FEDERICO Y EL CAMBIO CLIMÁTICO
Dios (aunque insensatamente no creas en Él) te siga bendiciendo Federico.
(del laberinto al treinta)
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11:42 a. m.
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CATEGORÍAS: ESTULTARIO
Como anuncié en la anterior entrada A mí me bautizó un cura nazi me disponía a leer la novela de Jon Juaristi La Caza Salvaje. Y ya la he acabado. He de decir ante todo que me ha encantado. Me lo he pasado bomba con la rocambolesca historia de mi cura de Santa Marina contada por alguien con verdaderas dotes de narrador y con capacidad de imprimirle un inesperado sentido del humor, que ha conseguido incluso arrancarme alguna carcajada. La verdad es que temía no reconocer al personaje que yo conocí en el relato, en caso de que fuera el mismo, cosa que entonces quedaba todavía por ver. Definitivamente se trata de Don Martín de Arrizubieta Larrinaga, por más que lo camufle junto con los demás nombres de personas y lugares, por otra parte de una manera voluntariamente no esforzada. Así, Mundaca, su pueblo natal, se convierte en Mendiaga, los psiquiatras cordobeses Carlos Castilla del Pino y Pepe Aumente en Marcos Astilla del Fresno y Pepe Ausente, el escultor Agustín Ibarrola, Valentín Ibarguchi, el poeta vasco Gabriel Aresti,
Gabriel Errasti, la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, Santa Margarita de Antioquía, etc. Otros por el contrario mantienen sus nombres originales: el polígrafo Julio Caro Baroja, al que nos presenta entre falangistas en la cueva de Zugarramurdi en una cómica escena tocando la chirula para un improvisado bailarín de aurresku, el general nazi Wilhem Faupel, el falangista Miguel Ezquerra, el propio Juaristi en su doble versión de autor y personaje novelesco, en un bonito juego final nivolesco o pirandelliano (por los que yo tengo debilidad), etc.
EL TEXTO
Lo primero que rezuma el texto es alegría. Se nota que el autor también se lo ha pasado bomba escribiéndolo y dotando al esquema de vida conocida del cura de carne narrativa, de peripecias imaginadas y de humor. Y que le ha servido para derrochar sus conocimientos sobre muchos temas en los que es experto: leyendas y cuentos de variados orígenes, principalmente europeos, historia y fundamentos mitológicos de varios nacionalismos, correspondencias filológicas de diferentes palabras que muestran las corrientes subterráneas que comunican tantas lenguas entre sí... Muchas páginas de disquisiciones, muchas, sí, pero todas interesantes, perfectamente imbricadas en la trama mediante diálogos vivos y perfectamente resueltos. El título de la novela hace referencia precisamente a uno de los mitos más extendidos en las diferentes tradiciones europeas: el del Cazador Salvaje, condenado a cazar sin descanso y a disparar sobre toda pieza que se ponga a tiro, emparentada también con el del Judío Errante. Sus exégesis atraviesan toda la novela.A veces sorprende con guiños literarios absolutamente delirantes incrustando sin avisar en las descripciones versos de Góngora, Calderón, de Miguel Hernández (umbrío por la pena, casi bruno) (pg. 335) e incluso una cita dislocada de Vargas Llosa (¿cuándo se jodió el liberalismo aquí y en Lima, Recondito? ) (pg. 380).
RELATO REAL
En cuanto al tema de su dependencia de la realidad histórica me he quedado bastante confuso. Supongo que Arcadi Espada no tardará en arremeter contra Juaristi como ya hizo con Javier Cercas ( en sus Diarios, 2005 ) a cuenta de Soldados de Salamina en su defensa de la verdad frente a la ficción en los que se han dado en llamar relatos reales, a los que tacha poco menos que de imposturas dolosas. Yo no voy a entrar en esa diatriba. Me suelo sentir muy a gusto en la literatura que deliberadamente manipula la realidad comprobada con fines artísticos y por otra parte entiendo las razones de Arcadi, aunque me temo que las dicte desde una autoridad moral que nadie le ha concedido. Y con el ceño innecesariamente adusto que parece serle propio.Pero es que en este caso la lógica curiosidad que todo relato real puede acicatear en los lectores para calibrar el grado de realidad o historicidad de lo narrado, en mí deviene, por razones obvias, en prurito insoportable. El reciente descubrimiento del profesor Núñez Seixas de tantos elementos ocultos en la biografía de mi cura de Santa Marina y las múltiples máscaras que adoptó a lo largo de su apasionante vida me ha lanzado a una loca carrera en busca de detalles concretos, de datos fiables. Y teniendo en cuenta que ese era el fin exclusivo que me movió a leer la novela se entenderá la frustración que me ha embargado al descubrir no ya que los datos comprobados históricamente y los elementos de pura ficción forman en el relato una amalgama homogénea en la que es imposible distinguir lo real de lo inventado como lógicamente exige para su funcionamiento el buen artefacto narrativo que es, sino la ocultación cuidadosa de las fuentes utilizadas por el autor para el ensamblaje. Lo que se echa de menos es una especie de apéndice bibliográfico y de fuentes utilizadas. Pero no ya para saciar mi propia sed de conocimientos, sino porque incluso se detectan pequeños fusilamientos de textos ajenos que se usan sin citar el origen.
Es el caso de descripciones y de diálogos que Juaristi copia casi literalmente del libro de memorias de Castilla del Pino La Casa del Olivo. Un botón: la conversación de Astilla del
Fresno con don Martín tras el desayuno de éste con el Caudillo (pgs. 354-55):
A usted le quería ver –dijo el médico- No se habla de otra cosa en Córdoba que de su intimidad con los Franco. ¿Cómo le ha ido con el sapillo y señora?
- Nada de sapo, Marcos, ¡mucho cuidado! Franco es una persona sincera, cortés, amable, muy interesada por las cuestiones sociales que se le exponen. No, No, Marquitos, no te pases. El Caudillo es una persona educada y tolerante. Creo que nos hemos equivocado con él.
- Ya, eso es justamente lo que yo me decía. Que Franco es un buen tipo. Nos persigue, nos tortura y nos fusila, pero es por nuestro bien. Me alegro de que usted me lo confirme.
- No le juzgues a la ligera, Marcos. él es inteligente, bastante más de lo que pudieras pensar. Y sabe escuchar. Es una lástima que no le hayas conocido como yo.
- Y ¿qué me decía que le dieron para desayunar?
- No te he dicho nada
del desayuno. Creo que fue chocolate con churros. ¿Por qué lo preguntas?- Por nada, cosas mías. No ha podido salirle a Franco más barata su conversión, don Martín.
Puedes compararlas con el texto de Castilla que yo citaba el otro día aquí mismo en la anterior entrada de este tema. No sé si el propio Castilla le ha dado permiso para usarlo, porque desde luego no es un dato histórico de uso público, sino que pertenece, aunque haya sido publicado, a la memoria privada del propio Castilla. Así que por puros escrúpulos profesionales debería haberlo hecho constar.
OCULTACIÓN
Pero si pongo este ejemplo no es para denunciar nada, sino para mostrar la aguda desazón que me asaltó al imaginar la posible utilización de otras fuentes de interés sin que fueran citadas. Porque lo que no acabo de entender es cuál es la razón por la que oculta, no demasiado esforzadamente, es cierto, la personalidad real del protagonista de su novela. Cuando además el propio Juaristi había hablado de él con su verdadero nombre en un antiguo artículo de ABC, al parecer tras la lectura del artículo del profesor Núñez Seixas y una vez recuperado de la sorpresa. En Córdoba es fácilmente reconocible y en el País Vasco me imagino que también. Muchas de las escenas que transcurren en este último lugar seguramente ocurrieron tal cual las narra el autor y quedará quien las recuerde, amén de que sean de primera mano, porque es cierto que Arrizubieta (nos lo precisó varias veces a P. y a mí) fue amigo del poeta Aresti y que Juaristi se considera discípulo de éste último. Y de que debió conocerlo personalmente no cabe la menor duda.
