(del laberinto al treinta)


lunes, 3 de noviembre de 2008

JUICIO A LA DEMOCRACIA (Antonio Manuel)

Por las especiales características de la Transición- Transacción en este país nunca hubo una derecha civilizada, europeísta y liberal. Sólo una ultraderecha hija legítima (y dilecta) de una dictadura fascista y criminal que cambió la camisa azul por el terno y la corbata de seda, pero no la mugre moral de su interior. Por eso a la izquierda heredera de la masacrada por el franquismo le fue fácil ocupar el espacio que correspondía a aquélla de la misma manera que los líquidos ocupan naturalmente el espacio desalojado por otros líquidos. Y, oyes, qué bien que le sentó la ocupación. Hoy puede decirse que sigue existiendo la misma ultraderecha, un poco menos hirsuta, pero no menos agresiva, y una derecha liberal que sigue tomando rutinariamente y por intereses electoralistas el nombre de izquierda (la Izquierda Unida cordobesa incluida). La voz natural de la izquierda, su desarbolado territorio, lo ocupan algunos esforzados, pero desanimados francotiradores y alguna partida guerrillera que lucha inútilmente desde los cerros de la racionalidad deemocrática contra la evidencia de que este país, esta España del siglo XXI es sociológicamente tan de derechas, tan sumisa y tan pastueña como la sometida por el franquismo en los años 60, de que el 90% de los votos de este país se los reparten a partes iguales la ultraderecha y la derecha, y el resto se lo llevan los nacionalismos racistas.

Así que en lo único en lo que discrepo del lúcido análisis de Antonio Manuel (la única pluma de prensa de esta ciudad que no besa sistemáticamente la mano del poder político y económico o se mece autistamente en las flatulencias de sus floripondios verbales), es en que quien traicionara los ideales progresistas de justicia política y social tras la Transacción fuera la izquierda. No, esa ya no era izquierda, sino un taimado, siniestro súcubo o íncubo que ha acabado devorando todas las esperanzas.

Copio el artículo de ANTONIO MANUEL publicado ayer domingo, 2 de noviembre en el Día de Córdoba



la ciudad y los días

Juicio a la democracia

Antonio Manuel

EN otro tiempo, los seres humanos sabían con exactitud la hora de su muerte. Cuentan que Dios bajó a la tierra y preguntó a un campesino por la razón de su desidia. Y el hombre contestó airado que abandonó la cosecha cuando supo que no estaría vivo para disfrutarla. Entonces Dios decidió que no era bueno que los hombres supieran de antemano la hora de su muerte y les privó de ese conocimiento para que trabajaran hasta el último día como si fueran a vivir eternamente.

Franco trabajó hasta su muerte en la sucesión sabiendo que no disfrutaría de la cosecha. Su legado era su presente. Y sembró de silencios los libros de historia y de muertos las cunetas. A todos ellos les sobrevino la muerte como un rayo en mitad del verano. Como un paréntesis eterno en mitad de la vida. Todavía hoy quedan cientos de miles de desaparecidos durante la guerra y la posguerra con el estado civil de inmortal para el Registro Civil. Vivos para la ley y para los corazones de quienes los amaron hasta la incertidumbre. Yo he rastreado a varios sin éxito. Cuando murió el culpable de la oscuridad, a muchos les sobrevino la esperanza de matar dignamente a sus seres queridos, de inscribirlos al fin en el libro de fallecimiento. Y muchos murieron entonces. Salieron de la tierra como vivos de paradero incierto, para volver a la tierra ya muertos del todo. La UCD asumió la responsabilidad histórica de enterrar el dolor latente de las fosas comunes en nichos individuales con nombres y apellidos. Los conservadores tenían que aparentar dos veces lo que no debían ser para evitar las negras tormentas acechando los aires. Pagaron las indemnizaciones a los represaliados y familiares en concepto de clases pasivas del Estado. Permitieron el acceso a las cárceles para investigar. Yo he visto lápidas en Iglesias con fecha del 77 en memoria de los caídos defendiendo sus respectivos ideales.
Luego llegó la victoria socialista. Y con ella, el final de la transición democrática. Los desaparecidos volvieron a dormir en sus cunetas. La izquierda que metió a España en la OTAN, la izquierda que gobernó las comunidades autónomas, las ciudades y los pueblos, la izquierda, sí, la izquierda, enterró el anhelo de un juicio penal contra la dictadura.

