(del laberinto al treinta)


viernes, 18 de enero de 2008

NÁPOLES (I)

Recién llegado de Nápoles me encuentro con los argumentos mermados o las antiparras churreteadas para seguir dando caña urbanística en mi pueblo. Y es que si bueno es visitar lugares más civilizados de nuestro entorno para comparar, también lo es hacerlo a los menos. Lo de Nápoles es sencillamente sangrante y eso que por las noticias y las leyendas que sobre la hermosa ciudad había recibido con los años me la esperaba mucho peor. De Italia sólo conocía Roma, que me pareció normal con sólo el vistazo de una semana que me dio tiempo a echarle, y tampoco podría extender el fenómeno del “caos ordenado” o la “desobediencia indebida” que reina en la antigua Parténope, al resto de los lugares del estado italiano. O bien se trataba de una pura leyenda o bien los napolitanos comienzan a dejarse meter en cintura, pero los autos paran en los pasos cebra, los niños de los vespinos no son más descerebrados que aquí y si las basuras se amontonan indecentemente en las calles se debe a un problema puntual, del que espero hablar en otra entrada, y se encuentran puntualmente amontonadas alrededor de los contenedores. Con todo y con eso ya digo que sorprende al españolito de a pie la diferencia negativa respecto al estado de nuestras ciudades, con la sutil sensación de que muchas cosas funcionan allá peor.


Casualmente el mismo día que salía para allá encontré un artículo de Enric González en las páginas centrales de El País Domingo en el que contraponía el carácter de los italianos al de los españoles, a raíz de comentar el libro de Beppe Severgnini La testa degli italiani, en el que concluía que si el de los italianos podía considerarse como mediterráneo, no el de los españoles, que solíamos dar muchas más pruebas de disciplina y aferramiento a las convicciones de las que a la mediterraneidad se le supone.

Por otra parte muchas de esas pruebas no dejan de tener su encanto y sólo pueden considerarse “defectos” si los miramos desde el punto de vista de un urbanismo excesivamente higienizado, donde es la asepsia total la que marca el objetivo de habitabilidad. Me refiero a esa especie de aferramiento a costumbres preindustriales como las de secar la colada en plena calle, la ocupación por las pescaderías, fruterías y ferreterías de la totalidad de las aceras de una calle, esa especie de desobediencia a leyes municipales o de mera convivencia que nos hacen pintorescos muchos lugares, con un encanto de otras épocas, pero que probablemente respondan más a carencias en la educación de urbanidad que a estimulantes atavismos. O a desidia de la autoridad, como la vista gorda a los cientos de coches que ocupan impunemente las aceras. Su contemplación nos instala en la paradoja de disfrutar cuando viajamos de ambientes y circunstancias que consideramos de delicioso tipismo pero que no toleraríamos en nuestra propia ciudad. Yo no sé si tender la ropa atravesando las calles del casco histórico está permitido, pero ese espectáculo es el más corriente que un visitante puede encontrar mientras busca las obras de arte escondidas en sus iglesias o simplemente pasea por sus milenarias calles. Yo recuerdo cuando en España se lanzó la prohibición no hace muchos años y hoy es casi imposible encontrar ni un pañuelo secándose en la vía pública ni siquiera en los pueblos más pequeños. Y no sé si es una cuestión de disciplina o de mera imposibilidad. Quizás sencillamente no pueden prohibirlo porque miles de personas no tienen otro lugar donde hacerlo. Porque otra de las cosas que llaman la atención son las condiciones de habitabilidad de las viviendas del casco antiguo de Nápoles. Calles estrechas y húmedas bordeadas de casas de principios del siglo pasado sin rehabilitar, en las que se hacinan miles de familias que incluso, en muchas ocasiones, siguen compartiendo el baño. Particularmente dolorosa es la contemplación de los bassi, los pisos bajos de esas viviendas, sobre todo las de los Quartieri Spagnoli, los barrios españoles, llamados así porque en su origen fueron las calles donde malvivían los soldados españoles acuartelados bajo la Cartuja de San Martino. La única luz natural que reciben es la de la estrecha puerta de la casa, por lo que ésta permanece siempre abierta y las familias son perfectamente visibles desde el exterior mientras comen o ven la televisión en sus sofás. Y aunque su población sigue siendo mayoritariamente autóctona se asiste ya a un progresivo recambio étnico y tramos enteros de sus calles están ocupadas por inmigrantes, principalmente srilankeses. Las guías turísticas recomiendan no adentrarse demasiado en ellas, pero yo no las encontré más peligrosas que las propias de mi barrio. Yo sólo llegué a sentirme mal por mi pudor violentado al verme obligado a contemplar la intimidad de los hogares de los pobres.

Los amantes del tipismo se alegrarán sin duda ante la evidencia de la imposibilidad de rehabilitar esas miles de viviendas para convertirlas en hogares dignos. Si se hiciera, las fotos que colgamos en el Flickr ya no serían lo mismo.







viernes, 4 de enero de 2008

Matar / morir

Qué difícil es matar a un hombre cuerpo a cuerpo, sin participación de armas de fuego. Y qué difícil también a veces conseguir que a uno lo maten. Son ideas que me han rondado en la cabeza estos días después de haber enlazado mentalmente varias historias recientes y pasadas.

Hace unos días fui a ver Lust, caution (Deseo, peligro). Pasé un par de horas maravillosas admirando la maestría de Ang Lee para contar historias. A pesar de que prefiero los directores con una voluntad de estilo férrea, esos directores cuyas diferentes películas sólo son matices de una única película que se pasan la vida rodando, como su casi paisano Wong Kar Wai, Ang Lee consigue sorprenderme en cada obra, por muy diferente que sea a la anterior. He leído algunas críticas en prensa y en la red y estoy de acuerdo básicamente con ellas, porque casi todas coinciden. Un comienzo demasiado prolijo, un argumento quizás demasiado gastado, pero una puesta en escena fastuosa, con unos personajes perfectamente dibujados y un control absoluto de los mecanismos narrativos. Una delicia poder pasar dos horas absolutamente integrado en un tiempo y un espacio de ficción magistralmente construidos, participantes de la misma textura de los clásicos norteamericanos a los que homenajea.

Pero una escena de la película me impresionó especialmente y me trasladó de improviso a otra película vista hace años. En ambas escenas se representa el asesinato de un hombre y en ambas se saltan las convenciones cinematográficas que más o menos son admitidas como reales por la mayoría de los cineastas. El paso del planteamiento al nudo argumental central en Lust, caution sucede mediante un crimen. Los jóvenes revolucionarios se ven obligados a matar a un individuo que descubre sus planes. Y es en ese su bautizo de sangre cuando se enfrentan a la terrible dificultad que supone quitar una vida a una persona cuerpo a cuerpo sin armas de fuego mediante. A pesar de las múltiples cuchilladas que infligen a la víctima, ésta se resiste desesperadamente a morir y los aprendices de terroristas, y los espectadores, asisten aterrorizados a su agonía interminable.




A mí me vino inmediatamente a la cabeza la también terrible escena del asesinato del siniestro Gromek por parte de Paul Newman en Cortina Rasgada de Hitchcock. Es precisamente la angustia que nos infiere por su resistencia a la muerte que se le trata de infligir la que eleva al siniestro policía alemán a una de las cumbres de la villanía cinematográfica. Hitchcock nos coloca así malévolamente un espejo en el que mirar nuestra propia crueldad, nuestros propios instintos de destrucción que por unos instantes desean desesperadamente la eliminación física de un semejante.

