(del laberinto al treinta)


martes, 10 de agosto de 2010

El monstruo melancólico

As tears go by, Mientras caen las lágrimas es una de las canciones de la prehistoria del POP con más leyendas a cuestas. Tiene una melodía ñoña, como muchas de las que por el mismo tiempo compondría mucho más ácidamente la Velvet Underground. Marianne Faithful fue un fenómeno especular al de Nico. Lo que una fue para los Rollings, la otra lo fue para la Velvet. Hablamos de los primeros 60. Las canciones más tarareables, las que posteriormente recibirían el título de comerciales, se las endiñaban a las chicas. Afortunadamente. Sólo hay que ver las versiones que posteriormente, al calor del éxito cosechado por ellas, perpetraron los chicos. Más Jagger que Reed, que siempre se resistió más a caer, erróneamente, en la tentación de lo fácil. La versión que os ofrezco es un producto de madurez. De 1987. De cuando la Faithful consiguió por fin salir del submundo de la narcolepsia. Quien quiera conocer la historia al completo puede usa la Wiki. Sólo una apostilla. Me jode enorme, abisalmente, compartir mi pasión por la Faithful con ese saco de basura intelectual que es Golum Gabriel Albiac.

EL MONSTRUO MELANCÓLICO

...toro
padre de serpiente y padre de toro serpiente,
en la montaña el oculto, oh mayoral,
el aguijón.

Anónimo tarentino, en Clemente de


Alejandría, Exhortación a los griegos (1)

Al principio fueron las escamas. La Serpiente primordial, fundante, monstruo devorador o tentador o prodigador de dádivas. Y el anillo de mitos en su torno: inductora del conocimiento y fuente de congojas. Su transfiguración más luminosa fue el dragón, que como casi todo nació en China. 4000 mil años antes de Cristo ya lo dibujaban con conchas sobre los cuerpos de los difuntos en la cultura de Yangshao. El imaginativo arabesco de escamas de la tradición oriental ya estaba fijado para entonces y ya era asimilado al poder celeste con su capacidad generativa de agua beneficiosa y el poder mortífero del fuego de su boca. Por ello el poder imperial se apropió de su imagen y se hizo descender directamente de él. El enorme vientre azul del monstruo es la máxima fundación teratológico del alma china y decora desde entonces y hasta hoy toda su cotidianidad desde los oratorios budistas hasta los templos del chop‑suey.

En las culturas mediorientales también el reptil representó un papel primordial. La serpiente tentadora de la parte considerada más débil de la Humanidad, la mujer, ha marcado la línea vertebral de la función del mal en la cultura judeocristiana, desde su primer triunfo en el paraíso hasta su derrota simbólica bajo los pies de la doncella madre de la divinidad. Aunque la interpretación secreta puede apuntar a la pérdida de inocencia, animalidad inconsciente, y descubrimiento de la libertad de elección, la aventura gnoseológica de la esencialidad humana. Así, la serpiente edénica representaría una doble vertiente: por un lado el mal puro que consigue rebelar al hombre contra Dios, su creador y por otro el mal relativo: liberación de las cadenas de la animalidad, la enseñanza de la luz del autoreconocimiento a cambio de la asunción del dolor que ello comporta. Por otra parte los acadios sintetizaron todo esto probablemente desde finales del segundo milenio en el mito del combate (Enuma elish) entre Marduk, el principal de sus dioses y Tiamat, el dragón femenino del caos acuoso que encabezaba los poderes divinos primitivos.

En la tradición intermedia, la gran abandonada por la cultura occidental, la griega, la dispersión de sus fuerzas teocráticas, la mayor racionalidad de su panteón impide una asociación absoluta del bien y el mal en dos bandos irreconciliables. Los monstruos no son uno ni representan la alteridad malvada de la divinidad, sino manifestaciones del poder divino mismo; no son ni buenos ni malos, como los dioses mismos, que son sólo lo que son: dioses. Estos mandan monstruos a los humanos para castigarlos, para premiarlos o para probarlos. Los propios dioses se monstruizan a veces para demostrar su poder o para conseguir determinados fines. Y junto a la manifestación monstruosa surge inevitablemente su alter ego: el matador de monstruos, el héroe, cuya existencia está inevitablemente atada a la del ser que ha de liquidar para convertirse en carne de mito. Su esencia es la demonstración, la liberación al precio de la gloria eterna de la bestia que amenaza a sus congéneres. Pero la búsqueda del monstruo también es simbólicamente una vía de conocimiento y la muerte del monstruo la adquisición de la luz. Así lo entendieron los creadores de mitologías medievales que retomaron la tradición griega y la plasmaron en el corpus literario de la caballería andante.

El primer matador de monstruos de la mitología griega fue Apolo, su hazaña, la muerte de la gigantesca serpiente Pitón. Le siguieron Cadmo que mató al dragón Aonia en la cueva de Ares (los dientes del dragón, sembrados, fructificarían en soldados), Perseo que con la muerte de la Serpiente marina que tenía secuestrada a Andrómeda y su desposorio con ella tipifica el triángulo clásico para siempre, la Gorgona Medusa y un largo etcétera de liberaciones, Belerofontes ( a la Quimera, que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente, adhiriendo plomo en la punta de su flecha que se derretiría al contacto del fuego bucal del monstruo), Heracles y sus zodiacales aventuras, Jasón y Teseo. Matadores de monstruos de escama. Son los héroes solares, luminosos, que se debaten entre dos extremos del mito: los monstruos y las mujeres. La relación con los monstruos es unívoca e inequívoca: la destrucción los une con lazos indestructibles. Se da una fidelidad fervorosa en el acto de la búsqueda y la destrucción, en la comunión existencial entre ambos, que no se da en cambio en sus relaciones con la mujer, la tercera pata del banco, con las que las relaciones secuenciales son discontinuas, la infidelidad frecuentemente manifiesta, y la traición base de la mayoría de las relaciones.

Después vino el toro. El cosmos late entre la serpiente y el toro. Pasó un tiempo larguísimo antes de que a la serpiente, Tiempo-sin-vejez, siguiera el latido del toro, que fue Zeus (2). Si la serpiente es el agua, el toro es la tierra. El toro resume en todas las civilizaciones mediterráneas la fascinación de la fuerza genésica, la poderosa fuente de simiente. Es el gran tótem de las culturas agrícolas, símbolo de vida y energía e imagen de la belleza impactante de la animalidad. Su cornuda máscara es de una fuerza vital inquietante y a la vez supranatural. Por ello es el regalo más preciado por los dioses y su sacrificio siempre fue el acto supremo de respeto oferente a la divinidad. Pero el toro presenta además un aspecto añadido: no deja de ser una bestia peligrosa, cuya acometida ciega mata y destruye la vida del propio hombre: su caza es una muestra de valor que emula la heroicidad de los grandes cazadores de monstruos míticos. Fuerza y destrucción se enlazan en "una dialéctica cuya duplicidad, inmersión y contradicción toca los orígenes de la experiencia religiosa a través de todo el Mediterráneo" La lucha ritual es una de las constantes más acusadas de las culturas del Mediterráneo. Hay una especie de hilo que une en la fascinación por el toro-monstruo tres lugares donde la tauromaquia fue ritual: Creta, Egipto y España (3) (y en España incluso sigue plenamente vigente). Mitra, Gerión, el buey Apis, completan una panoplia de mitologías taurógenas que ha conformado el imaginario estético-religioso de toda la espina dorsal mediterránea.

En Grecia la saga empezó con el Toro-Dios-Monstruo que rapta a la doncella para fecundarla, nombrar continentes y generar estirpes desgraciadas y continúa con el toro blanco que Posidón envía a Creta como señal para el pueblo de que el rey Minos, hijo de aquella unión, es agradable a sus ojos. La condición para su envío es que Minos lo sacrifique al propio Posidón una vez cumplida su misión. Pero a Minos le parece un animal demasiado hermoso y lo sustituye por otro de sus rebaños. El engaño es, por supuesto, descubierto por el dios del mar que le envía un terrible y sarcástico castigo: si tanto le había gustado al rey el toro, más le gustará a su esposa. Así que provoca en su esposa Pasífae una pasión y un deseo irrefrenable de ser poseída por aquel toro sagrado. Para consumarlo Pasífae obliga a Dédalo, el arquitecto real, a que le construya una novilla de madera hueca cubierta de piel bovina donde se encerrará la reina para ser poseída. De esta unión nacerá un ser híbrido, el Minotauro, de cabeza de toro y cuerpo humano. Dédalo construyó el artefacto para el pecado y construirá también el lugar donde se ocultará su fruto vergonzoso: un edificio de intrincada arquitectura: el Laberinto. El ser nacido de la monstruosa unión tendrá un hábitat monstruoso y su alimentación también lo será: habrá que proporcionarle carne humana. El resto es de sobra conocido: Minos impone a Atenas la entrega de 9 jóvenes y 9 doncellas cada 7 años para alimentar a su hijastro. A una de las expediciones se apuntará Teseo, el hijo del rey de Atenas, que convence a su padre de que logrará matar a la bestia. Una vez en Creta, la hija de Minos y Pasífae, Ariadna, se enamora del joven y le ayuda a matar a su hermano Asterión, el Minotauro, proporcionándole una espada y un hilo que, atado a la puerta del Laberinto, le permitirá encontrar la salida. Una vez muerto Asterión, Teseo se llevará consigo a Ariadna con la promesa de desposarla en Creta, pero la abandonará en una isla antes de llegar.

La invención de Minotauro supone un quiebro en la percepción de la relación de los griegos con sus monstruos. Asterión ya no es un monstruo total, de una perversidad indivisible, ajeno, y por lo tanto, enemigo, de los seres humanos, sino que es hijo de una reina de carne y hueso y por lo tanto semihumano. Asterión posee una historia y un nombre y un apellido. Y lo que es más importante: es un ser inocente que carga culpas heredadas. Aparece, pues, a nuestros ojos como un ser monstruo-víctima. Producto de un pecado que él no cometió está condenado a la crueldad y a la soledad. Nos produce horror, pero a poco que se piense en su figura solitaria vagando por los corredores infinitos de su cárcel laberíntica, tal como los imaginó Borges, sus pies de adolescente desnudo trotando sin descanso sobre el polvo, se nos hace cercana y hasta entrañable. Teseo más que liberador de la juventud ateniense fue liberador del propio monstruo sin saberlo, el que puso fin a su existencia indeseada. Más que héroe triunfante es un instrumento de la piedad divina.

Calasso emparenta el significado de Asterión respecto a los monstruos con el de Edipo respecto a los héroes. El más desgraciado de los héroes, tendrá una relación atípica que será la fuente de sus desdichas futuras. La relación con el monstruo es un contacto piel con piel. Edipo mata con la palabra, arroja al aire palabras mortales como las fórmulas mágicas lanzadas por Medea contra Talos. Después de la respuesta de Edipo, la Esfinge se precipitó por un barranco. Edipo no bajó a arrancar su piel, esas escamas abigarradas que ansiaban los viajeros como los ricos ropajes de una hetera oriental. Edipo fue el primero que pretendió prescindir del contacto con el monstruo. Entre todas su culpas, la más grave es la que nadie le reprocha: no haber tocado al monstruo".

