas podríamos ensamblar la teoría de que fue mi abuelo el que en esas sesiones de cante bajo el viejo limonero del patio de Santa Marina puso en contacto al célebre pintor con la alegre marihuana moruna a la que él se aficionó en los montaraces aduares rifeños. Y que fue Julio Romero, tras su traslado definitivo a Madrid en 1915, el que aficionó a su vez a don Ramón de las barbas de chivo y a los demás intelectuales desinhibidos de la época. E imaginando un poco más allá podría apuntarse la posibilidad de que la provisión de la rica hierba corriera a cargo de mi abuelo que la conseguiría en sus frecuentes viajes como esforzado fogonero del correo de Algeciras y le pasara puntual y religiosamente las correspondientes dosis al de los sensuales pinceles. Es decir que ¡chan-ta-ta-chán! cabe la posibilidad de que mi abuelo hubiera sido el camello de la élite vanguardista intelectual española de entreguerras.

A ver quién supera un punto de abuelo como ese ¿Orgulloso? Yo sí, la familia no sé, creo que hubiera preferido que mi abuelo fuera menos moro y hubiera permitido que el pincel del genio de la capa y el galgo inmortalizara convenientemente a mi abuela para vivir del cuento varias generaciones. Pero yo estoy seguro de que muchas de las obras del genio cordobés y de los escritores españoles de la época estuvieron inspiradas por la mercancía que les pasaba mi abuelo, mientras les cantiñeaba esas malagueñas que chorreaban pringue.

Dejo a los expertos la interpetación de los flipantes cuadros del genio del Potro a la luz de las nuevas circunstancias biográficas que regalo desinteresadamente al mundo entero.

DE NADA.

18 comentarios:

lamalgama dijo...

Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja, orgulloso de tu abuelo camello, si es que eres único joío.

Victorio dijo...

Vaya puntazo...

Jejeje, Manué, mi abuelo también estuvo tres años de mili en el Siri-Ifnis... La cosa que él los llamaba cigarritos rubitos que mareaban...

Pos claro, ¡¡se iba a quedar sin probarlos, el pintor de marras!!

Salú...

miguel dijo...

Jejeje, pues por lo que dices parece tener muchos visos de realidad tu teoría. Me ha llamado la atención cómo llamaba tu abuela a la hierba rifeña. Apelativo digno de un relato de los descubridores del Nuevo Mundo.

Por cierto, sí que se tiró tiempo haciendo la mili tu abuelo: (1011-1914)

harazem dijo...

Ya lo he corregido, Miguel, chinchoso. 903 años no, pero 3 añazos sí que se tiró. El colega de mili y vecino me contó que se levantaba cada mañana, sacaba del petate una foto de mi abuela, entonces su novia, y lo enfrentaba a los barrancos del Rif donde acechaban los pacos y le decía al retrato: Mira, serrana, lo que estoy pasando. Algún día transcribiré y digitalizaré la cartilla militar.

Enb cuanto al apelativo de la grifa hasta no hace mucho todavía había quien seguía llamando a los porros cigarritos de la risa.

Miroslav Panciutti dijo...

Pues coincido contigo en que tienes motivos para estar orgulloso de tu abuelo. La anécdota daría para una novela que, obviamente, habría de titularse El fogonero del correo de Algeciras.

Anónimo dijo...

Fogonero del correo de Algeciras sugiere estraperlo; funcionario del SAS evoca: fumao, colgao, atontao..... vividor de la palabra fácil y el insulto.

harazem dijo...

Amigo Anónimo, que tanto pareces saber sobre mí, todo podría concedértelo menos lo de la palabra fácil, que meo gotas de sangre pa juntarlas.

Victorio dijo...

Manué, este anónimo tan sólo pretende ofenderte. Pero lo tiene crudo, pues él mismo se define como un excelente cobarde y un papanatas del carajo que tanto abunda en esta omertá siudad...


Seguramente, será un perro atado a la cadena de su amo.
¡¡Que siga ladrando, que es lo mejor que sabe hacer!!

Salú...

marta dijo...

Estimadísimo Manuel, ni el mismo Don Juan Luis Arsuaga explicando el bifaz Excalibur ha hilado tan fino en sus deducciones...
Un enorme abrazo

Anónimo dijo...

Manué: ¿quién es este tal Victorio que tan vehementemente te defiende? ¿ Es, quizá, un subordinado tuyo pelotas ? O, ¿tal vez tú mismo autodefendiéndote? No, no creo que tu personalidad se desdoble de una manera tan burda y zafia. La verdad, es que tienes una cohorte de aduladores que deberían tenerte seriamente preocupado, porque parece que no escribes sino para que ensalzen tu ego. No te fíes de ellos, Manué, porque cualquier día encontrarán otro gurú que les resultará más divertido, y te quedarás para siempre con un soliloquio incapacitante, tal vez más que la pertinaz sequía que tanto gustaba a tus amigos republicanos. No lo olvides, Manué, la fama es efímera, alfa y omega. Cuando dejas de ser rey, hasta el bufón se olvida de ti.

lorensito dijo...