Anoche sentí una sensación parecida, un dejà vu lejano al asistir a una escena de Amor a quemarropa (True Romance), una ya vieja película (1993) de Tony Scott con guión de Tarantino que no había conseguido ver hasta ahora. Un soberbio Dennis Hopper está sentado a una silla en el interior de la destartalada caravana en la que vive. Frente a él está Christopher Walken en el papel de un despiadado traficante de drogas al que el hijo de Hopper ha robado un valioso alijo. Walken trata de arrancar a Hopper el paradero de su hijo. Ya lo ha golpeado varias veces y ha ordenado a uno de sus matones a que le corte con un cuchillo la palma de la mano y se la rocíe con whisky. Hopper insiste en que no sabe nada. Entonces Walken le hace saber que es siciliano, y que los sicilianos son los reyes de los embusteros, y por ello mismo, muy difíciles de engañar. Y que lo van a matar de todos modos, pero que si habla puede evitarse la crudelísima sesión de tortura que le preparan. Entonces Hopper pide un cigarrillo y mientras se lo fuma, con una tranquilidad pasmosa, le explica al mafioso que siendo muy aficionado a la lectura había tropezado hacía poco con una en la que se explicaba que los sicilianos eran todos descendientes de moros, que es lo mismo que decir de negros. Que invadieron la isla en la Edad Media y que todos los sicilianos tienen entre sus antepasados una tatarabuela que se hartó de follar con negros y que por ello, él mismo, el tipo de pelo negro pegado al cráneo que está interrogándolo, es medio berenjena. Walken se queda momentáneamente desconcertado, sufre un repentino ataque de una risa nerviosa, se acerca a uno de sus matones, le pide la pistola, se vuelve y administra al viejo Hopper varios balazos en la cabeza. Entonces comenta enfurecido que hacía años que no mataba a nadie con sus propias manos.




Este atroz estratagema me recordó inmediatamente a una similar que leí hace años en el relato de Jack London Cara Perdida. Un cazador de pieles está sentado maniatado a un tronco mientras contempla cómo unos indígenas torturan minuciosamente a uno de sus compañeros, un enorme cosaco que ha acabado irremisiblemente perdiendo toda dignidad convertido en un ser gimoteante. Sabe que la suya será una tortura aún más morosa, porque uno de los jefes, Yakaga, se lo reserva para él mismo como vengaza por una reciente humillación que el trampero le había infligido. Cuando está a punto de tocarle su turno llama a gritos a Makamuk, el jefe principal, al que propone un trato. Le hace saber que él no puede morir, que es una pena que muera alguien conocedor de la fórmula de un ungüento que hace que las armas afiladas reboten en la carne humana, con lo que cualquiera que se unte con él será inmune a las flechas, cuchillos o hachas. A pesar de las protestas de Yakaga sus palabras despiertan el interés del jefe que le propone perdonarle la vida si se le demuestra que es cierto y se lo proporciona. El trampero sube el precio y exige además de la vida, un trineo, perros, armas y como arriesgado colofón a la propia hija del jefe. Es esa temeridad, esa seguridad en la bravata la que convence a Makamuk de la sinceridad del hombre blanco. Y lo acepta todo. Se traen todos los ingredientes que solicita y exige sus recompensas a la vista para comenzar a hacer la pócima. Todo se hace a su gusto. Una vez confeccionado se ofrece a proporcionar la prueba definitiva: se untará el cuello con el ungüento, lo colocará sobre un tronco y el propio Makamuk descargará sobre él un afilado hacha que rebotará violentamente al llegar a su destino. Luego lo dejarán marchar con el botín. Toda la tribu asiste expectante y maravillada a la prueba. Unos segundos después, con la cabeza del trampero separada del cuerpo y rodando junto al tronco, Makamuk comprende que ha sido engañado delante de todos sus súbditos y que el hombre blanco ha conseguido con esa estratagema librarse de la tortura. Y desde ese momento Makamuk sería ya para siempre Cara Perdida, el estúpido que se dejó engañar por un maldito cazador de pieles, una anécdota que no dejará de contarse hasta el final de los tiempos en las reuniones anuales de las tribus.

miércoles, 2 de enero de 2008

Julien Gracq, el último insobornable

He dejado pasar los últimos días del año sin comentar un azar que he sufrido y gozado a partes iguales. Uno de los libros que me llevé para leer en India fue El Mar de las Sirtes de Julien Gracq, un texto al que vuelvo irremediablente una y otra vez, para poder habitar temporalmente en su arquitectura de vibrantes imágenes y palabras exactas. Con pocos textos disfruto tanto del lenguaje como con éste. Y me encanta descubrirme en ocasiones olvidado del argumento mismo, de la anécdota que esté contando y detenido maravillado en la urdimbre magistral de una idea, en la fascinación por una imagen perfectamente cincelada. Además, para mí es ideal llevar su espíritu a punta de imaginación para visitar castillos, palacios semiabandonados o ruinas recientes.

Así, llevaba muchas imágenes del Almirantazgo de las Sirtes de la República de Orsenna cuando visité uno de los palacios que más me gustan de India: el de Amber, en las afueras de Jaipur. Y me descubrí como el febril Aldo recorriendo los corredores desolados, las hondas estancias vacías donde una vez quizás habitaran mapas, asomándome a las troneras rebajadas de servicio o descansando en los oníricos pabellones de los patios ciegos. Respirando la matriz de la decadencia, el fantasma de un mundo perdido sin remedio.

Como no lo terminé en el viaje lo retomé hace unos días porque no quería dejarlo a medias. Acababa de leer el relato del entierro del viejo Carlo cuando me llegó la noticia de la muerte de Julien Gracq. Y me ví asistiendo mentalmente al suyo propio en el viejo cementerio a orillas del inquietante mar violáceo, en medio del crudo invierno de las Sirtes.

No sólo se le considera un escritor secreto, sino insobornable. Su rechazo del premio Goncourt en 1951 por pura consecuencia con su denuncia del circo literario francés y su declaración de asumir un único e inviolable compromiso con la lengua, probablemente condicionó que a nadie se le ocurriera proponerlo para el Nobel que hubiera ganado fácilmente. Yo seguiré homenajeándolo frecuentemente, cada vez que vuelva a leer las nítidas palabras:



Pertenezco a una de las más antiguas familias de Orsenna...



lunes, 31 de diciembre de 2007

QAWWALI EN DELHI

Una de las cosas que me prometía mí mismo fue la de asistir una misa qawwali en el mausoleo del santo sufi Nizam-ud-din. Fuimos una mañana para ver el mausoleo de día para regresar esa misma tarde/noche que es cuando los músicos cantan frente a la entrada principal. Por la mañana nos encontramos con la sinrazón de un tipo que nos impidió hacer fotos porque declinamos sus servicios de guía en el santuario. Hay varios de esos pululando por allí. Se trata de una especie de estudiantes de teología (kurta blanca, barba islamista y boinilla de punto en la cabeza) que se arrogan el derecho a acompañarte a cambio de una siempre problemática cantidad de rupias. Podría haber cedido, pero mi anticlericalismo no conoce fronteras ni credos. Para los curas, sean de la marca que sean, lo menos posible.

Nizzam-ud-din es un lugar fascinante. Y muy desconocido por el turismo de masas. De hecho nosotros, en las dos visitas no encontramos a ningún turista aparte de nosotros. Sólo la estrecha e intrincada calle que lleva al santuario ya es un derroche de fantasía, con sus cientos de tiendas de bagatelas coránicas absolutamente delirantes y sus montones de pétalos de rosas para las ofrendas. Un patio cuadrado acoge un templete central donde se encuentra la tumba. Sólo los hombres pueden entrar en el interior y con la cabeza cubierta. Por una vez no me solidaricé con C. frente a las gilipolleces discriminatorias supersticiosas y entré yo solo en el abarrotado pasillo que rodea al túmulo cubierto de una paño verde y de miles de pétalos de rosas. Los fieles tratan de alcanzar desesperadamente con la punta de los dedos el filo del paño para tocarse seguidamente la frente con ellos.