El nacimiento de Asterión está directamente emparentado con un concepto griego de pantanosas connotaciones semánticas: la hibrys. Fundamentalmente podría definirse como el impulso humano por transgredir los propios límites, aunque sea enfrentándose a las leyes que rigen el cosmos -ya sean divinas, humanas o de la naturaleza- (5). En este sentido está claro que se dan varias circunstancias que provocan pecados de lesa hybris: Minos desafía la inteligencia de los dioses, su esposa mantiene relaciones atroces con un animal y Asterión, el Minotauro, es la trasgresión misma de las leyes naturales, con su esencialidad dividida entre la animalidad y la humanidad.

Santarcángeli (6) por otra parte, propone que la estructura simbólica del Minotauro está emparentada con la derivación del concepto de hibrys en la palabra híbrido asumida por todas las lenguas occidentales. Queda, pues, convertido en lo otro, en nuestro lado de sombra, la bestialidad que hay en nosotros, en el anti-Teseo y con ello en el ser de la oscuridad que debe perecer para que el hombre viva, liberándose a sí mismo del tributo infamante que debía pagar a las tinieblas. Sería, pues una representación de la eterna lucha entre la razón y el instinto, del espíritu sobre la materia, de lo eterno sobre lo perecedero, del saber sobre la ciega violencia. La victoria de Teseo sobre el Minotauro es la victoria de Teseo sobre sí mismo, el bautizo del hombre nuevo en la sangre del Toro-hombre .

El mito del Minotauro, como todos los mitos que atienden directamente a la esencialidad del alma humana se ha repetido, camuflado a lo largo de la Historia y en culturas muy distantes en multitud de historias fácilmente reconocibles. La representación de la hibrys, la trasgresión de los límites razonables, vuelve una y otra vez sobre todo en momentos históricos en que los avances del pensamiento o de la ciencia encuentran caminos inexplorados y tienen suficiente libertad para desarrollarse. Fue el caso de la aventura humana de la razón en la gestación de la civilización griega, en que los hombres desafiaron a los dioses al querer desentrañar por sí mismos los misterios del universo. Cruzar el límite de lo establecido como cognoscible suponía una ofensa a los dioses, y tenía, por lo tanto, el precio de entrar en lo desconocido, en el territorio del monstruo que guardaba los secretos de las divinidades. Porque la más genuina pulsión humana se basa en un dilema insoslayable: la necesidad de habitar dentro de unos límites infranqueables para asegurarse la propia supervivencia, pero a la vez, el inevitable impulso de traspasar esos límites, como motor de la propia vida humana (7).

David Cifuentes ha descubierto una versión del mito del Minotauro en clave estrictamente contemporánea: el film de Ridley Scott Blade Runner y ha descubierto las suficientes similitudes como para concluir que el autor de la novela tenía en mente la estructura formal y semántica del mito minoico y que tiene una clara vigencia en la representación de los dilemas del ser humano en este tránsito de un milenio a otro.

La hybris se refleja en la trasgresión que el personaje Tyrrell/Minos (empresario científico/ rey) comete creando unos seres híbridos (hombre-máquina) que cumplan el sueño de la inmortalidad. Pero el miedo a su propia obra monstruosa le lleva a inscribir la muerte programada de los replicantes en sus códigos genéticos. El castigo a la soberbia creadora, a la hybris, es la rebelión de los monstruos que lo buscarán para que desactive dichos códigos. Hay un Laberinto, la ciudad de Los Ángeles en el año 2019, un héroe liberador (el agente Deckard que llega y que se va en una nave) y una Ariadna, la replicante que por amor ayuda al héroe a destruir a sus hermanos y se acaba marchando con él.

La civilización cientifista en que estamos inmersos desde hace unos siglos ha llevado al hombre contemporáneo a situaciones límite muy parecidas a la que se vivieron en la etapa de gestación mítico-racional griega, y por tanto muchos de aquellos mitos han vuelto con fuerza propia camuflados de historias contemporáneas. Y aunque la hybris sea el gran pecado original humano, en unas épocas el hombre estuvo más dispuesto a cometerlas que en otras. Hoy día los límites de la ciencia están guardados por delgadas cortinas tras las cuales parecen amenazar de nuevo los monstruos de lo desconocido y algunas veces hasta parece que oyéramos claramente los mugidos aterradores del nuevo Minotauro inocente/ culpable que corre desesperado por los corredores del laberinto.


  • (1) Recogido por Roberto Calasso, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Anagrama, Barcelona.

  • (2) R. Calasso (op. cit.)

  • (3) F. Sánchez Dragó, Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España, tomo 1, ed. Hiperión, Madrid 1980.

  • (4) R. Calasso. Op. cit.

  • (5) D. Cifuentes, Blade Runner, revista "Pensamiento", vol. 54, núm. 210, septiembre-diciembre de 1988).

  • (6) P. Santarcángeli El libro de los Laberintos, ed. Siruela, 1997.

  • (7) D. Cifuentes, op. cit.


Este artículo apareció publicado en la revista ARTyCO, nº 11, invierno de 2011


Nos caerá encima Moratinos

La nueva amenaza que pende sobre nuestras mareadas cabezas en este verano de calenturas bíblicas nos viene del espacio exterior y se llama MORATINOS. Como alcaldable de Córdoba. Ya está currándoselo Griñán. Y la pregunta que de entrada le viene a cualquiera a la cabeza es: ¿y qué tiene de malo Moratinos? Y la respuesta es: MUCHO. Porque Moratinos es uno de los políticos más TRAMPOSOS de todo el hemisferio norte. UN TIPO QUE LLEVA 20 años haciéndose el neutral en el conflicto palestino pero que no ha parado de echarse amigotes, pero amigotes de verdad, no como el millón de Roberto Carlos, en cualquiera de los gobiernos israelíes que ha conocido y amiguitos felpudos entre los palestinos. Hay que serlo de todas maneras para poder ser ministro de Exteriores de un país como España y miembro de un partido que reclama la identidad la izquierda, instalado permanentemente en la mentira, porque se limita a aplicar las políticas ultraliberales que le mandan los que mandan. Pero es que Moratinos es un político perfecto para ese papel. Un verdadero profesional de la doblez, la mentira y la iniquidad. Yo lo llevo siguiendo hace mucho tiempo y le llevo contabilizando todas y cada una de las miserias que contra la razón de la izquierda viene perpetrando desde que fuera Enviado Especial de la U.E. para Oriente Medio en los 90 y se la pasara con esa vocecilla eunuca que gasta pidiendo a ambos, ¡¡¡a ambos!!! al estado genocida y ladrón israelí y a sus víctimas palestinas que se llevaran bien, culpabilizándolos por igual. Sólo tenéis que verlo en el video en el que da su versión de los hechos en el asalto del ejército israeli a la flotilla desarmada y las medidas que no tomaron, que han tomado y que tomarán los europeos para evitar el genocidio final de un millón de personas encerrados en el mayor campo de concentración del mundo. Medidas de sastre para hacerse un traje de perfecto macho de la raza caprina.

Un político de la misma raza que la felizmente escapada por la maroma del barco Repelente Señora Aguilar. La entrañable amistad que los une a ambos (besitos, besitos) habla por sí sola. Políticos sin escrúpulos, sólo pendientes de sus propias carreras y de lo que manden los señores que mandan. Que queremos al bueno de Rafael Blanco, hombre, que nos monte si gana veinte espectáculos al día de boñigas de caballo y treinta tomatinas flamencas, pero que reinvindique el valor de su trabajo ante los designios de su partido de usar esta ciudad de cementerio de dinosaurios más quemados que la cazuela de la pipa de un indio.

Desde aquí hago un llamamiento para recabar fuerzas y presionar al PSOE. Vale que nos encule con las medidas más reaccionarias y procapitalistas de la historia reciente del país, vale que hayan demostrado ser sólo unos peones útiles para imponer la razón de los mercados sobre la razón democrática, el condón que se ha puesto el neoliberalismo para violarnos sin peligro de embarazarnos de rebeldía, pero que no castiguen a esta ciudad mandándonos un candidato tan abyecto. No es que piense que tenga posibilidades de ganar, pero la sólo idea de tener que ver su careto afichado por toda la ciudad durante la campaña me descompone los centros ventrales. Que se lo metan donde les quepa.

lunes, 9 de agosto de 2010

DE COCINA (III)



Para ilustrar esta última parte de DE COCINA os traigo una pequeña maravilla. Se trata de un tema de la pianista de jazz compositora y cantante azerí Aziza Mustafa Zadeh, también conocida como Jazziza. Un verdadero dechado de talento y virtuosismo aunados. Personalísima, ha cristalizado un estilo en el que las técnicas del bebop, la tradición jazzística de vanguardia y los aires musicales de su tierra natal se amalgaman creando composiciones electrizantes, junto a temas de una sensibilidad y una textura emocional exquisitas. Desperation de su trabajo Seventh Truth, cantada en inglés, a pesar de que en el resto del album predomina su idioma natal. La portada de Seventh Truth causó un gran revuelo en Azerbaijan ya que en ella aparece la artista desnuda tapándose los senos con las manos. El escándalo llegó hasta al Parlamento, en el que se debatió la posibilidad de prohibirla. La propia artista lo cuenta jocosamente en su página web. Los azeríes como los habitantes de tantas otras repúblicas asiáticas exsoviéticas pasaron del rigorismo moral bolchevique al islamista sin apenas un respiro.





III







Todo lo que me gusta

es inmoral,

es ilegal

o engorda.




Pensamiento finisecular







Hoy en día parece que estamos asistiendo sobre todo en las zonas donde tiene su asiento la civilización occidental a una nueva revolución gastronómica que se manifiesta en todos los frentes relacionados con la actividad incorporadora del hombre. En el tema de la diversidad asistimos a la universalización, al calor de la globalización cultural, política y económica de determinados modos de consumo que se van gradualmente desvinculando de las formas culturales autóctonas para pasar a depender de los intereses de las empresas multinacionales que conforman la cara no visible pero detentadora auténtica e indiscutible del Poder en este paso de milenios . Es un proceso bidireccional: por un lado extienden platos y fondos de cocina de países muy diversos por el resto del mundo (pizza, currys, paella) mientras que por otro envuelven toda esa diversidad ofrecida en una sola estructura, en una forma unívoca de producción y consumo perfectamente controlada. La tendencia es a la implantación de una cocina mundial y única en la que los fondos de cocina tradicionales, basados en productos arraigados tradicionalmente en la ecología, economía y cultura autóctonas de cada lugar o región, son sustituidos por otros diseñados, fabricados en serie y distribuidos por conglomerados industriales perfectamente centralizados y organizados de acuerdo con los estudios de mercado que sus propios gabinetes de expertos realizan. Ya no se trata de que unos productos ajenos a la cocina tradicional de un lugar se superpongan a los propios y acaben enriqueciéndola en procesos de aculturación perfectamente medibles por la propia sociedad que los genera, sino de la sustitución del acceso del consumidor a las fuentes primarias de producción y al control directo del proceso de elaboración de los platos por un dirigismo de los planos sintáctico, gramático e incluso litúrgico del hecho alimenticio.