Manuel, por la famailia no te preocupes, y a tu madre no le diremos nada, aunque me ha llegado que en la última época de tu abuelo le dio un tembleque en las manos y los cigarritos se los liaba tu madre. Para verlo, debajo del limón cantando la soleá de Còrdoba que le enseñó "Mediaoreja", picaor de merito, con el porrito colagando y el pintor de la musa morena embobao escuchándolo.

Victorio dijo...

Vamos por partes...

Sr. anónimo, el tal Victorio, soy yo mismo con el Domínguez y Muñoz detrás... y le hago palmas a quién me dá la gana. Y llamo perro ladrador, a quién sólo ladra...

Luego, al maestro Harazem no hace falta defenderlo, él, va más que sobrao en tales faenas...

Y tercero, para mi es un placer tener como amigo al estimado Manué. Y claro, salto a la primera... cuando un sr. encapuchado (quizás porque aún sigue de procesión) o por verse aludido con ésta, o más bien con su última entrada de marras. O vete tú a saber...


Gracias amigo Harazem, por los retratros que nos aportas.

PD: y que se joda, a quién moleste...

Salú...

Lisístrata dijo...

vaya, no me esperaba tanta tertulia por acá! y con polémica incluída, jejeje. Si es q la envidia ej mu malaa!
Weno, aquí una aduladora más del maestro. El día q no me cuadre lo q diga y con ello me deje descuajaringá con los palos sombrajo en el suelo, dejo de hacerle cuchi cuchi a su ego.

Lo siento Harazem, me tendrás q seguir aguantando las babas cuando me asome a leerte. jejeej. q quieres chico? no todo el mundo sabe usar la palabra como espada para defender sus ideas, ni escribir tan bonito ni certero como tú. No pasa nada por pertenecer al grupo q necesita concretar lo q piensan a través de alguien q tenga la habilidad de la comunicación escrita, porq no todos podemos ser genios, lo cual tp es malo, no al menos para mi.

Aquí una pelota más maestro, pero el día q te lo creas ten por seguro q me dejo de hablar contigo, ejejeje
>;o]
un besote

Anónimo dijo...

Dos gotas menudas, casi huérfanas y desamparadas, asomaban levemente por entre las comisuras de mis labios; de mis enrojecidos y ya gastados ojos brotaban como manantiales decenas de lágrimas; mis manos, temblorosas y trémulas intentaban en vano despejar mi faz morena de los líquidos efluvios que, cada vez que leía a mi adorado Jarazem no dejaban de manar. Pero, quizá, lo más grave e hiriente era la procaz irritación de mis viejas compañeras de camino: mis queridas, pero nunca bien ponderadas hemorroides. Gracias, compañero Jarazem, pero más que nada, gracias a todos tus lameculos que, felices y orgásmicos, te acompañan en todas y cada una de tus excursiones mentales a mundos que jamás podremos comprender el resto de los simples mortales. Gracias, muchas gracias por todo.

Uno de la plasaelpotro dijo...

Pues sí, a la desbordante y sana imaginación harazenística, se suma una evidencia más: dicen las malas lenguas disfrazadas de relatos populares que, entre los cojines del estudio del artista, que no estaban hechos de lanas, sino de pelos púbicos de las amantes y musas que pintaba y con als que evidentemente se lo hacía, se encontraron también restos de papelillos y cenizas de esas y esos que componen los llamados cigarrillos de la risa...

El relato se merece publicación digna y aparte...pero el debate se está poniendo cada vez más rancio por la intervención de anónimos que solo vienen a soltar babaza supérflua de soflama adoctrinada.

te pillé dijo...

Grandiosa contribución a la gistoria de córdoba. Mas de un torero se puso y se pone y los toros los dopan y a los caballos de picador también.

Molón Suave dijo...

Fenomenal tu abuelo y fenomenal tu tesis y la conclusión. Una idea brillante la tuya, muy posiblemente acertada. Y lo mejor, la forma de exponerla, que, como se ve, jode bastante a tanto anónimo carcunda a los que sólo interesa mantener el frikismo cordobestia que tú atacas con tanta gracia y sabiduria. Y mis babas, que también se me caen leyéndote, para los señores anónimos.

harazem dijo...

Bueno, Molón y Anónimo, la historia se hace a base de pequeños dopajes y ladrillos.