(del laberinto al treinta)


miércoles, 10 de febrero de 2010

Buscando a El Bellotero en Creta (I)

DELFINES



En el centro de la placeta que se abre frente al puerto antiguo de Heraklion, la capital de Creta, hay una pequeña glorieta que a duras penas se consigue atravesar por el intenso tráfico al que está perennemente sometida y que luce una graciosa escultura de tres delfines saltando sobre una ola. Más allá cerrando el puerto, recortada contra el horizonte, la mole de la fortaleza veneciana. Todo eso lo contemplo desde el ventanal que se abre frente a la mesa de la taberna donde saboreo unos chupitos del raki local, un plato de gajos de fruta fresca, una delicia repostera local y unas bolas de jeringo con helado, todo ello invitación de la casa y sólo por el esfuerzo de pedir la cuenta, tras haber disfrutado de un grandioso almuerzo pescador regado de un fresquísimo blanco moskofileros del Peloponeso ligeramente aromatizado de rosas. Por algo la taberna se llama Ligo Krasí, Ligo Thalassos (un poco de vino, un poco de mar). Por el precio de un par de medias raciones cordobesas mondas y lirondas. Dejo constancia fotográfica del portento, como prueba incontestable y por si sirviera de ejemplo edificante para algún restaurador de esta ciudad, la racanería de cuyo gremio de hostelería le ha granjeado el título de ciudad más virulentamente sintapista del hemisferio norte.




ligokrasi



He venido a Creta a buscar las huellas del puñado de cordobeses que en el siglo IX la conquistaron y fundaron un emirato independiente que funcionó como factoría corsaria y mercado de esclavos durante un siglo. Ahora que por fin se ha demostrado que la clase empresarial cordobesa tiene menos arrojo que el chucho Scoby Doo y el mismo espíritu que la hiena Tristón, podría servirles de modelo el ejemplo de ese puñado de paisanos que unos siglos atrás le echaron un par a la vida, hicieron de la desgracia necesidad y de la necesidad virtud, le pegaron un bocado al imperio más poderoso del mundo y montaron el negocio más rentable de aquellos tiempos. Bueno, y de estos también. Que no sea muy decente es otro asunto. Y no es por darles ideas, no sea que por pura comodidad... Que lo único que tienen en común con aquellos es lo de piratas y sus tendencias esclavizadoras.



Y ahí enfrente tengo la primera, la más visible, de esas escasísimas huellas que quedan de su paso por aquí. Porque es más que probable, aunque no ha sido comprobado, que la sólida fortaleza veneciana actual se construyera sobre los cimientos de una anterior construida por aquellos andalusíes para defender el puerto que habría de ser el centro de su poderío.



¿Where are you from? nos preguntó el camarero un momento antes de traernos la sorprendente propina gastronómica mientras recogía los platos repletos de raspas. We are spanish. ¿Madrid, Barcelona? No, we came from... Cordóba, le solté titubeante, sacando mi mejor acento obamaniano. Por un momento dudé si decirle la verdad o mentir bellacamente. Un par de días antes había recorrido infructuosamente las librerías de Atenas buscando literatura en inglés sobre la etapa histórica que me interesaba. La mañana anterior hice lo propio en las de Heraklio. Y finalmente por la tarde encontré en la tienda del Museo Histórico de la ciudad un ejemplar de la History of Crete del profesor Detorakis (2) que dedicaba nada menos que 10 páginas al asunto. Por la noche, ya en el hotel, conseguí desbrozar el monte del inglés del texto con mi muy mellada hacha traductora y leerlo. Las barbaridades que se le achacan a nuestros paisanos en el siglo y medio que dominaron la isla fueron las que me hicieron dudar a la hora de pronunciar ante el camarero el nombre de la ciudad de procedencia de aquellos bárbaros. Los rencores enquistados en las almas nacionales son inexcrutables y más en el alma griega que sigue montando su nacionalismo europeo y ortodoxo, más que en las glorias de Pericles y su época, por oposición al turco musulmán. De todas formas casi sabía que no había nada de qué preocuparse toda vez que había comprobado el día anterior en las dos librerías que visité preguntando sobre poblicaciones de la etapa de la conquista árabe de Creta que los empleados no es que no supieran que fueron cordobeses los invasores (alguno me lo negó rotundamente diciendo que eran libios), sino que la palabra Córdoba les remitía única y exclusivamente a una cierta cápsula de transporte unifamiliar motorizada dotada de bomba de inyección selectiva, creo que en las cuatro ruedas.



