(del laberinto al treinta)


sábado, 20 de diciembre de 2008

KASHAN, ROSAS EN EL DESIERTO

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE


Nana interpretada por la Jahle Band, formada por esclavos libertos negros que viven en la costa sur de Irán (Del disco The Rough Guide To The Music Of Iran).



kashan



Kashan es famosa por sus rosas y por la industria derivada de su cultivo. En primavera hay un festival en el que se premia las mejores elaboraciones de productos con ellas fabricados, agua de rosas sobre todo. Nosotros vinimos en otoño, pero las botellas de agua de rosas se encuentran por doquier y su olor se percibe constantemente a la mínima que uno se fije.

Es en sí misma una ciudad muy interesante, aunque sumamente aburrida. Ya dije en la entrada anterior que los restaurantes y cafés en su perímetro urbano son una rareza. En realidad lo son en todo el país, sobre todo en los lugares menos turísticos, debido al brutal recorte de libertades a que está sometido por parte del ominoso régimen teocrático. Ya contaré más adelante cómo han perseguido, lógicamente sin todo el éxito deseado, cualquier forma de esparcimiento, cualquier posibilidad de relaciones sociales que no sean las estrictamente religiosas, las que se celebran en la mezquita. Ello ha hecho que la vida social se retire a las casas. O pasear por el bazar, la calle o el centro comercial moderno (si lo hay), hacer picnic a la vista de todo el mundo o encerrarse en casa a ver cine prohibido, a escuchar música prohibida, a conectarse a canales prohibidos mediante las prohibidas parabólicas camufladas en las terrazas interiores, posiblemente también prohibidas. Pero fue en Kashan donde más sentimos esa atmósfera espesa y gris de la dictadura.



calle de kashan



De todas formas el último día descubrimos que existe una zona de jolgorio a la iraní en la ciudad. El problema es que está a varios kilómetros. Unos 7, aunque el acceso es fácil porque son continuas las salidas y llegadas de autobuses y taxis colectivos. Se trata de la zona donde se asienta uno de los jardines más hermosos de Irán, país de jardines hermosos. Los Bagh-e Fin (Jardines Fin). A los largo de los últmos 100 mts de la carretera que lleva hasta la puerta se suceden los restaurantes típicos iraníes, en los que por la noche se juntan cientos de familias a comer los inevitables kebabs sobre las altas plataformas alfombradas que son la forma tradicional de mesa para los persas. Como nosotros fuimos a media mañana, los restaurantes estaban vacíos, aunque un vistazo a un par de cartas nos convencieron de que realmente la variedad gastronómica no es lo que busca un persa cuando sale de su casa a comer: kebabs, arroz y ensalada, ensalada, arroz y kebab, arroz, kebab y ensalada... Nos hubiera gustado haber venido a cenar de todas formas alguna noche, pero al final no pudo ser.



en el autobus kashanjardines fin



Para llegar a los Jardines nos dirigimos a pillar un taxi a la esquina de la avenida Amir Kabir con plaza Imam Hossein de donde parte la carretera que lleva a los Jardines, con la suerte de que en ese momento paraba en ella un autobús urbano con destino a ellos. Me subí yo por la parte delantera y C. por la trasera, que daba acceso a la zona exclusiva y obligatoria de mujeres, y al requerirle al conductor el cobro del billete me conminó a que pasara. Una vez que comenzó a andar el autobús pregunté a unos estudiantes por el mecanismo de pago y me indicaron que tenía que tenía que haberlo comprado fuera, en un lugar que no conseguí averiguar. Llamé a C., que, probablemente rompiendo las normas se colocó para hablar conmigo en el límite de lo permitido y le conté el asunto. Hicimos unas risas con la posibilidad de que nos detuvieran por estafa al estado islámico y acabáramos en las indudablemente siniestras mazmorras de los mullahs. Los estudiantes por supuesto aprovecharon para pegar hebra y practicar el inglés, aunque se dirigieron exclusivamente a mí y nunca a C. Yo, por supuesto aproveché también para practicar mi precarísmo persa, con el previsible descojone del respetable.

Los jardines son realmente hermosos, con una abundancia de agua realmente asombrosa teniendo en cuenta que la ciudad es realmente un oasis. Ya hablaré en su momento sobre las increíbles obras hidráulicas que han permitido desde hace milenios llevar el agua de donde la hay en las montañas del norte hasta las ciudades-oasis del sur incrustadas en pleno corazón del desierto. Consta de varios pabellones unidos por estanques y corrientes de agua que corren entre los setos y bajo un espeso arbolado. Aquí fue desterrado el visir Amir Kabir, el modernizador del estado persa, y en uno de sus pabellones asesinado (1852) por orden de la madre del Sha. Una rocambolesca historia digna de conocerse. En la pequeña tienda oficial del complejo vendían un fascinante surtido de facsímiles de páginas de Coranes antiguos de distinto estilo caligráfico, muy conseguidos. Sólo compré dos (4 € cada uno) pensando que encontraría más al lo largo del viaje. Pero no fue así y desde entonces me estoy arrepintiendo.



página del coran



La vuelta del jardín la volvimos a hacer en autobús. Nos dirijimos al kioskillo donde se vendían los billetes según las indicaciones de unos vendedores de suvenirs a quienes preguntamos pero las ventanillas estaban cerradas y dentro no había nadie. De nuevo fuimos socorridos por una panda de estudiantes que nos abordaron para practicar su inglés y curiosear sobre nosotros. Tras algunas cuchufletas nos invitaron a subir sin billete y una vez dentro nos dieron, sin aceptar que se lo pagásemos, unos de los suyos, que había que dar al conductor a la salida. Yo me quedé con los estudiantes charlando amenamente sin entendernos absolutamente nada en la parte de los hombres y C. se sentó en la parte de las mujeres sin tiempo para aburrirse porque en la primera parada se subió todo un colegio de chicas que la rodearon inmediatamente. Yo la veía reírse sin parar en medio de una ensordecedora algarabía y tratar de convencerlas de que practicaran su inglés una a una, aunque lo del idioma se trataba sólo de una excusa para manosearla y curiosear a placer con una guiri que se dejaba capturar mansamente en su autobús.

La idea primera era apearnos a mitad de camino para visitar la imamzadeh (mezquita que contiene la tumba de un santo) de Abu Lolua, pero con el cachucheo de los estudiantes decidimos pasar y regresar en otra ocasión, cosa que al final, lamentablemente, no hicimos. La tumba no parece tener en sí misma demasiado interés, aparte de la azulejeada cúpula cónica típica de Kashan, pero el personaje enterrado es todo un mito en el Islam y una de las piedras de toque del odio entre chiíes y sunníes, pues se trata del asesino del califa Omar. Las versiones, o más bien las leyendas sobre su figura y los hechos son muy contradictorias. En la wikipedia en inglés he encontrado un artículo que refleja esas contradicciones. A mí no es que el segundo califa del Islam no me pareciera un personaje lo suficientemente atroz como para merecer una muerte así, teniendo en cuenta que la leyenda le atribuye la orden de quemar la Biblioteca de Alejandría y la emisión de la frase famosa sobre que si un libro contradice al Corán es perverso y si no, innecesario, una de las perlas oscurantistas más venenosas de la historia de la infamia humana, pero desde luego santificar al navajero que le endiñó las puñaladas en plena calle me parece un puro fruto de la intrínseca perversidad o estupidez de las religiones organizadas. Los sunnitas lo odian y los chiítas lo veneran como santo, por la misma razón asesina.

Aunque la ciudad de Kashan, siendo de las mismas características, no cuenta con un casco antiguo tan bien (relativamente) conservado como la de Yazd sí que cuenta con un rosario de monumentos muy interesantes, tanto religiosos como civiles.



niños de kashanla chicas del bus



Varias casas-palacio muy bien restauradas o en proceso son visitables, así como un precioso hammam, mezquitas, medersas y una extrañísima estructura circular que fue un día una alcazaba del siglo XI.

Las casas (Ameriha, Tabatabei, Burujerdi y Abbasian) están agrupadas todas muy cerca unas de otras, en el sector suroeste del casco y se trata de palacetes de ricos comerciantes del siglo XIX. Su visita nos deparó momentos muy agradables disfrutando prácticamente en soledad del lujo oriental tanto decorativo como estructural en el que vivían (y deben seguir viviendo) los muy ricos, paseando por patios refrescados por serenos estanques o contemplándolos desde los preciosos pabellones que los enmarcan.



palacete de kashanhammam del sultan mir ahmad en kashan


El hammam del Sultán Mir Ahmad (s. XVIII) podría por sí solo justificar una visita a Kashan. Está recién restaurado, muy bien por cierto, y en su sala principal se ha abierto una casa de té, aunque la entrada al monumento ya de por sí es de pago. Disfrutar de un té o un café acostado en los divanes alfombrados bajo la luz tamizada de la cúpula es una experiencia mágica. Un increíble laberinto de salas de diferentes tamaños y funciones, a cual más fascinante, de lo que debió ser un enorme baño público, decoradas con motivos florales en un material especial llamado sarough, una mezcla de leche, cáscara de huevo blanco, harina de soja y lima, que según las explicaciones de la Lonely Planet consigue una dureza superior a la del cemento.



hammam



El edificio religioso más interesante de Kashan es la medersa Agha Bozorg (mediados del XIX), una estructura muy extraña porque conserva la que se considera única mezquita del mundo situada en una primera planta. Efectivamente el edificio consiste en un patio porticado a los lados del cual se abren las celdas de los estudiantes. Encima, en la propia terraza se abren los dos iwanes enfrentados, uno de entrada al complejo y otro como portada de la mezquita. El iwan de la mezquita es particularmente hermoso, de ladrillo decorado con azulejos azules con motivos geométricos y enrejados que no llegan a ahogarlo totalmente y dos torres circulares no demasiado altas lo que le proporciona una elegante, por sobria, prestancia. Nos parecieron también particularmente bonitos los frisos de azulejos de los dinteles de la entrada.



