(del laberinto al treinta)


sábado, 24 de febrero de 2007

LA CALLEJA DE JUNIO GALIÓN

Estamos de enhorabuena. Las calles de Córdoba han recuperado una hermana. Recientemente se ha vuelto a abrir la CALLEJA DE JUNIO GALIÓN que ha permanecido cerrada desde hace 30 años por sendas puertas metálicas colocadas en sus extremos. La calle fue abierta en 1965 rompiendo la muralla romana para unir la calle de San Eulogio con la calle de la Feria (1) y evitar un largo rodeo para alcanzar la plaza de Séneca desde la altura del solar de la antigua ermita de la Aurora (2). Probablemente se trató de un grave atentado contra el patrimonio, como muchos de los que perpetraron las autoridades de entonces, no sabemos si con la complicidad de los eruditos locales, pero la verdad es que se les quedó un espacio muy coqueto y típico, aunque no pudo ser disfrutado por mucho tiempo. Su estructura zigzagueante y el hecho de que su entrada inferior contara con un espacio cubierto la convirtió en un refugio perfecto para vagabundos, lo que provocó que las protestas de los vecinos alarmados por las fogatas y molestos por los malos olores decidieran al Ayuntamiento a cerrarla a mediados de los años 70.


Una empresa privada de construcción se comprometió con el Ayuntamiento a reurbanizar la zona a cambio de recibir permiso para restaurar la casa colindante. Se ha limpiado la calle, remozado la escalinata y la fuente esquinera y el arcángel que corona la puerta de la salida a San Eulogio. Así mismo se ha restaurado el coqueto bajorrelieve dedicado a la familia Annea, cuyo solar familiar sitúa la leyenda muy cerca de allí.

La calleja se dedicó, por influencia del culturalismo erudito de aquellos años, a un prócer romano nacido en la ciudad y que ha conseguido pervivir en los libros, sobre todo eclesiásticos, por haber tenido una relación tangencial con Paulo de Tarso, que luego pasaría al estrellato santoral como San Pablo.

Lucio Junio Anneo Galión, nacido Marco Anneo Novato y cambiado de nombre al ser adoptado por Lucio Junio Galión, era hermano de Lucio Anneo Séneca y tío del poeta Lucano. Se dedicó a la política y llegó a ser procónsul en Corinto en tiempos de Claudio. Nada más tomar posesión del cargo los judíos de la sinagoga de la provincia, Acaya, llevaron ante él a un tipo que andaba soliviantando a la gente y predicando una religión prohibida, pecando pues de competencia desleal respecto a las legales, para que lo juzgase y ejecutase. Nuestro paisano, como hicieron muchos otros gobernadores romanos, se lavó las manos en aquel asunto intestino de los monoteístas intransigentes, mandó expulsar de la audiencia a aquella caterva, acusadores y acusados, y les prohibió que le calentaran la cabeza con semejantes gilipolleces religiosas. El tipo era, claro, San Pablo (3). Por eso el prudente Junio ha pasado a ser considerado uno de los romanos buenos en la farragosas y tendenciosas historiografías cristianas oficiales que sufrimos hasta hoy día. Y el ÚNICO CORDOBÉS QUE APARECE EN EL NUEVO TESTAMENT0 (Hechos 18, 12-16).



(1) La calle de la Feria, hoy San Fernando, una de las más hermosas de la ciudad. Es una calle recta, larga y ancha para los estándares del casco antiguo de Córdoba, bordeada de naranjos, que sigue la línea de la muralla romana primitiva desde el río hasta la cuesta del Bailío y sirve de separación entre la Villa y la Ajerquía. En ella se celebraban los principales festejos de la ciudad, de dónde procede su nombre primitivo. Todos los balcones se alquilaban a precios altísimos para contemplar los festejos y en los contratos de arrendamiento se puntualizaba que el derecho al uso de los mismos durante los mismos no pertenecía a los inquilinos sino a los propietarios. En el siglo XIX se le cambió el nombre por el del rey castellano que conquistó la ciudad a los árabes. Muy pocos la llaman aún así, por lo que sería exigible que el Ayuntamiento volviera a colocarle oficialmente su nombre original reservando el del monarca santificado por su sangrienta hazaña por la Iglesia Católica para alguna calle de los nuevos barrios que se construyen en el extrarradio o que directamente se olviden de él para esos menesteres de nombrar espacios donde la gente ha de vivir. (VOLVER)

(2) La ermita de la Aurora se derrumbó en una fecha que no he conseguido localizar, pero que debió rondar los años 50 del siglo XX. Cordobapedia confunde la fecha de su rahabilitación (1997) con la de su hundimiento. Se trataba de una pequeña iglesia barroca de principios del XVIII de techo abovedado y una pequeña cúpula en la que residía la cofradía que organizaba los célebres rosarios del mismo nombre. Durante años la Iglesia Católica mantuvo el solar en un estado lamentable, usándolo como almacén de maderas al aire libre y lleno de basuras y ratas. Las innumerables denuncias de los vecinos al Ayuntamiento hizo que por fin el solar pasara a sus manos, siendo rehabilitado con un imaginativo muro de celosía de ladrillo que continua el lienzo de la portada, único elemento de la fábrica original que queda. Hoy reza como un espacio lúdico en el que los domingos se celebra un mercadillo de antigüedades, en verano un cine de verano y ocasionalmente exposiciones y conciertos. Algunos vecinos me han comentado que la cuantía de las multas que acumuló el Obispado por las denuncias vecinales le obligaron a ceder gratuitamente el solar al Ayuntamiento a cambio de la cancelación de las mismas. (VOLVER)

(3) San Pablo, desde luego iba pidiendo a gritos por todo el Mediterráneo ser sacrificado legalmente o linchado por las turbas, aunque siempre acababa misteriosamente librándose por los pelos. De lo último se libró en Éfeso un poco después, cuando una muchedumbre de vendedores de exvotos del templo de Artemisa, uno de los más famosos de la antigüedad, dedicado a la fertilidad, fueron a por él para colgarlo tras aguantar en repetidas ocasiones que denigrara su mercancía y tratara de ahuyentarles la clientela. Se salvó resguardándose en el teatro, donde fue rescatado por los soldados del gobernador romano, que le exigió que se fuera de la ciudad con sus incendiarias predicaciones. (VOLVER)

miércoles, 21 de febrero de 2007

HUMOR BATURRO


En el cielo de Aragón brillan las luminarias de tres de sus hijos más preclaros, tres enormes humoristas dotados de esa especial gracia que la naturaleza y la Virgen del Pilar ha tenido a bien conceder a algunos de ellos: Jose Maria Escrivá de Balaguer, Paco Martínez Soria y Federico Jiménez Losantos forman un trío de ases tocados por la misma varita mágica del baturrismo irredento. Es el suyo un humor (1) contundente, noble y directo (normalmente al hígado), sin triquiñuelas, bien diferente de la vulgar y fulera sal gorda andaluza o del tiquismiquis humor inglés. De estos tres ases, desgraciadamente, sólo nos queda ya uno, pues los otros dos hace tiempo que se nos fueron al cielo donde de seguro siguen haciendo retorcerse de risa el hígado de las cohortes celestiales, pero el que queda condensa meridianamente la gracia de todos ellos, una gracia baturra que derrama abierta, generosamente, cada mañana sobre los que somos sus fans desde las benditas ondas de la emisora de los Curas Capones.

Del gran humorista que fue el hoy titulado San Josemaría podríamos destacar muchos momentos estelares, entre los que no es el menor la humorada de reforzar su humildad sacerdotal reclamando un título nobiliario. Pero yo conservo como su mejor logro aquel chiste que cuajó en una de sus celebradas actuaciones en directo cuando alguien le acercó una niña con parálisis cerebral para probar su ingenio y allí, improvisadamente, con sólo la luz de su intuición de mago del humor, juntando las manos miríficamente en su pecho como sólo él sabía hacer, soltó aquella genialidad de: ¡Esto es una bendicioooón de Dioooooos! Si no tuviste oportunidad en su momento AQUÍ puedes disfrutarlo. Otro momento inmortal fue aquel en que compuso un ingeniosísimo guiño a costa de las nalgas de los jovencitos para consolar a un atribulado entrenador de fútbol juvenil aquejado de sospechosas infidelidades maritales. Milagrosamente ha quedado documento grabado de AQUELLA CUMBRE DEL HUMOR MUNDIAL.

Paco Martínez Soria llenó nuestros corazones de gozo y nuestro hígado de espasmos sincopados durante los muchos años en que nos regaló con sus películas de fino humor baturro. Aunque se trata de un humor mucho más sofisticado que el de San Josemaría, participa de su mismo espíritu hepático. A pesar de su aparente simplicidad, sus gracias escondían una elevada complejidad conceptual que ha posibilitado la celebración de varios congresos patrocinados por la Cátedra de Pensamiento de Cine de Barrio en los que grandes pensadores y pensadoras de la talla de Carmen Sevilla y Marianico el Corto han tratado de desentrañar los profundos sentidos ocultos del humor baturro martinezsorianesco. Como botón, HE AQUÍ UNA MUESTRA.