Por otra parte parece que comete graves errores comprobables a juzgar por algunos datos que el profesor Núñez Seixas dejó en los comentarios de mi anterior entrada. Fundamentalmente en lo referente a la caracterización de Miguel Ezquerra como un conspicuo nazionalista vasco cuando la realidad es que el aguerrido SS español fue falangista hasta la médula y hasta la muerte y por tanto creyente en la Sagrada Unidad de España.
Referente a las aventuras de la primera parte, las que trascurren en España, Francia y Alemania sería interesante conocer las fuentes que ha utilizado y la historicidad de lo narrado. No estoy seguro pero creo que el descubrimiento del pasado nazi de Arrizubieta se debió al profesor Núñez Seixas, probablemente al investigar sobre la personalidad del editorialista y principal articulista de la revista Enlace el órgano de propaganda nazi en español en el Berlín durante 1944-45. Y que después debió ahondar en el curioso personaje hasta dar con el memorial que presentó en Roma en 1946 al PNV en el exilio para tratar de justificar sus rocambolescas e infames actuaciones desde el principio de la Guerra Civil Española. De todas formas muchos de los datos que aporta Núñez Seixas están en la novela alterados o son obviados directamente. Los referentes a su posible estancia en campos de concentración, por ejemplo, han sido barridos de ella. ¿Utiliza Juaristi otras fuentes? ¿Se trata de pura ficción?
ANTINACIONALISMO
En cuanto a que la novela sea una especie de ajuste de cuentas con los nacionalistas vascos, de lo que él mismo se ha puesto la venda antes de que le llegue la pedrada, no creo que lo sea más que El Bucle Melancólico, que ya lo es sobradamente, por ejemplo, aunque en La Caza Salvaje el uso de la sátira y del cachondeo le proporcionan un arma mucho más ácida. Un botón: unos días antes de la caída de Berlín, son llamados Abadía y otro nazionalista vasco que defendían heroicamente la Cancillería del avance ruso al búnker de Hitler para que éste los condecore. Una vez ante él el Führer les ofrece la nacionalidad alemana. Los fanáticos abertzales declinan la invitación si tienen que perder la vasca. Hitler pierde los estribos y después de despacharse a gusto con los putos vascos que le llevan tocando los cojones desde que el enano de Franco lo hizo esperar dos horas en Hendaya los manda a tomar por culo. Una vez fuera tienen que soportar ser de nuevo abroncados por el propio Goebbels cuando intentan justificarse:
- Y no me vengan con la matraca de que ustedes son los primeros europeos. Los primeros europeos, los neandertales, se extinguieron hace la tira de años. Si ustedes son neandertales y no se extinguieron cuando les tocaba, pues a joderse. ...O sea que, hale, fuera a matar rusos. Por cierto, ¿quieren llevarse unas capsulitas de cianuro? aquí van a sobrarnos... (pg. 247-48)
Al más puro estilo del programa de humor vasco VAYA SEMANITA.
Las aventuras de Yugoslavia parecen muy traídas por los pelos. Me imagino que éstas sí que son puramente ficcionales y que su inclusión por Juaristi se debe a su intención de proveerse de una oportunidad y una excusa para teorizar sobre la esencia de los nacionalismos en un escenario donde tanta sangre se ha derramado por su causa. Aunque no desmerecen del resto de la novela, las teorizaciones que incluye en esta parte adolecen de previsibilidad ventajista. Los personajes hablan (con Tito recién entronizado) de un posible futuro (el de la Yugoslavia sin Tito) que está descaradamente calcado de los acontecimientos históricos recientes lógicamente ya conocidos por el autor.
En fin, que acabaré recomendando la novela por sus propias virtudes literarias. Y no pierdo la esperanza de que el propio Juaristi, en alguna entrevista o mediante cualquier otro medio se decida a proporcionarnos más pistas sobre los misterios de sus fuentes en un futuro no muy lejano. O habrá que esperar a que el profesor Núñez Seixas, como pareció apuntar el otro día en este mismo blog, se anime a escribir una biografía estrictamente académica de nuestro increíble cura de Santa Marina.
SORPRESA SOBREVENIDA
Como sorpresa final me entero en Wikipedia de algo que no sabía. Juaristi se convirtió al judaísmo hace unos años. Yo le había leído algunos artículos virulentamente sionistas en defensa del derecho de Israel a machacar a los palestinos, a robar sus tierras y su agua y a mantener un repugnante apartheid en su propio territorio. Y le había visto agitar sistemáticamente el espantajo del sionismo contra cualquier crítica a los gobernantes judíos. Con todo, siempre he intentado separar sus obras y muchas de sus otras ideas de ese vector de su pensamiento y de su actitud moral. Pero lo de la conversión me parece ya el colmo de la pedrá en la chola. Con su pan y su kippa se lo coma.
a las
12:27 a. m.
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Embriagado aún de orgullo, gaseosos lectores, por el impactante descubrimiento del verdadero origen del flamenco del que este humilde escribidor de blogs os hizo recientemente partícipes (a vosotros y al mundo entero, claro) y por el interés clamoroso con que lo habéis acogido me he engolfado un poco más en el asunto y he comenzado a tirar del hilo histórico y geográfico de mis largos paseos de etnomusicólogo amateur por los más agreste parajes del norte de África hasta dar con un nuevo, impactante y revolucionario descubrimiento que desgarrará inmisericordemente la hasta hoy coriácea piel de la historiografía folclórico-andaluza.
A pesar de que a ese embriagamiento he de sumar estos días de Semana Santa el enajenamiento que el terrible alcaloide embotador neuronal de la ineludible y fatal triaca cofrade (cera, incienso y azahar) produce en mis hipersensibles sentidos, no he dejado de pensar en el asunto. A esa misma obsesión indagatoria he achacado el hecho de que en la madrugada del Lunes Santo, en plena FASE REM de mi plácido sueño, un profundo temblor me sacara bruscamente de él y me descubriera sentado en la cama absolutamente desorientado y empapado en sudor. La causa, enseguida lo supe, fue el asalto del que fui víctima por parte de una relampagueante imagen-recuerdo que desde hace muchos años vivía agazapada en el más profundo sótano de mi memoria. Una vez despierto del todo y con la obsesión intacta la, al principio, borrosa imagen se fue aclarando progresivamente hasta que conseguí enfocarla en su más tensa nitidez. Allí estaba, como una secuencia de película en sepia que comenzara a pasar completa ante mis ojos. Fue en un perdido aduar de la harka de los Beni-Urriaguel, al norte de Alhucemas, a mediados de los años 90, mientras me tomaba un té en la humilde morada de un lugareño que practicaba conmigo el deporte favorito de todo buen musulmán que se precie: tratar de agotar la paciencia del forastero mostrándole todas las fotos de su familia (1), cuando una de ellas, amarillenta y desportillada, llamó poderosamente mi atención. Estaba fechada en su dorso en 1930 y en ella posaban ante un grupo de chumberas un desdentado rifeño con albornoz rayado, la capucha medio caída dejando ver un viejo fez en su cabeza y a un apuesto muchacho con uniforme de soldado español de la época, portadores ambos de una franca y luminosa sonrisa. Tanto el rostro del soldado como su pose, un tanto afectada, me resultaron extrañamente familiares, pero no conseguí en aquel momento ubicarlos. Pregunté al lugareño por aquella foto y me contó que se trataba de su abuelo y de un soldado español, Miguelito, que hacía el servicio militar en Algeciras, pero que viajaba frecuentemente a Alhucemas de maniobras, y aprovechaba para alargarse al aduar a que su abuelo le enseñase a cantar. Ante la extrañeza que mostré por tan extravagante relato me explicó que su abuelo era el mejor intérprete de las canciones tradicionales del pueblo, unas canciones que sólo allí se cantaban y cuyo origen se perdía en la noche de los tiempos. Y que al soldado español que las había conocido gracias a su amistad (y me guiñó el ojo picaronamente) con un moro de este mismo pueblo que conoció en Málaga, le gustaron tanto que vino a beber directamente de la fuente, concretamente de mi la de mi padre. Vino varias veces y desapareció dejando un grato recuerdo en forma de picadura de caldo de gallina y Agua de Carabaña (2) entre los lugareños. Tras mucho insistirle conseguí que me vendiera por 10 dirham y dos paquetes de Fortuna una vieja y mugrienta cinta que había grabado su abuelo en Tetuán un año antes de morirse y que me aseguró compungido, se trataba de la única y última muestra del particular género que quedaba, ya que los jóvenes de la Cábila con el veneno del rai, de Miguel Yacsón y de Gulio Iklesia, como él los llamaba, lo habían acabado olvidando definitivamente. La cinta la metí en la guantera del coche, nunca la escuché y me olvidé por completo de ella.