medersa1



azulejos de la madrasa agha bozorgh de kashan



el iwan de la medersa agha bozorg de kashanmezquitakashan


De la mezquita más antigua de la ciudad, la Masjed-e Jame (siglo XI) no queda prácticamente nada, tan sólo el mihrab y el alminar de ladrillo circular. Buena parte del edificio se ha convertido en un almacén de la parafernalia de la fiesta de la Achura en el que se acumulan, estandartes, tumbas portátiles de Hussein, herramientas para latiguearse la espalda, etc. Por una pequeña propina el sacristán lo abre. Merece la pena. En el patio han colocado recientemente una horripilante escultura perteneciente al estilo candórosico-disneyano que ha invadido el mundo, especialmente el oriental, en el último medio siglo. Se trata de uno de los iconos más sagrados para los chiítas, Zuljina, el caballo de Hussein, al que se representa herido, acribillado de flechas.



caballohussein



Otro edificio religioso interesante es la tumba de Habib ibn-e Musa, el hijo del Séptimo Imán, aunque el lugar es más famoso porque acoge la que fue sencilla tumba de pórfiro negro del shah Abbas I, el embellecedor de Isfahan, y que ahora ha sido cubierta por una espantosa estructura de cemento, según explica la Lonely. Nosotros no pudimos comprobarlo porque estaba en obras, pero sí accedimos al patio desde el que una vez se gozó de una vista fastuosa del iwan principal y la cúpula de ladrillo, vista perfectamente entorpecida hoy en día por una delirante estructura metálica destinada a entoldar el patio para que los fieles no se frían durante los rezos. Más adelante, en Isfahan, pudimos comprobar cómo el patio central de la gran mezquita del Imam, considerada uno de los espacios arquitectónicos más hermosos del mundo había sido entoldado inmisericordemente con el mismo fin, con lo que la increíble belleza del espacio central rodeado por los cuatro fastuosos iwanes quedaba absolutamente anulada.



tumba  del shah abbas I



tumba del shah abbas I



Las huecos que dan al patio están ocupadas por una serie de salas de velatorio familiares en las que se colocan las fotos de los difuntos de toda una familia, sillas, un atril con un Corán y, curiosamente, un reloj de pared. La relación de los chiítas con la muerte es sencillamente aterradora y absolutamente desconocida por los sunnitas. El luto permanente, la representación de la sangre de los mártires, las vistosas bandas de duelo negras que se colocan en las calles donde acaba de morir alguien, así como los miles de retratos de recién muertos con que empapelan las paredes, hacen que pueda encontrarse cierto aire de familia con el catolicismo mediterráneo y suramericano. Aparte de muchos elementos más comunes con los que ya me entretendré más adelante.



velatorioesquela callejera anunciando la muerte de un vecino

Un lugar que nos fascinó fue la antigua fortaleza selyúcida (s. XI), de la que sólo se conserva la muralla, una estructura circular (bueno, decagonal, una vez vista desde el Google Earth, en foto que adjunto) completamente cercada a la que sólo se accede por una abertura en el muro. En su interior, completamente llano, han instalado los lugareños una serie de huertas que prestan una apariencia surreal, onírica, al conjunto. Un camino lleva a uno de los extremos donde se levanta un enorme horno de ladrillos y un accidentado acceso a la parte superior de la ancha muralla desde donde se goza de una excepcional vista del interior completo, de la ciudad y de las cupulitas de los palacetes cercanos. La sensación de soledad es total, pero sobre todo sobrecoge el pensamiento de encontrarnos en un lugar realmente extravagante, como soñado por un alucinado diseñador de decorados para filmes fantásticos o videojuegos mágico-medievales.





fortaleza



fortaleza2



fortaleza3



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Contra el terrorismo educación vial

señal kairouan1


El Mumtazilísimo Ayuntamiento de Kairouan (Túnez) está probando un sistema revolucionario (en el buen sentido de la palabra) para evitar el terrorismo en su término municipal. Mediante la instalación de señales de tráfico que prohíben explosionar coches bomba en las aceras se asegura de que al menos los terroristas que conozcan el código de circulación se lo piensen dos veces antes de hacerlo. La cuantía de las multas a los infractores no se ha dado a conocer, pero por la efectividad demostrada hasta ahora por las señales deben ser cuantiosa.


señal kairouan

Avenida de entrada a Kairouan. La torre que se ve al fondo pertenece a la mezquita del Barbero del Profeta (y no es coña).

martes, 16 de diciembre de 2008

Los impunes saqueos franquistas

Niño con liebreLa noticia de la subasta de una preciosa escultura romana, Niño con Liebre, del siglo III dd.C procedente del saqueo del yacimiento romano de la Casa de Mitra de Cabra (Córdoba) en manos de la familia del difunto falangista José Solís, atroz ministro del criminal régimen franquista, no habla de otra cosa sino de la indigerible impunidad de que siguen gozando los asesinos y sus herederos en este absurdo país.

Un saqueador de yacimientos arqueológicos roba una pieza, se la regala a un político fascista que en ese momento es ministro del régimen y al cabo de los años los herederos del beneficiado por el robo pueden impunemente venderlo en pública subasta. En este país no es que sea necesaria una Ley de la Memoria Histórica, sino un Nuremberg en condiciones.

Si los judíos han podido reclamar los bienes robados por los nazis cómo los españoles no podemos reclamar lo robado por los franquistas, sus iguales políticos, éticos y criminales. El caso del Pazo de Meirás en manos aún de la familia del Caudillo Canalla, es un ejemplo que debería avergonzar a los redactores de leyes de este país.

Lo más absurdo de todo es que el mismo pueblo, Cabra, cuyos políticos reclaman con mil aspavientos ahora la escultura robada a su patrimonio por el que fuera ministro falangista e hijo insigne del mismo, le mantiene el nombre en su calle principal y una estatua en el parque más hermoso de la provincia. De una estupidez supina. Si no fuera porque el patrimonio histórico y artístico tampoco le pertenece a ellos, sino a toda la humanidad, igual habría que determinar que realmente lo tienen bien merecido.



ADDENDUM (22/12/08)

Leo hoy en El País una crónica de Fernando Santiago sobre otro latrocinio franquista impune en Andalucía: el del inmenso chalet que las ilegales autoridades gaditanas de la época entregaron al general Valera, uno de los peores elementos entre la panda de canallas que perpetraron el genocidio franquista. Al que por cierto el Ayuntamiento de Córdoba, regido por la Izquierda Unida de Rosa Aguilar y PSOE, le sigue manteniendo a día de hoy una placa de glorificación en la céntrica plaza de El Realejo.


EL GENERAL BILAUREADO



ADDENDUM (07/01/09)

Cabra reclama una escultura romana a la familia Solís

lunes, 15 de diciembre de 2008

ABYANEH (KASHAN), EN LA ALPUJARRA IRANÍ

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE





Salir de Teheran fue sumamente fácil. Un taxi parado en la puerta del hotel nos cobró 50.000 (3’50 €) por acercarnos a la estación sur. Lejos, realmente lejos, aunque en el plano no lo parecía, lo que nos llevó a regatear infructuosamente con el conductor. Allí nos esperaba, literalmente, el autobús para Kashan, la siguiente ciudad de nuestro periplo. La elegimos por su cercanía, eludiendo Qom, la más integrista de las ciudades iraníes, sólo en principio por no pegarnos un temprano atracón de mullahs y al final definitivamente. Llegamos atardeciendo y nos dirijimos directamente en un taxi desde la estación de buses de las afueras al hotel que recomendaba la Lonely Planet., el Khan-e Ehsan, llevado por una especie de mecenas de las artes local. Situado en pleno dédalo de callejas, con sus muros de adobe tradicionales y su patio típico iraní, nos enamoró al primer vistazo. Lástima que estuviera lleno. Es jueves, víspera de viernes, fiesta, nos dijo el recepcionista, un tipo muy simpático. Chungo para buscar hotel en una ciudad que carece vistosamente de ellos. Los hoteles suelen llenarse todos los viernes del año. La alternativa era el Sayyah. Durante dos horas nos tuvo en vilo el recepcionista hasta que nos confirmó que se había descolgado una de las reservas. Un hotel simple, pero limpio, con un ordenador conectado a internet en la planta baja. 30 € con un rico desayuno a base de blando pan iraní. Lo mejor, el restaurante adjunto donde servían unos deliciosos kebabs. Lo malo es que no servían otra cosa y pronto descubriríamos que era la tónica en todo el país. Frente al hotel, un modesto fast food servía unos bocatas de carne, pollo o cordero, y unas magníficas versiones locales de pizza que completaron cotidianamente nuestro menú. La cocacola, tanto la original (parece mentira, con el bloqueazo a que los someten los yanquis) como la nacional (Zam Zam Cola), no tenían nada que envidiar a la española, con un punto de dulzor, al contrario que en la mayoría de los países de la zona, razonable. Pero el gran descubrimiento (el mío, puesto que C. odia los gazpachos) en una de las cenas fue el dugh. Una bebida fabricada con yogurt líquido carbonatado naturalmente, salado y aliñado con hojas de menta. El grado de acritud depende de las ciudades, en cada una de las cuales existen embotelladoras adaptadas al gusto local. La más fuerte que encontré fue precisamente la versión de Kashan, donde lo descubrí, con el punto agrio más fuerte, lo que hizo que las siguientes, una vez que me convertí en adicto compulsivo, me parecieran realmente lights. Más adelante descubrí en muy contados restaurantes la versión casera, que se presentaba en enormes jarras y de una calidad muy superior a sus parientes embotelladas. Los iraníes lo beben en las comidas por litros, aunque existe una botella de medio, y lo normal es ver a un comensal trasegando kebabs acompañados por una botella de litro y medio, la misma que se usa para el agua mineral. Yo que soy un colgado de los lácteos tratados lo encontré mucho más rico que sus parientes el lassi indio o el ayran turco, probablemente por el punto carbonatado del que éstos carecen. En esta página he encontrado una receta en la que, a pesar de su claridad, echo de menos la explicación de cómo se consigue el punto más o menos agrio.



