(del laberinto al treinta)


sábado, 7 de enero de 2012

¿Nació realmente Séneca en Córdoba?



Acisclo Lupiáñez



En este lejano lugar del Medio Oeste gringolandés donde transcurren mis exiliados días entre la investigación y la docencia no abundan las distracciones. Así que me dedico en mis horas libres a la realización de pequeñas pesquisas históricas referentes a mi lejana y añorada tierra, Córdoba. Entiendo el exilio y entiendo el dolor de quien lo padece. Por eso siempre me he interesado por el que sufrió durante ocho años Séneca en Córcega y la expresión que de ese dolor dejó en sus escritos. Y fue precisamente en el estudio de las obras escritas por el filósofo en torno a ese exilio donde las dudas de su verdadero origen han surgido en mi como las grietas tumefactas surgen en los bordes de las heridas malcuradas. No es sólo cosa mía. Otros exegetas de la obra senequiana con mucha más autoridad que yo, que ni siquiera soy latinista o historiador, han mostrado sus dudas no ya sólo acerca de que Séneca fuera nacido en Córdoba sino incluso de que fuera de origen cordobés, toda vez que el patronímico Anneo que aparece tanto en la epigrafía cordobesa lo hace también y con la misma frecuencia en muchos otros lugares del Imperio.

Patrick Manzini, latinista norteamericano especializado en las Cartas de Séneca, publicó hace unos años un opúsculo (1) en el que a partir del estudio de Consolación a Helvia, las Cartas a Lucilio y otras obras senequianas planteaba la duda de que Córdoba hubiera sido realmente la cuna del filósofo, quien probablemente fuera de nación y estirpe de raigambre romana, propiamente de la misma Roma o como mucho de alguna ciudad cercana.

Así mismo el latinista italiano Gillo Santorini viene a coincidir en muchos aspectos de las dudas que plantea Manzini en un voluminoso tratado sobre el uso del gentilicio en la Roma republicana publicado hace unos años (2). Ambos coinciden en señalar la práctica ausencia de referencias a Córdoba en las cartas y en los epigramas de Séneca y defienden la teoría de que cuando lo hace se hace eco de una moda muy extendida en el siglo I en Roma por puro exotismo de declararse nacido en algún lugar lejano del Imperio, preferentemente Hispania y en concreto la Bética, como lugar semimitológico y cargado de referencias de la literatura fantástica grecolatina. Pero es que además la mayoría de los cordobeses no somos conscientes de la clase de importancia que gozó Corduba en aquel tiempo y lo de moda que llegó a estar en la Roma capitalina imitar lo cordobés, hasta el punto de considerarse de buen tono declararse cordubens.

Los que sí parecen serlo son los arqueólogos locales que lo están demostrando. Qué hermosa armonía se produce en la cultura cuando los yacimientos confirman las hipótesis de las cátedras. Si hemos de creerlos –y no tenemos motivos para no hacerlo- las pruebas de este carácter de faro mítico, e incluso místico, de la Corduba del siglo I han aparecido de las propias entrañas de la tierra cuando ha empezado a dar a luz, ejerciendo ellos de competentes parteras, la impactante evidencia de que nuestra ciudad no sólo fue la fundación capitalina de una provincia lejana, sino un verdadero faro iluminador y foco dispersor de cultura y modas literarias, vestimentarias, alimentarias y arquitectónicas a todo el Imperio. Este último campo, el de la difusión de modelos arquitectónicos a la metrópolis, está siendo brillantemente estudiado por nuestros esforzados equipos arqueológicos locales, cuyos últimos descubrimientos apuntan a la demostración –ya cumplida- de que incluso el anfiteatro cordobés sirvió de modelo canónico para la construcción del Coliseo de Roma (3). Somos muchos los que pensamos que la rutilante exposición arqueológica que en estos dias se puede disfrutar en la ciudad, CÓRDOBA REFLEJO DE ROMA, tendría que haberse llamado más bien la viceversa: ROMA REFLEJO DE CÓRDOBA.

Pero tras este preámbulo de cimentación teórica pasemos ya directamente al asunto de este artículo: la demostración de la no cordobesidad del filósofo Séneca. La prueba difinitiva de la teoría me ha venido cuando comentando estos temas con mi amigo Severo Sandua, latinista colombiano que imparte sus clases en esta misma Universidad y con quien comparto frecuentemente charla y vino californiano (cuando se nos acaba el Montilla que me traigo en mis espaciadas visitas), me ha puesto en la pista de un detalle que según él podría ser la clave definitiva para desmontar el extendido error de hacer a Séneca cordobés. Se trata del epígrama De se ad patriam, que hemos traducido juntos a cuatro manos en una tarde, uno de los 72 atribuidos a Séneca pero con la particularidad de ser el que presenta unos rasgos estilísticos senequianos más acusados. La latinista italiana Rita Degl'Innocenti Pierini ha demostrado (4) de una manera contundente que este epigrama al menos no permite albergar demasiadas dudas de su autoría.

.

DE SE AD PATRIAM


Corduba, solve comas et tristes indue vultus,

inlacrimans cineri munera mitte meo.

Nunc longinqua tuum deplora, Corduba, vatem,

Corduba non alio tempore maesta magis.

Tempore non illo, quo versis viribus orbis,

incubuit belli tota ruina tibi,

cum geminis oppressa malis utrimque peribas

et tibi Pompeius, Caesar et hostis erat.

Tempore non illo, quo ter tibi funera centum,

heu, nox una dedit, quae tibi summa fuit.

Non Lusitanus quateret cum moenia latro,

figeret et portas lancea torta tuas.

Ille tuus quondam magnus, tua gloria, civis

infigor scopulo. Corduba, solve comas,

et gratare tibi, quod te natura supremo

adluit Oceano: tardius ista doles.

.

DE ÉL A SU PATRIA


Córdoba, suéltate el pelo y píntate la cara de pena,

y ofrece a mis cenizas el sacrificio de tus lágrimas.

Ahora lejana, Córdoba, llora a tu poeta,

Córdoba, nunca más triste que ahora.

Ni siquiera en aquel tiempo en que desatadas las fuerzas del orbe

cayó sobre ti toda la ruina de la guerra,

cuando un geminado mal doblemente te mataba

y enemigo para ti fue Pompeyo y lo fue César.

Ni siquiera en aquel tiempo en que ¡ay!, trescientos funerales

te dio una sola noche que fue para tí la peor.

Ni cuando asaltaba tus muros el saqueador lusitano

y clavó en tus puertas su atrevida lanza.

Este que fuera para tu gloria ciudadano famoso

clavado está ahora en un peñasco. Córdoba, suéltate el pelo,

y agradece a la naturaleza que permitió que te bañara

el lejano Océano: eso retrasará tu dolor.

.

.

Aparte de sus señalados en varias ocasiones y por diferentes estudiosos claros reflejos en el lorquiano Córdoba lejana y sola, se trata de un hermosísimo poema en el que podemos detectar claramente diamantinos arquetipos, inmortales moldes iconográficos de la poesía más genuina de todo el Mediterráneo, como ese suéltate el pelo que remite a las cien mil clónicas plañideras que empedran la geografía y la historia del dolor popular en el Gran Charco Familiar. Pero para lo que a nosotros nos interesa hemos de fijarnos en los dos últimos versos, en ese agradece a la naturaleza que permitió que te bañara el lejano Océano, en el que afirma que un mar baña los pies de nuestra Córdoba. ¿Se trata de la misma Córdoba que conocemos? Veamos: previamente el autor ha señalado el dolor y la destrucción que a esta Córdoba le causó la guerra civil entre César y Pompeyo y el miedo que debió sentir cuando el salvaje Viriato casi la viola. O sea que se trata de la misma Córdoba que conocemos. Pero… quien escribe esos versos, y ya ha quedado demostrado que es el propio Séneca, demuestra que sabe mucha Historia pero desde luego poca, muy poca Geografía. O que no sabía muy bien de qué lugar estaba hablado. Y para haber nacido y haberse criado allí… Porque si algo puede afirmarse con certeza de la ciudad de Córdoba desde que los primeros edaddelbronceños que pasaban por allí les gustó el sitio y se asentaron en la Colina de los Quemados es que nunca tuvo playa. Playa-playa, que la del río es un refrescadero. Porque si la hubiera tenido no podríamos explicar el que cada temporada calurosa bulliciosas hordas de cordobeses se vean impelidos a invadir el territorio de sus vecinos malacitanos para sentirse ciudadanos europeos normales que practican la liturgia del veraneo convencional medio desnudos y dejar su ciudad como la actual Pompeya: sólo ruinas para los turistas. Vicente Cristóbal, profesor de la Complutense, sugiere en una comunicación presentada en el congreso SÉNECA, DOS MIL AÑOS DESPUÉS celebrado en Córdoba en 1996, que esa referencia marítima pudiera acoger al propio Guadalquivir, teniendo en cuenta que era navegable hasta muy arriba en la Antigüedad y su curso podría entenderse como parte del Océano (5). Pero ni como licencia histórica vale. Quien escribió ese epigrama, y ya hemos visto que a los mejores expertos no les caben demasiadas dudas de que fuera el propio Séneca, no tenía ni la más remota idea del lugar exacto donde se ubicaba la (entonces) mítica ciudad de Córdoba. Así que malamente hubiera podido criarse en ella como afirman todos los tratados de senecología desde tiempos inmemoriales.

No pasa nada. La ciudad podrá superar este trauma. Lo superaron ¡¡¡los sevillanos!!! cuando se demostró que Adriano no había nacido en Itálica... Sólo sufrirá un pequeñísimo rasguño en su ego fácilmente sanable por los cientos de otros, más o menos pequeños, orgullos patrios que adornan su existencia.

Sólo que ya al Séneca estoico malamente se le podrá seguir responsabilizando de ese rasgo del carácter cordobés que es su seña de identidad y su hecho diferencial y que, según sostiene mi amigo Manuel Harazem, no es sino la forma local de la esaboriúra o de la malafollá, cuya fama injustamente se lleva siempre su hermana granadina: el senequismo.


(1) Manzini, Patrick: There was born L. A. Seneca in Cordova? Minneapolis: University of Minnesota Press, 1978. Reprint, Dover, NH: Croom Helm, 1986).

(2) Santorini, Gillo: Sul il diritto di utilizzare l'aggettivo nell'antica Roma (Università degli Studi di Palermo, 2001)

(3) Con un eje mayor de c. 178 m., el anfiteatro patriciense se inscribe en la serie previa a la definición canónica del tipo que supondrá la construcción del Anfiteatrum Caesareum o Flavium (Juan Francisco Murillo Redondo, El anfiteatro cordubense. Catálogo de la Exposición CÓRDOBA ESPEJO DE ROMA, pg. 238).