El frenillohepático Federico Jiménez Losantos, conocido profesionalmente como el Pequeño Talibán de Sacristía, el único, por desgracia, que continúa entre nosotros, ha recogido el testigo de los otros dos genios difuntos y ha condensado en su verbo todo la grandeza de su baturrismo humorístico. Su recreación del personaje de un fascista atrabiliario, bilioso y enfermo de odio que desentierra los más agrios topicazos de la España negra nazionalcatólica, sólo tienen parangón en la historia del humor español con la recreación del homo carpetovetonicus paleozoicus del genio baturro anterior, del que es directo heredero. Sus últimas celebradas creaciones sobre el ácido de Vallecas, la furgoneta del bórico, la mochila de Mondragón y la cinta de goma dos e-co e-co e-co e-cooooooo, llevan meses haciéndonos reventar de risa cada mañana. Su manera de embromar a su compadre Pedro Jota recordando a sus oyentes un día sí y otro también el célebre video de su hazaña sexual da también la medida de su grandeza de corazón, al cederle protagonismo sin asomo de celos profesionales. Pero si he de quedarme con alguno de sus momentos estelares sin duda recomendaría el día en que instó al gobierno a que mandara 600 paracaidistas a Senegal para meter en cintura a los desharrapados que intentaran convertirse en inmigrantes ilegales para invadir Eh-paña a bordo de un cayuco. Milagrosamente aquella actuación quedó debidamente registrada y hoy es posible encontrarla en los más acreditados expositores de cassettes de gasolineras y bares de carretera de toda la patria. Por si no te quieres molestar en buscarla yo te la ofrezco, aunque para ello tenga que burlar a los aviesos espías de la SGAE.



FEDE EN SENEGAL

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Insuperable. Que Dios te bendiga, Federico.

(1) Descojonamiento, en baturro normalizado, batua o herribaturriko. (VOLVER)

martes, 20 de febrero de 2007

PALEOCORDOBESES

La conversión del Excelentísimo Ayuntamiento izquierdaunidista cordobés al casticismo folklórico tiene su trasunto o su viceversa en la milagrosa transformación evolutiva del look de su incombustible Concejal de Ferias y Festejos, Marcelino Ferrero, que desde el mioceno democrático viene lidiando con garbo y gallardía con la celebración de nuestros idiosincráticos peroles y romerías. Efectivamente, al igual que aquel personaje de Woody Allen, Zelig, un verdadero mutante dotado con la habilidad de metamorfosear su cuerpo y su personalidad para imitar a quienes lo rodeaban, nuestro inefable concejal ha ido viendo transubstanciarse en los larguísimos años de su mandato su aspecto originario de rojeras culipaneado en el de un alcanforado pregonero de glorias locales. Es evidente que el continuo roce con correosos cofrades, orodentados presidentes de peñas, beatíficos amigos de geranios y gitanillas, infatigables organizadores profesionales de peroles multitudinarios y demás fauna sierramorenista a que le obliga su sufrido oficio ha obrado el prodigio. El resultado sólo es perceptible para los que conocimos su aspecto original en los heroicos tiempos de la Transición cordobesa y se ha materializado en un inconfundible aplastamiento capilar superior por efecto de la gomina, la frondosa proliferación de caracolillos ensortijados traspescueceros, así como por el progresivo cruzamiento delantero de sus chaquetas de inaugurar, la misteriosa aparición en ellas de unas enormes insignias de oro solaperas y un rapsódico movimiento de manos como el que preludia el arranque del himno de-la - tie-rra – de - Juuuulio Romerooooooo. Perfecto Guardián de las Apolilladas Esencias Raciales Cordobesas. Yuhtéqueloveapormuchohjañoh.

Su jefa, la alcaldesa Rosa, aunque sin mutar afortunadamente aún en rafalita de manual, tampoco se arredra ante la lluvia de caspa y de casticismo palominero. Tuvo un momento de gloria cuando se atrevió en una única ocasión a lidiar con la jauría futbolera cordobesista en la propia zahúrda de El Arcángel en la más grande ocasión de miseria machista colectiva de que guardan memoria las crónicas de esta ciudad. También fueron memorables su sacada a hombros (supongo que obligada por las circunstancias, al calor del perolillo, pero no por eso más justificable) de un santo en romería en una ma-ña-na flo-ri-da de abriiiil y su acompañamiento en procesión a una virgen por las calles cordobesas, bastón de mando consistorial incluído. Pero de lo que guardo más entrañable recuerdo es de su inenarrable discurso ante los más conspicuos guardianes de las esencias taurinas en la inauguración del busto a Lagartijo en la calle Osario, en el que condecoró con el título de progresista de pro y avant la letre al apolillado fino matarife cordobés.

En el campo del mobiliario urbano no se andan tampoco con medias tintas. La apolillada caterva de castizos no cejó hasta conseguir que la inmensa mayoría de las esculturas urbanas que el Ayuntamiento ha colocado en la ciudad respondan a sus cánones estéticos y éticos. Y el Ayuntamiento, encantao, oyes. Guardián de las esensias. El ya mencionado monumento erigido ¡en pleno siglo XXI! al matarife fino Lagartijo en la calle Osario no fue el menor de los insultos a la ética y estética ilustrada. Lo superó en bizarría pleistocena el mamotreto cofradiero a Juan de Mesa que incluso, como es natural, ha procesionado en menos de un año de la Doblas a San Pedro, aunque eso sí, lástima lástima, sin el reglamentario acompañamiento de banda de música como hubiera sido lo suyo.


Pero desde luego, el más alto punto pintoresco-sentimental lo ha puesto recientemente la erección de dos conjuntos escultóricos callejeros dedicados a los paleocordobeses y paleocordobesas, a la memoria de las especies de cordobeses y cordobesas extinguidos y extinguidas o, pena penita pena, en vías de extinción. Uno representando a dos raciales mujeres de belleza y seriedad julioromerescas, de moño, mantilla y cántaro a la vera de una fuente, que pueden disfrutarse en los Jardines de Colón frente al palacio de la Diputación. Y olé. Y el otro sembrado ante el arco de Caballerizas Reales, a la entrada del barrio de San Basilio, representando a un cordobés jurásico, con capa y sombrero d’alancha y la mirada perdida en la contemplación mística de las inmarcesibles bellezas de Córdoba cristiana y mora, pero también romana y judía, pero también romera y calé, pero también serrana y morena, pero también..., emblemático del casticismo de jaca y reja, de callejuela y rosal, de pozo y limonero, de tu marquesa y yo gitano. La imperecedera Córdoba eten-na del alcanfor en los bolsillos. Esa que algunos pensábamos que dormía el sueño justo de la nostalgia, pero que se ha destapado como vivita y coleando y a la que alimenta con extraño, pero desmedido mimo nuestro Ayuntamiento de izquierdas.

Ya te digo... ¡Viva la polilla!



¿QUÉ LA HA PASADO A LA CALLEJA?


Yo creo que ha sido cosa de la CIA. Alguien de esta ciudad con mano en la poderosa Agencia de Inteligencia yanqui especializada en abducir personas incómodas le ha pedido que alguno de sus hackers abduzca a nuestra página cordobesa favorita. Pero si en el caso de las personas abducidas lo suele hacer limpiamente, dejando sólo de éstas el sitio pelao y mondao, en el caso de la abducción de Calleja de las Flores la felonía cuenta con el agravante de haber sido sustituída por una repugnante página de ofertas florales en inglés ilustrada con una inenarrable foto bucólico-babosa digna de poster de dormitorio de espinillosa adolescente adicta al club de la parroquia. Puedes comprobarlo, incrédulo lector, picando el enlace que desde siempre vengo ofreciendo en mi elenco de la barra de la derecha.
¿En qué Guantánamo la habrán encerrado?

!!!!QUEREMOS QUE NOS LA DEVUELVAN YA!!!!

lunes, 19 de febrero de 2007

RACISMO CARNAVALERO

El carnaval de Cádiz y todas las excrecencias que le han nacido en todos los rincones de Andalucía en los últimos años (así nacen, de un día para otro, las tradiciones milenarias esas) supone un sano revulsivo de la gris cotidianidad y una ruptura temporal de la sacralidad del mundo ordinario mediante la guasa y el cachondeo. Los letristas se esfuerzan por conseguir cuajar las gracias más agudas, los chistes más ingeniosos. ¿Todo vale en las letrillas que ofician los mozos y mozas comparsistas? Es, como todo, una cuestión de opiniones. Los curas ya han tomado cartas en el asunto y represalias para aquellos de sus bautizados que ofendan cualquier cosa del entorno eclesiástico. En Montilla casi excomulgan a unos murgueros por llamar hostia a la hostia de hostiar. En Pedro Abad ha sido vetada la actuación de la chirigota Con sotana y a lo loco por la directora del colegio religioso Sagrado Corazón de Jesús, María de los Ángeles Marín, que había cedido sus instalaciones para el festival (1).

A mí no suelen gustarme las letrillas del carnaval porque me parece que perpetúan hasta el infinito un tipo de humor casposo y jurásico, machista, homófobo y escatológico (caca, culo, pedo, pis), que pasa por prototipo de la grasia sandunguera de Andalusía, pero ese, desde luego es un problema de gusto íntimo mío. Aunque que se metan con los curas, con los políticos y con los famosos del cuché me parece un ejercicio de salud democrática. Me tocan más los cojones las manifestaciones abiertamente racistas, cuando suponen una agresión en toda regla a colectivos de inmigrantes que se encuentran en una posición más indefensa que los nacionales que se la infieren. A veces son tan escandalosas que las autoridades tienen que intervenir, caso de aquella pandilla de energúmenos ceutíes, policías locales para más inri, que llamaron cerdos apestosos o algo parecido a los musulmanes de la ciudad, escudados tras unos infames disfraces de chirigoteros.

Existen unas manifestaciones racistas más aceptadas que otras. Lo mismo que existen colectivos étnicos a los que la sociedad en general considera más merecedores de xenofobia que otros. Por ejemplo los chinos. Las manifestaciones políticamente incorrectas o directamente injuriosas contra ellos normalmente suscitan un manto de comprensión que no suscitan otros colectivos étnicos.

Es el caso de algunas letras que he podido escuchar estos días en las vomitivas retransmisiones con que Canal Sur, para no perder la costumbre, insulta la inteligencia de los andaluces. Una de las chirigotas que salían en la tele respondía al graciosísimo nombre de Lestaulante Chino Casa Lafaé y consistía en unos tipos vestidos estrafalariamente de camareros chinos que de una manera premeditada, alevosa y en los naturales ripiosos versos sostenía el infundio de que en los restaurantes chinos se sirven animales no comestibles, como insectos, gatos y otros innombrables bichos y de que en ellos se burlan sistemáticamente las normativas de Sanidad. De una risa que te cagas.