Encuentro casualmente en Flickr una colección de fotos del mausoleo entre las que se encuentra alguna del túmulo. A mí no me dejaron ni sacar la cámara. El autor debió de pagar religiosamente el impuesto revolucionario. Por la noche, en cambio, hice todas las fotos que quise sin problemas.

El exterior del templete está construido en un voluptuoso estilo mogol con los techos y los arcos pintados con motivos floreados de vivos colores y los paneles interiores recamados de vibrantes dorados. La gente se sienta en el suelo de mármol del patio y charla o dormita. Los niños corretean y en un rincón los ulemas, todos portadores de enorme callo en la frente producto de los infinitos cabezazos al suelo con que se han castigado en los rezos, cuentan circunspectamente el dinero de las ofrendas de los fieles. Un suave olor pútrido, el característico de toda la India, se mezcla aquí con el aroma dulzón de los pétalos de rosas.

Por la noche los músicos se sientan frente a la entrada principal del mausoleo y cantan salmodias qawwalis acompañados del armonium. Los fieles se van calentando con el hipnótico son de las salmodias en honor de Allah, Muhammed, Ali y Hussein y van depositando a sus pies billetes de rupia. Un loco armado con un enorme banderón abanica a los presentes. El qawwali que puede escucharse aquí no es demasiado bueno, pero es auténtico, y sobre todo es un privilegio poder hacerlo en el marco incomparable de su entorno natural.





Unos días más tarde leímos en un folleto que se desarrollaba un festival en Delhi, en el Purana Qila. Unos días antes había actuado N. Rajam, una violinista de clásica hindustani de la que acababa de hacer acopio de CDs en una tienda de Rajpath. Cada vez que vengo a India procuro buscar algo nuevo de ella. Así que la decepción por no haberla podido escuchar en directo fue colosal. Pero como para compensarme leímos que esa misma noche actuaba Abyda Parveen, una cantante punjabí de la que conservaba una cinta de cassette que compré hace años por recomendación de un vendedor entendido en Trivandrum, la capital de Kerala. A pesar de la mala calidad de la audición, me subyugó la fuerza y el ritmo de los temas que incluía. No hacía mucho que había conseguido bajar con el emule algunos temas en mejor estado. Se trata de canciones punjabíes de raíz islámica, unas populares y otras místicas sufis, del mismo estilo que las popularizadas en occidente por Nusrat Fatih Ali Khan. Una música especialmente diseñada para entrar en trance y que comparten paquistaníes e indios musulmanes.

Así que nos dirigimos en un rickshaw a través de un enormísimo atasco que nos hizo llegar tarde al Viejo Fuerte Mogol donde se celebraba el festival. Conseguimos entrar sin problemas por la puerta del monumento, pero al llegar al lugar donde se encontraba el recinto acotado al aire libre, al que conducía una larguísima alfombra roja fuimos detenidos por una azafata de sari. Mientras nos pedía las invitaciones observamos horrorizados que la gente que entraba o que aguardaba iban de rigurosa etiqueta y que se trataba de la verdadera clase alta de la ciudad, saris carísimos y trajes masculino de corte impecable. Nosotros íbamos, evidentemente, de guiris de andar por casa, de trapillo total. La amable azafata frunció el ceño bajo el punto de la frente y nos comunicó que sin invitación no podíamos pasar. Intentamos protestar, pero antes de que nos diera tiempo una señora muy señoreada se acercó, preguntó a la azafata por el asunto y una vez informada de que éramos unos aspirantes a polizones nos invitó a pasar con una amplia sonrisa y un ¡enjoy! que nos supo a gloria.

Quedaban poquísimos asientos y aún no había empezado. Efectivamente allí se encontraba sin duda la crème de la crème de Delhi. Contra los arcos de una antigua portada interior del fuerte se había colocado el escenario, a cuyos lados dos grandes pantallas retransmitirían primeros planos del evento para las últimas filas, en las cuales, lógicamente, no encontrábamos.

Tras una interminable serie de discursillos de señoras y señores, entrega de ramos de flores y reverencias a manos juntas salieron los músicos (armonio, tabla y dholak) y la cantante. Sentados en el suelo actuaron por espacio de una hora inolvidables. La acústica era excelente y la Parveen sólo hizo una concesión a los gustos del gran público interpretando como broche esa especie de himno hiperconocido que es Must Must Qalandar que fue coreado y palmeado por los asistentes. El resto consistió en una serie de cantos devocionales absolutamente arrebatadores. Su voz doliente, pero recia, consiguió, rasgando el aire de la noche, tocar nuestras fibras más sensibles y hacernos disfrutar al límite de ese arte sublime que trasciende del fenómeno religioso del que surge. Como Pergolesi o Bach.





Cuelgo su tema más conocido, Mahi Yaar De Gharoli, que también interpretó aquella noche.















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domingo, 30 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (IV)

El complemento final de toda comida india viene con la cuenta. La cuenta es servida siempre junto a un recipiente que contiene por separado o mezclados dos ingredientes que harán que te lleves un frescor dulzón en la boca a la calle. Semillas de hinojo (saunf) y azúcar gorda. Un puñadito de cada en la boca al tiempo de ir a dejar la propina y hala, a la jungla de la calle. En muchos restaurantes lo sirven en bolsitas individuales, pero lo normal es que venga en fantasiosos recipientes como los dos que fotografié en dos locales de Delhi:









Las semillas de hinojo son deliciosas y según leo en el Wikipedia inglés, provinentes de las regiones mediterráneas. Así que a India debieron llevarlas probablemente los portugueses, como tantas otras cosas. Aparte de como refrescante bucal se usan también en la elaboración de platos y aunque nunca encontré una receta que mantuviera su uso, yo las he detectado frecuentemente en algunos masalas.

Me entero así mismo que es una de las cinco especias de la célebre mezcla de especias china llamada precisamente 5 ESPECIAS y que sus hojas forman parte, junto con el ajenjo y el anís, de la elaboración de la absenta. En Italia parece que se usa también para aliñar embutidos y en Andalucía se usan los tallos para aliñar las aceitunas.

A mí el aroma del hinojo me transporta al reino perdido de la infancia cuando parte de mi tiempo lúdico transcurría feliz a la orilla de los arroyos, haciendo saltar a las ranas, persiguiendo culebras y admirando la destreza de los zapateros patinadores.

Y un detalle siniestro. El insulto machista que se usa en Italia para motejar a los homosexuales es finocchio. Su origen proviene de que la Inquisición medieval solía quemarlos envueltos en hojas de hinojo para que el suplicio durara más. Exquisiteces sádicas de la Iglesia.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El obispo de Tenerife sugiere que es acosado sexualmente por adolescentes

El Obispo de Tenerife ha denunciado en una entrevista la existencia de adolescentes libidinosos que lo provocan sexualmente.




P: La diferencia entre una relación homosexual y un abuso está clara.

R: Por supuesto. Pero, ¿por qué el abusador de menores es enfermo?

P: Para empezar, un abuso es una relación no consentida.

R: "Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y además, deseándolo, incluso si te descuidas te provocan".





Así mismo ha explicado que sólo un 6% de los curas que practican la castidad lo hacen por impulsos biológicos. La mayoría lo hace por vicio, por probar una forma de sexualidad distinta.



Yo porque hace muchísimo que perdí mi adolescencia, que si no no dudaría en provocar al señor obispo. Me pierden esos mofletitos... y esa boquita de piñoncito... y esa tierna papadita... y ese peinadito a raya... ¡¡¡Si es que el que va provocando es él!!!



