Los tebeos y yo
Mi relación con los dibujos animados y con los tebeos nunca fueron buenas. Ni siquiera de niño. Como podéis imaginaros esta condición de repelente, pedante e insonrible que me caracteriza no es algo que me sobreviniera de pronto en un momento dado. No. Siempre fui así. Recuerdo que desde mi más tierna infancia los dibujos animados de la tele me aburrían soberanamente y siempre preferí las ficciones construidas con personajes de carne y hueso. Y lo mismo me ocurrió con los tebeos, con algunas excepciones, como es lógico, debidas a la inigualable plumilla del gran Ibáñez. Ni siquiera, y esto sonará a herejía, disfruté nunca con Tintín. Cuando con mocos todavía comencé a leer las maravillosas novelas aquellas de HISTORIAS SELECCIÓN recuerdo haber sentido como una falta de respeto al texto la inclusión de páginas de tebeíllo que narraban paralelamente la historia. Aquellos dibujitos me parecían una inaudita concesión a la suposición de falta de concentración de los jóvenes lectores, una especie de papilla grumosa que tenía como fin engatusar a los lectores poco disciplinados.
A finales de los 70 se extendió entre la progresía intelectual el gusto por los comics de calidad, representados por muchas publicaciones entre las que destacó TOTEM y, en plan más gamberro, EL VÍBORA. He de reconocer que me acerqué a ellas con espíritu abierto impresionado por el impacto que causó entre mis amistades y las alabanzas desmedidas que de sus bocas y de publicaciones culturales de altura recibían los dibujos. La cumbre de mi interés coincidió con mi encuentro con Juan Zapater (1979), un apasionado, gran conocedor y dotado de una intuición portentosa, de los comics y del cine, que puso un desmedido esfuerzo en hacerme partícipe de su propio disfrute en la apreciación del comic. Tras cientos de horas de obligada convivencia (penábamos por un año ambos en un campo de concentración rotulado en su puerta como Cuartel de Infantería), llegamos ya por fin a convenir en que yo debía padecer una especie de carencia vitamínica o la ausencia de alguna enzima responsable del gusto por ciertas formas artísticas determinadas. Por más que me explicó la virtudes del arte de la plumilla, la variedad de cosas que podían expresar, contar y llevar a la emoción los artistas del dibujo narrativo y la profundidad estética a que podían alcanzar algunos de ellos, yo nunca fui capaz de considerarlos más allá de una estética infantiloide y escasamente conmovedora. Pero siempre consideré que se trataba de una tara propia y nunca caí en la desconsideración del menosprecio.
Aunque a veces en los últimos tiempos Juan ha vuelto a la carga haciéndome partícipe de los descubrimientos que iba haciendo del cine de ANIME japonés, del que ha acabado siendo un imprescindible experto a escala nacional, yo he seguido absolutamente insensible a sus llamadas a la curación.
Por eso cuando el otro día en el transcurso de la conferencia que nos propinó en la Filmoteca sobre la película GHOST IN THE SHELL, lo oí desvelar pormenorizadamente todos sus secretos, las connotaciones culturales (filosóficas, religiosas, pictóricas) y las finezas argumentales que el director le insufló sentí que había perdido miserablemente el tiempo durante años no habiendo atendido suficientemente las recomendaciones/enseñanzas de mi amigo.
Ya para mí solo me dediqué concienzudamente a exprimirlo mientras paseábamos por la ciudad y a exigirle recomendaciones de otras obras que colmaran mi nueva sed de animación nipona. Fue así como me enteré de que la última edición en DVD que se hizo de GHOST IN THE SHELL, una edición especial para coleccionistas, coincidiendo con el 10º aniversario de su estreno, cuenta en su interior con dos maravillosas sorpresas. Una, un audiocomentario del propio Juan Zapater en el que explica los entresijos de la película y otra una entrevista con el director realizada por Juan en la que Mamoru Oshii nos habla de su vida y de su obra. La he pedido por correo. La estoy esperando.

LA MOCHILA DE LEGANÉS EL BÓRICO DE LA MONDRAGÓN LA KANGÚ DEL POZO EL DINITGOTOLUENO QUÉ ESTALLÓ EN LAVAPIÉS LOS SUICIDAS DE MINA CONCHITA LA GOMA 2 ECO DE ZOUHIER LA CINTA DEL CHINO QUÉ ENCONTRARON EN LOS TRENES EL ÁCIDO DE SÁNCHEZ MANZANO LA MOCHILA DE ETA EL TITADINE DEL POZO EL PINCHAZO DEL SKODA FABIA DE ATOCHA LAS ALMORRANAS EXPLOSIVAS DE ALCARAZ LA FURGONETA DE MORATA DE TAJUÑA LA CAMISA LIMPIA DE LOS TEDAX LOS PELILLOS DEL COMANDO DIXAN MOHAMMED TRASHORRAS LA MONDRAGÓN DE MINA CONCHITA ANTONIO ZOUGAM LA FISCAL DE LAVAPIÉS EL PISO DE AVILÉS EL CUÑADO DEL JUEZ DEL OLMO EL ANÁLISIS DE LOS PELOS DE PEDGO JOTA LA FISCAL DEL PISO DE MINA CONCHITA LOS FOCOS DEL POZO DE LA KANGÚ HA SIDO ETA Y HA SIDO EL DINITGOTOLUENO DE SANTANO EL SUMARIO QUE ES RESTARIO DE ÁCIDO BÓRICO DE FREDY EL QUÍMICO LA MOCHILA DE LA FISCAL VALE YA LA ALCARAZ DE LA CINTA DE LAVAPIES QUE EL CHINO DE RUBALCABA COMA 2 ECO LOS GEOS DE MORATA DE TAJUÑA...
























