(del laberinto al treinta)


miércoles, 1 de julio de 2009

La segunda desislamización de la Mezquita de Córdoba (I)


Holmes explicaba que cuando se conquista un pueblo hay que destruir sus templos. Además, lo primero que trae esa conquista, como escribe Gonçalo M. Tavares en Un hombre: Klaus Klump, es la imposición de otra música. Porque la música es una señal de humillación: "Si quien ha llegado impone su música es porque el mundo ha cambiado, y mañana serás un extranjero en el lugar que antes era tu casa. Ocupan tu casa cuando ponen otra música".

M. A. Aguilar



A los amigos que vienen por Córdoba y deciden visitar la Mezquita suelo decirles que comprueben cómo nada más entrar, en el mismo momento en que cojan el folleto explicativo que va incluido en el precio de la entrada, serán víctimas de un intento de engaño por parte de los usurpadores (1) y responsables del monumento. Efectivamente ese folleto no es más que un panfleto catequético que sustenta un burdo intento de manipulación de la historia y la esencia del lugar con exclusivos fines propagandísticos del producto espiritual que allí se vende. No siempre fue así y puede afirmarse que el hecho forma parte de la yihad fundamentalista en la que la Iglesia Católica viene empeñada desde que accediera al trono del Reino Vaticano el Impresentable Organista de Cracovia, Woytila, y quien le movía los labios en la oscuridad, el cardenal y actual Papa Ratzinger, con la misión de desmontar cuidadosamente el tímido aggiornamiento que el Concilio Vaticano II había conseguido en lo referente a la doctrina social y al diálogo con otras religiones. Desde entonces en la sede episcopal cordobesa se decidió un plan muy sibilino para, en consonancia con los vientos fundamentalistas que venían de Roma y acicatados por ciertas exigencias de conversos musulmanes de compartir rezo, reinterpretar la historia del monumento mediante una serie de descaradas mutaciones en el discurso oficial de explicación del mismo. El fin de tal manipulación no es sino alcanzar su completa desislamización, hacerle perder su origen islámico e inculcar la idea de que se trató de un templo católico desde siempre que fue usurpado durante un periodo de su historia por otro culto bárbaro y cruel venido de fuera, que no le aportó nada original, para ser final y felizmente restituido a su función originaria.


Por ello, probablemente si pudieran, borrarían las huellas islámicas de la Mezquita. Ellos lo que quieren es una catedral normal como tienen todos los demás, porque sienten que al ser “otra cosa” algo que puede ser interpretado desde fuera de su doctrina, un monumento artístico per se, desligado del culto católico estricto, puede desvirtuar lo único importante para ellos: la extensión de la superstición para dominar las conciencias. Y la pasta, claro. Porque, eso sí, como se trata de un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad y al que visitan (sólo por la parte islámica que ellos quieren reinterpretar) cientos de miles de turistas al cabo de año, no renuncian a su sustanciosa explotación económica en forma de entradas que se consideran donativos y que por lo tanto no tributan a Hacienda. Na, moco de pavo: unos diez millones de euros al año.

Para abrir boca podemos usar una prueba del algodón de comparar unos ejemplares del mismo folleto que se entregaban hace unos años con el actual.


Empecemos por la portada y el título: En éste del año 81, se llamaba al monumento Mezquita-Catedral, ( GUÍA BREVE DE LA MEZQUITA CATEDRAL DE CÓRDOBA) y presentaba tres recortes de vistas de grabados del siglo XIX con imágenes de la mezquita propiamente dicha y uno pequeño, abajo, de la catedral incrustada en su centro.