Pero la revelación me vino con el reconocimiento repentino en sueños del soldado de la foto. De pronto lo vi todo claro No cabía duda. Aquella cara inconfundible. Aquella pose tan ambigua. Aquella profundidad en la mirada... No podían pertenecer sino al gran... MIGUEL DE MOLINA. Mi cabeza comenzó a dar vueltas como una noria loca, pero conseguí frenarla en seco. Salí de la cama me eché agua fría en la cara y me conecté a la red. Tras rezar una oración a San Google, y tras unos segundos de búsqueda encontré la página que me confirmó que mi respuesta era.... ¡¡¡ACERTADA!!! Miguel de Molina tuvo un novio moro en Málaga e hizo la mili en Algeciras en 1930. Así que todo encajaba perfectamente. El guapo intérprete malagueño fue, como todo el mundo sabe, el creador de la copla andaluza tal como la conocemos hoy, el inspirador directo con su voz y su estilo de los escritores y músicos que para él compusieron Ojos Verdes, Triniá y tantas otras que fueron el germen del más castizo de nuestros géneros musicales patrios. El forjador de ese estilo andaluz de canción que ha acabado representando, subido en una bata de cola, a toda la tierra española por todos los rincones del mundo. Los compositores se limitaron a dar forma y a poner letra al torrente musical que él llevaba dentro. Y tan dentro... Luego vinieron los abanicos, los faralaes, los caracolillos pegados a la frente con saliva... Y la guerra civil. Me fui corriendo al cajón donde conservo las aproximadamente 2.500 cintas que he ido acumulando a lo largo de docenas de viajes y allí, en el fondo del todo, tras una tercera búsqueda y cuando lo daba ya por perdido, apareció el tesoro.
Transido de emoción la limpié, apreté los machos del reproductor y....
El intérprete del impactante registro que acabas de escuchar, fosfórico lector, y que nos ha legado esta incomensurable preciosidad desde las agrestes montañas del Rif, respondió al nombre de Rachidi ibn Filali, aunque fue conocido por su nombre artístico de Zeituni al Hozeimi (Oliverio de Alhucemas en Melilla) y el tema que interpreta se titula Ahia Munira (Qué mal pago que me das, morena).

Bueno, ya veis. Con este nuevo descubrimiento se acaban de esfumar de un plumazo todos los sustentos de las añejas y hasta hoy incontestadas teorías sobre el origen de la COPLA, aquellas extravagantes suposiciones que mezclaban a Lorca, Falla, la zarzuela y el cuplé picarón en la ridícula redoma de fusión de donde habría surgido esplendorosa la más racial de nuestras manifestaciones musicales. Pues no, brumosos lectores, la verdad era menos complicada, ya que una vez más hay que volver a decir bien alto que los hechos diferenciales más sustanciales de esta Andalucía nuestra provienen, al igual que la sangre de los vascos, de los BEREBERES.
(1) Y eso que no tienen bautizos. (VOLVER)
(2) El agua de Carabaña era muy apreciada por los cabileños dado el endémico estreñimiento que padecían a causa de su inmoderado consumo de higos chumbos. (VOLVER)
OTROS DESCUBRIMIENTOS:
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1:18 a. m.
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No todo el mundo puede decir lo mismo. Bueno, no todo el mundo que no haya nacido en Córdoba y que no haya sido cristianado en la parroquia de Santa Marina entre los años 50 y 80 del siglo pasado. Efectivamente, durante esos casi 30 años fue párroco titular de esa preciosa iglesia fernandina del siglo XIII situada en uno de los más castizos barrios de la ciudad un personaje novelesco y pintoresco dueño de una trayectoria vital a medio camino entre lo estrambótico y lo siniestro, entre lo esperpéntico y lo picaresco: Martín María de Arrizubieta Larrinaga. No fue un personaje que dejara indiferente a nadie que lo conociera. Por muchas razones que enumeraré más tarde. Pero lo que nadie podría haber sospechado ¿o sí? es que durante un tiempo de su vida hubiera ejercido de nazi redomado, el máximo responsable del aparato propagandístico nazionalsocialista en lengua española. En Berlín. Entre septiembre de 1944 y marzo de 1945. Redactor principal y editorialista de la revista Enlace en la que llegó a defender abiertamente la sustitución del régimen de Franco por otro directamente controlado por el partido nazionalsocialista alemán. La recompensa sería la independencia de Euskadi. Parece ser que todos esos datos han sido descubiertos hace muy poco por el historiador gallego Xosé M. Núñez Seixas, especialista en temas de fascismo y nazismo que los ha publicado en el número 51 de la revista Historia Social (2005) en un artículo titulado ¿Un nazismo colaboracionista español?: Martín de Arrizubieta, Wilhelm Faupel y los últimos de Berlín (1944-45).
Ahora podrán cerrarse algunos de los interrogantes que permanecían abiertos en la vida de ese portentoso impostor.
Aunque yo fui bautizado por este cura en esa iglesia mi vida transcurrió en un barrio obrero de la periferia y no volví a tener contacto con él hasta mediados de los años 70, en que, a causa de unos estudios de demografía cordobesa del siglo XVII en los que andaba engolfado con mi compañero P. para la Facultad de Historia donde ambos estudiábamos, nos vimos en la necesidad de consultar prolijamente los archivos parroquiales de varias iglesias. Fue precisamente en la de Santa Marina donde encontramos mayores facilidades para desempeñar nuestra tarea y a ella nos acabamos dedicando por completo. Si el viejo cura no se interesó demasiado por nuestro trabajo sí que lo hizo directamente por nuestras ideas políticas. Una vez convencido de que éramos unos rojos de pro como él nos adoptó como confidentes de sus aventuras, desventuras y pensamiento político. Se confesó marxista, nacionalista vasco y revolucionario. La versión que nos dio de su vida era fascinante.
Había nacido en Mundaca (Vizcaya) en 1909, en una familia de marinos mercantes. Nacionalista vasco de aliento aranista en su juventud, fue estudiante de teología y filosofía en la Universidad de Lovaina donde aprendió alemán y leyó a los filósofos germanos en su texto original y se hizo jesuita. Vuelto al País Vasco le sorprendió la guerra civil: se alistó en un batallón de gudaris y consiguió huir tras la victoria franquista a Francia donde finalmente fue hecho prisionero por los nazis.
De su estancia en un campo de concentración procedían la mayoría de las anécdotas que nos contó en los meses que estuvimos yendo a la parroquia. Nuestra tarea era contar los matrimonios, bautizos y defunciones anotados en los libros de registro a lo largo de todo el siglo XVII para confeccionar estadísticas. Al ritmo que nos imponían las interrupciones del cura supimos que tardaríamos el doble de lo que habíamos planeado. Pero lo escuchábamos con gusto, a veces fascinados, aunque de vez en cuando nos diera el barrunto de que le patinaban ya las neuronas más de la cuenta. A veces nos enviaba a alguno de nosotros a un colmado vecino a por un litro de vino, un cuarto de jamón y una bolsa de palillos. Soplaba con alegría y muy pronto se calentaba con el vino y multiplicaba las narraciones, reconstruyendo las conversaciones en alemán con los guardas del campo y con los otros prisioneros, ya que fue obligado a ejercer de intérprete por su dominio de las lenguas francesa y alemana.