ANTINAVIDEÑOS 2007

Me han preguntado varios amigos que por qué este año no arremeto como suelo contra la Navidad, que por qué no ejerzo de antinavideño como siempre. Que al igual que esperan cada primavera la crónica antitaurina de Manuel Vicent, ellos esperan cada solsticio de invierno mi acometida ciega contra los aguardentosos villancicos flamencos, la hipocresía ternurista y la explosión nuclear del horterismo decorativo. En este magnífico artículo del maestro Alejandro V. García que acabo de leer en el GRANADA HOY pueden encontrar la respuesta.

Aguafiestas

Alejandro V. García

EL otro día mostraba José Aguilar en estas páginas su perplejidad porque aún no había leído este año el articulo ritual contra la Navidad. Coincido con su extrañeza. Yo también he buscado en vano en distintos periódicos el comentario cíclico de los aguafiestas pero no lo he encontrado. ¿Qué ha pasado? ¿Han desisitido? ¿Se han recluido en su amargo ensimismamiento a la vista del escaso éxito de las proclamas contra los villacincos, las luces, el consumo, las comidas de empresas y la mil manifestaciones festivas? ¿Han capitulado ante la insistente renovación de los votos navideños? ¿O han sido víctimas del optimismo mercantil de las fiestas?

Las quejas contra la Navidad en esta parte del mundo donde nos ha tocado vivir son quejas inspiradas por el hartazgo. Se protesta contra los banquetes, contra los atracones de regalos, los excesos de luz en los arcos decorativos que colocan los ayuntamientos en las calles, contra la matanza de pavos y lubinas, con la exhuberancia de falsa ternura, etcétera. Supongo que si irrumpiera la crisis y nos viéramos abocados a la abstinencia forzosa las protestas se alzarían contra la escasez y la penuria.

He leído en El País una crónica que explica que de las diez mil cartas que han enviado a Papá Noel los niños de la ciudad brasileña de Recife (y que luego exponen en Correos a la espera de que un conseguidor de paisano se conmueva y haga realidad los deseos) unas 6.000 piden comida en lugar de juguetes. En Recife, la ciudad donde nació el presidente Lula da Silva, muchas familias pasan hambre. No hambre de Navidad sino hambre permanente, de todo el año litúrgico. Los niños invocan a Papá Noel y no a Lula.

La intromisión de Papá Noel en los asuntos de Estado es una circunstancia de extrema gravedad, pues convierte a los personajes de humo en trasuntos, e incluso competidores, de los dirigentes del país. Papá Noel en presidente; los elfos en ministros y los renos en directores generales. ¿Y qué puede hacer Lula sin trineos?

También en este aspecto, el de la magnificencia política, este lado del mundo difiere de los otros: ¡aquí son los políticos los que se convierten voluntariamente en Papá Noel! La laboriosidad -por momentos catártica- desplegada por la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, abriendo líneas del AVE de una esquina a otra del país e inaugurando tramos de autovía, rodeada de una espesa corte de solícitos ayudantes, es una manifestación de la fantasiocracia navideña que produce pasmo y enajenación.

Quizá por ese motivo los aguafiestas este año se han callado. O se han tomado un somnífero.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Música para el pollo tandoori

Estos días tengo problemas con la subida de temas musicales con los que a veces os regalo o ilustro alguna entrada. Hasta hoy no he conseguido subir la canción que había elegido para acompañar, como si de un buen vino se tratara, la receta del pollo tandoori. Así que con un poco de retraso la cuelgo ahora.

Se trata del tema La rose de Jaipur del disco Alezane (1994) de ese sumo mezclador de tradiciones en la redoma de su genio que es Thierry "Titi" Robin. Una cantante india desgrana una especie de nana en hindi pespunteada con las estrofas de una rumba gitana en la voz de un representante de lo que yo me atrevería a bautizar como "flamenco galo". Un buen complemento para esta receta indocordobesa.



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PEDIDA DE AUXILIO: Si alguien conoce alguna buena página para alojar y reproducir música en un blog ruego se sirva comunicármelo. Estoy un poco hasta los bites de los que uso hasta ahora.

lunes, 24 de diciembre de 2007

VILLANCICO

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA
Y MAÑANA...........................................NO

NO SÓLO EN NAVIDAD
NO SÓLO EN NAVIDAD...
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domingo, 23 de diciembre de 2007

Pérez Reverte se desahoga por todos

Ya estaba colgando la anterior entrada cuando recibo correo de mi amigo AM / PM (el mismo, el del debate de esta entrada) en el que me adjunta el artículo de hoy de Arturo Pérez Reverte en El Semanal. No comento más. Sólo agradecer que alguien que puede decir lo que pensamos muchos tenga tribuna. Que le diga a todos esos trajeados/as tipejos/tipejas que han enmierdado este país con saña y dedicación exclusiva lo que verdaderamente son.

Permitidme tutearos, imbéciles

Arturo Pérez-Reverte

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los paises más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al “retraso histórico“. O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que “el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien” y que éste no ha fracasado porque “es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad”, entre ellos el de que “los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms”. Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que “lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres”, aunque tampoco estuvo mal lo de “hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos”. Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que me generacionalmente me incluyo.

Que miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Chusma política

Chusma política. Así, con la virulencia blanda de un escupitajo acaba de insultar a toda nuestra clase política el escritor Muñoz Molina. Y para delatar a sus cómplices necesarios añade una tralla como de bofetada seca: secta pedagógica. La secuencia exacta del improperio es: La enseñanza pública se deteriora irreparablemente en España gracias a una conspiración de ignorancia tramada desde hace años por la chusma política y la secta pedagógica. El sábado pasado en el Babelia de El País, en un hiriente artículo titulado El libro ilimitado.

Cada vez que oigo o leo a alguien de reconocido talante razonabilizador perder la paciencia ante los himalayas de hipocresía, estupidez y mala fe con que nuestros políticos vienen agrediendo nuestra inteligencia desde siempre y llamar a las cosas por su nombre, por el nombre que el rico Real Diccionario de la Lengua le confieren exactamente me recorre una inefable hemorragia de alegría. Y en este caso la exactitud debe ser supuesta con toda propiedad. Muñoz Molina es Académico de la misma. De la Lengua, digo.

El impenetrable rostro que han mostrado al mundo los políticos socialistas españoles ante el informe PISA deberían hacérsela mirar por algún doctor de éticas averiadas. La primera la sonrientísima ministra de cultura que es capaz de desculpabilizar a su partido de la tremenda situación de analfabetismo funcional en que se encuentra la mayor parte de la generación de españolitos que se cuecen en nuestras escuelas. De piedra berroqueña la tiene la buena señora. Y la consejera de educación de la Junta de Andalucía y el propio presidente hautonómico de mármol de Macael, las únicas canteras que pueden estudiar los niños andaluces. En Andalucía los socialistas han gobernado SIEMPRE. Desde las primeras elecciones. Hace ¡¡¡25 años!!! Pues la culpa es todavía del franquismo. A ellos que los registren. Te cagas.

Ya venía calentito. Dos días antes el bueno de Muñoz Molina había contestado en una carta a Vicente Verdú que en un ataque de farfollez ponmodenna se había había dejado caer en un artículo de los suyos (De escuelas y miserias) en El País con la siguiente perla.

¿Forzarlos a la lectura? ¿Por qué no purgarlos y raparles el pelo? Ni la lectura es un bien absoluto ni todo el saber está ya en los libros. Leer más no hace másinteligentes, sólo hace más inteligentes para leer. El resto del mundo del conocimiento, el mundo audiovisual es ahora una fuente más caudalosa e importante en el saber. Pero ni siquiera para aprender a servirse apropiadamente de todo esto hay horarios y maestros preparados. Miseria de la escuela, escuela de mil miserias.