Tras la cena en el Sayyah salimos a dar una vuelta. La ciudad tiene una forma aproximadamente cuadrada y está perfectamente dividida por una cruz central que forman los dos grandes avenidas que la atraviesan y que se cruzan en la plaza Kamal-ol-Molk, quedando los cuadriláteros menores formados por intrincados laberintos de callejas, en las que las casas, de compactos muros de adobe, carecen prácticamente de otras aberturas o adornos que las sencillas puertas de entrada y algún estrecho ventanuco. Se trata de una típica ciudad del desierto, la primera del rosario que conformaban la Ruta de la Seda iraní. Su referente mayor es Yazd, con quien, como más tarde descubriríamos, comparte un enorme parecido.

Su bazar es rectilíneo y atraviesa completamente uno de los cuadriláteros menores en una longitud de algo más de un kilómetro con salida a escasos 100 mts. de nuestro hotel. Como todos los que visitamos a lo largo del viaje es muy animado, pero diferenciado de aquellos por su absoluta carencia de tiendas de parafernalia turística. Cubierto, con las bóvedas de ladrillo enfoscado, las tiendas se suceden interminablemente entre alguna mezquita interior, alguna tumba de santón, antiguos caravanserrallos y un precioso antiguo baño convertido en café, desgraciadamente en obras. A la salida fuimos capturados por Mohammed, uno de los escasos guías de la ciudad, con quien la casualidad, su agudo olfato, o tal vez su acceso a información privilegiada, hizo que nos topáramos. En esta ciudad, la necesidad de un guía se asimila prácticamente a la necesidad de un medio de transporte para ir a Abyaneh, un típico y pequeño pueblo de adobe situado a unos 60 Kmts de Kashan. Después de las primeras y efusivas bienvenidas, preguntas sobre lo que nos parecía el país y sus inevitables, y al final muy cansinas, ristras de cachufletas cazaturistas en español (Madrí me mata, hola-hola coca-cola, aquí más barato que en el Cortinglé, etc.), señal de que había andado con más turistas patrios de los saludables, entró de lleno en la oferta, razonable de entrada (10 € por persona), por otra parte: llevarnos al pueblo en su coche, visita de unas tres horas y vuelta a Kashan.



Al día siguiente se presentó con su coche, su mujer y otro guiri, neozelandés, y partimos alegremente por una recta carretera bordeada de desierto. Mohammed fue el primer iraní con el que pudimos hablar un poco más largamente que con los recepcionistas de hotel o camareros, y aunque era sumamente dicharachero y cantarín, no se prestó en absoluto a ser interrogado sobre nada que pudiera mínimamente comprometerlo. Su mujer, que no hablaba inglés, pero que lo tenía absolutamente pillado, se hacía traducir al persa cualquier frase que dentro del coche se pronunciara. El neozelandés también intentó infructuosamente ordeñar la fuente de información que el destino nos brindaba y que por otra parte habíamos pagado, ya que en el lote iba incluido tanto su pericia como taxista como sus dotes como guía turístico. Pero Mohammed estaba más interesado en que yo le enseñara palabras y expresiones en español que cualquier otra cosa, con la excusa de que los españoles éramos sus clientes favoritos. Así que, para aburrimiento del angloparlante compañero, durante casi todo el trayecto intercambiamos pequeños trucos de nuestras respectivas lenguas, porque desde luego yo no me iba a dejar saquear gratis, así que con él pude practicar mis recién adquiridos conocimientos de persa proporcionados por el maravilloso curso Pimsleur que me bajé de la red, a cambio de contribuir más que a una laudable propagación de la lengua de Cervantes al censurable incremento de su ya vasta colección de gilipolleces carpetovetónicas. Entre otras lo de Ayatola no me toques la pirola, que lo hizo particularmente feliz. Seguro que con ella captura a algunos españolitos más.

Nos contó además que habíamos tenido suerte de que ese día fuera viernes, ya que al ser fiesta él no trabajaba (lo hacía en una de las casas-museo históricas que se visitaban en la ciudad) y lo podía dedicar a sacarse un sobresueldo con lo que nosotros podíamos gozar de la magnífica oportunidad de disfrutar de sus servicios. El hecho de que era viernes lo pudimos también comprobar nada más llegar a la entrada del pueblo, en cuyas cunetas se desparramaban varias decenas de coches particulares y algunos autobuses turísticos locales. El pueblo, muy bonito y muy famoso por su tipismo era una atracción también para la población de las zonas circundantes, que se había autoconvocado masivamente para convertir las escasas callejuelas visitables en una auténtica feria. Pero al menos era de agradecer que todos los demás turistas que encontramos fueran todos iraníes, lo que no acababa de desentonar del todo con el ambiente. El pueblo se encarama ásperamente en una loma y está constituido por unas muy típicas casas de adobe, aunque sólo se encuentran habitadas, o más bien rehabilitadas, las dos primeras calles, lo que le da un poco un aspecto de decorado. Una vez paseadas las dos calles, ante la intención de subir hacia la parte alta, la mujer de Mohammed opuso una sorda resistencia, que desoímos visiblemente, señalándose los inadecuados zapatos de tacón que calzaba, pero nada más comenzar la escalada tanto el neozelandés como nosotros decidimos renunciar ante el patente estado de ruina total que presentaba el resto del pueblo. Las explicaciones de Mohammed no fueron demasiado interesantes, pero su vitalidad y su alegría nos hicieron pasar una mañana muy agradable.


Muhammed y señora


Atasco a la entrada del pueblo


Aby-aneh pea-to-naaal!


Una feria


Aparte del propio pueblo la atracción turística de Abyaneh lo constituye el típico atavío de sus mujeres, una especie de chador blanco estampado de florecillas rojas que pudimos contemplar sobre todo en las postales que se vendían por todo el pueblo, en tanto mujeres-mujeres ataviadas típicamente sólo pudimos ver, y de lejos, una que tiraba penosamente del ronzal de un burro. Quizás, ante la avalancha de turistas armados de móviles con cámaras dispuestos a dispararles inmisericordemente, las buenas señoras decidieran quedarse por un día en sus casas en pijama. En esta magnífica colección de fotos de Irán de un viajero al que sigo podéis encontrar fotos de las célebres féminas debidamente ataviadas. Seguro que fue un lunes. Además es una tradición el que existan dos llamadores distintos en cada puerta del pueblo, uno para los hombres y otro para la mujeres, así no hay peligro de que éstas puedan abrir por descuido sin velo y algún hombre les vea... el moño. El masculino tiene la forma que le corresponde y el femenino... pues también.


La única mujer típica del pueblo


Uno pa los chicos y otro pa las chicas


A lo que sí pudimos asistir fue al curioso espectáculo de una sesión del deporte nacional iraní: el picnic, al que dedicaré unas líneas más adelante. En Abyaneh, varias docenas de familias venidas de fuera, algunas, según nos dijo Mohammed, incluso provinentes de Isfahan, se habían instalado con sus tiendas de campaña, sus mantas en el suelo, sus campingás, sus teteras y sus taperweres desde el día anterior en un llano de las afueras del pueblo, formando una curiosa estampa que los otros turistas de jornada única, nosotros entre ellos, se apresuraron a tomar como un espectáculo digno de ser inmortalizado con sus objetivos.


El deporte nacional iraní: el picnic


El fúmbol español me persigue sin piedad


Al ser nosotros los únicos turistas occidentales fuimos lógicamente objeto de innumerables saludos e incluso de interrogatorios acerca de nuestras impresiones del país por parte de los que chapurreaban inglés. El neozelandés fue incluso requerido a que les tomara la lección a un trío de osadas jovencitas a lo que accedió gustoso.


La clase de inglés


Tras el té a que nos invitaron Mohammed y señora y que llevaban en un termo en el maletero del coche regresamos a Kashan. Durante la vuelta mostraron su profunda extrañeza al enterarse de que ni el neozelandés ni nosotros poseíamos coche en nuestros respectivos países, cuando, evidentemente, contábamos con los posibles para ello. Ellos estaban deseando juntar los suficientes para cambiar el no demasiado viejo en el que nos llevaban por otro mejor. Nuestra explicación de que realmente no lo necesitábamos no los convenció lo más mínimo. Creo que nos consideraron unos locos irresponsables por descuidar de esa manera el sagrado deber de hacer ostentación de nuestro status.

El resto del día en Kashan la pasamos viendo alguna mezquita y asombrándonos de lo aburrida que puede llegar a ser una ciudad iraní un viernes por la tarde. El bazar completamente vacío, lo que nos permitió volver asentir la sensación de extrañeza que ya percibimos en el de Teherán, y la ausencia total de locales de esparcimiento, cafés, casas de té, restaurantes... Nada. Una grisura total. Cena temprana en la bocadillería frontera al hotel y a leer en la cama, una de las actividades que se nos revelaron más normales tras una cena en Irán.


El bazar de Kashan un viernes



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

jueves, 11 de diciembre de 2008

ASESINOS DE JARDINES



Los jardines históricos de España deben ser más para conservarlos que para ensayar reformas; y las restauraciones sólo son admisibles para reconstituir fielmente lo perdido. Además sería imposible depurarlos ya que cada generación ha ido dejando algo en ellos. Así es que lo más acertado es respetarlos tal como han llegado hasta nosotros.


Javier Winthuysen, 1937




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Huong Thanh & Nguyen Le - Cong Blues (Fragile Beauty)


Javier Winthuysen, pintor y jardinero andaluz batalló para que los jardines fueran considerados como monumentos e invirtió mucho tiempo y parte de su precaria economía en trabajos de investigación. Otros andaluces, en este caso andaluzas, Rosa Aguilar y Carmen Calvo, alcaldesa de Córdoba y exministra de Cultura respectivamente, han batallado por su parte lo suyo para conseguir que un jardín histórico cordobés fuera considerado un simple solar edificable.