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Posteriormente se confeccionaron dos folletos más, uno en el 93 y otro en 98. En ambos conservan más o menos el texto del 81 y en el primero incluso el nombre tradicional del monumento. Es en el del 98 cuando encontramos por primera vez una alteración sustancial en la forma de nombrarlo con el cambio de orden de los términos del título tradicional y consensuado en pleno municipal en el 81, indicando expresamente el nuevo uso y nombre (con la insidia de colocar el título de santidad propia del catolicismo) del edificio indicando la obsolescencia del antiguo: BREVE GUÍA DE LA SANTA IGLESIA CATEDRAL (Antigua Mezquita de Córdoba):


fottetomezquit1a


De la portada del nuevo folleto ha sido eliminada la palabra MEZQUITA y se titula ya solamente LA CATEDRAL DE CÓRDOBA (Testigo vivo de nuestra Historia) y consta de una sola imagen de una vista de la nave que lleva al mihrab, pero tomada de forma que la bóveda que se aprecia y el arco que enmarca en conjunto son de construcción gótica. La parte católica, pues, primando sobre la islámica.


panfletomezquita 01


Pero es en el interior y en los propios textos explicativos donde encontramos mejores pruebas de la mutación. En la antigua el texto se embarcaba desde el primer momento en una explicación de la evolución del monumento siguiendo los criterios más aceptados por la historiografía mundial, apoyado además por una cita del arquitecto e historiador del arte Fernando Chueca:


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Seguidamente se emplea en la descripción de los diferentes elementos del monumento sin salirse del guión de la ortodoxia comunmente aceptada.


En el segundo folleto, el que proporcionan actualmente, la explicación se encuentra guarnecida arriba y abajo por sendas fotografías de elementos cristianos: una lápida y un friso paleocristianos. El texto está dividido en dos partes El epígrafe de la primera reza (nunca mejor dicho): IGLESIA MADRE DE LA DIÓCESIS que da pie a una puesta en claro de lo que para los dueños del monumento representa y lo que quieren que represente también para los visitantes: un lugar exclusivamente de culto católico. Que se entienda que la grandiosa arquitectura es sólo el envoltorio del producto que en allí se vende: catolicismo preconciliar. Y que se invita a la distinguida clientela a consumirlo.


En el segundo cuerpo y bajo el epígrafe LOS ORÍGENES, se incide vehementemente en el hecho de que en el lugar que hoy ocupa la mezquita hubo una iglesia visigoda destruida por los musulmanes para construirla. Lo que lleva al autor del panfleto a lanzar un finísimo pellizco de monja, clave de todo el asunto: ese hecho demuestra la falacia del mito de la tolerancia que supuestamente se cultivó en Al Andalus.


Pero donde el panfleto moderno se muestra más delirantemente absurdo es en la parte de explicación del templo islámico, apuntando ya en el propio epígrafe la consideración que tiene de él: LA INTERVENCIÓN ISLÁMICA. Es decir que lo que trata de inculcarnos el autor es que en realidad la mezquita construida como aljama principal de la capital de Al Andalus no fue una original creación de los invasores musulmanes (que sucedieron a los invasores visigodos, pero cristianos), sino un reforma para adaptarla a su culto, de una estructura cristiana previa. A eso apunta la palabra intervención, según mis humildes conocimientos. La estolidez del redactor no para en mientes de que previamente ha hablado de la total destrucción de la basílica cristiana. Y sobre lo que ya no existe no se puede intervenir.


Seguidamente desgrana ya más o menos ortodoxamente las etapas constructivas del templo islámico, pero eliminando cuidadosamente cualquier mención a las aportaciones más importantes de los arquitectos islámicos e incidiendo por el contrario y morosamente en todas y cada una de sus probables o probadas influencias de la arquitectura hispanorromana de raíz cristiana. Afirmar rotundamente que el bicolorismo de los arcos de la mezquita, una de sus señas de identidad más importantes, fue copiado por los árabes del palacio episcopal encontrado en Cercadilla habla de la falta de escrúpulos de nuestro panfletario autor a la hora de arrimar el ascua a su sardina. Y de su afición a los traidores pellizcos de monja habla el hecho de que de los siete renglones que dedica a su condensada explicación de la parte de la ampliación de Abderraman II uno lo haga incidiendo en las persecuciones que en ese tiempo se infligieron a los cristianos.