A este dirigismo se suman, íntimamente interrelacionados con él, los nuevos modos de vida que la modernidad impone en un proceso imparable de destrucción de los ritmos cotidianos que marcan las diferentes funciones biológicas y sociales de los individuos de las colectividades modernas. A las nuevas formas de producción se corresponden nuevas formas de relación con el mundo. Así, como apunta Vázquez Montalbán, la cocina tradicional no tiene nada que ver con la prisa. Descansaba en el pilar de una división familiar del trabajo, y, por lo tanto, en la existencia de la mujer cocinera que podía vigilar la cocción del puchero durante las horas que hicieran falta. También contaba con un espacio más humano, en el cual el trabajo de los otros miembros de la familia estaba lo suficientemente cerca del hogar como para ir a comer al mediodía y luego volver a trabajar, práctica que se sostuvo, incluso en las ciudades industriales, antes de que reventara por los descosidos de la presión demográfica. (1) El problema está en que las partes positivas de la modernización (ruptura de relaciones de dominación patriarcales, religiosas y políticas, libertad de elección en la función que se desea realizar en el mundo laboral y familiar, etc.) no son sustituidas por alternativas racionales y consensuadas por toda la sociedad, sino por otras totalmente impuestas por los intereses económicos desnudos de los conglomerados de poder que conforman el tardocapitalismo o poscapitalismo (dependiendo del tipo de análisis que se haga) dominantes en este paso de milenio.

Así, la transmisión de los gustos culinarios deja de estar en manos de la familia y pasa a depender de la publicidad, que conformará las tendencias gastronómicas dominantes en perfecta consonancia con los intereses industriales que representa. La comida será un mero trámite cotidiano en lugar de un rito de reconocimiento del mismo valor que el de la mayoría de los animales gregarios ejercitan con el olfato. Aunque por otra parte su valor simbólico no se pierde totalmente, sino que se transforma en liturgias de frecuencia variable, plenamente recogidas en la cultura del ocio que el propio sistema distribuye y explota integradamente. Ello es perfectamente observable en el mundo juvenil, donde determinado tipo de comida o determinado tipo de logo de comida (frecuentemente tildable de comida basura) se convierte en una marca más de integración en un grupo, donde la simbología, el lenguaje, los sabores les vienen dados por la agresividad publicitaria como marcas personales de rebeldía frente a un mundo adulto al que se representa paradójicamente como monótono y uniforme, con el agravante además de que la nueva cultura estética que se trata de vender para todo el mundo se basa en la consideración de esos mismos valores juveniles como perfectamente asumibles por el resto del conglomerado social. El culto al cuerpo, al cuerpo juvenil se entiende, es el valor más en alza en los mercados emisores de mensajes culturales. Con lo que la nueva paradoja está servida.

Lo más curioso de todo este cambio de valores está en que en realidad conviven los nuevos usos con atávicas presencias de miedos y lacras que no han podido ser no ya eliminadas, sino tan siquiera disimuladas por los administradores, cuando no han sido directamente utilizadas como nuevas fuentes generadoras de beneficios.

Por una parte tenemos toda la sustitución de la teología de la alimentación tradicional, con sus prohibiciones religiosas y sus supersticiones oscurantistas, por una nueva basada en el culto a la salud y la estética corporal, que por supuesto no siempre responden a las necesidades más perentorias del ser humano, y cuyas normatizaciones, como las de todas las teologías, tienden al dogmatismo. El concepto de pecado, lejos de diluirse en la racionalidad de los tiempos, se alza de nuevo transformado en manos de médicos, sacerdotes dietistas y diseñadores de moda en el nuevo azote de la conciencia del individuo. La obesidad, signo de distinción en épocas pasadas o en culturas actuales ancladas aún en la tradición se ha convertido en una obsesión social cuya eliminación determina buena parte de las actividades particulares y de los ofrecimiento de servicios de la industria dominante. En un momento en que , como afirma Bourdieu (2), es tan difícil determinar los parámetros de distinción en materia gastronómica a no ser en la actual tendencia inversa según la cual las clases superiores vienen a tener figuras más estilizadas que las clases populares debido a que pueden dedicar más presupuesto y más tiempo al cultivo de su cuerpo, más que a la cantidad y la calidad de los alimentos que ingieren, a los que ya prácticamente todo el mundo tiene acceso.

Hipernutrición y sedentarismo son la causa última de la peor de las enfermedades sociales, enfermedad que los nuevos sacerdotes asimilan a la culpa tal como antes se asimilaba la sexualidad libre con el pecado. Por algo la palabra régimen, la más asociada en los últimos tiempos a la comida, tiene curiosa correspondencia en política con la instauración de gobiernos férreos de inequívoco carácter militar. Los cuerpos y los pueblos necesitan ser metidos en cintura por los expertos dietistas.

El otro fenómeno constatable es fruto del alejamiento del consumidor de la materia originaria objeto de su consumo. Los consumidores van teniendo cada vez menos acceso a los productos en bruto, a la materia prima alimentaria que puede ser apreciada en su salvajidad antes de ser convertida en materia cultural en forma de comida cocinada y cuyo origen es aproximadamente conocido. Por el contrario, la tendencia general es al ofrecimiento de las comidas elaboradas o semielaboradas, en las que las materias primas han sido ya previamente transformadas en remotos y desconocidos lugares y cuya preparación sólo necesita de la fase final de la actividad culinaria, la cocción, cuando no el simple calentamiento del producto ya cocinado. Ello tiene como consecuencia un regreso a los orígenes en los que el omnivorismo presentaba la crucial paradoja que hizo progresar el arte culinario. Efectivamente la desconfianza, totalmente conjurada a lo largo de la historia por la intelectualización de la comida y su reducción a materia familiar y segura por medio de la cocina, vuelve a mediatizar en gran medida la actividad nutriente del hombre actual. Los productos ya no se sabe de dónde vienen exactamente. Se adquieren parcial o totalmente transformados, cortados, triturados, cocidos o liofilizados. Se les añaden en los lugares de producción elementos desconocidos, sospechosos, a veces insospechados: conservantes, colorantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, etc. Y además ya no se corresponden con los usos familiares y tradicionales a las que se estaba acostumbrado y que daban seguridad y sentimiento de arraigo.

El miedo justificado, aliado con la rumorología pánica, en la que se mezclan datos científicos sobre inductores cancerígenos, noticias de envenenamientos masivos e incluso serpientes interesadas por competencias industriales, producen estados de suspicacia personales o colectivos que tienen mucho que ver con los miedos ancestrales a las comidas que se cocinaban fuera de la comunidad, las cocinas malditas de ingredientes inmundos e innombrables, las inmundas ollas de las brujas en los aquelarres.

Otro bucle impertinente: como también pone en evidencia Fishler la forma en la que el hombre actual consigue sus alimentos, recolectándolos de los estantes de las grandes superficies, se asemeja curiosamente a la de su ancestral antepasado que recolectaba los suyos en la inhóspita sabana.








  • (1) M. Vázquez Montalbán: Contra los gourmets

    Ed. Grijalbo Modadori, Barcelona, 1997.




  • (2) P. Bourdieu: La distinción: criterios y bases sociales del gusto. Ed. Taurus, 1988

Glorificación del TOMATE ROSA CORDOBÉS

La belgo-tunecina Ghalia Banali por rumbas. Awadu, de su album Wild Harissa.


Obviando el abrumador título que me endiña, sospecho que no sin cierta sana sorna, respondo desde aquí a mi admirado Eladio Osuna que en un comentario a mi anterior post sobre el papel del tomate en la gastronomía mundial me reclamaba extensión sobre el tomate rosado cordobés.

Y lo primero que he de confesar es que yo de tomates, como de casi todo, entiendo un pimiento, valga el trillado jueguecillo hortofructícola. Me refiero a razas, marcas y demás asuntos periciales. Eso sí, el tomate rosado de la huerta cordobesa lo conozco a la legua. Ese feo de aspecto, lleno de borococos y la zona del pedúnculo deformada, pero que tiene una carne prieta y jugosa y un olor y sabor tan intensos que dan ganas de llorar. Porque sabor y olor han desaparecido totalmente de los criados en invernaderos y producciones agrícolas industriales, esos que vienen en asépticas cajas todos igualitos que pareciera que los hubiera fabricado a molde una máquina. La característica más penosa de esta maravilla es que sólo se encuentra bien entrado el verano. A mí me lo sirve mi vecino frutero provinente de la huerta de su padre en Alcolea, a quien conozco también desde casi niño, con lo que al placer de su degustación se le une el cariño por su crianza. No sé si se trata de una raza autóctona cordobesa como la del canónigo banquero, en feliz peligro de extinción, o el erudito folklórico-moruno, a quien Dios guarde muchos años, o simplemente un tomate criado artesanalmente en las escasas huertas periféricas que van quedando y que se han salvado de la metástasis parselista. Y no quiero saberlo. Seguro que si le pregunto a San Google me sale con que tomates rosas los hay hasta en el Sájara. Así que, como la de la copla de la Piquer prefiero seguir soñando a conocer la verdá. Soñando que esa maravilla tomatera es tan cordobesa como el carácter de sus taberneros. Una gilipollez autoctonista, desde luego, pero que me perdonaréis porque esta caló de desierto bíblico me está recociendo a placer las neuronas. Sea como sea, tomate de esos que veo en la frutería, tomate que morirá en mis manos partido en dos, esturreado de sal gorda y pimienta y devorado a bocados o troceado en picaíllo con aseitito de Priego, atravesado por agudo mondadientes. No antes desde luego de haberlo adorado un rato sobre la tabla de partir de mi cocina ya con el cuchillo en la mano y una beatífica sonrisa.


Por cierto que anoche se celebró en el marco incomparable del hondo patio cordobés de la madre de mi amigo Juan Sepelio el XIV CERTAMEN INTERFRATERNAL DE GAZPACHOS COLORAOS. En cuanto vea a mi amigo Juan Sepelio le pregunto por el resultado de este año. El pobre no ha conseguido una victoria en ninguno de las ediciones anteriores. Y eso que hace un gazpacho que se te va la olla. ¡Cómo serán los de sus fraternales adversarios!

sábado, 7 de agosto de 2010

DE COCINA (II)


Elijo para ilustrar este apunte sobre el tomate americano y mediterráneo la recia voz de Elena Ledda, la voz de Cerdeña en sardo, puro Mediterráneo que aquí, en el tema Sa neghe de su trabajo Amargura se nos exotiza un poco y aromatiza su temple expresivo, duro como las escarpadas costas de su tierra, con brisas del Caribe, aires de habanera, cantes de ida y vuelta, de vuelta con las semillas del oro rojo en el zurrón.



II

El mundo está dividido en dos partes cuya frontera pasa por los alrededores del Loira. Al Sur viven pequeños hombre morenos que consumen aceite de oliva. Son unos dioses. Al Norte, grandes hombres que consumen mantequilla; son esquimales.