La inocencia de los chistecillos de estos tipos podría medirse haciendo una simple prueba. ¿Qué les parecería una letrilla en la que se acusara a todos los restaurantes-asadores de la Tacita de Plata de servir carne de burro o a los especializados en pinchitos adobados de confeccionarlos con troceados chuchos callejeros? Seguro que a los restauradores les haría una gracia del copón. Tanta que probablemente acabarían juntos la juerga en los tribunales. En cambio la misma afirmación hecha respecto a los chinos sólo levanta oleadas de carcajadas entre la selecta concurrencia del Falla. Y es que los chinos lo aguantan tó. ¿Verdá, coleguis carnavaleros?

De todas maneras al final todo acaba encajando como un enorme puzzle sideral. Me dicen que el tipo que ha perpetrado las simpáticas letrillas y dirige esta descacharrante chirigota responde al nombre de Selu y es famoso sobre todo por ser guionista ¡¡¡¡¡de los Morancos!!!! Ezoz montroz del humón andalú. Ya te digo... A ver si viene pronto el cambio climático ese de los cojones.

(1) Es de notar el emocionante de gesto de solidaridad de los demás murgueros peralbeños de continuar sus actuaciones en el colegio mientras que sus colegas expulsados lo hacían en el bar de la esquina. ¡Que no decaiga!

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domingo, 18 de febrero de 2007

FUNDAMENTALISTAS DE LA FERIA

La Comisión de Feria del Ayuntamiento de Córdoba ha aumentado el número de las asociaciones que la forman. A la Federación de Asociaciones de Vecinos, la Agrupación de Cofradías y la Federación de Peñas se ha sumado este año Córdoba Ecuestre, la Asociación de Casetas Tradicionales y Hostecor. Como se ve todos ellos colectivos perfectamente preparados para asumir la tarea de salvaguardar la sagrada idiosincrasia de la Fiesta Mayor de la Ciudad. Y a ello se han dedicado con renovado ahínco y tras sesudas sesiones y en un rapto de coherencia con sus principios, cargados de razón y de virtudes guerreras, han determinado acabar con la peste de las innovaciones que corroen las más puras esencias de la feria cordobesa en forma de músicas espurias, estéticas foráneas y moderneces agresivas. Aquí se va a vivir la fiesta que dicta la TRADICIÓN, la misma mismita que nos legaron nuestros mayores, la que responde a la AUTÉNTICA esencia del cordobesismo ferial de toda la vida, o sea, la que a ellos y a ellas les salga de los cojones y de los ovarios.

Esta es la propuesta presentada por el Concejal Delegado de Ferias y Festejos, Marcelino Ferrero, a la Junta de Gobierno Local:



Entre los materiales que se deben utilizar en el cerramiento de la caseta están los toldos blanquiverdes; el acero pintado con colores tradicionales, como el blanco, el azul-añil, el rojo, el verde y el albero; la madera natural o pintada y las obras de fábrica de carácter ligero, que asemejen “el alzado de las casas características de la provincia”. No se admitirán elementos galvanizados ni el uso de plásticos y vidrios, salvo que estén en ventanas o puertas.



Todo se andará. En próximos años se obligará a escuchar por güevos en todas las casetas na más que sevillanas y se exigirá rigurosa etiqueta de faralaes y traje corto y un certificado de haberes para justificar la imposibilidad económica de llevar caballo enjaezado como Dios manda. ¿Que no? Los talibanes de la tradición no descansan, amigo.

Estos espabilaos miembros de la comisión han aprovechado que había que lavar al niño para tirarlo con el agua sucia. A la necesaria vigilancia del carácter abierto de la fiesta, la regulación de las casetas y los precios, los abusos de las subcontratas para discocasetas, el insoportable volumen de algunos equipos de música era necesario oponer el imperio de la ley, no el imperio de la caspa.

Porque vamos a ver, ¿permitirían los comisionados la inclusión en la comisión de una Asociación de Casetas de Diseño Atrevido y Vanguardista o una Asociación de Pintores Abstractos, Deconstructivistas y Posmodernos, una de Defensores del Caballo denunciadores de las cruentísimas torturas que le infligen al noble bruto los caballistas durante la feria u otra de Hastiados por Sobredosis de las Jodidas Sevillanas que exigieran una cuota del pastel de la feria que no se atuviera a las normas del fundamentalismo tradicionalista? Nadie les pediría a los amantes de la zurraspa tradicional que acudieran a ellas y convulsionaran ante la ausencia de claveleh y gitaniyiah, de rejah forjáh y farolilyios de Tio Pepe, de portadas diseñadas al gusto del consumidor y no de los talibanes de la estética quinteriana de maceta y abanico. Sólo se les pide a ellos que no impongan sus gustos a los demás bajo el falso derecho que se arrogan como únicos defensores de la Verdad de la Santa Tradición. Entérense señores inquisidores de que lo grande de la feria es que es mu grande y hay sitio pa tos. Y que todo es compatible.

Pero la culpa la tienen los responsables municipales por elegir a sus secuaces en semejante semillero. Porque a quién coño representan los de las Casetas Tradicionales y los de los Caballitos. ¿Y las Peñas?¿Y los cofrades, que en todo y siempre tienen que estar metiendo cazo? No tienen bastante con administrarnos su estética macabra durante su Santa Semana? ¿También nos van a administrar el jolgorio laico? Al fin y al cabo Hostecor tiene la tutela de la venta de comida y bebida que se consume en la feria y las Asociaciones de Vecinos representan a muchos miles de ciudadanos de los barrios. Pero los otros no pintan nada de nada en la dicha comisión.

Por el contrario otros colectivos o profesionales que sí que podrían decir algo sobre la mejor manera de administrar el espacio y el tiempo de esa semana de alegría y fiesta que se da así misma la ciudad brillan por su ausencia. Arquitectos, músicos, diseñadores, psicólogos, sociólogos, antropólogos, animadores socioculturales, etc., son gente que podría decir algo también y aportar sus ideas siempre desde el respeto a todos los gustos y todas las opciones de diversión ferial. A lo mejor es que no quieren....

martes, 13 de febrero de 2007

CATACUMBAS (II)























El monoteísmo contiene en germen todas las formas de tiranía
Cioran
Pluguiese a los dioses que Judea no hubiese sido nunca conquistada
Rutilio Namaciano


LAS CATACUMBAS (I)

La saludable relectura de El desafío cristiano. Las razones del perseguidor de José Montserrat Torrents (Anaya & Mario Muchnik. Madrid, 1992) y de El aciago demiurgo de E.M. Cioran (versión de Fernando Savater) (Taurus, 1974) me han hecho reflexionar de nuevo estos días sobre la terrible desgracia que se abatió sobre la humanidad con la implosión del cristianismo en el Imperio Romano.

En un arranque de sinceridad Torrents se lanza al ruedo:



Declaro que si bien los cultos del paganismo me resultan indiferentes, los ideales humanísticos, éticos y filosóficos de la mayoría de sus últimos representantes esclarecidos (un Séneca, un Plinio, un Epícteto, un Plotino, un Marco Aurelio... me inspiran una extraordinaria simpatía, hasta el punto de considerar que, en su conjunto, hubieran representado para la humanidad un camino de progreso espiritual mucho más beneficioso y humano que el ofrecido por el cristianismo. (pg. 77)

Fue la esclarecida autonomía del individuo, del ser humano racional la que perdió la guerra frente a las fuerzas tenebrosas de la superstición y el oscurantismo.

El cristianismo fue una enfermedad vírica que infectó el cuerpo social del Imperio Romano y que acabó, por falta de medidas profilácticas adecuadas, por contaminarlo por completo y por destruir su esencia cuando afectó a los centros vitales del poder.

Durante 17 siglos el poder absoluto cristiano fue tejiendo lentamente el capullo de la leyenda áurea de sus orígenes con los hilos de la calumnia contra el paganismo secretados por sus propagandistas. Estudios recientes y más o menos imparciales han ido desenmarañando con la herramienta del rigor histórico los acontecimientos y las causas que llevaron a una civilización tolerante y abierta a entregarse a una religión exclusivista, totalitaria y oscurantista, de cuyas garras a duras penas las sociedades civiles actuales consiguen desembarazarse. Las consecuencias fueron nefastas para el humanismo, con la pérdida de la mayor parte del bagaje cultural, filosófico y ético de la civilización grecolatina, que tuvo que esperar al Renacimiento para comenzar a resurgir de sus cenizas. No es cierto que dicho bagaje cultural perviviera en la nueva civilización cristiana. La destrucción de sus bases fue minuciosa y efectisima. Se trató de un verdadero cataclismo ideológico. El absolutismo teocrático, el dogmatismo doctrinal y la represión brutal de la disidencia lo sustituyeron. Y si se lograron salvar algunos jirones no fue precisamente por su cuidado, sino porque quedaron arrinconados en los desvanes de los monasterios o fueron rescatados por estudiosos musulmanes que los reintrodujeron versionados en occidente a lo largo de la Edad Media. Así, pues, el mundo romano sufrió dos invasiones bárbaras seguidas: la de los seguidores del galileo y la de los pueblos germánicos.

Puede decirse sin temor a exageración que la romana fue la sociedad dotada del sistema de gobierno más democrático que ha existido en el mundo desde la revolución neolítica hasta la irrupción del parlamentarismo tras las revoluciones ilustradas del siglo XVIII. Está en cualquier manual. Su esencia no sólo se basaba en la participación (los mayoría de los cargos públicos y los representantes del pueblo y los senadores (SENATUS POPULUSQUE ROMANUS) eran electivos) sino sobre todo en el concepto aplicado de gobierno de la concordia, la homonóia, representada tanto en el mundo político como, y especialmente, en el religioso y en el ético. El mundo religioso romano, el paganismo, se basaba en la aceptación de todas las creencias como válidas, siempre que no atentaran contra el decoro propio de las costumbres ni contra la auctoritas. Todas las religiones tenían derecho a existir y todos los medios para alcanzar la comunión con la divinidad eran válidas. El reza y deja rezar. O, como siglos después proclamaría Ghandi: todas las religiones son ríos que van a dar al mismo Mar-Dios. Incluso, a pesar de no ser miradas lógicamente con simpatía, los monoteísmos estrictos (judaísmo, cristianismo) que injuriaban, demonizándolas, a las demás deidades con su exigencia de única verdad divina.