(4) Degl'Innocenti Pierini, Rita: Tra Ovidio e Seneca (Edizioni Saggi Universitari di Filologia Classica, 44., Bologna: Patron, 1990).

(5) Congreso Internacional Conmemorativo del Bimilenario de su Nacimiento, Córdoba 1996. Publicaciones de la Universidad de Córdoba y Obra Social y Cultural. CAJASUR. Córdoba, 1997).

jueves, 5 de enero de 2012

La Junta de Andalucía se cepilla una almunia califal

Estado del yacimiento en 2009 (foto Harazem)

Estado del yacimiento el 4 de enero de 2012 (foto Harazem)

Hace tiempo publiqué un post titulado De cuando en Córdoba hubo petróleo en el que sostenía que el oro negro de la arqueología, la excavación sistemática y puesta en valor del mayor yacimiento altomedieval del mundo –unos inmensos arrabales de una ciudad islámica del siglo X- podrían haber proporcionado a esta ciudad tan escasa en recursos la posesión y explotación de un parque arqueológico comparable por ejemplo al de Pompeya. Pero ese petróleo se fue arrojando tal como iba saliendo lenta pero sistemáticamente por el desagüe de la Historia mediante una concienzuda destrucción de todos y cada uno de los yacimientos que se iban descubriendo. La portentosa conjunción de la mayor colección de políticos sinverpollas y giligüenzas al oeste del Pedroches (1) fue la responsable de que la arqueología no fuera nunca un fin en si misma, una poderosa herramienta de crear riqueza, empleo y cultura, a pesar de que siempre las llevaran en la boca, sino que estuviese siempre supeditada a la especulación del suelo. Nunca se excavó porque sí, sino porque se necesitaba para ensocavar, remover y enladrillar innecesariamente las más de las veces el suelo plagado de restos, listos para ser destruidos. Pero algunos tuvimos esperanzas de que algunos de esos restos, al menos los más importantes, se salvarían. No ya con fines de explotación turístico-económica, sino por mera vergüenza cultural. No es que creyéramos a los políticos, esos seres esencialmente dignos de toda duda, que lo prometieron, es que pensábamos que había instrumentos legales para obligarlos. Y tal vez los hubiera. Pero en este país de muertos vivientes nadie, yo el primero, mueve el culo para salvar patrimonio histórico alguno en peligro. Bueno, casi nadie. Algunas voces hay. Porque como dice mi amigo J. da mucha, infinita, más pena y mueve más a la acción reivindicativa un trozo de playa salvajemente urbanizada que la no menos salvaje destrucción de los restos de nuestro pasado y nuestra historia, incluso los que podrían darnos de comer.

Prácticamente todos los restos de calles, casas, mezquitas, fuentes, medersas, baños públicos de aquella ciudad del siglo X fueron minuciosamente pulverizados por las excavadoras de los perpetradores de esa colosal estafa llamada Burbuja Inmobiliaria y de la corrupción tal vez económica (para ello estarían los jueces), pero sobre todo moral, de los políticos de la Junta y del Ayuntamiento de Córdoba en los últimos años al servicio de los empresarios, empresarios que no tienen más culpa que la de dejarse llevar por su instinto depredador y su condición natural egoísta. Pero la almunia califal encontrada en las obras de construcción de un Instituto de Investigación anexo al Hospital Reina Sofía era tan importante, se conservaba tan bien y sobre todo, se encontraba en terrenos de titularidad pública que tuvimos esperanzas de que se salvara.

De hecho estaba prevista, se nos dijo, su integración en el edificio. Fueron declaraciones, eso sí, hechas en caliente y con la apertura bucal en posición rimbombante, de los políticos de la cultura de hace dos años.

En julio de este año (2011) todavía un diario local comentaba el costo total de las obras y apuntaba lo siguiente: Según consta en el BOE, los restos de la almunia árabe se integrarán en el edificio. Para ello se propone una estructura exenta de fachadas hasta la cota de planta primera. Al detalle, el proyecto del edificio se organizará para que las áreas más públicas del mismo se abran a la excavación. Además, la situación de la terraza incluida en el proyecto tiene vistas sobre los restos de la almunia. Debe ser un lapsus calami y en realidad lo que querían decir es se desintegrarán. Total y absolutamente desintegrados. Se la han cepillado por toda la cara. Las dos primeras son las fotos del hallazgo de 2009 y las segundas lo que había esta misma mañana.


Los restos que se iban a integrar en 2009 (foto Harazem)

Los restos "des-integrados", 5 de enero de 2012 (foto Harazem)

Desde luego ha sido ensordecedor el griterío de las fuerzas culturales de esta ciudad, de los periodistas de himbestigasión y los arqueólogos con tribuna, de los de la UCO-GMU, que según me cuentan han sido los que lo han excavado. Ensordecedoras sus protestas en la prensa desde donde de vez en cuando claman por el respeto y la concienciación en la conservación del patrimonio. Ensordecedora la de los miembros de la Hakademia de Nobles Caspas y Bellas Tretas. Las de los departamentos del ramo de la Facultad de Filosofía (y últimamente Ufología) y Letras. Y las de los hoteleros que viven exclusivamente del turismo.

Es por eso que suena atrozmente ridículo el kikirikeo que el nuevo gallo del corral de urbanismo del Ayuntamiento de Córdoba ha entonado desde el Acorazado ABC. Sacando pecho, ereccionando la cresta, este cantamañanas de encendida verborrea vuelve a soltarnos las mismas soplapolleces que llevan 30 años entonando sus predecesores acerca del inmenso potencial turístico de esta ciudad, de esencias inmarcesibles, crisol de pueblos, joyas escondidas, ¡¡¡un nuevo Tibet en el corazón de la península Ibérica!!! y otras pedorradas discursivas del kit habitual del implementaor cultural cordobita. Por el sueldazo que se lleva ya le vale desde luego derrochar blablableo inane. Pero por dignidad debería de callarse ya un poquito. Que ya apesta ese discurso que lleva podrido varios lustros. Y más después del empacho de la insoportable matraca de la Caspitalidad, que casi acaba con el más minúsculo átomo de sentido común en esta ciudad.

La paradoja más atroz es que el Instituto que van a edificar encima y que, desde luego, tanta falta hace, lleve para prestigiarse un nombre andalusi, después de haber sido construido sobre el arrasamiento de los restos de otro edificio en el que quién sabe si el propio Maimónides no pernoctó alguna vez.




SECUELA:

LA ALMUNIA QUE SE CONVIRTIÓ EN ARRABAL O VICEVERSA

(1) Todos nos acordamos de la inefable delegada de cultura Mudarra y su teoría de la lucha de clases en la arqueología. Los arrabales orientales no se salvan, dijo, porque pertenecían a las clases menos acomodadas de la sociedad andalusi. Lo que nunca nos dijo la muy pillina fue la causa por la que no salvó tampoco los occidentales que eran las de los ricos. Otro delegado, cuando ya se había destrozado el palacio de Maximiano para construir una estación de AVE que podría haberse desplazado 500 mts más al norte, dijo con todo su morro que sólo se le había inferido un leve arañazo a un muro. Y Trigo, al que se le llegó a llamar Extherminio Trigo que organizó una campaña para desprestigiar la arqueología para evitar que se paralizase la destrucción del mismo palacio. Eso por no hablar de la visión que la prensa local proyecta sobre los restos arqueológicos, a los que tilda sistemáticamente de latosos, escollos, quebraderos de cabeza y cosas por el estilo. A los que defendemos que existe una conspiración perfectamente organizada en esta ciudad en contra de la arqueología para salvaguardar intereses muy concretos nos llaman arqueoconspiranoicos. Ya te digo...


lunes, 2 de enero de 2012

La Yihad Cofrade secuestra la Cabalgata de Reyes

Carrozas de Cabalgata de Reyes propuesta por los concejales cordobeses para 2012. Dos de palio (Melchor y Gaspar) y uno descubierto, el de Baltasar, que por ser negro y en palabras del portavoz municipal, está más acostumbrado a la interperie.

El solsticio de invierno es un hecho natural ligado a la rotación de la Tierra que todas las culturas del mundo ha revestido siempre de vistosos ropajes simbólicos. La religión cristiana que corrompió el justo equilibrio fideístico del Imperio Romano, usó la mayor parte de los ropajes (1) con que otra religión anterior de origen iranio, en casi todo mucho más sensata que ella, lo vistió, el mitraísmo, que llegaría a ser religión oficial de Roma un poco antes de que lo fuera el cristianismo sin necesidad de perseguir a ningún infiel. Aquella absorción o suplantación no fue pacífica, sino que se consiguió mediante un terrible genocidio: el de los paganos. No se sabe el número exacto de paganos, mayormente mitraístas, que pagaron con su vida o con su seguridad la letal paranoia monopolística que aquejó desde siempre a los seguidores del nazareno crucificado por sus paisanos judíos. Su holocausto fue eliminado de la memoria. No contaron luego con ejércitos de glosadores de los martirios como sí tuvieron los escasos ajusticiados propios (de una manera atroz, eso sí) por las autoridades imperiales que los acusaban con toda razón de minar las bases convivenciales de tolerancia de la sociedad romana. A los paganos no sólo se les robó su caudal simbólico, sino que se les exterminó para que no lo recordaran.

Desde el momento en que se convierte en religión oficial del Imperio Romano el cristianismo dará claramente medida de su talante persiguiendo sañudamente cualquier atisbo de competencia. Una vez transmutado en catolicismo sólo en los lugares donde convivió con el Islam durante un tiempo aprendió a compartir espacio, aunque por periodos muy localizados. En cuanto pudo de nuevo eliminó físicamente a los diferentes. 1492, 1610, la Inquisición, La Cruzada Nacional son hitos de esa paranoia monopolística. Sólo muy recientemente, cuando las prácticas democráticas, muy timoratamente, les convencen de volver a compartir espacio en otro Imperio, el de la Razón, los diferentes (no creyentes o creyentes de otra fe) pudimos vivir a salvo, aunque no totalmente en igualdad de condiciones.


Pero la tendencia natural del catolicismo es imponer absolutamente su particular moral. Tras 1.600 años de monopolio, impuesto siempre a sangre y fuego, no podíamos esperar que se civilizarían tan fácilmente. Ya imponen en las constituciones de los estados que practican la democracia parlamentaria la mayoría de sus presupuestos ideológicos por una doble vía: políticos católicos adoctrinados y maniobras en la oscuridad para conseguir que se considere delito lo que sólo para ellos debe ser pecado. Sólo de vez en cuando sienten resquebrajarse su poder monopolístico cuando las presiones sociales consiguen arrancar libertades básicas en materia de costumbres y derechos individuales. Pero a la nada que puede, La Iglesia Católica, sirviéndose de sus peones fieles, vuelve a la carga.

