(del laberinto al treinta)


lunes, 6 de mayo de 2013

LA COLLEJA echa el cierre

LA COLLEJA, la revista digital en la que he participado como socio fundador, miembro del consejo de redacción y articulista y que fuera responsable de que a veces mantuviera bastante abandonado este blog echa el cierre.

LA COLLEJA nació hace dos años. En el artículo que Don Hodierno (el redactor que corresponde al propio consejo de redacción de la publicación y que por tanto habla por todos) que cuelgo debajo está perfectamente explicada su génesis y su origen. Así que me los ahorro. Lo cierto es que en los últimos tiempos había bajado sensiblemente el nivel de participación de redactores por falta de tiempo en unos casos y de entusiasmo fruto de la frustración por la imposición de atroz realidad que nos constriñe en otros, lo que ha llevado a decidir su cierre. Una verdadera pena. Córdoba se queda sin la única tribuna realmente crítica, aleando la mordacidad y el gamberrismo cultural, de denuncia, con que contaba. El resto de las publicaciones colectivas de esta ciudad, digitales o analógicas son directamente inanes (la minoría) o completamente vendidas a las fuerzas oscuras del Capital y de la Iglesia la aplastante mayoría. Los casos individuales que puedan salvarse que se salven.

En esta ciudad hubo desde siempre un especial interés en que no hubiera un medio auténticamente de izquierdas y mucho menos auténticamente crítico con el Poder, en que Córdoba no dejara de ser La Feria de los Discretos con que genial y certerísimamente nos bautizó Baroja. Ese interés en mantener los niveles de discreción que conforman el auténtico carácter cordobés es patrimonio tanto de la derecha más o menos cerril como de la izquierda a la violeta que nos gobernó tras la marcha del ciclón Anguita. La revolución anguitiana, que removió por unos (escasos) años los cimientos éticos y culturales de la ciudad, fue subseguida inmediatamente por la contrarrevolución de ExtHerminio Trigo primero y la alianza monárquico-clerical-folklorista de la alcaldiosa Rosa Aguilar. Precisamente hoy alguien me recordaba cómo el hundimiento de La Voz de Córdoba (1981-1984) fue una jugada maestra del PSOE para cargarse el único medio auténticamente plural y crítico que hubo en la ciudad desde la II República para integrarlo en el que pretendía que fuera su portavoz local para perpetrar la Gran Traición neutralizando a las fuerzas progresistas del estado español, el que fuera diario del Movimiento, el Diario Córdoba. Luego la larga travesía del Desierto de la Discreción hasta que mediados los años centrales de los 2000 surgiera La Calleja de las Flores y a su cierre la Colleja, que cierra también ahora. Muchos lamentos he escuchado estos días, pero cuando estaba viva y coleando era cuando hubiera necesitado esa solidaridad que tantos ahora le muestran. Pero es lo que tiene pertenecer a Discreciolandia...

Como LA COLLEJA cerrará definitivamente y por ahora no se volcará su contenido copio y pego íntegramente la autonecrológica que se ha cascado Don Hodierno y que ha sido confeccionada colectivamente por el consejo de redacción. Como dice la nota final durante un tiempo estarán accesibles sus contenidos por si alguien quiere llevarse algo. La Colleja siempre fue de todos y para todos.

LA COLLEJA SE SUICIDA

Don Hodierno

La Colleja se suicida. Decidida y fatalmente. A la manera estoica. Anunciándolo y entre amigos. Y aprovecha para hacerlo la llegada del mes de mayo a Córdoba. No es casualidad: la orgía mayera cordobesa sube peligrosamente los niveles de lirismo chocarrero en sangre a prácticamente toda la población hasta extremos insoportables y La Colleja ya tenía la salud mu delicá. El florido mes que comienza ya tradicionalmente con un acto de guerracivilismo por ahora incruento desde que hace dos años los herederos del espíritu del Movimiento Nacional se hicieran con las riendas del gobierno municipal imponiendo conscientemente la coincidencia de la manifestación por antonomasia de la clase obrera con la manifestación por antonomasia de la clase tonta. La Marcha Sindical del 1 de Mayo con la Batalla de las Flores, ese arma de cretinización masiva, rancio invento de la burguesía ociosa cortijera de principios de siglo XX recuperada por el franquismo en sus años más negros y que representa lo más casposo del alma folklofriki cordobesa, acompañada más recientemente por la patética panda de verdiales que fue el equipo de la alcaldiosa excomunista y exdetodo, esa Desgracia. La prueba de que supone una declaración de hostilidad es que desde hacía un siglo se venía celebrando indubitablemente el primer domingo del mes hiperfestivo. De simple y tonta batalla de flores ha sido convertido por la caverna neofranquista en pura batalla de ideas, en las que éstas son las víctimas principales. Córdoba camina alegremente hacia la Edad del Desastre Tecnologizado que se avecina subida en una carroza de papel de colorines y cantando el Soy Cordobés con la vena del pescuezo hinchada, entre humazo de procesiones, marchas cofrades, millones de aguardentosas sevillanas y catas de cualquier cosa mientras el hambre y la exclusión social se van contagiando poco a poco de una familia a otra, de un barrio a otro, camino de convertirse sin resistencia en villas-miseria. Con verbena popular y Cruz de Mayo, faltaría más.