M. de Unamuno
(con la mala sombra que le caracterizaba)


La cocina española está llena de ajo y de prejuicios religiosos.

Julio Camba

El descubrimiento del Nuevo Mundo supuso la última de las grandes revoluciones gastronómicas y sus efectos son los vigentes hoy en día en todo el mundo, aunque su gestación se dio naturalmente en el meollo de lo que era entonces la civilización occidental: la Europa Atlántica y la Mediterránea. De América llegaron sobre todo nuevos productos, ya que no nuevas formas de cocinarlos. Dichos productos se superpusieron en la cocina europea a los tradicionales y se acoplaron a los fondos de cocina en uso y fue tal la conmoción que produjeron que si se eliminasen hoy de golpe, ninguna cocina europea y tal vez mundial sería la misma.

Tres fueron los productos que más incidieron en el cambio: el maíz, la patata y el tomate y cada uno tuvo una responsabilidad diferente. El maíz alimentó de grano las zonas en las que las gramíneas tradicionalmente no se adaptaban bien. La facilidad de la patata para crecer en cualquier terreno y clima la extendió como alimento de las masas pobres europeas que pasaron a contar con un nutrimento barato y fácilmente conservable como alternativa al siempre escaso y tradicional pan de gramíneas. Pero el producto que más ha cambiado la cocina no sólo de Occidente, sino de todo el mundo ha sido sin duda el tomate.

En el caso del Mediterráneo, que fue donde primero se extendió, supuso no sólo la irrupción de un elemento de color rojo intenso que alegró los platos tradicionales, sino toda una conjura para alterar el sabor y la textura de todos y cada una de las especialidades propias de todas y cada una de las regiones del Mare Nostrum. Si la aceptación de la patata responde a factores, al menos en un principio, puramente económicos, la del tomate responde a una profunda fascinación por la versatilidad de sus cualidades. Si la patata supuso una revolución nutricional para occidente, el tomate supuso una revolución gastronómica. Desde su incorporación se convirtió en un elemento indispensable y fuente fundante de especialidades que a su calidad nutritiva sumaban la maravilla de sus tamizaciones.

Aliado con el aceite de oliva, con la cebolla y con el ajo se convirtió en la fórmula más usada como base de los guisos de toda la cuenca. Desde Turquía a Marruecos, desde Portugal a Grecia, todas las cocinas participan de la inexcusabilidad del sofrito, un fondo perfumado que hermana todos sus platos más allá de diferencias culturales o religiosas y más allá del carnivorismo o el vegetarianismo. La paella, la musaka, la fasulia turca, el cuscus y la harira, los potajes, el tajine...

En crudo y en compañía de otros (siempre los mismos) ha dado lugar a una suerte de juego culinario en el que el azar y tal vez una forma de empatía cultural combinatoria han producido una asombrosa coincidencia gastronómica: el tomate, el pan y el aceite de oliva se erigen en las tres patas del banco mediterráneo y dan lugar a tres platos distintos: el tabuleh (1) de Líbano, la pizza de Italia y el gazpacho de Andalucía. El carácter de crisol del Mare Nostrum nos se ha agotado aún.

El fruto rojo, que fue considerado tóxico y hasta afrodisíaco (pomme d’amour fue el primer nombre que recibió en Francia) y que no consumían los indígenas americanos de la zona chilena y peruana de donde procede antes de la llegada de los europeos se convirtió así, por méritos propios, en el rey del taller del alquimista, no gratuitamente pertenece a la familia de las solanáceas entre las que cuenta con primas tan sugerentes como la belladona y la mandrágora...

viernes, 6 de agosto de 2010

DI NO A LA NOCHE EN BLANCO

Logotipo del colectivo de artistas críticos con la NOCHE EN BLANCO, jugando con el logo original del evento. Picando en ella llegarás al texto de la CONVOCATORIA. De imprescindible lectura.


Resulta todo un maravilloso alivio, como un encuentro con un fresco oasis en mi travesía en soledad del desierto clamando contra la soberana estupidez de las Noches en Blanco, sean de Flamenco o de Peer en Botijo, y demás botellones culturales que están de moda. Hoy PÚBLICO recoge la noticia de que en Madrid ha surgido un colectivo DI NO A LA NOCHE EN BLANCO que está denunciando lo mismo que ya denuncié en su momento sobre la NUESTRA. Como los responsables deL COLECTIVO, mayormente artistas, lo bordan ahí os dejo unas cuantas de las consideraciones en las que sustentan su propósito, las mismas que ya expuse, pero mejor dichas, claro. Aclaran que


...no se trata de una mera censura del evento —ni de esta edición en concreto, la quinta ya— sino de un rechazo a "un modelo asociado a la idea del arte como bien de consumo rápido y al espectáculo en su sentido más perverso".

Y que el evento

...pretende "prestigiar la ciudad" e impulsar una imagen "atractiva para el turista". Un evento, a su juicio, pomposo pero sin chicha, que deja sin recursos a otras actividades culturales que podrían desarrollarse a lo largo del año. "Ésa no es la forma de crear un tejido productivo dentro del mundo del arte. Son sólo fuegos artificiales".

Yo eliminaría lo del gobierno municipal, porque he de reconocer que en otros eventos este ayuntamiento cordobés se porta. Pero en el caso concreto del Botellón o Tomatina Flamenca


... el gobierno municipal "entiende que la cultura es sólo industria cultural: una mercancía, una experiencia efímera...".

En su WEB rescatan oportunísimamente un viejo artículo (de 1984, a los dos años del primer gobierno del PSOE) del Profeta Sánchez Ferlosio La Cultura, ese invento del gobierno en el que como un certero Nostradamus contemporáneo vaticinó que “la cultura quedará cada vez más exclusivamente concentrada en la pura celebración del acto cultural, o sea, identificada con su estricta presentación propagandística”. Menudo bolón de cristal que tenía ya entonces don Rafael.

En la WEB del COLECTIVO además pueden encontrarse entrevistas y artículos relacionados con el tema, en el los que se analizan los conceptos de cultura imperantes en ayuntamientos, comunidades y estados y las alternativas que proceden contra ellos, con la sorprendente constatación de que parecieran estar impresos sobre papel cebolla, de manera que si se coloca sobre la política de esta ciudad (y sobre todos las demás, desde luego) parecieran redactados ex profeso para ella.

miércoles, 4 de agosto de 2010

DE COCINA (I)

Mi amigo Juan Sepelio, a quien he comentado que voy a dejar el blog abandonado lo que queda de verano, por desgana y por hallarme en otros menesteres, me ha propuesto que para no dejarlo totalmente inactivo vuelva a colgar antiguos post que se encuentran olvidados en su vientre. Incluso me ha hecho una lista de los que a él le gustaron en su momento y merecerían ser resucitados. Yo creo que la causa de ese olvido en que se encuentran tantos post que me salieron medianamente bien la tiene el deficiente sistema de etiquetaje que uso. Pero me da mucha pereza volver a escritos de hace ya cinco años (los cumplió en 12 de enero pasado y ni lo celebré como hace todo el mundo) para solucionarlo.

Así que le voy a hacer caso. Voy a colgar algunas cosas de las que he venido publicando estos años y que a mi amigo le parecen dignas de ser rescatadas. Les añadiré música. Cosas raras de las que he ido encontrando por ahí, que escucho y que son muy desconocidas. Pero para empezar voy a colgar en tres capítulos un largo artículo que escribí hace algunos años para una revista que publicaban en Pamplona unos amigos y que, antes de que existiera este blog, me servía para no enmohecerme, para practicar este mediano don de juntaletras que algunos dicen que poseo.

Así que rescato del baúl de los recuerdos este trabajito que se publicó en ARTyCO (nº 13, verano 2001) en un monográfico sobre ARTE Y GASTRONOMÍA y que titulé DE COCINA.


Miracle baby es el cuarto tema del precioso, y rarísimo, trabajo con que me hizo feliz desde 1995 un increible trio que se juntó expresamente para llevarlo a cabo: Gregorio Paniagua, Ignacio Scola y Rita Marley (exacto, la viuda). El album lleva el portentoso título de Spectacles for Tribuffalos. A cerrar los ojos y a disfrutar. Cuando termine los abrís y si os quedan ganas leéis el post.


DE COCINA



I



El hombre es lo que come... por eso la sangre de patata no es buena para hacer la revolución.

Feuerbach



Los antropólogos parecen coincidir en la consideración de los rasgos culinarios como los más permanentes en la conformación de la cultura de los pueblos. La cocina cumple una misión primordial en el establecimiento del entramado de los factores cohesionantes que permiten la formación de unidades culturales homogéneas en las que los individuos se reconocen a sí mismos como pertenecientes a una colectividad. Si la misión de la cultura es brindar seguridad frente a la hostilidad del mundo circundante, la cocina se erige en uno de sus más importantes bastiones por su condición de filtradora y organizadora de los elementos nutrientes que cada ser humano ha de incorporar para su subsistencia. Lo más íntimo de cada individuo, su interioridad, es violada necesariamente cada día por elementos que le son ajenos pero imprescindibles. Es por ello que se hace necesario controlar esos elementos cuidadosamente y especialmente en el caso del género humano por su condición específicamente omnívora.


Ilustración colectada en la mina BIBLIODYSSEY

El omnivorismo es un táctica adaptativa no demasiado extendida en el reino animal y que presenta una acusada bifacia. Es lo que Fischler (1) muy agudamente llama “la paradoja del omnívoro”. Por una parte sus ventajas adaptativas son palmarias: disfrute de un mayor número de especies nutrientes, permisividad de conquista de un mayor número de hábitats, adaptación a los cambios climáticos, etc. La otra cara la presenta esa misma falta de especialización que conlleva una pérdida de la capacidad de distinción instintiva de los alimentos que son beneficiosos de los que son nocivos de que gozan las especies nutritivamente especializadas. La libertad de elección se ve constreñida por la prudencia. La necesidad de experimentación y búsqueda de nuevas fuentes nutritivas, por el conservadurismo, lo que Fishler sitúa en “la tensión, la oscilación entre los dos polos: el de la neofobia (prudencia, temor a lo desconocido, resistencia a la innovación) y el de la neofilia (tendencia a la exploración, necesidad de cambio, de novedad, de variedad)” (1).

Está demostrado que en otras especies omnívoras el factor selectivo de los alimentos beneficiosos es el aprendizaje social, un mecanismo adaptativo que permite sortear la paradoja mediante una capacidad comunicativa que hace circular la información basada en la experiencia (beneficio/perjuicio) entre los distintos miembros de la especie.

En el caso de la especie humana y dada su especialización en dar contenidos simbólicos a esa capacidad comunicativa que disfrutan otras especies, el dilema se resuelve de una manera mucho más sofisticada. La comunión social en torno a la alimentación tiene su clave en la conversión de la información en un sistema de signos que regulan de una manera radical el hecho biológico individual de la incorporación de nutrientes. Gramática, sintaxis y liturgia se aúnan para convertir el hecho biológico en hecho social primero y cultural después. La domesticación de la materia “salvaje”, la tarea de “pensar” la comida, la separación o la conversión de los alimentos de “malos para pensar” en “buenos para pensar”, según feliz y célebre máxima de Levi-Strauss (2) cimientan sin lugar a dudas el estadio más primario de todas las culturas que ha producido la humanidad. Es la babelia de las cocinas, que se emparenta con la babelia de las lenguas en su diversidad y en su esencialidad radical.