(Foto de Rafaelji)

Este es el aspecto que presentaba el lunes el espacio donde hasta hace poco lució la única rosaleda pública de Córdoba, cuya imagen, ya histórica, ofrezco debajo. Una rosaleda que no encontró baronesa que se encadenara a ella para impedir que los políticos la ofertaran impúdicamente a los ladrilleros. Se están dando prisa. Saben que la crisis que viene galopando como un jinete del Apocalipsis puede congelar su infamia si se descuidan. Lo importante es arrasar, excavar, evitar que pueda haber vuelta de hoja posible en la definitiva consagración sacrificial de este espacio verde al dios de la especulación inmobiliaria. Si al final no se hace la biblioteca porque no está el horno para dispendios, y menos culturales, se hará otra cosa. Pero se habrá ahorrado un solar edificable que se encementará con otra cosa. Y no voy a jugar como ya hice anteriormente con el jugoso hecho de que fueran dos mujeres las comadres del cordero sacrificado. Rosa Aguilar, la alcaldesa cediente y Carmen Calvo, la exministra pidiente. Los defensores de la existencia de cierta sensibilidad femenina en la política deberían estudiar con más detalle los ejemplos recientes (Margareth Tatcher, Esperanza Aguirre, Condoleeza Rice...).

Pero tampoco esperaba mucho más de ellas, sobre todo de nuestra quijotesca alcaldesa y su escudero Ocaña. Ambos son responsables de luchar contra los molinos de la razón, de tragedias medioambientales y de crímenes contra la buena ordención urbanística (naves de Colecor, chaboletización de la vega y de Medina Azahara, genocidio de alcornoques en la sierra...). Pero ahora parecen encajar algunas piezas del rompezabezas de sus inexplicables actuaciones de los últimos años. Su catolicismo sobrevenido (cristiana renacida como Bush, éste rescatado del zumo de Kentucky y ella del materialismo histórico), su afición a llenarnos las calles con nombres de inquisidores y las plazas con esculturas de clérigos y carcunda cofrade. Todo ello fruto del paciente, pero tenaz, apostolado que sobre ella ejerce su amigo Bono, que la reclama como las sirenas de Ulises para la sección episcopalista del partido socialista. La connivencia con el rey del ladrillo cordobés, del que ahora reniegan higiénicamente, cuando les salpica la mierda de la corrupción. Y la última, la destrucción de esta rosaleda que es posible contemplar bajo una nueva luz. El partido socialista se apunta el tanto de la construcción de la anhelada biblioteca provincial al menor costo posible: el de hacerlo sobre un jardín público cedido por la Alcaldiosa, que probablemente verá recompensada su generosidad más adelante, cuando por fin abandone sus últimos tiquismiquis fidelistas y se lance de cabeza en los brazos de su amado Bono. Tampoco estaría mal hurgar un poco en los demás puntos del negociete: quién contrata, quién diseña, quién construye...

Las protestas ciudadanas han sido mínimas y desde luego, estruendoso el silencio de la inmensa mayoría de los intelectuales y artistas locales, todos esos a los que se les llena la boca de crisoles de culturas, palimpestos, sabidurías telúricas y demás tópicazos casposos o posmodernos, entretenidos como están en contemporizar con los políticos que les alimentan desde sus tribunas mediáticas. Algún paniaguado torceversos incluso ha mostrado su entusiasmo por la infamia.

Hace poco, en una de mis frecuentes visitas a Madrid, me sentí agredido violentamente por un latigazo de espeluzno al contemplar el jardín vertical de Caixa Forum. Por lo que tiene de atroz posibilidad futurible: un mundo urbano completamente liberado de espacios verdes horizontales, todo pura edificación, pura artificialidad constructiva, todo invadido de cemento, cristal, acero y ladrillo.. Y la idea del jardín vertical de Patrick Blanc impuesta como única posibilidad de disfrute de la vegetación, como único enlace entre la remota naturaleza y el animal robotizado que habitaría en las ciudades-monstruos del futuro.


JARDÍN VERTICAL

Si al final los políticos consiguen la ya estomagante Capitalidad Cultural Europea del 2016 para esta extraña ciudad me alegraré por mis vecinos mercaderes y hosteleros que puede que hagan su agosto con los guiris que atraiga el evento, pero desde luego no por el resto de los ciudadanos que conforman una masa de gobernantes y gobernados hirsuta y montaraz, inculta y descerebrada. Córdoba la bravía...



OTROS FRENTES DE LUCHA:


martes, 25 de noviembre de 2008

TEHERÁN (Jomeini, el mullah atómico)

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE



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billetejomeini

Cursiva

Una de las sensaciones más desagradables que se puede experimentar al viajar a determinados países es tener que estar soportando continuamente la ubicuidad del rostro de algún asesino en serie. Aquí, durante demasiados años tuvimos ya que convivir que la efigie de un canalla de la peor especie autoproclamado Caudillo por la Gracia de Dios (y de la Iglesia católica) en las monedas. Hay que agradecer no obstante al atroz hombrecillo que no usara los billetes de banco para refregarnos también sus crímenes. Viajar hace unos años a Marruecos significaba tener todo el día ante los ojos la cara de galápago rijoso de Hassan II. En Siria, tras cualquier esquina podía asaltarte la moral un enorme retrato cubriendo totalmente la fachada de un bloque de pisos de cuatro plantas de los crueles ojillos del dictador Hafez el Assad bajo su monstruosa braquicefalia. O a Mao en China. En Irán esa permanente figura es la del imam Khomeini, otro de los canallas más atroces de la historia reciente de la Humanidad. No sólo en los obligatorios carteles de cualquier edificio público y en la mayoría de los negocios privados, sino sobre todo en los billetes de banco que hay que estar manejando todo el día. La cara de viejo criminal, con su feroz mirada y el repugnante trapo en la cabeza, símbolo de su poder sobre las vidas y las muertes de cientos de miles de personas, está presente en casi todos los billetes de curso legal de la República Islámica de Irán. He de constatar sin embargo, como triste alivio la escasa presencia en la calle o en edificios del careto del actual presidente, Ahmadineyad, el Aznar iraní, con quien comparte hirsutismo fisiológico y moral.

Pero de todos los lugares en los que la mirada de Khomeini reina inevitablemente donde más me dolió encontrarla fue presidiendo el salón del café Naderi, el lugar que fue de reunión y conspiración de los intelectuales que lucharon contra la dictadura del sha. Una vez que los curas chiítas tomaron el poder, con la ayuda de esos intelectuales, de las fuerzas obreras y de tantas asociaciones feministas se dedicaron sistemáticamente a exterminarlos. El número exacto de demócratas que la mano criminal de los mullahs ejecutaron nunca se sabrá, pero sin duda superaron los dos centenares de miles, según las estimaciones más afinadas. Otros consiguieron exiliarse y muchos aún se pudren en sus cárceles. Catalina Gómez, una colombiana de que ha vivido recientemente en Teherán ha recogido en un blog sus impresiones de la ciudad, entre ellas las experiencias carcelarias de una de esas luchadoras que pagaron caro la confianza en los mullahs. Se trata de un post titulado Desde la prisión dividido en dos partes: PRIMERA y SEGUNDA

El café Naderi no es gran cosa, nada que ver con sus equivalentes simbólicos de las ciudades europeas. Se trata de un simple salón con algunas insulsas columnas en su centro y unas mesas y sillas sin personalidad. Pero sus paredes guardan la memoria de tantos escritores, poetas, luchadores por la libertad que lo frecuentaron, ahora vigilados por la mirada torva del viejo asesino. Una leyenda literaria, que se ha demostrado falsa, afirma que en él estuvo el mismísimo Kafka. Las narguiles (qalyan) han desaparecido, a causa de las campañas que el propio Khomeini promovió en su contra, no por causas de salud pública, sino por su carácter pecaminoso, placentero. Doblando la esquina han habilitado un nuevo pequeño local especialmente dedicado a fumadero, siempre abarrotado de hombres. Sólo saqué una foto del salón principal, mientras tomaba un delicioso café y hasta ahora no me di cuenta de que salió muy movida. Pero la cuelgo de todas formas.

cafe Naderi



Como ya he dicho En Teherán no hay demasiadas cosas que ver, pero las sorpresas te salen por doquier. Una mañana fuimos a visitar el exterior de la madraza Sepahsalar, un edificio de finales del siglo XIX cuyas puertas no pudimos traspasar porque está activa y en manos de un clero especialmente fundamentalista. Es famosa por la calidad de los azulejos que recubren su portada y los alminares, increíblemente parecidos a los que recubren la Plaza de España de Sevilla, hasta el punto de que podría afirmarse que sin lugar duda les sirvieron de inspiración. Más tarde pudimos admirar unos muy parecidos y también de la misma época en el gran patio del palacio del Golestan, frente al gran bazar. La madraza linda con el Majlis (el Parlamento Islámico), por lo que hay que andar con ojo a la hora de fotografiarlo, ya que existe un cartel enorme en la verja que lo prohíbe. Pero la sorpresa fue topar cuando regresábamos con el horrendo aparador-monumento que han colocado en la plaza que se abre ante el Majlis para glorificar al Imam Khomeini. Se trata de gran escultura de bronce rojizo del viejo sentado en un trono y adelantando una mano como guiando el camino del pueblo iraní, protegido por un par de ametralladoras antiaéreas. En un lateral el genial escultor ha modelado una viva alegoría de la maldad del sionismo en un derroche de imaginación realmente impactante: un viejo judío ortodoxo arrastra una enorme y pesada estrella de David usando como maroma para ello una kufía palestina. Pa mearse y no echar gota, como dice el antiquísimo proverbio guaraní. Pero lo más flipante del conjunto son las extrañas estructuras de apariencia molecular que flotan sobre la cabeza del imam. ¿Representan el pensamiento neuroatómico del viejo? ¿La inspiración físico-química de Allah? ¿El chiísmo de fisión nuclear?