En cuanto a la ética social, no emanaba directamente de la religión, sino de la filosofía. Religión y ética estaban perfectamente separadas. La religión, sobre todo la popular, folklórica y ritualista, colmaba las necesidades espirituales de los ciudadanos con la variedad necesaria y garantizada de cultos diferentes, pero las normas de conducta se destilaban de conceptos racionales filosóficos. No es que el pueblo llano estudiara sistemáticamente filosofía, aunque la adscripción popular a escuelas filosóficas está constatada, sino que la filosofía que generaban los pensadores y las diferentes escuelas acababan marcando las directrices de las normas de convivencia sociales. Y el poder imperial recogía las más útiles para legislar. La altura moral de los filósofos grecolatinos no fue superada jamás por ninguna escuela de otra civilización, porque asentaban sus ideas, preceptos y recomendaciones en bases racionales, en la intuición de que es la pura necesidad de cooperación de los seres humanos aliada con la tolerancia la que tiene que garantizar la pacífica convivencia de las sociedades. Y por supuesto la idea de que las normas morales de una sociedad vienen dictadas por la revelación de un dios a un único intermediario les hubiera parecido aberrantes, a los que no conocieron el cristianismo, claro. Hablamos de Sócrates, Aristóteles, Séneca, Plinio, Plotino pero también de emperadores de una altura ética e intelectual inigualadas en la historia del mundo: Adriano, Trajano, Marco Aurelio...

El cristianismo surgió como una secta dentro del judaísmo y como tal se mantuvo por más de un siglo, recluido en la sinagoga y beneficiándose de los privilegios jurídicos que la legislación romana le concedía como religión acrisolada y de orígenes antiguos tanto en la Palestina originaria como posteriormente en Roma y otras regiones del Imperio.

El problema de los cristianos para salir a la luz no era de doctrina ni de ninguna circunstancia litúrgica, sino del carácter delictivo de su origen. Efectivamente el gobierno romano, que fue absolutamente permisivo respecto al consumo espiritual de sus súbditos, no podía permitir sin embargo una secta cuyo fundador había sido condenado a muerte por sedición, por poner en cuestión la legitimidad del poder romano y de su aliada la realeza judía, proclamándose él mismo, rey de los judíos. Esa era la única base jurídica para la proscripción. Y se tiene constancia, a pesar de la propaganda posterior cristiana, de que muy pocas veces el poder romano ejerció ese derecho de persecución. Y parece ser, a la luz de los datos que poseemos, que nunca lo hizo directamente, sino que se limitó a atender obligatoriamente las denuncias de los ciudadanos que acusaban de serlo a los cristianos. En ese caso sólo se les pedía a los acusados que hicieran un gesto de adhesión al emperador, una ofrenda pública, que no tenía por otra parte un carácter religioso, sino meramente civil, equivalente al actual de jurar o prometer una Constitución (1), ya que la divinización de un emperador sólo comenzaba tras su muerte. Si se negaban, el juez se veía obligado a cumplir la ley condenándoles a muerte. La mayoría de las veces por decapitación. Las persecuciones sistemáticas fueron escasas y muy diseminadas a los largo de los siglos II y III. La película esa que han vendido durante 17 siglos de cientos de miles de miríficos cristianos asesinados en el circo en cómodas tandas por gladiadores o devoradas por las fieras mientras las masas de paganos se descojonaban de la risa es una trola malévola e injusta. Ello ocurrió en momentos muy puntuales (incendio de Roma de Nerón) y cercanos al Edicto de legalización (313), cuando el número de cristianos había crecido tanto que el pueblo llegó a sentirse directamente agredido por su intolerancia y exigió escarmientos a sus emperadores. Efectivamente los cristianos, expertos de inmediato en el arte de detestar, como los llamó Cioran, vituperaban agresiva, consciente y sistemáticamente a los dioses ajenos, tachándolos de monstruosos, demoníacos y falsos y reclamaban ya demasiadas veces el suicidio-martirio injuriando a las demás creencias. El emperador Diocleciano, en los primerísimos años del S. IV, sobre todo vio la oportunidad de hacerse popular organizando una persecución en regla, que exagerada hasta el paroxismo, sirvió de modelo a la propaganda martirial cristiana. En el 313 Constantino proclama el edicto de Milán de proclamación de libertad religiosa total. Sus hijos convertidos al cristianismo por influjo de su madre comenzarán la presión sistemática para erradicar el paganismo. La presión se convertirá en proscripción absoluta bajo Teodosio (391). Los perseguidos se convierten en perseguidores. La libertad de culto terminó, comienza la tiranía del torvo dios judaico. La égida del morbo necrófilo, el oscurantismo, la paranoia de la culpa, la esquizofrenia del rechazo a la carne. Los templos fueron destruídos. Las estatuas destrozadas (2).

La mala suerte de los paganos (3) fue que su persecución no pudo ser amplificada por los siglos de los siglos, amén. Pero ocurrir ocurrió. Y desde luego, fue mucho más efectiva que la viceversa. Los paganos no consiguieron exterminar a los cristianos, pero éstos no tardaron mucho en hacer lo propio con aquellos. Qué poco tardaron en hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. La conversión forzosa al cristianismo se hizo a sangre fuego y terror. Mucho terror. El de las hogueras y los tormentos inquisitoriales. El mismo que mantuvieron hasta que las sociedades civiles consiguieron limar los dientes a la fiera vaticana. Hasta ayer mismo. Por los siglos de los siglos. Amén.


Como complemento os REGALO el último capítulo (Epílogo) del libro de Torrents y el texto completo de Cioran sobre el cristianismo primitivo.



EL DESAFÍO CRISTIANO.LOS NUEVOS DIOSES (CIORAN)



(1) No cabe duda de que muchos magistrados hubieran pactado a gusto con los cristianos un tipo de ritual que no ofendiera sus sentimientos religiosos, como habían hecho con los judíos que accedían a cargos públicos (véase pag. 21). Pero el cristianismo de los primeros siglos había hecho de la intransigencia virtud.
Pag. 21: Los divinos Severo y Antonio no sólo permitieron que aquellos que se adhieren a la superstición judía obtengan funciones públicas, sino que además les impusieron formalidades tales que no ofendieran su superstición. (Ulpiano, en Digestum, 50,2,3,3) Torrents, El desafío...
(VOLVER)
(2) La magnífica escultura ecuestre de Marco Aurelio, el emperador filósofo , madre de todas las que en el mundo existen, que se enseñorea desde hace siglos de la plaza del Campidoglio se salvó porque pensaban que representaba a Constantino. Ese error, fruto de la ignorancia de los fanáticos, la salvó de ser fundida y convertida en barrote de mazmorra o cadena de grillete. (VOLVER)

(3) El término paganismo viene de pagus (aldea) y hace referencia al hecho de que tras la entronización del cristianismo como religión única del estado, la religión romana hubo de refugiarse en los más recónditos lugares, en las aldeas, donde también fue perseguido hasta su final exterminio. (VOLVER)

lunes, 12 de febrero de 2007

LAS CATACUMBAS (I)

Otro de los lugares de Roma que visitamos fue las Catacumbas. Unas solas, las de San Calixto, que pasan por las más interesantes. He de reconocer que yo no tenía demasiado interés en ellas, pero C. había sufrido mucho de pequeña los relatos truculentos que nos endosaban los adoctrinadores nacionalcatólicos y se sintió muy impresionada por el mundo subterráneo, secreto y martirial de los primeros cristianos. La lectura temprana en la entrañable edición de Historias Selección y la visión fímica de Quo vadis? tampoco anduvieron ajenas. Era algo, pues, que le debía al imaginario de su infancia. Así que fuimos.

El hecho de que las visitas tuvieran que ser guiadas resultaba escamante, pero la realidad fue mucho peor que las sospechas. Agrupan en la puerta a la gente, tras pagar los 5€, por criterios idiomáticos. Así que en unos diez minutos nos encontrábamos unos 15 hispanohablantes frente al guía que nos saludaba con una beatífica sonrisa y las manos cruzadas a la altura del pecho bajo un enorme cartel que decía en varios idiomas: SE PROHÍBE INTERRUMPIR AL GUÍA DURANTE LA EXPLICACIÓN. Curatio in salute que diría el castizo latino.

El guía no sólo tenía pinta sino que realmente respondía exactamente al prototipo de veterocastellano curilla enrollado y parlanchín, curtido en mil colegios y catequesis, predicador de irritante tonillo narrativo infantiloide y entusiasta especializado en esa forma de enseñar doctrina consistente en disparar preguntas a las que el propio enseñante responde sin resuello, en tratar de contagiar esa estúpida alegría, cantarina y huera, de la fe cristiana a unos embobados feligreses. Un verdadero horror primordial, lovecraftiano, surgido de las pantanosas regiones de mi prehistoria infantil. Y habríamos de soportarlo durante 45 inacabables minutos. Y sin rechistar. El curtido guía debió notarnos a C. y a mí nuestra condición de poco proclives a celebrar sus enseñanzas y gracietas porque durante todo el tiempo se dirigió a los otros turistas, mucho más receptivos. Como era de esperar no paró de presentar el mundo del cristianismo primitivo untado con toda la baba hagiográfica que durante 17 siglos la Iglesia Católica ha venido secretando para él.