No quiero pensar que lo conducía la malicia. Porque yo creo que él sabe muy bien que el debate no está en que se les obligue o no a leer a los clásicos o a los modernos, sino en que sean capaces de entender un texto, escrito o hablado. Que sean capaces de usar el lenguaje, la herramienta adaptativa más importante del ser humano. Que sean capaces de comunicarse en el lenguaje humano. Y de comprenderlo. Y eso se hace con palabras hasta que no nos conviertan en ciborgs. Y hasta entonces los medios de comunicación funcionan con lenguaje. TODOS. Incluso los más modernos. No se puede explicar cómo se hace ese montaje visual que supuestamente va a sustituir al libro como medio de transmisión de conocimientos si no es mediante palabras. Así que no me explico a dónde va el viejo Verdú. Igual es que él sí que se ha convertido ya en un ciborg. Si no tampoco se explica que continúe recomendando:

Ningún plan de mejora, en caso de intentarlo honestamente, podrá soslayar el sensible aumento de las retribuciones pero, más aún, miles de profesores debieran gozar de jubilaciones anticipadas y bien retribuidas. Deberían dejar sus puestos a enseñantes mucho más jóvenes y aptos, por edad y estilo generacional, de conectar con alumnos de referencias tan radicalmente ajenas a las de su profesor actual 40 o 50 años mayor.

Tanta distancia biográfica hace no sólo arduo sino imposible el trasvase de los conocimientos y del interés por temas concretos. Nunca como ahora pudo decir con razón un alumno de 12 años que la asignatura a cargo de un señor o una señora de 60 años "no le entra". Ni le entra ni lo digiere, ni le interesa ni lo metaboliza. Más bien lo vomita.

El sistema que transmitía conocimientos escolares por conductos basados en la permeabilidad del arriba / abajo funcionaba gracias a la eficiencia de la jerarquía y la autoridad. De esto, sin embargo, queda poco tras la absoluta vulgarización de la democracia y el paradigma general de la red. El saber no llega al interior del alumno tan sólo por el poder del magisterio, sino por la astucia de la empatía y contagio. Pero transmitir mediante empatía, explorar y hasta explotar la proximidad, sólo parece al alcance de los profesores jóvenes y jovencísimos.



Nuestro ciborgcolumnista no acaba de enterarse o sólo pretende epatar, como suele. Pero en cualquier caso hay mucha misera moral en sus palabras.

ADDENDUM DEL 14/ 01 /08

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN ACTUAL

ARTÍCULO DE EL PAIS POR EL SOCIÓLOGO JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ GARCÍA

sábado, 22 de diciembre de 2007

POLLO TANDOORI

Sin ser uno de mis platos favoritos, el pollo tandoori es el plato estrella de la cocina india de raíz mogola. No sé si expliqué en alguna anterior ocasión que el universo de la cocina india está escindida en dos grandes modalidades: la mogola, traída por los invasores musulmanes a partir del siglo XIII y sobre todo desarrollada por la dinastía mogola que reinó en el norte desde el XVI al XIX y la vegetariana, cuyo origen pertenece a la propia esencia del ritualismo religioso hindú. En la primera los reyes son los animales muertos, principalmente el pollo y el cordero, así como el chapati, el pan ácimo y su base es la mantequilla de leche de vaca (ghee). La segunda es estrictamente vegetariana, cocinada en aceite de coco. En el sur se mantiene mucho más la tradición vegetariana, por la menor influencia musulmana, siendo su plato estrella, el más popular y el que representa mejor la esencia de su concepción culinaria, el thali, palabra sánscrita que significa bandeja y que consiste en un centro de arroz cocido y una serie de platillos con vegetales en salsa o simplemente salsas de distintos, aunque ordenados (de lo salado o lo dulce), sabores. Lo de bandeja es un decir y una fineza para ricos. Lo normal es que sea servido sobre una hoja de plátano. Se va volcando cada uno de los platillos sobre una parte del borde del montón de arroz, se mezclan formando bolas con la mano y se llevan directamente a la boca. Los de Sri Lanka los recuerdo como especialmente deliciosos.




Versión del thali sureño en un restaurante vegetariano de Varanasi. El montón central de arroz ha sido sustituído por nan (pan ácimo).

Pero, como iba diciendo, la cocina carnívora del norte es la más vistosa. Y el pollo tandoori el plato estrella. La palabra tandoori hace referencia al horno de barro (tandoor) donde se asan no sólo las carnes, sino también el pan. Así, que pollo tandoori lo que significa es pollo al horno. Por supuesto es uno de los primeros platos que aprendimos a hacer, para lo que nos proveímos de abundante literatura gastronómica durante el primer viaje que hicimos a India, allá por el 91 y desde entonces lo venimos preparando en casa con una bastante regularidad. Los primeros fans son nuestros sobrinos, esos grandes saqueadores de despensas que el demonio, según el acertado refrán popular, nos dio.

Tanto en India como en los restaurantes indios de otros lugares, el pollo tandoori se presenta con un vistoso color naranja, fruto de un colorante especial muy difícil de conseguir fuera del subcontinente, o al menos yo nunca lo encontré en España. No es imprescindible, desde luego, usarlo, ya que no afecta al sabor, pero el efecto que hace en el plato es impagable, y además ilustra perfectamente el carácter profundamente hortera del alma india. El colorante que yo uso y me imagino que todos los restaurantes se vende en las tiendas de comestibles de Delhi y la gama de colores existente es delirante. Del amarillo galáctico a verde fuorescente, pasando por el rojo pasión. Aunque he mirado los ingredientes no acabo de entender muy bien qué es lo que realmente lo compone. Si alguien entre los improbable lectores de este post consigue averiguarlo le ruego me lo comunique. No es que me preocupe demasiado, pero el hecho de que pueda consumirse hasta 24 meses después de su manufactura me induce a pensar que no debe ser un producto de origen muy vegetal. Lo cual no sé si debo tomarlo con alivio o no.


Bueno, vamos al lío:


LA RECETA DEL POLLO TANDOORI:


Para hacerlo sólo hay que contar como elementos imprescindibles un pollo, claro, un horno, yogurt natural y especias.

La elaboración del masala es algo muy personal y puede ir desde la simple añadidura de algún curry ya elaborado a la amorosa mezcla propia de las especias, según el gusto o el grado de experimentación al que se quiera llegar.

El pollo (muslo y contramuslo) se corta en trozos regulares de mediano tamaño y se les hacen unas incisiones largas con el cuchillo. Se coloca en una bandeja y se le exprime un limón encima, bañándolo bien y se sala.

En un mortero se machacan un trozo de jengibre fresco del tamaño de medio dedo pulgar y un diente de ajo grande con unos granos de sal gorda hasta hacer la ginger garlic paste.

A la pasta resultante se le añaden las demás especias. Lo más fácil es desde luego añadir una cucharada sopera bien colmada del preparado para tandoori chicken que venden en comercios especializados o bien sustituirlo por un buen curry. Puedo decir que en ambos casos saldrá bueno. Los preparados de tandoori chicken que se fabrican en el Reino Unido son excelentes.

Yo por mi parte fabrico mi MASALA:


Una cucharadita de semillas de cilantro molido, media cucharadita de comino molido, otra media de cúrcuma, una punta de cucharilla de cardamomo en polvo, otra de ralladura de nuez moscada y un par de clavos pulverizados.

Otra forma, interesante, pero menos personal, consistiría en añadir a la cucharadita de de cilantro y a la media de comino, otra de garam masala, el condimento comodín de la cocina india.

En un recipiente se vuelca un yogur natural, se le añade la pasta obtenida y, si se tiene, el colorante. Se mezcla bien y se unta uniformemente por todo el pollo. Se mete en el frigorífico donde se mantiene al menos durante 6 horas.

Por último se mete en el horno precalentado a 200º de 1/2 a ¾ de hora con posibilidad de infligirle unos minutos de grill para que se tueste ligeramente la superficie tal como se suele presentar en los restaurantes.

¿Quien se anima a sorprender a sus invitados en la cena de Nochebuena?



