(del laberinto al treinta)


viernes, 4 de abril de 2008

JUNTA DE ANDALUCÍA: La explotación del hombre por el hombre

Parece ser que sólo fueron 43 días los que estuvo de baja la funcionaria que debió tramitar la ejecución de la sentencia de prisión del futuro asesino de la niña de Huelva. De los cuales 40 estuvo sin cubrir. Es decir, que la sustituta se hizo cargo de la oficina tres días antes de que la funcionaria titular se reincorporara. Inmediatamente después la dicha titular disfrutó su mes de vacaciones reglamentario. No he conseguido averiguar si durante ese periodo vacacional fue así mismo sustituida o no. De vuelta de las vacaciones la funcionaria cambió de puesto en ejecución de un traslado solicitado y concedido. Pero por lo que parece no lo fue, o lo fue tardíamente como la propia baja laboral origen del problema. En definitiva: 5 meses sin que el asunto se resolviese. No quiero decir que la responsabilidad total del fatal desenlace se deba a la propia baja de la funcionaria y a su no inmediata sustitución. Porque desde luego la responsabilidad total recae sobre el juez, máximo responsable de la sentencia y de vigilar su ejecución. Pero sí que ha puesto sobre el tapete social por fin la política de personal que la Junta de Andalucía viene poniendo en práctica con sus funcionarios desde hace años.

Los socialistas debieron memorizar, como todos los rojos de los 70 hicimos, un catecismo de ideología marxista titulado Conceptos elementales del materialismo histórico, obra de la aguerrida propagandista Marta Harnnecker. Posteriormente debieron formatear sus discos duros mentales e instalar un nuevo programa de corte liberal centrista con algunas funciones pelín laicas para dar imagen.


Pero por algún error debió quedarse una pequeña zurraspa de la anterior base de datos pegada a la superficie de su disco duro que ha pasado a incorporarse sin ningún conflicto de dispositivos al nuevo producto: el concepto de PLUSVALÍA. Como mi Marta Harnnecker desapareció de mis estanterías robada por algún amigo fectichista hace años, echo mano mismamente a la WIKIPEDIA que lo explica de perlas:





Suponiendo que el trabajo acumulado en el alimento diario del trabajador sea de 4 horas y suponiendo, para simplificar, que ésta sea su única necesidad, podemos concluir que el valor de la fuerza de trabajo durante un día es de 4 horas. Pero el trabajador puede producir más que lo que come. Si el capitalista le obliga a extender la jornada laboral a 8 horas, existe un valor nuevo, un valor que no estaba incluido en ninguna otra componente del proceso de producción. Este valor nuevo —el plusvalor— es apropiado por el capitalista.

Entonces, el plusvalor es la porción de trabajo que los trabajadores realizan que está más allá de lo necesario para reproducir el valor de su fuerza de trabajo y que es apropiada por el capitalista. El plusvalor es un concepto indisolublemente unido a la teoría del valor trabajo y es central para la descripción que ésta realiza de la explotación bajo el capitalismo.



El capitalista no puede abaratar costes a costa de la cantidad o calidad de las materias primas ni de la maquinaria cuando quiere aumentar la acumulación de capital. Del único lugar que puede aumentar el beneficio es del salario de los trabajadores: reduciéndolo directamente u obligándolos a trabajar más tiempo por lo mismo.

Un concepto claro y meridiano que la Junta de Andalucía pone en práctica sistemáticamente desde que ha decidido que los servicios públicos han de gestionarse con criterios estrictamente económicos, reduciendo el gasto público. Como con la maquinaria o la cantidad de servicios no puede jugar para abaratar costes sin generar malestar en los usuarios, fuente de votos, ha de hacerlo incidiendo directamente en la fuerza de trabajo de sus empleados. Como no puede rebajar los sueldos ni las plantillas consolidados, aunque lo intenta constantemente, la solución es hacer que las reposiciones de personal por vacaciones o bajas laborales las cubran los trabajadores restantes, negando sistemáticamente las necesarias sustituciones de sus compañeros para que los servicios funcionen correctamente y sobrecargándolos de trabajo. Y lo hace con minuciosa ferocidad. Doy fe de ello que lo sufro a diario.

Es así como el concepto de relación laboral se convierte en simple explotación. Y ocurre en todos los ámbitos laborales a su cargo: bibliotecas, hospitales, Justicia, etc. En los hospitales la sobrecarga de trabajo es brutal como vienen denunciando sistemáticamente los sindicatos y en Justicia ya hemos visto cómo va la cosa. De vez en cuando ocurre una previsible desgracia y las alarma del público se disparan. Pero por poco tiempo. La capacidad de olvido de la sociedad es sólo directamente proporcional a su capacidad de escándalo puntual.

Las reivindicaciones laborales, en una época en que la desmovilización sindical ha llegado a cotas delirantes, ya no se basan en exigencias de aumento de sueldo, que descienden sistemáticamente por la propia inercia del mercado, sino en exigencia de no ser obligados a trabajar a doble de ritmo o de una manera menos profesional por sobrecarga. La resistencia entre los profesionales no espachables, de plantilla, con ser débil ya de por sí supone una piedra en el camino de los planes de la Junta de precarizar las condiciones laborales de sus empleados, porque alguna resistencia sí que hay, pero tampoco le quita el sueño. Los medios de que se vale para conseguir acabar con ella son de dos tipos:

A) La liquidificación del empleo mediante



- la progresiva sustitución de las plantillas fijas por personal contratado.
- la privatización de los servicios para que sean otros los que exploten directamente a los trabajadores.
- la liberación de la movilidad interna implantando un sistema de selección por perfiles que permite el arrinconamiento legal de los elementos más reivindicativos y su sustitución por los más dóciles.



B) El soborno de los cuadros superiores e intermedios mediante incentivos económicos desproporcionados respecto a los que reciben sus subordinados para que los acosen y mantengan a raya a aquellos que se nieguen a colaborar o mantengan una actitud hostil hacia su propia explotación.


¿Lo peor? Que no hay alternativa. Que los socialistas que nos gobiernan desde hace 25años en Andalucía son la mejor alternativa a sí mismos. Jibarizadas las fuerzas de la izquierda verdadera por la propia dinámica social que genera la sociedad del espectáculo en la que nos desenvolvemos, obligados los sindicatos por la desmovilización social a pactar a la baja continuamente con las fuerzas explotadoras, el PP se nos presenta como una alternativa hacia lo peor, hacia el ultraliberalismo puro y duro, sin la careta progresista que al menos los socialistas se ven obligados a llevar.

1 comentario:

Pinchito dijo...

Manuel, el proceso que describes no es único en la Junta de Andalucía, sino que se ha trasladado, desde hace ya mucho tiempo, a la administración local. Me pregunto si la funcionaria en cuestión desempeñaba puesto de auxiliar administrativo, administrativo o licenciada. La responsabilidad exigible difiere de unos puestos a otros como de la noche al día.
De cualquier forma, la gestión laboral de la Junta es impeorable, así como la remuneración de los puestos administrativos, que raya el tercermundismo. Francamente, si yo fuese funcionario de la junta, ya sabes el dicho, me engañarían en el sueldo, pero intentaría cobrármelo en trabajo...

Abrazo.