(del laberinto al treinta)


martes, 15 de julio de 2008

No es tan difícil

En la sociedad que permitió el Holocausto sólo
existían tres categorías: las víctimas, los verdugos
y los que no hacían nada.

Eli Wiesel

NO, no es tan difícil. Y en realidad es hasta barato. Lo que ocurre es que estamos gobernados a nivel mundial por la peor panda de hijosdeputa desde la caída del III Reich. Palanganeros políticos de un sistema que prima exclusivamente el enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento hasta la miseria de la mayoría. Que han creado una falsa globalización basada en recorrido de flujos cruelmente disparejos: invasión de los países pobres por productos subvencionados de los países ricos y obturación del sentido contrario, del libre comercio de los productos y de las personas de los países pobres hacia los países ricos. La ley del embudo convertida de metáfora en realidad asesina. Pero lo peor de todo es el estruendoso silencio de la indiferencia general.



PALABRA DE MUJER
Prioridades de gasto mundial
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ. EL PAÍS (15/06/2008 )

Juntaron a ocho de los mejores economistas del mundo, cinco de ellos premios Nobel; les dieron (en teoría) 75.000 millones de dólares (18.750 millones al año durante cuatro años), y les pidieron que gastaran ese dinero en los objetivos que, según ellos, más podían beneficiar a la comunidad internacional. El proyecto se llama Consenso de Copenhague, se desarrolla cada cuatro años, lo patrocina el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca y acaba de superar su segunda edición. Lo más importante y difícil es establecer un orden de prioridades de gasto. En esta ocasión, la lista de los 10 primeros objetivos fue bastante sorprendente. El primero de ellos, lo que esos importantes economistas consideraban lo más urgente de todo, sólo costaba 60 millones de dólares al año. ¡Y para lo segundo más importante no tenían que gastar ni un solo centavo!

Los economistas que aceptaron el reto (entre los que se encuentran Jagdish Bhagwati, Robert Mundell, François Bourguignon o Finn Kydland) examinaron más de treinta propuestas defendidas por otros tantos especialistas, y previamente analizadas y criticadas, cada una, por escrito, por otros dos expertos. Basándose en el coste y beneficio de cada una de ellas llegaron a la conclusión de que la prioridad número uno es proporcionar vitamina A y zinc al 80% de los 140 millones de niños malnutridos del mundo (lo que costaría esos 60 millones de dólares anuales), porque esos dos micronutrientes supondrían un incremento tan notable en la salud y en la capacidad intelectual de esos niños que la relación coste / beneficio sería insuperable.

El segundo objetivo no les hubiera costado un solo céntimo de sus 18.750 millones de dólares anuales, lo que no quiere decir que no conlleve un coste extraordinario. Se trata de poner en práctica la llamada Agenda de Doha para el Desarrollo, convencer a los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para que liberalicen sus mercados y promuevan una reactivación del comercio mundial. Los expertos calculan que, con la Agenda de Doha, los países en desarrollo podrían recibir recursos por valor de 2,5 billones de dólares, una cifra realmente decisiva para provocar un cambio sustancial en las condiciones de vida de sus habitantes y de erradicar realmente la malnutrición y la miseria extrema.

Lo interesante de estas conclusiones es que un grupo de grandes economistas dejó perfectamente claro de qué se trata realmente: de política. Encontrar soluciones para los 10 problemas más importantes del mundo, vinieron a decir, no es un asunto de gastar 18.000 millones de dólares al año (aunque seguramente son muy necesarios) ni de planteamientos estrictamente financieros. La principal barrera es totalmente política, y afecta al comercio. Los beneficios que se podrían derivar de la Agenda de Doha para el Desarrollo serían tan excepcionales, comparados con su bajo coste, que nada sería más efectivo. No lo dicen voluntarios de ONG ni bienintencionados samaritanos. Lo dicen varios de los más famosos e importantes economistas del mundo. Lo lógico sería que alguien les prestara atención, como cuando hablan de mercados financieros o de modelos de crecimiento, pero la verdad es que su proclama de Copenhague ha tenido muy poca repercusión.

A la vista están, por ejemplo, los resultados de la conferencia celebrada por la FAO en Roma para analizar la crisis alimentaria. Ha pasado escasamente una semana y ya nadie habla, ni en los foros políticos ni en los medios de comunicación, de los escasos resultados de aquella reunión. De hecho, no se habla casi de la crisis alimentaria en sí, por más que todo el mundo sepa que sus efectos son y van a ser terribles. Pasadas las primeras llamadas de atención, se hace el silencio, a la espera, probablemente, de alguna catástrofe humanitaria que vuelva a levantar ampollas. Por el momento, en los países ricos, las opiniones públicas parecen narcotizadas, cada vez más absorbidas por la crisis económica que ha provocado el alza de los precios del petróleo y por las menores expectativas del crecimiento propio. Nadie quiere escuchar lo que dicen los economistas de Copenhague y los pocos políticos que no han perdido todavía completamente la memoria, como los portavoces del Gobierno de Noruega, unos de los pocos que no se cansan de advertir de que no habrá nada que hacer si los granjeros africanos no logran colocar sus productos en el mercado internacional.

A todo esto, ¿saben en qué puesto colocaron los economistas del Consenso de Copenhague el problema del cambio climático? En el número 30. Quizá porque 75.000 millones de dólares en cuatro años no ayudarían a resolver nada en ese campo.

7 comentarios:

miguel dijo...