Cuando acabó la II Guerra Mundial pasó clandestinamente a España para ir a ver a su madre en Mundaca, su pueblo natal, siendo capturado por la policía franquista y enjuiciado por un tribunal de guerra. El sumario, lo señalaba él con su propia mano, alcanzó un palmo de grueso. Condenado a muerte le fue conmutada la pena finalmente por su condición de sacerdote por la de exilio. Y allí estaba, exiliado desde el año 47 en aquella parroquia de Santa Marina, bregando entre beatas y falangistas. Ahora, 30 años después, no recuerdo nítidamente ninguna de aquellas anécdotas, pero sí que recuerdo la fascinación que me produjeron en el marco de la vieja sacristía, envueltos por el olor a humedad, a papel antiguo. Los ojos desencajados del viejo cura tras las gafas eternamente empañadas y las bolitas de saliva que se le escapaban cuando se exaltaba. El marxismo estaba más vivo que nunca, no se cansaba de decir, y lo que Andalucía necesitaba era un partido nacionalista radical, con su brazo armado si hacía falta. Odiaba a los señoritos del PSA (Partido Socialista Andaluz).
Nosotros le replicábamos poco y le contradecíamos menos aún a pesar de que calibrábamos perfectamente sus contradicciones. e incluso le descubrimos los textos de Samir Amín, el pensador marxista egipcio autor de la Teoría de la Dependencia, cuyas obras completas encargó a la librería vasca que lo surtía cada mes de savia revolucionaria y euskalduna. Su alegría fue mayúscula cuando descubrió que el pensamiento de Amín venía como anillo al dedo a sus paranoides delirios políticos. Era simpatizante de ETA y amigo de Alfonso Sastre, con quien se reunía cuando subía al País Vasco por vacaciones. Allí debió de rodearse de un círculo de gente que aparentemente lo admiraba y le reconocía su valía revolucionaria. Eso al menos cabía deducirse de sus comentarios.
Unos días antes de la ya histórica gran manifestación por la autonomía de Andalucía del 4 de diciembre de 1977, don Martín nos dio el dinero suficiente para que compráramos cuatro banderas blanquiverdes y nos pidió que las colocáramos en los cuatro barandales del campanario. Fueron las banderas más altas que se vieron en la ciudad aquel día. Después nos contó que había recibido llamadas amenazantes por aquel hecho, llamadas que él localizaba como provinentes del bloque de viviendas construidas en el lugar donde se alzó el palacio de los Condes de San Calixto, sede hasta los años 60 de Falange en que fue delictuosamente demolido. Se trata del conjunto situado en la Puerta del Rincón, junto al cine Isabel la Católica, entre la calle Adarve y el Callejón del Conde de Priego, que lleva a la plaza de Santa Marina. Según el cura aquellas viviendas se habían repartido entre los jerifaltes falangistas de la ciudad, lo que daba idea de la ideología de sus moradores.
También nos contó que en 1953 había sido obligado a decir una misa para Franco y su esposa que a la sazón se alojaban en el vecino palacio del Marqués de Viana y que éstos, amablemente, lo habían invitado a desayunar. También contaba cómo fue el descubridor de la famosa Anita la de la Peseta (Ana García de Cuenca) una especie de vidente-profeta-medium que hablaba con Dios y escribía a su dictado que sufrimos en esta ciudad por una larga temporada. Pero por sus comentarios dedujimos que el asunto se le había acabado escapando de las manos y por aquel entonces parecía guardarle ciertos rencores a la paranormal feligresa. La verdad es que nunca nos encajó mucho su participación en aquel pringoso asunto, pero pensamos que su larga travesía bajo el sol inclemente del franquismo por un desierto cultural como aquel barrio, viviendo justo enfrente al mamotreto a Manolete, debía haberle reblandecido las neuronas. Por otra parte escribía poemas muy místicos en vascuence que nos traducía y recitaba pomposamente con una voz engolada, mientras nosotros tratábamos de esquivar a duras penas el fuego graneado de sus perdigones salivares. La parte de mi familia que aún vivía en el barrio me contaba que la feligresía lo tenía considerado como un tipo raro y muy huraño.
Plaza de Santa Marina. Frente al horrendo pisapapeles dedicado al fino matarife Manolete la iglesia homónima. A la izquierda al fondo, con dintel amarillo, la casa donde vivió el párroco.
Nos hablaba a veces de sus contactos con las escasas fuerzas progresistas de la ciudad y nos animaba continuamente a que no dilapidáramos nuestro ardor revolucionario en banalidades políticas. Pura acción, recomendaba vehemente. Aborrecía con toda su alma a los jóvenes cofrades que pululaban alrededor de los santos de su iglesia, porque consideraba un intolerable despilfarro de fuerza juvenil la malsana afición con la que llenaban sus vidas. La verdad es que nos lo pasamos muy bien con él y llegamos a tener la sensación de estar tocando mitología histórica izquierdista de primera calidad.
Cuando terminamos el trabajo perdimos el contacto con él. Nos enteramos casualmente de su jubilación y de su regreso a su pueblo natal Mundaca. Pero poco después P. se lo encontró en la calle Mayor de Santa Marina y le contó que había regresado, que no había encontrado su sitio en el País Vasco y que ahora vivía en una casa de vecinos del barrio cuidado por una antigua feligresa encariñada con él. Un día de 1988 encontré su esquela en el Diario Córdoba.
Hasta hace muy pocos años no tuve de nuevo noticias suyas. Leyendo la segunda parte de las muy piadosas memorias de Castilla del Pino La casa del olivo (Tusquets, 2004) encontré una referencia en ellas a don Martín. El psiquiatra hablaba de los años de plomo del franquismo y de la organización clandestina de las fuerzas progresistas de la ciudad. Aunque larga, la copio entera porque no tiene desperdicio:
Para informarme de pisos de alquiler fui a ver a Pilar Osuna Fernández de Bobadilla, de una familia linajuda de Écija, con casa en Córdoba, en el paseo de La Victoria. ........... La Osuna me recibió muy amable, le expliqué a lo que iba y que pensaba establecerme en Córdoba; me dijo que la acompañara a ver a las Sepúlveda Courtoys, dos hermanas que vivían con la madre en el inmenso caserón-palacio del Realejo, cerca de la iglesia de San Andrés (aún vive allí una de ellas, María Luisa). Estábamos charlando los cuatro cuando se presentó el cura de San Andrés, el coadjutor de la parroquia, y las Sepúlveda nos invitaron a merendar. El cura se llamaba don Martín de Arrizubieta, un cura vasco, que en seguida marginó a las tres mujeres y se dedicó a hablar conmigo de Nietzsche, del que citaba en alemán párrafos enteros. Era evidente que trataba de deslumbradas, y a mí de hacerme saber que no era un cura cualquiera. Don Martín era gordo, de estatura algo más que mediana, de barba cerrada y oscura, de pelo grasoso. De su sotana, que desprendía un olor a sudor rancio perceptible a unos dos metros, asomaba un cuello duro que habría sido blanco semanas antes, pero que ahora ofrecía una tonalidad grisácea y, en los bordes, netamente oscura. Las uñas, seriamente negras. Don Martín tenía una costumbre notable: con el índice y el pulgar de la mano derecha cogía una de las pastas de la bandejita, la acariciaba entre sus manos y a continuación se la zampaba; luego, miraba sus dedos manchados de grasa y, como solución, se acariciaba el pelo; de esta forma a su pelo, ya graso, le añadía la grasa de sus dedos, y a su vez la grasa de sus pelos se adhería a la de sus dedos (un intercambio infernal).
Unos veinte días después don Martín se presentó en el hotel para solicitar mi ayuda. Un chico de diecisiete años, de una familia conocida, había cogido la pistola de su padre, militar de alta graduación ya retirado, y se había disparado un tiro en la sien en su propia casa. El obispo de Córdoba, fray Albino Menéndez de Reigada, dominico, se negó a que se le enterrase en sagrado y pretendía que lo llevaran a una especie de corraleta para suicidas, antiguos masones, ateos declarados, etcétera, del cementerio de San Rafael. Para la familia representaba una tragedia insuperable, añadida a la de su muerte. Don Martín me pidió que le redactase algún informe de donde se pudiera deducir que el suicidio derivaba de un trastorno mental; tal vez así convencería a fray Albino de que el muchacho no era responsable de su muerte. Yo accedí a su petición, siempre y cuando tuviera una entrevista con el padre que me proporcionase datos sobre los cuales sustentar mi diagnóstico retrospectivo y necesariamente ambiguo. Así se hizo, y el desgraciado muchacho fue finalmente enterrado en el panteón familiar.