Y como cada lengua, cada cocina está asentada sobre un sustrato base desde el que se eleva el tronco y las ramas del árbol de las palabras y de los sabores. Cada cultura ha desarrollado unos códigos muy precisos y perfectamente seleccionados que permiten a sus miembros sentirse incluidos en ella y completamente a salvo de peligros derivados del consumo de materias perjudiciales. Es como una especie de seguridad social contra el envenenamiento o la alienación. Ello se hace patente en la constante cultural de considerar y de nombrar a los miembros de otras comunidades como “comedores de”, y esa misma constancia demuestra que la elección o no de determinados alimentos como apropiados para ser consumidos no tiene por qué guardar una relación directa con las cualidades nutricionales de los mismos, sino con que hayan sido “intelectualizados”, determinados como buenos o malos “para pensar”. Así, esa distancia de lo puramente lógico desde el punto de vista del omnivorismo, unida al etnocentrismo propio de cada sistema cultural, hace que los tabúes o los consumos de cada pueblo aparezcan como incomprensibles, absurdos y repulsivos a los miembros de otro pueblo.

Lucien Febvre (3) hablaba en la primera mitad de este siglo de “fondos de cocina”, bases culinarias de las distintas culturas que proporcionan el carácter gastronómico principal a las mismas y las identificaba principalmente con las materias grasas usadas para la cocción de los alimentos. El aceite de oliva o de semillas , la grasa de cerdo o de vaca , el ghee (mantequilla de leche de vaca hindú), dan carácter a las cocciones de las cocinas que las utilizan y envuelven con la película de su sabor a todos los demás alimentos. Son estos fondos los que mantienen a lo largo de los siglos inalterables el carácter de las distintas cocinas, porque su principal característica es el conservadurismo, la inalterabilidad de las sensaciones gustativas de los miembros de una cultura determinada que así se sienten cohesionados e inmersos en su matriz más protectora. Cuanto más tradicionales sean las estructuras de una cultura más reacia a la innovación de cualquiera de sus elementos culinarios, porque la cohesión se hace más necesaria cuanta más inseguridad individual fuera del grupo exista en una colectividad.

Además de estos “fondos” básicos, se suelen dar otros factores en la individualización de cada cocina. La religión se erige en el principal de ellos desde el momento en que tiende naturalmente y por su propia dinámica interna a sacralizar y por tanto a regular y a controlar el mayor número de elementos de la cultura a la que cupula. Marvin Harris (4) ha estudiado las principales interdicciones o preceptos que las religiones han inferido en los distintos sistemas culinarios, especialmente la vaca en el ámbito hindú, el cerdo en el musulmán y la inverosímil lista de alimentos prohibidos en el hebreo. Aunque muy contestado por la antropología ortodoxa parece haber demostrado que tales factores se deben fundamentalmente a razones puramente ecológicas, y que se basan en consideraciones de costes y beneficios nutricionales en las que casi de una manera instintiva (en el sentido de un instinto de carácter social o un sentido común colectivo) una cultura tiende a colocar bajo un mando de interdicción religiosa aquellos alimentos cuyo coste de producción supera a los beneficios nutricionales que pudiera aportar al conjunto de la colectividad.


Aparte de las estrictas prohibiciones religiosas encontramos otros casos en los que las tendencias nutricionales se ven mediatizadas por factores históricos y de coyunturas socioculturales muy especiales. Tal es el caso de la cocina española, una cocina en la que los productos del cerdo gozan de una ubicuidad sin parangón, y que ha dado lugar a una variedad de embutidos y preparados casi infinita. Desde prácticamente el siglo XV se la puede considerar una cocina militante, en la que el abusivo consumo de cerdo está condicionada por la imperiosa necesidad por parte de la población mayoritaria de credo católico de demostrar la no adscripción a las otras dos religiones, la judía y la musulmana con la que convivía, no considerando mejor manera de demostrar una perfecta “limpieza” de sangre que la inmisericorde mezcla de la misma con la grasa porcina a la que las otras confesiones eran totalmente desafectas. “Untaré mis versos con tocino / para que no los muerdas, Gongorilla” metaforiza Quevedo para acusar a su rival Góngora de criptojudío. Incluso en español, la palabra alternativa para designar al cerdo, marrano, proviene del vocablo árabe que se usa para la interdicción de carácter religioso: mharam.

Un caso curioso (que ya recogía el propio Walter Scott en un capítulo de Ivanhoe) es el de la lengua inglesa, una lengua conflictiva en sus orígenes, formada por la lengua sajona de origen germánico y la francesa que llevaron los invasores normandos y por éstos impuesta a la población autóctona,. Una especie de rebeldía o de repugnancia llevó a los hablantes sajones a mantener su lengua vernácula en la denominación de los animales vivos que formaban sus ganados (pig, cow, calf, sheep, deer) y consentir nombre normando a esos mismos animales una vez muertos y listos para ser consumidos (pork, beef, veal, mutton, venison).(5)

Pero a pesar del carácter conservador que impone a la cocina el ala precautoria del omnivorismo, el otro ala, el de la necesaria experimentación, innovación y desafío pugna por imponer su actividad inscrita también en el código genético humano, en cuanto se dan las necesarias condiciones.

Desde el tránsito de lo crudo a lo cocido o a lo podrido de que hablaba Levi-Strauss, primer paso para la concreción de la actividad incorporadora como actividad cultural, hasta la invención del microondas, la cocina ha sufrido una serie de revoluciones muy espaciadas en el tiempo pero de pasos muy profundos y conmovedores. La fabricación del pan, el aceite, el vino son hitos tan importantes como los del fuego, la rueda o el arado. La invención del “garum” revolucionó la cocina de todo el Imperio Romano hasta su final. La extensión del cultivo de las leguminosas (frijoles, lentejas y guisantes) en la Europa del siglo X supuso un aporte de proteínas en el campesinado que permitió el despegue económico de los siglos posteriores (6). La búsqueda de las especias fue directamente responsable del agrandamiento del mundo conocido por la civilización occidental.

Los intercambios culinarios se hicieron más frecuentes a causa de los descubrimientos geográficos y los intercambios comerciales se acrecentaron con el desarrollo de las comunicaciones. Especias y especies de lejanos países pasaron a engrosar los fondos de cocina de Occidente y a enriquecer la lista de sabores conocidos.




  • (1) Claude Fischler: El (h)omnívoro. Ed. Anagrama, Barcelona, 1995.


  • (2) Claude Levi-Strauss: El pensamiento salvaje, FCE, México, 1989.


  • (3) Citado por C. Fishler: El (h)omnívoro.


  • (4) Marvin Harris: Bueno para comer. Alianza Editorial, Madrid 1990.


  • (5) Henriett Walter: La aventura de las lenguas en Occidente. Ed. Espasa, Madrid 1997.


  • (6) Umberto Eco: Frijoles, lentejas y civilización europea. Revista digital mexicana Opera Mundi, nº 17, julio, 2001. (http://www.operamundi.com.mx/index2.html)

lunes, 26 de julio de 2010

ICONOS Y VARGAS


Unos amigos míos han abierto un bar. Así que voy a hacerles un poco de publicidad. Si se tratara de un bar normal la cosa quedaría forzada. Harazem, el antipublicitario enmascarado, cayendo en la hipocresía o peor aún en el nepotismo y la simonía. Pero como no se trata de un bar normal podéis considerarlo un ejercicio de información de curiosidades que ocurren en esta ciudad zombizada por la canícula. Y además un legítimo ejercicio de porque me da la gana. Lo que no tengo tan claro es que alguien tan poco recomendable como yo y tan dado a hacer amigos en este blog les haga un favor publicitándolos.

¿Qué convierte la apertura de este nuevo bar de mis amigos en una noticia? Pues varias cosas. La primera y principal es que han confeccionado algo que nunca jamás de los jamases había confeccionado nadie en ningún rincón del mundo mundial, tanto en regiones exploradas como inexploradas: UNA CARTA DE VARGAS. Yo les he propuesto que dada esa característica primigenia universal deberían llamarla CARTA ASTRAL DE VARGAS. Afortunadamente no me han hecho caso. Pero no queda ahí la cosa: en un alarde de valentía y de arrojo empresarial han sido capaces de confeccionar los propios VARGAS listados en esa carta pionera del varguismo cordobés. Es decir que los vargas existen en la carta pionera, pero también en la realidad mostrenca. Tú la lees, alucinas con la concepción cocktélica de cada uno de ellos, te decides por uno, lo pides en un arranque de entusiasmo y ¡zas! en menos de lo que tardas en echar un vistazo al resto de la clientela alguno de mis amigos va y te lo sirve. En un vaso de medio litro y con los más genuinos ingredientes del vargas tradicional cordobés más los aditamentos propios de las curiosas variaciones que han imaginado. Y mientras lo flipas puedes mirar las preciosidades que tienen colgadas en las paredes y que de paso se venden a la distinguida clientela. Porque por algo lleva el subtítulo de SHOP & BAR. Yo de todas formas te recomiendo que empieces por el tradicional. La sorpresa es descubrir que algo tan sencillo de confeccionar bien como un Vargas sea tan difícil de conseguir consumirlo en condiciones en los bares cordobeses. Menos aquí. Y luego te lances a probar los demás.

Los cordobeses profesionales, aficionados o asimilados sabrán de que hablo, pero los seres humanos de la galaxia exterior probablemente no. Pero lo siento. Este no es el lugar de explicar qué es un VARGAS. Para eso está la Cordobapedia.... ¿La Cordobapedia? ¡Pero buenooooo! Me voy a la Cordobapedia para enlazárosla y me encuentro con que en la mayor enciclopedia digital sobre la ciudad el redactor que ha confeccionado el artículo sobre el VARGAS es un verdadero traidor. O lo que es peor: un... ¡¡¡¡malagueño!!! Seguro que es un sicario del alcalde boquerón pa robarnos la Capitalidad. Compruébalo tú mismo AQUÍ. Este señor pone en duda la legitimidad del origen netamente cordobés del imaginativo cocktail. De acuerdo que puede asimilarse a lo que en el resto del mundo se llama un TINTO DE VERANO, pero realmente es diferente. Muy diferente, radicando esa diferencia fundamentalmente en que aquí lleva el supercañí nombre de VARGAS y en el resto no. Y que viene de la cordobesización definitiva de VALdepeñas con GASeosa: VALGAS = VARGAS. De la Venta de Vargas dice el... nota que proviene el nombre. Y que lo de Valgas es una leyenda... Ya te digo... La Venta de Vargas ya tiene bastante con que la leyenda diga que allí empezó su carrera Camarón, hombre, como para necesitar robarnos a los cordobeses el origen de nuestro cóctel más racial.