La Colleja nació hace dos años por voluntad de un grupo de amigos que quedaron huérfanos de medio de expresión tras el cierre de la mítica La Calleja de las Flores, probablemente el medio más cañero, crítico, mordaz y gamberro que ha parido esta ciudad desde los tiempos de la II República y en el que se acostumbraron a expresarse con total libertad. Por ello sufrió el inmisericorde rechazo de las fuerzas zombis cordobesas con el arma más peligrosa con que cuenta la ciudad feudo-medieval que resiste encastillada el asedio de la Ilustración: la discreción. Como ha continuado sufriendo su heredera La Colleja que ahora se quita hastiada de en medio. No en vano sigue enquistado en el cerebro de la población el recuerdo de los cuatro mil indiscretos fusilados en las tapias de los cementerios en el 36.

En estos dos años La Colleja ha tratado de insuflar algo de indiscreción en esta Feria de los Discretos que cuenta con la burguesía más estéril e inculta del Hemisferio Norte. En la que la que lo más parecido a un periodista de investigación es un periodoncista de Gibraleón y en la que la caverna franquista o ultraliberal dispone de todos los púlpitos mediáticos, de absolutamente todos, para lanzar a todas horas sus proclamas reaccionarias mientras la izquierda, que gobernó la ciudad durante treinta años, no ha sido capaz de crear ni un simple fanzin desde el que emitir ni la más simple de sus ideas. En la que la manifestación de entusiasmo cultural colectivo más importante de su historia reciente ha sido subir a diez mil exaltados paisanos con camisetas azules a gritar viva el salmorejo sobre el puente romano. En la que la Iglesia Católica, la mafia más antigua y dañina de la historia de la humanidad, ha dominado sus resortes económicos durante treinta años corrompiendo a la mitad de la población y cuyo poder en la sombra, tras llevarla a la ruina, sigue siendo superior a la que goza en cualquier otra ciudad. Una ciudad a la que esa misma Iglesia Católica ha robado con el mayor descaro la propiedad de su mayor tesoro patrimonial, la Mezquita, sin que a sus legítimos propietarios, los cordobeses parezca importarles una higa. En la que las únicas fuerzas vivas realmente visibles son las momificadas del agusanado mundo de las cofradías y el seborreico de las peñas. En las que las expectativas de desarrollo sólo pasan por vender a los forasteros la visita a unos patios convertidos en fenómenos de feria o Parque Temático Folclomoruno y en vías de morir aplastados por las masas de comedores de hamburguesas atraídos por la gratuidad. Una ciudad de la Andalucía interior cuyos implementaores económicos pretenden elevar el muy minoritario mundo de caballo, o sea (¡pobres caballos!),el mundo de los señoritos y la secular explotación del campesinado a símbolo local, para en realidad proveer negocio exclusivo para ellos. En la que casi gana las elecciones un más que presunto polidelincuente, un individuo más corrupto que la sentina de un mierdero y que se jacta de no haber leído un libro en su puta vida para corroborar aquella copla tan graciosa de Córdoba la bravía / que entre antiguas y modernas / tiene más de mil tabernas / y una sola librería. En la que el representante de diez mil cordobeses afirma sin pestañear y sin asomo de ironía que las peñas son los lugares donde se refugian los hombres cuando son expulsados por sus mujeres de sus casas para que no pisen el suelo mientras friegan. En fin... una ciudad completamente fracasada habiendo tenido bastantes más oportunidades que otras para haberse provisto de corazas racionales con que resistir el atroz mundo que se avecina.