Antes y después de pasar por el horno

ILUSTRACIÓN MUSICAL: La rose de Jaipur del disco Alezane (1994) de ese sumo mezclador de tradiciones en la redoma de su genio que es Thierry "Titi" Robin. Una cantante india desgrana una especie de nana en hindi pespunteada con las estrofas de una rumba gitana en la voz de un representante de lo que yo me atrevería a bautizar como "flamenco galo". Un buen complemento para esta receta indocordobesa.


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viernes, 21 de diciembre de 2007

El COI y los derechos humanos


No sé de dónde os viene el asombro, chicos de Reporteros, toda vez que su anterior presidente y por muchos años, José Antonio Samaranch, fue un conspicuo colaborador del sangriento régimen del general Franco que machacó los derechos humanos de miles de españoles durante cuarenta años. Sin perder la sonrisa.

viernes, 14 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (III)

Algo que nos pone de los nervios a los occidentales es el hecho de que los camareros no sigan nuestras indicaciones del orden de los platos que se les pide. Podría servir de consuelo la teorización que Octavio Paz hace en Vislumbres de la India (Seix Barral, 1998), un libro lúcido, de alguien que amó, conoció y sobre todo intuyó la India. El pensador mexicano contrapone las dos concepciones gastronómicas que enfrentan a oriente y occidente, basándose en Levi-Strauss. La presentación de la comida occidental responde a un orden marcial, de desfile de platos en un orden preciso: comida diacrónica. En la comida india, por el contrario, se presentan todos los platos a la vez listos para ser mezclados: no sucesión ni desfile, sino aglutinación y superposición de substancias y sabores. Cocina sincrónica. Fusión de sabores. Fusión de tiempos. Esta idea gastronómica le da pie a Paz para ampliar su aplicación a todo el conjunto de la civilización indostánica:



Si nos detenemos un instante en la historia de la India encontramos que este también es el rasgo que la distingue de otras civilizaciones: más que sucesión de épocas, su historia ha sido sucesión de pueblos, religiones, instituciones y lenguas. Si de la historia pasamos a la cultura, aparece el mismo fenómeno: no sólo pluralidad de doctrinas, dioses, ritos, cosmologías y sectas, sino aglutinación y yuxtaposición.




Nuestro restaurante favorito en Delhi es el Embassy, en Connaugh Square. El paneer (especie de queso vegetal) con crema de espinacas es insuperable. Muy cerca está el United Coffee House, cuyas gambas gigantes rebozadas y cuyo curry thai de pollo, tanto el rojo como el verde, es una gran creación en la que se dan la mano armoniosamente la suavidad de la leche de coco, el excitante masala tailandés y las aromática hojas de lemon grass, prácticamente desconocidas por los indios.

Una sorpresa que nos llevamos este año fue la inclusión de dos platos españoles en la carta del Coffee. La spanish paella (pronúnciese paela) y la spanish omelette. Por supuesto nos apresuramos a pedirlas ambas. Y desde luego fue una experiencia excitante. No sé si el cocinero habrá oído hablar de Ferrán Adriá, pero desde luego aquello podría hacer palidecer de envidia al cocinero catalán que se ha forrado el riñón con sus deconstrucciones.

La paella constaba de un rosco de arroz blanco (cocido) en cuyo centro habían depositado un sofrito de pimiento, tomate y cebolla. La corona de arroz había sido adornada con una serie de gambas peladas y fritas que le proporcionaban un delicioso aspecto. Como es lógico, el sofrito había sido reinterpretado a la india y presentaba un acusado aromatizado de especias. El conjunto estaba realmente bueno. No sabía a paella valenciana ni falta que le hacía.

La spanish omelette constaba de una tortilla francesa con cebolla cruda y un puñado de patatas fritas por encima. Pura deconstrucción del segundo más famoso plato español.

El hotel lo elegimos en una zona muy conocida entre los viajeros que llegan a Delhi por su cuenta: Paharganj. Aunque responde al absurdo nombre de Cottage Yes Please sigue siendo la mejor opción de acomodación de la zona, con habitaciones que van desde las 700 a las 1000 rupias (12 - 17 €). En su frente cuenta con un restaurante de la misma propiedad, el Malhotra, donde se puede desayunar y hacer alguna comida rutinaria. Pero casi no merece la pena teniendo a escasos 50 mts, en la esquina de Main Street, el Metropolis, un clásico de la zona, donde sirven cervezas (la aceptable Kingfisher) y cuyos tandooris y sobre todo su malay kofta (albóndigas de verdura en salsa) obligan a visitarlo más de una vez.

Una desagradable sorpresa ha sido este año encontrar cerrado y en estado ruinoso el Hotel Nirula's de Connaugh Circus. Su pequeño, pero encantador bar de estilo inglés, pura madera antigua, era nuestro lugar favorito para tomar una Kingfisher helada antes de comer en el restaurante chino que albergaba, uno de los mejores del mundo. Su nombre, Nirula's lo lleva ahora una cadena de locales de comida rápida que han infectado toda la ciudad.

EDICIONES SIMBIÓTICAS

Los responsables de la página de pensamiento EDICIONES SIMBIÓTICAS me han pedido que colabore con ellos. Como se trata, según puede leerse en su declaración programática de un:



Proyecto colaborativo y crítico para actuar contra un ideario que favorece la pereza intelectual y el individualismo mezquino, contra un imaginario colectivo en el que triunfa la indiferencia y el mimetismo del "estado mediático".



no he tardado mucho en hacerlo. Les he mandado un artículo, desarrollo ampliado y reelaborado de un post que publiqué en este blog hace tiempo, sobre la inmoralidad que supone la venta del prestigio personal de los famosos como aval publicitario. Una forma de prostitución en toda regla que no ha sido suficientemente asumida como tal.



Publicidad y famosos:
una inmoralidad no procesada

jueves, 13 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (II)

Un punto de unión entre todas las cocinas de Asia es el uso del jengibre como fondo de sabor de todos los platos. Podría compararse con el uso del ajo en la cocina española. Concretamente la mezcla de jengibre y ajo llamada en inglés ginger garlic paste es la base universal de la cocina de todo el sudeste asiático más India y países satélites. Un trozo de jengibre fresco machacado con un ajo friéndose en cualquier tipo de grasa es el usual comienzo de cualquier elaboración culinaria asiática. Los del lejano oriente, adoradores del wok, para aromatizar las crujientes verduras fritas y los indios para crear un fondo de salsa sobre el que desarrollar la mezcla de las demás especias. Curiosamente el nombre de curry, la palabra más asociada a la cocina india, tiene un origen basado en un equívoco. Kary significa en tamil salsa, palabra que los ingleses para simplificar extendieron a cualquier mezcla de especias. Pero la palabra india para mezcla de especias es masala. De todas formas el término curry, por influencia inequívocamente inglesa, ha pasado a denominar universalmente a un tipo específico de masala más o menos definido y caracterizado. El más famoso en todo el mundo es el curry de Madrás, aunque por mucho que lo intentamos en Delhi no conseguimos encontrar no ya un gramo, sino ni siquiera una muestra de que los delhinenses supieran que existía un curry específico de la capital de Tamil Nadu.

Pero el curry no es más que un invento angloindio que rompe la propia concepción de la auténtica cocina india. Leo en un curioso libro editado en 1999 por Zendrera Zariquiey, Los sabores del Raj de David Burton que para un pueblo cuya cocina se basa en la trituración de varias especias frescas en diversas proporciones para cada plato individual, la idea de que una simple mezcla de especias de rápida y fácil elaboración pueda acompañar al pollo, al pescado, los huevos o cualquier otro alimento para preparar el auténtico curry indio es, como mínimo, absurdo. Tal como dice Madhur Jaffrey, para mí, la palabra curry resulta tan degradante para la fabulosa cocina india como pueda serlo el chop suey para la china.