Así que VARGAS. De Valdepeñas y de gaseosa. Con su cacho de limón y su troncho de hielo bien duro. Y sa terminao.

La segunda que está en pleno corazón de la Judería, nada menos que en la calle Corregidor Luis de la Cerda, puerta con puerta con el famoso HAMMAM.

Y la tercera que de su techo cuelga alucinantemente una obra original de Duchamps. Concretamente su botellero. Eso dice mi amigo E. que lo encontró tirado en un contenedor de Paris, y lo que dice mi amigo E. va a misa. De doce. El botellero se perdió en los años 30 y nunca más se supo. Así que debe ser ese mismo. de manera que, querido cordobés o querido forastero por el precio del mejor vargas de la ciudad contemplas un auténtico Duchamps y puedes llevarte un precioso regalo pa tu novio, tu novia o para sobornar a tu jefe de vuelta de tus vacaciones.

El nombre... es lo que... menos... A ver qué os parece... EL CAZADOR DE ICONOS... ¿rarito, que no? Cuestión de acostumbrarse. Estos artistas...

En la CALLEJA entrevistaron a uno de ellos. ÉL MISMO OS LO EXPLICA MEJOR QUE YO.




Corregidor Luis de la Cerda, 53
(Junto al Hamman)

Las marcas de cantero de la Mezquita de Córdoba

Mi fascinación por la Mezquita de Córdoba se remonta a la lejana fecha en que, contando cuatro o cinco años, me introdujeron por primera vez en su interior. Desde entonces y sobre todo a partir de que gocé de autonomía la visité en numerosas ocasiones a pesar de lo alejado de mi domicilio. Varios fueron mis lugares favoritos del monumento, en los que mi imaginación volaba a tiempos pretéritos cuando esta ciudad fue capital de un imperio y aquel lugar su corazón. Pero ninguno como el rincón del cautivo. En cada visita y en mi caso fueron muchas, una fuerza secreta e irresistible me impelía cada vez a visitar aquel oscuro rincón. Allí, embelesado, miraba fijamente a través de la carcelilla que los guardaban los profundos arañazos marcados en el mármol negro de la columna y que formaban aproximadamente un crucifijo y acababa por ver realmente al prisionero que los malvados moros mantuvieron encadenado a aquella columna el tiempo suficiente, y debió de ser mucho, como para que pudiera grabarlo con sus uñas. Me lo imaginaba harapiento y greñudo, curiosamente parecido al Ben Gun de la Isla del Tesoro, otra de mis fascinaciones infantiles, con los brazos permanentemente abrazados a la columna, la cara apoyada en el mármol frío y las manos en el lado opuesto empleadas día y noche y a ciegas en su labor erosiva, en secreto desafío a los desprecios de los fieles musulmanes que pasaran por su lado.

Hasta muchos años después, cuando mi mera fascinación por los árabes andalusíes dio paso a un más o menos serio afán de estudio, no comprendí que aquella historia no podía ser otra cosa que una leyenda y el crucifijo grabado una de las muchas mistificaciones católicas para extender la superstición. En contra de una opinión ampliamente extendida salvo algunas excepciones las mezquitas de todo el mundo islámico están abiertas a la visita de los no creyentes, como corresponde a su afán (yihad) proselitista. Las excepciones, aparte de las de la órbita del rigorismo wahabita, se centran en las grandes ciudades de los países del Maghreb, y son fruto más de una necesidad histórica de defensa de los abusos de los colonos y tropas de ocupación en la época colonial, que obligaron a una prohibición, mantenida posteriormente tras la independencia, que de prescripción canónica alguna. Pero la posibilidad de que alguna de ellas hubiera hecho las funciones de presidio o lugar de tortura estando en activo en algún momento de la Historia son prácticamente nulas (1).

Esa misma duda me asaltó cuando en los años 90 el cabildo instaló, con evidentes intenciones de reivindicación de los orígenes cristianos del oratorio, el pequeño museo de la basílica de San Vicente dentro de la Mezquita y expusieron la colección de marcas, nombres principalmente, vaciados en arcilla, hallados grabados en los fustes de las columnas y en los cimacios del oratorio. La leyenda que los explica al borde inferior de la vitrina dice textualmente:

MARCAS DE CANTEROS MUSULMANES Y CRISTIANOS EN COLUMNAS, CAPITELES Y CIMACIOS DE LAS AMPLIACIONES DE AL-HAKAM II Y ALMANZOR, VACIADAS POR F. HERNÁNDEZ JIMÉNEZ Y MANUEL OCAÑA JIMÉNEZ. 1932.

Mi acusada, casi paranoica por fundamentada, sensibilidad reactiva a las interesadas falacias en que está empleada la Iglesia católica desde hace años en su afán de desislamizar lo más posible el monumento, me hacen ponerme en guardia sistemáticamente ante toda información interpretativa que provenga del Cabildo. Pero aunque en principio nunca tuve inconveniente en admitir que pudieran haber trabajado operarios cristianos en la construcción de ciertas de partes de la Mezquita, aún no consagradas, dado el más que aceptable nivel de integración que los cristianos –y judíos- parece ser que alcanzaron en el apogeo del califato andalusí, no fui nunca capaz de dilucidar cuál de esos nombres de canteros que podía leer en las tablillas de arcilla eran esos cristianos a los que aludía el texto explicativo.. La mayoría no admitían duda: mis nociones de árabe eran lo suficientemente completas como para permitirme saber que eran nombre musulmanes, pero muchos otros no era capaz de localizarlos en la onomástica que yo conozco. Tampoco me preocupé de comprobarlos en diccionarios o preguntando directamente a amigos arabistas o árabes. Así que la duda, aunque razonable, quedó siempre empañada por mi limitación investigadora.

Por eso he recibido con extraordinaria alegría un artículo que el profesor Juan Antonio Souto acaba de publicar en la revista Al-Qantara (AL-QANTARA XXXI 1, enero-junio 2010 pp. 31-75 ISSN 0211-3589) en la que plantea con profundidad investigadora el mismo tema.

Juan A. Souto es profesor de la Complutense de Madrid y especialista en Historia del Islam. Por lo que tengo entendido es un reputado epigrafista arábigo que ha venido desarrollando en los últimos años un profundo estudio de la Mezquita de Córdoba . Así recientemente nos ha sorprendido con un pequeño trabajo sobre la misma (La Mezquita aljama de Córdoba editada por el Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo) en el que a pesar de sus fines claramente divulgativos y su extrema concisión apunta cuestiones realmente interesantes sobre la esencia y la historia del monumento. La originalidad de Souto radica en que, contra la mayoría la literatura que se publica especialmente en la ciudad, defiende la familiaridad del oratorio cordobés con la tradición a la que realmente pertenece: la arquitectura islámica, poniéndola en relación con la de la dinastía a la que pertenecieron sus constructores: la omeya e incidiendo en la dependencia simbólica de la Mezquita respecto del estado andalusí del que fue emblema y alma.

En el trabajo publicado en Al-Qantara y titulado ¿Documentos de trabajadores cristianos en la Mezquita Aljama de Córdoba?, el profesor Souto desmonta cuidadosamente los apoyos argumentales en los que el arabista y arqueólogo Manuel Ocaña, basándose en una inspiración de George Colin, sustentó su teoría de que algunos de los nombres de canteros recogidos por él mismo en los años 30 pertenecían a transcripciones al árabe de nombres cristianos. En concreto Mubarak, Mas’ud y Nasr, toda vez que se trata de correspondientes semánticos de Benedicto, Félix y Víctor . A ello sumó el hecho de que algunos de ellos aparecieran acompañados en ocasiones por determinados símbolos que hacía descansar en la tradición semiótica cristiana: el ancla, la T (cruz primitiva), la barca, el grano de mostaza y otros. Con ello pretendía indicar que se trataban de mensajes herméticos que aludían secretamente a la condición de creyentes cristianos de los operarios.

El profesor Souto comienza explicando que las últimas tendencias de la gliptografía moderna tienden a considerar que las marcas de cantero que se encuentran en multitud de monumentos antiguos (2) tienen un sentido meramente utilitario alejado de cualquier posible interpretación esotérica. Se trataría sólo de firmas cuyo grabado en piezas trabajadas respondería a la necesidad de marcaje individual o colectivo (taller, familia, etc.) para su cobro o como imposición de asunción de responsabilidad.

Según Souto los signos (más de 700) encontrados en las piedras de la Mezquita responden a esa misma causalidad y la posibilidad de que respondan a, o deba añadírseles, cualquier otra debe ser claramente demostrado, cosa que Ocaña dista mucho de hacer.

Tres son las pruebas de la infundabilidad de la atribución de sentido cristiano a algunos de los nombres y signos que Ocaña despliega.

La primera la profunda incoherencia de que pudieran escapársele, por muy crípticamente que hubieran sido confeccionados, símbolos de la fe enemiga a los constructores de un edificio que respondía precisamente y sobre todo en el caso de Almanzor, a un espíritu de yihad contra esa misma fe.

La segunda el hecho de que si bien los tres nombres que indica (Mubarak, Mas’ud y Nasr) son correspondientes sinónimos de otros tantos cristianos (Benedicto, Félix y Víctor), lo son así mismo onomásticos. Es decir que tanto en una fe como en otra existen corrientemente esos mismos nombres.

La tercera la incomprensible arbitrariedad con que Ocaña, un muy riguroso investigador por lo demás, atribuye simbolismo cristiano a signos de muy dudosa asignación semiótica (3). La supuesta TAU, frecuentemente tumbada, el ancla, la supuesta barca que más parece un arco tensado con una flecha, las diferentes estrellas o los fitomorfos son signos a los que difícilmente se les puede asignar una unívoca significación, como el profesor Souto pone de manifiesto en un admirable despliegue de erudición simbólica. Por ello como lo que yo modestamente he tratado de hacer es un condensadísimo resumen del artículo recomiendo vivamente su lectura completa tanto por la cantidad de datos que aporta como por el disfrute del método investigador que proporciona.

Considero pues, como ha puesto de manifiesto el profesor Souto, una temeridad informativa, cuando no un atrevimiento interesado, el que se den por seguras determinadas teorías sin la más mínima base científica en explicaciones divulgativas de piezas museizadas y que parecen apuntar a esa constante tendencia de la historiografía ejercitada por empleados del Cabildo de arrimar el ascua siempre a la sardina católica en detrimento de la islámica.



    (1) Un amigo experto islamólogo me ha hecho rehacer totalmente este párrafo y cambiar su sentido. Le agradezco haberme proporcionado una información de primera sobre el sentido de las mezquitas y el haberme obligado a cambiar la perspectiva.


    (2) Recientemente mi amigo Paco Muñoz recogía muestras gráficas de las marcas de cantero medievales grabadas en los sillares del puente medieval llamado de Los Piconeros situado en las afueras de Córdoba y los colgaba en su magnífica página: NOTAS CORDOBESAS.