Los cristianos primitivos eran unos seres tocados por la gracia de Dios, poseedores de una religión hermosísima y verdaderísima, llena de amor y fantasía angelical, a los que los paganos odiaban con todas sus fuerzas por pura envidia de su felicidad, su fe y su esperanza. Los paganos eran mu malos, mu intolerantes, mu torturadores, mu idólatras, mu de to lo perverso que se pueda ser. El gobierno del Imperio Romano persiguió con una saña y una constancia pavorosas a los pobres cristianos, que lo único que querían era que los dejaran amarse, adorar a su dios y, como pequeño daño colateral, destruir todas las demás religiones idólatras y falsas y destronar al Emperador para poner a un Papa. Menos mal que además de malos, los paganos eran tontos y no consiguieron exterminarlos, a pesar de que no pararon ni un minuto de perseguirlos. Ellos, los cristianos primitivos sí que eran listos, además de buenos, claro, porque una vez instalado el cristianismo en el Imperio como religión del estado y declarada Única Religión Verdadera no tardaron mucho en exterminar o convertir por la fuerza a los malísimos y equivocadísimos paganos que quedaron.

Las Catacumbas no merecen la pena ser visitadas habiendo todo lo que hay en Roma que ver, a no ser que se acuda a ellas por fe o por morbo. O porque queda en la misma Via Apia Antica, la calzada que salía de la ciudad hacia el mar y que se encuentra aún bordeada de monumentos funerarios. Sería un paseo interesante ni no estuviera justo debajo de la carretera actual por la que circulan a toda leche miles de automovilistas desatados.

Sólo hay galerías con simples nichos y alguna pintura. Y una especie de sala-cueva que se supone corresponde al primer Vaticano. Las catacumbas dejaron de ser útiles tras el Edicto de Conversión (391). Con ese especial gusto que tienen los cristianos por la necrofilia, por la adoración de reliquias putrefactas, los restos de los principales enterrados allí fueron trasladados a los cementerios de las nuevas iglesias o incrustados en los altares. Con la invasión de los bárbaros (s. VI), para impedir la profanación, sacaron a todos los demás restos y sellaron los lugares. No fueron encontrados hasta el siglo XIX, en el que se comenzaron las excavaciones que aún hoy continúa.

Al terminar la visita estuvimos a punto de mostrarle al curilla nuestro malestar por haber tenido que sufrir una sobredosis de catequesis obligatoria donde sólo se esperaba una explicación somera de lo que íbamos viendo. Pero algunos de los miembros del grupo ya lo habían rodeado bailoteando a su alrededor con una perruna gratitud de hueso recibido. Menos mal que tras la desbandada descubrimos algún que otro disidente más. Nada más volver a Córdoba rebusqué en mi biblioteca hasta encontrar dos libros que he vuelto a leer seguidamente. Se trata de El desafío cristiano. Las razones del perseguidor en el que el prestigioso especialista en cristianismo primitivo José Montserrat Torrens analiza el enfrentamiento entre el mundo cristiano y el pagano a lo largo de los 4 primeros siglos de la nueva Era, desmontando de una manera seria y documentada todas las patrañas que el absolutismo cristiano ha ido tejiendo en torno al asunto.

El segundo es un delicioso panfletazo de escasas páginas que el correoso Cioran endiña a la visión canónica del cristianismo primitivo y en el que deplora la débil defensa que le opuso el paganismo. Está incluido en el Aciago demiurgo.

Mi idea es escanear epílogo del libro de Torrents y el panfleto de Cioran en cuanto tenga un rato y regalároslo, esquivos y brumosos lectores míos. Tal vez mañana, con nuevas aportaciones al tema.

LAS CATACUMBAS (II)

jueves, 8 de febrero de 2007

Fray Miguel Varona excomulgador de chirigotas


El afamado Inquisidor Mayor de la Campiña cordobesa, Fray Miguel Varona, procederá a condenar a la pena de excomunión, salvo caso de rectificación y manifiesto arrepentimiento, a los componentes de la murga Los Yogurines de Montilla por blasfemia manifiesta en la utilización de la palabra hostia en el otro sentido diverso del canónico y catecismal en la letrilla de su presentación Mi primera hostia y para la que se han preparado unos primorosos vestidos de niñas de primera comunión. Cuando a las peludas orejas del Inquisidor llegó el soplo del delator de oficio del pueblo llamó a los murgueros a capítulo a su parroquia y éstos, como sería de rigor teniendo en cuenta el siglo en el que estamos, en lugar de mandar al Torquemada campiñero a tomar reveses, presta y ovinamente, acudieron. Este hecho de la pronta y pastoril obediencia apunta claramente a la condición de católicos, apostólicos, romanos, y para más inri, cofrades, de los lenguaraces carnavalistas. Siendo, pues, así, eso es lo que toca, señores murgueros. O semos o no semos. A obedecer al pastor del rebaño. A cambiar la letra. Y los disfraces. O a arriesgarse a ser excomulgados y penar en las Calderas de Pedro Botero para TOOOOODA LA ETERNIDAAAAAAD. O habérselo pensado antes. Que está mu bonito eso de practicar un catolicismo prêt a porter, pa unas cosas sí y pa otras no. Esto me combina y esto no. Pues no, señor. Que todo va en el mismo lote: el folklore cofrade, las bizarras ceremonias y la obediencia ciega al Estado Vaticano, condón, blasfemias y pajuelas incluídas. Y si no, salirse. So espabilaos. ¡Ni carnaval, ni hostias!

Y a mí que no me excomulgan ni patrás ni palante...

miércoles, 7 de febrero de 2007

FOBIA Y PUBLICIDAD

Esa debe ser su venganza. Poquísimo veo la tele parece pero cada vez que la enciendo aparece el anuncio ese de la Andy Macdowell de la crema antiarrugas diciendo esa solemne cretinez que deja de serlo en su boca por pura asimilación cretina con su propia persona de lo que es injusto es encontrar arruguitas donde ayer no las había. He de decir primero que a la fulana esa le tengo un paquete del copón desde las primeras veces que la vi en la pantalla. Es algo irracional. Ya sabéis, eso de que de entrada hay gente que te cae del culo que incluso poniendo mucho de tu parte raramente consiguen remontar tu estimación con el tiempo. En este caso incluso el tiempo lo ha ido empeorando. Luego me he ido enterando de cosas que me han ido corroborando que no me engañó mi instinto. Parece ser que es de esas megachorras divonas que exigen cuando viajan que en la habitación del hotel les coloquen hasta una jarra de agua recién recogida de un manantial del Himalaya y filtrada con una muselina hecha por deditos de niños kurdos protegidos por su ONG favorita. Una gilipollas. Hasta me molestó mucho que Robert Altman le diera un lucido papel en su magnífica adaptación de los cuentos de Carver Vidas cruzadas. Ya hablé en otro lugar de las manías mingitorio-defecatorias de Madonna. Pues ésta igual. Un pequeño consuelo que me autoarrogo es el de pensar lo pésimamente que la tratan los publicistas. La recuerdo en otro anuncio de champú en el que se le notaba a la legua que la cortina de pelos irisados y sincrónicos que lucía sobre su cara de pasmá era una peluca. Y en este de la cremita antiarrugas de marras se le notan que te cagas los estirazones de las operaciones que le ha infligido el afamado cirujano pellejero Carniserito de Jólivu en sus ratos libres. Es lo que tienen las manías, que te obligan a cultivarlas minuciosamente en el huerto de tus pequeñas miserias. Ya sé que hay otras muchas que hacen lo mismo (la insufrible Jane Fonda, Catherine Deneuve) , algunas incluso de mi gusto y merecedoras de mi admiración (Susan Sanrandon, Diane Keaton), pero es que la Macdowell consigue engurruñarme el hígado como ninguna otra. Y sobre todo tengo a gala que mi gran amor fílmico, mi adorada Madeleine Stowe se haya limitado siempre a vender sólo buen cine y jamás cayera en esa pequeña prostitución, descendiendo a anunciar ninguna de esas mierdas de cremazas para señoras insatisfechas. Por cierto, ¿alguien sabe si Julianne Moore, mi segundo gran amor, lo ha hecho?

En otra ocasión ya hablé de lo que opino de la publicidad protagonizada por famosos. Entonces no hice hincapié en un aspecto que hoy se me ocurre especialmente miserable como es el de la competencia irredimiblemente desleal que practican en relación con los profesionales de la publicidad que se ganan la vida prestando sus perchas y conocimientos en la indispensable industria de la creación de consumidores. Esos tipos que ganan verdaderas burradas de unidades monetarias en sus prestigiadas profesiones, actores/trices de éxito, inigualables golpeadores de pelotas de golf, impávidos presentadores de telediario, cristalinas maniquíes de pasarelas de cotizaciones absurdamentes millonarias se llevan de una sola tacada el mensuario de 100 ó 500 ó 1000 asalariados del modelismo publicitario. En España se ha convertido en una peste y da grima ver a gente como José Coronado vendiendo en la tele un yogur que permite cagar más suelto o a Concha Velasco una compresita para las señoras que se mean sin querer cuando se ríen. Todo por el puto dinero. Sin ninguna vergüenza.


martes, 6 de febrero de 2007

CUANDO LA IDIOCIA SE ALÍA CON LA MALICIA

DE LA COLUMNA DE ROSA MONTERO DE HOY

....También produce cierta congoja la entrevista que sacan en la revista 6Toros6 con el profesor Illera, director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Complutense. Congoja y pasmo turulato, porque este veterinario (que, como tal, debería cuidar de los animales) dice haber hecho un estudio que demuestra que el toro de lidia no padece: "Yo podría aseverar perfectamente que ese animal no sufre. Así como lo digo: no sufre dolor", llega a asegurar en la impagable entrevista el tal Illera, que sin duda en su anterior reencarnación debió de ser astado de Mihura y por eso lo sabe. Sería hasta chistoso si no doliera. Ay.


La tenéis también en otra revista dedicada al matariferío fino, BURLADERO.ES.