Es una verdadera obsesión la que tienen los curas con el tema del mito de la tolerancia en Al Andalus. Y no les falta razón desde su punto de vista para cultivarla, porque saben perfectamente que los mitos no surgen porque sí, sino que tienen siempre un fondo de verdad y que nacen siempre para resaltar una comparación entre unos tiempos y otros, entre unos hombres y otros, entre unas crueldades y otras.


Es cierto que se trata de un mito que ha sido usado hasta la náusea por tirios y troyanos, por islamófilos de raíz tanto goytisoliana como neoconversa, por rapsodas y exaltadores localistas de las glorias de pasados jurásicos, por catedráticos de la de Nobles Caspas y Bellas Tretas, por guías turísticos más o menos ilustrados, por ministros del ramo muñidores de beatífico ecumenismo, para vender flamenquines, erudición o buenismo, y que adolece generalmente de una falta sistemática de aplicación de los más mínimos controles historiográficos serios y de exceso de aplicación de criterios conceptuales propios de la actualidad. Pero lo que sí se puede afirmar es que si surgió, a lo largo del siglo XIX, fue porque cuando se comenzó a estudiar la sangrienta historia de este país con criterios más objetivos y no anclados en las visiones contrarreformistas anteriores se sintió la necesidad instintiva de su creación como hito paradisíaco o edad de oro excepcionales en la secuencia de las crueldades sin fin que la han jalonado.


La Historia de Al Andalus es muy larga, nada menos que 8 siglos, en los que lógicamente hubo de todo, pero lo que sí está comprobado es que en la mayoría de los periodos los cristianos y los judíos no fueron perseguidos y se les permitió su culto a pesar de que se les cobrara un impuesto. El autor del panfletazo con una ausencia de vergüenza a prueba de bombas afirma que la destrucción de la iglesia de San Vicente, que ocurrió a mediados del siglo VIII cuestiona el tópico de la tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba del momento, en un intento descarado de contaminar con ese cuestionamiento el resto de los periodos. Hay que decirle, por otra parte, al tipo este que la destrucción se llevó a cabo tras una compra legalizada, lo que desde luego no ocurrió con todas las mezquitas que fueron destruidas sin más a los pocos días de la conquista del rey cristiano santificado y sin que puedan servir ninguno de los dos hechos para marcar moralmente actuaciones del pasado con criterios actuales.


A la Iglesia le sale la verde bilis cuando se le enfrenta con el hecho contrastado de que así como otras religiones oficiales fueron tolerantes en líneas generales con las de la competencia, la Católica se caracterizó siempre por una crueldad sin límites y una tendencia generalizada a la persecución y la expulsión. Nadie habla nunca de los cientos de miles de mártires paganos que fueron asesinados u obligados a convertirse por las autoridades tras su entronización como religión oficial del Imperio en un número infinitamente mayor que el de los cristianos que fueron comidos por los leones de Diocleciano. Pero, claro, aquellos no tuvieron la oportunidad de ser ensalzados hasta la nausea y por los siglos de los siglos: no quedó ni uno. O sólo hay que contemplar las persecuciones de herejes, las expulsiones de los judíos primero y de los moriscos, obligados previamente a convertirse, más tarde. O la conversión forzosa de los indios americanos. O la Inquisición. Y todo ello en épocas donde los derechos humanos ya habían sido germinalmente enunciados. Frente a todo eso la normalidad de Al Andalus no es que quede mitificada, es que resplandece como un faro de humanidad.


Los árabes andalusíes no fueron ni más tolerantes ni menos que otras culturas. Lo que les hace contrastar es la propia crueldad milenaria de ese pozo de intolerancia que fue siempre la Iglesia Católica.


La parte que el panfletario dedica a LA TRANSFORMACIÓN CRISTIANA ocupa bastante más líneas que la INTERVENCIÓN ISLÁMICA y desde luego el relato de la conquista y de la conversión inmediata de la Mezquita en iglesia sí que habla de la tolerancia cristiana. Allí no hubo expropiación remunerada, sólo simple y puro arrebato, derecho de conquista.