Y en ello estamos desde hace muy poco. Más recientemente en el gobierno del estado y un poco más en el municipal de Córdoba hemos visto instalarse una serie de políticos claramente adscritos al catolicismo más extremo, pertenecientes a sectas que practican un fundamentalismo religioso impositivo, como neocatecumenales, Opus Dei, Legionarios de Cristo y en el caso concreto de Córdoba sectas idólatras cofrades. El falso, pero aparente porque está extremadamente escorado a la orilla católica, equilibrio conseguido por gobernantes anteriores que consiguieron introducir muy tímidas reformas laicistas y ampliar algo el espacio libre de contaminación religiosa para buena parte de la ciudadanía que ni la necesita ni la desea, se ha vuelto a romper. La Yihad Católica se ha recrudecido y amenaza un reencantamiento del espacio social con una virulencia de la que aún no somos conscientes los que colocamos la autonomía de la razón por encima de las creencias mágico-religiosas.

En Córdoba, el nuevo equipo formado por ultraliberales y kofrades radikales comenzó hace tiempo su Yihad. No sólo la participación en actos sociales por parte de los concejales han consistido casi exclusivamente en la emisión de rococós pregones idólatras en cofradías y hermandades (2), lugares que pertenecen al ámbito de la empresa privada, sino que están tratando de excluir brutalmente de la participación social festiva a la parte de la sociedad que no comulga con los simbolismos particulares impuestos desde hace siglos por la Iglesia en las celebraciones comunitarias del calendario natural.

La Velá de la Fuensanta fue buena prueba de ello. La Cabalgata de Reyes con que amenazan en unos días, la segunda en la frente. Sin cortarse un pelo los yihadistas católico-cofrades han impuesto que la decoración de las carrozas de la cabalgata tiene que hacer referencia exclusiva a la simbología religiosa que ellos consideran pertinente, basándose en una tradición que ha sido impuestas desde siempre por la Iglesia Católica. Se trata de convertirlas exclusivamente en catequesis festivas, conculcando el derecho de los ciudadanos que no comulgan con sus creencias en sus seres imaginarios y que están en su derecho a considerar a la fiesta de los Reyes Magos patrimonio de todos los ciudadanos independientemente de sus creencias religiosas o su ideología política. Y una tradición que se puede y se debe desvincular, al menos oficialmente, de religión organizada alguna.

La Navidad, los Reyes, las fiestas patronales no pertenecen exclusivamente a los católicos, por muy mayoritarios que sean y por muy católicos, cosa dudosa si nos ponemos histérico-históricos de verdad, que sean sus origenes. Pertenecen a toda la comunidad y representa los valores de cohesión de todos los vecinos y todos por tanto los que lo deseen tienen que estar representados. Lo que hasta hace poco se conocía como folklore y que ahora tal vez podríamos asimilar como correlato al consumo de valores o a los valores del consumo del sistema que se nos impone, pero tan respetables todos como los que emite la Iglesia para consumo de sus fieles. La festividad de los Reyes Magos tiene mucho más que ver con el imprescindible cultivo de la ilusión en los niños en tradicional fecha fija que con las necesidades de emisión de catequesis de ningún credo privado. Sea como sea si se admite simbología religiosa, y es justo que ocurra en su justa medida, hay que admitir que haya gente que no la comparta y proponga alternativas coexistentes. Se trata de sumar y no restar o más bien escamotear y prohibir.

Pero que podemos esperar de la banda de hostiahidines que se nos ha metido en el Ayuntamiento. Se empieza catequizando la Cabalgata y se acaba pidiendo la partida de bautismo a los niños que vayan a entregar la carta a los Reyes del Ayuntamiento. Al tiempo.

¡Ah! Y que vayan preparando máscaras de gas los empleados municipales a partir de febrero, cuando empiece la Cuaresma... ¡¡¡Jajajajajaja!!!


(1) Mitra nació en una cueva de una virgen, el carácter mistérico del cristianismo en los primeros siglos proviene directamente del mitraísmo, los ritos sacrificiales catárticos (toro, Cristo) y la comunión bajo las dos especies: pan y vino. El misterio de la Trinidad proviene directamente del los dos dioses (Padre e Hijo) y una sola naturaleza del mitraísmo

(2) En estos enlaces puede el lector curioso encontrar algunos (no todos, sería una labor ingente) de los pregones emitidos por distintos concejales y concejalas del Ayuntamiento de Córdoba en los 6 meses que llevan gobernando, amén de asistencia a actos de tinte estrictamente católico. UNO, DOS, TRES... Lo raro es que no hayan instaurado un pregón de la Cabalgata, en el que nuestros concejales trasladen la caspa del barroquismo cofrade al navideño, cosa que no sé si hacemos bien en apuntar, no sea que les demos ideas...

miércoles, 21 de diciembre de 2011

De cuando en Córdoba no éramos tan pastueños


No siempre el pueblo de Córdoba fue tan sumiso, tan manso, tan pastueño como ahora. Hubo algunos momentos en su historia en los que estuvo a punto de montar una verdadera revolución. Curiosamente por causas muy parecidas a las que actualmente andan pidiéndolo. Uno de ellos fue la Revuelta del Arrabal en 818, el otro la del Pan a mediados del siglo XVII.

La peste había azotado a toda España a mediados de ese siglo. Entre 1649 y 1650 murió de la enfermedad casi la mitad de la población cordobesa y los supervivientes fueron presa los años siguientes de una terrible hambruna. Bueno no todos los supervivientes, claro. Sólo los pobres, o sea la inmensísima mayoría. Los minoritarios otros, nobles y clero principalmente, se forraban mientras tanto con la especulación financiera con los precios del trigo y esas cosas de exprimir a la plebe. Ya sabéis...


La mañana del domingo 5 de mayo de 1652 una mujer se plantó a las puertas de la iglesia de San Lorenzo a la salida de misa con su hijo en los brazos. Acababa de morir. De hambre. Gritaba y lloraba loca de dolor. Otras mujeres se le unieron a coro y comenzaron a increpar a los hombres llamándolos cobardes por no defender luchando como tales la vida de sus hijos. La cosa se fue calentando y en un rato se reunieron unos 600 cordobeses indignados que se dirigieron armados con las clásicas armas de armar revoluciones populares: tenedores de madera, hoces, guadañas, etc., a la casa del corregidor, quien enterado de lo que se le venía encima se refugió en la iglesia de los Trinitarios. Posteriormente se dirigieron al obispado donde el monse de turno, acojonado, abrió sus graneros y una vez en manos de la indignada muchachada fue obligado a acompañarla para que convenciera a los nobles de la ciudad para que abrieran pacíficamente los suyos. Hecho lo cual procedieron a nombrar a otro corregidor, de sangre noble también, faltaría más, quien los convenció de que volvieran a sus casas, que él se encargaría de todo. Se hizo pan con la harina del trigo incautado y el pueblo por unos días pudo comer.

La cosa fue tan grave y tan acojonante para los poderosos que el propio rey concedió perdón a los cabecillas y proveyó diligencias para que el trigo no faltara en la ciudad por un tiempo. Pero una vez con la barriga llena, los espectáculos taurinos costeados por la nobleza funcionando a tutti plen en la Corredera cada semana y la caldera supersticiosa cociendo cerebros y soltando humo de incienso como loca, la atroz normalidad volvió su cauce. Lo de siempre, vaya. Don Teodomiro nos lo cuenta de maravilla en sus Paseos.

La mayoría de estas oportunidades de hacer una revolución en condiciones y dar la vuelta de una puta vez a la injusta tortilla se acaban perdiendo por falta de organización, de tejido ideológico conjuntivo y de valor de llegar hasta el final por parte de un pueblo adocenado. Pero hubiera sido un buen momento para que se hubiera extendido la revuelta a todo el reino y que se hubiera acabado montando una buena República Federal y Popular Barroca de los Reinos Hispánicos que hubiera abierto mucho antes las vías revolucionarias que abrirían más tarde franceses y yanquis. Igual hubiéramos contado entre los inventos del genio hispánico, junto a la fregona y el autogiro, la guillotina, esa utilísima máquina que deja los cantos de los libros hechos un primor. Ella, entre otros muchos beneficios, nos hubiera ahorrado la lacha de tener que escuchar a un aristócrata subnormal insultar a los andaluces desde uno de sus palacetes usurpados al pueblo soberano. Y tal vez, con un poco de suerte, la metástasis cofrade seria hoy una enfermedad casi completamente erradicada.

Es cierto que las circunstancias, los tiempos, las creencias y los valores de aquel momento no son extrapolables a los actuales, pero sobre todo hay que tener en cuenta que esas situaciones son producto de una extensión del hambre entre las capas populares ya inaguantable, y aquí lo que se dice hambre, hambre…  Hambre... hambre... Bueno todo es empezar y como dice el recio e hirsuto refrán castellano: cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Se empieza por un mareo en la escuela...


domingo, 18 de diciembre de 2011

Cayetano de Alba viajará en la Máquina del Tiempo


Cayetano de Alba, aristócrata, quiere viajar por la máquina del tiempo a la Edad Media. Dice que allí se arreglaban los problemas mejor sin necesidad de pleitos interminables. A punta de espada. O tú o yo. Mis amigos de La Colleja le ha regalado una pa estos Reyes (con perdón).

miércoles, 14 de diciembre de 2011

De cuando Córdoba fue luz ética del mundo

Hubo en la Historia dos momentos en que el destino del mundo estuvo en manos de cordobeses. El segundo es de sobra conocido y ocurrió en el siglo X, cuando Córdoba fue capital de Al Andalus, el estado más poderoso de occidente por entonces. El primero lo es mucho menos y ocurrió fuera y bien lejos de sus murallas cuando un puñado de sus hijos y sobrinos dirigieron más o menos directamente los destinos del Imperio Romano. Este hasta ahora ignoto hito histórico es el hilo conductor que atraviesa la muy interesante novela que el escritor cordobés Alberto Monterroso, bajo el título de El emperador impasible, hace protagonizar al emperador Marco Aurelio. Tomando como modelo la eficaz estructura narrativa que Marguerite Yourcenar acuñó en su Memorias de Adriano, Monterroso deja hablar a un Marco Aurelio al final de sus días en una larga carta que dirige a un amigo cordobés sobre su vida, su visión del mundo, sus frustraciones, sus fracasos, pero sobre todo sus raíces andaluzas y su dependencia intelectual de Séneca, el filósofo más importante de la historia de Roma.