Pero lo más importante es que creemos que hemos aportado, como en su día lo hicieran algunos de nuestros colaboradores en La Calleja de las Flores, muy interesantes datos sobre la historia de la ciudad, la mayoría desconocidos para los erudos y eruditos locales, como cuando el profesor Lupiáñez nos desveló el secreto de los cojones momificados de Ambrosio de Morales, rescató un perdido romance a Góngora dedicado o sembró razonables dudas sobre la nacencia de Séneca. O Aristóbulo y su descubrimiento de la puerta Piscatoria romana en el muro de un bar de la Judería. O los penetrantes aportes al conocimiento de la idiosincracia de la ciudad actual: las certeras denuncias de David, el olfato político de Marti Julbe, la furia de Manolo Harazem contra la caspa y la carcunda clerical o denunciando atropellos arqueológicos. Y muchos de ellos han sido recogidos cuando no directamente fusilados por la prensa oficial. Sin jamás dignarse nombrar el medio de origen. Como si La Colleja tuviera la peste. Que la tiene para ellos. O los montajes de Mr. Parkingson y su premonitoria sección Futurama y las denuncias de fartusquidad de nuestros más preclaros prohombres locales que llevaron a cabo colegiadamente él y Harazem y cuya certera puntería llevó a cierta sabandista o periodija con guarida en el mechinal abecedario a amenazarnos en un burrofax con mandarnos una jauría de abogados. Una medalla que llevamos desde entonces con orgullo.

La Colleja cierra para no tener que seguir hablando en el desierto de la discreción de la brutal decadencia de esta ciudad que tiró hace dos días su futuro por la borda destruyendo lo mejor de su patrimonio histórico y arqueológico, gastando todas sus energías, económicas y sociales en absurdos proyectos faraónicos de aterradora insolvencia real y moral por culpa de la infeliz conjunción de una de las castas políticas locales más estúpidas del estado español, que ya es decir. Una ciudad en la que cada vez más se oferta al populacho adocenado más circenses y menos panem. Una ciudad muy, muy hermosa, pero sin seso, como descubrió la zorra en el busto. Más tonta que el que asó la manteca o que Abundio, que vendió el coche pa comprar la gasolina.

Adios, Córdoba, buen viaje al Tercer Mundo. Cuando llegues al nivel de Cochabamba escribe, en caso de que aún sepas hacerlo.

 

A los que nos siguieron, a los que nos disfrutaron, a los que nos comentaron desde el disentimiento o el aplauso…

GRACIAS

A los discretos que se mordieron la lengua y a los chungos que nos torpedearon:

QUE OS JODAN

NOTA FINAL: MIENTRAS EL SERVIDOR NOS DESCONECTA DEL PULMÓN ARTIFICIAL PODÉIS ENTRAR Y RECOGER LO QUE SEA VUESTRO Y LO QUE NO TAMBIÉN. PORQUE LUEGO DESAPARECERÁ PARA SIEMPRE.

3 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Pero, ¿qué os ha hecho Cochabamba?

Más en serio, de más está decir que respeto los motivos de trodo suicida para tan drástico acto, aunque casi nunca los comparta. Tampoco en este caso vuestro, aunque mi opinión, muy ajena, poca relevancia tenga. Porque, hombre, cerrar "para no tener que seguir hablando en el desierto" es justamente la excusa de quienes, aún no queriendo serlo, legitiman esa "discreción de la brutal decadencia". Precisamente por ser un desierto hay que mantenerse, aunque ciertamente hacerlo roce la heroicidad (y conlleve, lo sé, agotamiento insoportable). En fin, lo lamento y mucho más lo lamentaría si fuera cordobés. Un abrazo.

Lansky dijo...

De Cochabamba es P., una ciudad maravillosa a medio camino entre los Andes de La Paz y el trópico de Santa Cruz

Buranka dijo...

Lamento Don Hodierno que no siga La Colleja (he disfrutado mucho leyéndola, aunque esté muy lejos de esas piedras y de esos cofrades). Creo que puedo situarme en el punto donde se encuentran ahora mismo quienes tomaron la decisión de ponerla en marcha y de suicidarla. Por eso puedo asegurarle que: lo importante es que existió.