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El infumable folletazo termina con una estomagante REFLEXIÓN acerca de la supuesta certeza de que la mezquita se conservara gracias a su conversión en catedral. Pero no hace ninguna referencia al hecho de que la catedral incrustada en su centro en el siglo XVI fue fruto de un dislocado empeño de la Iglesia de destruir parte del edificio para llenarlo de angelotes y que contó con la férrea oposición de las autoridades civiles de la época, que fueron excomulgadas por ello. La reflexión culmina con un emplaste teológico pseudopoético digno de figurar en uno de esos posters que cuelgan las adolescentes sensibles en sus cuartos para tratar de ser mejores con sus amiguitas.


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Alguien debería decirle a este esforzado panfletario y a sus empleadores que por mucho que se empeñen los visitantes vienen a ver la MEZQUITA, o sea la MEZQUITA, y no la catedral y que ambas cosas, aunque compartan espacio, no son lo mismo. Y desde luego a lo que no vienen es a que se les caliente la cabeza con apolilladas doctrinas vaticanas. Lo jodido de todo este asunto es cómo colaboran a la creación de esta gran falacia profesionales de prestigio con su aquiescencia o con su silencio. Arquitectos y arqueólogos a sueldo del Cabildo que seguramente se reirán para sus adentros de las cretinadas curiales, pero que callan siempre convenientemente su opinión.

(1) Un día del año 2006 la Iglesia Católica, haciendo uso de una ley franquista y su ampliación por el gobierno de Aznar, que tiene todos los visos de ser anticonstitucional porque equipara a los obispos con los funcionarios públicos, inmatriculó en secreto, y probablemente con el silencio cómplice de la alcaldesa Rosa Aguilar la Mezquita de Córdoba a su nombre. Ello quiere decir que hasta ese mismo momento gozaba del estatuto de BIEN PÚBLICO. Lo cuento con pelos y señales en ESTA ENTRADA.

II PARTE

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Harazem: Te pregunté en una ocasión por los restos que se encuentran bajo la estación de autobuses de Córdoba. Perece una canalización o algo parecido. Pena que estén tan descuidados,tal como la estación. ¿Son árabes? Agradecida

harazem dijo...

Perdona, amiga Anónimo, me acuerdo de cuando me preguntaste la anterior vez, pero la cantidad de cosas que llevo palante hizo que me olvidara de contestarte.

Los restos que se encuentran en dos zonas en la estación de autobuses pertenecen a dos épocas distintas. A lo que creo que te refieres es a los restos del acueducto principal que abasteció a la ciudad en tiempos romanos, posteriormente árabes y cuya fuente principal lleva aún el agua a la Mezquita de Córdoba y que se mueren de pena en el aparcamiento.

Aparte de eso se han excavado dos casas califales y lo que apunta a que se trate de una mezquita.

El problema no es ya que estén descuidados los restos, el problema es que en el año 91, cuando se comenzaron a construir las dos estaciones, la del AVE y la de autobuses se encontró todo un arrabal mitad islámico, mitad mozárabe, con restos de todo un palacio, tardo romano según unos, episcopal, según otros. La puesta en valor de dichos restos, los más importantes encontrados en esa década en España que llevaron a cabo nuestros ilustrados políticos fue su destrucción a prisa y corriendo para evitar tener que buscar otro trazado a las vías o integrarlos completamente en las obras. Esos hombres y mujeres responsables del mayor crimen arqueológico cometido en España desde tiempos remotos pertenecían a partidos autollamados progresistas, PSOE e IU y tienen nombres y apellidos que ya he solicitado que consten en un panel junto a los restos de los restos para los restos para que sus descendientes se avergüencen de ellos hasta el final de los tiempos. La actuación de algunos de los arqueólogos que participaron en el asunto tampoco dice gran cosa no ya de su profesionalidad, sino de su catadura moral.

AQUÍ tienes alguna información y fotos. Pero si tiras de Google encontrarás mucha más.

Anónimo dijo...

respiras por la herida masonazo.

Anónimo dijo...

respiras por la herida masonazo.