Harazem promoviendo el liberalismo? No lo hubiese imaginado nunca! Esos economistas siguen sin darse cuenta de que lo que verdaderamente falla es el modelo. Y si seguimos abogando por resolver pequeños e inmediatos problemas ahondando en el mismo sistema, apañaos vamos. Podemos resumirlo cambiando un poco esa última frase en negrita: no habrá nada que hacer si los granjeros africanos (o de cualquier parte) no logran colocar sus productos en sus mercados locales.

maria dijo...

No habrá nada que hacer mientras los q tienen muchíiisimo no se conformen con tener un poco menos y sobretodo no se nos den pildorazos de q se puede vivir a todo tren sin tener un puto duro en el bolsillo, es como si en cada anuncio publicitario se nos retaran diciéndonos sin decir: "no tenéis wevos de tener este coche, o este piso o esta moto".
La solución, creo, pasa por ser educacional, pero no interesa otra cosa q hacer q se atraviese el embudo del consumismo. Todos queremos de todo para no ser menos, qué coño! y mientras, los q tienen de todo sin esforzarse en tenerlo y a costa de los q nada tienen, y viven a todo lujo y en el despilfarro se ríen a carcajadas de ver como la mayoría cae en esa trampa q los atonta para seguir en el grupo de los que no hacemos nada.
Yo q tengo mínimos conocimientos sobre historia, lo veo todo claro, los pobres pagan encima por ser explotados (dixit Galeano), siempre fue así, y siempre será a no ser q algún revulsivo se expanda entre las mentes y despertemos de esa indolente y terrible nada q nada mueve ni nada altera.
Se ncesitaría un ejército de bienpensantes y educadores q tambalee un poco los esquemas de vida q nos traemos entre manos,y q tanto nos están perjudicando.
Habría q escribir mucho sobre esto, seguiremos en otra ocasión.

Harazem, te acompaño en este canallesco doló de muelas ý la impotencia de no saber cuando se eliminará de raiz..

Rafael Jiménez dijo...

Apabullantes los datos que proporciona el artículo que transcribes. Tan sencillo y tan barato!...

Cuenta conmigo si hay que crear una ONG para proporcionar esas vitaminas. Lo digo en serio.

Seguro que los bancos o sus fundaciones u otras instituciones "neocaritativas" tienes pasta como para financiar el asunto (y de paso sacarle el oportuno beneficio publicitario/fiscal).

Pero es que esos millones de niños (personas) merecen la pena.

harazem dijo...

Amigo Miguel, claro que lo que hay que cambiar es el modelo, pero mientras eso ocurre, dios mediante la semana que viene, podemos arreglar los desperfectos más visibles ¿no te parece? Sobre todo los más urgentes, que son los que afectan a la vida de millones de niños y a las economías de subsistencia de millones de agricultores del Tercer Mundo, con hijos también más o menos desnutridos. También podemos secuestrar al conserje de la ONU y exigir el desmantelamiento del sistema capitalista en menos de 24 horas, con la amenaza de hacerle escuchar las obras completas del Fary.

Los economistas no fueron comisionados para dar una alternativa al sistema, sino para señalar los problemas más urgentes. Evidentemente esos economistas pertenecen al sistema y lo consideran bueno, aunque manifiestamente mejorable. Y es ahí donde está lo interesante del artículo de Soledad, señalando que incluso esbirros del capital a los que se les da cierta libertad son capaces ellos solitos de señalar con sus manitas algunos de los más injustas y crueles mecanismos del sistema.

Me parece una injusticia que me llames defensor del liberalismo. Eliminar las subvenciones de la agricultura capitalista occidental, invasora por ello mismo de los mercados de los pobres, impidiendo lo que tú dices, que puedan vender en sus propios mercados, pero sobre todo que puedan competir en igualdad de condiciones al menos en los mercados occidentales, no es una medida liberal, sino de estricta justicia. Por lo menos para que no se mueran de hambre mientras llega, dios mediante, la revolución la semana que viene.

Lo que no puedes hacer es exigir que la revolución empiece por los más débiles. Exigirles a ellos primero la política del decrecimiento. Como ya no tienen nada que perder, pues que se sacrifiquen un poco más para contribuir a evitar que sistema se colapse del todo para poder iniciar la nueva era de justicia y paz que está prometida. No es que tengan derecho a entrar en el sistema, liberal, claro, en igualdad de condiciones que los ricos, sino que a lo que tienen derecho es a no morir de hambre.

miguel dijo...

Ahora mismo no tengo tiempo de contestar con calma. Pero sí, amigo Manuel, quería aclarar que esa medida es una de las que llevan preconizando los verdaderos liberales desde hace décadas. Discutir si esa medida liberal es o no justa o es o no efectiva es otro tema.

Por supuesto que no eres un defensor del liberalismo. Y más si te lo has tomado como una ofensa, porque nada más allá de la realidad.

Como digo, ahora no tengo tiempo. Mañana salgo de viaje y tengo cosillas que preparar. Espero que os cuidéis por aquí. Postergamos la conversación para la semana que viene si te parece.

Un abrazo!

harazem dijo...

No me digas, Miguel, que tú también te vas a Sidney a ver al Papa Benedicto, al que tanto le gusta los jovenes...

Ah no, que leo en tu blog que a quien vas a ver es a Springsteen, el rockero buenista. Jajajaja. En el fondo es lo mismo. De todas formas, disfrútalo.

Un abrazo

lamalgama dijo...

Deja al chico Manuel, si es que al pobre aún no lo tenemos enseñao como deberíamos y aún cae en lo que cae, pero mira que se lo digo, que el Forges, El País y el Espríntin son la misma caca, pero ná oye, ni caso me hace, asistá, es un yonko a su manera el pobre.

Ale, un abrazo para los dos, y pal resto también, que os ponéis celosones.