Años después traté más asiduamente a don Martín. Nunca me pareció persona de fiar, más por su inconsistencia que porque fuera lo que llamaríamos crudamente un chivato (como alguna vez se dijo). Se declaró, si no rojo, sí antirrégimen, y nos hablaba de su estancia en un campo de concentración alemán: no era fácil creerle. Desde luego, parece que estaba en Córdoba en calidad de desterrado por sus actitudes separatistas. Era un hombre dominado por sus pasiones, intolerante e impulsivo. Una cosa le exasperaba hasta hacerle perder el control: el que alguna de la cohorte de sus feligresas dejara de serle incondicional. Cuando una de las asistentes a sus círculos de estudio -como se denominaba a una especie de seminarios que se celebraban en las sacristías y en los que se trataban temas teológicos para seglares- le confesó que consultaba conmigo, montó en cólera y, sin recato, empezó a descalificarme de modo tan apasionado que consiguió el efecto contrario al pretendido. Cuando con motivo del centenario del nacimiento de Freud (1956) di seis conferencias introductorias al psicoanálisis, escribió, sin firma, un artículo en el Boletín Episcopal denunciando las doctrinas perniciosas que alguien -no me nombraba pero no podía ser otro que yo- propagaba por la ciudad, alguien a quien comparaba con el sexólogo de la época, el doctor Hirschfeld. Siempre pensé que fue un error el que, como contaré en su momento, se le incorporase, unos cuatro años después, a nuestras reuniones más o menos conspiratorias, surgidas a partir de la publicación de una revista que se tituló Praxis. La policía nunca estuvo más al tanto de nuestras actividades, y no creo que se debiera a otra cosa que a su versatilidad y su incontenible charlatanería; bastaba que algún policía de la secreta y de su parroquia se llegara a verle para que, aunque sólo fuera por presumir, le hablase de nuestras reuniones. Al fin, prescindimos de él y no volvimos más por la casa parroquial, en donde alguna vez nos reuníamos. Cuando, en 1953, Franco vino a Córdoba y se hospedó, como mucho antes había hecho Alfonso XIII, en el palacio del marqués de Viana, don Martín era ya párroco de Santa Marina, el barrio del citado palacio. Se le avisó de que al día siguiente, a las nueve de la mañana, debía celebrar la misa en la capilla del palacio para el general y su mujer. Así lo hizo. Después de la misa y de impartirles la comunión, el matrimonio Franco le invitó a desayunar junto con algunos del séquito. Charlaron un rato, según nos contó, acerca de los años inmediatamente anteriores; al parecer, cada vez que don Martín decía «guerra civil», Franco, sin llamarle la atención de manera explícita, contestaba enfatizando la denominación de «alzamiento nacional». Enterados por la prensa local del citado desayuno, acudimos ansiosos a la semana siguiente a la casa parroquial para enteramos de los detalles. «Don Martín, ¿cómo fue el desayuno con el sapillo?», le pregunté impaciente. «Nada de sapo, ¡cuidado!», me respondió, y añadió: «Franco es una persona sincera, cortés, muy interesada por las cuestiones sociales que se le exponen... No, no, Franco es una persona educada y tolerante... Creo que estamos equivocados y que se le juzga a la ligera. Es una persona inteligente, una persona que escucha». Le pregunté en qué había consistido el desayuno. «Un croissant y una taza de chocolate», me contestó. «Pues no ha podido salirle a Franco más barata su conversión, don Martín», le añadí. (pgs.61-63)
Don Martín (de pie) en 1965 en una cena- homenaje que le tributaron sus feligreses. A su derecha el alcalde Guzmán Reina.
DON MARTÍN Y EL HORROR
Pero hace unas semanas mi amigo P. me llamó por teléfono para comunicarme que Jon Juaristi acababa de ganar el premio Azorín con La Caza Salvaje, una novela basada en la vida de don Martín. Me dijo que él había encontrado en Internet hacía casi dos años un artículo de Jon Juaristi en el ABC en el que hablaba de cierto artículo publicado en la Revista de Historia Social donde su autor el profesor Xosé M. Núñez Seixas seguía la pista de la peripecia vital de don Martín y lo situaba en el Berlín de 1944 como conspicuo propagandista nazi. Después de reprochar a mi amigo el no haberme avisado entonces busqué y encontré el artículo de Juaristi, enmarcado en la polémica sobre la impostura de Enric Marco, el que fuera presidente de la Asociación de prisioneros de Mauthausen ocultando que nunca estuvo en ese campo de concentración.
Al principio no estuve de acuerdo con él en que por las declaraciones de Juaristi tras el fallo del premio pudiera colegirse que la vida del protagonista de la novela estuviera directamente basada en la de nuestro cura de Santa Marina, a pesar de que incluso había utilizado su nombre de pila, Martín. En El País del 02/03/2007 pudo leerse lo siguiente referente a la novela:
En la novela, Juaristi parte del mito de los cazadores infernales del bosque para relatar la vida de un cura vasco "pícaro, oportunista, sin convicciones y sin escrúpulos que decide que para sobrevivir" en el periodo comprendido entre la Guerra Civil Española y el nacimiento de ETA "tiene que mentir y traicionar".
Juaristi (Bilbao, 1951) ha explicado en rueda de prensa que se trata de una novela de ficción en la que el protagonista, Martín Abadía, "tiene un referente real" que ha existido y cuya influencia ha pesado en el nacionalismo vasco entre la entreguerra y los años de aparición de la banda terrorista. Ha rechazado desvelar la identidad que inspira a su personaje, pero ha confesado que éste "puede rastrearse a través de la memoria del siglo XX" y puede ser que quien lea la novela en el País Vasco, sobre todo de su generación y de la anterior, "lo reconozcan al instante".
Yo me incliné más porque esa identidad fuera la de Arzalluz, pero después de encontrar el siguiente resumen del argumento en La Casa del Libro me parece que la razón está con mi amigo:
Martín Abadía, un cura vasco nacionalista, disoluto y sin escrúpulos recorre el siglo xx en pos de un evasivo sueño totalitario. En medio de la violencia política y de los impulsos criminales que seapoderan de Europa, aprenderá a sobrevivir mediante la impostura y la traición. A lo largo de medio siglo –desde los primeros vagidos de la Segunda República hasta el golpe de estado del 23 de febrero de 1981–, las andanzas de Abadía por la España recién salida de la guerra civil, la Francia ocupada, la Alemania nazi, la Yugoslavia de Tito y el despertar de la oposición al régimen de Franco ilustran el destino de los nacionalismos en un mundo que retrocede a la condición selvática y en el que cobran realidad los más oscuros temores de la imaginación humana.
Como eso me demuestra que ya está publicada sólo me queda conseguirla y leerla.
En cuanto al trabajo del profesor Núñez Seixas, dada la rareza de la revista donde se publicó, solicité a una amiga que tiene contactos en la Universidad de Santiago que me consiguiera una copia. Me fotocopió el artículo y me lo acaba de enviar. En él se encuentran los datos suficientes para calibrar exactamente la personalidad del personaje y probablemente las bases argumentales de la novela de Juaristi.
Núñez Seixas cuenta que durante la guerra el cura se alistó como capellán en un regimiento de gudaris hasta que fue capturado por las fuerzas tradicionalistas navarras de Franco. En lugar de fusilarlo, los requetés lo convierten en su capellán hasta que logra escaparse en 1938 a Francia. Durante la II Guerra Mundial se alista en la XI Regimiento de la Legión Extranjera hasta que es capturado por los alemanes en 1940. Después de pasar por varios campos de concentración ciertos amigos jesuitas con ascendencia entre los nazis lo ponen en contacto con Wilhelm Faupel, militar prusiano de carrera que había sido en los años 20 asesor militar de varios gobiernos argentinos y peruanos. En Sudamérica aprendió español y una vez en Alemania y en contacto con el Partido Nazi se convirtió en el principal propagador de su ideología entre los hispanohablantes. Primer Embajador de Hitler en la España nacionalista (1936) sus desencuentros con la Falange, a la que acusaba de clerical y escasamente revolucionaria fascista le llevaron a ser relevado por exigencias del propio Franco y una vez en Alemania a fomentar su refundación en un partido auténticamente nazi, racista y revolucionario. Rescató una revista, Enlace, que utilizó como principal órgano de propaganda de sus ideas y colocó al frente de ella al cura que le habían recomendado. Martín de Arrizubieta cumplió a la perfección las expectativas de su nuevo jefe. Comenzó dirigiendo sus artículos a los soldados de la División Azul que aún andaban por Berlín y a los 10.000 trabajadores españoles que se calcula que había en Alemania por entonces y fue radicalizando su discurso hasta el punto de que en los últimos tiempos alarmó seriamente a la embajada española en Berlín, con su reclamación directa de la sustitución de Franco por un régimen auténticamente nazi, la implantación de políticas selectivas racistas y la independencia de Euskadi.