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El metro de Teherán es moderno, eficiente y muy barato. Un billete de ida y vuelta viene a costar el equivalente a 0’20 € y está superlimpio, aunque eso es extensivo a todo el país. Los barrenderos son una de las imágenes más frecuentes en cualquier ciudad iraní, lo que las coloca por delante en limpieza que la mayoría de las ciudades europeas. Cuenta con dos líneas principales este-oeste y norte sur que te dejan siempre cerca de los destinos principales que un turista artesano puede necesitar, incluyendo la estación sur de autobuses. Al principio y al final de cada convoy se reserva un vagón exclusivo para mujeres, vedado a los hombres, aunque ellas pueden si quieren o van acompañadas viajar en los demás, lo que no es usual. Por supuesto, como he podido comprobar en otros metros como el de Nueva Delhi o Pekín, la norma de convivencia de antes de entrar dejen salir les suena a fineza propia de Versalles, porque lo normal es que cuando se abren las puertas al llegar a una estación, aunque no sea hora punta, ya haya un tapón de gente lista para entrar en plancha antes de que nadie de dentro pueda pisar el andén. Ya hablaré de su concepción general del civismo más adelante cuando me emplee con el tema del tráfico.

Los taxis también son muy baratos, porque la gasolina está demencialmente subvencionada, y los hay de dos clases: los colectivos y los dar bastane (puerta cerrada) de uso exclusivo. Los colectivos recorren las grandes avenidas de norte a sur o de este a oeste con parada en las esquinas principales. Si se tiene claro adónde se quiere ir es la mejor opción. Cuestan alrededor de 0’50 € por término medio. Los dar bastane pueden salir por unos 2-3 € por un recorrido de unos 5 kmts. En el blog de Catalina Gómez hay una entrada donde se explica bastante bien el tema de los taxis.

golestan



Con una visita al palacio Golestan damos por terminado nuestro periplo teheraní. El resto de Irán, mucho más interesante, nos espera. Golestan (que significa jardín, literalmente lugar de rosas) es un palacio del siglo XIX que perteneció a los monarcas de la dinastía kajar. Su interés es limitado, aunque la azulejería del patio es realmente bonita, y como dije más arriba, claramente antecesora de la que desde la Expo del 29 se considera típicamente sevillana. Al cabo de casi un mes volvimos a Teherán, pero ya sin tiempo para ver nada. Sólo cumplir un deseo relegado la primera vez: alojarnos en el mítico Hotel Naderi. Las habitaciones (17 € la doble sin desayuno) resultaron no ser tan cutres como las pintaban otros viajeros en los foros. Limpia, pero absolutamente envejecida, la nuestra daba a traves de unos grandes ventanales a un enorme y frondoso jardín, lleno de gatos, que debió ser el lugar de esparcimiento de los ilustres huéspedes que lo habitaron en tiempos más felices. Incluso los elementos más cutres le daban un encanto añadido: el teléfono de bakelita junto a la alfombrilla y la piedra de rezar y la jurásica nevera coronada por un horripilante, polícromo, gato de escayola.




vestibulonaderi




habtacionnaderi




neveranaderi



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

domingo, 23 de noviembre de 2008

TEHERAN, ATMÓSFERA CERO

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE





El Club Armenio de Teherán es el único lugar de todo Irán donde se pueden cometer los dos más gravísimos pecados que pueden hacer convulsionar a un mullah. En él se permite el consumo de bebidas alcohólicas y no es obligatorio para las mujeres llevar el cabello cubierto. Por eso está prohibida la entrada a los musulmanes (y musulmanas). El problema es conseguir la bebida alcohólica antes para poder consumirla. Porque en el restaurante no lo proporcionan. La segunda vez que fuimos asistimos al insólito espectáculo de un grupo de españoles con pinta de vivir allí dando cuenta de dos botellas de Rioja como dos soles un par de mesas más allá y utilizando el tono de voz natural entre nosotros. ¿Las habrían recibido por valija diplomática? Porque en el aeropuerto, a la entrada, pasan las maletas por un escáner con el fin principal de detectar e impedir la posible introducción clandestina del demoníaco brebaje en el país de los puros abstemios. Así que se trataba de un caso claro de contrabando ilegal, pero gozoso. Pero la primera noche el no menos insólito espectáculo al que asistimos pertenecía al primer género pecaminoso: aparecieron varias chicas enfundadas en pudibundas gabardinas que una vez sacadas dejaron al descubierto un festival de hombros desnudos y escotes generosos y unas melenas al viento que en cualquier otro lugar habrían llevado a sus dueñas a la comisaría.

Estábamos, pues, en un oasis formal. Un gran patio rodeado de setos, música en vivo (órgano y santur) y unos camareros vestidos a la francesa (chaleco de rayas y pajarita). La especialidad de la casa eran los kebabs. Y las ensaladas. La especialidad y la única oferta. Riquísimos. Y caros. Tanto que nos inquietó la idea de que realmente lo siguieran siendo en el resto de los restaurantes iraníes. Más que nada porque Irán debe ser el único país del mundo donde no funcionan las tarjetas de crédito internacionales. Por el bloqueo al que se encuentra sometido. Así que hay que llevar todo el dinero que se calcula se va a gastar encima. Y los cálculos para todo un mes son difíciles de hacer si no se tiene una idea previa de los precios. Caros significa 100.000 riales (7 €) por un kebab y 20.000 (1’5 €) por una ensalada. Enseguida descubriríamos que lo normal en cualquier restaurante popular eran 40.000 (3 €) por kebab. Dos pinchos bien despachados y una guarnición compuesta por dos tomates y dos patatas, ambos asados. El chelo kebab, la gran especialidad nacional es lo mismo, pero con arroz cocido. Las variedades de kebabs se reducen a cuatro o cinco: de cordero, de pollo y las keftas (carne picada). Exquisitos. Hechos siempre al carbón y en su punto, con el exterior un poco crujiente y el interior jugoso. Los mejores que hemos probado en todos nuestros muchos años de visitar países musulmanes. El problema de los restaurantes iraníes es la monotonía. Una monotonía que se llegaba a sentir como una losa sobre la ilusión de comer en restaurantes diferentes, en ciudades diferentes. En algunos lugares era posible degustar el khoresht, un potaje de lentejas, servido en cuenco para mezclar con el ubicuo arroz cocido. En otros se atrevían con alguna salsa (fasenjan, de nueces y zumo de granada) para acompañar a trozos de pollo mayores que los de los kebabs. O con algún relleno para las berenjenas. Pero era una lotería. Nunca sabías si habría sorpresa a o no. Por eso descubrimos pronto que no merecía la pena comer en los restaurantes más caros. La calidad de los kebabs era la misma y lo que pagabas de más se debía al alquiler del mantel de tela.

kebab de kefta iraní



Es curioso que a pesar de nuestra experiencia la cocina iraní tiene fama de ser muy rica y variada. Y he leído recientemente que Ana Briongos, la escritora catalana experta en temas iraníes, acaba de publicar un libro de cocina iraní, a la que llama sofisticada. Y explica lo que nos explicaron a nosotros en Irán cuando lo comentamos. Que la verdadera cocina iraní está en las casas, es la que confeccionan las mujeres para sus familias, que cuando deciden comer fuera lo que les apetece es la carne asada al carbón en forma de kebab. Bueno, nosotros no conseguimos entrar en ninguna de ellas. Tal vez cuando consigamos el libro de la Briongos las elaboremos en nuestra propia cocina. Y entonces os contaré.

pan iraní y kebab



De todas formas eso tendríamos que esperar a saberlo varios días más porque al día siguiente, volvimos a traicionar a la gastronomía local comiendo en otro oasis, esta vez de comida india, el restaurante Tandoor del hotel Safir. Es curioso cómo la comida india es a menudo más deliciosa en restaurantes de fuera que en la propia India, donde hay que saber elegir muy bien para no equivocarse. El mejor dhal de mi vida lo comí en un restaurante indio de Yakarta. Y aún sueño con algunos curries de los hawker de Singapur. Y el pollo tandoori del Tandoor no se encuentra mejor en Nueva Delhi.

El día siguiente era fiesta, Aid el Fitr, el fin del Ramadan. Las calles, aunque no tan vacías como la tarde anterior presentaban un aspecto bastante aireado. Caminamos por Ferdousi hasta el bazar, que presentaba un aspecto más que desolador. Absolutamente todas las tiendas cerradas y ni una sola persona por sus calles. A lo largo del viaje tuvimos la ocasión de pasear por los bazares vacíos. Es un paseo que tiene un extraño encanto y que te produce la inquietante sensación de hallarte perdido en un enorme laberinto una vez que te adentras lo suficiente. Dan ganas de ponerse a correr y a gritar por él sin fin, como imaginaba Borges a Asterión, el triste minotauro cretense.

bazarvacio



El Museo Nacional estaba abierto. Es probablemente la visita monumental más interesante que puede hacerse en Teherán, una ciudad escasa en atractivos histórico–artísticos, que incluso carece, demencialmente, de oficina de turismo. Pero sólo el correspondiente a las exhibiciones arqueológicas. La zona del arte islámico, en la que yo tenía un especial interés, permanecía cerrada por reformas desde hacía varios años. Consta de una sola planta donde se exhibe una sorprendentemente pequeña cantidad de piezas para la cantidad y calidad de los yacimientos arqueológicos del país. Algunas muy interesantes, como las piezas de cerámica zoomorfa de Gilan del siglo X a-dC, la vaca sagrada elamita, varios capiteles tauromorfos aqueménidas y sobre todo el mural de Darío I, cuyos detalles escultóricos marean por su perfección. Así mismo se exhibe una copia del Código de Hammurabi, cuyo original se encuentra en El Louvre, que, aunque esculpido en Babilonia, fue llevado en el siglo XII ad. C. a Susa como botín de guerra por los elamitas, donde lo hallarían en 1901 un grupo de arqueólogos franceses.



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DARIO1 muraldario1

Al salir del museo, un par de horas después, notamos una notable bajada del nivel de aborígenes en la calle. Se acerca el mediodía. En vista del plan, decidimos hacer un recorrido que teníamos pensado para otro día. Coger el metro (por primera vez) y acercarnos hasta una de las piezas vedette de la visita a Irán, la antigua Embajada Americana, que sufrió en noviembre de 1979 el asalto y secuestro de todo su personal diplomático por parte de las milicias islámicas y que duró 444 días y que aún alimenta el desbordante morbo de todos los occidentales que visitan la ciudad. Parece que a las autoridades de la República Islámica no les hace mucha gracia esa peregrinación y en algún lugar he leído que no conviene hacerse notar demasiado fotografiando ostentosamente sus muros. Unos muros, en la cara de la puerta principal, la que da a la Avenida Taleqani, que han sido profusamente cubiertos a lo largo de estos años con multitud de graffitis de tema antiestadounidense y antiisraelí algunos de los cuales han alcanzado la gloria de encontrarse entre los más famosos del mundo, como el de la Estatua de la Libertad con la cara de una calavera y el revolver con los colores de la bandera yanqui.