Los masalas pueden encontrarse en Delhi vendidos en cajas de 100 grs. en cualquier comercio de comestibles con el precio marcado de 26 rupias, aunque nosotros hemos llegado a encontrarlo en tiendas para turistas con una etiquetita sobre el precio original marcando 250. Se trata de composiciones recomendadas para determinados platos como el dhal makhani (lentejas cremosas) el channa (garbanzos), pollo tandoori y el masala por antonomasia o masala comodín, el garam masala. Pero los indios elaboran sus propias mezclas en casa y cada cocinero o cocinera tiene sus trucos. En líneas generales existen dos grandes familias de masalas, aquellos en los que predominan los aromas herbosos, cilantro molido y comino fundamentalmente y aquellos en que la tónica dominante son los aromas dulzones basados fundamentalmente en la canela y clavo. Y el uso de unos u otros no dependen exclusivamente de los productos a cocinar (tipos de verduras o de carnes) sino más bien del estado de ánimo de quien va a elaborarlo y de otras variables que a los occidentales se nos escapan como tantas otras cosas. Ambas bases se enriquecen con otras especias hasta conseguir el sabor concreto que se ha decidido. Como en una paleta de un pintor se mezclan los colores para conseguir la tonalidad deseada. Cardamomo, fenugreek, semillas de hinojo, asafétida... Los libros de cocina india no suelen teorizar sobre las potencialidades de las mezclas y se limitan a enumerar las especias en cantidades fijas, pero los indios, y sobre todo las indias amas de casa, trabajan con verdadero arte cada plato que elaboran.



miércoles, 12 de diciembre de 2007

DELHI EN EL PALADAR (I)

Para la mayoría de los que adoramos las cocinas exóticas y el mundo de las especias, es sin duda la cocina india nuestra amante favorita. Pero he de decir que mis mejores momentos con ella no han sucedido en su lugar de origen, en el subcontinente. Lo había leído en algún lugar que no recuerdo, y he podido comprobarlo hasta donde mi experiencia me ha dado lugar: los mejores lugares para degustar comida india son las colonias indias dispersas por todo el mundo. Del mismo modo hay quien dice, y también he tenido la oportunidad de comprobarlo, que la mejor cocina italiana no se encuentra en el país vecino, sino en la lejana Argentina, donde los descendientes de los hijos del Lacio, han conservado amorosamente las tradiciones de los fogones de sus abuelos. Debe ser que usan la nostalgia como la especial especia que le da el toque genial a sus platos.

El mejor dhal (lentejas) de mi vida lo he comido en un restaurante indio de Yakarta y aún sueño después de muchos años con un masala que me sirvieron en un sencillo hawker center de Singapur.

La cocina india funciona como ninguna otra con el concepto occidental de orquesta. Varios tipos de especias de timbres brillantes tratando de hacer valer su particularidad. A cada una de las cuales el director tiene que dar el tono adecuado para que armonicen en la unidad de pieza del plato. Algo realmente difícil. Y difícil también para el degustador aprender a saborearlas. Un problema añadido para los neófitos es el pique. Los que estamos acostumbrados sabemos que es el picante el hilo conductor de los distintos sabores, que una vez que se pasa el primer shock sirve para catalizar los aromas, las texturas y los matices de la mezcla realzándolos, al contrario de lo que todo el mundo piensa, y ayudando a individualizarlos en el conjunto armónico total. Las guindillas (chiles) no son autóctonas indias, sino que fueron llevadas por los portugueses en el siglo XVI, causando una verdadera revolución en la gastronomía no sólo del subcontinente, sino de toda Asia. Pero dile tú eso a un indio, que piensa que son consustanciales al dharma de toda su cultura.

Un punto negativo es la escasez de variedad de productos. Al hacer hincapié en las salsas, el alimento base suele carecer de demasiada importancia. Al contrario de las cocinas del mundo de los ojos oblicuos, la variedad de verduras usadas es limitada y las diversas prohibiciones religiosas limitan también poderosamente el consumo de carne. La cocina de origen mogol de raíces musulmanas tiene al pollo, y en menos medida al cordero, como bandera culinaria frente al vegetarianismo hindú, mientras la vaca, por razones obvias, es absolutamente tabú. La cocina del cerdo es materia casi exclusiva de los cristianos de Goa, que lo preparan principalmente con unos toques de vinagre en el delicioso vindaloo, aunque por toda la India es posible ver cerdos por doquier buscándose la vida entre la basura callejera. ¿Quien se los come? En los restaurantes desde luego es un plato raramente ofertado. A veces es posible ver una piara de cochinillos hozando frente a la puerta de cualquier mezquita. Lejos de poder ser interpretado como un signo de tolerancia entre religiones, da la impresión de lo contrario, de que se trata más bien de provocaciones difícilmente obviables por los ofendidos hasta que les llega el turno de la venganza. Cocinas militantes, pues, como la española, cuyo exceso de grasa porcina tiene su origen en su carácter de bandera de cristianos viejos contra moros y judíos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

EL BALDÓN DEL PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Que esta ciudad no se merece el tremendo baldón con que lo infama desde hace años esa siniestra organización de países envidiosos de nuestra Córdoba Etenna que es la UNESCO, es algo que sentimos los cordobeses de pro como acerado lanzazo en nuestro patriótico costado. Desde que vino a insultarnos motejando a la Córdoba cristiana y mora, pero también romana, pero también judía, pero también parselista, como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD, todo el mundo ha venido a tocarnos los perendengues con absurdas exigencias que ya podían irse a sus pueblos a reclamar.

Al principio pensamos que nos vendría bien eso de que éramos patrimonio de toda la humanidad y no sólo de nuestros santos cojones, por mor de las pernotasiones. Si los guiris se sentían, los muy ilusos, dueños también de esto, se quedarían a pernotar. Pero los desagradecidos han dicho que nanay. No han picado. Aquí no pernota ni dios. Visitan la Mezquita, se toman como mucho un salmorejito y cagando leches pa Sevilla o pa Marbella. Así que como no trae más que poblemas, exijamos que el motecito de marras se lo den a otra, que ya va tocando.

Menos mal que el Eselentísimo Ayuntamiento que maneja con mano firme los destinos de esta patria chica no cesa de velar porque su buen nombre se mantenga incólume, contrarrestando enérgicamente las insidiosas campañas desacreditadoras de cualesquiera organismos chinches que vengan a jodernos con acciones contundentes. La última andanada de la marrana organización contra la línea de flotación del prestigio de la ciudad tras la agresiva e injustificada campaña contra el tradicional parselismo cordobita en zonas estúpidamente protegidas de Medina Azahara fue la acusación de saturación de tráfico que sufría una de las calles que a ella le parecía más protegible, la Torres Cabrera, esa calle estrechita que se ha convertido en la salida natural de todo el centro. La respuesta de nuestro enérgico poder municipal no se hizo esperar y ahí estaba nuestro concejal de tráfico diciéndoles más o menos pero mu clarito que qué saturasión ni niño muerto, que qué peligro pa los peatones ni ná ni ná. Y que pa que se vayan enterando que si al final han impedido parcialmente el tráfico en la emblemática plaza del Cristo de los Faroles ha sido porque les ha salido de los cojones municipales y no porque sea emblemática ni leches. Y la prueba de que no ha sido por las recomendaciones de los tocapelotas culturalistas de la UNESCO está en que lo hemos hecho bien entrado el siglo XXI y no cuando a ellos se les puso en los suyos. Y que Patrimonio de la Humanidad lo serán ellos y sus santas. Así que, hala, ni vamos a arrasar las presiosas parselas con la ayuda de los jueces perolistas, ni vamos a cerrar más calles al coche para que pueda comprar el turrón en las mismas Tendillas a quien le pete y además vamos a cargarnos la jodida rosaleda de Los Patos. Que pa qué queremos tanto verde...