PICOLETOS Y JUSTICIA MILITAR

La de un guardia civil levantando el puño en una concentración reivindicativa es de esas imágenes que pueden remover las entrañas de muchos progres como yo, que la que conservamos en nuestro imaginario es justamente la de los guardias civiles disparando contra todo aquel que lo levantara. La lorquiana que les hacía sostener bajo el tricornio de plomo las calaveras. La de El crimen de Cuenca.

Parece que los llamados beneméritos números han cambiado mucho y quieren convertirse a la normalidad, reivindicando su derecho a ser trabajadores como los demás, desvinculándose de la dictatorial, por esencia, disciplina militar.

Los que no cambian en cambio son los propios militares. Debe ser algo de tipo infeccioso, algún virus inerradicable que contamina desde siempre los colchones cuarteleros. Leo la noticia de que en Ceuta se han abierto diligencias por parte de la Justicia Militar (ya sabéis, aquélla que se comparaba con la Música) por el asunto del espionaje por parte de los servicios de información de una unidad del Ejército a sindicalistas y asociaciones vecinales de la ciudad. No pueden resistirlo. El vernos a los civiles como una masa de incorregibles presuntos traidores a la patria y por los tanto dignos de estrecha vigilancia. Lo ¿asombroso? es que esas diligencias no se abren para depurar responsabilidades por la intolerable intromisión en la vida de los ciudadanos de los uniformados metidos a huelebraguetas, sino para averiguar el origen de la filtración. En ello parece estar el origen del cese del jefe de la unidad, un arrojado teniente coronel con ínfulas de samurai que ha tratado de lavar su honor mancillado cortándose las venas con un cúter y arrojándose después a un patio de luz de cuatro metros. El mismo que pringó en la investigación a unos números de la guardia civil para que hicieran el trabajo sucio. Parece que fue uno de ellos el que se chivó a la prensa. Como vengansa cuartelera ¿Porque no le querían dar chocolatinas en la merienda?

domingo, 4 de febrero de 2007

EL HOSPITAL REINA SOFÍA DE CÓRDOBA

Aunque nunca me gustó hablar del lugar donde trabajo en este blog de mis desahogos, voy hoy a hacer una excepción porque estoy mu mosqueao y me pide el cuerpo desbravarme un poco.

Anteayer ya hablé de la monumental desfachatez de que había hecho gala la Dirección del Hospital Reina Sofía de Córdoba por la emisión de un comunicado en el que culpabilizaba directa e indubitablemente al trabajador envuelto en la caída por el hueco de un ascensor de una adolescente a la que trataba de rescatar. Le acusó sin medias tintas de haber incumplido un protocolo que se ha demostrado posteriormente que no existe, y afirmó descaradamente que los ascensores del hospital se encuentran en perfecto estado, en contra de la experiencia de más de 5000 empleados que los usan diariamente. Ayer nos reunimos unos 500 trabajadores en una concentración ante el Edificio de Gobierno para exigir la dimisión de los emisores del comunicado y para expresar nuestra indignación y nuestro apoyo al compañero de mantenimiento criminalizado. Al final la Dirección volvió a evacuar un nuevo y ambiguo comunicado en el que se retractaba de sus primeras declaraciones. Ha habido, pues que arrancárselo. Al ver a todo el personal bajo sus despachos gritándoles las verdades de al pan pan y al vino vino han tenido que tragarse su desvergüenza y recular. Una cosa que llama poderosamente la atención es el hecho de que nadie en el equipo redactor de la versión institucional fuera capaz de prever las consecuencias de la misma. Que pudieran pensar que un comunicado tan agresivo y tan inveraz no fuera inmediatamente sentido como ofensivo por todo el personal bajo su mando que ya sufre las otras agresiones laborales propias de sus políticas. Y como de su falta de solidaridad y de empatía con los trabajadores no cabe dudar, es de suponer que tal falta de previsión respondiera a carencias propias en la capacidad de discernimiento que se le supone a todo ser humano por el hecho de serlo.

Porque el problema fundamental de todo este embrollo que ha acompañado al desgraciado accidente está en la política laboral que el SAS viene llevando a cabo desde hace unos años, en su declarada guerra contra todo el personal a su cargo para extraerle el máximo beneficio productivo con la mínima inversión económica y fundamentalmente en la índole de los cargos directivos elegidos para llevarla a cabo. Lo que en plata económica se llama extracción capitalista de la plusvalía. La gestión con criterios estrictamente económicos del que es el principal de los servicios públicos: la sanidad. El primer paso ha sido la deshumanización teórica de todos los trabajadores sanitarios y su conversión en puras unidades de producción, en meras máquinas de atender usuarios. Y como a cualquier máquina en caso necesario se la puede hacer trabajar a un ritmo más intenso la política laboral del SAS ha consistido en los últimos años en forzar la maquinaria de sus trabajadores obligándonos a hacer el trabajo de nuestros compañeros de baja o de vacaciones, a reducir directamente el personal de los servicios o a ampliar servicios con el mismo personal, a recortar todo lo posible los derechos y conquistas sindicales conseguidos tras años de lucha, a primar al trabajador de contrato (más amenazable, más dócil) sobre el de plantilla (más seguro en sus derechos), a privatizar sectores sanitarios importantes (cocinas, custodia de archivos) para que sean empresas privadas las que exploten a trabajadores empleados en condiciones miserables. A extender los contratos basura incluso entre la clase médica, a la que siempre respetó más. Todo para arrancarnos euro a euro la plusvalía que le permitirá la acumulación de capital necesario para otros proyectos más lucidos. Hablo por ejemplo del basural de CANAL SUR, esa insoportable corrala de estupidez donde pastorea sus votos el partido en el poder. Pero también del mantenimiento contra viento y marea de Servicios Médicos Estrella, haciendo coincidir una Medicina de Vanguardia con instalaciones y atenciones primarias tercermundistas.

Todo ello nos ha acabado llevando a un estado general de agotamiento, desesperanza y frustración, a la sensación de estar siendo permanentemente estafados por una empresa a la que hemos dedicado toda nuestra vida. En la que las maneras y las amenazas de los capataces (subdirectores, jefes de área, de hectárea, de fanega y demás subtipos de manijeros) encargados de mantenernos a raya han ido subiendo de tono al par que las lógicas protestas de sus subordinados. En la que hasta los días por asuntos familiares graves a veces ha habido que reclamarlos judicialmente...

Y para hacer efectivas esta política el SAS, gobernado por un partido que se dice socialista pero obligado por su dinámica interna a adaptarse evolutiva y eficazmente al medio ambiente ultraliberal, ha tenido que llevar a cabo una minuciosa selección del personal directivo de sus hospitales hasta conseguir los equipos de perfiles de moral más afilada, de obediencia más ciega, de escrúpulos más laxos. Y, parece ser, de previsiones más cortas. Los que son capaces de emitir comunicados como ese ante una desgracia como aquella. Yo no digo que hubiera llegado a amar al hospital como aman aparentemente esos trabajadores japoneses de los documentales a sus empresas, pero sí que me había llegado a sentir parte de un proyecto de servicio del que estaba orgulloso y cuyo funcionamiento se debía a la responsabilidad de tanta gente que en él colaborábamos. La frustración y el desaliento me ha llevado recientemente a rechazar el título y el regalito que cada año se les hace a los trabajadores que han cumplido 25 años en la empresa. A riesgo de menospreciar el trabajo de mis compañeros de la Unidad de Atención al Profesional encargados de organizarlo, me negué a colaborar con unos señores puestos por la Administración para conseguir esos fines de deshumanización y explotación de los trabajadores, a contribuir a lavarles la cara con esos detalles de buenrrollismo institucional. Le pueden dar al titulito un destino directamente escatológico. Si de verdad quieren agradecerme mis 25 años de trabajo en la empresa que me procuren los medios suficientes para continuar haciéndolo, que me dejen trabajar normalmente sin hacerme sentir estafado cada día de la semana bajo el crujir de las clavijas de la reducción de personal para que sus estadísticas se ajusten a sus previsiones de ahorro. Aunque casi me contentaría con que pusieran a disposición de todo el mundo las verdaderas cantidades que cobran como comisión bajo el concepto de productividad para poder compararlo con el espantajo del mismo nombre con que nos amenazan a cada instante cuando a veces nos resistimos a ser explotados. Y poder ajustar nosotros una cifra concreta a la concreta cara de cada uno de ellos. Sólo como consuelo.

jueves, 1 de febrero de 2007

DESVERGÜENZA EN EL HOSPITAL

Ocurrió anteayer en un ascensor del Hospital Reina Sofía de Córdoba: tres niñas de unos 14 años... Bueno, MEJOR LO LEÉIS EN LA PRENSA.

Desde el primer momento, como puede leerse en el comunicado, la Dirección del Hospital comienza responsabilizando directamente al trabajador de mantenimiento y desaguando directamente cualquier responsabilidad suya en las causas del siniestro. Al día siguiente vuelve a la carga y ya lo culpabiliza directamente y sin ambages. AQUÍ LA NOTICIA. Habla de protocolos y de normas de seguridad. De revisiones recientes y de expedientes disciplinarios. Lo primero que llama la atención es la rapidez de la respuesta, toda vez que cuando se trata de un caso de supuesta negligencia médica el Hospital sistemáticamente cierra filas en torno al profesional acusado y se remite siempre a lo que la investigación y los jueces dictaminen. Jamás, y menos al día siguiente, el Hospital ha hablado en un comunicado de culpabilidad manifiesta en el caso de una acusación de mala praxis médica. Ello hace a la dicha Dirección directamente sospechosa de PRÁCTICAS CLASISTAS, toda vez que parece utilizar un protocolo diferente según sea la calidad del profesional envuelto en un suceso.