Núñez Seixas analiza en su artículo (pgs. 35 a 42), que adjunto íntegro, varios editoriales redactados por Arrizubieta para tratar de fijar su pensamiento y la base ideológica que trataba de imprimir al movimiento. Un confuso y delirante colage confeccionado con retales de obrerismo fascista, racismo antisemita focalizado en los defensores del comunismo y el liberalismo, esencialismo español de raíz vasquista y lo que es más increíble, con un anticatolicismo furibundo, que incluso le ganó los agrios reproches en forma de cartas de algunos lectores. El núcleo duro era una fusión de socialismo revolucionario y nacionalismo fanático para un proyecto de superación de la cesura de las dos Españas. La razón de estado basado en la raza por encima de cualquier otra consideración y por supuesto, por encima de cualquier moral religiosa. Todo ello enmarcado en el Nuevo Orden Europeo que propugnaba el Partido Nazionalisocialista alemán. Un verdadero gazpacho fruto de una mente realmente paranoica.
Tras la caída de Berlín nuestro cura, superviviente nato, escapa a Italia y ejerce diversos trabajos hasta que en 1946 intenta reengancharse en el movimiento nacionalista vasco en el exilio presentando un memorial justificatorio de todos sus actos de Berlín a un dirigente que halló en Roma, y para solicitarle un aval de exiliado para huir a México, pero parece que el PNV no le creyó del todo y se desentendió de él.
A fines de 1947 ya lo encontramos en España donde un tío suyo dominico lo recomienda al obispo de Córdoba a la sazón el también dominico Fray Albino Menéndez-Raigada. Dios los cría y ellos se juntan. El tal Fray Albino fue uno de los mayores fascistas convencidos y convencedores que dio la Iglesia Católica a la causa del franquismo (1). De esta época parece ser el consejo de guerra al que siempre aludió. No se sabe si los cargos fueron por separatista, o por conspirador nazi. De hecho el propio Don Martín nos contó a P. y a mí que el Consejo de Guerra se celebró en el Alcázar de los Reyes Cristianos y que se le exigió firmar el conforme sin tener acceso a los cargos. El caso es que fue amnistiado y a principios de los años 50 ya era párroco de Santa Marina.
Como contaba Castilla participó tangencialmente en las reuniones conspiratorias de oposición antifranquista clandestina en la ciudad y en los últimos años de su vida, los que yo le conocí, volvió de nuevo al nacionalismo esencialista de raíz aranista sumándose ahora a una genérica identificación con las aspiraciones de de la clase trabajadora vasca (Núñes Seixas, pg. 46) en el que ya incluía directamente su apoyo sin fisuras a ETA. Yo creo que P. y yo fuimos en parte responsables del último encharcamiento mental del anciano cura cuando lo pusimos en contacto con las obras de Samir Amin. De su entusiasmo por el pensamiento del profesor egipcio y su comprobación de que encajaba a la perfección en su credo nacionalista nos dio sobradas muestras en aquel tiempo.
A pesar de que tanto Juaristi como Núñez Seixas nos lo presentan como un caso clarísimo de impostura cambiante y continuada y de que merecería uno de los capítulos de La Historia Universal de la Infamia de Borges, junto con El atroz redentor Lazarus Morell o el El impostor inverosímil Tom Castro, yo miro su trayectoria y trato de condensar su ideología y no veo contradicciones. A mí me da la impresión de que siempre mantuvo un corpus ideológico de gran coherencia, aunque a veces unos aspectos u otros tuviera que disfrazarlos por cuestiones de mera estrategia de supervivencia: una fusión, perfectamente actualizada en el albertzalismo vasco actual, entre el totalitarismo y el nacionalismo racista de Sabino Arana. Una superación de la blandenguería peneuvista de raíz burguesa. No me extrañaría nada que su pensamiento hubiera influido directamente en las bases ideológicas de Herri Batasuna.
De todas formas que un tipo como él, que padecía de una soberbia apabullante, con su trayectoria de conspicuo conspirador a sus espaldas y de unas inquietudes intelectuales tan estrafalarias acabara de párroco en una perdida parroquia cordobesa en un medio social popular aplastado por la tremenda losa de la ramplonería del franquismo de posguerra, rodeado de beatas y aguardentosos falangistas y tratando de chupar rueda entre los desconfiados intelectuales progresistas cordobeses debió suponer un castigo perfectamente acorde a sus pasadas maldades. Tal vez, como creo que ha dicho de él alguna vez Juaristi, estuviera loco. Pero seguro que fue un tipo muy peligroso al que el piadoso destino nunca puso el suficiente poder en sus manos que le permitiera llevar a la práctica su nefasta ideología.
Una broma final del destino burlón: el cura vasco, que practicó un pundonor cultista exagerado y que fue en vida un maniático de la ortografía, tanto en vascuence como en castellano, ha de sufrir para toda la eternidad la tremenda afrenta de una falta de ortografía que un marmolista justiciero grabó en su lápida.
TEXTO ÍNTEGRO DEL ARTÍCULO DE NÚÑEZ SEIXAS:
SEGUNDA PARTE: LA CAZA SALVAJE DE JUARISTI
(1) Fue autor del repugnante Catecismo Patriótico Español, que fue de estudio obligatorio en las escuelas, uno de los más feroces libros justificadores de la masacre de la guerra civil, pleno de todas la peligrosas estupideces acerca del destino superior de España y su catolicismo totalitario y ensalzador sin escrúpulos de los más crueles criminales de guerra responsables de la misma. En Córdoba acabó siendo considerado un hombre bueno, benefactor de los pobres cordobeses tras su conversión en promotor de viviendas sociales durante los duros años 50 (Cañero y Campo de la Verdad y la que lleva su nombre, Fray Albino). Cuenta además con una avenida a su nombre (dedicada a él bajo el mandato de Rosa Aguilar) y con una estatua en la plaza de la barriada de Cañero. Una vergüenza más nunca denunciada que ensucia las paredes y las plazas de esta rara ciudad. (VOLVER)
a las
11:06 p. m.
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De un plumazo, de un solo plumazo, este humilde redactor de blogs se dispone a cargarse las más acrisoladas y canónicas teorías que se han formulado acerca del origen del arte andaluz más genuino: el flamenco. Ricardo Molina, Anselmo G. Climent, Fernando Quiñones, Félix Grande y tantos otros flamencólogos de reconocido prestigio estaban equivocados. El azar y mi esfuerzo pesquisitorial se han asociado felizmente para coincidir en un sensacional descubrimiento que va a resquebrajar el granítico mundo de la flamencología. Ya sabéis, todas aquellas bonitas teorías sobre las puellae gaditanorum, los gitanos de Cachemira que se encuentran con los jirones de las músicas moriscas, las peregrinas influencias de los cantos sinagogales judíos..., en fin todo el corpus sacrus de la ortodoxia cantejondista gitanoandaluza, arrasado por los nuevos aires que desde hoy corren.