Este humilde bloguero quiere contribuir con su Ayuntamiento a quitarle a la ciudad que lo vio nacer ese terrible baldón. Para ello ha recogido algunas muestras de lo que hacemos en esta ciudad con la leche esa de la patrimonialidad humanitoria de los cojones. Pa que se enteren. Y para que la capitalidad esa de 2016 que se la den ya de una vez por orden alfabético a Albacete o a Almendralejo, que a nosotros no nos hace falta, porque vamos a conseguir las pernotasiones montando en la Mezquita una discoteca.


Dos rincones de la Córdoba Etenna que trata de quitarse el tremendo baldón de ser tratada como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: la preciosa calle de la Feria y un rincón entrañable de la plaza de la Corredera.




ADDENDA DEL DÍA DE LOS INOCENTES

Córdoba, al borde del coma atílico:

Al principio pensé que se trataba de la casposa bromita anual de los Inocentes. Pero me temo que no es así.

La furia destructora de restos arqueológicos, en esta ciudad que vive en parte de ellos, renace con renovadas fuerzas. Esta vez en las palabras y en la intención de un señor que parece representar a una asociación de comerciantes, Centro Córdoba, que exige al Ayuntamiento que reconsidere la decisión de enterrar los restos arqueológicos romanos más importantes de la ciudad que tomó el consistorio en los años 80, los vuelva a desenterrar y los destruya para hacer renacer de las cenizas de los cimientos del foro romano un aparcadero de coches para su distinguida clientela. Antonio Pastor se llama el atílico (de Atila) personaje. Las argumentaciones son impecables, dignas de alguien que ama desmesuradamente a Córdoba cristiana y mora, pero también judía, pero también romana, pero también aparcadora de compradores compulsivos:




No se puede parar la ciudad por los restos arqueológicos que aparecieron allí porque ruinas también hay en otras ciudades y se hacen aparcamientos subterráneos... Por eso, Centro Córdoba hablará con la Delegación de Cultura para que «explique la importancia de los restos arqueológicos y si es posible construir un parking ahí.


LEÍDO EN ABC CÓRDOBA


Lo conseguirán. Aburriendo a las ovejas que nos gobiernan. Haciéndoles que les expliquen una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez la importancia de conservar aunque sean enterrados los restos del foro romano de la que fue capital de la Bética.

Yo creo que deberían comenzar las obras por su cuenta los comerciantes. Seguro que nadie les paraliza las obras. Y una vez construido el parking comenzar a dar la matraca en los plenos para que les den agua y luz. Al final los jueces les darán la razón, como a esos dos parcelistas de Las Pitas absueltos. La causa del fallo favorable ha sido, según el hirsuto juez, por hallarse totalmente encuadrada en una parcelación ilegal, pero totalmente consentida por las autoridades administrativas.

domingo, 9 de diciembre de 2007

INQUISICIÓN SOCIALISTA EN TOLEDO.

Este señor con cara de chico bueno de colegio de curas recién comulgado y con esa corbata tan bien elegida a juego con la elegante chaqueta es el señor alcalde de Toledo, Emiliano García-Page. Probablemente lo estuviera cuando se hizo la foto. Comulgado digo. No a juego. A juego no está él mismo consigo mismo ni sobre todo con la racionalidad democrática que dice representar. Porque este señor con cara de chico bueno recién comulgado ha tratado de vetar el I CONCILIO ATEO que se ha celebrado estos días en su ciudad. La causa que ha aducido ha sido que algunos de los actos programados podrían ofender la sensibilidad de muchos toledanos. Católicos se supone. Mientras tanto a los que no lo somos que nos vayan dando... concilio. Los que tenemos buen olfato para esos temas sabemos que el dicho veto se ha debido indudablemente a una orden recibida de Monse Cañizares que lo habrá amenazado con alguno de los actos de desagravio conque suele atacar el Gran Talibán Purpurado a cualquier afirmación de racionalismo laico que ose celebrarse cerca de sus incensados cojones.

Nosotros podríamos aducirle a él que muchos de los actos de raíz mágico-supersticiosa que los católicos perpetran en las calles de nuestras ciudades ofenden profundamente nuestras convicciones racionalistas y además nos parecen enormemente dañinas para la salud moral de las personas y de las sociedades. Y normalmente solemos contentarnos con escribirlo en alguna carta al Director de algún diario local o en algún blog racionalista. Pero con estos tipos es muy difícil entenderse. No quieren entender. Sólo perpetuarse.

A mí me recuerda mucho al señor alcalde de Coín, Gabriel J. Clavijo Sánchez, que vetó una exposición de cerámica de unos artistas del pueblo homosexuales (a los que él mismo casó) por presiones del talibanismo local (cura, cofradías y sectas católicas). Ambos alcaldes pertenecen a la misma raza de políticos que ya describiera cuando retraté al repeinado coinero. Como ya me canso de tanto regurgitar mi desprecio por ellos copio y pego directamente de aquella entrada:



Estos tipos suelen ser por lo general deliciosamente cobardes, una especie de peste entreguista que ha infectado el tejido del progresismo español. Se trata de una especie de travestis políticos que se presentan a las elecciones como progresistas pero que a la primera de cambio, cuando se les exigen actitudes propias de lo que supuestamente son se alinean exactamente con quienes están adiestrados a alinearse, o con quienes su instinto de supervivencia les dicta: con las fuerzas de la reacción. No es que el PSOE sea un partido excesivamente progresista. Es lo que es, un partido del centro civilizado sin demasiadas profundidades ideológicas, que tiene la suerte de que lo que se presenta en España como derecha sea una amalgama de criptofascismo y talibanismo católico absolutamente indigesto. Pero precisamente por esa indecisión ideológica da cabida a todo este tipo de elementos, pulcros, aseaditos, que sólo llevan en su marchamo político las siglas del partido, pero que a la primera que se les exige que defiendan las Termópilas de la Razón, la Democracia, la Laicidad y los demás valores básicos del progresismo se les ve el plumero de puros trepas metidos en política sólo por ansias de poder o por ansias de otra cosa más material, de papel, rectangular y con dibujitos.



Estos tipos dicen ser socialista, sólo por pertenecer a un partido que también se dice socialista sólo porque ostenta en su nombre este calificativo. Yo creo que ya les pesa demasiado. Lo mismo que renunciaron al marxismo y al puñoenaltismo deberían renunciar también al socialismo, bueno, a la denominación, porque a lo otro renunciaron hace chiquisientos años. Fundamentalmente para no engañar a nadie y primero de todo a ellos mismos.

Creo recordar que la carrera política de este individuo posiblemente recién comulgado comenzó a la sombra del también comulgador convicto y confeso José Bono en la Junta de Castilla La Mancha. Un extraño especimen de progresista que siendo ministro de Defensa no le tembló nunca el pulso por autorizar la fabricación en una factoría dependiente de su ministerio de miles de bombas de racimo que se vendieron ( y se siguen vendiendo aún) sin cortapisas a gobiernos de países que las usaron de una manera absolutamente criminal y a las que se deben las muertes de cientos de hombres, mujeres y niños. Sobra lo de inocentes, claro.

Yo siempre tuve la duda de si alguna vez el señor Bono incluyó ese pecadillo entre los que tiene enumerar a su confesor para poder comulgar a gusto. Aunque dado la amistad que lo une con el Talibán Máximo, Sumo Concededor de Perdón Divino por Vía Directa de este país Monse Cañizares, lo tiene chupado para mantener la conciencia a resguardo del propio estiércol moral que sus actuaciones salpican.



domingo, 2 de diciembre de 2007

ASI DISI crece

ASI/DISI crece





mientras naranjas y limones pincelan el invierno del patio...