La historia empezó justo enfrente de la recién construida en ese momento Mezquita de Córdoba, tan recién construida que el alminar debía aún de andar con algún andamio para los remates finales. Exactamente en el arrabal de Saqunda de Córdoba, el floreciente barrio artesano crecido al otro lado del puente que cruza el Guadalquivir desde la Gran Mezquita, en el interior del acusado meandro con que el río abraza a la ciudad, a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII y que acogerá el aluvión de inmigrantes del campo circundante atraídos por el imán de la riqueza y la estabilidad asociados ya a la ciudad desde que el primer omeya, Abderramán I, la conquistara y se asentara en la que ya era capital del nuevo estado, Al Andalus.



Cuanto fijó el primer omeya lo consolidó el segundo, Hisham, fundamentalmente con la profundización en la incipiente islamización mediante la adopción del malikismo, recién parido por el mediní Malik ibn Anas en la lejana Arabia, y disidente del derecho oficial abbasí, como columna vertebral jurídica del nuevo estado, y quedó expuesto al peligro de la desintegración en tiempos de Alhakam I. El esquema que sirvió a Ibn Jaldún para enunciar su teoría acerca del ciclo vital de los imperios. Según González Ferrín (1), en su atrevida teoría sobre la naturaleza del estado andalusi, es en este momento cuando pudiera hablarse de "conquista", cuando realmente se comienzan a islamizar las estructuras de poder emiral, el árabe se convierte en lengua de civilización y se crean las bases para la diferenciación social y económica que sustentaría las estructuras políticas de Al Andalus. Las revueltas del arrabal de Saqunda (805 y 818), como la de Toledo (797), que tuvo que sofocar el tercer omeya se inscriben en ese proceso y aunque las dudas acerca de la idiosincrasia de los saqundinos ha creado muchas controversias entre los historiadores la versión más aceptada es que fueron esencialmente muladíes (cosa que niega Maribel Fierro aunque coincide en el espíritu puramente socioeconómico de la revuelta, pg. 213), de nativos que se enfrentaron a una aristocracia baladí, falsa, como defiende Ferrín, o de origen realmente oriental, cada vez más ávida, capitaneados por alfaquíes que reclamaban la exención de impuestos a los musulmanes. Lucha, pues, de clases pura y dura. Y la represión de la última (818) brutal, definitiva. Aparte de las innumerables crucifixiones (las fuentes hablan de 300) y el arrasamiento total del arrabal, cuyo solar nunca, ni siquiera en la actualidad, volvió a habitarse, se calcula que un cuarto de la población cordobesa fue expulsada de las fronteras de Al Andalus.

saqunda

Silueteado en amarillo las zonas del arrabal de Saqunda que han sido excavadas


Así que tenemos en el 818 a 20.000 familias cordobesas saqundinas saliendo del país. La mayoría acudieron a la llamada de Idris, el personaje mito especular de Abderramán I en el Maghreb, vástago último como el omeya de una estirpe masacrada y engendrador de dinastía reinante en tierras lejanas, que acababa de fundar Fez, donde crearon un populoso y próspero arrabal que aún hoy es conocido como el de los Andaluces. Hay un dato sospechoso en todo esto. El historiador y geógrafo Al Bakri, que escribe a lo largo del siglo XI desde Al Andalus sin haber visitado nunca los lugares de África, Europa y Asia que describe, dice que una de las puertas de la muralla de la primera medina de Fez (la andalusi) era llamada Bab al-Kanisa (Puerta de la Iglesia), lo que podría apuntar al hecho de que algunos de los exiliados del arrabal de Saqunda que fundaron Fez fueran cristianos y así como probablemente algunos del resto, los que se embarcaron en Pechina (hay quien sitúa ese embarco en Cartagena) y se dirigieron a Alejandría. Las causas de esta elección se desconocen, pero sí se tienen noticias de que en la ciudad mediterránea formaron una floreciente comunidad que muy pronto, aprovechando una coyuntural confusión reinante en la ciudad acabó dominándola política y militarmente. Los datos de estos hechos son muy confusos y se deben fundamentalmente a al-Nuwairi historiador egipcio del siglo XIV. Alertado el califa Al-Ma’mun acució al gobernador de Egipto, ‘Abd Allah ibn Tahir a que la reconquistase, cosa que finalmente hizo. Nuwairi habla de 15.000 cordobeses que fueron obligados a embarcar con la prohibición de desembarcar en ningún puerto bajo dominio abbasí. La historiografía actual se inclina a considerar que fueron direccionados expresamente a Creta por las autoridades abbasíes tras varias incursiones previas, en línea con el avance occidental sobre Sicilia.