    (3) La misma persona que me ha asesorado en el significado de las mezquitas me ha apuntado la posibilidad de que todo este tema hubiera sido fruto del sentido del humor de don Manuel Ocaña, una broma que acabó convirtiéndose en materia académica.


lunes, 19 de julio de 2010

KORDOBABAKOAK

Tiene razón Marti Julbe cuando habla de que, haciendo oidos sordos a las hipócritas jeremiadas del localismo cateto, de lo único lógico que se trataba ahora era de sanear una entidad en quiebra, a la que ha llevado a esa situación la más portentosa conjunción de truhanes, desalmados y cretinos que vieran los siglos desde la burguesización de los bienes eclesiásticos tras la desamortización de Mendizábal. O sea a arreglar uno de los muchos desaguisados que los políticos y financieros aficionados andaluces y cordobeses se han encargado en 30 años de generar. Contradiciendo lo que mi admirado Justo Navarro dice hoy mismo en El País, me atreveré a decir que lo único que los andaluces hemos demostrado al mundo es que somos unos mantas. Pero no por el hecho de haber nacido en Andalucía, que eso sí es una calumnia étnica, sino porque simplemente nos hemos comportado como unos mantas y no hemos sido capaces, en unos pocos años en los que hemos tenido por fin la oportunidad, de superar limpiamente la desgracia que le cayó a este pedacito del planeta desde que los invasores de la espada cruzada la convirtieron en un enorme cortijo para disfrute exclusivo de unas pocas familias. Y eso es una realidad palpable. Los responsables de ese fracaso tienen nombres y apellidos y carnets de partido y la mayoría aún ocupa cargos públicos, pero sus sostenedores somos todos los demás que hemos aceptado sin rechistar las imposiciones electivas necesarias de unos partidos que se han revelado como únicamente interesados en su perpetuación en el poder, en su propio beneficio como sociedades anónimas políticas, y nunca en el cultivo de la racionalidad democrática, en defender los verdaderos intereses de los ciudadanos a los que dicen representar.

Félix Bayon se quedó ronco de gritar en los años 90 desde su columna de El País Andalucía contra la maldad (a la que yo sumo en demasiados casos el cretinismo) de los políticos andaluces, de todos, que habían acabado por convertir las Cajas de Ahorros, entidades semipúblicas con que nos habíamos encontrado los andaluces en la nueva andadura democrática y que garantizarían la eficacia económica de nuestros ahorros compaginándolos con una labor social basada en la redistribución de esa riqueza, en un botín, en herramientas que sirven para financiar de forma más o menos transparente a los partidos y para dar refugio dorado a políticos caídos en desgracia pero a los que merece la pena mantener contentos y callados por lo que pueda pasar.

Los peores los compadres de esa superpanda de truhanes organizados bajo siglas que aluden a obrerismo y socialismo. Ya convertidos en derecha liberal clásica, contando con que la que pasa por derecha es el equivalente a una descerebrada ultraderecha antisistema. Pase que no hayan dado ni un solo paso para la consecución de la sociedad inscrita en su propio nombre y en sus ideales históricos y que hayan adoptado un modelo de desarrollo económico desigualitario, agresivo y absurdo. Pase que han abrazado con inmenso amor absolutamente todos los presupuestos y la lógica del capitalismo en vista de que no tienen cojones de hacerle ni un simple rasguño. Pero al menos podían haber luchado con las ganas suficientes, aunque sólo fuera para dar el pego, por la creación de un gran instrumento financiero que garantizase el acceso al crédito a todos los ciudadanos independientemente de las normas salvajes del mercado.

El propio Bayón lo desgranaba en alguno de aquellos ya míticos artículos. Los dirigentes pesoeistas andaluces fueron tan cabrones y tan imbéciles a partes iguales que en aquellas Cajas que controlaba, y que eran la mayoría, en lugar de obligar racionalmente a unos procesos de fusión desde el primer minuto se dedicaron a colocar al frente de cada una de ellas a personajes afines que les garantizaran la financiación partidista necesaria. Así cuando se plantearon por fin comenzar las fusiones de esa mayoría de Cajas que supuestamente controlaban se encontraron con la encastillada resistencia de sus emires convertidos en caudillos localistas que a fuerza de comprar voluntades en sus feudos y en la propia administración central autonómica las habían convertido de hecho en taifas independientes. De manera que a falta de no tener nada que fusionar en el plato de las rentabilidades políticas se tuvieron que comer una mierda fusionada.

Así que el siguiente paso fue tratar de que alguna de ellas absorviera a una extraña Caja que escapaba a su control: CAJASUR. Una Caja propiedad exclusiva de la Iglesia Católica cordobesa en la que los pesoeístas habían intentado infiltrarse imitando la estratagema del Caballo de Troya. Regalando la otra caja cordobesa, la Caja Provincial de Ahorros, a la que sí controlaban a través de la Diputación, su propietaria legal, a la Iglesia Católica pensaban acceder a la fortaleza cajasureña y una vez dentro conquistarla. No sabían estos gilipollas con quienes se las estaban viendo. La gorda popa del Cura Castillejo los echó de un culetazo del banco de las ilusiones: Cajasur se quedó con todo. Un robo en toda regla al pueblo de Córdoba de la que los sociapollas cordobeses jamás dieron explicaciones.

Cuando visto que desde dentro no podían dar el asalto final se decidieron a intentarlo desde fuera. Pero la Iglesia, que es una vieja zorra con la pelleja de caimán, se resistió perfectamente. Para ello contó, aparte de con una entregadísima y compradísima cutrefacta prensa local, con la inestimable colaboración del gobierno municipal, de Izquierda Unida, cuya Alcaldiosa Rosa Aguilar, que entró en el consistorio como comunista y salió beata cofrade de mantilla y misal, se alió con su director espiritual, el obispo contra las pretensiones unificadoras de los peseoístas de Sevilla. Una vergüenza que arrastrará la formación más de izquierdas con representación política hasta que se refunde. Porque algún día saldrá a la luz el beneficio, aparte del demostrado posteriormente particular en la carrera política de la propia Repelente Señora, que sacó de esa alineación. Pero además contó con la colaboración de prácticamente toda la sociedad cordobesa perfectamente comprada por las monedas que el Cura Castillejo iba repartiendo tras la misa dominical. Se llegó al delirante extremo de que, como apuntó Alberto Almansa, Córdoba ha sido la única ciudad del mundo en la que se organizó una manifestación en defensa de un banco, en aquella apoteósica estupidez colectiva de los curas hamelines y los aratonados ciudadanos encantados. Pero sobre todo por el gobierno Central en la etapa del Partido Popular. Es historia perfectamente conocida, en la que el vaivén de las leyes sirvió despreciablemente a intereses particulares.

Cajasur se vio así tranquilamente desahogada para dedicarse a desviar los ahorros de los cordobeses que debía invertir en la propia ciudad hacia empresas ladrilleras que contribuyeron poderosamente a encementar la Costa del Sol y a enriquecer a unos cuantos constructores amiguetes. La parte social la solventaba subvencionando profusamente cofradías, peñas y algún que otro asilo y la cultural organizando exposiciones exaltadores del nacionalcatolicismo. Y la ciudad, la prensa local al completo e Izquierda Unida incluidas, compradas, callaban. Tal vez algún día saldrá a la luz la naturaleza y las formas que adoptó la colosal estafa de la que esta ciudad fue objeto por parte de aquel puñado de granujas que copaban permanentemente las páginas de sociedad de la prensa local.

Y así entramos en la recta final. Los sociapollas, ya en franca decadencia, incapaces de controlar nada intentan un último órdago para salvar la cara mandando a UNICAJA al rescate fusionador cuando CAJASUR, siguiendo la lógica financiera de que una Caja llevada por aficionados y ladrones que son incapaces de controlar que los desvíos fraudulentos no superen a los beneficios globales, acaba en la ruina más absoluta. Y otra mierda que se comen. Los curas prefieren seguir jugando a apostar por cualquier solución, por extrema que sea, que no pase por entregar la Caja al control de la Junta y optan por la intervención. Alguna posibilidad de salvar algo tendrán si la adquiere alguna entidad de más o menos obediencia vaticana que se anime a contar con ella y les pase algo de lo perdido. Esa era la sospecha hasta hace dos días. Hoy ya se sabe que una Caja vasca, el BBK, ligada al PNV, ha salido vencedora de la puja. Y segundo plato de mierda que se jalan los sociapollas en dos meses.

Los análisis se han disparado. Los pesoeistas andaluces lógicamente no asumen deportivamente el fracaso que ellos desde hace treinta años han propiciado. Que se jodan. Ahora que ya sabemos que la Caja Única es imposible, que unos derechistas liberales usurpando fraudulentamente dos siglas de viejos rojos jamás se plantearán una Caja Pública, que además han sacado una ley que permitirá poder privatizarlas, que... Eso, que se jodan. Toda la sociedad se joderá por su culpa. Pero oírlos chillar estos días como cochinos cobardes es un dulce sonido para mis oídos.

Los desalmados del PP que han jugado a todas la barajas sólo por hacer daño están desorientados, aunque esperanzados en ganar próximamente. Más desgracia para esta tierra si eso ocurre. Mucha más desgracia. Pero entre todos la mataron y ella sola se murió. La esperanza, digo.

Yo creo que es un mal menor que nuestro dinero lo gestione gente de fuera. Ya que no tenemos cojones de arañar siguiera al sistema capitalista al menos que lo haga gente con criterios capitalistas serios. Y no la panda de haraganes sirlanchones que lo ha hecho hasta ahora. Y será bueno que saneen la Obra Social y Cultural, empezando por el Palacio de Viana y terminando por el subvencionismo narcocofrade y la metástasis clientelar que había montado don Miguelón. Hay quien dice que los del PNV son unos meapilas también y que eso hará que el cabildo cordobés recupere privilegios. No lo creo. Los curas vascos no tienen nada que ver con estos zaparrastrosos Padres Lamparones y los profesionales que han hecho que el BBK sea la caja más solvente del estado no se andarán con tonterías.

Pero sí sería interesante conocer los entresijos de la puja. Qué hay de verdad en el pacto Zapatero-PNV para poder aprobar los presupuestos del 2011 a cambio de entregarle CAJASUR, que ha consumado una traición a sus huestes andaluzas largamente sospechada. Qué hay de verdad en lo que nos cuenta el magnífico bloguero de AL SUR DEL GUADALQUIVIR en ese delirante, pero perfectamente posible, relato que se curra sobre la mafia financiera española cuyas largas garras han llegado por fin a esta pequeña y desgraciada ciudad. Sobre todo para poder imaginar la cantidad de verde bilis, de odio y de rencor que está generando entre las filas de los sociapollas el descubrimiento de cómo se traicionan unos a otros, cómo se van quedando con el culo al aire ante sus votantes y como se desmorona entre la gente que se dice de izquierdas la política de izmierdas en que están, todos ellos, embarcados. Y de cómo en el fondo no mandan un carajo. Que quien manda aquí son los dueños de la pasta: la mafia financiera.