Con un estilo ameno pero profundo, Monterroso nos hace asistir con una minuciosidad sólo atribuible a quien conoce la época de la que habla al dedillo a los avatares de la azarosa entronización de Marco Aurelio como emperador designado por Adriano y los intentos reformistas que en ese momento histórico intentaron imprimir una serie de emperadores ilustrados a la estructura política del estado para democratizarla, para devolverle el espíritu participativo primigenio que perdió Roma cuando Augusto en sus últimos años decidió divinizarse, convertir la República en una monarquía, desvincularse de las decisiones de la curia e imprimir al estado una deriva claramente absolutista que recogerán con gusto sus sucesores inmediatos. Y la tesis principal de la novela es que esos intentos reformistas son hijos directos de la filosofía política de Séneca quien intentó llevarla a cabo durante el tiempo en que fue tutor del emperador Nerón y estuvo en su mano, pero sobre todo en su voluntad, la conformación de la filosofía política oficial del estado romano. Esta filosofía la basó el filósofo cordobés en la republicanización de Roma, la devolución al Senado de sus atributos decisorios originales, ahora en el marco de una Institución Imperial convenientemente mediatizada por la concepción estoica de una monarquía basada en el Imperio de la Razón. El sueño de Séneca fracasaría principalmente por la personalidad paranoico-tiránica de Nerón, pero su espíritu sobrevolaría por encima de los años ominosos y se encarnaría posteriormente en los conocidos como emperadores béticos: Trajano, Adriano y el propio Marco Aurelio, todos ellos con vínculos familiares muy estrechos con Córdoba.


Este complicado panorama lo va desgranando morosamente Marco Aurelio en la carta que sirve de soporte a la narración, infiltrando sabiamente en el discurso su propia desolación por la imposibilidad de llevar a cabo su ideal político. Como atribulados espectadores asistimos a las causas de su fracaso y que él asume con su profundo sentido estoico: las innumerables guerras en las que se va viendo envuelto a lo largo de su reinado y las traiciones de sus cercanos a las que va teniendo que hacer frente. Todo ello conducidos por el ajustado ritmo que Monterroso imprime a la narración, un ritmo sereno, templado, perfectamente adecuado al espíritu, estóico, de lo narrado.

Sólo cabría reprochar al autor algunas frecuentes caídas en un exceso de celo didáctico que lastran visiblemente el hilo conductor de la narración al obligar a la voz contante a aportar informaciones e introducir aclaraciones históricas o familiares que si bien son necesarias para un correcto entendimiento de la historia podrían haber quedado mejor más sutilmente embutidas en el corpus textual global.


Filosofía, política, historia, poesía, Córdoba, reivindicación de la cultura como fuente de liberación personal y social, relatos bélicos y ética, mucha ética, todo ello, lo que es de agradecer, en muy ajustadas dosis, pero sobre todo el acercamiento a uno de lo personajes más íntegros y cabales de la historia de la humanidad, un alma grande capaz de dejarnos una obra tan incomensurable como las Meditaciones cuya lectura o relectura, según corresponda, recomiendo complementariamente tras la de El emperador impasible.


Una lectura absolutamente recomendable en estos tiempos en los que la ecuanimidad, el concepto vital favorito de Marco Aurelio, es un bien tan escaso entre la atroz clase política que nos gobierna. Y en la no menos atroz clase gobernada.


Alberto Manuel Monterroso Peña
El emperador impasible
ALCALÁ GRUPO EDITORIAL
Alcalá la Real, 2009


En AMAZÓN


lunes, 12 de diciembre de 2011

Buscando Córdoba en los Estrechos Malayos (I)


Me fui a los estrechos malayos buscando las fuentes del malayismo cordobés. Para tratar de averiguar si la conexión entre nuestro Tigre Malayo y su Tigre Malayo compartían algo más que nombre y oficio. Infructuosamente. Después de preguntar en los más perdidos puertos y aldeas de aquellas costas que fueron nidos y azotes de piratas el Sandokán original había desaparecido del inmaginario nativo. Ahora los piratas vienen de tierra adentro y en lugar de sables curvos traen órdenes de deshaucio o expropiación, me dijeron. Nadie que no fuera un ocasional lector de novelas de Salgari recordaba a ningún Sandokán. Por lo que se puede decir que, aparte de en esas novelas del prolífico escritor italiano, contamos en nuestra ciudad con la gloria y la responsabilidad de perpetuar un mito que estaba en vías de extición: el del pirata popular, transmutado tanto aquí como allí en sujetos de traje y corbata y mucha mano en los despachos oficiales. Gracias a que a algún ocioso graciosillo de Cañero se le ocurrió bautizar a uno de sus vecinos con el nombre del pirata malayo por su evidente parecido con su avatar televisivo, esta ciudad tiene ha tenido el honor de haber sido el origen del nombre impuesto a la mayor Operación Policial de Piratería Urbanística en toda la Historia Reciente de España. La Operación Malaya se llamó así porque en el núcleo de su actividad delictiva se hallaba un cordobés apodado Sandokán.

Pero ya una vez allí no me iba a dejar arrastrar por la achocolatada corriente del fracaso y ahogar mis penas exclusivamente en hectolitros de deliciosa TIGER, sino que decidí dedicarme en cuerpo y alma a buscar cordobesadas en otros caladeros. Y San Rafael me guió haciéndome seguir su olorcillo a pescao un tanto rancio hasta el mismo puerto de Singapur. Allí se alza un impresionante Museo a las Civilizaciones Asiáticas dedicado. Y en el que por supuesto existe un apartado de arte islámico. Chaaaan-ta-ta-chaaan. ¿Cuál es la pieza estrella de la exposición permanente de Arte Islámico en el Museo de las Civilizaciones Asiáticas de la ciudad estado ecuatorial? Pues una gigantesta página de Corán del principios del siglo VIII, de origen desconocido pero de ubicación aproximable. Según el texto explicatico se trata claramente de una monumental hoja de Corán (70 x 60) para uso de una mezquita (tal vez para un imán miope) escrita sobre piel y con la característica caligrafía primitiva abasí procedente del Norte de África. Teniendo en cuenta que la totalidad de los textos escritos en lengua árabe que se confeccionaron en Al Andalus y que no fueron quemados por las tolerantes autoridades católicas, fueron pasando al Norte de Africa a lo largo de los diferentes exilios hemos de considerar la posibilidad de que dicho Corán hubiera sido confeccionado y hubiera estado expuesto para su lectura en la Mezquita de Córdoba a lo largo de todo el siglo VIII y quién sabe si no hasta la invasión cristiana. Las otras opciones dada la tempranidad de su confección es que lo hubiera sido o para la mezquita de Amr de El Cairo o para la de Kairouan y nunca hubiera estado en Córdoba. Así que ese sería el cálculo: un tercio de las posibilidades de que se tratara de una pieza cordobesa, uno de los primeros textos excritos en árabe en nuestra tierra. En todo caso podemos imaginar que en la Mezquita de Córdoba hubo uno idéntico o muy parecido a ese. Y a últimas podemos pedir que se le haga la prueba de ADN al pergamino para ver si la cabra o la oveja que le sirvió tan duraderamente de soporte procedía de nuestras sierras o campiñas.



En el mismo museo cuentan con otro ejemplar de las mismas características pero mucho más pequeño, del mismo estilo y probablemente del mismo origen. Así mismo pueden contemplarse en sus vitrinas una veintena de Coranes de muy variadas procedencias y épocas. La mayoría de ellos son andalusíes de los siglos XII o XIII que pueden preceder de cualquier lugar de Al Andalus o incluso de Marruecos, donde arraigó también el estilo de escritura andalusi, muy característica y diferente a cualquier otra.

Un poco más al norte, en la capital de Malasia, Kuala Lumpur, encuentro un magnífico Museo de Artes Islámicas que cuenta entre sus más preciados tesoros con una buena colección de hojas de Corán de las épocas de fundación y primera expansión, algunas de las cuales son claramente andalusíes, de entre los siglos VIII y X. La posibilidad de que pudieran haber sido confeccionados en Córdoba para uso en la Mezquita es alta. Y si no, pues casi, que total kilometrillo o legua arriba o abajo qué más da. Aún pertenecen al mundo abbasida, aunque ya apuntan a elementos propios de las características que desarrollarían los calígrafos y artistas de la órbita omeya andalusi.



Hoja de Corán andalusi o norteafricano del siglo X. Museo de las Civilizaciones Asiáticas de Singapur.



Hoja de Corán andalusi o norteafricano del siglo IX. Museo de Artes islámicas de Kuala Lumpur.


La que casi con toda seguridad se trata de una hoja de un Corán confeccionado en Córdoba y muy probablemente en Medina Azahara es la que se exhibe en el mismo museo y que aparece también rotulado como del siglo X de procedencia andalusi o norteafricana:


Se trata de una caligrafía que ya apunta totalmente al estilo propiamente andalusi que comenzó a desarrollarse a lo largo del siglo X en la Córdoba califal, concretamente en los talleres de Medina Azahara y que se extendió por todo Al Andalus y los reinos maghrebíes occidentales (actual Marruecos). Tanto en las basas de las columnas de Medina Azahara como en la cerámica verde manganeso de sus talleres encontramos los primeros rasgos de ese tipo de caligrafía en su vertiente más decorativa: la terminación floral de los caracteres cuya estilización daría lugar a la típica caligrafía andalusi. Ambas, la terminación floral de dos caracteres (L y K) del lema omeya ALMULK (El Poder) de un ataifor azaharí y su estilización en un caracter (D) de El Corán que se expone en el Museo de Kuala Lumpur se perciben perfectamente en ambas imágenes que cuelgo. Es una pena que el profesor Souto, el acertadísimo epigrafista especializado precisamente en esta época, que nos dejó tan recientemente, no pudiera venir en mi ayuda para corroborar o -tal vez- refutar mi quizás temeraria teoría.



AMENAZA: (CONTINUARÁ)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Fascismo cordobés: Plan PONS belleza en siete libros (II)

IR A LA PRIMERA PARTE

Continúa por parte del facherío nacional la titánica e inexorable tarea de maquillar con toneladas de cremas desescamantes el correoso pellejo criminal del franquismo para convertirlo definitivamente en la sonrosada tez de una, tal vez con un poquito de mal genio pero respetable, señora de buen ver. En Córdoba especialmente. Y en concreto en la esforzada faena hagiográfica emprendida recientemente por una serie de hintelestuales y herudos locales en torno a la saga caciquil franquista por antonomasia: los Cruz Conde.

Si este país fuera un país normal, perfectamente adaptado a las circunstancias histórico-éticas surgidas en Europa tras el triunfo del liberalismo sobre los totalitarismos de índole fascista, toda esa patulea de pseudohistoriadores en función turiferaria podrían ser incluso juzgados por apología del terrorismo y exaltación de los crímenes de estado. Pero ya sabemos dónde estamos y quienes son los que son juzgados por investigar esos mismos crímenes. Un país donde al dictador más sangriento de Europa se le rinde homenaje perenne en un delirante panteón que se construyó para sí y para glorificar sus crímenes y que hubiera envidiado el propio Mausolo. Así que no nos queda más que soportarlos porque siguen pagados como siempre por los dueños de la casa, del caballo y la pistola, pero sobre todo son los dueños de los altavoces y, como consuelo, tratar de molestarlos rompiendo la cómplice unanimidad de la información local sobre ellos.


