(del laberinto al treinta)


lunes, 29 de septiembre de 2014

Mezquita e identidad



Hace un par de meses alguien que aprecia alguna de las cosas que escribo y que me consideró poseedor de un punto de vista interesante o al menos personal del asunto me ofreció colaborar con un artículo en el monográfico que la Revista REBEL-ARTE de Mesas de Convergencia de Córdoba pensaba dedicar al tema de la inmatriculación por la Iglesia Católica a su nombre de la Mezquita-Catedral de Córdoba, basándose en una ley a todas luces inconstitucional como están tratando de demostrar los juristas de la Plataforma Mezquita-Catedral de todas y de todos que es la que está llevando el peso de la lucha por evitarlo y que la Mezquita-Catedral siga siendo un bien público, sin que eso signifique que el uso del espacio de culto católico deje de serlo. Se lo mandé y lo publicaron hace un mes en un número especial que hubieron de dividir en tres volúmenes dada la cantidad de material que recopilaron. Me llevé la sorpresa de que me acompañaban personas de mucha fama y competencia intelectual. De manera que incluso tuve el honor de actuar de telonero nada más y nada menos que del señor Mayor Zaragoza. Posteriormente se han celebrado en la Biblioteca Central tres actos de presentación (uno por volumen) de la revista consistentes en charlas, coloquios y conferencias. A mí me tocó asistir a la última en un coloquio en el que debatíamos la profesora de filosofía Hedwig Marzolf y yo. La cosa no salió demasiado bien por causas ajenas a nuestra voluntad. De esa charla hablaré en un siguiente post.

Tengo el blog muy abandonado. Estoy muy liado con un proyecto y no tengo tiempo. Ni ganas todo hay que decirlo. Pero bueno, asomo por aquí para haceros partícipes de mi artículo, que según me comentan, es lo suficientemente interesante como para que algunos de vosotros se anime a leerlo. Y los demás artículos, por supuesto. Y no sólo los de este volumen en el que participo sino también los de los otros dos. Cuelgo el comienzo y quien siga teniendo ganas lo ha de terminar en otra página:

MEZQUITA E IDENTIDAD

La resistencia que sólo muy recientemente ha empezado a ofrecer una parte de la sociedad civil a las pretensiones de la Iglesia Católica de apropiarse definitivamente de la Mezquita-Catedral de Córdoba presenta dos aspectos, imbricados, pero claramente diferenciables. Uno puramente jurídico: el de la legalización en el registro de la propiedad de ese adueñamiento; y otro, más ideológico: el de la falsificación de la memoria del edificio reinterpretándolo como obra propia, esencialmente cristiana.

Y no sólo el disparatado coleóptero renacentista con que consiguió parasitar el corazón del edificio en el siglo XVI en contra de los criterios conservacionistas civiles de la época, sino incluso el propio oratorio islámico que consiguió salvarse de aquella destrucción.

Pero si del primer aspecto hemos podido disfrutar en los medios de una potente batería de argumentos más o menos sólidos por parte principalmente de juristas, que han puesto en seria duda no sólo que la Iglesia tenga constancia documental de su propiedad, sino sobre todo que la forma en que acaba de acceder administrativamente a ella no atente contra la propia letra de la Constitución Española, del segundo aún no hemos podido escuchar ni el tronar de un solo cartucho argumentativo por parte de algún prestigioso especialista tanto en la historia de su construcción como en las características estilísticas arquitectónicas y artísticas del monumento.

Así tenemos que el cabildo catedralicio cordobés ha podido a lo largo de los últimos veinte años pergeñar sin contestación un discurso revisionista interesado consistente en disolver en el ácido de la mistificación el carácter original del oratorio musulmán minimizando la responsabilidad en su concepción, diseño y construcción del estado omeya regido por unas elites que pertenecían culturalmente a la corriente civilizatoria islámica que en ese momento se hallaba en plena fase de expansión política pero también de concreción de formas expresivas propias y que alcanzó en él uno de sus mayores y más originales logros arquitectónicos y estéticos.

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