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Nosotros no tenemos que andar con ningún cuidado. La ancha avenida, situada en la zona fronteriza de los barrios altos, donde comienza el Teherán más chic y se encuentran los hoteles más exclusivos y las tiendas más caras, está absolutamente desierta. Como el día anterior la sensación es muy extraña. Recorriendo los 250 mts. de fachada sin encontrar ni a un solo nativo y sin que por la avenida pasara ni un solo coche, sintiéndonos los únicos seres en aquella monstruosa ciudad, como en las escenas de desolación de ciertas películas de ciencia ficción. Al llegar al final del muro, la cruzamos tranquilamente y nos detenemos en los escaparates de varias tiendas de antigüedades supercarísimas, también cerradas, y volvemos a cruzar para dirigirnos hacia el parque Teherán, bordeando la antigua embajada. En ese parque se, encuentra según habíamos leído en la guía, una cafetería de moda entre los jóvenes artistas teheraníes, que lleva el pomposo nombre de Café Forum de los Artistas Iraníes, donde se podía contactar fácilmente con gente interesante. Se trata de un coqueto espacio dotado de un comedor interior y una agradable veranda situada en alto, pero nosotros sólo encontramos a varias jóvenes modernas dando cuenta de unas pizzas charlando entusiasmadamente de sus cosas. Nos tomamos unos tes y nos dirigimos al restaurante Tandoor, cien metros más allá, justo detrás de la embajada. El restaurante, en acusado contraste con la calle estaba a tope, aunque pudimos conseguir una mesa donde dimos cuenta, como conté anteriormente, de unos sabrosísimos tandoori chickens regados con la inevitable agua mineral.



ADAME DASHTAN (CONTINUARÁ)



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

sábado, 22 de noviembre de 2008

TEHERÁN BAJO LA BOMBA "H"

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE



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A Teherán se llega siempre de madrugada. No sé la causa, ni puedo imaginármela. Eso, que en circunstancias normales no tendría más importancia que el sufrimiento de un acusado arrastre de sueño al día siguiente, para unos seguidores escrupulosos como nosotros del Manual del Perfecto Turista Artesano, cuya primera norma exige no llevar nunca hotel contratado previamente, puede llegar a resultar bastante arriesgado. La tendencia natural de los hoteleros a agruparse gremialmente por zonas en todas las ciudades del mundo facilita la mitigación de ese riesgo, pero no lo elimina del todo. Y nosotros habíamos elegido fiándonos de la guía (Lonely Planet, edición de 2008) y de las informaciones de internet, una zona en la que se agrupaban al menos cuatro hoteles de la misma categoría (media). Y para empezar el NADERI. De todos era el más barato y el que salía peor parado por las recomendaciones de los viajeros que se delataban al final como tiquismiquis, pero todo lo leído hacía recomendable su elección. Sobre todo por su condición de histórico, un hotel de principios del siglo XX que parecía conservar todo su encanto intacto (junto con el mobiliario y equipamientos). De entrada en el mostrador del taxi prepago del aeropuerto (140.000 riales = 10 € por 35 kmts.) tuvieron que mirar la dirección, pero si hubiésemos conocido entonces el alto nivel de incompetencia de demasiados taxistas iraníes que pudimos constatar posteriormente no nos hubiera extrañado tanto. Una vez (supuestamente) comunicada por la chica del mostrador la dirección del hotel a nuestro taxista salimos del aeropuerto por una autopista. Media hora después pasábamos por delante de una enorme mezquita iluminada delirantemente con multitud de colores chillones. Imam Khomeini, nos aclaró el taxista. La horterísima y carísima tumba que aún se estaba construyendo para guardar sus restos. Estuve tentado de haberme llevado un ejemplar de los Versos Satánicos de Salman Rushdie para abandonarlo disimuladamente en un rincón lo más cercano posible al lugar donde se pudre el viejo. Pero al final ni siquiera fuimos a verla. Sólo la contemplamos de pasada a la llegada y a la vuelta del aeropuerto. Ambas veces de madrugada. Y ni foto le hice a su silueta de portada de feria de pueblo .

Por fin, a las 4 de la mañana, tras haber atravesado cientos de avenidas y calles completamente desiertas de una ciudad escasamente iluminada sin demasiado éxito el taxista se detuvo en un lugar indeterminado del laberinto urbano taheraní, se volvió hacia mí y me preguntó directamente por la adresss del jodido hotel. Paciencia, Manuel. Fue informarle que el hotel (según había leído en la guía) se hallaba en la Khiabune Yumhuri Eslami (Avenida de la República Islámica), cerca del cruce con la Ferdousi (dedos cruzados en aspa) y justo en frente de la Embajada Británica, iluminársele el rostro y tardar sólo cinco minutos más en localizar la cerrada a cal y canto puerta del Naderi. Un timbre pulsado repetidas veces que sonaba perfectamente nítido en el interior sin que se abriera la puerta nos hizo pensar que el hotel estaba completo, que se encontraba cerrado por reformas o definitivamente o que una epidemia había acabado con la vida de sus moradores. Como según el plano de nuestra guía, en un callejón frontero se encontraba el NEW NADERI a él dirigimos la voluntad de nuestro taxista. Un par de timbrazos y apareció un somnoliento portero en camiseta que nos anunció que tenía habitación, pero que sixty y mostraba al aire de la noche seis morcillescos dedos. Sixty ¿qué? le pregunté. Dular. ¿Breakfast?. Yes. Bien. Para adentro.

Una habitación con baño, ambos espartano, pero limpios. Y a dormir. Entre dos luces siento que me llama la ventana. Primera vista de la enorme Alborz, la sierra de Teherán, levantándose majestuosa por sobre un mar de edificios grisáceos que van escalando gradualmente su falda, suavemente tamizada por un velo cárdeno, no sé si debido a un fenómeno atomosférico natural o a pura y simple contaminación. Desayuno, probando por primera vez el exquisito pan iraní, uno de los mejores que hemos conocido y a la calle. Primer contacto con el fragor urbano de una ciudad caótica y enorme. La famosa jungla urbana de Teherán.

alborz



Cruzamos la Yumhuri y descubrimos que el hotel Naderi está abierto de par en par. Entramos y admiramos el vestíbulo que efectivamente parece no haber sufrido cambios desde los tiempos de Lawrence de Arabia. Pero perfectamente limpio y escamondado. Preguntado el recepcionista que regentaba el historiado mostrador de recepción nos informa de que tiene habitaciones de sobra (17 € la doble, sin breakfast) como declaran así mismo las varias decenas de llaves que cuelgan en los casilleros. Declinamos acusar de incompetencia al portero de la noche y decidimos probar a alojarnos aquí a la vuelta. La siguiente puerta conduce al Café Naderi, tan mítico o más que el hotel. Pero hoy está cerrado porque sigue siendo Ramadan, el último día de Ramadán.

mujeres teheran



pintura soldado



El tráfico es espantoso. Catamos varias veces la sensación de cruzar las calzadas y comprobamos que, como en todo el mundo en vías de desarrollo, los peatones que cruzan los pasos cebra no son más que absurdos obstáculos móviles a sortear para los vertiginosos cochistas evitando a toda costa pisar el freno. Comenzamos a ver los primeros chadores mientras caminamos hacia el bazar, tras atravesar la enorme, desangelada, polvorienta plaza del Imam Khomeini. Descubrimos la primeras enormes imágenes pintadas de mullahs o de soldados armados cubriendo los laterales de muchos edificios y la ubicua y siniestra foto doble de Khomeini y Khamenei (El Dúo de Khotas) sobre los edificios oficiales y los bancos. Todo parece estar en obras. Enormes zanjas se abren en las aceras. La misma estética desastrosa que cualquier otra ciudad de Oriente Medio, con el agravante de que aquí las calles están bordeadas por unos profundos canales de desagüe abiertos, especialmente diseñados para romper las piernas al primer despistado que caiga en ellas, pero con la atenuante de una mayor limpieza.

Al bazar se entra por un bonito gran arco bolboso. Su interior está atestado de gente. Visitamos nuestra primera mezquita, la tumba de un santo, la típica construcción con cúpula bulbosa y alicatada. Nos invitan a descalzarnos para entrar en el interior del santuario. Por ser el primer día la declinamos. Ya tendremos tiempo de volver. El enorme bazar de Teherán, con sus calles anchas cubiertas de bóveda de ladrillo, y sus miles de tiendas. Me fijo en la cara de los bazaríes, porque todo lo que he leído apunta a que representan lo más tradicional de la sociedad iraní. Uno de los pilares de la revolución islámica, emparentados consanguíneamente la mayoría de ellos con los ayatollahs y encantados con el status quo implantado a sangre y fuego por ellos. Lo contaba Robert D. Kaplan en un libro que se publicó en España en los 90 con el título de Viaje a los confines de la tierra. Rostros normales de iraníes normales, claro, pero con marcadas presencias del callo de oración (zabiba) en las frentes, señal de la piedad de su propietario. Nadie nos reclama para entrar en los comercios, ni siquiera cuando entramos en los patios donde se apilan los cerros de género de los vendedores de alfombras. Nos cruzamos con los primeros mullahs, unos de turbante blanco y otros negro, algo así como lo de los cinturones de judo (1). Dan un poco de repelús, sobre todo vistos de espalda, con la capa flotando tras su perenne prisa, una capa que descubrimos que es de gasa, semitransparente, de color negro o marrón, un detalle femenino que nos desconcierta: obligan a las mujeres a colocarse un sudario negro mientras ellos lucen un atrevido picardía sobre la sotana.

