(del laberinto al treinta)


viernes, 2 de enero de 2009

Barenboim y los ricos más tontos del mundo

Yo siento mucho respeto por Daniel Barenboim, como músico porque me ha hecho disfrutar tantas veces con la música tocada bajo su batuta, y como persona, porque lucha con las armas de la razón contra los fanatismos. Su amistad con el añorado Edward Said y sus proyectos conjuntos han concienciado a más gente sobre las posibilidades de una vida en común en paz entre los dos pueblos vecinos que cualquier rimbombante declaración de los políticos a sueldo de los intereses estatales.

Pero verlo ayer 1 de enero haciendo el payaso frente a la panda de ricos más tontos del mundo, en el corazón de la Europa cómplice de la matanza que ocurría ese mismo día en Gaza, tan cerca de la ciudad donde una de las responsables de la misma se reunía para hacer palmitas palmitas con el presidente francés que la arropa frente al teatral nerviosismo del resto de los mandatarios europeos, ha hecho tambalearse ese respeto.

El gran triunfo del estado nazionalsionista israelí (democrático como lo fue el hitleriano en sus comienzos) ha sido el de la propaganda. Tan atroces son los crímenes colonialistas que ha cometido en Palestina con la complacencia de los demás estados democráticos blancos, que ha tenido que emplearse en mil campañas propagandísticas para justificarlos ante las opiniones públicas del mundo. Y lo ha conseguido. Sin ceder un ápice de lo estrictamente necesario de las tierras conquistadas a sangre y fuego a sus vecinos y sin rebajar un gramo la represión y la voluntad genocida para desarbolar cualquier atisbo de formación de un estado palestino normal, ha conseguido que el mundo occidental acabe viendo la agresión colonial no ya como un conflicto entre iguales sino como un caso de defensa propia, de un estado normal que sufre las agresiones de unos sanguinarios fanáticos religiosos que viven en el país vecino.

Es como si llamáramos conflicto entre iguales al exterminio de los sioux por los republicanos wasp norteamericanos o a lo que hacía el parlamentario rey Leopoldo de Bélgica en el Congo y sólo consideráramos terroristas a Jerónimo o al líder del los bantúes.

Mientras la comunidad internacional no considere al estado de Israel al mismo nivel que consideró en su momento a la Sudáfrica del apartheid o al Irak de la invasión de Kuwait, como un estado del siglo XXI que vive anclado en los métodos de expansión del neolítico medioriental o un estado colonial blanco en tierra de asiáticos con la comprensión de los demás blancos, no creo que tengamos ningún derecho a criticar las formas de defensa, por muy espurias que sean las formas y por muy perversos que sean sus fines, de los que han llegado a gobernar a las víctimas. Si los palestinos se han dado a la bebida de la religión y de la violencia desesperada no se debe sino a la monstruosa complicidad de las democracias de la piel blanca con uno de los suyos al que permiten que ejerza un salvaje colonialismo depredador y genocida en tierras de pueblos considerados por ellos inferiores y que para ellas se terminó hace más de 70 años.

1 comentario:

maria dijo...

No sé si amordazarían a Barenboim para q su mensaje de nuevo año fuese más q una frase hecha de lo más común. Vamos, una pamplina generalista. Pero por lo menos podía haberse ahorrado hacer el idiota como lo hizo. ¿o tb era parte obligada del guión para la desdramatización de los tiempos trágicos que corren en Oriente Medio? Un judío tan renombrado mundialmente como Barenboim q en plena guerra de su pueblo contra Gaza, con sus gestos da el mensaje de "¡aquí no pasa nada!" es algo profundamente vomitivo y doloroso.
No entiendo como gente que tiene púlpito privilegiado para expresarse contra lo injusto pasa banca y desaprovecha ocasión. O tenía pistola apuntándole en la espalda o es un cobarde.

Yo tb me he amohinado bt con esta desafortunada actuación, Harazem. No me lo podía creer cuando lo vi en plena acción cómica con lo q está lloviend en Palestina, y eso q esperé en algún momento una frase valiente al respecto, como tod@s quienes lo vimos, q no llegó.