Lo que más me jode es que van a dejar a la puta paloma como símbolo. Para no despistar a la clientela fiel a la banca de los curas. Tal vez algún día podremos acojernos a una ley de memoria histórica bancaria y mandarla a los infiernos con el cura que la creó para no tener que verla más. Mientras tanto esperaremos a ver si la txapela viene dando buenas patadas en el culo a los de la palomita. Una buena limpieza étnica. De la etnia de los enchufados, los lameculos inútiles y los sinvergüenzas. Y juicios, muchos juicios. Sobre todo al probe Miguel que dice que es feliz en su montaña, que se esta convirtiendo en ermitaño. Con su póliza millonaria y sus hermanitas de la caridad.

sábado, 17 de julio de 2010

Aumenta el Producto Interior BRUTO

La primera e inmediata consecuencia de la victoria de la selección española en los Mundiales de Fútbol 2010 ha sido el espectacular aumento que ha experimentado el Producto Interior BRUTO en el país. Los titánicos esfuerzos que los gobiernos derrochan para conseguir aumentarlo incesantemente hasta el punto exacto que necesitan para llevar a cabo los ajustes económicos y sociales que les dictan las sabias Corporaciones Financieras Internacionales no siempre dan un fruto tan bruto. Pero en esta ocasión el éxito ha sido TOTAL, GENIAL, BRUTAL.

SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL
UNA TAPA DE CARNE CRUDA


lunes, 12 de julio de 2010

Higienizando muros

Ya sé que con la que está cayendo y con las perspectivas de empeoramiento del mundo (vendrán tiempos más malos y nos volverán más ciegos...), cuyas patitas empiezan a asomar bajo las puertas de nuestra percepción, entretenerme en pequeñas reivindicaciones simbólicas estrictamente localistas es un ejercicio que roza el peripatetismo. Ahora que hemos descubierto, tras los efectos de esta estratégica crisis y los entusiasmos del pelotismo patriótico, que estamos perfectamente preparados para que nos gobierne a nosotros también cualquier Berlusconi mesetario o periférico. Que la izmierda reinante practica una extraña forma del bandolerismo legendario español robando a los pobres para dárselo a los ricos. Que ha dado la orden encubierta de privatizar las Cajas de Ahorros para que no puedan servir al ciudadano, sino a la Gran Banca. Y que mientras la derecha pata negra se nos vuelve antisitema y llama a la rebelión fiscal y legal. Que sospechamos sustentadamente que el Imperio se prepara para ofrecernos muy pronto un entretenido espectáculo de luz y sonido con los fuegos artificiales de mortíferos misiles que caerán pronto sobre Irán, inundando de nuevo sus cementerios de muertos de 20 años y a nosotros, los occidentales, de oprobio con cáscara. En fin, ahora que las peores distopías de la literatura y el cine del siglo pasado comienzan a prepararse para superara a la ficción.

Ya sé que... Pero esas reivindicaciones o molestias que absurdamente trato de inferir a la conciencia discreta y dormida de esta ciudad representan mi pequeño cóctel molotov rebelde o desesperado lanzado desde este minúsculo rinconcito perdido en el ciberespacio contra el podrido edificio de la normalidad ciudadana. Ya digo que absurda, peripatéticamente.

Así, que yo a lo mío, a tratar de molestar a los cabrones más cercanos. Aparecen casualmente juntas en El Día dos noticias que aparentemente no tienen nada que ver, pero que leídas con la perspectiva adecuada presentan una misma faceta de atrocidad, pero también de esperanza. Dicen ambas dos:


¿Cuál es la relación entre ambas más allá de la inversión de dinero público para mejorar bienes también públicos? Pues que hacen referencia a dos ámbitos, una calle y un colegio, que portan, contraviniendo todas las leyes y todas las sensibilidades de la Memoria Histórica y de la simple decencia política, nombres de personajes atroces que están ligados al golpe revolucionario fascista de 1936, al genocidio programado de demócratas posterior y al secuestro a punta de pistola de todo un país por una banda de forajidos durante 40 años. La calle principal de esta ciudad lleva aún el nombre de un destacado miembro de la principal familia caciquil cordobesa, falangista de primera hornada, conspicuo conspirador golpista, transmisor de las consignas de los militares felones para Córdoba y principal coordinador de las fuerzas civiles y militares en la ciudad, cuyo celo y empeño fueron probablemente claves en ella para el completo triunfo de la Revolución Fascista y la brutal represión posterior (10.000 asesinados), antes de que las fuerzas populares y legales republicanas pudieran defenderse.

Podría aducirse que los méritos de José Cruz Conde para seguir contando con su nombre en esa calle son anteriores a los que pudieran reconocérsele ligados a la Revolución Fascista, dado que durante una breve etapa como alcalde (1924 – 1926) fue el promotor del Ensanche cordobés con la remodelación de la zona centro y norte del casco histórico (Tendillas, calle Nueva y la propia calle que lleva su nombre), aunque a costa de la destrucción de una enorme porción del entramado urbano medieval. Cierto. Pero en Alemania a nadie se le ha ocurrido dedicar una calle a Hitler por su méritos de fino pintor de paisajes, anteriores a sus innombrables fechorías.

El caso es que ninguno de los cuatro alcaldes más o menos comunistas, uno facha y un súcubo de chaquetilla que hemos tenido desde las primeras elecciones han movido jamás en sus mandatos ni un solo dedo para remediar la ignominia de que el nombre de ese siniestro tipo siguiera mancillando el callejero cordobés. En el caso del facha es fácilmente comprensible, pero en los otros cinco ni siquiera el respeto debido a los asesinados en las cunetas y en las tapias de su partido los movió a la justicia.

El segundo caso es mucho más atroz porque el que fuera obispo fascista lo que nombra es un colegio. Para no repetir lo escrito en otros lugares permitidme que me autocite: Fray Albino fue uno de los más conspicuos incitadores del golpe de estado fracasado que degeneró en guerra civil. Ideólogo de la Cruzada, ensalzador hasta el ridículo del Caudillo a quien declaró enviado de Dios y apologista sin tapujos de los crímenes de guerra del bando fascista. Su obra cumbre, el CATECISMO PATRIÓTICO ESPAÑOL (Salamanca, 1939) (4), una especie de adaptación para niños del Mein Kampf de Hitler, fue de obligado aprendizaje en las escuelas durante la primera posguerra, siendo retirado de las mismas cuando muchas de sus enseñanzas chocaron con el nuevo giro que el Papa imprimió a la doctrina católica para adaptarla a la nueva situación mundial producto de la victoria de las democracias sobre los estados autoritarios a los que el Vaticano había apoyado sin tapujos.

COLEGIO FRAY ALBINO

Pero los méritos que se le suponen para mantener su nombre en un colegio público, en toda una barriada y en una avenida y sendas esculturas públicas son posteriores a sus méritos como incitador el crimen organizado y al genocidio. Siendo obispo de Córdoba (1951-58) y supuestamente conmovido por las condiciones infrahumanas en que vivían miles de familias cordobesas consiguió ayudas suficientes de diversas fuentes para construir tres barriadas de casas baratas donde acogerlos. Loable acción donde las haya, pero sus taimados hagiógrafos se olvidan del pequeño detalle de que de esas condiciones inhumanas en las que se cocía la miseria del pueblo cordobés, era también responsable nuestro buen obispo. Y de que el dinero recaudado no era sino una ínfima parte del botín de guerra que los vencedores habían obtenido a costa del dolor de todo ese pueblo vencido y humillado.

Otra atrocidad que se sumó a las anteriores, esta vez con repugnantes tintes de recochineo fue la ubicación de una parte del ruinoso colegio que lleva el nombre del obispo, en el Rey Heredia, que pasó así a llamarse también Fray Albino. El colegio público Rey Heredia fue diseñado y construido en 1918 por el arquitecto socialista Azorín Izquierdo y, siendo el primero en la ciudad mixto, responde a los criterios del racionalismo pedagógico, radicalmente alejado de la pedagogía basada en la inoculación doctrinal supersticiosa de la Iglesia Católica. Pero el agravio no queda ahí. Porque los planes conjuntos municipales y de la Junta preveen su demolición y la creación de una plaza que supuestamente realzaría la monumentalidad de la torre de la Calahorra. Para variar, nuestro sensible Ayuntamiento de izmierdas ha hecho oídos sordos a las voces que han solicitado su mantenimiento y su conversión en un Museo de la Escuela Racionalista y Republicana.

COLEGIO REY HEREDIA RENOMBRADO FRAY ALBINO

Se da la repugnante circunstancia de que el último acto de la ignominia del mantenimiento del nombre del obispo fascista en el callejero se debió a la actual Consejera de la Junta Rosa Aguilar, que en sus tiempos de alcaldesa de la ciudad por Izquierda Unida se plegó no sabemos si sumisa o entusiásticamente a las peticiones de un grupo de meapilas y consintió la atrocidad de que se le dedicara una avenida.

LA ESPERANZA de que hablaba al principio se basa en la de que en un milagroso rasgo de vergüenza, en quienes nunca la conocieron, se decidieran a aprovechar la remodelación del colegio y la calle para higienizar su nombre. Y sin gastar un euro. Bueno, sólo el de la nueva placa. Y para que no digan que sólo soy negativo, ahí va una propuesta perfectamente positiva. Y por si quieren seguir usando nombre de personas relevantes, en lugar de, como yo prefiero cosas o conceptos. A la calle podrían ponerle calle de Vicente Ferrer y al colegio el nombre del arquitecto racionalista antípoda moral del obispo naci(onalcatólico): Azorín Izquierdo. Vana esperanza por supuesto a la vista de lo visto y de que la izmierda cagona andaluza reinante no está dispuesta a sacar adelante el más mínimo proyecto que moleste al señoritismo fascista andaluz. Lo dice hoy mismo Isaac Rosa:

También está enterrando muchas iniciativas que ya estaban en marcha, con años de trabajo detrás, y que con el argumento de que estamos en crisis y que hay otras prioridades, son hoy desatendidas.

Es el caso, por ejemplo, del plan para convertir en ‘lugar de la memoria’ el campo de concentración de Los Merinales, en Dos Hermanas (Sevilla). Me cuenta Cecilio Gordillo, agitador incansable de todo lo que tenga que ver con la dignificación de las víctimas del franquismo, que la Junta de Andalucía se está desentendiendo por completo de sus compromisos, con la excusa de que no hay dinero. Y eso pese a que las actuaciones propuestas no implican gasto.

En ese campo de concentración miles de presos republicanos, en condiciones infrahumanas, construyeron el Canal de Bajo de Guía, que permitió convertir en regadío 80.000 hectáreas de marismas y pastos. De ellas se beneficia hoy colosalmente la Andalucía gobernada desde hace 25 años por los supuestos herederos de los ideales de aquellos con cuyo sudor y con cuyas manos se construyeron. Sin el más mínimo reconocimiento por su parte. Claro que teniendo en cuenta que han fichado como consejera de Obras Públicas a una individua que perteneciendo aún al Partido Comunista, y antes de que la echaran por morosa, fue denunciada en los tribunales por los familiares de los asesinados en Córdoba durante el genocidio franquista por negarse a cumplir la ley que la obligaba como alcaldesa a abrir las fosas donde están aún enterrados, podemos hacernos una idea de cuál es el criterio de selección de gobernantes que prima en la Junta de Andalucía. Y cuáles sus fines.