Tras varias vueltas salimos por la Khiabune Kayyam, y nos dirigimos al Museo Arqueológico, uno de los pocos atractivos de la capital, atravesando el Parque Shahr. Sorprendentemente encontramos a varios tipos semiescondidos tras los setos devorando bocadillos y fumando. ¡¡¡En Ramadán!!! Varias fuentes públicas invitan a beber, pero no nos atrevemos, hasta que vemos a otro viandante que directamente lo hace. El agua está helada. Más tarde descubriremos que todas las fuentes públicas, muy abundantes, de Irán están refrigeradas eléctricamente. En el mostrador del museo, un bonito edificio de ladrillo que mezcla felizmente el art deco con la arquitectura tradicional iraní, nos anuncian que, a pesar de ser las dos de la tarde dentro de cinco minutos estará kelós, palabra que imagino persa y que desconozco, hasta que caigo que se trata de la versión iraní del closed inglés, toda vez que casi todos los iraníes, como muchos otros, son incapaces de pronunciar dos consonantes seguidas. La causa: último día de Ramadán.

No sólo el museo, sino la ciudad entera cierra esa tarde. A partir de las 4 las calles se despueblan misteriosamente y la enorme ciudad caótica e hiperruidosa se convierte en un ámbito fantasma, con las grandes avenidas completamente despobladas y un silencio sepulcral que nos provoca la delirante sensación de ser los únicos seres vivos tras la caída de una bomba H. El guardia de la garita de la embajada británica, somnoliento pero vivo y algún comerciante echando presurosamente el cierre de su tienda nos alivian de aquella sensación y nos hablan de la normalidad de la situación. Simplemente es un día de fiesta. De mucha fiesta. Ahora la pregunta que nos hacemos es: ¿saldrán cuando anochezca de sus guaridas los aborígenes como hacen los de otros lugares del ámbito islámico a celebrar la Lailat-ul-Qadr (La noche del Destino) por todo lo alto en un festival de luces, alegría y derroche de comida? Con esa duda nos refugiamos a descansar un rato en el hotel. La tele del vestíbulo retransmite el discurso de un mullah cinturón negro.

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fuente mártires



La respuesta varias horas más tarde. La ciudad permanece igual. En el vacío y el silencio más absoluto, solo roto de vez en cuando por el silbido de algún coche que pasa a velocidades astronómicas encantado de sentirse Fittipaldi en una autopista vacía. Debe ser que los chiítas lo celebran de otra manera. O los chiítas iraníes. Y nosotros sin comer. Arrastrando sueño y un hambre del copón. Nos habíamos reservado, evitando comprar fruta por ejemplo para sumergirnos en la que pensábamos orgía nocturna del kebab y los dulces. Los restaurantes (en Yumhuri, cerca del hotel, hay varios populares) permanecen cerrados a cal y canto. Bajo la amenaza de perecer de hambre mientras millones de personas se atiborran de comida en sus casas, me viene una iluminación, probablemente del Dios cristiano, ya que el otro debía estar a lo suyo y con los suyos. Había leído en varias páginas de Internet de la existencia de un restaurante perteneciente a la comunidad armenia teheraní: el Club Armenio. Nos encomendamos a Santa Lonely Planet que nos conduce a través de su pequeño plano de la zona, por la trasera de la embajada británica y la larguísima muralla erizada de alambradas de la antigua embajada soviética, hoy de Rusia, hasta sus puertas. Cuesta encontrarla porque ni letrero tiene. Sólo una pequeña puerta entornada bajo una simple bombilla. ¡¡¡¡Bieeeeeeeeen!!!! Un portero tras un pequeño mostrador nos indica el patio. Allí una chica vestida con traje occidental y ¡sin pañuelo en la cabeza! nos atiende y en un perfecto inglés nos informa de que abren a las 8’30. Y sólo son las 7. Vaya. Nuestras tripas rugen ante la noticia. Solicitamos permiso para husmear por el resto de las dependencias del club y descubrimos un lugar con un acusado sabor de otra época, con espejos ovalados, sillones tapizados de cuero, paredes empapeladas y cubiertas de fotos antiguas, cortinones y un salón de comidas dotado de una larga mesa rodeada de robustas sillas de madera.

Una vez de nuevo en la calle descubrimos milagrosamente unos metros más allá un coqueto cafetín en un patio donde varios grupos de jóvenes (chicos y chicas) con aspecto moderno beben té y fuman unas enormes narguiles colocadas encima de la mesa. Las chicas llevan el pañuelo muy atrás de la cabeza, dejando al aire unos superflequillos perfectamente lacados y lucen ropa muy fashion, aunque guardando escrupulosamente las estrictas reglas vestimentarias oficiales: el culo siempre cubierto por alguna prenda que evite su marcaje. Un sitio pijo y muy agradable. Perfecto para esperar la hora de la cena engañando al estómago con unos tragos de té y unas caladas de humo perfumado.



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ADAME DASHTAN (CONTINUARÁ)



(1) El color del turbante hace referencia al linaje más o menos guay del portador. Los que lo llevan negro son descendientes del Profeta, los que lo llevan blanco, los pobres, no.



ÍNDICE DEL VIAJE A IRÁN:

viernes, 21 de noviembre de 2008

El católico Bono la caga, sus compis le ríen la gracia

Lista de altos cargos socialistas a los que no molesta en absoluto que el cabronazo (léase en tono distendido y jocoso) católico de Bono los llame hijosdeputa ante otros tres católicos del PP. Lo de católicos, en ambos casos también léase en el mismo tono distendido y jocoso que lo de cabronazo.

El jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

El secretario general del grupo socialista, Ramón Jaúregui.

El portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso.

La vicepresidenta del Congreso, Teresa Cunillera.

Jesús Caldera.

Dios y Santa Maravillas del Congreso les tendrán en cuenta tan gran derroche de comprensión. Alguien debería preguntarle a los militantes.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

AUTOS EXCREMENTALES (III)

El tercer Auto Excremental de estreno de esta semana está siendo representado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Izquierdas de la ciudad de Cördoba. De Izquierda Unida, no del PSOE, no vaya nadie de fuera a confundirse, a pesar de que gobiernan en coalición. Del PSOE no cabe admirarse ya puesto que los Autos Excrementales por ellos representados han sido tantos desde hace tanto tiempo que forman parte consustancial de la visión que tenemos de ellos los progresistas no claudicantes.

Comenzaron, nuestros munícipes de Izquierda Unida, con una obertura en la que representaron una sentada resistencia a acatar las ordenes del juez Garzón de colaborar en la apertura de las fosas comunes donde fueron arrojados amontonados miles de cordobeses asesinados a sangre fría en los primeros meses del genocidio subsecuente al golpe de estado fascista de 1936.

La comparación sería como si los descendientes de los judíos gaseados en los campos de exterminio se hubieran negado a que se hiciese una investigación sobre el genocidio de sus mayores. Los judíos del franquismo fueron precisamente los antecesores políticos de los propios que boicotean ahora la investigación. Un exterminio por razón de raza y otro por razón de ideología, por la ideología que (supuestamente) los boicoteadores actuales de la investigación profesan. Está perfectamente demostrado que fue un verdadero genocidio programado, planificado y ordenado por los golpistas militares y sus coadyuvantes civiles y bendecido por la jerarquía de Iglesia Católica en pleno. Y en ella murieron los detentadores de las ideas que hoy se presentan como normales y mínimas indispensables para la convivencia en un estado democrático.

Continuaron los políticos de izquierdas del Ayuntamiento cordobés, la alcaldesa Rosa Aguilar a la cabeza, con la enumeración de las primeras causas de su resistencia al acatamiento de las ordenes del juez colocándolas en el ámbito técnico-jurídico. Que si un protocolo, que si papeles por aquí, que si requerimientos por allá... Pero pronto se destaparon con otras menos digeribles. El presidente de la empresa municipal de cementerios, Alfonso Igualada, un viejo rojo de los de toda la vida, llegó a plantear la negativa a colaborar en el asunto hasta que se aclarara quién se haría cargo de los gastos de las exhumaciones, que quién pagaría todo aquello, se supone que los picos, las palas, los sacos y los sueldos de los operarios. Bien, es algo que puede arrojar un poco de luz a la atroz pregunta de por qué el ayuntamiento más izquierdista de España durante más tiempo no realizó motu proprio esa labor muchos, muchísimos años antes, por qué no hizo absolutamente nada para devolverles la dignidad a los asesinados y a sus familiares, por qué se sumó cómplicemente a la actitud general de silencio absoluto, de acabar dando la razón por omisión del deber de justicia a los golpistas, a la miserable teoría de la división equitativa de la culpa entre la democracia asesinada y el fascismo criminal que ha sido la bandera del PSOE, se supone que para no soliviantar a la derecha sociológica que forma la mayoría de su caladero de votos, desde que la enarbolara la chulesca displicencia de Felipe González desde el primero momento de su mandato. Tal vez fue por pura y simple tacañería.

¿Izquierda Unida se sumó desde siempre a la ignominia del mantenimiento del olvido para evitarse pagar los picos y las palas? Es una posibilidad. Los socialistas se cargaron la escuela pública a favor de la privada por puro balance de cuentas. Como suena. Pero yo creo que las causas de las defecciones de nuestros izquierdistas entronizados se inscriben en la formación de una casta profesionalizada de políticos cuyo única función social es el propio mantenimiento en el poder, detentándolo o aspirándolo y cuyas ideologías inscritas en sus siglas corresponden más bien a marcas registradas, a nomenclaturas que tuvieron su razón de ser en el pasado pero que ahora se sienten como anacronismos, mantenidos por puro sentimentalismo. Algo así como la existencia de esas pequeñas empresas de tecnología jurásica que perviven en las ciudades y que conservan nombres como La Moderna.

Ello desentrañaría perfectamente el viejo enigma de que en una ciudad tan tradicional como Córdoba, cuyas redes culturales y artísticas (Universidad, publicaciones, exposiciones, etc.) están mayoritariamente controladas por la Iglesia Católica a través de su Caja de Ahorros, CAJASUR o de fundaciones más o menos directamente vinculadas a ella, cuyo asociacionismo popular permanece estrictamente en el ámbito de las tradiciones jurásico-folclóricas y dominado por unas directivas profesionalizadas y reaccionarias, aquejada de un gremialismo que ha sustituido victoriosamente al sindicalismo de raíz izquierdista, cuente con un ayuntamiento de Izquierda Unida casi ininterrumpidamente desde hace 30 años.

