(del laberinto al treinta)


martes, 26 de diciembre de 2006

La guerra de los botones

Uno de los mayores inventos de la Humanidad después de la genial intuición de ponerle rabo a una cacerola y convertirla en un cazo es sin duda alguna el del EMULE. Con él, entre otras cosas, he conseguido acceder a numerosas obras (películas, discos) que guardaba en el recuerdo (físico y sentimental) y a los que no tenía acceso de otro modo. Nuestra Santa Madre SGAE me perdone.

Lo último que he bajado ha sido una película cuya memoria atesoraba desde pequeño y que no había vuelto a ver posteriormente: La guerra de los botones. Y ha coincidido casualmente con una relectura del prólogo de Homero, Ilíada, la magnífica versión que Alessandro Barico ha hecho de la obra madre de la literatura universal. Y ambas me han llevado de nuevo a reflexionar sobre la fascinación que la guerra ejerce sobre los seres humanos y en el papel que pudiera conservar la cruel actividad en el contexto de las ventajas evolutivas de la especie.


La guerra de los botones se me ha revelado al cabo de los años como una magnífica película que ha superado con su calidad la algodonosa consideración con que yacía en el fondo de mi desván sentimental de su pertenencia al género ternurista. No es sólo una película infantil que toca la fibra más sensible de los que nos criamos en medios ambientes semisalvajes y sin más juguetes que nosotros mismos y nuestros compañeros, sino también un inteligentísimo ejercicio de talento narrativo y un delicioso y delicado alegato contra la guerra, los nacionalismos y los odios irracionales entre pueblos que me ha reafirmado en mi idea de que el 99 % del cine infantil que se hace en el mundo no busca sino la cretinización consciente del ser humano aprovechando su estado larvario. Disney (un benéfico cortocircuito funda el bloque de hielo en que se conserva su maldito cuerpo) fue el más abyecto de los corruptores de la infancia, vía celuloide, pero no el único.



Del espesor mental de los censores españoles de principios de los 60 da cuenta el hecho de que la consideraran una película apta para la infancia y que se emitiera en las sesiones dominicales de los colegios de curas, donde yo la vi (1), a pesar de que cualquier mención a hecho religioso alguno brilla absolutamente por su ausencia. De todas formas, como la versión que he conseguido es bilingüe, pero no subtitulada, hay un par de trozos en el doblaje en español en que salta directamente la versión original. Señal de que fueron cortadas en su momento. Uno es el correspondiente a la constitución de los niños en una república y el debate acerca del significado del término igualdad inscrito en su lema. Si no hay igualdad no somos una república, dice uno de ellos, algo terriblemente subversivo en la España de entonces. El otro corte sucede cuando los niños celebran una fiesta en la que fuman, beben alcohol y se muestran revistas eróticas. Hoy día, imbuido el mundo occidental de una pacatería demencial de defensa de la infancia de esos temas, pero no de los de la violencia, también sería impensable una escena como esa.


La textura de las imágenes fijadas en un neorrealista blanco y negro sirve de perfecto soporte para la textura moral de su discurso, una incursión ilustrada, amable pero incisiva, en los absurdos comportamientos sociales de los seres humanos.

(1) Ví la película dos años seguidos. Debía yo tener 11 ó 12 años. Los curas salesianos contaban en su colegio con un cine en el que organizaban una proyección todos los domingos por la tarde para sus alumnos. Yo estudiaba en un colegio público pero tenía un amigo cuyo primo estudiaba allí que nos camuflaba en su clase y así podíamos acceder gratuitamente a ver la película. Formábamos ordenadamente en el patio y un siniestro cura ensotanado armado con una campanilla de bronce organizaba la entrada por filas en el cine. Aquella campanilla hizo sangrar más de una cabeza díscola o charlatana. La mía fue una de ellas. (VOLVER)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he vuelto también bastante aficionado al cine y tienes razón: emule es una bendición. Siempre soy dado a investigar sobre el cine y a pesar de no haber visto esta pelicula cuando era niño, dado que no había nacido: no te preocupes no soy tan joven, me encontré con esta película y me gustó bastante, la trama, la actuación, el manejo de la camara, la fotografía. Dios bendiga al cine y a emule. Saludos, Cristian

Anónimo dijo...

Suscribo punto por punto tu comentario. Yo también he estado años -tengo 45- buscndo esta pelicula que vi de chiquillo, y de nos ser por Emule...

ae dijo...

bueno, parece que los de 45 del mundo tenemos a esta película en nuestro pasado y en un lugar de preferencia, que alegría volver a encontrarmela en estos comentarios, ahora la he buscado en formato torrent y me queda la duda si tendra subtitulos en español, podrías decirme si has tenido esa suerte y si es así donde están... muchas gracias en avanzada por el dato y muchas otras por esta página.
alejandro

harazem dijo...

Amigo Alejandro:

Me alegro de que te gustara el comentario y de que coincidamos en la apreciación de esa película en particular como uno de nuestros mejores recuerdos cinematográficos infantiles.

La película yo la bajé en el emule hace tiempo por lo que no recuerdo los detalles que traía el archivo. Lo cierto es que resultó ser bilingüe, es decir que tienes la opción de verla en francés o en castellano con alguno de los programas especializados. Yo uso el VLC media player, gratuíto y que sirve además para unir archivos de subtitulación a las películas originales.

Manuel (Cedric) dijo...

Entrañable, deliciosa y muy amena. Así he considerado siempre esa película, de la que no hace muchos años se hizo un "remake", ambientado en Irlanda, pero que no le llega ni a la suela del zapato respecto a la que ya conocemos.
Y todo gracias al Emule, que creo ha sido una tabla de salvación para mucho cinéfilo.
Cordiales saludos desde Valencia.

Anónimo dijo...

Una película estupenda. Yo ya he librado mi propia guerra de botones http://cutemosaic.com/img/gallery/sobrino.jpg