La palma del esfuerzo incensario se la lleva el pertinaz proceso de beatificación del que fuera alcalde de la ciudad durante los años de plomo de la dictadura franquista, el naci-onalcatolicismo, es decir, el responsable máximo, nombrado directamente por el Caudillo, del campo de concentración en que convirtieron todas y cada una de las ciudades españolas la banda de facinerosos que tras asesinar a casi la mitad de la población secuestraron y robaron a la restante por 40 años: Antonio Cruz Conde.

Toda la historiografía seria europea y española (excepto la heredera de los presupuestos ideológicos del crimen) coincide en señalar como un genocidio programado la represión que siguió al golpe de estado frustrado y devenido guerra (in)civil y a sus muñidores y perpetradores como delincuentes internacionales. Así que lo normal sería que todos los participantes en grado de responsabilidad en aquel horrendo crimen fueran considerados peligrosos delincuentes, juzgados los que estuvieran vivos e infamados como tales los nombres de los que ya hubieran muerto. Pues en esta ciudad hay un empeño tenaz, en medio de un silencio atronador cuando no otorgante de la intelectualidad democrática, en sostener lo contrario, la beatificación de aquellos responsables y cómplices, cuya palma de la infamia se la lleva el mantra de regurgitación cíclica que una serie de indecentes apologistas del franquismo no paran de emitir de que aquel naci-onalcatólico falangista que gobernó antidemocráticamente la ciudad durante los años 50 fue el mejor alcalde que la misma tuvo en todo el siglo XX. El hecho de que sus competidores por dicho título alcanzaran el cargo por riguroso y democrático método legal electivo y él como botín de guerra no parece contar para nada. Tampoco el hecho de que realmente aquellas fazañas del franquista empedernido Cruz Conde tampoco fueran para tanto y consistieran más que nada en una pastichización y kitschificación de la Judería para consumo de turistas despistados y rapsodas locales de capa y caspa y en la creación del aeropuerto más inútil de la historia de la aviación mundial.

El sentido de esa reivindicación, basada en burdas fasificaciones de la realidad, fue siempre no conceder ni un sólo gramo de reconocimiento a los alcaldes de izquierdas que han gobernado la ciudad, tanto en tiempos de la República como en los de la post Transacción. Se trataría de oponer una figura mítica, titánica, de dimensiones políticas colosales a la que no podrían ni llegar a la altura del betún cualquiera otra anterior ni posterior en el por otra parte estúpido ranking de excelencia edílica. Cuando sólo la figura de Julio Anguita, el primer alcalde elegido mediante las urnas tras la noche franquista, se alza moralmente varios kilómetros por encima del que fuera introductor en Córdoba de la Falange, la criminal asociación responsable de cientos de miles de asesinatos a sangre fría de ciudadanos españoles y varios miles de cordobeses y sostenedor eficaz de la dictadura más sangrienta de todo el siglo XX europeo. O la del último alcalde socialista, Manuel Sánchez Badajoz, que intentó en su corto mandato solucionar muchos de los problemas que la ciudad había heredado desde los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera a causa del monumental endeudamiento en que la dejaron los dos alcaldes Cruz Conde anteriores, esa especie de monarquía municipal, y que sería fusilado por los camaradas del futuro alcalde naci-onalcatólico. La vergüenza de la izquierda local gobernante desde la Transacción, ha sido no haber puesto nunca las cosas y los nombres de los criminales y sus cómplices en su sitio. La apología que de este individuo hiciera en cierta ocasión la que luego fuera traidora alcaldesa y chalana política, Rosa Aguilar, habla a las claras de la catadura moral con luego apuntaló las últimas (esperemos) bocanadas de su carrera.

Varios libros y sienes de artículos en la paniaguada prensa local en los últimos años dan fe de lo que digo. Ahora le toca el turno a su tío José Cruz Conde, el militar africanista, exterminador de kabileños y poligolpista contumaz, protagonista de una monumental hagiografía en forma de Memorias perpetrada por el uconauta profesor Enrique Aguilar, que parece que anda también detrás de la concesión de la banda de la Orden de Abrillantadores del Final de la Espalda de los Cruz Conde y a la que ya pertenecen por méritos propios otros ejemplares de la fauna cavernícola cordobesa como el concejal ensalzador de la División Azul Primo Jurado y el jurásico erudazo Solano Márquez, ambos con libro-crema facial regeneradora del franquismo, vía delirantes hagiografías del alcalde franquista que aún, vergüenza-vergüenza, da nombre a toda una barriada cordobesa. Como también dan vergonzosamente nombre a otras tantas barriadas el testiculoincensado obispo Fray Albino, redomado racista y (adaptador del Mein Kampf de Hitler para niños) y violento defensor del fusilamiento sumario como método de convicción masiva de disidentes) y el rejoneador Cañero, valiente rastreador y cazador a caballo y escopeta de republicanos huidos del genocidio en la sierra, a quien también se pretende maquillar desde la derecha más cerril, plenamente integrada en parte del actual equipo municipal por ejemplo, al que una comisión de orodentados pretende erigir un monumento. No sé si alguna otra ciudad española ha conservado tantos nombres infames en sus muros. Al menos incontestados. Y eso que ha estado casi 30 años gobernada por supuestos herederos del Partido Comunista. Que ya es tener tiempo para adecentarlos.

Si en este país tuviéramos una derecha de pedigrí civilizada y no la panda de cavernícolas de sacristía pegados a las faldas clericales y vigilantes de que no se mancille el honor de sus abuelos genocidas, negando el holocausto que generaron y la aceptación del más mínimo resarcimiento, el moral, para sus víctimas. Si no tuviéramos por derecha una panda de desharrapados ideológicos que ha permitido que el partido socialdemócrata supuestamente de centroizquierda le usurpara por ello durante años su papel. Si tuviéramos una derecha homologada a la europea que sólo se dedicara a cumplir con su obligación de malvender el patrimonio público para que se forren aquellos a quienes de verdad representan y a acelerar el trasvase de rentas de abajo a arriba, podríamos sentir que vivimos en la normalidad europea. Pero parece que el sino de este país es seguir manteniendo el logo que acuñó para él uno de aquellos fascistas, aún vivo por cierto: Spain is diferent. Así que podemos decir que contamos con la única ultraderecha que gana elecciones con mayoría absoluta de todo el espacio comunitario europeo y a una derecha civilizada que exige que se la reconozca como izquierda.

Pero con todo, lo más lamentable es el atronador silencio de la intelectualidad progresista cordobesa. Vergüenza da verla lloriquear porque no le conceden a los patios cordobeses el título de Patrimonio de la Humanidad cuando no han movido un dedo para conseguir que el genocidio franquista consiguiera el de Crímenes contra esa misma Humanidad. Si es que existe o ha existido algo parecido a una intelectualidad progresista en esta atroz ciudad de esquinas marcadas con orina de cura. Ni profesores, ni artistas, ni políticos, ni historiadores, ni periodistas, esa profesión completamente desaparecida en su esencial sentido de mantener informada a la ciudadanía. Nada ni nadie. Miedo y vacío. Asco. Y la delirante dejación de la izquierda política que en 30 años de poder municipal no ha sido capaz de erigir o propiciar ni un medio de comunicación con vocación progresista que contrarrestara la ominipresencia de la voz del franquismo y de la clericalidad más reaccionaria en todos, absolutamente todos los medios de la ciudad. Sólo entreguismo y pachorra. A verlas venir. Y ya han llegado. Y para quedarse por mucho tiempo si el cambio climático ese no nos da lo que merecemos de una puta vez.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Fascismo cordobés: Plan PONS belleza en siete libros (I)

A pesar de su longitud se recomienda su visionado completo armados de pañuelos suficientes. Risas y llantos por igual asegurados. Patrocina JABÓN LAGARTO.


Plan PONS (1), belleza en siete libros


PRIMERA PARTE: El martirio de San José Sé Sé


He de confesar que tras encajarme en el selebro de una sola tacada el video en el que el profesor de Historia Contemporánea de la UCO Enrique Aguilar Gavilán, cómodamente sentado en un sofá ante las cámaras de la una cadena de televisión local cordobesa y armado con una superesponja de delirante cobismo, enjabona con una casi enfermiza minuciosidad hasta el más recóndito, innombrable y aromático rinconcillo de la memoria del cacique poligolpista y matamoros cordobés José Cruz Conde, no he podido impedir que me se agarre un nudo en tol gañote y me se sarten las lágrimas de sentimiento sentimentar der güeno. Y no sólo porque me haya transportado por el túnel del recuerdo a las Vidas de Santos que consumí de niño y que abandoné, insensatamente, a los 12 años, sino porque siempre me toca la fibra emotiva la contemplación en acción de un verdadero apolojeta. Pero es que ni un defectito, oiga. No había leído un ejercicio hagiográfico de tan vibrantes timbres desde los ardorosos enfrancamientos del gran Pemán. Lo único que le ha faltado decir al enardecido profesor es que nuestro entrañable cacique era tan sublime que incluso deposicionaba cerullos de una milagrosa perfección cilíndrica. ¡Qué entrega en el restriegue, oiga! Pareciera que en lugar de hablar del individuo que coordinó las acciones de los perpetradores civiles y militares materiales del golpe naci-onalcatólico del 18 de julio en la ciudad de Córdoba se tratara de, qué sé yo, un cruce entre el Padre Damián atrapado en Molokay y un Nehru de Los Dolores. A partir de ahora San José Sé Sé.

Pero si las inefables virtudes de toda laya que adornan a tan conspicuo personaje son lubricadamente inventariadas por el emosionadísmo profesor no se quedan atrás los no menos ardorosos, y eficaces, intentos de enternececimiento lastimero a que nos somete con la descripción no menos minuciosa de los insoportables padecimientos a que el nobilísimo, modernísimo, concienciadísimo socialmente, implementaorisímo personaje padeció en su exilio madrileño en sede diplomática durante tres años mientras las furias asesinas que contribuyó a desencadenar convertían todo el país en un infierno. Hubo días que ni lavarse pudo el pobrecillo, gimotea tristemente el profesor. Eso sí, lógicamente y para no desequilibrar el cuadro penoso, el tierno profesor no desperdicia ni una sola lagrimita, ni un hipido para los más de 4.000 de sus paisanos que fueron asesinados a sangre fría y arrojados a una fosa común tras jornadas de terror en las improvisadas cárceles falangistas fruto de su eficaz actuación como coordinador del golpe de estado fascista que movilizó a los asesinos materiales y que conllevaba un prediseñado plan de genocidio del mayor número de republicanos y republicanas cordobeses. Ni por sus viudas y huérfanos. Ni por los torturados. Ni por las mujeres violadas, rapadas y ricinadas por sus colegas. Ni una sola. Debe ser que entre tanta agua jabonosa en su bibliografía no encontró el libro de Francisco Moreno Gómez en el que se explica meridianamente las consecuencias de su eficacísima gestión coordinadora. O le quitó tiempo para ir a ver La voz dormida de Benito Zambrano.