La Izquierda Unida (entonces el PC) que ganó las elecciones municipales cordobesas limpiamente en el 77 pudo haber respondido a un movimiento de masas de izquierdas galvanizadas por la personalidad política de Anguita, y durante los primeros años aquel ayuntamiento se empleó a fondo en modernizar las estructuras asociativas de la ciudad y en ventilar el apolillado salón de baile decimonónico en que se pudría su cultura . La prueba de dicho empuje fueron los virulentos enfrentamientos entre el equipo municipal y las fuerzas reaccionarias herederas del franquismo, el obispado a la cabeza. El feliz recuerde, señor Infantes, que yo soy su alcalde, mientras que usted no es mi obispo, de Anguita.

Pero pronto tanto los políticos como esas fuerzas reaccionarias aprendieron a complementarse y llegaron a crear una extraña asociación simbiótica. La carcunda franquista no se emplearía demasiado a fondo para colocar a los suyos (el PP) en el poder y los izquierdistas se limaban las uñas y los dientes hasta convertirse en sus mascotas más o menos dóciles. Las Cofradías de Semana Santa consiguieron del ayuntamiento rojo más subvenciones y permisos de crecimiento de las que podrían haber soñado conseguir nunca de un supuesto gobierno del PP y hasta arrancaron a la alcaldesa, la inefable Rosa Aguilar, la declaración pública de su condición de monárquica de peineta y cofrade convicta y confesa. Los permisos para que las procesiones católicas se celebren a lo largo de todo el año con cualquier excusa y aumenten en progresión geométrica se han multiplicado. Varias docenas de calles con nombres centenarios han sido renombradas con los de vírgenes, cristos, obispos, curas y beatas y varias espantosas esculturas de raíz ultracatólica han sido colocadas en nuestras plazas a pesar de la ruidosas protestas de muchos ciudadanos. Y no han tenido ni tiempo, ni ganas, ni vergüenza en 30 años para eliminar el nombre, José Cruz Conde, del coordinador del golpe fascista del 18 de julio de la principal calle de la ciudad, una ciudad que ni siquiera cuenta con una placa en recuerdo de las víctimas del franquismo y mucho menos una calle a personajes como Azaña o Julián Grimau dedicada.

Y no sólo eso sino que el gerente de la empresa de municipal de cementerios, el lamentable Igualada, llegó a proponer recientemente que los monolitos que se solicitaron para marcar las fosas del genocidio franquista en los dos cementerios de la ciudad debían representar a los dos bandos, en una ciudad donde sólo murió un derechista el mismo día del golpe, como acaba de contar Francisco Moreno en el prólogo de su 1936: el genocidio franquista en Córdoba. Exactamente igual que el alcalde ultraderechista de Almería acaba de hacer en las de su cementerio. Igualada ya lleva su castigo por ello en su permanencia ominosa y eterna en esas páginas y en las de la denuncia judicial que se han interpuesto, y con él a Rosa Aguilar, la alcaldesa, los familiares de un diputado socialista fusilado y enterrado en el 36 en una fosa del cementerio de la Salud por obstrucción a la justicia al negarse a colaborar en su apertura.

Permitieron que la vega del Guadalquivir, una de las más feraces de Europa se parcelara, se vendiera y se urbanizase ilegalmente en una orgía de ladrillos, cemento y tejas del que se beneficiaron sobre todo las empresas constructoras y que llegó a poner en peligro al propio yacimiento arqueológico de Medina Azahara.

La necesaria peatonalización del casco antiguo la emprendieron irracionalmente, sin ofrecer alternativa alguna a los habitantes y a los comerciantes, tanto en fomento de transporte público como en equipamiento de aparcamientos, con lo que los grandes beneficiados de esas medidas fueron realmente los empresarios (multinacionales) de los no lugares del extrarradio, las grandes superficies comerciales, siguiendo exactamente las misma políticas que los neoliberales de todo el mundo.

Se aliaron con una caterva de empresarios a los que permitieron barbaridades urbanísticas inéditas incluso en el franquismo. La destrucción de encinares centenarios en la vecina sierra, los intentos de conversión en solares urbanizables de una de las señas culturales de la ciudad: los cines de verano, la construcción de naves ilegales de miles de metros cuadrados en terrenos no urbanizables, etc. Han cedido suelo público (¡un céntrico jardín!) para que empresas privadas construyan un edificio, con la excusa de una biblioteca pública.

Todo ello con una impunidad que sólo puede hablar de formas de corrupción más o menos sibilinas. Ahora que uno de ellos está en la picota de uno de los procesos judiciales más importantes de España por corrupción urbanística tal vez querrían borrarse de las fotos o eliminar de las hemerotecas los besuqueos que con él intercambiaron en tantas ocasiones.

¿Quién necesita al PP, o en su defecto al PSOE? Nadie. La prueba está en que es increíble que un gobierno municipal de Izquierda Unida no tenga jamás de los jamases el más mínimo roce con las fuerzas reaccionarias de la ciudad. Que se traguen calladitos los sapos de las declaraciones de los obispos que agreden directa y constantemente sus supuestas bases ideológicas. Todo lo contrario. Los besitos y palmitas que se prodigan ambos son siempre de un cariñoso que da asco. Ceden todo lo que se les pide. Todo. Absolutamente todo. Y niegan el pan y la sal a los suyos, porque éstos ya no son mayoría en los votos. Los votos se los proporcionan los otros, sus antiguos enemigos, para que sigan manteniendo el teatrillo donde se representa permanentemente el Auto Excremental de los rojos capones y la carcunda feliz, como en los cuentos de corderos y lobos buenos. San Francisco amansó milagrosamente al lobo y lo puso a guardar su casa.

Rosa Aguilar, la alcaldesa, es mucho peor que Bono, el católico militante antes que socialista que intenta de buena fe evangelizar a sus compañeros de partido y de paso a todos los españoles. Todo apunta a que se lo cree de verdad (no puede ser tan tonto), aunque no sea consciente de que ocupa un lugar que no le corresponde. Rosa Aguilar es sólo una oportunista sin escrúpulos, que lo mismo le da asistir a los partidos de fútbol donde se ofende su sensibilidad de mujer, que refregarse con los curas banqueros que en el fondo la desprecian y sólo la soportan porque se sirven de ella o se da baños de masas en los peroles de los barrios donde se aprovecha de la incultura secular de las marujas.

El último acto del Auto Excremental de esta semana ha sido el proyecto de hermanamiento de Córdoba con la alemana de Nuremberg. Sí, Nuremberg, la ciudad-símbolo de la justicia para con las víctimas del genocidio nazi y del castigo de los verdugos. Justo el mismo día que los aspirantes a protagonizarlo son denunciados judicialmente por entorpecer con premeditación y alevosía el esclarecimiento de la verdad sobre los crímenes de nuestros propios nazis. Yo no sé si realmente lo hacen adrede, si es estupidez poética o afición al sarcasmo. Lo que sé es que algún día la vida les pasará factura. Cuando se queden sin sillón y sólo con su propia desvergüenza como único patrimonio.

A ver si es verdad que a Rosa Aguilar le acaba pasando lo que le han vaticinado, que cuando sea engullida por el PSOE, cosa que ocurrirá si en la Izquierda Unida queda algo de dignidad, se perderá políticamente como su antigua camarada Cristina Almeida. Y acabe dando tumbos por los platós de la televisión basura vendiendo su experiencia de exdetodaslascosasdestemundo. Y yo podré volver a votar. AMÉN.

domingo, 16 de noviembre de 2008

AUTOS EXCREMENTALES (II)

Operación Urraca

Mientras escuchaba hablar a los buitres del Auto Excremental de anoche del tema del dinero desaparecido en los bancos del paraíso bancario de Singapur me acordaba de la otra noticia del día, del descubrimiento de 400 obras de arte en un hoyo situado en el Parque Joyero cordobés y perteneciente a nuestro simpático empresario y gloria local San Dokán, que en sus ratos libres, entre trasvase de maletín y trasvase de maletín, presta su hermosa figura como modelo para escultores de arcangélicas figuras. A la vista de lo de los hoyos que debe haber, aparte del sandokaniano, en el Parque Joyero yo creo que deberían renombrarlo como Parque Hoyero, que da más idea de cuál es realmente su función económica y social en el marco de la actividad puntero-subterránea de esta extraña ciudad.

Bueno, a lo que iba. Realmente conforme avanza la investigación sobre los malvados malayos (hay quien opina que lo de Operación Malaya viene por el sobrenombre de nuestro prócer local, tomado de su parecido con la versión televisiva del salgariano pirata de Malasia) se va descubriendo el carácter absolutamente delirante del caletre del instinto delictivo de la choricesca banda.

Los que pensábamos que el caso Roldán no podía ser superado en su esperpéntica esencialidad carpetovetónica nos hemos quedado patidiphusos al comprobar cómo siempre se puede dar una vuelta de tuerca más a la casposidad criminal de la raza hispana.

Porque si bien Roldán fue un estafador, extorsionador y malversador casposo y zafio en sus métodos, a la hora de esconder el botín se ha descubierto como un verdadero maestro de la ingeniería financiera enviándolo a Singapur donde sigue amorosamente pastoreado por la banca de los chinos más finos del mundo, nuestros chorizos municipales, señores del ladrillo y del lingote del metal amarillo de la operación esa del Tigre de Malasia se han destapado como unos verdaderos gilipollas inversores en la mayor colección de chilindrinas de la que los siglos tengan noticias. Yo creo que a la vista del botín policial (más de mil cuadros, cuatrocientos o quinientos caballos purasangres, trescientas máquinas de coser de colección, jirafas disecadas, tigres de bengalas enjaulados, etc...) la Operación policial debería haberse llamado más que Malaya, Operación Urraca. U Operación Chilindrinas.



ADDENDUM (16-11-08): SAN DOKAN HABLA PARA ONDA MEZQUITA.