Por otra parte, el asunto empieza a tomar otro cariz cuando nos enteramos, por boca de los propios trabajadores de mantenimiento y los sindicatos, de que los famosos protocolos de actuación en caso de emergencia de los ascensores no les han sido jamás entregados, dándose el caso de que el último curso sobre elevadores se les impartió hace 7 años y no todos lo recibieron. Pero a todos ellos se les obliga a acudir en socorro de los usuarios o trabajadores que se quedan frecuentemente encerrados y a rescatarlos. El colmo del cinismo ha sido la aparición en la sala de máquinas de los ascensores del famoso protocolo en la mañana de ayer mismo. ¿Habrán tenido la precaución de envejecerlo artificialmente? Ello instala a la Dirección del Hospital exactamente en la HIPOCRESÍA.Lo tercero es que una cosa es que el ascensor causante del siniestro hubiera pasado la revisión periódica y otra que funcionara correctamente. Los trabajadores que llevamos muchos años allí sabemos los años que tienen los ascensores, la batalla que sufren diariamente y las penosas condiciones en las que se encuentran. Concretamente el bloque al que pertenecía el accidentado era famoso por su inoperancia. Jamás, desde hace unos años, hemos alcanzado a ver funcionar a todos a la vez en un mismo día. Las encerronas entre plantas son tan frecuentes que ya ni se llama al personal de mantenimiento. Casi todos nosotros sabemos trucos para abrir los ascensores desde dentro y salir por nosotros mismos, con escalón o sin escalón. Y a rescatar a los usuarios. Todos sabemos que los ataques de pánico de muchos de ellos no permiten esperar a un salvamento protocolizado. Y los pequeños accidentes son frecuentes, producto de saltos bruscos e intentos de sacar camas o carritos superando a veces altos desniveles, aunque no se denuncian normalmente. UGT lo hizo en agosto de 2006.

El caso del ascensor no es un hecho aislado. Las condiciones en que se nos obliga a trabajar en este hospital los favorecen claramente. Pero hay que esperar siempre al gran accidente que deje en evidencia el permanente estado de NEGLIGENCIA de la Dirección del Hospital y de los responsables de SAS que propician con sus políticas brutales de recorte de presupuesto en partidas básicas como personal y servicios de uso.

La DESVERGÜENZA está en no admitir jamás sus responsabilidades y tratar de endosárselas sistemáticamente a los trabajadores que las sufren.

CC.OO. denuncia la criminalización irresponsable del trabajador por parte de la Dirección y señala que éste no incumplió protocolo de rescate alguno. (VER NOTICIA)

domingo, 28 de enero de 2007

La Ley del Embudo en Ceuta

Hay noticias de hechos que ocurren en lugares pequeños que se erigen en paradigmas, en una especie de metáforas perfectas de lo que a escala pasa en el mundo. De cómo los ricos aplican sistemáticamente la ley del embudo en sus relaciones con los pobres, tanto a nivel personal, como al nivel de las relaciones entre las regiones y entre los países. De lo que en realidad consiste el más importante fenómeno de nuestro tiempo: la globalización.

En la ciudad de Ceuta la policía y la guardia civil han sido aguijados para que extremen la vigilancia y el celo en el requiso del pan de contrabando que introducen y venden las mujeres marroquíes desde la vecina ciudad de Fnideq. Las protestas de los panaderos locales han tenido ese eco. No pueden competir con los precios de los panes marroquíes ni (según los consumidores) con su calidad. Ello no tendría nada de particular si no se diera la paradójica circunstancia de que la ciudad de Ceuta vive del contrabando que ella misma genera en el país vecino. Efectivamente fuentes oficiales calculan que el 70% de la actividad económica de la ciudad autónoma lo genera el contrabando de productos que se introducen ilegalmente desde ella en el país vecino. 700 millones de euros anuales. Si un buen día las autoridades marroquíes decidieran hacer cumplir la ley y extremaran el celo como sus colegas españolas impidiendo el contrabando la otrora guerrera ciudad autónoma se arruinaría y sus habitantes acabarían comiéndose los mocos. Estaría bien que ocurriera al menos durante unas semanas para que se enterasen de lo que vale un peine y comprendiesen que está muy feo usar la ley del embudo en las relaciones con el vecino: pa mí lo gordo y pa ti lo fino.

viernes, 26 de enero de 2007

Pasquino y Giordano Bruno (Ecclesia versus libertate semper)

Uno de mis sitios favoritos de Roma fue la pequeña plaza de Pasquino, junto a la Navona, a pesar de que estaba toda levantada, parcialmente vallada y casi cubierta de maquinaria albañilera. En una esquina, pegado al muro achaflanado del Palazzo Braschi se encuentra la estatua que le da nombre, una desportillada escultura helenística sobre un pedestal que mandó colocar allí un papa en 1501. Parece ser que se encontró junto con muchas otras en el subsuelo de la plaza Navona y que su franco estado de deterioro impidió que ningún coleccionista se animara a adquirirla en el tinglado de tráfico de obras clásicas que tenía montada la Iglesia. Afortunadamente. El vecindario le adjudicó el nombre de un artesano contrahecho que vivía por allí y que sobresalía por su maledicencia. Y convirtió su pedestal en una tribuna de la libre expresión frente al poder omnímodo teocrático vaticano. Muchas mañanas amanecía con un papel pegado en el que se criticaba a los poderosos, nobles, cardenales o al mismo papa. Se les llamó pasquines y las autoridades pontificias intentaron impedirlos de muchas formas, incluyendo la de proclamar pena de muerte para quien fuera cogido in fraganti colgándolos, pero el veneno de la libertad de expresión había contaminado la voluntad del pueblo. Pronto otras esculturas callejeras se sumaron a la venenosa moda. Las llamadas estatuas parlantes dialogaron entre sí por varios siglos en una dialéctica que reclamaba la libertad de expresión en medio del asfixiante absolutismo clerical. Pero la de Pasquino ha seguido sirviendo de libre tribuna hasta hoy para las ideas que no tienen cabida en el establishmen informativo oficial o convencional.

En la época en que se construían los distintos elementos de la Piazza Navona, en pleno descomunal despilfarro de riquezas que arrostró la locura barroca de los Papas, mientras el pueblo permanecía sumido en la miseria, apareció bajo el viejo Pasquino este pasquín:

Non colonne vogliamo, non fontane:
pane vogliamo, pane, pane, pane.

(No queremos columnas ni fuentes:
queremos pan, pan pan.)

Es de imaginar lo mal que debió de sentar la extensión por toda la ciudad de tal coplilla al buen papa que derrochaba tanta belleza marmórea para que sus súbditos alimentaran su espíritu con ella. No se sabe si logró capturar al demagogo desagradecido infractor, pero desde luego si así fue menudo futuro le aguardó. Si no que se lo pregunten a Giordano Bruno que fue quemado vivo un par de plazas más allá casi por la misma época (1600) por un quítame de allá esas razones. En el mismo lugar, en el Campo dei Fiori, se alza su imponente estatua, con capucha, como si aún fuera reo sólo digno de vergonzante ocultación facial. Durante las mañanas lo rodean la alegre barahúnda de un mercado callejero que apoya familiarmente contra su pedestal sus frescas mercancías. Por la tarde lo suelen acompañar las golondrinas que acuchillan el vientre del cielo con sus gritos.

Me han comentado posteriormente que en la misma plaza hay un convento de dominicos en el que puede encontrarse una pequeña escultura representando un perro con una tea encendida en la boca. Se trata de una alegoría del fuego purificador de las ideas. Lo del perro no sabemos si se trató de un gol que el escultor les coló a los papas, los portadores reales de dicho fuego, con el que quemaron las obras de Giordano Bruno tras quemar su cuerpo mortal.

miércoles, 24 de enero de 2007

Casquería romana: una de callos

Una de mis devociones más plebeyas, que son muchas y muy plebeyas, es mi afición a los callos. Esa variedad gastronómica que consiste en cocinar y comerse los intestinos y el complicado estómago de los rumiantes sin pararse mucho a pensar en ello. En España, al contrario que en otros países vecinos, aún no ha alcanzado el reconocimiento que se merece y no ha saltado a los menús de los restaurantes de carta, debiendo ser encontrado refugiado en las listas de tapas de los bares y mesones. La causa tal vez podría ser de racionalidad gastronómica, porque los callos españoles suelen ser muchísimo más contundentes que los de sus vecinos y la cantidad para su degustación sea mejor que se ajuste al recipiente de la clásica tapa y no a la de un segundo plato de una comida de tamaño natural.

El secreto del guiso de callos está, evidentemente, en la salsa, porque las vísceras en sí no son grasientas ni sabrosas y necesitan ser alegradas con sabores complementarios y especias. Y así ocurre casi siempre, aunque la rolliza salsa especiada de nuestros callos es especialidad puramente carpetovetónica. A mí particularmente (fino que es uno) me gustan mucho los franceses, les tripes à la mode de Caen, y recuerdo especialmente unos que servían en un pequeño restaurante popular (de manteles de hule) del antiguo mercado parisino de Les Halles llamado Le Petit Ramoneur. Una ligerísima salsa confeccionada con Calvados, el exquisito aguardiente de manzana de Normandía, envolvía los callos con un delicado y untoso aroma y los convertía en un manjar exquisito.

Los portugueses (dobrada a moda do Porto) los hacen también más suaves que nosotros y los mezclan con la clásica feijoada, de alubias blancas, convirtiéndolos con ello en un guiso de cuchara armonioso y reconfortante, siempre que te los sirvan calientes, claro, y no como al pobre Pessoa, de quien nunca dejo me acordarme cuando los como.

En mi viaje a Roma me llevé la sorpresa de que los italianos también los cocinan y que los servían (trippa alla romana) en bastantes restaurantes. Pero tras la sorpresa vino la decepción, porque las dos veces que los pedí me los sirvieron cortados en tiras, bañados en una ligera e insulsa salsa de tomate y rociados con queso parmesano. Tal que unos macarrones. El sabor a cocido de los callos predominaba claramente sobre el de la salsa, incluso a pesar del parmesano, por lo que hube de usar más pan para empujar que el que normalmente suelo y casi fundir el medio litro de vino de la casa con que me los habían servido. No volví a intentarlo.