Pero tampoco se deja arrebatar del todo nuestro alabancero profesional por el arrobo místico-cobista, ni por la meliflua untosidad zalamera. No. También echa mano a la furia defensora que se le desencadena cuando con la vena del pescuezo hinchada refuta la afirmación de una… indocumentada investigadora –a la que merecidamente despacha con un displicente manotazo- de que el modernísimo político arruinó a la ciudad por varias décadas en su breve paso por el ayuntamiento a causa de los magalomaníacos proyectos emprendidos en exclusivo beneficio de la burguesía a la que pertenecía. ¡Mentira!, grita iracundo como si le hubieran faltado a su propia madre (min. 13'50). Ni una sombra de mácula permite en su vaselínico supositorio discursivo el aguerrido profesor que caiga sobre el personaje al que pretende monolíticamente beatificar en forma de libro. La recopilación de los escritos de don José en ese su tristísimo exilio diplomático. Con el título de Memorias de José Cruz Conde nace la criatura. Persecución, encierro y martirio de San José Sé Sé por las hordas marxistas contados por el mismo le hubiera venido probablemente mejor.


En la entrevista (2), emitida con el libro que acababa de publicar recién salido, dice nuestro franquismiquis profesor que la presentación ocurriría en breve porque estaban esperando una ocasión propicia para propulsarle toda la importancia, todo el boato que se merecía. ¡Y tanto! No tuvo que esperar demasiado. La ocasión propicia fue la de esperar hasta poder colocar una pica franquista en el recién conquistado por el PP Salón de los Mosaicos del Alcázar, de propiedad municipal. Todo un símbolo, un gesto de toma de posesión mediante un acto de afirmación naci-onalcatólica de un territorio que los fachas locales sentían arrebatado por los herederos de los rojos a los que sus antepasados ideológicos (y biológicos, claro, casi siempre) intentaron ya en una ocasión exterminar. LA TOMA DEL ALCÁZAR, hubiera sido un buen título para el ahora exultante Acorazado ABC. Ahora toca reivindicar o más bien restaurar otra memoria: la de los vencedores de la Revolución Fascista del Glorioso Movimiento Nacional. Un tanto vapuleada en los años de jodida democracia por las acusaciones vertidas sobre ellos de delincuentes, ladrones y sobre todo genocidas por parte de los herederos ideológicos (y también biológicos, claro) de los vencidos. Una panda de impresentables resentidos. Con un mu mal perder.

Allí estaba el flamante alcalde Nieto con su discursito bien dobladito y planchadito, probablemente escrito por su asesor en materias de simbología naci-onalcatólica el concejal admirador de la División Azul, Juan José Primo de Jurado, que también estaba, cómo no, allí. Aseaditamente el joven munícipe destacó que José Cruz Conde dejó una huella indeleble en la historia y fisonomía de Córdoba. ¡Y tanta! Alguien debería explicarle al joven alcalde, por si no lo sabe, que fisonómicamente la Córdoba que diseñó el próximo santo del santoral local quedó mu molona pero se hizo a costa de destrozar buena parte del casco antiguo medieval más grande y mejor conservado de Europa para que la burguesía cortijera cordobesa –la peor al oeste del cabo de Palos, con perdón de Granada- se construyera su ensanche en el mismísimo corazón de la ciudad y no extramuros como se venía haciendo en ciudades menos salvajes y que la lógica urbanística ya canónica entonces ordenaba. Amén del brutal endeudamiento en beneficio exclusivo de la burguesía en que dejó a la ciudad y en cuyo desembarazo se empleó a fondo el último alcalde socialista de la ciudad, fusilado por los falangistas a los pocos días del golpe coordinado por nuestro angelical paisano del 18 de julio.

En lo histórico desde luego que dejó una huella indeleble, sobre todo como coordinador experimentado en golpes de estado contra las legalidades vigentes. Primero como coordinador del golpe de estado de Primo de Rivera (1923), quien lo premió con la alcaldía de la ciudad y con el gobierno civil de Sevilla después, y posteriormente del fascista de 1936, cuyo premio para él ya sabemos que fue tener que asearse tristemente con un pisapapeles de bronce para no gastar cuartillas con que narrar a la posteridad sus tristes cuitas en una lujosa residencia diplomática. En el primero ahuelló pisoteando los derechos de todos los trabajadores de la ciudad, base política de aquella Dictadura. En el segundo ahuelló facilitando muy eficazmente el desencadenamiento de un genocidio que tuvo como resultado la eliminación física y a sangre fría de 4.000 de sus paisanos y la brutal destrucción de un régimen político que por primera vez colocaba al país y a la ciudad en el concierto de las democracias europeas del siglo XX para transportarlas en tres años al siglo XIX en lo social y al XVII en lo moral y religioso. Eso es dejar huella. Eso es ser moderno y tener visión de futuro.

También estaba presente el sobrino nieto del homenajeado, el canónigo Fernando Cruz Conde, conocido, siguiendo la tradición familiar de contribuir a la boyantía de la ciudad, por sus responsabilidades en la quiebra de Cajasur, a quien tocó el papel de humorista de la velada. Da mucha risa escuchar a este venerable sacerdote explicar que la publicación de los escritos del poligolpista militar deberían servir para la reconciliación, porque eso es lo que hemos vivido en la familia. Comentar ese deseo sería romper el encanto de la carga de fina ironía y el humor socarrón que contiene. Mucho más graciosa fue su descripción del tío Pepe, como un hombre de espíritu caballeresco que vivió al servicio de la paz. Lo de caballeresco debe referirse a su conocida afición formando parte de un ejército regular invasor de un territorio soberano a cargar a caballo contra los paupérrimos rifeños nativos que defendían su tierra con el fin de masacrarlos artesanalmente. El General Custer de Los Dolores Chicos. Eso sí, al servicio de la paz. Exactamente igual que sus fazañas posteriores, éstas mucho más industrializadas.

El que, fiel a su zorresca (de zorro, de astucia, que últimamente todo hay que aclararlo, como el juez Del Olmo), y maquiavélica habilidad para andar sin mancharse por fangales y veredas como el armiño del cuento, mantuvo el tipo fue el editor, Manuel Pimentel, que se deslizó magistralmente, éste sí con una socarronería de 24 quilates, resaltando la “trascendencia” que con libros y actos como éste adquiere el personaje. Ahí es nada. Pecunia non olet. Quien quiera entender que entienda.


¿Qué significado cabe descifrar de semejante perolete de indecencia, semejante escupitajo colectivo sobre las víctimas del franquismo, sobre los miles de enterrados en las fosas comunes? Pues muy fácil. Se trata del acentuamiento del proceso de desatranque de las cloacas del franquismo en que viene empleándose ardorosamente los sectores más reaccionarios y herederos ideológicamente de aquél con la ayuda de una serie de fontaneros vocacionales o contratados. Los César Vidal, Pío Moa, miembros de la Real Carcademia de la Historia y demás artistas del chupón se dedican al ámbito nacional, pero a nivel local también existen desatrancadores muy profesionales. En Córdoba, que la familia Cruz Conde no necesita por sí misma a estas alturas limpieza de blasones alguna porque ya no es lo que fue y nadie de dentro lo solicita, el abrillantamiento viene dado por gentes ajenas a la misma, que han comprendido que sus más conspicuos miembros representan la esencia y la ciencia del franquismo y que su reivindicación es imprescindible para convertir la memoria histórica del genocidio que perpetraron sus abuelos en una sopilla un pelín recia pero perfectamente digerible para las nuevas generaciones. Podrían perfectamente dejarlos dormir el sueño piadoso del olvido, pero para ellos el enjabonamiento de la estirpe (un curioso caso de monarquía municipal) de políticos cruzcondianos, completamente pringados con un régimen en todo equivalente al nazi alemán y al fascista italiano, perpetrador de crímenes perfectamente homologables con los de aquellos, es imprescindible para ese fin.

Hoy le ha tocado a San José Sé Sé, un tanto olvidado, a pesar de que cuenta para vergüenza de todos los políticos municipales de izquierdas desde el 79 que no se lo retiraron, violando sistemáticamente a partir de su emisión la Ley de la Memoria Histórica, con el nombre de la principal calle de la ciudad, pero el verdadero caballo de batalla es la reivindicación de su sobrino el alcalde falangista Antonio para quien la caverna reaccionaria solicita desde hace años la consideración de mejor alcalde de Córdoba desde la fundación de Claudio Marcelo, su elevación a los altares, la erección de un monumento de 30 metros, la colocación de veinte placas recordatorias, la dedicación de treinta calles, una por barrio y la declaración oficial de la persona que mejor comía y a quien mejor le sentaba. Y con el cual el plan CREMA PONS está siendo especialmente generoso porque viene siendo usado en varios libros hagiográficos de una efectividad divina de la muerte. Centrará la segunda parte de esta entrada.

El equivalente a la visión que esta patulea indecente quieren reivindicar sería que en Alemania hoy día se tratara de dar la idea por una parte de la historiografía oficial (universitaria, estatal y municipal) de que a Hitler, Goering, Goebbels, Himmler tal vez se les fue la mano con los judíos, los gitanos, los homosexuales y los comunistas pero proporcionaron vacaciones pagadas a los obreros alemanes, dejaron las ciudades hechas un primor y pusieron a Alemania definitivamente en el ojo de la Historia como desencadenantes de la inevitable e imprescindible II Guerra Mundial.

Para terminar esta primera parte dos cositas más. Recordar sólo como pequeña aportación a la hagiografía emprendida por nuestro franquismiquis (3) profesor de la UCO que Joaquín Romero Murube, el falangista poeta amigo de los poetas rojos, escribió y publicó clandestinamente (1937) un bastante desconocido romance, Romance del Gobernador, durísima diatriba contra el que fue Gobernador civil de Sevilla y Comisario regio durante la Expo del 29, José Cruz Conde, al que Joaquín Romero acusa, entre otras lindezas, de putero y borracho.

Y reconocer las divinas virtudes intermediarias de San José Sé Sé para quien airea sus santidades, con las mismas propiedades enteógenas que la de San Pancracio: concesión de salud y trabajo. Salud se le adivina concedida a simple vista al lozano hagiógrafo uconauta. En cuanto al trabajo, no hay más qué ver cómo se le acumulan últimamente los nombramientos llovidos del cielo del PP encima de la mesa. Ese cielo donde se codean con el mismo Dios, que, como todo el mundo sabe, es de derechas de toda la vida.