Durante mi último viaje a Maruecos, husmeando en un oscuro zaquizamí de cintas de cassette de Bab el Okla en Tetuán encontré una de ellas, polvorienta y descolorida, en el fondo de una desportillada caja atiborrada de cantos coránicos. Rutinariamente me interesé por ella. Contenía, según el viejo vendedor que atendía el local, interpretaciones de ciertas formas musicales arcaicas de una tribu árabo-bereber perdida en las inaccesibles estribaciones del Rif. Tras el ritual regateo la compré, me la llevé al hotel y en la modorra de la siesta la coloqué en mi viejo reproductor portátil. Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir nada más comenzar a escucharla las mil afinidades que con nuestro cante jondo andaluz presentaban los primeros compases introductorios del primer tema. Similitudes del aire oriental, recuerdo que pensé para tranquilizarme. Pero el corazón se me desbocó totalmente en el momento en que el cantante empezó a emitir melismas y gorgoritos y a hilar inquietantes frases musicales de entrañable cercanía emocional. ¡¡¡Aquello era, indudablemente, flamenco!!! Tras escuchar la cinta de un tirón con el alma en vilo regresé corriendo a la tienda y pedí al viejo vendedor que me hablara de aquel lugar donde se había grabado. El apergaminado semblante del viejo se ensombreció de repente y con los ojos arrasados de lágrimas me contó que aquel pueblo de donde procedían aquellas canciones había desaparecido tragado por las montañas tras el terremoto que hacía unos años había asolado las comarcas centrales del Rif. Allí murieron todos los habitantes llevándose al paraíso de Allah el secreto de aquella música. Me contó que él era nacido en un pueblo vecino e iba cuando joven todos los jueves por la noche a los cafetines de la calle principal donde los mejores intérpretes, acompañados con el sonanthi un instrumento parecido al laúd, pero que se tocaba con los dedos y no con púa como aquél, entre vasos de té, palmas y el humo del kiffi cantaban felah manku (canto campesino), las viejas canciones de sus antepasados cuyo origen se perdía en la noche de los tiempos. Las mismas, me contó sigiloso, que habían enseñado a una tribu de gitanos provinente de Egipto que había pasado por allí unos siglos antes camino de España.
Transido de emoción comprendí que me hallaba ante el dato clave que desvelaba por fin los más profundos arcanos del origen del flamenco, que tenía el privilegio de ser el primero en acariciar los más secretos capilares de la genuina raíz del cante jondo.
Así pues, puede asegurarse sin ninguna duda que EL FLAMENCO TIENE SU ORIGEN EN EL PUEBLO BEREBER, exactamende igual que el ADN de los vascos.

Me hallo estos días sumergido en una febril actividad teorizadora para elaborar y desarrollar el texto definitivo que acabe llevando la luz a todos los rincones oscuros del nuevo orden teórico del origen de nuestro cante nacional andaluz, pero he sacado unos jirones de tiempo para ofreceros a vosotros, mis fieles, aunque gaseosos, lectores, la primicia.
Os ofrezco en rigurosa exclusiva un tema de la cinta que he digitalizado para vosotros con mucho cariño. Se trata de unas fanghandiyyas que con el título de Maka, maka salshit, inna furubi ktakuesti asin (cada vez que considero que me tengo que morir), en lengua bereber rifeña interpreta por el malogrado Muhammed Kaghajund, Uald al Barquq (Niño de las ciruelas) acompañado al sonanthi por el también malogrado Rachid Ketegueshen, Snin Dhabía (El Orodentado).
a las
1:58 a. m.
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Lo de las costaleras cordobesas es asunto curioso, porque ha ido a dar en la médula de lo más rancio de la sociedad andaluza. El mundo cofrade es machista, reaccionario y misógino, con un pensamiento libidinoso: eso del roce bajo el paso es de mente calenturienta. Cosa bien distinta es que no alcanzo a comprender el interés de las dos muchachas por cargar un paso, con lo que pesa y lo que se tiene que sudar ahí abajo .Es mucho mejor tomarse las vacaciones para viajar o para descansar. Tiene que haber de todo en la viña del señor (¿se escribirá con mayúsculas?¿es una blasfemia la minúscula?).
La semana alcanza su cenit con el campeonato de mundo de motos en Jerez. Es uno de los reductos más machistas que quedan. Las motos es un ámbito masculino, no sólo porque no compite ninguna mujer, sino porque los moteros son en su inmensa mayoría hombres, y si hay mujeres van de paquete en la moto o son azafatas vestidas de manera sugerente en los boxes. Es un mundo para el alarde masculino, para la exhibición del macho, a ver quién la tiene más grande, a ver quién hace el caballito, quién quema más neumáticos, quién corre más de prisa. Es decir, para la testosterona y otras fantasmadas por el estilo, con alguno que termina en el hospital o en el cementerio. No entiendo cómo ninguna feminista o ningún órgano de la administración hayan dicho nada al respecto. El mundo de las motos es tan machista como el cofrade: la mujer de adorno, en un lugar con mantilla y en otro provocativa.
a las
10:45 a. m.
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CATEGORÍAS: CÓRDOBA
En cierto sentido, quienes no defienden claramente la tortura pero la aceptan como tema legítimo de debate son más peligrosos que los que la apoyan de forma explícita: el apoyo explícito sería un escándalo y, por tanto, se rechazaría, mientras que la mera inclusión de la tortura como asunto legítimo nos permite coquetear con la idea y conservar una conciencia pura: ¡Por supuesto que estoy contra la tortura, pero no hace daño a nadie que hablemos de ella! Esta legitimación de la tortura como tema de debate altera el trasfondo de las suposiciones y opciones ideológicas de manera mucho más drástica que su defensa descarada, porque transforma todo el campo de discusión, mientras que, sin ese cambio, la defensa abierta sigue siendo una opinión idiosincrásica.
La moralidad no es nunca una cuestión exclusiva de la conciencia individual; sólo puede florecer si se apoya sobre lo que Hegel llamaba el espíritu objetivo o la sustancia de las costumbres, la serie de normas no escritas que constituyen el trasfondo de la actividad de cada individuo y nos dicen lo que es aceptable y lo que es inaceptable. Por ejemplo, una señal de progreso en nuestras sociedades es que no es necesario presentar argumentos contra la violación: todo el mundo tiene claro que la violación es algo malo, y todos sentimos que es excesivo incluso razonar en su contra. Si alguno pretendiera defender la legitimidad de la violación, sería triste que otro tuviera que argumentar en su contra; se descalificaría a sí mismo. Y lo mismo debería ocurrir con la tortura.
Por ese motivo, las mayores víctimas de la tortura reconocida públicamente somos todos nosotros, los ciudadanos a los que se nos informa. Aunque en nuestra mayoría sigamos oponiéndonos a ella, somos conscientes de que hemos perdido de forma irremediable una parte muy valiosa de nuestra identidad colectiva. Nos encontramos en medio de un proceso de corrupción moral: quienes están en el poder están tratando de romper una parte de nuestra columna vertebral ética, sofocar y deshacer lo que es seguramente el mayor triunfo de la civilización: el desarrollo de nuestra sensibilidad moral espontánea.
En ningún sitio se ve esto más claramente que en un detalle significativo de la publicación de las confesiones de Mohammed. Se nos ha contado que los agentes que torturaron se habían prestado a sufrir la tabla de agua y que sólo fueron capaces de aguantar de l0 a 15 segundos antes de estar dispuestos a confesar lo que fuera, mientras que tuvieron que admirar a Mohammed, muy a su pesar, porque aguantó dos minutos y medio, el tiempo más largo que recordaban. ¿Nos damos cuenta de que la última vez que se oyeron frases de este tipo en público fue a finales de la Edad Media, cuando la tortura era aún un espectáculo público, una forma honrosa de poner a prueba a un enemigo valioso capturado, que lograba ganarse la admiración de la muchedumbre si sabía soportar el dolor con dignidad?
a las
11:40 p. m.
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CATEGORÍAS: MONDO CANE
Una de las zonas que me quedaban por explorar más hondamente de la Sevilla menos turística es la que va desde la Alameda de Hércules hasta la Macarena por calle Feria y la vuelta por la calle San Luis. En calle Feria, la vivísima arteria milenaria, es una gozada tomarse una caña en el bar del mercado, junto a los muros de una iglesia fernandina, como todas, del siglo XIII, la de Omnium Sanctorum, en un ambiente estrictamente popular, entre todos los olores del pescado, la carne y la verdura. Y al final una visita al lugar del oprobio. Para constatar su realidad. Uno de los símbolos más universales de Sevilla esconde un horror en su seno. Un horror que dice mucho de la institución que lo acoge: la Iglesia Católica. En la basílica de la Macarena, junto a las enhiestas murallas almoravides y frente al Parlamento Andaluz está enterrado, con todos los honores intactos, uno de los peores malnacidos que ha dado este país en cuya Historia tantos malnacidos abundan. El Teniente General Don Gonzalo Queipo de Llano y algunos apellidos más que no me sale del alma enumerar. Aparte de ser responsable de innumerables crímenes de guerra, incitación a la violación de mujeres y torturas atroces, que aún no han sido debidamente detallados por los historiadores, se le debe la responsabilidad directa del asesinato de Federico García Lorca.