Treinta años después, mi tía Rosa me acercó la carpeta azul donde mi abuelo guardaba las facturas del panteón para los fusilados en Almodóvar del Río, abierto en el 79 y ahora en pésimo estado. Y me la dio apenas enterarse del auto del Juez Garzón. Él no ha tomado una decisión jurídica, sino política. Ha vestido de moderación la ley de memoria histórica. Por eso calla el Gobierno. Pero Garzón no está juzgando a la dictadura: está juzgando a la democracia. Está poniendo voz a los que se sintieron traicionados por la izquierda más conservadora de España. La misma que refunda el capitalismo salvando a los ricos con el dinero de los pobres. Garzón sabe que perdiendo la batalla jurídica ganará la moral. Esa que aspiró a hacer justicia con los que murieron antes de tiempo para vivir eternamente.

3 comentarios:

Victorio Domínguez dijo...

Manué, que buena lectura... y que acierto del análisis del prostituido uso de la izquierda. Para mi es media-izquierda, la que sigue cogiendo el pan de manera sistemática, cuando la cuchara está en la otra mano.

Las lentejas... Ahí las puñeteras lentejas... ¡Nos tienen acorralad@s!

Hoy Cecilio Gordillo, coordinador de Todos los Nombres en Andalucía lo deja claro. ¿Cómo es posible que no haya monolitos en recuerdo de quienes sólo pillaron el olvido y la cal... ? Y que para colmo, fuera de nuestras fronteras se conoce como la única ciudad del Estado español que es Roja...
http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=441939

Ahora, parece que le han entrao las prisas al consistorio. Me imagino que andarán como quién se está meando... y no encuentra donde hacerlo. Es que delante de tanta sotana: ¿A ver quién se atreve a mear...? Y claro, la caspa acumulada aprieta tanto, que no deja ni abrir la tapa...

Salú

casandra dijo...

Refundar, refundar... ultimamente esta es una palabra del gusto de los políticos de partido (de todos). El Capitalismo dice que van a refundar el capitalismo porque el esquema no les ha funcionado ¡y tiene que funcionar por cohones!. Pero mira que curioso, Valderas ayer en su sospechosa proclamación, anunciaba que hay que refundar el comunismo del partido.
Refundar para coservar consevadoramente, tanto azules como rojos, el asunto es no perder la bolsa llena de agujeros.
¿Cómo van a refundar quienes las hicieron naufragar? ¿cómo se come eso? ¿qué confianza le puede quedar al pueblo despues de esta jugada?.
Esta mentira no es nueva, la historia narra situaciones similares de otro tiempo y su final siempre es el mismo: el pueblo pega un doloroso puñetazo encima de la mesa y pone los muertos que hagan falta para cortar esas cabezas enfermas y tan dañinas.
Os habéis preguntado porque nadie se plantea que lo que de verdad hay que refundar es la democracia misma. Que la democracia de partidos ya ha dado lo que podía dar, que los tiempos han cambiado radicalmente y que sin embargo estos partidos pretenden seguir en un esquema antiguo, desfasado y que no aprovecha los nuevos canales de participación del verdadero actor de la democracia, que es y debe ser el ciudadano.
Habrá que pensar en la forma de cortarles las cabezas.

Isaak dijo...

La historia se escribe en clave de supervivencia, siempre. Pocos son los aguerridos "brigadistas" que hoy estarían dispuestos a dar su vida por ideales vaciados, y viciados, por el paso del tiempo. Un periodista de El País decía hace pocos días que, hoy, la política es sólo una fuente de enriquecimiento. Y la ciudadanía servil es una fuente de supervivencia. Por éso nos conformamos. Porque no estamos tan desesperados a nivel social como para iniciar una "cortada de cabezas". Sigo pensando que es la "clase media", convenientemente mimada y acomodada, la que sirve de coartada a la clase política, la que frena con su conservadurismo toda iniciativa revolucionaria procedente de las hastiadas clases bajas.

La misma clase media que legitimó la monarquía, la pseudodemocracia imperante, la misma que mamó el euro y sus escandalosas consecuencias, la misma que no se inmuta con la corrupción social y política tercermundista imperante en todo el país, a pesar de ser quien más directamente la sufre, o la aprovecha.

Es la clase media la que ha soplado el globo inmobiliario, la que obedece sin rechistar las consignas del poder, la que aguanta lo que le echen con tal de conservar su ínfimo estatus de supervivencia, el que le permite tener tv de plasma y fines de semana de turismo rural.

Los políticos son inocentes. Son animales que se guían por su instinto depredador. Devoran lo que se les permite devorar. No le puedes dar a un político prebendas legales a mansalva, y luego quejarte de que las utilicen.

Saludos.