La Vida del Santo esperaré a que esté en la bibliotecas. Me interesa lo que pasaba por la cabeza del pobre San José Sé Sé en su tristísima y penosísima prisión de altos techos con molduras rococós, pero desde luego no pienso soltar ni una cala para adquirirlo.


CONTINUARÁ: IR A LA SEGUNDA PARTE


NOTAS:


(1) Como he comprobado que todos aquellos lectores que calcen menos de treintaipico no tienen ni zorra idea de qué es eso del Plan PONS tendré que explicar que durante años y años en la TV española uno de los anuncios más reproducidos fue el de una crema facial, de marca PONS, que una dulce voz femenina publicitaba como Plan PONS BELLEZA EN SIETE DÍAS, que prometía milagros cosméticos en la más poco agraciada de las mujeres a la semana de ser usado. Forma parte del acerbo de muletillas grabado a fuego en la corteza cerebral (ahora llamado disco duro) de todos los españoles que superen aquella edad.


(2) Del impresionante estado del periodismo profesional en esta ciudad da medida la obsequiosísima actuación de la entrevistadora que en ningún momento pone en apuro alguno a quien está derrochando una ristra de afirmaciones que cualquier persona mínimamente versada en historia de España podría poner en duda, o al menos cuestionar en algunos de sus matices. No es culpa de la chica, desde luego (o sí, quién sabe), sino de quien diseña esos aguachinados espacios sin la más mínima voluntad de espíritu periodístico.


(3) Franquismiquis (franquistas tiquismiquis) es una categoría de derechistas que no osan declararse herederos directos del franquismo, aunque no osan tampoco condenarlo como cualquier derechista normal europeo haría con el equivalente en su respectivo país. La inmensa mayoría de los militantes, simpatizantes y políticos de la UCD (partido en el que militó nuestro profesor cobista) lo fueron en más o menos grado, desde los franquistas vergonzosos o franquichurris hasta los franquenstinos (cercanos a Fraga).

De vuelta del/al país de los tigres malayos

Chinatown de Singapur, esa Disneylandia con pena de muerte

Después de un mes rodando por esas Malasias de los dioses, verdaderos y falsos todos arremesclaos, practicando lo que siempre Lansky me recuerda: el turismo ilustrado y que yo acepto convencido, regreso al blog quizás ya por poco tiempo. Ando pensando cerrar este chiringuito no sé si temporal o definitivamente y dedicarme a placeres más convenientes también temporal o definitivamente. Entre otros y de momento embucharme morosa, relajadamente el último y monumental regalo del profesor Fontana, Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945. Estoy cansado de escribir siempre sobre casi las mismas cosas y en el mismo tono y además estoy convencido de que no se me echará nada de menos. Lo cual, tal como se están poniendo las cosas últimamente, es hasta de agradecer. En el viaje, del que tal vez dé cuenta en los próximos días en alguna entrada, más por dejarlo fijado para mí mismo por escrito que por prurito comunicativo, no pude dejar de entrar en la red de vez en cuando e incluso permitirme colgar alguna entrada en el magazin digital en el que colaboro: La Colleja. Así el día de antes de las elecciones del fatídico 20N me dediqué a visitar cuanto templo de cuanta religión encontré en una ciudad plagada de ellos y ellas para suplicar a sus dioses, por si alguno era verdadero y se podía apiadar de este pobre país, que no ganaran absolutamente las elecciones quienes por fin las ganaron de ese modo. Si alguno de los amables amigos que me tienen en sus avisadores tiene curiosidad por comprobar el relato del periplo templario puede encontrarlo AQUÍ.

Mis últimas colaboraciones en La Colleja también las colgaré por aquí. Pero ya digo que mejtoy quitando... mejtoy quitando... solamente me meto de vejencuando. En un rato la última de ellas en la que doy cuenta de que esta ciudad de Córdoba en la que me tocó nacer, pacer, padecer y también ser feliz, no tiene definitivamente remedio y que no merece la pena jugarse ya nada por defender una racionalidad y una visión de la decencia en la que siempre creí. Bueno, exagero, porque en realidad y como dice el ya acreditado lema collejero: abandonada toda esperanza, sólo queda molestar. Y cuando digo jugarse lo digo con todo el sentido. Los fachas de esta ciudad están muy, pero que muy crecidos y son muy, muy peligrosos. Sólo queda por ver cuál será el alcance real de sus amenazas.

viernes, 28 de octubre de 2011

"El espíritu de Córdoba": historia de una búsqueda

El primer libro que leí de Ikram Antaki (1949-2000) fue La cultura de los árabes (Siglo XXI. México, 1989). Lo encontré por casualidad en una librería hoy desaparecida de la calle San Nicolás de Pamplona en la época en que mi afición al arabismo estaba en pleno auge y me lo pillaba todo. El libro me impresionó porque se trataba de un ensayo escrito por una mujer árabe que vivía en México y que se implicaba personalmente en la materia que estudiaba. Hablaba objetivamente pero también subjetivamente. Y lo decía. Probablemente haya sido el libro que más me enseñó sobre el alma de las sociedades árabes de todos los que leí por aquel entonces.

En 1996 C. y yo realizamos un largo viaje de tres meses por toda Centroamérica con especial dedicación a México. Allí, en el DF, en la librería El Sotano de Coyoacán encontré dos libros de poesía de ella. Los disfruté a lo largo de todo el viaje. Me gustaron mucho, pero cuando llegué a España habían desaparecido misteriosamente del equipaje. Nunca supe en qué lugar, mesilla de hotel, red de autobús, se quedaron. Ni recuerdo los títulos, pero todavía los echo de menos.

Aunque ya había publicado (1994) el libro protagonista de esta entrada yo no supe, extrañamente, de él hasta muchos años después, hasta muy recientemente, el día en que la escuché a ella misma referirlo en un archivo radiofónico que bajé de la red, uno de los programas que elaboraba en México y que se pueden descargar en una página en la se cuelgan también los textos de los mismos. Absolutamente recomendables.

Lo que decía era que el libro del que se sentía más orgullosa era El espíritu de Córdoba, aunque no daba más datos de su contenido. Me puse como loco a buscar y hallé noticia en la red de que se trataba de una novela en la que la autora hacía dialogar a Averroes y Maimónides a base de cartas que intercambian los dos filósofos cordobeses desde sus respectivas ubicaciones: Córdoba y El Cairo. Su objetivo fue captar y fijar en un texto aquel espíritu de colaboración intelectual entre diferentes corrientes de pensamiento mediatizadas por diferentes formas de entender la espiritualidad que se dio en un momento del comienzo de la Europa moderna y en un lugar, Córdoba, capital de un estado, Al Andalus, en el que ocurrió, como dice González Ferrin, el primer Renacimiento europeo, pero que tuvo la mala suerte de hacerlo en árabe. Un tema apasionante que, conociendo la profundidad intelectual de la autora, prometía un verdadero festín textual.


Así que me puse manos a la obra de su búsqueda inmediata. Lo primero fue tratar de hallarla en alguna librería de la red. Inútilmente. Ni en Amazon, ni en ninguna librería mexicana, lugar de su edición, Planeta, 1994. Ni rastro de algún posible punto de venta. Segunda posibilidad: bibliotecas. ¡¡¡Bien!!! Puesto el motor de búsqueda a trabajar me comunica que sólo existía un ejemplar en toda España pero que era accesible porque estaba en una biblioteca pública: la de la Diputación Foral de Navarra. Problema: en la biblioteca de Córdoba habían sido cortadas las peticiones de préstamos interbibliotecario por falta de presupuesto. Imposible hacer una excepción y eso que traté de avergonzarlos diciéndoles que parecía mentira que en la ciudad beneficiada por el título de tan prestigiosa obra no hubiera ni un solo ejemplar. Nada, ni conmoverse. Mi gozo en un pozo. Tendría que esperar tal vez años a que se levantara la prohibición o a tener la oportunidad de viajar a la semiártica Navarra.

Pero hete aquí que el día de la movilización quincemayera ante el ayuntamiento de Córdoba por la toma de posesión de la caverna política cordobesa, me encuentro a mi amiga M. L. mexicana afincada desde hace años en Córdoba que me comenta de pasada, entre alusión y alusión al poco pan y mucho chorizo, que en unos días viajaría para pasar una corta temporadita a la Guadalajara jalisciense. Sin demasiada fe le comento y solicito que en sus jaliscienses paseos cada vez que pasara por una librería de lance preguntara por si un milagro hubiera hecho a alguien deshacerse de un ejemplar, porque comprobado estaba que la edición estaba agotada.


Un mes y medio después me la vuelvo a encontrar en la conferencia que Carlos Taibo dio en el bulevar y casi sin mediar saludo me abre por sorpresa un cesto que llevaba: allí en su fondo, amorosamente acunado, un montón de fotocopias perfectamente encuadernadas de El espíritu de Córdoba. Y me cuenta, ante mi alegría primero, mi escándalo después por el esfuerzo que tuvo que hacer y mi risa finalmente por la manera tan rocambolesca como lo consiguió, que se pasó todo un mes peinando infructuosamente todas las librerías de la ciudad e incluso llamando por teléfono a otros lugares en los que contaba con amigos que lo buscaran. Que abatida por el fracaso de la búsqueda se lo comentó a una de sus mejores amigas a quien visita siempre que cruza el charco, Yolanda Zamora, conocidísima conductora desde hace 25 años del más importante programa radiofónico cultural de Guadalajara y a quien ella puso al tanto de la tarea que se había (le había yo insensatamente) encomendado. Que Yolanda entusiásticamente asumió así mismo el reto y ni corta ni perezosa hizo un un primer e infructuoso peinado entre todos sus conocidos para lanzarse a un llamamiento a través de las ondas de la radio jalisciense solicitando que si alguien poseía un ejemplar del libro tuviera la amabilidad de comunicarlo. Que tres fueron tres los amables poseedores de ejemplares del libro que se presentaron ese mismo día en la emisora con él. Y que concediendo uno de ellos permiso para que mi amiga M. L. lo fotocopiase pudiera yo por fin contar con el ansiado texto en mis manos.

Aún no le he hincado el diente, por falta de tiempo, porque quiero hacerlo a conciencia y simplemente hojeándolo he descubierto que es de una densidad apabullante. Así que en unos días comienzo su lectura y cuando por fin lo termine prometo hacer una recesión del mismo aquí en las páginas de La Colleja en exclusiva para los queridos asiduos a quienes tanto quiero, a pesar de lo calladitos que suelen mantenerse, los muy desagradecidos.