El hecho está manchado además por un repugnante acto de chulería militar y barriobajera a partes iguales. Cuando el gobernador militar de Granada lo llamó para preguntarle qué hacían con el poeta detenido, el Cofrade de Honor de la Macarena, cuyo fajín aún luce la imagen de la virgen en su procesión del Viernes Santo, contestó: que le den café, mucho café. La leche, la mala leche, ya sabemos que la ponía él.
De vuelta ir descubriendo más preciosas iglesias fernandinas y comprobando las diferencias respecto a sus hermanas cordobesas. Las sevillanas presentan un carácter mudéjar mucho más acusado debido a la influencia del gran icono-reflejo del alminar de la Gran Mezquita, después Giralda. El uso del ladrillo frente al del sillar de las cordobesas y un uso más generoso de la decoración almohade, la sebka, que recubre sus flancos son las principales diferencias. La torre de la de San Marcos es una auténtica maravilla que aparece al final de la calle San Luis, después de la de Santa Marina y de la plaza del Pumarejo, donde resiste desde hace años un movimiento de inquilinos de un viejo palacio que no están dispuestos a dejarse expulsar por la presión de la especulación.
Frente a la codicia de la propiedad y la desidia de las autoridades.(1) Los enlaces del Google me llevan, casualmente, al blog del amigo Landahlauts, a quien enlazo desde hace poco y que ha tratado el mismo tema recientemente. (VOLVER)
a las
9:55 a. m.
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Los daños colaterales del asunto este de las costaleras discriminadas por la testosterona cofrade amenaza con remover no sólo los cimientos sociales de esta pía ciudad sino las bases mismas de la civilización occidental. ¿En qué creer a partir de lo visto y oído, cómo conservar la esperanza? Apocalíptico estoy esta mañana. Si no te gusta con largarte tienes de sobra, a otro blog más contemporizador, que los hay a patadas. Y sigo, que me estoy calentando: los nuevos Cuatro Jinetes (superstición, irracionalidad, racismo y misoginia) siegan con sus negras guadañas la hierba de la razón que quiere surgir por entre los adoquines de la mente humana. ¡Chúpate esa!
Porque vamos a ver, en qué cabeza racional cabe que en el asunto este nadie del mundo laico con capacidad de respuesta ponga las cosas en su sitio y recomiende de una puta vez la creación de un plan de reeducación para que los chicos y chicas que consumen irresponsablemente idolatría cofrade y que pidan ayuda si no pueden salir por sí mismos del pozo negro de la droga se sometan a una cura de desintoxicación y comiencen a practicar actividades sanas para el cuerpo y la mente, como pintar, esculpir, escribir, pensar, hacer senderismo o mismamente consumir botellón moderadamente.
Pues no. La Beatíphica Regidora Nostra la primera. Rosa Aguilar, ¿ex?militante del Partido Comunista de España, va y confiesa sin rubor ¡¡¡¡QUE PERTENECE A LA COFRADÍA DE LOS DOLORES!!!! Y yo que pensaba que estas cosas sólo podían suceder en Sevilla, donde la fantasma de Queipo de Llano, enterrado en La Macarena, tiene secuestrado el entendimiento de toda la ciudad... Pero ya empezamos a ver la luz. Ahora todas las piezas sueltas empiezan a encajar como un enorme puzzle sideral. Todos esos hilos colgantes que en torno a su esquiva personalidad flotaban han mostrado ya su trama y le han confeccionado por fin el vestido adecuado: católicismo practicante haciendo aguas materialistas dialécticas. Porque yo tengo entendido que es condición indispensable para pertenecer a una de esas cofradías el ser católico (y no sólo bautizado), lo que supone otra forma más de discriminación. Por ejemplo, un musulmán (estúpido, desde luego) que lo solicitara no sería admitido. Si alguien puede desmentirme o iluminarme sobre este extremo, que lo haga, por favor. Y he aquí la contradicción, la flagrante violación de la razón pura: si nuestra querida alcaldesa no lo es está ejerciendo de impostora en la cofradía. Si lo es está ejerciendo de impostora en Izquierda Unida. El catolicismo es estrictamente incompatible con los postulados ideológicos de una izquierda no relativista ni posmoderna como parece ser la formación en la que milita. Echar agua al vino se llamó a eso siempre.
Pero es que aparte de la inmensa falta de respeto que demuestra por la ideología que profesa y cuyos postulados representa y por las creencias de los católicos que consumen sinceramente la superstición vaticana, es que además se ha alineado descaradamente con las tesis machistas-leninistas del obispado y ha recomendado a las compungidas chicas expulsadas por los ensotanados que se busquen otras compañeras y formen una CUADRILLA UNISEX. En lugar de pedir inmediatamente su baja en las listas de semejante asociación que discrimina activamente a sus compañeras de sexo va y acata la oprobiosa norma. En lugar de retirar inmediatamente todas las subvenciones que recibe el SUPERSHOW COFRADE por atentar contra el espíritu de la Constitución Española y contra la Declaración de los Derechos Humanos, anima a otras chicas a que caigan en las redes de la mafia vaticana, acaten la disciplina de discriminación que propugna y ejerce ese estado teocrático extranjero y se conviertan en comparsas de la misma. Como ella misma, humilde devota, hace. Ver para creer.
Yo creo que nuestra bizarra alcaldiosa pasará a la historia del pensamiento político como madre de la ideología MARXISTA-MEAPILISTA O MARXISTA-CAPILLITA.
¿Para cuando el derecho a apostatar también de tu Ayuntamiento?
a las
11:46 a. m.
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Como apunté el otro día C. y yo hemos pasado un fin de semana en Sevilla. Sevilla nunca defrauda y siempre acaba sorprendiendo. Sabíamos que había un par de exposiciones importantes. Las sugerentes esculturas del artista polaco Igor Mitoraj, enormes desnudos mitológicos, que ya causaran cierto escándalo en Granada cuando algunos australopitecos católicos protestaron por su ubicación frente al templo principal donde practican la idolatría virginal, las Angustias. Allí comenzaron su andadura expositiva, que no sé por dónde continuará. Granada tuvo el privilegio del pistoletazo. Ahora están en Sevilla. En Plaza Nueva. La magia de la pieza arqueológica recreada en una textura conceptual de fuerte contenido onírico.
comentábamos el extraño fenómeno al que se podía asistir en esas manifas. Señoras de pieles de las que toman pacíficamente sus cafeses con pastas en las pastelerías del centro de nuestras ciudades o que pastorean a sus nietos en los cuidados parques de la Zona Nacional que se transforman de repente en verdaderas harpías, en terribles gorgonas que piden cabezas de políticos con caras desencajadas, los ojos desorbitados por el odio.| Vasarely De la abs... |
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11:14 a. m.
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comentarios
En este espacio de expresión personal se practica el saludable ejercicio del ANTICLERICALISMO
La chusma política ha preferido halagar las formas más bajas de narcisismo en vez de la conciencia adulta de ciudadanía porque la demagogia es más rentable a corto plazo que la racionalidad. La educación, en vez de a alentar el desarrollo de las mejores capacidades de cada persona, ha consistido en boberío pedagógico mezclado con adoctrinamiento identitario.
Antonio Muñoz Molina
Los gobernantes han ido imponiendo la idea, quizá inconsciente, de que lo público depende del Estado como si fuera una institución de beneficencia para el que no pueda pagarse otra cosa. Lo demás es obvio: líderes partidarios del liderazgo, mercaderes partidarios del mercado, negociantes partidarios del negocio. En la economía del máximo beneficio privado a la mayor velocidad es imposible pararse a pensar en la lentitud del conocimiento, ni en el proyecto de una verdadera enseñanza pública sostenida por todos los ciudadanos. Es difícil mejorar la escuela sin tocar el estado general de las cosas.
Justo Navarro (Arriba y Abajo)
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