El caso es que aprovechando la debilidad coyuntural del imperio bizantino se hicieron, parece que fácilmente, con ella. Su lider se llamaba Abu Hafs al-Ballutí, originario de Fahs al Ballut, el Llano de las Bellotas, el actual Valle de los Pedroches. Era el año 827. Se sabe que habían efectuado previos desembarcos de reconocimiento en distintos puntos de la costa sur, pero el definitivo debió hacerse en el golfo de Mesara, probablemente en la playa de Matala, salida natural de la importante ciudad romana de Gortys (Gortina), capital, antaño romana y en ese momento bizantina, de la isla. Tras destruir todas los baluartes que encontraron a su paso para impedir una posible defensa, incluida la propia Gortina, pasaron a la costa norte donde fundaron una ciudad portuaria perfectamente amurallada y rodeada de un foso, que le daría nombre: Rabdh al-Khandaq, La Fortaleza del Foso, según la traducción más común. Con ese nombre, italianizado en Candia, sería conocida hasta principios del siglo XX en que tras la Enosis con Grecia se cambiaría por Heraklion.

El Ballutí, el Bellotero, fundó un emirato independiente hereditario y desarrolló desde ese puerto una industria corsaria y de tráfico de esclavos que asoló el Mediterráneo oriental durante casi un siglo y medio. Exactamente hasta el año 961 en que el general bizantino Niceforo Focas al servicio del emperador Romanos consiguió recuperarla.

La conquista de Creta supuso un tremendo varapalo para Bizancio, que consideró siempre su reconquista una prioridad absoluta. González Ferrín (1) nos suscita la duda de que la embajada que envió el emperador Teófilo a Abderraman II en 840 pudiera haber sido una velada manera de preguntar al emir cordobés si la conquista de Creta por andalusíes era la toma de Creta por Al Andalus.



  • (1) Emilio González Ferrín: Historia General de Al-Andalus. Almuzara 2007

  • (2) T. E. Detorakis, History of Crete (Heraclion,1994), que busqué infructuosamente en Atenas y en las principales librerías de Heraklio y que al final encontré en la tienda del Museo Histórico.


CONTINUARÁ...

7 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Interesantísima la historia.

¿Y tú te montas viajes así para buscar huellas de episodios que te interesan? Qué envidia. A mí no me daría el presupuesto (ni el tiempo, claro). Diviértete.

marta dijo...

Manuel ¿cómo se las apaña para visitar los lugares mágicos de verdad...?

Voy a abusar de usted y pedirle que publique imágenes de los lugares por donde pasaron los balluties / jarotes de Fash al Ballut, allá en Creta. Cuestión por demás seguramente innecesaria, ya que lo habrá previsto sin duda alguna.

¡Qué disfrute su recorrido, inchalá!

harazem dijo...

Acabo de darme cuenta de que me había saltado un trozo importante del relato, sin el cual no se entienden algunas partes, el paso de los exiliados por Alejandría y los preparativos para el asalto a Creta.

Marta: Por supuesto que colgaré imágenes. En la segunda parte. Probablemente mañana.

Miroslav: lo del motivo de la visita, es, claro un recurso literario. Creta merece conocerla por sí misma. Por lo demás, lo de mi "poderío" viajero se trata, como podrás comprender, de mero ajuste presupuestario vital para poder hacer lo que más me gusta. Lo primero carecer de coche y no tener que criar cachorros, y desde luego imponerte límites en los gastos. La frugalidad como filosofía. Buscar las fechas más propicias y no perderse en suntuosidades turísticas. Y el tiempo tambiñen se compra. Los funcionarios, los que no tenemos responsabilidades de imprescindilibidad, gozamos de algunas ventajas sobre el resto, que también deberían poder gozar. Para mí el fundamental es el maravilloso permiso sin sueldo.

Hala, hoy ha tocao estriptis!

marta dijo...

Es que en Alejandría les dieron cera a los ballutíes...

Lansky dijo...

Fascinante relato; o sea, que si no te he entendido mal Maimónides y El Greco, Teotocopulos, eran cuñados ¿no?

Pero no hace falta disculpas, como bien sabes, para irse a Creta y darnos envidia, aunque la que yo me monté tampoco estaba mal: un recuento de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), ya que en el barranco de Samaria se encuentra la mayor población de Europa (no del mundo como suele decirse, que está…ta chan…en Afganistán). Por cierto, te recomiendo la visita. Además, en Cazorla ya no quedan.

Y eres un mamón…de raki

Lisístrata dijo...

"Ahora que por fin se ha demostrado que la clase empresarial cordobesa tiene menos arrojo que el chucho Scoby Doo y el mismo espíritu que la hiena Tristón" xDD
eres único haciendo símiles...
sigo con la 2ª parte, ahora vuelvo, saluditos a los de acá tb >;0]

Ben-saprut dijo...

Estoy absolutamente "obnubilado" (¿se escribe así?) ¿De verdad que desde al-Ándalus llegamos a influenciar a la mismísima Creta? ¿Estás diciendo que nuestros jarotes se dedicaban a conquistar lugares de cultura clásica?

Me das envidia, ¿¡Cómo no!?, pero, por favor, sigue compartiendo con nosotros.

PD. ¡Peasso tapas!