Lo alucinante del caso es que en esta ciudad que ha optado por la Capitalidad Cultural de Europa este libro sea tan aterradoramente desconocido. Y me sumo al mea culpa como aficionado al andalusíismo por el desconocimiento tardío que tuve del mismo. Pero desde luego yo no tengo una editorial dedicada a temas cordobeses, andaluces y andalusíes, ni trabajo en la HUCO esa, ni fui cabeza pensante de la oficina de la Caspitalidad, ni en Pía Obra Cultural de Banco alguno, ni tuve participación en la organización de los actos del Paradigma, ni tuve, ni tengo ni tendré jamás puesto de responsabilidad en organismo oficial cultural alguno porque me lo prohíbe mi religión. Así que todos aquellos que han ganado pasta a costa de implementar proyectos que vendan la moto de la esencia cultural de Córdoba en el presente, en el pasado y en el futuro deberían azotarse un poquito por no haber peleado por reeditar o solicitar reedición de un magnífico libro que habla precisamente de cómo en Córdoba un grupo de ciudadanos (ellos ya se consideraban eso) pusieron las bases del racionalismo europeo, de la necesidad de entendimiento intelectual y político como medio de conseguir una convivencia pacífica entre los seres humanos. Eso hubiera sido por ejemplo un esfuerzo verdadero por ofrecer al mundo la imagen de una Córdoba paradigma de cultura y de convivencia real de las diferencias religiosas e intelectuales. Y no el de ofertar, también por ejemplo, la imagen de un enorme rebaño de uniformados hinchas del equipo de la competición por la Capitalidad en un puente a mover las manitas al unísono.

En cuanto a mi amiga M.L. y su amiga radiofonista Yolanda y brillante conseguidora de textos difíciles dedico esta entrada para mostrarles mi profundo agradecimiento en mi nombre y en el de los amigos del conocimiento de esta ciudad que pronto disfrutarán de un resumen del libro.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Una secta sotánica okupa la parroquia de Cañero

IGLESIACAÑERO

La iglesia parroquial de San Vicente Ferrer de Cañero viene siendo okupada desde hace unas semanas por una peligrosa secta sotánica de adoradores eucarísticos, que llevan el nombre de Siervos de la Eucaristía. Los Siervos de la Eucarístía son una escisión de los sacramentinos, congregación igualmente sotánica fundada por el cura francés, convenientemente santificado en 1962, Pedro Julián Eymard en 1856 con el nombre de Congregación de Sacerdotes Adoradores del Santísimo Sacramento, tras sufrir una tremenda crisis provocada, según sus propias palabras, por la idea obsesiva de que no hubiese ninguna congregación consagrada a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación total. La nueva secta escindida la fundan, según el experto en sectas sotánicas de Interconomía Fernández de la Cigoña, cuatro sacramentinos, al ver que en la reforma de las Constituciones, después del Vaticano II, la adoración no era la obligación primordial como quiso su fundador, decidieron en el año 1979 salir y fundar en Brasil los Siervos de la Eucaristía en la que el carisma vuelve a ser la adoración perpetua al Santísimo solemnemente expuesto en la custodia, siempre que haya religiosos para ellos, aunque es obligación personal de cada religioso hacer dos turnos de una hora durante el día y uno por la noche; si bien por la noche tiene cada religioso un día de descanso a la semana.

La base fundacional de la nueva secta, leemos en un blog de mercadotecnia sectaria católica, es que hay muchos religiosos dedicados a atender a Cristo-Cuerpo, es decir, a personas necesitadas de alimento, medicinas, asistencia... Sin embargo, pocos son quienes se dedican de forma permanente y con votos a Cristo-Cabeza. Los Siervos se consagran a Cristo-Cabeza, a Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento para adorarle solemnemente expuesto en la custodia durante el día y la noche.

O sea claramente lo que viene a decir la regla de la orden sectaria es que debe importarles un verdadero huevo otra cosa que no sea pasarse el día y la noche delante de un altar adorando al Santísimo Sacramento. Nada de pobres, ni de enfermos, ni de impedidos, ni tercera edad, ni catequesis infantil... Nada, mariconadas de curas progres postvaticanistas. Ellos a lo suyo: la adoración perpetua. Con un fundamentalismo adorador radical. De día y de noche.

La primera incursión fuera del territorio selvático brasileño donde se refugiaron los sectarios para practicar sus peculiares y extrañas costumbres monacales ha tenido lugar, cómo no, en la que sigue siendo Reserva Espiritual de la Ranciedumbre Tridentina: España. Un pequeño grupo de pioneros capitaneados por un cura navarro, el Padre Agustín Gil sss, previo paso de unos años por Écija, de donde se dice que salió en confusas circunstancias, ha conseguido que el obispado de Córdoba lo nombre párroco de la iglesia de Cañero y permiso para convertir todas sus dependencias en un convento que acaba de fundar de Siervos de la Eucaristía. Se tienen noticias de que al menos 10 están listos para ingresar en cuanto terminen las obras de acondicionamiento.

SECTA CAÑERO_01

El Padre Gil sss tomó posesión de la parroquia en una misa celebrada el 11 de septiembre a las 8’30 de la tarde. Un mes más tarde los feligreses ya empiezan a sospechar de qué va la cosa y qué consecuencias les acarreará. Cañero es un barrio eminentemente obrero, con una fuerte conformación ideológica de católicos de izquierdas y una fuerte tradición asociativa, no en vano su Asociación de Vecinos pasa por ser la más antigua de España y de ella surgieron los principales políticos de izquierdas que conformaron el primer ayuntamiento democrático tras la muerte del dictador. Hasta hoy, destacando el anciano y muy querido don Bartolomé, todos los párrocos anteriores han sabido comprender esas características y se han adaptado y compenetrado con las necesidades espirituales y vitales de su feligresía, acogiendo en la parroquia la mayoría de las actividades culturales, festivas y asistenciales del barrio en perfecta armonía y colaboración con las distintas asociaciones: La Coral, el Grupo de la Tercera Edad, la Cofradía, la Asociación de Vecinos, la Organización de la Cruz de Mayo y las Meriendas vespertinas para los ancianos solos del barrio.

Así que la sorpresa para los parroquianos católicos ha sido mayúscula cuando el nuevo párroco les ha conminado perentoriamente a que saquen de las dependencias de la parroquia hasta el último objeto ajeno a la misma. Todas las armaduras y todo el menaje que para montar la Cruz de Mayo se guardaban allí. Los atrezzos del grupo de teatro y las pocas pertenencias que la novísima pero no menos esforzada cofradía en proceso de fundación, todo. A la puta calle. Y no contento con ello ha prohibido terminantemente que la próxima celebración de la Cruz de Mayo, una de las más visitadas y valoradas de la ciudad, use el muro de la iglesia como apoyo y que contaba con ese rincón como su principal seña de identidad desde hace 26 años. Todo esto no sólo crea gravísimos problemas a todos los voluntarios y voluntarias que cada año, con gran esfuerzo físico, mental y económico sacan adelante la fiesta principal del barrio, sino también sensaciones de desamparo y de ser víctimas de una injusticia al ser expulsados de espacios que consideran comunes del barrio, independientemente de que sean propiedad de la Iglesia Católica. Pero como comentaba una feligresa al borde de las lágrimas, siempre se les ha dicho que los católicos son Iglesia, así que por qué no van a poder disfrutar de espacios que son también suyos.

El malestar entre la feligresía del barrio está subiendo conforme se van conociendo detalles de las actuaciones y propósitos del nuevo párroco. Su obsesión por cumplir y hacer cumplir la regla de adoración eucarística perpetua de su congregación llega a extremos paranoicos. Mantiene la iglesia abierta todo el día con el Santísimo expuesto y puede vérsele a él todo el día de rodillas ante el altar en estado de adoración, a veces realizada en voz alta. Se cuenta entre el vecindario que ha solicitado al ayuntamiento que elimine la parada de autobús que hay delante de una de las puertas laterales, porque el trasiego de usuarios disturba sus prácticas meditativas. Y que ha llegado a obligar a los ancianos que van a merendar a la parroquia, una costumbre que instauró el anterior párroco a que suban antes a la iglesia a dar gracias al Altísimo si quieren recibir las viandas, importándole poco el hecho de que muchos de ellos son impedidos graves. Por otra parte es ya conocida su exigencia de que todo el mundo se arrodille en el momento de la consagración y todo el mundo quiere decir incluso quien no pueda. Paralíticos incluídos.

La feligresía de Cañero está formada mayoritariamente por gentes sencillas que practican una fe religiosa igualmente sencilla, ajena a misticismos extremos y que sólo necesita para cultivarla un pastor que entienda esa sencillez y la cuide con la lógica y la paciencia. Algo con lo que han contado hasta ahora, 56 años después de la fundación del barrio.

Pero corren nuevos vientos. El nuevo ayuntamiento compuesto en gran parte por fundamentalistas católicos no es ajeno a ello. Varios de los concejales son conocidos por su extremismo político y religioso. El de festejos, conocido como Rafael (Fray) Jaén, es un redomado politoxicofrade (pertenece a tres cofradías) y el del Casco Antiguo es un coleccionista de sectas católicas, porque milita a la vez en varias de ellas, entre otras en una que está íntimamente unida a la congregación del nuevo párroco, Adoración Nocturna, la rama laica de la sotánica que fundara el cura francés en el XIX, Juan José Primo Jurado, conocido por su publicada admiración al cuerpo de ejército nazi español, la División Azul, ha participado muy activamente recientemente en los pomposísimos actos del 150 aniversario de la Adoración Nocturna cordobesa, de la que fue presidente no hace mucho. Por las mismas fechas ocurría el relevo del antiguo párroco Cañero por el sacramentino de la rama reconstituída Gil y su empeño en convertir la parroquia en un convento de adoradores, diurnos y nocturnos, jodiendo a toda la feligresía. Y don Demetrio, el del Báculo Erecto, el ultramontano obispo de Córdoba, en medio. Demasiada chamusquina para un olfato normal.

Por último ayer mismo, vísperas del día del Custodio San Rafael se celebraba en la iglesia de San Vicente Ferrer de Cañero una solemne misa presidida por Monseñor Castillejo Gorráiz, resucitado de su suculentamente primado retiro espiritual expresamente para ello, seguido de una sentidísima exaltación del arcángel por el mismísimo Primo de Jurado.

No hace falta ser ningún Dan Brown para armar un verdadero argumento de intriga narcosotánica. Lo cierto es que la secta esta ha elegido el tranquilo barrio donde yo nací como germen de su expansión para cumplir su misión secreta. Que es como la de todas las sectas sotánicas y satánicas: ADUEÑARSE DEL MUNDO y convertir a la humanidad en adoradores eucarísticos nocturnos o diurnos en cómodos turnos alternos.