Tras mis dos incursiones en la casquería romana volví a donde nunca debí salir: a los sempiternos platos de pasta, única aportación, aunque poderosísima, de Italia a la gastronomía mundial.

Pero si la curiosidad mató al gato la tentación me la jugo a mí. Volví a picar con el rabo de ternera (coda alla vaccinara). Y vuelta a lo mismo: cocido y en salsa de tomate. Esta vez se ahorraron el detalle infantil del quesito por encima, pero hubiera dado igual. Tachado definitivamente de mi lista de rabos, en cuyo ranking no está en cabeza, curiosamente, ninguno de Córdoba, que pasa por la patria de ese plato. Lo encabezan el de Cádiz, concretamente el de un restaurante marinero junto a la Plaza de San Juan de Dios, y el del restaurante de la antigua estación de Cabra. Como detalle exótico, aunque no está entre mis favoritos, destacaría la sorpresa del rabo de ternera a la birmana que sirven en el restaurante oriental Confucio de la capital cordobesa. Al curry, naturalmente. Y sin pan pa empujar.

Volviendo a los callos me ha dicho un pajarito que los mejores del mundo son los de Orense, especialmente si han sido cocinados con agua de A Fonte das Caldas.

domingo, 21 de enero de 2007

Paseando por Roma de la mano del "Angulo"

Vista en el plano la calle no parece gran cosa. Uno la ve nacer en la Porta Pia y dirigirse rectamente en dirección noreste-sudoeste hasta su final en la Piazza del Quirinale, en el corazón de la ciudad monumental y así, en frío, sobre una mesa a cientos de kilómetros uno no acierta a verle nada especial.
Una vez con los pies en ella, se la descubre como una calle infestada de tráfico, de aceras no demasiado anchas y poco paseable. Pero hay que recorrer algunos de sus tramos sin excusa porque en ella se ubican algunos de los más importantes tesoros con que cuenta la ciudad. En mi caso, además, se suma una voluntad de rememoración, un buscado reencuentro con las enseñanzas de mi querido Angulo, el libro de texto de Historia del Arte del bachillerato que alcanzó el privilegio de ser conocido sólo por el apellido de su autor, Diego Angulo Iñíguez. En él bebí los primeros vinos del conocimientos de los tesoros artísticos del mundo y a él le debo el filtro analítico base de mis futuras aficiones estéticas.

En su primera parte la calle recibe el nombre de Vía XX de Settembre y la primera parada ha de hacerse ya en su segunda mitad, justo en su esquina con la Vía V.E. Orlando donde forma la Piazza di San Bernardo. En la iglesia de Santa María alla Victoria se encuentra la obra cumbre de la escultura berniniana, el Éxtasis de Santa Teresa, una excitante y vidriosa representación de placer físico y espiritual basada en las propias palabras de la santa cuando describe el metisaca en su cuerpo abierto de la punta de la flecha del amor divino que empuña, sonriente, un pícaro ángel-sátiro.

En la esquina siguiente se alza la iglesia de Santa Susanna, indispensable para seguir la evolución de la arquitectura barroca. Su fachada, de Carlo Maderno, autor también de la de San Pedro, supone un paso más en el proceso embrionario de la concepción barroca de los espacios con su acentuación de la volumetría de los elementos decorativos respecto a la que fue su modelo, Il Gesù de Della Porta, y que eclosionará un poco más adelante, en la misma calle, con los dos paradigmas antitéticos del barroco romano: San Carlo alle Quatro Fontane de Borromini y Sant’Andrea al Quirinale de Bernini, separadas por trescientos metros, para que los alumnos de don Diego Angulo pudiéramos comprobar sus enseñanzas en dos zancadas. La zonificación por planos del clasicismo, la impresión planimétrica, de la que hablaba Wölfflin, da paso ya plenamente a la búsqueda de la esencia del efecto, la sal de la apariencia, en la intensidad de la perspectiva honda (1). La pequeñez de ambas iglesias las convierte en verdaderos experimentos de laboratorio en el que los dos genios tratan de condensar sus concepciones del espacio en movimiento. Ambos conciben interiores ovales, pero con fines distintos. Borromini coloca el altar en el extremo del eje mayor, creando un juego de ondas con los elementos decorativos de los muros que provocan una sensación como de vértigo al sentirnos arrastrados por ellas hacia adelante. El altar de Bernini, por el contrario, se ubica en el extremo del eje menor del óvalo. Los huecos en los muros y la propia disposición del altar crean un efecto elástico, como si el espacio interior de la iglesia se volviera flexible. Al acercarnos desde la puerta al altar se sufre la extraña sensación de que los extremos laterales del eje mayor se estiran y nosotros somos llevados suavemente hacia adelante.

En las fachadas también se muestran claramente las diferencias de talante de los dos genios, ya que en ambos se siguen ritmicamente los motivos del interior. Mientras que en la de Sant’Andrea de Bernini, la rotundidad escenográfica, propagandística del propio templo, se hace patente en el porche oval que invade la calle sujetado por dos columnas exentas, en la de San Carlo de Borromini se repite el movimiento de los muros interiores, pero ahora longitudinalmente, en un juego de lineas cóncavas y convexas, sin que ninguno de los elementos destaque sobre los demás, produciendo una sobrecogedora sensación de inestabilidad, de crisis, de fugacidad incontrolable.

A partir de la esquina con la Vía delle Quattro Fontane, la XX de Settembre cambia de nombre por la de Vía del Quirinale, recorriendo su último tramo flanqueada por el romántico parque en cuyo centro surge imponente la estatua ecuestre del segundo rey de Italia, Umberto I y por los sobrios y altos muros del Palazzo del Quirinale, sede de la presidencia de la República, hasta derramarse en la luminosa Piazza del Quirinale con su espectacular fuente de los Dióscuros guardados por un obelisco. Bajando la escalera y torciendo por la primera a la derecha se alcanza en tres pinceladas la Fontana de Trevi. O mejor aún alcanzarla regresando hasta la esquina del Palazzo y bajando por la Vía dei Giardini, una silenciosa calle que no ha debido variar su aspecto en tres siglos y que nos empuja por sorpresa en su final a la monstruosa boca del túnel que atraviesa la colina del Qurinale.

Volviendo al lugar donde se juntan la Via delle Quatro Fontane y la Vía XX de Settembre justo en el lugar donde ésta última cambia su nombre, están desde el siglo XVI las cuatro fuentes que le dan nombre a la equina. Poco interesantes y muy descuidadas, son las centinelas sin embargo de uno de los puntos más mágicos de Roma, una especie de aleph que resume toda la ciudad en un sólo vistazo circular. Eso contando con que uno consiga mantenerse el suficiente tiempo en el centro de la calle sin que lo hagan papilla las decenas de coches por minuto que a toda velocidad la cruzan. Desde allí pueden verse tres obeliscos, los Dióscuros del Quirinale, la Porta Pía, y cuatro iglesias: muy cerca San Carlino y Sant’Andrea y escalando otras colinas Santa Trinidad dei Monti y, Vía delle Quattro Fontane abajo, la enorme popa de Santa María Maggiore dominando el Esquilino.



(1) Heinrich Wölfflin: Conceptos fundamentales de la Historia del Arte, Ed. Espasa, Col. Austral, Madrid, 1997 (1ª edición de 1924). (VOLVER)

martes, 16 de enero de 2007

Roma


Roma. Me la debía. Y me la regaló C. Una semana que me ha sabido a poco. Y eso que he sufrido una aceleración vertiginosa de la producción de ideas en mi cerebro fruto de las mil sensaciones contradictorias que me han asaltado en ella. Con deciros que algunos días casi alcanzo a apreciar el barroco, una de mis fobias artísticas favoritas... Y otros casi no logro soportar la opresión de la indignación en el hígado... La cabal comprensión de lo que fue el estado teocrático de los Papas durante la Edad Moderna a través del desmesurado derroche de sus construcciones. El fenomenal torbellino propagandístico de la Contrarreforma que convirtió la ciudad en un decorado, un descomunal espectáculo de arquitectura barroca pontificia al servicio de la contraofensiva ideológica del catolicismo frente a la herejía protestante. Un puñado de geniales artistas, de lo mejor que ha dado el genio humano, engrillados al servicio de las ideas que los teólogos absolutistas les imponían en las podridas cortes cardenalicias y de desmesurados Papas, más que representantes, suplantadores del poder del Dios Supremo, pero que les surtieron de medios y materiales en cantidad y riqueza infinitas. Es lo que queda. Fuentes menos evidentes, pero igualmente reales, nos hablan también de la tremenda miseria en que mantenía al pueblo llano el absolutismo teocrático del Vaticano.

Hay que ir a Roma para entenderlo. Sentir el peso de la monumentalidad, el lujo y el derroche sin freno de sus iglesias, la descomunalidad de las esculturas religiosas, el tremendo poder y la riqueza que alcanzó la empresa que se fundó sobre la narración de la vida de un hombre muy pobre, hijo de un carpintero que, alucinado por alguna de las sectas místico-guerreras de la Palestina ocupada por Roma, intentó reformar la religión judaica y dio lugar a otra cosa, al movimiento ideológico-religioso que más ha cambiado al mundo hasta nuestros días.

Y por otra parte el lento proceso de desmoronamiento de la racionalidad clásica del Imperio Romano, no sólo debido a su propia dinámica interna o a la amenaza exterior de los bárbaros, sino sobre todo, por la acción corrosiva que el topo del cristianismo llevó a cabo en sus entrañas. El mito martirial del Estado caprichoso y cruel y los cristianos perseguidos por su fe ya ha sido desmenuzado muchas veces. En cuanto pudo, el cristianismo suplantó al Estado Imperial y usó una crueldad e intolerancia contra sus súbditos que convirtieron a las persecuciones de Diocleciano en un juego de niños. Hablaré de ello en un futuro post sobre mi visita a las catacumbas. Y en otros que prometo colgar en breve.